{"id":25023,"date":"2015-02-09T01:32:06","date_gmt":"2015-02-09T00:32:06","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/24\/sor-rosalia-rendu-parte-05\/"},"modified":"2015-02-09T01:32:06","modified_gmt":"2015-02-09T00:32:06","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-05","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-05\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 05"},"content":{"rendered":"<h2><strong>5. Par\u00eds. El noviciado<\/strong><\/h2>\n<h3>Al d\u00eda siguiente de la Revoluci\u00f3n<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>Las dos viajeras llegaron a Par\u00eds el 25 de mayo de 1802. Se dirigieron a la casa madre, en la calle del Vieux-Colombier, a la sombra de San Sul\u00adpicio, en donde se estaba reconstituyendo la Compa\u00f1\u00eda despu\u00e9s de la tor\u00admenta revolucionaria.<\/p>\n<p>Por casi toda Francia las hermanas se hab\u00edan ingeniado en la medida de lo posible por permanecer en sus puestos sirviendo a los necesitados, conservando su esp\u00edritu de Hijas de la Caridad sin el h\u00e1bito religioso que les estaba prohibido llevar; lo mismo que en Gex, hab\u00edan seguido entregadas a su misi\u00f3n. Pero la casa madre del barrio Saint-Laurent hab\u00eda sido eva\u00adcuada en tiempos del Terror. A1 principio, en 1789, hab\u00eda recibido la visita de una banda de gente dispuesta a todo, pero que se hab\u00eda visto subyugada por el espect\u00e1culo grandioso que se hab\u00eda ofrecido a sus ojos al entrar en la capilla: all\u00ed hab\u00eda un centenar de hermanas y de novicias, inm\u00f3viles, en oraci\u00f3n, preocupadas como es l\u00f3gico por lo que podr\u00eda pa\u00adsarles pero dispuestas al sacrificio de su vida. Ante semejante espect\u00e1culo los asaltantes se detuvieron sin saber qu\u00e9 hacer y acabaron march\u00e1ndose <sup>1<\/sup>.M\u00e1s tarde lleg\u00f3 una orden oficial de evacuaci\u00f3n y fue necesario dispersarse: las novicias hab\u00edan vuelto a su casa familiar y las hermanas se distribuyeron por varios sitios para seguir rindiendo en la clandestinidad sus oficios de caridad. A finales del a\u00f1o 1797, despu\u00e9s de que pasaron los a\u00f1os del Terror y la muerte de Robespierre, la reverenda madre Deleau hab\u00eda regresado a Par\u00eds, procedente de Bray, en Picard\u00eda. Encontr\u00f3 en la calle de Magons\u00adSorbonne, n\u00famero 455, un albergue m\u00e1s o menos precario. Y all\u00e1 fueron recogi\u00e9ndose, una a una, varios centenares de hermanas que volv\u00edan felices del destierro. Con ellas y con algunas postulantes se empezaron a reorgani\u00adzar las casi doscientas casas de Francia. Finalmente, en diciembre de 1808, un decreto de Bonaparte restablec\u00eda oficialmente la Compa\u00f1\u00eda y le asignaba como casa madre un inmueble de la calle del Vieux-Colombier, el n\u00fame\u00adro 15, dedicado anteriormente a hospicio de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos. Recibieron la orden de formar enfermeras para los hospitales, pero se les segu\u00eda prohibien\u00addo usar la corneta. De todas formas se encontraban en su casa y las her\u00admanas dispersas pod\u00edan volver al hogar familiar. De hecho volv\u00edan todas contentas, valientes, bien templadas en la prueba. En efecto, todas las casas hab\u00edan ido pasando sus pruebas y algunas de ellas tuvieron tambi\u00e9n sus m\u00e1rtires: en Dax, Angers, Arras y Cambrai, varias hijas de la Caridad hab\u00edan dado su vida en el cadalso o frente a los fusiles alineados frente a ellas. Volv\u00edan las supervivientes, ricas en piadosos y heroicos recuerdos, dichosas de encontrar de nuevo en aquella casa del Vieux-Colombier, bajo la magis\u00adtral direcci\u00f3n de la reverenda madre Deleau, las piadosas costumbres y los ejercicios de la comunidad. Ten\u00edan adem\u00e1s la ventaja de vivir a la sombra de la parroquia de San Sulpicio. Aquello era una bendici\u00f3n.<\/p>\n<h3>San Suplicio. El Se\u00f1or Emery<\/h3>\n<p>Privadas de los padres de la Misi\u00f3n, a los que hab\u00eda dispersada violen\u00adtamente la revoluci\u00f3n, las hermanas encontraban en su propia parroquia, entre aquellos sacerdotes de San Sulpicio, todos los socorros espirituales que pod\u00edan desear. M\u00e1s afortunados que los Pa\u00fales, los sacerdotes de San Sulpicio que atend\u00edan a una parroquia gozaban por ese mismo hecho de una especie de reconocimiento oficial, que no pod\u00eda pretender la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El propio San L\u00e1zaro se hab\u00eda visto sometido a duras pruebas ya desde el comienzo de la revoluci\u00f3n. Las distribuciones diarias que all\u00ed se hac\u00edan a los pobres y todos los servicios caritativos que hab\u00eda all\u00ed organizados hicieron creer a muchos que all\u00ed se ocultaban grandes ri\u00adquezas; y el espejismo del oro, que deslumbra la imaginaci\u00f3n de muchos, hizo