{"id":28951,"date":"2013-11-24T07:05:04","date_gmt":"2013-11-24T06:05:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/28951\/la-supersticion-superada-rue-du-bac-6-instantes-eternos\/"},"modified":"2016-07-26T17:29:08","modified_gmt":"2016-07-26T15:29:08","slug":"la-supersticion-superada-rue-du-bac-6-instantes-eternos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-supersticion-superada-rue-du-bac-6-instantes-eternos\/","title":{"rendered":"La superstici\u00f3n superada. Rue du Bac. 6. Instantes eternos"},"content":{"rendered":"<h2>6.\u00a0Instantes eternos<\/h2>\n<p>La Conversi\u00f3n de Ratisbonne<\/p>\n<p>Hace tiempo he publicado una obra sobre la conversi\u00f3n de Ratisbonne. He aqu\u00ed su contenido:<\/p>\n<h2><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/Guatemala-casa-madre_JPG1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-27264\" title=\"Guatemala-casa-madre_JPG\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/Guatemala-casa-madre_JPG1-300x225.jpg?resize=300%2C225\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a><\/h2>\n<p>Si alguna vez la palabra <em>conversi\u00f3n, <\/em>en su sentido eti\u00admol\u00f3gico de <em>vuelta, <\/em>o m\u00e1s concretamente de cambio brusco y completo del estado del esp\u00edritu, debe ser empleada, es precisamente aqu\u00ed.<\/p>\n<p>El jueves, 20 de enero de 1842, a la una de la tarde, Ra\u00adtisbonne que era un israelita ferviente, instruido, seductor, amigo del mundo y caritativo, no ten\u00eda para la religi\u00f3n cat\u00f3lica romana, que conoc\u00eda perfectamente en todo su exte\u00adrior, m\u00e1s que odio y desprecio. A la una y diez, despu\u00e9s de un acontecimiento ps\u00edquico que voy a intentar describir y explicar, Ratisbonne pide con insistencia el bautismo, se adhiere a la fe cat\u00f3lica que no le resulta extra\u00f1a. Renuncia a todo. Acepta ser despreciado por los suyos.<\/p>\n<p>Llega hasta el extremo en las nuevas exigencias de po\u00adbreza, castidad, abnegaci\u00f3n, sacrificio hasta su muerte, el 6 de mayo de 1884.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n, por la fe sabia y por la incredulidad cr\u00edtica, sea para encumbrar a Ratisbonne, sea al contrario para empeque\u00f1ecerlo, amigos y adversarios han comparado a Ratisbonne con san Pablo, y el acontecimiento de 1842 en la capilla de San Andrea delle Frate con el camino de Da\u00admasco. Las dos conversiones se oscurecieron \u2014o se aclara\u00adron\u2014 una con otra. En todo caso, para quien prescinde del tiempo y de los dieciocho siglos de duraci\u00f3n que median, las dos conversiones parecen coincidir. Y la una, tan pr\u00f3\u00adxima a nosotros, puede esclarecer por analog\u00eda lo que ocu\u00adrri\u00f3 en los comienzos de la metamorfosis de san Pablo que tuvo tanta influencia en el desarrollo del cristianismo.<\/p>\n<p>Lo que me atrajo de esta conversi\u00f3n, sobre la cual, la lectura de William James y de Goguel, la conversi\u00f3n de Bergson, hab\u00edan despertado mi atenci\u00f3n, fue su instanta\u00adneidad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de consagrar varios a\u00f1os de mi vida al estudio de \u00abTemps dans ses rapports avec l&#8217;Eternit\u00e9\u00bb deber\u00eda, pen\u00adsaba yo (siguiendo las huellas de Plat\u00f3n y Kierkegaard), pararme en la meditaci\u00f3n del \u00abinstante\u00bb que es complemen\u00adtario a la reflexi\u00f3n sobre la <em>Dur\u00e9e.<\/em><\/p>\n<p>La filosof\u00eda moderna (est\u00e9 en la l\u00ednea de Hegel o la de Bergson o la de Teilhard de Chardin) se complace en las \u00abevoluciones\u00bb; subraya aquello que en el tiempo es conti\u00adnuidad, paso, progreso. Pero aquellos que estudian el tiempo m\u00e1s profundamente no ignoran que tambi\u00e9n presenta apa\u00adriciones s\u00fabitas, momentos de eternidad, como si el flujo de la <em>Dur\u00e9e <\/em>fuera de pronto traspasado por la instantaneidad: As\u00ed, en misa, el momento de la consagraci\u00f3n. En el resto, \u00bfc\u00f3mo representarse el misterio del comienzo y el misterio del fin de un tiempo dado, si no es por la idea de instanta\u00adneidad? No podemos nacer, morir (dormimos, despertarnos) nada m\u00e1s que en el instante. Pero el instante es inaprensible por la experiencia, como se ve en el sue\u00f1o y en la vigilia.<\/p>\n<p>Esta dificultad para aprehender el instante y estudiarlo en un caso privilegiado, es la que me ha hecho considerar, con sorpresa, la historia de Ratisbonne.<\/p>\n<p>Estos son los extractos m\u00e1s caracter\u00edsticos del relato de Ratisbonne.<\/p>\n<p>Ratisbonne visita en Roma al bar\u00f3n de Bussi\u00e9res, Piazza Nicosia, n\u00fam. 38.<\/p>\n<p>Yo <em>miraba al bar\u00f3n de Bussi\u00e9res como un devoto, en el <\/em><em>sentido mal\u00e9volo que tiene este t\u00e9rmino.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014En fin, me dijo M. de Bussi\u00e9res, como usted detesta la <\/em><em>superstici\u00f3n y profesa las doctrinas liberales, como usted es un <\/em><em>esp\u00edritu fuerte y tan clarividente, \u00bftendr\u00eda el valor de someterse <\/em><em>a una prueba muy inocente?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfQu\u00e9 prueba?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014La de llevar un objeto que le voy a dar&#8230; \u00a1\u00e9ste! \u00a1Es una medalla de la Virgen! Le parece rid\u00edculo \u00bfno es verdad? Pues yo le doy un gran valor a esta medalla.