{"id":29021,"date":"2014-03-15T07:12:03","date_gmt":"2014-03-15T06:12:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=29021"},"modified":"2016-07-26T09:44:33","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:33","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xv\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (XV)"},"content":{"rendered":"<h2>El Mundo moral<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>El segundo cuidado\u00a0 de nuestro autor era colocarse en presencia de este mundo invisible del que el hombre forma parte por lo alto e \u00edntimo del ser, y que \u00e9l llamaba el mundo moral. Varios caminos se ofrec\u00edan para explorar el orden moral y, seg\u00fan su m\u00e9todo de pesquisas convergentes, rebuscando por todas partes, sacando el sustento de todos los lados, hab\u00eda conseguido hacerse una idea del mundo moral que estuviera basada, no sobre teor\u00edas, sino sobre la experiencia y la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>Caracteres del Mundo moral: el yo profundo y la libertad.<\/h3>\n<p>Los escol\u00e1sticos distingu\u00edan dos clases de voluntad, nos dec\u00eda, la voluntad considerada como facultad, la \u00fanica en la que resid\u00eda la libertad, y la voluntad considerada como una naturaleza; \u00e9sta no era otra a sus ojos que este \u00abyo profundo\u00bb del que hab\u00eda hablado el Sr. Bergson. Y esta distinci\u00f3n correspond\u00eda a lo que \u00e9l observaba en su propio interior: ve\u00eda sus tendencias nobles subir hacia lo infinito como una marea, &#8211; despu\u00e9s, entre todas las tendencias altas y bajas que constitu\u00edan su ser, control\u00e1ndolas, acept\u00e1ndolas y, en su caso, reprimi\u00e9ndolas y neg\u00e1ndolas, aparec\u00eda un poder soberano: era el yo, m\u00e1s profundo que la tendencia m\u00e1s \u00edntima, el yo que dice yo, que hace su elecci\u00f3n con toda lucidez y que realiza por su libre voluntad en el campo m\u00e1s o menos extenso de su libre acci\u00f3n lo que la raz\u00f3n pr\u00e1ctica o conciencia moral le hab\u00eda se\u00f1alado ya como preferible y ya como obligatorio. De este mundo interior ten\u00eda un concepto muy opuesto al de los Griegos, para quienes, dec\u00eda \u00e9l, la voluntad no es m\u00e1s que un ap\u00e9ndice de la inteligencia. Se figuraba su yo a imagen de esta cascada burbujeante del Besse (r\u00edo de su Cantal, junto al cual guardaba sus ganados en las landas): energ\u00eda constante, m\u00faltiple, inalterable, id\u00e9ntica, y cuya contemplaci\u00f3n silenciosa, ahora que estaba solo consigo mismo en su noche interminable, le produc\u00eda una emoci\u00f3n como metaf\u00edsica; en ella se pon\u00eda en contacto con el ser. Cu\u00e1ntas veces no le habremos o\u00eddo celebrar su yo profundo, \u00abese magn\u00edfico conjunto de tendencias, que no cesan de pasar al estado de acto, aun en medio de lo que querr\u00eda perturbar su paz\u00bb He aqu\u00ed por ejemplo una de estas revelaciones, tal y como la conservo en mis papeles:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abHay un mundo en el interior del \u00e1tomo. Es una espantosa peque\u00f1ez \u2013 si as\u00ed puede ser (ya que me pregunto si los \u00faltimos elementos del mundo f\u00edsico no ser\u00edan de otro orden que la geometr\u00eda, y por ejemplo de la energ\u00eda: la geometr\u00eda as\u00ed no ser\u00eda m\u00e1s que una apariencia en medio de las cosas). En m\u00ed hay un fondo que no pasa desapercibido. Es mi identidad personal. No dudo de mi yo; aquellos que tienen dos o tres personalidades son tarados. No conocemos directamente ni a Dios ni siquiera nuestra alma. Los obtenemos a los dos por conclusi\u00f3n, a Dios por la causalidad y al alma por la identidad. Bergson vio con claridad que hay en nosotros un torrente de vida con una peque\u00f1a fuente de luz que lo ilumina, es la conciencia. Pues bien, los Griegos, quienes se dedicaban con mayor intensidad a las matem\u00e1ticas, no ve\u00edan en nosotros m\u00e1s que la inteligencia y defin\u00edan el alma por la inteligencia. Ciertamente, hay en nosotros una realidad profunda que es iluminada por la inteligencia, pero que no se confunde con ella. Napole\u00f3n apenas se cansaba; dorm\u00eda muy poco; arrastraba hombres tras s\u00ed y hablaba en concreto. Nuestras virtualidades reunidas forman el fondo de nuestro ser. Es un r\u00edo en el que hay corrientes de agua m\u00faltiples con algo que las ilumine (la inteligencia) y algo que pueda dirigirlas, pero no enteramente (la voluntad). La voluntad no tiene el dominio m\u00e1s que sobre los m\u00fasculos, que dependen del sistema cerebro-espinal. Sobre los otros m\u00fasculos como los del cuerpo, como los que producen la c\u00f3lera, s\u00f3lo tiene un poder indirecto. El enemigo puede andar acechando alrededor, pero la voluntad contin\u00faa due\u00f1a pac\u00edfica, aunque pasible.\u00bb<\/p>\n<h3>Multiplicidad del Mundo moral.<\/h3>\n<p>Tal es pues el mundo moral de este planeta, al que llamamos la humanidad. \u00bfEs este mundo moral el \u00fanico en nuestro universo material? O bien, \u00bfexisten en otros planetas, unidos a otras estrellas, otras humanidades, al menos otros vivientes capaces de elecci\u00f3n, y por lo tanto pertenecientes al mundo moral? En esto, son la experiencia y la inducci\u00f3n las que han de decidir.