{"id":30546,"date":"2016-09-29T12:00:24","date_gmt":"2016-09-29T10:00:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30546"},"modified":"2016-08-06T07:52:04","modified_gmt":"2016-08-06T05:52:04","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-08","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-08\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (08)"},"content":{"rendered":"<h2>Tercera parte: Entre los miserables<\/h2>\n<h3><strong>El hombre propone y la mujer dispone<\/strong><\/h3>\n<p>Si ambos esposos Gondi quedaron a cual m\u00e1s atribu\u00adlados por la fuga inopinada de Vicente, fue ella la que lament\u00f3 m\u00e1s que nadie la p\u00e9rdida de su director.<\/p>\n<p>Lejos de ocultar su aflicci\u00f3n la manifest\u00f3 a su mari\u00addo y a todas sus relaciones. Esperaba as\u00ed que llegase de boca en boca hasta el ausente para confundirlo. Sin poderse contener emprendi\u00f3 fervorosamente, las diligencias necesarias para sacar a Vicente de Ch\u00e1tillon y obligarlo a ocupar de nuevo en su casa el \u00fanico lugar que le parec\u00eda digno de ambos. Corri\u00f3 a franquearse con M. de B\u00e9rulle quien despu\u00e9s de haberla o\u00eddo y calmado exclam\u00f3: \u00abPues bien, ya que me ped\u00eds consejo, escribid a Vicente de Paul lo que me acab\u00e1is de exponer, del mismo modo que aqu\u00ed lo hab\u00e9is hecho y en el mismo tono de s\u00faplica, describi\u00e9ndole nuestra tribulaci\u00f3n\u00bb H\u00edzolo as\u00ed inmediatamente. La carta es demasiado extensa para transcribirla \u00edntegra. Des\u00adborda de emoci\u00f3n y hace acudir las l\u00e1grimas a los ojos: \u00ab&#8230;me encuentro en el m\u00e1s lamentable estado&#8230; mis hi\u00adjos cada d\u00eda peores&#8230; El bien que hac\u00edais en mi casa y cutre las siete u ocho mil almas de mis posesiones, ya no se hace!&#8230; No sab\u00e9is la necesidad que tengo de vuestra asistencia, tanto en vida como en muerte&#8230; M. de B\u00e9rulle me ha prometido escribiros; yo por mi parte invoco a Dios y a la sant\u00edsima Virgen para que os restituyan a mi casa &#8230; Una vez m\u00e1s os lo suplico !&#8230; \u00ab. En la post\u00addata a\u00f1ade esta amenaza: \u00abSi a pesar de todo os neg\u00e1is, os hago responsable ante Dios de todo lo que me suceda y del bien que deje de hacer por encontrarme sin ayuda\u00bb.<\/p>\n<p>Es evidente que el dolor le hac\u00eda perder el sentido de la realidad y que exageraba. A los dos j\u00f3venes Gondi, arro\u00adgantes y altivos, ansiosos de independencia, mal se les atri\u00adbu\u00eda ser \u00abcada d\u00eda peores\u00bb por el s\u00f3lo hecho de que e) buen Vicente no estaba junto a ellos para mantenerlos en el recto sendero.<\/p>\n<p>De igual manera, las ocho mil almas \u00abque viv\u00edan en las posesiones\u00bb de la excelente se\u00f1ora, aunque resentidas por la ausencia del que hab\u00eda comenzado a cultivarlos es\u00adpiritualmente, no hab\u00edan perdido por eso todo el fruto ad\u00adquirido. Pero la pena de la generala es tan real como con\u00adtagiosa y la excusa de su inexacta apreciaci\u00f3n. Es ad\u00admirable y nos hace sonre\u00edr la astucia femenina con que dispara en su carta \u2014como la flecha de los Partos\u2014 el pia\u00addoso dardo final. Previniendo a su capell\u00e1n que si no ce\u00adde a su ruego se har\u00e1 responsable de las dificultades que atentan contra su salvaci\u00f3n, pone en pr\u00e1ctica lo que po\u00addr\u00edamos llamar \u00abchantage espiritual\u00bb, imitando en un or\u00adden superior de ideas e intenciones el proceder de los astutos enamorados del amor profano, cuando en su deses\u00adperaci\u00f3n dicen a aquel o a aquella que quieren atraer a su voluntad: \u00abSi te resistes, me mato ante tus ojos o me tiro por la ventana&#8230; \u00ab.