{"id":26829,"date":"2025-07-01T08:12:06","date_gmt":"2025-07-01T06:12:06","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=26829"},"modified":"2024-08-22T20:58:12","modified_gmt":"2024-08-22T18:58:12","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-i\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (I)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><em>Acude a la reuni\u00f3n de los ancianos,<br \/>\n\u00bfque te encuentras con un sabio?<br \/>\nj\u00fantate a \u00e9l.<br \/>\nSi VI, 34.<\/em><\/p>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>Cuando los azares de la vida nos han colocado frente a un gran ejemplo, ser\u00eda verdaderamente una falta de esp\u00edritu guardarse esta ense\u00f1anza para s\u00ed solo. Los Ancianos insistieron mucho sobre este deber de gratitud que era, a sus ojos, el m\u00e1s sagrado. Me parece que en nuestros d\u00edas se conf\u00eda m\u00e1s en las propias virtudes, hay titubeos en decir lo que se debe. Se habla mucho de la solidaridad y de los lazos misteriosos que hacen de todos los hombres un solo cuerpo; se multiplica la gratitud hasta el infinito cuando se quiere evitar restringirla a aquellos a los que se puede llamar por su nombre propio. A mi parecer, la piedad no se aplica solamente a Dios y ella nos aconseja reavivar y resucitar, como lo hizo Marco Aurelio en sus Pensamientos, la imagen de los que nos dieron en este mundo lo mejor de s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Por lo mismo que el Sr. Pouget, de quien no voy a dejar ya de hablar, no se dio a conocer durante los d\u00edas de su vida mortal; pon\u00eda todo el cuidado en ocultarse, cosa que otros ponen en hacerse valer, un cuidado meticuloso y arisco. Y eso nos urge m\u00e1s todav\u00eda a celebrarlo, aunque no sea m\u00e1s que para restablecer el equilibrio por justa compensaci\u00f3n<\/p>\n<p>Se podr\u00eda citar en nuestro siglo de charlatanes a varios de estos pensadores oscuros\u00a0 que no han lanzado ning\u00fan escrito en p\u00fablico y que han tenido en cambio posteridad. Pienso en el abate Noirot, en el abate Huvelin, en Louis Aguettant, en Lucien Herr, y en aquel Jules Lagneau de quien dec\u00eda Alain que era \u00abel \u00fanico Gran Hombre con quien se hubiera encontrado\u00bb. El Sr. Pouget era de esa clase y en grado heroico. Hac\u00eda pensar en estos seres descritos en Las Dos Fuentes del Sr. Bergson como constituyendo por s\u00ed solos una especie; no se parec\u00eda a nadie m\u00e1s.<\/p>\n<p>Reun\u00eda los contrarios. No ten\u00eda presencia y era sin duda una de las inteligencias m\u00e1s fuertes de su tiempo; por fuera era un viejo profesor retirado del mundo, sin t\u00edtulos universitarios, sin notoriedad, sin ning\u00fan brillo, ni siquiera entre los suyos, y sin embargo albergaba bajo ese sacramento de oscuridad un esp\u00edritu abierto a todo, informado en todos los conocimientos humanos, desde las matem\u00e1ticas a las lenguas orientales pasando por el d\u00e9dalo de la historia sagrada y profana, y sobre todo pose\u00eda un juicio seguro y sereno, osado y prudente que hallaba infaliblemente, despu\u00e9s de dar vueltas, sufrir y gemir, la l\u00ednea exacta que separa lo que se puede saber de lo que se debe ignorar. En primer lugar se quedaba uno estupefacto de su prodigiosa memoria que convert\u00eda su enorme cr\u00e1neo en una biblioteca viva, pero esta memoria, lejos de abrumar como suele suceder en esos casos, estaba a su disposici\u00f3n y para servirse de ella; le permit\u00eda basar su reflexi\u00f3n y renovarse sin parar. En el fondo era un hombre de la tierra, habituado a los m\u00e9todos del trabajo del suelo, hablando el lenguaje de la gente de la tierra: era un campesino puro pero un campesino sabio y autodidacta, que roturaba la f\u00edsica y la ex\u00e9gesis como lo hubiera hecho con un helechal. Un sabio, dec\u00eda yo, pero tambi\u00e9n y\u00a0 m\u00e1s todav\u00eda un sabio de\u00a0 tiempos pasados, un \u00abhombre de Dios\u00bb y quien lo hab\u00eda dejado todo por las cosas de Dios, primero sus campos, luego sus ojos, despu\u00e9s sus ciencias queridas, su tranquilidad y la libre disposici\u00f3n de su tiempo, y quien a pesar de sus sacrificios se interesaba con pasi\u00f3n por todo aquello que ya ten\u00eda superado, en particular por los descubrimientos de las ciencias, por la conversaci\u00f3n de los profesionales, por todo lo que ocupa y preocupa a la gente del mundo.<\/p>\n<p>Una sabio respetuoso con los especialistas, y que no obstante pensaba por s\u00ed mismo, y lo somet\u00eda todo a discusi\u00f3n. Llevando al estudio de la teolog\u00eda los m\u00e9todos de sumisi\u00f3n, de precisi\u00f3n y de prudencia que hab\u00eda recogido de su terru\u00f1o, de la pr\u00e1ctica de las ciencias exactas y del esp\u00edritu s\u00f3lido de san Vicente de Pa\u00fal. Tan independiente y despierto como lo puede ser un esp\u00edritu fuerte, tan poco dispuesto como el m\u00e1s puro de los racionalistas a someterse sin razones y a dejarse \u00abenredar aqu\u00ed\u00bb (se\u00f1alando su frente con el dedo), y con todo el m\u00e1s pronto en callarse, y en confundirse con la masa, y en respetar cada decisi\u00f3n de la disciplina eclesi\u00e1stica o religiosa. Rindiendo de esta forma a la Iglesia romana, de la que era humilde servidor, el m\u00e1s hermoso homenaje que ella pudiera desear de un hombre: el de una conciencia indomable y de una raz\u00f3n muy dif\u00edcil en materia de pruebas. Meditando siempre a Cristo, \u00ablanzando, como \u00e9l dec\u00eda, a Cristo\u00bb a diestro y siniestro, pero se\u00f1alando detr\u00e1s de Cristo a la Iglesia. Libre de todos someti\u00e9ndose a todos.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda pasado lo mejor de su vida entre las dos guerras y en esta \u00e9poca en que tantas cabezas generosas hab\u00edan ensayado instalar un puente entre el siglo y la Iglesia y no hab\u00edan sido reconocidas por ninguno de los dos; hab\u00eda perdido casi al mismo tiempo y en ese tiempo los ojos y la c\u00e1tedra, sin dejarse desanimar por ello. Hab\u00eda trabajado \u00ablo mismo que un motor que gira, aun sin que se le embrague\u00bb. Silenciosamente hab\u00eda construido un bonito arco de piedra tallada, sin amargura y sin prisa, sin caerse ni con precipitaci\u00f3n cr\u00edtica ni antiguos prejuicios.\u00a0 Privado de la vista desde hac\u00eda treinta a\u00f1os, viv\u00eda un d\u00eda s\u00ed y otro no en una neblina de luz m\u00e1s lacerante que las tinieblas, pero este anciano pose\u00eda ese don \u00fanico de haceros discernir siempre, en todo lo que se le propon\u00eda, la parte del art\u00edfice, del enredo y el peque\u00f1o n\u00facleo en su punto justo. Por \u00faltimo, para decirlo todo, del fondo de su noche, el Sr. Pouget dejaba partir tan puros rayos de luz que se desprend\u00edan de \u00e9l y que uno pod\u00eda llevarse consigo.<\/p>\n<p>Ahora querr\u00eda explicar lo que m\u00e1s me ha sorprendido con este hombre. En un pasaje de sus Recuerdos con Jules Lagneau, el Sr. Chartier se propone averiguar c\u00f3mo un hombre inteligente y libre, un Lachelier por ejemplo (ya que es en \u00e9l en quien est\u00e1 pensando) puede todav\u00eda tener la fe. Y da la raz\u00f3n siguiente: a los ojos de un cristiano, nos dice resumiendo, todo es seguro, todo est\u00e1 regulado en cuanto al fondo, y esta entrega primera de la libertad y de la inteligencia le produce una gran seguridad. El creyente, a la usanza de Descartes, puede arriesgarlo todo ya que se ve apoyado por todas partes. Y, para terminar, el Sr. Chartier escribe: \u00abFinalmente el cat\u00f3lico no tiene nunca la obligaci\u00f3n de pensarlo todo. Alguien piensa por \u00e9l\u00bb. Cuando hall\u00e9 esta frase en ese librito cuya piedad me encanta, conoc\u00ed como en un destello que defin\u00eda mejor que otra cualquiera lo propio del Sr. Pouget, pero evidentemente era al contrario. Cada ma\u00f1ana, cada momento, este nuevo Atlas se impon\u00eda la obligaci\u00f3n de pensar el todo sin que en ning\u00fan momento admitiera que nadie pensara por \u00e9l. Se echaba encima esta carga como el buey de labor se deja uncir al yugo bienhechor. O mejor como el labrador acepta cada d\u00eda el peso total de la tierra. Y yo no digo que la f\u00f3rmula el Sr. Chartier no sea verdadera para la mayor parte de nosotros. \u00bfC\u00f3mo iba a ser de otra forma? \u00c9l mismo se refiere a este amo que le hab\u00eda dado la impresi\u00f3n de sostener el universo; basta en efecto con que haya uno. Se entiende perfectamente que en la sociedad religiosa muchos sigan pensando por rutina, por tradici\u00f3n, por obediencia, por disciplina, por el juego normal de la imitaci\u00f3n, por la repetici\u00f3n de lo que se dijo y se dijo bien, por respeto a las palabras ca\u00eddas de la boca de