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa raz\u00f3n, dec\u00eda el Sr. Pouget, considera posible la existencia de otros Mundos del orden moral an\u00e1logos al nuestro; incluso se inclina a ver esta existencia como muy probable. En nuestro universo en efecto, nuestra estrella es un sol y, a juzgar por nuestro sol, cada estrella puede poseer un mundo moral y quiz\u00e1s incluso varios. En esto, sin embargo, la raz\u00f3n no puede superar la probabilidad, en contra de lo que se inclinan a pensar cantidad de cabezas, incluso cultas, pero ajenas al estudio de las realidades del orden espiritual. Para esta clase de gentes ser\u00eda una anomal\u00eda el que, en el universo que nos rodea, inmenso y tal vez sin l\u00edmites, no hubiera m\u00e1s que un solo mundo moral y que se encontrara en la tierra, que no es m\u00e1s que un simple punto en el universo. Pero pensar de esta manera es ignorar que no hay punto de comparaci\u00f3n posible entre el mundo f\u00edsico y el mundo moral: estos dos mundos pueden coexistir en un mismo lugar, sin que la existencia de uno lleve consigo la del otro; y el menor de los seres de nuestro mundo moral supera en perfecci\u00f3n o en calidad al universo f\u00edsico entero, que s\u00f3lo nos domina por la cantidad\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfExisten pues, fuera del universo material, otros seres pertenecientes al mundo moral? La raz\u00f3n no ve la imposibilidad. Y la revelaci\u00f3n judeo-cristiana nos ense\u00f1a que no somos el \u00fanico mundo moral existente; se ha de a\u00f1adir el de los \u00c1ngeles, que es quiz\u00e1s m\u00faltiple, y nos vemos reducidos, en este mundo o en estos mundos, a lo que nos dice la Escritura convenientemente interpretada.<\/p>\n<h3>Ca\u00edda de los seres del Mundo moral<\/h3>\n<p>\u00bfQu\u00e9 sabemos de estos mundos morales? La revelaci\u00f3n nos habla de una ca\u00edda de los seres del mundo moral. \u00bfCu\u00e1l es el sentido de esta ca\u00edda? \u00bfEn qu\u00e9 medida est\u00e1 conforme con los datos de la experiencia?<\/p>\n<p>&#8211; \u00abPor ca\u00edda se entiende aqu\u00ed la transgresi\u00f3n de la ley propia a los seres del mundo moral. Con un imperio absoluto pero sin obligaci\u00f3n alguna, esta ley manda a estos seres vivir seg\u00fan su naturaleza en el campo de su libertad, es decir obrar seg\u00fan el tipo conforme al que han sido llamados a la existencia. La posibilidad de falta para todos los seres del mundo moral, aun para aquellos del rango m\u00e1s elevado, proviene de que todos estos seres son criaturas. Para no apartarse de su ley en este campo, el ser moral tiene resistencias que vencer, las cuales nacen bien de su naturaleza, bien de su ambiente. Para nosotros los humanos, estas resistencias, que se pueden llamar pasiones, no vienen m\u00e1s que de nuestra naturaleza sensible: siempre el orgullo y la ambici\u00f3n, con frecuencia la avaricia y la c\u00f3lera son pasiones espirituales m\u00e1s dif\u00edciles de refrenar que las tendencias sensibles.\u00bb<\/p>\n<p>Esta experiencia de la propensi\u00f3n a la ca\u00edda cada uno la podemos hacer en nosotros mismos. Pero ser\u00eda s\u00f3lo individual, si no se la confrontara con la experiencia ampliada que da la historia, y que el Sr. Pouget no descuidaba.<\/p>\n<p>Y las informaciones no le faltaban. Siempre hab\u00eda sentido pasi\u00f3n por la historia, sobre todo de la historia que, m\u00e1s all\u00e1 de los remolinos de la pol\u00edtica, de la econom\u00eda y de la guerra, refleja el drama del hombre colocado ante el bien y ante el mal y haciendo elecci\u00f3n seg\u00fan su parecer.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa historia, dec\u00eda, permite seguir la vida de nuestra especie durante un gran periodo de su existencia en la tierra; la parte de este periodo que corresponde a la prehistoria, y que es tal vez m\u00e1s larga que la parte hist\u00f3rica, nos es desconocida por la carencia de datos o al menos de datos precisos; pero la parte hist\u00f3rica se alarga singularmente y cada vez m\u00e1s debido a la interpretaci\u00f3n de las antiguas escrituras\u00bb.<\/p>\n<p>Y esta historia de los pueblos del Antiguo Oriente le parec\u00eda tener un valor particular, bien porque estos pueblos m\u00e1s rudos y m\u00e1s sencillos que los nuestros dejaban ver claramente los m\u00f3viles de su acci\u00f3n, o bien porque se pod\u00eda experimentar, por el m\u00e9todo de la diferencia, lo que era la humanidad moral entregada a s\u00ed misma y sin ning\u00fan auxilio. En cuanto a la humanidad presente, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l, ah\u00ed est\u00e1n los peri\u00f3dicos, pero no es suficiente.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa lectura de los peri\u00f3dicos de toda clase, tan abundantes hoy, no es suficiente para informarse a gusto sobre el estado moral de un pueblo. Los relatos de los viajeros inteligentes e imparciales que van a un pa\u00eds para estudiarlo y que pasan en \u00e9l un tiempo conveniente nos ense\u00f1an m\u00e1s en unas p\u00e1ginas que todo el f\u00e1rrago de los peri\u00f3dicos en los que se ha de emplear una labor considerable para recoger una escasa informaci\u00f3n. Sin embargo estos viajeros \u00abinteligentes e imparciales\u00bb deben, si queremos verdaderamente que nos instruyan sobre este punto concreto, colocar la situaci\u00f3n moral de un pueblo por encima de todos los dem\u00e1s estados, tanto econ\u00f3mico como pol\u00edtico o art\u00edstico, a este prop\u00f3sito, segu\u00eda diciendo, los relatos de los misioneros cristianos son nuestros mejores medios de estudio\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c9l ten\u00eda la suerte de servirse de las observaciones de estos misioneros. Sabemos que la mayor parte de sus alumnos hab\u00edan estado en las misiones de China y del Oriente Pr\u00f3ximo. La casa madre de su Congregaci\u00f3n, calle de S\u00e8vres, era como un\u00a0 peque\u00f1o G. Q. G. de la Caridad. Los misioneros pasaban y volv\u00edan a pasar. Se los encontraba a menudo en la celda 104, y de todos los tipos: ya modestos soldados de segunda clase del ej\u00e9rcito de caridad, ya cabezas de la Iglesia y obispos misioneros a quienes no se distingu\u00eda por ninguna insignia, a no ser por un cierto atisbo de autoridad en unos rostros muy j\u00f3venes: as\u00ed Mons S\u00e9vat, obispo de Madagascar, Mons Fabr\u00e8gue, obispo de Pek\u00edn. Todos llegaban a declarar, no ya sobre su acci\u00f3n conquistadora, sino sobre esa porci\u00f3n de la especie humana en la que hab\u00edan plantado su tienda.