que el populacho, el 13 de julio, v\u00edspera de la toma de la Bastilla, invadiera la casa en medio de un mot\u00edn, entrando a pillaje por todas partes y saque\u00e1ndolo todo, de manera que la casa hab\u00eda quedado inhabitable. Los misioneros se hab\u00edan dispersado. Varios estaban en el destierro. Fran\u00adcisco R\u00e9gis Clet, el director del seminario, parti\u00f3 para China donde alg\u00fan d\u00eda conquistar\u00eda la palma de los bienaventurados despu\u00e9s de treinta a\u00f1os de apostolado. Algunos viv\u00edan ocultos por la provincia y hasta en el mismo Par\u00eds, pero salvo raras excepciones -entre ellas la del padre Francisco, superior de Saint-Firmin- se encontraban como la mayor\u00eda de los eclesi\u00e1s\u00adticos desbordados por los acontecimientos, desamparados ante la tr\u00e1gica novedad de los problemas que planteaban a la conciencia cristiana las exi\u00adgencias de los gobiernos revolucionarios. Se necesitaba un se\u00f1or Emery, el sulpiciano, o un padre Francisco, el pa\u00fal de Saint-Firmin, con todo su dominio, su clarividencia, su don de la oportunidad, su serenidad, para mirar de frente los fat\u00eddicos problemas y dar a las conciencias alarmadas las soluciones m\u00e1s convenientes. Todav\u00eda hoy, muchos a\u00f1os despu\u00e9s de haberse reconquistado la paz, los esp\u00edritus m\u00e1s distinguidos siguen discu\u00adtiendo aquellos problemas. \u00a1Cu\u00e1les deber\u00edan ser entonces la indecisi\u00f3n y la angustia! El padre Francisco, antes de su martirio, hab\u00eda sido un verdadero or\u00e1culo en Saint-Firmin. El se\u00f1or Emery, que tambi\u00e9n se hab\u00eda quedado valientemente en su puesto, fue entonces el recurso universal. Fue verda\u00adderamente la conciencia del clero. Retirado a un pobre y peque\u00f1o piso de la calle d&#8217;Enfer serv\u00eda discretamente a todos cuantos acud\u00edan a sus consejos. Durante aquellos a\u00f1os de angustia fue el sost\u00e9n y la luz de muchas almas angustiadas o que se encontraban vacilantes frente a unos deberes inciertos o penosos.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Emery ten\u00eda plena conciencia del servicio que hac\u00eda a los de\u00adm\u00e1s, pero tambi\u00e9n del peligro que corr\u00eda. Estaba preparado para la muerte. Cuando fue detenido y conducido a la Consejer\u00eda, se hizo fabricar una guillotina en miniatura, a fin de poder meditar en la muerte delante de aquel s\u00edmbolo de poder de los reyes del momento, terrible instrumento de su reinado. Pero era prudente y por eso no quer\u00eda provocar a nadie ni forzar la situaci\u00f3n. Por eso se borraba todo lo m\u00e1s posible. Quiz\u00e1s se sab\u00eda adem\u00e1s protegido m\u00e1s que los otros, gracias a ciertos valiosos protectores. No todos pod\u00edan tener la misma audacia. De hecho alguien intervino desde arriba y pudo salir de la prisi\u00f3n. Por otra parte, como sulpiciano, gozaba en cierta medida, lo mismo que sus hermanos de la parroquia, aunque \u00e9l no viviera all\u00ed, de cierto prejuicio favorable. Es verdad que en todas partes hab\u00eda habida defecciones;los sulpicianos de la parroquia lo mismo que todos los dem\u00e1s p\u00e1rrocos hab\u00edan recibido la orden de prestar el famoso juramento. Los investigadores se presentaron a la hora de los oficios; hubo un gran sobresalto entre los fieles: \u00abSi San Sulpicio sucumbe -dec\u00edan-, todo se vendr\u00e1 abajo\u00bb. Pero San Sulpicio no sucumbi\u00f3. El p\u00e1rroco, desde el p\u00falpi\u00adto, se enfrent\u00f3 magn\u00edficamente a los investigadores con una declaraci\u00f3n llena de coraje. Luego, de pronto, vencido por el esfuerzo y la emoci\u00f3n, cay\u00f3 in\u00e1nime al suelo. Finalmente, ante la conmoci\u00f3n de la gente, quiz\u00e1s tambi\u00e9n por compasi\u00f3n, los investigadores se retiraron y se dio un car\u00adpetazo al asunta.<\/p>\n<p>Realmente San Sulpicio supon\u00eda una fuerza enorme.<\/p>\n<p>En 1800, el se\u00f1or Emery segu\u00eda a\u00fan en la calle d&#8217;Enfer. Viv\u00eda pobre\u00admente, procurando aparecer lo menos posible. Pero a partir de oto\u00f1o de aquel a\u00f1o, queriendo asegurar cuanto antes la renovaci\u00f3n del clero que se hab\u00eda visto diezmado por la persecuci\u00f3n, reconstruy\u00f3 el seminario en unos locales provisionales. Todav\u00eda no hab\u00edan podido recuperar el antiguo em\u00adplazamiento y se establecieron en la calle Saint-Jacques, en una casa de alquiler, donde hab\u00edan preparado una peque\u00f1a capilla. El domingo iban a celebrar los oficios a Saint-Jacques du Haut-Pas o a los carmelitas.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el se\u00f1or Emery, tal como se lo hab\u00eda indicado a su amigo el abuelo Rendu, no estaba lejos de la calle del Vieux-Colombier y de las Hijas de la Caridad. Acud\u00eda con frecuencia a la casa madre; predicaba, confesaba, era un precioso apoyo para la madre Deleau. Tres a\u00f1os antes hab\u00eda presidido, como vicario general de Par\u00eds, el traslado de los restos de Luisa de Marillac y su solemne instalaci\u00f3n. No pod\u00eda faltar a la promesa que hab\u00eda hecho de velar por las nuevas postulantes de Confort.