{"id":28858,"date":"2020-02-15T08:50:29","date_gmt":"2020-02-15T07:50:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/28858\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-9\/"},"modified":"2020-01-26T20:25:50","modified_gmt":"2020-01-26T19:25:50","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-9","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-9\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 9"},"content":{"rendered":"<p>Los \u00e9xitos, colmados de bendiciones, que Dios daba a las actuaciones caritativas del Sr. Vicente agrandaban cada vez m\u00e1s la opini\u00f3n que se ten\u00eda de su virtud<\/p>\n<p>Los que lo conoc\u00edan lo miraban como a un hombre lleno del esp\u00edritu de Dios. El Sr.General de las Galeras y su Se\u00f1ora lo apreciaban cada vez m\u00e1s, aprecio cuyas muestras se manifestaron en diferentes ocasiones. Todo ello era un suplicio para su humildad empe\u00f1ada s\u00f3lo en rebajarse y en mantenerse en la abyecci\u00f3n, de forma que cuando no vio otro remedio, resolvi\u00f3, siguiendo el ejemplo de grandes santos, huir para evitar el peligroso escollo de la vanagloria, que tantas veces ha causado triste naufragio a las almas m\u00e1s virtuosas, cuando iban viento en popa y se promet\u00edan realizar una feliz traves\u00eda<\/p>\n<p>Mois\u00e9s, como se\u00f1ala san Ambrosio, huy\u00f3 de la corte del fara\u00f3n por miedo de que el buen trato que recib\u00eda no manchase su alma, y para que el poder y la autoridad que le hab\u00edan dado, no le creasen una atadura que lo mantuviese sujeto: huy\u00f3, no por falta de decisi\u00f3n o de valor, sino para dar con el sendero seguro de la inocencia, y para ponerse en el camino de la virtud y asegurarse en la piedad\u00bb<\/p>\n<p>Aunque la casa del Sr. General era una de las mejor regladas de la corte, y el Sr. Vicente no ve\u00eda cosa contraria a la verdadera piedad, sin embargo el honor y los testimonios de afecto que recib\u00eda, y el aprecio que se hac\u00eda de su virtud le molestaban mucho. Tem\u00eda que el gran cr\u00e9dito adquirido ante las personas de esta ilustre familia no fuese una trampa que le retuviera y le impidiese adelantar en la perfecci\u00f3n de su estado. Por eso, cerrando los ojos a todos los sentimientos naturales y a todos los intereses del siglo, resolvi\u00f3 marcharse de aquella casa para entregarse con mayor perfecci\u00f3n a Dios<\/p>\n<p>Hab\u00eda, adem\u00e1s de \u00e9sta, otra raz\u00f3n que le mov\u00eda a retirarse. La Se\u00f1ora Generala hab\u00eda recibido grandes y notables favores de \u00e9l para consuelo de su alma, muy turbada por los escr\u00fapulos y las penas interiores con las que Dios la probaba para as\u00ed unir la corona de la paciencia a la de la caridad. Dicha Se\u00f1ora hab\u00eda concebido hacia el Sr. Vicente un aprecio y una confianza exagerados, que hicieron nacer en ella un gran temor a perderlo y a que no pudiera hallar otro parecido, dotado de luz y de gracia como \u00e9l, para mantener en paz su conciencia, endulzar las penas de su esp\u00edritu y conducirla por las v\u00edas seguras de la verdadera y s\u00f3lida virtud. Ese temor se acentu\u00f3 de tal manera, que con dificultad toleraba su ausencia. Y cuando los asuntos del Sr. Vicente le impon\u00edan alg\u00fan viaje, se inquietaba por miedo a que el calor o alg\u00fan otro percance le causara alguna enfermedad o molestia. Ciertamente no