{"id":23756,"date":"2013-08-13T22:01:46","date_gmt":"2013-08-13T20:01:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=23756"},"modified":"2016-07-27T12:10:33","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:33","slug":"felix-de-andreis-1778-1820-final","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-final\/","title":{"rendered":"F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (Final)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis3.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-23757\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis3-196x300.jpg?resize=196%2C300\" width=\"196\" height=\"300\" \/><\/a>CAP\u00cdTULO XII<\/p>\n<p><strong>Sus virtudes. \u2014Sencillez , prudencia, fortaleza, humildad y mansedumbre<br \/>\n<\/strong><strong>del Sr. De Andreis.<\/strong><\/p>\n<p>La sencillez, a la que algunos confunden torpemente con la ignorancia y debilidad de car\u00e1cter, mir\u00e1ndola como se\u00f1al de bajeza de alma, es cierta disposici\u00f3n de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n por la cual el hombre mira a Dios con pura y recta intenci\u00f3n de glorificarle, alejando a la vez toda doblez en el trato con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Siendo la virtud de la sencillez la primera que San Vi\u00adcente recomienda a sus Hijos, el Sr. De Andreis hizo tam\u00adbi\u00e9n de ella el principal objeto de sus esfuerzos. \u00abHe cono\u00adcido por experiencia\u2014escrib\u00eda el 3 de Noviembre de 1811\u2014 que no hay nada tan provechoso en el servicio divino como hacer todas las obras con sencillez, dirigi\u00e9ndolas s\u00f3lo a Dios. Una vez, la alegr\u00eda que experimentaba en padecer me hizo creer que ser\u00eda bueno desear y aun pedir estar continua\u00admente en este estado, sin lo cual pensaba que la flaqueza hu\u00admana no podr\u00eda sostenerse entre los trabajos y espinas del ministerio; pero ahora veo que es preciso a\u00fan m\u00e1s, a saber: sufrir sin gozar de consuelo alguno, y aprender a decir: \u00ab\u00a1Cruz, cruz, siempre cruz y Dios s\u00f3lo!\u00bb Al menos quisiera saber cu\u00e1l es la inspiraci\u00f3n que me gu\u00eda sin descubrirse en\u00adteramente a mi esp\u00edritu. Pero la voluntad de Dios es que renuncie hasta esta satisfacci\u00f3n, y que mi voluntad, memo\u00adria y entendimiento est\u00e9n completamente abandonadas en sus manos, a fin de poder decir con el Salmista: <em>Dominus <\/em><em>regit me: \u00ab<\/em>El Se\u00f1or me conduce\u00bb, etc., a\u00f1adiendo: <em>Ut ju\u00ad<\/em><em>mentunz factus sum apud te, et ego semper tecum: <\/em>\u00abDelante de Vos, \u00a1oh Dios m\u00edo!, he venido a ser como un jumento, y as\u00ed quiero permanecer siempre en tu presencia\u00bb. La cruz en toda su desnudez, las penas y la ignominia, tal debe ser mi herencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, recuerdo muy bien lo que, hace ya dieci\u00adocho a\u00f1os, obr\u00f3 en m\u00ed la divina Misericordia, cuando era yo todav\u00eda seminarista. Porque ni aun ahora puedo darme raz\u00f3n de c\u00f3mo ya ten\u00edan entonces tanto atractivo para mi alma la soledad, el silencio, las penalidades, la muerte y el recogimiento y sacrificio interiores. \u00a1Oh bondad infinita! En todas las cosas debe ser Dios mi \u00fanico fin. Debo esforzarme continuamente en reprimir todas las intenciones torcidas que pueden venirme al tratar y trabajar con los hombres.