{"id":275,"date":"2009-11-18T14:15:41","date_gmt":"2009-11-18T12:15:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=275"},"modified":"2016-07-27T12:17:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:17:44","slug":"jose-herrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jose-herrera\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Herrera"},"content":{"rendered":"<table border=\"1\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td valign=\"top\" width=\"36\">\n<p align=\"center\"><strong>14<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"195\">\n<p align=\"center\"><strong>P. Jos\u00e9 Herrera<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"79\">\n<p align=\"center\"><strong>14-07-79<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"113\">\n<p align=\"center\"><strong>R. Dominicana<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"153\">\n<p align=\"center\"><strong>Anales 79, p.634<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p align=\"center\"><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/mso24D0111.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-89554\" title=\"mso24D011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/mso24D0111-300x211.jpg?resize=300%2C211\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"211\" \/><\/a>EL PADRE HERRERA, por s\u00ed mismo<\/strong><\/p>\n<p>\u00ab\u2026 Y viniendo a lo primero le dir\u00e9: Que mis padres fueron muy pobres; propietarios de unas tres cabras, algu\u00adnas gallinas, algunos almendros y algu\u00adnas tierras de pan llevar pobr\u00edsimas que no daban para el \u00abgofio\u00bb del a\u00f1o, que era menester comprar con lo que daban los animales dom\u00e9sticos. Fui\u00admos catorce hermanos, de los que on\u00adce llegamos a mayores. Cuando \u00edba\u00admos a misa -a m\u00e1s de una hora de camino- llev\u00e1bamos los zapatos al hombro, y los quit\u00e1bamos y pon\u00edamos a la puerta de la iglesia.<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda siete a\u00f1os dije a un misionero que quer\u00eda ser como \u00e9l, pero al verme tan peque\u00f1o me dijo que te\u00adn\u00eda que comer todav\u00eda mucho gofio. Dos Hijas de Mar\u00eda del barrio, como a los dem\u00e1s muchachos, nos ense\u00f1a\u00adron gratuitamente lo que ellas sab\u00edan: doctrina y leer y escribir. Estuve yen\u00addo medio a\u00f1o a una escuela nacional que distaba dos horas a pie, y aprend\u00ed algo de cuentas. A los doce a\u00f1os es\u00adtuve seis meses con los Padres nues\u00adtros de la calle Agust\u00edn Millares, o de la Gloria, prepar\u00e1ndome para el in\u00adgreso en la Escuela Apost\u00f3lica de Gua\u00addalajara. Era superior el riojano P. Res\u00adtituto Trepiana, un santo y sencillo var\u00f3n. En estos seis meses con el en\u00adtusiasmo con que hoy leen los chicos los tebeos, le\u00ed los cuatro tomazos de \u00abLa vida de los santos\u00bb, seguramente de principios del XVIII, porque ten\u00eda las eses parecidas a las efes y San Vi\u00adcente era todav\u00eda Venerable, porque dec\u00eda: Vida del Venerable Vicente de Pa\u00fal, etc.<\/p>\n<p>A Guadalajara vine \u00absolito\u00bb por mar y ferrocarril, y llegu\u00e9 el 17 de septiem\u00adbre de 1912. Se hab\u00eda fundado el a\u00f1o anterior y me llen\u00f3 de gozo cuando en la puerta me recibi\u00f3 el P. Jos\u00e9 Ma\u00adr\u00eda Fern\u00e1ndez, que fue el superior du\u00adrante los cuatro a\u00f1os que all\u00ed estudi\u00e9 las humanidades con losPP. Franco, Segura, Bengoa y otros que han muer\u00adto o no perseveraron.<\/p>\n<p>A mediados de septiembre del 16 lle\u00adgamos a Madrid para hacer el novicia\u00addo, hasta el 8 de septiembre del 18, en que fuimos a Hortaleza para estudiar Filosof\u00eda. Era superior el P. Sierra, que ten\u00eda fama de sabio; director el P. Aga\u00adpito Alcalde, y subdirector el P. Vicen\u00adte Monte, y Visitador el P. Arambarri. Como mis papeles llegaron tarde, mi vocaci\u00f3n empez\u00f3 el d\u00eda de la Inmacu\u00adlada, por eso hice los votos el d\u00eda 9 de diciembre de 1918. Desde 1918 a 1920 curs\u00e9 los dos primeros cursos filos\u00f3ficos en Hortaleza, en la casa m\u00e1s antigua, hoy bastante modificada. Era Superior el P. Higinio Pampliega. Desde el 8 de octubre de 1920 hasta la misma fecha de 1921, estudi\u00e9 en Ma\u00addrid el tercer curso filos\u00f3fico: \u00c9tica, Historia Natural, F\u00edsica, etc., y desde 1921 al 23 los dos primeros de Teolo\u00adg\u00eda con el mismo Superior, Director de E., el P. Tobar y Visitador el P. Atien\u00adza. Desde 1923 a 1924 estudi\u00e9 tercer curso teol\u00f3gico en Cuenca, a\u00f1o de la fundaci\u00f3n de esta casa, siendo Supe\u00adrior el P. Tobar y obispo Mons. Cruz La Plana, gran amigo de la CM que nos regal\u00f3 el Seminario de San Pablo. Y desde 1924 al 25 estudi\u00e9 el cuarto y \u00faltimo curso, con los mismos Supe\u00adrior y Visitador. El obispo hasta 1921 fue el Dr. Prudencio Melo y Alcalde, y desde esa fecha -tal vez no sea exacta- el Dr. Eijo Garay, que fue el que me confiri\u00f3 las \u00f3rdenes menores y creo que el subdiaconado. Por cier\u00adto que cuando toqu\u00e9 las vinajeras lo hice con la mano izquierda, y \u00e9l, son\u00adriente, me pregunt\u00f3 un tanto guas\u00f3n: \u00ab\u00bfNo sabe usted d\u00f3nde tiene la mano derecha?\u00bb<\/p>\n<p>La tonsura me la confiri\u00f3, el S\u00e1ba\u00addo Santo de 1925, Mons. Diego y Al\u00adcolea, Patriarca de las Indias y arzobis\u00adpo electo de Santiago, en la cual hubo \u00f3rdenes de todos los grados; sacerdo\u00adtes y religiosos, much\u00edsimos. Nosotros solos \u00e9ramos 30 de tonsura, y con to\u00addas las ceremonias del S\u00e1bado Santo antiguo la cosa dur\u00f3 desde las 6,30 hasta las 12. Uno se desmay\u00f3. Este mismo se\u00f1or Patriarca nos orden\u00f3 de sacerdotes el 12 de julio del mismo a\u00f1o. El nuncio Mons. Tedeschini nos orden\u00f3 de di\u00e1conos, no recuerdo el d\u00eda. Si por ah\u00ed anda el P. L\u00f3pez, que es mi condisc\u00edpulo, le puede preguntar o con\u00adsultar su ficha.