<\/p>\n<p>Vicente ley\u00f3 impresionado la carta que preve\u00eda y adi\u00advinaba antes de recibirla, pero sin experimentar inquie\u00adtud por la suerte de su penitente en este mundo o en el otro. Conoc\u00eda perfectamente, a trav\u00e9s de su exterior vehe\u00admente, el valor de aquella alma escogida, para estar seguro que en su ausencia no corr\u00eda ning\u00fan riesgo. Le contest\u00f3 tranquiliz\u00e1ndola, sin tomar m\u00e1s medidas. Ch\u00e1tillon lo apri\u00adsionaba. Hab\u00eda en \u00e9l tantas obras por terminar! Conversiones en v\u00edas de efectuarse, cuyo enfriamiento hab\u00eda que impedir, de herejes o de viejos guerreros enquistados ba\u00adjo aparente barniz de religi\u00f3n que hab\u00edan asesinado, sa\u00adqueado, llevado una vida de desenfreno y volv\u00edan prisio\u00adneros en las redes de la fe. \u00bfPod\u00eda \u00e9l abandonar todo aque\u00adllo? Pero la generala no era de las que se desaniman. La resistencia de Vicente la hace m\u00e1s pertinaz. El antiguo e imp\u00edo proverbio \u00abEl hombre propone y la mujer dispo\u00adne\u00bb, \u00bfestaba por realizarse? no lo sabemos. De cualquier modo, hubiera podido aplicarse en las actuales circunstan\u00adcias. Poniendo a Dios de su parte pens\u00f3 que el santo es\u00adtar\u00eda derrotado. Por grande que fuera su pertinacia, \u00bfqu\u00e9 podr\u00eda contra Dios? Entretanto redobla su actividad. Se suceden las diligencias, citas y cartas en que conjura a su marido, a su cu\u00f1ado al arzobispo de Par\u00eds y a M. de B\u00e9rulle para que intervengan ante el pr\u00f3fugo.<\/p>\n<p>Se encontraba al servicio de su casa un gentilhombre sabio y prudente, al cual profesaba particular estima. Era este quien hab\u00eda hecho entrar a Vicente en el palacio de la reina Margarita, y a quien Vicente a su vez hab\u00eda de\u00adjado como reemplazante en su cargo de secretario de M. de Gondi. Resolvi\u00f3 pues acudir a sus buenos oficios. Este parti\u00f3 para Ch\u00e1tillon, con todo entusiasmo, llevando cuan\u00adtas cartas pudo conseguir la generala. Al elegir a M. du Fresne estaba segura de contar con el m\u00e1s sutil de sus embajadores. Conoc\u00eda \u00e9ste muy bien el car\u00e1cter obstinado de Vicente a quien deb\u00eda convencer. Comenz\u00f3 por hablar de la generala y de sus congojas, pero como de algo ac\u00adcidental, como quien cumple con un deber de cortes\u00eda. In\u00admediatamente atac\u00f3 a Vicente por el \u00fanico lado que cre\u00eda capaz de ablandarlo, comparando el bien que podr\u00eda ha\u00adcer, <em>en el futuro, <\/em>en Ch\u00e1tillon y en Par\u00eds. Con vivos colo\u00adres le demostr\u00f3 que sus tareas en Ch\u00e1tillon ser\u00edan sin tras\u00adcendencia. Habiendo conseguido lo m\u00e1s dif\u00edcil, bastar\u00eda cualquier buen sacerdote para acabar y mantener la obra.<\/p>\n<p>En cambio, si consent\u00eda volver a la casa de Gondi, \u00a1qu\u00e9 obra fruct\u00edfera e inmensamente m\u00e1s vasta le aguardaba! \u00a1Obra sin l\u00edmites, no s\u00f3lo en aquella casa de miles de in\u00addividuos, sino tambi\u00e9n en Par\u00eds, en la corte y en toda Francia. Estos argumentos, bien dirigidos y conveniente\u00admente encauzados, conmovieron a Vicente. Quiso sin em\u00adbargo reflexionar y consultar a sus directores, los cuales, encontraron muy acertada la opini\u00f3n de M. du Fresne. Entonces se dobleg\u00f3 y envi\u00f3 a este \u00faltimo dos cartas para M. y Mme. de Gondi, anunci\u00e1ndoles su pr\u00f3ximo regreso.<\/p>\n<p>Al saberse esta noticia, toda la Bresse fue presa de universal consternaci\u00f3n: \u00ab\u00a1Al perder nuestro Padre lo perdemos todo!