<\/p>\n<p>\u00a1Oh hermosa y amable sencillez! \u00a1T\u00fa te diriges recta al coraz\u00f3n de Dios! Jam\u00e1s te abandonar\u00e9, sean cuales fueren los encantos y silbidos que la infernal serpiente me diere para encaminarme por sus tortuosas sendas; siempre exclamar\u00e9 en tales casos: \u00bfQu\u00e9 hay para m\u00ed provechoso, as\u00ed en el cielo como en la tierra, fuera de Vos, mi Dios y Se\u00f1or? <em>Donec de\u00ad<\/em><em>ficiam non recedam a simplicitate mea. <\/em>Mientras dure mi vida, no dejar\u00e9 la sencillez. Mi coraz\u00f3n, siguiendo siempre sus secretos impulsos, ha procurado extender el conocimien\u00adto de Dios entre una multitud que de \u00c9l viv\u00eda olvidada <em>Sed Assur sine causa calumniatus est eum <\/em>Pero mi intenci\u00f3n fue mal interpretada, y tal semejanza con Jesucristo en este asunto me transporta de alegr\u00eda, y me hace prorrumpir en aquellas palabras : <em>Et unde hoc mihit\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Penetrado de tales sentimientos, era sencillo en sus afec\u00adtos, intenciones, palabras y obras, hasta el punto de no sa\u00adber disfrazar sus pensamientos ni dar el color y artificio que muchos acostumbran a sus planes. Era su conversaci\u00f3n abierta y sincera, incapaz de decir una cosa con intenci\u00f3n de dar a entender otra, y ni siquiera sab\u00eda dar cierta apariencia de misterio y reserva a sus acciones, cosa tan general hoy d\u00eda. Su fin \u00fanico era agradar a Dios y agradar al pr\u00f3jimo cuanto le fuese posible, sin tener otra preocupaci\u00f3n ni en p\u00fablico ni en secreto. Explicaba siempre el sagrado Evangelio con la mayor claridad que pod\u00eda, sin entretenerse a pensar si predi\u00adcaba bien o mal, ni si agradaba o desagradaba; ni se ocup\u00f3 jam\u00e1s en adornar sus discursos y ense\u00f1anzas. Ni menos se cuidaba de si su auditorio lo formaban ricos o pobres, sa\u00adbios o ignorantes; y esta era precisamente la causa de que su predicaci\u00f3n agradase a todos, porque se dejaba claramen\u00adte entender que ignoraba por completo esas vanas habilida\u00addes y despreciables modos de presentar el Evangelio sin su natural fuerza y vigor para no desagradar a los ricos o para granjearse los aplausos del vulgo.<\/p>\n<p>Siguiendo el precepto del Salvador, juntaba a su mucha sencillez la santa virtud de la prudencia, la cual manifesta\u00adba de un modo admirable en el cuidado que ten\u00eda de evitar el falso celo que tantas veces se cubre con capa de caridad, haciendo que nos busquemos a nosotros mismos aun cuando parece que s\u00f3lo buscamos la honra de Dios y el bien del pr\u00f3\u00adjimo; contra lo cual nos previene <em>Kempis <\/em>cuando dice: \u00abA menudo somos movidos de pasi\u00f3n, y creemos ser obra del celo.\u00bb Movido del deseo de evitar las astucias de este celo enga\u00f1ador, tom\u00f3 la firme resoluci\u00f3n de hacerse todo a todos y de no emprender cosa alguna a la cual no fuese llamado por sus Superiores, o por urgente necesidad; oy\u00e9ndosele decir a este efecto en muchas ocasiones: \u00abTrabajando continuamente en santificarme m\u00e1s y m\u00e1s, aprovechar\u00e9 a los dem\u00e1s con m\u00e1s ventajas que con miles de sermones y misiones\u00bb.<\/p>\n<p>Ten\u00eda gran ojeriza con la prudencia de la carne, respecto de la cual dec\u00eda: \u00abEl demonio se sirve de la lengua de mu\u00adchos tenidos por prudentes, para apartar las almas del cami\u00adno de la cruz y del ejercicio de la mortificaci\u00f3n, so pretexto<\/p>\n<table width=\"100%\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>de conservar la salud, siendo as\u00ed que est\u00e1 m\u00e1s segura al amparo de la cruz y de los padecimientos. Por esto yo quiero conservar la costumbre que tengo de no hacer siesta y dejar algo de cena. En otras ocasiones hablaba en los siguientes t\u00e9rminos: \u00ab\u00a1Cu\u00e1n f\u00e1cil es dejarse arrastrar de la corriente \u00a0del mundo y ensanchar la doctrina evang\u00e9lica para acomodarla a las intenciones y costumbres mundanas! Si no