{"id":28369,"date":"2014-03-11T06:57:18","date_gmt":"2014-03-11T05:57:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=28369"},"modified":"2016-07-26T09:44:33","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:33","slug":"28369-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/28369-2\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (XI)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.)<\/h2>\n<p>Ilustraciones y aplicaciones<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Los principios son como esos tendones y esos m\u00fasculos que nos sirven para andar aunque no sepamos c\u00f3mo y no nos enteremos nunca, salvo cuando se da\u00f1an. Los fil\u00f3sofos enumeran estos principios, pero los hombres se conforman con hacer uso de ellos. Valdr\u00eda m\u00e1s no sacarlos a relucir nunca, sobre todo cuando se trata de esas cosas delicadas en las que los principios son impalpables, donde m\u00e1s que verlos se los siente, donde la omisi\u00f3n de uno solo lleva al error?\u00a0 El m\u00e9todo de exposici\u00f3n que acabamos de emplear correr\u00eda el peligro de hacer parecer a nuestro modelo m\u00e1s ge\u00f3metra que delicado si no le complet\u00e1semos con algunas aplicaciones, en las que se ver\u00e1 c\u00f3mo se comportaba en temas concretos y complejos. El lector se dar\u00e1 cuenta pronto de que la aplicaci\u00f3n del m\u00e9todo, si cambiaba de asunto, no modificaba las conclusiones de la tradici\u00f3n; muy al contrario, les daba una fuerza suplementaria.<\/p>\n<p>Entre estos asuntos, tres de ellos le parec\u00edan particularmente de inter\u00e9s, sobre los que llevaba cincuenta a\u00f1os reflexionando; poseo de cada uno de los tres varios \u00abtrabajitos escalonados\u00bb de 1895 a 1931: el tratamiento cambiaba de orden pero sin modificaci\u00f3n sustancial. \u00c9stos son:<\/p>\n<p>1\u00ba \u00bfC\u00f3mo se representaban los Jud\u00edos la creaci\u00f3n del mundo por Dios, en particular c\u00f3mo se puede distinguir en el relato b\u00edblico la ense\u00f1anza religiosa y las im\u00e1genes que son su veh\u00edculo?<\/p>\n<p>2\u00ba \u00bfC\u00f3mo pudieron los primeros cristianos creer en la divinidad del Mes\u00edas? \u00bfC\u00f3mo revel\u00f3 Jes\u00fas su divinidad?<\/p>\n<p>3\u00ba \u00bfQu\u00e9 es la Inspiraci\u00f3n de las Escrituras?<\/p>\n<p>El relato de la creaci\u00f3n o el desarrollo de la idea de Dios creador en la conciencia jud\u00eda<\/p>\n<p>Hemos notado que el estudio de un desarrollo presupone siempre un trabajo largo y delicado que tiende a fijar la cronolog\u00eda de los textos. Antes de examinar la visi\u00f3n del Sr. Pouget sobre el desarrollo de la idea de un Dios creador en Israel, conviene decir pues en pocas palabras c\u00f3mo se escalonan las fuentes de los dos primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis.<\/p>\n<p>El lector ha visto que el Sr. Pouget ten\u00eda la mayor confianza en lo que puede el uso \u00abrecto y regular\u00bb de la raz\u00f3n. Una de las se\u00f1ales de que la raz\u00f3n hab\u00eda hecho su trabajo estaba seg\u00fan \u00e9l en la convergencia de los resultados obtenidos por sabios moderados, procedentes de diversas confesiones cristianas, trabajando por separado y aplicando m\u00e9todos diferentes.<\/p>\n<p>Bien, se puede decir que hacia 1902 la teor\u00eda documental del Pentateuco presentaba a su favor una prueba de este g\u00e9nero. Claro que, como en toda cuesti\u00f3n de esta naturaleza, subsist\u00eda un margen de incertidumbre: se pon\u00edan de acuerdo en ver en el Pentateuco una recopilaci\u00f3n compuesta y que agrupaba documentos de fechas diversas. Pero unos hac\u00edan bajar esta redacci\u00f3n hasta la \u00e9poca de Esdras; otros otorgaban m\u00e1s a Mois\u00e9s y a la antig\u00fcedad. Sin querer entrar en consideraciones t\u00e9cnicas, digamos cu\u00e1les eran por entonces las opiniones del Sr. Pouget sobre una cuesti\u00f3n tan controvertida en su tiempo. Le parec\u00eda razonable admitir que el Pentateuco estaba formado por varias fuentes compuestas a su vez: al uso de los cr\u00edticos ingleses, nombraba a la m\u00e1s reciente de estas fuentes, el documento P, por la inicial de Priester codex, ya que este documento constaba sobre todo de un c\u00f3digo redactado seg\u00fan el esp\u00edritu de un sacerdote. Discern\u00eda tambi\u00e9n la fuente D, por constituir la mayor parte del Deuteronomio. M\u00e1s antiguas eran el resto de las fuentes, llamadas J y E, seg\u00fan que llamaran a Dios Yahv\u00e9 o Elohim, o mejor J E cuando era imposible distinguirlas.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget hac\u00eda una observaci\u00f3n que me parece digna de resaltar. Dec\u00eda con los cr\u00edticos que se pueden distinguir estos documentos uno de otro por tres criterios principales: el contenido, el estilo, las tendencias. Pero observaba que la apreciaci\u00f3n de las tendencias de un escrito es un trabajo delicado, y en el que el cr\u00edtico, aun sin saberlo, es inducido a \u00abponer mucho de su parte\u00bb. A\u00f1adamos que los escritos de autores diferentes pueden tener una misma tendencia. En cuanto al criterio del estilo, es m\u00e1s objetivo, pero a condici\u00f3n de que no se precise demasiado; as\u00ed las fuentes de J y de E, que se distinguen muy bien de P y lo suficiente de D, no se distinguen entre s\u00ed. Se podr\u00edan hacer observaciones an\u00e1logas sobre el contenido. \u00c9l no ve\u00eda pruebas objetivas capaces de forzar al cr\u00edtico a hacer de J una antigua historia del Sur de Israel, mientras que E se habr\u00eda ocupado del Norte. A\u00f1ad\u00eda tambi\u00e9n que cada documento de \u00e9stos era a su vez una colecci\u00f3n, y no la obra de un solo autor, y que P mismo pod\u00eda considerarse como un recuento escasamente ordenado de documentos fragmentarios de todas \u00e9pocas, desde los or\u00edgenes m\u00e1s oscuros hasta el regreso del Exilio. Guard\u00e9monos de ese v\u00e9rtigo cr\u00edtico en el que entra el capricho. Aqu\u00ed la libertad de esp\u00edritu consiste en contentarse con resultados \u00abpoco completos y poco ordenados\u00bb, que al menos tienen el m\u00e9rito \u00abde ser ciertos y libres de todo esp\u00edritu de sistema\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Sr. Pouget, no era falso referir de alguna manera estos documentos a Mois\u00e9s. El nombre de Mois\u00e9s estaba unido a esta obra, ya como el nombre de Justiniano va unido al Digesto, ya como el de Napole\u00f3n lo est\u00e1 al c\u00f3digo civil franc\u00e9s. Dec\u00eda que, si los documentos m\u00e1s antiguos del Pentateuco no se remontan quiz\u00e1s, en el estado actual, hasta la \u00e9poca de Mois\u00e9s, se apoyan por lo menos en una tradici\u00f3n s\u00f3lida, bien oral, bien escrita, bien tal vez en una y otra. Dec\u00eda asimismo: \u00abEl Pentateuco\u00a0 es obra de Mois\u00e9s sino por la extensi\u00f3n, al menos por la importancia de las partes mosaicas, y la redacci\u00f3n de estas \u00faltimas se remonta id\u00e9ntica y equivalentemente al gran legislador\u00bb.