{"id":24010,"date":"2013-11-19T08:15:21","date_gmt":"2013-11-19T07:15:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=24010"},"modified":"2016-07-27T12:06:14","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:14","slug":"leon-brancourt-1842-1884-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/leon-brancourt-1842-1884-ii\/","title":{"rendered":"Leon Brancourt (1842-1884) (II)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/logo-oficial-1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-24011\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/logo-oficial-1-270x300.jpg?resize=252%2C280\" width=\"252\" height=\"280\" \/><\/a>CAP\u00cdTULO IV<\/p>\n<p><strong>Le\u00f3n halla en la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal un poderoso medio <\/strong><strong>de santificaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Se lee en la <em>Vida de San Vicente de Pa\u00fal <\/em>que hab\u00eda juzgado muy prudentemente que \u00e9l mismo no pod\u00eda cami\u00adnar ni guiar a los otros por un camino m\u00e1s derecho y segu\u00adro que por el que el Verbo y la sabidur\u00eda de Dios mismo le hab\u00eda se\u00f1alado con sus ejemplos y con sus palabras. Por esto\u2014a\u00f1ade el bi\u00f3grafo\u2014se propuso, antes que otra cosa al\u00adguna, trabajar, con la ayuda de la gracia, en su propia santi\u00adficaci\u00f3n, sabiendo bien que la regla m\u00e1s justa y m\u00e1s segura del amor que debemos a nuestro pr\u00f3jimo es el verdadero amor que estamos obligados a tenernos a nosotros mismos.(Abelly, lib. III, cap. XXIV.)<\/p>\n<p>En las Asociaciones de caridad se encuentran muchos seglares que est\u00e1n animados de esos mismos sentimientos. Como aspiran a una vida de perfecci\u00f3n, desean por s\u00ed mis\u00admos y por medio de sus compa\u00f1eros introducir en las obras exteriores de caridad alguna cosa an\u00e1loga a las terceras \u00f3r\u00addenes, una especie de regla que les se\u00f1ale algunos ejerci\u00adcios de piedad y otros medios para una m\u00e1s cabal santifica\u00adci\u00f3n de su vida.<\/p>\n<p>El reglamento de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal satisface ese deseo; supone una vida verdaderamente cristiana y prev\u00e9 muchos sacrificios que hay que hacer para servir a los pobres de Jesucristo, en lo cual se ha dejado pru\u00addentemente una grande parte a la iniciativa de los socios. Entre los medios m\u00e1s f\u00e1ciles para adelantar en la perfecci\u00f3n se puede se\u00f1alar la pr\u00e1ctica anual de los ejercicios espiritua\u00adles; esos ejercicios son uno de los auxilios m\u00e1s propios para favorecer aquellos piadosos y leg\u00edtimos deseos de santifica\u00adci\u00f3n personal. San Vicente, en su tiempo, hab\u00eda organizado en San L\u00e1zaro esos ejercicios especiales.<\/p>\n<p>La aspiraci\u00f3n a una virtud m\u00e1s generosa y a un estado de perfecci\u00f3n que observamos en los hombres del mundo, se manifiesta todav\u00eda con m\u00e1s viveza en las reuniones for\u00admadas por j\u00f3venes cristianos.<\/p>\n<p>Nuestro joven socio Le\u00f3n sent\u00eda este atractivo sobrenatural, que le llevaba hasta la perfecci\u00f3n de la vida religiosa. Alrededor de \u00e9l, semejantes ardores abrasaban el coraz\u00f3n de otros socios de la nueva Conferencia, de cuyo seno \u00a0salieron gran n\u00famero de ap\u00f3stoles. Uno, tomando el camino abierto por San Francisco Javier, gobierna actualmente como Obispo un vicariato de Kiang-si, en la China.<br \/>\nOtro est\u00e1 fundando, en medio de los pueblos de la Am\u00e9rica \u00a0del Sur, Seminarios mayores y menores. En un Estado vecino su hermano recoge por medio de las misiones los m\u00e1s abundantes frutos.<\/p>\n<p>\u00bfNo deberemos tambi\u00e9n saludar con veneraci\u00f3n al he\u00adroico Misionero que se ofreci\u00f3 como v\u00edctima al pie de los altares para detener los desastres del bombardeo de la ciudad de Alejandr\u00eda?<\/p>\n<p>En la capital del Imperio turco un miembro de aquella Conferencia dirige el colegio cat\u00f3lico de la Misi\u00f3n; otro tra\u00adbaja en el colegio de la Propaganda, en Esmirna.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos otros podr\u00edamos citar todav\u00eda, que llevan a tierra extranjera, desde el monte L\u00edbano hasta la cadena de los Andes, la luz del Evangelio en el nombre y bajo la in\u00adfluencia de Francia!