<\/em><\/p>\n<p><em>La propuesta, lo confieso, me extra\u00f1\u00f3 por su pueril singu\u00ad<\/em><em>laridad. No me esperaba esta salida. Mi primera reacci\u00f3n fue <\/em><em>la de re\u00edrme alzando los hombros; pero se me ocurri\u00f3 que esta <\/em><em>escena llenar\u00eda un delicioso cap\u00edtulo de mis impresiones de <\/em><em>viaje, consent\u00ed en aceptar la medalla como algo convencional que regalar\u00eda a mi novia. Dicho y hecho. Me pusieron la me\u00ad<\/em><em>dalla en el cuello no sin trabajo, porque la cadena era muy <\/em><em>corta y no me pasaba.<\/em><\/p>\n<p><em>M. de Bussi\u00e9res se regocijaba maliciosamente por su vic\u00ad<\/em><em>toria y quiso sacarle todo el partido posible.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Ahora, me dijo, hay que completar la prueba. Tiene que rezar por la ma\u00f1ana y por la tarde el <\/em>Memorare, <em>oraci\u00f3n <\/em><em>muy corta y muy eficaz que san Bernardo dirigi\u00f3 a la Virgen<\/em> <em>Mar\u00eda: \u00abAcordaos, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda, que no se ha o\u00eddo decir jam\u00e1s que ninguno de los que han acudido a vuestra protecci\u00f3n, implorado vuestro socorro, y pedido vuestro sufra\u00adgio haya sido abandonado. Lleno de tal confianza vengo, oh Virgen de las V\u00edrgenes, a arrojarme a vuestros brazos, gi\u00admiendo bajo el peso de mis pecados me postro a vuestros pies. Oh Madre del Verbo, no desde\u00f1\u00e9is mis plegarias, sino escu\u00adchadlas favorablemente y dignaos atenderlas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Hacia las once me llegu\u00e9 a casa de M. Bussi\u00e9res para de\u00advolverle su inextricable plegaria. Le habl\u00e9 de mi viaje a Oriente y me dio excelentes informaciones.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero, exclam\u00f3 de pronto, es extra\u00f1o que abandone Roma <\/em><em>en un momento en que todo el mundo viene para asistir a las <\/em><em>fiestas de san Pedro. Quiz\u00e1 no vuelva usted nunca, y sentir\u00e1 <\/em><em>haber faltado en una ocasi\u00f3n que tantos otros vienen a buscar <\/em><em>con una curiosidad tan \u00e1vida.<\/em><\/p>\n<p><em>Le respond\u00ed que hab\u00eda cogido y pagado mi plaza; que ya <\/em><em>hab\u00eda avisado a mi familia, que hab\u00eda cartas esper\u00e1ndome en Palermo; que, en fin, era demasiado tarde para cambiar mis proyectos, y que decididamente me iba. Este coloquio fue in\u00adterrumpido por la llegada del cartero que tra\u00eda a M. Bussi\u00e9re una carta del padre Ratisbonne. Me la dio a conocer; la le\u00ed, pero sin ning\u00fan inter\u00e9s, ya que se trataba en esta carta de una obra religiosa que M. Bussi\u00e9res publicaba en Par\u00eds. Mi her\u00admano ignoraba que yo estuviera en Roma. Este episodio ines\u00adperado deber\u00eda haber abreviado mi visita porque yo hu\u00eda in\u00adcluso del recuerdo de mi hermano.<\/em><\/p>\n<p><em>No obstante, por una influencia incomprensible, decid\u00ed pro\u00ad<\/em><em>longar mi estancia en Roma. Acced\u00ed, a instancias de un hombre que apenas conoc\u00eda, a aquello que hab\u00eda denegado obstinada\u00admente a mis amigos y compa\u00f1eros m\u00e1s \u00edntimos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfCu\u00e1l era pues, \u00a1Dios m\u00edo!, este impulso irresistible que me hac\u00eda hacer lo que yo no quer\u00eda? \u00bfNo era el mismo que, de Estrasburgo, me empujaba a Italia, a pesar de las invitaciones de Valencia y de Par\u00eds? \u00bfEl mismo que de N\u00e1poles me empujaba a Roma a pesar de mi decisi\u00f3n de ir a Sicilia? \u00bfEl mismo que en Roma, a la hora de mi partida, me forz\u00f3 a hacer la visita que me desagradaba cuando no encontraba tiempo para hacer alguna de aquellas que me agradaban? \u00a1Oh conducta provi\u00addencial! \u00bfHay, pues, una influencia misteriosa, que acompa\u00f1a al hombre, en el camino de la vida? Hab\u00eda recibido al nacer el nombre de Tob\u00edas con el de Alfonso. Olvid\u00e9 mi primer nombre; pero el \u00e1ngel invisible no lo olvid\u00f3. Este era el verdadero ami\u00adgo que el cielo me hab\u00eda enviado; pero yo no lo conoc\u00eda. \u00a1Ay&#8230;, existen tantos Tob\u00edas en el mundo que desconocen por com\u00adpleto a este gu\u00eda celeste y que se resisten a su voz!<\/em><\/p>\n<p><em>Mi intenci\u00f3n no era la de pasar el carnaval en Roma; <\/em><em>pero quer\u00eda ver al papa; y M. Bussi\u00e9res me hab\u00eda asegurado <\/em><em>que lo ver\u00eda el d\u00eda primero en san Pedro. Fuimos a hacer al<\/em><em>gunas compras juntos. Nuestras conversaciones ten\u00edan por ob\u00ad<\/em><em>jeto todo aquello que nos llamaba la atenci\u00f3n&#8230;, un monumento, un cuadro, las costumbres del pa\u00eds&#8230;, y entre todas estas cosas se mezclaban siempre las cuestiones religiosas. M. Bussi\u00e9res las introduc\u00eda tan ingenuamente e insist\u00eda con una rigidez tan viva, que m\u00e1s de una vez, en lo \u00edntimo de mi pensamiento me dec\u00eda yo que si alguna cosa pod\u00eda alejar a un hombre de la religi\u00f3n era la insistencia misma que se pon\u00eda en convertirlo. Mi alegr\u00eda natural me hac\u00eda re\u00edrme de las cosas m\u00e1s serias y a las chispas de mi ingenio se sumaba el fuego infernal de las blasfemias en las que no me atrevo ya a pensar hoy, de tal forma me espantan.<\/em><\/p>\n<p><em>Y, mientras tanto, M. de Bussi\u00e9re, al mismo tiempo que me <\/em><em>expresaba su dolor, permanec\u00eda tranquilo e indulgente <\/em><em>que un d\u00eda ser\u00e1 cristiano, pues hay en usted un fondo de rec\u00adtitud que me asegura y me persuade de que ser\u00e1 iluminado, y <\/em><em>por ello el Se\u00f1or le enviar\u00e1 un \u00e1ngel del cielo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014En buena hora, le respond\u00ed, porque de otra forma la cosa <\/em><em>ser\u00e1 dif\u00edcil.