{"id":29884,"date":"2020-02-26T08:40:29","date_gmt":"2020-02-26T07:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/29884\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-19\/"},"modified":"2020-01-26T20:34:59","modified_gmt":"2020-01-26T19:34:59","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-19","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-19\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 19"},"content":{"rendered":"<p>En cuanto al cuerpo, el Sr. Vicente era de talla mediana y bien proporcionada. De cabeza algo calva y bastante grande, pero bien hecha en justa proporci\u00f3n con el resto del cuerpo. La frente, ancha y majestuosa; la cara ni muy llena ni muy seca; su mirada era dulce; su vista, penetrante; su o\u00eddo, agudo; su porte, grave y su gravedad, benigna. Su continente, abierto y sin doblez; su manera de presentarse, muy afable, y su natural, bonach\u00f3n y amable. Era de temperamento bilioso y sangu\u00edneo, y de complexi\u00f3n bastante fuerte y robusta. Eso no imped\u00eda que fuera m\u00e1s sensible de lo que parec\u00eda a los cambios de aire, y, como consecuencia, era muy atacado por la fiebre<\/p>\n<p>Estaba dotado de un alma grande; comedido, circunspecto, capaz de grandes cosas y dif\u00edcil de ser sorprendido. No entraba superficialmente en el conocimiento de los asuntos; pero cuando se met\u00eda de lleno, llegaba hasta el mismo meollo de la cuesti\u00f3n: descubr\u00eda todas las circunstancias, peque\u00f1as y grandes. Preve\u00eda los inconvenientes y sus consecuencias, pero nunca daba su opini\u00f3n de antemano por miedo a equivocarse, salvo que se viera obligado. No decid\u00eda nada sin sopesar previamente las razones en pro o en contra, y estaba siempre dispuesto a ponerse de acuerdo con los dem\u00e1s. Cuando ten\u00eda que manifestar su parecer o tomar alguna resoluci\u00f3n, desarrollaba la cuesti\u00f3n con tanto orden y claridad, que causaba admiraci\u00f3n a los m\u00e1s expertos, sobre todo, en materias espirituales y eclesi\u00e1sticas<\/p>\n<p>Nunca se precipitaba en los negocios, ni se asustaba por su n\u00famero, ni por las dificultades que se le presentaban; sino que, con una presencia y una entereza de \u00e1nimo infatigable, se enfrentaba con ellas, y se aplicaba con orden y sabidur\u00eda a resolverlas, y toleraba la pesadumbre y la molestia con paciencia y tranquilidad<\/p>\n<p>Cuando se trataba de alg\u00fan asunto que hab\u00eda que estudiar, escuchaba con mucho gusto a los dem\u00e1s, sin interrumpir nunca a nadie mientras hablaba. Toleraba, sin molestarse, que le interrumpieran, par\u00e1ndose inmediatamente, y despu\u00e9s, volv\u00eda a coger el hilo de su discurso. Cuando daba su parecer sobre alguna cosa, no se extend\u00eda mucho en su exposici\u00f3n: declaraba sus pensamientos con t\u00e9rminos escuetos. Dotado, como estaba, de cierta elocuencia natural no s\u00f3lo para explicar con claridad y solidez, m\u00e1s tambi\u00e9n para conmover y persuadir con palabras muy afectuosas a los que le escuchaban, cuando se trataba de conducirlos al bien. En todos sus discursos mezclaba en justa proporci\u00f3n la prudencia con la sencillez. Dec\u00eda las cosas con sinceridad tal como las pensaba. Pero tambi\u00e9n sab\u00eda callarlas acertadamente, cuando ve\u00eda alg\u00fan inconveniente para hablar de ellas. Estaba siempre con presencia de \u00e1nimo y atento para no decir nada, ni escribir algo mal digerido, o que manifestase acritud, desprecio, o falta de respeto y de caridad con quien fuera<\/p>\n<p>Su esp\u00edritu se manten\u00eda muy alejado de los cambios, novedades, y singularidades. Ten\u00eda como norma no cambiar f\u00e1cilmente las cosas, cuando estaban bien, con el pretexto de ponerlas mejor. Desconfiaba de todas las