{"id":28579,"date":"2024-11-17T08:40:00","date_gmt":"2024-11-17T07:40:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/28579\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-4-la-conferencia-de-caridad-1833\/"},"modified":"2024-08-16T16:40:38","modified_gmt":"2024-08-16T14:40:38","slug":"ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-4-la-conferencia-de-caridad-1833","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-4-la-conferencia-de-caridad-1833\/","title":{"rendered":"Ozanam, un sabio entre los pobres. 4. La Conferencia de Caridad. 1833."},"content":{"rendered":"<p>Federico est\u00e1 entre los m\u00e1s asiduos a las conferencias de historia; acude regularmente con sus camaradas de dere\u00adcho, Le Taillandier, Lamache, Lallier y el grupito de lione\u00adses a quienes se ve siempre acompa\u00f1\u00e1ndole. Por su don de gentes, su bondad y su erudici\u00f3n, los compa\u00f1eros de Ozanam le han constituido en su jefe de filas, su portavoz. Fede\u00adrico se siente abrumado bajo el peso de un prestigio tal.<\/p>\n<p>Me llaman, me invitan&#8230; me lanzan por delante. Y como Dios y la educaci\u00f3n me han dotado de cierto tacto, de cier\u00adta amplitud de ideas y margen de tolerancia, quieren hacer\u00adme jefe de la juventud cat\u00f3lica de este pa\u00eds&#8230; debo estar a la cabeza de todo movimiento y cuando se trata de algo dif\u00ed\u00adcil el peso recae sobre m\u00ed&#8230; Soy consciente de mis debili\u00addades a los 21 a\u00f1os, por eso las solicitudes y los elogios me humillan bastante y me entran casi ganas de re\u00edrme de mi importancia.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde nace esa admiraci\u00f3n, si su naturaleza emba\u00adrazosa y t\u00edmida limita toda ambici\u00f3n, paraliza toda energ\u00eda? Le gusta el di\u00e1logo, la discusi\u00f3n, pero \u00a1qu\u00e9 hondo le parece el abismo entre los argumentos que se imagina persuasivos, brillantes y las pobres palabras temblorosas que salen de su boca! Y sin embargo, cuando siente el golpe, cuando le ata\u00adcan en sus convicciones profundas, los ojos se iluminan, el gesto se precisa, la verdad se abre paso, primero con dificul\u00adtad, luego estalla de repente como una llamarada, y Federi\u00adco se vuelva expedito, elocuente.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, en el curso de una de estas conferencias de his\u00adtoria, se aborda el tema de la fe activa. Un joven sansimo\u00adniano, fiel a la doctrina de sus maestros, ataca de frente a los militantes cat\u00f3licos: \u00abVuestra fe, dice, est\u00e1 en los libros, no en las obras; \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is vosotros para ayudar a los pobres, a los desheredados?\u00bb Ozanam se siente profundamente humillado, como abofeteado; le hierve la sangre en las venas. Es t\u00edmido pero est\u00e1 siempre documentado, de mane\u00adra que se levanta de un salto: \u00abLa Iglesia ha sido siempre amiga de los pobres, replica. Cristo ha venido a salvar a todos los hombres. Desde los comienzos del cristianismo hasta hoy, la Iglesia ha conjugado todos sus esfuerzos para desterrar la esclavitud, es ella la que&#8230;\u00bb Aqu\u00ed le interrumpe su fogoso adversario: \u00abEst\u00e1is hablando del pasado, se\u00f1or Ozanam, yo os pregunto qu\u00e9 hacen los cat\u00f3licos de hoy, vos, vuestros compa\u00f1eros\u00bb.