{"id":28929,"date":"2014-03-14T07:02:51","date_gmt":"2014-03-14T06:02:51","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=28929"},"modified":"2016-07-26T09:44:33","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:33","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xiv\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (XIV)"},"content":{"rendered":"<h2>La creaci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>La creaci\u00f3n, dec\u00eda, es un \u00abmisterio espantoso\u00bb, imposible de fijar y que es objeto de conclusi\u00f3n. La raz\u00f3n llegaba a la idea de una relaci\u00f3n no rec\u00edproca entre la Energ\u00eda soberana y sus efectos: esta Energ\u00eda no depend\u00eda para nada del cosmos, mientras que el cosmos depend\u00eda de ella totalmente. Era pues libre. No hab\u00eda sacado el cosmos de una materia preexistente: era entonces creadora. Ahora, si hab\u00eda creado en el tiempo, como se dice, o bien la relaci\u00f3n era eterna, eso es algo que era imposible de decidir. Hemos visto que el Sr. Pouget no sab\u00eda si era de fe que la creaci\u00f3n fuera temporal post nihilum. Hac\u00eda advertir que la ciencia moderna, al descubrir la degradaci\u00f3n del universo, su irradiaci\u00f3n y su expansi\u00f3n, obliga a concluir en un origen temporal, y por ah\u00ed habr\u00eda echado por tierra la posici\u00f3n de santo Tom\u00e1s. Para \u00e9ste, en efecto, es la raz\u00f3n la que es incapaz de decidir del post nihilum, y es la fe la que lo ense\u00f1a. Para el Sr. Pouget no era seguro que la fe permitiera zanjar la cuesti\u00f3n del origen temporal, y era la ciencia la que impon\u00eda a este universo un comienzo.<\/p>\n<h2>La ley moral<\/h2>\n<p>\u00bfQu\u00e9 luces iba a arrojar la creencia en Dios sobre la moral? No s\u00e9 si \u00e9l, como varios autores modernos inspirados en Kant, habr\u00edan consentido en partir de la obligaci\u00f3n moral para elevarse hasta Dios. Su inclinaci\u00f3n en todos los casos le llevaba en direcci\u00f3n contraria. No demostraba a Dios por la obligaci\u00f3n, sino la realidad de la obligaci\u00f3n por la existencia de Dios. Ah\u00ed se manifestaba una vez m\u00e1s su realismo, tan objetivo, su desconfianza de los argumentos de sentimiento, y su regla del dato m\u00ednimo.<\/p>\n<p>Observemos las sociedades m\u00e1s rudimentarias y m\u00e1s degradadas o las m\u00e1s banales, no pueden prescindir de una especie de obligaci\u00f3n. Examinemos esta obligaci\u00f3n, teniendo cuidado siempre de no mejorarla. A veces presenta la forma y la fuerza de una obligaci\u00f3n social; las m\u00e1s de las veces se presenta como una conveniencia mayor. En cada caso nos impone actos de justicia al menos exteriores, y esta fidelidad al menos literal sin la cual ninguna sociedad ser\u00eda posible. En algunos seres el instinto moral ser\u00e1 m\u00e1s fuerte e ir\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo conveniente: los llevar\u00e1 a ayudar a sus semejantes de una manera generosa, pero sin ninguna obligaci\u00f3n profunda.<\/p>\n<p>Esa obligaci\u00f3n no era conocida de los Antiguos. Para los Griegos, la moral era una especie de est\u00e9tica: entre los Griegos se era hermoso y bueno (kalos kagazos), por ejemplo, cuando se practicaba el bien; y a su vez, se era feo cuando no se practicaba, o se hac\u00eda el mal. El fundamento de esta moral era el decorum debido. El \u00abdeon\u00bb de los Griegos, como el \u00abofficium\u00bb de los Latinos, no llevaba consigo la idea de la obligaci\u00f3n absoluta y apenas superaba a la conveniencia; si a veces se llegaba m\u00e1s all\u00e1, era porque la ley de la ciudad daba a entender su obligaci\u00f3n. Parece que para los Antiguos la obligaci\u00f3n moral proced\u00eda toda de la ley c\u00edvica; de ah\u00ed el parentesco en lat\u00edn de las palabras justum y jussum, sanctum y sancitum.<\/p>\n<p>Hab\u00eda dedicado muchas p\u00e1ginas al estudio del orden moral, especialmente en 1915 y 1916, cuando puesto en contacto con\u00a0 j\u00f3venes combatientes \u00e1vidos de saber porqu\u00e9 se expon\u00edan a la muerte, deseosos tambi\u00e9n de comprender la naturaleza y los fundamentos de la ley moral natural, con independencia de la moral revelada, hab\u00eda redactado para ellos cartas que eran verdaderos tratados, que era una manera de gastar sus fuerzas al servicio de su pa\u00eds. Establec\u00eda que todo hombre culto, situado en un medio civilizado, puede, con la ayuda de sus facultades naturales bien dirigidas, formarse una idea conveniente de la moral natural mediante el estudio de su ser y de su entorno; puede reconocer que existen tendencias susceptibles de desarrollarse, y que de este desarrollo depende su valor; que hay un instinto social que lo empuja a ayudar a aquellos de sus semejantes quienes, faltos de medios, no llegar\u00edan a ese pleno desarrollo. Pero, \u00bfse reduce todo eso a simples conveniencias, como cre\u00edan muchos Antiguos, o bien se trata de una obligaci\u00f3n radical? Semejante cuesti\u00f3n se resolver\u00e1 seg\u00fan lo que pensemos de Dios.<\/p>\n<p>Un hecho hist\u00f3rico confirma esta relaci\u00f3n necesaria. El pueblo jud\u00edo era de entre los Antiguos el \u00fanico que ten\u00eda la idea de un deber absoluto del que no se podr\u00eda escapar. Pero tambi\u00e9n era el \u00fanico en conocer al Dios personal y distinto del mundo.<\/p>\n<p>Si debemos entonces considerarnos como las cosas de Dios que nos cre\u00f3 desarrollables, y no desarrollados, y que no podr\u00eda permitir que su obra m\u00e1s bella fuera imperfecta y echada a perder por nuestra culpa, tenemos una obligaci\u00f3n ineludible de culminar este desarrollo por nosotros mismos, de no perjudicar el de nuestros semejantes. Tal es la esencia de la lex aeterna que est\u00e1 grabada en el fondo de nuestras conciencias. Esta ley moral \u00abnatural\u00bb no tiene por fundamento, dec\u00eda el Sr. Pouget, la omnipotencia divina, cuyo concepto lleva consigo presi\u00f3n y violencia: podr\u00edamos temer una ley de este g\u00e9nero; y no podr\u00edamos ni respetarla ni amarla. Pero la ley moral es una ley de orden y de raz\u00f3n, de benevolencia y de amor: no es otra cosa que un reflejo de la raz\u00f3n eterna que nos conceb\u00eda, al mismo tiempo que, llevado por la bondad infinita, el soberano Poder nos entregaba a nosotros mismos. Siendo como es una ley de infinita justicia, exige con todo rigor que cada uno sea tratado seg\u00fan sus actos.