los santos: por otra parte ah\u00ed est\u00e1 la fuerza de la Iglesia en infundir su verdad en estas reflexiones perezosas que normalmente no deber\u00edan suponer una parte tan importante; se ve por las otras religiones y tradiciones. Pero preciso es que haya siempre en alg\u00fan lugar ciertas personas fuertes, ciertos pilares y, como dec\u00eda el ap\u00f3stol, ciertas columnas implicadas en el duro trabajo de soportar el edificio y de demolerlo sin cesar en esp\u00edritu para poder sostenerlo por el solo pensamiento. Era entonces esta inquietud de llevar el Todo la que daba al Sr. Pouget, como a Parm\u00e9nides, algo de venerable y de oscuro. Puesto que, en cada cuesti\u00f3n que se le pon\u00eda o que \u00e9l expon\u00eda, sacaba a relucir un mont\u00f3n de cosas. De continuo volv\u00eda a las bases, a los comienzos y a los principios, y en ellos se daba el tiempo necesario. Oh! y c\u00f3mo se sufr\u00eda, cuando se hab\u00eda llegado de lejos para proponerle una dificultad apremiante, y no saber sacarle una respuesta! Mi problema, yo se lo lanzaba nada m\u00e1s franquear la puerta, como un mensajero anuncia la noticia; y entonces le ve\u00eda penetrar en el gran laberinto de sus pensamientos. Sub\u00eda por senderos de cabras hasta las cimas confusas para m\u00ed y en las que era preciso que \u00e9l se detuviera. Pero as\u00ed, ense\u00f1aba a palpar la cosa por uno mismo, luego a decidirse seg\u00fan la propia conciencia.<\/p>\n<p>Se comprende que muchos j\u00f3venes, que muchos hombres maduros y algunos ancianos se hayan sentido empujados por un irresistible atractivo hacia la humilde celda donde viv\u00eda y de la que m\u00e1s adelante daremos la descripci\u00f3n y el inventario. Como el Sr. Pouget era ciego, era extremadamente f\u00e1cil atrapar al vuelo lo que dec\u00eda, respetar el movimiento de su estilo oral, captar su pensamiento en las propias comisuras de los labios. Si hubiera tenido vista, su modestia habr\u00eda paralizado este espionaje, y creo tambi\u00e9n que nos habr\u00edamos sentido cohibidos por una especie de pudor; nuestras palabras no pertenecen a nadie, y no se firma m\u00e1s que lo escrito. Al escucharle as\u00ed, y al tomar apuntes a la sordina, pensaba yo en estas palabras de Pap\u00edas referidas en la Historia eclesi\u00e1stica de Eusebio. El viejo obispo de Hier\u00e1polis nos dice con qu\u00e9 avidez escuchaba \u00e9l a los que hab\u00edan sido los disc\u00edpulos de los ap\u00f3stoles: \u00abNo pensaba que las cosas recogidas en los libros me pudiesen servir de tanta utilidad, segu\u00eda diciendo, como lo que proced\u00eda de una palabra viva.\u00bb \u00a1Qu\u00e9 bien convienen estas palabras a los que escuchaban al Sr. Pouget y espiaban atentamente sus curiosos modos de decir las cosas!<\/p>\n<p>Su candor era extremo. A veces, o\u00eda el ruido del portaplumas en el papel, porque pose\u00eda grandes o\u00eddos que percib\u00edan los peque\u00f1os ruidos.<\/p>\n<p>\u00abPero, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 haciendo usted? \u2013 Se\u00f1or Pouget, le dec\u00eda, tomo algunos apuntes&#8230; \u2013 Ah s\u00ed, dec\u00eda, usted apunta una idea que se le ha ocurrido.\u00bb<\/p>\n<p>Se volver\u00e1 una y otra vez sobre las l\u00edneas generales, como hace el que dibuja, que duda, que vuelve y deja a veces para un mismo contorno varios trazos en lugar de uno solo, pues sabe muy bien que las repeticiones no causan da\u00f1o a la verdad y que en cambio la ayudan haciendo entrar en el ojo del que mira ese movimiento del modelo que el dibujo no puede dar. Me atrevo a esperar que nuestros lectores, despu\u00e9s de los intentos ciegos y la inevitable confusi\u00f3n del principio, queden al fin satisfechos; ojal\u00e1 lleguen a ver poco a poco salir el rostro del Sr. Pouget de su penumbra y mirarlos con su sonrisa bonachona.<\/p>\n<p>Pues a menudo ser\u00e1 el propio Se\u00f1or Pouget quien hable; es lo que yo llamo, con un t\u00e9rmino que citaba con frecuencia para los Evangelios, sus logia, sus dichos, seg\u00fan una vieja palabra francesa. Los que le conocieron y le quisieron volver\u00e1n a ver quiz\u00e1s en esas frasecitas cortadas y \u00e1giles, en ese acento, ese giro inimitable y esa mirada de la voz que es tan dif\u00edcil evocar cuando se piensa en los muertos.<\/p>\n<p>27 de agosto de 1939.<\/p>\n<h2>Cap\u00edtulo I<em>: La vida del Sr. Pouget hasta 1920.<\/em><\/h2>\n<p>El lector buscar\u00e1 en vano en la relaci\u00f3n que vamos a entablar un biograf\u00eda completa del Sr. Pouget. La vida de aquellos que se dedicaron al estudio, sobre todo si no han publicado ninguna obra, no presenta ninguno de esos acontecimientos en los que pueda apoyarse el narrador. El Sr. Pouget apenas escrib\u00eda cartas: las que se han conservado y que me han llegado acaban por resultar did\u00e1cticas y s\u00f3lo hablan de \u00e9l ocasionalmente. He dicho que era de verdad un desconocido al mundo. Las vueltas que he dado para conocer su pasado han sido de escasos resultados. Se hubiera dicho que hab\u00eda cierta indiscreci\u00f3n en penetrar ese misterio de regularidad y de humildad, como si alguien deseara conocer la vida de su madre cuando no era todav\u00eda m\u00e1s que una jovencita.<\/p>\n<p>Todo cuanto se puede hacer en este cap\u00edtulo inicial, necesario como fondo de cuadro, y primer esbozo es decir lo que el Sr. Pouget contaba de ese pasado en la ancianidad en que le conoc\u00ed: si con frecuencia se refrescaba, volv\u00eda a los recuerdos de su vida campesina por expansi\u00f3n, por piedad hacia sus \u00abpobres padres\u00bb, por la coqueter\u00eda de la edad avanzada: era este periodo el que reviv\u00eda mejor en su memoria, como si todo el intervalo hubiese estado lleno de tareas y de ocupaciones y que estuvieran all\u00ed sus ra\u00edces: en todo \u00e9l hab\u00eda sido campesino. Y el lector comprender\u00e1 poco a poco porqu\u00e9 el Sr. Pouget no pod\u00eda nunca separarse de sus mesetas y de sus p\u00e1ramos.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget era al mismo tiempo un cerebral y un rural: estas dos cosas se oponen con mucha frecuencia, como se ve por tantas inteligencias que no han sabido desarrollarse sino desarraig\u00e1ndose o busc\u00e1ndose los or\u00edgenes despu\u00e9s. El Sr. Pouget no ten\u00eda que hacer este trabajo. Era un verdadero campesino. Aunque se hab\u00eda despojado de todo amor propio, hab\u00eda seguido apegado a esta tierra materna que \u00e9l conoc\u00eda como la conocen los labradores y los pastores, por haberse doblado sobre ella, por haber explorado todos sus recovecos, de manera que pod\u00eda recorrerla todav\u00eda con la mente, cuando quer\u00eda. Sin embargo, me contaron por all\u00ed una historia dolorosa. En 1911, cuando fue a su pa\u00eds por \u00faltima vez (visita que recuerdan todav\u00eda los viejos, como el Sr. Podfer, uno de\u00a0 sus primos), su vista comenzaba a enturbiarse. Los suyos quer\u00edan que se dejara acompa\u00f1ar en sus paseos. Pero, pensemos un momento, qu\u00e9 humillaci\u00f3n, qu\u00e9 fastidio! Con el fin de probarse a s\u00ed mismo que no estaba tan ciego y quiz\u00e1 tambi\u00e9n para disfrutar m\u00e1s de su tierra y de su pasado, quiso partir solo. Y se dirigi\u00f3 hacia los campos que labraba con su padre y sobre todo hacia los pastos de Jaunisse donde cuidaba los ganados, hacia los campos y los pedregales del Ronne, por las orillas del Besse. Y all\u00e1 se perdi\u00f3, como m\u00e1s tarde se perd\u00eda en su peque\u00f1a celda de la calle de S\u00e8vres, buscando la puerta all\u00ed donde estaba la ventana, y entonces se le tomaba la mano, se le calmaba, porque se echaba pestes contra s\u00ed mismo, poni\u00e9ndole en su camino. En su casa, en sus tierras que conoc\u00eda de memoria, se vio obligado a llamar y pedir auxilio. Es probable que se hubiera retrasado y el d\u00eda estuviera cayendo. Sin duda que lo trajo a casa, como Ant\u00edgona guiaba a Edipo, uno de esos chicos de enorme cabeza como los que he visto en la aldea de Moranges. \u00a1Qu\u00e9 desesperaci\u00f3n debi\u00f3 de ser! Pero si su ojo ten\u00eda desfallecimientos, su memoria no se perd\u00eda nunca, y su vieja Auvernia viv\u00eda en \u00e9l, objeto natural de sus pensamientos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda nacido el 14 de octubre de 1847, en la aldea de Moranges (en otro tiempo Mouressanges), en el municipio de Maurines, a siete kil\u00f3metros de Chaudesaigues, el deanato, a veintiocho kil\u00f3metros de Saint-Flour. Era la una de la ma\u00f1ana, un a\u00f1o despu\u00e9s, dec\u00eda \u00e9l, de que se hab\u00eda dado la primera cavada en Ninive. Era el \u00abprimero de su madre\u00bb, que se hab\u00eda casado a los veintid\u00f3s. De esta madre s\u00f3lo me hab\u00eda contado su muerte. \u00abEn el 74, le hab\u00edan dado unos \u00abataques\u00bb. A los cuatro d\u00edas: \u00abVaya a buscarme al Sr. Cura.