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil de adivinar la alegr\u00eda de las dos viajeras cuando se encontraron al llegar con el ilustre sulpiciano, el padrino tan querido de Juana Mar\u00eda. Ya le hab\u00edan avisado de su llegada. No hab\u00eda entonces tel\u00e9fono ni tel\u00e9grafo, pera estaba bien organizado el servicio de correos y llegaban pronto las noticias. El se\u00f1or Emery estuvo all\u00ed a tiempo para dar la bienvenida a su ahijada, para ofrecerle el recuerdo de aquel querido pa\u00eds que acababa de dejar y para asociar en un mismo himno de alabanza divina los sanos afec\u00adtos de esta tierra y los ardores del amor divino. Con este esp\u00edritu de alegr\u00eda sobrenatural y de viva gratitud al Se\u00f1or hizo Juana Mar\u00eda su entrada en la querida casa madre en donde iba a realizarse su hermoso sue\u00f1o.<\/p>\n<h3>En el Seminario<\/h3>\n<p>La se\u00f1orita Juana Mar\u00eda Rendu solicitaba la admisi\u00f3n entre las Hijas de la Caridad. Habiendo hecho en Gex un tiempo de prueba que era una especie de postulantado, podr\u00eda entrar ya directamente en el noviciado, que las Hijas de la Caridad llaman m\u00e1s modestamente \u00abel seminario\u00bb. Le dar\u00edan luego el h\u00e1bito de las Hijas de la Caridad -al menos el que entonces llevaban, ya que el traje tradicional, especialmente la corneta, hab\u00edan sido prohibidos por la ley revolucionaria-. M\u00e1s tarde tomar\u00eda all\u00ed el impulso necesario para ir a ejercer sus funciones en el campo de acci\u00f3n que le hu\u00adbiera preparado la Providencia. Entretanto se trataba de vivir en el reco\u00adgimiento de la casa madre, en la simple caridad de una vida fraternal, siem\u00adpre dispuesta a \u00abservir\u00bb con toda humildad y sencillez.<\/p>\n<p>Al ocupar un sitio entre las Hijas de la Caridad podr\u00eda participar de su vida de familia, de las fiestas de la casa, de las festividades lit\u00fargicas y de los ejercicios piadosos de la comunidad. Apenas llegar tuvo la alegr\u00eda\u00a0 de poder contemplar las reliquias de la venerable fundadora, Luisa de Ma\u00adrillac, trasladadas tres semanas antes a la calle del Vieux-Colombier, y de antiguo y de gozar de la presencia de aquel tesoro familiar. Participar\u00eda tambi\u00e9n ella de las gracias divinas y de las bendiciones que Dios se dignaba derramar en abundancia sobre la Compa\u00f1\u00eda por manos de la sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<h3>El programa<\/h3>\n<p>Juana Mar\u00eda tendr\u00eda que adaptarse a un nuevo g\u00e9nero de vida, tendr\u00eda que entrar dentro del marco de usos y costumbres tradicionales de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda, tendr\u00eda que forjar su alma en el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad y practicar sus virtudes caracter\u00edsticas. Ese era su deseo, pero \u00bfsab\u00eda ella bien lo que es el alma de una hija de la Caridad? Hab\u00eda visto desde luego su obra muy de cerca, especialmente en Gex. Con la intuici\u00f3n de su almatan sensible, sondeaba con facilidad el fondo de los corazones. Su contacto habitual con los pobres y los desvalidos que pasaban por Confort en gran n\u00famero le hab\u00eda hecho tomar instintivamente los sentimientos y algunas de las actitudes propias de las Hijas de la Caridad. Pero era preciso que tomara buena conciencia de todo aquello y que pusiera las cosas a punto.<\/p>\n<p>Ciertamente no era necesario estimular su celo y su amor a los pobres. Hab\u00eda tra\u00eddo a la comunidad todos los deseos de un coraz\u00f3n grande, todos los ardores de su alma caritativa. La gran virtud de la <em>caridad <\/em>pod\u00eda decir que ya estaba adquirida en ella. M\u00e1s bien ser\u00eda necesario templar sus ardores en la pr\u00e1ctica, regular sus manifestaciones teniendo en cuenta los recursos reducidos de una salud que era m\u00e1s bien fr\u00e1gil y la subordinaci\u00f3n necesaria al trabajo en com\u00fan, aquel trabajo en equipo que duplica el ren\u00addimiento, pero que exige el sacrificio de las ideas personales en aras del plan de conjunto que ha trazado la encargada de la direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfTendr\u00eda esta joven generosa la <em>humildad <\/em>necesaria para doblegar e in\u00adclinar sus sentimientos personales ante el sentimiento de otro? \u00a1S\u00ed que la ten\u00eda! Por muy decidida que fuese y por muy acostumbrada que estuviese a imponer sus derechos de hija mayor para dirigir a su manera la vida de su peque\u00f1o pelot\u00f3n de hermanas, \u00bf.no hab\u00eda sabido acaso doblegarse ale\u00adgremente ante las consignas de su madre? \u00bfPod\u00eda costarle mucho la obedien\u00adcia a aquella muchacha que en las \u00f3rdenes que se daban admiraba la auto\u00adridad prudente, recta y afectuosa de una madre tan querida? Lo mismo har\u00eda tambi\u00e9n en la calle del Vieux-Colombier. Hab\u00eda venido con confian\u00adza y llena de un santo respeto hacia las directoras de una Compa\u00f1\u00eda a la que apreciaba y quer\u00eda y se entregaba de todo coraz\u00f3n. Sabr\u00eda mantener en su alma piadosa aquella gran estima y aquel santo respeto; y la obe\u00addiencia ser\u00eda para ella un juego, una felicidad, un descanso, una de las formas elementales de esa virtud fundamental que es la humildad cristiana.