clases de proposiciones nuevas y extraordinarias, especulativas o pr\u00e1cticas, y se manten\u00eda firme en los usos y opiniones comunes, sobre todo, en materia de religi\u00f3n. Dec\u00eda a este prop\u00f3sito:<\/p>\n<p><em>\u00abQue el esp\u00edritu humano es pronto e inquieto; que los esp\u00edritus m\u00e1s listos e ilustrados no siempre son los mejores, sino los m\u00e1s prudentes y los que andan en seguridad y no se separan del camino por donde ha caminado la mayor\u00eda de los sabios\u00bb<\/em><\/p>\n<p>No se deten\u00eda en la apariencia de las cosas; antes bien, consideraba su naturaleza y su fin. Por su gran sentido com\u00fan sab\u00eda distinguir bien lo verdadero de lo falso, y lo bueno de lo malo, aunque aparecieran con la misma cara<\/p>\n<p>Pose\u00eda un coraz\u00f3n muy tierno, noble, generoso, liberal, y f\u00e1cil para aficionarse de todo lo que ve\u00eda verdaderamente bueno y seg\u00fan Dios. Sin embargo, pose\u00eda un dominio absoluto sobre todos los movimientos, y a sus pasiones las manten\u00eda tan sujetas a la raz\u00f3n, que apenas pod\u00eda uno darse cuenta de que las ten\u00eda<\/p>\n<p>Finalmente, aunque no se pueda decir que careciera de defectos, no en vano la Sagrada Escritura dice lo contrario, y hasta los Ap\u00f3stoles y dem\u00e1s Santos no han estado exentos de ellos, a pesar de todo, es verdad que apenas hemos visto en este \u00faltimo siglo a hombres tan expuestos como \u00e9l a toda clase de ocasiones, de negocios y de personas, y que hayan dado menos que hablar. Dios le hab\u00eda hecho la gracia de dominarse siempre hasta tal punto, que nada le sorprend\u00eda. Tan al alcance de sus ojos ten\u00eda a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que copiaba de ese divino original todo lo que deb\u00eda hablar o hacer. Este principio es el que le hizo actuar con tanta circunspecci\u00f3n y dominio entre los m\u00e1s grandes, y con tanta afabilidad y bondad entre los m\u00e1s peque\u00f1os. Su vida y su forma de actuar nunca dieron un solo motivo de reproche, ni tampoco de aprobaci\u00f3n universal y p\u00fablica<\/p>\n<p>Como sucede siempre, hay quienes se separan del com\u00fan sentir: a ciertos esp\u00edritus prontos y activos, este personaje les pudo parecer lento en las decisiones de los asuntos y en ejecutarlos. Y a otros, que hablaba demasiado mal de s\u00ed mismo, y demasiado bien del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Es cierto que en estos dos puntos parece singular; pero esa singularidad era tanto m\u00e1s laudable, cuanto que la mayor parte del mundo, en lugar de pasarse por ese extremo, cae de ordinario en los defectos contrarios. Se podr\u00eda decir con raz\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal lo que san Jer\u00f3nimo escribi\u00f3 de santa Paula: que sus defectos eran virtudes en otros.<\/p>\n<p>En cuanto a lo primero, el Sr. Vicente era lento y tardo en sus asuntos, tanto por su natural como por norma virtuosa. Por su natural, a causa de que su poderoso entendimiento le proporcionaba diversas luces acerca de un mismo tema, de forma que lo manten\u00eda durante alg\u00fan tiempo en suspenso y sin resolverse. Por norma virtuosa, en cuanto que no quer\u00eda (por usar de su t\u00e9rmino habitual en esta materia) adelantarse a la Providencia: tem\u00eda anticiparse un poco a sus \u00f3rdenes. Incluso hubiera preferido por respeto especial a Dios y por una baj\u00edsima estima de s\u00ed, que su Divina Majestad hubiera hecho todo sin \u00e9l, m\u00e1s que por \u00e9l. Por un lado reconoc\u00eda que lo que Dios hac\u00eda por su medio era siempre lo m\u00e1s seguro y lo m\u00e1s perfecto; por otro, que de ordinario los hombres antes impiden el bien, que hacerlo; o, cuando menos, le aportan mucho de menoscabo, y siempre