{"id":28106,"date":"2014-03-10T07:01:24","date_gmt":"2014-03-10T06:01:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=28106"},"modified":"2016-07-26T09:44:33","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:33","slug":"28106-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/28106-2\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (X)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.)<\/h2>\n<p>La mentalidad y la discreci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Dios educador.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Cuando nos arriesg\u00e1bamos a preguntar al Sr. Pouget sobre la raz\u00f3n de ser\u00a0 de estos desarrollos de la verdad moral y religiosa en el judeo-cristianismo, dif\u00edcilmente obten\u00edamos una respuesta. He insistido varias veces sobre su pudor de esp\u00edritu ante lo insondable, sobre su impotencia en especular sobre las razones. No le gustaba Leibniz. Con \u00e9l, no conven\u00eda ir m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la experiencia y entrar en los planes de Dios. Las cosas eran lo que eran, y nada m\u00e1s. Y no obstante, cuando se le insist\u00eda sobre este punto, la respuesta era algo as\u00ed como: Dios, dec\u00eda, es educador. Lo que yo traduc\u00eda por la m\u00e1xima: ni demasiado, ni demasiado pronto, ni demasiado a la vez. Desde este punto de vista superior, cuanto hac\u00eda un momento hab\u00edamos llamado mentalidad o envoltura, aparece como un medio, tal vez necesario, de la educaci\u00f3n divina. \u00abDios ha llevado la experiencia tan lejos como lo pod\u00eda hacer la comunidad. No olvidemos nunca que el profeta habla para la comunidad, la expresi\u00f3n de que se sirve es la que se adapta a la comunidad: no se la ha de obligar demasiado; est\u00e1 en relaci\u00f3n con el medio, es humana\u00bb.<\/p>\n<p>Entretanto, el Sr. Pouget penetraba en ese tercer orden que Pascal llamaba el orden de la caridad. Lo cierto es que la verdad existe en s\u00ed y, cuando se la considera en su lugar y en su fuente, no conoce menoscabo, ninguna sobra, ni atenuaci\u00f3n de ninguna clase. Mas, cuando la verdad debe proponerse al hombre, es decir a esp\u00edritus encarnados que ocupan un momento bien definido del tiempo, entonces, so pena de hacerla in\u00fatil e incluso da\u00f1osa, se la ha de acomodar. Esa es la tarea diaria del educador, al menos en la tierna edad. El Sr. Pouget dec\u00eda por ejemplo que si Jes\u00fas hubiera ense\u00f1ado a los jud\u00edos la verdad sobre el sistema del mundo, habr\u00eda comprometido su misi\u00f3n, ya que los contempor\u00e1neos le habr\u00edan enfrentado con la fuerza de las apariencias: habr\u00edan cre\u00eddo convencerle de error en un campo en el que parec\u00eda que la experiencia les daba la raz\u00f3n, y las verdades sobrenaturales que ven\u00eda a revelar habr\u00edan parecido sospechosas. Era preciso pues que la revelaci\u00f3n respetara y aun pareciera confirmar los errores comunes, en todas las materias que nada ten\u00edan que ver con la verdad religiosa. Y, aun en estas materias, era a veces tambi\u00e9n preciso tolerar, propter duritiam cordis, algunos abusos, algunas opiniones dominantes y que no se pod\u00edan reformar por el momento. Si la sustancia de la ense\u00f1anza se presenta as\u00ed bajo una envoltura, es porque, siendo la verdad religiosa preordenada a la salvaci\u00f3n de todos, es una verdad proporcionada en su expresi\u00f3n a los lugares, a los tiempos, a las personas, una verdad informada por la caridad.<\/p>\n<p>Hacemos progresos en el conocimiento de Dios; no ser\u00e1 en vano que nuestro siglo haya cultivado las ciencias de la vida y de la historia, que haya estudiado los aspectos del desarrollo y de la evoluci\u00f3n. M\u00e1s tarde, cuando la metaf\u00edsica vuelva a estar de moda, quiz\u00e1s se descubra este car\u00e1cter de lo absoluto que se revela a los m\u00edsticos cristianos y que el Sr. Bergson llama la humildad divina. \u00abJes\u00fas, dec\u00eda Bossuet, Jes\u00fas que es en efecto el motor de todo es el \u00fanico que parece sin acci\u00f3n, y su acci\u00f3n no se produce m\u00e1s que por aquella que \u00e9l inspira a los otros\u00bb.\u00a0 Y es que hay que ser omnipotente para tener el derecho a desaparecer.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed los atributos divinos los cuales pensaba el pueblo cristiano de buen grado poder encasillar bajo el cap\u00edtulo de la trascendencia. Pero he aqu\u00ed que descubrimos otros nuevos a los que habr\u00eda que dar un nombre nuevo, y tal vez el m\u00e1s conveniente ser\u00eda el de condescendencia. Los Escol\u00e1sticos lo hab\u00edan expresado ya en su adagio: Frustra fit per majora quod fieri potest per minora, que interpretar\u00edamos con agrado siguiendo al can\u00f3nigo Bouyssonie: \u00abEs preciso no hacer todo lo que no es preciso hacer.\u00bb<\/p>\n<p>La condescendencia que es la plenitud de la discreci\u00f3n, inclina por as\u00ed decirlo a Dios a respetar los datos de hecho, y hasta los conceptos inexactos y err\u00f3neos, para ir transform\u00e1ndolos insensiblemente mediante una acci\u00f3n muy \u00edntima.<\/p>\n<p>Digresi\u00f3n sobre el valor secreto de las mentalidades.