<\/p>\n<p>M\u00e1s de treinta han salido de aquella Conferencia para consagrarse a la vida religiosa y particularmente a la fami\u00adlia de San Vicente de Pa\u00fal, al apostolado de las Misiones \u00f3 a la ense\u00f1anza de la juventud. Entre \u00e9stos quiso ser contada Le\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la apertura de Octubre de 1861, d\u00eda 21 del mismo, uno de sus antiguos condisc\u00edpulos, que hab\u00eda entra\u00addo en la Orden de Santo Domingo, le escrib\u00eda: \u00abCar\u00edsimo amigo: Acabo de saber que has sido elegido prefecto de la amada Congregaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen. Este solo t\u00ed\u00adtulo indica bastante que, a los ojos de sus condisc\u00edpulos que le hab\u00edan elegido, Le\u00f3n era un modelo de piedad y de re\u00adgularidad, a lo cual le estimulaba de un modo particular el deseo que ten\u00eda de abrazar el estado religioso, como se ve por la carta que con fecha de 20 de Febrero de 186o dirigi\u00f3 a su hermano, en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00abNo puedo resistir a un pensamiento que me ocupa hace alg\u00fan tiempo. No ser\u00e1 f\u00e1cil que adivines cu\u00e1l sea. En virtud de \u00e9l he formado la resoluci\u00f3n de trabajar de manera que llegue a entender y leer la prosa de la lengua griega, como tambi\u00e9n y con m\u00e1s raz\u00f3n de la latina; pero eso ser\u00e1 a condici\u00f3n de que ya que es tan grande tu deseo de mi adelantamiento espiritual, pidas por m\u00ed ya a Nuestro Se\u00f1or en la santa Misa, ya a la Sant\u00edsima Virgen, que me concedan la gracia que les pido, quiero decir, la vocaci\u00f3n religiosa&#8230;<\/p>\n<p>Sabes cu\u00e1nto te ama tu afect\u00edsimo hermano. \u00bb LE\u00d3N. \u00bb<\/p>\n<p>El d\u00eda 7 de Febrero de 186o, hablando de su proyecto de ir en peregrinaci\u00f3n a la Saleta, hab\u00eda manifestado deseos de llegar hasta la gran Cartuja, no para quedar en ella, sino para pasar all\u00ed algunos d\u00edas y volver para preparar los cami\u00adnos, caso que Dios le llamase a una tan dichosa vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todav\u00eda ignoraba qu\u00e9 comunidad escoger\u00eda, pero ya ha\u00adb\u00eda sentido alg\u00fan atractivo a las Misiones. En 1859 dec\u00eda a su hermano: \u00abQuisiera tener algo decidido respecto a mi vocaci\u00f3n; entonces dirigir\u00eda todas mis acciones a ese blan\u00adco. Por otra parte, conozco que en todo debemos tener pa\u00adciencia y proceder con prudencia. Si pudieses procurarme la <em>Vida del Ilmo. Sr. Borie, <\/em>Obispo de Acanthe, te lo apreciar\u00eda mucho; porque creo tener necesidad de una cosa semejante para animarme&#8230; Al presente parece que me inclino a los do\u00adminicos, porque los dominicos van tambi\u00e9n a Misiones. Te ruego procures poner en mis manos esa <em>Vida, <\/em>porque creo que su lectura me ha de ser \u00fatil; en ella podr\u00eda ver los sa\u00adcrificios que hay que hacer y los consuelos que se pueden esperar\u00bb.<\/p>\n<p>En otra carta hab\u00eda escrito:<\/p>\n<p>\u00abCar\u00edsimo hermano: Me parece que me convendr\u00eda te\u00adner relaciones con alg\u00fan Misionero \u00f3 con alg\u00fan fraile, como por ejemplo, con el Padre que nos ha dado los ejercicios. Dime sencillamente lo que piensas sobre esto. Ya sabes cu\u00e1\u00adles son mis sentimientos <em>en <\/em>cuanto al particular; cada d\u00eda estoy m\u00e1s decidido a entrar en una orden religiosa. Yo me digo a m\u00ed mismo: Si es la voluntad de Dios el que sea Misionero, podr\u00e1 conducirme a ese estado como fuere de su \u00a1grado por medio de la santa obediencia. Por de pronto, es menester prepararse. Hace un a\u00f1o que estoy en la misma resoluci\u00f3n, y mi deseo es continuar del mismo modo.\u00bb<\/p>\n<p>Por sus multiplicadas cartas se ve que esa vocaci\u00f3n no es simplemente efecto de una imaginaci\u00f3n ardiente, debi\u00e9ndo\u00adse tener en cuenta que naturalmente era muy reflexivo y que no se resolv\u00eda sino despu\u00e9s de maduro examen.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO V<\/p>\n<p><strong>Obst\u00e1culos que Le\u00f3n halla para entrar en la vida religiosa.