<\/p>\n<p>Rogaremos pues al lector que admita, al menos a t\u00edtulo de hip\u00f3tesis, que los dos primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis se pueden descomponer y fechar de esta manera: a P pertenece el cap\u00edtulo primero entero y los cuatro primeros vers\u00edculos del segundo; y se puede hacer descender la redacci\u00f3n hasta Esdras (siglo V); a J pertenece el cap\u00edtulo segundo (II, 4 a III) que es al menos del siglo XI, pero que puede remontarse mucho m\u00e1s all\u00e1. Recordemos pues que por lo menos un intervalo de cinco meses separa a los dos textos que vamos a examinar.<\/p>\n<p>1\u00ba El esp\u00edritu del relato m\u00e1s antiguo<\/p>\n<p>(G\u00e9nesis, II, 4 a III)<\/p>\n<p>Lo que leemos en el vers\u00edculo 5 de este cap\u00edtulo coincide casi palabra por palabra con el Enuma Elich, el poema babil\u00f3nico de la creaci\u00f3n. Antes de la operaci\u00f3n del demiurgo, los babilonios se representan un abismo inmenso, que resulta de la fusi\u00f3n del agua dulce, figurada por Apsu, el principio masculino, y del mar, representada por Tiamat, el principio femenino:<\/p>\n<p>Cuando todav\u00eda en lo alto no se nombraban los cielos,<\/p>\n<p>Y abajo la tierra firme no llevaba nombre,<\/p>\n<p>Apsu, el primero, su procreador,<\/p>\n<p>Mummu, Tiamat, que los engendra a todos, &#8211;<\/p>\n<p>Sus aguas se hallaban en completa confusi\u00f3n!<\/p>\n<p>Las espesuras no se hab\u00edan enmara\u00f1ado, los juncares no se ve\u00edan,<\/p>\n<p>Cuando los dioses no exist\u00edan, ni uno solo,<\/p>\n<p>Ni se les hab\u00eda dado nombre, ni los destinos fijados,<\/p>\n<p>Entonces fueron hechos los dioses&#8230;<\/p>\n<p>Los primeros dioses son por tanto creados, y salen por parejas, machos y hembras, del caos primitivo, Apsu \u2013 Tiamat;\u00a0 Marduk asume el mandato de los dioses contra Tiamat y los once monstruos creados por ella; dragones, serpientes rojas, reptiles horribles, tempestades, perros rabiosos, hombres-escorpi\u00f3n, huracanes sin freno, hombres- peces, capricornios, guerreros sin piedad e imp\u00e1vidos. \u00c9l la mata, reparte su cuerpo en tres zonas: el cielo, el aire y las aguas. Luego, con sangre divina, el dios Ea crea al hombre, para asegurar el culto divino.<\/p>\n<p>Si se compara el antiguo relato b\u00edblico con los mitos de Babilonia, no puede uno menos de notar esas correcciones insensibles que transforman todo. De esta historia primitiva de los or\u00edgenes, el autor b\u00edblico ha sacado una ense\u00f1anza filos\u00f3fica y moral. Bajo el nombre de Yahv\u00e9, se nos presenta a un ser personal, \u00fanico distinto de su obra, de la que es autor total y que ha hecho sin necesidad de ayuda, Yahv\u00e9, es verdad, es presentado como el autor de los seres, hombre, vegetales, animales y mujer que pueblan la tierra. Pero, como ning\u00fan pasaje insin\u00faa que la tierra y el barro o que las aguas y los vapores hayan sido hechos por otro que Yahv\u00e9, todo sucede como si \u00e9l fuera el autor del universo.<\/p>\n<p>La comparaci\u00f3n entre el relato del diluvio le\u00eddo en la Biblia y el que se ha conservado en los textos cuneiformes, muestra la superioridad moral del dios de Israel sobre la totalidad de los dioses asirio-babil\u00f3nicos. Estos dioses, por el \u00fanico placer de destruir, provocan un diluvio que no pueden luego detener y del que temen ser v\u00edctimas. Uno de esos dioses y no de los menores, Ea, debe obrar a escondidas para salvar a la pareja humana por la que se interesa, y Bel o Marduk, el gran dios de Babilonia, enfurecido al principio a la vista de esta pareja, se amansa hasta al punto de hacer de ellos un dios y una diosa. Yahv\u00e9 no castiga m\u00e1s que a los culpables y eso a disgusto; anuncia al detalle lo que va a hacer, porque es el due\u00f1o de los elementos; y, si se interesa por aquellos que ha salvado, los deja en la condici\u00f3n humana; sabe que los dioses no se hacen. En resumen, de un poema muy antiguo, bello de forma, pero lamentable desde el punto de vista religioso y moral, el autor sagrado ha extra\u00eddo aqu\u00ed tambi\u00e9n una ense\u00f1anza memorable sobre el poder, la justicia y la clemencia divinos, &#8211; ense\u00f1anza dada con el ejemplo, y desde entonces al alcance del pueblo.<\/p>\n<p>Se adivina que el viejo autor trat\u00f3 de responder a todas las preguntas que se planteaban, unas sin importancia, otras m\u00e1s delicadas y m\u00e1s profundas. \u00bfCu\u00e1l es el origen del hombre y tambi\u00e9n el de la mujer? \u00bfCu\u00e1l es la relaci\u00f3n de la mujer y de los animales? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1 sometida la mujer al hombre? \u00bfPor qu\u00e9 la atracci\u00f3n de los sexos? \u00bfCu\u00e1l es el origen de los vestidos? \u00bfPor que da a luz la mujer con dolor? \u00bfPor qu\u00e9 nacemos inclinados al mal? \u00bfPor qu\u00e9 es un deber la monogamia? \u00bfPor qu\u00e9 es tan duro el trabajo? \u00bfC\u00f3mo se puede explicar que haya mal en el mundo, sin que Dios sea responsable del mal? Se puede afirmar, por la forma, que las respuestas de este fil\u00f3sofo poeta nos parecen un poco c\u00e1ndidas. Pero nuestras sabias respuestas, \u00bfson acaso tan perfectas? Si nos ce\u00f1imos al \u00e1mbito de la pura raz\u00f3n, que el relato del viejo autor tiene el m\u00e9rito singular de dar en dos p\u00e1ginas una soluci\u00f3n a enigmas insondables para la mayor parte; esta soluci\u00f3n est\u00e1 llena de poes\u00eda; es f\u00e1cil de contar al pueblo. Est\u00e1 preservada de toda mitolog\u00eda. El problema del mundo est\u00e1 resuelto sin ning\u00fan mito de fecundaci\u00f3n. El problema del matrimonio est\u00e1 resuelto sin conculcar los derechos del sexo d\u00e9bil. El problema del mal est\u00e1 resuelto sin que el mal sea concebido como un segundo Dios, eternamente opuesto al otro, sin que el mal sea siquiera confundido con la naturaleza del hombre; procede solamente del mal uso de la libertad.