<\/p>\n<p>Tales eran las ideas hacia las que nos llevaba la ense\u00f1anza del Sr. Pouget, y por el ejemplo m\u00e1s que por la palabra. Apenas hablaba de esta desaparici\u00f3n de Dios, pero bastaba verlo en su vida oscura para comprenderla.<\/p>\n<p>Querr\u00eda aventurar aqu\u00ed, puesto que se me presenta la ocasi\u00f3n, una explicaci\u00f3n de otro g\u00e9nero. \u00bfAcaso la mentalidad no ha encubierto a veces una verdad muy alta, dif\u00edcilmente accesible a la inteligencia popular, y de la que daba como un equivalente?<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la historia prof\u00e9tica, explicaba \u00abque estas exposiciones de hechos son verdaderas con una verdad superior, ya que son admirablemente aptas para procurar el plan divino que el Esp\u00edritu de Dios se ha propuesto al mandarlas escribir, la instrucci\u00f3n y la formaci\u00f3n religiosa de la humanidad: bajo este punto de vista los Jud\u00edos ten\u00edan raz\u00f3n al preferir la historia prof\u00e9tica\u00bb. \u00bfNo podr\u00edamos pronunciar con los matices necesarios un juicio an\u00e1logo sobre varias de las mentalidades que hemos definido? Si nuestra inteligencia fuera capaz de situarnos directamente frente al ser y su intimidad, y sobre todo si la verdad fuera el patrimonio de una elite restringida\u00a0 y no tuviera que hacer frente a su comunicaci\u00f3n, entonces se podr\u00eda y deber\u00eda condenar todo cuanto es imagen y figura. Pero, al existir siempre una separaci\u00f3n entre la expresi\u00f3n y el pensamiento, puede suceder que formas oscuras, mezcladas e inferiores contengan elementos de verdad a los que la inteligencia com\u00fan no podr\u00eda llegar por s\u00ed sola .Sea como fuere por otra parte, es incontestable que lo que ahora llamamos una\u00a0 mentalidad, lo que nos parece ahora una forma trasnochada, caduca, b\u00e1sicamente inexacta y a veces peligrosa, fuera antiguamente un organum vivendi de la verdad. Primero, como ya lo hemos se\u00f1alado, porque acomodaba una verdad a la capacidad de las masas: as\u00ed la idea de creaci\u00f3n se envolv\u00eda en los pa\u00f1ales de una cosmogon\u00eda primitiva. Lo veremos m\u00e1s detalladamente enseguida. Pero se puede tambi\u00e9n sostener que, a veces, la mentalidad misma, adem\u00e1s de su utilidad expresiva y de su fin educativo, encerraba verdades m\u00e1s profundas que, m\u00e1s tarde, deb\u00edan ser filtradas y elaboradas por una \u00e9poca mejor dotada y m\u00e1s madura. Ser\u00eda un trabajo bien \u00fatil retomar, desde este punto de vista, el estudio de las mentalidades antiguas y desprender los elementos de vida o hasta de conocimientos que llevaban consigo.<\/p>\n<p>Veamos, por ejemplo, ese lenguaje teocr\u00e1tico, cuya influencia en el concepto del mundo y de la historia hemos se\u00f1alado varias veces. Para la mente amiga de la precisi\u00f3n este lenguaje es tosco; en la medida en que semejante mentalidad tiene su reino en las mentes, es un freno al \u00edmpetu de la inteligencia cient\u00edfica, y tiene que desaparecer. Lo que no impide que un lenguaje as\u00ed contenga una verdad que es el alma de toda metaf\u00edsica: con respecto a la Causa primera, \u00bfqu\u00e9 son las causas segundas? Y \u00bfmerecen acaso el nombre de causas? A condici\u00f3n de salvar la responsabilidad del hombre (lo que hac\u00edan los Jud\u00edos gracias a la noci\u00f3n de recompensa y de castigo, de pecado y de m\u00e9rito), verdad es decir que en nuestras acciones Dios opera infinitamente m\u00e1s que nosotros, aunque est\u00e9 oculto sin remedio a las miradas. En cuanto a lo absoluto, la historia prof\u00e9tica es m\u00e1s verdad que la otra, ya que en esta perspectiva en la que se sit\u00faa el profeta, nuestra iniciativa est\u00e1 como envuelta y eclipsada por la causalidad primera.<\/p>\n<p>Algo as\u00ed podr\u00eda decirse a prop\u00f3sito de la mentalidad escatol\u00f3gica. Era sin duda un error pensar que la venida del Se\u00f1or estaba muy cercana; este error habr\u00eda podido tener las consecuencias m\u00e1s nefastas: como arruinar todo intento de fijaci\u00f3n, agotar la fuente de los nacimientos; \u00bfpara qu\u00e9 administrar, para qu\u00e9 continuar sobre todo un mundo que se va a venir abajo pronto? El Se\u00f1or llega! Fuera proyectos, fuera ni\u00f1os, fuera Estado. Y \u00bfpara qu\u00e9 organizar misiones? De verdad que no merece la pena. Y sin embargo, \u00bfno pensar\u00edan los ap\u00f3stoles en proveer a su sucesi\u00f3n? y \u00bfen organizar las comunidades? La Iglesia ser\u00e1 la comuni\u00f3n de los que esperan la vuelta de Quien va a juzgar ma\u00f1ana a \u00ablos vivos y a los muertos\u00bb.<\/p>\n<p>Pero veamos la otra cara. Esta idea de una consumaci\u00f3n pr\u00f3xima pod\u00eda tambi\u00e9n despertar el celo: hab\u00eda que darse prisa en predicar el Evangelio a todo el universo antes de que el fin nos sorprendiera. Y si los primeros elementos de esta red de Iglesias no hubieran estado situados del J\u00f3nico a las Galias antes del final del primer siglo, se habr\u00eda perdido una ocasi\u00f3n que quiz\u00e1s no se hubiera vuelto a reproducir. Todos los grandes centros del mundo conocido vieron los primeros testimonios; la Iglesia fue fundada sobre la palabra de los que hab\u00edan visto, y que se apresuraban a ir de un lugar a otro, precisamente porque la noche del mundo estaba cerca. Por lo dem\u00e1s, la idea de un retorno pr\u00f3ximo del Se\u00f1or contiene su verdad para cada destino particular. La parus\u00eda para cada uno de nosotros es la muerte. Y esta espera de un \u00abregreso\u00bb que puede sobrevenir en cada instante tiene siempre su verdad en la vida espiritual.