<\/em><\/p>\n<p><em>Al pasar por delante de la Escala santa, M. de Bussi\u00e9res <\/em><em>se llen\u00f3 de entusiasmo. Se levant\u00f3 de su coche y, descubri\u00e9n\u00ad<\/em><em>dose, exclam\u00f3 con ardor: \u00abOs saludo, Escala santa, aqu\u00ed <\/em><em>tienes un pecador que os subir\u00e1 un d\u00eda de rodillas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Expresar lo que produjo en m\u00ed este acto inesperado, este <\/em><em>honor extraordinario otorgado a una escalera, ser\u00eda imposi\u00ad<\/em><em>ble. Me re\u00eda como de una acci\u00f3n totalmente insensata; y, <\/em><em>cuando m\u00e1s tarde, atraves\u00e1bamos la deliciosa Villa Wolkonski, <\/em><em>cuyos jardines, eternamente florecidos, est\u00e1n entrecortados por los acueductos de Ner\u00f3n, levant\u00e9 la voz a mi vez y exclam\u00e9 parodiando la anterior exclamaci\u00f3n:<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00a1Os saludo, verdaderas maravillas de Dios! \u00a1Delante de <\/em><em>vosotras es donde hay que postrarse y no delante de una es\u00ad<\/em><em>calera!<\/em><\/p>\n<p><em>Estos paseos en coche se continuaron durante los dos d\u00edas <\/em><em>siguientes, y duraban una o dos horas. El mi\u00e9rcoles, 19, vi <\/em><em>otra vez a M. de Bussi\u00e9res, pero parec\u00eda triste y abatido. Me retir\u00e9 por discrecci\u00f3n sin preguntarle la causa de su pena. No <\/em><em>la supe hasta el d\u00eda siguiente a medio d\u00eda, en la iglesia de <\/em><em>san Andrea delle Fratte.<\/em><\/p>\n<p><em>Ten\u00eda que irme el d\u00eda 22, pues hab\u00eda vuelto a reservar mi <\/em><em>plaza para N\u00e1poles. Las preocupaciones de M. Bussi\u00e9re ha\u00ad<\/em><em>b\u00edan disminuido su ardor proselitista y pens\u00e9 que se hab\u00eda <\/em><em>olvidado de la medalla milagrosa, mientras yo, murmuraba <\/em><em>siempre con inconcebible paciencia la invocaci\u00f3n perpetua de <\/em><em>san Bernardo.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero a media noche del d\u00eda 19, me despert\u00e9 sobresaltado:<\/em> <em>ve\u00eda fija delante de m\u00ed una gran cruz negra de aspecto muy <\/em><em>particular y sin Cristo. Hice un gran esfuerzo para alejar <\/em><em>esta imagen, pero no pod\u00eda librarme de ella y siempre la volv\u00eda <\/em><em>a encontrar delante de m\u00ed, a cualquier lado que me volviese. <\/em><em>No podr\u00eda decir cu\u00e1nto tiempo dur\u00f3 esta lucha. Me volv\u00ed a <\/em><em>dormir. Y, al d\u00eda siguiente, al despertarme, ya ni me acordaba.<\/em><\/p>\n<p><em>Ten\u00eda que escribir varias cartas, y recuerdo que una de ellas, <\/em><em>dirigida a la hermana menor de mi novia acababa con estas <\/em><em>palabras: Que Dios os guarde&#8230;, despu\u00e9s recib\u00ed una carta de <\/em><em>mi novia el mismo 20 de enero, y por una coincidencia especial, <\/em><em>esta carta acababa con las mismas palabras: Que Dios os <\/em><em>guarde&#8230; Este d\u00eda estaba, en efecto, bajo la protecci\u00f3n de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>En todo caso, si alguien me hubiera dicho por la ma\u00f1ana: <\/em><em>\u00abTe has levantado jud\u00edo, te acostar\u00e1s cristiano&#8230;\u00bb, si alguien <\/em><em>me lo hubiera dicho lo hubiera tenido por el m\u00e1s loco de los <\/em><em>hombres.<\/em><\/p>\n<p><em>El jueves, 20 de enero, despu\u00e9s de haber comido en el hotel, <\/em><em>y echado las cartas, fui a casa de mi amigo Gustavo, pietista, <\/em><em>que hab\u00eda vuelto de caza, excursi\u00f3n que lo hab\u00eda tenido ale\u00adjado de casa durante algunos d\u00edas.<\/em><\/p>\n<p><em>Se extra\u00f1\u00f3 much\u00edsimo de encontrarme a\u00fan en Roma. Le <\/em><em>expliqu\u00e9 el motivo: Era el ansia de ver al papa.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero me ir\u00e9 sin verlo, le dije, porque no ha asistido a las ceremonias de la bas\u00edlica de san Pedro, donde me hab\u00edan ase\u00ad<\/em><em>gurado que lo encontrar\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Gustavo me consol\u00f3 ir\u00f3nicamente habl\u00e1ndome de otra ce\u00ad<\/em><em>remonia muy curiosa, que tendr\u00eda lugar, creo, en Santa Mar\u00eda la Mayor. Se trataba de la bendici\u00f3n de los animales. Y sobre <\/em><em>este tema desbarr\u00e1bamos en disquisiciones tales que pod\u00e9is <\/em><em>imaginaros pueden surgir entre un jud\u00edo y un protestante.<\/em><\/p>\n<p><em>Hablamos de caza, de diversiones, de los regocijos del car\u00ad<\/em><em>naval, de la brillante velada que hab\u00eda dado el d\u00eda anterior el duque de Torlonia. Los festejos de mi matrimonio no pod\u00edan <\/em><em>olvidarse, invit\u00e9 a M. Lotzbec, que me prometi\u00f3 asistir.<\/em><\/p>\n<p><em>Si entonces (pues ya era mediod\u00eda), un tercer interlocutor <\/em><em>se me hubiera acercado y me hubiera dicho: \u00abAlfonso, dentro <\/em><em>de un cuarto de hora adorar\u00e1s a Jesucristo, tu Dios y tu Sal\u00ad<\/em><em>vador y te postrar\u00e1s en una pobre iglesia, te golpear\u00e1s el pecho a los pies de un sacerdote, en un convento de jesuitas, donde <\/em><em>pasar\u00e1s el carnaval para prepararte al bautismo, dispuesto <\/em><em>a inmolarte por la fe cat\u00f3lica; renunciar\u00e1s al mundo, a sus <\/em><em>pompas, a sus placeres, a tu fortuna, a tus esperanzas, a tu por\u00ad<\/em><em>venir; y, si es preciso, renunciar\u00e1s adem\u00e1s a tu novia, al cari\u00f1o <\/em><em>de tu familia, a la estima de tus amigos, a tu fe jud\u00eda&#8230; y no <\/em><em>aspirar\u00e1s m\u00e1s que a seguir a Jes\u00fas y a llevar su cruz hasta la muerte&#8230;\u00bb. Digo, que si alg\u00fan profeta me hubiera hecho se\u00admejante predicci\u00f3n, lo hubiera tenido por el hombre m\u00e1s insensato del mundo: el hombre que hubiera cre\u00eddo en la po\u00adsibilidad de tama\u00f1a locura. Y sin embargo, es esa locura la que hoy ha logrado mi sabidur\u00eda y mi felicidad.