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>El atractivo del joven socio a la vida religiosa no estaba sin lucha y sin prueba, como se conoce por la siguiente car\u00adta que con fecha de 17 de Julio de 186o escrib\u00eda a su her\u00admano:<\/p>\n<p>\u00abEn este momento y desde alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de Pas\u00adcua, me hallo entre Dios y el mundo. Con un pie estoy en un lado y con otro en el otro. Por una parte me siento atra\u00eddo por los falsos placeres del mundo, y por otra conozco la va\u00adnidad de todo lo que ofrece; pero la naturaleza en m\u00ed no los mira del mismo modo. En el fondo del coraz\u00f3n quisiera te\u00adner los dos pies con Dios, pero me hallo como atado, y para romper la cadena se necesita un grande esfuerzo y una con\u00adtinua violencia&#8230; Es preciso que me decida a no tener m\u00e1s que un due\u00f1o. Tengo diecisiete a\u00f1os, edad de las pasiones y de las tentaciones, y tambi\u00e9n de las decisiones. Yo miro la que voy a tomar como cosa muy seria; de ella puede depen\u00adder mi eternidad, y ve aqu\u00ed por qu\u00e9 te hab\u00eda propuesto el ir, durante las vacaciones, a Liesse para hacer unos ejercicios, a fin de quedar bien convencido de las verdades fundamen\u00adtales de la Religi\u00f3n, para decidirme a servir a s\u00f3lo Dios y para siempre\u00bb.<\/p>\n<p>Su buen hermano, por razones de prudencia, le hab\u00eda dicho que no era necesario hacer aquellos ejercicios. Le\u00f3n, por su parte, dispuesto siempre a no gobernarse por s\u00ed mis\u00admo, le escribi\u00f3: \u00abBien s\u00e9 que me aconsejabas que no fuese a Liesse para hacer los ejercicios. No obstante, sin dejar de someterme de buena gana a tu voluntad, te ruego que atien\u00addas a la narraci\u00f3n de mis miserias.\u00bb Y le hace la narraci\u00f3n de las luchas interiores arriba referidas.<\/p>\n<p>A esta prueba interior se a\u00f1adi\u00f3 otra muy sensible. Al fin de la carta de 17 de Julio de 1860, puso lo siguiente: \u00abRuega mucho por m\u00ed, pues lo necesito m\u00e1s que nunca. Se trata de mi vocaci\u00f3n, es preciso que me decida antes de las vacaciones.<\/p>\n<p>Su digno t\u00edo, el abate Turqu\u00edn, capell\u00e1n de las religio\u00adsas de la Cruz en San Quint\u00edn, a quien Le\u00f3n ten\u00eda mucho respeto, deseando probar sus deseos de vocaci\u00f3n, le escri\u00adbi\u00f3 una larga carta para que abandonase su proyecto. Poco despu\u00e9s recibi\u00f3 otra, en el mismo sentido, de su hermano, que le hab\u00eda dirigido en su edad pueril.<\/p>\n<p>El joven Le\u00f3n acept\u00f3 con humildad todas aquellas ob\u00adservaciones; entretanto acudi\u00f3 a la oraci\u00f3n, pidiendo a Dios que le diese luz para discernir la voz del cielo de la de la tierra, y luego pidi\u00f3 consejo a su director.<\/p>\n<p>Su hermano, en una nueva carta, le sugiere el pensa\u00admiento de esperar hasta que est\u00e9 ordenado de subdi\u00e1cono para fallar en aquel importante negocio. Le\u00f3n, con toda la sencillez de su alma, le responde en los siguientes t\u00e9rminos: .T\u00fa me dices: \u00bfpor qu\u00e9 no esperar hasta despu\u00e9s de haber recibido el subdiaconado? Yo te respond\u00ed, cuando trataba contigo sobre este asunto: \u00bfCu\u00e1ntos ejemplos podr\u00edas citar\u00adme de j\u00f3venes que, por no haber correspondido con bastan\u00adte prontitud al llamamiento de Dios, perdieron su vocaci\u00f3n? Pocos subdi\u00e1conos se ven que sigan una vocaci\u00f3n religiosa, menos di\u00e1conos, y todav\u00eda menos sacerdotes. Llegando a cierta edad, cuando ya se han contra\u00eddo ciertos h\u00e1bitos, cuesta el sujetarse a una regla m\u00e1s estrecha. Esp\u00e9ranse uno o dos a\u00f1os, y esa dilaci\u00f3n nunca acaba, y si tal vez llega el termino, es tanto m\u00e1s dif\u00edcil el sujetarse cuanto m\u00e1s se ade\u00adlanta en edad\u00bb.<\/p>\n<p>Con esa madurez raciocinaba un joven estudiante de Filosof\u00eda; y si se pregunta, \u00bfd\u00f3nde aprend\u00eda esa prudencia? deberemos decir que en el Evangelio, porque a\u00f1ad\u00eda \u00e9l:<\/p>\n<p>\u00abAl fin se hace lo que aquel joven a quien Nuestro Se\u00ad\u00f1or aconsejaba que vendiese todos sus bienes y le siguiese. Aquello era un consejo, aquel joven pudiera haberse salva\u00addo sin abrazarlo con todo su rigor. \u00a1Pero qu\u00e9 gloria celes\u00adtial, qu\u00e9 tesoros de gracias habr\u00eda adquirido si le hubiese seguido!