{"id":30464,"date":"2020-03-26T08:40:29","date_gmt":"2020-03-26T07:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/03\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-45\/"},"modified":"2020-01-27T19:13:39","modified_gmt":"2020-01-27T18:13:39","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-45","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-45\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 45"},"content":{"rendered":"<p>La caridad del Sr. Vicente se parec\u00eda al fuego, que siempre est\u00e1 en acci\u00f3n cuando encuentra materia propia; o mejor, estaba animada y abrasada por el fuego celestial que Jes\u00fas vino a traer al mundo, y que pone a los corazones en continua disposici\u00f3n de trabajar por la gloria de Dios y por la salvaci\u00f3n de las almas. Por eso, el fiel Siervo de Dios no dejaba que se le escapara ninguna ocasi\u00f3n de servir a la Iglesia, o de promover el verdadero bien del pr\u00f3jimo. Y aunque, adem\u00e1s del peso de la edad y de las enfermedades, que acompa\u00f1an ordinariamente a la vejez, estaba agobiado y como abrumado por el gran n\u00famero de obras piadosas, cuya carga y peso sobrellevaba; eso no imped\u00eda que siempre estuviera presto y en disposici\u00f3n de emprender nuevas obras por la gloria de Dios. Su celo iba creciendo y fortific\u00e1ndose con los trabajos, como si hubiera recibido un aumento de vigor y de fuerzas en lugar de debilitarse y agotarse.<\/p>\n<p>Eso es lo que le sucedi\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n, cuando con una tarea que le present\u00f3 la Divina Providencia el a\u00f1o 1653, la cual lo embarc\u00f3 en una nueva acci\u00f3n caritativa, hizo surgir m\u00e1s adelante una de las m\u00e1s grandes y m\u00e1s considerables empresas jam\u00e1s vistas desde el comienzo de la Iglesia, a saber, la fundaci\u00f3n del Hospital General de los Pobres de Par\u00eds. De \u00e9l podemos decir, sin quitar nada al honor y al m\u00e9rito de todas las personas virtuosas que han contribuido muy santa y muy honorablemente a su creaci\u00f3n, que el Sr. Vicente puso como la primera piedra, o mejor, que Dios se sirvi\u00f3 de su mano, sin que \u00e9l apenas conociera los planes de su Providencia, para poner los primeros cimientos, sobre los que el celo y la cooperaci\u00f3n de otros grandes e insignes obreros han levantado el maravilloso edificio que todos los d\u00edas va creciendo con bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un breve relato del modo como sucedi\u00f3 la cosa<\/p>\n<p>Un ciudadano de Par\u00eds, movido del deseo de ofrecer alg\u00fan servicio a Dios y de hacer algo que le fuera agradable, se dirigi\u00f3 un d\u00eda al Sr. Vicente, en cuya caridad confiaba plenamente; y le dijo que ten\u00eda la intenci\u00f3n de entregarle una cantidad considerable de dinero para emplearla en obras caritativas, como le pareciera m\u00e1s convenientemente, pero con la condici\u00f3n de que nunca revelar\u00eda el autor, y que no dir\u00eda su nombre a nadie, porque quer\u00eda llevar a cabo aquella obra puramente por Dios, y sin que lo supiera nadie fuera de Dios y de \u00e9l<\/p>\n<p>El Sr. Vicente pens\u00f3 que no deb\u00eda rechazarle aquel servicio, recibi\u00f3 el dinero en dep\u00f3sito, y despu\u00e9s de haberlo meditado ante Dios y pedido su luz para conocer en qu\u00e9 buena obra le ser\u00eda m\u00e1s de su agrado emplearlo, no quiso determinar ni resolver nada sin haberlo antes comunicado m\u00e1s en detalles a quien le hab\u00eda puesto el caritativo dep\u00f3sito en las manos: cambiaron impresiones entre ellos, y ambos convinieron en emplear el dinero en la fundaci\u00f3n de un asilo que sirviera de retiro a los artesanos pobres, que por no poder ganarse la vida a causa de la vejez, o por estar enfermos, se ve\u00edan reducidos a la mendicidad (en ella vemos, que de ordinario no pueden cuidar de su salud), pensando que ese ser\u00eda el medio de ejercer doblemente la caridad en su ciudad, remediando juntas las necesidades de sus cuerpos y de sus almas. Propuso la idea al bienhechor, y \u00e9ste la aprob\u00f3 con plena satisfacci\u00f3n, y la acept\u00f3 de muy buena gana, pero con la condici\u00f3n de que la administraci\u00f3n espiritual y temporal del asilo estuviera