<\/p>\n<p>Presa de una fuerza espont\u00e1nea, Ozanam no se deja impresionar ni mucho menos. Recuerda a su interlocutor la presencia de muchas comunidades religiosas que traba\u00adjan en el centro de Par\u00eds en los barrios miserables, y fija la atenci\u00f3n en el Instituto de Bon-Secours creado reciente\u00admente por el arzobispo de Par\u00eds, Monse\u00f1or de Qu\u00e9len. \u00abAdmitir\u00e9is que esta caridad es valiente, ya que se realiza dentro de la ilegalidad, sin aprobaci\u00f3n oficial del gobier\u00adno&#8230;\u00bb. \u00abSe trata de \u00f3rdenes religiosas, replica su oponente, pero \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is los laicos y los estudiantes como voso\u00adtros para ayudar a los pobres?\u00bb Federico ha recuperado la calma. Sus compa\u00f1eros, al borde de sus asientos, est\u00e1n pendientes de \u00e9l. \u00abNo acostumbramos a darnos importan\u00adcia, responde tranquilamente Ozanam&#8230; Sin duda os pro\u00adducir\u00e1 sorpresa, amigo m\u00edo, que muchos de nosotros dedi\u00adcan parte de su tiempo y los escasos recursos que tienen a socorrer a los desprovistos\u00bb. (Ozanam alud\u00eda as\u00ed a las familias que visitaba de vez en cuando con sus amigos, para ayudar a la Hermana Rosal\u00eda<sup>40<\/sup>. \u00abNo obstante os con\u00adfieso, sigue diciendo, que nos sentimos incapaces y que se impone una caridad m\u00e1s organizada\u00bb.<\/p>\n<p>El joven sansimoniano se echa a re\u00edr. \u00abPero, \u00bfqu\u00e9 espe\u00adr\u00e1is hacer? Sois un pu\u00f1ado de j\u00f3venes, \u00bfy de esa forma espe\u00adr\u00e1is aliviar las miserias de una ciudad como Par\u00eds? Por muchos que os junt\u00e9is, no lograr\u00e9is gran cosa. Nosotros, por el contrario, contin\u00faa, nosotros elaboramos ideas y sistemas que reformar\u00e1n el mundo y extirpar\u00e1n la miseria para siem\u00adpre. En un instante, nosotros haremos por la humanidad m\u00e1s que vosotros en muchos siglos&#8230;\u00bb Confiado y due\u00f1o de s\u00ed, Ozanam responde:<\/p>\n<p>Acordaos de que los sistemas son a menudo complicados y ef\u00ed\u00admeros. El catolicismo ha descubierto mucho antes que vosotros los principios de la justicia y de la caridad. No est\u00e1 prohibido tener grandes proyectos, amigo, pero la Iglesia de Cristo, la Igle\u00adsia perseguida en nuestros d\u00edas como en tiempos de los roma\u00adnos, no ha dejado de existir a pesar de haber sido fundada sobre doce pobres hombres y sobre uno en particular llamado Pedro.<\/p>\n<p>La atm\u00f3sfera es tensa; Federico se da cuenta; contin\u00faa:<\/p>\n<p>Os olvid\u00e1is del papel que jug\u00f3 el a\u00f1o pasado entre las v\u00edcti\u00admas del c\u00f3lera; el seminario, el arzobispado, las residencias presbiterales se transformaron en hospitales, se formaron gru\u00adpos de laicos para cuidar a los enfermos, tanto ricos como pobres, de eso ya hablaron bastante los peri\u00f3dicos, y a pr\u00f3po\u00adsito de peri\u00f3dicos, os supongo al corriente de los escritos de los se\u00f1ores Lacordaire, de Montalembert y de Chateaubriand que predican un catolicismo social, m\u00e1s cerca de las gentes. Se dar\u00e1 cuenta, amigo m\u00edo, que no son s\u00f3lo los Enfantin<sup>4I<\/sup> y los Proudhon quienes se ocupan del pueblo y hablan de un nuevo cristianismo.<\/p>\n<p>La alusi\u00f3n no era mal\u00e9vola; la hab\u00eda pronunciado con una chispita de humor, pero no por eso dej\u00f3 de desencadenar una salva de aplausos.