\u00bb, y conclu\u00eda as\u00ed: \u00abT\u00fa me dijiste en el invierno: La voz del director, es la voz de Dios. Yo procurar\u00e9 escuchar esa voz y obedecerla\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, por el mes de Enero de 1862, escrib\u00eda a su hermano en una carta latina, muy bien redactada, que aqu\u00ed traducimos:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Mi director ha hablado. Y yo he dicho a Dios: Heme aqu\u00ed. Estoy convencido de que Dios me llama al estado re\u00adligioso; pero todav\u00eda no s\u00e9 a qu\u00e9 Comunidad. Me quedan ocho meses para encomendarlo a Dios; espero que me ha\u00adblar\u00e1 ya por alg\u00fan notable atractivo que excitar\u00e1 en m\u00ed, ya por medio de mi director, que es hombre dotado de mucha prudencia.<\/p>\n<p>\u00abLa muerte de mi amado padre me confirma en mi de\u00adsignio, y todav\u00eda me confirma m\u00e1s la muerte de mi amigo Destrumelle\u00bb.<\/p>\n<p>Le\u00f3n, efectivamente, hab\u00eda perdido a su padre poco tiem\u00adpo antes, y esa p\u00e9rdida, que hab\u00eda afectado profundamente su tierna alma, le despegaba de la tierra, que &#8216;tantos disgus\u00adtos y tristezas ofrec\u00eda.<\/p>\n<p>Mas, por otra parte, la muerte de su padre hab\u00eda provocado en su coraz\u00f3n mayor ternura para con su madre, su hermano y su hermana, y aquella intensidad de afecto hab\u00eda de hacer mucho m\u00e1s dolorosa todav\u00eda la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estaba para terminar el curso de Filosof\u00eda, y lleg\u00f3 el mo\u00admento en que hab\u00eda de decidir si le conven\u00eda entrar en el Se\u00adminario mayor \u00f3 seguir su vocaci\u00f3n al estado religioso. Des\u00adpu\u00e9s de largas oraciones, comunic\u00f3 a su director la resolu\u00adci\u00f3n que hab\u00eda hecho de entrar en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El director, teniendo presente la recomendaci\u00f3n que San Vicente hab\u00eda hecho de no hacer diligencia alguna para atraer a ning\u00fan sujeto a la Congregaci\u00f3n, se hab\u00eda mante\u00adnido hasta entonces en una absoluta reserva.<\/p>\n<p>La trasplantaci\u00f3n de Le\u00f3n a otro suelo no le hab\u00eda de preservar de una muerte pr\u00f3xima. \u00bfPero no hab\u00eda la muerte herido a su mejor amigo Destrumelle en el suelo natal? Y la vida de San Luis Gonzaga y la de San Estanislao de Kostka, en su noviciado de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, \u00bfno fue por ventu\u00adra una ganancia para ellos y para la juventud de la cual son modelo, aunque hayan sido tambi\u00e9n arrebatados en la flor de su edad?<\/p>\n<p>CAPITULO VI<\/p>\n<p><strong>Entrada del joven socio de la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal en el no\u00adviciado de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.\u2014Su felicidad en la vida reli\u00adgiosa.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>El 26 de Septiembre de 1862 sal\u00eda Le\u00f3n de la casa-rec\u00adtoral de Fluquieres (Aisne), donde se hallaban reunidos su hermano, cura de la parroquia, su madre y su hermana.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed algunos rasgos de las impresiones de su despe\u00addida, que hallamos en una carta dirigida a uno de sus pri\u00admos, excelente cristiano:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Desde el principio de las vacaciones ten\u00eda siempre a la vista esta \u00faltima separaci\u00f3n y trataba de que fuera para mi madre lo menos penosa posible. Como hab\u00eda ocho d\u00edas que estaba enterada de mi partida, cuando lleg\u00f3 la hora, puede decirse que hab\u00eda ya hecho el sacrificio en su coraz\u00f3n. Espero me perdonar\u00e1s el que te haya negado un d\u00eda m\u00e1s: eso hubiera sido prolongar su pena y sus l\u00e1grimas, y, por mi parte, tem\u00eda esas l\u00e1grimas de una madre que se despide de su hijo y lo pone en manos de Dios. Bien s\u00e9 lo que pasaba en m\u00ed al daros a todos el \u00faltimo abrazo; pero me parec\u00eda tam\u00adbi\u00e9n que Dios me llamaba, y esperaba que su gracia me acompa\u00f1ar\u00eda en aquel momento\u00bb.<\/p>\n<p>Semejantes emociones ocupaban el coraz\u00f3n de muchos santos cuando se desped\u00edan de aquellos con quienes hab\u00edan vivido en el mundo, e iban a sepultarse en la soledad para hacer vida religiosa.