\u00bb El cura vino; quiso administrarla. \u00abTodav\u00eda no, Se\u00f1or Cura, ya le avisar\u00e9 cuando haga falta.\u00bb Y dos d\u00edas despu\u00e9s: \u00abId a decir al Sr. Cura que me traiga la extremaunci\u00f3n.\u00bb El Sr. Pouget se acordaba tambi\u00e9n de un t\u00edo, hermano de su padre, hombre peque\u00f1o y decidido que muri\u00f3 a los noventa y siete a\u00f1os menos tres meses. Un d\u00eda, en casa de un comerciante en vinos, hab\u00eda sesi\u00f3n de hipnotismo. Este Pouget hab\u00eda dicho: \u00abEsa t\u00eda no me magnetizar\u00e1.\u00bb Estaba sordo y ciego, rezaba todo el tiempo. Una ma\u00f1ana dijo: \u00abNo s\u00e9 lo que me pasa, me siento mal como nunca lo he estado. Que me vayan a buscar al cura\u00bb. El cura vino y le dio todos los sacramentos. Una hora despu\u00e9s hab\u00eda muerto.<\/p>\n<p>Se ve de qu\u00e9 manera pasaban de este mundo al otro los Pouget en aquellos tiempos pasados: como gentes pr\u00e1cticas y sencillas, observadores de las se\u00f1ales y en primer lugar de s\u00ed mismos; no ten\u00edan ninguna prisa en morir, pero cuando ve\u00edan llegar el momento, entonces sin adelantarse ni retrasarse, cuando ten\u00eda que ser, se mor\u00edan como cristianos.<\/p>\n<p>La pieza m\u00e1s curiosa de la galer\u00eda de antepasados era, sin la menor duda, la t\u00eda abuela de su madre, Gabrielle Gastal, que muri\u00f3 m\u00e1s que centenaria:<\/p>\n<p>Era una mujer que cre\u00eda firmemente en Dios. Hablaba poco, limit\u00e1ndose a decir oc por s\u00ed. Mi t\u00eda ten\u00eda cien a\u00f1os en 1867, cuando entr\u00e9 en San L\u00e1zaro. Muri\u00f3 tres a\u00f1os m\u00e1s tarde. Ten\u00eda un cura que le hac\u00eda muchas preguntas. \u00ab\u00bfVeis este p\u00e1jaro, dec\u00eda ella al verle, es rojo como una cereza.\u00bb Y tambi\u00e9n: \u00abAh! se\u00f1or cura, qu\u00e9 <em>a\u00efs<\/em> (fastidioso) es usted!\u00bb; eso porque no ten\u00eda ganas de contestarle. El cura le hab\u00eda preguntado si Dios era joven o viejo. Ella le respondi\u00f3: \u00ab<em>Akil dati es joube am\u00e9biel<\/em>. O ou toute. <em>Si you ere coumasil nourio pas besou de ris<\/em>. \u00c9l no es ni joven ni viejo, se\u00f1or cura, lo tiene todo, si yo fuera como \u00e9l, yo no necesitar\u00eda nada.\u00bb Al serm\u00f3n, el cura, a quien le gustaban la ret\u00f3rica y las figuras, dec\u00eda: \u00ab\u00bfLo hab\u00e9is o\u00eddo, hermanos, lo hab\u00e9is o\u00eddo?\u00a0 &#8211; S\u00ed, se\u00f1or cura, respond\u00eda mi t\u00eda, en voz alta, ya veis que ella no se molestaba. &#8211; \u00bfLo har\u00e9is, hermanos, lo har\u00e9is? \u2013 Qui\u00e9n sabe, se\u00f1or cura.\u00bb Eso, porque ella se sab\u00eda d\u00e9bil. Esa gente son la rectitud misma.<\/p>\n<p>Ella ten\u00eda un prado y en ese prado un viejo manzano; hilaba la lana de sus ovejas. El rey, el emperador, le importaban muy poco. A Napole\u00f3n, elle le llamaba Paleioum. Recordaba haber ido a llevar un trozo de pan a los refractarios en escondrijos imposibles. Hab\u00eda en aquel tiempo, en el pueblo, un viejo soldado que hab\u00eda visto al Emperador. \u00c9l recordaba que el Hombre le hab\u00eda dicho: \u00abQu\u00edtate de ah\u00ed, que voy a orinar.\u00bb<\/p>\n<p>El Sr. Pouget era el mayor de seis hijos. Ten\u00eda una hermana que se hab\u00eda muerto de miedo, al ver a un hombre muerto en un campo. En cuanto a su hermano m\u00e1s peque\u00f1o, Jean Pouget, hab\u00eda nacido en 1860, y viv\u00eda en Maurines. Hab\u00eda tenido cinco hijos de los que una ni\u00f1a muerta de poca edad, dos chicos muertos en la guerra, uno en los Dardanelos, el otro a consecuencia de los gases, una hija muerta de una tisis que hab\u00eda contra\u00eddo cuidando a su hermano gaseado; no quedaba m\u00e1s que la \u00faltima ni\u00f1a que se cas\u00f3 tarde, de manera que ahora el apellido Pouget se ha apagado.<\/p>\n<p>Sus padres eran labradores; hab\u00edan ejercido peque\u00f1os oficios en Par\u00eds, como porteador de agua. Su padre volvi\u00f3 a la capital en 1850, con Guillaume, a la saz\u00f3n de tres a\u00f1os. Y es en Par\u00eds, en el distrito de la Madeleine, donde situaba el Sr. Pouget su primer recuerdo. Le gustaba situar este primer despertar de la conciencia, advirtiendo que pod\u00eda abarcar ochenta a\u00f1os de historia en una misma mirada interior. Esto le daba una prueba como a \u00e9l le gustaban, es decir casi experimental, de su identidad y del misterio de la persona. A fuerza de trabajar y de privarse su padre pudo reunir un peculio que consolid\u00f3 su modesto acomodo.<\/p>\n<p>Los Pouget eran peque\u00f1os propietarios como la mayor parte de nuestros campesinos. Ten\u00edan una casa. Esta casa no estaba construida a la altura de la aldea, sino en la parte pobre y algo despreciada que se la llama, por all\u00e1, tierras bajas. Pero no tan miserable. Por encima de la puerta (bonita puerta de madera provista de un llamador y de un clavo al que se enganchaba el cerdo para despiezarlo), todo el mundo puede ver todav\u00eda, esculpidos en piedra viva, un coraz\u00f3n y un c\u00e1liz, luego entre el c\u00e1liz y el coraz\u00f3n, la fecha de 1827. La pieza central es estrecha; iluminada por dos ventanas abiertas en una pared de gran espesor. Esta disposici\u00f3n deja delante de los cristales un largo recodo donde es f\u00e1cil dejar un utensilio, un libro, un cuaderno, apoyar los codos y leer. Los que conocieron al Sr. Pouget adivinar\u00e1n porqu\u00e9 le gustaba trabajar sobre una tablilla colocada delante de la ventana, sobre el radiador. A la izquierda de la chimenea, he advertido un refuerzo que serv\u00eda para recibir la resina. Las noches se prolongaban a la tenue luz de una pastilla resinosa que se colocaba en este reducto y que ard\u00eda echando muchos vapores, pero era suficiente para que las mujeres hicieran punto. Las camas del fondo, con jergones de hojas de haya, eran p\u00fadicas como tumbas. Quedaban disimuladas en la obra de madera y tan altas que para subirse hab\u00eda que trepar sobre un arc\u00f3n, que conten\u00eda la ropa. En fin que, como m\u00e1s tarde, en la celda del Sr. Pouget, no se perd\u00eda nada de sitio y todo se dispon\u00eda en sentido pr\u00e1ctico, no sin cierta discreci\u00f3n y elegancia nacidas de la econom\u00eda misma. Al lado de esta pieza familiar y a la que no le faltaba un lujo austero con sus maderas esculpidas y su rampa de escaleras art\u00edsticamente trazada, sin transici\u00f3n ninguna se pasaba a la cuadra, que pod\u00eda tener seis vacas y veinte ovejas. Animales y personas eran vecinos y en un corto espacio, sin gran libertad de movimientos, pero la vigilancia era f\u00e1cil, y esta vecindad permit\u00eda sin duda luchar contra el fr\u00edo utilizando el calor y el aliento. No era precisamente la higiene de los Americanos. No era tampoco la pobreza. Ning\u00fan aparato, pero \u00abalgo es algo\u00bb y bueno es \u00abtenerlo\u00bb. Lo que supone que se era autosuficiente, que no hab\u00eda que pedir nada a nadie ni doblar el espinazo ante cualquiera. Servir a todos, pero estar libre de todos: la nobleza campesina. La hidalgu\u00eda campesina. El territorio de los Pouget, que se acrecent\u00f3 ciertamente mediante una perfecta gesti\u00f3n durante un siglo, es por ahora de diecisiete hect\u00e1reas.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget hab\u00eda vivido primeramente para ser campesino. Relataba a veces sus primeros sue\u00f1os de futuro. Como hab\u00eda visto construir un puente de piedra, \u00e9l so\u00f1aba con construir puentes tambi\u00e9n: es en otro sentido muy distinto como deb\u00eda hacer m\u00e1s tarde estos puentes s\u00f3lidos entre las opiniones y las exigencias opuestas y que permiten pasar con toda seguridad de una orilla a la otra. Sent\u00eda tambi\u00e9n una pasi\u00f3n por los tejados y constru\u00eda casas de barro, que recubr\u00eda con las hojas de ese gneis esquistoso que forma el basamento de las lavas y de los basaltos, vomitados por los volcanes del Cantal.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget pas\u00f3 la infancia ayudando a sus padres en su ruda labor. Fue educado en parte por una t\u00eda, que pertenec\u00eda a una Orden Tercera. Aprendi\u00f3 a leer casi solo: a los cinco a\u00f1os, se las arreglaba. No comenz\u00f3 a ir a la escuela hasta los doce a\u00f1os, y eso tres meses al a\u00f1o. A esta edad, se puso tambi\u00e9n a labrar con su padre.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0 A veces, contaba \u00e9l, mi padre, con el arado, se sal\u00eda; el arado encontraba una piedra que sal\u00eda despedida; os podr\u00eda saltar a la cara y dejaros all\u00ed mismo. Yo dec\u00eda: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que hace, pap\u00e1?