<\/p>\n<p>Pero mimada como hab\u00eda estado en un hogar familiar tan unido, en medio de criados y de aldeanos que eran todos amigos, \u00bfno habr\u00eda tra\u00eddo a la Comunidad todo el trasfondo de un alma que se complace en los halagos y que busca la popularidad de su peque\u00f1a persona? Realmente, si hab\u00eda una lecci\u00f3n que hab\u00eda sido capaz de aprender en el contacto con aquella buena gente de Confort, era precisamente la de la <em>sencillez <\/em>de buena ley que sigue rectamente su camino, el camino del deber, admirable de ordi\u00adnario en aquellos buenos aldeanos para quienes el deber les parece algo perfectamente natural y que est\u00e1n acostumbrados a ver las cosas claras, con sencillez, sin disimulos, en un intercambio cordial, muchas veces he\u00adroico, que ellos mismos consideran como absolutamente normal.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda tra\u00eda tambi\u00e9n para el servicio de los pobres un alma ardien\u00adte, caritativa, compasiva, un car\u00e1cter en\u00e9rgico pero d\u00factil, un coraz\u00f3n ge\u00adneroso, una piedad simple y sincera, noblemente deseosa de hacer algo grande y hermoso en la vida con los dones recibidos de Dios, devolviendo a Dios con toda sencillez lo mucho que hab\u00eda recibido de \u00e9l. Todo esto es lo que ofrec\u00eda a la Compa\u00f1\u00eda para el servicio de los pobres. Por algo pertenec\u00eda a aquella raza vigorosa del Jura, robusta, honrada y sencilla; por algo hab\u00eda sido educada en una familia cristiana y caritativa, cuya fe y cuyas virtudes hab\u00edan resplandecido y crecido en medio de las pruebas de la revoluci\u00f3n. La vida de disciplina no resultar\u00eda sin duda muy dif\u00edcil para aquel alma tan vigorosamente templada.<\/p>\n<p>A pesar del desgarr\u00f3n de las separaciones familiares, muy cruel para un esp\u00edritu tan sensible como el de Juana Mar\u00eda, se entreg\u00f3 con alegr\u00eda y entusiasmo a sus nuevas obligaciones. Su educaci\u00f3n hab\u00eda sido excelente; la formaci\u00f3n del noviciado ser\u00eda f\u00e1cil. El trabajo se llevar\u00eda a cabo con toda normalidad.<\/p>\n<p>Caridad, humildad, sencillez: Juana Mar\u00eda lograr\u00eda pronto aprender el programa. Caridad ardiente, incansable, siempre dispuesta a servir, pero practicada con normalidad y sencillez. Era todo un programa de vida cuya belleza moral le encantaba y del que su alma llevaba ya alg\u00fan reflejo, que constitu\u00eda un verdadero deleite.<\/p>\n<h3>La formaci\u00f3n<\/h3>\n<p>La verdad es que la novicia hab\u00eda encontrado para que la dirigieran unas manos expertas. La hermana a la que se le confi\u00f3 por entonces la formaci\u00f3n de las j\u00f3venes era una bretona natural de Dinan, sor Gillette Julienne Ricourt. Ten\u00eda entonces cuarenta a\u00f1os. Cuando al llegar Juana Ma\u00adr\u00eda se encontr\u00f3 ante aquella persona de aspecto grave, templado por una amable cordialidad, cuya presencia inspiraba al mismo tiempo respeto y confianza, seguramente se dijo: \u00abEstoy en buenas manos\u00bb. No tendr\u00eda mu\u00adcha dificultad, ella que era un poco t\u00edmida a pesar de su car\u00e1cter en\u00e9rgico, en entregarle las llaves de su alma para dejarse formar por ella. Encontr\u00f3 en la hermana directora el gu\u00eda avisado y resuelto que deseaba. Qued\u00f3 ple\u00adnamente tranquila al verse bajo la direcci\u00f3n de semejante gu\u00eda para realizar la traves\u00eda un tanto misteriosa del noviciado. Su alegr\u00eda no hizo m\u00e1s que aumentar cuando oy\u00f3 a la hermana directora exponer en las conferencias habituales, con toda sencillez, las altas verdades sobrenaturales que sirven de base a toda la espiritualidad cristiana. Juana Mar\u00eda hab\u00eda encontrado el alimento s\u00f3lido y sencillo, con que podr\u00eda durante toda su vida nutrir su alma ardorosa y realista. Cuando a veces recib\u00eda alg\u00fan aviso o alg\u00fan reproche, le gustaba esta forma de actuar firme y cari\u00f1osa a la vez, clara y directa, que no ten\u00eda nada de amargo y revelaba solamente la preocupaci\u00f3n por la gloria de Dios. Le gustaba aquella voz sincera y reveladora de un alma grande, que ense\u00f1aba devociones muy atractivas, como la de Nuestro Se\u00f1or en su santa infancia, la del Verbo encarnado, la del sant\u00edsimo sacra\u00admento del altar.