{"id":29058,"date":"2014-03-16T07:03:27","date_gmt":"2014-03-16T06:03:27","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=29058"},"modified":"2016-07-26T09:44:33","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:33","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xvi\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (XVI)"},"content":{"rendered":"<h2>La extensi\u00f3n del mal moral y la Redenci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Una dificultad quedaba a\u00fan. El Sr. Pouget hab\u00eda considerado la extrema debilidad del mundo moral; hab\u00eda hallado en \u00e9l dificultad en relaci\u00f3n con la sabidur\u00eda de Dios que debe responder de todas sus obras. A eso hab\u00eda respondido descubriendo las riquezas de la redenci\u00f3n por la cual Dios rescataba con sobreabundancia y por donde restablec\u00eda el mundo moral en un equilibrio m\u00e1s perfecto. La redenci\u00f3n satisfac\u00eda pues las exigencias divinas. Pero era penoso ver qu\u00e9 pocos hombres se hab\u00edan aprovechado de esta gracia. \u00a1Cu\u00e1nto trabajo le costaba a la religi\u00f3n cat\u00f3lica implantarse! \u00a1Con qu\u00e9 rapidez se corromp\u00eda!<\/p>\n<p>Cuesti\u00f3n particularmente pesada en nuestra \u00e9poca, cuando vemos tanta irreligi\u00f3n provocadora, tanta religi\u00f3n s\u00f3lo aparente, y tan poco verdadero cristianismo. Algunos contestan a esto con pensamientos desesperados, ya porque ven en el pasado de la Iglesia una especie de larga ca\u00edda, ya porque descansan en visiones escatol\u00f3gicas, como si la Iglesia no estuviese todav\u00eda m\u00e1s que en el estado de infancia y hubiese que esperar a que se revele. En ambos casos se tiende a hacer de la belleza y de la santidad de la Iglesia el objeto de un acto de fe, que descansa en la confianza y en el deseo m\u00e1s que en una constataci\u00f3n. Se adivina que \u00e9sta no era la idea del Sr. Pouget.<\/p>\n<p>La falta de \u00e9xito de la redenci\u00f3n, dec\u00eda, es m\u00e1s aparente que real. Cu\u00e1ntas almas generosas en el catolicismo, y aun en las diversas confesiones cristianas, y que ofrecen a su Autor, con su vida santa, un homenaje que sube hasta \u00c9l, mientras que las ofensas de los pecadores no pueden sino recaer sobre ellos mismos. Si ahora nos fijamos en los pueblos paganos en su propio pa\u00eds y lejos del contacto de los civilizados, encontramos ejemplos insignes del valor de su fondo moral. El que prefer\u00eda citar y que juzgaba significativo era el sacrificio de los m\u00e1rtires de Uganda, a las orillas del lago de donde nace el Nilo. Hacia finales del siglo pasado, algunos de estos Negros, cristianos recientes, algunos desde hac\u00eda unos cuatro a\u00f1os, fueron conminados por su rey a renunciar a su nueva religi\u00f3n; se negaron, y atados en hogueras fueron quemados vivos: la Iglesia los ha elevado a los altares. Muchos hombres de la prehistoria pudieron adorar a la divinidad y observar la ley moral como si las conociesen, y beneficiarse con ello de los m\u00e9ritos redentores de Cristo, a pesar de su civilizaci\u00f3n material rudimentaria. Si estas almas usan as\u00ed del don divino del que no tienen conciencia, pertenecen hasta cierto punto a la Iglesia en esp\u00edritu: les falta el bautismo, pero Dios que nos ha sometido a los sacramentos, \u00e9l mismo no est\u00e1 sometido, y las bautiza en el Esp\u00edritu Santo. \u00bfNo es acaso con la ayuda de semejantes reclutas como se fundaron y prosperaron las primeras Iglesias cristianas, que llamamos \u00ablos que temen a Dios\u00bb de quienes hablan en muchos lugares los Hechos de los Ap\u00f3stoles? Estas hermosas almas viv\u00edan en un medio en que el error y la corrupci\u00f3n estaban adornados con el esplendor de las artes; lo que los atra\u00eda a la sinagoga, de donde los sac\u00f3 la fe cristiana, no era la amistad de los Jud\u00edos, que eran despreciados en todo el mundo greco-romano, era Dios bien conocido y la ley moral bien fundada, como se lo mostraba la lectura explicada de las Escrituras.<\/p>\n<p>En el pasado, el Sr. Pouget se complac\u00eda en subrayar la acci\u00f3n penetrante de la Iglesia y lo que \u00e9l llamaba en su lenguaje escrupuloso, \u00abla acci\u00f3n evangelizadora o pac\u00edficamente conquistadora de la Iglesia fuera de s\u00ed misma y seg\u00fan los casos en s\u00ed misma\u00bb, y la mostraba detr\u00e1s de tantas otras. Si bien, por raz\u00f3n de las resistencias y de los fracasos inevitables de la libertad humana, la Iglesia no ha obtenido el mismo \u00e9xito completo m\u00e1s que en la conservaci\u00f3n del dep\u00f3sito divino, sin embargo no se deja de ver una providencia especial de Dios sobre los trabajos de la Iglesia cat\u00f3lica entre los hombres. Ninguna otra sociedad se ha dedicado ni se dedica como ella