{"id":27714,"date":"2014-03-06T09:17:31","date_gmt":"2014-03-06T08:17:31","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=27714"},"modified":"2016-07-26T09:44:34","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:34","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-vi\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (VI)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.)<\/h2>\n<h3>III. Los dos aspectos de la Biblia<\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Se puede considerar la Biblia bajo dos aspectos: primero como la colecci\u00f3n de los escritos tenidos por sagrados por las comunidades jud\u00edas o cristianas, luego como un libro \u00abinspirado\u00bb por el Esp\u00edritu Santo para darnos la ense\u00f1anza religiosa verdadera. Pero el cr\u00edtico, como tal, no puede estudiar la Biblia m\u00e1s bajo el primero de estos dos aspectos, ya que no reconoce ni puede reconocer de antemano otra autoridad que la de la raz\u00f3n para fijar el valor de los testimonios hist\u00f3ricos sobre los cuales se funda la fe.<\/p>\n<p>Ya hemos hablado de la diferencia del punto de vista de los te\u00f3logos y de los ex\u00e9getas; pero esta oposici\u00f3n, seg\u00fan acabamos de verlo bajo distintos aspectos, no carece de mediaci\u00f3n ni de remedio. Mucho m\u00e1s profunda e irremediable, al menos en apariencia, es la que enfrenta a unos contra otros a los ex\u00e9getas cat\u00f3licos y a los ex\u00e9getas no creyentes. De ambas partes se arrojan a la cabeza ep\u00edtetos desagradables. Los creyentes hablando de la ex\u00e9gesis \u00abracionalista\u00bb, quieren decir que esta ex\u00e9gesis es v\u00edctima de los prejuicios; los no creyentes pretenden no tener en cuenta las opiniones formuladas por los ex\u00e9getas cat\u00f3licos que est\u00e1n atados a las posiciones decididas de la fe y a los decretos de las Congregaciones. Y con mucha frecuencia, existe entre estas dos tendencias extremas no s\u00e9 qu\u00e9 clase de conspiraci\u00f3n. Y sus abogados concuerdan en pensamientos de este g\u00e9nero: \u00ab\u00bfNo es la Biblia un libro sagrado? \u00bfAcaso no es imprudente someter la palabra divina a operaciones de cr\u00edtica humana, como si se la pusiera en duda? Si no queremos reconocer otra se\u00f1al de verdad que los criterios de la cr\u00edtica, \u00bfno ser\u00eda esto falta de fidelidad o al menos de confianza en la autoridad de la Iglesia? Una de las dos cosas: o bien los resultados de lo que vosotros llam\u00e1is la cr\u00edtica ser\u00e1n parecidos a la ense\u00f1anza de la Iglesia, en cuyo caso todo este trabajo es in\u00fatil; o bien ser\u00e1n diferentes, ya que no opuestos, y entonces todo este trabajo resulta peligroso y la fe corre el riesgo de irse al fondo con la disciplina. Vosotros quer\u00e9is interpretar la Biblia, y nos parece bien. Pero esta interpretaci\u00f3n no puede llevarse acabo por vuestra iniciativa privada: ser\u00eda el principio mismo del protestantismo. La Biblia no est\u00e1 sometida al examen privado y a la autoridad de la raz\u00f3n. Fue confiada a la Iglesia, de la que procede y la que sola tiene la calidad para explicarla y para aplicarla. Si pues los cat\u00f3licos se dedican a la cr\u00edtica, no ser\u00e1 por otra cosa que por una cr\u00edtica provisional y controlada, cuyos resultados ser\u00e1n sometidos a la autoridad de la Iglesia. Si la Iglesia los acepta y los reconoce como conformes a su tradici\u00f3n, entonces se podr\u00e1n ense\u00f1ar y se declarar\u00e1n s\u00f3lidos. Si los rechaza, los cat\u00f3licos no tendr\u00e1n derecho de proponerlos y deber\u00e1n considerarlos como inexactos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta razonamiento ha sido hecho por dos categor\u00edas de pensadores. Por pensadores creyentes, muy unidos a la Tradici\u00f3n, muy sometidos a la autoridad eclesi\u00e1stica, y que no han cre\u00eddo posible conciliar la independencia del cr\u00edtico y la fidelidad del creyente. Por pensadores incr\u00e9dulos (por todos los pensadores incr\u00e9dulos ser\u00eda m\u00e1s exacto), que echan en cara a los ex\u00e9getas cat\u00f3licos: \u00abVosotros no sois libres. La soluci\u00f3n que busc\u00e1is ya la conoc\u00e9is antes; est\u00e1is sometidos a una disciplina, a una tradici\u00f3n. Estas no son condiciones favorables al trabajo cient\u00edfico. El esp\u00edritu mismo de la ciencia es el de un examen libre. Aunque quisierais intentar con nosotros este examen, no lo podr\u00edais. Os compadecemos, os respetamos, pero no podemos dejar de\u00a0 teneros por sospechosos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta objeci\u00f3n es grave. El Sr. Pouget la atacaba de frente con los ojos del esp\u00edritu: y he aqu\u00ed, en resumen, c\u00f3mo respond\u00eda:<\/p>\n<p>La Iglesia nos ense\u00f1a que los libros que componen el Antiguo Testamento no son obra exclusiva del hombre, sino que Dios intervino en su composici\u00f3n de una manera necesariamente misteriosa pero tambi\u00e9n soberanamente eficaz. En el s\u00edmbolo de Nicea completado en Constantinopla, se canta que \u00abel Esp\u00edritu Santo habl\u00f3 por los profetas\u00bb, y se ha admitido siempre en la Iglesia que \u00abel \u00fanico y mismo Dios es el autor del Antiguo y Nuevo Testamento, porque los santos de uno y otro Testamento hablaron bajo la inspiraci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu Santo\u00bb. En consecuencia, y est\u00e1 tambi\u00e9n definido, la Iglesia tiene por sagrados los libros escritos en estas condiciones \u00abno ya porque despu\u00e9s de ser compuestos por el \u00fanico genio del hombre, recibieron luego su aprobaci\u00f3n, ni s\u00f3lo porque contienen la Revelaci\u00f3n sin error, sino porque, escritos bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, tienen a Dios por autor y fueron transmitidos como tales a la Iglesia\u00bb. Los Padres del Concilio expresaban la fe com\u00fan\u00a0 y constante de la Iglesia cat\u00f3lica y de esta pre-Iglesia que hab\u00eda sido el pueblo jud\u00edo, en sus libros sagrados: repet\u00edan las expresiones mismas de san Pablo para quien \u00abtoda Escritura est\u00e1 divinamente inspirada\u00bb (II Tim., III, 15-16).