{"id":29824,"date":"2014-02-15T08:58:37","date_gmt":"2014-02-15T07:58:37","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=29824"},"modified":"2016-07-27T12:10:05","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:05","slug":"el-sr-le-breton-1591-1641","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-sr-le-breton-1591-1641\/","title":{"rendered":"El sr. Le Breton (1591-1641)"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/02\/logopaules.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-29365\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/02\/logopaules.png?resize=168%2C213\" width=\"168\" height=\"213\" \/><\/a><\/strong>El peque\u00f1o grano de mostaza sembrado por la Sra. de Gondi en el campo de la Iglesia, y regado por las hermanas de san Vicente, estaba visiblemente bendecido por Dios. En 1632, la peque\u00f1a sociedad de los misioneros se hab\u00eda visto can\u00f3nicamente erigida por Urbano VIII. Quedaba por cimentar la uni\u00f3n de los miembros entre ellos por el medio m\u00e1s conveniente y por asegurar as\u00ed el porvenir. San Vicente, que conoc\u00eda demasiado bien la naturaleza humana para ignorar que lo que quiere hoy con frecuencia ella no lo quiere ma\u00f1ana, y que no podr\u00eda permanecer por largo tiempo en el mismo estado, hab\u00eda pensado desde un principio en el medio de fijar en su vocaci\u00f3n a los primeros compa\u00f1eros que Dios le hab\u00eda dado, sabemos que desde 1626 se uni\u00f3 ante notarios, siguiendo la costumbre de su tiempo, a sus tres primeros disc\u00edpulos como \u00e9l mismo se uni\u00f3 a ellos. Desde el primero o tercer a\u00f1o de la Compa\u00f1\u00eda, se oblig\u00f3, como ensayo, a votos simples que fueron renovados por sus miembros dos o tres a\u00f1os seguidos, pero libremente y en familia. Pronto se pens\u00f3 en dar una regla general. Sin embargo este nuevo punto de disciplina no pas\u00f3 sin encontrar en la Compa\u00f1\u00eda naciente alguna resistencia antes de ser admitido. Esta resistencia fue incluso tanto m\u00e1s viva como en esta \u00e9poca, no s\u00f3lo todo lo que hab\u00eda de m\u00e1s sabio, como los Bossuet, sino tambi\u00e9n todo lo que hab\u00eda de m\u00e1s santo, como los Olier, los B\u00e9rulle, ten\u00edan como aversi\u00f3n a los votos y al estado religioso. Dejemos a san Vicente mostrarnos \u00e9l mismo, en una carta al Sr. Le Breton, con fecha\u00a0 del 26 de febrero de 1640, cu\u00e1nto le cost\u00f3 que le aceptaran sus hijos esta preciosa salvaguarda de todas las virtudes religiosas: \u00abNo os digo nada sobre nuestro principal asunto, sino que me siento perplejo con las dudas que me vienen y la resoluci\u00f3n que tomar sobre la \u00faltima f\u00f3rmula que os he propuesto; o bien ser\u00e1 suficiente hacer un voto de estabilidad, y en cuanto a la observancia de la pobreza y de la obediencia, fulminar excomuni\u00f3n un d\u00eda del a\u00f1o, solemnemente en el cap\u00edtulo(en el que cada uno se obligar\u00e1 a entregarse y dejar lo que tiene en las manos del superior), y eso contra aquellos que tengan dinero a parte en su poder o en otro lado, como lo hacen los Cartujos, y se podr\u00eda hacer lo mismo contra los desobedientes: o bien si en lugar de la excomuni\u00f3n, se mandara hacer juramento solemne todos los a\u00f1os de observar la regla de pobreza, de castidad y de obediencia. Os suplico, Se\u00f1or, que lo trat\u00e9is con el reverendo Padre asistente, para saber si el solo voto de estabilidad constituye el estado religioso. Todo el mundo siente aqu\u00ed tanta aversi\u00f3n a este estado que es un dolor; si no obstante se cree conveniente, habr\u00e1 que hacerlo. La religi\u00f3n cristiana era en otro tiempo impugnada en todos los lugares, y sin embargo era el cuerpo m\u00edstico de Jesucristo, y bienaventurados los que, <em>confusione contempta,<\/em> abrazan este estado. Tal era el estado de cosas en febrero de 1640, cuando desde hac\u00eda dos a\u00f1os ya el Sr. Le Breton hab\u00eda sido enviado por san Vicente a Roma, como el hombre de su elecci\u00f3n, para tratar este grave asunto. La prudencia con la que este sabio misionero cumpli\u00f3 la misi\u00f3n que le hab\u00eda sido confiada resulta de varias cartas de san Vicente que se han conservado. La siguiente, por ejemplo, nos muestra con<em> <\/em> fidelidad el Sr. Le Breton obedec\u00eda a los consejos de nuestro bienaventurado Padre:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abPar\u00eds, 9 de agosto de 1640.