<\/p>\n<p>Los partidarios de Ozanam, se levantan, le rodean, le felicitan; hay apretones de manos y palmadas en el hombro. Federico se muestra sensible a estas se\u00f1ales de amistad, pero se queda pensativo y tiene prisa por estar solo. Casi mec\u00e1ni\u00adcamente recoge su bufanda, la chistera y el abrigo. Le Taillandier le espera a la salida. Sus miradas se encuentran. Federico conoce de sobra a su amigo para darse cuenta de que est\u00e1 preocupado&#8230;<\/p>\n<p>\u00abNuestros debates son batallas de palabras, declara Le Taillandier sin rodeos. Has hablado bien, Federico, pero es hora de pasar a las obras, \u00bfno te parece? Hay que despertar, arrastrar a los dem\u00e1s, Clav\u00e9, Lamache, en una palabra a todos los que han manifestado el deseo de hacer algo&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Los dos hombres, con la cabeza baja, penetran en el viento fr\u00edo de primeros de abril. La calle se halla desierta, y el resplandor vacilante de los faroles re\u00fane sus sombras alar\u00adgadas en una sola; se dir\u00eda un fantasma gigantesco.<\/p>\n<p>\u00abTienes raz\u00f3n, afirma Ozanam, debemos mantenernos unidos. Yo te he hablado ya de esta vasta asociaci\u00f3n genero\u00adsa con la que sue\u00f1o hace tiempo y que nos ofrecer\u00eda la oca\u00adsi\u00f3n de poner en pr\u00e1ctica nuestro catolicismo&#8230;<\/p>\n<p>Esta vasta asociaci\u00f3n generosa no contar\u00eda hoy entre nosotros m\u00e1s que con cinco o seis adeptos, hemos de ser rea\u00adlistas, Federico.<\/p>\n<p>Eso no importa, contesta Ozanam, animado. Podr\u00eda\u00admos formar el n\u00facleo de una asociaci\u00f3n caritativa, reunirnos a menudo, visitar a los pobres. Y luego dividirnos en peque\u00ad\u00f1os grupos &#8230;<\/p>\n<p>El se\u00f1or Bailly podr\u00eda ayudarnos sin duda\u00bb, a\u00f1ade Augusto.<\/p>\n<p>Pero Federico no escucha ya, contin\u00faa con su idea.<\/p>\n<p>\u00abHay conferencias de derecho, de medicina, de litera\u00adtura, exclama Ozanam, \u00bfpor qu\u00e9 no una de caridad? La cari\u00addad es el lazo por excelencia para cimentar la amistad. Ma\u00f1ana voy a ver a Bailly y a hablar de esto con Lallier&#8230; tal vez lleguemos a interesar a Clav\u00e9\u00bb en nuestros proyectos.<\/p>\n<p>\u2014 Claro que s\u00ed, dice Le Taillandier. Y voy a avisar a Devaux y a Lamache\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00edan llegado ya al peque\u00f1o hotel que habitaba Fede\u00adrico, en la calle de Gr\u00e9s. Augusto se quedaba muy cerca, a unas manzanas de all\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abBueno, \u00bfno subes?, dice Federico. S\u00f3lo son seis pisos, para entrar en calor,<\/p>\n<p>Es tarde ya, te lo agradezco.<\/p>\n<p>Entonces hasta ma\u00f1ana, dice Ozanam, d\u00e1ndole la mano. No dejes de rezar por nuestra peque\u00f1a sociedad<\/p>\n<p>Buenas noches, Se\u00f1or Fundador, lanza Augusto con la mayor seriedad. No me olvidar\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Federico sube de una zancada los cuatro pelda\u00f1os del descansillo, luego los baja de prisa y alcanza a su amigo. Agarr\u00e1ndole por el brazo, le mira a los ojos: \u00abDime que eres feliz, Le Taillandier. <em>Pasamos a las obras&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El otro le empuja ri\u00e9ndose. \u00abEl futuro nos