<\/p>\n<p>El 18 sal\u00ed de Madrid para La Oro\u00adtava, mi primer destino, con el P. Chu\u00adrruca, que hab\u00eda venido a la asamblea provincial. El 19 asist\u00ed a la fiesta de San Vicente en C\u00e1diz, donde el P. J. S\u00e1nchez pronunci\u00f3 en la Casa Cuna un bell\u00edsimo paneg\u00edrico. El 24 dije la misa en Las Palmas, donde pude ver a mi padre y a dos hermanos durante unas horas que pas\u00f3 por all\u00ed el barco. No los hab\u00eda visto desde 1912. Tampo\u00adco se me ocurri\u00f3 pedir, ni al superior decirme, que subiera unos d\u00edas a Te\u00adjeda a ver al resto de la familia, ni se me ocurri\u00f3 acusarles de inhumanos por ello vistas las cosas desde los pre\u00adsupuestos evang\u00e9licos y los ejemplos de S. V., del B. P., etc. Fue menester que pasaran varios a\u00f1os para que al P. B. Gonz\u00e1lez se le ocurriera llamar\u00adme para una novena que le hab\u00edan pedido los de mi barrio a La Milagrosa, para que yo pudiera estar con ellos unos diez d\u00edas.<\/p>\n<p>El 25, d\u00eda de Santiago, estren\u00e9 temblando el confesonario, pues la v\u00edspera, al pasar por La Laguna, el Vic. Cap me hab\u00eda provisto de \u00ablicencias perpetuas\u00bb. Ese mismo d\u00eda por la tarda volvimos a La Laguna a asistir al solemne traslado del cuerpo de San Fortunato desde el palacio de los marqueses de Nava y Grim\u00f3n a nuestra iglesia de San Agust\u00edn.<\/p>\n<p>En La Orotava fui profesor de lat\u00edn del colegio de los HH. de la Salle hasta Navidad, en que trasladado el Padre Churruca a San Sebasti\u00e1n de primer superior, y nombrado superior de La Orotava el P. Caminos, fui destinado al Seminario de La Laguna para hacerme cargo del cuarto curso del lat\u00edn con todas las asignaturas ane\u00adjas, reanudando el curso a partir del 7 de enero de 1926. Era obispo Fr. Al\u00adbino Gonz\u00e1lez Men\u00e9ndez-Regada, O. P. Este profesorado dur\u00f3 hasta 1940 en orden c\u00edclico, es decir, que terminado el cuarto se volv\u00eda al primero, hasta el cuarto, etc. En este tiempo tuve da superior a1 P. Alpuente hasta 1929; Mont\u00f3n, 1930; Gonz\u00e1lez Guede, 1930; servidor, marzo 1931-septiembre 1934; Di\u00e9guez, hasta el 37; G. Gonz\u00e1lez, has\u00adta el 42, a\u00f1o en que, poco despu\u00e9s de \u00e9l, llegu\u00e9 a Madrid para hacerme car\u00adgo de los Anales. En estos a\u00f1s (1926\u00ad1942), adem\u00e1s de mis trabajos profe\u00adsorales, organic\u00e9 la Cruzada del Catecismo para cubrir esta actividad co las barriadas que rodean a La Lagu\u00adna -1926-, los Tarsicios -1928-, las Juventudes de Acci\u00f3n C., con medio centenar de centros en toda la di\u00f3cesis de Tenerife, la Uni\u00f3n Diocesana -1932-, de la que fui nombrado consiliario; la Federaci\u00f3n de Estudiantes Cat\u00f3licos, con seis centros (tambi\u00e9n consiliario); los Padres de Familia, y ayud\u00e9 a las otras ramas de A. C., por lo que me fue dif\u00edcil desprenderme del obispo para llenar los deseos del P. To\u00adbar, que me quer\u00eda en Madrid pero sin molestar al obispo, para lo cual pro\u00adcur\u00e9 preparar un consiliario entre al\u00adgunos de los curas j\u00f3venes disc\u00edpulos del seminario que se hiciera cargo de estas obras.<\/p>\n<p>En 1942 vine a Madrid, y hasta 1965 estuve al frente ele los Anales, simul\u00adtaneando esta direcci\u00f3n con la funda\u00adci\u00f3n y direcci\u00f3n de las Juventudes de la M. M., cuyo consejo nacional cre\u00e9 en el a\u00f1o de las bodas de oro del P. To\u00adbar llegando a controlar m\u00e1s de 40 centros, de lo que ya no queda ni el recuerdo al cabo de diez a\u00f1os de au\u00adsencia.<\/p>\n<p>En este tiempo han sido superiores Aquilino S\u00e1nchez (1942), R. Est\u00e9vez, Luis Hern\u00e1ndez, B. Huerga y J. L. Cor\u00adt\u00e1zar. No s\u00e9 precisar muy bien su cro\u00adnolog\u00eda. Y visitadores: A. Tobar (1929\u00ad1949), Ojea (1956), Franco (1962) y D. Garc\u00eda (1968). Obispos: Eijo Garay y Morcillo.<\/p>\n<p>En 1965 fui destinado a la comuni\u00addad del Lomo Apolinario de Las Pal\u00admas hasta la fecha, si except\u00faa un a\u00f1o que estuve prestado a La Orota\u00adva. Los superiores que he tenido han sido los PP. Cuevas, M. Leal, Vega, E. Molina. Mis actividades, pocas: al\u00adg\u00fan a\u00f1o, dos, profesor de Religi\u00f3n en el Colegio, y con el obispo Pildain, de la Escuela de Capacitaci\u00f3n Agraria y de la Escuela de Artes y Oficios. La llegada de Mons. Florido me priv\u00f3 de estas dos clases de Religi\u00f3n, y se las dio a otros curitas que acababan de salir del seminario. Uno de ellos se cas\u00f3 el a\u00f1o pasado. Tampoco el supe\u00adrior era gustoso y lo toleraba. Algunas veces ayud\u00f3 a los curas. El resto me lo paso escribiendo. En nuestras pa\u00adrroquias les gusta trabajar solos. \u00dani\u00adcamente los primeros viernes de mes ven bien mi ayuda, y llevan a mal cuan\u00addo estos d\u00edas me llama alg\u00fan cura. Por eso tengo muchas ganas de que\u00addarme por aqu\u00ed, por lo mucho que se puede trabajar\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEn Puerto Rico he estado en todas las casas recogiendo los datos: en vivo los pr\u00f3ximos y en documentos los an\u00adtiguos, y a\u00fan echando una mano, des\u00adpu\u00e9s de cenar, a los compa\u00f1eros de Manat\u00ed y Santo Domingo, los m\u00e1s ne\u00adcesitados de ayuda. Y como el P. Vi\u00adllarroya me ha dicho que pod\u00eda estar todo lo que quisiera all\u00ed, me he deter\u00adminado a dejar mis huesos en aquellas islas del Caribe a ruegos del P. Visi\u00adtador y de los padres de all\u00ed, y sobre todo de los pobres de Santo Domingo, que son los m\u00e1s necesitados. Todos los que de verdad amen a los pobres y a la pobreza, pueden hacer en Santo Do\u00admingo un papel estupendo. Es bueno predicar la pobreza, mejor practicar\u00adla y mejor todav\u00eda hacer una y otra cosa\u00bb.