a los intereses eternos de la humanidad. Por ello la santidad, que es muy rara en cualquier otra parte (ya que se ha de considerar suficiente por lo general una moralidad bastante apagada), abunda en cambio entre sus miembros y llega a veces a alcanzar y casi a realizar el ideal de la perfecci\u00f3n moral. De esta forma se cre\u00f3 en el mundo cat\u00f3lico y luego se conserv\u00f3, al menos en parte, incluso entre los pueblos simplemente cristianos, un ambiente moral muy elevado, desconocido de todos los paganismos, y cuya influencia ha sido y sigue siendo siempre el elemento m\u00e1s saludable de nuestro estado social. Aqu\u00ed tambi\u00e9n, si nos fijamos en el estado social, en el que no act\u00faa sin embargo m\u00e1s indirectamente, la Iglesia cat\u00f3lica marcha a la cabeza de la gran familia humana. Echaba pues una miraba llena de esperanza al g\u00e9nero humano. Ya hemos visto c\u00f3mo acentuaba la acci\u00f3n civilizadora de la Iglesia que hab\u00eda transformado el mundo y elevado la naturaleza humana a una altura jam\u00e1s alcanzada; mostraba el valor supereminente de la conversi\u00f3n, cuando en presencia de los verdugos con sus instrumentos bastaba con una simple se\u00f1al de cabeza para salvar la vida, lo que Dios mismo habr\u00eda podido perdonar con arrepentirse: seguir fiel en estas condiciones era perder la vida por el solo deber.<\/p>\n<p>Y en el presente, ve\u00eda esta Iglesia, tan rica como nunca, si por ejemplo se dirige la mirada a las sociedades religiosas de hombres o de mujeres.<\/p>\n<p>Pero estos elegidos no se encuentran s\u00f3lo en estas familias espirituales; existen tambi\u00e9n en el mundo y mucho m\u00e1s de lo que se cree de ordinario. Todos los que viven en la piedad y en el amor de Dios, en la humildad y la moderaci\u00f3n, sobre todo en la caridad tanto del cuerpo como de esp\u00edritu, para con sus semejantes, todos ellos, en cualquier lugar que vivan, pertenecen a las almas selectas que tienden a la perfecci\u00f3n espiritual o religiosa. Por otro lado esta perfecci\u00f3n es \u00fanica en la Iglesia y la misma para todos los fieles: es la caridad de Dios y del pr\u00f3jimo, virtud \u00fanica con dos actos diferentes. Cristo es preciso en este punto: para \u00e9l, el amor de Dios y del pr\u00f3jimo resume la Ley y los Profetas.<\/p>\n<p>As\u00ed prosegu\u00eda y continuaba la obra de la Redenci\u00f3n de un modo tan real como en el pasado.<\/p>\n<h2>Observaciones finales<\/h2>\n<p>Tal era, a grandes rasgos, la teolog\u00eda del sr. Pouget. Trataremos de caracterizarla por \u00faltima vez.<\/p>\n<p>La primera observaci\u00f3n que podemos arriesgarnos a formular sin peligro de error es que el pensamiento teol\u00f3gico del sr. Pouget, como varias concepciones an\u00e1logas de los te\u00f3logos de este tiempo, no ten\u00eda nada de agustiniana y, como el mejor modo de definir es oponiendo, trataremos de situarle en relaci\u00f3n al agustinianismo. Sobre la marcha, ello nos dar\u00e1 la ocasi\u00f3n de completar esta exposici\u00f3n. Tanto m\u00e1s me impresionaba esta diferencia cuanto que por el tiempo en que yo trabajaba bajo su batuta, yo profundizaba en san Agust\u00edn. Este doctor es todo un universo; como en todo universo se encuentran mundos encajados y que no est\u00e1n sometidos a las mismas leyes. Ante todo, san Agust\u00edn es una alma grande y, en toda alma viva, hay niveles diferentes de vida y de experiencia, borbotones superficiales, traducciones torpes y tambi\u00e9n profundidades sin aflorar. Ya est\u00e1 bien ha debido pensar san Agust\u00edn presentando resistencia y batallando. Tuvo que rehacer su propio pensamiento y retractarse y menos que a cualquier otro se le puede encerrar en un sistema. Los servicios prestados a la Iglesia son incontables. Ella le debe (y de ello se ha sentido pronto deudora) la definici\u00f3n de la gracia y de su absoluta gratuidad. \u00abEn este asunto que era nuevo, dec\u00eda el sr. Pouget, y en el que trabaj\u00f3 solo, igual\u00f3, si no se les adelant\u00f3 a los Padres m\u00e1s ilustres que trabajaron en gran n\u00famero sobre la Trinidad, la Teolog\u00eda y la Cristolog\u00eda.