<\/p>\n<p>Las mismas observaciones encajar\u00edan en el empleo de las figuras en la explicaci\u00f3n hist\u00f3rica y m\u00e1s generalmente en todas esas formas de relato que tienden a reducir la diferencia de los tiempos. El esp\u00edritu filos\u00f3fico ha rechazado siempre este pensamiento m\u00edtico que se representa la historia\u00a0 como una serie de iniciativas y de cat\u00e1strofes sin ligaz\u00f3n. Si Dios domina los tiempos que transcurren en \u00e9l, entre lo que llamamos pasado y porvenir deben de existir ciertas correspondencias: sobre todo, si la historia es la marcha de un plan, los tiempos deben prepararse y responderse. Sin duda es temerario querer captar estas armon\u00edas antes de que se haya terminado el curso de los siglos; pero, por ingenioso que fuera el modo como los doctores jud\u00edos explicaban esta presencia de los siglos en Dios, se puede decir que ellos acomodaban a la mente del pueblo una verdad tan inaccesible que el lenguaje de los t\u00e9cnicos es casi incapaz de expresarla sin alterarla, como se ve por las cuestiones a que dio lugar la predestinaci\u00f3n. Adem\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n nos dice que no haya all\u00ed m\u00e1s que un procedimiento?\u00a0 Y \u00bfpor qu\u00e9 el Esp\u00edritu de Quien distribuye los tiempos no iba a ayudar a los autores a quienes inspira a discernir los acaecimientos y los personajes que, fuera de su realidad moment\u00e1nea, ten\u00edan tambi\u00e9n, en la preparaci\u00f3n del Mes\u00edas y de la Iglesia, un oficio prof\u00e9tico que cumplir?<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, para examinar un tercero y \u00faltimo ejemplo, nos podr\u00edamos preguntar de igual forma si la incapacidad de los Jud\u00edos para discurrir sobre el m\u00e1s all\u00e1 no tuvo consecuencias saludables. Un instinto invencible empuja a los hombres a buscar d\u00f3nde se hallan sus muertos y qu\u00e9 ha pasado con ellos. Lo primero que se les ocurre es imaginarlos en un estado seg\u00fan el modelo de los vivos, y por consiguiente tratar de comunicar con ellos. Entre los Antiguos esta necesidad conduc\u00eda por una pendiente fatal a las pr\u00e1cticas de la te\u00fargia, de la magia, a la evocaci\u00f3n de los muertos, a la creencia en la metemps\u00edcosis y en la metensomatosis. La ignorancia invencible del m\u00e1s all\u00e1, la imposibilidad y prohibici\u00f3n de represent\u00e1rselo, puesto el acento en la vida presente y en la remuneraci\u00f3n temporal, manten\u00edan a los Jud\u00edos en el desprecio de las pr\u00e1cticas paganas. Constituir\u00e1 siempre una tentaci\u00f3n confundir la supervivencia con la vida eterna y buscar en el esp\u00edritu el equivalente de lo espiritual. Los Jud\u00edos se libraban de ello. El simple abandono a la justicia de Dios, por incomprensible que fuera, estaba en el fondo de su actitud, y eso ten\u00eda una influencia favorable: lo que importa no es representarse la vida futura, ni experimentar el m\u00e1s all\u00e1, sino obrar en este mundo de manera que uno sea hallado digno de una eternidad buena. El Sr. Pouget repet\u00eda que la revelaci\u00f3n no se nos ha dado para nuestra satisfacci\u00f3n intelectual, que a pesar de todos nuestros deseos de o\u00edr y de prolongar nuestros conocimientos, nunca tendremos m\u00e1s que im\u00e1genes vagas y conceptos imperfectos sobre estas partes que no tienen que ver con nuestra acci\u00f3n.\u00a0 De esta forma, los retrasos en el conocimiento del m\u00e1s all\u00e1 debidos a la protecci\u00f3n de la mentalidad hebrea han podido ser utilizados por el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Advertencias sobre los tres \u00faltimos principios.<\/p>\n<p>Nos parece \u00fatil proponer todav\u00eda unas advertencias sobre las tres \u00faltimas nociones que acabamos de deducir. Al definirlas y comentarlas una por una, corr\u00edamos el riesgo de no entender bien su relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abPrescindiendo de lo que pueda pensar el Sr. Loisy, escrib\u00eda el Sr. Pouget en 1909, la ciencia religiosa general, o ciencia de las religiones, est\u00e1 a\u00fan en sus comienzos; ser\u00eda incluso un atrevimiento pretender que haya nacido siquiera; pues no se ve que se halle en posesi\u00f3n de su m\u00e9todo, ni de su objeto\u00bb.