<\/p>\n<p>A\u00f1adid a todo esto, como documentos humanos, las confesiones incesantes de los sacerdotes de la ciudad y de los alrededores, y todo el capital de observaci\u00f3n que se transmite en un ambiente de religiosos que viven entre los hombres, y especializados en el amor de la miseria humana. A\u00f1adid tambi\u00e9n el estudio concienzudo de los documentos b\u00edblicos y evang\u00e9licos en los que se encuentran referidas, fotografiadas, fijadas en filmes hablados, las actitudes del hombre frente al misterio y a la llamada.<\/p>\n<p>Deb\u00edan de hallarse pocos hombres en Par\u00eds, la gran ciudad, que tuvieran a su alcance tales instrumentos de investigaci\u00f3n reales sobre el hombre moral. Lo que evidentemente le faltaba al Sr. Pouget era el estudio concreto de los pecadores. Pero por mucho que hubiera conocido uno de esos ambientes corrompidos, habr\u00eda perdido demasiado tiempo, y aparte de un matiz pintoresco, no habr\u00eda enriquecido gran cosa su bagaje de im\u00e1genes fundamentales. Su universo habr\u00eda estado mejor amueblado, m\u00e1s coloreado, pero infinitamente m\u00e1s restringido. Se dir\u00e1 tambi\u00e9n que no ten\u00eda la experiencia del pecado, entiendo del pecado grave y caracterizado, el que mancha y confunde. El cura de Ars no lo conoc\u00eda m\u00e1s, al menos con este conocimiento: existen otras maneras de conocer que la experiencia y, cuando la piedad informa el esp\u00edritu, conoce mejor la esencia del pecado que al pecador mismo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 le ense\u00f1aba entonces este estudio sobre la miseria humana? Ve\u00e1moslo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abNacemos moralmente en desarrollo, pero no desarrollados: esta condici\u00f3n exige una educaci\u00f3n cuidada y de bastante larga duraci\u00f3n; que en la infancia no ser\u00eda otra cosa que adiestramiento. Cuando ya se ha llegado, no sin trabajo ni ayuda, a un grado conveniente de desarrollo moral, se puede, o bien quedarse estacionario, o avanzar y seguir subiendo. Esta \u00faltima es la opci\u00f3n de los santos y de aquellos que se esfuerzan en imitarlos. Pero estas almas elegidas que superan todos los obst\u00e1culos y no conocen l\u00edmite a su ascensi\u00f3n moral, se encuentran casi exclusivamente en el catolicismo, y aun aqu\u00ed no son muy numerosas. El gran n\u00famero lo forman aquellos que, despu\u00e9s de un desarrollo moral medio, pretenden quedarse en un estado estacionario y no siempre lo consiguen. Lo que se opone a nuestra estabilidad en el estado de moralidad media al que hemos llegado es la lucha continua que tenemos que mantener contra nuestros enemigos internos y los esfuerzos que hemos de hacer siempre para no ser arrastrados por la corriente externa del medio en el que nos vemos obligados a vivir. El medio nos seduce con las palabras y con los ejemplos, y a veces nos obliga al mal con los malos tratos. Lo enojoso del caso es que los enemigos exteriores est\u00e1n en relaci\u00f3n con enemigos interiores de los que no nos podemos deshacer. Estos \u00faltimos son nuestras tendencias sensitivas que, si no est\u00e1n ordenadas por la raz\u00f3n y hasta frenadas de vez en cuando por la voluntad, rebajan al hombre al nivel del animal superior, sino por debajo como sucede con demasiada frecuencia\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, si examinamos la especie humana, vemos que estas ca\u00eddas han sido numerosas y de consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abAntes de Cristo, Dios no era conocido verdaderamente m\u00e1s que en Israel y la moral religiosa no exist\u00eda; s\u00f3lo estaba el sentimiento religioso, natural al hombre, fan\u00e1tico en algunos pueblos, m\u00e1s o menos tibio en otros. El culto, expresi\u00f3n de este sentimiento, estaba en todo lugar mezclado con supersticiones vulgares, suciedades de toda suerte y en no pocos lugares hasta con crueldades, que llegaban a los sacrificios humanos. La moral para consigo mismo no era exigida m\u00e1s que por el bienestar al que ayudaba el instinto de conservaci\u00f3n: era pues casi desconocida en el interior de la vivienda, y en lo referente a regular y moderar las pasiones, s\u00f3lo se les ocurr\u00eda a los Estoicos, pero se pasaban un poco imponiendo a todos pr\u00e1cticas propias de los ascetas y que no deban adoptarse sino con prudencia y plena libertad; los Estoicos no eran numerosos tampoco y habr\u00eda resultado en vano buscarles disc\u00edpulos entre la gente. En lo que hace a los deberes con nuestros semejantes, un buen n\u00famero de sabios conocieron la justicia, contenida en ese dicho: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, pero s\u00f3lo el Evangelio nos ha ense\u00f1ado la caridad, contenida en la m\u00e1xima: Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hac\u00e9dselo vosotros a ellos (Mt VII, 12). Hab\u00eda afecto rec\u00edproco entre parientes pr\u00f3ximos y amigos, es decir en c\u00edrculos reducidos, pero la caridad sin distinci\u00f3n de personas y sobre todo hacia los desdichados no era conocida ni practicada. Los grandes explotaban a los peque\u00f1os, los fuertes oprim\u00edan a los d\u00e9biles; esto se hac\u00eda sin forma ni medida y el resultado era la esclavitud de la mayor parte de la poblaci\u00f3n en provecho de la menor. En estas condiciones, el hombre era tratado como un animal dom\u00e9stico, al que se vende o se guarda en casa, al que se le permite o no se le permite propagarse y hasta se le priva de la progenitura de sus autores.