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas se oye repetir a menudo que estas sanciones de la ley alteran su esencia. Obligan a hacer el bien por el salario, y ya no es el bien lo que se quiere. De manera que el hombre honrado sin esperanzas ser\u00eda m\u00e1s perfecto que el santo. A ello respond\u00eda: \u00abEl bien debe hacerse por s\u00ed mismo. Se puede despu\u00e9s desear la recompensa o no tenerla presente, pero no se la podr\u00eda excluir porque, por la naturaleza de las cosas, y tambi\u00e9n por la ley moral misma, est\u00e1 conectada necesariamente con el bien cumplido.\u00bb Efectivamente, la ley eterna, de la que nuestro ind\u00f3mito instinto de justicia no es sino un d\u00e9bil y lejano eco, no podr\u00eda admitir que el que se ha ennoblecido en el cumplimiento fiel de esta ley, y que el que se ha degradado viol\u00e1ndola cobardemente puedan ser tratados de la misma manera.<\/p>\n<h2>El discernimiento de la verdadera Religi\u00f3n<\/h2>\n<p>Tenemos una primera base de verdades, a la luz de las cuales va a ser preciso juzgar de todas las doctrinas que se han presentado al hombre y que han reclamado su asentimiento.<\/p>\n<p>Las religiones van a sufrir pues el examen de la raz\u00f3n y de la conciencia; s\u00f3lo podr\u00e1n aceptarse las que presenten lo que exigen la raz\u00f3n y la conciencia<\/p>\n<p>La primera condici\u00f3n requerida para que una religi\u00f3n positiva sea leg\u00edtima y por lo tanto aceptable, aunque no se imponga a la conciencia, es que no excluya la religi\u00f3n natural, que respete sus preceptos esenciales, y que no niegue ninguna de las verdades racionales que les sirven de base.<\/p>\n<p>La segunda condici\u00f3n es que en las partes positivas que a\u00f1ade a la religi\u00f3n natural y que le permiten distinguirse de ella, no contradiga a la raz\u00f3n ni a la conciencia. As\u00ed, el dogma en las partes no verificables y necesariamente misteriosas no debe ense\u00f1ar misterios que parecer\u00edan absurdos o contradictorios. Asimismo, la moral religiosa no debe mandarnos actos contrarios a la ley moral natural, ni por ejemplo asesinatos rituales, prostituciones sagradas. Eso es evidente, pero no suficiente todav\u00eda. Las prescripciones divinas deben perfeccionar la moral natural, pero sin recargarla. Una religi\u00f3n divina no puede exigir como condici\u00f3n universal y exclusiva para la salvaci\u00f3n pr\u00e1cticas indiferentes a la perfecci\u00f3n moral del hombre, o demasiado complicadas y que necesitar\u00edan una situaci\u00f3n social privilegiada.<\/p>\n<p>Finalmente, como la religi\u00f3n positiva pretende imponerse a la conciencia y s\u00f3lo Dios puede hablar a la conciencia, conviene a\u00fan que la religi\u00f3n ofrezca se\u00f1ales claras e indiscutibles de una intervenci\u00f3n especial de Dios en su favor. Lo que s\u00f3lo sucede mediante hechos extraordinarios o testimonios hist\u00f3ricamente constatados.<\/p>\n<p>No tiene cabida dentro de los l\u00edmites de este resumen exponer los resultados de este estudio que hab\u00eda realizado el Sr. Pouget sobre las diferentes religiones conocidas por la historia. Los consign\u00f3 en una obrita privada de 569 p\u00e1ginas in octavo, que a su vez es un compendio. He aqu\u00ed c\u00f3mo en la p\u00e1gina 536 hac\u00eda su resumen:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abTodas las religiones que han florecido en las grandes civilizaciones anteriores a nuestra era, todas las que existen todav\u00eda, se deben rechazar porque lesionan la conciencia moral cuyo fundamento conoce la raz\u00f3n. La \u00fanica antes de nuestra era que no lesionaba la conciencia era la antigua religi\u00f3n de Israel; pero, fijada desde la venida y sobre todo desde la muerte de Cristo en una inmovilidad decadente, no est\u00e1 ya animada de las tendencias superiores que inspiraron antiguamente la larga serie de sus representantes ilustres. Algo tanto m\u00e1s admirable porque la doctrina y la pr\u00e1ctica religiosas se hab\u00edan desarrollado en ella siguiendo una marcha casi regular, progresiva, y siempre ascendente, que no se ve\u00eda en ninguna otra parte: en todos los casos, en efecto, se estancaban en el error y el mal, o se hund\u00edan todav\u00eda m\u00e1s en \u00e9l; solamente se constata un caso de marcha ascendente, en la religi\u00f3n del Avesta; pero esta evoluci\u00f3n, debida probablemente a influencias judeo-cristianas, se detiene de pronto y no se completa; y as\u00ed, el mazde\u00edsmo no es excepci\u00f3n entre las antiguas religiones distintas de Israel, aunque sea m\u00e1s perfecto o mejor menos imperfecto que ellas. La acci\u00f3n de la Providencia en la educaci\u00f3n y la conducta moral de la humanidad, \u00bfhab\u00eda cesado pues en Israel, o se hab\u00eda desplazado hacia el principio de nuestra era? Ni una cosa ni la otra. Israel pose\u00eda, para s\u00ed y para la humanidad entera, ricas promesas de salvaci\u00f3n cuya naturaleza y contenido desarrollado hab\u00edan explicado sus santos y sus profetas, en el correr del tiempo, pero que s\u00f3lo comprend\u00eda y gustaba la elite de Israel, que mientras aumentaba en calidad, disminu\u00eda en n\u00famero a medida que se acercaba, con el comienzo de nuestra era, la \u00e9poca en que deb\u00edan realizarse estas promesas, esperanza de Israel y espera del mundo, y en que deb\u00edan comenzar, de manera asombrosa, a pesar de estar preparadas y anunciadas, la m\u00e1s feliz revoluci\u00f3n moral y la mayor transformaci\u00f3n moral que hayan tenido lugar y que puedan tener lugar nunca en la humanidad: es como un elemento divino, y por eso inalterable, que cay\u00f3 y entr\u00f3 en ella con una extensi\u00f3n, una profundidad y una intimidad siempre crecientes, pero sin que el agente transformador ni su trabajo de transformaci\u00f3n cambien de naturaleza.