<\/p>\n<p>Aun con todo, el lenguaje es todav\u00eda muy imperfecto. Yahv\u00e9 desciende del cielo para tomar el fresco de la tarde en el jard\u00edn de Ed\u00e9n. Una serpiente habla a una mujer la cual, dec\u00eda \u00e9l, charla con ella con toda tranquilidad; esta serpiente se pone en pie y come de los frutos como el hombre, y recibe por castigo arrastrarse sobre el vientre y comer polvo. Hay en el jard\u00edn un \u00e1rbol cuyo fruto da la inmortalidad, y si Ad\u00e1n, ca\u00eddo y ya mortal, llegara a comer de \u00e9l, parece que Yahv\u00e9 se encontrar\u00eda en un apuro. Por eso Yahv\u00e9 expulsa al hombre del jard\u00edn y adopta medidas extraordinarias para que no vuelva a \u00e9l.<\/p>\n<p>No nos extra\u00f1emos demasiado de que este viejo documento nos muestre a Yahv\u00e9 moldeando la arcilla con la que har\u00e1 al hombre: Yahv\u00e9 est\u00e1 en la tierra y trabaja como el alfarero. Igualmente, el hombre recibe un soplo de vida en la nariz, lo mismo que los animales (Gen., II, 7; VII, 22). En cuanto a la mujer, no es sino una porci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>2\u00ba El relato m\u00e1s reciente<\/p>\n<p>(G\u00e9nesis, I, 1 a II, 4).<\/p>\n<p>Si nos trasladamos a una \u00e9poca m\u00e1s reciente, tenemos otro relato de la creaci\u00f3n, por lo menos cinco siglos m\u00e1s joven, aunque est\u00e9 colocado el primero en la Biblia. Es sin duda el prefacio del c\u00f3digo mosaico. El lenguaje es ordinario y muy inferior al del relato precedente, pero el pensamiento tiene un vigor singular. En el intervalo de las dos redacciones, ha tenido lugar la acci\u00f3n de los profetas sobre Israel.<\/p>\n<p>Esclarezcamos los progresos del pensamiento.<\/p>\n<p>En primer lugar, el que opera ya no es Yahv\u00e9, un tanto particularizado por su nombre propio, como si no fuera m\u00e1s que el dios de un clan; es Elohim, nombre com\u00fan, nombre general, que conviene a un ser universal, nombre que ha recibido la desinencia del plural (im), y no para designar la pluralidad, que es la intensidad de la cantidad, sino para marcar la plenitud o, como dicen los gram\u00e1ticos, la majestad, que es la intensidad de la calidad. Yahv\u00e9, ya lo hemos visto, trabajaba en medio de las cosas: estaba como en la tierra. Elohim, dec\u00eda el Sr. Pouget, \u00abno est\u00e1 nunca en ninguna parte m\u00e1s que en su casa\u00bb. Yahv\u00e9 s\u00f3lo parec\u00eda ocuparse de los seres vivos. Elohim comienza por hacer a su modo el cielo y la tierra.<\/p>\n<p>Veamos la palabra hebrea que acabamos de traducir por hacer. Excluye toda idea de trabajo o de composici\u00f3n. Mientras que el antiguo relato se serv\u00eda para designar la producci\u00f3n del verbo iatsar, que significa dar forma a, el primer relato emplea el verbo bara.\u00a0 Ahora bien, la palabra hebrea bara (traducido en griego por poiein, y ahora en el texto franc\u00e9s, imitando el lat\u00edn de san Jer\u00f3nimo, por crear) no se emplea en la Biblia con el sentido de hacer m\u00e1s que para Dios solo: se podr\u00eda decir que es \u00abel hacer divino\u00bb.<\/p>\n<p>En el principio, Elohim hizo el cielo y la tierra. Y el primer vers\u00edculo de este \u00faltimo relato, puesto como en una clave para indicar el sentido y la tesitura de todo el trozo, excluye de antemano toda interpretaci\u00f3n naturalista o dualista de las expresiones que van a seguir. El cielo no contiene esas virtudes divinas, con lo que regular\u00eda el orden de la naturaleza y de la vida: toda astrolog\u00eda queda eliminada y tambi\u00e9n toda \u00abastrobiolog\u00eda\u00bb, entendiendo por ello con el Sr. Berthelot esa mentalidad tan poderosa de los Asi\u00e1ticos que somet\u00eda la vida a las revoluciones de los astros. El cielo y la tierra, es decir la naturaleza entera y todo cuanto puede encerrar, proceden de un mismo acto creador. As\u00ed, ning\u00fan malentendido es posible: cuando leemos, en el vers\u00edculo veinte, que las aguas han producido seres vivos en gran abundancia, no nos sentiremos tentados de prestarles una eficacia propiamente creadora: podremos recordar que el Esp\u00edritu de Elohim se hab\u00eda extendido sobre ellas como para cubrirlas y fecundarlas.<\/p>\n<p>Pero volvamos al vers\u00edculo segundo. Se nos presenta primero un mundo pr\u00f3ximo al caos en el que la luz est\u00e1 mezclada con las tinieblas, en el que las aguas superiores del cielo se confunden con las de la tierra, en el que el elemento s\u00f3lido s\u00f3lo forma una cosa con el elemento l\u00edquido. Con tres simples palabras o mejor tres \u00f3rdenes, siguiendo la etimolog\u00eda de la palabra hebrea amar, Elohim separa la luz de las tinieblas, despu\u00e9s separa las aguas inferiores de las aguas superiores, por la b\u00f3veda s\u00f3lida del firmamento, y por fin separa los continentes de los mares. El caos primitivo de los mitos babil\u00f3nicos est\u00e1 sin duda a la vista en el vers\u00edculo segundo que nos habla de tinieblas, de abismo, de vac\u00edo y de desorden: la palabra que en la Biblia designa el abismo es theoum que recuerda el tiamat de Babilonia. Pero, en el mito babil\u00f3nico el dios Bel, delegado por todos los dem\u00e1s dioses, se arma de pies a cabeza para combatir al\u00a0 monstruo, que silba con todas sus serpientes; lo doma a costa de mucho trabajo, hace luego con su cuerpo cortado en dos el cielo y la tierra. Elohim, en cambio, cuyo esp\u00edritu omnipotente planea sobre las aguas del abismo, no necesita proferir m\u00e1s que una sola palabra para que al desorden primitivo suceda un orden perfecto y estable. Le basta con expresar con claridad su voluntad mediante palabras operantes para llenar el cielo de luminarias y para poblar as aguas, los aires y la tierra\u00a0 de seres vivos. Ya, se adivinaba por ciertos detalles y por ejemplo por la creaci\u00f3n del sol y de la luna que la obra de los cinco d\u00edas era una preparaci\u00f3n a una obra m\u00e1s grande. Y, en efecto, cuando el universo est\u00e1 casi acabado, son creados el hombre y la mujer a la imagen de Elohim, y para dominar a todo el resto.