<\/p>\n<p>Los esfuerzos constantes del Sr. Pouget tend\u00edan a dotar la ciencia religiosa de ese m\u00e9todo que le es indispensable. Es un hecho que la ciencia de las religiones se encuentra en ese estadio en que se encontraba la l\u00f3gica antes del Organon de Arist\u00f3teles, la f\u00edsica antes del Novum organum de Bacon, o la biolog\u00eda antes de la Introduction de Claude Bernard. Han tenido lugar descubrimientos se\u00f1alados, pero est\u00e1n todav\u00eda sin amalgamar con las teor\u00edas, los prejuicios, y ni siquiera con las pasiones que los hicieron posibles. El car\u00e1cter de estas \u00e9pocas precient\u00edficas nos es bastante conocido: se utilizan, como si fueran evidentes por s\u00ed mismas, nociones\u00a0 que disimulan la ignorancia; se trasladan a un nuevo orden de investigaci\u00f3n m\u00e9todos que son extra\u00f1os; se exagera el alcance de los descubrimientos y de las novedades. Sobre todo, nos arriesgamos a sustituir los hechos reales por hechos esquem\u00e1ticos y mentales, en parte construidos por el sistema que se les pide que verifiquen y en los que se han introducido ya las conclusiones que de ellos se pretende sacar.<\/p>\n<p>Por otra parte, aquellos que se consagran a la defensa y a la ilustraci\u00f3n de la religi\u00f3n dan a menudo la impresi\u00f3n de recurrir al arte del abogado: establecida primero la fe, se trata de buscar argumentos de conveniencia, de raz\u00f3n o de hecho que permitan confirmarla y darle el aparato de las pruebas. Pero como estas pruebas, en la mayor parte de los casos, no son los motivos personales de la fe, no se ser\u00e1 muy severos con su valor. Para los que habitan en el castillo no ser\u00e1 dif\u00edcil descubrir los caminos que pueden llevar a \u00e9l. Basta con mirar desde lo alto de las almenas. Cuando se est\u00e1 fuera y a distancia, el problema cambia, pero a los del torre\u00f3n les cuesta entenderlo.<\/p>\n<p>Habr\u00eda pues mucho que hacer por ambas partes para abordar sin prejuicios el estudio de los datos religiosos, y nosotros creemos por eso mismo que las nociones que hemos apuntado podr\u00edan contribuir a ello. Ya que, aparte de que retienen a la mente humana en una pendiente muy tentadora, atraen la atenci\u00f3n sobre ciertos caracteres presentados por los hechos religiosos y que no se encuentran en otras partes.<\/p>\n<p>Echemos un vistazo a las dos nociones de m\u00ednimum y de desarrollo: se responden una a otra.<\/p>\n<p>La regla del m\u00ednimum tiene la ventaja de establecer grados de certeza. Refrena esa l\u00f3gica molesta del todo o nada que con demasiada frecuencia es la de los apologistas, y que tiene por efecto ofrecer al adversario un cebo admirable. As\u00ed que, habiendo logrado unir ya lo accidental con lo esencial, la envoltura con la sustancia, ser\u00e1 suficiente con mostrar el car\u00e1cter accidental del accidente, el car\u00e1cter contingente de la envoltura para hacer que se venga por tierra de una sola vez el unum necessarium. Parece que la regla del m\u00ednimum tenga sobre todo un empleo pol\u00e9mico y que sea un argumento ad hominem, \u00fatil para convencer a mentalidades particularmente dif\u00edciles y exigentes. Pero, dado que no hubiese ning\u00fan adversario que persuadir, aun se podr\u00eda aplicar con provecho, porque nos encamina hacia el conocimiento de los m\u00e9todos divinos destinados a transmitirnos el mensaje de la salvaci\u00f3n. \u00abLa religi\u00f3n, nos dec\u00eda, es una larga reflexi\u00f3n sobre los hechos que la tradici\u00f3n ha tra\u00eddo hasta nosotros\u00bb. Y, \u00bfqu\u00e9 viene a ser el hecho primitivo antes de toda elaboraci\u00f3n por el pensamiento de los creyentes, sino ese residuo, ese m\u00ednimum, en el que se realiz\u00f3 con misterio el paso de la eternidad al tiempo? El m\u00ednimum una vez conocido es f\u00e1cil verlo extenderse, definirse, sistematizarse, matizarse, traducirse en ideas y en doctrinas.<\/p>\n<p>As\u00ed, la regla del m\u00ednimum tiende a sustituir la l\u00f3gica plana que est\u00e1 en el uso com\u00fan por una l\u00f3gica articulada en profundidad como dicen los estrategas, y que tiene por primer efecto hacernos ver la estructura de la verdad.<\/p>\n<p>La idea de desarrollo y la de envoltura que le est\u00e1 conectada tienen un empleo an\u00e1logo.<\/p>\n<p>A los cr\u00edticos que estudian la historia religiosa, presuponiendo la verdad del cristianismo tradicional, el desarrollo viene a recordarles que la religi\u00f3n judeo-cristiana est\u00e1 sometida a las leyes de la vida. Y esto viene a cuento, ya que el esp\u00edritu religioso se ve llevado a menudo a admitir que una religi\u00f3n \u00abdivina\u00bb o una historia \u00absagrada\u00bb no debe estar sometida a medidas comunes no tener contacto profundo con las otras religiones y con las otras historias. Era una idea familiar a Newman que \u00abla religi\u00f3n revelada no se distingue de las otras religiones in genere, sino por sus caracter\u00edsticas personales\u00bb. Nada se opone a que haya buscado en las religiones vecinas y sufrido en cierto modo su influencia, con tal de transformar estas huellas seg\u00fan una ley que le es propia.