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Insisto en el pensamiento del que ya os hab\u00eda escrito de hacer los prop\u00f3sitos el primer a\u00f1o de seminario; los votos simples al final del segundo y uno solemne de acabar nuestros d\u00edas en la Compa\u00f1\u00eda, largos a\u00f1os despu\u00e9s de entrar en ella.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Me satisface que reverendo Padre asistente dice que ello no hace religi\u00f3n; hablad con \u00e9l para mayor exactitud\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, el 9 de octubre de 1640, san Vicente le escrib\u00eda tambi\u00e9n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abVuestras cartas me sirven siempre de un particular consuelo, aunque no lleguemos a ninguna parte, porque veo claramente que no es culpa vuestra, sino que no agrada a Dios; y tengo una perfecta confianza que veremos por fin que no era conveniente; su santo nombre sea bendito.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Desear\u00eda mucho que tuvieseis el parecer de varios de por ah\u00ed respecto del voto de estabilidad, a saber si hace al religioso. Ya me hab\u00e9is informado que el reverendo Padre asistente piensa lo contrario; se alega que los Cartujos y los Benedictinos no hacen m\u00e1s el voto de estabilidad, y que no obstante son religiosos. Es verdad que al de estabilidad a\u00f1aden el de la conversi\u00f3n de las costumbres, el cual se puede desarrollar, y que constituye el voto de religi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de los votos sigue ocupando un amplio espacio en la correspondencia de san Vicente con el Sr. Le Breton, aunque \u00e9ste tuviera que ocuparse en Roma de una cantidad de otros asuntos referentes a la Compa\u00f1\u00eda y en particular a la fundaci\u00f3n de una casa de misioneros en el centro de la catolicidad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abVuestras cartas me consuelan siempre, aunque nuestros asuntos no avancen, escribe san Vicente el 14 de noviembre el mismo a\u00f1o; yo s\u00e9 que no se puede a\u00f1adir nada a vuestros cuidados y que el retraso no depende ni de vuestro celo ni de vuestra conducta; Nuestro Se\u00f1or os da\u00a0 el uno y la otra y dirige este asunto seg\u00fan el orden de su Providencia eterna.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abEstad seguro, Se\u00f1or, que ver\u00e9is en ello que esto es para bien y que me parece que lo veo ya tan claramente como el d\u00eda que me ilumina. Oh Se\u00f1or, qu\u00e9 bueno es dejarse llevar de la Providencia! La dificultad en esto ha sido que el que lo puede todo no ha permitido ni visto bien que yo haya dado la carta que me hab\u00e9is enviado, al efecto de informar a Su Santidad de nosotros, y me dijo \u00e9l mismo, no hace ni tres d\u00edas, que dej\u00e1bamos venir a otro, y que \u00e9l har\u00e1 hacer nuestro asunto \u00e9l mismo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Quedaos pues ah\u00ed, Se\u00f1or; si pod\u00e9is tener permiso de ocupar un peque\u00f1o hospicio en Roma, hacedlo; trabajad con toda paciencia por vuestros pastores; lo que me escrib\u00eds me llena de contento. Podr\u00e9is decir con toda la raz\u00f3n del mundo: <\/em><em>Pauperes evangelisantur.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abY con todo eso, trabajar\u00e9is en nuestros otros asuntitos, como lo hacemos aqu\u00ed en nuestras peque\u00f1as reglas, que ajustamos, en cuanto podemos, a las que me describ\u00eds. Pienso que nos detendremos en hacer el prop\u00f3sito de vivir y morir en la Misi\u00f3n, el primer a\u00f1o del seminario; con el voto simple de estabilidad en el segundo de dicho seminario; y en hacerle solemne en siete u ocho a\u00f1os, si el Superior general lo ve bien; esto equivaldr\u00e1 de alguna manera a la facultad de la expulsi\u00f3n de los incorregibles.