\u00bb repet\u00eda cada uno entristecido. M\u00e1s de uno lleg\u00f3 a decir que no lo dejar\u00edan ir, que lo obligar\u00edan a quedarse y que lo encerrar\u00edan. Los pocos protestantes que quedaban y a quienes por falta de tiempo no hab\u00eda podido rendir, proclamaban su virtud, su bondad y sus ta\u00adlentos: \u00ab\u00a1Ah! Al perder a vuestro pastor, declaraban no sin malicia dirigi\u00e9ndose a los cat\u00f3licos, perd\u00e9is el mejor sost\u00e9n de vuestra religi\u00f3n. Es una l\u00e1stima\u00bb. Como en Cli\u00adchy, los adioses fueron sencillos y emocionantes, pero m\u00e1s expansivos a\u00fan. Y hac\u00eda s\u00f3lo cinco meses que era all\u00ed p\u00e1\u00adrroco. Antes de partir distribuy\u00f3 su humilde ajuar entre los pobres con sus propias manos: los r\u00fasticos muebles, la mesa, las sillas, la dura y estrecha cama&#8230;, el arma\u00adrio donde guardaba su pobre ropa blanca y sus escasas provisiones. A medida que los objetos cambiaban de due\u00ad\u00f1o, eran arrebatados por los pobres y rescatados por los ricos, exceptuando algunos que no quisieron deshacerse de ellos por ninguna suma. Hubo ri\u00f1as para obtener al\u00adguno. Un sombrero viejo fue disputado encarnizadamen\u00adte como si se tratara de una reliquia&#8230; y cierto que lo era y tan digna de ser suspendida sobre el coro de la igle\u00adsia como el capelo de un cardenal. Vicente sali\u00f3 de la ciu\u00addad a pie, acompa\u00f1ado por un gran gent\u00edo, que gem\u00eda y se lamentaba exclamando: \u00ab\u00a1misericordia!\u00bb, <em>como si la ciudad, <\/em>dicen los testigos, <em>fuese v\u00edctima de un saqueo. <\/em>Ha\u00adb\u00edan sufrido tantas calamidades y males de todas clases! El dolor p\u00fablico, tiene sus ritos. Todos quer\u00edan acercarse al santo y tocarlo, le besaban las manos, lo ahogaban. Las madres le tend\u00edan sus peque\u00f1itos. Y \u00e9l en medio de los apretones, estrujado, riendo y llorando a la vez, avanzaba penosamente con la frente sudorosa a pesar del invierno, y les dec\u00eda, deseoso por complacer a todos: \u00abHijos m\u00edos, yo os bendigo&#8230; rogar\u00e9 por vosotros, no os olvidar\u00e9&#8230; \u00ab.<\/p>\n<p>Y no pudo decir m\u00e1s. Una hora despu\u00e9s, lejos ya de Chatillon, repet\u00eda en el camino solitario: \u00abRogar\u00e9&#8230;\u00bb, mien\u00adtras el viento helado de diciembre hench\u00eda su manto como la vela de una nave. Pero no sent\u00eda sus fr\u00edgidos rigores. \u00abRogar\u00e9&#8230; \u00ab.<\/p>\n<h3><strong>La misi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Si Vicente se resign\u00f3 a abandonar su reba\u00f1o, aunque con el coraz\u00f3n lacerado y en pocos d\u00edas, fue porque vis\u00adlumbr\u00f3 una palabra m\u00e1gica y maravillosa, cuyo sentido jam\u00e1s percibiera con tan brillantes resplandores: la mi\u00adsi\u00f3n. Como en un \u00e9xtasis, acababa de comprender su des\u00adtino de ser misionero en forma exclusiva, un enviado de Dios, un \u00abencargado de los negocios\u00bb divinos, de pasar toda su vida en misiones diferentes y sucesivas, seg\u00fan plu\u00adguiese al Se\u00f1or ordenarle una tras otra, que todas estas misiones no ser\u00edan m\u00e1s que una, hasta su muerte, porque un misionero jam\u00e1s puede decir basta. Ahora abandona el retiro y huye del reposo&#8230; La edad lejos de retenerlo, lo impulsa. Conforme avanza en venerable vejez, aumen\u00adtan tambi\u00e9n su deber y su poder.<\/p>\n<p>La primera de estas misiones consiste en volver a la casa de Gondi para dedicarse all\u00ed a los m\u00e1s arduos tra\u00adbajos. Es de imaginar la recepci\u00f3n que se le tribut\u00f3. Sin permitir que se festejase su vuelta, puso inmediatamente manos a la obra, que reci\u00e9n m\u00e1s tarde ser\u00eda de capital importancia, pero cuyo pensamiento directriz preve\u00eda con amplitud. Analizando la palabra \u00abmisi\u00f3n\u00bb y compar\u00e1ndo\u00adla con la palabra \u00abcapell\u00e1n\u00bb con que se le designaba, m\u00e1s honor\u00edficamente que en realidad, vio que no hab\u00eda com\u00adprendido perfectamente el lazo de uni\u00f3n existente entre