<\/p>\n<p>No les ser\u00eda menos \u00fatil el principio de desarrollo a los cr\u00edticos que presuponen que una revelaci\u00f3n es imposible en s\u00ed, y que lo \u00absobrenatural particular\u00bb est\u00e1 condenado de antemano. Ya que el postulado filos\u00f3fico con el que estos sabios abordan el estudio de la historia tiene por efecto forzarles a cerrar los ojos sobre lo que es el fondo del problema. Como han rechazado de antemano la idea de que una religi\u00f3n pueda ser m\u00e1s \u00abverdadera\u00bb que las otras, se ven inducidos a poner el acento en los caracteres comunes a todos los cultos, y por ejemplo a establecer una filiaci\u00f3n l\u00f3gica entre las formas elementales y las formas complejas de la vida religiosa. Cournot hab\u00eda propuesto un procedimiento mucho m\u00e1s natural y razonable. Hab\u00eda acercado la evoluci\u00f3n de las religiones a la de las lenguas. \u00abG\u00e9rmenes, primero apenas visibles, reciben incremento bajo influencias favorables, y llegan unos tras otros a su plena evoluci\u00f3n; rasgos primero vagos e inciertos se fijan progresivamente. La naturaleza se muestra avara de formaciones de todo tama\u00f1o por v\u00eda de yuxtaposici\u00f3n o de sincretismo; los elementos extra\u00f1os son rechazados o asimilados[1]. Pero, siendo esto as\u00ed, antes de comparar las religiones entre s\u00ed para sacar estos caracteres generales que pueden ser los m\u00e1s superficiales y los m\u00e1s vagos, habr\u00eda que comparar primero una\u00a0 misma religi\u00f3n consigo misma, escalonar en el tiempo los documentos de su historia para ver sus progresos, sus parones, sus regresiones. Entonces, y s\u00f3lo entonces, se podr\u00eda comparar tal religi\u00f3n con una religi\u00f3n anterior o concurrente.<\/p>\n<p>Si el principio que anima a la sociedad religiosa es an\u00e1logo al principio vital, si cada religi\u00f3n tiene una originalidad, una personalidad y un genio, nada m\u00e1s dif\u00edcil que pronunciar un juicio de parecido. Habr\u00e1 que distinguir siempre entre el pr\u00e9stamo que se\u00f1ala un empobrecimiento, y el que, siendo una adopci\u00f3n o una adaptaci\u00f3n, prueba al contrario la vida y el crecimiento.<\/p>\n<p>Pero las consideraciones que hemos hecho sobre la mentalidad, esforz\u00e1ndonos por ver el desarrollo en su dimensi\u00f3n interior y profunda, nos permiten comprender c\u00f3mo puede el cristianismo parecerse a tantas realidades hist\u00f3ricas sin confundirse nunca con ellas. Ser\u00eda f\u00e1cil confeccionar la lista de las doctrinas o de las religiones con las que se le ha podido comparar leg\u00edtimamente. Pero, cuando estas doctrinas o religiones han cesado de ejercer influencia sobre las sociedades y se han endurecido por decirlo as\u00ed, el cristianismo, aun cuando adoptaba una mentalidad que le era extra\u00f1a en el fondo, lograba sacar alg\u00fan provecho; en todo caso, no se pudr\u00eda con ella, como los otros sistemas. Lo que es de notar no es que el judeo-cristianismo se revista de mentalidades, es que se libre de ellas. En el campo de la conciencia, asistimos a un fen\u00f3meno an\u00e1logo: el esp\u00edritu se nutre siempre de im\u00e1genes, se simboliza en ellas, a ellas se aferra sin cesar, aunque s\u00f3lo sea en un punto. Y sin embargo, sigue liber\u00e1ndose; es este adelantamiento el que constituye su equilibrio y el que asegura su permanencia, sin el cual volver\u00eda a caer en el automatismo o en la fijaci\u00f3n de la locura. En el campo de la historia religiosa, por todas partes vemos a las mentalidades revestir el esp\u00edritu, pero por todas partes, despu\u00e9s de vestirlo, lo ocultan; despu\u00e9s de ocultarlo, lo ahogan; despu\u00e9s de ahogarlo, permanecen; permaneciendo se petrifican, y tenemos las supersticiones. Aqu\u00ed, en cambio, y en esta sola l\u00ednea de duraci\u00f3n, el esp\u00edritu no se deja encerrar. Parece coincidir con la mentalidad, y uno se enga\u00f1a en ello casi fatalmente; cuanto m\u00e1s sabio se sea, m\u00e1s se creer\u00e1 h\u00e1bil en descubrir estos denominadores comunes, ya que el m\u00e9todo cient\u00edfico tiene pr\u00e1cticamente por fin deducirlos.<\/p>\n<p>La historia del judeo-cristianismo est\u00e1 hecha por lo general en dos dimensiones: se pone todo en un mismo plano, como si todos los elementos de la vida religiosa tuvieran una importancia y un valor iguales. Pero \u00bfno se podr\u00eda intentar una historia en profundidad en la que nos esforzar\u00edamos por mostrar c\u00f3mo se expresa la inspiraci\u00f3n original y esencial con ayuda de ciertas envolturas mentales que, al mismo tiempo, la manifiestan y la disimulan? Vimos c\u00f3mo el Ap\u00f3stol de los Gentiles trat\u00f3 de liberar a la religi\u00f3n naciente de lo que se podr\u00eda llamar la mentalidad judaica; a finales del siglo primero, el cristianismo se vio libre de la mentalidad escatol\u00f3gica, que hab\u00eda te\u00f1ido fuertemente algunas de sus esperanzas; desde el siglo XVI, lo vemos desprenderse de la mentalidad geo-c\u00e9ntrica y si se puede decir aristot\u00e9lica, por la que, al estilo de las religiones m\u00edticas, hab\u00eda parecido atribuirse una cosmolog\u00eda. El que hiciera la historia en dos dimensiones confundir\u00eda esp\u00edritu y mentalidad; y, por fidelidad a la cr\u00edtica, acabar\u00eda negando el esp\u00edritu para reducirlo a sus f\u00f3rmulas o a sus im\u00e1genes.<\/p>\n<p>Si quisi\u00e9ramos expresar nuestro pensamiento de forma m\u00e1s rigurosa, dir\u00edamos que hay como tres maneras de hacer la historia de una realidad espiritual.