<\/em><\/p>\n<p><em>Al salir del caf\u00e9, me encontr\u00e9 con el coche de M. Teodoro <\/em><em>de Bussi\u00e9res. Se par\u00f3 y me invit\u00f3 a subir para dar un paseo. <\/em><em>El tiempo era espl\u00e9ndido, hac\u00eda bueno, y acept\u00e9 encantado. <\/em><em>Pero M. Bussi\u00e9re me pidi\u00f3 permiso para pararse unos minutos <\/em><em>en la iglesia de san Andrea delle Fratte, que estaba cerca, <\/em><em>para hacer un encargo; me dijo que lo esperara en el coche; prefer\u00ed bajarme a conocer esta iglesia. Se estaban preparando <\/em><em>unos funerales y pregunt\u00e9 qui\u00e9n era el difunto que deb\u00eda recibir los \u00faltimos honores. M. de Bussi\u00e9res me contest\u00f3: \u00abEs un amigo m\u00edo, el conde de La Ferronays; su repentina muerte, a\u00f1adi\u00f3, es la causa de esta tristeza que debe usted haber ob\u00adservado en m\u00ed desde hace dos d\u00edas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Yo no conoc\u00eda a M. de La Ferronays. No lo hab\u00eda visto <\/em><em>nunca y s\u00f3lo sent\u00ed una pena bastante difusa, la que se siente <\/em><em>siempre al enterarte de una muerte repentina. M. de Bussi\u00e9re <\/em><em>me dej\u00f3 para ir a reservar un banco para la familia del difunto. <\/em><em>\u2014\u00bbNo se impaciente, me dijo subiendo al claustro, ser\u00e1 cosa <\/em><em>de dos minutos&#8230;\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>La iglesia de san Andrea es peque\u00f1a, pobre y desierta; <\/em><em>&#8230;creo que yo estaba solo; &#8230;ning\u00fan objeto de arte me llamaba <\/em><em>la atenci\u00f3n. Pase\u00e9 maquinalmente mirando a mi alrededor <\/em><em>sin pensar en nada; \u00fanicamente me acuerdo de un perro negro que saltaba y brincaba delante de m\u00ed&#8230; Pronto desapareci\u00f3 este perro, la iglesia tambi\u00e9n desapareci\u00f3 entera, no vi nada m\u00e1s&#8230;, o mejor dicho, \u00a1Oh Dios m\u00edo! \u00a1Vi s\u00f3lo una cosa!.<\/em><\/p>\n<p><em>C\u00f3mo ser\u00eda posible explicar lo que es imposible de expresar; <\/em><em>cualquier descripci\u00f3n, por muy sublime que fuera, s\u00f3lo ser\u00eda <\/em><em>una profanaci\u00f3n de la verdad inefable. Yo estaba all\u00ed pos\u00ad<\/em><em>trado, ba\u00f1ado en l\u00e1grimas, el coraz\u00f3n fuera de m\u00ed, cuando <\/em><em>M. de Bussi\u00e9res me hizo volver a la realidad.<\/em><\/p>\n<p><em>No pod\u00eda contestar a sus preguntas precipitadas; por fin <\/em><em>agarr\u00e9 la medalla que llevaba en mi pecho; bes\u00e9 con efusi\u00f3n <\/em><em>la imagen de la Virgen radiante de gracia&#8230; \u00a1Oh! \u00a1Era Ella!<\/em><\/p>\n<p><em>No sab\u00eda d\u00f3nde estaba, no sab\u00eda si era Alfonso o si era <\/em><em>otro; experiment\u00e9 tal cambio que a m\u00ed mismo me cre\u00eda otro&#8230; <\/em><em>Intentaba encontrarme y no me encontraba&#8230; La m\u00e1s ardiente <\/em><em>alegr\u00eda estall\u00f3 en el fondo de mi alma; no pude hablar; no quise <\/em><em>decir nada; sent\u00ed en m\u00ed algo tan solemne y tan sagrado que <\/em><em>hice llamar a un sacerdote&#8230; Me condujeron hasta \u00e9l y s\u00f3lo <\/em><em>entonces cuando recib\u00ed la orden, habl\u00e9 como me fue posible, <\/em><em>de rodillas y con el coraz\u00f3n palpitante.<\/em><\/p>\n<p><em>Mis primeras palabras fueron de agradecimiento a M. de <\/em><em>La Ferronays y a la archicofrad\u00eda de Notre-Dame des Vic\u00ad<\/em><em>toires. Sab\u00eda de forma segura que M. de Ferronays hab\u00eda <\/em><em>rogado por m\u00ed; pero no podr\u00eda decir c\u00f3mo lo supe, del mismo modo que no sabr\u00eda explicar las verdades por las que obtuve la fe y el conocimiento. Todo lo que pude decir es que en el momento del hecho la venda cay\u00f3 de mis ojos; pero no una sola venda sino una multitud de vendas que me hab\u00edan cegado; todas ellas desaparecieron una a una y con mucha rapidez, como la nieve, el barro y la escarcha, bajo el efecto del sol.<\/em><\/p>\n<p><em>S\u00f3lo s\u00e9 que al entrar en la iglesia lo ignoraba todo y que <\/em><em>al salir lo ve\u00eda todo claro. No puedo explicar este cambio sino <\/em><em>compar\u00e1ndolo con un hombre al que se despierta de pronto <\/em><em>de un sue\u00f1o muy profundo, o por analog\u00eda con un ciego de <\/em><em>nacimiento que s\u00fabitamente ve la luz; este ciego ve, pero no <\/em><em>puede definir la luz que lo ilumina y en cuyo seno contempla <\/em><em>los objetos que admira. Si no se puede explicar la luz f\u00edsica, <\/em><em>\u00bfc\u00f3mo se podr\u00eda explicar la luz que, en el fondo, no es m\u00e1s <\/em><em>que la verdad en s\u00ed misma? Creo decir verdad al afirmar que <\/em><em>no ten\u00eda conocimiento de los textos, pero que entreve\u00eda el sen\u00adtido y el esp\u00edritu de los dogmas. M\u00e1s que ver sent\u00eda estas cosas <\/em><em>y las sent\u00eda por los efectos inexplicables que produjeron en m\u00ed. Todo ocurr\u00eda en mi interior y estas impresiones, mil veces m\u00e1s r\u00e1pidas que el pensamiento, mil veces m\u00e1s profundas que la reflexi\u00f3n, no s\u00f3lo hab\u00edan emocionado mi alma, sino que adem\u00e1s la hab\u00edan hecho dar un giro, y la hab\u00edan dirigido en otra di\u00adrecci\u00f3n, hacia otra meta y mediante una vida nueva.<\/em><\/p>\n<p><em>Me explico mal, pero \u00bfc\u00f3mo quiere, se\u00f1or, que encierre <\/em><em>en palabras estrechas y secas unos sentimientos que el propio <\/em><em>coraz\u00f3n no puede contener?