espera\u00bb, grita, sosteniendo apenas su sombrero mientras el viento se cuela en su capa ancha, hinch\u00e1ndola como una inmensa vela. A Federico le divierte un poco el espect\u00e1culo y, pen\u00adsativo, vuelve sobre sus pasos. Aquella noche tard\u00f3 tiempo en dormirse&#8230;<\/p>\n<p>En los d\u00edas que siguieron, Federico habla a Bailly de sus proyectos; \u00e9ste le escucha con atenci\u00f3n y, como era de esperar, le anima. Aconseja a Ozanam que acuda con sus amigos al <em>se\u00f1or Olivier, <\/em>cura de Saint-\u00c9tienne-du-Mont.<\/p>\n<p>Esta visita no fue fructuosa por desgracia. Sorprendido <em>y poco habituado a las novedades, <\/em>el buen sacerdote les sugiri\u00f3 que se dividieran en grupos peque\u00f1os y ense\u00f1aran el catecismo a los ni\u00f1os pobres. No hace falta decir que este programa no agrad\u00f3 a ninguno de los dos. Federico explic\u00f3 cort\u00e9smente que la iniciativa era laudable pero que ten\u00edan la intenci\u00f3n de ayudar primero materialmente a los pobres y, m\u00e1s adelante, tal vez, intentar conducirlos a la pr\u00e1ctica reli\u00adgiosa. Se fueron decepcionados. Ozanam reanim\u00f3 no obs\u00adtante su entusiasmo proponi\u00e9ndoles una primera reuni\u00f3n para el 23 de abril, en casa de Bailly, en los locales de <em>la Tri\u00ad<\/em><em>bune catholique, <\/em>de la calle Petit-Bourbon-Saint-Sulpice.<\/p>\n<p>Fieles a la cita, los j\u00f3venes llegaron juntos y tomaron la oficina de su consejero y amigo por asalto, \u00bfqu\u00e9 hora ser\u00eda, las ocho de la tarde? El sol se retrasaba y dibujaba extra\u00f1os arabescos en las paredes de este local vetusto que ol\u00eda a tinta y a imprenta. All\u00ed estaban, en torno a la mesa, Le Taillandier, F\u00e9lix Clav\u00e9, ne\u00f3fito, Julio Devaux, Paul Lamache, el artista de coraz\u00f3n tierno, Francisco Lallier, Federico y, claro est\u00e1, Emmanuel Bailly, el obrero de tiempo completo.<\/p>\n<p>Bailly propuso una oraci\u00f3n, el <em>Veni, Sancte Spiritus. <\/em>\u00bfNo era algo natural que el Esp\u00edritu Santo se inclinara sobre el entusiasmo de este grupito?<\/p>\n<p>A decir verdad los j\u00f3venes estudiantes no ten\u00edan demasiada idea sobre la marcha de la reuni\u00f3n y, despu\u00e9s de algunas intervenciones trabajosas, se volvieron a Bailly para pedirle luz y orientaci\u00f3n. \u00c9ste se les queda mirando uno a uno. \u00a1Qu\u00e9 hermosotes est\u00e1n as\u00ed con el pelo revuelto y barba en collar! Le Taillandier, el de mayor edad, acaba de cumplir los 22. Todos llevan levita, m\u00e1s o menos bri\u00adllante y ra\u00edda, corbata ancha, pasada bajo el chaleco, y el pantal\u00f3n estrecho. El pantal\u00f3n con trabillas queda reserva\u00addo a los verdaderos burgueses&#8230; A Bailly le impresiona su decisi\u00f3n, pero adivina a la vez por sus ojos cierta inquietud.<\/p>\n<p>Les recomienda que vayan a entenderse con Sor Rosal\u00eda a quien ya conocen Ozanam y sus amigos por haber hecho alguna visita a los pobres del barrio de Mouffetard. Estas visitas podr\u00edan, en lo sucesivo, estar mejor organizadas, y ser m\u00e1s regulares&#8230;<\/p>\n<p>Podr\u00edamos reunirnos cada semana quiz\u00e1s, traer ropas, alg\u00fan alimento, propone Federico.<\/p>\n<p>Yo os ofrezco este local de mil amores, interviene Bailly. Vosotros escoger\u00e9is el d\u00eda y hora a vuestro gusto.