\u00a0 &#8211; No te preocupes, chaval.\u00bb Y, de vuelta a casa, dec\u00eda a mi madre, cuando me cre\u00eda fuera:\u00a0 \u00abY que trabaja mejor que yo, el gracioso de \u00e9l.\u00bb<\/p>\n<p>Todas las ovejas de la comuna eran guardadas entonces por un pastor: un ni\u00f1o exp\u00f3sito, un mal mozo que me disgustaba. Por dos veces lo tir\u00e9 al suelo. El otro no volvi\u00f3 a las andadas. Para que luego se diga que este pa\u00eds no es pr\u00e1ctico. Yo le quer\u00eda. Hab\u00eda serpientes enormes, hab\u00eda lobos. Hab\u00eda sitios donde el r\u00edo saltaba, saltaba de tal manera que ya no era m\u00e1s que espuma.<\/p>\n<p>Se trataba del Besse, en el que le gustaba de vez en cuando zambullirse hasta el cuello, lo que le daba, ya desde los primeros tiempos, la idea del poder f\u00edsico. Ese amor a la energ\u00eda, a la fuerza en acci\u00f3n lo llevaba muy dentro: como diremos m\u00e1s tarde, hablaba de Dios, como de una Energ\u00eda incondicionada, fuente de las energ\u00edas \u00abformidables\u00bb de la creaci\u00f3n. La imagen del Besse tumultuoso que se precipitaba por las gargantas era para \u00e9l el s\u00edmbolo y la base de esta energ\u00eda creada y tambi\u00e9n de su degradaci\u00f3n lenta, uno de sus temas.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tambi\u00e9n en la comarca costumbres supersticiosas: cuando una vaca no quer\u00eda dar la leche, se cre\u00eda que era v\u00edctima del mal de ojo. Por las noches, circulaban los cuentos. El Sr. Pouget se acordaba de la vieja Catherine, una vecina, que ten\u00eda una papada enorme, una mala lengua y tres hijos cuyo padre no se conoc\u00eda. Se ganaba pobremente la vida hilando la lana. Mandaba cocer calderadas de patatas cortadas y harinosas. Por la noche, en invierno, mientras las mujeres remendaban delante de los hombres, quienes, despu\u00e9s de hablar, se arrellanaban de pronto como masas, la vieja Catherine contaba sus historias de aparecidos tan terribles que los peque\u00f1os Pouget no se atrev\u00edan a dejar el fuego para ir a la cama<\/p>\n<p>La regi\u00f3n era una regi\u00f3n dura, avara con los hombres. Se alimentaban con pan de centeno, patatas, panecillos de trigo moreno, reques\u00f3n, queso seco. Los d\u00edas que la familia Pouget se iba a Saint-Flour, distante veintiocho kil\u00f3metros, se permit\u00edan el lujo de ir a comer repollo a un albergue. Entonces el peque\u00f1o Pouget se escapaba para ir a contemplar la catedral, y recib\u00eda sus primeras impresiones de arte. Recordaba el asombro de la gente ante los primeros ferrocarriles.<\/p>\n<p>Imposible que esta mec\u00e1nica ande sola, dec\u00edan los avispados. Eran caballos los que la arrastraban. Al pararse, los caballos se apean.<\/p>\n<p>A una legua del pueblo, hab\u00eda una camada de lobos. Una noche, hacia las once, yo estaba en un agujero, me habr\u00edan podido matar. Me puse a cantar para darme valor.<\/p>\n<p>En resumen, era una regi\u00f3n sana. Los j\u00f3venes viv\u00edan esperando el matrimonio: algunos bailes pero delante de los padres que lo vigilaban todo. Tal vez un boyero llegado de Loz\u00e8re abusaba de una criada, y entonces los padres aceptaban el matrimonio, que se cerraba a toda prisa. Se reverenciaba al cura, y no se hac\u00eda gran caso del alcalde. Eran raros los recalcitrantes que no aceptaban cumplir con Pascua, en cuyo caso se ve\u00edan obligados a presentar sus razones. En el pueblo de Maurines no hab\u00eda m\u00e1s que un obstinado. Citado a dar los motivos, respondi\u00f3 haber o\u00eddo decir a un portero de Par\u00eds (el cual lo hab\u00eda visto impreso) que \u00abahora es Napole\u00f3n, Jesucristo ya no\u00bb. Todav\u00eda no dec\u00eda que no. \u00abEntonces, qu\u00e9, le insist\u00eda el se\u00f1or cura, la Pascua se acerca. \u2013 No me suelo echar atr\u00e1s, pero cuando haya construido mi casa, ya vendr\u00e9.\u00bb<\/p>\n<p>Esta comarca daba sacerdotes con \u00abbastante facilidad\u00bb. M\u00e1s tarde eso fue cambiando. Cuando el Sr. Pouget regres\u00f3, en 1883, se encontr\u00f3 con que hab\u00eda subido el bienestar, y con \u00e9l la indiferencia religiosa.<\/p>\n<p>Nos gustaba la Biblia. Hab\u00eda historias que nos gustaban enormemente. El pueblo estaba all\u00ed. Hoy, desde que se sabe dar a un bot\u00f3n, ya se sabe f\u00edsica. Mi padre le\u00eda la Biblia por la noche. Se dec\u00eda Moise, como en Oise y no Mo\u00efse; los Parisiens y no los Pharisiens. A prop\u00f3sito de la torre de Babel los ni\u00f1os preguntaban: \u00abPapa, \u00bfhabr\u00eda llegado hasta el cielo?\u00bb.<\/p>\n<p>Guillaume Pouget comenzaba ya, como hab\u00eda de hacerlo toda su vida, a estudiar sin maestros, a practicar solo. Aprendi\u00f3 a leer por propia iniciativa, en un viejo alfabeto de letras gordas, y \u00e9l se ejercitaba tambi\u00e9n en una biblia familiar de la que se sacaban las lecturas de la noche. Porque su padre, en una de sus idas a Par\u00eds, hab\u00eda tenido ocasi\u00f3n de comprar esta edici\u00f3n protestante, que tra\u00eda unas cincuenta figuras, con las de Abraham e Isaac.<\/p>\n<p>A los cinco a\u00f1os, Guillaune Pouget le\u00eda sin ayudas. Algo m\u00e1s tarde, mientras guardaba los ganados por la Plan\u00e8ze, se planteaba problemas, como el del \u00e1rea del c\u00edrculo o del tri\u00e1ngulo. Un primo suyo, que ten\u00eda libros de escuela, se los prestaba. De doce a quince a\u00f1os, durante los cuatro meses de invierno, se los devoraba. A los nueve, quiso ir al catecismo. El cura le dijo: \u00abEres demasiado joven, t\u00fa a casa\u00bb. Entr\u00f3 al a\u00f1o siguiente, y se lo aprend\u00eda con facilidad, aunque no era f\u00e1cil: \u00abun resumen de teolog\u00eda abstracta.\u00bb \u00abMe ped\u00edan explicaciones sobre Dios. Y las daba. El vicario dec\u00eda: est\u00e1 hecho un peque\u00f1o te\u00f3logo\u00bb.<\/p>\n<p>El cura de Maurines, impresionado por estas dotes excepcionales, propuso a los padres del peque\u00f1o Pouget apartarle del trabajo de la tierra, pero \u00e9l habr\u00eda preferido quedarse en los campos. Y entonces, a partir de los doce a\u00f1os, durante los tres meses de invierno, le mandaron a la escuela del pueblo: le iba bien, menos en caligraf\u00eda. A los quince a\u00f1os, su padre le coloc\u00f3 en el Seminario Menor de Saint-Flour, con la esperanza de que tuviera vocaci\u00f3n de sacerdote, de que se quedara en la regi\u00f3n y de que pudiera vivir all\u00ed con su joven hermana. Como no sab\u00eda lat\u00edn, se le puso en octavo, con los peque\u00f1os que, al ver a este grandull\u00f3n ignorante, se re\u00edan de \u00e9l.<\/p>\n<p>&#8211; O\u00eda cuchichear: \u00abes un burro.\u00bb Aquello era como azotarme. A las tres semanas pas\u00e9 a s\u00e9ptimo. Al a\u00f1o siguiente, a cuarto, donde me llev\u00e9 todos los primeros premios. A los diez a\u00f1os, ya lo hab\u00eda terminado todo. Me habr\u00eda gustado ser bachiller. Mis padres me dijeron: \u00abToma la sotana, eso nos gustar\u00e1\u00bb. As\u00ed que me qued\u00e9 sin ning\u00fan t\u00edtulo.<\/p>\n<p>Desde entonces, G. Pouget no volvi\u00f3 ya a su tierra m\u00e1s que por las vacaciones. A este respecto, le o\u00ed a menudo traer a cuento una experiencia que le hab\u00eda llevado a reflexionar en el cansancio de los que piensan. Antes de partir al seminario, le resultaban f\u00e1ciles las cosas del campo; cuando lleg\u00f3, a primeros de agosto, al cabo de un a\u00f1o de estudios, trillando el grano, y se puso a ayudarlos, lo que era para \u00e9l antes un juego. Pero, esta vez, al cabo de un solo d\u00eda, me sent\u00eda agotado. Y la conclusi\u00f3n era que el trabajo intelectual gasta m\u00e1s que el trabajo manual, porque \u00abafecta a las funciones nutritivas\u00bb. A este trabajo se dedicaba ahora.<\/p>\n<p>&#8211; En el Seminario Menor, durante los dos primeros a\u00f1os, fui pasando. El tercer a\u00f1o me leyeron las Confesiones de san Agust\u00edn. Lo pens\u00e9 bien y me dije: \u00abPor qu\u00e9 no?\u00bb Y entonces tuve la idea de hacerme sacerdote, y hasta religioso. A partir de entonces, me cansaba de ser siempre el primero, y me dec\u00eda: \u00ab\u00bfNo estar\u00eda bien fracasar un poco?\u00bb Ten\u00eda miedo de ser orgulloso, comet\u00eda faltas adrede. Cuando lo pienso ahora, me digo que era una tonter\u00eda, porque el remedio era peor que la enfermedad. En lugar de adelantar me atrofiaba, y echaba a perder el dinero de mi pobre padre, que apenas le alcanzaba. Siendo peque\u00f1o, se me hab\u00edan ocurrido muchas cosas; hab\u00eda tenido la idea de ser militar, y hasta (\u00a1qu\u00e9 risa me da ahora!) oficial de artiller\u00eda, s\u00ed, para bombardear a los otros (con riesgo de ser bombardeado yo mismo). Luego, pensaba ser profesor de Universidad. Pero, cuando le\u00ed las Confesiones, me dije: \u00abSan Agust\u00edn, sig\u00e1mosle.