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda pod\u00eda considerarse feliz. M\u00e1s a\u00fan, si se piensa que el se\u00ad\u00f1or Emerv, con ocasi\u00f3n de su ministerio en la casa madre, pod\u00eda ver con frecuencia a su ahijada y a\u00f1adir a aquella obra maravillosa su propia nota original de la que sor Rosal\u00eda, agradecida, se har\u00e1 eco m\u00e1s tarde. El se\u00f1or Emery ten\u00eda el arte de recoger y resumir ciertas lecciones importantes en unas cuantas sentencias lapidarias que se grababan para siempre en el cora\u00adz\u00f3n de sor Rosal\u00eda. Hablando, por ejemplo, de la abnegaci\u00f3n incansable de una hija de la Caridad, repet\u00eda muchas veces que la bija de la Caridad tiene que ser \u00abcomo un moj\u00f3n del camino sobre el cual todos los caminantes fatigados tienen derecho a depositar sus fardos\u00bb. Dura consigna que reson\u00f3 noblemente en el coraz\u00f3n de todas las Hijas de la Caridad que lo escucha\u00adban. Este pensamiento es ya familiar entre ellas. Y la f\u00f3rmula tan densa de contenido y tan gr\u00e1fica en su expresi\u00f3n, es del se\u00f1or Emerv. Era \u00e9sta una de las lecciones del noviciado, en la traducci\u00f3n de este esmerado educador.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Emery se serv\u00eda de f\u00f3rmulas semejantes cuando hablaba del sacerdocio. Y estas semejanzas revelan muy bien el car\u00e1cter sobrenatural que tomaba en \u00e9l la formaci\u00f3n de las almas religiosas lo mismo que la de las almas sacerdotales.<\/p>\n<p>Entre las cualidades del se\u00f1or Emery, sor Rosal\u00eda parece haber apre\u00adciado de manera especial, junto con su esp\u00edritu de fe y su piedad sacerdotal, la seguridad de su direcci\u00f3n, la claridad de sus consejos, expresada en f\u00f3rmulas lac\u00f3nicas, ecos de un pensamiento seguro de s\u00ed mismo, perfectamente concretado, condensado, reducido a lo esencial, y por otra parte el humor de su ingenio que estallaba chispeante de aquella alma tranquila y serena, siempre ocupada en los m\u00e1s altos pensamientos y en los m\u00e1s graves pro\u00adblemas. En semejante escuela sor Rosal\u00eda pudo aprender a hablar claro tambi\u00e9n ella y a enfrentarse alegremente con las dificultades de la vida. Y en todo caso ten\u00eda en aquel gu\u00eda espiritual una robustez de alma y una limpieza de actitud en la vida que inspiraba la m\u00e1s alegre confianza.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda, bien asentada en este apoyo tan s\u00f3lido y tan agradable, pod\u00eda caminar con seguridad. Las l\u00edneas que dej\u00f3 escritas sobre su distin\u00adguido padrino, nos revela todo el valor que conced\u00eda a su provechoso pa\u00addrinazgo:<\/p>\n<p>\u00abMe siento deudora -dec\u00eda- de mi santa vocaci\u00f3n al se\u00f1or Emery. El hab\u00eda sido mi padrino por procurador, debido a la amistad que ten\u00eda con mi familia. Era amigo \u00edntimo de mi abuelo. Fue \u00e9l quien me mand\u00f3 llamar a mi abuelo y el que adquiri\u00f3 el compromiso de hacerme venir a Par\u00eds y de cuidar de m\u00ed&#8230; Le prometi\u00f3 que si no lograba restablecerse la comunidad de hermanas, me enviar\u00eda de nuevo a mi pa\u00eds.<\/p>\n<p>\u00abLlegu\u00e9 en 1802&#8230; Me recibi\u00f3 el se\u00f1or Emery con un cari\u00f1o de padre y me present\u00f3 a sor Deleau, que era la superiora general de la congregaci\u00f3n&#8230; \u00abManten\u00eda con nuestra casa relaciones de mucha intimidad y nos hac\u00eda a todas mucho bien. Nos dirig\u00eda \u00e9l mismo algunas pl\u00e1ticas y nos daba con\u00adsejos muy \u00fatiles. Confesaba a muchas de las nuestras&#8230; \u00a1Qu\u00e9 charlas tan interesantes nos daba el se\u00f1or Emery sobre la humildad! Ten\u00eda mucha de\u00advoci\u00f3n a san Vicente de Pa\u00fal, lo invocaba con frecuencia y nos animaba a todas a invocarle y a imitarle. Tambi\u00e9n nos exhortaba con mucho inter\u00e9s a que fu\u00e9ramos devotas de la sant\u00edsima Virgen y nos recomendaba que no dej\u00e1ramos nunca de rezar todos los d\u00edas el rosario.<\/p>\n<p>\u00abNo soy capaz de expresar todas las atenciones y muestras de afecto que tuvo conmigo, los santos consejos y las m\u00e1ximas que se esforz\u00f3 en in\u00adculcarme para hacerme digna de mi vocaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Conviene que recordemos la dura lecci\u00f3n que dio a sor Rosal\u00eda el se\u00ad\u00f1or Emery desde su lecho de muerte, para que comprendamos hasta d\u00f3nde lleg\u00f3 la estima y el agradecimiento que sent\u00eda la ahijada por su virtuoso padrino. Era en el a\u00f1o 1811. Sor Rosal\u00eda, deseando ver por \u00faltima vez a su padre espiritual, se apresur\u00f3 a acudir al peque\u00f1o apartamento donde \u00e9ste viv\u00eda en la calle de Vaugirard. Mientras iban a avisar su visita al se\u00f1or Emery, ella aguardaba en el locutorio. Pero el se\u00f1or Emery se neg\u00f3 a verla y a recibir esta \u00faltima visita de su ahijada y le envi\u00f3 este duro mensaje: \u00abId a decirle a sor Rosal\u00eda que hay que hacer sacrificios y ofrec\u00e9rselos a Jesucristo y que yo le env\u00edo mi bendici\u00f3n como amigo, como padrino y como padre\u00bb.