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abHabr\u00e1 que tomar algunas precauciones con respecto a los votos de pobreza, castidad, obediencia, como fulminar cada a\u00f1o excomuni\u00f3n contra los propietarios. Parece que la mayor parte de los pareceres tiende hacia esto, y que el disentimiento es com\u00fan en cuanto al estado religioso, que se evita por este medio, aunque haya motivos de esperar su esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Con respecto a Nuestros se\u00f1ores los obispos, nos sometemos a su obediencia, como los siervos del Evangelio a su Se\u00f1or, en lo se refiere a nuestras funciones exteriores, a su castigo por las faltas exteriores, fuera de la casa\u2026 En cuanto a la disciplina dom\u00e9stica, gobierno de la Congregaci\u00f3n, elecci\u00f3n y dimisi\u00f3n de los oficiales y traslados de un lugar a otro y la visita,\u00a0 para todo ello pertenecer\u00e1 al Superior general. \u00bfQu\u00e9 os parece todo esto?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Hemos visto qu\u00e9 dificultades impidieron por el momento la soluci\u00f3n de la cuesti\u00f3n de los votos y retrasaron la bula de confirmaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n, veremos todav\u00eda empleados en este grave asunto a los Srs. Portail, Alm\u00e9ras, de Horgny, Blatiron y Jolly, y por \u00faltimo todos los piadosos esfuerzos de estos sabios misioneros ser\u00e1n coronados, en 1656, con el m\u00e1s hermoso \u00e9xito.<\/p>\n<p>En el curso de este importante asunto, el Sr. Le Breton deb\u00eda necesariamente tener numerosos momentos libres; ya que, como es sabido, en la curia de Roma las causas incluso las m\u00e1s urgentes son siempre bien largas de resolver. Su celo ardiente deb\u00eda por lo tanto tener que sufrir mucho por esta inacci\u00f3n. La caridad de Jesucristo le urg\u00eda, y como san Pablo se dec\u00eda: <em>Vae mihi si non evangelisavero\u2026 necessitas mihi incumbit. <\/em>No le dur\u00f3 mucho esta penosa situaci\u00f3n. San Vicente conoc\u00eda, por haberle visto de cerca, el estado en el que los pobres pastores del campo romano pasaban la mayor parte de su vida; san Vicente no se olvidaba nunca de los pobres, sus se\u00f1ores y amos, ni siquiera cuando se hallaba preocupado en otra parte por los intereses de los suyos; recomend\u00f3 pues muy pronto al Sr. Le Breton socorrer a aquellas pobres gentes. Si alguna vez fue dulce la obediencia, fue exactamente en esta circunstancia. Por eso el Sr. Le Breton se puso enseguida a hacer la misi\u00f3n en los campos que rodean la Ciudad eterna.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Para comprender bien este g\u00e9nero de ministerio, hay que saber, <\/em>dice Abelly, <em>que esta gran ciudad est\u00e1 como en medio de un desierto, es decir que custro o cinco rondas la redonda no hay ni\u00a0 burgos ni pueblos, lo que se debe no al defecto del suelo que es bastante bueno, sino a la calidad del aire, que por all\u00ed es malsano, por cuya raz\u00f3n no se pueden encontrar m\u00e1s que gente de trabajo para cultivarlo, de manera que no pueden vivir; lo que hace que las tierras est\u00e9n sin cultivos, hay grandes pastos para el ganado, que se llevan all\u00ed a pasar el invierno, y en la primavera se lo llevan al reino de N\u00e1poles y a otros lugares de donde han venido, as\u00ed los hombres que los guardan se quedan\u00a0 cinco o seis meses en estos campos desiertos sin o\u00edr casi nunca la santa misa ni recibir los sacramentos, lo que no les preocupa gran cosa, siendo en su mayor parte gente ruda y poco instruida en los deberes del cristiano. Se van diariamente\u00a0 cada uno por su lado para llevar a pastar a sus reba\u00f1os, y por le noche los encierran en apriscos, cerca de los cuales levantan caba\u00f1as port\u00e1tiles, a donde se retiran diez o doce juntos de ordinario y a veces m\u00e1s en cada una<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>El Sr. Le Breton se dio cuenta enseguida que no habr\u00eda medio de reunirlos en alguna iglesia para predicarlos y catequizarlos como se hace en las dem\u00e1s misiones, porque no estar\u00edan dispuestos a dejar sus reba\u00f1os ni se les podr\u00eda exigir por los inconvenientes que resultar\u00edan.