{"id":30062,"date":"2025-07-07T08:40:30","date_gmt":"2025-07-07T06:40:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/30062\/juan-m%c2%aa-odin-arzobispo-de-nueva-orleans-1800-1870-capitulo-3\/"},"modified":"2024-08-22T21:01:33","modified_gmt":"2024-08-22T19:01:33","slug":"juan-m%c2%aa-odin-arzobispo-de-nueva-orleans-1800-1870-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/juan-m%c2%aa-odin-arzobispo-de-nueva-orleans-1800-1870-capitulo-3\/","title":{"rendered":"Juan M\u00aa Odin, Arzobispo de Nueva Orle\u00e1ns (1800-1870). Cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">Cap\u00edtulo tercero<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento hab\u00eda mandado que se establecie\u00adsen Casas especiales para la formaci\u00f3n del clero, en donde los j\u00f3venes levitas se preparasen con el estudio, oraci\u00f3n y retiro al ministerio de la salvaci\u00f3n de las almas. Desde el siglo XVII, gracias al celo de los Berulles, de los Bourdoi\u00adses, de los Vicente de Pa\u00fal y de los Olieres, se establecieron Seminarios en Francia, y el clero vi\u00f3se bien pronto refor\u00admado y lleno del esp\u00edritu de fe, de piedad y de celo y cap\u00adtarse aun de la gente mundana el respeto debido a su digni\u00addad. Para apreciar los servicios que ha prestado esta institu\u00adci\u00f3n, s\u00f3lo basta recordar el desprecio en que hab\u00eda ca\u00eddo el nombre de sacerdote, en otro tiempo modelo de piedad y abnegaci\u00f3n. En tiempo del Sr. Olier estableci\u00f3se en Lyon, al lado del Seminario de los Padres del Oratorio, otro Se\u00adminario dirigido por los sacerdotes de San Sulpicio, cuyo primer Superior fue\u00a0 el piadoso y sapient\u00edsimo Sr. de Hur\u00adtevent , de grata memoria, y tal fue\u00a0 su desarrollo, que en el siglo XVIII rivalizaba en el celo por la educaci\u00f3n del clero con los Seminarios de los sacerdotes del Oratorio y de los Josefinos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Poco antes de la Revoluci\u00f3n, el Sr. Emery hab\u00eda alcan\u00adzado en \u00e9l reputaci\u00f3n de sabio y virtuoso sacerdote , la cual reputaci\u00f3n creci\u00f3 durante las luchas entre el primer Impe\u00adrio y la Iglesia; mas no pudo volver a desempe\u00f1ar sus car\u00adgos en el Seminario, porque, habi\u00e9ndose suprimido en 1812 la. Congregaci\u00f3n de San Sulpicio, fue\u00a0 puesto en manos de sacerdotes seglares; lo cual caus\u00f3 grande sensaci\u00f3n al Arzo\u00adbispo de Lyon, quien, sin embargo, dispuso inmediata\u00admente que se organizase de nuevo, confiando el cargo de Superior interino al Sr. Bochard, Vicario general, y nom\u00adbr\u00f3 para profesores a dos j\u00f3venes que acababan de terminar la teolog\u00eda en Par\u00eds, los Sres. Cholleton y Cattet, los cuales muy pronto deb\u00edan distinguirse, el uno corno Vicario ge\u00adneral y el otro por sus escritos de pol\u00e9mica, en los cuales, seg\u00fan el parecer del Ilmo. Sr. Affee <em>( Ami de la Religi\u00f3n, <\/em>1835), se distingue no pocas veces m\u00e1s bien un celo exage\u00adrado que exactitud teol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Mioland, m\u00e1s tarde Arzobispo de Tolosa, asisti\u00f3 a la apertura del Seminario, y en 1820 ya estaba constitu\u00ed- do todo el profesorado, en el que se distinguieron, entre otros, el Sr. Duplay (1789-1887), que pas\u00f3 su larga carrera en el Seminario, y el Sr. Denavit, muerto en 1867, despu\u00e9s de haber alcanzado fama de sacerdote muy austero y piadoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1813 fue\u00a0 nombrado Superior el