<\/p>\n<p>&#8211; La primera consiste sencillamente en restablecer la cronolog\u00eda de los sucesos y en enumerarlos uno tras otro sin buscarles el punto de concatenaci\u00f3n. El que aplica este procedimiento a la historia judeo-cristiana se ve llevado a no ver en \u00e9l m\u00e1s que una serie de metamorfosis o un montaje de felices casualidades. Pero nada ve de la ilaci\u00f3n de estas metamorfosis o del c\u00famulo de estas casualidades. Para eso, habr\u00eda que percibir con los ojos del esp\u00edritu lo que no les es dado a los ojos del cuerpo. Entonces la relaci\u00f3n de todos esos puntitos que son los acontecimientos forma una l\u00ednea o, como dec\u00eda Bossuet, una \u00absecuencia\u00bb. No se percibe ya solamente la metamorfosis, sino la equivalencia de las formas; no somos s\u00f3lo sensibles al c\u00famulo de las casualidades, sino tambi\u00e9n a su concierto. \u2013 Pero existe todav\u00eda una tercera forma de posesionarse de la historia espiritual. Se diferencia quiz\u00e1s tanto de la segunda como \u00e9sta de la primera, ya que introduce en el estudio de la historia lo que llam\u00e1bamos por analog\u00eda una tercera dimensi\u00f3n. Consiste esencialmente, como lo hemos visto, en suponer entre la verdad sustancial y sus expresiones hist\u00f3ricas una especie de distancia interior, un espacio mental que comprenda uno o varios planos de proyecci\u00f3n que el esp\u00edritu debe atravesar o por decirlo as\u00ed asumir en s\u00ed con el fin de traducirse eficazmente al exterior y purificar las realidades con las cuales interfiere. En esta tercera dimensi\u00f3n, hallar\u00edamos sin trabajo una figura de la caridad, ya que el movimiento del amor es siempre doble: se rebaja para elevar mejor, parece identificarse con lo que est\u00e1 m\u00e1s bajo, pero es para conducirlo a lo que est\u00e1 m\u00e1s alto. Si ahora quisi\u00e9ramos designar con palabras estas tres maneras de considerar la historia, dir\u00edamos que la primera restablece una sucesi\u00f3n, que la segunda recupera una secuencia, que la tercera por fin discierne un desarrollo. Pero habr\u00eda que entender entonces por la palabra \u00absecuencia\u00bb algo m\u00e1s de lo que ve\u00eda Bossuet, y por la palabra \u00abdesarrollo\u00bb algo m\u00e1s de lo que adivinaba Newman.<\/p>\n<p>Si se aplicaran estas ideas a la historia judeo-cristiana, uno se sentir\u00eda inclinado a pensar que por su duraci\u00f3n en el primero de los planos, por su continuidad en el segundo, por su pureza, o mejor por el poder de purificaci\u00f3n en el tercero, presenta una excepci\u00f3n singular a las leyes que rigen en este universo la evoluci\u00f3n de las sociedades religiosas.<\/p>\n<p>Mas, para sacar estas conclusiones y aun para percibir son seguridad la convergencia de estos \u00edndices, se ha de hacer intervenir otra luz que la pura luz de la historia, se ha de tener otra aptitud que la del sabio: al esp\u00edritu cr\u00edtico se ha de a\u00f1adir la raz\u00f3n, quiero decir la inteligencia abierta y total; y la imparcialidad debe ir coronada de una voluntad acogedora.<\/p>\n<p>Esto es lo que vamos a ver en una secci\u00f3n postrera.<\/p>\n<p>VII. Fe y Raz\u00f3n<\/p>\n<p>La fe descansa en datos positivos interpretados por una filosof\u00eda; los primeros son conocidos por los m\u00e9todos de la historia, la segunda por el ejercicio de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Hemos estudiado hasta aqu\u00ed los datos positivos que sirven de fundamentos a la fe. Estos datos hemos tratado de entenderlos bien, y para ello despojarlos de todas sus envolturas, luego verlos trabajar en el tiempo. En suma, hemos echado mano de la raz\u00f3n cr\u00edtica, bien para purificarnos a nosotros mismos de cuanto no era esta raz\u00f3n sino tan s\u00f3lo un pliegue que hab\u00eda recibido con el uso, bien para purificar los textos de cuanto se hab\u00eda interpuesto entre su esp\u00edritu y su letra.<\/p>\n<p>\u00bfQuiere esto decir que ahora nos encontremos ante un dato tal que aparezca en \u00e9l necesariamente la trascendencia del cristianismo, y que nos sea impuesta por los hechos sin que intervenga ning\u00fan postulado, ning\u00fan principio, ning\u00fan trabajo de interpretaci\u00f3n? El Sr. Pouget no lo cre\u00eda as\u00ed de ninguna manera, insistiendo mucho en las disposiciones indispensables a la interpretaci\u00f3n del dato para obtener, no ya la fe, que no es en ning\u00fan caso una conclusi\u00f3n silog\u00edstica, sino motivos suficientes de creer. A estas disposiciones las llamaba tambi\u00e9n \u00abuna mentalidad\u00bb, pero me doy cuenta de que aqu\u00ed esta palabra se presta a equ\u00edvoco: si hemos nombrado mentalidad a la pantalla que se interpone entre el esp\u00edritu y su expresi\u00f3n, si hemos definido la mentalidad como un conjunto de resistencias, no es posible ya emplear esta misma palabra para designar esta actitud de la inteligencia y de la voluntad que nos predispone a la creencia: porque no se trata ya en este caso de una pantalla, sino de un impulso. Claro que en ambos casos nos hallamos en lo profundo de la conciencia; pero la mentalidad en el sentido en que la hemos definido procede de la presi\u00f3n social: es en nosotros lo que es menos nosotros mismos. Por el contrario, la disposici\u00f3n, como yo la llama, tiene su fuente en la vida m\u00e1s \u00edntima: es en nosotros lo que es m\u00e1s nosotros mismos. Cuando el Sr. Pouget comentaba el Evangelio de san Marcos, ten\u00eda cuidado de hacer resaltar toda la fuerza de la primera palabra que la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua ha colocado en los labios de Cristo: metano\u00e9ite kai pisteuete en t\u00f3 evangeli\u00f3; lo que se traduce corrientemente: \u00abHaced penitencia y creed en el Evangelio.