<\/p>\n<p>Lo que hubiera sido para muchos un obst\u00e1culo insuperable no fue para \u00e9l ni siquiera una dificultad. \u00bfEl buen Pastor no iba \u00e9l mismo al encuentro de la oveja perdida, no evangelizaba a los pueblos en las plazas p\u00fablicas, en las monta\u00f1as, en el desierto, desde una barca incluso, lo mismo que en la sinagoga? El Sr. Le Breton seguir\u00e1 el ejemplo del Maestro: escogiendo pues el tiempo de cuaresma como el m\u00e1s propicio para su intento, se iba a cada caba\u00f1a, aguardaba a los pastores, por la tarde a su regreso, y trataba de insinuarse dulcemente en su esp\u00edritu, dici\u00e9ndoles primero que \u00e9l no ven\u00eda a pedirles nada, sino ante todo a hacerles bien, y les rogaba a este efecto que le aceptaran pasar la noche con ellos. Mientras preparaban su cena, les hablaba de las cosas necesarias y \u00fatiles para su salvaci\u00f3n, los instru\u00eda en las principales verdades de la fe y en las disposiciones requeridas para\u00a0 recibir bien los sacramentos, en particular los de la penitencia y de la eucarist\u00eda, como tambi\u00e9n el modo de bien vivir y de desempe\u00f1ar todas las obligaciones de un cristiano; y cuando hab\u00eda llegado la hora del descanso, les hac\u00eda rezar a Dios, y luego se acostaba cerca de ellos sobre pieles de oveja y a veces en el duro suelo. Despu\u00e9s de repetir varias veces estas instrucciones, viendoles suficientemente preparados, los recib\u00eda en el sacramento de la penitencia y les ense\u00f1aba a hacer buenas confesiones generales, de noche o de d\u00eda, seg\u00fan su comodidad. Y cuando hab\u00eda realizado el mismo oficio de caridad en todas las caba\u00f1as de los alrededores los reun\u00eda a todos un d\u00eda de fiesta, o de domingo, en la capilla m\u00e1s vecina, pues hab\u00eda alguna en aquellos vastos campos, y all\u00ed celebraba la santa misa, les hac\u00eda una exhortaci\u00f3n, y les daba a todos la santa comuni\u00f3n, despu\u00e9s de lo cual, aquellos\u00a0 pobres pastores, a imitaci\u00f3n de los que vinieron a adorar a Jesucristo en el pesebre, se volv\u00edan alabando y glorificando a Dios y agradeci\u00e9ndole los favores que su misericordia les hab\u00eda hecho por medio de este buen misionero.<\/p>\n<p>Lo que hizo el Sr. Le Breton en el curso del a\u00f1o siguiente, no podr\u00edamos decirlo con exactitud. Pues no nos ha llegado ning\u00fan documento sobre ello. Sin embargo no podr\u00edamos dudar que este digno hijo de san Vicente no empleara laboriosamente este lapso de tiempo en continuar el asunto de los santos votos y en esparcir la divina semilla entre las buenas gentes del campo.<\/p>\n<p>Por su parte, a pesar de los obst\u00e1culos sin n\u00famero que se encontraba tanto dentro como fuera, san Vicente comprendi\u00f3 que el Sr. Le Breton llevar\u00eda a cabo su obra. Su esp\u00edritu penetrante, su ardiente amor a la Santa Sede, se lo hac\u00edan sentir, y en esta convicci\u00f3n, no pens\u00f3 olvidarse de la Providencia trabajando por establecer\u00a0 en Roma misma una casa de misioneros, tanto por las relaciones siempre necesarias entre una congregaci\u00f3n religiosa y la Santa Sede como para sacar m\u00e1s cerca de la fuente las aguas vivas del esp\u00edritu apost\u00f3lico, que sin cesar manan de la roca siempre fecunda sobre la que se funda inquebrantablemente la Iglesia.<\/p>\n<p>Hab\u00eda comunicado sus previsiones y sus deseos al Sr. Le Breton en su salida para Roma, y el 1\u00ba de febrero de 1640, le escribi\u00f3 para realizar con urgencia su proyecto. \u00abYo creo, le dec\u00eda, que har\u00e9is muy bien trabajando sin cesar en el establecimiento en Roma, y alquilando en este efecto alg\u00fan alojamiento, incluso comprando alguna casita, si las hay,\u00a0 por tres o cuatro mil libras, tan peque\u00f1a, y en el lugar que sea, <em>dummodo<\/em> <em>sit sanus<\/em>, no importa que sea en uno de los arrabales, ya que no queremos dedicarnos a acciones p\u00fablicas en la ciudad; el barrio de las afueras en el Vaticano no se encuentra lejos. Estoy tan seguro de la bondad del Sr. Marchand que nos encontrar\u00e1 esta suma que devolveremos a punto desde aqu\u00ed. Es necesario que nos habituemos a ese lugar. Digo en la ciudad o en alg\u00fan suburbio\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Le Breton respondi\u00f3 fielmente a las ideas de su Padre. Rebusco bien y no hac\u00eda a\u00fan dos a\u00f1os que estaba en Roma cuando ya la buena Providencia\u00a0 le hab\u00eda ofrecido varias casas no solamente conformes a sus deseos, sino bien por encima de sus expectativas, y tambi\u00e9n\u00a0 mucho m\u00e1s all\u00e1 de los recursos de que pod\u00eda