<\/p>\n<p>Apareci\u00f3 un hombre, que pertenece a la historia, obrero sencillo y conocido como hijo de sencillos obreros. Fue \u00e9l quien de repente comenz\u00f3 esta gran transformaci\u00f3n mediante una ense\u00f1anza de una sencillez y profundidad incomparables, y mediante el ejemplo de una vida cuyo valor moral est\u00e1 fuera de todo parang\u00f3n. Seguido tan s\u00f3lo por un d\u00e9bil grupo moral selecto, desconocido y menospreciado por el resto de sus conciudadanos, condenado a morir finalmente por las autoridades religiosas de Israel, afirm\u00f3 solemnemente antes de morir, delante de esa misma autoridad, y con m\u00e1s fuerza que nunca, su calidad de Mes\u00edas o Cristo, o de gran Enviado divino anunciado por los profetas y esperado ansiosamente en Israel. Dios, que hab\u00eda autorizado la ense\u00f1anza y la palabra del Obrero de Nazaret por las numerosas y extraordinarias acciones de poder y de bondad que le hab\u00eda concedido realizar (He II, 22; X, 38), no le abandon\u00f3 en la muerte, sino que le sac\u00f3 de la tumba al tercer d\u00eda (ibid., X, 40), vivo y transformado. Esto es lo que sabemos por los testimonios oculares de los hechos, y por sus disc\u00edpulos inmediatos que les oyeron relatar estos hechos.<\/p>\n<p>Cristo \u2013podemos dar este t\u00edtulo a Jes\u00fas- encomend\u00f3 a sus doce enviados o Ap\u00f3stoles el cuidado y encargo de continuar su obra. Era una selecci\u00f3n moral de hombres sencillos y rectos, elegidos de entre los mejores de Israel, y preparados para su futuro ministerio por Jes\u00fas, quien, antes de despedirse de ellos despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, les comunic\u00f3 sus poderes para ense\u00f1ar y santificar a todos los hombres, y les prometi\u00f3 su asistencia para siempre. Los Doce, temerosos en un principio y desconcertados por la muerte de su Maestro, pero tranquilizados y robustecidos despu\u00e9s por su vida nueva, y cambiados ellos tambi\u00e9n en otros hombres, se pusieron al punto a trabajar, y arrastraron en su seguimiento lo que quedaba de selecto en Israel, escaso en cantidad, pero superior en calidad. Sin abandonar Israel, ya casi todo \u00e9l endurecido, esta porci\u00f3n santa del pueblo de Dios se volvi\u00f3 hacia los pueblos paganos (He XIII, 46). Entre ellos estableci\u00f3, en Oriente y sobre todo en Occidente, en el mundo greco-romano, estas comunidades de creyentes, o Iglesias, que fundaron otras a su vez. Tres siglos m\u00e1s tarde, este mundo, que formaba la parte por entonces m\u00e1s civilizada de nuestra humanidad, era invadido por sus cuatro costados por el fermento del Evangelio (Mt XIII, 33); fue paulatinamente transformado durante toda la Edad Media por la acci\u00f3n de este elemento divino; y, a pesar de sus divisiones en la \u00e9poca moderna, se convirti\u00f3, con sus colonias y sus expansiones, en lo que vemos que es hoy, en la cabeza y el coraz\u00f3n de la humanidad. Las partes que siguen unidas en el antiguo centro de la cristiandad, en Roma, es decir los grupos cat\u00f3licos, poseen, seg\u00fan se constata por la historia, el cristianismo en su integridad. Las partes disidentes, cisma oriental o confesiones protestantes, no poseen m\u00e1s que un cristianismo adormecido o fragmentario, y que sigue deterior\u00e1ndose en su doctrina y en su pr\u00e1ctica. Mentes, no perversas, sino superficiales, y que s\u00f3lo ven en una religi\u00f3n la expresi\u00f3n exterior del culto, se inclinan a pensar que la obra de Jes\u00fas, el Cristo, recibi\u00f3 en el siglo XVI un golpe del que todav\u00eda no se ha recuperado y del que tal vez no se recupere nunca. Esta opini\u00f3n carece de fundamento. En el Occidente romano, incrementado con la mayor parte del mundo germ\u00e1nico y de numerosas poblaciones eslavas, el cristianismo hab\u00eda creado antes de la Reforma protestante un medio que el catolicismo se esforz\u00f3 siempre en sostener a partir de entonces: y sus esfuerzos se ven cada vez m\u00e1s coronados por el \u00e9xito.<\/p>\n<p>El medio cristiano es el esp\u00edritu del cristianismo, \u00fanico elemento que constituye la religi\u00f3n profunda y verdadera, pero elemento oculto que tan s\u00f3lo una vista penetrante puede discernir. En la \u00e9poca moderna, y sobre todo en la edad contempor\u00e1nea, el catolicismo, a trav\u00e9s de sus numerosos e intr\u00e9pidos Ap\u00f3stoles, lleva y difunde este cristianismo profundo y el \u00fanico aut\u00e9ntico por todas las partes de la tierra aun por las m\u00e1s desheredadas y no desconf\u00eda de verlo arraigar en ellas, despu\u00e9s de prolongados esfuerzos, como lo est\u00e1 en la antigua cristiandad. Esta esperanza no es quim\u00e9rica.<\/p>\n<p>Hoy, para aquellos de nuestros contempor\u00e1neos formados y ponderados que se dan cuenta, al cabo de una madura reflexi\u00f3n, de que la cuesti\u00f3n importante de nuestro origen y de nuestro fin no admite m\u00e1s que una soluci\u00f3n religiosa, el cristianismo es el \u00fanico que cuenta. El islamismo, el budismo, el confucianismo, a pesar de sus numerosos millones de adeptos, no reciben de ellos m\u00e1s que una mirada de indiferencia y a menudo de desprecio. Si por la historia examinan el origen de las confesiones cristianas existentes hoy, si realizan un estudio comparativo de su estado presente, sin ning\u00fan lazo por nacimiento con ninguna de ellas, es a la Iglesia cat\u00f3lica hacia donde se dirigen. Es raro sin embargo que pidan enseguida ser admitidos en ella; ya que entregarse a Cristo sin reservas, por intermedio de simples mortales, es un abandono de s\u00ed que corre el peligro de asustarlos a primera vista; pero, con la reflexi\u00f3n y la buena voluntad, acaban, mansas ovejas, por ser conducidas al reba\u00f1o de Cristo: de esta forma sigue cumpli\u00e9ndose la palabra del Salvador (Jn X, 16): \u00abTengo otras ovejas que no son de este redil; es preciso que las re\u00fana, y no habr\u00e1 mas que un reba\u00f1o y un solo pastor\u00bb.