<\/p>\n<p>Si comparamos este relato con el de las tablillas cuneiformes, vaya diferencia! Los materiales en muchos casos son parecidos, pero las peque\u00f1as correcciones han eliminado todo lo que pod\u00eda conducir a desviaciones en la doctrina. Las formas m\u00faltiples y siempre renacientes de la superstici\u00f3n, de la magia y de la idolatr\u00eda se hallan pr\u00e1cticamente condenadas. Los animales de los campos, las criaturas del aire y de las aguas, a todos los vemos multiplicarse a la sola orden de Elohim y sin la intervenci\u00f3n de ritos m\u00e1gicos, sin que la fecundidad de la naturaleza haya tenido que ser movida y despertada por un culto o traducida por esos mitos dudosos que har\u00e1n la fortuna de los misterios paganos. Y, como Dios cre\u00f3 el sol, la luna y las estrellas, no queda ning\u00fan lugar a la adoraci\u00f3n de los cuerpos celestes. Adem\u00e1s, al poner tan en claro la creaci\u00f3n animal bajo el gobierno del hombre, este relato exclu\u00eda tambi\u00e9n la adoraci\u00f3n del animal y el culto tot\u00e9mico. Y, si exist\u00eda alguna tentaci\u00f3n antropom\u00f3rfica, esta tentaci\u00f3n era ahogada por la incapacidad de los Semitas para imaginar dioses de forma humana as\u00ed como por la legislaci\u00f3n mosaica contra las im\u00e1genes. Por fin, el documento b\u00edblico concentraba en un solo ser todos los atributos divinos que hab\u00edan sido distribuidos hasta ahora en la naturaleza: no institu\u00eda una monolatr\u00eda, como lo hab\u00edan intentado a veces y sin \u00e9xito las castas sacerdotales, ya en Babilonia en favor de Marduk, ya en Tebas a favor de Am\u00f3n, ya que no se trataba de un dios supremo y de una especie de monarca, sino de un ser transcendente a la naturaleza y que la ha hecho toda entera. Si se interpreta el antiguo relato a la luz de este segundo, se podr\u00e1 decir que estas mismas ense\u00f1anzas estaban contenidas en \u00e9l:\u00a0 el documento sacerdotal las ha puesto de relieve.<\/p>\n<p>M\u00e1s notable todav\u00eda es el desarrollo que ata\u00f1e al origen del hombre y de la mujer. Aqu\u00ed el documento sacerdotal es superior por el pensamiento al viejo relato yav\u00eddico, sobre todo en el tema de la creaci\u00f3n de la mujer: el Sr. Pouget confesaba que \u00ab\u00e9sta habr\u00eda podido quejarse del origen que le asigna J, si P no le hubiera devuelto sus derechos\u00bb. En este \u00faltimo documento, el hombre y la mujer son hechos a imagen de Dios y por un solo acto creador. No estamos ya muy lejos de san Pablo, que ense\u00f1aba a los G\u00e1latas que \u00abno son m\u00e1s que uno en Cristo\u00bb (Gal., III, 28). Por fin, el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios, y es algo tan alto, seg\u00fan hemos visto, que la Escritura no atribuye esta cualidad a ning\u00fan ser; s\u00f3lo Cristo es llamado por san Pablo imagen de Dios (II Cor., IV, 4; Col., I, 15).<\/p>\n<p>Otra diferencia m\u00e1s. El estilo de P est\u00e1 cargado de s\u00edmbolos. Proporciona una ense\u00f1anza por su estructura misma, y para comprender el \u00abrelato\u00bb de la creaci\u00f3n se ha de ir mucho m\u00e1s all\u00e1 de la letra. As\u00ed, P somete todos los animales, aun los m\u00e1s carniceros, al r\u00e9gimen vegetariano: ello sin duda para dar una lecci\u00f3n de sobriedad a los Jud\u00edos quienes, sobre todo desde el regreso del Exilio, deb\u00edan vivir con frecuencia en la privaci\u00f3n. Se podr\u00eda hallar antropomorfismo\u00a0 en el modo como P intuye el trabajo de Elohim. Pero conviene advertir que estos d\u00edas divinos, que tanto han ejercitado a los Padres, son d\u00edas lit\u00fargicos. Como lo quer\u00eda la distribuci\u00f3n jud\u00eda, como lo quiere tambi\u00e9n el uso de la Iglesia que ha conservado este uso (pi\u00e9nsese en las primeras v\u00edsperas), el d\u00eda sagrado comenzaba por una tarde y terminaba por una ma\u00f1ana. \u00bfPor qu\u00e9 trabaja Elohim lit\u00fargicamente? \u00bfpor qu\u00e9 sobre todo descansa o, al menos, seg\u00fan un sentido posible, cesa de trabajar el s\u00e9ptimo d\u00eda, sino para dar a los Israelitas un modelo divino de labor y de piedad? Nos hallamos en pleno simbolismo. Y, como observaba el Sr. Pouget: \u00abEl simbolismo se acomoda muy bien a la ense\u00f1anza religiosa del pueblo; por eso la liturgia, que abunda en s\u00edmbolos, es muy apta para alcanzar el mismo fin, cuando los fieles forman parte de los ritos y llegan a entender el texto.\u00bb As\u00ed las cosas, P inculca con toda fuerza el precepto del s\u00e1bado, es decir del descanso semanal. Pues bien, el descanso sab\u00e1tico, esa instituci\u00f3n admirable, tuvo consecuencias profundas para la educaci\u00f3n de la humanidad, en la preparaci\u00f3n y en la propagaci\u00f3n de la verdadera religi\u00f3n. Sin llegar a decir con Ravaisson que el s\u00e1bado encerraba para los Hebreos toda la esencia de la Religi\u00f3n, ya que era el s\u00edmbolo de la libertad con la que Dios ces\u00f3 el acto creador. El Sr. Pouget notaba que esta ley de suspensi\u00f3n hab\u00eda tenido una doble ventaja: en el periodo antes del exilio la ley sab\u00e1tica hab\u00eda suavizado la dura condici\u00f3n de los pobres y de los peque\u00f1os obligando a los grandes a suspender el trabajo mercenario (seg\u00fan el esp\u00edritu del Deuteronomio, V, 12 ss), como en el periodo de despu\u00e9s, cuando Israel se hab\u00eda dispersado entre naciones paganas, el precepto del descanso sab\u00e1tico unido a la instituci\u00f3n de las sinagogas permit\u00eda a los Jud\u00edos no s\u00f3lo evitar todo comercio con la idolatr\u00eda, sino tambi\u00e9n fortalecer la ley monote\u00edsta y las esperanzas mediante la lectura de la ley y de los profetas. A todo lo cual se puede a\u00f1adir que esta doble instituci\u00f3n sab\u00e1tica o de sinagoga ten\u00eda a\u00fan otro inter\u00e9s m\u00e1s elevado todav\u00eda\u00a0 y del que los dos primeros eran la condici\u00f3n: el de preparar la predicaci\u00f3n del Evangelio. \u00bfC\u00f3mo habr\u00edan podido comenzar su obra de salvaci\u00f3n los ap\u00f3stoles y san Pablo, si no hubieran encontrado en todo el Imperio estas comunidades jud\u00edas que se reun\u00edan el d\u00eda del s\u00e1bado y que daban la palabra al predicador de paso?