<\/p>\n<p>Notas autobiogr\u00e1ficas<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>EN RECUERDO DEL PADRE HERRERA<\/strong><\/p>\n<p>Siempre pens\u00e9 que el P. Herrera ha\u00adbr\u00eda de morir de pie. En sus bodas de oro dec\u00eda que cuando le hablaban de su jubilaci\u00f3n siempre contestaba que a \u00e9l s\u00f3lo le jubilar\u00eda el Se\u00f1or. Y cl Se\u00f1or acaba de jubilarlo lejos, en camino, como a \u00e9l le gustar\u00eda de\u00adcir: con las armas en las manos, lleno de proyectos casi reci\u00e9n estrenados. Con la inocencia de un ni\u00f1o, la ilusi\u00f3n de un joven y el agotamiento de un viejo trabajador que no se daba cuen\u00adta del cansancio.<\/p>\n<p>Le gustaba firmarse Misionero de San Vicente de Pa\u00fal. Es una buena de\u00adfinici\u00f3n y s\u00edntesis del dinamismo vital del P. Herrera. Tal como \u00e9l entendi\u00f3 a San Vicente, desde su autoformaci\u00f3n y desde las circunstancias de su \u00e9po\u00adca. Pero tal como \u00e9l vivi\u00f3, pr\u00e1ctica\u00admente, su entender a San Vicente y lo vicenciano. Por encima de su afici\u00f3n hist\u00f3rica y su rigor cient\u00edfico, tal vez la selectividad que ejerce todo hom\u00adbre en sus escritos haga que sus li\u00adbros nos digan mucho del alma del P. Herrera con una sinceridad no pre\u00adtendida. Porque lo m\u00e1s importante, sin duda, del P. Herrera ha sido su per\u00adsona y su vida misma. Era ante todo un buen hombre y un hombre bueno. Y su pluma, f\u00e1cil y popular, s\u00f3lo me parece una dimensi\u00f3n de su sacerdo\u00adcio. Lo mismo que las misiones. Lo mismo que su dedicaci\u00f3n a la juven\u00adtud. Con sus limitaciones, con su gan\u00adga humana, pero con toda su anch\u00edsi\u00adma buena voluntad.<\/p>\n<p>Las plantas no nacen ni se desarro\u00adllan m\u00e1s que en su propio ambiente. Lo mismo que son precisas determinadascircunstancias para que se traduzcan los \u00a0acontecimientos. La familia numerosa del P. Herrera -a\u00fan viven seis hermanos- conservan muchos recuerdos de su infancia con la fijeza de una veneraci\u00f3n. En \u00abEl Espinillo, un pago \u00e1rido entre riscos y barrancos de Tejeda (Gran Canaria), vio Ia luz y la gracia este misionero de vieja madera. Le llamaron Jos\u00e9 Remigio. Su ambiente y circunstancias familiares eran humildes, pobres y exigente<sup>,<\/sup>, de mucho trabajo, con un gran sentido providencialista de Dios. \u00bfNo ser\u00eda \u00e9sta una buena tierra para la sementera vicenciana, que va casi a per<sup>\u00ad<\/sup>filar su fisonom\u00eda espiritual?<\/p>\n<p>Porque pienso que en primer lugar ha sido un trabajador, un trabajador infatigable; preferentemente pe\u00f3n de cualquier trabajo con tal que fuera sacerdotal. Yo creo que se dejaba abu\u00adsar de su disponibilidad. En pie para cualquier servicio, en pueblos o en ciu\u00addades, con j\u00f3venes o con ancianos, es\u00adcribiendo libros o posterg\u00e1ndolos a sus misiones a sus ejercicios espirituales, a sus confesiones, a sus infinitas ho\u00adras de confesiones. Como si nunca tu\u00adviera prisa. Como si no advirtiera la fatiga. Como si no le molestaran las interrupciones. Con un trato y un hu\u00admor siempre igual. Habl\u00f3 mucho del valor santificante del trabajo: lo vivi\u00f3.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os que rubrican su vida en Santo Domingo me parecen de asom\u00adbro. Con su sencillez, con su naturali\u00addad, como se iba aqu\u00ed en Canarias al barranco o a cualquier pueblo, se mar\u00adch\u00f3, a sus setenta y cuatro a\u00f1os, sin una gran salud, precisamente a Santo<\/p>\n<p>Domingo porque all\u00ed hab\u00eda trabajo pa\u00adra \u00e9l. Y siempre con la pena confesa\u00adda de no poder hacer m\u00e1s.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 esta capacidad de trabajo le naci\u00f3 de su pobreza y de su humil\u00addad. Pobreza interior, manifestada en su entrega. Alguien ha dicho que los pobres ol\u00edan cu\u00e1ndo llevaba dinero. Una vez le pregunt\u00e9 si no le enga\u00f1a\u00adban. Me contest\u00f3 que si no se arries\u00adgaba no pod\u00eda hacer limosna, porque dinero para llevar a una instituci\u00f3n no ten\u00eda. M\u00e1s de una vez tuvo que pe\u00addir para el transporte p\u00fablico. Y cuan\u00addo se fue a Puerto Rico llev\u00f3 un ma\u00adlet\u00edn poco mayor que una caja de za\u00adpatos, y lo que dej\u00f3 aqu\u00ed ocupaba muy poquito m\u00e1s y eran papeles.<\/p>\n<p>Desde muy peque\u00f1o asisti\u00f3 a una misi\u00f3n dada por los PP. Pa\u00fales en la Solana de Tejeda, y quiso ser misio\u00adnero. Le contestaron que a\u00fan ten\u00eda que comer mucho gofio. La semilla es\u00adtaba echada.<\/p>\n<p>El P. Herrera dice que dos Hijas de Mar\u00eda ense\u00f1aban gratuitamente a los ni\u00f1os del barrio lo que ellas sab\u00edan: leer, escribir y doctrina. Una de ellas, Hija de la Caridad, dice que \u00e9l lleg\u00f3 a saber mucho m\u00e1s que ellas.<\/p>\n<p>A los doce a\u00f1os le prepararon unos meses en la calle de la Gloria, prime\u00adra residencia de los PP. Pa\u00fales en Las Palmas, y march\u00f3 a la Pen\u00ednsula. Lue\u00adgo, toda la carrera: Cuatro a\u00f1os en la Apost\u00f3lica de Guadalajara (1912-1916), seminario interno en Madrid (1416\u00ad1918), en Hortaleza hizo los votos el d\u00eda de la Inmaculada de 1918 y curs\u00f3 dos a\u00f1os de Filosof\u00eda, hasta 1920; en Madrid, \u00faltimo curso de Filosof\u00eda y los dos primeros de Teolog\u00eda; termi\u00adn\u00f3 Teolog\u00eda en Cuenca y recibi\u00f3 las \u00f3rdenes sagradas; la ordenaci\u00f3n sacer\u00addotal fue el 12 de julio de 1925 en la bas\u00edlica de La Milagrosa. Precisamen\u00adte la celebraci\u00f3n del 54 aniversario fue su \u00faltima misa en la tierra: al d\u00eda siguiente realiz\u00f3 su participaci\u00f3n ple\u00adna y definitiva en el misterio pascual de Cristo.<\/p>\n<p>En La Orotava, su primer destino, s\u00f3lo estuvo meses. En enero de 1926 ya estaba en La Laguna como profe\u00adsor de lat\u00edn del seminario diocesano.