mezclan alg\u00fan defecto o imperfecci\u00f3n. Dec\u00eda a este prop\u00f3sito, \u00abque no hab\u00eda visto nada m\u00e1s com\u00fan que el mal resultado de los asuntos precipitados\u00bb. Y la experiencia ha demostrado que tan lejos est\u00e1 que la lentitud del Sr. Vicente haya echado a perder o impedido alg\u00fan buen negocio, que hasta se puede decir por el contrario que es uno de los que m\u00e1s cosas ha hecho y m\u00e1s variadas y m\u00e1s importantes, y que ha estado m\u00e1s continuamente ocupado, y que ha llegado m\u00e1s felizmente a t\u00e9rmino en sus actividades, como se ver\u00e1 m\u00e1s adelante. Por eso, parece que Dios ha querido dar a conocer que el \u00e9xito de los buenos proyectos no depende de la prisa ni del ardor con que act\u00faan los hombres. La tierra, por muy lenta que sea, es la que produce \u00e1rboles y frutos; y la actividad del fuego, si no es moderado y proporcionado, s\u00f3lo vale para destruir.<\/p>\n<p>En cuanto al segundo punto, podemos decir con verdad, que el mundo est\u00e1 tan acostumbrado a alabarse a s\u00ed mismo y a rebajar el aprecio del pr\u00f3jimo, que si el Sr Vicente hubiera seguido en eso la forma ordinaria de comportarse otros, no se habr\u00eda dicho nada. Mas, porque hizo lo contrario, habr\u00e1n encontrado de qu\u00e9 murmurar, y no les habr\u00e1 gustado la costumbre que le era habitual, de alabar a las personas virtuosas, y de rebajarse a s\u00ed mismo al nivel de los pecadores. Naturalmente, as\u00ed segu\u00eda el ejemplo no s\u00f3lo de los m\u00e1s grandes Santos, sino tambi\u00e9n del mismo Santo de los Santos, quien hablando de s\u00ed mismo por boca de un Profeta dec\u00eda que era no un hombre, sino un gusanillo. Y aunque era justo e inocente, o mejor, la justicia y la inocencia misma, quiso pasar por pecador ante los hombres, y presentarse ante su Padre celestial, como cargado de todas las iniquidades de los pecadores<\/p>\n<p>El Sr. Vicente hab\u00eda tomado tan a pechos la pr\u00e1ctica de la humildad y el envilecimiento de s\u00ed mismo, que, al o\u00edrle hablar, parec\u00eda que s\u00f3lo ve\u00eda en s\u00ed vicio y pecado. Deseaba que se le ayudara a dar gracias a Dios, no tanto por las gracias singulares que su liberalidad le comunicaba, cuanto por la paciencia que su divina misericordia ten\u00eda para con \u00e9l aguant\u00e1ndole, como afirmaba habitualmente, en sus abominaciones e infidelidades. Eso no se deb\u00eda a que en el secreto de su coraz\u00f3n no estuviera lleno de agradecimiento por los grandes favores y por los dones excelentes recibidos de la mano de Dios; hablaba con temor de atribuirse alg\u00fan bien, o considerando todas las gracias como bienes de Dios, y juzg\u00e1ndose indigno de ellas, gracias que, aunque estuvieran en \u00e9l, no eran de \u00e9l ni debidas a \u00e9l, sino \u00fanicamente a Dios y en Dios. A ejemplo de un gran Ap\u00f3stol, s\u00f3lo se fijaba en sus debilidades y ocultaba cuidadosamente todo lo dem\u00e1s. Por el contrario, cerrando los ojos a la debilidad y a los defectos de los dem\u00e1s, particularmente de aquellos de cuya conducta no estaba encargado, manifestaba gustosamente el bien que reconoc\u00eda en los otros, no para atribu\u00edrselo a ellos sino para glorificar a Dios, soberano Autor de todo bien. Dec\u00eda,<\/p>\n<p>\u00ab<em>que hay personas que piensan siempre bien del pr\u00f3jimo, mientras se lo permite la verdadera caridad, y que no pueden ver la virtud sin que la alaben, ni a las personas virtuosas, sin que las amen\u00bb<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed es como lo practicaba \u00e9l, pero siempre con gran prudencia y discreci\u00f3n. Porque a los suyos los alababa muy rara vez en presencia de ellos, y solamente cuando pensaba que era conveniente para la gloria de Dios y para su mayor bien. Pero con las dem\u00e1s personas virtuosas se congratulaba de buena gana por las gracias recibidas de Dios y por el buen uso que ellas hac\u00edan; y hablaba de ellas, cuando lo juzgaba conveniente, para animarlas a la perseverancia en el bien.