ambos t\u00e9rminos, ni abarcado toda: la extensi\u00f3n del cam\u00adpo que se abr\u00eda ante ellos. Ser capell\u00e1n, aun en la casa de Gondi, no s\u00f3lo significaba, como lo hab\u00eda cre\u00eddo con demasiada estrechez y humildad, oficiar los servicios re\u00adligiosos de una dama por grande que fuese su virtud, con\u00adfesarla, darle la comuni\u00f3n, dirigirla a ella, a sus hijos, sirvientes y vasallos&#8230; tambi\u00e9n exig\u00eda, sin abandonar estas ocupaciones, ampliar el campo de acci\u00f3n para atender a Iris dem\u00e1s almas que esperaban sus dones, pues un cape\u00adll\u00e1n ha de ser el distribuidor de los dones divinos. Este don absoluto y total ser\u00eda la primera regla de la misi\u00f3n&#8230; Entregar, entregarse: he ah\u00ed el comienzo necesario, darlo todo, su tranquilidad, su tiempo, su dinero, su atenci\u00f3n, MIS d\u00edas, sus noches, su cuerpo, su alma&#8230; y darlo a aque\u00adllos que por carecer de todo son los m\u00e1s necesitados: los pobres de condici\u00f3n, de cuerpo, de salud, de esperan\u00adza; pobres de esp\u00edritu, pobres de alma&#8230; Cu\u00e1n clara se convierte entonces su tarea as\u00ed contemplada y realzada, corno un cristal en tinieblas que para mejor observarlo se lo coloca contra el cielo. \u00a1Cu\u00e1n clara, simple, y atrayente esta tarea a los ojos penetrantes y puros de Vicente! Las dificultades inauditas, las pesadas responsabilidades, las fatigas&#8230; la sangre&#8230; el oro&#8230; las vidas humanas&#8230; y el tiempo&#8230; el tiempo exigido por la obra maravillosa, in\u00adconmensurable&#8230; aquel tiempo que tal vez le faltar\u00eda&#8230; todos los pensamientos de temor, de duda, de desespera\u00adci\u00f3n&#8230; que \u00e9l ciertamente no buscaba. Cuando ven\u00edan, los ahuyentaba tranquilamente como moscas. Pose\u00eda la fe del pobre y del santo que ante la monta\u00f1a se siente atra\u00eddo por su cumbre. \u00bfPretender\u00e1 removerla? \u00a1Quimera, orgullo! No, m\u00e1s hermoso es escalarla. \u00a1Transp\u00f3rtate a ti mismo, la monta\u00f1a eres t\u00fa!<\/p>\n<p>Vicente, apenas hubo esbozado la empresa del modo que hemos visto se apresur\u00f3 a comunicarlo a Mme Gondi quien maravillada no s\u00f3lo la aprob\u00f3, sino tambi\u00e9n proce\u00addi\u00f3 a colaborar activamente a favor del \u00e9xito.<\/p>\n<p>M. de Gondi ten\u00eda una hermana, Marie Maignelais, quien dejar\u00eda un nombre famoso y venerado entre las grandes damas cristianas de la \u00e9poca. Aunque joven era ya c\u00e9\u00adlebre tanto por sus desgracias como por sus virtudes. Ape\u00adnas salida de la adolescencia se hab\u00eda casado con M. de Maignelais a quien amaba apasionadamente y a quien per\u00addi\u00f3 al poco tiempo de manera tr\u00e1gica hacia el fin de la Liga. Valiente hasta la temeridad se hab\u00eda consagrado sin reserva a la causa real. Adversario de Carlos de Mayena, \u00e9ste le hizo apu\u00f1alar y Mme. de Maignelais, viuda a los veinte a\u00f1os, sufri\u00f3 poco despu\u00e9s la desaparici\u00f3n de su \u00fani\u00adco hijo de muy corta edad. Entonces sin m\u00e1s v\u00ednculos, ni ilusiones para el futuro, desechando toda ternura huma\u00adna se refugi\u00f3 en su doble duelo para vivir sola y frente a Dios. Hubiera sido su deseo despojarse de su fama y de su inmensa fortuna para entrar en el Carmelo, a pe\u00adsar de la resistencia de sus padres y amigos, quien juzga\u00adban, y no sin raz\u00f3n, que su verdadero claustro era el mun\u00addo, donde su m\u00e9rito y ocasiones de practicar la virtud se\u00adr\u00edan mayores. Estaba a punto de cumplir sus prop\u00f3sitos, sin escucharlos, cuando un breve del Papa le oblig\u00f3 a re\u00adnunciar. Mme. de Gondi encontr\u00f3 en esta v\u00edctima dolorosa una colaboradora ardiente y natural; ambas se consagra\u00adron por entero a la gran empresa de San Vicente de Paul.