<\/p>\n<p>Desde el principio de nuestra era, las cosas han ido cambiando y mejorando poco a poco en los ambientes sociales que recibieron el Evangelio y se dejaron influir m\u00e1s o menos. Parece que desde ese tiempo nuevo, el hombre puede ya sostenerse por sus solas fuerzas. Pero existe aqu\u00ed una ilusi\u00f3n cuya causa es que nuestras experiencias y nuestras observaciones se realizan en pa\u00edses todav\u00eda cristianos o que conservan un fondo serio de cristianismo: la mayor parte de los habitantes recibieron en la infancia, y a menudo tambi\u00e9n en la primera juventud, una educaci\u00f3n a la vez moral y religiosa; son reservas que los des\u00f3rdenes morales de la vida consiguen raramente hacer desaparecer del todo. Pero en las regiones que no conocieron el Evangelio o muy superficialmente, sucede ordinariamente lo contrario: una falta lleva a otra hasta que el hombre cae en un estado completamente amoral. En las poblaciones que no poseen tan siquiera una civilizaci\u00f3n puramente material, tal y como se las ve quiz\u00e1s todav\u00eda en el centro del continente negro, los grandes y los fuertes se comen, podr\u00edamos decir, a los peque\u00f1os y a los d\u00e9biles, y los segundos les pagar\u00edan con la misma moneda a los primeros si pudieran; all\u00ed, el hombre es apenas un animal superior, que se sirve de la raz\u00f3n para hacer el mal, como nosotros con demasiada frecuencia s\u00f3lo empleamos nuestros descubrimientos para destruirnos. En los pa\u00edses de civilizaci\u00f3n material relativa, pero que apenas han recibido el Evangelio, como es todav\u00eda el caso de las inmensas regiones del Extremo Oriente, hay una moral exterior pero es la sociedad la que la impone a sus miembros como condici\u00f3n necesaria de su existencia y de una marcha un poco regular de su funcionamiento: es una apariencia de moral y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>De todo esto sale una conclusi\u00f3n un tanto sorprendente: que se encuentre el pecado en el mundo moral no tiene nada de particular; s\u00f3lo Dios es impecable por naturaleza; los seres creados, sea cual fuere su perfecci\u00f3n, no son impecables m\u00e1s que por privilegio, excepto, al parecer, cuando han llegado al estado de beatitud sobrenatural. Lo que sorprende, cuando se reflexiona, es la gran capacidad de pecar del mundo moral del que formamos parte.<\/p>\n<p>Los resultados que la historia del pasado y la observaci\u00f3n del presente nos ponen ante los ojos sobre el estado del mundo moral en la superficie del globo son desoladores y llevar\u00edan al sabio a preguntarse si el autor del mundo moral ha provisto suficientemente a las necesidades de nuestra especie\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, en estos campos invisibles sobre los que la revelaci\u00f3n nos ofrece oscuras claridades, aprendemos por ella que ha habido tambi\u00e9n ca\u00eddas: algunos \u00e1ngeles eligieron el mal y cayeron.<\/p>\n<p>Desde entonces el problema que impresiona la mente humana sobre el mundo moral se puede resumir as\u00ed: \u00bfde d\u00f3nde procede la miseria del mundo moral? \u00bfC\u00f3mo explicarla junto a su grandeza? \u00bfPor qu\u00e9 quiso Dios este mundo tan lleno de dones y de privilegios y sin embargo tan fr\u00e1gil, y tan f\u00e1cilmente, tan terriblemente culpable? \u00bfC\u00f3mo se entiende esta misericordia junto a esta justicia? Quien haya podido responder a estos problemas, habr\u00e1 disipado el esc\u00e1ndalo que impresiona a tantas mentes ante la obra divina y que se resume en lo que llamamos el mal. Si Deus est, unde malum?<\/p>\n<h3>Cristo y el Mundo moral<\/h3>\n<p>Acudamos de entrada al principio que inspiraba al Sr. Pouget en todas sus reflexiones y que hab\u00eda sacado de san Pablo y de san Juan, las dos columnas. Consist\u00eda en no separar el mundo moral humano de la persona de Cristo en su centro. Cuando se examina el mundo moral seg\u00fan el m\u00e9todo del fil\u00f3sofo, se examina una posibilidad que de hecho no se ha realizado. Es cierto que semejante m\u00e9todo es necesario, cuando se quiere respetar la estructura del ser, cuando se quiere caminar per vias rectas de la raz\u00f3n a la fe, como ya lo hemos se\u00f1alado al principio de este cap\u00edtulo, pero no ser\u00eda suficiente si uno se limita a \u00e9l, porque le faltar\u00eda realismo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, aun si la raz\u00f3n argumentara sola, deber\u00eda encarar la realidad del mal, y dado que por s\u00ed misma no puede proponer ning\u00fan remedio, pronto caer\u00eda en el peligro o bien de resignarse a no ver lo que es o bien a caer en la desesperaci\u00f3n. Es de tal manera tentador\u00a0 pasar por alto la existencia de la falta, reduci\u00e9ndola a una especie de fealdad del ser como los Griegos, o coloc\u00e1ndose, como Kant, en ese estado ideal y ficticio en el que la conciencia se identificar\u00eda con la ley. Y, si no se aceptan sus soluciones irreales, entonces uno se extra\u00f1a de que el mal reine en el mundo sin contrapartida, y el hombre llega a dudar de lo que es \u00e9l.<\/p>\n<p>Esto porque la soluci\u00f3n de la raz\u00f3n pura desde\u00f1a un dato del problema, que sola la fe conoce. Este mundo moral no se sostiene por s\u00ed mismo. No subsiste solo. Es en Cristo donde hay que verlo. Es as\u00ed al menos como \u00e9l lo examinaba. Y vamos a decir c\u00f3mo.<\/p>\n<p>1\u00ba Demostraba que Cristo eleva el mundo moral a un grado de excelencia sublime por su Encarnaci\u00f3n;<\/p>\n<p>2\u00ba Despu\u00e9s, que ofrece a los seres del mundo moral los medios sobreabundantes de reparar sus ca\u00eddas por los m\u00e9ritos infinitos de sus sufrimientos redentores.<\/p>\n<p>Cristo eleva el Mundo moral a una sublime excelencia por su Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para el Sr. Pouget, Cristo, en cuanto hombre, era la cabeza, el jefe del mundo moral. No solamente forma parte de \u00e9l, seg\u00fan se ha de concluir por lo que dice san Pablo (Ef I, 3-10), sino que tambi\u00e9n est\u00e1 en el mundo moral como un centro al que<\/p>\n<p>&#8211; \u00abvan unidos todos los \u00f3rdenes de este mundo, \u00fanico o m\u00faltiple; es una cabeza en la que se resume en una calidad sobreeminente toda la perfecci\u00f3n de este enorme cuerpo, que anima todas sus acciones y que dirige todas sus partes. Seg\u00fan san Pablo, en Cristo se re\u00fanen \u2013 o se incorporan- todas las cosas del cielo y de la tierra. Pues, seg\u00fan el contexto, estas cosas no son ni los cuerpos celestes ni los elementos terrestres, sino los seres del mundo moral, ya que al llegar la plenitud de los tiempos Dios, seg\u00fan su ben\u00e9vola voluntad, realiz\u00f3 su plan de incorporar o hacer terminar en Cristo todo cuanto hay en el cielo y en la tierra, y nada de lo que aqu\u00ed dice el ap\u00f3stol puede entenderse de los elementos materiales del cielo y de la tierra.