{"id":27433,"date":"2014-03-05T09:10:53","date_gmt":"2014-03-05T08:10:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=27433"},"modified":"2016-07-27T12:10:02","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:02","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-v\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (V)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.)<\/h2>\n<h3>I Teolog\u00eda e Historia<\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Se han de distinguir dos clases de ex\u00e9gesis, que son diferentes tanto por el objeto como por el m\u00e9todo, la ex\u00e9gesis teol\u00f3gica y la ex\u00e9gesis hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n del Sr. Pouget se dirigi\u00f3 a la cr\u00edtica religiosa debido al conflicto que advert\u00eda a principios de siglo entre los ex\u00e9getas y los te\u00f3logos.<\/p>\n<p>Eran como dos razas a las que se podr\u00eda rastrear a trav\u00e9s del tiempo y que se har\u00edan famosas por las oposiciones c\u00e9lebres de Jer\u00f3nimo y de Agust\u00edn, de Teodoreto y de Cirilo, de Richard Simon y de Bossuet. Quiz\u00e1s ya nunca se podr\u00e1 reducir a la unidad a estos dos linajes; quiz\u00e1s su balance, su concierto y hasta su conflicto, sea \u00fatil al equilibrio de la doctrina de la fe. Y, adem\u00e1s, estas dos actitudes de esp\u00edritu que acabamos de se\u00f1alar en el terreno religioso \u00bfno corresponder\u00edan a dos direcciones de la inteligencia? Unos no descansan hasta haber llegado a los principios, en ellos se instalan y dejan que se desprendan las consecuencias, entre las que tejen las uniones. Habitando de alguna forma en las alturas, creen desde all\u00ed o\u00edr hablar al mismo Dios. Vuelven a bajar al pueblo reunido con las Tablas de la Ley al hombro. Los otros se inclinan sobre el dato m\u00faltiple, sobre los hechos concretos y diversos. La monta\u00f1a en cuya cima habitan sus compa\u00f1eros, es objeto de verificaci\u00f3n en su estructura y en sus bases mediante un trabajo ininterrumpido. Los de arriba escuchan estos golpes de pico, temen que, a fuerza de querer verificar los fundamentos, se llegue a hacer derrumbarse el edificio, y se impacientan. Y los de abajo est\u00e1n tan absortos en su obra, y se han acomodado tan bien a la oscuridad de las zapas que se sentir\u00edan deslumbrados por la plena luz del d\u00eda.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget se hab\u00eda percatado de esta oposici\u00f3n muy tempranamente, y hab\u00eda dejado profusamente constancia de ello en un cuaderno que conservaba para uso personal hacia 1903. Voy a resumir los aspectos m\u00e1s importantes y que conten\u00edan en germen lo que iba a desarrollar m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis teol\u00f3gica, advert\u00eda \u00e9l, no tiende m\u00e1s que a extraer de un texto la verdad dogm\u00e1tica que en \u00e9l se contiene: en el caso en que este texto sea ambiguo, la ex\u00e9gesis teol\u00f3gica trata de aclararlo.<\/p>\n<p>Puede hacerlo utilizando textos de \u00e9poca posterior: as\u00ed es como se aclara el Antiguo Testamento con una luz retrospectiva al hablar del Nuevo Testamento. Se puede asimismo interpretar un texto oscuro con la ayuda de la tradici\u00f3n viva conservada en y por la Iglesia. Mas, por importante y venerable que sea un trabajo semejante de interpretaci\u00f3n y de explicaci\u00f3n, por necesario que sea para sostener la fe, la piedad, la inteligencia del dogma, no impide que el texto primitivo deje de ser oscuro en s\u00ed, si era oscuro e incompleto en s\u00ed, si era incompleto.