<\/p>\n<h3><strong>La limosna. Las cofrad\u00edas<\/strong><\/h3>\n<p>En primer lugar se aplic\u00f3 a la fundaci\u00f3n de las aso\u00adciaciones y cofrad\u00edas de caridad. En vez de dispensar las limosnas sin control, como si se tratara de bienes sin due\u00ad\u00f1o, decidi\u00f3 procurarlas sin esperar que llegaran espont\u00e1\u00adneamente, dirigirlas, reglamentarlas y finalmente asegu\u00adrar no s\u00f3lo su duraci\u00f3n sino tambi\u00e9n su perpetuidad. Se\u00adg\u00fan su pensamiento hab\u00edan de ser una verdadera organi\u00adzaci\u00f3n de continuidad ordenada e ininterrumpida. No con\u00adtaba con s\u00ed s\u00f3lo para lograr estos fines. Sin duda hab\u00eda decidido emplear todos los medios de su parte, pero tam\u00adbi\u00e9n ese esencial interesar a los dem\u00e1s y comprometerlos en su obra. Para continuarla era menester que cada cual se dedicase a su tarea y conforme a su ejemplo la hiciese propia y personal&#8230;<\/p>\n<p>Esperaba mucho, casi todo, de esta iniciativa privada sin la cual nada resulta; y este esfuerzo cotidiano, esta participaci\u00f3n del cuerpo, del coraz\u00f3n y del esp\u00edritu, no la \u00a0consideraba virtud del lujo y como deber exclusivo de los ricos; tambi\u00e9n la reclamaba de los pobres. Sus beneficiados deb\u00edan tomar parte en ella tanto como los benefactores. Deb\u00edan ayudar, a su manera, pero tambi\u00e9n dando, socorriendo al pr\u00f3jimo en su misma pobreza y en proporci\u00f3n a la ayuda recibida. Estimaba m\u00e1s necesario que \u00fatil poner al rico en comunicaci\u00f3n con el pobre y al pobre con el rico, hacerlos entrar en contacto, conocerse juzgarse sana y lealmente, sin severidades injustas, ni complacencias falsas para llegar as\u00ed a una nueva manera de estimarse y apreciarse rec\u00edprocamente. El desheredado y desafortunado, \u00bfno ten\u00edan igual necesidad el uno del otro? \u00a0Separados, nada pod\u00edan, en la frialdad sin m\u00e9rito del ais lamiento. \u00bfCu\u00e1l era, pues, el fin de la cofrad\u00eda? Acercar\u00adlos, unirlos, ense\u00f1arles a darse la mano antes de llegar, m\u00e1s tarde&#8230; a unir sus hombros. La cofrad\u00eda les ense\u00ad\u00f1aba \u00aben la pr\u00e1ctica\u00bb, junto con los deberes, el papel y beneficio moral y social de la caridad. Era menester que el pobre y el rico se sintiesen el uno para el otro en estre\u00adcha solidaridad, para aceptar cada uno de su parte su condici\u00f3n respectiva, \u00e9ste en la humildad, la generosidad, el desprendimiento de sus bienes; aqu\u00e9l sin rencores ni en\u00advidias, en la mansedumbre y el reconocimiento. Seg\u00fan Vi\u00adcente no exist\u00eda otra manera de concebir, a pesar de las di\u00adferencias de clase, la <em>igualdad <\/em>de ricos y pobres, y de rea\u00adlizar su uni\u00f3n fraternal, imposible sin el esp\u00edritu del Evan\u00adgelio. Pero antes de llegar a los hombres por medio de los hombres, sab\u00eda el capell\u00e1n que el medio m\u00e1s seguro era recurrir a la mujer, especialmente trat\u00e1ndose de servir ab\u00adnegadamente a los pobres. A ellas acudi\u00f3, pues, en un prin\u00adcipio. La asociaci\u00f3n de damas de Ch\u00e1tillon-les-Dombes di\u00f3 origen a las Cofrad\u00edas de la Caridad, mientras en los do\u00adminios de Gondi, en Villepreux, en Joigny, en Montmirail funcionaban otras semejantes. Se podr\u00eda creer que fijar el plan y organizar estas cofrad\u00edas, modelos del g\u00e9nero, le fue a Vicente muy trabajoso. De ning\u00fan modo. Desde el primer momento hab\u00eda hallado espont\u00e1neamente su f\u00f3rmula en la lu\u00adcidez de su buen sentido y en la sencillez de su Coraz\u00f3n. Se dirigi\u00f3 a un grupo de personas acomodadas, las cuales reunidas eligieron a un superior y se comprometieron a observar ciertas reglas. Interrog\u00f3les qu\u00e9 pobres conoc\u00edan y se obligaron a asistir sacrificando todo o parte de sus bienes superfluos.