<\/p>\n<p>Estos son los hechos en resumen; y tambi\u00e9n el estado de las cosas en la hora actual\u00a0 y las esperanzas que nos abre\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget estaba pues convencido de que el estudio integral de la historia universal, considerada en su profundidad, en su amplitud y en su altura, deb\u00eda convencer a una mente abierta y bien dispuesta del car\u00e1cter extraordinario, excepcional y divino de la religi\u00f3n cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Los m\u00e9todos de divisi\u00f3n, los procedimientos anal\u00edticos perjudicar\u00e1n siempre al estudio del cristianismo. Ya que, para que el judeo-cristianismo aparezca con todo su valor, su rango y su alcance, se ha de comprender primero la historia en todo su desarrollo y en todo su curso, y luego se han de analizar y juzgar los hechos con una regla de verdad, de moralidad, de santidad, que no puede hallarse en los propios hechos.<\/p>\n<h2>El m\u00e9todo en teolog\u00eda<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de razonar sobre el universo y de extraer de este examen las conclusiones que se impon\u00edan a sus ojos, despu\u00e9s de aplicar esta misma raz\u00f3n al examen de los datos hist\u00f3ricos y concluido en la existencia de una religi\u00f3n verdadera, despu\u00e9s de tratar de discernir por la cr\u00edtica lo que Dios por su Iglesia garantizaba y revelaba verdaderamente a los hombres, trabajaba \u00e9l en este diamante puro, describ\u00eda su estructura, los rayos y los fuegos. Era algo diferente de lo que se entiende de ordinario por teolog\u00eda, era, hubiera dicho con gusto, la teolog\u00eda tradicional libre de la mentalidad griega. Pretend\u00eda con ello volver al verdadero m\u00e9todo natural, m\u00e1s all\u00e1 de la teolog\u00eda llamada generalmente escol\u00e1stica, que, por perfecta que pareciera en su rango y en su sitio, le produc\u00eda la impresi\u00f3n de haber llegado a tener una importancia desproporcionada a su primer fin. Pero esto pide explicaciones.<\/p>\n<p>No parece una traici\u00f3n a su pensamiento si se afirma que la reflexi\u00f3n religiosa pod\u00eda pasar por tres momentos.<\/p>\n<p>1\u00ba El primero correspond\u00eda a lo que los antiguos te\u00f3logos llamaban los praeambula fidei, y que se podr\u00edan considerar como \u00abla teolog\u00eda natural\u00bb. Esta teolog\u00eda coincide con la filosof\u00eda m\u00e1s elevada, la que se plantea las cuestiones \u00faltimas. Con las luces de la raz\u00f3n se eleva hasta Dios. De la existencia de Dios resulta la posibilidad de intervenciones divinas que llevan el sello de su autor: es el milagro.<\/p>\n<p>2\u00ba El segundo correspond\u00eda a lo que se llama \u00abteolog\u00eda positiva\u00bb, y que estudia los datos de la Escritura y los de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Si estas intervenciones de las que acabamos de hablar tuvieron lugar, no se pueden constatar m\u00e1s que por la historia. La historia que las constata es, antes de nuestra era, el Antiguo Testamento; al principio de nuestra era, el NuevoTestamento, situados uno y otro en su medio hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Y toda la historia de la Iglesia permite ver que esta intervenci\u00f3n divina se mantuvo, se continu\u00f3 y se desarroll\u00f3 en el curso del tiempo y ha seguido de alguna manera id\u00e9ntica a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>3\u00ba As\u00ed, la intervenci\u00f3n divina no se manifiesta solamente en el periodo de la preparaci\u00f3n y de la constituci\u00f3n de la Iglesia. Al Sr. Pouget le gustaba esta f\u00f3rmula de la Carta a los Hebreos: Christus heri, Christus hodie, Christus et in saecula. \u00abContemplar, dec\u00eda \u00e9l, esta vida p\u00f3stuma de Cristo, aqu\u00ed abajo, que por ello no deja de ser menos inmortal en su gloria no es una ocupaci\u00f3n vana\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que ninguna escuela filos\u00f3fica pudo conseguir para su sistema, lo que ninguna religi\u00f3n positiva realiz\u00f3 para su doctrina, lo que ninguna otra confesi\u00f3n cristiana pudo llevar a cabo para el s\u00edmbolo de su creencia, la Iglesia cat\u00f3lica, y s\u00f3lo ella, lo hizo para el dep\u00f3sito total de la verdad revelada. Y no s\u00f3lo ha logrado conservar esta verdad, sino que, cosa m\u00e1s \u00fatil y tambi\u00e9n m\u00e1s ardua, que la ha hecho fructificar y extenderse sin alterarse ni deformarse.<\/p>\n<p>Este desarrollo de la doctrina dio origen a una tercera forma de pensamiento teol\u00f3gico, en las condiciones que vamos a decir.<\/p>\n<p>Una vez constatada la revelaci\u00f3n por la filosof\u00eda y la historia, es traducida en f\u00f3rmulas por la autoridad suprema de la Iglesia; estas f\u00f3rmulas, sobre todo las que son simples y positivas, llevan el nombre de s\u00edmbolos, o tambi\u00e9n de profesiones de fe bautismales. Un tipo es el s\u00edmbolo llamado de los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Ahora bien, estas profesiones de fe presentan a la mente problemas que por lo general son insolubles. Algunas cabezas, mal equilibradas, han pretendido resolver estos problemas s\u00f3lo por los datos de la raz\u00f3n. Sus soluciones destru\u00edan la fe. La Iglesia condenaba entonces estas doctrinas como her\u00e9ticas, y apartaba a sus autores de la comuni\u00f3n, si \u00e9stos no se somet\u00edan. Esto es lo que hicieron los Concilios generales y las bulas dogm\u00e1ticas de los papas. En estos \u00faltimos documentos, los art\u00edculos de fe est\u00e1n por lo general bajo forma negativa. Un sencillo ejemplo que le era grato \u00abpon\u00eda la cosa en claro\u00bb. El S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles habla de Jesucristo, hijo \u00fanico de Dios, como de un solo ser, que es sin embargo Dios y hombre a la vez, porque tiene todo lo que constituye a Dios y todo lo que constituye al hombre. \u00bfC\u00f3mo entender este misterio del Verbo encarnado? La inteligencia humana se aplic\u00f3 a ello, y con frecuencia peligrosamente. As\u00ed Nestorio no quer\u00eda ver en Cristo m\u00e1s que una uni\u00f3n de amistad (la m\u00e1s \u00edntima es cierto) entre Dios y el hombre; era poner dos personas; fue condenado en 431 por el Concilio general de \u00c9feso. Eutiques y sus numerosos partidarios se fueron al lado opuesto: la humanidad y la divinidad de Cristo se confund\u00edan de tal manera que no formaban m\u00e1s que una mezcla monstruosa y una sola naturaleza: de ah\u00ed el monofisismo, que fue condenado en 451 en el Concilio de Calcedonia.