<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis hist\u00f3rica pretende en primer lugar buscar la fecha de los libros; estudia tambi\u00e9n al verdadero autor de estos libros; se extrae de los textos lo que significan con toda\u00a0 claridad y nada m\u00e1s. Si los textos son oscuros o incompletos y no se puedan aclarar por pasajes paralelos, \u00abde ellos se sacan dudas, dec\u00eda el Sr. Pouget, y eso es todo\u00bb. Y estos casos de ambig\u00fcedad o de simple oscuridad son frecuentes en trabajos tan dispares, tan ocasionales, tan antiguos como son los libros del Viejo Testamento. Como cada libro de la Biblia, a veces cada parte de un libro, fue escrito por y para hombres de una \u00e9poca o de un pa\u00eds determinados, y por ello en condiciones geogr\u00e1ficas, hist\u00f3ricas, morales o religiosas bien definidas, el conocimiento de estos medios es necesario para la inteligencia de la letra. Esta letra es compleja como todo objeto real, es oscura como todo objeto distante. Antes del siglo XIX, entre los heterodoxos como entre los ortodoxos, era la ex\u00e9gesis teol\u00f3gica casi la \u00fanica que se conoc\u00eda. La ex\u00e9gesis hist\u00f3rica no aparece hasta el siglo XIX: entonces la practican los cat\u00f3licos, pero sobre todo los sabios pertenecientes a las Iglesias separadas o al protestantismo. Parece comprometida por esta vecindad. De donde proceden malentendidos enojosos, de los que subsisten rastros todav\u00eda y que han acabado por da\u00f1ar a la prueba de la fe.<\/p>\n<p>Ser\u00eda muy interesante escribir un d\u00eda la historia de los contragolpes molestos de la pol\u00e9mica de protestantes y cat\u00f3licos. Dos amigos del Sr. Pouget, J. Chevalier y M. Legendre, la hab\u00edan tratado tiempos antes en la Revue catholique des \u00c9glises.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 a menudo que pr\u00e1cticas aut\u00e9nticamente cat\u00f3licas al tener lugar en tierra protestante se demostraron peligrosas a causa de esta proximidad. Veamos el ejemplo de la lectura de la Biblia o de la liturgia en lengua vulgar: es una costumbre a lo largo de la tradici\u00f3n; los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas o los disc\u00edpulos de san Pablo no escuchaban la palabra de Dios en una lengua extranjera, si la liturgia en Roma era latina es porque los Romanos hablaban el lat\u00edn. No es un car\u00e1cter del catolicismo hablar una lengua que s\u00f3lo comprendan los cl\u00e9rigos. Pero asociando los protestantes a este uso arcaico conceptos sobre la Escritura opuestos a la fe, pareci\u00f3 saludable oponerse a tal uso.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 tambi\u00e9n que cat\u00f3licos aceptaran, en la controversia, principios poco conformes a su propia tradici\u00f3n. De manera que, por l\u00f3gica de su sistema, los protestantes se sent\u00edan inclinados a ver por todas partes en la Escritura ense\u00f1anzas y afirmaciones; hab\u00edan rechazado la Tradici\u00f3n, que es esp\u00edritu, no quedaba ya m\u00e1s que la letra; las Escrituras deb\u00edan contener a sus ojos todos los art\u00edculos del s\u00edmbolo y todos los ritos de los sacramentos. Los cat\u00f3licos, por extra\u00f1o que parezca, los siguieron en este asunto. \u00abLa verdad venida de Dios tiene ante todo toda su perfecci\u00f3n\u00bb, dec\u00eda Bossuet, en el dintel majestuoso de su Histoire des Variations . Pero este axioma no ven\u00eda de los Padres. Bossuet lo tomaba del protestante Jean d&#8217;Aill\u00e9. Y Bossuet, contra el jesuita Petau que admit\u00eda cierta evoluci\u00f3n, apoyaba al obispo anglicano Bull. En resumen, si los cat\u00f3licos tardaron mucho en llegar a la ex\u00e9gesis hist\u00f3rica, se puede decir que los protestantes la emplearon por alg\u00fan fin. Pero cerremos aqu\u00ed este par\u00e9ntesis.<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis teol\u00f3gica, dec\u00eda el Sr. Pouget, es leg\u00edtima, pero a condici\u00f3n de que no se pretenda que sea ex\u00e9gesis, que se indique bien que es teolog\u00eda. Explicar el Antiguo Testamento por el Nuevo, explicar la Biblia entera por la tradici\u00f3n viva de la Iglesia, es mostrar la armon\u00eda y el perfecto acuerdo de la revelaci\u00f3n con los diferentes periodos de su desarrollo que no se contradice nunca a s\u00ed mismo, pero no es interpretar literalmente el texto sagrado, cuyas lagunas siguen enteras.