<\/p>\n<p>Este padrinazgo era realmente una fuerza. Durante cerca de diez a\u00f1os el se\u00f1or Emery fue un precioso apoyo para sor Rosal\u00eda. En el momento en que entr\u00f3 en el noviciado, fue \u00e9l el que m\u00e1s alientos le dio y le abri\u00f3 un panorama de la m\u00e1s brillante esperanza. Y durante el mismo, ella pudo gozar de su excelente direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>En efecto, en el se\u00f1or Emery se reun\u00edan \u00abel saber que ilumina, la pru\u00addencia que gu\u00eda hacia el objetivo m\u00e1s alto, la modestia que no se atribuye nada indebidamente, la discreci\u00f3n que nunca traiciona\u00bb.<\/p>\n<p>Aquel hombre profundamente humilde y discreto pensaba \u00fanicamente en servir a los dem\u00e1s. Todos los tesoros de coraz\u00f3n y de esp\u00edritu que ence\u00adrraba su alma estaban al servicio de sus dirigidos. Se barraba de buena gana ante los dem\u00e1s, sin conservar para s\u00ed ni un \u00e1tomo de esa peque\u00f1a gloria que est\u00e1 vinculada al \u00e9xito. Aquel poderosa esp\u00edritu que dirig\u00eda al clero de Francia y que en la c\u00e1rcel entreten\u00eda sus ocios estudiando a santo Tom\u00e1s de Aquino, que irradiaba luz sobre las almas resolviendo los casos de conciencia tan dif\u00edciles que suscitaba la persecuci\u00f3n, se complac\u00eda sin embargo en pasar desapercibida. Era el inspirador y el animador de muchas buenas obras, pero luego se borraba, dejando a los dem\u00e1s la alegr\u00eda y la gloria de la empresa. A las obras de gran envergadura \u00e9l prefer\u00eda las obras modestas, seguras y eficaces. Ten\u00eda el precioso don de la prudencia y un enorme sentido com\u00fan. Quer\u00eda que sus dirigidas hicieran un uso prudente de todas las libertades que se les conced\u00edan, recomendaba la acci\u00f3n indivi\u00addual, d\u00eda tras d\u00eda, en la paciencia, el trabajo y la humildad.<\/p>\n<p>Aquella alma estaba tan interesada por la gloria de Dios y por el bien del pr\u00f3jimo, por todo aquello que en Francia pod\u00eda ofrecer alguna ocasi\u00f3n de realizar un bien moral, que todo lo dem\u00e1s carec\u00eda de importancia para \u00e9l. Su \u00fanica preocupaci\u00f3n era la de actuar debidamente para restablecer en aquella Francia agitada y en los corazones desconcertados un poco de paz, un poco de luz y todos los beneficios del reino de Dios. Todos sus pensa\u00admientos iban dirigidos a este fin y se encaminaban derechos hacia Dios en una noble simplicidad de esp\u00edritu. Todo lo que no fuera eso le parec\u00eda va\u00adciedad y pacotilla: ni los honores ni las dignidades significaban nada para \u00e9l; procuraba evitarlos. Su alma tan sencilla, tan robusta, se aficionaba a otros tesoros, los tesoros m\u00e1s s\u00f3lidos que va adquiriendo la caridad y el obrar bien. Retirado en su pobre apartamento de la calle d&#8217;Enfer, aquel gran personaje viv\u00eda solo, sin sirviente alguno, prepar\u00e1ndose \u00e9l mismo la comida. Aquella simplicidad que hu\u00eda de los honores le ayudaba tambi\u00e9n, cuando era pre\u00adciso aceptarlos, a llevarlos con una naturalidad que le daba un verdadero encanto y una egregia distinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por esta gran causa de Dios el se\u00f1or Emery hab\u00eda tenido que enfren\u00adtarse con los mayores peligros bas\u00e1ndose para ello en una caridad mo\u00addesta, pero ardiente. Se hab\u00eda quedado en su sitio durante todo el tiempo de la revoluci\u00f3n; hab\u00eda sido encarcelado dos veces, la primera vez durante diez d\u00edas y la segunda durante quince meses. Despu\u00e9s de ser liberado, per\u00adsever\u00f3 a pesar de todo en su obra de apostolado sacerdotal, permaneciendo en Par\u00eds a fin de poder estar a disposici\u00f3n de todas las almas inquietas y desamparadas. Todo aquel tesoro de virtud y de prudencia, de sentido co\u00adm\u00fan, de sencillez y de humildad en el ejercicio de la Caridad, se derramaba generosamente sobre la comunidad de las Hijas de la Caridad, con lo que Juana Mar\u00eda se aprovechaba doblemente del mismo. Su alma, bajo la acci\u00f3n de esta luminosa y serena direcci\u00f3n, se robustec\u00eda en la paz, aunque con\u00adservando su espontaneidad y las delicadezas de su exquisita sensibilidad. Ella misma, en el apostolado que m\u00e1s tarde ejercer\u00eda, no har\u00eda m\u00e1s que reflejar aquellas cualidades de celo ardiente, decidido, tenaz, de su director, ejercido siempre con gran humildad y sencillez.