{"id":28584,"date":"2024-12-25T08:03:00","date_gmt":"2024-12-25T07:03:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/28584\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-9-la-vocacion-de-la-felicidad-1840-1843\/"},"modified":"2024-08-16T18:41:04","modified_gmt":"2024-08-16T16:41:04","slug":"ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-9-la-vocacion-de-la-felicidad-1840-1843","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-9-la-vocacion-de-la-felicidad-1840-1843\/","title":{"rendered":"Ozanam, un sabio entre los pobres. 9. La vocaci\u00f3n de la felicidad. 1840-1843"},"content":{"rendered":"<p>En 1840, Francia cuenta con treinta y cuatro millones de habitantes, y el capital del pa\u00eds se encuentra en manos de doscientos mil propietarios. Los burgueses constituyen la nueva aristocracia, y esta aristocracia trata m\u00e1s de enrique\u00adcerse que de ocuparse del mundo obrero. En Par\u00eds, un habi\u00adtante entre doce es indigente.<\/p>\n<p>Balzac nos describe esta triste verdad en su <em>Com\u00e9die <\/em><em>humaine; <\/em>para \u00e9l la monarqu\u00eda de Julio \u00abes una carrera a los puestos, al poder, a la riqueza\u00bb. Ozanam no escapa a este juego de complacencia, de influencias y de intrigas pol\u00edticas, hecho sistema. Para alcan\u00adzar aquello a lo que tiene derecho, es decir, un puesto acorde a su talento y aspiraciones, necesita no s\u00f3lo ponerse en cola y \u00a0mostrar su competencia, sino pasar por el mecanismo complicado de las visitas y de las cartas de recomendaci\u00f3n, exhibir su erudici\u00f3n y sus m\u00e9ritos, todo atado con cintas como un presente. Conociendo el car\u00e1cter t\u00edmido de Federi\u00adco, se supone cu\u00e1nto deb\u00eda mortificarle este ceremonial; nos llama la atenci\u00f3n grandemente que este ritual estuviera tan enraizado \u00a0en las costumbres de la \u00e9poca que Ozanam, sin complacerse en ello, lo encontrara natural.<\/p>\n<p>Por eso apenas ha comenzado a desempe\u00f1ar la c\u00e1tedra de derecho comercial, emprende a instancias del Sr. Soula\u00adcroix, rector de la Academia, una serie de diligencias con el fin de obtener en Lyon el puesto de profesor de literatura extranjera, que ha dejado vacante la marcha de Edgar Quinet.<\/p>\n<p>En las vacaciones de Pascua, Federico ir\u00e1 a Par\u00eds para verse con el ministro de Instrucci\u00f3n P\u00fablica, Victor Cousin. \u00c9ste profesa a Ozanam gran amistad y admiraci\u00f3n; le consi\u00addera como un pupilo. Por ello aconseja a Federico que se presente a las pruebas de agregado de la Facultad de letras de Par\u00eds. \u00abSi pas\u00e1is este examen, le dice, me ser\u00e1 f\u00e1cil nombraros en Lyon\u00bb.<\/p>\n<p>Si bien la obtenci\u00f3n de los puestos necesita un tr\u00e1fico incre\u00edble de influencias, un vistazo global al sector de la ense\u00f1anza en la Francia del siglo pasado nos convence de que las c\u00e1tedras universitarias y las de los colegios de ense\u00ad\u00f1anza superior no se entregaban a la ligera. Una criba y pruebas serias se ocupaban de que los puestos fueran a parar a manos de extrema competencia. Era, por decirlo as\u00ed, un patronato de calidad.<\/p>\n<p>Federico regresa a su ciudad, decidido a probar suerte. La apuesta es de categor\u00eda. Tiene que repasar el griego y el lat\u00edn, familiarizarse con la gram\u00e1tica espa\u00f1ola, estudiar las literaturas inglesa y alemana, poseer un buen conocimiento de las lenguas orientales. Ozanam tiene s\u00f3lo quince semanas para prepararse. Llegar\u00e1 a trabajar diecis\u00e9is horas al d\u00eda sin abandonar sus clases de derecho, ni las organizaciones que le son queridas.<\/p>\n<p>Pauline Jaricot hab\u00eda fundado en Lyon, en 1822, la obra de la Propagaci\u00f3n de la fe, destinada a sostener a los misio\u00adneros y extender el evangelio por todo el mundo. Federico tendr\u00e1 parte activa en ella, como redactor de los <em>Annales, <\/em>durante m\u00e1s de diez a\u00f1os. Sigue asimismo fiel a las Confe\u00adrencias de caridad de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Sin buscar en absoluto la notoriedad, Ozanam, tanto por sus escritos como por su personalidad, comienza a lla\u00admar la atenci\u00f3n del mundo intelectual y del mundo religio\u00adso. En Par\u00eds, Madame R\u00e9camier, cuyo sal\u00f3n literario es c\u00e9lebre por la presencia de los Chateaubriand, Ballanche, Jean-Jacques Amp\u00e9re y Montalembert, se interesa de modo particular por las obras de Ozanam. El libro de Federico sobre \u00abDante y el catolicismo en el siglo XIII\u00bb obtiene, desde hace unos meses, un \u00e9xito notable en Italia. Monta\u00adlembert y Louis Veuillot, redactores de <em>l&#8217;Univers, <\/em>le piden constantemente art\u00edculos y ensayos. Escribir\u00e1 tambi\u00e9n para <em>le Correspondant, L&#8217; U niv e rs it <\/em><em>\u00e9<\/em><em> catholique y les Annales de <\/em><em>philosophie chr<\/em><em>\u00e9<\/em><em>tienne.<\/em><\/p>\n<p>El nombramiento de tres nuevos obispos, Monse\u00f1or Affre para el arzobispado de Par\u00eds, de Bonald para Lyon y Gousset para Reims, deja entrever un esp\u00edritu de renovaci\u00f3n. Parece que los laicos comprometidos hallar\u00e1n en estos hom\u00adbres excepcionales, partidarios de un catolicismo liberal, el apoyo de sus ideas y de sus esperanzas.