<\/p>\n<p>Los dos relatos de la creaci\u00f3n son distintos y hasta diferentes, digamos tambi\u00e9n que en algunos puntos casi divergentes, en particular en cuanto a la naturaleza de la operaci\u00f3n divina, el orden de la creaci\u00f3n, los or\u00edgenes de la mujer. En sentido literal no podr\u00edan ser a la vez verdaderos. Pero son equivalentes en la doctrina, pues excluyen los mismos errores: el polite\u00edsmo y el pante\u00edsmo, errores tan antiguos como la humanidad y que pueden durar tanto como ella. En cada una de estas narraciones, el hombre ocupa un lugar privilegiado; es objeto de cuidados especiales por parte de Dios; es un ser moral y religioso. Gracias sean dadas al redactor final, fiel al esp\u00edritu de Mois\u00e9s, por haberlos conservado a los dos, el primero por su perfecci\u00f3n, el segundo por su antig\u00fcedad venerable.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget advert\u00eda adem\u00e1s que el segundo relato contiene un rasgo esencial, que no se encuentra en el primero, y que insin\u00faa a los esposos el amor mutuo que ha de reinar entre ellos: \u00abSer\u00e9is en una sola carne\u00bb, es decir, seg\u00fan la Biblia, un solo ser vivo. Cristo mismo, a\u00f1ad\u00eda, nos recomienda el relato de J, pues, si bien los motivos contra el divorcio son bastante numerosos, del Gen., II, 24 es de donde Cristo recoge la raz\u00f3n de ser implacable contra la ruptura del lazo conyugal (Marc., X, 2-11). Ya, por fin, en su ancianidad, cuando examinaba todav\u00eda estos dos relatos cotej\u00e1ndolos con las teor\u00edas transformistas, dec\u00eda que el relato J \u00abse acerca m\u00e1s a lo que nos es natural\u00bb, mientras que P no \u00abconsidera m\u00e1s que el punto culminante de nuestra perfecci\u00f3n, lo Sobrenatural en nosotros\u00bb. Para J, el cuerpo del ser humano est\u00e1 formado antes de insuflar el alma. Aqu\u00ed aparece quiz\u00e1s la idea de que nuestra humanidad, en sus comienzos, trabaj\u00f3, bajo la acci\u00f3n divina, en convertirse por fin en lo que es\u00bb.<\/p>\n<p>El desarrollo de la creencia en la divinidad<\/p>\n<p>de Jesucristo.<\/p>\n<p>De esta forma era como el m\u00e9todo del Sr. Pouget pod\u00eda permitirse arrojar algo de luz en el desarrollo de la creencia en un Dios \u00fanico y creador, que caracteriza la tradici\u00f3n judeo-cristiana.<\/p>\n<p>Existe otro foco de la religi\u00f3n, que es el propio de la tradici\u00f3n cristiana, y es la creencia en la divinidad de Jesucristo. Ni en un caso ni en otro, se puede fundar la seguridad en la experiencia: Dios es un objeto de conclusi\u00f3n y no de intuici\u00f3n; y, en cuanto a la divinidad de un ser, no puede, propiamente hablando, sernos conocida por la historia: la divinidad no puede establecerse m\u00e1s que por conclusi\u00f3n, y cuando se haya sopesado el testimonio que un hombre que nos es conocido por la historia haya dado sobre su esencia. Lo que complica aqu\u00ed el problema es que los tres primeros evangelios no parecen contener palabras por las que Jes\u00fas afirmara su divinidad. Presentan incluso, en sus fuentes antiguas, que parecen dif\u00edcilmente conciliables con la divinidad, sea cuando Jes\u00fas afirma que \u00e9l no conoce el d\u00eda del juicio (Marc., XIII, 32), sea sobre todo cuando Jes\u00fas responde al joven que le hab\u00eda llamado maestro bueno: \u00bfpor qu\u00e9 me llamas bueno? nadie es bueno sino s\u00f3lo Dios (Marc., X, 18).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s la divinidad de Jesucristo no es esencial a su obra mesi\u00e1nica, y en todo rigor la Iglesia podr\u00eda sostenerse sin ella. Le gustaba insistir en este punto para hacer sentir cu\u00e1nto nos hab\u00eda amado Dios. Repet\u00eda que Cristo habr\u00eda podido no ser m\u00e1s que el m\u00e1s grande de los enviados divinos. En esta hip\u00f3tesis ser\u00eda menos el fundador de la Iglesia que el principal instrumento del que Dios se habr\u00eda servido para establecerla: una vez fundada la Iglesia, Jes\u00fas habr\u00eda desaparecido para no pertenecer m\u00e1s que a la historia. La Iglesia habr\u00eda sido divina en su origen; ella ser\u00eda tambi\u00e9n la condici\u00f3n de la salvaci\u00f3n eterna. Pero s\u00f3lo habr\u00eda sido divina desde fuera.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n divina de Cristo es una verdad fundamental, la primera que debemos conocer. Pero a esta verdad se a\u00f1ade una que podr\u00edamos llamar central; Cristo es Dios; ha sido, en cuanto hombre, el instrumento del que la adorable Trinidad se sirvi\u00f3 para establecer la Iglesia cat\u00f3lica. En cuanto Dios, Cristo no est\u00e1 incluido en la Iglesia, si bien le est\u00e1 inseparablemente unido: la envuelve y la sobrepasa despu\u00e9s de inspirarla entera y santificarla \u00edntimamente, como lo entendieron san Pablo y san Juan. Pero \u00bfc\u00f3mo se pas\u00f3 de la primera a la segunda de estas verdades?<\/p>\n<p>No se discute que las primeras comunidades hayan cre\u00eddo en la divinidad del Se\u00f1or. \u00bfEn qu\u00e9 motivos se fundaba esta creencia? \u00bfHabr\u00eda ense\u00f1ado Jes\u00fas a sus ap\u00f3stoles que era Dios? Pero, en ese caso, \u00bfc\u00f3mo explicar que hayan guardado los sin\u00f3pticos el silencio sobre una ense\u00f1anza tan excepcional? \u00bfHabr\u00eda sido revelada la divinidad de Cristo a la Iglesia despu\u00e9s de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas? Pero aqu\u00e9l que, llevado por el Esp\u00edritu, hubiera tenido esta iniciativa, ll\u00e1mese Pedro, Pablo o Juan, \u00bfhabr\u00eda sido instrumento de una revelaci\u00f3n segunda, infinitamente superior a la revelaci\u00f3n hecha por Jesucristo? Y, entonces, \u00bfno estamos ya tan lejos de la doctrina a los ojos de la cual existen por decirlo as\u00ed dos Cristos, el de la historia que no era m\u00e1s que un hombre, el de la fe que es tambi\u00e9n un Dios, pero que no lo es m\u00e1s que por la fe y para la fe?