<\/p>\n<p>Pero las indicaciones que acabamos de hacer denotan tambi\u00e9n la libertad que esta definici\u00f3n deja para investigar. Cuando san Pablo ense\u00f1a a Timoteo que toda Escritura est\u00e1 divinamente inspirada, ense\u00f1anza que conserva la Iglesia, no se funda de ninguna manera en un examen del contenido de los textos sagrados, como si la inspiraci\u00f3n fuera una cualidad observable y controlable por la experiencia humana. Ense\u00f1a con autoridad, como una verdad que forma parte del dep\u00f3sito de fe, que la Escritura es inspirada y propia para llevar el consuelo moral, un profundo aliento y los medios aut\u00e9nticos de ense\u00f1anza religiosa.<\/p>\n<p>Pues bien, es de notar que para determinar este car\u00e1cter de los escritos sagrados, la Iglesia cat\u00f3lica no se fund\u00f3 en la observaci\u00f3n y en la experiencia, sino que actu\u00f3 por la autoridad soberana que Cristo le dej\u00f3. La inspiraci\u00f3n de un escrito no deja en \u00e9l ninguna se\u00f1al que permita a un lector reconocerla con seguridad; existen escritos no inspirados que son m\u00e1s piadosos que tal o cual pasaje, ciertamente inspirado, del Antiguo Testamento. El Lev\u00edtico por ejemplo, que es un libro inspirado, es infinitamente menos rico en valores espirituales que la Imitaci\u00f3n de Jesucristo, que no es inspirada. Todos saben que los libros hist\u00f3ricos del Antiguo Testamento contienen relatos que no nos edifican apenas, lo que ha dado siempre pie a los incr\u00e9dulos para montar un arsenal de objeciones f\u00e1ciles.<\/p>\n<p>Esto no era tampoco un m\u00e9todo nuevo entre los cristianos. Al Sr. Pouget le gustaba apuntar que es, no por ser libros santos, sino por ser libros hist\u00f3ricos, por lo que los libros b\u00edblicos constituyen y han constituido siempre la base del judeo-cristianismo. En efecto, a pesar de su gran adhesi\u00f3n a la Biblia como libro divino o inspirado, los cristianos han juzgado siempre la verdad hist\u00f3rica de los hechos b\u00edblicos y sobre todo de los hechos evang\u00e9licos como la \u00fanica base inquebrantable de la verdad de sus doctrinas religiosas. En nuestros tiempos, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l, este modo de ver domina m\u00e1s que nunca, y se puede decir con raz\u00f3n que, si la Biblia no fuera inspirada, no se habr\u00eda logrado la solidez de nuestra fe; s\u00f3lo la piedad de los fieles experimentar\u00eda por ello un sensible da\u00f1o.<\/p>\n<p>Concluiremos de estas anotaciones que el dogma de la inspiraci\u00f3n de las Escrituras supone ya recibida la idea de la misi\u00f3n divina de Jes\u00fas de Nazaret as\u00ed como la idea de la transmisi\u00f3n de sus divinos poderes a la sociedad religiosa de la que son cabezas los sucesores de Pedro. No se puede pues, sin caer en c\u00edrculo vicioso, sacar argumento de la inspiraci\u00f3n de las Evangelios o de las Ep\u00edstolas para probar la misi\u00f3n de Jesucristo, ya que la definici\u00f3n de la inspiraci\u00f3n implica que se acepte ya la autoridad divina de la Iglesia. Lo cual hac\u00eda decir al Sr. Pouget: la inspiraci\u00f3n es m\u00e1s dif\u00edcil de definir y de probar que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Pero, como historiador, y en los comienzos del trabajo cr\u00edtico, no ten\u00eda que preocuparse por la inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, los estudios religiosos nos demuestran con evidencia que los jud\u00edos y los cristianos no son los \u00fanicos en hablar de libros \u00absagrados\u00bb redactados por enviados celestiales. Varias de las grandes religiones tienen por origen una misi\u00f3n tenida por divina.<\/p>\n<p>Las ense\u00f1anzas de estos enviados divinos cuya existencia misma es a veces muy problem\u00e1tica se han conservado en las memorias, luego consignado en libros que se ten\u00edan por sagrados y que, desde entonces, constitu\u00edan autoridad para determinar la creencia o la pr\u00e1ctica. Citemos el Avesta en el Mazde\u00edsmo, los libros vedas en el Budismo, los libros sibilinos en la antigua religi\u00f3n romana, el Cor\u00e1n en el Islam. La Biblia, bajo este punto de vista, no es m\u00e1s que una especie en un g\u00e9nero. \u00bfCon qu\u00e9 derecho otorgar un derecho de favor, antes de todo examen, a los libros judeo-cristianos? Ser\u00eda imitar en otro g\u00e9nero a los que, antes de todo examen, proclaman que tal milagro no tuvo lugar, porque no ha podido tener lugar. La cr\u00edtica, cuando es verdadera, prohibe esta actitud. Sin duda, todo lo que conocemos del cristianismo nos lleva a estudiar estos documentos con simpat\u00eda; la pureza que se advierte en los efectos que constatamos debe encontrarse con toda probabilidad de alg\u00fan modo en las causas; pero s\u00f3lo es una presunci\u00f3n, que no puede servir de prueba, as\u00ed como las religiones se perfeccionan frecuentemente y tienen m\u00e1s valor que los textos sagrados que ellas conservan, textos a veces tan antiguos que se refieren a costumbres todav\u00eda rudimentarias, o a pr\u00e1cticas todav\u00eda primitivas. El Sr. Pouget estudiaba pues estas fuentes y estos textos con los m\u00e9todos ordinarios en la cr\u00edtica hist\u00f3rica, filos\u00f3fica y moral y, con los debidos respetos, como un texto de los Vedas, de Confucio o del Cor\u00e1n.