en manos del Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para realizar el proyecto el Sr. Vicente compr\u00f3 dos casas y una explanada bastante grande en el arrabal de San Lorenzo de la ciudad de Par\u00eds. Las dot\u00f3 de camas, ropa blanca y otras cosas necesarias; tambi\u00e9n mand\u00f3 preparar una capilla con todos los detalles convenientes. Y del dinero restante obtuvo una renta anual. Acogi\u00f3 en aquel asilo cuarenta pobres, a saber, veinte hombres y veinte mujeres, que han sido alimentados y mantenidos hasta el presente, pero que, por haber venido a menos la renta, se ver\u00e1n obligados a disminuir el n\u00famero, si la Providencia de Dios no lo remedia pronto. El Sr. Vicente mand\u00f3 pues poner los cuarenta pobres en dos pabellones separados los unos de las otras, pero de tal manera estaban repartidos que todos pod\u00edan o\u00edr una misma misa, y una misma lectura en la mesa, mientras com\u00edan en com\u00fan, pero cada sexo por separado, sin verse ni hablarse entre s\u00ed. Tambi\u00e9n mand\u00f3 comprar y preparar telares, herramientas y otras cosas convenientes para ocuparlos seg\u00fan sus d\u00e9biles fuerzas y habilidades, con el fin de evitar la ociosidad. Encarg\u00f3 a las Hijas de la Caridad el cuidado y el servicio de aquella pobre gente, confi\u00f3 a un Sacerdote de la Misi\u00f3n la celebraci\u00f3n de la Santa Misa en el asilo, y la administraci\u00f3n de la palabra de Dios y los sacramentos. El fue de los primeros en instruirlos y en recomendarles la uni\u00f3n entre ellos, la piedad para con Dios, y, sobre todo, el agradecimiento para con su infinita bondad por haberlos retirado de la indigencia y de la miseria y procurado un retiro tan tranquilo y tan c\u00f3modo para las necesidades de sus cuerpos, y para la salvaci\u00f3n de sus almas.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente puso por nombre a la casa el de Asilo del Nombre de Jes\u00fas, y registr\u00f3 una declaraci\u00f3n de su fundaci\u00f3n ante notarios, pero sin nombrar al fundador. Despu\u00e9s la aprob\u00f3 el Sr. Arzobispo de Par\u00eds, quien le dio toda la direcci\u00f3n de la casa a \u00e9l y a sus sucesores, y el Rey ha confirmado y autorizado todo con Letras Patentes.<\/p>\n<p>Cuando alguno de los pobres fallece, se acoge a otro en su lugar. Viven con mucha paz, y se consideran felices por estar as\u00ed mantenidos y atendidos, tanto en su vida como en la muerte, sin otra preocupaci\u00f3n que vivir cristianamente con el fin de prepararse de esa forma a bien morir. Y su forma de vida tranquila y reglada les produce a otros tales deseos de relevarles, que son muchos los que buscan y solicitan las plazas a\u00f1os antes de estar vacantes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que el Sr. Vicente dej\u00f3 as\u00ed instituido y reglamentado el nuevo Asilo, le vinieron a visitar varias Damas de la Caridad y otras personas de condici\u00f3n y de virtud. Y despu\u00e9s de observarlo todo, advirtieron un orden tan perfecto y una econom\u00eda tan santa, que quedaron maravillosamente edificadas. Vieron all\u00ed una paz y una uni\u00f3n maravillosa; estaban desterradas la murmuraci\u00f3n y la maledicencia con los dem\u00e1s vicios. Los pobres estaban ocupados en sus peque\u00f1os quehaceres, y cumpl\u00edan todos los actos de piedad adaptados a su condici\u00f3n. En fin, aquello era una modesta reproducci\u00f3n de la vida de los primeros cristianos, y m\u00e1s bien una Religi\u00f3n que un asilo de gente seglar<\/p>\n<p>La vista de aquel lugar tan bien regulado les daba motivo a las personas virtuosas que lo ven\u00edan a ver para deplorar la desgracia de tantos pobres como andaban pidiendo limosna por las calles y las iglesias de Par\u00eds, y que en su mayor parte llevaban una vida fuera de lo com\u00fan, con toda clase de vicios y desarreglos, sin que hasta entonces se hubiera podido remediar nada. A algunas Damas de la Caridad se les ocurri\u00f3 que no le ser\u00eda dif\u00edcil al Sr. Vicente sacarlos de aquel desorden, y organizar una vida reglada para muchos, como lo hizo para pocos; porque Dios daba su gracia y bendici\u00f3n a todas sus iniciativas. Y adem\u00e1s, porque dispon\u00eda en la casa de San L\u00e1zaro y en la de las Hijas de la Caridad de personas muy capacitados para tal fin, con tal de que hubiera sitio suficiente donde recoger y dar ocupaci\u00f3n a los pobres.