<\/p>\n<p>No habr\u00eda que pensar que los creyentes fueran los \u00fanicos que tuvieran dificultades en este punto. Los cr\u00edticos que, de buenas a primeras, no admiten ni los milagros ni, a fortiori, la divinidad de Jes\u00fas,\u00a0 se encuentran en un compromiso, cuando tratan tan s\u00f3lo de comprender el encadenamiento de los hechos que dieron origen a la fe cristiana. Un hecho es que un hombre llamado Jes\u00fas muri\u00f3 bajo Poncio Pilato, y un hecho es tambi\u00e9n que menos de veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en pleno ambiente jud\u00edo, este Jes\u00fas era adorado. El enlace de estos hechos es poco f\u00e1cil de entender. Admitamos que esta creencia no corresponda a ninguna realidad. Es al menos una creencia\u00a0 profesada por hombres: tiene un origen; precisa una causa. Ahora bien, s\u00f3lo se puede buscar este origen en dos medios hist\u00f3ricos, los Jud\u00edos o los Gentiles. Supongamos que se busca por la parte de Israel. Nadie era m\u00e1s monote\u00edsta que los Jud\u00edos del tiempo de Jes\u00fas. Dios era \u00fanico a sus ojos, y en todas partes era tenido por tan elevado por encima de las cosas que estaba prohibido representarle en una imagen: no ten\u00eda forma humana ni pod\u00eda tomarla de ninguna parte, como las divinidades de los Griegos. En estas condiciones, los Ap\u00f3stoles, y todos aquellos de los Jud\u00edos que siguieron su ense\u00f1anza, no ten\u00edan nada que los indujera a atribuir la divinidad al crucificado: nada, ni siquiera los milagros, ya que los antiguos profetas hab\u00edan hecho milagros tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>\u00bfDiremos entonces que la creencia en la divinidad de Jes\u00fas tiene un origen pagano, y que es el resultado de una apoteosis, parecida a la que se reservaba a los Emperadores? Pero, nosotros a\u00f1adimos una nueva dificultad a las que acabamos de se\u00f1alar. Los Jud\u00edos sent\u00edan horror por todo cuanto pudiera recordar los usos paganos. \u00bfC\u00f3mo se puede admitir que hayan tomado de ellos la creencia en la divinidad de un hombre y que hayan prevaricado as\u00ed dos veces?<\/p>\n<p>Se puede, naturalmente, examinar una tercera soluci\u00f3n: como para el medio jud\u00edo la divinizaci\u00f3n de un hombre es inconcebible, siendo la adoraci\u00f3n de Cristo innegable, resulta que Cristo no sea un hombre. Cristo habr\u00eda sido adorado antes de la era cristiana, ser celestial y apocal\u00edptico a quien m\u00e1s tarde se le habr\u00eda provisto de una historia. Es la soluci\u00f3n de la desesperaci\u00f3n. Es admirable l\u00f3gicamente: si Jes\u00fas no puede ser un hombre a quien se ha hecho Dios, resulta que sea un Dios a quien se haya hecho hombre. No existe medio sostenible. Pero esta soluci\u00f3n choca con la realidad hist\u00f3rica y familiar, tantas veces verificada por la cr\u00edtica externa, relatos y palabras de los Sin\u00f3pticos. Si se hubiese querido rodear a un dios de una leyenda, \u00bfc\u00f3mo se habr\u00eda ideado a un ser tan humilde, tan humano, tan cerca de nosotros con sus miserias, c\u00f3mo se habr\u00eda sacado de la imaginaci\u00f3n, al cabo de dos siglos, una historia que se acomoda tan bien a los datos de la arqueolog\u00eda, de la geograf\u00eda y de la historia general?<\/p>\n<p>El m\u00e9todo del Sr. Pouget se instalaba tranquilamente en medio de estas apor\u00edas.<\/p>\n<p>Primeramente, aplicando la regla de prudencia que hemos expuesto, renunciaba a utilizar los textos tan expl\u00edcitos de san Juan para probar la divinidad de Jesucristo. Ello porque en realidad de verdad, a los ojos de un adversario dif\u00edcil, dichos textos testimonian la fe cristiana en el momento en que los escritos jo\u00e1nicos fueron recibidos en la Iglesia, es decir hacia finales del siglo primero. Pues bien, \u00bfno se trataba en ciertos puntos de una fe reciente? Sea como fuere, la diferencia de tono entre el Evangelio se san Juan, al que ya Clemente de Alejandr\u00eda llamaba un \u00abevangelio espiritual\u00bb, y los otros Evangelios plantea un problema. El Sr. Pouget dejaba de momento de lado este problema para acudir a la fuente, es decir a los Sin\u00f3pticos. Nos imaginamos que iba a pedirles el germen del que proced\u00eda el desarrollo y las expresiones que lo conten\u00edan en equivalencia.<\/p>\n<p>Pero aqu\u00ed iba a surgir una nueva dificultad. En los Sin\u00f3pticos, que son como el resumen de la predicaci\u00f3n hecha al pueblo, no se ense\u00f1a la divinidad de Jes\u00fas, seg\u00fan se ha dicho. Por lo dem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo habr\u00eda podido ense\u00f1arla Jes\u00fas, aunque lo hubiese querido? Si hubiera dicho: \u00abYo soy Dios\u00bb, sus disc\u00edpulos lo habr\u00edan denunciado por blasfemo; no hab\u00eda m\u00e1s que un solo Dios, que era Yahv\u00e9. Para evitar el esc\u00e1ndalo habr\u00eda sido necesario explicarles lo que llamamos la Trinidad. Pues ya sabemos que no estaban preparados a\u00fan para entender un lenguaje claro en estas materias.<\/p>\n<p>Pero no salimos de dificultades. Las pruebas de la divinidad no pueden hallarse m\u00e1s que en los evangelios primitivos, y estos documentos ni las contienen, ni pueden contenerlas.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es donde \u00e9l proyectaba su luz.<\/p>\n<p>El Evangelio, dec\u00eda resumiendo, nos transmite las palabras y los actos de Jes\u00fas que constitu\u00edan la base de la predicaci\u00f3n primitiva, que no han sufrido casi ninguna elaboraci\u00f3n. Ahora bien, examinemos con cuidado los logia del Se\u00f1or. Veremos sin duda que Cristo no dijo nunca a la multitud que era Dios. Pero realiz\u00f3 actos y pronunci\u00f3 palabras, que si las situamos en el pensamiento israelita, si las interpretamos con las ideas comunes del medio jud\u00edo, no pod\u00edan tener m\u00e1s que dos explicaciones posibles: su demencia o su divinidad. Los ap\u00f3stoles fueron lentos en comprender. Reten\u00edan estos actos y estas palabras, sin ver a la primera la doctrina que estas palabras y estos actos implicaban. Pero despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n, sirvi\u00e9ndose de sus conocimientos religiosos, y bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu, quiz\u00e1s tambi\u00e9n recordando algunas conversaciones particulares de Jes\u00fas, que nos ha transmitido el Evangelio de Juan, los ap\u00f3stoles y los primeros cristianos llegaron muy pronto a concluir en la divinidad de su Maestro. La ense\u00f1aron