<\/p>\n<p>De este estudio extra\u00eda la idea de que la Biblia no era un libro sagrado parecido a los otros, y pod\u00eda definirla \u00abcomo una colecci\u00f3n de libros hist\u00f3ricos de los m\u00e1s serios, si bien escritos al modo oriental, y que atestiguaban para \u00e9pocas determinadas la existencia de ciertos sucesos, los cuales, interpretados por una sana filosof\u00eda, sirven de base racional a la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb. Y dec\u00eda asimismo: \u00abLos documentos no han hecho la Iglesia, sino que son custodiados por la Iglesia. Los testigos eran de una fidelidad excepcional. Los documentos son la Iglesia que toma conciencia de ella misma. Yo los estudio como documentos conservados por testigos que no quer\u00edan que se falsificaran. Las Cartas de san Pablo son en esto un famoso testimonio.<\/p>\n<p>El m\u00e9todo que consiste en probar la religi\u00f3n, no por la Escritura en cuanto inspirada sino por la Escritura en cuanto que contiene historia, es el \u00fanico que establezca sin petici\u00f3n de principio el valor de los documentos sobre los que descansa la fe cristiana, y ha llegado de hecho a sacar a luz el car\u00e1cter \u00fanico y verdaderamente incomparable de la Biblia. Era el m\u00e9todo que Pascal ensayaba, pero con materiales a menudo dudosos e insuficientes, puesto que la cr\u00edtica b\u00edblica se encontraba todav\u00eda en la infancia. En nuestro tiempo, este m\u00e9todo es el \u00fanico que toleran nuestros contempor\u00e1neos, y sus exigencias son fecundas para la fe. Todos los libros sagrados de las otras religiones se han venido abajo: ninguno de ellos ha resistido a la cr\u00edtica. Solamente la Biblia ha permanecido, en su conjunto, como una roca inconmovible.<\/p>\n<p>Queda por decir una palabra sobre una objeci\u00f3n que se pod\u00eda hacer al Sr. Pouget entre los creyentes. Su m\u00e9todo le expon\u00eda en efecto a no tomar en consideraci\u00f3n tal o cual decreto disciplinario que versaba sobre la ense\u00f1anza de la Escritura en las escuelas: por ser fiel a su cr\u00edtica rigurosa estaba en la obligaci\u00f3n de ignorarlo. Pero a los reproches que se le pod\u00edan hacer en este asunto, respond\u00eda del modo siguiente, que consideraba irreprochable: si hubi\u00e9ramos tenido por objeto la ense\u00f1anza de la fe al com\u00fan de los fieles en medios creyentes, habr\u00edamos tenido que seguir las decisiones que sirven de regla a toda ense\u00f1anza. Pero teniendo nuestro trabajo por misi\u00f3n llevar a los incr\u00e9dulos a la fe cat\u00f3lica y legitimar la autoridad del Cuerpo de los Pastores que gobierna la Iglesia, hemos debido adoptar como punto de partida un terreno naturalmente accesible a los incr\u00e9dulos, terreno que no pueden rechazar, ya como muy favorable a nuestra tesis, ya como comprensivo de las directrices de una autoridad que ellos no reconocen a\u00fan. Al limitar nuestro punto de partida a los resultados sobre los que los cr\u00edticos moderados, en las diversas confesiones cristianas, pueden desde ahora entenderse, partimos de datos que los incr\u00e9dulos mismos no querr\u00edan rechazar sin renunciar a un uso tranquilo y regular de la raz\u00f3n, y nosotros nos ponemos en un plano com\u00fan. Hay que confesarlo, para nosotros la posici\u00f3n es menos favorable que si hubi\u00e9semos partido de los datos com\u00fanmente admitidos entre los fieles sobre la Biblia. Pero si, al partir desde esta posici\u00f3n desventajosa, llegamos de todas formas al fin, como lo pensamos, y sobre todo como nos lo han afirmado voces autorizadas y desinteresadas, es una prueba de m\u00e1s a favor de la solidez del edificio cat\u00f3lico. Lo que acent\u00faa todav\u00eda el valor de nuestra prueba es que, en caso de desacuerdo de los bibli\u00f3grafos sobre la fecha de los documentos, hemos elegido el partido menos favorable a nuestro prop\u00f3sito y nunca hemos sacado de los textos m\u00e1s que el m\u00ednimo del contenido.<\/p>\n<p>Esto quedar\u00e1 en claro por la regla del m\u00ednimum que vamos a exponer ahora.<\/p>\n<h3>IV. La regla del m\u00ednimum<\/h3>\n<p>Cuando se quiere conocer con certeza el sentido de un texto, con el fin de evitar todo riesgo de supervaloraci\u00f3n, es necesario determinar el m\u00ednimum de su contenido.<\/p>\n<p>Que se nos permita ordenar el tipo del razonamiento que empleaba el Sr. Pouget de una manera tan frecuente:<\/p>\n<p>Tengamos un texto. Quiero determinar su contenido, es decir saber lo que su autor ha querido deducir, inducir, testimoniar y por lo tanto ense\u00f1ar. Este contenido puede ser A1, A2, A3 y yo supongo que A3 contiene m\u00e1s ense\u00f1anza que A2,\u00a0 y A2 m\u00e1s que A1. Entonces, estoy absolutamente seguro de A1, menos de A2, todav\u00eda menos de A3. En estas condiciones debo razonar como si A1 fuera la \u00fanica ense\u00f1anza contenida en mi texto, o m\u00e1s exactamente debo decir que este texto tiene por contenido al menos A1. En efecto, si tomo A3 por contenido del texto, me arriesgo a basar mi razonamiento y mi certeza en un fundamento fr\u00e1gil, y hasta inexistente; y apoyarme no en lo que el texto me dice, sino en lo que yo pongo en \u00e9l. Ante el riesgo de equivocarse, vale m\u00e1s que sea por prudencia que por imprudencia, por restricci\u00f3n que por exceso.<\/p>\n<p>Este m\u00e9todo de prudencia no es natural a la mente humana. Todo nos lleva a cargar un texto con su contenido m\u00e1ximo, y \u00e9sa es una de las causas de los malentendidos que nos enfrentan. En el terreno religioso lo sobrenatural es sobrevalorado con frecuencia: parece como si fuera hacerle honor. El Sr. Pouget cre\u00eda que por el contrario hab\u00eda que minimizarlo cuando se carec\u00eda de raz\u00f3n cierta y transmisible. Pensaba que actuando as\u00ed, le hac\u00eda m\u00e1s honor todav\u00eda, puesto que no s\u00f3lo lo respetaba m\u00e1s a\u00fan, sino que alejaba todo motivo de darle por sospechoso.