<\/p>\n<p>Para expresar en pocas palabras lo que pensamos decir con m\u00e1s amplitud en el Libro tercero sobre las Virtudes del Sr. Vicente, el Siervo de Dios se hab\u00eda propuesto a Jesucristo como el \u00fanico modelo de su vida, y llevaba tan bien grabada la imagen en su alma, y pose\u00eda tan perfectamente sus m\u00e1ximas, que no hablaba, ni pensaba, ni obraba, sino a imitaci\u00f3n suya y guiado por El. La vida del divino Salvador y la doctrina de su Evangelio eran la \u00fanica regla de su vida y de sus actos. Era toda su moral y toda su pol\u00edtica, y, seg\u00fan ella, se regulaba a s\u00ed mismo y a todos los asuntos que pasaban por sus manos. Ese era el \u00fanico fundamento sobre el que levantaba su edificio espiritual. Ciertamente podemos afirmar que nos ha dejado, sin \u00e9l pensarlo, una descripci\u00f3n resumida de las perfecciones de su alma y el lema particular en las bellas palabras que dijo un d\u00eda salidas de la abundancia de su coraz\u00f3n: \u00ab<em>Nada me place sino en Jesucristo<\/em>\u00ab. De esa fuente proced\u00eda la entereza y la constancia inquebrantable en el bien, que no se doblegaba por ninguna consideraci\u00f3n ni respeto humano, ni propio inter\u00e9s, que lo manten\u00eda siempre dispuesto a sostenerse firme\u00a0 ante todas las contradicciones, a sufrir todas las persecuciones, y como dijo el Sabio, a luchar hasta la muerte en defensa de la justicia y de la verdad. Fue lo que declar\u00f3 al final de su vida en estos t\u00e9rminos tan notables: \u00abQuien dice doctrina de Jesucristo, dice roca inquebrantable, dice Verdades eternas, que producen infaliblemente sus efectos. Antes se trastocar\u00eda todo el cielo, que fallar la doctrina de Jesucristo\u00bb<\/p>\n<p>Y para que se entienda mejor esta m\u00e1xima y se insin\u00fae con m\u00e1s fuerza en el alma, presentamos un razonamiento familiar usado a veces por \u00e9l<\/p>\n<p><em>\u00abLa buena gente del campo dec\u00eda sabe que la luna cambia, que hay eclipses del sol y de otros astros. Hablan a menudo de esas cosas y son capaces de ver cu\u00e1ndo tienen lugar esos sucesos. Pero un astr\u00f3logo, adem\u00e1s de ver esos sucesos,\u00a0 como los campesinos, hasta los prev\u00e9 desde mucho antes: conoce los principios del Arte o de la Ciencia; dir\u00e1: Tendremos un eclipse tal d\u00eda, a tal hora, y a tal minuto. Pues bien, si los astr\u00f3logos poseen ese conocimiento infalible, no s\u00f3lo en Europa, sino incluso en China y en otros sitios, y si en la oscuridad del futuro, lanzan su mirada tan a lo lejos, que conocen con certeza los extra\u00f1os efectos que deben ocurrir por el movimiento de los cielos de aqu\u00ed a cien a\u00f1os, a mil a\u00f1os, cuatro mil a\u00f1os y m\u00e1s, siguiendo las reglas que poseen; si, digo yo, los hombres tienen ese conocimiento, \u00bfcon cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n debemos creer que la Sabidur\u00eda Divina que penetra hasta las reconditeces de las cosas m\u00e1s ocultas, ha visto la verdad de las m\u00e1ximas y de la Doctrina Evang\u00e9lica, aunque sea desconocida a la gente del mundo, que no ve los efectos m\u00e1s que despu\u00e9s que han sucedido, y s\u00f3lo, de ordinario, a la hora de la muerte? \u00a1Ah! \u00bfEstaremos convencidos de que esa misma doctrina y esas mismas m\u00e1ximas que nos han sido propuestas por la infinita caridad de Jesucristo, no nos pueden enga\u00f1ar? Pero lo malo es que no nos fiamos de ellas y que f\u00e1cilmente nos inclinamos del lado de la prudencia humana. \u00bfNo ven ustedes que somos culpables por fiarnos m\u00e1s bien del razonamiento humano, que de las promesas de la Sabidur\u00eda Eterna? \u00bfde las apariencias enga\u00f1osas de la tierra, m\u00e1s que del amor paternal del Salvador que baj\u00f3 del cielo para librarnos del error?