a su vez y, como lo hicieron desde entonces a ejemplo suyo los heraldos del Evangelio, afrontaron todos los peligros sin retroceder ni siquiera ante la muerte para anunciar a los hombres esta verdad, en la que ve\u00edan la fuente de toda salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo que seguimos aqu\u00ed es un m\u00e9todo de implicaci\u00f3n. No recurre a milagros. No se funda m\u00e1s que en las palabras de Jes\u00fas m\u00e1s remotamente recogidas en medio jud\u00edo. Refiri\u00e9ndose al estado de los esp\u00edritus, tal como nos es conocido por la historia, se trata de determinar lo que una palabra de Jes\u00fas encierra de afirmaciones impl\u00edcitas: poco importa que estas afirmaciones hayan sido conocidas inmediatamente de aquellos que transmit\u00edan estos logia y estas acciones del Se\u00f1or. Hasta es una ventaja que los primeros testigos hayan sido gentes sencillas y sin cultura, incapaces de filosofar sobre sus recuerdos, lo que hubiera constituido un peligro de alterarlos. Igual que las conclusiones est\u00e1n inmanentes en las premisas, as\u00ed el sentido de estas ense\u00f1anzas estaba oculto en su letra; deb\u00eda revelarse con el tiempo a las conciencias, a la espera de traducirse expl\u00edcitamente en un lenguaje abstracto o en f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Este es el momento de examinar algunas de estas palabras de Cristo que nos dan a conocer indirectamente la conciencia que ten\u00eda de su divinidad.<\/p>\n<p>A un paral\u00edtico (Mc II, 2-12; Mt IX, 1-8; Lc V, 17-26), que ten\u00eda gran fe y confianza en Cristo, Cristo le dice: \u00abTus pecados te son perdonados.\u00bb Unos escribas presentes traicionaron su descontento en su rostro; sab\u00edan por Isa\u00edas (XLIII, 25) que Dios solo perdona los pecados, y las palabras de Cristo eran una blasfemia a sus ojos. Los escribas ten\u00edan raz\u00f3n si Cristo no era m\u00e1s que un hombre: el pecado, en efecto, es la ofensa a Dios, ya que es la violaci\u00f3n de la ley moral de la que Dios, como fuente de toda justicia y de toda santidad, quiere la observancia rigurosa; como, s\u00f3lo el ofendido puede perdonar la ofensa, cuando no existe superior que pueda obligarle ni forzarle a ello. El Salvador, que le\u00eda su pensamiento, les dijo que se equivocaban pensando as\u00ed, y se lo prob\u00f3 sin r\u00e9plica curando con una simple palabra. De esta manera Cristo se apropiaba el poder de perdonar los pecados, poder que los escribas dec\u00edan con raz\u00f3n que pertenec\u00eda s\u00f3lo a Dios.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1ando al Maestro un d\u00eda de s\u00e1bado (Mc II, 25-28; Mt XII, 1-8: Lc VI, 1-5), los Ap\u00f3stoles, llevados del hambre, desgranaban espigas de trigo para alimentarse. Los Fariseos culpaban a Jes\u00fas de permitir semejante libertad. Y Jes\u00fas respondi\u00f3: \u00abEl Hijo del hombre es due\u00f1o tambi\u00e9n del s\u00e1bado.\u00bb Ahora, la ley del descanso sab\u00e1tico hab\u00eda sido entregada por Dios en el Sina\u00ed (Ex., XX, 8-11). Jes\u00fas se atribuye sobre esta ley el poder que tiene un due\u00f1o sobre su bien propio; puede permitir a sus disc\u00edpulos no guardar esta ley divina; puede cambiarla y abolirla, porque el hombre no est\u00e1 hecho para el s\u00e1bado, sino el s\u00e1bado para el hombre. Aqu\u00ed una vez m\u00e1s Jes\u00fas se presenta como el igual de Yahv\u00e9, legislador del Sina\u00ed. Si no hubiera sido m\u00e1s que un hombre, estar\u00edamos hablando de impiedad o de locura.<\/p>\n<p>El Hijo del hombre vendr\u00e1 en la gloria de su Padre\u00a0 y acompa\u00f1ado de sus \u00e1ngeles para dar a cada uno seg\u00fan sus obras y, sentado en el trono de su majestad, juzgar\u00e1 a todas las naciones (Mt XVI, 27; XXV, 31 ss.). Entonces se avergonzar\u00e1, delante de su Padre, de los que se hayan avergonzado de \u00e9l delante de los hombres (Mc VIII, 38; Lc IX, 26), negar\u00e1 a aquellos que le hayan negado (Mt X, 33; Lc XII, 9) y dar\u00e1 testimonio de los que le hayan reconocido ante los hombres (Mt X, 32; Lc XII, 8). Estos textos paralelos, sacados de tres sin\u00f3pticos, son muy ricos en contenido; Jes\u00fas es considerado en ellos como el juez soberano y universal de los hombres, mejor a\u00fan, por la condici\u00f3n necesaria de la salvaci\u00f3n eterna de los hombres. Pues bien, consideremos lo que implica una pretensi\u00f3n as\u00ed: para dictar esta sentencia que fijar\u00e1 despu\u00e9s de una justicia rigurosa el destino eterno de cada conciencia humana, es necesario conocer todos los secretos de corazones; este conocimiento, seg\u00fan la Escritura ( Sal VII, 10; Sb I, 6), es el propio de Dios, de quien, en efecto, dimana directamente todo ser perteneciente al orden moral. Es verdad que Dios podr\u00eda revelar el fondo de las conciencias a este juez supremo de los hombres, y que ser\u00eda hombre como ellos; pero el Evangelio nada dice de una revelaci\u00f3n semejante. Es Cristo quien hace por s\u00ed mismo, y sin ayuda extra\u00f1a, la separaci\u00f3n de los buenos y de los malos, colocando a unos a su derecha, a los otros a su izquierda (Mt XXV, 31-46). Cuando venga a juzgar a todos los hombres, al final de los tiempos, Cristo estar\u00e1 acompa\u00f1ado de los \u00c1ngeles, a los que es superior por lo tanto, y vendr\u00e1 en la gloria del Padre, es decir en la gloria de Dios mismo, que ning\u00fan ser creado, seg\u00fan Israel, podr\u00eda sostener sin verse aplastado. Para que el gran enviado divino adopte un lenguaje as\u00ed, es preciso que no pueda nunca faltar en materia moral, que se identifique por lo tanto con la ley divina; pero eso s\u00f3lo pertenece a Dios.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n que acabamos de sacar de las palabras del Salvador, la sac\u00f3 san Pedro, lleno del Esp\u00edritu Santo, por primera vez, cuando dijo frente al Sanedr\u00edn, que le amenazaba (He IV, 8, 12): \u00abNo hay salvaci\u00f3n m\u00e1s que en Jes\u00fas de Nazaret, y bajo el cielo no existe otro nombre en el que podamos ser salvados\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; En la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores, referida por los tres Sin\u00f3pticos (Mc XII, 1-12: Mt XXI, 33-46: Lc XX, 9-19), un padre de familia posee una vi\u00f1a en excelente estado; se la arrienda a unos vi\u00f1adores y, en el tiempo de la vendimia, env\u00eda a uno de sus servidores para recibir de los vi\u00f1adores los frutos que le son debidos. Los vi\u00f1adores maltratan al servidor y lo despiden con las manos vac\u00edas. As\u00ed lo hacen con todos los otros servidores; llegan has a matar a algunos. El padre de familia les env\u00eda finalmente a su \u00fanico hijo, pensando que le respetar\u00e1n. El hijo es ultrajado y condenado a muerte por los vi\u00f1adores.