dejaba de ser una imperfecci\u00f3n en semejante Se\u00f1ora, por otra parte, muy virtuosa. En cuanto el Sr. Vicente se dio cuenta de eso, trat\u00f3 de ponerle un remedio. A este fin, la oblig\u00f3 a confesarse de vez en cuando con un P. Recoleto muy experto en la direcci\u00f3n de las almas, y de quien, eso pensaba el Sr. Vicente, quedar\u00eda contenta. Y habi\u00e9ndole hecho afirmar que, efectivamente, la hab\u00eda consolado mucho, se sirvi\u00f3 de esa experiencia para convencerla de que Dios la guiar\u00eda felizmente por otro que no fuera \u00e9l, si la Se\u00f1ora pon\u00eda su total confianza en la infinita Bondad de Dios<\/p>\n<p>Mas todo eso no bast\u00f3 para eliminar la impresi\u00f3n de la necesidad que ella pensaba tener de que un hombre como Vicente, muy caritativo y prudente, permaneciera junto a ella, para acudir donde \u00e9l en sus necesidades, y particularmente cuando iban al campo; porque, como pose\u00eda muchas tierras, se ve\u00eda obligada a visitarlas con frecuencia y a pasar en ellas parte del a\u00f1o. Y, claro, all\u00ed no podr\u00eda decidirse a descubrir sus dificultades a un sacerdote de aldea. El Sr. Vicente, cuando la vio con semejante disposici\u00f3n, y no pudiendo sufrir que ninguna persona tuviera apego a su forma especial de dirigir, y, adem\u00e1s, como estaba molesto al ver el aprecio que le ten\u00edan a un desgraciado, seg\u00fan cre\u00eda y dec\u00eda de s\u00ed mismo, temiendo que tal exceso de confianza fuera un impedimento para el verdadero bien de aquella alma tan virtuosa, que buscaba pura y simplemente a Dios, y que, en lugar de ayudarla, le sirviera de obst\u00e1culo para su progreso en el camino de la perfecci\u00f3n, resolvi\u00f3 marcharse<\/p>\n<p>Hab\u00eda entrado en aquella casa por persuasi\u00f3n del R. P. de B\u00e9rulle; por eso trat\u00f3 de hablar con \u00e9l, y le rog\u00f3 que aceptase de buen grado su salida; pero no le dio ninguna otra raz\u00f3n, sino que se sent\u00eda interiormente movido por Dios para ir a alguna provincia lejana y as\u00ed consagrarse a la ense\u00f1anza y al servicio de la pobre gente del campo. El R. P. de B\u00e9rulle no se opuso a ello, cuando reconoci\u00f3 en el Sr Vicente un esp\u00edritu que iba tan por lo derecho a Dios y que estaba tan iluminado por su gracia. Crey\u00f3, pues, que no le pod\u00eda aconsejar una cosa mejor que la que el Sr Vicente le propon\u00eda<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de la casa de Gondi en el mes de julio del a\u00f1o 1617 con pretexto de hacer un corto viaje; aunque se dio cuenta de que se juzgar\u00eda de varias maneras su modo de proceder por retirarse de aquella manera, y que incluso le acusar\u00edan de ingratitud despu\u00e9s de tanto honor y tan buen trato como hab\u00eda recibido en aquella casa. Indudablemente debi\u00f3 sentirlo mucho, porque ten\u00eda un coraz\u00f3n siempre dispuesto al agradecimiento. Sin embargo, pas\u00f3 por encima de todas esas consideraciones para ser fiel a Dios, y para procurar (hasta por un medio que parec\u00eda muy sorprendente) el mayor bien espiritual de la virtuosa alma cuya direcci\u00f3n le hab\u00eda sido confiada, mostr\u00e1ndole con su propio desinter\u00e9s, que s\u00f3lo hab\u00eda que apegarse a Dios<\/p>\n<p>El R. P. de B\u00e9rulle, al ver al Sr. Vicente decidido a marcharse sin haber concretado previamente el lugar adonde deb\u00eda retirarse, le propuso