\u00bb Cu\u00e1nto me habr\u00eda gustado recibir t\u00edtulos, pero mis pobres padres quer\u00edan verme con sotana: entr\u00e9 pues inmediatamente en el Seminario Mayor. Cuando me acuerdo del momento en que dej\u00e9 a mis padres, mis pobres padres que me hab\u00edan criado, todav\u00eda me conmueve, con s\u00f3lo pensarlo. Una vez que recib\u00ed la sotana, mis padres no me volvieron a tutear. Pensaba primero quedarme en la di\u00f3cesis. Lo que me determin\u00f3 a ir a los religiosos, fue la regla. Me dec\u00eda: \u00abSer\u00e9 vicario, quiz\u00e1s hasta p\u00e1rroco, estoy impaciente, tendr\u00e9 una criada, me enfadar\u00e9. Me gustar\u00eda una vida reglada.\u00bb Tuve primero la idea de hacerme jesuita a fin de tener m\u00e1s facilidad para los estudios. Pero al fin, entr\u00e9 en San L\u00e1zaro. Lo que me impresion\u00f3 de ellos fue el buen trato entre ellos.<\/p>\n<p>Por Pascua, cuando oraba ante una estatua de san Vicente, me dije: \u00ab\u00bfY si entrara en la orden de este santo. La idea me daba vueltas en la cabeza. Fue la humildad la que me decidi\u00f3: \u00abYo no ser\u00e9 extraordinario, me dec\u00eda a m\u00ed mismo. Yo no pasar\u00e9 por encima de mis compa\u00f1eros. Si me hiciese jesuita, me ver\u00eda expuesto a parecer, es mejor que vaya a los lazaristas.\u00bb La idea de entrar en los jesuitas se me ocurr\u00eda siempre en las \u00abcomunicaciones\u00bb. A los dos a\u00f1os. Hice los votos, y se acab\u00f3. Mis padres no me comprendieron. Mi padre ten\u00eda la idea de que me estableciera como sacerdote en la di\u00f3cesis y que mi hermana peque\u00f1a viniera a cuidar de la casa&#8230; Cuando enferm\u00f3 mi pobre padre, me habr\u00eda gustado que el superior me dejara ir a verle por \u00faltima vez. No me dej\u00f3; era un hombre tieso como una I may\u00fascula&#8230; Y sin embargo ten\u00eda el derecho natural a mi favor. Y desde entonces, desde entonces, ya nunca he tratado de parecer. Pero si aparezco, me da lo mismo. Y a pesar de todo, he trabajado, oh! vaya si he trabajado! Dios lo sabe. No he tenido nunca recreos ni vacaciones&#8230;<\/p>\n<p>En su juventud, el Sr. Pouget era travieso, y llevaba en el saco m\u00e1s de un truco. As\u00ed, cuando se trataba de recitar una lecci\u00f3n, con la buena vista que ten\u00eda, no dejaba de echar una miradita al texto. \u00abMe contentaba, para hacer tiempo, con decir al profesor: Ah! Se\u00f1or, tengo una dificultad. Y entretanto, yo le ojeaba\u00bb.<\/p>\n<p>Conoc\u00eda tambi\u00e9n el arte de hacerse notar de sus examinadores respetables. Cuando un viejo maestro de Auvernia, el Sr. Brioude, presid\u00eda el examen y le hac\u00eda preguntas indiscretamente. \u00abPara responderos bien, se\u00f1or superior, se le ocurr\u00eda entonces al joven Pouget, tendr\u00eda que tener vuestra edad y vuestra experiencia. Yo s\u00f3lo soy un joven. \u2013 Claro que s\u00ed, dec\u00eda el bueno del se\u00f1or Brioude, claro, eso est\u00e1 bien. La modestia vale la ciencia.\u00bb Y el Sr. Brioude le pon\u00eda una buena nota. El Sr. Pouget se acordaba tambi\u00e9n de un tal Sr. Duchambon, un can\u00f3nigo, quien hab\u00eda anunciado desde el p\u00falpito: \u00abHoy, hermanos m\u00edos, vamos a hablar de la circuncisi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Yo aceptaba, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l, todo lo que me dec\u00edan, pero no me pon\u00eda a pensarlo demasiado. En el primer a\u00f1o, repas\u00e9 toda la teolog\u00eda dogm\u00e1tica. Me pon\u00eda objeciones y me respond\u00eda ingenuamente. Luego, le\u00eda algo en Billuart. Despu\u00e9s, nos enviaron a Dax. La ense\u00f1anza era con frecuencia una pena, la escol\u00e1stica no exist\u00eda. As\u00ed, nos dec\u00edan que las tres cosas m\u00e1s fuertes en el mundo eran mors, mos, mas, la muerte, la costumbre, el macho. Le\u00ed a san Bernardo, ense\u00f1\u00e9 la filosof\u00eda escol\u00e1stica en 1870 y 1871. Ten\u00eda tres vol\u00famenes venidos de Italia. Los alumnos ten\u00edan un resumen de ellos. Yo daba la clase en franc\u00e9s o en italiano sin ning\u00fan trabajo. Me interesaba.<\/p>\n<p>En 1872 a 1883, estoy en Evreux. Primero en segundo; ense\u00f1o griego. Tengo veintis\u00e9is horas de clase a la semana, porque doy las ciencias en todas las clases. Le\u00ed la Iliada. Daba la clase paseando. Ten\u00eda buena memoria.\u00a0 \u2013 \u00abOiga usted, expl\u00edqueme esto&#8230; Pero, vamos, se ha dejado una palabra.\u00bb Los alumnos dec\u00edan: \u00ab\u00bfQu\u00e9 clase de hombre es \u00e9ste?\u00bb Por desgracia, suprimieron la ense\u00f1anza del griego, al darse cuenta que era profano.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un jard\u00edn bot\u00e1nico, y bien se\u00f1alado, palabra. Sencillamente hab\u00eda imitado lo que se hac\u00eda en Par\u00eds, en el Jard\u00edn de las plantas. Los alumnos trabajaban conmigo en el recreo. Yo los enfrentaba a la realidad. Les hac\u00eda ver tejidos en el microscopio, lo que les daba cierta idea de las cosas. Ten\u00eda setecientas y pico plantas y fichas de todas clases. En mis paseos, ten\u00eda la costumbre de andar mirando el suelo y me dec\u00eda: \u00abanda! \u00e9sta no la tengo&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>No siempre me comprend\u00edan. Un d\u00eda me enter\u00e9 de que mi jard\u00edn hab\u00eda sido revuelto, anexion\u00e1ndolo al huerto para cultivar patatas&#8230; Ay! Ahora que me encuentro ciego, no puedo tan siquiera imaginarme una flor. La flor m\u00e1s peque\u00f1a no puede dibujarse en mi memoria: sin duda que \u00abel centro visual\u00bb est\u00e1 enfermo.<\/p>\n<p>Era profesor de clases elementales. Ah! aquellos buenos chicos. Con mi m\u00e1quina neum\u00e1tica les hac\u00eda uno de esos vac\u00edos. Y comprend\u00edan. Ense\u00f1aba tambi\u00e9n matem\u00e1ticas, &#8211; solo. Me costaba mucho trabajo. Hab\u00eda f\u00f3rmulas que no llegaba a entender. Al a\u00f1o siguiente, le\u00eda los cl\u00e1sicos latinos. Con los eleg\u00edacos, hab\u00eda palabras que no encontraba en el diccionario, habr\u00eda necesitado un Forcellini. En 1873, comenzaba a aprender el hebreo, logrando hacer cuatro o cinco lecturas de la Biblia en hebreo. Yo era concordista, y buscaba en ella\u00a0 geolog\u00eda. Ay, se\u00f1or&#8230; Predicaba cuando me tocaba. Dec\u00edan que hab\u00eda que presentar las homil\u00edas: yo las escrib\u00eda. Luego, ya no las escrib\u00eda. Mis sermones no significaban nada. No conten\u00edan doctrina. Fue observando gram\u00edneas con lupa y largo tiempo como me arruin\u00e9 la vista.<\/p>\n<p>Se debieron adivinar las consecuencias. Uno de sus antiguos alumnos de entonces recuerda tan s\u00f3lo que siendo profesor de qu\u00edmica, el Sr. Pouget por poco se intoxica, \u00e9l y los suyos, con emanaciones de cloro. Todos sus alumnos tuvieron que salir del laboratorio a todo correr, saltando por la ventana, que por suerte se encontraba en la planta baja.<\/p>\n<p>En 1883, le nombraron superior del colegio de Saint-Flour, y dur\u00f3 tres a\u00f1os. Pero fue tiempo suficiente para dejar huella. De este superiorato tan corto hablaba con gusto. Porque le gustaba el estudio y tambi\u00e9n la juventud, sobre todo la juventud destinada a vivir la vida ordinaria y pr\u00e1ctica, la de la humanidad com\u00fan.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando me nombraron superior llor\u00e9. Lo que me consol\u00f3 fue este pensamiento: despu\u00e9s de todo, pueden hacerme superior y quitarme. Pero si logro algo por m\u00ed mismo, s\u00f3lo Dios me lo puede quitar. Aprend\u00ed qu\u00e9 cosa es la administraci\u00f3n. Tuve que atender a un mont\u00f3n de cosas que no me hac\u00edan gracia: dispon\u00eda de todos los materiales para hacer andar. Adem\u00e1s, doce horas de clase a la semana. Ya me dec\u00edan: sois el superior, no tiene que ser profesor; pero cuando estaba en clase, estaba bien tranquilo.