Sr. Gardette, funda\u00addor del Seminario menor de Saint-Jodart, y en el largo per\u00edodo de veintisiete a\u00f1os que desempe\u00f1\u00f3 este cargo, se ob\u00adserv\u00f3 exactamente el reglamento a pesar de lo reducido y estrecho que era el edificio. El Seminario de San Ireneo, levantado antes de la Revoluci\u00f3n en Croix Paquet, estaba en esta \u00e9poca muy aislado y rodeado solamente de comunida\u00addes religiosas, pero despu\u00e9s qued\u00f3 convertido en un conjun\u00adto muy irregular de edificios muy desiguales, rodeados por un lado de talleres de la colina de San Sebasti\u00e1n, y por otro del r\u00edo Rh\u00f3ne, que produc\u00eda mucha humedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Juan Mar\u00eda Odin entr\u00f3, con grande satisfacci\u00f3n de su alma, en esta casa, en donde conoc\u00eda que Dios le hab\u00eda de dar a conocer su vocaci\u00f3n, y aunque se encontraba entre mil lazos que ataban su libertad, estaba muy contento por conocer que la libertad es muy peligrosa para un seminaris\u00adta. Desde las cinco de la ma\u00f1ana que se levantaba, hasta las nueve de la noche, no interrump\u00eda sus serios trabajos, sino por una hora de recreaci\u00f3n al mediod\u00eda y otra por la noche, en un peque\u00f1o patio cuando hac\u00eda buen tiempo o \u00a0en el sal\u00f3n de recreo. Los trabajos en que ten\u00eda distribuido el d\u00eda eran la oraci\u00f3n y el estudio; su alma se desahogaba en los ejercicios de piedad y en la meditaci\u00f3n, y su entendimiento se delei\u00adtaba al penetrar la solidez de los fundamentos de nuestra santa Religi\u00f3n. La teolog\u00eda, en efecto, tomando por punto de partida la Revelaci\u00f3n, conduce por medio de la l\u00f3gica al alma a una convicci\u00f3n razonable, confirma la fe, la defiende con\u00adtra los herejes de todos tiempos y edades, y explica hasta cierto punto las verdades reveladas. Yunque\u00a0 para el estu\u00addio de la teolog\u00eda es necesario saber filosof\u00eda, \u00e9sta, sin em\u00adbargo, se desarrolla y perfecciona por medio de aqu\u00e9lla. Los argumentos que corroboran la fe forman la parte espe\u00adculativa, y las leyes que regulan nuestra conducta constitu\u00adyen la parte pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Odin estaba dotado de un juicio recto, de un ins\u00adtinto l\u00f3gico, de un criterio pr\u00e1ctico y de una seguridad de \u00e1nimo que le dispon\u00edan al estudio de las ciencias sagradas, en las cuales adelant\u00f3 tanto, que apenas hubo terminado la carrera, cuando ya fue\u00a0 nombrado catedr\u00e1tico suplente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al principio, cuando se hubieron establecido los Semi\u00adnarios, en San Sulpicio solamente se ense\u00f1aban las materias que se explicaban en la Sorbona, a la cual iban algunos es\u00adtudiantes de los m\u00e1s escogidos para repetirlas a los dem\u00e1s cuando volv\u00edan; medio de ense\u00f1ar, por cierto, muy senci\u00adllo. Pero como no se trataba de profundizar las cuestiones debatidas, bastaba que el profesor repitiera fielmente las ex\u00adplicaciones que hab\u00eda o\u00eddo, o \u00a0que las desarrollara para que pudieran entenderlas los que eran m\u00e1s cortos. Mas luego que en el mismo Seminario se ense\u00f1\u00f3 la Teolog\u00eda, se abo\u00adlieron los repetidores, quedando sustituidos por pasantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Odin encontr\u00f3 en este empleo un medio excelente de profundizar las cuestiones, y se confirm\u00f3 en lo que la experiencia le hab\u00eda ense\u00f1ado, a saber, que nunca