que fuera a trabajar en alg\u00fan pueblo de Bresse, lugar en que hab\u00eda gran escasez de Obreros Evang\u00e9licos, y le se\u00f1al\u00f3 en concreto la parroquia de Ch\u00e2tillon-les-Dombes; all\u00ed podr\u00eda su celo recoger abundante cosecha. El Sr. Vicente, haciendo caso del consejo, march\u00f3 a la aldea de Ch\u00e2tillon, y en cuanto lleg\u00f3, uno de sus primeros actos fue reunir en una especie de comunidad a cinco o seis sacerdotes que all\u00ed encontr\u00f3, para dedicarse por ese medio de un modo m\u00e1s perfecto al servicio de Dios y de la Iglesia. Accedieron los sacerdotes a las palabras persuasivas del Sr. Vicente y se han mantenido largo tiempo en esa uni\u00f3n con gran edificaci\u00f3n de toda la parroquia. Despu\u00e9s se dedic\u00f3 con su gran celo habitual a la instrucci\u00f3n del pueblo y a la conversi\u00f3n de los pecadores con catequesis y exhortaciones p\u00fablicas y privadas, realizadas con grand\u00edsimo fruto. No se olvid\u00f3 de los enfermos y de los pobres, visit\u00e1ndolos y procur\u00e1ndoles toda clase de consuelos y ayudas, y se dedic\u00f3 (como diremos m\u00e1s adelante), con gran bendici\u00f3n, a la conversi\u00f3n de algunos herejes<\/p>\n<p>Por entonces nada se sab\u00eda de todo esto en la casa del Sr. General de las Galeras, porque el Sr. Vicente hab\u00eda comunicado sus proyectos en Par\u00eds s\u00f3lo a una o dos personas de confianza. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de su llegada a Ch\u00e2tillon, pens\u00f3 que estaba obligado a comunic\u00e1rselo al Sr. General, por entonces en Provenza. Le escribi\u00f3, pues, una carta; en ella le suplicaba que aceptase de buen grado su marcha, porque no ten\u00eda \u00addec\u00eda\u00ad bastante gracia y capacidad para la educaci\u00f3n de sus Se\u00f1ores hijos. A\u00f1ad\u00eda que no hab\u00eda dicho nada a la Se\u00f1ora, ni a nadie de la casa su intenci\u00f3n de no volver. Esta noticia tan inesperada afligi\u00f3 en gran manera al buen Se\u00f1or, que inmediatamente inform\u00f3 a la Se\u00f1ora, esposa suya, y le declar\u00f3 la pena recibida por medio de una carta que le escribi\u00f3. He aqu\u00ed sus mismos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abEstoy desesperado por una carta que me ha escrito el Sr. Vicente, y que os env\u00edo para ver si es que no hay alg\u00fan remedio para la desgracia que tendr\u00edamos de perderle. Estoy muy extra\u00f1ado, porque no os haya dicho nada de su resoluci\u00f3n, y porque no hay\u00e1is tenido el m\u00ednimo aviso. Os ruego que us\u00e9is de todos los medios para que no lo perdamos, porque, aunque el motivo que aduce sea verdadero, yo no lo aceptar\u00eda, pues nada hay m\u00e1s importante que mi salvaci\u00f3n y la de mis hijos. A ellos les podr\u00e1 ayudar mucho alg\u00fan d\u00eda, y, en cuanto a las resoluciones que deseo poder tomar m\u00e1s que nunca, y de las que os he hablado con frecuencia, todav\u00eda no le he contestado, y esperar\u00e9 antes vuestras noticias. Mirad si ser\u00e1 adecuada la mediaci\u00f3n de mi hermana de Ragny, que vive no lejos de \u00e9l, pero pienso que no habr\u00e1 nada m\u00e1s eficaz que el Sr. de B\u00e9rulle. Decidle que, aunque el Sr. Vicente no domine el m\u00e9todo de ense\u00f1ar a la juventud, podr\u00e1 tener a su disposici\u00f3n un hombre; pero que, de todas formas, deseo apasionadamente que vuelva a mi casa: en ella vivir\u00e1 