<\/p>\n<p>La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 en pleno vigor y extiende cada vez m\u00e1s sus ramas. El segundo domingo despu\u00e9s de Pascua, Federico tiene la satisfacci\u00f3n de ver reu\u00adnidos, en el gran anfiteatro de <em>l&#8217;Univers <\/em>en Par\u00eds, a cerca de seiscientos miembros. El Sr. Bailly, adem\u00e1s de las actas, da lectura a cartas venidas de quince ciudades de Francia, por donde florecen numerosas conferencias. La Sociedad cuenta con m\u00e1s de dos mil j\u00f3venes entregados a la bella aventura de la caridad. \u00abEn esta \u00e9poca turbulenta en que estamos, escri\u00adbe a su amigo Ferdinand Velay, uno se siente feliz al ver formarse, al margen de todos los sistemas pol\u00edticos y filos\u00f3\u00adficos, un grupo compacto de hombres determinados a usar de todos sus derechos ciudadanos, de toda su influencia, de todos sus estudios profesionales para honrar al catolicismo en tiempo de paz y defenderlo en caso de lucha\u00bb.<\/p>\n<p>Las semanas transcurren r\u00e1pidamente, los ex\u00e1menes se acercan, y Ozanam siente que la angustia le invade. Sus riva\u00adles tienen ya la experiencia de c\u00e1tedras de literatura; este pensamiento le obsesiona hasta tal punto que piensa en reti\u00adrarse. Escribe a su amigo Jean-Jacques Amp\u00e9re para pedirle consejo. \u00c9ste \u00faltimo conoce bien a Federico, sus capacida\u00addes as\u00ed como su esp\u00edritu atormentado, por eso le tranquiliza se\u00f1al\u00e1ndole que su erudici\u00f3n poco com\u00fan sabr\u00e1 paliar muy bien su escasa experiencia.<\/p>\n<p>Por su parte, Alfonso, de regreso de un corto viaje por Italia, le estimula y anima.<\/p>\n<p>A primeros de setiembre de 1840, Federico se desplaza a Par\u00eds para afrontar el temible examen de agregado.<\/p>\n<p>Los siete candidatos se encuentran reunidos en una sala de la Sorbona y all\u00ed, bajo llave, deben redactar en ocho hora s una disertaci\u00f3n en lengua latina sobre el tema: \u00abLas causas que detuvieron el desarrollo de la tragedia entre los Romanos\u00bb.<\/p>\n<p>El tiempo pasa, y Federico, poco habituado a componer r\u00e1pidamente, se ve obligado a entregar, pasado el tiempo, un triste borrador. La misma experiencia al d\u00eda siguiente para la<br \/>\ndisertaci\u00f3n francesa que versa sobre el valor hist\u00f3rico de las oraciones f\u00fanebres de Bossuet.<\/p>\n<p>En los d\u00edas que siguen, Federico debe comentar oral\u00admente textos latinos y franceses cuyo tema se le entrega con veinticuatro horas de adelanto. Sigue el interrogatorio sobre las literaturas extranjeras. De ello sale satisfecho. Quedan otros dos textos sacados a suertes. Federico debe glosar durante media hora sobre la Historia de los Escoliastas griegos y latinos. No conoce bien esta especialidad filos\u00f3fi\u00adca: se lo cuenta a Lallier.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 m\u00e1s muerto que vivo al momento de tomar la palabra. La misma falta de esperanza en m\u00ed mismo me hizo realizar un acto de esperanza en Dios como nunca lo hice y nunca tam\u00adpoco me encontr\u00e9 mejor.<\/p>\n<p>Ozanam habl\u00f3 de los Escoliastas con una seguridad que le produjo admiraci\u00f3n a s\u00ed mismo durante siete cuartos de hora y logr\u00f3 sin trabajo impresionar a su auditorio. El \u00faltimo examen lleva por tema: \u00abDe la cr\u00edtica literaria en el siglo de Luis XIV\u00bb. Ah\u00ed Federico se mueve mucho m\u00e1s c\u00f3modamente.<\/p>\n<p>El escrutinio definitivo, calculado por la media de los niveles obtenidos en las diversas pruebas, le coloca en pri\u00admer lugar.<\/p>\n<p>Ozanam apenas puede creerse el veredicto pues tan grande es su alegr\u00eda. De pronto todo se ilumina, y su vocaci\u00f3n, hasta entonces en tinieblas, se le presenta repentina\u00admente como un camino de luz.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed tenemos pues a Antonio Federico Ozanam agre\u00adgado a la Facultad de letras de Par\u00eds. Se apresura a comuni\u00adcar los resultados del concurso al rector Soulacroix que le ha animado tanto.<\/p>\n<p>A partir del 9 de octubre, un decreto ministerial le encarga de la suplencia del profesor Claude Fauriel en la c\u00e1tedra de literatura extranjera de la Sorbona.<\/p>\n<p>Esta suplencia conf\u00eda a Federico la responsabilidad del curso de literatura alemana en la Edad Media, durante el a\u00f1o 1841.<\/p>\n<p>Ozanam, en un arranque de celo, emprende un corto viaje por la Alemania renana. Pasa sucesivamente por Aix-la-Chapelle, Colonia, Mayence, Francfort y Worms, visitando lo que \u00e9l llama la Germania de T\u00e1cito y de C\u00e9sar. A ratos se le representa este r\u00e1pido recorrido como una locu\u00adra, \u00abuna temeridad de folletinista que parte a descubrir Ale\u00admania o m\u00e1s bien una satisfacci\u00f3n mezquina ofrecida a mis escr\u00fapulos, escribe a Lallier<sup>95<\/sup>, una especie de hipocres\u00eda para decir a mis auditores este invierno: \u00a1Se\u00f1ores, yo he visto!