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente no s\u00f3lo hab\u00eda llenado su coraz\u00f3n y su alma de las m\u00e1ximas y verdades evang\u00e9licas, sino que trataba en toda ocasi\u00f3n de infundirlas en los esp\u00edritus y en los corazones de los dem\u00e1s, y, en particular, de los de su Compa\u00f1\u00eda. Veamos c\u00f3mo les hablaba cierto d\u00eda sobre este tema<\/p>\n<p>\u00ab<em>Es necesario les dijo que la Compa\u00f1\u00eda se d\u00e9 a Dios para alimentarse de esa ambros\u00eda celestial, y para vivir de la misma manera que Nuestro Se\u00f1or vivi\u00f3, y para orientar nuestras vidas hacia El y amoldarlas a la suya\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl nos ha puesto como primera m\u00e1xima buscar siempre la gloria de Dios y su justicia, antes que todas las dem\u00e1s cosas. \u00a1Qu\u00e9 hermoso es esto! \u00a1Buscar en primer lugar el reino de Dios en nosotros, y procurarlo en el pr\u00f3jimo! Una Compa\u00f1\u00eda que siguiera la m\u00e1xima de promover cada vez m\u00e1s la gloria de Dios, \u00bfcu\u00e1nto bien no conseguir\u00eda para su propia felicidad? \u00bfqu\u00e9 motivo no tendr\u00eda para esperar que todo se le tornara en bien? Si pluguiera a Dios hacernos esta gracia, nuestra felicidad ser\u00eda incomparable. Si en el mundo, cuando se inicia un viaje, se comprueba si se sigue el camino correcto, \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s los que profesan seguir a Jesucristo en la pr\u00e1ctica de las M\u00e1ximas Evang\u00e9licas (en particular, la que nos manda buscar en todo la gloria de\u00a0 Dios) deben comprobar lo que hacen, y preguntarse: \u00bfPor qu\u00e9 haces esto o aquello? \u00bfes para complacerte?, \u00bfes porque tienes aversi\u00f3n a otras cosas?, \u00bfes para complacer a alguna mezquina creatura? O m\u00e1s bien, \u00bfno es para cumplir el benepl\u00e1cito de Dios y buscar su justicia? \u00a1Qu\u00e9 vida, qu\u00e9 vida ser\u00eda esa! \u00bfser\u00eda una vida humana? No; ser\u00eda una vida angelical, ya que ser\u00eda por puro amor de Dios por lo que yo har\u00eda todo lo que hiciera y dejar\u00eda de hacer todo lo que no hiciera\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCuando a esto se a\u00f1ade la pr\u00e1ctica de hacer en todo la voluntad de Dios, que debe ser como el alma de la Compa\u00f1\u00eda y una de las pr\u00e1cticas que mantener antes en el coraz\u00f3n: es para darnos a cada uno en particular un medio de perfecci\u00f3n f\u00e1cil, excelente e infalible; y hace que nuestros actos no sean actos humanos, ni siquiera ang\u00e9licos, sino en cierto modo divinos, ya que se hacen en Dios y por el impulso de su Esp\u00edritu y de su gracia. \u00a1Qu\u00e9 vida! \u00a1Qu\u00e9 vida ser\u00e1 la de los misioneros, qu\u00e9 Compa\u00f1\u00eda, si se estableciera muy dentro de ella!\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSigue la sencillez, que hace que Dios encuentre sus delicias en el alma en la que reside. Veamos entre nosotros, \u00bfno son por ventura los m\u00e1s amables aqu\u00e9llos en los que el car\u00e1cter de esta virtud aparece con m\u00e1s fuerza? \u00bfno nos gana su candor el coraz\u00f3n? y \u00bfno quedamos consolados cuando tratamos con ellos? Pero, y \u00bfqui\u00e9n no, si hasta Nuestro Se\u00f1or se complace con los sencillos?