<\/p>\n<p>Pongamos aqu\u00ed un ejemplo, querido de nuestro autor, de esos errores a los que podr\u00eda dar lugar la confusi\u00f3n de la teolog\u00eda y de la ex\u00e9gesis. Ser\u00e1 bajo la forma de uno de esos \u00abpeque\u00f1os trabajos\u00bb en los que el Sr. Pouget trabajaba sin descanso, ya para contestar a una pregunta, ya para propia satisfacci\u00f3n. Con ello se ofrecer\u00e1 al lector la idea de su estilo siempre algo pesado y preciso, pero no demasiado t\u00e9cnico, y de tal modo que todo hombre honrado pod\u00eda entenderlo.<\/p>\n<h3>La noci\u00f3n de santificaci\u00f3n y de justificaci\u00f3n en el Viejo Testamento.<\/h3>\n<p>Bas\u00e1ndose en Jerem\u00edas, seg\u00fan la traducci\u00f3n de la Vulgata y de los LXX que muchos te\u00f3logos e int\u00e9rpretes, aun hoy en d\u00eda, dijeron que el profeta, al igual que san Juan Bautista (Luc. I, 15),\u00a0 hab\u00eda sido purificado del pecado original desde el vientre de su madre. San Jer\u00f3nimo (en Jerem. I, 5), tiene buen cuidado de igualar las dos santificaciones, aunque hable de las dos a la vez. Porque efectivamente no se puede estar lleno del Esp\u00edritu Santo, como lo estuvo el Precursor, sin verse santificado interiormente. En cuanto al verbo hebreo kadash de Jerem., I, 5, indica primero la ausencia de mancha, sobre todo f\u00edsica, luego un destino religioso. Se santifica al pueblo por lociones o abluciones (Ex., XIX, 14, traducido algo diferentemente por la Vulgata); los sacerdotes, los particulares se santifican de una manera an\u00e1loga (cf. II Par., XXIX \u2013XX; Deut., XXIII, 10-12; II Sam., XI, 4). La santidad se entiende cada vez m\u00e1s como ausencia de mancha moral a medida de que se acerca la era cristiana; sin embargo \u00fanicamente llega a significar algo positivo en la acepci\u00f3n secundaria de la palabra kadash (recibir un destino religioso), muy extendida pero que puede no designar m\u00e1s que una santidad exterior. Es el sentido de esta palabra en nuestro texto: Jerem\u00edas es ya, antes de nacer, destinado al ministerio prof\u00e9tico. Es la palabra hasid que designa, seg\u00fan el uso, no seg\u00fan la etimolog\u00eda, la santidad interior en el Antiguo Testamento; tambi\u00e9n se prefiere con mayor frecuencia servirse de una par\u00e1frasis. En cuanto a kiddesch (santificar) y a sus derivados kodesh, kadosh (santidad, santo), tienen tan escasas relaciones con la santidad del alma que la expresi\u00f3n kodesh-kodashim, que es un superlativo hebreo traducido por Sanctus Sanctorum en la Vulgata, no se aplica en la Escritura m\u00e1s que a las cosas consagradas a Dios o a su culto y nunca a las personas, excepto en I Par., XXIII, 13, donde se dice que \u00abAaron escogido para convertirse en muy santo (kodesh-kodashim), \u00e9l y sus hijos por siempre\u00bb, es decir para ser destinado al ministerio sacerdotal. Por otra parte leemos en Deut., XXIII, 17 (h. 18): \u00abNo habr\u00e1 kedesha entre las hijas de Israel y no habr\u00e1 kadesh entre los hijos de Israel, lo que la Vulgata (ibid., 17) traduce con raz\u00f3n por meretrix et scortator. La apelaci\u00f3n kodesh, kedesha hace alusi\u00f3n al uso de los hier\u00f3dulos hombres o mujeres que atestaron siempre los templos de Siria y m\u00e1s tarde penetraron hasta Grecia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan se ve, pretender que la Biblia proclama a Jerem\u00edas santificado por la gracia interior desde antes de su nacimiento, es estar, como ya se ha dicho, fuera del pensamiento del texto sagrado y decir que Daniel, IX, 24, no puede referirse m\u00e1s que a Cristo que es el \u00fanico Santo de los Santos (kodesh-kodashim), es incurrir, involuntariamente sin duda, en un verdadero contrasentido; porque, si Cristo no es sant\u00edsimo m\u00e1s que por destino, no es pues santo por naturaleza, y menos a\u00fan la fuente inagotable de toda santidad.