<\/em><\/p>\n<p><em>Sea como sea y a pesar de este lenguaje inexacto e incom\u00adpleto, el hecho es que en cierta forma me sent\u00eda un ser desnudo, como una tabla rasa&#8230; El mundo no significaba ya nada para m\u00ed; las prevenciones contra el cristianismo no exist\u00edan, no quedaba ni rastro de los prejuicios de mi infancia; el amor a mi Dios hab\u00eda ocupado de tal manera el puesto de cualquier otro amor, que mi novia incluso aparec\u00eda bajo un punto de vista nuevo. La amaba como a un objeto que Dios tiene entre sus manos, como un regalo precioso que hace amar a\u00fan m\u00e1s al que lo obsequia.<\/em><\/p>\n<p>No puedo resumir aqu\u00ed las consideraciones que he hecho sobre esta experiencia. Sea suficiente remitir al lector al libro. Pero ser\u00e1 mejor oir antes la voz (pat\u00e9tica) de un lector privilegiado.<\/p>\n<p>Frangois Mauriac, en su <em>Bloc-Notes <\/em>de mayo de 1964, comentaba as\u00ed mi libro sobre Ratisbonne. El lector me ex\u00adcusar\u00e1 de citar el texto \u00edntegro, como un homenaje al gran escritor, que renovaba todo lo que tocaba con su llama, su sinceridad y el poder m\u00e1gico que ten\u00eda sobre las palabras, a la manera de los m\u00edsticos y de los poetas.<\/p>\n<p><em>Existen instantes eternos y, a su alrededor, todo un destino <\/em><em>cristaliza algunos instantes que duran hasta la muerte por muy viejo que se encuentre el hombre. Lo que le ocurri\u00f3 a Claudel en las v\u00edsperas de Navidad en Notre-Dame, cuando el coro cantaba el Adeste fideles, lo que le ocurri\u00f3 a Pablo de Tarso en un recodo del camino que s\u00f3lo dur\u00f3 el tiempo de oir la frase: \u00abYo soy ese Jes\u00fas al que t\u00fa persigues&#8230;\u00bb, lo que le pas\u00f3 a Max Jacob&#8230; Una vida entera se condensa y adquiere su forma de\u00adfinitiva en pocos segundos, mientras que a tantos otros, como a san Agust\u00edn, les hizo falta seguir un camino largo, una subida interminable, antes de desembocar en la luz.<\/em><\/p>\n<p><em>Me hubiera sentido celoso, durante toda mi vida, de estas visitas rel\u00e1mpago a aquellos que en un segundo les fue dado todo. A uno de ellos, sin embargo, no lo tom\u00e9 en consideraci\u00f3n: ese joven jud\u00edo, Alfonso Ratisbonne, convertido repentinamente el 20 de enero de 1842 ante un altar de la iglesia san Andrea delle Fratte de Roma. Jean Guitton nos cuenta su historia en<\/em><em> <\/em><em>un peque\u00f1o libro muy denso. \u00a1Y Dios sab\u00eda, sin embargo, <\/em><em>cuan familiar me iba a resultar Ratisbonne! Su historia evoca <\/em><em>en m\u00ed todo un mundo lejano y medio olvidado: los rom\u00e1nticos <\/em><em>del catolicismo franc\u00e9s y romano, los h\u00e9roes del relato de una monja, Madame Augustus Graven, y cuya historia hab\u00eda yo so\u00f1ado escribir a los veinte a\u00f1os; mi esp\u00edritu no deb\u00eda estar menos cercano a La Ch\u00e9naie (donde se retiraron) <sup>1<\/sup> Lacor\u00addaire, Montalembert, Lamenais, que al cuadro de Port-Royal de Sainte-Beure.<\/em><\/p>\n<p><em>La conversi\u00f3n fulminante del joven Ratisbonne se debi\u00f3 <\/em><em>a la intercesi\u00f3n del conde de La Ferronays, que acababa de <\/em><em>morir en Roma. Alberto de La Ferronays, el abad Gerbet, <\/em><em>\u00abel m\u00e1s dulce y sufrido de todos los hombres\u00bb, Alejandrina <\/em><em>de Alopeus, todas estas sombras santas y encantadoras envuel\u00ad<\/em><em>ven gimiendo mi barca y me piden cuentas del libro que no <\/em><em>escrib\u00ed, y que \u00fanicamente, quiz\u00e1, yo hubiera sido capaz de escribir entonces cuando los estimaba.<\/em><\/p>\n<p><em>a verdad es que me desligu\u00e9 de ellos y que no me acom\u00ad<\/em><em>pa\u00f1aron mucho tiempo. S\u00f3lo Eugenia y Mauricio de Gu\u00e9rin <\/em><em>y un poco m\u00e1s alejado, el padre Lacordaire, me siguieron hasta <\/em><em>la \u00faltima etapa. Los otros se dispersaron hace mucho tiempo.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero incluso, en el tiempo en que me eran los m\u00e1s cercanos, no tomaba en consideraci\u00f3n a Ratisbonne, yo que estaba tan \u00e1vido de un testimonio como el suyo, que nos hace palpar lo sobrenatural, que nos lo hace sentir como una quemadura. Lo que le ocurri\u00f3 a Ratisbonne en san Andrea delle Fratte es del mismo orden que lo del camino de Damasco, pero fue la Virgen y no Cristo quien se manifest\u00f3. Esta conversi\u00f3n es el resultado de un orden de fen\u00f3menos singulares, de pr\u00e1c\u00adticas un poco extra\u00f1as. La historia de la medalla milagrosa de<\/em> <em>Catalina Labour\u00e9 (que algunos a\u00f1os antes hab\u00eda visto a la Virgen en la capilla de la calle del Bac) es la fuente de toda <\/em><em>esta historia. El an\u00e1lisis de Jean Guitton hace resaltar lo <\/em><em>que aqu\u00ed existe de misterio, imposible de eludir, prescindiendo <\/em><em>de la perspectiva de \u00abamuleto\u00bb. Pero al fin me doy cuenta de <\/em><em>lo que alejaba a Ratisbonne del joven modernista \u00aba ultranza\u00bb que yo era a los 20 a\u00f1os. No era el hecho de haber intervenido la Virgen. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda esto molestarme, a m\u00ed que de ni\u00f1o se me educ\u00f3 en este amor, y que, toda mi vida, dar\u00eda tanta importancia y significaci\u00f3n a los acontecimientos de Lourdes? Estaba molesto por esa medalla colocada en el cuello de Ratisbonne, por esa oraci\u00f3n (a pesar de lo querida que me era): el \u00abAcordaos\u00bb de san Bernardo, que parec\u00edan tan necesarias para el milagro, como lo fue el barro que Cristo puso en los p\u00e1rpados del ciego.