<\/p>\n<p>Siempre tan generoso, el se\u00f1or Bailly, lanza Le Tai\u00adllandier, \u00a1qu\u00e9 \u00edbamos a hacer sin usted!<\/p>\n<p>\u00bfTendr\u00eda la bondad de presidir nuestras peque\u00f1as reuniones?, pregunta Federico t\u00edmidamente&#8230;<\/p>\n<p>Bailly se queda pens\u00e1ndolo un momento; tiene tanto trabajo, la conferencia de historia, el peri\u00f3dico, la pensi\u00f3n&#8230;, pero cediendo a su habitual bondad:<\/p>\n<p>Acepto, dice sin m\u00e1s. Lallier se pone a aplaudir, y los dem\u00e1s le imitan.<\/p>\n<p>Sin embargo, contin\u00faa, debo advertir que esta peque\u00ad\u00f1a Sociedad es asunto vuestro, de Federico para ser m\u00e1s exactos, que sue\u00f1a con ella hace tanto tiempo&#8230;<\/p>\n<p>Sin duda quer\u00e9is decir que es el n\u00facleo de la vasta asociaci\u00f3n con la que sue\u00f1a, a\u00f1ade Le Taillandier, burl\u00f3n, subrayando el adjetivo.<\/p>\n<p>El futuro es de los audaces; \u00bfno se trata sobre todo de pasar a las obras?, salta Federico, incordiando a su vez a su amigo.<\/p>\n<p>La vivacidad de esp\u00edritu de Federico sal\u00eda triunfante de todas las situaciones; la atm\u00f3sfera se hallaba distendida y jubilosa.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 nombre le daremos a nuestra conferencia?, pre\u00adgunta Clav\u00e9, con prisas de verla tomar forma.<\/p>\n<p>Es algo pronto para bautizarla, responde Devaux, ser\u00eda mejor pasar nuestras pruebas, esperar unas semanas.<\/p>\n<p>Tienes raz\u00f3n, dice Ozanam, es m\u00e1s prudente esperar un poco, pero podemos ir pens\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>Ya es de noche, constata Lallier, recorriendo con la mirada la silueta desva\u00edda de los pupitres y taburetes que lle\u00adnan la sala.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda hecho de noche y no se hab\u00edan dado cuenta. Enmmauel Bailly se levanta, enciende la l\u00e1mpara y echa un vistazo al reloj.<\/p>\n<p>\u00a1Muchachos, dice, son ya m\u00e1s de las nueve! Aqu\u00ed tengo unas empanadas y una botella de vino tinto, esto hay que celebrarlo.<\/p>\n<p>Y a la vez los veinte de Federico, porque hoy es 23 de abril, \u00bfno?, a\u00f1ade Augusto Le Taillandier muy orondo por el efecto sorpresa.<\/p>\n<p>Se forma un alboroto y se mueven las mesas para feli\u00adcitar a Federico y darle la mano, dese\u00e1ndole toda clase de venturas. Emocionado Ozanam, apenas llega a contener las l\u00e1grimas. \u00a1Se siente dichoso! En este ambiente de amistad y franqueza acaba de nacer la primera Conferencia de caridad. \u00bfQu\u00e9 otra cosa mejor puede desear?<\/p>\n<p>Al salir de casa de Bailly, con \u00e1nimo festivo, y del brazo, forman una cadena feliz por la calle estrecha y tran\u00adquila. Algunos transe\u00fantes vuelven la cabeza curiosos pre\u00adgunt\u00e1ndose qu\u00e9 festeja esta pandilla, que parecen el vivo retrato de los bohemios.<\/p>\n<p>En el mes de mayo, deciden juntos ir a ver a Sor Rosa- l\u00eda, la maravillosa madre Teresa del siglo XIX. Algo inclina\u00adda la toca y la mirada despistada, los recibe en su peque\u00f1o locutorio que los visitantes dan en llamar \u00abel ministerio de la caridad\u00bb, y les traza un programa. \u00bfQuer\u00e9is venir el martes despu\u00e9s de la reuni\u00f3n de la Sociedad? \u00bfPor qu\u00e9 no? Ella se ocupar\u00e1 de entregarles bonos para que las familias visitadas puedan procurarse pan. \u00bfQuieren