<\/p>\n<p>Rog\u00f3les adem\u00e1s que no se dieran por satisfechos con estos deberes tan naturales sino que los consideraran como amigos, de tal suerte que viniesen a formar como una fa\u00admilia y les aportasen los socorros, de los cuales se ve\u00edan privados. Tambi\u00e9n fue idea suya la Asistencia P\u00fablica -enti\u00e9ndase que no criticamos la de nuestros d\u00edas- que \u00e9l cre\u00f3 de la manera m\u00e1s amplia, completa y con mayo\u00adres probabilidades de otorgar la salud porque pose\u00eda un remedio seguro, m\u00e1s eficaz que la solicitud del Estado: la caridad cristiana, irresistible, indestructible, de esencia di\u00advina. Estas alocuciones tuvieron tanto \u00e9xito que treinta cofrad\u00edas fueron fundadas una tras otra. Las se\u00f1oras de Gondi y de Maignelais se prodigaban junto a Vicente adiestrando las nuevas socias entre las que se contaban personas de toda condici\u00f3n: damas de la aristocracia, mu\u00adjeres de la clase media, vendedoras, sirvientas, mujeres del pueblo y de la corte reunidas sin reparos, conforme lo reclamaba la miseria. Seg\u00fan el deseo del fundador, na\u00adda deb\u00eda desanimarlas. Hab\u00eda previsto todas las taras f\u00ed\u00adsicas y morales del pobre. Conoc\u00eda su desaseo, su mala acogida, su resistencia a los cuidados que se les deseaba dispensar, su malignidad y hasta sus injurias. Para ague\u00adrrir sus tropas tampoco pas\u00f3 por alto describirles antici\u00adpadamente la fealdad de las llagas, el espect\u00e1culo repe\u00adlente de las enfermedades, los frecuentes peligros de con\u00adtagio. La exposici\u00f3n de estos contratiempos deb\u00eda, en su criterio, comunicar mayor energ\u00eda a la orden por \u00e9l da\u00adda de no detenerse ante nada, de no reflexionar pasase lo que pasase, de avanzar siempre, de no retroceder ja\u00adm\u00e1s. As\u00ed lo cumplieron aquellas valientes y santas mu\u00adjeres. Marchaban por el fangal sin observar d\u00f3nde pon\u00edan los pies, fijas sus miradas en la luz clara y deleitable adonde las conduc\u00eda el sendero de lodo. Cumpl\u00edan al pie de la letra y sin guantes lo de \u00abdar la mano a los po\u00adbres\u00bb. Los aseaban, peinaban, lavaban ; los acostaban, bis extra\u00edan de sus camastros que ellas limpiaban y mull\u00edan ; cerraban las puertas, abr\u00edan las ventanas, ba\u00adrr\u00edan y les daban qu\u00e9 comer, qu\u00e9 beber, qu\u00e9 amar, en qu\u00e9 creer, en qu\u00e9 esperar ; enjugaban las l\u00e1grimas, alenta\u00adban las sonrisas, conciliaban el descanso. La se\u00f1ora de Maignelais cumpl\u00eda este asombroso ministerio vestida &#8216;de basta tela y de oscura lana, ella que en sus tiempos de ef\u00edmera alegr\u00eda deslumbraba bajo el oro de sus brocados. Hab\u00eda vendido su vajilla de plata, sustitu\u00eddola por platos de loza ordinaria para acordarse, a\u00fan mientras com\u00eda, de los pobres con quienes se sol\u00eda acompa\u00f1ar y compart\u00eda sus comidas. A ellos destin\u00f3 el total de sus rentas computadas en 350 libras, unos tres millones de francos actuales. Vi\u00e9n\u00addose precisada a circular por Par\u00eds y a recorrer largas distancias, utilizaba, a pesar suyo, una carroza pero sin blasones ni lacayos y conducida por un solo cochero. Esta manera tan sencilla de viajar hubiera avergonzado a un comerciante de aquellos tiempos. La se\u00f1ora de Gondi, por el contrario, en lugar de abismarse como su amiga en un renunciamiento absoluto, deb\u00eda afrontar una doble exis\u00adtencia. Comenzaba desde muy temprano sus visitas a los indigentes y enfermos, no de la manera atropellada en que s\u00f3lo participa el cuerpo y se cumple lo que suele llamar\u00adse tan impropiamente un \u00abdeber de conciencia\u00bb. Las