como \u00e9l quiera, y yo alg\u00fan d\u00eda ser\u00e9 un hombre de bien, si ese hombre est\u00e1 conmigo\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Esta carta es del mes de mayo de 1617, y en el d\u00eda de la Exaltaci\u00f3n de la Cruz la recibi\u00f3 la Se\u00f1ora. Por ella supo el lugar y la disposici\u00f3n de \u00e1nimo del Sr. Vicente. Fue para ella verdaderamente una cruz muy penosa y una espada de dolor que le\u00a0 traspas\u00f3 tan profundamente el alma, que, en cuanto supo la noticia, no ces\u00f3 de llorar, y no pod\u00eda ni comer ni dormir. Ah\u00ed van algunos de los pensamientos que manifest\u00f3 a una persona de su confianza, desahogando en ella su coraz\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abNunca hubiera pensado \u00addice\u00ad que el Sr. Vicente, que se hab\u00eda manifestado tan extremadamente caritativo para con mi alma, me abandonara de ese modo. Pero loado sea Dios; no lo acuso de nada. Al contrario, creo que no ha hecho nada, sino por especial providencia de Dios y movido por su santo amor. De verdad, su alejamiento me resulta extra\u00f1o. Confieso no entender nada. Ya conoce la necesidad que tengo de su direcci\u00f3n y las cosas que necesito comunicarle, las penas espirituales y corporales que he sufrido privada de su ayuda, el bien que deseo hacer en mis aldeas imposible de emprender sin su consejo. Total, que vea a mi alma en un estado muy digno de compasi\u00f3n. Vea usted con qu\u00e9 amargura me ha escrito el Se\u00f1o rGeneral. Mis hijos est\u00e1n peor cada d\u00eda; el bien que el Sr. Vicente hac\u00eda en mi casa y a siete u ocho mil personas de mis tierras no se har\u00e1 ya m\u00e1s. \u00bfEs que esas almas no han sido redimidas por la sangre preciosa de Nuestro Se\u00f1or, como las de Bresse? \u00bfEs que no le son tan queridas? Verdaderamente, no s\u00e9 c\u00f3mo piensa el Sr. Vicente; pero me parece que esto es bastante importante como para hacer yo lo que pueda, y as\u00ed volverlo a tener entre nosotros. S\u00f3lo busca la gloria de Dios, y yo no lo deseo contra su santa voluntad; pero le suplico con todo el coraz\u00f3n que me lo vuelva a dar. Se lo ruego a su Santa Madre, y se lo rogar\u00eda a\u00fan con m\u00e1s ah\u00ednco, si mi inter\u00e9s particular no se mezclara con el del Sr. General, de mis hijos, de mi familia y de mis s\u00fabditos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed cu\u00e1les eran los pensamientos de esta virtuosa Se\u00f1ora, quien deseando usar de los medios m\u00e1s eficaces para conseguir lo que pretend\u00eda, rog\u00f3 mucho a Dios e hizo que le rogaran con ese mismo fin todas las buenas personas que conoc\u00eda. Encomend\u00f3 tambi\u00e9n este asunto a las oraciones de las principales Comunidades religiosas de Par\u00eds; fue a visitar, varias veces, llorosa al R. P. de B\u00e9rulle; le abri\u00f3 su coraz\u00f3n, y le declar\u00f3 la gran pena y aflicci\u00f3n en que se hallaba. Sus l\u00e1grimas y sus razones apremiantes dieron a conocer al gran Siervo de Dios la necesidad que ten\u00eda de la presencia y del consejo del Sr. Vicente, de forma que, respondiendo a la pregunta que le hab\u00eda hecho, le dijo el R. P. de B\u00e9rulle que, en conciencia, pod\u00eda hacer todo lo posible para obligar al Sr. Vicente a volver a su casa; porque ve\u00eda que en medio de sus mayores angustias, conservaba siempre en su coraz\u00f3n una resignaci\u00f3n