contribuir con su bolsillo, traer ropa, provisiones, libros? \u00a1Bien! Con tal que los joven\u00adcitos sepan respetar a \u00absus\u00bb pobres, amarlos sobre todo, y sobre todo no juzgarlos. El apostolado ya llegar\u00e1, a su tiem\u00adpo y en su lugar&#8230;<\/p>\n<p>La \u00e9poca de las grandes vacaciones se acercaba<sup>47<\/sup>, no hubo pues m\u00e1s que unas reuniones antes de la vuelta en octubre. Ya en junio Lallier propone la admisi\u00f3n de un joven sansimoniano converso, Gustave Colas de la Noue, que ha expresado deseos de unirse al grupo. Y \u00a1cu\u00e1l no ser\u00e1 su sor\u00adpresa al advertir cierta reticencia en el seno de la peque\u00f1a sociedad! Abundan las objeciones: \u00abnos entendemos tan bien\u00bb; \u00abformamos un grupo homog\u00e9neo\u00bb; \u00absi incorporamos m\u00e1s miembros, el local no ser\u00e1 capaz&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam, divertido al principio por estas opiniones, no tarda en intervenir:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo somos unos ego\u00edstas? Les hace notar. No sab\u00e9is en cu\u00e1nto estimo la amistad. A m\u00ed tambi\u00e9n me complacer\u00eda mantener esta intimidad, este esp\u00edritu de equipo, este peque\u00ad\u00f1o c\u00edrculo restringido donde nos encontramos tan bien jun\u00adtos; pero si el fin de nuestra sociedad es acoger a cuantos j\u00f3venes quieran vivir su fe de un modo pr\u00e1ctico acerc\u00e1ndo\u00adse a los pobres, no s\u00f3lo debemos abrir la puerta de par en par, sino reclutar nuevos miembros&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Bailly, que presid\u00eda las sesiones, (y debi\u00f3 hacerlo durante once a\u00f1os), se re\u00eda de estas discusiones un poco pue\u00adriles en las que cada uno se expresaba con naturalidad y sin\u00adceridad. Ozanam y Lallier consiguieron lo que quer\u00edan, y Colas de la Noue fue admitido en la conferencia desde el martes siguiente.<\/p>\n<p>Comenzaron a elaborar las estructuras de la peque\u00f1a Sociedad.<\/p>\n<p>Ozanam y sus amigos hab\u00edan dejado bien claro que deb\u00eda ser laica y tener por fin \u00abel alivio de las desgracias individuales mediante el encuentro personal con el pobre\u00bb.<\/p>\n<p>Las reuniones se celebrar\u00edan semanalmente el martes. Los recursos vendr\u00edan de una colecta discreta (era Devaux quien deb\u00eda pasar el sombrero)\u00bb en la que cada uno contri\u00adbuir\u00eda seg\u00fan sus posibilidades. A esto se podr\u00edan a\u00f1adir even\u00adtualmente donativos de personas caritativas, provisiones, algo de le\u00f1a y ropas, mientras fuesen limpias y bien repasa\u00addas; lo que produjo admiraci\u00f3n en alg\u00fan ne\u00f3fito \u00a1claro!<\/p>\n<p>Las primeras visitas, como miembros de la nueva Socie\u00addad, tuvieron algo de solemne. La gente del barrio Saint-Marceau se extra\u00f1aba de ver a estos jovencitos bien vestidos y distinguidos circular por sus callejuelas sucias e insanas. Se dirig\u00edan primero a la oficina de Sor Rosal\u00eda. \u00c9sta, siempre atareada con mil trabajos, los recib\u00eda con entusias\u00admo. A cambio del producto de su colecta, les distribu\u00eda bonos que permit\u00edan a las familias designadas procurarse alimentos en los comerciantes del barrio. Luego los estudiantes se sepa\u00adraban y de dos en dos sub\u00edan por las oscuras escaleras de las buhardillas o entraban