\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abIgualmente, la prudencia bien entendida nos hace agradables a Dios, porque nos lleva a cosas relacionadas con su gloria, y nos hace evitar las que nos alejan de ella, y nos hace ir no s\u00f3lo contra la doblez en los actos, en las palabras, sino que nos mueve a realizar todo con sabidur\u00eda, circunspecci\u00f3n y rectitud para llegar a nuestros fines por los medios que el Evangelio nos ense\u00f1a; no durante una temporada, sino siempre. \u00a1Qu\u00e9 vida y qu\u00e9 Compa\u00f1\u00eda ser\u00eda la nuestra, si actuara de esa forma!\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi a eso a\u00f1aden ustedes la mansedumbre y la humildad, \u00bfqu\u00e9 nos faltar\u00e1? Son dos hermanas gemelas, que viven muy juntas, igual que la sencillez y la prudencia; no se pueden separar. Es una lecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que nos ense\u00f1a que aprendamos de El, que es manso y humilde de coraz\u00f3n. &#8216;Aprended de m\u00ed&#8217; dice \u00a1Oh Salvador! \u00a1Qu\u00e9 palabra! \u00a1Oh qu\u00e9 honor ser tus disc\u00edpulos! \u00a1Aprender esta lecci\u00f3n tan corta y tan llena de energ\u00eda, pero tan excelente que nos hace tal como eres T\u00fa! \u00a1Oh Salvador m\u00edo!, \u00bftendr\u00e1s sobre nosotros la misma autoridad, que la que ten\u00edan en otro tiempo unos fil\u00f3sofos sobre sus seguidores, que se adher\u00edan tan fuerte y estrechamente a sus opiniones, que bastaba con decir, &#8216;el Maestro lo ha dicho&#8217; para creerlo y no apartarse nunca de \u00e9l? \u00bfQu\u00e9 responderemos a Nuestro Se\u00f1or, que nos ha dado unas santas lecciones tan numerosas, cuando nos eche en cara que las hemos aprendido mal? Pero \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 nuestra felicidad, si abrazamos esas virtudes de tan noble origen como es el coraz\u00f3n de Jesucristo? \u00bfQuieren saberlo? Nos conducir\u00e1n a un horno de amor, all\u00ed vuelven a su centro. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Estamos todos enamorados de ellas!\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl que busque el Reino de Dios, el que abrace la santa pr\u00e1ctica de hacer su sant\u00edsima voluntad, el que practique la sencillez y la prudencia cristiana y, finalmente, la mansedumbre y la humildad de Nuestro Se\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1, les pregunto, ese misionero? \u00bfc\u00f3mo seremos todos, si somos todos fieles a esas m\u00e1ximas? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 entonces la Compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n? Dios puede d\u00e1roslo a entender; en cuanto a m\u00ed, no lo sabr\u00eda expresar. Ma\u00f1ana en la oraci\u00f3n ded\u00edquense a pensar c\u00f3mo ser\u00e1 una Compa\u00f1\u00eda as\u00ed, y c\u00f3mo el hombre que posee semejante fidelidad\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente a\u00fan a\u00f1adi\u00f3 a todo eso dos m\u00e1ximas muy importantes, que pose\u00eda perfectamente en su coraz\u00f3n, y que se esforzaba en imprimirlas especialmente en el coraz\u00f3n de los suyos.<\/p>\n<p>La primera era la de no contentarse con tener un amor afectivo a Dios, y con concebir una gran idea de su bondad, unos grandes deseos de su gloria; sino de hacer efectivo ese amor, y, como dice san Gregorio, de demostrarlo con obras. A prop\u00f3sito de eso, hablando cierto d\u00eda a los de su Compa\u00f1\u00eda, les dijo:<\/p>\n<p><em>\u00abAmemos a Dios, hermanos m\u00edos, amemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente. Pues muchas veces los actos de amor de Dios, de complacencia, de benevolencia y otros efectos semejantes y pr\u00e1cticas interiores de un coraz\u00f3n tierno, aunque muy buenos y deseables, resultan, sin embargo, muy sospechosos, cuando no se llega a la pr\u00e1ctica del amor efectivo. &#8216;Mi Padre dice