<\/p>\n<p>Sin duda alguna se trata aqu\u00ed de la vi\u00f1a descrita por Isa\u00edas (V, 1-7). Esta vi\u00f1a es la casa de Israel, Yahv\u00e9 es su due\u00f1o y, como no da frutos, la mandar\u00e1 destruir, as\u00ed como le quitar\u00e1 el reino de Dios (Mt XXI, 43), por no hacerse digna por sus buenas obras. Los criados del padre de familia son los antiguos profetas que Yahv\u00e9 envi\u00f3 cada vez en mayor n\u00famero a Israel. El hijo \u00fanico condenado a muerte por los vi\u00f1adores es Cristo condenado a muerte por los Jud\u00edos; est\u00e1 por encima de los criados; es de la misma sangre que el padre de familia.<\/p>\n<p>De todo lo que precede resulta que Cristo es Dios y que, en la misteriosa pluralidad divina, debe ser llamado, no Hijo adoptivo, sino el Hijo propio del Padre. Esto explica por lo dem\u00e1s el lenguaje de Cristo sobre el Padre: le llama su Padre, y manda a los hombres que le llamen Padre nuestro; pero nunca mezcla Jes\u00fas su oraci\u00f3n con las de ellos; act\u00faa siempre como si la relaci\u00f3n que mantiene con el Padre no fuera la de los otros. Por una lado, dice: \u00abEl Hijo del hombre vendr\u00e1 en la gloria de su Padre\u00bb, o tambi\u00e9n : \u00abAs\u00ed os tratar\u00e1 mi Padre si no perdon\u00e1is de todo coraz\u00f3n\u00bb (Mt XVI, 27; XVIII, 35); y dice por otro lado: \u00ab\u00c9ste ha de ser vuestro modo de orar: Padre nuestro del cielo&#8230;\u00bb, o tambi\u00e9n: \u00abAunque malos, sab\u00e9is dar cosas buenas a vuestros hijos; \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos dar\u00e1 cosas buenas a quien se las pide!\u00bb (Mt VI, 9; VII, 11). Se podr\u00edan multiplicar estos ejemplos.<\/p>\n<p>Todos los pasajes concurren por v\u00edas diferentes a mostrarnos que Jes\u00fas ense\u00f1aba equivalentemente en su Evangelio que ten\u00eda con el Padre Celestial una relaci\u00f3n de igualdad y de filiaci\u00f3n \u00fanica en su g\u00e9nero.<\/p>\n<p>En adelante, el Sr. Pouget cre\u00eda poder mostrar que \u00ablos m\u00e1s bellos pasajes paulinos o jo\u00e1nicos no nos ense\u00f1aban nada que no supi\u00e9ramos ya. Es m\u00e1s abundante y mejor dicho, y eso es todo\u00bb. En p\u00e1ginas escritas en 1903, se expresaba as\u00ed en este punto, resumiendo lo que llamaba \u00abel nudo y la fuerza de su tesis\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abEs verdad que el Hijo \u00fanico que est\u00e1 en el seno del Padre (Jn I, 18) hizo descansar a Juan en su seno durante la \u00faltima cena (Jn XIII, 23) y le revel\u00f3 los secretos de la vida divina en s\u00ed y en su irradiaci\u00f3n a las almas santas&#8230; (Sb VII, 27). El disc\u00edpulo amado nos los ha expuesto en su Evangelio, y esto es lo que hace de este libro una joya entre todas las Escrituras. Y sin embargo, puesto que no perdemos de vista nuestro punto de partida, si tenemos ah\u00ed una fuente inagotable de informaciones sobre la naturaleza transcendente del Salvador, dichas informaciones difieren no por la calidad, sino por la cantidad de\u00a0 las que nos ha dejado el publicano Mateo en su Evangelio m\u00e1s simple. Pues bien, ah\u00ed est\u00e1 el nudo y la fuerza de nuestra tesis: en tanto que real y verdadero Hijo de Dios, Cristo es hist\u00f3rico, no es fruto del pensamiento de los fieles desde san Mateo a san Juan; estaba ya todo en la tradici\u00f3n viva que constaba en las fuentes de san Mateo y de los otros dos Sin\u00f3pticos y que finalmente se resuelven en el testimonio de los doce, acompa\u00f1ado del de todos los otros disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Los textos cristol\u00f3gicos de san Juan afirman rotundamente la divinidad del Salvador, pero son tard\u00edos, y el trabajo en ellos es dif\u00edcil de negar: adem\u00e1s, el cuarto Evangelio fue escrito, seg\u00fan san Jer\u00f3nimo mismo, contra los errores de los Ebionitas. En cuanto a san Pablo, es un te\u00f3logo, admitido por todos. Sin duda el te\u00f3logo no est\u00e1 necesariamente opuesto al historiador: puede contentarse con desarrollar los datos de la tradici\u00f3n, compar\u00e1ndolos entre as\u00ed, precis\u00e1ndolos, sistematiz\u00e1ndolos, pero sin a\u00f1adir nada a los datos primitivos. Para nosotros, que confiamos en los Ap\u00f3stoles, as\u00ed es como han actuado los grandes te\u00f3logos del Nuevo Testamento, que se llaman san Pablo y san Juan. Pero, pensando en nuestros adversarios, debemos proporcionar las pruebas de esta afirmaci\u00f3n y este ha sido el prop\u00f3sito de nuestro m\u00e9todo&#8230; Verdaderamente, el Nuevo Testamento quedar\u00eda incompleto sin estos bellos escritos y, no digo ya nuestra piedad, sino nuestra fe en la divinidad del Salvador, que es lo m\u00e1s importante, no tendr\u00eda que sufrir por si falta, ya que s\u00f3lo son el desarrollo del germen divino que ha precedido, es decir los datos tradicionales, hist\u00f3ricos, reales; aqu\u00ed abajo todas estas palabras son equivalentes. Esta verdad primitiva tiene valor en s\u00ed, es evidente, pero es el m\u00e9todo hist\u00f3rico el que la ha mostrado a los ojos espig\u00e1ndola poco a poco y con trabajo aqu\u00ed y all\u00ed en los Sin\u00f3pticos&#8230; Con este m\u00e9todo es con el que se han de tratar hoy los grandes puntos de nuestras creencias, si queremos que, a pesar de la incredulidad y del aspecto cr\u00edtico del mundo contempor\u00e1neo, se preste algo de atenci\u00f3n a nuestra exposici\u00f3n de la verdad religiosa. Adem\u00e1s, nuestra propia inteligencia, que pertenece a su siglo, saldr\u00e1 ganando algo tambi\u00e9n en ello y el coraz\u00f3n, si no saca provecho, que es muy discutible, no podr\u00eda sufrir p\u00e9rdidas\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.) 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