<\/p>\n<p>Y al mismo tiempo que un reflejo del alma del se\u00f1or Emery, ser\u00e1 tam\u00adbi\u00e9n un reflejo vivo y brillante, realmente maravilloso, del alma de san Vi\u00adcente de Pa\u00fal. Al contemplar este retrato de un gran sulpiciano se comprende f\u00e1cilmente el \u00edntimo parentesco espiritual que hab\u00eda entre los hijos del se\u00f1or Olier y los hijos del se\u00f1or Vicente. Realmente, las lecciones del se\u00f1or Emery no apartaban lo m\u00e1s m\u00ednimo a Juana Mar\u00eda del surco trazado por san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Con el m\u00e1s vivo deseo de aprovecharse en su formaci\u00f3n, Juana Mar\u00eda se acomodaba de buena gana a todas las exigencias de su nueva vida. Iba creciendo en virtud, acumulando m\u00e9ritos y ahondando cada vez m\u00e1s en los rasgos de su fisonom\u00eda moral. Pero su fr\u00e1gil salud, separada del clima tan puro de la monta\u00f1a para verse trasplantada a la gran ciudad de Par\u00eds, tuvo que pasar por una dura prueba. Aquel cuerpo mezquino, privado del aire limpio de sus monta\u00f1as, se sent\u00eda impotente ante el esfuerzo que ped\u00eda aquella alma generosa, que deseaba mantenerse continuamente fiel a sus m\u00fal\u00adtiples deberes cotidianos. Juana Mar\u00eda se iba debilitando. Consultaron al m\u00e9dico y \u00e9ste orden\u00f3 un \u00abcambio de aires\u00bb. Tendr\u00eda que dejar entonces la casa madre. La enviaron no muy lejos de all\u00ed, dentro mismo de Par\u00eds, a la calle de Francs-Bourgeois Saint-Marcel.<\/p>\n<h3>En el barrio Mouffetard<\/h3>\n<p>Era aquel ciertamente un extra\u00f1o \u00abcambio de aires\u00bb. Es verdad que cambiaba de ambiente, pero segu\u00eda siendo el mismo aire de Par\u00eds el que ten\u00eda que respirar. Y el aire de uno de los barrios m\u00e1s poblados y menos aireados. Se dice que fue el mismo se\u00f1or Emery quien recomend\u00f3 e inspir\u00f3 aquel extra\u00f1o desplazamiento. Su influencia era decisiva a la hora de tomar una decisi\u00f3n, ya que sus consejos se hab\u00eda comprobado que eran siempre acertados. Sea lo que fuere, la verdad es que el se\u00f1or Emery demostr\u00f3 que estaba muy satisfecha de aquella determinaci\u00f3n. Y le dijo a su ahijada: \u00abEso es precisamente lo que usted necesita. All\u00ed podr\u00e1 ser la sirviente de todos aquellos pobres\u00bb. El consejo no era tan malo como pudiera pensarse a primera vista. Y el porvenir se encargar\u00eda de demostrarlo.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Emery, que conoc\u00eda bien a su ahijada, se daba perfectamente cuenta de la exuberancia de vida que impulsaba a aquel cuerpo fr\u00e1gil, excesivamente oprimida por un esfuerzo demasiado tensa de concentraci\u00f3n espiritual. Lo que realmente le faltaba no era tanto el aire de los campos como aquella actividad amplia y generosa que la campi\u00f1a le hab\u00eda hecho familiar. Aquella ni\u00f1a grande, absorbida demasiado exclusivamente por su esfuerzo de perfecci\u00f3n personal, necesitaba sobre todo una distracci\u00f3n que distendiese sus nervios y liberase el curso demasiado contrariada de su vida generosa, poni\u00e9ndola al servicio de alguna gran obra. El barrio Mouffetard ofrec\u00eda buenas ocasiones para colmar la ambici\u00f3n de aquel gran coraz\u00f3n; la enorme actividad que all\u00ed le esperaba reducir\u00eda en gran medida la tensi\u00f3n espiritual de aquella alma conquistada ya totalmente para Dios.<\/p>\n<p>Por otra parte, el se\u00f1or Emery le hab\u00eda prometido al abuelo Rendu te\u00adner cuidado de su nieta y hasta devolv\u00e9rsela si la compa\u00f1\u00eda de Hijas de la Caridad no lograba volver a constituirse debidamente. La prueba de su salud creaba un problema nuevo, pero que segu\u00eda comprometiendo igual\u00admente las promesas del padrino. El se\u00f1or Emery pens\u00f3 sin duda en el barrio Mouffetard por el hecho de no estar lejos de San Sulpicio, ni de la calle Saint-Jacques, ni de la calle d&#8217;Enfer, con lo que podr\u00eda velar por la salud de su ahijada.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Juana Mar\u00eda parti\u00f3 para el barrio Mouffetard con su peque\u00f1o ajuar, pero con toda la riqueza de su car\u00e1cter y todo el fervor de su fe. Su estancia en el seminario hab\u00eda resultado bastante corta. Pero en su nueva casa, bajo la direcci\u00f3n de una excelente superiora, podr\u00eda muy bien continuar su formaci\u00f3n de hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Al llegar all\u00ed fue cuando tom\u00f3 el nombre de sor Rosal\u00eda, que llevar\u00eda en adelante.