<\/p>\n<p>Las primeras Damas, a las que se les ocurri\u00f3 la idea, la comunicaron a otras. Y \u00e9stas fueron a visitar el peque\u00f1o asilo, y quedaron convencidas de lo mismo. Una de ellas ofreci\u00f3, primeramente, cincuenta mil libras para comenzar un Hospital General. Y otra se oblig\u00f3 a dar tres mil libras de renta con el mismo prop\u00f3sito. Finalmente, lleg\u00f3 el d\u00eda de la reuni\u00f3n de las Damas, a la que siempre asist\u00eda el Sr. Vicente si no se le presentaba alg\u00fan impedimento extraordinario, como ya lo hemos dicho. Ellas le presentaron un gran proyecto, que de momento, le sorprendi\u00f3 y le dio ocasi\u00f3n para admirar el celo y la caridad de las virtuosas Damas. Alab\u00f3 por todo a Dios y las felicit\u00f3 efusivamente. Sin embargo, les dijo que el asunto era de tal importancia, que merec\u00eda ser considerado con prudencia, y que era muy necesario encomendarlo a Dios.<\/p>\n<p>En la siguiente reuni\u00f3n, mostraron las Damas nuevos entusiasmos para proceder a la ejecuci\u00f3n de su gran idea. Dieron seguridades de que no faltar\u00eda dinero, ya que conoc\u00edan a otras personas ricas con intenci\u00f3n de contribuir generosamente, y de este modo apremiaron al Sr. Vicente a aceptar el proyecto y a consentir que su Compa\u00f1\u00eda lo acometiera. Puesto a discusi\u00f3n el plan, determinaron que har\u00edan lo posible por iniciarlo. Con todo, el Sr. Vicente hubiera preferido tardar un poco m\u00e1s antes de embarcarse en semejante empresa, pero no pudo detener el fervor de las virtuosas Damas. Y como se necesitaba una casa muy amplia y con grandes espacios para poder albergar a todos los pobres, propusieron al Rey la casa y todas las dependencias de la Salpetri\u00e8re, cerca del r\u00edo, y enfrente del Arsenal, entonces en desuso. El Sr. Vicente habl\u00f3 a la Reina Regente del proyecto, y ella accedi\u00f3 de buen grado a la petici\u00f3n, y se expidi\u00f3 el documento de la donaci\u00f3n. Y ante la oposici\u00f3n de una persona que pretend\u00eda tener alg\u00fan derecho en aquello, una de las Damas le prometi\u00f3 ochocientas libras de renta para compensarla.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de eso, a las caritativas Damas les pareci\u00f3 que todo estaba suficientemente preparado para iniciar la ejecuci\u00f3n del proyecto. A algunas de las m\u00e1s fervorosas se les hac\u00eda muy largo el tiempo para ver a todos los pobres recogidos en aquel lugar, y por eso se lo urg\u00edan al Sr. Vicente. Pero como \u00e9ste no estaba de acuerdo con ellas en la manera de llevar a los pobres a aquella casa, y en la de dirigir semejante empresa, se vio en dificultades para contener a las impulsivas, porque le parec\u00eda que iban demasiado aprisa. Por eso un d\u00eda les dijo a ellas en particular para moderar su celo:<\/p>\n<p><em>\u00abQue las obras de Dios se hacen poco a poco en los tanteos y en su desarrollo: cuando Dios quiso salvar a No\u00e9 del diluvio con toda su familia, le mand\u00f3 construir un arca, que pod\u00eda haber estado terminada en poco tiempo. Y sin embargo, se la hizo empezar cien a\u00f1os antes, para que la hiciera poco a poco. Igualmente, Dios, cuando quiso guiar e introducir a los hijos de Israel en la Tierra de Promisi\u00f3n, pod\u00eda obligarles a hacer el viaje en pocos d\u00edas; y sin embargo, pasaron m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os antes de que les concediera la gracia de entrar en ella. De igual manera, cuando Dios trat\u00f3 de enviar a su Hijo al mundo para poner remedio al pecado del primer hombre, que hab\u00eda inficionado a todos los dem\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 tard\u00f3 tres o cuatro mil a\u00f1os? El no se precipita en hacer sus obras, hace todo en su tiempo. Y Nuestro Se\u00f1or, cuando vino a la tierra, pod\u00eda haber venido con edad perfecta para realizar nuestra redenci\u00f3n, sin dedicar treinta a\u00f1os a una vida oculta, que podr\u00eda parecer superflua. Por el contrario, quiso nacer ni\u00f1o, y crecer en edad igual que los dem\u00e1s hombres, para as\u00ed llegar poco a poco