<\/p>\n<p>Estas dos definiciones solemnes no a\u00f1aden nada de positivo al contenido del S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles; \u00fanicamente se precis\u00f3, sirvi\u00e9ndose de las palabras de persona y de naturaleza, la significaci\u00f3n de la fe tradicional. En estas definiciones, dec\u00eda el Sr. Pouget, hay la parte negativa y que no se encuentra en el S\u00edmbolo; este negativo es que Cristo no es uno al modo de Nestorio y no es m\u00e1s uno a la manera de Eutiques; pero c\u00f3mo es uno? Ah\u00ed est\u00e1 el misterio.<\/p>\n<p>\u00abLo ven\u00a0 ustedes, explicaba nuestro autor entonces a los laicos en dificultades, los art\u00edculos de la fe son algo muy preciso en la expresi\u00f3n. Son los s\u00edmbolos oficiales\u00a0 (S\u00edmbolos de los Ap\u00f3stoles y de Nicea, S\u00edmbolo llamado de san Atanasio), las profesiones de fe solemnes (por ejemplo la profesi\u00f3n de fe de P\u00edo IV impuesta a los\u00a0 obispos), los c\u00e1nones de los concilios ecum\u00e9nicos o recibidos como tales en la Iglesia (pero s\u00f3lo los c\u00e1nones y no los cap\u00edtulos o explicaciones que a veces los preceden) y en la bulas dogm\u00e1ticas de los papas (por ejemplo la de la Inmaculada Concepci\u00f3n de 1854), la definici\u00f3n dogm\u00e1tica sola, es decir algunas l\u00edneas solamente en una pieza de ordinario muy larga. Estos art\u00edculos de fe son la expresi\u00f3n oficial de la creencia de la Iglesia. A partir de ellos comienza la teolog\u00eda propiamente dicha.\u00bb<\/p>\n<p>Y es que efectivamente, a prop\u00f3sito de los art\u00edculos de fe definidos por la Iglesia, comienza a plantearse a la mente humana un gran n\u00famero de problemas. Por ejemplo, despu\u00e9s de las definiciones de Calcedonia se puede preguntar qu\u00e9 relaci\u00f3n tienen en Cristo la humanidad y la divinidad. Despu\u00e9s de las definiciones antipelagianas, como despu\u00e9s del concilio de Trento, se preguntar\u00e1: \u00bfqu\u00e9 es la gracia que nos hace hijos de Dios? \u00bfqu\u00e9 son los sacramentos, esos ritos exteriores que nos dan esa gracia interior o tambi\u00e9n que ponen en nosotros el poder de conferirla? \u00bfqu\u00e9 es la autoridad eclesi\u00e1stica la cual, aunque residiendo en hombres mortales, falibles y pecadores, da en circunstancias bien definidas ense\u00f1anzas infalibles, purificaciones aceptables a Dios mismo y que pronuncia sentencias que el cielo ratifica?<\/p>\n<p>A estas preguntas, misteriosas en s\u00ed mismas, se pueden proponer varias respuestas v\u00e1lidas igualmente. La Iglesia deja a las Escuelas su libertad. No interviene m\u00e1s que para condenar las teor\u00edas que alterar\u00edan la esencia de su dep\u00f3sito, lo que le proporciona a veces la ocasi\u00f3n de una definici\u00f3n, es decir de una precisi\u00f3n nueva.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda dogm\u00e1tica consiste pues en un trabajo del pensamiento, hecho bajo el control de la autoridad apost\u00f3lica, con vistas a obtener una expresi\u00f3n de la fe que satisfaga m\u00e1s a la inteligencia. Porque ning\u00fan sistema de doctrina, entre todos los que han construido los m\u00e1s grandes maestros, es comparable, ni por su importancia, ni por sus dificultades, ni por sus consecuencias pr\u00e1cticas en el tiempo y en el m\u00e1s all\u00e1 sin fin, a la suma de las verdades traducidas en dogmas que son el objeto de la fe.<\/p>\n<p>Mas, por necesario que sea este trabajo, no se podr\u00eda, dec\u00eda nuestro autor, confundir la teolog\u00eda con la fe, \u00abno m\u00e1s que\u00a0 la luz del arco el\u00e9ctrico, tan resplandeciente no obstante, con la del sol\u00bb, \u00abLa revelaci\u00f3n se termin\u00f3, dec\u00eda tambi\u00e9n; cada cual recibe m\u00e1s o menos, seg\u00fan su capacidad. Los hay quienes la reciben a manos llenas, por ejemplo san Pablo. A imitarle\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos comprender ahora el lugar que ocupa en la teolog\u00eda propiamente dicha lo que se llama teolog\u00eda escol\u00e1stica. Es una especie en un g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Las preguntas hechas a la inteligencia por la fe se podr\u00edan resolver de varias formas. La m\u00e1s sencilla, o al menos la m\u00e1s tentadora, era aplicarles los m\u00e9todos de pensamiento que los Griegos hab\u00edan perfeccionado. Al hacerlo, se ha injertado muy temprano en la teolog\u00eda positiva una teolog\u00eda complementaria, que se dirig\u00eda menos a establecer y experimentar los datos revelados que a armonizarlos unos con otros y sobre todo a demostrar su conveniencia con la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde la \u00e9poca carolingia, la teolog\u00eda en Occidente fue positiva: sacaba sus pruebas ya de las Escrituras, ya de los documentos emanados de la autoridad eclesi\u00e1stica y principalmente de los Padres. Era un buen camino, se constru\u00eda el edificio con materiales s\u00f3lidos. Y en el siglo XII, Pedro Lombardo, en sus cuatro libros de \u00abSentencias\u00bb, hab\u00eda escrito un verdadero manual de teolog\u00eda positiva, lo estudiaban en las Escuelas episcopales, y durante tres siglos los Doctores lo comentaron en las Universidades. Pero era casi inevitable proponer otro m\u00e9todo, m\u00e1s conforme a la raz\u00f3n: se trataba, en \u00faltimo caso, de construir el dogma sin materiales reales y con la sola inteligencia: Abelardo utiliz\u00f3 este camino y fue condenado. Sin ir tan lejos, se pod\u00eda iluminar la fe con la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto es lo que intent\u00f3 uno de los mayores te\u00f3logos de la Iglesia, santo Tom\u00e1s de Aquino, en su obra tan apreciada de la Suma Teol\u00f3gica. Santo