Nuestro Se\u00f1or es glorificado en que deis mucho fruto&#8217;. Hemos de tener mucho cuidado en esto; porque hay muchos que, preocupados de tener un aspecto externo de compostura y el interior lleno de grandes sentimientos de Dios se detienen en eso. Y cuando se llega a los hechos y se presentan ocasiones de obrar, se quedan cortos. Se muestran satisfechos de su imaginaci\u00f3n calenturienta, contentos con los dulces coloquios que tienen con Dios en la oraci\u00f3n; hablan como los \u00e1ngeles; pero luego, cuando se trata de trabajar por Dios, de sufrir, de mortificarse, de instruir a los pobres, de ir a buscar a la oveja descarriada, de desear que les falte alguna cosa, de aceptar las enfermedades o cualquier cosa desagradable, \u00a1ay!, todo se viene abajo y les fallan los \u00e1nimos. No, no; no nos enga\u00f1emos. Totum opus nostrum in operatione consistit. Repet\u00eda a menudo estas palabras, y dec\u00eda que las hab\u00eda aprendido de un gran Siervo de Dios, quien, cuando se encontraba ya en el lecho de la muerte, como se le pidiese alguna palabra de edificaci\u00f3n, respondi\u00f3 que en esta hora ve\u00eda con claridad que lo que algunas personas consideraban contemplaciones, arrobamientos, \u00e9xtasis y lo que llamaban movimientos anag\u00f3gicos, uniones de\u00edficas, s\u00f3lo era humo, y que eso proced\u00eda o de una curiosidad enga\u00f1osa o de resortes naturales de un esp\u00edritu pose\u00eddo de tal inclinaci\u00f3n y facilidad para el bien, cuando, en realidad, la acci\u00f3n buena y perfecta es el verdadero car\u00e1cter del amor de Dios\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY esto es tan cierto dijo el Sr. Vicente que el Ap\u00f3stol llega a declararnos que solamente nuestras obras nos acompa\u00f1ar\u00e1n en la otra vida. Pensemos pues en esto, a\u00f1ad\u00eda \u00a1cu\u00e1ntos que en este siglo parecen virtuosos y que, realmente, lo son, prefieren llevar un camino suave y c\u00f3modo que no una devoci\u00f3n laboriosa y s\u00f3lida! A la Iglesia se la ha comparado a una mies que requiere trabajadores, pero trabajadores que trabajen. Nada hay tan conforme al Evangelio como acumular por un lado luces y fuerzas para el alma en la oraci\u00f3n, en la lectura y en la soledad, e ir luego a hacer part\u00edcipes a los hombres de esa comida espiritual. Es hacer lo que Nuestro Se\u00f1or hac\u00eda, y tras de El, los Ap\u00f3stoles; es juntar el oficio de Marta al de Mar\u00eda; es imitar a la paloma, que medio digiere la comida que ha cogido, y despu\u00e9s pone lo restante con su pico en el de sus polluelos para alimentarlos. Es as\u00ed como debemos hacer; es as\u00ed como debemos manifestar a Dios con nuestras obras, que le amamos: Totum opus nostrum in operatione consistit\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La segunda m\u00e1xima del fiel Siervo de Dios era ver siempre a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo en los dem\u00e1s para excitar con mayor eficacia su coraz\u00f3n a tributarles todos los deberes de caridad. Ve\u00eda a este divino Salvador como Pont\u00edfice y Cabeza de la Iglesia en nuestro Santo Padre el Papa, como obispo y pr\u00edncipe de los pastores, en los obispos, doctor en los doctores, sacerdote en los sacerdotes, religioso en los religiosos, soberano y poderoso en los reyes, noble en los gentiles-hombres, juez y sapient\u00edsimo pol\u00edtico en los magistrados, gobernadores y dem\u00e1s oficiales. Y el Reino de Dios, que es comparado en el Evangelio a un comerciante, lo ve\u00eda como tal en los hombres de negocios, obrero en los artesanos, pobre en los pobres, enfermo y agonizante en los enfermos y moribundos. Y viendo as\u00ed a Jesucristo en todos esos estados, y en cada uno de ellos viendo la figura del Soberano