\u00bb Igual que cuando era peque\u00f1o y mojaba la punta de los dedos en agua para poder responder a mam\u00e1 sin mentir: \u00abMe he lavado\u00bb.<\/p>\n<p>Federico, en previsi\u00f3n del concurso de agregado, hab\u00eda multiplicado las visitas al rector Soulacroix, pensando por entonces acumular las c\u00e1tedras de derecho comercial y de literatura en la Academia de Lyon. Entre los dos hombres se hab\u00edan establecido primero sentimientos de estima que pron\u00adto se convirtieron en verdaderos lazos de afecto.<\/p>\n<p>El Sr. y la Sra. Soulacroix ten\u00edan una hija, Amelia, y dos hijos m\u00e1s j\u00f3venes, Carlos, estudiante de escultura, y Te\u00f3filo, a quien una enfermedad en la infancia hab\u00eda condenado a la silla de ruedas.<\/p>\n<p>El abate Noirot conoc\u00eda muy bien a la familia Soula\u00adcroix y, como sabemos, todav\u00eda mejor a Federico de quien es amigo y confidente. Un d\u00eda habl\u00f3 al rector Soulacroix de una alianza posible entre Ozanam y Amelia cuya frescura y espontaneidad, unidas a una s\u00f3lida cultura, le hab\u00edan llama\u00addo la atenci\u00f3n hac\u00eda tiempo.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Soulacroix acogi\u00f3 favorablemente la idea, con\u00adquistado como estaba ya por la personalidad y el futuro pro\u00admetedor del joven profesor. Fue entonces cuando el abate Noi\u00adrot puso t\u00edmidamente a Ozanam al corriente de sus diligencias secretas y amistosas. \u00a1Federico se qued\u00f3 boquiabierto!<\/p>\n<p>Pegado a su mesa de trabajo, pose\u00eddo por sus estudios, prisionero de las exigencias de la eventual agregadur\u00eda, nada hab\u00eda visto, y nada hab\u00eda imaginado.<\/p>\n<p>Ante un abate Noirot confuso, que le enumera todas las cualidades de Amelia, desde su belleza hasta sus talentos de pianista sin olvidar su cultura y bondad natural, Federico se queda desconcertado, asombrado, estupefacto.<\/p>\n<p>S\u00ed, claro que le han presentado a la joven, \u00bfc\u00f3mo es? \u00bfRubia, morena? Trata de unir sus recuerdos.<\/p>\n<p>\u00a1Oh! Federico, \u00a1incorregible intelectual, cerrado a los placeres de la amistad femenina, insensible a la gracia de las j\u00f3venes de su siglo! Sin embargo, \u00bfexiste cuadro m\u00e1s seduc\u00adtor que una cara fresca, encuadrada en bucles locos? \u00bfO un talle modelado en un vestido de seda radiante, henchido por tres faldas de encaje?<\/p>\n<p>Federico, al principio divertido, cede pronto a la curio\u00adsidad. Con toda suerte de pretextos, corre a casa del rector para fijarse un poco en aquella que le destinan. \u00bfSe tratar\u00eda pues de esta bonita joven de rasgos regulares, de ojos azul porcelana, de sonrisa enigm\u00e1tica, de cabello rubio partido en dos, que cae en ligeros bucles por la nuca? \u00bfSe tratar\u00eda de esta personilla graciosa y fr\u00e1gil? El nombre sigue sonando en sus o\u00eddos: \u00a1Amelia, Amelia Soulacroix!<\/p>\n<p>Federico se siente conmovido interiormente, y sin embargo los libros mandan, pues este barullo inesperado se produce inmediatamente antes del examen. \u00bfNo ser\u00e1 que el amor naciente le haya ayudado a encontrar en su momento las ideas y las palabras m\u00e1gicas? \u00bfNo habr\u00e1 sido la clave que decidi\u00f3 su destino? Apenas se atreve a creerlo&#8230;, todo ha ido tan de prisa.<\/p>\n<p>Al regreso, el sue\u00f1o se convierte en realidad. Parece que Amelia, por su parte, no habla m\u00e1s que de Federico. Espont\u00e1nea como es, no oculta sus sentimientos; admira al joven de quien su padre le ha hablado tan bien, le seguir\u00eda hasta el fin del mundo, le ama, \u00a1eso es todo!<\/p>\n<p>El desarrollo r\u00e1pido e imprevisto de estos sucesos tras\u00adtorna los planes de la carrera de Ozanam. Federico sigue sien\u00addo titular de la c\u00e1tedra de derecho comercial, y todo hace pen\u00adsar que el puesto de Edgar Quinet le ser\u00e1 ofrecido en breve plazo&#8230; El joven abogado entra de nuevo en un per\u00edodo de indecisi\u00f3n y de tormento \u00bfPuede dejar Lyon y aceptar en Par\u00eds una simple suplencia de un a\u00f1o, con unos honorarios bien inferiores a los que cobra en la actualidad? Y si fuera a tomar mujer, \u00bfno ser\u00eda imponerle un destierro m\u00e1s penoso que atrac\u00adtivo? Y Carlos, y Guigui, \u00bfc\u00f3mo resignarse a dejarlos?<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s le comunica sus inquietudes al profesor Amp\u00e9re, uno de los que han presidido las sesiones del con\u00adcurso. Este \u00faltimo, afortunadamente, pone fin a todas sus dudas; el puesto de Federico est\u00e1 de verdad en Par\u00eds donde se abre para \u00e9l un futuro brillante y \u00fatil.<\/p>\n<p>Ozanam anuncia pues su decisi\u00f3n al se\u00f1or Soulacroix quien se apresura a concederle la mano de su hija. Federico se encuentra como a la deriva.<\/p>\n<p>Alfonso refiere que, como el mayor de la familia y a falta de la presencia de los padres que tanto se habr\u00edan con\u00adgratulado con su hijo, se fue a presentar con solemnidad a Federico a su futuro suegro.