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, Le\u00f3n, escribiendo a su t\u00edo y a su t\u00eda, les refer\u00eda as\u00ed su llegada:<\/p>\n<p>\u00abEstoy muy contento del partido que he tomado y que tanto hab\u00eda deseado. El primer momento de la separaci\u00f3n es penoso; es un sacrificio que cuesta a la naturaleza; pero Dios lo suaviza con gracias proporcionadas. Mi pena dismi\u00adnuy\u00f3 mucho cuando vi la resignaci\u00f3n de mi madre, que ha ofrecido su sacrificio a Dios, de quien puede esperar que la vencer\u00e1 en generosidad.<\/p>\n<p>En cuanto a m\u00ed, al llegar solo a Par\u00eds, sin conocer a na\u00addie, me hallaba algo estupefacto. Sin embargo, no me tur\u00adb\u00e9. Pregunt\u00e9 a un sacerdote si iba hacia la calle de S\u00e9vres, etc\u00e9tera, el cual me hizo subir en su coche y me condujo hasta San L\u00e1zaro. Despu\u00e9s supe que era un Vicario general de Par\u00eds &#8216;, quedando avergonzado de haberle conocido por aquel medio.<\/p>\n<p>\u00abYa llegado, hice unos ejercicios de pocos d\u00edas, y poco despu\u00e9s los hice con la Comunidad. Al presente estoy habi\u00adtuado a las pr\u00e1cticas de la casa. Estoy tranquilo y contento, dando gracias a Dios de mi felicidad, y rogando por ti de un modo particular.<\/p>\n<p>\u00abEste primer a\u00f1o de noviciado, que se llama <em>seminario <\/em><em>interno, <\/em>no tengo m\u00e1s que hacer sino corregir mis defectos, estudiar la vida de San Vicente, fundador de nuestra Co\u00admunidad, aplicarme a ciertos ejercicios de piedad, a alg\u00fan estudio de elocuencia, de sagrada Escritura y de Santos Pa\u00addres. Aqu\u00ed todos somos hermanos y contribuimos mutua\u00admente a nuestra felicidad. Finalmente, te ruego que pidas a Dios que me conceda la santa perseverancia\u00bb.<\/p>\n<p>En su primera carta a su hermano y a su hermana da a conocer la felicidad de que disfruta en su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Como sab\u00e9is, desde el s\u00e1bado 27 de Septiembre me hallo en Par\u00eds, donde vest\u00ed la sotana de Misionero el martes siguiente; de manera que actualmente tengo la dicha de ser del n\u00famero de los novicios, llamados aqu\u00ed seminaristas. Muchas veces o\u00eda decir que Dios recompensaba al ciento por uno los sacrificios que por \u00c9l se hac\u00edan. Ahora comprendo la verdad de aquellas palabras, porque verdaderamente me hallo feliz en Par\u00eds, y no deseo m\u00e1s que la perseverancia, la cual os ruego -de veras pid\u00e1is por m\u00ed a Dios. Llegu\u00e9 al mismo tiempo que cuatro irlandeses, y despu\u00e9s vinieron otros dos j\u00f3venes del Mediod\u00eda de Francia\u00bb.<\/p>\n<p>Tres meses se pasaron en las primeras alegr\u00edas que Dios da al alma que acaba de entregarse enteramente a \u00c9l, y el gozo continuaba en su coraz\u00f3n. He aqu\u00ed, pues, algunas l\u00edneas de la carta que escribi\u00f3 a su madre en el mes de Enero de 1863:<\/p>\n<p>(MI APRECIADA MADRE:<\/p>\n<p>\u00bb En el discurso del a\u00f1o se ejecutan los deseos que se han tenido al principio de \u00e9l. Hoy le dir\u00e9 a Ud. de nuevo que es grande el amor que le tengo, y que ese amor ir\u00e1 cre\u00adciendo, como espero, tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s vaya conocien\u00addo la grandeza de los beneficios que me ha hecho, y de los sacrificios que se ha impuesto por m\u00ed, a todo lo cual le es\u00adtar\u00e9 eternamente agradecido, particularmente al sacrificio que hizo tan generosamente al entregarme a Dios.<\/p>\n<p>\u00abYa comprendo que ese sacrificio le cost\u00f3 a Ud. m\u00e1s que los otros; pero eso mismo ha de aumentar su esperanza. No seamos avaros para con Dios, y su divina Majestad no se dejar\u00e1 vencer en generosidad, ni aun en la presente vida, como suele hacerlo.<\/p>\n<p>De mi parte doy gracias a Dios por el beneficio de la vocaci\u00f3n, y le ruego que remunere a Ud. abundantemente y que me conceda la perseverancia. Estoy bien de salud, satisfecho y contento. Ruego por Ud. y por mi pobre di\u00adfunto padre, y est\u00e9 Ud. segura de que en nada ha dismi\u00adnuido el amor que le debe<\/p>\n<p>\u00abSu afect\u00edsimo hijo<\/p>\n<p>\u00abLE\u00d3N.