<\/p>\n<p>Una objeci\u00f3n, verdad es, se presenta a la mente, sacada de Santo de Israel dado frecuentemente a Dios en la Escritura. Pero en el Antiguo Testamento Dios es santo porque tiene horror de toda mancha y aleja de s\u00ed todo objeto impuro. La santidad de Dios se opone a la mancha moral, pero rechaza tambi\u00e9n la impureza f\u00edsica, como lo prueba el c\u00e9lebre pasaje del Deut., XXIII, 12-14 (h. 13-15). Estamos pues lejos todav\u00eda de la santidad cristiana. Por lo dem\u00e1s el Nuevo Testamento emplea a veces el lenguaje del Antiguo Testamento en este tema. La idea de santidad por abluci\u00f3n se presenta en I Cor VI, 11, pero aqu\u00ed el Esp\u00edritu Santo interviene por su efusi\u00f3n que produce en nuestras almas una regeneraci\u00f3n y una renovaci\u00f3n (Tit., III, 5); esta es la santidad de la nueva alianza que se llama tambi\u00e9n e incluso con mayor frecuencia la justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todas estas observaciones nos sugieren una advertencia muy importante en teolog\u00eda. Los autores del Nuevo Testamento dieron un sentido nuevo y m\u00e1s profundo a las palabras agiazein, agios, por las que los LXX tradujeron el hebreo kodesh, kadash, ya que estas palabras griegas, como sanctificare, sanctus que las traducen en lat\u00edn ten\u00edan ordinariamente un sentido an\u00e1logo al hebreo kiddesh, kadosh, el de pureza exterior o de consagraci\u00f3n a una divinidad cualquiera celeste o infernal, pura o impura. Sin embargo este mismo sentido en los hagi\u00f3grafos neo-testamentarios no es evidente a la primera inspecci\u00f3n de las palabras y para quien no posee a\u00fan la fe cristiana; el temor procede como es natural de que el Nuevo Testamento, muy familiar con el Antiguo, no emplee las palabras en el mismo sentido: cosa que parece la m\u00e1s probable para empezar.<\/p>\n<p>No se refutar\u00eda pues el dogma protestante de la justicia imputativa alegando contra \u00e9l textos como I Petr., 15-16; Heb., II, 11; Apoc., XXII, 11, etc., e incluso Jn., XVII, 19. El pasaje de I Cor., VI, 11 ser\u00eda mucho mejor porque la santificaci\u00f3n se atribuye al Esp\u00edritu de Dios que puede penetrar las almas. No obstante aqu\u00ed no se dice que las haya transformado realmente, y el t\u00e9rmino justificaci\u00f3n que viene despu\u00e9s del de santificaci\u00f3n no le da ninguna nueva fuerza.<\/p>\n<p>En efecto, dikaioun, dikaiosun\u00e8, dikaios, a los que corresponden justificare, justitia, justus en nuestra Vulgata, dan en los LXX las palabras hebreas:\u00a0 tsadaq, hitsediq; ts\u00e9deq, tsaddiq. Pero, en el Antiguo Testamento, las justicias que justifican y hacen justo son sobre todo las observancias legales, principalmente las que se refieren al culto divino, Rom., II, 26; Fil., III, 9 y Hebr., IX, 10. Los LXX han expresado estos t\u00e9rminos hebreos con toda propiedad en griego, por no conocer esta lengua tampoco m\u00e1s que la justicia exterior o legal. Aqu\u00ed tambi\u00e9n los escritores del NuevoTestamento produjeron un cambio radical en el sentido de las palabras, pero el cambio s\u00f3lo es evidente cuando se trata de santidad. Por eso, ni los textos como Rom., III, l, 9, ni siquiera pasajes como Rom., III, 20-30 son decisivos contra el error protestante ya se\u00f1alado. Para una refutaci\u00f3n verdadera, se han de citar los testimonios de Rom., V, 5; VIII, 9-11; I Cor., III, 16, etc., en los que la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios se ejerce realmente en el interior del alma y del coraz\u00f3n (Rom., V, 5), que es lo m\u00e1s \u00edntimo en el hombre seg\u00fan el lenguaje b\u00edblico. Se podr\u00eda alargar indefinidamente esta lista, pero preferimos terminarla con el testimonio del propio Salvador en Jn., XIV, 23: \u00abSi alguno me ama, guardar\u00e1 mi palabra, y mi padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l y en \u00e9l haremos morada\u00bb.