anda\u00admos con mucho tiento, a lo mejor nos hallaremos hechos \u00abenemigos de la cruz\u00bb, y habremos convertido el Evangelio en un modo de vida llana y natural, con s\u00f3lo una sombra de religi\u00f3n, o andaremos buscando medios de servir a dos se\u00f1o\u00adres, juntando a Cristo con el mundo. So pretexto de que Dios es misericordioso y Jesucristo vino a padecer y morir para salvar a los pecadores, el vicio ha ido extendi\u00e9ndose, <em>y <\/em>algunas m\u00e1ximas, nacidas de la prudencia de la carne, y nada conformes con la doctrina y vida de Cristo, de sus Ap\u00f3stoles y Santos Padres, han sido de muchos recibidas y aun predicadas. El mundo pide predicadores \u00absin preocupacio\u00adnes\u00bb y clama contra el rigorismo y fanatismo (as\u00ed llama al desprendimiento, humildad y santidad). \u00a1Oh desgraciados tiempos! Muy ciego se necesita estar para no exclamar con el Profeta: \u00ab&#8216;Prevalecieron contra nosotros las palabras de los imp\u00edos!\u00bb.<\/p>\n<p>Educado en la escuela de San Vicente, enemigo declara\u00addo de la precipitaci\u00f3n, tambi\u00e9n la evitaba en sus planes y de\u00adcisiones. Por esto, si no le obligaba una necesidad urgente, dejaba que el negocio madurase, y antes de dar su parecer consideraba el asunto bajo todos sus aspectos. Y aunque era muy instruido, consultaba a los hombres de ciencia y expe\u00adriencia, a m\u00e1s de encomendarlo a Dios por medio de la mor\u00adtificaci\u00f3n y oraci\u00f3n. Despu\u00e9s de practicadas tales precaucio\u00adnes y seguro de la voluntad de Dios, pon\u00eda manos a la obra sin dudas ni temores, trabajando con todas sus fuerzas.<\/p>\n<p>El Sr. De Andreis dio tambi\u00e9n muestras claras de la vir\u00adtud de la fortaleza, en las muchas penas interiores que, por quererlo as\u00ed su divina Majestad, hubo de padecer por largos a\u00f1os. Dif\u00edcil cosa es de entender para quien no tiene de ello experiencia, lo mucho que abruman las penas de este g\u00e9ne\u00adro. Casi todos los Santos las han pasado, especialmente San\u00adta Teresa de Jes\u00fas, Santa Mar\u00eda Magdalena de Pazzis, Santa Ver\u00f3nica Juliana y San Juan de la Cruz, quien nos leg\u00f3 una acabada pintura de ellas en su <em>Noche obscura. <\/em>All\u00ed des\u00adcribe las espesas tinieblas que a su alma envolv\u00edan, y la casi mortal agon\u00eda que en medio de sequedad de esp\u00edritu pare\u00adc\u00eda hacerle probar los crueles tormentos de los condenados. El Sr. De Andreis pas\u00f3 tambi\u00e9n por estas penas, y su salud y ser f\u00edsico quedaron resentidos por toda su vida. No obstan\u00adte, luch\u00f3 con tares padecimientos sin que nadie, por enton\u00adces, supiera la causa verdadera de sus enfermedades. Repet\u00eda en tales ocasiones las palabras que Job dirig\u00eda a Dios: \u00abAun\u00adque me mate, en \u00c9l esperar\u00e9, porque despu\u00e9s de las tinie\u00adblas espero la luz\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, donde se vio a las claras su probada fortale\u00adza, fue en la Misi\u00f3n de Am\u00e9rica. Las fatigas de tan largo viaje, peligro de naufragio, rudeza del clima, hambre, sed, escasez de las cosas necesarias para vivir y continuas enfer\u00admedades; todas estas pruebas no quebrantaron su firmeza, la cual parec\u00eda aumentar, conforme era m\u00e1s combatida. Sin duda que as\u00ed lo habr\u00e1 podido comprender el lector en varios de los casos de que hicimos menci\u00f3n; por eso no es necesa\u00adrio repetirlos.