<\/p>\n<p>La Iglesia le debe tambi\u00e9n (y esto no se hab\u00eda de comprender hasta bien tarde y hasta nuestros d\u00edas) un m\u00e9todo personal de reflexi\u00f3n sobre uno mismo y de oraci\u00f3n solitaria, un sentido sin igual de la vida del alma en el tiempo: ha sido el primero de los modernos y, despu\u00e9s de san Pablo, el segundo revelador del hombre interior<\/p>\n<p>Pero es una de las servidumbres de la condici\u00f3n humana el que la inteligencia no pueda por lo general descubrir sin ocultar. Y san Agust\u00edn no ha podido librarse de su temperamento, de su medio, de su historia: ten\u00eda experiencia del pecado, y sobre todo de ese pecado en el que la fuerza del instinto y las cadenas del h\u00e1bito nos hacen como esclavos del mal. La filosof\u00eda de los Maniqueos que hab\u00eda respirado nueve a\u00f1os hab\u00eda dejado impreso en su esp\u00edritu que el mal era una especie de sustancia instalada en nosotros, y m\u00e1s profunda que nosotros: non esse nos qui pecamus. Naturalmente\u00a0 todo eso qued\u00f3 renegado, apartado, corregido, transformado. Pero se pon\u00eda el acento en la causalidad del pecado, en la soberan\u00eda del mal y en\u00a0 una temible idea de la justicia divina. San Agust\u00edn fue el gran maestro de la Iglesia occidental. Los Padres Griegos no pudieron nunca hacer vacilar su autoridad. Impregn\u00f3 el Occidente de cierta mentalidad que, al colorear las expresiones de la fe, no ha cesado de operar en nosotros: a decir verdad, esta sombr\u00eda influencia del agustinianismo hab\u00eda quedado neutralizada en la Edad Media. Estall\u00f3 con el protestantismo y jansenismo, que fueron como un absceso de fijaci\u00f3n. Despu\u00e9s la mentalidad agustiniana se desprend\u00eda del \u00e1rbol y se fijaba en el exterior.<\/p>\n<p>Insistamos en un punto que no siempre ha retenido la atenci\u00f3n, pero que nos parece de suma importancia: la mentalidad agustiniana conten\u00eda una idea de la justicia divina que deb\u00eda influir de manera notable en el desarrollo del pensamiento occidental y que se podr\u00eda traducir en esta f\u00f3rmula: \u00abDios no se somete a la misma justicia que nosotros; y lo que es justicia para Dios ser\u00eda injusticia para nosotros\u00bb. \u00bfQu\u00e9 pensar, en efecto, de un Dios quien, al ver que la mayor parte de su obra quedar\u00eda as\u00ed destruida, a pesar de todos los medios para repararla, pasara a la acci\u00f3n y la realizara de todas formas? Si vamos a ser l\u00f3gicos (y el esp\u00edritu humano no puede por menos de dejarse arrastrar por las consecuencias), forzoso es admitir que el Todopoderoso, hablando humanamente, ten\u00eda alg\u00fan inter\u00e9s en que eso fuera, y este inter\u00e9s no pod\u00eda ser m\u00e1s que un inter\u00e9s \u00abteo\u00edsta\u00bb, si se nos permite acu\u00f1ar esta palabra, entendiendo por ello el ego\u00edsmo divino. Hacia esta visi\u00f3n se sienten inclinados Pascal, Bossuet, Leibniz, incluso Malebranche. Parece darse a entender que Dios no deja libres a los hombres m\u00e1s que para poder tener el derecho de castigarlos. Se nos conduce a elevar la justicia de Dios por encima de la de los hombres. Leamos a Bossuet quien tiene admirables f\u00f3rmulas para condensar las ideas que circulaban en el siglo XVII:<\/p>\n<p>\u00abEl hombre no es inocente si permite que se cometa el pecado que puede evitar, y &#8230; Dios quien, pudiendo evitarlo sin que le costara m\u00e1s que quererlo, permite que se multiplique hasta el exceso que vemos, es no obstante justo y santo&#8230; Las reglas de la justicia de Dios y las de la justicia del hombre son muy diferentes\u00bb. (D\u00e9fense de la Tradition, II, 4).<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n:<\/p>\n<p>\u00abCuando les decimos que Dios permite sus pecados para hacer brillar su justicia, su amor propio protesta. Debemos sin embargo reconocer&#8230; que Dios permite el pecado, ya que sin este permiso no habr\u00eda justicia vengadora y no conocer\u00edamos la severidad de Dios, que es tan adorable y tan santa como su misericordia\u00bb (Ibid. II, 5).<\/p>\n<p>Leibniz no salvar\u00e1 la dificultad sino sometiendo a Dios a una especie de destino superior que le obliga a hacer por raz\u00f3n lo que santo Tom\u00e1s atribu\u00eda a su albedr\u00edo:<\/p>\n<p>\u00abVeis que mi Padre no ha hecho a Sextus malo; lo era desde la eternidad, lo era siempre libremente, no ha hecho m\u00e1s que concederle la existencia que su sabidur\u00eda no le pod\u00eda negar en un mundo en el que se encuentra implicado. Cuando existe un malo es preciso que Dios haya encontrado, en la regi\u00f3n de lo posible, la idea de que tal hombre entre en la sucesi\u00f3n de las cosas, cuya elecci\u00f3n se exig\u00eda para la mayor perfecci\u00f3n del universo, y en la que los defectos y los pecados no s\u00f3lo se castigan sino que contribuyen al mayor bien\u00bb.<\/p>\n<p>7. Los textos entre comillas pertenecen a la Histoire de Duchesne. A prop\u00f3sito de san Hilario de Al\u00e8s, al sr. Pouget le hab\u00eda gustado mucho esta amonestaci\u00f3n de Acudierais, antiguo prefecto de las Galias, al santo obispo: \u00abLos o\u00eddos de los Romanos son sensibles a \u00a0cierta dulzura de lenguaje; si Su Santidad pudiera condescender un poco no perder\u00eda nada y ganar\u00eda mucho\u00bb.