<\/p>\n<h3>II Escritura y Tradici\u00f3n<\/h3>\n<p>La Iglesia ense\u00f1a y proporciona a los hombres el dep\u00f3sito de la verdad religiosa. este dep\u00f3sito sagrado se halla presente en\u00a0 pr\u00e1cticas, monumentos, documentos variados, cuyo conjunto forma la Tradici\u00f3n. Algunos de estos documentos fueron escritos bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo; forman entonces la Escritura, la cual es una parte de la Tradici\u00f3n, divinamente contingente. Por eso, en sus partes oscuras, la Escritura debe interpretarse a la luz de la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>En el cuaderno de 1903 del que ya hemos hablado, el Sr. Pouget hab\u00eda intentado explicar con exactitud el sentido de esta m\u00e1xima tradicional en la Iglesia y que Le\u00f3n XIII acababa de recordar: la Biblia debe ser interpretada conforme a la ense\u00f1anza de la Iglesia. \u00abEsta recomendaci\u00f3n, dec\u00eda, es una cosa de buen sentido, y sin embargo se presenta a veces de una forma que choca a la raz\u00f3n de nuestros contempor\u00e1neos.\u00bb El Sr. Pouget se hab\u00eda esforzado por evitar este inconveniente.<\/p>\n<p>Distingu\u00eda, en la ense\u00f1anza de la Iglesia, la ense\u00f1anza solemne y la ense\u00f1anza del Magisterio ordinario; ambas no se diferencian ni por la autoridad ense\u00f1ante, ni por el objeto ense\u00f1ado, lo que las distingue es el grado de precisi\u00f3n y, por lo tanto, de claridad. Una es neta, define; la otra se contenta con exponer. A aqu\u00e9lla se refieren las definiciones de los concilios generales y de las constituciones dogm\u00e1ticas de los papas, los S\u00edmbolos publicados y las profesiones de fe solemnes, tales como la de P\u00edo IV. Al Magisterio ordinario pertenecen la exposici\u00f3n de la doctrina cristiana, as\u00ed como se ense\u00f1a cada d\u00eda a todos los fieles, incluso por los simples sacerdotes, pero bajo la vigilancia de la autoridad episcopal, apoyada a su vez por la autoridad del Romano Pont\u00edfice.<\/p>\n<p>Ahora bien, este dep\u00f3sito doctrinal de la Revelaci\u00f3n, que la Iglesia conserva con un cuidado celoso y sobre el que trabaja sin descanso, este dep\u00f3sito, dec\u00eda el Sr. Pouget, est\u00e1 consignado en los documentos m\u00e1s diversos; son las pr\u00e1cticas morales y disciplinares de la sociedad cristiana; es el culto, la liturgia, la oraci\u00f3n solemne y sobre todo el uso de los sacramentos; son tambi\u00e9n los escritos religiosos de los personajes m\u00e1s santos y m\u00e1s estimados de la Iglesia; as\u00ed como, en un rango m\u00e1s alto, las actas p\u00fablicas de la autoridad eclesi\u00e1stica en las circunstancias m\u00e1s variadas. Este vasto acervo constituye lo que se llama monumentos de la Tradici\u00f3n; es la compilaci\u00f3n casi completa de las ense\u00f1anzas divinas. Y con todo se encuentran all\u00ed mezclados con elementos extra\u00f1os y expresados a menudo de forma muy poco expl\u00edcita.\u00a0 \u2013 Pero existe otra clase de documentos en los que la verdad revelada fue escrita por la orden y la inspiraci\u00f3n de Dios mismo. Muchas veces se expresa en ellos claramente y purificada de toda mezcla humana: hablamos aqu\u00ed de la Escritura, que se podr\u00eda definir esa parte principal de la Tradici\u00f3n que qued\u00f3 consignada en escritos. Tradici\u00f3n y Escritura tienen, en su contenido, muchas partes comunes; aunque la primera sea mucho m\u00e1s extensa que la segunda, excepto en algunos puntos, especialmente sobre la persona de Cristo, la Escritura parece completar la Tradici\u00f3n, a la que sobre todo explica y precisa, explicada a su vez sobre otros puntos, y precisada por la Tradici\u00f3n. Que una parte de esta verdad tradicional haya sido consignada, en diversas circunstancias en Escritos inspirados, es cosa accidental con respecto a esta verdad y no es indispensable para la ense\u00f1anza de los hombres, si bien la Escritura es \u00fatil al progreso de nuestra piedad.