<\/p>\n<p>En sus a\u00f1os de La Laguna, de 1926 a 1942, el P. Herrera se abre paso en\u00adtre la juventud como un r\u00edo desbor\u00addado. Sin condiciones aparentes, na\u00adturalmente poco agraciado, como para transparentar la fuerza interior de su verdadero carisma. Probablemente fue\u00adron sus a\u00f1os m\u00e1s plet\u00f3ricos. El mismo a\u00f1o 26 organiza una Cruzada de Ca\u00adtecismo para las barriadas que rodean La Laguna; el 28, los Tarsicios; el 30, cre\u00f3 las Juventudes de Acci\u00f3n Cat\u00f3\u00adlica, que lleg\u00f3 a tener unos cincuenta centros; la Uni\u00f3n Diocesana, el 32, y no s\u00e9 en qu\u00e9 fechas, la Federaci\u00f3n de Estudiantes Cat\u00f3licos y los Padres de Familia.<\/p>\n<p>Los antiguos j\u00f3venes le recuerdan siempre rodeado de muchachos de San Agust\u00edn al seminario, semienvuelto en su manteo, con su ancha sonrisa y su incre\u00edble cercan\u00eda a todos. Accesible a todos, de cualquier estamento social, le abordaban con sus dificultades de estudio -le llamaron \u00abbiblioteca am\u00adbulante\u00bb- o para consultarle un pro\u00adblema personal, en la calle, en el con\u00adfesonario o en el sal\u00f3n de San Agus\u00adt\u00edn.<\/p>\n<p>En sus bodas de oro sacerdotales se juntaron m\u00e1s de 300 antiguos j\u00f3venes en la eucarist\u00eda y en la mesa para ho\u00admenajearlo. Y en su funeral en La Laguna me dec\u00edan que acababan de invitarle -sin saber si le lleg\u00f3 la car\u00adta- para las bodas de oro de la Ac\u00adci\u00f3n Cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Creo que fue su obra m\u00e1s querida a juzgar por los papeles que dej\u00f3 para destruir en su d\u00eda. Conservaba muchas cartas personales y de organizaci\u00f3n desde los centros y desde el frente, en que murieron bastantes. Estas cir\u00adcunstancias tambi\u00e9n le marcan con un rasgo patri\u00f3tico-pol\u00e9mico-religioso. En una fusi\u00f3n que se entiende desde vi\u00advir su tiempo con las ideas del tiem\u00adpo y el esp\u00edritu de lucha contra co\u00adrriente de las ideolog\u00edas no cristianas. Y quiz\u00e1, quiz\u00e1, esta l\u00ednea entronca con su deseo juvenil de ir a misiones \u00abad gentes\u00bb, incluida la posibilidad de mar\u00adtirio, y crece con la b\u00fasqueda de mo\u00addelos de identificaci\u00f3n, para dar como fruto esos libros entusiasmados del beato Perboyre, San Justino de Jaco\u00adbis y tantos misioneros pa\u00fales, prefe\u00adrentemente m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Y a\u00fan le queda tiempo para reco\u00adrrer las islas de la provincia de Tene\u00adrife de parroquia en parroquia. Pre\u00adsum\u00eda de haber recorrido todos los pueblos de la di\u00f3cesis, andando o en bestia, en tareas de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En 1942 es destinado a Madrid, don\u00adde permanece hasta 1965. De esta eta\u00adpa, muchos padres que convivieron con \u00e9l le conocieron mejor que yo. Me limito a enunciar la direcci\u00f3n de Anales, los libros, especialmente la bio\u00adgraf\u00eda de San Vicente de Pa\u00fal y la se\u00adlecci\u00f3n de sus escritos; de nuevo las Juventudes de la Medalla Milagrosa, con sus centros esparcidos por muchas regiones espa\u00f1olas; las misiones popu\u00adlares, grandes y peque\u00f1as; el trabajo, el trabajo, el trabajo\u2026 No se si teoriz\u00f3 la itinerancia vicenciana, pero su demasiado escaso equipaje le permiti\u00f3 andaduras ministeriales.<\/p>\n<p>Del 65 al 74 estuvo destinado en Las Palmas, excepto un a\u00f1o en La Oliva. No se resignaba a la inactividad. El se quejaba de poco trabajo, por lo que se le dej\u00f3 m\u00e1s suelto y se lo buscaba por los pueblos. Y todav\u00eda supo empatar con los j\u00f3venes, \u00ablos gamberrillos\u00bb del P. Herrera\u00bb. Y comienza ah\u00ed serie popular de temas canarios en peque\u00f1os tomos. Como siempre, lo que peor funciona es la parte administrativa.<\/p>\n<p>Con sus setenta a\u00f1os bien pasados segu\u00edamanteniendo una jornada fuerte. Fue cambiando sus catequesis a barrios de Las Palmas por zonas m\u00e1s populares y humildes. Su recorrido de casi todas las tardes lleg\u00f3 a ser: saIida hacia las cuatro a alg\u00fan centro sanitario, especialmente el Hospital Psiqui\u00e1trico y la leproser\u00eda, para terminar en La Mareta, a 30 kil\u00f3metros de casa, diciendo la misa en un bar, y volver a las diez o diez y media de la noche.<\/p>\n<p>Y finalmente su experiencia de San\u00adto Domingo, en que desde el principio (1975) se \u00abdetermin\u00f3 a dejar lo<sup>,<\/sup>, huesos en las islas del Caribe\u00bb. Su gran experiencia de la pobreza y de los po\u00adbres, sobre todo. Sus cartas en deman\u00adda de ayuda son angustiosas. Pr\u00e1ctica\u00admente solo en una parroquia de 20.000 personas a la que le han quitado la paga oficial. \u00abEsta no es la pobreza que se escribe en los libros: \u00a1qu\u00e9 dis\u00adtinto es vivirla!\u00bb Y todav\u00eda sus j\u00f3ve\u00adnes. Y todav\u00eda sus confesiones, sus mi\u00adsas, sus charlas (aqu\u00ed no me controlan los diez minutos de la homil\u00eda; cuan\u00adto m\u00e1s les prediques, mejor\u00bb). Y to\u00addav\u00eda sigue rodando su pluma, hasta que se le par\u00f3 definitivamente cuando todav\u00eda ten\u00eda que hablar de su banco de los pobres.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 VEGA HERRERA, C.M<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>REQUIEM POR EL PADRE HERRERA<\/strong><\/p>\n<p>I. \u00daLTIMOS DIAS Y MUERTE<\/p>\n<p>Un d\u00eda del pasado mes de mayo lle\u00adg\u00f3 hasta Puerto Rico -donde me en\u00adcontraba transitoriamente con ocasi\u00f3n de predicar all\u00ed unas tandas de ejer\u00adcicios a las Hijas de la Caridad de aquella provincia- la noticia de que el P. Herrera estaba enfermo. Enton\u00adces nos pareci\u00f3 a todos -y los hechos subsiguientes vinieron a confirmarlo con dolor un par de meses despu\u00e9s\u00ad que aquella enfermedad era, para el paciente, como el comienzo del fin.