<\/p>\n<p>Y por el mismo tiempo hab\u00eda dicho Pascal: \u00abnuestra justicia se destruye en presencia de la justicia divina y se convierte en pura nada\u00bb. Si un hombre actuara como Dios, podr\u00edamos admirar su conducta por la magnificencia, la econom\u00eda, la habilidad, pero ser\u00eda juzgada severamente a la luz de la justicia. El mal de algunos aparece como un medio en orden a un mayor bien; ahora bien, el mal, sobre todo el mal moral, puede alguna vez convertirse en el medio para un bien? \u00bfNo contradice la idea misma de bien? En este aspecto, parece que varios seres hayan sido sacrificados eternamente bien a la ilustraci\u00f3n de la gloria divina, bien a consideraciones de m\u00e9todo, de sencillez que parecen producir elegancia.<\/p>\n<p>Ahora bien, en el pensamiento que exponemos, la dificultad de las dos justicias se desvanece. El ser de Dios est\u00e1 infinitamente por encima del nuestro y sin comparaci\u00f3n con \u00e9l. Pero no sucede lo mismo con la raz\u00f3n y la justicia divinas. Por m\u00e1s alto que se eleve la primera por encima de la nuestra, no puede a pesar de ello admitir lo que es contradictorio ni hacer que un c\u00edrculo sea cuadrado. Lo mismo y con mayor raz\u00f3n todav\u00eda para la justicia divina: no puede hacer que la injusticia sea justa.<\/p>\n<p>Exist\u00eda asimismo otro rasgo, por\u00a0 el cual el sr. Pouget, lo mismo que varios te\u00f3logos de este tiempo, se separaba de san Agust\u00edn: era en la famosa cuesti\u00f3n de la Encarnaci\u00f3n, su motivo y su relaci\u00f3n con el pecado. San Agust\u00edn hab\u00eda dicho que \u00absi el hombre no hubiera perecido, el Hijo del Hombre no habr\u00eda venido\u00bb. Si homo non periisset, Filius hominis non venisset. Esa no era la idea de san Buenaventura, de san Alberto Magno y de B\u00e9rulle. Y el sr. Pouget se inclinaba de tal suerte hacia esta idea que daba por zanjada la cuesti\u00f3n seg\u00fan la autoridad de san Pablo.<\/p>\n<p>Para el que se coloca en el momento indivisible de la eternidad, en el que no hay antes ni despu\u00e9s, la cuesti\u00f3n de saber si Dios ha querido primero esto y luego aquello no tiene sentido muy claro; en un \u00fanico y mismo acto ha permitido Dios la ca\u00edda y ha querido la Redenci\u00f3n, que supon\u00eda la Encarnaci\u00f3n de una de las personas divinas. Y en el momento que admitimos que Cristo se encarnar\u00eda, incluso sin haber pecado Ad\u00e1n, nos vemos obligados a reconocer que en el orden actual y real, la ca\u00edda ha precedido a la Encarnaci\u00f3n y que, en la \u00f3ptica divina como en la continuaci\u00f3n humana de la historia, estos dos sucesos se encuentran entrelazados.\u00a0\u00a0 &#8211; S\u00ed, sin duda, pero importa conocer la naturaleza de este lazo: \u00bfes accidental, es esencial? Hay una gran diferencia, pues de la respuesta dada depende la idea que nos hagamos de Cristo, y de la relaci\u00f3n de Cristo con la humanidad, la idea que tengamos del mal y su importancia en el mundo de los esp\u00edritus; y nos encontramos al avanzar con la famosa cuesti\u00f3n sobre la justificaci\u00f3n de los caminos divinos, llamada generalmente \u00abel problema del mal\u00bb, y que tiene tanta fuerza para provocar la duda y el rechazo de las inteligencias delicadas; en una palabra, es la sensibilidad cristiana la que se ve afectada, seg\u00fan lo vamos a ver, y de diferentes modos.<\/p>\n<p>Si el pecado de Ad\u00e1n ha sido la causa \u00fanica de la Encarnaci\u00f3n, he aqu\u00ed c\u00f3mo conviene representarse la obra de Cristo y el lugar de Cristo en la humanidad: seg\u00fan el plan primitivo de la creaci\u00f3n, y a consecuencia de una amor extraordinario y puramente gratuito de nuestro autor, est\u00e1bamos destinados a una vida que sobrepasaba las exigencias de nuestra naturaleza. No se trataba de Cristo. Desde la primera generaci\u00f3n el hombre pec\u00f3. De ah\u00ed la Encarnaci\u00f3n del Hijo \u00fanico, que sufrir\u00e1 por la redenci\u00f3n de los pecados. Cristo es pues para la humanidad, de la que es el m\u00e9dico, y seg\u00fan se dice, el \u00abSalvador\u00bb.<\/p>\n<p>En el otro caso, Dios decide primero su gran obra que es la de elevar el mundo moral, la m\u00e1s bella y la m\u00e1s perfecta de sus obras, al m\u00e1s alto grado de excelencia. No existe ya si hablamos con propiedad plan primitivo, fracaso ni correcci\u00f3n, sino un solo plan real y verdadero. En el primer caso, Cristo es para la humanidad, dec\u00edamos. Desde entonces se puede pensar que la humanidad pueda prescindir de \u00e9l; al menos si nos referimos siempre a un estado primero, considerado un estado ideal, en el que la humanidad, sin el pecado, no habr\u00eda tenido nunca necesidad de Cristo. Es decir que Cristo es m\u00e1s salvador que se\u00f1or, y se\u00f1or por ser salvador. Admitimos a la primera que Dios en un mismo decreto ha querido la creaci\u00f3n, permitido el pecado, decidido la Encarnaci\u00f3n y que por