<\/p>\n<p>No pudo tener la dicha de recibir el tradicional h\u00e1bito azul y la corneta blanca. No hab\u00eda acabado todav\u00eda su noviciado y adem\u00e1s todav\u00eda segu\u00eda prohibido llevar el h\u00e1bito religioso. En aquel per\u00edodo de indecisi\u00f3n, muy cerca todav\u00eda de la \u00e9poca del Terror y de tantos desagradables recuerdos, las Hijas de la Caridad llevaban un h\u00e1bito de circunstancias: una capa negra, de la que se quej\u00f3 un d\u00eda el Papa P\u00edo VII al emperador&#8217;, manifest\u00e1n\u00addole su desagrado de ver c\u00f3mo un traje de luto, \u00abunos vestidos de viuda\u00bb -le dijo el Papa- segu\u00edan todav\u00eda sustituyendo el h\u00e1bito y la corneta blanca de las Hijas de la Caridad. Y el sumo pont\u00edfice obtuvo de Napole\u00f3n que se retirase aquella prohibici\u00f3n tan odiosa. De momento, una de las compa\u00f1eras de sor Rosal\u00edanos la muestra dejando la calle del Vieux\u00adColombier, modestamente vestida \u00abcon un pobre traje de tela indiana, que hab\u00eda servido mucho tiempo como cortina de la enfermer\u00eda\u00bb. Afortunada\u00admente, el h\u00e1bito no hace al monje. Bajo aquel pobre h\u00e1bito de circuns\u00adtancias lat\u00eda un coraz\u00f3n vigoroso y en\u00e9rgico de hija de la Caridad, que estaba muy por encima de todas las elegancias de este mundo y que se sent\u00eda llena hasta desbordar de un maravilloso ideal de esperanza y de amor a Dios y a los pobres.<\/p>\n<p>A1 dejar la calle del Vieux-Colambier para dirigirse al nuevo lugar que le indicaba la obediencia, sor Rosal\u00eda tuvo que atravesar el populoso barrio en donde iba a desarrollarse su existencia. Bajando desde el Pante\u00f3n y de la Contrescarpe, tuvo que recorrer calles de nombre curioso, como la calle Tournefort, la calle de Pot-de-Fer, hasta llegar a aquella larga calle Mouffe\u00adtard con el aspecto miserable que entonces ten\u00eda, sus tenduchas, sus casas bajas, su pueblo de ni\u00f1os y de mercaderes que hormigueaban por la calle. \u00bfCu\u00e1les ser\u00edan entonces los pensamientos de aquella hija de la monta\u00f1a que llevaba en su coraz\u00f3n el recuerdo de los grandiosos y espl\u00e9ndidos espect\u00e1cu\u00adlos de los paisajes de su tierra y que se encontraba frente a aquel pobre barrio sin horizonte alguno y aquella pobre gente sin religi\u00f3n, preocupada \u00fanicamente por las cosas de este mundo? Juana Mar\u00eda sab\u00eda muy bien que las miradas de Dios llegan hasta los m\u00e1s pobres de este mundo y que sus \u00e1ngeles son enviados en ayuda de todos. Ella, que ten\u00eda tanta devoci\u00f3n a los \u00e1ngeles d\u00e9 la guarda y que recurr\u00eda continuamente a su protecci\u00f3n, al enfrentarse con todas las miserias y con toda la vulgaridad que presen\u00adciaban sus ojos, seguramente levant\u00f3 sus hermosos y limpios ojos hacia el azul del cielo y, contemplando en esp\u00edritu a las ej\u00e9rcitos celestiales dedica\u00addos a la defensa de aquel pueblo que iba a evangelizar, debi\u00f3 sonre\u00edr am\u00adpliamente ante aquella hermosura que poblaba su cielo y donde estaban puestas todas las esperanzas que le promet\u00edan sus comienzos en el apostolado.<\/p>\n<p>La calle Mouffetard, antes de llegar a la iglesia de Saint-M\u00e9dard y de desembocar en la gran avenida de los Francs-Bourgeois, ofrec\u00eda un labe\u00adrinto de callejuelas con nombres muy curiosos, que probablemente hicieron sonre\u00edr a su joven esp\u00edritu: calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois (espada de madera), calle de Fer-a-Moulin (hierro en el molino), etc. Todo aquello poblado por un extraordinario amasijo de tenderetes y barracas, que desembocaban en un mercado de oropeles, trapos, cachivaches, con el pomposo nombre de \u00abMar\u00adch\u00e9 des Patriarches\u00bb (mercado de los patriarcas). Juana Mar\u00eda, con su alma c\u00e1ndida de ni\u00f1a grande, debi\u00f3 sonre\u00edr una vez m\u00e1s ante aquel nombre glorioso, que serv\u00eda para decorar cosas tan vulgares&#8230;<\/p>\n<p>Pero aquel nombre tan pomposo no era una pura fantas\u00eda. Proced\u00eda realmente de un glorioso recuerdo: antes de que existiera aquel \u00abMarch\u00e9 des Patriarches\u00bb, el sitio hab\u00eda estado ocupado por un hermoso edificio que hab\u00eda pertenecido a un cardenal. Y aquel cardenal era patriarca de Ale\u00adjandr\u00eda\u00bb. \u00abPatriarca\u00bb. De all\u00ed ven\u00eda su nombre. Y ese nombre se lo dieron a la calle, a la plaza y finalmente al susodicho mercado.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 trabajo tan hermoso y tan duro se le ofrec\u00eda all\u00ed a un alma gene\u00adrosa, acostumbrada a amar a los pobres y a trabajar por ellos!<\/p>\n<p>Y llena de alegr\u00eda ante el pensamiento de todo el bien que pod\u00eda hacer con la ayuda de Dios en aquel barrio, Juana Mar\u00eda lleg\u00f3 a la casa donde la estaban esperando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>5. Par\u00eds. El noviciado Al d\u00eda siguiente de la Revoluci\u00f3n Las dos viajeras llegaron a Par\u00eds el 25 de mayo de 1802. 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