<\/p>\n<p>Mientras era superior, ten\u00eda que tragar saliva. Ah! si no me hubiera contenido&#8230; Sin embargo, una vez no me aguant\u00e9. Hab\u00eda un profesor que me pon\u00eda los alumnos en la puerta. Dije: yo solo tengo ese poder. Cuando se trata de alg\u00fan castigo, quiero tener solo el poder. Uno tiene un mal car\u00e1cter. Bueno. A nosotros nos toca cambiarle. S\u00f3lo desped\u00ed a uno por una carta y eso porque era p\u00fablica. Le dije: \u00abMuchacho, aqu\u00ed hay que respetarse\u00bb. Hac\u00eda la lectura espiritual a los mayores. Les ense\u00f1aba cantidad de cosas. Me parece que les ense\u00f1aba a vivir. Yo ten\u00eda de treinta y seis a\u00f1os a treinta y nueve: es la edad de la actividad. Hab\u00eda le\u00eddo ya tres o cuatro veces la Biblia; estaba furioso con los d\u00edas-\u00e9poca. Empleaba las matem\u00e1ticas. Yo me recitaba mis buenos trozos&#8230;<\/p>\n<p>Los padres no pod\u00edan molestarme. Cuando el ni\u00f1o dejaba que desear, yo se lo dec\u00eda, y me comprend\u00edan a la primera. En cuanto a la piedad, me esforzaba por formarlos. Hab\u00eda congregaciones, yo trataba de que entraran los mayores. Se hac\u00eda lo que se pod\u00eda. Los dos quintos iban al Seminario Mayor. Ninguno se perdi\u00f3. Nadie se volvi\u00f3 sectario. Lleg\u00f3 a gustarme. Son algo bueno estos seminarios menores: luego nos volvemos a encontrar, nos tuteamos; fulano lleva sotana, mengano levita. Ven\u00edan a confesarse a m\u00ed. Sab\u00edan muy bien que yo ya no era superior. La confesi\u00f3n, sabe, es otra cosa. A los mayores les gustaba contarme sus miserias. Yo les dec\u00eda: \u00abTened cuidado, si yo llegara a saberlo, si un profesor os pillara en el acto o si vinieran a dec\u00edrmelo, me ver\u00eda obligado a poneros en la calle, y vuestros padres no se alegrar\u00edan nada, ni yo, ni vosotros.\u00bb Sab\u00edan que yo no era de los que esp\u00edan. Son personas en ciernes. Hay que respetarlos.<\/p>\n<p>Por estas confidencias se puede adivinar, creo yo, lo que pas\u00f3 durante el superiorato de Saint-Flour. A los treinta y seis a\u00f1os, llegaba el Sr. Pouget desde el gabinete de f\u00edsica y\u00a0 de su jard\u00edn bot\u00e1nico para hacerse cargo de la direcci\u00f3n de un grande y poderoso establecimiento, este importante colegio de Saint-Flour, que es uno de los monumentos de esta alta ciudad de Auvernia. El hijo de los campesinos de Maurines iba a regir, en su di\u00f3cesis original, lo que esta di\u00f3cesis ten\u00eda de m\u00e1s preciado. Hab\u00eda una dificultad que el Sr. Pouget no\u00a0 hab\u00eda sopesado antes. Le hab\u00edan dicho que fuera: y hab\u00eda ido. Se deb\u00eda de tratar de un superior poco banal y el menos respetuoso con las formas que se pueda imaginar. Conoc\u00eda la administraci\u00f3n a su manera, que no era la cl\u00e1sica. \u00bfSe hab\u00eda visto a un superior que continuaba haciendo sus estudios en secreto, como si no estuviese versado en ciencias,\u00a0 que se negaba las vacaciones, mat\u00e1ndose con trabajos suplementarios, lo que podr\u00eda dar lugar a pensar que las vacaciones no eran indispensables en absoluto; que nunca hab\u00eda llegado a comprender esa parte teatral que entra en todo cargo eminente, por humilde que \u00e9ste fuese; que arruinaba la autoridad de los profesores con sus m\u00faltiples especialidades, por fin, &#8211; y esto es el colmo -, que\u00a0 era casi incapaz de castigar? El Sr. Pouget tiraba del carro y a buen paso, sin sospechar que sus modos pod\u00edan chocar a los prudentes. Produc\u00eda gran impresi\u00f3n en los alumnos por algo que sent\u00edan bien sin poderlo definir y que era el contraste entre esta ciencia y esta sencillez infantil. La ocasi\u00f3n de los problemas fue que el personal del colegio pertenec\u00eda a dos categor\u00edas bien distintas: estaban los auxiliares, que eran sacerdotes de la di\u00f3cesis, y estaban tambi\u00e9n los lazaristas. \u00c9l apoyaba a sus sacerdotes, que eran sus compatriotas. Los jaleos, creo yo, vinieron de sus cohermanos. Lo cierto es que no dur\u00f3 m\u00e1s de tres a\u00f1os y que su partida coincidi\u00f3 con la de los lazaristas. Su paso por Saint-Flour dej\u00f3 por largo tiempo una estela de luz, y sus antiguos alumnos le fueron fieles. Pero habr\u00eda sido una pena que se hubiese quedado por m\u00e1s tiempo en estas funciones administrativas que no eran de su talla. En todo, por otra parte, era admirable, pero dif\u00edcilmente imitable y utilizable.<\/p>\n<p>De 1886 a 1888, el Sr. Pouget es profesor de ciencias en el estudiantado de Dax. A decir verdad, ense\u00f1aba algo distinto a las ciencias, por ejemplo la historia, la filosof\u00eda, el \u00abViejo Testamento\u00bb, como \u00e9l dec\u00eda, y por primera vez, para gran gozo suyo, daba el curso de hebreo. Pero siempre seg\u00fan su m\u00e9todo.<\/p>\n<p>Cuando me destinaron a Dax, di filosof\u00eda y tambi\u00e9n otras cosas. Vamos a hacer preguntas, dec\u00eda a los alumnos. Luego veremos las dificultades. Hace quince a\u00f1os yo las resolv\u00eda sin tropezar. Ahora, ya no soy tan sabio.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 en Dax? \u00bfHubo dificultades tambi\u00e9n? El hecho es que no se qued\u00f3 mucho tiempo en la cuna de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Le vemos en Par\u00eds, done en adelante va a transcurrir su vida, de1888 a 1933. All\u00ed fue donde form\u00f3 a esos alumnos que deb\u00edan ir a llevar el Evangelio a todas las partes del mundo, en particular a Siria y a China.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 aqu\u00ed ten\u00eda cuarenta y dos a\u00f1os. Hab\u00eda trabajado mucho durante veintid\u00f3s a\u00f1os, pero en el fondo no sab\u00eda gran cosa. Trabajaba solo y comprend\u00eda como pod\u00eda. En moral eran s\u00f3lo casos de conciencia. La historia eran historias. Y en Sagrada Escritura uno se contentaba con leerla piadosamente. Viv\u00eda del pasado. Era conservador y <em>nec plus ultra<\/em>. Vigouroux era mi hombre. Estaba a favor de la concordancia de la geolog\u00eda con los relatos b\u00edblicos. En 1889 hab\u00eda le\u00eddo unas observaciones de Loisy que, si bien inofensivas, me hab\u00edan producido sobresalto. No ten\u00eda gu\u00eda. Fue Duchesne quien me abri\u00f3 la mente. Iba a asistir a su curso sobre los Hechos: primero rechin\u00e9 los dientes y no volv\u00ed: ya me entiende, hab\u00eda le\u00eddo la Biblia no s\u00e9 cu\u00e1ntas veces, pero \u00bfporqu\u00e9? Para buscar geolog\u00eda. Le\u00ed a Duchesne, verifiqu\u00e9 los textos, y me dije: no contiene muchas pruebas pero son buenas. Lo que me pod\u00edan decir, si no me daban pruebas, eres in\u00fatil. Le\u00ed a X.: de cinco citas, hab\u00eda tres falsas: lo dej\u00e9 a un lado.<\/p>\n<p>Dios sabe qu\u00e9 trabajo ten\u00eda aqu\u00ed: clases en cantidad; cuatro horas de hebreo; tres sesiones de ciencias por semana; entraba a las ocho, sal\u00eda a mediod\u00eda. Ense\u00f1aba tambi\u00e9n historia y, para hacerlo, necesitaba leer mucho, y Duchesne me hab\u00eda convencido de estudiar la historia. Lleg\u00f3 el tiempo en que, por econom\u00eda, me suprimieron el presupuesto del gabinete de f\u00edsica; pero me dieron el Viejo Testamento. Nunca, esto entre par\u00e9ntesis, se me ha permitido ense\u00f1ar el Nuevo: pero ello no me ha impedido meter la nariz y sab\u00e9rmelo pasablemente. Me acostaba a las diez, me levantaba a las cuatro con cuatro sue\u00f1os de una hora y cuarto. Rezaba el breviario al regresar de la Biblioteca nacional. Me sab\u00eda los salmos de memoria. Le\u00eda las lecciones del primer Nocturno en el jard\u00edn del Palacio Real; cuando llegaba al Carrusel atacaba el segundo Nocturno; al llegar a los Puentes y Calzadas, el tercer Nocturno. Lo que he trabajado, ya lo creo que s\u00ed.<\/p>\n<p>Trataba de ense\u00f1ar a los j\u00f3venes a aprender. Les pon\u00e9is un libro en las manos, pero \u00bfqu\u00e9 es un libro? Un peque\u00f1o mont\u00f3n de papel que pasa a la mente y que se borra enseguida. Siempre hab\u00eda tratado de fabricar gente que comprendiera algo, Aburr\u00eda a los que ten\u00edan una inteligencia media y que se contentaban con C. Q. F. D. (lo que hab\u00eda que demostrar). Si hubiera podido, habr\u00eda dividido a mis alumnos, diciendo: a tal individuo con tal aptitud pong\u00e1mosle ah\u00ed. Usted tiene a \u00e9ste que pronunciar\u00e1 muy bien los sermones: yo le formar\u00eda para predicar bien. A aquel otro le ense\u00f1ar\u00eda algo de matem\u00e1ticas. En f\u00edsica, yo hac\u00eda los experimentos en virtud de los cuales se lograba lo que estaba escrito en los libros de f\u00edsica. Me pasaba la mitad del d\u00eda en el gabinete de f\u00edsica. Nunca me he tomado descanso. Durante las vacaciones me pasaba el tiempo en la Biblioteca nacional. Daba la clase paseando, me sent\u00eda m\u00e1s libre. Llegaba con brazadas de libros. Durante cinco a\u00f1os di el curso de apolog\u00e9tica. Parece que los alumnos se quejaban de que pon\u00eda las objeciones demasiado chocantes; s\u00ed, eh, ya ver\u00e1n c\u00f3mo se las ponen cuando vayan al mundo, y eso los morder\u00e1, que no son hombres de paja. No segu\u00eda la doctrina de un autor impreso. En tal caso habr\u00eda bastado con un fon\u00f3grafo. Ahora veo que para este curso s\u00f3lo me debieron dar algunas inteligencias selectas. Comprend\u00ed m\u00e1s tarde que\u00a0 una clase como la m\u00eda no se pod\u00eda dar ante todo el mundo. La mayor parte se queda como el pueblo, se quedan con las dificultades m\u00e1s que con las respuestas. Las dificultades fundamentales exigen que se penetre la materia a fondo. En 1897, mis alumnos mandaron escribir algo que yo hab\u00eda escrito sobre el Pentateuco. Yo no lo ocultaba, es m\u00e1s se lo di a sacerdotes. El prefecto de los estudios lo encontr\u00f3 en manos de otro&#8230; Sin embargo, nunca vinieron a atacarme en mi presencia, porque yo les habr\u00eda dado mis razones. Fueron a quejarse al Sr. Fiat, superior general. Me llamaba a su habitaci\u00f3n una vez al a\u00f1o. Me correg\u00eda: pero delante de los dem\u00e1s, me apoyaba. Dec\u00eda: \u00abEl Sr. Pouget tiene fe, nunca har\u00e1 nada malo.