uno apren\u00adde m\u00e1s que cuando est\u00e1 obligado a comunicar la ciencia a otros. Su salud, sin embargo, no pudo resistir a una vida tan laboriosa; as\u00ed es que al cabo de algunos meses cay\u00f3 en\u00adfermo; pero, a pesar de la maligna fiebre que le atormenta\u00adba, no perdi\u00f3 la tranquilidad de su alma; antes bien, la sufr\u00eda con contento por reconocer en ello la voluntad de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Salido de la enfermedad mand\u00f3sele dejar la enfermer\u00eda sin darle apenas tiempo para reponerse, siendo esto una prueba en que ejercitar su piedad. Sigamos sus pasos, y exa\u00adminemos sus adelantos en ella, sirvi\u00e9ndonos para ello de su correspondencia. En efecto, manda a su hermana un librito de meditaciones, una <em>Vida de San Luis Gon, Taga, <\/em>y con una carta en que, entre otras cosas, le dice: \u00ab<em>Te encargo que leas con detenci\u00f3n la Vida de San Luis Gonzaga. Las grandes penitencias y austeridades de este santo te esforzar\u00e1n para llevar con paciencia las peque\u00f1as miserias de este mundo. Piensa muchas veces en la eternidad y en la gloria que go\u00adzan los santos en el cielo, y considera que ellos no han con\u00adseguido tanta felicidad sino por medio de los sufrimientos y pobreza de esta vida. Ofrece a Dios todos tus trabajos, y aun las acciones m\u00e1s insignificantes dir\u00edgelas a su mayor gloria. De este modo tendr\u00e1s la seguridad de que le amas, y crecer\u00e1s de d\u00eda en d\u00eda en su gracia.<\/em>\u00ab<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En estas pocas l\u00edneas deja trazado todo un reglamento de vida cristiana, donde la pr\u00e1ctica viene a juntarse con los principios generales. De este modo, a los pocos meses de estar en Lyon, queda convertido en un celoso ap\u00f3stol de las personas de su aprecio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hacia el a\u00f1o 1820 la di\u00f3cesis fue\u00a0 testigo de grandes ma\u00adnifestaciones religiosas. Las misiones, de que se ha hablado tanto y tan mal, obraban en las ciudades y en los pueblos numerosas conversiones, y con frecuencia luchaban victo\u00adriosamente contra el esp\u00edritu p\u00fablico de indiferencia, o \u00a0con\u00adtra la burla volteriana. Estas noticias causaban tanta alegr\u00eda al joven levita, que la manifestaba aun en sus cartas. Sin em\u00adbargo, el bien no se hac\u00eda sin oposici\u00f3n, y esta oposici\u00f3n era a veces poderosa y violenta. Los imp\u00edos de todos los tiempos, y que en el siglo pasado se apellidaron fil\u00f3sofos, liberales en el tiempo de la restauraci\u00f3n, y que en nuestros d\u00edas se lla\u00adman librepensadores, se sirven siempre de las mismas armas para combatir la influencia de la Religi\u00f3n, que no dirige las almas sino por el camino de la eterna verdad y verdadero bien. Las cartas del joven seminarista manifiestan todo el fu\u00adror de estos imp\u00edos contra los misioneros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las misiones terminan de ordinario con una ceremonia imponente, y consiste en plantar una gran cruz para que recuerde el p\u00fablico las instrucciones que se le han dado. Con ocasi\u00f3n de esta ceremonia escribi\u00f3 a una prima suya, a quien ayudaba con sus consejos, una carta muy graciosa, y como contraria a su car\u00e1cter que en un principio nos parec\u00eda grave: \u00ab<em>He recibido<\/em> \u2014le dice\u2014 <em>tu carta con la mayor alegr\u00eda; tu celo en escuchar la palabra de Dios me ha edificado y confirmado en la alta idea que ten\u00eda de las virtudes de mi buena prima. Te he de confesar, sin embargo, que tus trabajillos y los de tus compa\u00f1eras de viaje, ocurridos al ir a plantar la santa Cruz, me han hecho re\u00edr bastante<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Poco tiempo despu\u00e9s la escrib\u00eda con una gravedad de Di\u00adrector experimentado. En esta carta se ve un gran fondo de piedad, y un esp\u00edritu muy penetrado de la grandeza de Dios y bajeza de todo lo criado.