<\/p>\n<p>Nos esperaba en su gabinete. La entrevista fue muy cordial; en su mirada brillaba una bondad tan noble como sencilla. Despu\u00e9s de unas palabras afables, nos rog\u00f3 que pas\u00e1ramos al apartamento donde nos esperaba a su vez, con una conmoci\u00f3n f\u00e1cil de comprender, Madame Soulacroix y su hija que se iba a convertir en la prometida de Federico. Despu\u00e9s de inter\u00adcambiar felicitaciones mutuas, \u00edbamos a retiramos cuando el se\u00f1or Soulacroix, a ejemplo de los antiguos patriarcas, con el coraz\u00f3n lleno de gozo, tom\u00f3 las manos de los dos futuros esposos, las uni\u00f3 entre las suyas consagrando as\u00ed este nudo que deb\u00eda ser estrechado para siempre, un poco m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Federico se siente transformado s\u00fabitamente, querr\u00eda tomar a esta joven en seguida, llev\u00e1rsela hoy, ma\u00f1ana, como anta\u00f1o los valientes caballeros se llevaban a su bien amada en su montura. Pero las realidades, las conveniencias son muy otras, por eso debe resignarse a poner en regla sus asun\u00adtos, a confiar su curso de derecho comercial a Accarias<sup>97<\/sup>, a saludar a sus amigos, a sus consocios vicencianos, a asumir en Par\u00eds sus nuevas responsabilidades.<\/p>\n<p>La fecha de la boda queda fijada para las grandes vaca\u00adciones. Hasta entonces, \u00a1de qu\u00e9 paciencia deber\u00e1 armarse, Dios santo, para no morir de tedio!<\/p>\n<p>Escribe a Lallier: \u00abMe encontrar\u00e9is tiernamente ena\u00admorado pero, ni me oculto, si bien a veces no puedo por menos de re\u00edrme. Y yo me ten\u00eda de coraz\u00f3n curtido&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Ser\u00e1 el propio Federico quien se confiese vencido por \u00ablos encantos delicados y sensibles del amor\u00bb. \u00bfQu\u00e9 edad tiene este joven abogado que sent\u00eda ver a sus amigos caer tan temprano en las \u00abredes\u00bb del matrimonio? Pues bien, tiene veintisiete a\u00f1os. En efecto es el profesor m\u00e1s joven con puesto en la Sorbona.<\/p>\n<p>En Par\u00eds, desde mediados de diciembre, Ozanam vive en casa de Bailly, calle de Foss\u00e9s-Saint-Jacques. Separado de su amada durante los pr\u00f3ximos meses, Federico sostendr\u00e1 con ella y su familia una correspondencia seguida. El estilo de sus cartas es precioso y muy rom\u00e1ntico. \u00bfCabe imaginar\u00adse hoy a un hombre llamando a su prometida \u00abMademoise\u00adlle\u00bb y firmar: \u00abVuestro humild\u00edsimo y obediente servidor\u00bb? Las etiquetas tienen ese triste papel de enmascarar a veces los m\u00e1s bellos arrebatos del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Por fin, Federico ya no est\u00e1 solo! \u00abA veces este feliz cambio en mi destino me parece tan maravilloso que temo estar so\u00f1ando\u00bb, escribe a Amelia.<\/p>\n<p>\u00abEntonces, retirado en mi habitaci\u00f3n discreta, extraigo de mi pecho la preciosa joya del d\u00eda de la partida; se entrea\u00adbre bajo mis dedos y me deja contemplar el bonito rizo encerrado en el c\u00edrculo de oro\u00bb.<\/p>\n<p>La noticia de su felicidad parece haberle precedido en Par\u00eds. Los Bailly son los primeros en alegrarse, seguidos de toda la peque\u00f1a columna de los vicencianos. El se\u00f1or Amp\u00e9\u00adre se entera por el se\u00f1or Montalembert, en casa de Madame R\u00e9camier. Con dolor del alma y cierta decepci\u00f3n se entera el Padre Lacordaire del suceso. Acaba de entrar en Francia para implantar la Orden de santo Domingo, y cuando est\u00e1 pen\u00adsando en atra\u00e9rselo a su lado, al seno de la naciente comuni\u00addad, la Providencia decide otra cosa.<\/p>\n<p>Pero volvamos a Federico que trabaja fren\u00e9ticamente preparando su curso. Ya se siente presa de la angustia y del nerviosismo; casi no duerme ya, temiendo no estar a la altu\u00adra&#8230; Jean-Jacques Amp\u00e9re pasa cada d\u00eda para tranquilizarle, reanimar sus fuerzas. Federico no olvidar\u00e1 nunca esta amis\u00adtad c\u00e1lida, sincera, incansable.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la primera lecci\u00f3n, 9 de enero, a la una de la tarde, Ozanam, p\u00e1lido y temblando, se sienta en el sill\u00f3n universitario. El anfiteatro de la Sorbona muestra un lleno total; se cuentan m\u00e1s de trescientas personas. Un miedo p\u00e1nico se apodera de Federico desde el principio de su dis\u00adcurso. Se dir\u00eda que las palabras se le quedan en la garganta. Gracias a que Ozanam, en el pre\u00e1mbulo, ha reclamado indulgencia y el auditorio ha respondido con aplausos. Entonces el joven profesor recobra su aplomo; las oraciones de Amelia y el apoyo de sus consocios en la sala ayudan a que la alocuci\u00f3n resulte menos penosa, y Federico puede continuar as\u00ed hasta el fin.<\/p>\n<p>Abrumado de cansancio, mi sistema nervioso debilitado hasta la risa y hasta las l\u00e1grimas, me encontr\u00e9 en brazos de nume\u00adrosos condisc\u00edpulos y colegas; me aseguraban que hab\u00eda triunfado.<\/p>\n<p>A medida que pasan las semanas, Ozanam se expresa con m\u00e1s facilidad; los oyentes siguen afluyendo, algunos incluso deben permanecer en el exterior. La influencia de Amelia comienza a dejarse sentir. En sus cartas frecuentes le urge para que se distraiga y acepte las invitaciones prestigiosas que se le ofrecen. De esta forma Ozanam volver\u00e1 a ver al se\u00f1or Chateaubriand y al se\u00f1or Lamartine; sin embar\u00adgo, rechaza presentarse en el baile.