\u00bb Pero, dec\u00eda, la metanoia es m\u00e1s que la simple penitencia (metam\u00e9leia) o incluso que la conversi\u00f3n, esta metastroph\u00e8, de la que habl\u00f3 Plat\u00f3n en la Rep\u00fablica, designa un cambio de noein, es decir de estado mental. Incluye en s\u00ed la m\u00e1s profunda de las penitencias, que no es llevar un cilicio y comer saltamontes, sino renunciar a su propio esp\u00edritu. Sin esta revoluci\u00f3n interior, el Evangelio no penetrar\u00e1 en las almas: ya que una prueba no act\u00faa nunca mec\u00e1nicamente. Para que se la perciba y sobre todo para que se la acepte como prueba se necesita una disposici\u00f3n de la conciencia que nadie podr\u00eda suplir, puesto que nadie puede pensar, ni querer, ni ver en mi lugar. Por eso \u00e9l hab\u00eda tenido siempre en la mayor estima el m\u00e9todo de Maurice Blondel, que le parec\u00eda una preparaci\u00f3n indispensable al estudio de los datos hist\u00f3ricos y racionales. La apolog\u00e9tica m\u00e1s perfecta ser\u00eda in\u00fatil e insegura en su profundidad, si no se hubiera despertado en el hombre una inquietud.<\/p>\n<p>Y este despertar supone una disposici\u00f3n de la inteligencia como una disposici\u00f3n de la voluntad.<\/p>\n<p>a)\u00a0\u00a0 Una disposici\u00f3n de la inteligencia.<\/p>\n<p>Consideremos el razonamiento bajo su forma m\u00e1s simple, y como lo analizaba Arist\u00f3teles. La premisa que la l\u00f3gica llama una menor enuncia un hecho, que es constatable con la experiencia: S\u00f3crates es hombre. Pero, de este solo enunciado nunca se podr\u00eda sacar una conclusi\u00f3n, si no viniera a un\u00edrsele un principio de interpretaci\u00f3n. Tal es el oficio de la mayor; nos da un postulado, a la luz del cual interpretamos la experiencia: todos los hombres son mortales. El Sr. Pouget aplicaba de buen grado este m\u00e9todo, que le parec\u00eda un logro eterno, pero lo interpretaba en un sentido algo nuevo. Distingu\u00eda claramente estas dos actitudes de la mente, de las que una se configura en la menor y la otra en la mayor del silogismo. Algo diferente es establecer y describir un hecho o un conjunto de hechos; otra cosa es postular un postulado, es decir un derecho. Otra la l\u00f3gica de la existencia, otra la de la exigencia. Cuando era fiel a la primera, \u00e9l ten\u00eda sumo cuidado, como vamos a ver enseguida, de no hacer intervenir a ning\u00fan principio y de ser, en lo posible, una pura placa fotogr\u00e1fica que recoge los datos, no claro est\u00e1 sin ninguna imaginaci\u00f3n previa, ni sin una preferencia secreta (lo que es imposible en el hombre), sino con una indiferencia valerosa frente a sus deseos.<\/p>\n<p>Lo que le llevaba a formular esta regla: \u00abEn historia, hay que ce\u00f1irse a constatar el hecho, a exponerlo, dejando las explicaciones a un lado; las explicaciones son in\u00fatiles y f\u00e1cilmente perniciosas\u00bb. Pero el hecho hist\u00f3rico cuestiona a la mente, y era entonces cuando interven\u00eda \u00abla disposici\u00f3n\u00bb filos\u00f3fica. \u00abLa base s\u00f3lida de la Iglesia, dec\u00eda, es la historia, son hechos hist\u00f3ricos, pero la historia, para ser interpretada, exige una filosof\u00eda razonable. La filosof\u00eda griega ha permitido interpretar convenientemente la revelaci\u00f3n. La religi\u00f3n cat\u00f3lica son hechos interpretados racionalmente. La gracia de Dios llega por otra parte\u00bb.<\/p>\n<p>Veremos luego c\u00f3mo, en su gran obra, hab\u00eda intentado esta cr\u00edtica total y a qu\u00e9 conclusiones le hab\u00eda llevado. Pero en este cap\u00edtulo nos limitamos a indicar principios directores y aplicaciones parciales. La hora de la s\u00edntesis no ha llegado. Contentos con indicar algunas consecuencias sacadas de este \u00faltimo principio y que tienen en el momento presente su importancia.<\/p>\n<p>Esta distinci\u00f3n del hecho y del postulado permite poner en claro el equ\u00edvoco del m\u00e9todo tan empleado por los ex\u00e9getas \u00abindependientes\u00bb en la simple exposici\u00f3n de los hechos en los que se apoyan.