\u00bb<\/p>\n<p>Manifestando tambi\u00e9n su dicha a uno de sus primos que dej\u00f3 en el mundo, le escrib\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abCAR\u00cdSIMO PRIMO:<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 preferible es la vida religiosa a la vida del mundo! Bien lo has comprendido desde que vives en medio del mun\u00addo, casi como en un desierto, no teniendo comunicaci\u00f3n con \u00e9l si no es para tener ocasi\u00f3n de adquirir el m\u00e9rito de la ca\u00adridad y de la humildad. Bien sabes que, en cierto sentido, la diferencia que hay entre un <em>verdadero <\/em>cristiano <em>y <\/em>un religioso no es mucha. \u00bfPor ventura el \u00fanico negocio que tiene en el mundo el verdadero cristiano no es el amor de Dios y del pr\u00f3jimo a costa del amor propio? Dios no exige de todos el mismo grado de perfecci\u00f3n; tampoco da las mismas vocacio\u00adnes ni los mismos medios. Todos, sin embargo, pueden gus\u00adtar cu\u00e1n suave es el yugo del Se\u00f1or y cu\u00e1n dignos de l\u00e1s\u00adtima son los que no quieren experimentarlo. T\u00fa sabes eso mejor que yo; sin embargo, tengo el gusto de repetirlo con\u00adtigo, porque ahora conozco mejor la desgracia de aquellos que no sirven a Dios. \u00bfNo es verdad que, en nuestras pere\u00adgrinaciones a Nuestra Se\u00f1ora de Liesse, sent\u00edamos una ale\u00adgr\u00eda m\u00e1s pura y m\u00e1s suave que la que hubi\u00e9ramos podido tener en las m\u00e1s brillantes reuniones? T\u00fa, que todav\u00eda pue\u00addes ir a manifestar sensiblemente tu devoci\u00f3n a Nuestra Se\u00ad\u00f1ora de Liesse, dale por m\u00ed las gracias por el beneficio de mi vocaci\u00f3n. Ru\u00e9gale que acabe la obra que comenz\u00f3 obteni\u00e9ndome la santa perseverancia.<\/p>\n<p>Antes de partir, ya te dije el g\u00e9nero de vida que aqu\u00ed llevo. Todo se halla como lo ve\u00eda de antemano en mi ima\u00adginaci\u00f3n, y mis esperanzas, lejos de haber sido fallidas, se han realizado con ventaja. Eso equivale \u00e1- decirte que soy feliz, que estoy contento&#8230; S\u00ed, mi apreciado primo, la voca\u00adci\u00f3n religiosa es verdaderamente una gracia grande; los au\u00adxilios espirituales abundan; est\u00e1 uno rodeado de buenos ejemplos. Estoy ocupado en obras que tienen por fin nues\u00adtra santificaci\u00f3n, y en estudios piadosos&#8230; Pero \u00a1qu\u00e9 cuenta tambi\u00e9n habremos de dar de tantos favores! \u00a1Qu\u00e9 desgracia si llego a abusar de ellos! \u00a1Oh! Pide por m\u00ed, te ruego, que jam\u00e1s tenga esa desgracia!\u00bb.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO VII<\/p>\n<p><strong>Caridad y celo de Le\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El celo de Le\u00f3n no pod\u00eda limitarse a la obra de su pro\u00adpia santificaci\u00f3n; la caridad del antiguo socio de las Confe\u00adrencias de San Vicente de Pa\u00fal le ha acompa\u00f1ado en su nueva vida, y la halla de nuevo hasta en el silencio de su soledad. De aqu\u00ed es que escribe a su hermano, cura en un pa\u00eds industrial, el cual hab\u00eda fundado en su propia parro\u00adquia una piadosa Congregaci\u00f3n<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Supongo que tu Congregaci\u00f3n marcha bien y que comienza ya a producir buenos frutos; pero es muy proba- He que no habr\u00e1s dejado de tener dificultades que vencer para establecerla y para conservarla. Me acuerdo de que te\u00adm\u00edas mucho el mal que pod\u00eda resultar a las almas del establecimiento de una f\u00e1brica en el pa\u00eds. Ruego mucho a Dios que haga prosperar a esa Congregaci\u00f3n y que te llene de gracias para obrar en ella y por ella todo el bien que es\u00adperas\u00bb.<\/p>\n<p>Por ese tiempo, continuaba en su alegr\u00eda: \u00abLos d\u00edas\u2014es\u00adcribi\u00f3\u2014se pasan tan r\u00e1pidamente que al fin de la semana quedo sorprendido.\u00bb<\/p>\n<p>He aqu\u00ed una carta de gratitud que escribi\u00f3 a su t\u00edo y a su t\u00eda, que siempre le hab\u00edan querido mucho. Revela tambi\u00e9n el amor tierno que tuvo a sus padres.<\/p>\n<p>Par\u00eds, 29 de Enero de 1863.