<\/p>\n<p>La joven le incita en sus cartas a expresarse con mayor naturalidad, a entregarse m\u00e1s, a cont\u00e1rselo todo; tres meses m\u00e1s tarde, Federico se atrever\u00e1 a firmar t\u00edmidamente :\u00bbvues\u00adtro prometido que os ama de todo coraz\u00f3n, A.F. Ozanam\u00bb.<\/p>\n<p>El deseo m\u00e1s \u00edntimo de Federico, cuando los d\u00edas son largos y sin alegr\u00eda, lejos de la que ama, ser\u00eda adelantar la boda a las vacaciones de Pascua. La familia Soulacroix se muestra reticente; los j\u00f3venes se conocen poco, \u00bfesta larga vacaci\u00f3n no les servir\u00e1 m\u00e1s bien para apreciarse mejor? As\u00ed escribe a Amelia:<\/p>\n<p>Fijaos, ya se acercan estos escasos d\u00edas que nos da el buen Dios. \u00c9l nos los escoge entre los m\u00e1s bellos de su primavera: todo sonr\u00ede a nuestro alrededor como nos sonre\u00edmos el uno al otro&#8230; permitidme que os tome esta mano querida y me la lleve al coraz\u00f3n; dejad por un momento que nos amemos un poquito&#8230;<\/p>\n<p>Por fin en Lyon, Federico pasa todo el tiempo con Ame\u00adlia, nunca le pareci\u00f3 tan bella, tan atractiva. Hablan durante horas enteras. La joven hab\u00eda recibido, durante el invierno, lecciones de literatura y de italiano, por lo que el placer de sus intercambios resulta centuplicado. Hacia el atardecer, Amelia se sienta al piano y ejecuta para su prometido un rond\u00f3 de Mozart, una sonata de Scarlatti, o alg\u00fan nocturno de este m\u00fasico que causa furor en Par\u00eds y que se llama: Fede\u00adrico Chopin.<\/p>\n<p>Ozanam pasa a gusto el tiempo en esta casa donde todos le acogen con ternura y afecto. Dos d\u00edas antes de los veintiocho a\u00f1os, el 21 de abril, Federico vuelve a Par\u00eds y prosigue sus lecciones en la Sorbona. Para redondear el pre\u00adsupuesto, ha aceptado incluso dar tres lecciones de ret\u00f3rica en el Colegio Stanislas.<\/p>\n<p>El peso de la separaci\u00f3n, sin embargo, le resulta cada vez m\u00e1s penoso. Una vez m\u00e1s encuentra alivio y consuelo en la Conferencia de caridad. El domingo del Buen Pastor, una de las cuatro fiestas oficiales de la Sociedad, se dirige a la capilla de la calle S\u00e9vres para escuchar al Padre de Ravig\u00adnan, predicador solicitado, de gran reputaci\u00f3n. Gran parte de los asistentes reciben la santa comuni\u00f3n, y, por la tarde, se re\u00fanen todos en el anfiteatro de la calle de la Estrapade. Veinticinco Conferencias de Par\u00eds est\u00e1n representadas. Ani\u00admado por Bailly a tomar la palabra, Ozanam repite a sus consocios su exhortaci\u00f3n de costumbre: \u00abUna sola cosa podr\u00eda detenernos y perdernos, declara a los asistentes des\u00adpu\u00e9s de resaltar los logros admirables de la Sociedad, y esa ser\u00eda la alteraci\u00f3n de nuestro primer esp\u00edritu y sobre todo olvidar la humilde sencillez que presidi\u00f3 en un principio nuestras citas, nos hizo amar la oscuridad sin buscar el secre\u00adto y nos vali\u00f3 quiz\u00e1 el crecimiento ulterior. Dios se compla\u00adce ante todo en bendecir lo que es peque\u00f1o e imperceptible, el \u00e1rbol en la semilla, al hombre en su cuna y las obras bue\u00adnas en la timidez de sus principios\u00bb.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos d\u00edas de mayo, sin duda debido al abuso de sus fuerzas, Ozanam es presa de dolores fuertes de gar\u00adganta que le preocupan y obligan pronto a tomar unas vaca\u00adciones forzadas.<\/p>\n<p>Los m\u00e9dicos le condenan a guardar silencio. Este con\u00adtratiempo doloroso le hace triste y taciturno, pero Amelia le asegura que el descanso y la felicidad futura dar\u00e1n cuenta de estos males tan duros. Y m\u00e1s sabiendo que despu\u00e9s de la boda, la joven pareja pasar\u00e1 una temporada en la monta\u00f1a antes de dirigirse a Italia por donde viajar\u00e1n varias semanas.<\/p>\n<p>Antes de su regreso a Lyon, Federico se afana en prepa\u00adrar los regalos de boda, escogiendo en las grandes joyer\u00edas las joyas que el futuro esposo destina a su prometida. Esta cos\u00adtumbre va rodeada a menudo de consultas indirectas y miste\u00adriosas a fin de colmar los gustos de la amada quedando a salvo el efecto sorpresa. Los mismos paseos para la compra de la levita, del sombrero de copa nuevo y de los zapatos finos que el casado llevar\u00e1 solemnemente el d\u00eda de la boda, fijada para el 23 de junio.<\/p>\n<p>\u00a1Bello entre todos este mi\u00e9rcoles soleado en el que el \u00f3rgano de la vieja iglesia de Saint-Nizier celebra con sus m\u00e1s festivos acordes la uni\u00f3n de Federico y Amelia! El coro irradia luz; hay flores por todas partes. Federico llega con un cuarto de hora de adelanto. Guigui y las primas Haraneder han dado el \u00faltimo toque; la levita le cae bien, los cabellos, por una vez, est\u00e1n disciplinados, los zapatos brillan como espejos, el alfiler de la corbata sujeta bien el nudo de seda gris. El t\u00edo Luis hace de padre para su sobrino. Federico, de rodillas, trata en vano de recogerse. Hasta el ruido que pro\u00adducen los invitados, al colocarse en los bancos, tiene esta ma\u00f1ana algo de ins\u00f3lito, de agradable.