Tom\u00e1s se\u00f1ala desde el principio las relaciones de la teolog\u00eda escol\u00e1stica propiamente dicha con los art\u00edculos de la fe. El concepto de la ciencia para santo Tom\u00e1s es el de los Griegos, y \u00e9stos no conoc\u00edan verdaderamente m\u00e1s que las ciencias matem\u00e1ticas, sobre todo la geometr\u00eda, que era para ellos el tipo de toda ciencia. Pues bien, para \u00e9l, como para los Griegos, una ciencia es un conjunto de deducciones ligadas entre s\u00ed y que forman sistema, deducciones que se refieren a un objeto preciso (la cantidad o materia inteligible en la geometr\u00eda) y que parten de principios evidentes, que dan a la ciencia toda su certidumbre. Estos principios son, o generales (axiomas) o particulares,\u00a0 mejor dicho \u00abpropios\u00bb (definiciones). En esta perspectiva, la teolog\u00eda ser\u00e1 pues una ciencia cuyos principios son los art\u00edculos de fe.<\/p>\n<p>No se pretend\u00eda de ninguna manera probar de este modo la verdad de los art\u00edculos de fe; se trataba solamente de dar a entender que no eran opuestos a la raz\u00f3n, que antes bien eran conformes a ella. Con un cuerpo de doctrina filos\u00f3fica lo m\u00e1s completo posible, se trat\u00f3 de demostrar por la analog\u00eda una especie de acuerdo positivo entre los datos de la raz\u00f3n y los de la revelaci\u00f3n. El cuerpo de doctrina que prevaleci\u00f3 fue el sistema aristot\u00e9lico, bastante te\u00f1ido de platonismo y en\u00e9rgicamente corregido cuando iba contra el cristianismo. A esta teolog\u00eda filos\u00f3fica se la ha llamado escol\u00e1stica.<\/p>\n<p>En esta obra, explicaba, santo Tom\u00e1s no tiene rival, y apreciaba mucho su genio. Arist\u00f3teles compuso tal vez el mejor sistema que exista, si bien no se impone ning\u00fan sistema filos\u00f3fico. Santo Tom\u00e1s es su disc\u00edpulo, pero piensa al mismo tiempo que su Maestro, y le rectifica resueltamente cuando hace falta. Nos dej\u00f3 un manual magistral de teolog\u00eda racional, tal y como se la entend\u00eda en el siglo XIII. El dogma, una vez m\u00e1s, no se demuestra en \u00e9l, pero se expone con claridad y profundidad. Santo Tom\u00e1s va m\u00e1s lejos, da pruebas racionales de la conveniencia de los dogmas, por ejemplo a prop\u00f3sito de la Trinidad. Pero ah\u00ed fija \u00e9l los l\u00edmites. En la cuesti\u00f3n XXXII de la Prima Pars de la Suma (que al Sr. Pouget le gustaba citar[1]), al preguntarse si se puede conocer la Trinidad por la\u00a0 raz\u00f3n, el santo doctor refuta el sentimiento afirmativo estableciendo a nivel de las teor\u00edas cient\u00edficas o teol\u00f3gicas que habr\u00eda impedido a los jueces de Galileo condenar al sabio florentino, si hubieran le\u00eddo y meditado este art\u00edculo de la Suma.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s, en materia cient\u00edfica, habla como la gente de su tiempo. La brevedad misma de su exposici\u00f3n exige que se complete, y por ejemplo sus pruebas de Dios presentan demasiados sobreentendidos. Pero en materia moral, era un santo y no de los Mayores maestros de la vida espiritual. \u00abConviene leer la Suma dejando de lado lo que est\u00e1 en desuso, sin detenernos en lo que ha envejecido, pero insistiendo en lo que es s\u00f3lido, sin darle a todo esto el mismo valor, y en fin, cuando convenga, completando con algo nuevo de buena calidad las lagunas inevitables en una obra que cuenta ya casi siete siglos de vida.\u00bb Esa ser\u00e1 la verdadera manera de honrarle.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l no es toda la escol\u00e1stica, y la escol\u00e1stica misma no lo es todo. Adem\u00e1s, podr\u00eda ser que en estas materias supremas haya que mortificar m\u00e1s de una vez la curiosidad. Los te\u00f3logos, dec\u00eda el Sr. Pouget, quieren resolver todos los problemas. Y, hay muchos que se han de plantear sin resolverlos. Tendamos, como dec\u00eda san Agust\u00edn, a una docta ignorancia\u00bb.<\/p>\n<p>De esta forma, en lugar de abrir un abismo entre los m\u00e9todos de la ciencia sagrada y los de la ciencia profana, \u00e9l tend\u00eda a acercarlos, y as\u00ed hac\u00eda la ciencia eclesi\u00e1stica menos impermeable a las inteligencias laicas de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Recordemos lo que dijimos en el cap\u00edtulo anterior sobre la divinidad de Jesucristo seg\u00fan los Sin\u00f3pticos. \u00bfQu\u00e9 vimos? Que siendo conocidas algunas palabras de Jesucristo por la historia, se trataba de darles un sentido, de coordinarlas con otras palabras en apariencia contrarias. Entonces, que Jes\u00fas sea un hombre nos lo revelan todos los testimonios; que se haya atribuido un poder divino y una misteriosa igualdad con Dios es lo que atestiguan algunas de sus afirmaciones m\u00e1s solemnes. \u00c9l es hombre y tambi\u00e9n es Dios. \u00bfC\u00f3mo conciliarlo todo? \u00bfExistir\u00eda una pluralidad en el ser divino?\u00a0 Pero la pluralidad de Dios no se podr\u00eda discutir. Nos vemos pues obligados a formular dos proposiciones, igualmente dadas por la experiencia y que son opuestas una a la otra. No vemos bien el lugar de su cohabitaci\u00f3n, y con todo es necesario que se encuentren. Lo es para que la historia est\u00e9 de acuerdo consigo misma.<\/p>\n<p>Las expresiones que acabamos de emplear nos advierten que no es imposible hallar en ellas un procedimiento an\u00e1logo al de las ciencias. \u00c9stas se acomodan a la experiencia, y se ven obligadas a traducir los hechos por ecuaciones, en las que figuran elementos contrarios. La historia reciente de la mec\u00e1nica ondulatoria es un ejemplo. Siendo esto as\u00ed, \u00bfexiste una oposici\u00f3n tan absoluta entre las trayectorias de la fe y las de la ciencia?