\u00bb No obstante, lleg\u00f3 un d\u00eda en que \u00e9l ya no pudo defenderme. Era el 20 de julio de 1905, al otro d\u00eda de la fiesta de S. Vicente. El hermano vino a decirme: \u00abEl muy honorable padre os llama.\u00bb Yo estaba leyendo la Biblia en siriaco.\u00a0 \u2013\u00bbBueno, yo no os puedo seguir defendiendo m\u00e1s. Os he apoyado durante ocho a\u00f1os.\u00bb\u00a0 Quer\u00eda destinarme a Dax para ense\u00f1ar la f\u00edsica. Pero yo ten\u00eda los ojos muy mal. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quiere usted?, le dije entonces, ya que usted no lo desea, ya no dar\u00e9 m\u00e1s clase.\u00bb Se levant\u00f3 y me dio un abrazo. Llegaba con retraso a mi clase. Ten\u00eda cincuenta y dos a\u00f1os. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, me qued\u00e9 sin vista<em>&#8230; Manus Domini tetigit me<\/em>. Se hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>Ahora, cu\u00e1l era la impresi\u00f3n producida en los alumnos?<\/p>\n<p>\u00abNunca supo ense\u00f1ar, apegado siempre a sus ideas. Cuando le\u00eda, se entusiasmaba. Cre\u00edan estar perdiendo el tiempo, y despu\u00e9s ven\u00eda una clase maravillosa que lo recuperaba todo.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPuedo decir con toda sinceridad, escrib\u00eda otro, que casi todas sus clases descubr\u00edan vastos horizontes, porque \u00e9l nos daba cuenta de sus lecturas m\u00e1s recientes y nos sent\u00edamos seguros en ciencias, como en historia, como en Sagrada Escritura y en lenguas orientales, de estar siempre al d\u00eda. No faltaba quien se quejaba de que no avanz\u00e1bamos en la materia del curso propiamente dicho. Era verdad, ay, en cuanto a la preparaci\u00f3n del pr\u00f3ximo examen, pero cu\u00e1nto le agradec\u00edamos el amor al trabajo que nos comunicaba, por el saludable m\u00e9todo cr\u00edtico en el que nos iniciaba, por la inmensa cultura que pon\u00eda al alcance de j\u00f3venes principiantes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLe tuve de profesor de historia, de Sagrada Escritura y de hebreo de1899 a 1904. Y siendo uno de los asiduos a todas aquellas lecciones particulares que \u00e9l prodigaba a los \u00abintelectuales\u00bb, llegu\u00e9 a ser pronto uno de sus lectores y secretarios. Entre mi habitaci\u00f3n de estudiante y la suya era un ir y venir frecuente. Y el tiempo no contaba para \u00e9l, no m\u00e1s que el sonido de la campana o del reloj que no o\u00eda o mejor no \u00abreparaba\u00bb en \u00e9l. Cu\u00e1ntas veces los cinco minutos que me ped\u00eda que pasara a su habitaci\u00f3n a estudiar o verificar un texto se alargaban hasta horas! \u00abSe\u00f1or Pouget, que son las once. &#8211; Es posible! Pobre! Vaya enseguida a acostarse, pero qu\u00edtese los zapatos para no molestar a los otros!\u00bb No encontraba otro medio a veces para reservarme tiempo que quitar la llave de la puerta como si estuviese ausente. Pero lo hac\u00eda de mala gana, ya que disfrutaba tanto intelectualmente pregunt\u00e1ndole, escuch\u00e1ndole y hasta contradici\u00e9ndole para provocar su explicaci\u00f3n. En clase, preocupado por ponerse a la altura de la mayor parte y por no escandalizar intelectualmente a los nuevos, se ve\u00eda obligado a repetirse y a explicar una y otra vez algunos textos, principios y razonamientos; se dejaba llevar por \u00abingenuidades\u00bb de la juventud. Est\u00e1bamos por entonces en la crisis aguda del modernismo. Las mentes estaban en ebullici\u00f3n: todo el mundo quer\u00eda estar al d\u00eda, no se empleaban suficientes sarcasmos con los atrasados y los loros, se cuestionaba todo, se criticaban minuciosamente todas las pruebas, se persegu\u00edan todos los a priori metaf\u00edsicos y otros, sin sospechar a veces que se iba a remolque de otros metaf\u00edsicos. Evidentemente acud\u00edamos al Sr. Pouget, y qu\u00e9 cosas no le hac\u00edamos decir! Desde el momento que criticaba los argumentos rutinarios tra\u00eddos para apoyar tal tesis de fe, es que no admit\u00eda la tesis. Cuando no admit\u00eda el sentido \u00abtradicional\u00bb de tal pasaje b\u00edblico es que no admit\u00eda su inspiraci\u00f3n. Por otro lado, siendo la rectitud y la sencillez mismas, no pod\u00eda suponer la menor falta de franqueza en un Loisy y en un Turmel: su caridad era inagotable<em>, non cogitabat malum<\/em>, y hac\u00eda prodigios de interpretaci\u00f3n caritativa para salvaguardar y defender su ortodoxia, molest\u00e1ndose, con una indignaci\u00f3n muy cristiana, cuando se la pon\u00eda en duda, aun despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de los libritos rojos. Fue para \u00e9l un verdadero disgusto cundo debi\u00f3 rendirse ante la evidencia. Esta caridad cristiana no era menor con los adversarios quienes por todos los medios trataban de contrarrestar su prodigiosa influencia sobre los j\u00f3venes: no puso nunca en duda su buena fe y excelentes intenciones. \u00abY decir que ir\u00e1n derechitos al cielo a causa de su celo! Pero ser\u00e1 divertido ver la sorpresa que se llevar\u00e1n all\u00e1 arriba. Mientras tanto, aprovechemos los m\u00e9ritos que nos proporcionen!\u00bb Con \u00e9l todo llevaba a Dios por Cristo. Es una de las almas m\u00e1s hermosas y santas que haya conocido nunca.<\/p>\n<p>Experiment\u00e1bamos, \u00abrealiz\u00e1bamos\u00bb en \u00e9l una inteligencia, penetrante, perfectamente al corriente de lo antiguo y de lo nuevo, de lo profano y de lo sagrado, de la verdad y de la objeci\u00f3n, sintiendo horror ante las ideas preconcebidas y las frases hechas, no dej\u00e1ndose dominar por la derecha ni la izquierda, quitando todas las m\u00e1scaras, desinflando todos los balones, ense\u00f1\u00e1ndonos a no fiarnos de las etiquetas sino a darnos cuentas de la mercanc\u00eda que encierran, sintiendo una devoci\u00f3n especial por la recomendaci\u00f3n de san Pablo: <em>Spiritum nolite extinguere: omnia autem probate, quod bonum est tenete<\/em>. Nos mandaba verificar con cuidado y criticar todos los textos y todos los hechos (lo que no deja de suponer por otra parte ruidosos y frecuentes fracasos en los experimentos de f\u00edsica y de qu\u00edmica por la vista y la de su ayudante, el H. Veron: hubo explosiones tr\u00e1gicas); nos ense\u00f1aba a distinguir bien entre el dato revelado o tradicional (que hab\u00eda que aceptar con humildad y todo el fervor del alma, razonable siempre) y la parte constructiva del esp\u00edritu humano, inevitable, necesaria pero relativa, variable, progresiva. Y despu\u00e9s de limitar inteligentemente, cr\u00edticamente, la realidad, sobrenatural y natural, nos daba con edificaci\u00f3n ejemplo de sumisi\u00f3n total con un alma infantil, inocente, con una candidez atrayente, sin segundas intenciones ego\u00edstas, una vez tranquilizados los reflejos nerviosos de su temperamento sensible y reactivo.<\/p>\n<p>Nos formaba pues eficazmente con sus lecciones y ejemplos en el verdadero esp\u00edritu cr\u00edtico, siempre en guardia contra el poco m\u00e1s o menos, contra lo ficticio y lo postizo, separando la ciza\u00f1a del buen grano,\u00a0 lo esencial de lo accesorio, la verdad de su expresi\u00f3n, la historia de la leyenda, la devoci\u00f3n de las formas m\u00e1s o menos leg\u00edtimas de su expresi\u00f3n, los revestimientos legendarios de un hecho del hecho mismo. Nos hac\u00eda constatar que no hab\u00eda que temer por el pico y el martillo demoledores de la sana cr\u00edtica: su labor no era otra que hacer m\u00e1s visible y admirable la obra divina de Cristo edificante, una vez disipado el polvo y retirados los escombros de los enyesados. Qu\u00e9 imborrable impresi\u00f3n nos han dejado sus acentos al hablar de Cristo <em>omnia et in omnibus<\/em>!<\/p>\n<p>Todos aquellos que, a pesar de las primeras impresiones poco atrayentes, pusieron su confianza en el Sr. Pouget y se dejaron formar por \u00e9l, han llegado a ser y lo son esp\u00edritus abiertos y progresistas al mismo tiempo que se vacunaron contra el virus del modernismo agn\u00f3stico y racionalista. Y eso fue, aunque en grados diversos, la gran mayor\u00eda entre los numerosos estudiantes que pasaron por la casa madre de 1888 a 1905 antes de dispersarse luego a las cuatro esquinas del mundo en nuestras misiones y seminarios. Los lazaristas escriben muy poco por tradici\u00f3n de familia, y por eso sucede (quiz\u00e1s felizmente) que su acci\u00f3n intelectual no produjo entonces ruido literario y retras\u00f3 su jubilaci\u00f3n. Pero sus repercusiones a trav\u00e9s de sus disc\u00edpulos han sido mucho m\u00e1s profundas y difundidas de lo que se cree, primero en Francia en los veinticinco seminarios mayores confiados a los lazaristas, en Italia y en Am\u00e9rica despu\u00e9s de cerrados.