<\/p>\n<p>Para hacer comprender este m\u00e9todo del m\u00ednimum, demos algunos ejemplos significativos:<\/p>\n<p>1\u00ba En su trabajo sobre el origen sobrenatural de la Iglesia cat\u00f3lica seg\u00fan los datos de la historia, por lo general, no se sirve del Evangelio de san Juan cuando quiere establecer la divinidad de Cristo. Este silencio que extra\u00f1aba a algunos era sin embargo una aplicaci\u00f3n de la regla. En efecto todos est\u00e1n de acuerdo en reconocer que el Evangelio de san Juan data de finales del primer siglo. Adem\u00e1s, algunos ex\u00e9getas que no se han de menospreciar han admitido que el cuarto Evangelio conten\u00eda no tanto las palabras mismas del Se\u00f1or como las conclusiones teol\u00f3gicas que cincuenta a\u00f1os de reflexi\u00f3n, de oraci\u00f3n y de vida hab\u00edan permitido sacar de sus palabras y de sus actos.<\/p>\n<p>No quiero decir que fuera \u00e9sa la opini\u00f3n del Sr. Pouget sobre el Evangelio de Juan; era mucho m\u00e1s matizada, y los trabajos del P. Lagrange en particular le hab\u00edan convencido de que el Evangelio espiritual era tambi\u00e9n un evangelio hist\u00f3rico de una gran precisi\u00f3n. Pero como cre\u00eda que la primera tesis pod\u00eda ser sostenida con toda raz\u00f3n, ten\u00eda por m\u00e1s prudente y por consiguiente razonable dejar a un lado el Evangelio de Juan, cuando se trataba de establecer la fe de todas las comunidades cristianas. Valoraba pues los actos, las palabras de Jes\u00fas en san Juan al menos como testimonios sobre la fe de la comunidad efesina y de las iglesias de Asia al final del primer siglo.<\/p>\n<p>2\u00ba El Sr. Pouget pon\u00eda gran cuidado en atender a los art\u00edculos griegos. Dec\u00eda que el griego era una lengua muy precisa, y que, cuando no determinaba es que el objeto de que hablaba era indeterminado, que deb\u00eda entonces traducirse por un y no por el. As\u00ed el famoso texto de la Segunda Carta de Pedro, I, 4: divinae consortes naturae, que se traduce como \u00abparticipantes de la naturaleza divina\u00bb, \u00e9l lo traduc\u00eda: \u00abparticipantes de una naturaleza divina\u00bb, siempre en aplicaci\u00f3n de esta regla del m\u00ednimum[1] As\u00ed la exclamaci\u00f3n del centuri\u00f3n: \u00abEste hombre era verdaderamente el Hijo de Dios\u00bb se ve\u00eda llevada a proporciones m\u00e1s humanas: \u00abeste hombre era verdaderamente el hijo de un dios\u00bb (Mar., XV, 39; cf. Luc., XXIII, 48).<\/p>\n<p>De esta forma, advirtiendo que san Lucas, no m\u00e1s que san Pablo, no emplea indiferentemente pneuma agion y to pneuma to agion que la primera expresi\u00f3n designa un esp\u00edritu santo, es decir un efecto del Esp\u00edritu Santo, y la segunda al Esp\u00edritu Santo transcendente y actuando[1](as\u00ed Luc., IV, 1, 2 y He., II, 4,5). El Sr. Pouget hab\u00eda tratado de\u00a0 sacar de ah\u00ed un estudio de las relaciones de las personas en la Trinidad y de la habitaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en las almas.<\/p>\n<p>3\u00ba Daba reglas comparables en lo que concierne a la interpretaci\u00f3n de las definiciones conciliares.<\/p>\n<p>Recordaba en primer lugar que los c\u00e1nones o definiciones de los concilios son los \u00fanicos irreformables e infalibles, pero no las consideraciones y los cap\u00edtulos que los preceden y los preparan. Y ello por una raz\u00f3n profunda sacada de la instituci\u00f3n de la Iglesia: la Iglesia no es infalible por las causas que propone, sino por la autoridad divina con la que ense\u00f1a. Los considerandos de los concilios y de las definiciones pontificias deben ser examinados con el mayor respeto, pero al fin y al cabo estos considerandos no comprometen la infalibilidad de la Iglesia. Tambi\u00e9n, a fin de probar la existencia del episcopado como distinto del simple sacerdocio, los Padres de Trento (XXIII, cap. 4) alegan el vers\u00edculo 28 del cap\u00edtulo XX de los \u00a0Hechos: Spiritus sanctus posuit episcopos regere Ecclesiam Dei. Pues estos episcopi del \u00a0vers\u00edculo 28 son los presb\u00edteros de la Iglesia de \u00c9feso del vers\u00edculo 17, quienes, aun teniendo colectivamente la plenitud del sacerdocio, no eran obispos mon\u00e1rquicos en el sentido en el que lo entiende el concilio.<\/p>\n<p>4\u00ba En cuanto a las definiciones mismas, para comprenderlas bien, es decir para evitar comprometer a la Iglesia en lo que ella misma no se compromete, no se debe ir m\u00e1s all\u00e1 de la letra ni de la intenci\u00f3n del decreto conciliar. En general estas definiciones son condenaciones; los Padres tienen ante los ojos una doctrina bien conocida que se propaga p\u00fablicamente entre los fieles y que no puede ser detenida m\u00e1s que por una condenaci\u00f3n solemne. Es a estos errores a los que apuntan los c\u00e1nones conciliares, y no existe el derecho de extender su significado fuera del campo de estos errores, a no ser que los Padres hayan dicho expl\u00edcitamente que sus c\u00e1nones no est\u00e1n limitados por los errores apuntados, cosa que no se ha hecho al menos hasta el presente. El dogma cat\u00f3lico gana siempre en precisi\u00f3n por estas condenas, pero esta precisi\u00f3n se produce generalmente por negaci\u00f3n. Se nos dice lo que no es; a nosotros nos toca determinar lo que es, bajo nuestra responsabilidad.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget expon\u00eda con gusto el ejemplo siguiente: Nestorio (o m\u00e1s bien sus adeptos) explicaba la unidad de Cristo por una uni\u00f3n \u00edntima, una especie de amistad perfecta entre el Logos divino y Jes\u00fas de Nazaret. Esta manera de ver, que destru\u00eda la Encarnaci\u00f3n, fue condenada en \u00c9feso; Eutiques intervino y sostuvo que las dos naturalezas, divina y humana, distintas antes de la Encarnaci\u00f3n, formaban entonces una mezcla, lo que tambi\u00e9n se conden\u00f3. Cristo no es pues uno al modo de Nestorio, dec\u00eda el Sr. Pouget, tampoco lo es al modo de Eutiques: \u00bfC\u00f3mo es uno?\u00a0 No se nos dice, y nunca se nos dir\u00e1. Ser\u00eda suprimir el misterio.