<\/p>\n<p>En estas condiciones, es posible que, a ejemplo de todo ser vivo, la Tradici\u00f3n avance siguiendo siempre id\u00e9ntica a s\u00ed misma en el fondo. La experiencia confirma la verdad de estas inducciones. \u00abA la luz de la historia interior de la Iglesia, vemos la autoridad divina o jerarqu\u00eda de gobierno perfeccionarse todos los d\u00edas en su organizaci\u00f3n y en su ejercicio, sin dejar nunca de ser la autoridad apost\u00f3lica que emana sin discontinuidad del Salvador mismo. A la misma luz constatamos tambi\u00e9n c\u00f3mo va enriqueci\u00e9ndose el objeto de nuestra creencia con claridades nuevas y explicaciones que resaltan su extensi\u00f3n y colocan m\u00e1s al alcance, de nuestra mente y de nuestra voluntad, las partes m\u00e1s elevadas o m\u00e1s pr\u00e1cticas\u00bb. Pues bien, en los lugares claros de la Escritura, raz\u00f3n y tradici\u00f3n se ponen de acuerdo, una no tiene porqu\u00e9 ceder a la otra. Pero en los lugares oscuros, \u00bfqu\u00e9 va a suceder?<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, se resumir\u00eda con bastante facilidad las notas del Sr. Pouget en este compacto trabajo de1903 si las reducimos a dos reglas complementarias:<\/p>\n<p>1\u00ba Si la cr\u00edtica, que tan s\u00f3lo puede fundarse en la filolog\u00eda y la historia, llega a una conclusi\u00f3n indeterminada, entonces puede y debe pedir sus luces a la Tradici\u00f3n, que no est\u00e1 encadenada necesariamente a un solo texto. En ese caso, no es la raz\u00f3n la que cede a la Tradici\u00f3n, es la Tradici\u00f3n la que representa la verdad hist\u00f3rica a la que se conforma la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles no recibieron nunca el encargo de redactar un cuerpo de doctrina. Su Maestro les encarg\u00f3 siempre de la predicaci\u00f3n (Mat., XXVIII, 19; Luc., XXIV, 46-48; He., I, 8; I Cor., I, 17, etc.), nunca de escribir y s\u00f3lo ocasionalmente se compusieron las diversas partes del Nuevo Testamento. Hay puntos de dogma entero que se hallan tan s\u00f3lo por alusi\u00f3n en el Nuevo testamento y no son raros: as\u00ed sucede con el episcopado mon\u00e1rquico, con el matrimonio como sacramento; incluso cuanto tiene relaci\u00f3n con los otros sacramentos es con frecuencia oscuro e incompleto. Habr\u00e1 que echar mano de toda la literatura eclesi\u00e1stica de los tres primeros siglos para probarse el origen divino de la constituci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento, si bien contiene abundante materia teol\u00f3gica, no encierra pues una exposici\u00f3n completa del dogma cat\u00f3lico, ni siquiera de los materiales necesarios para establecerlo. De ah\u00ed que existan peleas entre dos interpretaciones, la\u00a0 ex proprio ingenio y la ex ratione majorum, la Tradici\u00f3n debe primar, ya que tiene luces, cuando el sentido privado s\u00f3lo puede emitir conjeturas sobre todo si la per\u00edcopa no tiene paralela. En la Iglesia hay una doctrina dogm\u00e1tica y moral transmitida con un cuidado celoso. Cuando la raz\u00f3n, que no dispone m\u00e1s que de textos, llega a una soluci\u00f3n indeterminada, se queda encadenada al texto; pide entonces luces a la Tradici\u00f3n, la cual no est\u00e1 necesariamente encadenada a un solo texto.