<\/p>\n<p>Entonces Cristo re\u00fane en s\u00ed el mundo moral entero, visible e invisible. El primero de estos mundos, parte inferior del todo y compuesto de esp\u00edritus incorp\u00f3reos, el Salvador se lo incorpora por su comunidad de naturaleza con nosotros. Al segundo de estos mundos, compuesto de esp\u00edritus puros en todos sus \u00f3rdenes, por su alma, superior en perfecci\u00f3n a todo esp\u00edritu creado, aunque no sea m\u00e1s que un alma humana. Por otra parte, Cristo Hombre sobrepasa en dignidad a todos los seres de orden moral, a causa de la apropiaci\u00f3n que el Hijo eterno de Dios se hizo de nuestra naturaleza. Adem\u00e1s, en Cristo Hombre, tal y como nos lo representan el conjunto de los Evangelios seg\u00fan testigos oculares inmediatos o casi inmediatos, advertimos un equilibrio perfecto de fuerza y de dulzura, de calma y de actividad, en una palabra una medida que no encontramos para ninguno de nuestros semejantes en la historia profana o sagrada, ni para ninguno de los esp\u00edritus celestes que intervienen tan a menudo en los relatos b\u00edblicos. Los grandes y los peque\u00f1os no existen para el Cristo de los Evangelios: \u00e9l humilla tan f\u00e1cilmente el orgullo de los primeros como eleva la bajeza de los segundos; habla con la misma facilidad del cielo y de la tierra, del tiempo y de la eternidad. Encarna la perfecci\u00f3n moral del hombre en su m\u00e1s alta excelencia.<\/p>\n<p>Como cada ser del mundo moral depende directamente de Dios, el mundo moral, aun en la Encarnaci\u00f3n, ten\u00eda un centro que un\u00eda a todos sus miembros y una cabeza que los dirig\u00eda a todos; pero este centro y esta cabeza que eran Dios mismo no formaban ni pod\u00edan formar parte del mundo moral, a causa de la perfecci\u00f3n infinita de la divinidad. Cristo, en cambio, como hombre verdadero, puede formar parte del mundo moral, pues aunque en \u00e9l el hombre tenga una dignidad infinita como parte integrante, ya que no necesaria ni perfeccionante, de una persona divina, sin embargo su naturaleza humana es cosa creada, y por ello finita, pero la m\u00e1s perfecta de las cosas finitas. Cristo puede entonces entrar en el mundo moral, pero con un lugar aparte del todo, es decir como centro y como cabeza. Posee esa doble cualidad como Hijo propio del Padre (Rom VIII, 32), pero, debido a este t\u00edtulo, \u00e9l lo tiene necesariamente y no por amor y por elecci\u00f3n y no est\u00e1 en el mundo moral sino que est\u00e1 siempre infinitamente por encima.<\/p>\n<p>Al contrario, por su naturaleza humana, el Salvador puede naturalmente entrar en el mundo moral y ocupar en \u00e9l el lugar que le conviene; pero es preciso que lo quiera, ya que no se ve obligado a ello. \u00bfLo quiso?\u00a0 Tenemos en san Pablo (Ef I, 3-10) un pasaje de los m\u00e1s notables que permite una respuesta afirmativa: la voluntad ben\u00e9vola del Padre se propuso recapitular en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra, o de reunir en Cristo como en la cabeza todo lo que hay en el cielo y en la tierra. Todos estamos incorporados a Cristo Hombre naturalmente, porque toda rodilla, aun en el cielo, debe doblarse ante Aqu\u00e9l a quien el Padre ha dado el nombre que est\u00e1 sobre todo nombre (Flp II, 5-11). Por la Encarnaci\u00f3n el mundo moral, la parte m\u00e1s alta de la creaci\u00f3n, es elevado en su cabeza, Cristo Hombre, a los honores de la Divinidad. Cristo es pues en cuanto hombre cabeza y centro del coraz\u00f3n del mundo moral, del que no forma parte m\u00e1s que a t\u00edtulo de hombre, pero como un principio que, seg\u00fan el pensamiento del Ap\u00f3stol, vivifica, dirige y domina a todo ese vasto cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget encontraba estos pensamientos en san Pablo. Habr\u00eda podido sacarlos de san Juan. Y los textos famosos de dos Sin\u00f3pticos sobre el omnia mihi tradita sunt a Patre, certificados por la tradici\u00f3n cr\u00edtica, le parec\u00edan contener la primera expresi\u00f3n de esta doctrina, tal como hab\u00eda salido de la boca misma de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Cristo no se limita a habitar el mundo moral \u00edntima y oscuramente, instruye a los miembros de su cuerpo m\u00edstico mediante la gran obra de su Iglesia, que manifiesta la sabidur\u00eda de Dios a los esp\u00edritus celestiales, al propio tiempo que es un medio seguro de salvaci\u00f3n para todos los hombres. \u00c9l los instruye cada vez m\u00e1s por sus acciones y las virtudes que sus acciones revelan. \u00bfCu\u00e1l es en efecto para un ser del orden moral el punto culminante de la perfecci\u00f3n?<\/p>\n<p>&#8211; \u00abEs caminar libremente al un\u00edsono con la voluntad divina, por dif\u00edcil que sea lo que pide a su criatura, y sin tratar de adivinar el motivo que legitima la orden, cuando se sabe que esta orden viene de arriba; cada orden en efecto no es m\u00e1s que la aplicaci\u00f3n a un caso particular de la ley eterna, seg\u00fan la cual Dios rige todos los mundos y el mundo moral ante todo. Ahora bien, para obedecer a la voluntad del Padre, Cristo en\u00a0 cuanto hombre sacrific\u00f3 su vida humana\u00a0 por el suplicio infamante y muy doloroso de la crucifixi\u00f3n. El Salvador hab\u00eda previsto esta muerte y la hab\u00eda anunciado varias veces a sus disc\u00edpulos; es verdad que en Getseman\u00ed pidi\u00f3 al Padre que alejara de \u00e9l, si era posible, aquel c\u00e1liz amargo, pero enseguida a\u00f1ad\u00eda: &#8216;Sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres t\u00fa&#8217;, dirigi\u00e9ndose al Padre. Nunca un ser creado ha obedecido a Dios con tanta perfecci\u00f3n en su voluntad y tanto sacrificio en su persona\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed, por Cristo y en Cristo, el mundo moral se basta y posee en s\u00ed mismo todo aquello que puede necesitar para perfeccionarse. Rinde a Dios un homenaje digno de \u00e9l. Con la Encarnaci\u00f3n se puede decir pues que se\u00a0 termin\u00f3 la obra de Dios.