Se\u00f1or, que aparec\u00eda resplandeciente en la persona de su pr\u00f3jimo, se animaba con aquella vista a honrar, respetar, amar y servir a cada uno en Nuestro Se\u00f1or, y a Nuestro Se\u00f1or en cada uno de ellos. Invitaba a los suyos y a los que dirig\u00eda a asimilarse esa m\u00e1xima y a servirse de ella para lograr una caridad m\u00e1s constante y m\u00e1s perfecta en relaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un peque\u00f1o esbozo, que nos muestra en conjunto el esp\u00edritu del Sr. Vicente. En gran parte ha sido dise\u00f1ado por su propia mano, sin pensarlo, y m\u00e1s a\u00fan, contra su propia intenci\u00f3n, que siempre era ocultarse y tapar los dones y las virtudes recibidas con el velo del silencio y de la humildad. Pero Dios ha querido que as\u00ed se haya inocentemente equivocado y, en cierta manera, traicionado para dar a conocer mejor las gracias y las excelentes dotes que hab\u00eda derramado abundantemente en su alma, con el fin de hacerlo digno instrumento de su gloria y servirse de \u00e9l en las grandes obras que quer\u00eda realizar por medio de \u00e9l para mayor bien de su Iglesia. De eso hablaremos m\u00e1s adelante en este libro<\/p>\n<p>Y para recoger en pocas palabras todo lo que hemos dicho en este cap\u00edtulo sobre la forma de obrar del Sr. Vicente, podemos afirmar con verdad que ha sido:<\/p>\n<p>1. Santa, pues tuvo \u00fanicamente a Dios por objeto; que iba a Dios; que llevaba a los dem\u00e1s a Dios, y que relacionaba con El todas las cosas como con su \u00faltimo fin<\/p>\n<p>2. Humilde, desconfiaba de sus propias luces, se aconsejaba en todas sus dudas, y se confiaba al esp\u00edritu de Jesucristo, como a su gu\u00eda y su doctor<\/p>\n<p>3. Mansa, en su forma de actuar, condescendiente con las debilidades y adaptable a las fuerzas, a la inclinaci\u00f3n y al estado de las personas<\/p>\n<p>4. Firme, en el cumplimiento de la voluntad de Dios y en todo lo referente al adelantamiento espiritual de los suyos y el buen orden de las Comunidades, sin desalentarse por las contradicciones, ni cansarse ni abatirse por las dificultades<\/p>\n<p>5. Recta, para no ladearse nunca ni desviarse de las v\u00edas de Dios por ning\u00fan respeto humano<\/p>\n<p>6. Sencilla, rechazando todo artificio, doblez, fingimiento y toda prudencia dela carne<\/p>\n<p>7. Prudente, en la elecci\u00f3n de los medios propios para llegar al fin \u00fanico que se propon\u00eda en todo, y que era el cumplimiento de lo que conoc\u00eda ser lo m\u00e1s agradable para Dios, guard\u00e1ndose en el uso de los medios y en todo lo que hac\u00eda, de lastimar ni contristar a nadie en cuanto depend\u00eda de \u00e9l, y evitando juiciosamente los obst\u00e1culos, o super\u00e1ndolos con paciencia y oraciones<\/p>\n<p>8. Secreta, para no divulgar los asuntos antes de tiempo, ni comunicarlos a nadie m\u00e1s que a los interesados. Dec\u00eda a este prop\u00f3sito \u00abque el demonio se solaza con las buenas obras descubiertas y divulgadas sin necesidad, y que eran como minas reventadas, que quedan sin efecto\u00bb<\/p>\n<p>9. Reservada y circunspecta, para no comprometerse demasiado a la ligera,para no precipitar nada, ni avanzar con demasiada rapidez<\/p>\n<p>10. Finalmente, desinteresada: no buscaba el honor, ni la propia satisfacci\u00f3n, nialg\u00fan bien perecedero, sino solamente, a imitaci\u00f3n de su Divino Maestro, la gloria de Dios, la salvaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de las almas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En cuanto al cuerpo, el Sr. Vicente era de talla mediana y bien proporcionada. De cabeza algo calva y bastante grande, pero bien hecha en justa proporci\u00f3n con el resto del cuerpo. 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