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Est\u00e9n ustedes seguros que el afecto que los debo por tan justo t\u00edtulo, y que siempre les he tenido, en nada ha dis\u00adminuido. Los sacrificios que mis amados padres hicieron voluntariamente por m\u00ed, no se borran tan f\u00e1cilmente de la memoria de su hijo. Les aseguro a ustedes, que antes de ve\u00adnir a Par\u00eds hab\u00eda muchas veces derramado l\u00e1grimas acor\u00add\u00e1ndome de la ternura de ese padre tan amado, y sobre todo en ciertas circunstancias que de un modo particular me im\u00adpresionaron de manera que no las puedo olvidar. Yo le con\u00adsidero sobre todo en su \u00faltima enfermedad, y me lo imagino (estando yo a su cabecera) con la vela bendita en la mano, besando el Crucifijo, en el momento mismo de expirar. Y en cuanto a aquella tierna madre, no me olvido de que despu\u00e9s de tan duras pruebas puso el colmo, por decirlo as\u00ed, a su amor para con Dios y a su afecto para con su hijo, ofreci\u00e9n\u00addole a Dios sin estar obligada a ello, de buena voluntad, por parecer aquello conforme a la voluntad divina, \u00a1Oh, cierta\u00admente que tal generosidad no puede quedar sin recompensa! \u00a1Cu\u00e1n culpable ser\u00eda yo si, despu\u00e9s de haber ocasionado esos sacrificios, no hiciera lo que Dios quiere de m\u00ed y lo que us\u00adtedes mismos tienen derecho a esperar!<\/p>\n<p>\u00abI Ah! mis amados t\u00edos, rueguen por m\u00ed, se lo pido en\u00adcarecidamente por aquella misma bondad y por aquel mismo afecto que me mostraron en ustedes otro padre y otra ma\u00addre, y les oblig\u00f3 a sufrir mis defectos. Perd\u00f3nenme todos los disgustos que les di y crean que les ama tiernamente, como debe, en los corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abSu afecto y agradecido sobrino,<\/p>\n<p>\u00bb LE\u00d3N.\u00bb<\/p>\n<p>El agradecimiento no se limitaba al estrecho c\u00edrculo de su familia. El coraz\u00f3n de este excelente joven a nadie olvi\u00addaba, ni al respetable cura de su parroquia, ni a sus antiguos maestros del Seminario menor.<\/p>\n<p>La vida religiosa, lejos de ahogar los sentimientos de gra\u00adtitud, de afecto y de sacrificio que se deben a la familia, los purifica y los eleva, santifica y consagra el afecto filial o fra\u00adternal y los lazos de la amistad.<\/p>\n<p>En la santa Misa que oye diariamente, en sus frecuentes comuniones, devociones particulares, aspiraciones fervoro\u00adsas y peri\u00f3dicas mortificaciones, ocupan un lugar preferente en las intenciones del buen seminarista los seres m\u00e1s ama\u00addos de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Es cierto que, seg\u00fan el consejo y ejemplo del divino Sal\u00advador, tan recomendados por nuestro amado P. San Vicente, deben los j\u00f3venes seminaristas renunciar al frecuente trato y comunicaci\u00f3n con los parientes y amigos del siglo, para ir desasi\u00e9ndose del afecto de carne y sangre, que tanto impide el adelantamiento en la vida de perfecci\u00f3n que han abrazado; mas tampoco deben olvidarse de ellos en la pre\u00adsencia del Se\u00f1or, interes\u00e1ndose espiritualmente por sus nec\u00adesidades, mayormente por el bien del alma.<\/p>\n<p>En ese tiempo, Le\u00f3n se entregaba enteramente al impor\u00adtante negocio de su salvaci\u00f3n, como que la miraba como I obra que exige m\u00e1s aplicaci\u00f3n personal que ninguna otra.<\/p>\n<p>\u00abNo cre\u00e1is\u2014dec\u00eda en un escrito\u2014que uno sea santo por\u00adque tiene un g\u00e9nero de vida santa en la casa donde vive. No es el lugar lo que hace a uno santo, sino el modo como se porta en \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Describ\u00eda su g\u00e9nero de vida de esta manera: \u00abNo nos dedicamos a ning\u00fan otro estudio que al de Dios, de nos\u00adotros mismos, de los ejemplos de los Santos y de sus virtu\u00addes. Como San Vicente de Pa\u00fal era el fundador y el maestro de la Comunidad, en la cual propon\u00eda se formasen para el ministerio apost\u00f3lico, \u00abmi principal estudio\u2014dec\u00eda\u2014es estudiar a San Vicente y quitar los defectos que me impi\u00adden el que forme en mi alma un retrato de sus virtudes.\u00bb Escribiendo a uno de sus amigos, le dec\u00eda: \u00abTengo gusto particular por Rodr\u00edguez. Su libro <em>De la perfecci\u00f3n cristia\u00adna <\/em>me agrada mucho. Me admiro que no me hables de \u00e9l. Si no lo tienes, lo que no es f\u00e1cil, procura adquirirlo y l\u00e9elo\u00bb.<\/p>\n<p>La diligencia que el joven novicio pon\u00eda en adquirir la perfecci\u00f3n, no consist\u00eda solamente en un dulce trato con Dios y en la lectura de cosas santas, sino que trataba seria\u00admente de vencerse a s\u00ed mismo y de crecer en el amor a la mortificaci\u00f3n y al sacrificio.