<\/p>\n<p>El concilio, en los casos m\u00e1s ordinarios, define condenando, y \u00aba menos que no nos lo diga, si se quiere saber su pensamiento, se ha de examinar con rigor el cu\u00f1o de la herej\u00eda\u00bb. Cierto que el canon del concilio contempla una materia absoluta, ya que es divina, pero la redacci\u00f3n no por ello deja menos de depender de circunstancias muy complejas de tiempo, de\u00a0 lugar y de personas afectadas por la definici\u00f3n. Si se aplica aqu\u00ed el m\u00e9todo matem\u00e1tico, se hallar\u00e1, con la mejor fe del mundo, frente a una definici\u00f3n de trav\u00e9s, algo grave, ya que las definiciones son a menudo las premisas en las que descansa el razonamiento del te\u00f3logo. As\u00ed, en la profesi\u00f3n de fe firmiter credimus del IV concilio general de Letr\u00e1n, dirigida contra los Albigenses, podemos leer simul ab initio temporis (Deus) utramque de nihilo condidit creaturam spiritualem et corporalem, angelicam videlicet et mundanam ac deinde humanam. Si aplicamos el m\u00e9todo intemporal de los matem\u00e1ticos, nos sentiremos inclinados a creer que la Iglesia define en esta frase, como de fe cat\u00f3lica: 1\u00ba la espiritualidad de los \u00e1ngeles y del alma humana; 2\u00ba la\u00a0 creaci\u00f3n del mundo en el tiempo; 3\u00ba la producci\u00f3n simult\u00e1nea de los \u00e1ngeles y del mundo; 4\u00ba la preexistencia de la creaci\u00f3n ang\u00e9lica a la creaci\u00f3n humana. Es incontestable que la primera de estas proposiciones y muy probablemente la segunda pertenecen a la fe, pero \u00bftuvo el concilio la intenci\u00f3n de definirlas? No lo sabremos mientras no conozcamos el error atacado. Ahora bien, los herejes condenados en Letr\u00e1n negaban que Dios fuera el autor de la materia, que para ellos era esencialmente mala. Es pues prudente limitar la definici\u00f3n infalible a la negaci\u00f3n de este punto. En cuanto a la creaci\u00f3n temporal, \u00e9l hac\u00eda observar que no ser\u00eda definida m\u00e1s que cuando los Albigenses la hubiesen negado, cosa que\u00a0 \u00e9l ignoraba.<\/p>\n<p>Advert\u00eda tambi\u00e9n que la expresi\u00f3n Bereshith bara Eloihim&#8230; (al principio Dios cre\u00f3 el cielo y la tierra) deber\u00eda traducirse a la letra: \u00aben un principio Dios cre\u00f3&#8230;\u00bb , lo que es m\u00e1s vago, y tambi\u00e9n, si se punt\u00faa de otra manera, \u00bb en un principio de crear&#8230;\u00bb, lo que es m\u00e1s vago a\u00fan, de manera que este pasaje, tomado en s\u00ed, pod\u00eda, seg\u00fan el Sr. Pouget, no excluir la idea de una creaci\u00f3n intemporal.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el concilio de Viena, se afirma de fe cat\u00f3lica la proposici\u00f3n siguiente: anima rationalis est forma corporis humani per se et essentialiter,\u00a0 &#8211; lo que en general se traduce: el alma racional es por s\u00ed misma y esencialmente la forma del cuerpo humano, pero que a su vez se podr\u00eda traducir: el alma racional es forma (es decir una de las formas) del cuerpo humano. Por causa de la falta de art\u00edculo el texto admite esta doble traducci\u00f3n. El cardenal Zigliara excluye esta segunda interpretaci\u00f3n: \u00bfacaso esto no es decir que el concilio ha incorporado a la fe una tesis de la filosof\u00eda tomista? Pero consideremos la historia de esta \u00e9poca. En este momento, la doctrina de las formas substanciales era la doctrina com\u00fan; santo Tom\u00e1s de Aquino se presentaba como innovador con su idea de una forma \u00fanica. Por otra parte, el error atacado era el de Pierre Jean Olivi. Este padre menor negaba que el alma racional fuera \u00abforma del cuerpo humano\u00bb. En el lenguaje de la \u00e9poca, era decir que se pod\u00eda ser hombre sin tener, en sus principios constitutivos, un alma racional. Al condenar esta opini\u00f3n, que hubiera podido llevar a un nuevo Apolinarismo (cualquiera que hubiese podido ser por lo dem\u00e1s el pensamiento de los padres en particular), el concilio se limitaba a excluir esta teor\u00eda tan peligrosa para la fe, sin querer recomendar y todav\u00eda menos incorporar a la fe una tesis de Escuela, cosa que no se hizo nunca, ni en Trento, el m\u00e1s escol\u00e1stico de los concilios.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget tomaba otro ejemplo de este \u00faltimo concilio. Ten\u00eda que ver con la definici\u00f3n del pecado original. Hab\u00eda dedicado mucho tiempo a estudiar el sentido preciso y el alcance exacto de las definiciones de Trento sobre el pecado original y, aplicando su m\u00e9todo, hab\u00eda intentado conocer los conceptos protestantes sobre la gracia y el pecado. Pero hab\u00eda llegado a un corolario de su principio del m\u00ednimum, corolario quiz\u00e1s muy discutible y que se expresar\u00eda as\u00ed: cuando los herejes y los Padres del Concilio poseen unos y otros ciertos conceptos o representaciones mentales, y estos conceptos o representaciones intervienen en las definiciones, como \u00e9stas no sirven para condenar, ya que son la idea com\u00fan de unos y otros, no se podr\u00eda sacar una definici\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, a los ojos de nuestro autor, para que la teolog\u00eda tenga bases s\u00f3lidas, conven\u00eda que partiera de la cr\u00edtica de los textos escritur\u00edsticos y conciliares. Y ah\u00ed se necesitaba la historia. \u00abPara interpretar una definici\u00f3n dogm\u00e1tica, dec\u00eda, conviene conocer por la historia los errores que se han querido condenar. La autoridad de la Iglesia no se refiere m\u00e1s que a estos errores, y en cuanto a lo dem\u00e1s no estamos obligados. Pues, mientras sea dudoso que mi libertad est\u00e9 encadenada, yo poseo mi libertad.\u00bb En el mismo sentido, le gustaba anotar que las conclusiones aunque un\u00e1nimes de los te\u00f3logos cat\u00f3licos que trabajan conforme a los datos de la Escritura y de los concilios generales no son infalibles por su naturaleza y no comprometen a la Iglesia, ni siquiera cuando no dice nada contra ellas. La autoridad eclesi\u00e1stica deja una gran libertad al trabajo teol\u00f3gico y no reconstruye sus conclusiones hasta que \u00e9stas se convierten pr\u00e1cticamente en peligrosas.