<\/p>\n<p>Alfonso bendecir\u00e1 el matrimonio, asistido de Carlos, un tanto estirado con su sobrepelliz de encaje. Ambos pare\u00adcen nerviosos y echan por turno un vistazo al p\u00f3rtico. A los compases de la marcha nupcial, Federico se levanta. La eti\u00adqueta no le permite volverse para ver de lejos a su amada; en ese instante se le ve sacar de la chaqueta espont\u00e1nea- mente el reloj de oro. Al formar un \u00e1ngulo con \u00e9l, el metal refleja el cortejo que avanza con solemnidad por el pasillo central. Federico s\u00f3lo tiene ojos para Amelia, deslumbran\u00adte del brazo de su padre. Camina despacio con la cara ocul\u00adta bajo un velo vaporoso sostenido por una corona de flo\u00adres de naranjo.<\/p>\n<p>Federico no puede m\u00e1s, se vuelve para acoger a su amada y, salt\u00e1ndose todas las formalidades, levanta el velo para contemplar el hermoso rostro de rosa por la emoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante la ceremonia, Federico piensa en sus padres que all\u00e1 arriba tambi\u00e9n deben de alegrarse. Todos sus ami\u00adgos est\u00e1n con \u00e9l, sus hermanos de San Vicente de Pa\u00fal, sus t\u00edos, sus t\u00edas, sus primas, la familia Soulacroix. Estremeci\u00addo coloca el anillo en el dedo de Amelia, dej\u00e1ndose invadir por no s\u00e9 qu\u00e9 de dulce, de vibrante. \u00abApenas lograba con\u00adtener las gruesas pero deliciosas l\u00e1grimas, y sent\u00eda descen\u00adder sobre m\u00ed la bendici\u00f3n divina con las palabras consa\u00adgradas&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de la boda, Federico escribe a los que le son queridos: \u00abAl cabo de cinco d\u00edas que estamos juntos, me permito ser feliz. No cuento ni los momentos ni las horas. El paso del tiempo no cuenta para m\u00ed&#8230; \u00bfQu\u00e9 me importa el futuro? La felicidad en el presente, es la eterni\u00addad, yo comprendo el cielo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Durante estos placeres \u00edntimos, sin embargo, el dolor de garganta persiste, y Arthaud le aconseja seriamente las aguas d&#8217;Allevard, no lejos de Grenoble, donde una cura de unas semanas deber\u00eda acabar con estos males, m\u00e1s molestos que preocupantes. All\u00e1 en las monta\u00f1as, celebrar\u00e1 Federico los veinte a\u00f1os de Amelia. Ha preparado una peque\u00f1a fiesta,my como su joven esposa, a pesar de su dicha, echa de menos a su familia a la que abandona por primera vez, Ozanam satisface sus deseos ofreci\u00e9ndole un bonito medall\u00f3n de oro (comprado en secreto por Alfonso) que contiene cabellos de su madre, de su padre, de Carlos y de Te\u00f3filo.<\/p>\n<p>Esta peque\u00f1a joya, acompa\u00f1ada de un poema y de un magn\u00edfico ramo de flores, hace maravillas, y Amelia recobra pronto su sonrisa y su alegr\u00eda. Ozanam seguir\u00e1 fiel a esta delicada atenci\u00f3n; en el aniversario de su boda, el 23 de cada mes, donde quiera que est\u00e9n, Amelia recibir\u00e1 un ramillete, con el amor y la ternura de su amado.<\/p>\n<p>Federico y Amelia aprovechan su estancia en los Alpes para visitar los alrededores a pie o a caballo. Por las cartas que dirigen a sus respectivas familias se sabe que la salud de Federico hace progresos. Despu\u00e9s de una breve parada en Lyon, emprenden por tierra y por mar viaje a Italia que dura\u00adr\u00e1 del 19 de septiembre hasta el 17 de noviembre de 1841.<\/p>\n<p>Federico y Amelia conservar\u00e1n un recuerdo inolvidable de este largo periplo. La joven tiene el mejor gu\u00eda en el viaje. El itinerario los llevar\u00e1 a Marsella y a G\u00e9nova, luego suce\u00adsivamente a N\u00e1poles, a Mesina y a Palermo, en Sicilia, y por fin a Roma y a Florencia. En Roma, sin duda debido a los preciosos servicios que Ozanam ha prestado a la obra de la Propagaci\u00f3n de la fe, la joven pareja ser\u00e1 recibida por Gre\u00adgorio XVI en audiencia privada, exenta de toda etiqueta.<\/p>\n<p>Si es bonito ver al Soberano Pont\u00edfice en medio de las pom\u00adpas sacerdotales, el d\u00eda de Pascua, bendecir a la ciudad y al mundo, tal vez no sea menos conmovedor ver a este anciano apost\u00f3lico, s\u00f3lo y sin aparato, extender las manos sobre los dos j\u00f3venes y oscuros viajeros.<\/p>\n<p>Federico y Amelia llegan a Par\u00eds el 11 de diciembre, y en los primeros d\u00edas de enero de 1842 se mudan al 10 de la calle Grenelle, \u00aben el centro de nuestras relaciones y conocidos\u00bb, precisar\u00e1 Ozanam. All\u00ed es donde encontrar\u00e1 refugio su joven felicidad.<\/p>\n<p>Amelia se adapta muy r\u00e1pidamente a esta nueva vida entre dos, lejos de su familia y en una ciudad que no conoce a\u00fan. Con la ayuda de una joven sirvienta de Lyon, Mar\u00eda, toma las riendas de la familia con rara seguridad. Todo lo vigila, la decoraci\u00f3n, el men\u00fa y, lo m\u00e1s a menudo, se encar\u00adga ella misma de las compras.