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas vol\u00e9 a la \u00abRep\u00fabli\u00adca\u00bb, donde el P. Herrera, ya octogena\u00adrio, segu\u00eda trabajando con la misma ilusi\u00f3n misionera de siempre, pero a medio gas. Y pude comprobar, esta vez \u00abde visu\u00bb, que la noticia captada en Puerto Rico era tristemente verdad: El P. Herrera se iba acabando poco a poco. Le fallaba el coraz\u00f3n. Aquel su gran coraz\u00f3n misionero, al estilo de San Vicente, que \u00e9l hab\u00eda puesto tantas veces al servicio de los dem\u00e1s, principalmente si eran pobres, esta\u00adba dejando de funcionar con norma\u00adlidad.<\/p>\n<p>Durante el mes y medio de convi\u00advencia gozosa con \u00e9l en Santo Domin\u00adgo, le o\u00ed decir repetidas veces, pero con serena tranquilidad, que se can\u00adsaba mucho. Se cansaba, en verdad, al subir las escaleras por m\u00e1s que se apo\u00adyara en el pasamanos de las mismas al ascender. Se cansaba al caminar por la planta baja de la casa, bajo el airo\u00adso porche de la misma, festoneado de esbeltas columnas cil\u00edndricas, o al pa\u00adsear por el alegre y luminoso jai.: interior. Los cinco \u00faltimos d\u00edas precedieron a la postrer etapa de enfermedad sol\u00eda pasarlos fuera ele habitaci\u00f3n, bajo el p\u00f3rtico, sentado una mecedora, leyendo o corrigiendo sus \u00faltimos escritos in\u00e9ditos sobre temas de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en los que era un erudito. Sal\u00eda fuera porque necesitaba ox\u00edgeno para respirar ya que dentro parec\u00eda que se axfixiaba.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Y todav\u00eda quer\u00eda ir a Quisqueya!<\/p>\n<p>El 12 de julio tuvo la satisfacci\u00f3n de concelebrar la eucarist\u00eda, agotado ya y casi sin fuerzas, con otros cinco compa\u00f1eros m\u00e1s de la comunidad de San Jos\u00e9 Obrero donde \u00e9l resid\u00eda. La concelebraci\u00f3n fue a mediod\u00eda y den\u00adtro de la m\u00e1s estricta sencillez e inti\u00admidad. Era el aniversario de su consagraci\u00f3n sacerdotal. Con aquella mi\u00adsa, en la que con voz pausada y tran\u00adsida de leve emoci\u00f3n dijo a Dios \u00a1gra\u00adcias!, cerraba el P. Herrera toda una vida fecundamente sacerdotal y misio\u00adnera que hab\u00eda comenzado tal d\u00eda co\u00admo \u00e9ste pero cincuenta y cuatro a\u00f1os atr\u00e1s. Aquel mismo d\u00eda por la tarde ingresaba de nuevo en la cl\u00ednica (an\u00adtes lo hab\u00eda hecho el 2 de julio y ha\u00adb\u00eda estado hasta el 7), para regresar el 14, ya difunto, y ser colocado en el sal\u00f3n parroquial.<\/p>\n<p>Su cad\u00e1ver fue velado, durante las horas que precedieron al funeral, por los padres de la comunidad, por las Hijas de la Caridad de Santo Domin\u00adgo y por numerosos cristianos de las tres parroquias que la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n tiene en esta capital. El cardenal Beras, arzobispo de Santo Do\u00admingo, lleg\u00f3 a media tarde para re\u00adzarle un responso y dar el p\u00e9same a la comunidad. Al anochecer hubo en la parroquia de San Jos\u00e9 Obrero una celebraci\u00f3n cristiana de la muerte por el P. Herrera, y fue presidida por ocho padres de la comunidad y provincia, incluidos el Visitador y Procurador provincial. A ella asistieron, hasta lle\u00adnar el templo, numerosos fieles de las tres parroquias citadas, entre los que destacaron los de la de San Vicente de Pa\u00fal de Los Minas, donde el P. He\u00adrrera hab\u00eda estado destinado tiempo atr\u00e1s. El d\u00eda 15, a las once de la ma\u00ad\u00f1ana, fue el funeral de \u00abcorpore inse\u00adpulto\u00bb, presidido por el obispo auxi\u00adliar, Mons. Pep\u00e9n, y concelebrado por quince sacerdotes m\u00e1s de la Misi\u00f3n. Finalmente su cuerpo, sacado a hom\u00adbros por los sacerdotes de la comu\u00adnidad, yace sepultado en el pante\u00f3n que las Hijas de la Caridad poseen en el cementerio nacional \u00abM\u00e1ximo G\u00f3mez\u00bb de la capital de esta Rep\u00fa\u00adblica.<\/p>\n<p>II. BOCETO BIOGRAFICO<\/p>\n<p>El P. Jos\u00e9 Herrera hab\u00eda nacido el d\u00eda 1 de octubre de 1899 al pie del imponente macizo monta\u00f1oso de Te\u00adjeda, en Gran Canaria. Su pueblo, El Espinillo, est\u00e1 entre valles y barran\u00adcos \u00abde aspecto dantesco\u00bb, no lejos del Roque Nublo, pe\u00f1asco que cerca de all\u00ed mismo emerge como s\u00edmbolo inequ\u00edvoco de la canariedad. Aqu\u00ed hay que buscar la raz\u00f3n del amor profun\u00addo y entra\u00f1able que el P. Herrera pro\u00adfesaba a su Canarias natal, y que lue\u00adgo fue volcando en algunos de sus es\u00adcritos. Los parajes de Tejeda son bron\u00adcos y temerosos, cincelados con lava volc\u00e1nica, y en sus hondonadas, soli\u00adtarias y silenciosas, todav\u00eda queda, aunque poco, alg\u00fan vestigio de vida y de verdor. No obstante el bravo as\u00adpecto orogr\u00e1fico de su cuna, el P. He\u00adrrera hab\u00eda heredado de ella la tran\u00adquilidad serena y sosegada de sus va\u00adlles m\u00e1s que la terror\u00edfica temerosi\u00addad de sus pe\u00f1ascos.<\/p>\n<p>Muy pronto, desde el alborear gozo\u00adso de su juventud, sinti\u00f3 el P. Herre\u00adra la llamada interior maravillosa y potente de una \u00abvoz silenciosa\u00bb que le dec\u00eda: \u00a1A la Misi\u00f3n! Y busc\u00f3 la mane\u00adra de dar cauce a dicha llamada po\u00adni\u00e9ndose inmediatamente en marcha. Y se fue a los sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n, que entonces viv\u00edan en su reci\u00e9n inaugurada \u00abcasa de la Gloria\u00bb, cono\u00adcida as\u00ed por el nombre de la calle en que se hallaba ubicada en Las Palmas de Gran Canaria. A1 poco tiempo fue enviado a la Pen\u00ednsula con el fin de hacer, en Guadalajara, los \u00faltimos cur\u00adsos de Humanidades o Latinidad, co\u00admo entonces se dec\u00eda. El 8 de diciem\u00adbre de 1916 ingres\u00f3 en el seminario in\u00adterno de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y habiendo proseguido despu\u00e9s los cur\u00adsos ordinarios de Filosof\u00eda y Teolog\u00eda en Madrid y Cuenca, se orden\u00f3 sacer\u00addote para siempre el 12 de julio de 1925.