<\/p>\n<p>Hasta este punto de nuestro an\u00e1lisis, no hemos hablado de las miserias propias del mundo moral ni de su falibilidad esencial. Pero ya nos damos cuenta de que el mundo moral recibe por la sola Encarnaci\u00f3n una riqueza y una grandeza espirituales sin comparaci\u00f3n: por lo tanto, su debilidad se encuentra ya reparada por parte de Dios, pues la proporci\u00f3n del mal, por grande que sea, se empeque\u00f1ece ante la del Bien. Por fin por la presencia en su centro del Hijo encarnado, por sus ejemplos y por su gracia, el mundo moral recibe un perpetuo auxilio, que le ayuda a mantenerse, a sostenerse: tiene de qu\u00e9 vivir sin\u00a0 caer.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s, tiene con qu\u00e9 levantarse, si cae. Esto es lo que nos queda por ver.<\/p>\n<p>Cristo ofrece a los seres de este Mundo moral los medios<\/p>\n<p>de reparar sus ca\u00eddas: la Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando Dios es conocido y el mundo moral halla en \u00e9l su fuente primera y su fundamento supremo, entonces la noci\u00f3n del pecado se transforma. La culpa no es ya una mancha externa, ni una imperfecci\u00f3n \u00edntima, ni una degradaci\u00f3n frente a nuestra propia conciencia, sino que se convierte en una transgresi\u00f3n de la ley establecida por Dios mismo. A esta ley se a\u00f1ade la ley positiva promulgada por Cristo Hombre-Dios. Toda transgresi\u00f3n es pues un desprecio, al menos indirecto, del Legislador supremo. Si sucediera en fr\u00edo y con pleno conocimiento de causa (lo que a los ojos del Sr. Pouget deb\u00eda de ser bastante raro en los hombres), el desprecio ser\u00eda directo, flagrante, escandaloso. Y adem\u00e1s, cualquiera que sea el grado del ultraje que hacemos al Ser infinito con nuestros pecados, es imposible al hombre repararlo. Y no es porque un ser finito pueda hacer a Dios un ultraje infinito, como algunas mentes exageradas se permiten decir. Ni tampoco porque causemos da\u00f1o a Dios con nuestros pecados: \u00abSe dice a veces en las homil\u00edas, nos confesaba, yo mismo lo he dicho, pero no lo veo en la Escritura. Un santo da a Dios todo lo que puede. Un pecador s\u00f3lo se hace da\u00f1o a s\u00ed mismo.\u00bb\u00a0 Pero, si Dios est\u00e1 demasiado alto para que puedan alcanzarle nuestros ultrajes, la verg\u00fcenza al menos nos abruma, y nos hace caer del estado de sobrenaturaleza al que Dios nos ha destinado y al que s\u00f3lo \u00e9l nos puede devolver: si nos reintegra en \u00e9l, se dice que nos perdona; pero el perd\u00f3n es un regalo, y nadie puede estar obligado a perdonar, a no ser que se obligue a s\u00ed mismo de alguna manera.<\/p>\n<p>Esto es lo que la Trinidad santa quiso permitiendo las humillaciones y los sufrimientos de Cristo Hombre.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abSi Cristo carga con los pecados de todo el mundo moral cuya cabeza es, puede por sus humillaciones, cuyo m\u00e9rito es infinito por causa de la persona del Hijo que las soporta por su naturaleza humana, puede, decimos, rendir a la Trinidad santa homenajes capaces, cada uno en particular, de reparar todos los ultrajes del mundo moral a la Divinidad. Cristo es pues capaz, el \u00fanico capaz, de hacernos recobrar lo que hemos perdido por estas mismas faltas. Es suficiente que quiera cargar con nuestros pecados a su naturaleza humana inocente y que el Padre acepte esta sustituci\u00f3n del inocente en lugar de los culpables. Es un igual, el Hijo, quien ante sus iguales, el Padre y el Esp\u00edritu Santo, ha intercedido como hombre a favor de numerosos hermanos de quienes es el primog\u00e9nito, y esta intercesi\u00f3n ha sido acogida favorablemente\u00bb.<\/p>\n<p>Las grandes aguas del pecado no podr\u00e1n pues engullir el Amor de Dios en Cristo, ya que no existe proporci\u00f3n entre lo que es finito y lo que es infinito. El pecado y la redenci\u00f3n no son del mismo orden. Finito s\u00f3lo el pecado, infinita la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget, en su \u00faltimo trabajo se hab\u00eda dedicado a desarrollar estas ideas. Como el viejo san Juan, acababa por el amor, que desecha todo temor, menos para aquellos que se niegan obstinadamente al amor. \u00bfCu\u00e1ntas veces no habr\u00e1 dicho que \u00abla Encarnaci\u00f3n redentora del Hijo eterno de Dios da a Dios infinitamente m\u00e1s gloria y honor que los pecados de los hombres, aun llevados al absoluto, le habr\u00edan podido sustraer?\u00bb<\/p>\n<h3>El origen del mal moral y la redenci\u00f3n<\/h3>\n<p>Nos quedaba todav\u00eda un problema, de importancia a pesar de ser secundario, aunque haya ocupado desde hace quince siglos a esta parte un lugar preponderante en las especulaciones sobre el mal, el del origen del mal moral, el de la primera ca\u00edda, y de sus consecuencias funestas.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las causas del fracaso de la humanidad y de este desequilibrio de nuestra especie, y tambi\u00e9n de esta privaci\u00f3n de gracia en la que nacemos? Al crearnos libres a su imagen y semejanza, \u00bfno habr\u00eda podido Dios crearnos m\u00e1s fuertes y m\u00e1s capaces de conservar los dones? Adem\u00e1s, si resolvi\u00f3 en su bondad elevarnos a una vida superior, \u00bfpor qu\u00e9 no nos la otorga en el nacimiento mismo? Y sobretodo, \u00bfc\u00f3mo explicar que la falta de Ad\u00e1n haya sido la causa de nuestro nacimiento fuera del estado sobrenatural al que aun as\u00ed estamos destinados? Lo sobrenatural no nos es debido; la soberana bondad nos lo puede conceder con las condiciones de su agrado. Pero, si la justicia de Dios no se cuestiona, \u00bfse podr\u00e1 decir otro tanto de su sabidur\u00eda? \u00bfCu\u00e1ntos ni\u00f1os muertos sin el bautismo antes y despu\u00e9s de Cristo, quienes han sido, quienes son o ser\u00e1n privados