a la consumaci\u00f3n de este incomparable beneficio. \u00bfNo sol\u00eda decir tambi\u00e9n a veces, hablando de lo que ten\u00eda que hacer, que su hora no hab\u00eda llegado todav\u00eda? Para ense\u00f1arnos que no nos adelantemos en las cosas que dependen m\u00e1s de Dios que de nosotros. Incluso pod\u00eda en su tiempo haber establecido la Iglesia en todo el mundo; pero se content\u00f3 con poner los cimientos, y dej\u00f3 lo dem\u00e1s para que lo hicieran los Ap\u00f3stoles y sus sucesores. Seg\u00fan esto, no conviene querer todo a la vez, y todo de golpe, ni pensar que se perder\u00e1 todo, si todos y cada uno no se apresuran con nosotros a cooperar con este poco de voluntad que tenemos. Entonces \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer? Ir despacio, rezar mucho, y actuar de com\u00fan acuerdo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y a\u00f1adi\u00f3: Que,<\/p>\n<p><em>\u00abSeg\u00fan su parecer, pensaba que hab\u00eda que hacer primero una prueba, y recibir a cien o a doscientos pobres, y a\u00fan as\u00ed s\u00f3lo a los que vinieran por su propia voluntad, sin obligar a nadie. Porque si estuvieran bien tratados y muy contentos, atraer\u00edan a otros; y as\u00ed ir\u00eda creciendo el n\u00famero en proporci\u00f3n a los fondos que enviara la Providencia; que hab\u00eda que asegurarse para no estropear nada de modo irreflexivo, y que, por el contrario, si se usaba de la precipitaci\u00f3n y la coacci\u00f3n, podr\u00eda ser un obst\u00e1culo para los planes de Dios: que si la obra era cosa suya, saldr\u00eda adelante y subsistir\u00eda; pero que si era s\u00f3lo cosa del ingenio humano, no resultar\u00eda, ni mucho menos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Esas eran las ideas del Sr. Vicente y las observaciones que les hizo a las Damas, y que lograron serenar su celo ardiente. Pero lo que retras\u00f3 a\u00fan m\u00e1s la ejecuci\u00f3n de la obra fue que varios de los Magistrados m\u00e1s importantes, pensando que era poco menos que imposible su ejecuci\u00f3n, no pod\u00edan decidirse a aceptarla y a darle su visto bueno. De ah\u00ed result\u00f3 que los a\u00f1os 1655 y 1656 se pasaron sin poder hacer otra cosa que madurar algunos proyectos y proponer medios para la ejecuci\u00f3n de la gran idea. Y a ella se consagraron personas de condici\u00f3n y de virtud con grand\u00edsimo celo. Por fin, Dios le dio su bendici\u00f3n, y convinieron en la forma de la empresa, y en el modo de dirigirla, y nombraron administradores o directores, personas, todas ellas, de honor y de piedad, para que dieran comienzo a la obra. Las Damas de la Caridad, que hab\u00edan tenido la iniciativa de esta gran obra bajo la direcci\u00f3n sabia del Sr. Vicente, quedaron muy consoladas al verla apoyada y sostenida por la autoridad p\u00fablica. Y por consejo del Sr. Vicente encomendaron su gesti\u00f3n a los Sres. Administradores. Y con el fin de darles medios para construir sobre sus cimientos, el Sr. Vicente les devolvi\u00f3 por medio de ellas no s\u00f3lo la Salpetri\u00e8re, sino tambi\u00e9n el Castillo de Bic\u00eatre, que \u00e9l hab\u00eda conseguido y pose\u00eddo algunos a\u00f1os antes para los ni\u00f1os abandonados<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todos esos edificios cedidos por las Damas para acoger a los pobres, ellas contribuyeron tambi\u00e9n con unas cantidades muy notables de dinero, y de ropa blanca, de camas y otros muebles, por cierto, algunos de ellos hechos por los carpinteros de San L\u00e1zaro, para abastecer las primeras urgencias de aquellas casas, al recibir a los pobres. Y as\u00ed se llev\u00f3 a cabo aquella obra, no por v\u00eda de ensayo, ni de acuerdo con los pobres seg\u00fan el primer proyecto del Sr. Vicente, sino por una decisi\u00f3n absoluta de encerrarlos y as\u00ed evitar que anduvieran mendigando: obligaron a todos los mendigos que hallaron en Par\u00eds, o a trabajar para ganarse la vida, o a ingresar en el Hospital General<\/p>\n<p>Veamos lo que el Sr. Vicente escribi\u00f3 sobre esto en el mes de marzo del a\u00f1o1657 a una persona de su confianza:<\/p>\n<p><em>\u00abVan a suprimir la mendicidad en Par\u00eds, y a reunir a todos los pobres en unos locales apropiados para mantenerlos, instruirlos