en las chabolas h\u00famedas que ol\u00edan a rancio, potasa y ropa sin secar. Eran bien recibidos casi siem\u00adpre, charlaban un rato, preguntaban por la familia, tomaban nota en un papelito de las necesidades inmediatas y, antes de marcharse, repart\u00edan unos bonos, una chaqueta, velas, un poco de le\u00f1a de sus escasas reservas. Intercambiaban un apret\u00f3n de manos, promet\u00edan volver y volv\u00edan a bajar dicho\u00adsos por haberles escuchado y ante todo y sobre todo por haber sido portadores de algo de esperanza&#8230;<\/p>\n<p>El martes siguiente, una vez dicho el <em>Sub tuum <\/em>y una lectura breve de <em>La Imitaci\u00f3n de Cristo, <\/em>Bailly ped\u00eda cuen\u00adta a cada uno de sus visitas, y juntos decid\u00edan arreglar los problemas. La discreci\u00f3n era de rigor. El contacto con la miseria no dejaba de impresionarlos a pesar de todo, y a veces sublevarlos.<\/p>\n<p>Victor Hugo, en <em>Les Mis\u00e9rables, <\/em>ha dibujado sin suavi\u00adzarla la verdad cruel de los pobres. El pueblo, amontonado en barrios vetustos y malsanos, estaba a la \u00faltima pregunta. El mundo obrero no se encontraba organizado y, por tanto, era explotado. Las mujeres y los ni\u00f1os de doce, diez u ocho a\u00f1os trabajaban hasta diez horas al d\u00eda en las f\u00e1bricas inmun\u00addas, sucias y oscuras, sin poderse permitir m\u00e1s que una peque\u00f1a raci\u00f3n diaria de pan y patatas, mientras los ricos propietarios se daban buena vida con el producto de sus tie\u00adrras, servidos por campesinos reducidos tambi\u00e9n a condicio\u00adnes inhumanas. La burgues\u00eda&#8217; y los pol\u00edticos hac\u00edan bonitos proyectos, elaboraban sabias reformas que no conduc\u00edan a ninguna parte; pasaban el invierno en Mallorca y al regreso daban fiestas y recepciones fabulosas.<\/p>\n<p>Los pobres no son ni ciegos ni sordos; en ellos tambi\u00e9n fermentan ideas. El 1789 y el 1830 no estaban tan lejos, des\u00adpu\u00e9s de todo. Las pasiones empezaban de nuevo a agitarse, y el fen\u00f3meno no escapaba a la clarividencia de los j\u00f3venes estudiantes y menos a la de Federico. \u00abLa cuesti\u00f3n que divi\u00adde a los hombres en nuestros d\u00edas, escribe a su amigo Jan\u00admot, no es ya una cuesti\u00f3n de formas pol\u00edticas, es una cuesti\u00f3n social; se trata de saber si triunfar\u00e1 el esp\u00edritu de ego\u00edsmo o el esp\u00edritu de sacrificio [&#8230;] Hay muchos hombres que tienen demasiado y que quieren tener m\u00e1s; hay muchos m\u00e1s que no tienen nada y que quieren tomar si no se les da nada. Entre estas dos clases se prepara una lucha y esta lucha amenaza con ser terrible; por una parte el poder del oro, por otra el poder de la desesperaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie sospechaba, por entonces, ni Bailly, ni Ozanam, ni sus compa\u00f1eros, del papel importante que estar\u00eda llamada a desempe\u00f1ar, en este mundo perturbado, la peque\u00f1a Socie\u00addad nueva, tan modesta y tan fr\u00e1gil en sus comienzos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Federico est\u00e1 entre los m\u00e1s asiduos a las conferencias de historia; acude regularmente con sus camaradas de dere\u00adcho, Le Taillandier, Lamache, Lallier y el grupito de lione\u00adses a quienes se ve siempre acompa\u00f1\u00e1ndole. 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