de bienaventuranza celestial, sin que exista de por medio falta alguna por su parte? En estas condiciones llega uno a preguntarse si era digno de la sabidur\u00eda divina poner en manos de Ad\u00e1n y Eva, pareja probablemente adolescente y en todo caso inexperta, la suerte eterna de la especie humana entera. \u00bfNo existe una desproporci\u00f3n tan grande entre la causa y el efecto que parece incompatible con la idea de la raz\u00f3n? Y sin embargo Dios no hace nada sin raz\u00f3n, y \u00e9l mismo es la suprema raz\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget se entregaba a estos problemas bien a su pesar y para sostener a bien altas inteligencias que se sent\u00edan atormentadas y frenadas en el dintel de la fe por las dificultades del dogma del Pecado original. Era, seg\u00fan lo henos visto, una de sus ideas m\u00e1s queridas que los dogmas no se nos hab\u00edan dado para satisfacer nuestras curiosidades, por leg\u00edtimas que fueran, sino para revelarnos las verdades necesarias a nuestra salvaci\u00f3n, sin dejarnos demasiado ir m\u00e1s all\u00e1. Algo que est\u00e1 claro en la Escritura es que nacemos fuera de la gracia aunque para la gracia, y en el desequilibrio de las potencias. Y lo que se halla expuesto en el cap\u00edtulo V de la Ep\u00edstola a los Romanos es que la causa de este estado es el pecado de Ad\u00e1n en el Para\u00edso; pero aqu\u00ed la luz es menor. Porque, \u00bfqui\u00e9n sondear\u00e1 los planes divinos, qui\u00e9n podr\u00e1 decir que esta causa es la \u00fanica causa de la conducta divina y de nuestro nacimiento en la privaci\u00f3n de la sobrenaturaleza y en el desorden de la naturaleza? P\u00edo V defini\u00f3 contra Bayo que el estado en el que vivimos en el mundo no es tal que no se pueda explicar con el pecado, como lo pensaba por ejemplo Pascal. Dios habr\u00eda podido, si hubiera querido, crearnos en el estado en que actualmente nacemos.<\/p>\n<p>El esfuerzo del Sr. Pouget no consist\u00eda en interpretar, con riesgo de minimizarlo o de desfigurarlo, el dogma del pecado original: era todo lo enemigo del gnosticismo que pod\u00eda. Su natural lo llevaba hacia lo positivo, a comprender con la precisi\u00f3n m\u00e1s minuciosa lo que se hab\u00eda definido exactamente en los anatemas de los Concilios, tanto en Orange contra los semipelagianos, en el clima agustiniano, como en Trento, contra los protestantes, y en el clima tomista.<\/p>\n<p>Para saber el alcance de las definiciones de la Iglesia, se han de conocer cu\u00e1les son los errores que los Padres se proponen condenar. El sentido de una definici\u00f3n se limita en los anatemas a la negaci\u00f3n de un error; si lo extendemos nos exponemos.<\/p>\n<p>La muerte le sorprendi\u00f3 en estos estudios, por eso no insistiremos, por el peligro de tomar como declaraci\u00f3n definitiva de su pensamiento lo que no era m\u00e1s que\u00a0 medio y que hip\u00f3tesis. Limit\u00e9monos a las directrices.<\/p>\n<p>El primer resultado \u00fatil de su estudio era corroborar con argumentos sacados de la historia lo que es de com\u00fan ense\u00f1anza. La noci\u00f3n de pecado se ha desarrollado y precisado de treinta siglos para ac\u00e1. Hemos asociado cada vez m\u00e1s la idea de pecado a la de responsabilidad personal. A nuestros ojos el pecado es un acto interior hecho con plena conciencia y que no se puede imputar m\u00e1s que a la persona que lo ha cometido libremente.<\/p>\n<p>Nadie podr\u00eda pecar por m\u00ed. Y yo no puedo sufrir el castigo que corresponde al pecado de otro. Por esta raz\u00f3n el pecado original no se parece al pecado propiamente dicho m\u00e1s que por su efecto que es privarnos de la gracia. Una culpa grave tiene un doble efecto. El primero es el de constituirnos en deudores para con la justicia divina: ese efecto afecta a la persona que ha pecado y no se podr\u00eda trasmitir. El Sr. Pouget dec\u00eda con energ\u00eda, seg\u00fan el pensamiento del profeta Ezequiel: \u00abNadie puede ser condenado a una pena ni a una verg\u00fcenza sin fin por un pecado cometido por otro; ir\u00eda contra toda justicia y violar\u00eda la ley moral misma.\u00bb Pero existe un segundo efecto del pecado, que es debilitar el vigor moral del pecador, lo que influye en su vida por el juego de la mala costumbre, lo que puede incluso pasar a su entorno por contagio de la influencia y a sus descendientes por herencia. La transmisi\u00f3n de estos \u00faltimos efectos no es tan s\u00f3lo posible, sino real con demasiada frecuencia.<\/p>\n<p>La Iglesia ha ense\u00f1ado que existe finalmente un tercer efecto, en lo que se refiere al pecado de Ad\u00e1n, y que consiste en privarnos de la gracia y vulnerar la naturaleza. Pero aqu\u00ed, el Sr. Pouget se preguntaba si, en el plan divino, el pecado de Ad\u00e1n era la \u00fanica causa de que naci\u00e9ramos destinados a la gracia pero privados de ella por el momento. Una palabra que le hab\u00eda llamado largamente la atenci\u00f3n era la de constitutus que se halla en el primer canon de la sesi\u00f3n V del Concilio de Trento; en \u00e9l vemos que Ad\u00e1n por su pecado perdi\u00f3 la justicia y la santidad en la que hab\u00eda sido establecido; in qua constitutus fuerat. As\u00ed, el concilio no dijo que el primer hombre fue creado (creatus) en el estado de gracia, sino que fue establecido (constitutus) en este estado. El concilio redact\u00f3 as\u00ed su decreto para dejar libertad a las diferentes escuelas de teolog\u00eda: cuando esta libertad se ejerce sin da\u00f1o para el dogma cat\u00f3lico es costumbre de la Iglesia preservarla. En el siglo XVI la mayor parte de los te\u00f3logos pensaban con santo Tom\u00e1s que Ad\u00e1n\u00a0 hab\u00eda sido creado en estado de gracia, y la Biblia, dec\u00eda el Sr. Pouget, parece darles raz\u00f3n, si bien en esta materia no se han de presionar demasiado los viejos textos. En todo caso, otros te\u00f3logos como Pedro Lombardo, Ricardo de San-V\u00edctor, Duns Escoto y sobre todo san Buenaventura, pensaban que Ad\u00e1n no hab\u00eda sido establecido