consiguiente, sin haber previsto ni querido a Cristo, no habr\u00eda creado el mundo ni permitido la culpa. No nos queda sino que la venida del Verbo procede del pecado de Ad\u00e1n, que la obra de la Encarnaci\u00f3n tiene en el pecado su condici\u00f3n suficiente, que Cristo aparece m\u00e1s como instrumento divino de salvaci\u00f3n que como el primer ser, la cabeza de los mundos morales y el perfecto adorador. Esta vez, como lo dec\u00eda san Cirilo de Alejandr\u00eda, no es Cristo quien es para la humanidad, sino la humanidad la que es para Cristo. \u00c9l es el primero que existe, el primer nacido de toda criatura, la imagen del Dios invisible, por quien todo ha sido creado, en quien todo ser\u00e1 recapitulado, renovado, reedificado para siempre, y quien es aquello para lo que todo se ha hecho, el alfa y la omega, el primero y el \u00faltimo, el principio y el fin, como lo indica la Escritura. Pues si Dios en sus designios eternos y en este plan eterno anterior a la creaci\u00f3n del mundo ha querido primero a Cristo y si, para darle hermanos, ha querido a la humanidad y si, para socorrer a estos hermanos libres, fr\u00e1giles y ca\u00eddos, ha querido la redenci\u00f3n y la muerte sangrienta, si pues nosotros existimos para Cristo m\u00e1s todav\u00eda que Cristo para nosotros, entonces la relaci\u00f3n con Cristo, la adhesi\u00f3n y la adherencia a Cristo no son solamente un instrumento preparado divinamente para salvarnos del naufragio, sino el \u00fanico instrumento de penetrar hasta el coraz\u00f3n del ser, hasta el secreto m\u00e1s oculto de la raz\u00f3n de las cosas y as\u00ed de ofrecerse a lo que Dios tiene de m\u00e1s \u00edntimo en su querer.<\/p>\n<p>Existe por fin otro misterio, mayor tal vez todav\u00eda que la realidad del mal, es la existencia del ser, es la creaci\u00f3n, y nos parece que en este punto tambi\u00e9n parecidas soluciones arrojaban luz.<\/p>\n<p>Los creyentes y los te\u00edstas han acabado por habituarse a la creaci\u00f3n; encuentran bastante natural que Dios proyecte ser fuera de s\u00ed. Pero c\u00f3mo concebir la operaci\u00f3n de creaci\u00f3n en un ser que se basta plenamente a s\u00ed mismo, que por lo tanto goza de una soberana felicidad? Por qu\u00e9 va a desplegar su poder en obras exteriores? Cu\u00e1l es el motivo suficiente para incitarle a crear? Es esta imposibilidad que exista algo fuera de Dios y de encontrar un motivo adecuado a un tal acto de libertad la que inclina a muchos ya a la identificaci\u00f3n de Dios y de la naturaleza, ya a admitir en Dios un especie de necesidad a la que habr\u00eda que someterle.<\/p>\n<p>Debemos reconocer en efecto que, si nos colocamos en el solo terreno de la raz\u00f3n, es bastante dif\u00edcil hallar un motivo suficiente a la creaci\u00f3n del mundo moral tal cual nos lo presentan los hechos. Ya s\u00e9 que concebimos a Dios como difusivo en s\u00ed y que la creaci\u00f3n de seres vivos es una gloria para \u00e9l. Pero le rinden tanto homenaje? Por eso, con tanta facilidad, se llega a ironizar sobre el Dios creador, a tomarle por un ser falto de poder, o que se divierte con nosotros.<\/p>\n<p>O bien, si todos los movimientos divinos proceden del amor, Dios ha querido comunicarse a fin de poder amar y ser amado fuera de su ser, si la Encarnaci\u00f3n ha sido querida antes mismo de la creaci\u00f3n (no s\u00f3lo antes de que se permitiera la culpa, sino todav\u00eda antes de que se decidiera la creaci\u00f3n), la existencia de un ser creado al lado del increado recibe justificaci\u00f3n. Es lo que B\u00e9rulle deb\u00eda expresar cuando dec\u00eda: \u00abDesde toda eternidad, hab\u00eda ya un Dios infinitamente adorable, pero no hab\u00eda todav\u00eda un adorador infinito&#8230; Vos sois ahora, oh Jes\u00fas, este servidor infinito en potencia, en calidad, en dignidad, para satisfacer plenamente este deber y para rendir este homenaje divino.<\/p>\n<p>Acabamos de oponer dos conceptos bien diferentes sobre la relaci\u00f3n de la Encarnaci\u00f3n redentora con las ca\u00eddas del mundo moral. Pero conviene investigar si no hubiera medio de atenuar la oposici\u00f3n o al menos de comprenderla mejor someti\u00e9ndola a una diferencia de puntos de vista. Hace un momento nos situ\u00e1bamos bajo el punto de vista de Dios: se trataba de saber cu\u00e1l era el motivo primero y determinante de la Encarnaci\u00f3n del Verbo y de nuestra condici\u00f3n actual de pecadores. Pero si ahora nos situamos bajo el punto de vista del hombre, las cosas cambian. Lo primero que nos impresiona es nuestra condici\u00f3n humana de hombres pecadores, y como la Encarnaci\u00f3n, para dar a Dios la mayor gloria posible, implica la redenci\u00f3n del mundo moral, por este \u00faltimo aspecto nos impresiona la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoc opus nostrae salutis<\/p>\n<p>Ordo depoposcerat.