<\/p>\n<p>5\u00ba Indiquemos ahora una aplicaci\u00f3n curiosa que hac\u00eda de su m\u00e9todo del m\u00ednimum. Tiene que ver con la pluralidad de las parejas primitivas. En el origen de la humanidad \u00bfhab\u00eda solamente una sola pareja, como se cre\u00eda hasta la mitad del siglo pasado? \u00bfHab\u00eda varias, como algunos sabios se inclinan a creer fund\u00e1ndose en datos positivos? El primer paso es decir que la cuesti\u00f3n ha quedado zanjada por la autoridad divina, en los primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis, luego por la interpretaci\u00f3n un\u00e1nime de los Padres, por la ense\u00f1anza com\u00fan de la Iglesia. Pero aqu\u00ed se presenta un problema delicado. Para afirmar que una autoridad, sea cual fuere, ha respondido a una cuesti\u00f3n presentada, parece requerirse una condici\u00f3n, y es que la autoridad respectiva se haya planteado dicha cuesti\u00f3n expl\u00edcitamente y sobre todo que haya querido darle una respuesta. Por olvidarse de esta regla se ha hecho decir al autor del G\u00e9nesis lo que no hab\u00eda tenido intenci\u00f3n alguna de decir; as\u00ed se extra\u00edan de su texto proposiciones referentes a la astronom\u00eda, a la geolog\u00eda, a la antropolog\u00eda, cuando en estas materias no se preocupa lo m\u00e1s m\u00ednimo de ense\u00f1ar ni de definir, ya que habla seg\u00fan las tradiciones, las opiniones, las apariencias. Todo conduc\u00eda al Sr. Pouget a creer que la Iglesia no ha tomado pues a\u00fan posici\u00f3n sobre el problema siguiente: \u00bfest\u00e1 o no est\u00e1 contenida en el dep\u00f3sito de la fe la unidad de la especie humana? Era entonces, a su modo de ver, al menos para los especialistas, una cuesti\u00f3n libre.<\/p>\n<p>Por otra parte, escrutando la Escritura y tratando de ver en sus traducciones y sus comentarios una precisi\u00f3n filos\u00f3fica rigurosa, advert\u00eda que el primer relato de la creaci\u00f3n, por el que se abre el G\u00e9nesis, una de los fragmentos m\u00e1s bellos del Antiguo Testamento por el vigor del pensamiento, era \u00abm\u00e1s bien favorable\u00bb a la pluralidad de las parejas. En efecto, en este relato, todos los nombres de los seres producidos antes del hombre, est\u00e1n en singular, y no obstante son colectivos. As\u00ed dice Dios: \u00abque la tierra produzca ganado, reptil\u00bb. \u00bfQu\u00e9 sucede en cuanto al hombre? \u00bfVa a hacer decir a Dios el autor: hagamos al hombre (con art\u00edculo, que indicar\u00eda un singular de alguna manera \u00fanico) o hagamos hombre (sin art\u00edculo[1], que deja abierta la cuesti\u00f3n)? A los ojos de nuestro ex\u00e9geta, la palabra b\u00edblica podr\u00eda traducirse de las dos formas, y como es natural, con su forma de ver las cosas amiga de las aperturas, \u00e9l prefer\u00eda la segunda.<\/p>\n<p>6\u00ba Precisamente por esa preocupaci\u00f3n por no ir m\u00e1s all\u00e1 de sus premisas se sent\u00eda empujado a mortificar el apetito de saber. Se contentaba con decir lo que era, lo que se sab\u00eda con certeza, dejando cuando era necesario, y en todo el entorno, amplias bandas de medias tintas o de oscuridad.<\/p>\n<p>\u00abLa historia, dec\u00eda, son los hechos contrastables, es el residuo de la vida de la humanidad. Disponemos de hechos aqu\u00ed y all\u00e1, a veces escasos: as\u00ed para hacer la historia de la Iglesia del siglo segundo, se han perdido muchos documentos. F\u00edjese en el trozo de az\u00facar en la mesa. Si quisiera extender esta mancha blanca por toda la mesa, me enga\u00f1ar\u00eda. No disponemos de hechos consecutivos. Una providencia es una conclusi\u00f3n: &#8216;Visto un conjunto que concurre a un mismo fin, hay una causa&#8217;; se han de hacer cuadros generales, pero con precauci\u00f3n. La historia es un gran territorio desconocido con puntos de referencia a veces cercanos, otras mucho menos\u00bb.<\/p>\n<p>7\u00ba Por fin, esta misma regla ten\u00eda tambi\u00e9n su aplicaci\u00f3n en la cuesti\u00f3n tan dif\u00edcil de la historicidad de los escritos del Antiguo Testamento. El Sr. Pouget hab\u00eda cre\u00eddo desde muy temprano (en la \u00e9poca de su encuentro con Duchesne) que todo lo que tiene apariencia de historia no es forzosamente historia. Repet\u00eda de buen grado que los autores b\u00edblicos conoc\u00eda un g\u00e9nero llamado el midrasch, en el que la historia se cuenta muy libremente y se interpreta para servir de ense\u00f1anza religiosa; que cuando san Pablo habla de los hebreos en el desierto, lo hace con una libertad singular, no viendo, no poniendo por lo menos de relieve m\u00e1s que el sentido aleg\u00f3rico, \u00abla piedra, dice, era Cristo\u00bb ( I Cor., X, 4); que la Carta a los Hebreos es m\u00e1s atrevida todav\u00eda porque se basa en el hecho que Melquisedech, en el G\u00e9nesis, est\u00e1 sin padre, sin madre, sin genealog\u00eda, para hacer de \u00e9l un tipo del Hijo de Dios; y, sin recurrir adem\u00e1s al midrasch y a la alegor\u00eda, es f\u00e1cil mostrar como le gustaba hacerlo, por el examen ajustado de la historia del diluvio, de la huida de Agar y de Ismael, o de la venta de Jos\u00e9 por sus hermanos, que el redactor ha yuxtapuesto dos relatos divergentes sin devanarse los sesos por quitar las contradicciones, lo que hubiera podido hacer \u00abde un plumazo\u00bb. Y tambi\u00e9n le gustaba comparar el relato de un mismo suceso en el registro del libro de Samuel y en el de los Paralip\u00f3menos, con el fin de hacer ver claramente la transposici\u00f3n teol\u00f3gica, o tambi\u00e9n confrontar el libro de Daniel y los documentos extra\u00f1os a la Biblia a prop\u00f3sito del personaje de Nabonides; por fin le agradaba mostrar, como lo veremos m\u00e1s adelante, desde qu\u00e9 punto de vista escriben los apocal\u00edpticos la historia del presente proyectando su imagen en una predicci\u00f3n antigua y tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>De estas premisas sacaba el Sr. Pouget conclusiones variadas. Nunca se le hab\u00eda ocurrido sospechar que la Biblia conten\u00eda \u00abla leyenda teol\u00f3gica\u00bb del juda\u00edsmo. Pero no pod\u00eda admitir que toda historia fuese hist\u00f3rica en el sentido que los modernos dan a esta palabra. La Biblia estaba escrita por profetas, que se preocupaban de leer en el pasado los designios divinos, y de ense\u00f1ar con el relato de esta obra de Dios la verdad moral y religiosa oportuna en su tiempo. Hab\u00eda pues en cada caso y para cada libro una obra de discernimiento que hacer. \u00bfHasta qu\u00e9 punto se certifica por el autor b\u00edblico este hecho? Es lo que hab\u00eda que estudiar, sin que se pudiera llegar siempre a la certeza. Pero en caso de que subsistiera la duda, no ser\u00eda posible basarse en estos hechos para apoyar en ellos un argumento s\u00f3lido.