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abRecib\u00ed tu carta, cara hermana, y desde hace muchos d\u00edas quer\u00eda responderte.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abParece que te turba un poco el cuidado de tu vocaci\u00f3n. Bendito sea Dios, pues eso manifiesta que no est\u00e1 lejos de ti. La Providencia nos ha se\u00f1alado a todos el lugar que de\u00adbemos ocupar en la tierra: \u00a1felices aquellos que andan pre\u00adocupados para saber el destino que Dios les reserva y lo que espera de ellos! Me ha parecido, sin embargo, que esta idea te fatiga e importuna un poco; \u00a1ah, querida hermana! rue\u00adga a Dios que no te quite esa solicitud hasta que te hayas decidido enteramente en tu elecci\u00f3n de estado; no dormites en ese asunto, porque nunca se puede ser indiferente en la vocaci\u00f3n, y menos en la religiosa. Muchas cosas podr\u00eda de\u00adcirte ahora de la felicidad que acompa\u00f1a la vida religiosa, estar separado del mundo, de s\u00ed mismo, y unido con Dios; he ah\u00ed la mayor dicha que podemos desear en este mundo. \u00a1Oh si pudi\u00e9ramos conocer el mundo, s\u00f3lo tendr\u00edamos con \u00e9l las relaciones absolutamente indispensables y seg\u00fan lo exi\u00adgiera la mayor gloria de Dios! \u00bfQu\u00e9 se hace en el mundo por Dios? \u00bfQu\u00e9 se hace para la eterna salvaci\u00f3n? Una con\u00adtinua disipaci\u00f3n nos aleja de Dios, nos buscamos siempre a nosotros mismos, estamos siempre pegados a alguna criatura y no pensamos m\u00e1s que en cosas vanas y de ning\u00fan provecho.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Olvidamos las grandes verdades de la religi\u00f3n y descui\u00addamos el importante negocio de nuestra alma. \u00a1Oh, herma\u00adna m\u00eda, tengamos nuestro pensamiento siempre fijo en la eternidad; retiremos los ojos de este destierro y dirij\u00e1moslos a la patria celestial, habitaci\u00f3n de Dios y de sus Santos, y a la que pronto deberemos ir! Pero en el estado religioso, \u00a1cu\u00e1nto abundan los medios de santificarse, sobre todo si se cumple exactamente con la regla prescrita! \u00a1Cu\u00e1ntas gra\u00adcias! Todo lleva a Dios y nos alienta a servirle. Los sacrifi\u00adcios que se hacen, el alejamiento del mundo y de las oca\u00adsiones, el presente recuerdo de las verdades eternas, \u00e9stos son fuertes y poderosos empujes para adelantar en la virtud\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A los nueve meses de su Seminario, Juan Odin, obli\u00adgado por su vocaci\u00f3n a vivir en el mundo para bien de las almas, volvi\u00f3 a Ambierk, vestido con su sotana, si\u00e9ndole necesario desde entonces trabajar m\u00e1s para adquirir la vir\u00adtud, sobre todo, la prudencia y la discreci\u00f3n. Nadie se admir\u00f3 de su conducta; pues, seg\u00fan se dec\u00eda, hab\u00eda ya nacido sacer\u00addote por su modestia, sabidur\u00eda y gravedad de anciano <em>(Presbyter.)