<\/p>\n<p>Por otra parte no es la primera vez que se observar\u00eda una oposici\u00f3n entre el orden de las verdades necesario a la acci\u00f3n pr\u00e1ctica y el orden de las verdades favorable al pensamiento, y que las cosas no aparezcan en la misma sucesi\u00f3n, seg\u00fan que se las mire bajo el punto de vista del hombre, o por el contrario bajo el punto de vista de Dios. Y nos sentir\u00edamos inclinados a pensar que, si el primer orden es m\u00e1s necesario en la ense\u00f1anza com\u00fan y pastoral y tambi\u00e9n en la predicaci\u00f3n y meditaci\u00f3n, el segundo es m\u00e1s \u00fatil cuando queremos satisfacer en nosotros esta fuerza suprema que llamamos raz\u00f3n y que exige investigar el sentido de los designios, la proporci\u00f3n de los motivos y de los actos, el equilibrios de los efectos y de las causas.<\/p>\n<p>Esto mismo hab\u00eda notado san Buenaventura con tanta fineza: \u00abVidetur autem primus modus (el del sr. Pouget que estamos exponiendo) magis consonare judicio rationis; secundus tamen, ut apparet, plus consonat pietati fidei\u00bb. Por lo dem\u00e1s, seg\u00fan se ve en el divino pr\u00f3logo de la Ep\u00edstola a los Efesios, la explicaci\u00f3n de tipo racional no contradice en modo alguno a la de tipo hist\u00f3rico, m\u00e1s de acuerdo con la piedad de la fe. No la contradice m\u00e1s de lo que el paisaje visto desde la cima desmiente el que se ve\u00eda desde las primeras rampas. Pero al elevarse, las proporciones terrestres se alteran y palidecen ante las proporciones celestes.<\/p>\n<p>Es de notar por otra parte que los verdaderos maestros, al aceptar una de estas dos soluciones, se han sentido algo arrepentidos de no haber elegido la otra. Santo Tom\u00e1s, quien es considerado a menudo como el padre de la soluci\u00f3n llamada tomista, la rodea, seg\u00fan su estilo moderado, de cantidad de distingos y reservas: admite la posibilidad de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, si Ad\u00e1n no hubiese pecado; pero como Ad\u00e1n pec\u00f3, ese fue, dice, el motivo principal de la Encarnaci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, sigue diciendo, en el dominio de lo sobrenatural, no se debe afirmar m\u00e1s all\u00e1 de los datos de la revelaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>En cuanto a nuestro humilde autor, \u00e9l explicaba las cosas de forma parecida con su estilo pesado y denso: \u00abSi la Encarnaci\u00f3n procura a Dios la mayor gloria exterior posible, es a condici\u00f3n de que realice la redenci\u00f3n del mundo moral, en el que las ca\u00eddas son inevitables sin ser necesarias y como, bajo nuestro punto de vista humano, lo que m\u00e1s importa es el perd\u00f3n de los pecados, se comprende que la Escritura, pr\u00e1ctica ante todo, insista en la idea de que Cristo vino \u00aba salvar a los pecadores\u00bb.<\/p>\n<p>Pod\u00edamos pues inscribir al sr. Pouget en la escuela de san Buenaventura y de Duns Escoto, antes que en la de santo Tom\u00e1s. Se apartaba sin embargo de los escotistas en un punto que debemos exponer ahora. Para los escotistas, ya sabemos, el Verbo se habr\u00eda encarnado, aunque no hubiera pecado Ad\u00e1n, pero entonces habr\u00eda sido en una carne impasible. Esta Encarnaci\u00f3n habr\u00eda sido pues muy diferente de la que hemos conocido: sin pecado, sin sufrimiento pues, sin humillaci\u00f3n; Nazaret, s\u00ed sin duda, pero no el Calvario. Ahora bien, profundizando en el tema, el sr. Pouget hab\u00eda renunciado a esta idea, y esto es lo que dec\u00eda conversando: \u00ab\u00bfQu\u00e9 nos manda la ley moral, en su punto culminante, sino seguir la voluntad de Dios? Este Mandamiento no puede por menos que sobre-elevar nuestra naturaleza. Pues este ennoblecimiento ser\u00e1 tanto mayor cuanto m\u00e1s perfecto sea y tanto m\u00e1s perfecto cuanto m\u00e1s nos cueste. Cristo, al obedecer hasta la muerte y hasta la muerte de Cruz,\u00a0 ha dado el ejemplo m\u00e1s heroico de respeto al Padre: era la adoraci\u00f3n completa. En el famoso texto de san Pablo cobre la Encarnaci\u00f3n (Filipenses, II), no se trata de nuestros pecados. Y san Pablo era un te\u00f3logo rudo. Por todas estas razones, ahora me inclinar\u00eda a creer que Cristo habr\u00eda sufrido e (incluso) habr\u00eda muerto aunque el hombre no hubiera pecado. En ese caso sus penas habr\u00edan sido ejemplares y no redentoras\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, lo mismo que la Encarnaci\u00f3n no exclu\u00eda el sufrimiento, la Redenci\u00f3n, a sus ojos, al borrar los pecados, no agotaba su virtud. Aqu\u00ed, una vez m\u00e1s, tem\u00eda que la expresi\u00f3n a menudo negativa de nuestros dogmas enmascarara la inmensa y positiva riqueza. Si la redenci\u00f3n por Cristo es la remisi\u00f3n de los