<\/p>\n<p>Sus padres y Federico le han ofrecido, como regalo de boda, un piano Pleyel, y todas las noches, despu\u00e9s de cenar, interpretar\u00e1 para su marido las piezas que \u00e9l prefiere.<\/p>\n<p>Federico arde en deseos de presentar a su joven y boni\u00adta esposa a sus amigos parisinos. As\u00ed inicia con Amelia las tradicionales visitas de rigor para mantener vivo el recuerdo de los diputados, de los<sup>&#8211;<\/sup>ministros y de las grandes persona\u00adlidades del momento, aunque este ritual cansado venga en detrimento del tiempo que desear\u00eda dedicar a la preparaci\u00f3n de sus lecciones y de sus art\u00edculos.<\/p>\n<p>En este a\u00f1o de 1842, Luis Veuillot toma la direcci\u00f3n de <em>l&#8217;Univers Catholique. <\/em>Este hijo de tonelero, que no tuvo la suerte de seguir estudios superiores, pone su talento y su verbo al servicio del periodismo de combate. Despu\u00e9s de su conversi\u00f3n entra de lleno en la prensa cat\u00f3lica. Luis Veuillot ser\u00e1 uno de los defensores m\u00e1s aguerridos del catolicismo ultramontano, y no existe f\u00e1cil explicaci\u00f3n al hecho de que Montalembert, partidario del liberalismo, haya ido a buscar a este joven le\u00f3n que se dedica a machacar al enemi\u00adgo, sin paliativos ni componendas. Su celo intempestivo no era del agrado f\u00e1cil de todos los cat\u00f3licos. Ozanam mismo no escapar\u00e1 a los zarpazos de este panfletario impenitente.<\/p>\n<p>Federico colabora con regularidad en <em>l&#8217;Univers. <\/em>Con todo, hace algunos a\u00f1os que no oculta sus reticencias frente a las tomas de posici\u00f3n del peri\u00f3dico. Ser\u00eda demasiado pro\u00adlijo analizar aqu\u00ed la pol\u00edtica sobre la libertad de ense\u00f1anza, pero es interesante notar que la Universidad (enti\u00e9ndase aqu\u00ed el gobierno) dirig\u00eda entonces todo el sector de la ense\u00f1anza en Francia. Veuillot hab\u00eda entablado una lucha a muerte con este monopolio.<\/p>\n<p>Ozanam se halla pues en conflicto de intereses, ya que es a la vez colaborador de <em>l&#8217;Univers <\/em>y profesor de la Sorbo\u00adna. A prop\u00f3sito de una de las andanadas virulentas de Veui\u00adllot contra la Universidad, escribe a Madame Soulacroix, su suegra: \u00abNunca har\u00e9 uso de esa pol\u00edtica amarga que me desagrada en mis amigos de <em>l&#8217;Univers <\/em>y que me impide fir\u00admarlo\u00bb. Algo m\u00e1s tarde a\u00f1adir\u00e1\u00bb: \u00abNo me gusta la pol\u00e9mi\u00adca de <em>l&#8217;Univers <\/em>pero los que la redactan no son unos malva\u00addos, y menos, envidiosos: son hombres entregados que ni siquiera son pagados, que tienen otros puestos, que no tienen ning\u00fan inter\u00e9s personal en la querella, y a pesar de ello se dejan arrastrar a extremos deplorables. A este respecto me mantengo a una distancia prudente separando la amistad de la solidaridad literaria\u00bb. N\u00f3tese la moderaci\u00f3n y dignidad que emplea Federico al opinar sobre la orientaci\u00f3n del peri\u00f3\u00addico. Este par\u00e9ntesis sobre <em>l&#8217;Univers <\/em>y sobre Veuillot en particular, nos da la idea del papel que Ozanam ser\u00e1 llamado un d\u00eda a jugar en esta pol\u00e9mica del monopolio de la ense\u00f1anza, que seguir\u00e1 ocupando la primera p\u00e1gina de los peri\u00f3dicos y revistas durante m\u00e1s de cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero volvamos a Federico, el hombre, el marido aman\u00adte, que se preocupa, entre otras cosas, por los bellos cabellos de Amelia que se han tenido que cortar para robustecerlos. \u00abEsto nos da una cabeza infantil, graciosa a su modo y como un peque\u00f1o querub\u00edn\u00bb, refiere a su suegra. Ozanam est\u00e1 muy orgulloso de su joven mujer cuyos modales exquisitos no pasan desapercibidos en los salones. Se siente doblemente orgulloso porque, desde hace algunas semanas, \u00a1qu\u00e9 dicha!, Amelia lleva la promesa de un ni\u00f1o&#8230; \u00a1No es maravilloso!<\/p>\n<p>El 23 de mayo, sin embargo, por consejo del m\u00e9dico, Amelia debe guardar cama&#8230;, se teme un accidente. Federi\u00adco se siente enloquecido e impotente. Redobla las ternuras y las atenciones, pasa noches enteras a la cabecera de la que es para \u00e9l tan querida, tan indispensable.<\/p>\n<p>A pesar de la prudencia, y de todos los cuidados, Amelia tendr\u00e1 un aborto y al mismo tiempo perder\u00e1 muchas fuerzas. Federico est\u00e1 trastornado. \u00abMientras dur\u00f3 la duda, le conf\u00eda a Lallier, mientras a pesar de las garant\u00edas de los m\u00e9dicos yo tem\u00ed alg\u00fan peligro por la que quiero por encima de todas las cosas, una especie de energ\u00eda me sostuvo. Pero ahora con el tiempo para pensar y sentir, me sumerjo en un profundo aba\u00adtimiento y en un vac\u00edo inmenso. El coraz\u00f3n se hab\u00eda expan\u00adsionado por estas noticias y ternuras inauditas de padre que comenzaba a abrigar; ya no le queda nada para llenarlo\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Bailly pose\u00eda, en la calle Madame, un delicio\u00adso chalet, una especie de castillo rodeado de verde. Se lo prest\u00f3 a la joven pareja para facilitar la convalecencia de Amelia y evitarle los extremos calores. A finales de julio, Amelia ir\u00e1 a Lyon con su familia.