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda relacionar con esta cuesti\u00f3n la de la autenticidad humana de los Libros sagrados. Que tal libro del Antiguo Testamento haya sido escrito por tal autor y no por otro, es indiferente para el objeto de la Escritura, que es, record\u00e9moslo, la ense\u00f1anza religiosa. Con todo, indicaba enseguida el Sr. Pouget, la Escritura podr\u00eda hablar del autor como de un hecho que pertenece a la historia, entonces la autenticidad humana del libro, sin ser dogm\u00e1tica propiamente, ser\u00eda una cosa inspirada. Pero de hecho, si tenemos presente la ense\u00f1anza de los Concilios, sobre todo si permitimos que la Escritura y los Padres se comenten por s\u00ed mismos, veremos que la autenticidad humana tra\u00eda sin cuidado a los hombres de Dios, salvo el caso en que una atribuci\u00f3n diferente pod\u00eda poner en jaque a los ojos de algunos la autenticidad divina de un escrito: eso es lo que pas\u00f3 cuando algunos Padres de Trento pidieron que la Carta a los Hebreos fuera atribuida categ\u00f3ricamente a san Pablo, lo que por otra parte no se les concedi\u00f3. A los ojos de los autores de la Biblia es el Esp\u00edritu Santo quien es el grande y \u00fanico autor. \u00bfAcaso se alegar\u00e1 que Cristo, en un caso, zanj\u00f3 la cuesti\u00f3n cuando atribuye el Pentateuco a Mois\u00e9s ( Jn., V, 45-47)? Pero aparte de que Jes\u00fas no ten\u00eda presente una pura cuesti\u00f3n de cr\u00edtica, puede considerar a Mois\u00e9s como legislador y no como autor literario; la regla del m\u00ednimum nos aconsejar\u00eda atenernos con preferencia a la primera consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto a la cuesti\u00f3n tan delicada de los milagros del Antiguo Testamento, tambi\u00e9n la trataba con un esp\u00edritu original. Aunque argumentase para los incr\u00e9dulos, no habr\u00eda permitido nunca decir que tal relato prodigioso, escrito varios siglos despu\u00e9s del suceso, era sustancialmente legendario. Se limitaba a constar que dada la concepci\u00f3n oriental y b\u00edblica de la historia este relato pod\u00eda ser midr\u00e1sico ya en su totalidad ya en parte, y que por lo tanto no hab\u00eda que apoyarse en \u00e9l para probar la religi\u00f3n como en un documento hist\u00f3rico en el sentido moderno de esta palabra,\u00a0 &#8211; sobre todo si se estaba todav\u00eda fuera de la Iglesia y no se dispusiera m\u00e1s que de su sola raz\u00f3n. Que si la autoridad divina de la Iglesia fuera probaba de otra forma, es decir por hechos correctamente comprobados, y por otro lado esta autoridad hubiera definido con claridad que la historicidad de uno de estos hechos dudosos pertenec\u00eda al dep\u00f3sito de la fe, entonces el caso habr\u00eda sido diferente. Es de advertir que los hechos sobre los que se apoyaba la fe de los ap\u00f3stoles, eran hechos comunes, hechos p\u00fablicos, hechos repetidos de diversas formas de los que los ap\u00f3stoles hab\u00edan sido testigos; sus testimonios eran m\u00faltiples, continuos, convergentes, como se ve por ejemplo al confrontar los relatos de las apariciones del resucitado: por consiguiente la cr\u00edtica hist\u00f3rica ten\u00eda aqu\u00ed las garant\u00edas necesarias.<\/p>\n<p>Si llegu\u00e9 a comprender bien su m\u00e9todo, creo que supon\u00eda una distinci\u00f3n entre lo hist\u00f3rico y lo real. Llamo real a lo que pas\u00f3 e hist\u00f3rico a lo que presenta adem\u00e1s garant\u00edas de autenticidad bastante serias para encontrarnos en condiciones de convencer a una mente recta. Est\u00e1 claro que la mayor parte de los sucesos que acaecen en cada conciencia y que componen su historia son reales sin por ello ser hist\u00f3ricos aunque tengan a la conciencia como \u00fanico testigo: en este sentido es como los historiadores han llegado a definir periodos prehist\u00f3ricos. Un hecho puede ser verdadero sin ser comprobado seg\u00fan las reglas, y sabido es que hay a menudo cantidad de verdad en las leyendas. Las excavaciones de Hissarlik dan la raz\u00f3n a Homero; las de Creta autorizan a creer que hab\u00eda contenido en la historia del Minotauro y del laberinto, y las de Ostia muestran el inter\u00e9s arqueol\u00f3gico de Virgilio. Por lo dem\u00e1s, si no nos qued\u00e1ramos en la historia humana, sobre todo en la historia religiosa, m\u00e1s que con los hechos p\u00fablicos comprobados por testimonios convergentes, la historia ser\u00eda con toda probabilidad muy corta. En el punto de vista cr\u00edtico en que nos hallamos, lo que importa esencialmente es no poner en el mismo plano de verdad lo que no presenta el mismo grado objetivo de certeza.