<\/p>\n<p>Un ejemplo aclarar\u00e1 todo esto:<\/p>\n<p>La indisolubilidad del matrimonio seg\u00fan Mat., V, 32 y XIX, 9<\/p>\n<p>Se ha dicho (Mat., V, 32): qui dimiserit uxorem suam, excepta fornicationis causa, facit eam maecari et qui dimissam duxerit adulterat. El mismo pensamiento casi con los mismos t\u00e9rminos se halla tambi\u00e9n en (Mat., XIX, 9 en el que las ediciones cr\u00edticas (griegas) suprimen la segunda mitad del vers\u00edculo y la dificultad resultar\u00eda insoluble, si no tuvi\u00e9semos m\u00e1s que Mat., XIX, 9. En cuanto a los otros Sin\u00f3pticos (Mar., X, 11 y Luc., XVI, 18) expresan pura y simplemente la indisolubilidad del matrimonio cristiano. Una regla positiva puede tener alguna excepci\u00f3n (las ten\u00eda en el Antiguo Testamento; san Mateo, \u00bfno se\u00f1alar\u00eda el caso en que debe tener lugar una de estas excepciones? S\u00ed, se sentir\u00eda uno tentado a decirlo a la primera lectura y es as\u00ed como lo comprende generalmente la Ex\u00e9gesis liberal. Los Griegos han actuado de la misma manera. Ahora bien, la Iglesia cat\u00f3lica romana ha sido siempre inflexible respecto de la indisolubilidad del matrimonio cristiano leg\u00edtimamente contra\u00eddo y consumado. A sus ojos, la Ex\u00e9gesis liberal no cuenta. En cuanto a los Griegos, si no los conden\u00f3 en Trento, s\u00ed que pronunci\u00f3 el anatema contra quien pretendiera pensar que se equivoca en este punto.<\/p>\n<p>Volvamos a nuestros dos textos, Mat., V, 32 y XIX, 9. De por s\u00ed solo, el \u00faltimo ser\u00eda brutal, tal y como se halla en las ediciones cr\u00edticas: ser\u00eda dif\u00edcil no ver en \u00e9l la autorizaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica de los Griegos. Pero la versi\u00f3n latina tiene tambi\u00e9n su autoridad cr\u00edtica, independientemente de la que le da la autoridad eclesi\u00e1stica (que nosotros ignoramos en este momento ya que es tradicional y que la tradici\u00f3n est\u00e1 precisamente cuestionada). Por otra parte, como los dos textos son del mismo autor, no deben contradecirse y el m\u00e1s rico en detalles nos ayudar\u00e1 a explicar el otro; es suficiente entonces comprender Mat., V, 32. Pero, la primera mitad de este vers\u00edculo es tan dif\u00edcil como el vers\u00edculo Mat., XIX, 9 de las ediciones cr\u00edticas porque hay identidad: parece que el marido tiene derecho de repudiar a la mujer en caso de adulterio y de volverse a casar ya que la continencia no est\u00e1 m\u00e1s que aconsejada en el Nuevo Testamento (Mat., XIX, 11-12; I Cor., VII, 23). Pero veamos la otra mitad del vers\u00edculo; el matrimonio es un contrato bilateral: no podr\u00eda romperse por uno de los esposos, sin que el otro se viera libre.<\/p>\n<p>Ah\u00ed est\u00e1 el nudo de la dificultad. Pero, a pesar de todo, verosimilitud no es certeza y s\u00f3lo hay que decir una cosa, que nos encontramos ante un texto oscuro, porque en realidad puede tener dos sentidos. Hay que confesarlo, si se considera el vers\u00edculo en s\u00ed, el sentido favorable al divorcio parece en primer lugar el m\u00e1s probable, pero el otro sentido tiene tambi\u00e9n su probabilidad: el texto es pues verdaderamente dudoso. Sin embargo, si no se admite la autoridad de la Tradici\u00f3n, se correr\u00e1 el riesgo de pasarse al lado de los Griegos; ya que, en todo rigor, ni los textos paralelos (Marc., X, 11 ; Luc., XVI, 18), ni Rom., VII, 2, ni I Cor., VII, 39, nos aportan ninguna luz. Ya que la ley general, cuyo enunciado nos dan, podr\u00eda muy bien tener alguna excepci\u00f3n, sin que nos hubiesen hablado de ella. Pero disponemos del recurso de la Tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica (damos por probadas por otro lado en un tratado especial su existencia y su autoridad): \u00bfno conviene que nuestra raz\u00f3n vaya a consultarla, si quiere ser prudente hasta el final? Obrando de esta forma, se someter\u00e1 menos todav\u00eda a la tradici\u00f3n que a ella misma. Si las definiciones eclesi\u00e1sticas est\u00e1n siempre claras, no es raro encontrar oscuridad en las Escrituras, aun en lo que se refiere a la ense\u00f1anza religiosa. Esta obscuridad es debida bien sea a una expresi\u00f3n defectuosa (hemos ofrecido un ejemplo en el texto estudiado m\u00e1s arriba de Mat., V, 32 y XIX, 9); bien se deba a una exposici\u00f3n incompleta del pensamiento que incluso a veces no se expresa m\u00e1s que por alusi\u00f3n. En una ocurrencia as\u00ed, un buen ex\u00e9geta nunca pretender\u00e1 sacar de su texto un sentido claro y perfecto: estar\u00edamos pidi\u00e9ndole lo que no tiene.