\u00bb<\/p>\n<p>La imagen del Sr. Pouget reconfortaba a estos futuros misioneros como una prueba viva y, cuando fueron destinados a los pa\u00edses m\u00e1s lejanos, muchos hasta China, eso fue lo que los sostuvo. Le gustaba decir que sus antiguos alumnos \u00abno hab\u00edan perdido la fe\u00bb; era una frase\u00a0 modesta. Me sucedi\u00f3, en el centro de Siria, encontrarme, en colegios o residencias, con lazaristas muchos de los cuales hab\u00edan sido alumnos suyos: habr\u00edan sido incapaces de reproducir sus lecciones, s\u00f3lo se acordaban de peque\u00f1as an\u00e9cdotas amigas de la memoria, se re\u00edan y se re\u00edan con respeto. Pero se adivinaba enseguida que de todas las ense\u00f1anzas recibidas, aquella, si bien era la m\u00e1s oscura y la m\u00e1s desconcertante, era tambi\u00e9n la que mejor se hab\u00eda incorporado a su sustancia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, el Sr. Pouget hab\u00eda sido sacrificado, como muchos en aquel tiempo, y por confundirle con la escuela de los innovadores. Tendremos ocasi\u00f3n de insistir una vez m\u00e1s sobre este punto. Esta ser\u00e1 siempre la suerte de aquellos que quieren enfrentarse a las dificultades y tomar parte en las luchas reales: estos francotiradores, estos combatientes de primera l\u00ednea corren peligro de ser confundidos con los salteadores. Lo que nos admira de \u00e9l es que no se inmut\u00f3 por ello. Cu\u00e1ntas veces le o\u00ed decir palabras de este estilo:<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, uno no est\u00e1 obligado a ense\u00f1ar, sino solamente a buscar la verdad. F\u00edjense en las dinamos: cuando no se las embraga, nada les impide girar. No me siento cohibido, pero yo doy vueltas. Me pueden quitar mi ense\u00f1anza, mis t\u00edtulos, pero delante de Dios, \u00bfqu\u00e9 significa eso? Hasta si me prohibieran confesar, qu\u00e9 supondr\u00eda eso, no est\u00e1 uno obligado a confesar, sino a confesarse. Siente uno tentaciones de murmurar contra la autoridad, pero detr\u00e1s de la autoridad est\u00e1 Cristo.<\/p>\n<p>No hab\u00eda amargura, ya que nunca hab\u00eda trabajado para la publicidad, sino para la verdad pura y \u00fanica.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de su retiro, una prueba m\u00e1s dif\u00edcil vino a probarle, porque le afectaba en su propia carne: dej\u00f3 su sello en toda su vida, y en primer lugar en su rostro. Dec\u00eda que la mano del Se\u00f1or le hab\u00eda tocado. Y le toc\u00f3 en el punto que le era m\u00e1s sensible, quiero decir en aquellos ojos a los que su \u00e1vida curiosidad ped\u00eda tantos servicios. El primer ataque le hab\u00eda venido en Evreux, porque hab\u00eda exigido de su vista esfuerzos demasiado grandes en su peque\u00f1o jard\u00edn bot\u00e1nico. A pesar de este debilitamiento, prosigui\u00f3 sus experimentos en particular los de f\u00edsica, y le ayudaban poco, porque de \u00abchico de laboratorio\u00bb, de \u00abpreparador\u00bb no se pod\u00eda hablar en la morada del servidor de los pobres. Una explosi\u00f3n le quem\u00f3 la cara. En 1895, se entreg\u00f3 a un m\u00e9dico escogido sin duda por lo m\u00f3dico de sus honorarios: \u00e9ste se equivoc\u00f3 en la operaci\u00f3n: pinch\u00f3 torpemente el ojo entre el iris y el cristalino, en lugar de pinchar en la escler\u00f3tica, lo que ocasion\u00f3 la p\u00e9rdida del ojo derecho (22 de abril de 1895). Ten\u00eda cuarenta y ocho a\u00f1os. Despu\u00e9s se vio afectado el izquierdo y la vista disminuy\u00f3, sobre todo a partir de 1901, hasta reducirse a menos de una cent\u00e9sima de vista normal.<\/p>\n<p>Me puse a leer despacito. Me pude servir del ojo durante doce a\u00f1os. De vez en cuando ten\u00eda d\u00edas malos. En 1909 pude leer La Evoluci\u00f3n creadora y un libro de f\u00edsica. En este momento pod\u00eda leer el hebreo con lupa, luego algunas f\u00f3rmulas. Estaba tan irritado! Si tengo los ojos as\u00ed es a causa de los modernistas: me pasaba el tiempo copiando\u00a0 copto; solo me importaba hacer andar a mi mano y mis ojos. El 2 de enero de 1908 me falt\u00f3 la vista. Pude leer con todo un poco. Pero de enero a febrero de 1909 todo se acab\u00f3.<\/p>\n<p>Cualquiera otro se habr\u00eda derrumbado. No ver m\u00e1s cuando todo hasta entonces se lo deb\u00eda a sus ojos! Pero el Sr. Pouget encontr\u00f3 en su enfermedad un rejuvenecimiento. Como ciego fue a la vez \u00abel mismo y otro\u00bb, y para expresarlo todo mejor \u00e9l mismo; se aup\u00f3 a alturas de pensamiento y de vida que tal vez no habr\u00eda alcanzado de otro modo. Los primeros momentos fueron terribles. Dec\u00eda que no hab\u00eda tenido fe, habr\u00eda sentido la tentaci\u00f3n de destruirse, como se cuenta que le hab\u00eda ocurrido\u00a0 a Brochard.<\/p>\n<p>Me conformar\u00e9 alegremente con ser ciego, lo m\u00e1s alegremente que pueda, pero el paso es lo m\u00e1s duro. Ya no soy m\u00e1s que una ruina.<\/p>\n<p>Por ser ciego, se vio obligado a concentrarse en s\u00ed mismo, ya veremos pronto que pose\u00eda una memoria prodigiosa. Hizo inventario de lo que sab\u00eda; compar\u00f3 lo que sab\u00eda con lo que sab\u00eda. Como ante todo se hab\u00eda aprendido textos de la Escritura, se vio obligado a comparar la Escritura con ella misma, lo que constitu\u00eda tal\u00a0 vez el secreto de su m\u00e9todo. Adem\u00e1s, como ciego, se vio clavado en su sitio, en pleno Par\u00eds, y se le pod\u00eda encontrar en todo momento del d\u00eda.<\/p>\n<p>Y es aqu\u00ed donde tuvo lugar en su vida un acontecimiento infinitesimal, que iba a tener largas consecuencias, y que iba a proyectar un rayo de luz y de consuelo en medio de sus pruebas: quiero referirme a su encuentro con el Sr. Chevalier y del extraordinario afecto que \u00e9ste le tuvo.<\/p>\n<p>El Sr. Chevalier pasaba las vacaciones en C\u00e9rilly, en el Borbonesado, donde sus padres pose\u00edan una mansi\u00f3n. Un ni\u00f1o de C\u00e9rilly, cuya vocaci\u00f3n hab\u00eda cuidado la madre de Chevalier, Antoine S\u00e9vat, ahora obispo de Madagascar, hab\u00eda entrado en los lazaristas. Fue Antoine S\u00e9vat quien llev\u00f3 a Jacques Chevalier, alumno por entonces de la Escuela normal, al Sr. Pouget.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed tenemos, le dec\u00eda, como profesor, a un hombre extraordinario: su ense\u00f1anza me sobrepasa. Pero con toda seguridad que le apreciar\u00e9is.\u00bb As\u00ed que me llev\u00f3 a ver al Sr. Pouget, refiere J. Chevalier, en su humilde celda del segundo piso cerca del reloj. Me sent\u00e9 en un taburete, y sin otro pre\u00e1mbulo, se puso a hablarme por dos horas, de Pablo y Juan, del pueblo jud\u00edo y de la misi\u00f3n de Cristo. A la primera me sent\u00ed conquistado y me aficion\u00e9 a \u00e9l para siempre, adivinando, sin comprenderla del todo, la grandeza incomparable que se ocultaba detr\u00e1s de tanta sencillez\u00bb.<\/p>\n<p>J. Chevalier le trajo a sus amigos, entre otros a Maurice Legendre, a Emile Genty.<\/p>\n<p>Diecis\u00e9is a\u00f1os m\u00e1s tarde, durante la guerra anterior, le present\u00f3 a algunos de sus antiguos alumnos lioneses, como Andr\u00e9 Fugier y L\u00e9on Husson, normalistas entonces. Desde ese d\u00eda el Sr. Pouget tuvo una raz\u00f3n social. El Sr. Chevalier le decidi\u00f3 a adquirir una m\u00e1quina de escribir para legarle su \u00abpeque\u00f1o saber\u00bb. Fue as\u00ed como escribi\u00f3 varios \u00abtrabajitos\u00bb, destinados a los j\u00f3venes intelectuales formados en los m\u00e9todos cr\u00edticos, a fin de que pudieran enfrentarse a las objeciones que encontrar\u00edan de continuo en su entorno. Pero el mayor servicio que prestaba era en las conversaciones y sobre todo en aquellas \u00absesiones \u00aben que trabajaba con dos o tres j\u00f3venes, ofreci\u00e9ndoles el espect\u00e1culo que es quiz\u00e1s el m\u00e1s hermoso y el m\u00e1s raro, y el m\u00e1s conmovedor para el esp\u00edritu: una inteligencia trabajando con la \u00fanica idea del deseo de la verdad.<\/p>\n<p>En 1921, por el mes de junio, vi al Sr. Pouget por primera vez. As\u00ed que ten\u00eda setenta y tres a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acude a la reuni\u00f3n de los ancianos, \u00bfque te encuentras con un sabio? j\u00fantate a \u00e9l. Si VI, 34. 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