absoluta ante el benepl\u00e1cito de Dios, no queriendo, por lo que fuera, ir de ninguna manera contra sus determinaciones. Y para consolarla a\u00fan m\u00e1s, le hizo confiar en que acudir\u00eda al Sr. Vicente para persuadirle a que volviera. Con eso qued\u00f3 su alma muy consolada, y le hizo decir poco m\u00e1s tarde que el Sr. de B\u00e9rulle era el hombre que m\u00e1s la hab\u00eda consolado en el mundo. Con todo, la Se\u00f1ora no pod\u00eda quitar de su mente el temor de perder al Sr. Vicente, \u00abporque \u00addec\u00eda\u00ad no es hombre que haga las cosas a medias: ha previsto todo lo que yo podr\u00eda decir o hacer, y luego se ha decidido a marchar\u00bb. Pero eso no impidi\u00f3 que la Se\u00f1ora usara de todos los medios, que pod\u00eda, para invitar y obligar al Sr. Vicente a volver. Le escribi\u00f3 acerca del caso varias cartas, que ense\u00f1aba previamente al R. P. de B\u00e9rulle; le envi\u00f3 la del General, y le rog\u00f3 que sopesara mucho el gran deseo que sent\u00eda de su vuelta, con las condiciones que le pluguieran. Y quej\u00e1ndosele en una de sus cartas le dice estas palabras, que dan a conocer a\u00fan m\u00e1s las disposiciones de su esp\u00edritu en lo tocante al caso:<\/p>\n<p><em>\u00abRaz\u00f3n ten\u00eda yo \u00adle dice\u00ad en temer perder su asistencia como ya se lo he demostrado tantas veces, ya que la he perdido. La angustia en que estoy metida me resulta insoportable sin una gracia muy extraordinaria de Dios, que no la merezco. Si esto s\u00f3lo fuera por cierto tiempo, no tendr\u00eda tanta pena; pero cuando considero todas las ocasiones en que necesitar\u00e9 ser asistida, por direcci\u00f3n o por consejo, sea en la muerte sea en la vida, mi dolor vuelve a empezar. Juzgue, pues, si mi alma y mi cuerpo podr\u00e1n soportar durante mucho tiempo esta pena. Estoy en situaci\u00f3n de no buscar, ni recibir ayuda de otros, porque usted sabe bien que no tengo libertad para las necesidades de mi alma con mucha gente. El Sr. de B\u00e9rulle me ha prometido escribirle, y pido a Dios y a la Sant\u00edsima Virgen que lo devuelvan a nuestra casa para la salvaci\u00f3n de toda nuestra familia y de muchas otras, con quienes podr\u00e1 ejercer su caridad. Le suplico una vez m\u00e1s, pract\u00edquela con nosotros, por el amor que tiene usted a Nuestro Se\u00f1or, a cuya disposici\u00f3n me vuelvo a poner en esta circunstancia, pero con gran temor de no poder perseverar. Si despu\u00e9s de todo esto se me niega, cargar\u00e9 a su cuenta ante Dios todo lo que me suceda y todo el bien que dejar\u00e9 de hacer por verme privada de su ayuda. Usted me pondr\u00e1 en ocasi\u00f3n de estar muy a menudo sin recibir los sacramentos por los grandes sufrimientos que paso y las pocas personas que son capaces de ayudarme. Ya ve usted que el Sr. General tiene el mismo deseo que yo, que s\u00f3lo Dios le da por su misericordia. No resista al bien que usted puede hacer ayudando a su salvaci\u00f3n, porque \u00e9l est\u00e1 para ayudar alg\u00fan d\u00eda a la de muchos otros. S\u00e9 que es peligroso dejar en peligro mi vida, que no sirve m\u00e1s que para ofender a Dios; pero a mi alma hay que asistirla en el momento de morir. Recuerde la angustia en que me vio en mi \u00faltima enfermedad en un pueblo. Estoy como para ponerme peor que entonces; y s\u00f3lo ese miedo me causar\u00eda tanto da\u00f1o, que no s\u00e9 si no me har\u00eda