disponer san Vicente, lo que le obligaba a escribir al Sr. Le Breton: \u00abAlabo a Dios por la caridad que ha dado por vos a este gentilhombre can\u00f3nigo de Nuestra Se\u00f1ora de la Rotonda, y pienso que habr\u00e1 que contentarle de la manera que quiera seg\u00fan lo que dec\u00eds si es notablemente \u00fatil. Se establecen como pueden al principio, pero si las condiciones os parecen perjudiciales, oh Jes\u00fas, Se\u00f1or, no llevar\u00e9is a mal decirle simplemente lo que podemos y lo que no podemos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\">\u00ab<em>Ser\u00eda bueno desear que el asunto de Santa Bibiana salga bien; pero la cosa es demasiado dif\u00edcil, y Nuestra Se\u00f1ora de Loreto me parece demasiado cara y todav\u00eda m\u00e1s el palacio donde se aloja el cardenal de Bichy. No s\u00e9 qu\u00e9 deciros de la peque\u00f1a iglesia de San Juan, porque no nos dec\u00eds el precio; en cuanto al de Nuestra Se\u00f1ora de Loreto, como el palacio Bichy, est\u00e1n por encima de nuestras fuerzas, y no hay que pensar en el socorro que propon\u00e9is Repito lo que os he dicho de una casita bien aireada, no muy lejos del Vaticano, donde se pueda extender con el tiempo, y aunque no estuviera tan cerca\u00a0 de este santo lugar y que no hubiera iglesia, no importa; pues no trabajando en Roma podemos pasarnos sin iglesia. Una capillita bastar\u00e1, si hemos de tardar en emplearnos de los ordenandos; pero ahora pase. Aqu\u00ed estamos encargados de todos los del reino que reciben las \u00f3rdenes en esta ciudad<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Y algunos d\u00edas m\u00e1s tarde:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\">\u00ab<em>He recibido aqu\u00ed a las dos la vuestra del 20 de enero. Me habla de nuestro principal asunto,\u2026 de lo que me dec\u00eds de las iglesias de las que nos hablan y del alojamiento; de la oferta que nos hace ese buen can\u00f3nigo de la Rotonda. En cuanto a las iglesias y alojamientos, nosotros somos demasiado pobres para pretender Nuestra Se\u00f1ora de Loreto. Pienso que habr\u00e1 que atenerse a lo que os he escrito de comprar un hospicio barato, de tal manera sin embargo que haya una huerta y que est\u00e9 en alg\u00fan lugar donde se pueda extender con el tiempo. Dios m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 haremos para cambiar? Ya me enterar\u00e9 si se podr\u00e1 enviar el dinero por alg\u00fan barco de Marsella; haced lo mismo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abVeo grandes dificultades en la oferta de la Rotonda; agradec\u00e9rselo afectuosamente a este buen se\u00f1or que nos la ha hecho<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Los pensamientos de san Vicente hab\u00edan sido justos, y hacia finales de abril o comienzos de mayo, el Sr. Le Breton vio sus esfuerzos coronados de \u00e9xito. El establecimiento de los misioneros en Roma estaba autorizado. Grande fue su gozo cuando recibi\u00f3 la noticia. \u00ab<em>Doy gracias a Dios porque Mons. el vicegerente os ha dado permiso verbal para comprar una casa en Roma y estableceros all\u00ed<\/em>\u00ab. Y enseguida, dando sus instrucciones\u00a0 para el nuevo establecimiento, continuaba: \u00ab<em>Me parece que tienen raz\u00f3n los que desean que no respir\u00e9is el aire malo ni est\u00e9is tan lejos; os suplico, Se\u00f1or, que prest\u00e9is atenci\u00f3n a lo uno ya lo otro, y sobre todo a lo primero. Hay que conformarse con poco a los comienzos; si podemos enviaros\u00a0 cuatro mil libras para ello, eso ser\u00e1 todo. El t\u00edtulo de la capilla ser\u00e1 de la Sant\u00edsima Trinidad, por favor; y la casa se podr\u00e1 llamar de la Misi\u00f3n. \u00bfVeis inconveniente en recibir la caridad que os hagan por las misas? Me parece que yo no lo veo en visitar a los pobres enfermos de alrededor, ni en ofreceros al Sr. vicegerente para recibir a los eclesi\u00e1sticos en el retiro y las ceremonias; pero eso con el tiempo, cuando teng\u00e1is el refuerzo que yo os enviar\u00e9, cuando positivamente me entere de que ten\u00e9is una casa<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Por fin, a pesar de la urgencia aparente que demuestra en esta carta, san Vicente segu\u00eda siempre el mismo; se apresuraba lentamente y prefer\u00eda lo s\u00f3lido a lo brillante; lo