<\/p>\n<p>\u00c9l explicaba que:<\/p>\n<p>&#8211; \u00aben la teolog\u00eda se expone un trabajo del pensamiento humano an\u00e1logo a lo que se llama la inducci\u00f3n en las ciencias de la naturaleza. Las experiencias y las observaciones corresponden a los datos positivos que en nuestra teolog\u00eda son datos que nos llegan por la revelaci\u00f3n y que de ninguna forma podemos incrementarlos, como lo hacemos en las ciencias, experimentando. El objeto sobre el que se trabaja es diferente, pero el m\u00e9todo de trabajo es, si no id\u00e9ntico, al menos muy an\u00e1logo; por una parte y por otra, construimos, para llegar en teolog\u00eda positiva o fundamental a un enunciado conveniente de los art\u00edculos de fe, y en ciencias de la naturaleza a un enunciado preciso de las leyes de la naturaleza. Estas dos clases de ciencias son diferentes en el objeto, &#8211; y eso basta- de ninguna manera en su m\u00e9todo, que es necesariamente uno de los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n de la mente humana\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, existe diferencia entre el estado de las inteligencias modernas y el de los pensadores medievales. En la Edad Media se preocupaban m\u00e1s por ilustrar que por demostrar y m\u00e1s por sondear que por fundamentar.<\/p>\n<p>La creencia en Dios era un bien com\u00fan y a santo Tom\u00e1s le bastaba con una p\u00e1gina de la Suma para defenderla. Y pronto se formaban los art\u00edculos de fe por mentes que carec\u00edan de conocimientos hist\u00f3ricos y de preocupaciones cr\u00edticas. \u00abLa teolog\u00eda positiva apenas exist\u00eda en la Edad Media, no se la echaba de menos, porque no era atacada la fe; exist\u00eda de alguna manera entre los primeros apologistas (siglos II-IV), pero casi en estado rudimentario y con m\u00e1s filosof\u00eda que historia; comenz\u00f3 a desarrollarse en el siglo XVI contra el protestantismo, pero hasta nuestra \u00e9poca (siglos XIX-XX) no llega a tener importancia y formar un verdadero cuerpo de conocimientos\u00bb.<\/p>\n<p>En la Edad Media, era la fe la que iba al encuentro de la inteligencia. Ahora es m\u00e1s bien la inteligencia bien preparada y consciente la que debe salir al encuentro de la fe, para echarle una mano. Y por otro lado, para el Sr. Pouget, al volver a este m\u00e9todo natural se vuelve al esp\u00edritu de los primeros ap\u00f3stoles, al m\u00e9todo esencial y constante del cristianismo, como lo hab\u00eda visto el genio de Pascal.<\/p>\n<p>Hemos dicho m\u00e1s de una vez que el Sr. Pouget era un hombre muy poco sistem\u00e1tico. Sin embargo, en sus \u00faltimos d\u00edas, los visitantes le llevaron a dar su parecer sobre los problemas \u00faltimos que\u00a0 preocupan al cristiano y a escribir en resumen, para expresarlo una vez m\u00e1s en su lengua propia, \u00abel equivalente\u00bb de una teolog\u00eda.<\/p>\n<p>Dos focos, dec\u00edamos, en la elipse infinita de los conocimientos sagrados: el problema de lo que es Dios en s\u00ed mismo, el problema de lo que Dios ha hecho. Dos problemas que son inaccesibles a la raz\u00f3n por sus solas fuerzas. Seg\u00fan\u00a0 lo hemos visto, la raz\u00f3n llega a Dios como causa necesaria, absoluta y total del universo, pero el interior del ser divino le est\u00e1 oculto en un misterio impenetrable.<\/p>\n<p>En cuanto a las obras divinas, tampoco podemos conocerlas por deducci\u00f3n, ya que dependen de la voluntad de Dios, soberanamente libre. Por otro lado, sobre estos dos problemas, no est\u00e1 igualmente repartida la luz. Conocemos directamente y plenamente los planes de Dios sobre nuestra salvaci\u00f3n, indirectamente y si se nos permite ocasionalmente la esencia del ser divino. Nuestra elevaci\u00f3n al estado sobrenatural, nuestra filiaci\u00f3n divina adoptiva, nuestra consumaci\u00f3n en la gloria eterna se operan de hecho por la Encarnaci\u00f3n y la muerte redentora del Hijo de Dios hecho hombre. El Padre nos es pues conocido para explicarnos al Hijo, hecho uno de nosotros sin dejar de ser el Hijo eterno del Padre.<\/p>\n<h2>La Trinidad<\/h2>\n<p>El Dios de la sola raz\u00f3n nos deja en el desierto de la abstracci\u00f3n. Su naturaleza \u00edntima es inaccesible a nuestra inteligencia. Pero, como la Trinidad entraba en escena por la Encarnaci\u00f3n del Hijo, era preciso que la Trinidad nos fuese revelada para que Cristo, hombre y Dios a la vez, recibiera los honores divinos que le son debidos y que su distinci\u00f3n del Padre y del Esp\u00edritu no alterara en nada la unidad divina. Tenemos pues en la Escritura fuentes de conocimiento sobre el misterio del ser divino.<\/p>\n<p>\u00c9l las hab\u00eda recogido con cuidado y hab\u00eda dedicado a la Trinidad un peque\u00f1o tratado muy denso: lo hab\u00eda hecho seg\u00fan su m\u00e9todo, poniendo a \u00abtrabajar a su raz\u00f3n lo mejor que pod\u00eda sobre los datos de la Revelaci\u00f3n transmitida en las Escrituras y precisados en caso de necesidad por las definiciones o los s\u00edmbolos de la Iglesia\u00bb. Gracias a estos datos (y especialmente a los suministrados por los tres Sin\u00f3pticos) mostraba que hay en Dios una pluralidad de principios, aunque Dios sea uno. Dios es uno y trino. Pero, \u00bfesta pluralidad de Personas se ve implicada en la naturaleza de Dios? O por el contrario, \u00bfes una especie de hecho supremo? Esta segunda soluci\u00f3n no es sostenible. Nos queda que \u00abDios sea tan necesariamente trino como es uno\u00bb, y ah\u00ed est\u00e1 el misterio, ya que la necesidad de semejante relaci\u00f3n entre la unidad y la trinidad escapa a nuestra raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Es costumbre, a partir de san Agust\u00edn, cuando se especula sobre la Trinidad, indagar a ver si no ha depositado en nosotros algunas im\u00e1genes de s\u00ed misma. Desconfiaba \u00e9l de estas analog\u00edas y cre\u00eda que pon\u00edamos en juego mucho de nosotros. Este pasaje tomado de uno de sus estudios nos dar\u00e1 a entender su punto de vista.