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 pienso hoy de lo que entonces me molestaba? Cuando <\/em><em>me examino me doy cuenta de que, despu\u00e9s de que en otro <\/em><em>tiempo denunci\u00e9 los excesos de lo que llamaba \u00abmariolatr\u00eda\u00bb, <\/em><em>mientras asimilaba nuevas definiciones dogm\u00e1ticas en relaci\u00f3n <\/em><em>con la Virgen, otro peligro muy distinto me surg\u00eda hoy; era <\/em><em>el perder de vista que el culto de la Madre de Dios (es el t\u00ed\u00adtulo que el concilio de Efeso atribuy\u00f3 a Mar\u00eda) encierra un <\/em><em>signo de verdad y de autenticidad que caracteriza para siempre <\/em><em>a la santa Iglesia. Gracias a las dos Iglesias, la de Oriente y <\/em><em>la de Occidente, se cumple la profec\u00eda del <\/em>Magn\u00edficat, <em>que san <\/em><em>Lucas puso en boca de la Virgen: <\/em>\u00abEt beatam me dicent omnes generationes\u00bb. <em>Si la Virgen se ha aparecido en la Sa\u00adlette, en Massabielle, en la calle del Bac, en san Andrea delle Fratte, es porque la Iglesia os\u00f3 de alguna manera exprimir todo el sentido de las palabras del \u00e1ngel: \u00abBendita entre to\u00addas las mujeres\u00bb. No debemos de variar de manera de pensar con respecto a la Virgen para acercarnos a nuestros hermanos protestantes. Debemos d\u00e1rsela o devolv\u00e9rsela en la medida en que la han perdido. Pero nosotros, guardemos celosamente nuestro tesoro.<\/em><\/p>\n<p><em>No menos que Jean Guitton estoy en desacuerdo con el <\/em><em>\u00abatonteceos\u00bb de Pascal, o con lo que dice del aut\u00f3mata: hay <\/em><em>que educarle a tomar el agua bendita. Lo que ocurri\u00f3 aquel d\u00eda <\/em><em>en san Andrea delle Fratte desconcierta a la raz\u00f3n: un joven <\/em><em>jud\u00edo, rico, prometido a una joven que ama, que detesta (o que cree detestar) a la Iglesia cat\u00f3lica, se encuentra repentina\u00admente inundado de luz, pide el bautismo, deja todo y se con\u00advierte en un santo sacerdote.<\/em><\/p>\n<p><em>S\u00ed, un milagro repentino, pero ligado, ya lo he dicho, al <\/em><em>hecho de llevar una medalla. Yo me pregunto: \u00bfuna cosa de <\/em><em>este tipo no ha significado nunca nada para m\u00ed? La medalla <\/em><em>milagrosa&#8230;, pues claro, la tengo. Est\u00e1 prendida en mi rosario. <\/em><em>\u00bfDe d\u00f3nde me lleg\u00f3? Una sobrina creo, me la envi\u00f3 cuando me oper\u00e9 en 1932. \u00bfQu\u00e9 puesto ocupa en mi vida? Aparentemente <\/em><em>ninguno. El rosario no es mi fuerte tampoco. Pero lo llevo <\/em><em>conmigo, a veces, lo aprieto como a una mano (como si mi <\/em><em>madre me hiciera atravesar esta \u00faltima calle). El pu\u00f1ado de <\/em><em>cuentas con las que est\u00e1 mezclada la medalla, y que aprieto, \u00bfpor qu\u00e9 no podr\u00eda estar privilegiado con una gracia, si todo <\/em><em>es gracia, incluso la materia, si todo se convierte en operante, <\/em><em>si todo lo transmite, si todo nos la da?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfY qu\u00e9 cristiano no conoce cada palabra de la oraci\u00f3n que fue para Ratisbonne como el s\u00e9samo de ese cuento maravilloso y que derrib\u00f3 los muros de su escondite: \u00abMemorare o piisima virgo Maria&#8230; ?\u00bb. Es la oraci\u00f3n de san Bernardo que nos sa\u00adbemos de memoria desde ni\u00f1os&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Todo esto parece locura o puerilidad a los agn\u00f3sticos y a <\/em><em>los ateos; el enorme inter\u00e9s del libro de Jean Guitton consiste en que el autor se pone en el puesto del ateo y del agn\u00f3stico y <\/em><em>que, siendo cristiano, sigue siendo fil\u00f3sofo \u2014y fil\u00f3sofo de hoy\u2014 y que se enfrenta con el problema sin intentar camuflarlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Una imagen cualquiera de la Virgen, unas palabras de una <\/em><em>oraci\u00f3n y no de otras, la trama de nuestras vidas est\u00e1 hecha de <\/em><em>estos encuentros: El absurdo, es el rev\u00e9s de la tapicer\u00eda, cuyo <\/em><em>dibujo eterno aparece un d\u00eda. A principios de a\u00f1o le pregunt\u00e9 <\/em><em>a mi mujer de d\u00f3nde proven\u00eda cierto cuadro relegado al rinc\u00f3n de una habitaci\u00f3n y vuelto contra la pared. Supe que una sol\u00adterona a la que atendi\u00f3 hasta su muerte le hab\u00eda legado esa pintura, muy mediocre, que deb\u00eda ser de la \u00e9poca de Luis Felipe. Pero, de todas maneras, representaba a la Virgen. Se me ocurri\u00f3 colgarlo sobre mi cama. Mi mujer as\u00ed lo hizo, y con todo, esta Madre, con las manos abiertas, me mira al dormir o al velar&#8230; Pues ella tiene las manos abiertas, dulce\u00admente separadas: es la Virgen de la medalla milagrosa, me en\u00adter\u00e9 ayer al leer el libro de Jean Guitton. No creo en el azar: un libro y una pintura se juntan en un lugar de nuestra vida, dos hilos se entrecruzan. Y las palabras de una vieja oraci\u00f3n, dicha maquinalmente desde la infancia, pierden el moho que las recubr\u00eda, y queman sordamente con ese amor que pose\u00eda san Bernardo la primera vez que recit\u00f3 el <\/em>Memorare.<\/p>\n<p>Otro buen texto \u2014y de un aut\u00e9ntico escritor\u2014 me aclara el relato de Ratisbonne. Es la p\u00e1gina en la que Andr\u00e9 Fros\u00adsard cuenta una iluminaci\u00f3n instant\u00e1nea, an\u00e1loga a la de Ratisbonne, que <em>transform\u00f3 <\/em>su vida, cuando ten\u00eda 20 a\u00f1os. Fue educado en el m\u00e1s completo ate\u00edsmo, \u00abaquel en que la cuesti\u00f3n de la existencia de Dios ni siquiera se plantea\u00bb.