que le llevaba otra vez a escribir el 9 de octubre: \u00ab<em>Me parece que har\u00e9is bien en seguir en el alquiler de una casita o de dos habitaciones que amueblar\u00e9is mientras tanto. Es mejor que teng\u00e1is una peque\u00f1a casa, si pod\u00e9is tener en ella una capilla<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Esto no era in\u00fatil, pues los primeros \u00e9xitos no hac\u00edan m\u00e1s que excitar el ardor del celo emprendedor del Sr. Le Breton. Contaba con recursos m\u00e1s abundantes de Par\u00eds; pensaba organizar inmediatamente una casa de la misi\u00f3n para la puesta en marcha de las diferentes funciones del Instituto. Hasta entonces se hab\u00eda limitado a visitar y consolar a los pobres enfermos en los hospitales, a asistir a algunos pobres de Roma, a catequizar a los pastores de la campa\u00f1a romana, y a dar misi\u00f3n en algunos pueblecitos de los alrededores, y se hab\u00eda dado a estas obras en los intervalos de sus negociaciones, con una entrega y una abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo tan admirable que el vice gerente crey\u00f3 deber mencionarlo en el acta del 11 de julio de 1671, entre los motivos que le llevaban a autorizar la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en Roma. Pero una vez que vio el campo abierto, su celo le llev\u00f3 a solicitar de su superior compa\u00f1eros para emprender\u00a0 misiones en regla y organizar los retiros para los ordenandos. San Vicente le respondi\u00f3: \u00ab<em>No me apresuro a enviaros hombres porque no est\u00e1is todav\u00eda alojado; sino principalmente porque me he enterado por vuestra pen\u00faltima, que la di\u00f3cesis de Roma se reduce a la ciudad de Roma, y no veo bien su utilidad, sino por los obispados m\u00e1s cercanos, o que se tuviera medio de dar los ejercicios de los ordenandos y de los retiros<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>A esta respuesta, el coraz\u00f3n del Sr. Le Breton debi\u00f3 encogerse sobremanera. San Vicente lo comprendi\u00f3 y le anim\u00f3 al punto con estas pocas palabras: \u00ab<em>Trabajad suavemente con vuestros pastores; lo que escrib\u00eds me produjo gran contento, porque pod\u00e9is decir con toda raz\u00f3n: <strong>Pauperes evangelisantur<\/strong>, y entre eso, trabajar\u00e9is en nuestros dem\u00e1s asuntillos<\/em>\u00ab. Y d\u00f3cil a la voz de la obediencia, el Sr. Le Breton reemprendi\u00f3 con ardor sus carreras apost\u00f3licas a trav\u00e9s de la campa\u00f1a romana.<\/p>\n<p>Esta vez el Sr. Le Breton se uni\u00f3 a un buen sacerdote, el sr. Jean-Baptiste Taoni, de Niza en Provenza, quien m\u00e1s tarde entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n, y as\u00ed le fue posible difundir el beneficio de la instrucci\u00f3n religiosa con m\u00e1s abundancia y a un mayor n\u00famero de pastores. Los dos partieron de Roma el viernes 30 de noviembre de 1640. El m\u00e9todo que siguieron no se diferencia del que hemos se\u00f1alado.<\/p>\n<p>Transcribimos aqu\u00ed las notas del cuaderno de las misiones. Este informe, en su simplicidad, nos muestra mejor que nada lo que ha sido el Sr. Le Breton, y al mismo tiempo lo que debe ser el verdadero misionero.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abEllos se dirigieron (los Srs. Le Breton y Taoni) a Pallidaro, donde pasaron la noche. Al d\u00eda siguiente s\u00e1bado, despu\u00e9s de celebrar la santa misa, se fueron a la caba\u00f1a de Buffatori de Catanello;\u00a0 dieron el catecismo y ense\u00f1aron el ejercicio del cristiano haciendo la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana.\u00a0\u00a0\u00a0 Rogaron a C\u00e9sar Capello que continuara estos ejercicios los d\u00edas siguientes. Por la noche llegaron a Castel Giuliano. El domingo 2 de diciembre, el Sr. Le Breton hizo una exhortaci\u00f3n sobre el juicio, y al d\u00eda siguiente, dio el catecismo y el ejercicio del cristiano en la iglesia y en buen n\u00famero de caba\u00f1as de pastores; hasta el martes 5 de diciembre, los dos sacerdotes confesaron a noventa personas, entre las cuales setenta recibieron la santa comuni\u00f3n. El mi\u00e9rcoles llegaron a Sarso; los dos d\u00edas siguientes, confesaron a veinte personas, de las cuales siete se acercaron a la sagrada mesa. El viernes diciembre, llegaron\u00a0 a Santa Severa, y por la noche, en Santa Marnella, donde el Sr. Le Breton hizo la exhortaci\u00f3n sobre la penitencia, que fue seguida de la doctrina cristiana.