<\/p>\n<p>Su primer destino fue, aunque s\u00f3lo por unos meses, La Orotava. De aqu\u00ed pas\u00f3 a La Laguna, de Tenerife, de cuya casa fue superior. Y en La Laguna dio comienzo a su fecundo apostolado mi\u00adsionero, interes\u00e1ndose desde el prin\u00adcipio por la juventud, hacia la que conservar\u00eda siempre un especial cari\u00ad\u00f1o y simpat\u00eda. Como consecuencia de su apostolado entre los j\u00f3venes, fun\u00add\u00f3 en La Laguna \u00abla Juventud Cat\u00f3\u00adlica\u00bb, movimiento compuesto en su ma\u00adyor parte por estudiantes de aquella universidad. Tambi\u00e9n fue profesor en el seminario que la Compa\u00f1\u00eda dirig\u00eda en la di\u00f3cesis nivariense. Y espoleado por su afici\u00f3n al estudio de temas his\u00adt\u00f3ricos de la Misi\u00f3n, nos dej\u00f3 como fruto de su trabajo la \u00abVida del beato Ghebra Miguel\u00bb, que fue publicada en Madrid el a\u00f1o 1926. Todav\u00eda durante su permanencia en Tenerife continu\u00f3 cultivando los estudios vicencianos, hasta llegar a escribir el \u00abAlter Chris\u00adtus\u00bb o vida del beato Perboyre, que tambi\u00e9n edit\u00f3 en Madrid el a\u00f1o 1942, luego de narrar en el pr\u00f3logo de la misma las incidencias por las que pa\u00ads\u00f3 la obra hasta llegar a publicarse.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1943, destinado ya en Madrid, asume la direcci\u00f3n de la revista Ana\u00adles de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad, al frente de la cual permanece hasta diciembre de 1963. Son pues veinte a\u00f1os de fe\u00adcundo trabajo de escritor que simul\u00adtanea con sus acciones pastorales al servicio de la Compa\u00f1\u00eda y de la Pro\u00advincia de Madrid. El P. Jos\u00e9 Mar\u00eda Rom\u00e1n, su inmediato continuador en la direcci\u00f3n de la revista, hace una evaluaci\u00f3n de la obra del P. Herrera durante aquel largo per\u00edodo (cfr. Ana\u00adles, a\u00f1o 72, enero 1964, n\u00fam. 1, p\u00e1gi\u00adnas 11-12). A lo largo de los a\u00f1os en que el P. Herrera dirige Anales, van a ir apareciendo sucesivamente sus obras vicencianas escritas m\u00e1s impor\u00adtantes. No hago m\u00e1s que citarlas: \u00abSan Vicente de Pa\u00fal\u00bb (biograf\u00eda y escri\u00adtos), en publicaci\u00f3n de la BAC, a\u00f1os 1951 y 1955; \u00abTeolog\u00eda de la acci\u00f3n y m\u00edstica de la caridad\u00bb, a\u00f1o 1960; \u00abHis\u00adtoria de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb, a\u00f1o 1949; \u00abHacia las tierras del Ne\u00adgus\u00bb y \u00abAbuna Yakob\u00bb, biograf\u00eda de San Justino de Jacobis, el a\u00f1o 1947; \u00abMons. Buenaventura Codina\u00bb, obispo de Canarias, a\u00f1o 1951; \u00abEl obispo de los pobres\u00bb biograf\u00eda de Mons. Lison, a\u00f1o 1964, etc.<\/p>\n<p>Al dividirse en tres la Provincia de Madrid, el P. Herrera se reintegra a su lugar de nacimiento, en Ias Palmas de Gran Canaria que desde ese momento pasa a pertenecer a Ia Provincia can\u00f3nica de Zaragoza. Cuando el P. Herrera llega a Canarias \u00a0por \u00faltima vez, ha cumplido ya los setenta a\u00f1os. Pero sigue trabajando exactamente igual a como lo hac\u00eda en sus a\u00f1os m\u00e1s j\u00f3venes, pues \u00e9l era de aquellos que no entienden de \u00abhonroso retiro\u00bb ni de jubilaciones m\u00e1s o menos merecidas. Contin\u00faa en Las Palmas su labor sacerdotal tomando parte en Ios ministerios propios de la comunidad y colaborando en las misiones, a las que jam\u00e1s dej\u00f3 de dedicarse desde su juventud. Y reasume tambi\u00e9n su vocaci\u00f3n de escritor, aunque volc\u00e1ndola ahora, pues estaba en su tierra natal, sobre temas espec\u00edficamente canarios.<\/p>\n<p>Y como si su vocaci\u00f3n fuera siempre la de Longfellow, en cuya blanca bandera se le\u00eda \u00abExcelsior!\u00bb (\u00a1m\u00e1s arriba!), pidi\u00f3 y le fue dado subir m\u00e1s alto en la realizaci\u00f3n de su servicio vicenciano a los pobres. Todav\u00eda a los m\u00e1s pobres. Y con casi ochenta a\u00f1o a cuestas se vino en 1976, a las \u00abmi\u00adsiones\u00bb de Santo Domingo. Y se ence\u00adrr\u00f3 en una de las parroquias-misi\u00f3n m\u00e1s pobres de esta Rep\u00fablica, en Quis\u00adqueya. Y all\u00ed trabajaba con amor por los pobres hasta el mism\u00edsimo d\u00eda en que el coraz\u00f3n le comenz\u00f3 definitiva\u00admente a fallar.<\/p>\n<p>El P. Jos\u00e9 Herrera escribi\u00f3, al final de su vida, la mejor biograf\u00eda de San Vicente de Pa\u00fal. Y la escribi\u00f3 sobre el marco de los campos lujuriosamen\u00adte verdes y alanceados por el sol tro\u00adpical de esta Rep\u00fablica de Santo Do\u00admingo. La biograf\u00eda fue \u00e9sta: Evange\u00adlizar \u00abin situ\u00bb a los campesinos de Quisqueya, procurando adem\u00e1s para ellos una buena suma de pesos con los que poder llevar a cabo \u00abalgunas realizaciones promocionales\u00bb que ten\u00eda en perspectiva. Por eso, despu\u00e9s de muerto el padre, todav\u00eda siguen dicien\u00addo hoy los cristianos de aquel lugar: \u00a1Ahora reconocemos que ten\u00edamos en\u00adtre nosotros a un verdadero santo!<\/p>\n<p>Santo Domingo de Guzm\u00e1n, R. D. 19 de julio de 1979<\/p>\n<p>Florentino MENESES, C. M.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a1Descanse en paz, Padre Jos\u00e9 Herrera!<\/strong><\/p>\n<p>Ayer, 20 de julio, el P. Luis Sainz, llegado de Puerto Rico, me notific\u00f3 en Viana la muerte del P. Jos\u00e9 Herre\u00adra. Hoy, en Los Arcos, acabo de ofre\u00adcer la misa por su eterno descanso.<\/p>\n<p>Cuando, en 1921, ingres\u00e9 en el novi\u00adciado de Madrid, su curso march\u00f3 a Cuenca para inaugurar la casa.<\/p>\n<p>Poco le conoc\u00ed en Espa\u00f1a; m\u00e1s en Am\u00e9rica, en la peque\u00f1a pero preciosa isla caribe\u00f1a, cuando en 1963 ayuda\u00adron a misionarla toda ella unos trein\u00adta pa\u00fales espa\u00f1oles, y en los diez \u00fal\u00adtimos a\u00f1os que he pasado en Puerto Rico.