<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Blanc, Vicario de la parroquia, con quien hab\u00eda tratado nuestro joven en 1816, ya no estaba all\u00ed, pues su co\u00adraz\u00f3n, celoso y ardiente, a los pocos meses le hizo partir para las Misiones de Luisiana. En el Seminario mayor hab\u00eda visto y hablado con el Ilmo. Sr. Dubourg, Obispo de Nueva Orleans, y desde entonces aument\u00f3 el ardor de su celo hacia las Misiones de los salvajes, despreciando todos los peligros y aun la muerte misma. Hab\u00eda contra\u00eddo en el Semi\u00adnario estrecha amistad con Juan Odin, y se declar\u00f3 su pro\u00adtector en diversas ocasiones. Al dejar a Ambierle, todos sin\u00adtieron la p\u00e9rdida de un sacerdote tan edificante y celoso de las almas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Nuestro joven seminarista pasaba sus vacaciones, o \u00a0con sus padres en Hauteville, o \u00a0con sus t\u00edos, que moraban en Saint-Forgeux, Saint-Haon-le-Vieux y Arfeuille. Era en todas partes querido, y su piedad ganaba muchos pros\u00e9litos; y nunca ces\u00f3 de dar a los pobres todo lo que pudo. Trans\u00adcribiremos un caso que se nos ha transmitido. En uno de sus viajes a Tremi\u00e9res, en donde hab\u00eda recibido las prime\u00adras lecciones de mano de un pariente suyo, antiguo semina\u00adrista antes de la Revoluci\u00f3n, encontr\u00f3 un pobre casi com\u00adpletamente desnudo. Deseaba aliviarle, pero apenas sab\u00eda c\u00f3mo. Se le ocurre al fin una idea generosa. Llama al pobre, lo detiene, y, alej\u00e1ndose un poco, se quita los pantalones nuevos que acababa de estrenar y se los da al pobre, suplic\u00e1ndole y pidi\u00e9ndole como \u00fanica gracia que durante alg\u00fan tiempo no se aproximase a la casa de sus padres, \u00ab<em>V\u00e1yase us\u00adted, no quede por aqu\u00ed y procure que ninguno de mis parien\u00adtes le vea.<\/em>\u00bb Nada perd\u00eda de su piedad en esos d\u00edas de vacacio\u00adnes en que reparaba sus fuerzas para emprender nuevos trabajos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ya se aproximaba el momento en que Dios iba a exigirle un m\u00e1s completo sacrificio. En 1821 recibi\u00f3 el subdiacona\u00addo, con lo cual fue\u00a0 agregado para siempre al estado eclesi\u00e1s\u00adtico. Pero hab\u00eda m\u00e1s: esper\u00e1banle ya en Am\u00e9rica, y s\u00f3lo se trataba de disponer a su familia para esa separaci\u00f3n. El tuvo que guiar y negociar la vocaci\u00f3n de su hermana, que quer\u00eda hacerse religiosa; pero su madre se opuso vivamente, funda\u00adda, sobre todo, en las necesidades de la familia. Entonces nuestro joven seminarista, a 9 de Febrero de 1822, escribi\u00f3 a su madre en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abQuerida madre: he suspendido todos los pasos que hab\u00eda hecho para secundar la vocaci\u00f3n de mi hermana. Sin duda que Dios Nuestro Se\u00f1or no la destina al estado reli\u00adgioso, pues se opone a ello una madre que nada m\u00e1s desea tanto en este mundo como la felicidad de sus hijos, y estoy adem\u00e1s bien persuadido que vuestra piedad no negar\u00eda a Dios uno de sus hijos si supierais de cierto que Dios os pide este sacrificio; prueba de ello es el goce extraordinario que experiment\u00e1is al verme entrar en el estado eclesi\u00e1stico. Es\u00adtoy, pues, seguro que lo mismo har\u00edais con todos vuestros hijos si os constara que tal es la voluntad divina. Tampoco creo que os opong\u00e1is a esa separaci\u00f3n por el afecto demasia\u00addo tierno que la ten\u00e9is, siendo as\u00ed que hace ya mucho tiem\u00adpo que viv\u00eds en un estado de privaciones, penas y disgustos, que, no obstante, soport\u00e1is con paciencia y resignaci\u00f3n. Creo que vos no querr\u00edais privaros del m\u00e9rito de tantos su\u00adfrimientos negando ahora a Dios ese nuevo sacrificio, si os lo impusiera.