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abEl s\u00e1bado 8, hubo en Santa Marnella una exhortaci\u00f3n sobre la fiesta del d\u00eda, la de la Inmaculada Concepci\u00f3n. El s\u00e1bado, domingo y lunes, confesaron a cincuenta personas comulgando veinticuatro. Por \u00faltimo, el martes llegaron a Porto. Fueron a visitar a los pescadores en sus barcas y a los pastores en sus caba\u00f1as; les ofrecieron la ocasi\u00f3n de recibir los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarist\u00eda, y el viernes, se volvieron a Roma para recibir nuevas \u00f3rdenes. El s\u00e1bado 15 de diciembre, se dirigieron de nuevo a Pallidaro, y la noche misma, uno de llosa fue a visitar a los pastores de Mons. Cocchino, y el otro a los labradores. Durante los diez d\u00edas que pasaron con ellos, d\u00e1ndoles instrucci\u00f3n y explic\u00e1ndoles la doctrina cristiana, tuvieron el consuelo de dar la santa comuni\u00f3n a setenta y dos personas, y confesaron a un n\u00famero mayor. O\u00edan las confesiones de los pastores en sus caba\u00f1as, y las de los pescadores a la orilla del mar, porque la mayor parte no dispon\u00edan de tiempo para ir a la capilla. El vienes 21, el Sr. Le Breton se fue a Macar\u00e8ze, y de all\u00ed a Campo Salino, y despu\u00e9s a Roma, para recibir nuevas \u00f3rdenes. Durante ese tiempo, el Sr. Taoni que hab\u00eda salido de Roma el viernes 13, pas\u00f3 por la propiedad de Mons.\u00a0 El duque C\u00e9ri, donde confes\u00f3 a veinte personas, de las cuales cuatro fueron a hacer la primera comuni\u00f3n a San Pablo. A este pueblo iba el Sr. Taoni. Lleg\u00f3 el 21 de diciembre, y ese d\u00eda y el siguiente, dio la santa comuni\u00f3n a dieciocho personas; otras dos se hab\u00edan confesado igualmente. El 22 s\u00e1bado, el Sr. Taoni lleg\u00f3 a Laprignana, donde el domingo y el lunes dio la comuni\u00f3n a treinta o treinta y dos personas. El 22, el Sr. Le Breton fue a Magliana, donde fue ayudado por el capell\u00e1n que tuvo a bien hacer la explicaci\u00f3n de la doctrina cristiana mientras que el Sr. Le Breton confesaba. Hubo en la misa de Navidad cincuenta y cinco personas en la Sagrada Mesa. Los dem\u00e1s d\u00edas se fue a Porto, a Servetri, a San Severo, a Ogliat, a San Marminella y a San Nicol\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>Mientras que el Sr. Le Breton hac\u00eda de esta manera, con su compa\u00f1ero los asuntos del buen Dios, el buen Dios hac\u00eda los suyos, y el 11 de julio de 1641 recibi\u00f3 por escrito la autorizaci\u00f3n de\u00a0 de establecerse en Roma que no hab\u00eda tenido m\u00e1s que verbalmente ocho d\u00edas antes.<\/p>\n<p>Jean-Baptiste Alti\u00e9ri, obispo de Camerino, vice gerente del Eminent\u00edsimo se\u00f1or vicario y juez ordinario en la ciudad y su distrito;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abComo ha sido presentada una s\u00faplica a nuestro sant\u00edsimo se\u00f1or Urbano VIII por parte de Vicente de Pa\u00fal, Superior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, establecida en Par\u00eds en el a\u00f1o de 1632 por la autoridad apost\u00f3lica, que se compone de sacerdotes, de cl\u00e9rigos y de laicos, y cuyo principal fin es dedicarse a su propia perfecci\u00f3n y al socorro espiritual y temporal de las gentes del campo y al servicio espiritual de los eclesi\u00e1sticos, a fin de que se dignara admitir dicha Congregaci\u00f3n ejercer sus funciones en la ciudad y su distrito, el mismo sant\u00edsimo se\u00f1or nos ha mandado examinar cuidadosamente este asunto con sus reverendos se\u00f1ores Falconieri, Paulucci y Ingoli. \u00a0\u00a0&#8211;<strong>Joannes Baptista de Alteriis, Episcopus\u2026<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>Por ello nos, seg\u00fan el voto y asentimiento de dichos se\u00f1ores, despu\u00e9s de una madura deliberaci\u00f3n, vista la bula de erecci\u00f3n, y habiendo conocido tambi\u00e9n el fruto de las misiones que Louis Le Breton, uno de los sacerdotes\u00a0 de dicha Congregaci\u00f3n, hab\u00eda dado a propuesta nuestra en las aldeas y caba\u00f1as de los pastores de este distrito, habiendo hablado adem\u00e1s a nuestro sant\u00edsimo se\u00f1or, por su orden y sobre su moci\u00f3n hemos decidido admitir y de hecho admitimos esta Congregaci\u00f3n a ejercer todas sus funciones en la ciudad, y damos permiso a dicho Sr. Le Breton a fin de que pueda construir o alquilar una casa para s\u00ed mismo y para los miembros de esta Congregaci\u00f3n, y que en ella puedan libremente trabajar al servicio de los eclesi\u00e1sticos y por la salvaci\u00f3n de los pobres del campo seg\u00fan su Instituto en la ciudad y su distrito.