pecados, ella no es m\u00e1s que eso, dec\u00eda. Que la redenci\u00f3n propiamente dicha, tomada en el sentido m\u00e1s preciso de esta palabra, sea la remisi\u00f3n de los pecados es incontestable. San Pablo dice, al hablar de Cristo, que \u00abtenemos la remisi\u00f3n de los pecados por su sangre, y el Salvador que \u00absu sangre va a ser vertida a favor de muchos para la remisi\u00f3n de los pecados\u00bb. Esta remisi\u00f3n de los pecados es nuestra liberaci\u00f3n de la servidumbre del pecado por el perd\u00f3n de la deuda que hab\u00edamos contra\u00eddo por el pecado ante la Justicia suprema, &#8211; deuda impagable para nosotros, pero ligera para los m\u00e9ritos de Cristo-Hombre ante la divinidad. Pero no basta con estar unido a Dios y a su Cristo por el bautismo, al menos de deseo, o por el perd\u00f3n despu\u00e9s de la ca\u00edda, es preciso estarles unido siempre y el medio m\u00e1s eficaz es un caminar continuo hacia adelante por el camino de la vida eterna (non progredi regredi est); esta v\u00eda es estrecha, escarpada; para andarla y mantenerse en ella es preciso un auxilio perseverante y abundante de fuerza superior, es decir de gracia. Un Redentor sin igual en poder y en bondad como el Hombre-Dios ha debido merecernos y nos ha merecido de hecho este doble auxilio: la gracia del perd\u00f3n y la gracia de la perseverancia. Ha dado la vida por sus ovejas y es la vi\u00f1a cuyos sarmientos somos nosotros sacando toda nuestra vida sobrenatural de nuestra uni\u00f3n con la cepa divina; sin esta uni\u00f3n no somos m\u00e1s que sarmientos secos que no servimos m\u00e1s que para el fuego. Los actos redentores de Cristo son los actos penosos a su naturaleza humana, as\u00ed para el cuerpo como para el esp\u00edritu. Actos que el Salvador ofrec\u00eda siempre al Padre en reparaci\u00f3n de los ultrajes dirigidos a Dios por el mundo moral cuya cabeza es Cristo. Pero estos actos eran y siguen siendo el mejor medio de seguimiento, el seguimiento por el ejemplo, el mejor que pudiera emplear el Salvador para hacernos caminar a su ejemplo por la v\u00eda dif\u00edcil de la salvaci\u00f3n. En cuanto a la Escritura, a\u00f1ad\u00eda, no estar\u00eda contra m\u00ed .<\/p>\n<p>\u00abElla no habla m\u00e1s que de perd\u00f3n de los pecados a prop\u00f3sito de la Encarnaci\u00f3n. As\u00ed el pr\u00f3logo magistral del cuarto Evangelio (Jn I,1-18) nos presenta al Verbo-Dios como una luz que las tinieblas no sabr\u00edan detener, que alumbra a todo hombre por su venida a este mundo, que nos hace ser hijos de Dios por la fe en su nombre, y que existiendo en el seno del Padre nos revela a Dios cuya naturaleza ning\u00fan esp\u00edritu creado sabr\u00eda penetrar: en este fragmento solemne entre todos, sobre la preexistencia del Hijo antes de todos los tiempos y su llegada entre nosotros en el tiempo, no se ha dicho ni palabra del perd\u00f3n de los pecados por la muerte de Cristo. Igualmente, en su \u00faltima oraci\u00f3n, cuando Cristo, Pont\u00edfice eterno, se dispone a sellar con su sangre la nueva alianza, s\u00f3lo pide la uni\u00f3n mutua para sus disc\u00edpulos (Jn XVII) y para los que crean en \u00e9l por su predicaci\u00f3n, para que por Cristo en ellos sean uno como el Padre y el Hijo son uno. Lo vemos en esta oraci\u00f3n, en este momento solemne y en el vest\u00edbulo mismo de la Pasi\u00f3n, el Salvador no dice una palabra de la remisi\u00f3n de los pecados, cuando los va a tomar sobre s\u00ed en lugar de todos los culpables para expiarlos por todos. Estas citas, que podr\u00edamos alargar, nos muestran que si la Escritura habla de remisi\u00f3n de los pecados a prop\u00f3sito de la Encarnaci\u00f3n, habla tambi\u00e9n de otras cosas mucho m\u00e1s elevadas a prop\u00f3sito del mismo Misterio\u00bb.<\/p>\n<p>Al o\u00edr estas lecciones un laico comprend\u00eda mejor las definiciones de su viejo catecismo, seg\u00fan las cuales hemos sido creados para conocer, amar y servir a Dios. No era el optimismo, dec\u00eda el sr. Pouget, pues el optimismo al poner la necesidad en el mejor Dios(\u00bf), encadena su libertad, y luego no se puede negar el mal o disminuirlo sin tomar partido o sin candidez. No era el pesimismo, pues el pesimismo insiste en el mal como si \u00e9ste fuera por naturaleza, o como si Dios le hubiese legado el mundo lo mismo que un reino. Era simplemente el realismo, o mejor el cristianismo que, en lugar de imaginar un mundo que podr\u00eda ser mejor o de acusar el que existe, se limitaba a constatarle, a describirle en todas sus dimensiones, con Cristo en el centro.