<\/p>\n<p>Estos independientes profesan que hacen una labor positiva, una labor \u00abcient\u00edfica\u00bb, y nosotros creemos en su sinceridad total. Pero no pueden con todo sustraerse a las leyes de la naturaleza humana y a las condiciones necesarias al ejercicio del pensamiento, y es inquietante que lo pretendan. La ciencia es \u00fatil para fundamentar la menor del silogismo: por la cr\u00edtica hist\u00f3rica se pueden en efecto establecer hechos. Pero las conclusiones que se derivan de estos hechos suponen una filosof\u00eda previa. El Sr. Pouget reconoc\u00eda de grado que interpretaba la historia, que iba m\u00e1s all\u00e1 de los hechos y que filosofaba a prop\u00f3sito de los mismos, cuando por ejemplo conclu\u00eda con la existencia de una providencia particular sobre Israel. Ello supon\u00eda que hab\u00eda admitido antes la existencia de un autor del cosmos que fuera moral, que pudiera interesarse en la humanidad y realizar en ella sus planes, &#8211; lo que exclu\u00eda por eso mismo a varias filosof\u00edas, la del devenir en particular. Pero expresaba estos postulados; m\u00e1s a\u00fan, trataba sin descanso de probarlos por el ejercicio \u00edntegro de la raz\u00f3n que se llama la filosof\u00eda; no los hac\u00eda intervenir subrepticiamente en el curso de su trabajo hist\u00f3rico. Y tampoco los presentaba al c\u00e1ndido lector como datos que hubiese extra\u00eddo de sus observaciones cient\u00edficas o hist\u00f3ricas. \u00abNo reprochamos al Sr. Loisy, escrib\u00eda en 1909, tener un prejuicio: la historia, ciencia moral, no puede prescindir de un prejuicio de la clase que sea. La Iglesia tiene uno y lo sabe. El Sr. Loisy tiene uno tambi\u00e9n, y ser\u00eda de buen tono reproch\u00e1rselo, ya que no parece reconocerlo.\u00bb<\/p>\n<p>Entre estos a priori en los que si inspira el \u00abm\u00e9todo puramente cient\u00edfico\u00bb, figura en primera l\u00ednea la negativa a reconocer un milagro.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget admit\u00eda que, en el plano de la historia, no se puede encontrar un milagro, pero eso era en un sentido muy preciso y que no se podr\u00eda discutir. El historiador, en cuanto historiador, no debe pronunciarse sobre la cuesti\u00f3n de saber si un suceso es posible o imposible, veros\u00edmil o inveros\u00edmil, natural o preternatural. Desde el punto de vista de la historia, efectivamente, no existe diferencia de naturaleza entre un milagro y un hecho ordinario. El historiador no conoce m\u00e1s que hechos m\u00e1s o menos bien comprobados. El car\u00e1cter milagroso de estos hechos es objeto de comprobaci\u00f3n. Para sacar la conclusi\u00f3n es necesaria una filosof\u00eda, es decir cierto concepto del orden del mundo.<\/p>\n<p>Pero los historiadores \u00abcr\u00edticos\u00bb no se contentan con callar su filosof\u00eda y con aplicarla en secreto a una comprobaci\u00f3n; hacen intervenir a menudo postulados filos\u00f3ficos en la presentaci\u00f3n del hecho mismo. Si se limitaran a hacer seguir la exposici\u00f3n de los hechos de una interpretaci\u00f3n, o a definir c\u00f3mo les obliga su idea directriz a representarse los hechos, el mal tendr\u00eda alg\u00fan remedio, ya que se podr\u00edan aislar todav\u00eda estos hechos separ\u00e1ndolos de la teor\u00eda que los encuadra y los sostiene. Pero sucede con frecuencia que \u00abel hecho\u00bb sea ya el resultado de una proyecci\u00f3n, y que haya sido objeto de una manipulaci\u00f3n previa. Ser\u00eda interesante estudiar este procedimiento inconsciente por el cual el dato se deforma de tal manera que el problema est\u00e1 ya resuelto en el momento en que se piensa plantear. \u00c9l hab\u00eda puesto el ejemplo de esta \u00abcr\u00edtica de la cr\u00edtica\u00bb en un estudio que con el Sr. J. Chevalier hab\u00eda dedicado en 1909 a los \u00c9vangiles synoptiques del Sr. Loisy. Hab\u00eda intentado determinar c\u00f3mo este comentario estaba lleno de hip\u00f3tesis que el autor poco a poco convierte en afirmaciones o casi afirmaciones, \u00absin servirse de otra cosa que de un peque\u00f1o n\u00famero de a priori ya filos\u00f3ficos, ya cr\u00edticos no confesados\u00bb. Y entre estos principios hab\u00eda distinguido, fuera de la negaci\u00f3n del milagro, ese postulado m\u00e1s sutil y que estaba destinado a un hermoso porvenir: \u00abCuando un hecho representa una idea, puede suceder que haya sido inventado el hecho por la idea\u00bb \u2013 lo que lleva a rechazar en el campo de los mitos todos los hechos significativos, es decir todos los hechos religiosos.<\/p>\n<p>En ello hab\u00eda una indicaci\u00f3n llena de inter\u00e9s sobre esta \u00e9tica de la cr\u00edtica que habr\u00e1 que construir bien alg\u00fan d\u00eda. Suficiente sobre este punto.<\/p>\n<p>b)\u00a0 Una disposici\u00f3n de la voluntad.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget, hemos dicho, se daba cuenta de que las razones de creer, por fuertes que fuesen, no pod\u00edan obligar ni siquiera persuadir a la voluntad; eran necesarias, dec\u00eda, pero no necesitantes,\u00a0 porque hay siempre sombras al lado de la luz, y a la voluntad d\u00e9bil le gusta habitar en las sombras.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLas razones de creer son suficientes, no obligantes.\u00a0 En matem\u00e1ticas, hay razones que se imponen. Mientras que en religi\u00f3n son s\u00f3lo suficientes. Se ha de poner voluntad. Lo que nos dirige no es la ciencia, sino la prudencia. Existen oscuridades y por necesidad. Porque el cristianismo no nos lanza s\u00f3lo a Dios, sino al interior mismo de Dios. En suma, tenemos pruebas, tenemos sombras: habr\u00e1 que situarse del lado de las pruebas\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.) La mentalidad y la discreci\u00f3n divina. Dios educador. 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