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>De suerte sin embargo que, en todo lo que hacen con relaci\u00f3n al pr\u00f3jimo, est\u00e9n sometidos inmediatamente\u00a0 al Eminent\u00edsimo se\u00f1or vicario a nos, as\u00ed como a nuestros sucesores, para todo lo dem\u00e1s que obedezcan plenamente a su Superior general seg\u00fan la bula de su erecci\u00f3n, y por consiguiente que disfruten todos y cada uno de las gracias, favores, y privilegios de los que gozan de ordinario las dem\u00e1s congregaciones en esta augusta ciudad, y que no puedan nunca de ninguna manera ser molestados por ninguna persona en todo lo que es bueno, bajo las penas que imponer por nuestra sentencia.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em>\u00abEn fe de cuanto antecede, dado en Roma en nuestra residencia. El 11 de julio del a\u00f1o del Se\u00f1or de 1641, decimoctavo del pontificado de nuestro sant\u00edsimo se\u00f1or el papa Urbano VIII.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em><strong>J. B., Obispo de Camerino<\/strong>,<br \/>\nVice-gerente.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;text-align: justify\"><em><strong>Fran\u00e7ois Gambert,<\/strong> lugar del sello<br \/>\nSecretario<\/em><\/p>\n<p>Nos sentimos inclinados a creer que el Sr. Le Breton y su compa\u00f1ero reemprendieron sus excursiones evang\u00e9licas\u00a0 antes de la cuaresma, su celo ahora bien conocido lo garantiza; no obstante es cierto que las recomenzaron en el oto\u00f1o de ese a\u00f1o, ya que fue en una de estas misiones cuando el Sr. Le Breton fue atacado de la enfermedad de la que muri\u00f3 el 17 de octubre de aquel a\u00f1o de 1641. Fue en la di\u00f3cesis de Ostia donde sucumbi\u00f3 agotado por el trabajo de sus misiones.<\/p>\n<p>As\u00ed muri\u00f3 el Sr. Le Breton, combatiendo el combate del Se\u00f1or. Ap\u00f3stol de la caridad, la caridad se cuid\u00f3 de sus despojos mortales, y los religiosos franceses de la Orden Tercera de San Francisco de As\u00eds le dieron una sepultura honrosa en su iglesia\u00a0 hasta ser trasladado a Nuestra Se\u00f1ora de los Milagros. El vice-gerente de Roma, el cardenal Barberini, y el cardenal Lenti, decano del Sacro Colegio, le honraron con sus l\u00e1grimas. Es el m\u00e1s hermoso paneg\u00edrico que se pueda hacer de este digno hijo de san Vicente.<\/p>\n<p>El propio san Vicente debi\u00f3 recurrir a toda la fuerza de su fe para adorar la mano que le golpeaba en la persona de su hijo y soportar sin debilidad esta p\u00e9rdida tan importuna por cuanto la fundaci\u00f3n en Roma apenas estaba esbozada.<\/p>\n<p>El 19 de noviembre siguiente, escrib\u00eda al Sr. Codoing: \u00abAl perder al Sr. Le Breton hemos perdido mucho seg\u00fan el mundo. Varios me hablan maravillas de sus trabajos y de las bendiciones que nuestro Se\u00f1or daba por \u00e9l; pero me parece que esta santo var\u00f3n har\u00e1 por nosotros m\u00e1s en el cielo de lo que hubiera hecho en la tierra, y que si Dios nos quiere en Roma, har\u00e1 madurar con sus oraciones\u00a0 este establecimiento, a menos que los pecados de Vicente, el peor de todos los hombres del mundo no lo impidan. Los pecados de Vicente no lo impidieron\u00a0 y el Sr. Le Breton hizo m\u00e1s desde el cielo de lo que habr\u00eda hecho en la tierra. Por eso poco despu\u00e9s de su muerte, vemos en Roma la hermosa casa del Monte Citorio objeto de afecto de los Soberanos Pont\u00edfices y fruente siempre viva en la el clero de todas las clases Acude a beber las aguas de la gracia sacerdotal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El peque\u00f1o grano de mostaza sembrado por la Sra. de Gondi en el campo de la Iglesia, y regado por las hermanas de san Vicente, estaba visiblemente bendecido por Dios. 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