<\/p>\n<p>Parece que en el siglo pasado, las consecuencias de un mal parto llevaban consigo serios peligros, y las convale\u00adcencias se prolongaban durante meses.<\/p>\n<p>Con dolor deja Ozanam partir a su mujer por no poder acompa\u00f1arla; le escribir\u00e1 todos los d\u00edas:<\/p>\n<p>Sus cartas son a la vez un grito de amor y una larga queja.<\/p>\n<p>F\u00edjate en m\u00ed, amada m\u00eda: no me ves arrodillado, como muchos d\u00edas por la ma\u00f1ana, junto a t\u00ed, con la cabeza apoyada en tu hombro y en busca de una de esas miradas de bondad que me iluminan todo el d\u00eda&#8230;<sup>111. <\/sup>Me he despertado esta ma\u00f1ana con estas melancol\u00edas que t\u00fa sabes, pero m\u00e1s profundas. Luego las he llevado al \u00fanico lugar donde pueden desahogarse, he o\u00eddo misa y all\u00ed, poco a poco, las emociones se han calmado, las l\u00e1grimas han vuelto, me sent\u00eda aliviado a medias&#8230;<\/p>\n<p>Realiza \u00e9l solo las visitas a los pobres que ten\u00eda por cos\u00adtumbre hacer entre dos, el domingo por la ma\u00f1ana, y cuenta a su familia c\u00f3mo le parece cada vez m\u00e1s penosa la miseria de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Dulce amiga m\u00eda, d\u00e9jame darles algo por tu fiesta. Este ser\u00e1 un regalo bien modesto que yo te destino, a fin de que ese d\u00eda 15 de agosto, estas ocho criaturas, que Dios ama porque son inocentes y sufren, recen por ti, por nosotros, para alejar de nosotros en lo futuro las desdichas de este a\u00f1o y obtener\u00adnos un angelito que espera nuestra casa.<\/p>\n<p>Al fin, Federico se reunir\u00e1 con su mujer el 13 de agosto, y se adivina el gozo del reencuentro despu\u00e9s de tres largas semanas de separaci\u00f3n. Se quedar\u00e1 con ella, en el campo, un poco m\u00e1s de un mes, pero regresar\u00e1 solo a Par\u00eds, el 24 de setiembre, donde le esperan sus obligacio\u00adnes en la Sorbona.<\/p>\n<p>De nuevo, Federico escribir\u00e1 fielmente cada noche a su amada. Sin embargo, bien pronto esta separaci\u00f3n no s\u00f3lo se le volver\u00e1 dolorosa sino insoportable. Suplica a Amelia que vuelva. \u00abS\u00e9 generosa, deja tu peque\u00f1o para\u00edso de Oullins donde est\u00e1s tan bien pero donde yo no estoy. Ven a m\u00ed. Que me excusen en tu casa pero no lo puedo sufrir m\u00e1s. \u00a1Me sen\u00adtir\u00eda tan agradecido si partieras el 10! \u00a1Todo me parecer\u00e1 tan largo hasta entonces!\u00bb.<\/p>\n<p>Escribir\u00e1 a sus suegros:<\/p>\n<p>Me aburro hasta el marasmo. Compadeceos un poco de m\u00ed, considerad que estoy completamente solo, sin padres, sin amigos y devolvedme a la que lo es todo para m\u00ed.<\/p>\n<p>Y de nuevo a Amelia:<\/p>\n<p>\u00bfNo te das cuenta que te amo infinitamente? \u00bfNo sientes que es mucha separaci\u00f3n, que es demasiado? \u00a1No ves que ante el pensamiento de poseerte una vez m\u00e1s, mis manos se tienden, mi coraz\u00f3n se estremece, mi pecho querr\u00eda abrirse y mi alma entera dilatarse para rodearte de ternura y que, en fin, experi\u00admento un desfallecimiento de felicidad!<\/p>\n<p>Uno se pregunta c\u00f3mo Amelia puede resistir a esta lla\u00admada tan apasionante, tan sincera, tan convincente. Ella acaba de comenzar sesiones posando para su hermano Car\u00adlos, el escultor, y el busto dista mucho de estar terminado&#8230;<\/p>\n<p>Ozanam se siente tan contrariado, el pobre, que toma la resoluci\u00f3n de ir \u00e9l mismo a buscar a Amelia a Lyon, y, en carta a su suegro, apenas puede disimular sus sentimientos de impaciencia y de acritud bajo f\u00f3rmulas de cortes\u00eda y de conveniencias. Federico, por su parte, se arrepentir\u00e1 pronto de este gesto tan impulsivo, tan natural dadas las circuns\u00adtancias, y se excusar\u00e1 ante sus suegros. \u00abYo he cedido a un ego\u00edsmo disfrazado bajo el nombre de amor\u00bb<sup>15<\/sup>, les escribi\u00adr\u00e1, poniendo de manifiesto qu\u00e9 indispensable se ha vuelto Amelia para \u00e9l, y c\u00f3mo le resulta imposible, sin ella, prose\u00adguir sus investigaciones serias, ni siquiera entregarse a sus ocupaciones diarias.<\/p>\n<p>Al fin, la amada vuelve a Par\u00eds el 21 de octubre. La casa es un jard\u00edn de flores.<\/p>\n<p>Al volver a ver a Federico, al sentir en s\u00ed la mirada gris, llena de amor, de ternura y emoci\u00f3n, Amelia no puede con\u00adtener las l\u00e1grimas. En lo hondo de su coraz\u00f3n surgen mil pesares a la vez: el de haber obrado como una ni\u00f1a, el de haberse entregado a la vida f\u00e1cil de Oullins, sin pensar en el sufrimiento de su marido, el de haber pensado en s\u00ed, en sus caprichos de ni\u00f1a mimada, el de&#8230; pero pronto el c\u00e1lido abrazo de Federico borra todos estos pesares; no queda m\u00e1s que la dulzura palpitante de una dicha recobrada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1840, Francia cuenta con treinta y cuatro millones de habitantes, y el capital del pa\u00eds se encuentra en manos de doscientos mil propietarios. 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