vi\u00adsitas de la se\u00f1ora generala eran reposadas, conscientes, ver\u00addaderas estaciones junto al lecho de los infelices a quienes no s\u00f3lo se contentaba con prodigar sus cuidados, sino tam\u00adbi\u00e9n interrogaba acerca de todo lo que a\u00fan pod\u00eda intere\u00adsarlos y unirlos al mundo de los vivos. Una vez \u00abhecha su feria\u00bb volv\u00eda a su casa, donde ataviada conforme a su rango presid\u00eda la mesa de M. de Gondi y dirig\u00eda en sus salones la conversaci\u00f3n acerca de literatura, artes, la corte, la ciudad, y otros temas que animaba con su gracia y agu\u00addeza de esp\u00edritu, a trav\u00e9s de los cuales resplandec\u00eda el en\u00adcanto de su bondad. Pi\u00e9nsese que era de temperamento de\u00adlicado, bella y enfermiza y se apreciar\u00e1 mejor todo el va\u00adlor a que hab\u00eda de echar mano para practicar esta doble y agitada vida, aun s\u00f3lo en lo que se refiere a estas dos clases de trato, de aspecto tan diferente, con dos clases so\u00adciales que absorb\u00edan sus d\u00edas y sus noches. Pero all\u00ed estaba tambi\u00e9n el se\u00f1or Vicente que muchas veces enfermo y fatigado arrastraba entusiasta a sus fervientes imitadores, a quienes volv\u00eda gratas sus tareas gracias al cuidado meticuloso y a la cari\u00f1osa preocupaci\u00f3n con que las planeaba. Montaigne observa: \u00abLa vida nos devora\u00bb. Podr\u00eda decir\u00adme de Vicente \u00abque devoraba la vida\u00bb, la suya y la de aquellos a quienes asist\u00eda con tal que ante todo se asistie\u00adran a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Todo lo que cre\u00f3 y fund\u00f3 fue primero concebido por \u00e9l n, grandes rasgos, en un instante de destello genial, pa\u00adra ser, despu\u00e9s de largas consideraciones y reflexiones, desbastado y pulido como a peque\u00f1os golpes de buril. Al recapacitar lo realizado jam\u00e1s pensaba: \u00abBasta, he llega do a lo perfecto\u00bb, a\u00fan cuando as\u00ed fuera. Dif\u00edcil es imagi\u00adnar en qu\u00e9 grado posey\u00f3 el arte y la ciencia de la exac\u00adtitud y el don de obtener la mayor ventaja de los seres y de las cosas, al par que un incre\u00edble poder para abarcar a la vez el conjunto y el detalle, ordenando las partes integrantes. Organizaci\u00f3n, archivos, gastos, hospedaje, ves\u00adtido, alimentos, nada olvidaba. Todo estaba previsto de antemano: el modo de tratar a los pobres, de servirlos a la de mantenerlos en condiciones salubres e higi\u00e9nicas seg\u00fan la edad y la estaci\u00f3n; los cuidados especiales requeridos por los ni\u00f1os, las mujeres, los ancianos, los mil diversos modos de distraerlos. La tristeza no ten\u00eda cabida, pues consideraba la alegr\u00eda como el mayor atractivo de la virtud. El mismo, para conformarse a este precepto, llevaba siempre la sonrisa en los labios y en las pupilas, no a la manera r\u00edgida de las estatuas beat\u00edficas, sino con la amable malicia gascona que centelleaba bajo las pobladas cejas.<\/p>\n<p>Lo que asombraba era la tranquilidad, hasta dir\u00edase la presunci\u00f3n, con que se embarcaba en tama\u00f1as empre\u00adsas delbien com\u00fan sin divisar la ribera del \u00e9xito.<\/p>\n<p>Algunas chanceaban, otros demostraban francamente temor. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 gran coraz\u00f3n, gem\u00eda m\u00e1s de uno, pero qu\u00e9 cabeza! Est\u00e1 loco. Gasc\u00f3n ten\u00eda que ser. <em>Se tiene fe. <\/em>\u00bfPe\u00adro ad\u00f3nde ir\u00e1 a parar \u00e9l y el enorme f\u00e1rrago de sus obras?\u00bb.<\/p>\n<p>El, dejando a un lado los comentarios adversos, pro\u00adsegu\u00eda en paz su camino. Jam\u00e1s caus\u00f3 la impresi\u00f3n de atrasar o adelantar, de estar inquieto o desalentado.