<\/p>\n<p>Se adivina qu\u00e9 servicios reales pod\u00eda prestar este m\u00e9todo en la controversia, no hablo aqu\u00ed de esa controversia edificante que no trata de aplastar sino de convencer. \u00bfNo se fundaba de alguna manera en la naturaleza de la mente humana? \u00bfAcaso no existe en toda afirmaci\u00f3n un n\u00facleo de verdad necesaria y tambi\u00e9n una envoltura de opini\u00f3n libre que procede de nuestra l\u00f3gica, de nuestras vistas, de nuestro lenguaje, de nuestras im\u00e1genes y que,\u00a0 aun siendo verdad, no querr\u00eda imponerse con igual fuerza, acaso no era eso lo que hab\u00eda presentido Plat\u00f3n al hablar de la opini\u00f3n verdadera? Y por ello, acaso no consiste el verdadero m\u00e9todo en introducir en el estudio de los juicios pronunciados por los hombres esa distinci\u00f3n de los planos y esas articulaciones en profundidad que permiten satisfacer el deseo famoso de san Agust\u00edn: in dubiis libertas, in necessariis unitas? Volveremos a ver pronto el mismo problema en nuestro camino cuando tengamos que hablar de la \u00abmentalidad\u00bb y sus relaciones con \u00abel esp\u00edritu\u00bb. Sea suficiente haberlo propuesto.<\/p>\n<p>Si el m\u00e9todo del m\u00ednimum corresponde a la naturaleza de la adhesi\u00f3n humana, est\u00e1 tambi\u00e9n conforme a lo que se podr\u00eda llamar la l\u00f3gica de la acci\u00f3n. Si se quisiera dar una explicaci\u00f3n concisa, dir\u00edamos que consiste, sea cual fuere el terreno explorado, en discernir el m\u00ednimo esencial, el que no se debe ceder a ning\u00fan precio porque contiene la vida y el porvenir y, una vez discernido, en abandonar provisionalmente, si es preciso, todo cuanto se ha de ceder. Es asimismo bastante intrigante que Napole\u00f3n hab\u00eda entrevisto un d\u00eda una aplicaci\u00f3n posible de esta estrategia, que era la suya, a la predicaci\u00f3n religiosa entre los incr\u00e9dulos. El Memorial nos refiere que en Santa Elena el Emperador hablaba en estos t\u00e9rminos del confesor de Mar\u00eda Luisa, obispo de Nantes: \u00abHab\u00eda vivido, dec\u00eda \u00e9l, en medio de los incr\u00e9dulos y lo hab\u00eda encontrado muy conveniente; ten\u00eda tambi\u00e9n respuesta para todo: sobre todo pose\u00eda el buen sentido de abandonar todo cuanto no era sostenible, de hacer desdecirse a la religi\u00f3n de todo lo que \u00e9l no hubiera podido defender. \u2013 Un animal que se mueve, combina y piensa, \u00bfes que no tiene alma? le dec\u00edan. \u2013 \u00bfPor qu\u00e9 no? respond\u00eda. Pero, \u00bfad\u00f3nde va, si no es igual que la nuestra? &#8211; \u00bfQu\u00e9 os importa?\u00a0 pues se ir\u00e1 al limbo. \u00c9l se retiraba pues a las \u00faltimas trincheras, en la misma fortaleza, y all\u00ed se preparaba siempre de esta forma un excelente terreno.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, con el Sr. Pouget, no se trataba de despreciar el valor a menudo tan profundo de estas envolturas necesarias y en ning\u00fan sentido de ceder nada de esencial por poco que fuera, ni de reducir las verdades. El m\u00e9todo del m\u00ednimum no era un m\u00e9todo reductor. Al escuchar a nuestro maestro, ten\u00edamos una impresi\u00f3n muy distinta: era el m\u00e9todo del m\u00e1ximum el que parec\u00eda minimizar la verdad haci\u00e9ndola descansar en un ped\u00fanculo demasiado fr\u00e1gil.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, el lector habr\u00e1 adivinado que semejante manera de argumentar promet\u00eda el uso de argumento a fortiori. El Sr. Pouget se sorprend\u00eda con frecuencia al Sr. Bergson sospechoso de pante\u00edsmo, porque no hab\u00eda hablado del Dios creador en su Evoluci\u00f3n creadora, y a prop\u00f3sito dec\u00eda: no niega lo que \u00e9l no dice. \u00c9l tampoco, \u00e9l no abandonaba por lo mismo lo que no utilizaba. No servirse de una texto o del contenido posible de un texto no era sospechar de la verdad probada de otra forma que pod\u00eda estar incluida en \u00e9l.\u00a0 Dir\u00eda a\u00fan m\u00e1s que era respetarla, al no aceptar en su favor m\u00e1s que pruebas que fueran dignas de ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.) III. 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Al dejar esbozarse en la mente, un rasgo tras otro, una primera imagen de nuestro modelo, hemos dado a entender\u2026","rel":"","context":"En \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb","block_context":{"text":"Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/congregacion-de-la-mision\/"},"img":{"alt_text":"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":116046,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/bergson-y-el-padre-pouget-vi\/","url_meta":{"origin":27714,"position":3},"title":"Bergson y el Padre Pouget (VI)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"07\/11\/2018","format":false,"excerpt":"He conocido a hombres de genio singular: Bergson ante todo, y Henri Poincar\u00e9, Vincent d'Indy y Miguel de Unamu\u00adno, el viejo lord Halifax, el cardenal Mercier y dos o tres m\u00e1s que considero prematuro nombrar. No he conocido a ninguno que alcanzase la grandeza del padre Pouget. \"\u00bfEra, pues, un\u2026","rel":"","context":"En \u00abFormaci\u00f3n Vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Formaci\u00f3n Vicenciana","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/formacion-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2012\/04\/P.-Poug%C3%A9t.jpg?fit=200%2C251&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":27433,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-v\/","url_meta":{"origin":27714,"position":4},"title":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (V)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"05\/03\/2014","format":false,"excerpt":"Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.) I Teolog\u00eda e Historia Se han de distinguir dos clases de ex\u00e9gesis, que son diferentes tanto por el objeto como por el m\u00e9todo, la ex\u00e9gesis teol\u00f3gica y la ex\u00e9gesis hist\u00f3rica. 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Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (III)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"03\/03\/2014","format":false,"excerpt":"Cap\u00edtulo II: Retrato del Sr. Pouget hacia 1930 (cont.) 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