morir sin tener mi buena disposici\u00f3n anterior\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Antes de ir m\u00e1s adelante, hemos de reflexionar un poco acerca de la actuaci\u00f3n admirable de Dios en las almas a las que quiere elevar a un grado excelente de virtud, en cuanto que dispone de tal manera los diferentes sucesos y circunstancias de su vida, que todo contribuye a su adelanto en el camino de la perfecci\u00f3n. Lo que hace aparecer m\u00e1s la sabidur\u00eda y el poder de Dios es, que a menudo se sirve de medios que parecen totalmente opuestos al efecto que desea conseguir. El Sr. Vicente hab\u00eda sido dado por Dios a la Se\u00f1ora Generala para servirle de gu\u00eda fiel en la peregrinaci\u00f3n de esta vida. El gran progreso que ella hac\u00eda en el camino de la virtud y la ardiente caridad, que iba d\u00eda a d\u00eda encendi\u00e9ndose cada vez m\u00e1s en su coraz\u00f3n y produciendo al exterior tan maravillosos efectos eran una se\u00f1al cert\u00edsima de la bendici\u00f3n que Dios conced\u00eda a la direcci\u00f3n de su sabio director. Por su parte, el Sr. Vicente hallaba todos los d\u00edas nuevas ocasiones de dar a conocer su celo, y de extender el Reino de Jesucristo. Sin embargo, Dios hab\u00eda asociado a esas dos grandes almas para prestarle servicios tan grandes, y santificarse cada vez m\u00e1s en las obras piadosas y caritativas. Pues bien, es ese mismo Dios quien los separa y los aleja a uno de la otra, y quien se sirve, a pesar de todo, de esa separaci\u00f3n, que parec\u00eda tancontraria a la continuaci\u00f3n de todos los bienes comenzados, e incluso tan perjudiciales para esta virtuosa Se\u00f1ora; El se sirve, ya lo he dicho, para disponerlos a recibir mayores gracias y a practicar virtudes m\u00e1s excelentes, y para hacerlos instrumentos m\u00e1s dignos de su todopoderosa misericordia, con el fin de cooperar de forma m\u00e1s fruct\u00edfera y m\u00e1s llena de bendici\u00f3n a la salvaci\u00f3n de un grand\u00edsimo n\u00famero de almas, como se ver\u00e1 m\u00e1s adelante en este libro<\/p>\n<p>Dios quer\u00eda que su fiel sierva hiciera en estas circunstancias varios actos de resignaci\u00f3n heroica; que le ofreciera en sacrificio a su Isaac, su apoyo, su consejo, su consuelo, en fin, su ayuda, que le parec\u00eda m\u00e1s necesaria, no s\u00f3lo para la perfecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n para su salvaci\u00f3n. Y rec\u00edprocamente quer\u00eda que el Sr. Vicente tuviera ocasi\u00f3n de hacer varios actos heroicos de desprendimiento perfecto de las personas que deb\u00edan serle m\u00e1s queridas en Dios, y con quienes el mismo Dios lo hab\u00eda comprometido y como atado con lazos de pur\u00edsima y sincera caridad. Indudablemente se vio obligado a realizar un gran esfuerzo, cuando resolvi\u00f3 separarse, y cuando tom\u00f3 aquella resoluci\u00f3n sin decir nada a nadie. Pero tambi\u00e9n estuvo obligado apracticar otra no menor, cuando recibi\u00f3 la carta, para no darse a las razones, a las reconvenciones, a los ruegos y a las insistencias muy acuciantes de que estaba llena. La pena y la angustia en que ve\u00eda a aquella alma tan querida en Dios, la gran necesidad que ten\u00eda ella de su asistencia, los t\u00e9rminos que usaba para suplicarle que no la rechazase, el recuerdo de tantos testimonios de aprecio, de respeto, debenevolencia recibidos hubieran sido capaces de