<\/p>\n<p>En <em>Dieu existe, je l&#8217;ai rencontr\u00e9 <\/em>cuenta \u2014en cuanto puede contarse\u2014 el instante de eternidad irrumpiendo en su vida. Entr\u00f3 por casualidad, o por una secreta necesi\u00addad, en la capilla de las hermanas de la Adoraci\u00f3n Reparadora de la calle de Ulm. Y as\u00ed es como escribe su expe\u00adriencia m\u00edstica:<\/p>\n<p><em>Antes de nada he de decir que me han sido sugeridas estas palabras: vida espiritual. No me han sido dichas, no las he for\u00ad<\/em><em>mulado yo, las o\u00ed como si hubiesen sido pronunciadas cerca de <\/em><em>m\u00ed, en voz baja, por una persona que hubiera visto lo que yo <\/em><em>a\u00fan no veo.<\/em><\/p>\n<p><em>El \u00faltimo inciso de esta frase afect\u00f3 a lo m\u00e1s profundo de <\/em><em>mi conciencia. No quiero decir que el cielo se abra; no se abre, se lanza, se eleva de pronto, fulguraci\u00f3n silenciosa de esa in\u00adsospechable capilla en la que se encontraba misteriosamente <\/em><em>encerrado. \u00bfC\u00f3mo describirlo con estas palabras que no al\u00ad<\/em><em>canzan a expresar lo que quiero y que me niegan sus servicios y amenazan con interceptar mis pensamientos para reducirlos <\/em><em>a simples quimeras? Al pintor que le fuera dado entrever co\u00ad<\/em><em>lores desconocidos, \u00bfcon qu\u00e9 los pintar\u00eda? Es un cristal indes\u00ad<\/em><em>tructible, de transparencia infinita, con una luminosidad des\u00ad<\/em><em>lumbrante (un grado m\u00e1s de esta luminosidad me hubiese ani\u00ad<\/em><em>quilado) y azul, un mundo, un mundo distinto de un resplandor <\/em><em>y una densidad que relega al nuestro a las sombras fr\u00e1giles <\/em><em>de los sue\u00f1os inacabados. El es la realidad, la verdad, y a\u00fan vi\u00e9ndola desde esta orilla oscura estoy sobrecogido. Existe un orden en el universo y, en su cumbre, por encima de este velo de bruma resplandeciente, se halla la evidencia de Dios, la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de ese mismo que yo hubiera negado un instante antes, al que los cris\u00adtianos llaman Padre nuestro, y de los que he aprendido que es dulce, con una dulzura sin igual, que no es la cualidad pasiva que se designa a veces con este nombre, sino una dulzura ac\u00adtiva, agresiva, que sobrepasa toda violencia, capaz de hacer estallar la tierra m\u00e1s dura y al coraz\u00f3n humano que sea m\u00e1s duro que la piedra.<\/em><\/p>\n<p><em>Su irrupci\u00f3n avasalladora, totalitaria, va acompa\u00f1ada de una alegr\u00eda que no es otra sino el gozo del que se siente sal\u00ad<\/em><em>vado, la alegr\u00eda del n\u00e1ufrago recogido a tiempo, con la dife\u00ad<\/em><em>rencia de que, en el momento en que soy izado hacia la salva\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n, tomo consciencia del barro en el que estaba inmerso sin saberlo, sumergido, y me pregunto, a\u00fan cuando estoy metido en \u00e9l hasta la cintura, c\u00f3mo he podido vivir y respirar.<\/em><\/p>\n<p><em>Todas estas sensaciones, que me cuesta traducir al terreno <\/em><em>del lenguaje inadecuado de las ideas y de las im\u00e1genes, son <\/em><em>simult\u00e1neas, van enlazadas las unas con las otras, y despu\u00e9s <\/em><em>de algunos a\u00f1os me ser\u00eda imposible agotar su contenido. Todo <\/em><em>est\u00e1 dominado por la presencia, m\u00e1s all\u00e1 y a trav\u00e9s de una in\u00admensa asamblea, de aquel que no podr\u00eda nunca escribir su nombre sin que me asaltara el temor de herir su ternura, ante el que tengo la suerte de ser un hijo perdonado, que se despierta para saber que todo es don.<\/em><\/p>\n<p><em>Fuera segu\u00eda haciendo buen tiempo, ten\u00eda cinco a\u00f1os y este <\/em><em>mundo antes hecho de piedra y brea, era ahora un enorme jar\u00ad<\/em><em>d\u00edn donde me estaba permitido jugar tanto tiempo cuanto al cie\u00adlo le placiera. Willemin, que caminaba a mi lado y que pare\u00adc\u00eda haber descubierto alguna cosa particular en mi fisonom\u00eda, me miraba con insistencia de m\u00e9dico: \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 te pasa? \u2014 Soy cat\u00f3lico.\u00bb, y temiendo no ser lo suficientemente expl\u00edcito, a\u00f1ad\u00ed \u00abapost\u00f3lico y romano\u00bb para que mi confesi\u00f3n resultara completa. \u2014 Tienes los ojos desorbitados. \u2014 Dios existe y todo es verdad. \u2014 \u00a1Oh, si te vieras!\u00bb Yo no me ve\u00eda. Era una lechuza que sale a la luz a medio d\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Cinco minutos despu\u00e9s, en la terraza de un caf\u00e9 de la plaza <\/em><em>de <\/em>Saint Andr\u00e9 des Arts, <em>le contaba todo a mi amigo. Bueno, todo lo que, en el caso de lo inexplicable, acert\u00e9 a decir del mundo que se me hab\u00eda abierto de pronto, de ese concierto luminoso que hizo estallar sin ruido el refugio de mi infancia y que hab\u00eda reducido mis paisajes en estado de vapor. Los des\u00adpojos de mis construcciones interiores se esparc\u00edan por el suelo. Miraba a los que pasaban sin ver <\/em>y <em>pens\u00e9 cu\u00e1l ser\u00eda su asombro, <\/em><em>cuando a su vez les llegara el descubrimiento que yo acababa de hacer. Seguro que, tarde o temprano, les ocurrir\u00eda la misma aventura, me divert\u00eda, por adelantado, con la sorpresa de los incr\u00e9dulos que dudaban sin sospecharlo. Uno de nosotros trajo a colaci\u00f3n a aquel dictador teatral que concedi\u00f3 dos mi\u00adnutos al cielo para fulminarlo; si no lo hac\u00eda, crey\u00e9ndose auto\u00adrizado, lo declarar\u00eda p\u00fablicamente vac\u00edo; lo absurdo del reto lanzado al infinito por este grano de polvo, nos hizo re\u00edr a car\u00adcajadas. Dios exist\u00eda, estaba incluso all\u00ed, descubierto y disimu\u00adlado por ese torrente de luz que, sin palabras ni figuras, hace comprenderlo y amarlo todo. Me doy cuenta de lo exhorbi\u00adtantes que estas afirmaciones pueden ser, pero \u00bfqu\u00e9 puedo hacer contra esto, si el cristianismo es verdadero, si hay una verdad, si esta verdad, es una persona que no desea ser des\u00adconocida?