<\/p>\n<p>Quiero dedicar un recuerdo a su gran figura misionera. Creo que su larga vida, consagrada a la investigaci\u00f3n so\u00adbre San Vicente y la Congregaci\u00f3n, me\u00adrece un fresco laurel bordado por al\u00adg\u00fan misionero que conozca mejor que yo su vida, enredada entre papeles y cuadernos viejos.<\/p>\n<p>Algunas obras calz\u00f3 con su firma, y muchos documentos y art\u00edculos su\u00adyos aparecieron en Anales a lo largo de los a\u00f1os. \u00bfQue tuvo lagunas? \u00bfQui\u00e9n no las ha tenido en la historia? A los que no somos historiadores nos es m\u00e1s f\u00e1cil poner reparos y cr\u00edticas que es\u00adcribirla. Los escritos de \u00e9l promovie\u00adron al menos el deseo y anhelo de co\u00adnocer m\u00e1s profundamente la eminen\u00adte figura de San Vicente. El P. Ib\u00e1\u00f1ez ha ido despu\u00e9s a estudiar en las fuen\u00adtes -y un mejor marco- la recia personalidad del santo y sabio -eje de la historia del siglo XVII franc\u00e9s-. Ya est\u00e1 dando el dorado trigo de sus estudios -\u00a1gracias, P. Ib\u00e1\u00f1ez!\u00ad<\/p>\n<p>El P. Jos\u00e9 fue un constante y buen lector, y posey\u00f3 cultura notable, no com\u00fan, que vert\u00eda en sus escritos v una conversaci\u00f3n animada y comunicativa. Cierto que, como tradicionalista inmutable, no cedi\u00f3 de su criterio fuese teol\u00f3gico, filos\u00f3fico, hist\u00f3rico, pol\u00edtico, en lo que era su convencimiento personal. Admir\u00e9 su car\u00e1cter irreductible: car\u00e1cter no es igual a soberbia, la que nunca vi en \u00e9l. Tampoco, le vimos ofensor de la opini\u00f3n ajena, v s\u00ed defensor de la suya.<\/p>\n<p>Era trabajador infatigable dentro fuera de casa. Buscaba el trabajo y se entregaba a \u00e9l con ilusi\u00f3n, como a un deber de justicia y de santificaci\u00f3n, sin importarle la distancia, ni el sol aplastante, ni los caminos repletos de barro engomado. Peregrin\u00f3 con las sandalias, concha y bord\u00f3n del ap\u00f3stol.<\/p>\n<p>El siguiente episodio es una buena fotograf\u00eda.<\/p>\n<p>En diciembre de 1978 me ofrec\u00ed para sustituirle durante un mes en la pa\u00adrroquia del ingenio Quisqueya, al este de la Rep\u00fablica Dominicana, para que \u00e9l, enfermo de diabetes y vencido por los a\u00f1os, descansara y se recuperase un tanto. Lo agradecieron \u00e9l y el Pro\u00advincial, P. Emiliano Tobar. Desde la capital, Santo Domingo, dos estudian\u00adtes nuestros me trasladaron a Quis\u00adqueya. Yo les indiqu\u00e9 la casa parro\u00adquial. Hab\u00eda misionado all\u00ed el a\u00f1o an\u00adterior, cuando, sin p\u00e1rroco, s\u00f3lo ten\u00eda los servicios voluntarios de nuestro P. Jos\u00e9 Gonz\u00e1lez, ahora enfermo.<\/p>\n<p>Lo encontramos rodeado de mucha\u00adchotes. Todos escuchaban la explica\u00adci\u00f3n del catecismo. Me dio la mano sonriendo, lo mismo que a los estu\u00addiantes, y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>-Ahora acabar\u00e9 la clase. Inmedia\u00adtamente dar\u00e9 la pl\u00e1tica formativa a esos cuatro, que manifiestan deseos de ser pa\u00fales. Esperad media hora. -\u00abOkey\u00bb, padre Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Le ayud\u00e9 a ordenar la maleta, pero antes de comer le indiqu\u00e9 que se du\u00adchara, porque sudaba, y estaba pelea\u00addo con el agua. La respuesta fue: -\u00bfSan Pablo se ba\u00f1aba?<\/p>\n<p>-Yo no lo vi. \u00bfNo fuiste t\u00fa quien lo secaba cuando se ba\u00f1aba? Pero t\u00fa y yo sabemos que naufrag\u00f3 y cay\u00f3 en el agua.<\/p>\n<p>Se ri\u00f3, pero no se ba\u00f1\u00f3.<\/p>\n<p>Los estudiantes lo llevaron a la po\u00adblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pasados cuatro d\u00edas se volvi\u00f3 de la capital dici\u00e9ndome que ya hab\u00eda des\u00adcansado y que se aburr\u00eda sin traba\u00adjar. Le respond\u00ed con car\u00e1cter:<\/p>\n<p>-Hoy mismo te vuelves a la capital. Me mir\u00f3 y, con humildad, respondi\u00f3: -Esta parroquia es m\u00eda, \u00bfy t\u00fa me echas de ella?<\/p>\n<p>-Yo no te echo, pero s\u00ed te suplico que hoy mismo te vayas a reponer. \u00bfPara qu\u00e9 he venido desde Puerto Ri\u00adco, sino para que t\u00fa descanses?<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 pensativo. Tom\u00f3 una coca\u00adcola y dijo:<\/p>\n<p>-Me voy.<\/p>\n<p>-Buen viaje, amigo Jos\u00e9\u2026<\/p>\n<p>Un joven le busc\u00f3 un coche. Mont\u00f3 en \u00e9l. Se march\u00f3, pero no a la capital, sino intern\u00e1ndose por un camino lle\u00adno de barro encarnado que a trancas y barrancas pas\u00f3 el coche, y se qued\u00f3 a catorce kil\u00f3metros, entre los cam\u00adpesinos, para comenzar una misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Vio la escuela en la que dos cate\u00adquistas los s\u00e1bados daban catecismo, y a kil\u00f3metro y medio de ella plant\u00f3 su tienda, sin alforja ni nada para la misi\u00f3n. Fueron las Hermanas de la Ca\u00adridad quienes, en la ma\u00f1anita del d\u00eda siguiente, me lo comunicaron. Al cole\u00adgio de ellas hab\u00eda llegado a caballo un campesino por una maleta con lo ne\u00adcesario para celebrar la eucarist\u00eda, pi\u00addi\u00e9ndoles al mismo tiempo comida y refrescos.<\/p>\n<p>Una joven Hermana vasca prepar\u00f3 todo lo necesario, y tambi\u00e9n comidas y refrescos, en bolsas pl\u00e1sticas fuer\u00adtes, llev\u00e1ndolo ella misma en un viejo jeep. Encontr\u00f3 al padre sentado en un boh\u00edo roto y viejo dando catecis\u00admo a los due\u00f1os de \u00e9l, una se\u00f1ora y sus cuatro hijos.<\/p>\n<p>-Buenos d\u00edas, padre Jos\u00e9. El padre Obanos dijo anoche en la homil\u00eda eu\u00adcar\u00edstica que usted hab\u00eda vuelto e ido de nuevo a descansar a la capital.<\/p>\n<p>-No dudo que les dijera eso. Me ech\u00f3 de mi parroquia.<\/p>\n<p>-No. El padre Obanos vino para que usted descanse, y desea que se reponga.