sorprender a una persona menos perspicaz y de quebrantar un coraz\u00f3n menos unido a Dios que el de Vicente de Pa\u00fal. Como se hab\u00eda entregado perfectamente a Nuestro Se\u00f1or, y no quer\u00eda obrar sino en total dependencia de su voluntad, en cuanto ley\u00f3 la carta, lo primero que hizo fue levantar su alma a Dios, renovar a su Divina Majestad las protestas de una fidelidad inviolable, hacer un sacrificio de todos sus sentimientos y respetos humanos, pedir su luz y su gracia para conocer y seguir lo que fuera m\u00e1s agradable, y despu\u00e9s de haber considerado todo en su presencia, no viendo claro que Dios le ped\u00eda que cambiase de resoluci\u00f3n y que volviera al lugar de donde hab\u00eda salido, escribi\u00f3 la respuesta a la Se\u00f1ora Generala. En ella le manifest\u00f3 todo lo que pensaba de m\u00e1s apropiado para aliviar su dolor y para llevarla cada vez m\u00e1s a conformarse con las disposiciones de la Divina Voluntad<\/p>\n<p>Como le hab\u00edan asegurado a la virtuosa Se\u00f1ora que pod\u00eda en conciencia usar de todos los medios posibles para la vuelta del Sr. Vicente, esa carta no impidi\u00f3 que ella usara de todos los recursos de que dispon\u00eda para doblegar el \u00e1nimo del Sr. Vicente: procur\u00f3 que varias personas de toda condici\u00f3n le escribieran para obligarle a volver. As\u00ed, hallamos cartas de los Se\u00f1ores hijos suyos, del Sr. Cardenal de Retz, cu\u00f1ado suyo, por entonces obispo de Par\u00eds, y de otros parientes pr\u00f3ximos, de los principales oficiales de su casa, de varios doctores y religiosos, y de gran n\u00famero de personas de condici\u00f3n y de piedad, que rogaban y urg\u00edan al Sr. Vicente que volviera. Tambi\u00e9n le escribi\u00f3 el R. P. de B\u00e9rulle, tal como se lo hab\u00eda prometido a la Sra. Generala, pero con un estilo digno de su gran prudencia y de su eminente piedad: porque se content\u00f3 con exponer la magnitud de la pena que embargaba a la virtuosa Se\u00f1ora y del peligro que la amenazaba, y del enorme deseo que el Sr. General ten\u00eda de su vuelta, sin a\u00f1adir nada m\u00e1s sobre lo que ten\u00eda que hacer en aquella circunstancia. Dej\u00f3 a su discreci\u00f3n y a su caridad considerar si la voluntad de Dios le hab\u00eda sido suficientemente manifestada, y que tomara la determinaci\u00f3n que juzgara m\u00e1s conforme con la divina voluntad, pues le cre\u00eda capaz de discernir por s\u00ed mismo los planes de Dios sobre su persona y de seguirlos sin otro consejo ni persuasi\u00f3n<\/p>\n<p>Finalmente, como todas esas reconvenciones tan apremiantes no quebrantaban en absoluto el \u00e1nimo del Sr. Vicente, le enviaron, en el mes de octubre del mismo a\u00f1o 1617, a uno de sus m\u00e1s \u00edntimos amigos, al Sr. Dufresne, secretario del Sr. General. Fue a verlo a Ch\u00e2tillon, y us\u00f3 de tan fuertes razones, que puso en duda al Sr. Vicente de si Dios quer\u00eda servirse de \u00e9l por m\u00e1s tiempo en aquella tierra; y le indic\u00f3 que no deb\u00eda tomar una determinaci\u00f3n ni decisi\u00f3n por s\u00ed mismo en asunto de tanta importancia, sino que, para conocer mejor lo que Dios quer\u00eda que hiciese era necesario que, a imitaci\u00f3n del gran Ap\u00f3stol san Pablo, acudiera a Anan\u00edas, es decir, que se asesora se de alguna persona prudente y virtuosa. A este fin, le persuadi\u00f3 que fuera con \u00e9l a Lyon. All\u00ed