<\/p>\n<p>Como vemos, nuestro autor volv\u00eda siempre a los textos de san Pablo y de san Juan. Y yo ten\u00eda siempre la idea de que exist\u00eda una secreta analog\u00eda entre el m\u00e9todo de ellos y su m\u00e9todo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda hecho san Pablo? Se hab\u00eda encontrado en presencia de los hechos extremadamente inconexos que hab\u00edan sido predicados a las comunidades judeo-cristianas, pero sin que se hubiera tratado de establecer su relaci\u00f3n y su centro. As\u00ed, el Mes\u00edas esperado, la Ley de Mois\u00e9s sostenida, Jes\u00fas venido, su muerte infamante, su Resurrecci\u00f3n, la religi\u00f3n nueva, la cena, la pascua, la evangelizaci\u00f3n, la tradici\u00f3n de los Antiguos, la autoridad de los Ap\u00f3stoles, \u00bfc\u00f3mo conjugar esto con aquello? El lazo entre tantos datos contrarios no lo busc\u00f3 Pablo en un concepto abstracto, como se hace en filosof\u00eda, sino en un ser concreto que era Cristo. Desde la venida de Cristo y sobre todo desde su muerte en la cruz no se puede uno salvar ya por la observancia de una legislaci\u00f3n; se salva por la adhesi\u00f3n de amor a una persona: la ley ha dejado el lugar a la fe. Todas las cosas tienen ya su fin en Cristo y por eso son nuevas. Y la tarea del hombre (an\u00e1loga si se puede decir a la que se propuso Dios en la Encarnaci\u00f3n) consiste en incorporarlo todo en Jesucristo, como cabeza.<\/p>\n<p>Y en san Juan, cuyo temperamento es tan diferente del de Pablo, asistimos a un esfuerzo semejante: cincuenta a\u00f1os de evangelizaci\u00f3n, de reflexi\u00f3n y de prueba han proyectado una luz retrospectiva sobre las palabras y los actos de Jes\u00fas. Ya es posible exponerlos y comprenderlos en su significaci\u00f3n eterna. San Pablo es m\u00e1s tumultuoso, m\u00e1s disociado (coarctor e duobus), m\u00e1s dial\u00e9ctico; san Juan m\u00e1s tranquilo y m\u00e1s majestuoso, m\u00e1s tierno y tambi\u00e9n m\u00e1s unificado, como conviene a quien ha sido amado con predilecci\u00f3n y cuya vida no ha conocido ruptura. En Pablo y en Juan el fondo del m\u00e9todo es parecido: nada de teor\u00edas ni sistema sino un pensamiento que se nutre de una realidad superior, en los hechos y sobre todo en el gran hecho de Cristo encarnado, su vida y su renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas, la originalidad verdadera consiste una vez m\u00e1s en regresar a la fuente. Pero a estos hechos sustanciales de los primeros tiempos han venido a a\u00f1adirse muchos otros datos: explicaciones, traducciones, desarrollos nacidos del ataque, de la adaptaci\u00f3n o del uso. El n\u00famero de los documentos que se han de conocer es tan considerable, la materia que tratar tan pesada, que puede uno asustarse con toda raz\u00f3n. Y la historia de la Reforma est\u00e1 para recordarnos que la vuelta a los or\u00edgenes no se hace sin peligro. La dificultad est\u00e1 en abrazar toda la secuencia de la Tradici\u00f3n, imitando y siguiendo al mismo tiempo a los te\u00f3logos inspirados. Dificultad tanto mayor cuanto por ser conocida esta secuencia y no se puede aislar tal o tal momento que uno juzga privilegiado. El sr. Pouget pertenec\u00eda precisamente a una edad en que los documentos sobre la primitiva Iglesia sobre la edad patr\u00edstica, sobre la edad escol\u00e1stica eran sin cesar m\u00e1s abundantes y se daba uno cuenta de que el pensamiento de san Agust\u00edn, no m\u00e1s que el de santo Tom\u00e1s, no representa la Tradici\u00f3n entera \u2013la cual est\u00e1, por otra parte, bajo el empuje del Esp\u00edritu y el control de los papas, susceptible de explicitarse o de desarrollarse. Era tambi\u00e9n la edad de una renovaci\u00f3n humanista y en la que el hombre era m\u00e1s conocido y respetado. Era por fin la edad de una renovaci\u00f3n escriptur\u00edstica y en la que los textos inspirados eran mejor comprendidos. La empresa de la s\u00edntesis era inmensa; sobrepasaba las fuerzas de un hombre, y hasta las de un equipo, o de una generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El sr. Pouget podr\u00e1 parecer uno de los \u00abpeque\u00f1os profetas\u00bb de este tiempo que se avecina. Por r\u00e1pida que haya sido esta exposici\u00f3n, me gusta pensar que en ella se han reconocido las tendencias de su naturaleza tan positiva, tan \u00e1vida de realidad, y que era llevada hacia lo invisible, lo impalpable y lo eterno, no por un \u00edmpetu de misticismo, sino por una docilidad total a las exigencias de la experiencia. En ciencias, si bien ten\u00eda una s\u00f3lida cultura matem\u00e1tica, era m\u00e1s f\u00edsico y observador que calculador. En filosof\u00eda, m\u00e1s metaf\u00edsico que ontologista; en religi\u00f3n por fin, si se pudiera crear esta palabra, m\u00e1s crist\u00f3logo que te\u00f3logo. Nunca colocar\u00e9 a Cristo demasiado alto, dec\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La extensi\u00f3n del mal moral y la Redenci\u00f3n Una dificultad quedaba a\u00fan. 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