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLas criaturas estudiadas por la raz\u00f3n nos conducen a Dios como causa y causa infinita, absolutamente determinada a pesar de su infinitud, por ser infinita en perfecci\u00f3n. Ahora, una causa muy en\u00e9rgica y bien determinada no es por fuerza una persona, ni siquiera cuando esta causa existe en una criatura racional: un ejemplo de ello lo tenemos en nosotros mismos; nuestra inteligencia, facultad activa y bien determinada, perfectamente distinta de la voluntad y sobre todo de los sentidos, no es sin embargo una persona, porque est\u00e1 pose\u00edda por el yo, parte misteriosa y due\u00f1a en nosotros, que no podr\u00eda hacer la menor cosa si no tuviese nuestras diversas facultades, las que modera a su gusto. As\u00ed, nos dice la raz\u00f3n, apoy\u00e1ndose en las criaturas, y nosotros somos criaturas, que Dios es causa del Universo y Causa sin igual, pero la raz\u00f3n no nos dice si esta causa es persona o si pertenece a una persona. No nos lo puede decir, ser\u00eda preciso entrar en el interior de Dios; Dios es m\u00e1s impenetrable que cualquier persona creada y finita. Dios solo podr\u00eda revelarnos este misterio, y se dign\u00f3 hacerlo: el Hijo \u00fanico que est\u00e1 en el seno del Padre nos lo ha contado (Jn I, 18): la naturaleza divina es pose\u00edda del todo por el Padre, del todo por el Hijo, del todo por el Esp\u00edritu Santo: en Dios estamos lejos de la personalidad creada, aunque fuese llevada al infinito. En Dios, triplicidad de Personas, a pesar de la unidad indivisible de naturaleza; en todo otro lugar en cambio tantas naturalezas como personas y no m\u00e1s personas que naturalezas, en Dios solo Trinidad en la Unidad.<\/p>\n<p>La Escritura misma no es contraria a este modo de ver, lo favorece, sino es que no llega a imponerlo. De suerte que, en el c\u00e9lebre pasaje de Rm I, 19-20, san Pablo no dice que los Sabios del Paganismo conocieron a Dios como Persona, sino que dice con precisi\u00f3n \u00ablo que nos es cognoscible de Dios les ha sido manifestado; ya que, desde la\u00a0 creaci\u00f3n del Mundo, lo que hay de invisible en Dios nos resulta visible, pues nuestra inteligencia lo percibe con ayuda de lo que ha sido creado \u00ab, es decir con ayuda de las criaturas. Luego, enumerando algunas de las cosas de Dios, invisibles para nosotros, pero percibidas por nuestra inteligencia con ayuda de las criaturas, el ap\u00f3stol no dice palabra de las personas y no nombra m\u00e1s que el eterno poder y la divinidad, entendiendo con toda probabilidad con este nombre \u00faltimo la naturaleza divina entera, tal como es conocida por la raz\u00f3n. San Pablo a\u00f1ade sin embargo que estos sabios son inexcusables, porque, despu\u00e9s de conocer a Dios, no le glorificaron como conviene. Esto no contradice a lo que precede. En efecto, al llegar a la Causa Primera cuyas obras, que son el Universo, proclaman la suprema inteligencia y la absoluta independencia, la raz\u00f3n se dice naturalmente o que esta Causa es persona o que pertenece a un ser personal a su modo y de una manera que se nos escapa, y por ello no debe ser representado por las im\u00e1genes de animales ni siquiera de hombres, como lo hac\u00eda el pueblo con cierta complicidad de los sabios.<\/p>\n<p>Por otra parte, el Antiguo Testamento (Gn I, 26-27) dice que hemos sido formados a imagen de Dios, pero en ninguna parte se dice que hemos sido formados a imagen de la Trinidad, ni siquiera de ninguna de las tres Personas. Est\u00e1 escrito (Rm VIII, 29) que Cristo es primog\u00e9nito entre muchos hermanos, y los hermanos tienen probabilidades de parecerse; pero ah\u00ed s\u00f3lo se trata de Cristo en cuanto hombre, pues se dice un poco despu\u00e9s (ibid., 32) que Dios no perdon\u00f3 a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por nosotros, y Cristo no pudo sufrir m\u00e1s que como hombre; como Dios, \u00e9l es la imagen del Dios invisible (Col I, 15), es decir del Padre, ya que Dios, en san Pablo, tiene com\u00fanmente esta significaci\u00f3n (Cf. I Cor XII, 4-6; VIII, 6; Ef\u00a0 IV, 4-6; II Cor XIII, 13); y el Salvador dice, hablando de s\u00ed mismo como Hijo eterno de Dios: \u00abQuien me ve, ve tambi\u00e9n a mi Padre\u00bb (Jn XIV, 9), y este modo de hablar es totalmente exacto a causa de la igualdad absoluta de las tres adorables Personas. Se va contra la Escritura cuando se quiere defender a la letra que estamos hechos a imagen de la Trinidad, que nuestro yo, del que proceden la inteligencia y la voluntad, representa al Padre, que el pensamiento o acto de la inteligencia representa al Hijo y que el amor o acto principal de la voluntad representa al Esp\u00edritu Santo. Hay una enorme diferencia entre estas tres realidades: una es subsistente, las otras dos no lo son y adem\u00e1s no se parecen. Adem\u00e1s, al Hijo se le llama a la vez poder y sabidur\u00eda de Dios; y el poder pertenece a la voluntad. Lejos de distinguirse del Esp\u00edritu Santo, el Hijo se confundir\u00eda en parte con \u00e9l ( I Cor I, 24). Y tambi\u00e9n (I Cor II, 10; Jn XVI, 13), el Esp\u00edritu lo escudri\u00f1a todo, hasta las profundidades de Dios; ense\u00f1a toda la verdad a los Ap\u00f3stoles: el Esp\u00edritu ser\u00eda pues un pensamiento activo y profundo y se confundir\u00eda con el Hijo. No hemos sido entonces hechos a imagen de la Trinidad, sino solamente a imagen de Dios, en cuanto es la Causa Primera del Universo, inteligente, libre y subsistente en s\u00ed misma. El interior de Dios, la Trinidad, no es nada imitable por lo que est\u00e1 fuera de Ella: a Ella sola la gloria y la adoraci\u00f3n!\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La creaci\u00f3n La creaci\u00f3n, dec\u00eda, es un \u00abmisterio espantoso\u00bb, imposible de fijar y que es objeto de conclusi\u00f3n. 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Pouget, tal como aparec\u00eda al visitante de la habitaci\u00f3n 104, se me hab\u00eda olvidado hablar de su alma. Separaci\u00f3n que resultaba imposible, \u00bfpues d\u00f3nde encontrar tabiques en un hombre cuyo temperamento reproduc\u00eda tan bien la unidad y la\u2026","rel":"","context":"En \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb","block_context":{"text":"Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/congregacion-de-la-mision\/"},"img":{"alt_text":"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":29093,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-final\/","url_meta":{"origin":28929,"position":3},"title":"Retrato del sr. 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