<\/p>\n<p>Demos ahora la segunda regla que equilibra la primera y regula su uso.<\/p>\n<p>2\u00ba La Escritura no puede nunca en s\u00ed misma ser transformada por la luz reflejada de la Tradici\u00f3n y un texto oscuro sigue si\u00e9ndolo, sean las que fueren las interpretaciones que se le aplican.<\/p>\n<p>Que no se haga decir a los textos lo que no estaba en la mente de sus autores. Sin duda es verdad que la Biblia s\u00f3lo tiene un autor principal, que es el Esp\u00edritu Santo, pero la Revelaci\u00f3n no nos ha sido menos dada con un progreso siempre creciente a medida de que se acercaban los tiempos de la venida del Salvador: los primeros hagi\u00f3grafos que no conoc\u00edan m\u00e1s que los dogmas contenidos en el Evangelio no pod\u00edan pues hablar de \u00e9stos con la nitidez y la seguridad de los Concilios. Alegar sus textos como prueba de estos dogmas, es querer hacer luz con sombra. Es verdad que los Padres usaron con frecuencia de este m\u00e9todo: as\u00ed, san Ambrosio, san Hilario, san Atanasio se esfuerzan en probar la consubstancialidad del Verbo con textos bastante poco claros del Antiguo Testamento. Pero los santos autores ten\u00edan que responder a los herejes que hab\u00edan adoptado este m\u00e9todo de controversia y que presentaban a los fieles la autoridad de la Antigua Alianza: hab\u00eda que seguirlos en su terreno.<\/p>\n<p>Es verdad que procediendo de esta forma se acab\u00f3 por acudir a textos que ten\u00edan a lo m\u00e1s la apariencia de claridad. Pues, de semejantes premisas no se pod\u00edan sacar conclusiones teol\u00f3gicas de buena ley; era tanto menos posible, cuanto m\u00e1s a menudo se segu\u00eda exagerando el alcance de los textos. Los Padres ilustres de los siglos IV y V, los grandes te\u00f3logos del siglo XIII evitaron por lo general las distancias que fueron bastante frecuentes en \u00e9pocas menos brillantes. Se consideraba entonces a la Escritura como la fuente y el tesoro de todo conocimiento; se atribu\u00eda casi siempre el m\u00e1ximo de significaci\u00f3n posible a los textos sin preguntarse si hab\u00eda sido \u00e9sa la intenci\u00f3n del hagi\u00f3grafo. As\u00ed sucedi\u00f3 que en la alta Edad Media y m\u00e1s tarde, durante la decadencia de la escol\u00e1stica, se produjeron numerosas ampliaciones que han pesado en algunos puntos sobre la marcha de la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>En lugar de limitarse a estudiar, con los antiguos padres, la Teolog\u00eda o Trinidad, la Econom\u00eda o Encarnaci\u00f3n-Redenci\u00f3n (que se puede llamar Cristolog\u00eda o Soteriolog\u00eda), por las condiciones constitutivas de las principales fuentes de la gracia, es decir el sacrificio y los sacramentos, los te\u00f3logos apuntaban a la creaci\u00f3n entera, visible e invisible, en el tiempo y en la eternidad; cre\u00edan deber examinar cada cosa y hasta en su naturaleza \u00edntima, hasta en los modos de existencia o de operaci\u00f3n m\u00e1s secretos. Cuando se decid\u00eda sobre todas estas materias con razones de congruencia se hac\u00eda teolog\u00eda escol\u00e1stica, buena o nueva, seg\u00fan las susodichas razones. Pero cuando se decid\u00eda con pruebas escriptur\u00edsticas, cuando, con textos b\u00edblicos, se quer\u00eda establecer, por ejemplo, no s\u00f3lo la existencia de la gracia, sino el modo de su acci\u00f3n, con el fin de tomar posici\u00f3n entre los sistemas rivales de los Tomistas y de los Molinistas, entonces si se hac\u00eda aparentemente teolog\u00eda positiva, no era en realidad sino ex\u00e9gesis bastante pobre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.) 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