acudi\u00f3 al R. P.Bence, superior del Oratorio, quien, luego de haber considerado la cuesti\u00f3n, le aconsej\u00f3 volviera a Par\u00eds, y le dijo que all\u00ed podr\u00eda, con los buenos consejos de los que le conoc\u00edan desde hac\u00eda mucho, discernir con m\u00e1s luces y seguridad cu\u00e1l era la voluntad de Dios<\/p>\n<p>Luego que recibi\u00f3 este consejo, escribi\u00f3 al Sr. General, por entonces en Marsella,y le hizo saber que esperaba en cuesti\u00f3n de dos meses realizar un viaje a Par\u00eds. All\u00ed ver\u00eda lo que Dios le ordenaba. Escribi\u00f3 tambi\u00e9n lo mismo a Par\u00eds por medio del Sr. Dufresne sin comprometerse a nada; y un poco m\u00e1s adelante, estando en Ch\u00e2tillon, recibi\u00f3 del Sr. General la respuesta siguiente el 15 de octubre del mismo a\u00f1o:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Recib\u00ed hace dos d\u00edas la que me ha escrito desde Lyon; por ella veo su determinaci\u00f3n de hacer un corto viaje a Par\u00eds a fines de noviembre. Me he alegrado much\u00edsimo, esperando verle por entonces, y que conceder\u00e1 a mis oraciones y a los consejos de todos sus amigos el bien que yo le deseo. No le dir\u00e9 m\u00e1s cosas, porque usted ha visto la carta que escrib\u00ed a mi esposa. Solamente le ruego que considere que parece que Dios quiere que por su medio el padre y los hijos sean buenas personas\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente parti\u00f3 de Ch\u00e2tillon dejando en los que abandonaba un grand\u00edsimo sentimiento por verse privados tan pronto de las ayudas que recib\u00edan de su caridad, y lleg\u00f3 a Par\u00eds el 23 de diciembre. Despu\u00e9s de haber hablado con el R. P. de B\u00e9rulle y con algunas personas muy experimentadas, por fin, siguiendo sus consejos fue a casa del Sr. General de las Galeras la v\u00edspera de Navidad con tan gran contento de toda la familia y, en particular, de la Se\u00f1ora, que le recibi\u00f3 como a un \u00e1ngel del cielo que Dios le enviaba para guiarla por los caminos seguros de la salvaci\u00f3n y la perfecci\u00f3n. Y para que ella no se inquietase m\u00e1s por temor a que la abandonara por segunda vez, le hizo prometer que la asistir\u00eda hasta la muerte, como as\u00ed lo hizo, y as\u00ed lo quiso Dios, para comenzar la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n por medio de esta santa Se\u00f1ora, tal como se ver\u00e1 en este libro<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los \u00e9xitos, colmados de bendiciones, que Dios daba a las actuaciones caritativas del Sr. Vicente agrandaban cada vez m\u00e1s la opini\u00f3n que se ten\u00eda de su virtud Los que lo conoc\u00edan lo miraban como a &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-9\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,119],"class_list":["post-28858","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-gondi"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 9 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-9\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 9 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Los \u00e9xitos, colmados de bendiciones, que Dios daba a las actuaciones caritativas del Sr. Vicente agrandaban cada vez m\u00e1s la opini\u00f3n que se ten\u00eda de su virtud Los que lo conoc\u00edan lo miraban como a ... 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