<sup>&#8211;<\/sup>Estoy, por lo tanto, persuadido que, si os opo\u00adn\u00e9is a su vocaci\u00f3n, ser\u00e1 despu\u00e9s de haber precedido un ma\u00adduro examen y sabios consejos. No quiero obligaros y forzaros a que la dej\u00e9is partir, sino que, al contrario, quiero disua\u00addir a mi hermana de su designio. Quiz\u00e1 os haya disgustado el que no os hubiera avisado antes de practicar las diligen\u00adcias que he hecho a este prop\u00f3sito; pero no lo cre\u00ed conve\u00adniente, por no molestar vuestra sensibilidad. Y adem\u00e1s, sien\u00addo poco probable que yo saliera con algo, no s\u00e9 por qu\u00e9 os hab\u00e9is disgustado tanto de una cosa que tal vez nunca habr\u00eda tenido lugar. Vuestro humild\u00edsimo y respetuoso hijo, Odin, J. M., s. d.\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luego escribi\u00f3 tambi\u00e9n a su hermana para suavizar el golpe que acababa de recibir, y alentarla a servir a Dios con todo fervor en medio de la familia. Sus consejos son sabios y esencialmente pr\u00e1cticos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abLyon, 13 de Abril de 1822.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Tu estado en el mundo, cara hermana, es tan feliz como si estuvieras en la religi\u00f3n, puesto que Dios as\u00ed lo quiere. Quedando en el mundo, cumplir\u00e1s, pues, la voluntad de Dios, que es lo que m\u00e1s debemos desear. Apl\u00edcate al retiro y a la soledad. El domingo, por ejemplo, en los momentos de re\u00adposo, vete algunos instantes a los pies del altar, y all\u00ed gusta\u00adr\u00e1s todas las delicias y consuelos que es posible saborear en este destierro. Renueva con frecuencia el sacrificio de ti a Dios, y de toda tu persona, sacrificio que estabas dispuesta a hacer, si su voluntad no te hubiera dejado en el mundo; con esto tendr\u00e1s el mismo m\u00e9rito que tendr\u00edas si hubie\u00adras entrado en religi\u00f3n. El esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n es muy agradable a Dios; procura conseguirlo. Te aconsejo adem\u00e1s que digas y repitas muchas veces durante el d\u00eda, mientras \u00e9stas en casa, algunas oraciones jaculatorias para renovar en ti la presencia de Dios, y que hagas alguna lectura espiritual para penetrarte bien de la importancia de tu salvaci\u00f3n, y ardas en deseos de hacer algo para ganar el cielo. Hoy d\u00eda no se piensa m\u00e1s que en las riquezas, entretenimientos y bienes perecederos; pero el asunto m\u00e1s importante est\u00e1 poco menos que olvidado; con tal que est\u00e9 bien el cuerpo, en nada m\u00e1s se piensa, aunque quede el alma enteramente sumida en el pecado \u00a1 Ah , cara hermana! suspiremos sin cesar por el cielo\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo tercero El Concilio de Trento hab\u00eda mandado que se establecie\u00adsen Casas especiales para la formaci\u00f3n del clero, en donde los j\u00f3venes levitas se preparasen con el estudio, oraci\u00f3n y retiro al ministerio de la &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/juan-m%c2%aa-odin-arzobispo-de-nueva-orleans-1800-1870-capitulo-3\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[19],"tags":[224,140],"class_list":["post-30062","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-berulle","tag-san-sulpicio"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Juan M\u00aa Odin, Arzobispo de Nueva Orle\u00e1ns (1800-1870). 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