y darles trabajo. Se trata de un gran proyecto y muy dif\u00edcil, pero que est\u00e1 ya muy avanzado, gracias a Dios, ya probado por todo el mundo. Muchas personas contribuyen abundantemente con sus limosnas, y otras se ocupan en \u00e9l de buena gana. Tienen ya diez mil camisas y lo dem\u00e1s en proporci\u00f3n. El Rey y el Parlamento lo apoyan decididamente y, sin hablar conmigo, han destinado ya a Sacerdotes de nuestra Congregaci\u00f3n y a Hijas de la Caridad para el servicio de los pobres, con el benepl\u00e1cito del Sr. Arzobispo de Par\u00eds. Sin embargo, nosotros no estamos a\u00fan decididos a comprometernos en esa tarea, por no conocer suficientemente si es voluntad de Dios, pero, si la emprendemos, al principio ser\u00e1 solamente en plan de prueba\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Cuando el Sr. Vicente se enter\u00f3 de la intenci\u00f3n que hab\u00eda de emplear a los Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n en la asistencia espiritual de los pobres del Hospital General, crey\u00f3 que tal compromiso era de tal importancia para su Congregaci\u00f3n que merec\u00eda la pena de considerarlo ante Dios, y que hab\u00eda que aconsejarse de si era conveniente aceptarlo. Por eso, despu\u00e9s de rezar por dicho asunto, reuni\u00f3 a los Sacerdotes de la casa de San L\u00e1zaro para estudiar el caso, y despu\u00e9s de presentarles las consideraciones que pod\u00edan llevarles a aceptar o a rechazar semejante ocupaci\u00f3n, al final se decidieron eximirse, como as\u00ed se hizo por muy poderosas y muy importantes razones. Y como las Letras Patentes del Rey, que ya estaban expedidas para la fundaci\u00f3n del Hospital General, les atribu\u00edan aquel derecho, renunciaron a ellas en absoluto con un Acta aut\u00e9ntica, para que otros eclesi\u00e1sticos pudieran dedicarse a aquella tarea con plena libertad.<\/p>\n<p>Por otra parte, como el Hospital estaba ya a punto de empezar a funcionar, y los Directores y Administradores se ve\u00edan presionados a abrirlo cuanto antes, para evitar que la negativa de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n causara alg\u00fan retraso en una obra tan santa, o que los pobres carecieran de ayuda espiritual, el Sr. Vicente invit\u00f3 a Luis Abellyun eclesi\u00e1stico de la Compa\u00f1\u00eda de los que se re\u00fanen los Martes en San L\u00e1zaro a aceptar el cargo de Rector del Hospital General; y as\u00ed lo hizo.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de prestar sus servicios por alg\u00fan tiempo, con otros eclesi\u00e1sticos que se le juntaron, y de haber dado misiones en las casas del Hospital con ayuda de virtuosos eclesi\u00e1sticos de la misma Compa\u00f1\u00eda y de otros que resid\u00edan en iglesias de Par\u00eds, como sus achaques no le permit\u00edan desempe\u00f1ar por m\u00e1s tiempo aquel cargo, muy laborioso y agotador, renunci\u00f3 a \u00e9l en manos de los Sres. Vicarios Generales del Sr. Cardenal de Retz, arzobispo de Par\u00eds, quienes, en su lugar, pusieron a un doctor de la Facultad de Par\u00eds de la misma Compa\u00f1\u00eda. Dicho se\u00f1or ha ejercido durante varios a\u00f1os el cargo de Rector del Hospital General con gran bendici\u00f3n, y ha trabajado con celo infatigable organizando misiones casi continuas llevadas a cabo gracias a sus desvelos en todas las casas del Hospital.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La caridad del Sr. Vicente se parec\u00eda al fuego, que siempre est\u00e1 en acci\u00f3n cuando encuentra materia propia; o mejor, estaba animada y abrasada por el fuego celestial que Jes\u00fas vino a traer al mundo, &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-45\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-30464","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 45 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-45\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 45 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La caridad del Sr. Vicente se parec\u00eda al fuego, que siempre est\u00e1 en acci\u00f3n cuando encuentra materia propia; o mejor, estaba animada y abrasada por el fuego celestial que Jes\u00fas vino a traer al mundo, ... 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