<\/em><\/p>\n<p><em>El milagro dur\u00f3 un mes. Cada ma\u00f1ana, descubr\u00eda con en\u00adtusiasmo esta luz que hac\u00eda palidecer al d\u00eda, esta dulzura que nunca olvidar\u00e9, y que constituye todo mi saber teol\u00f3gico. La necesidad de prolongar mi estancia en el planeta, cuando ten\u00eda ese cielo al alcance de la mano, no me quedaba claro, y lo aceptaba m\u00e1s por agradecimiento que por convicci\u00f3n. Sin embargo, luz y dulzura perd\u00edan cada d\u00eda un poco de su inten\u00adsidad. Finalmente, desaparecieron sin que por ello yo volviera a mi soledad. La verdad me ser\u00eda dada de otra forma, tendr\u00eda que buscar despu\u00e9s de haber hallado. Un sacerdote de Saint Esprit se encarg\u00f3 de prepararme para el bautismo y me ins\u00adtruy\u00f3 en la religi\u00f3n de la que s\u00f3lo pod\u00eda precisar que no sab\u00eda nada. Lo que me dijo de la doctrina cristiana, era lo que yo esperaba y lo recib\u00ed con alegr\u00eda; la ense\u00f1anza de la Iglesia era verdadera hasta la \u00faltima palabra, y tomaba nota de cada rengl\u00f3n con un redoble de aclamaciones. Una sola cosa me sor\u00adprendi\u00f3: no es que la Eucarist\u00eda me pareciera incre\u00edble, pero que la caridad divina hubiese encontrado este medio inaudito de comunicarse, es lo que me maravillaba, y sobre todo que hubiese elegido, para hacerlo, el pan que es el alimento del pobre, y el alimento preferido por los ni\u00f1os. De todos los dones presentados ante m\u00ed por el cristianismo, \u00e9ste era el m\u00e1s bello.<\/em><\/p>\n<p>William James hab\u00eda estudiado la conversi\u00f3n de Ratis\u00adbonne. Bergson hab\u00eda conocido las circunstancias por su amigo americano. Bergson se interesaba por el \u00abmundo in\u00advisible\u00bb, por aquello que pod\u00eda establecer entre este mundo y nosotros una intuici\u00f3n furtiva, pasajera, un contacto \u2014cosa para m\u00ed insuficiente\u2014. El pensaba que en Occidente la \u00abcien\u00adcia\u00bb se hab\u00eda adaptado a trav\u00e9s de la matem\u00e1tica a la mate\u00adria; el esp\u00edritu occidental, romano, pr\u00e1ctico, se hab\u00eda orien\u00adtado hacia el Imperio, hacia el dominio del cosmos por las t\u00e9cnicas de la cantidad: lo que se ha logrado prodigiosamente en nuestros d\u00edas m\u00e1s que nunca.<\/p>\n<p>Pero hubiera sido posible otra v\u00eda, aquella que nos hu\u00adbiera introducido en otro tipo de conocimientos, tan exacto, tan maduro, aunque con otra certeza distinta a la certeza formal de las matem\u00e1ticas. Hubiera sido un conocimiento fundamentado sobre las experiencias de hechos muy raros, muy marginales, y sobre el estudio de las semejanzas de estas experiencias. Por otra parte, esta experiencia hab\u00eda sido olvidada generalmente, sea porque se la envolv\u00eda en ficciones, en mitos, sea porque se encontraba en Occidente tan amal\u00adgamada con la revelaci\u00f3n religiosa que no se pod\u00edan estudiar estos hechos \u00abpanor\u00e1micos\u00bb fuera de lo sagrado, en s\u00ed mismos. Pero si se hubiera seguido esta v\u00eda que nos pod\u00eda introducir en el esp\u00edritu de aquello que es singular y raro, de aquello que es excepcional \u2014en lugar de dejarse seducir por la cantidad, la generalidad\u2014, si se hubiera prestado atenci\u00f3n a los conocimientos marginales, y profundos, a los hechos, a los seres a\u00fan \u00abno identificados\u00bb, se hubieran po\u00addido adquirir acumulando, criticando y comparando las comprobaciones, si no verdades absolutas en el sentido ma\u00adtem\u00e1tico de la palabra, al menos altas probabilidades sobre los objetos que m\u00e1s nos preocupan: el destino del alma <em>post mortem, <\/em>la comunicaci\u00f3n entre las conciencias, los in\u00adtersignos, los mensajes, los presentimientos: en suma, sobre este mundo \u00abpreternatural\u00bb en el que estamos inmersos, como las dos primeras dimensiones del espacio lo est\u00e1n en la ter\u00adcera dimensi\u00f3n de profundidad. Y Bergson se asomaba con curiosidad a los testimonios que pod\u00edan introducirnos, fuese por fulguraciones, por destellos moment\u00e1neos, en el uni\u00adverso invisible. Fue por esto por lo que capt\u00f3 el inter\u00e9s de la conversi\u00f3n de Ratisbonne.<\/p>\n<p>Releamos en esta perspectiva la \u00faltima p\u00e1gina de su \u00faltimo libro, donde habla de la exploraci\u00f3n de la <em>Terra <\/em><em>incognita:<\/em><\/p>\n<p><em>Supongamos que un resplandor de este mundo descono\u00ad<\/em><em>cido nos llegue, visible a los ojos del cuerpo. Qu\u00e9 transforma\u00adci\u00f3n se producir\u00eda en una humanidad generalmente acostum\u00adbrada, a pesar de lo que diga, a aceptar como existente s\u00f3lo lo que ve y lo que toca. La informaci\u00f3n que nos vendr\u00eda de esta forma no afectar\u00eda quiz\u00e1 m\u00e1s que a lo que tienen de inferior las almas, el \u00faltimo grado de la espiritualidad. Pero no har\u00eda falta mucho m\u00e1s para convertir en realidad viviente y fehacien\u00adte una creencia en el m\u00e1s all\u00e1 que parece encontrarse en la mayor\u00eda de los hombres, pero que permanece casi siempre como verbal, abstracta, ineficaz&#8230; En verdad, si estuvi\u00e9ramos seguros, absolutamente seguros de sobrevivir, no podr\u00edamos pensar en otra cosa&#8230; el placer quedar\u00eda eclipsado por la alegr\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>6.\u00a0Instantes eternos La Conversi\u00f3n de Ratisbonne Hace tiempo he publicado una obra sobre la conversi\u00f3n de Ratisbonne. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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