en estado de gracia hasta poco despu\u00e9s de su creaci\u00f3n; primero, aunque hubiera sido creado en un estado de integridad y de justicia natural con el dominio espont\u00e1neo de sus inclinaciones inferiores, s\u00f3lo se encontraba en estado de inocencia y de amistad natural de\u00a0 Dios, pero en vistas de una amistad sobrenatural muy cercana. En este caso, se le habr\u00eda dado la gracia despu\u00e9s de una prueba y cuando hubiera sido capaz y digno de recibirla. Los Padres, tomados individualmente, se inclinaban por la doctrina tomista, pero no quisieron excluir la otra idea. Es pues libre aceptarla. Y \u00e9l se inclinaba hacia esta segunda hip\u00f3tesis. Pensaba entonces que Ad\u00e1n hab\u00eda sido creado no en gracia, sino para la gracia. Este modo de ver parec\u00eda deducirse de lo que se dice sobre Ad\u00e1n en el G\u00e9nesis (si al menos se comparan los dos relatos de la creaci\u00f3n); y, adem\u00e1s, le parec\u00eda m\u00e1s conforme al modo seg\u00fan el cual el gobierno divino conduce a la bienaventuranza a los seres del orden moral por la infusi\u00f3n de la gracia: Dios opera y estos seres libremente cooperan, lo que no pueden hacer sin emplear la raz\u00f3n. El Sr. Pouget pensaba tambi\u00e9n que, si Ad\u00e1n no hubiera pecado, los descendientes habr\u00edan pasado por la misma situaci\u00f3n que su primer padre y sin gozar del privilegio que la Iglesia ha definido para la madre del Hombre-Dios: habr\u00edamos venido al mundo en el estado de inocencia y no habr\u00edamos recibido la gracia m\u00e1s que cuando hubi\u00e9ramos sido capaces de cooperar con ella. Me temo que esto parezca a muchos una suposici\u00f3n del todo ociosa. Suponer lo que Dios habr\u00eda hecho si Ad\u00e1n no hubiera pecado, es colocarse en una hip\u00f3tesis irreal, y todos saben qu\u00e9 dif\u00edcil es en la simple historia humana decir lo que habr\u00eda sucedido si tal suceso no se hubiera producido, preguntarse por ejemplo qu\u00e9 ser\u00eda el cristianismo sin el apostolado de san Pablo o el mundo sin el cristianismo. Pero la perspectiva de una historia posible y no realizada ayuda a comprender mejor la historia real. Por lo dem\u00e1s sea como fuere esta visi\u00f3n de nuestro autor, ella tend\u00eda, en su mente, a hacer ver, seg\u00fan el pensamiento de P\u00edo V, que el estado en que venimos al mundo no era un estado de condenaci\u00f3n y que la naturaleza, si bien vulnerada por la primera culpa, no estaba de ninguna manera corrompida ni viciada, como cre\u00edan los luteranos. \u00c9l, por su parte, no echaba de menos el estado de inocencia de Ad\u00e1n en el para\u00edso. Le o\u00ed decir varias veces que prefer\u00eda estar con Cristo en este valle de miseria y de muerte, antes que estar sin \u00e9l e inmortal en medio del para\u00edso. En un mundo sin Cristo, el pecador habr\u00eda estado continuamente expuesto a perderse: con la redenci\u00f3n, el mundo moral tiene la seguridad de no caminar hacia la ruina, ya que Dios se ha comprometido a perdonar siempre el verdadero arrepentimiento. \u00abAhora, en medio de las dificultades sin cuento, sol\u00eda decir, ten\u00e9is una cantidad de hombres m\u00e1s virtuosos que la primera pareja\u00bb. Y los ni\u00f1os de padres bautizados gozan de una ventaja incomparable. Si no han sido creados en la gracia, se encuentran establecidos en la amistad de Cristo desde el nacimiento.<\/p>\n<p>Y cuando se le opon\u00eda el famoso paralelo de san Pablo entre Ad\u00e1n, quien nos constituye en pecadores por su desobediencia y Cristo que nos constituye en justos por su obediencia, hac\u00eda esta observaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abSi verdaderamente hubi\u00e9ramos pecado en Ad\u00e1n y hubi\u00e9ramos sido constituidos realmente pecadores, habr\u00eda que confesar que Ad\u00e1n habr\u00eda sido m\u00e1s fuerte para perdernos que lo que Cristo es para salvarnos. En efecto, Ad\u00e1n nos habr\u00eda perdido y condenado a pesar de nosotros, mientras que Cristo para salvarnos tiene necesidad de nuestro consentimiento y de nuestra libre cooperaci\u00f3n. Tal no es el pensamiento de san Pablo, quien al contrario se propone demostrar la excelencia del nuevo Ad\u00e1n cuya obediencia nos ha justificado infinitamente m\u00e1s de lo que la desobediencia del primer Ad\u00e1n\u00a0 nos hab\u00eda perdido.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Mundo moral El segundo cuidado\u00a0 de nuestro autor era colocarse en presencia de este mundo invisible del que el hombre forma parte por lo alto e \u00edntimo del ser, y que \u00e9l llamaba el &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xv\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":129409,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[16],"tags":[],"class_list":["post-29021","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-congregacion-de-la-mision"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Retrato del sr. 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[ De la \u00edndole objetiva del orden moral). El S. Concilio en memoria del dicho apost\u00f3lico: \"Esta es pues la voluntad de Dios vuestra santificaci\u00f3n\" (I Ts. 4,3), confiesa solemnemente que existe el orden moral, ordenaci\u00f3n del mismo Dios infinitamente bueno\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Cristiana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Cristiana","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-cristiana\/"},"img":{"alt_text":"orden moral1","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/orden-moral1.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":126396,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/del-orden-moral-cristiano-ii\/","url_meta":{"origin":29021,"position":1},"title":"Del orden moral cristiano (II)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"09\/12\/2013","format":false,"excerpt":"Cap\u00edtulo 2: DE CONCIENCIA CRISTIANA \u00a0\u00a0\u00a0 7. [Qu\u00e9 es conciencia). 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