<\/p>\n<p>Cada cosa a su tiempo. Marchar despacio era su ga\u00adrant\u00eda de pronta llegada. Sol\u00eda repetir: \u00abNo adelantarse jam\u00e1s a la Providencia, pero una vez que la Providencia ha abierto el camino, entonces se ha de dejar el paso para tomar la carrera\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando hubo establecido m\u00e1s de treinta cofrad\u00edas de mujeres, diseminadas en Villepreux, Joigny, Montmirail y dem\u00e1s dominios del general de las galeras, extendi\u00f3 su obra instituyendo tambi\u00e9n cofrad\u00edas de hombres que de\u00adber\u00edan, en una acci\u00f3n similar y paralela, asistir a los des\u00advalidos, quedando para las mujeres el cuidado de aquellos que por su edad o achaques eran incapaces de todo tra\u00adbajo. La primera de estas Cofrad\u00edas de Caridad fue fundada en Folleville, el a\u00f1o 1620.<\/p>\n<p>Establecidas ambas asociaciones que se completaban mutuamente y a veces se reun\u00edan para combinar el esfuer\u00adzo com\u00fan, Vicente de Paul, que descubr\u00eda diariamente la extensi\u00f3n y profundidad de su idea, vio la posibilidad de ampliar su obra, contenida hasta entonces dentro de los l\u00edmites de la campa\u00f1a, haci\u00e9ndole penetrar en las ciuda\u00addes. Este nuevo giro de las cosas, impreso por la sola fuer\u00adza de las circunstancias, se produc\u00eda casi a pesar suyo. Mientras el santo, marchando a la vanguardia de sus es\u00adperanzas, corr\u00eda en pos de m\u00e1s amplios \u00e9xitos, \u00e9stos al concretarse superaban de tal manera lo previsto que \u00e9l mismo se ve\u00eda obligado a ponerles freno, pues sus anhe\u00adlos se cristalizaban antes de lo que hubiera deseado: tanto tem\u00eda que el celo imprudente e indiscreto viniese a malo\u00adgrarlo todo. Estimaba que el \u00e9xito pasajero de la precipi\u00adtaci\u00f3n suele ir seguido del fracaso. \u00bfPero es posible de\u00adtener una corriente semejante? La instituci\u00f3n de la Ca\u00adridad nacida del coraz\u00f3n de Vicente como el hilo de agua de un manantial, acrecentada poco a poco a trav\u00e9s de las provincias de su nacimiento por todos los arroyos de buena voluntad que en ella vertieron sus aguas para aumen\u00adtar su caudal, se convert\u00eda poco a poco en r\u00edo impetuoso e irresistible, pero siempre contenido y canalizado por el admirable ingeniero&#8230; La instituci\u00f3n como un torrente anchuroso se extend\u00eda por todo el reino, atravesaba las fronteras, inundaba Lorena y Saboya, penetraba en Po\u00adlonia y en todas partes donde los hijos de Vicente com\u00adprend\u00edan la evangelizaci\u00f3n de los pobres \u00abde afuera\u00bb pero que para ellos no eran nunca \u00abextranjeros\u00bb\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tercera parte: Entre los miserables El hombre propone y la mujer dispone Si ambos esposos Gondi quedaron a cual m\u00e1s atribu\u00adlados por la fuga inopinada de Vicente, fue ella la que lament\u00f3 m\u00e1s que nadie &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-08\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":398801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[224,173,121,175,119,125,131,172,179,120,135],"class_list":["post-30546","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-chatillon-les-dombes","tag-du-fresne","tag-folleville","tag-gondi","tag-joigny","tag-montmirail","tag-pobreza","tag-reina-margarita","tag-senora-de-gondi","tag-villepreux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (08) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-08\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (08) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Tercera parte: Entre los miserables El hombre propone y la mujer dispone Si ambos esposos Gondi quedaron a cual m\u00e1s atribu\u00adlados por la fuga inopinada de Vicente, fue ella la que lament\u00f3 m\u00e1s que nadie ... 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