<\/p>\n<p>\u00abLa vida de comunidad \u2014 escrib\u00eda a su hermana \u2014 est\u00e1 destinada a moderar los caracteres, a suavizarlos y redon\u00addearlos, como el agua de un torrente limpia, suaviza y re\u00addondea les guijarros\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una visita que tuvo de su t\u00edo y de su herma\u00adno, escribi\u00f3 a su madre en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00abMi hermano y mi t\u00edo le habr\u00e1n dicho a Ud cu\u00e1n bien y contento me hallaba; no tiene, pues, que temer que me hall\u00e9 aqu\u00ed menos bien de lo que Ud. desea. Queda, ya lo s\u00e9, la pena que causa la separaci\u00f3n, que sent\u00ed .y siento toda\u00adv\u00eda. Para la naturaleza esa separaci\u00f3n es penosa, pero estoy seguro de que es agradable a Dios, y cierto de que la ale\u00adgr\u00eda que tendremos en el cielo compensar\u00e1 colmadamente estos pocos instantes de vida que habremos pasado en el sa\u00adcrificio. Unamos nuestros corazones en esta misma confian\u00adza en Dios. Roguemos a la Sant\u00edsima Virgen que nos lleve al cielo junto a Ella. All\u00ed es donde veremos a nuestro pobre padre y donde todos juntos seremos felices.<\/p>\n<p>Las solemnidades religiosas ten\u00edan un atractivo particu\u00adlar para su alm\u00e1, muy inclinada a la piedad. Las describ\u00eda -con evidente placer a aquellos a quienes escrib\u00eda despu\u00e9s de haberlas presenciado.<\/p>\n<p>Habiendo asistido a la fiesta de la traslaci\u00f3n de las reli\u00adquias de San Vicente, escribi\u00f3 a su madre estas palabras: \u00abAquel d\u00eda hubiera querido trasladar delante de los ojos de usted las magn\u00edficas ceremonias a que asist\u00ed, y que habr\u00eda usted visto con el mayor consuelo y piedad. Yo creo que bastar\u00eda al coraz\u00f3n m\u00e1s endurecido el asistir a alguna de estas solemnidades para entregarse a Dios\u00bb. Otra vez se en\u00adternec\u00eda con las ceremonias de una ordenaci\u00f3n; m\u00e1s tarde con la procesi\u00f3n para conclusi\u00f3n del mes de Mufa, \u00f3 con la procesi\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento, a las cuales hab\u00eda asistido en el jard\u00edn de la Comunidad de las Hijas de la Ca\u00adridad de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Sobre la procesi\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento\u2014dec\u00eda- \u00adno tengo expresiones para manifestaros los sentimientos de fe que inspira aqu\u00ed este acto.<\/p>\n<p>Para daros una ligera idea de esta fiesta, representaos a m\u00e1s de cincuenta sacerdotes revestidos de los m\u00e1s ricos or\u00adnamentos, los di\u00e1conos, los subdi\u00e1conos, en gran n\u00famero, con dalm\u00e1tica, y los dem\u00e1s de la Comunidad, estudiantes y novicios de nuestro Seminario, con sobrepelliz, etc. Las pa\u00adredes, los \u00e1rboles estaban adornados con colgaduras blan\u00adcos, sembradas de flores <em>y <\/em>de inscripciones, etc. \u00a1Oh! qu\u00e9 gracia tan grande me ha hecho Dios llam\u00e1ndome a servirle en una Comunidad tan religiosa. Ayudadme, os ruego, a dar gracias a la Sant\u00edsima Virgen, que en este punto lo ha hecho todo por m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n a la vida de misionero va acompa\u00f1ada de un gran deseo de formarse para un apostolado fructuoso, y este apostolado supone la ciencia. Por eso, aun en el tiempo de seminario se estudia alguna cosita; as\u00ed es que el joven Le\u00f3n se dedicaba al estudio de la Sagrada Escritura, y como era de buen talento se aprovechaba de esos estudios edificantes. En la recreaci\u00f3n, en el paseo, gustaba siempre de hacer algunas preguntas a los que ya ten\u00edan concluida la carrera de los estudios. Frecuentemente hay en el Seminario sacer\u00addotes que han ejercido ya el santo ministerio \u00f3 han sido catedr\u00e1ticos, y que se preparan para la vida de Congregaci\u00f3n, cuyo contacto con los j\u00f3venes contribuye no poco al des\u00adarrollo intelectual de \u00e9stos; de cuya ventaja sab\u00eda bien apro\u00advecharse nuestro Le\u00f3n.<\/p>\n<p>Tomado de Anales Espa\u00f1oles. Tomo III. A\u00f1o 1895<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO IV Le\u00f3n halla en la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal un poderoso medio de santificaci\u00f3n. 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