<\/p>\n<p>-S\u00e9 de las buenas intenciones del padre Obanos, enfermo de \u00falceras y diabetes, como yo.<\/p>\n<p>-Pero es m\u00e1s joven que usted y est\u00e1 mejor.<\/p>\n<p>-No le paso tantos a\u00f1os. El y yo, dos viejos. Sal\u00fadelo de mi parte. D\u00ed\u00adgale que estar\u00e9 entre estos campesi\u00adnos de la ca\u00f1a ocho d\u00edas instruy\u00e9ndo\u00adles en la fe. Usted, con el jeep, me trae todos los d\u00edas comida y refres\u00adcos. Yo estoy descansado ya, herma\u00adna. Despu\u00e9s de estos ocho d\u00edas, ir\u00e9 otros ocho a otro t\u00e9rmino m\u00e1s cerca\u00adno. Ya hablar\u00e9 con el padre Obanos, p\u00e1rroco provisional.<\/p>\n<p>-Muy bien, padre Jos\u00e9. Que tenga mucha cosecha espiritual. Hasta ma\u00ad\u00f1ana.<\/p>\n<p>-Adi\u00f3s. Muchas gracias.<\/p>\n<p>A los dos d\u00edas lleg\u00f3 el Provincial. No lo esperaba.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 tal, Obanos? -Encantado.<\/p>\n<p>-\u00bfSabes d\u00f3nde para el padre Jos\u00e9? Fue para un mes y a los cuatro d\u00edas se escap\u00f3 diciendo que ya hab\u00eda des\u00adcansado.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed se present\u00f3 diciendo lo mis\u00admo. Yo le contest\u00e9: \u00abEsta misma tar\u00adde te vuelves a la capital.\u00bb Alquil\u00f3 un coche y march\u00f3 pero no a la capital, sino a un campo ca\u00f1ero para dar una misi\u00f3n, sin casa ni cama y sin anun\u00adciarla. Es la caraba. Lo supe por las Hermanas.<\/p>\n<p>-Eso me sospech\u00e9 dado el car\u00e1c\u00adter apost\u00f3lico que impulsa su vida. T\u00fa lo conoces.<\/p>\n<p>-S\u00ed. Pero si hubiese nacido en mi tierra, le cantar\u00edamos el estribillo: \u00abNo hay quien pueda, no hay quien pueda, con los mozos de la ribera\u2026 \u00bb Ya no es mozo, sino un anciano. Pronto, se\u00adg\u00fan creo, le cantaremos: \u00abAcu\u00e9rdate de Jesucristo resucitado\u2026\u00bb<\/p>\n<p>-Solamente \u00e9l resiste esta parro\u00adquia sin fe, sin casa c\u00f3moda, sin na\u00adda; ni higiene. Es digno de admiraci\u00f3n, pero no de imitaci\u00f3n. T\u00fa conoces esto desde que lo misionaste y te ca\u00edste re\u00addondo en la misa, \u00bfno lo recuerdas?<\/p>\n<p>-S\u00ed, lo recuerdo bien. Me llevaron en volandas a la sacrist\u00eda y, al recu\u00adperarme veinte minutos despu\u00e9s, sal\u00ed de nuevo, les prediqu\u00e9 y acab\u00e9 la mi\u00adsa. Una Hermana les hab\u00eda dado el Pan de Vida. Fui al hospitalillo, me hicieron un electrocardiograma y el coraz\u00f3n y la presi\u00f3n eran de toro de lidia. Termin\u00e9 la misi\u00f3n, pero en Puer\u00adto Rico pas\u00e9 un mes y medio\u2026<\/p>\n<p>-T\u00fa tambi\u00e9n eres como el P. Jos\u00e9.<\/p>\n<p>-No tanto, hombre.<\/p>\n<p>&#8211; Oye, \u00bfPor qu\u00e9 no vamos visitarle?<\/p>\n<p>-Primero come.<\/p>\n<p>Comimos.\u00a0\u00a0\u00a0 Fuimos y lo encontramos en la escuelita con tres ni\u00f1os y otras tantas ni\u00f1as de doce a catorce a\u00f1os. \u00a0Tambi\u00e9n hab\u00eda una se\u00f1ora. Lo saludamos y, sonriente, dijo:<\/p>\n<p>-Estoy esperando a las personas \u00admayores, que llegar\u00e1n antes de las seis, porque no hay luz el\u00e9ctrica. La casa donde me hospedo dista bastante y los caminos son barro gelatinos\u00ado.<\/p>\n<p>-\u00bfEsperas muchas personas mayores?<\/p>\n<p>-Unas siete. Pero no cuenta el n\u00famero; s\u00ed anunciar el Evangelio. Aqu\u00ed no hay vecinos pr\u00f3ximos, pero est\u00e1 Dios con el peque\u00f1o grupo.<\/p>\n<p>-Muy bien, Jos\u00e9. Despu\u00e9s ir\u00e1s a reponerte a la capital, \u00bfno?<\/p>\n<p>-Ir\u00e9 a otro campo a misionar uno de cortadores de ca\u00f1a haitianos. T\u00fa, Tobar, me preparas una camita con colchoneta y una s\u00e1bana, lo atas todo en el carro y el lunes me llevas.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 no te prepara todo eso Obanos?<\/p>\n<p>-No. Ese no quiere verme en mi pa\u00adrroquia. Me despidi\u00f3 de ella -\u00abrisum teneatis!\u00bb<\/p>\n<p>-Oye, Jos\u00e9, no te ech\u00e9. S\u00ed te dije que volvieras a descansar a la capital, y me enga\u00f1aste.<\/p>\n<p>El lunes, el provincial le prepar\u00f3 todo y lo llev\u00f3 al campo de haitianos. La misma Hermana, todas las ma\u00f1a\u00adnas, le llevaba comida, refrescos y hielo.<\/p>\n<p>No le vi m\u00e1s. Acabada la misi\u00f3n mar\u00adch\u00f3 a Santo Domingo, por ser en aque\u00adlla semana cuando llegaba el Papa Juan Pablo II.<\/p>\n<p>Otros casos similares podr\u00eda referir, indicadores de su entrega a la voca\u00adci\u00f3n evangelizare pauperibus, como en el lema de nuestro escudo.<\/p>\n<p>Ni envidia ni dolo tuvo. Gust\u00f3 de jugar al domin\u00f3, y jugaba mal, con\u00adfundiendo a compa\u00f1eros y contrarios. Jugaba para s\u00ed. Gust\u00f3 de alternar y complacer. No atribu\u00eda importancia a la higiene ni a las enfermedades.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un car\u00e1cter amable y miseri\u00adcordioso y un bolsillo siempre abierto al pr\u00f3jimo. Lo suyo, ni se cuid\u00f3 de ello ni lo administr\u00f3. Cultiv\u00f3 con amor la vida comunitaria y fue buen amigo de todos.<\/p>\n<p>La Gran Canaria dio a la Misi\u00f3n un gran canario que aprendi\u00f3 a hablar siempre documentado, a amar y no a odiar, a trabajar, estudiar, escribir. Gan\u00f3 hasta la hora de la muerte el pan que com\u00eda, sin ampararse en el retiro.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 la historia de los padres pa\u00fales en Puerto Rico. No se ha pu\u00adblicado ni yo la he le\u00eddo. Otro, seg\u00fan creo, la est\u00e1 completando.<\/p>\n<p>Esto es un sencillo tributo de admi\u00adraci\u00f3n a aquel cuyo temple piadoso, entrega al trabajo y amor a la Con\u00adgregaci\u00f3n han edificado a todos. Viva siempre su memoria entre nosotros.<\/p>\n<p>Los Arcos (Navarra), 21 de julio de 1979.<\/p>\n<p>S. Obanos<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>14 P. Jos\u00e9 Herrera 14-07-79 R. 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