<\/p>\n<p>Pero no podemos pasar en silencio lo que mira a su mu\u00adcha humildad, virtud que, en sentencia de los Santos Padres, es el fundamento y base sobre que debe alzarse el edificio de la perfecci\u00f3n espiritual. S\u00edrvannos tambi\u00e9n esta vez de gu\u00eda las palabras del siervo de Dios: \u00abAl pensar en la humildad, y considerando los esfuerzos que para conseguirla he hecho, sin haber alcanzado nada, me siento desanimado y casi ca\u00eddo en desesperaci\u00f3n; gracias a que su divina Majestad se apiada de m\u00ed en tales trances, manifest\u00e1ndome con toda cla\u00adridad y a simple vista el origen de todas mis miserias de alma. Veo entonces que, al dejarme llevar de tales pensa\u00admientos perturbadores, estoy faltando manifiestamente a la debida resignaci\u00f3n a la Providencia divina, y que la tris\u00adteza de que estoy pose\u00eddo es se\u00f1al evidente de que f\u00edo m\u00e1s en mis pobres fuerzas que en el poder de la divina gracia. Adem\u00e1s, que en la meditaci\u00f3n de hoy he conocido que nun\u00adca tendr\u00e9 la mansedumbre debida para con mis hermanos si no la tengo primero conmigo. \u00a1Oh Dios m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1nto da\u00f1o me causo con tales excesivos cuidados e inquietudes a que soy tan inclinado!<\/p>\n<p>Tal inquietud no puede venir de Dios, cuyo esp\u00edritu es dulce y tranquilo; por tanto, preciso es que venga o del es\u00adp\u00edritu humano, que siempre es impetuoso y turbado, \u00f3, lo que es m\u00e1s probable, del demonio, que pretende conseguir de esta manera sus intentos, que son: en primer lugar, des\u00adtruir la paz del coraz\u00f3n con escr\u00fapulos y congojas; en se\u00adgundo lugar, estorbar la frecuente comunicaci\u00f3n del alma con Dios, impidi\u00e9ndole seguir la inclinaci\u00f3n de la gracia y haci\u00e9ndola obrar seg\u00fan sus naturales apetitos; en tercer lu\u00adgar, despertar el esp\u00edritu de orgullo, haciendo creer que es mucho el bien que uno hace, que puede confiar ya en sus propias fuerzas, sirvi\u00e9ndose de \u00e9stas como de alas; <em>y <\/em>en cuar\u00adto y \u00faltimo lugar, exponernos a muchos peligros, particu\u00adlarmente al de no cuidar de la propia perfecci\u00f3n, y hasta ponernos a riesgo de cometer grandes faltas por orgullo o desesperaci\u00f3n. La falsa humildad ha servido muchas veces de pretexto para descuidar los avisos y amonestaciones que a este fin se nos dan. \u00a1Oh pobre y ciega criatura! \u00a1Si hubieses reflexionado un poco hubieras conocido bien que no era aquello humildad, sino orgullo refinado! \u00a1Ea, pues, alma m\u00eda, \u00e1nimo! San Vicente mismo conoci\u00f3, en sus varios ejer\u00adcicios espirituales, la necesidad de formar resoluciones sobre este particular. No te turbes por las faltas; sigue entonces la doctrina de San Francisco de Sales, quien dec\u00eda: \u00abAn\u00edmate, \u00abalma m\u00eda; cuida de no poner obst\u00e1culos a la gracia; antes, \u00abpor el contrario, coopera a ella\u00bb.<\/p>\n<p><em>Inspiraciones que he recibido en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, y <\/em><em>sobre las que he de meditar cada ma\u00f1ana.\u2014 \u00ab<\/em>Primera. \u00abDios \u00abquiere que yo sea santo. \u00bb Segunda. \u00abNo lo ser\u00e9 si no soy \u00abhumilde.\u00bb Tercera. \u00abNi ser\u00e9 humilde si en vez de buscar las \u00abhumillaciones las temo y huyo, y, lo que es peor, si me \u00abenvanezco.\u00bb Cuarta. \u00abNo llegar\u00e9 a huir las honras y amar \u00ablas humillaciones si no hago diariamente actos de esto mis\u00admo.\u00bb Quinta. \u00abNunca har\u00e9 tales actos como conviene si no \u00ablos prevengo en la meditaci\u00f3n de la ma\u00f1ana\u00bb.<\/p>\n<p>Tres clases de actos en los que debo de insistir mucho:<\/p>\n<p><em>Primera clase.-1.<sup>\u00b0<\/sup><\/em> Reconocer delante de Dios mi nada, as\u00ed en el orden de naturaleza como en el de gracia, di\u00adciendo, por ejemplo : <em>Substantia mea tamquam nihilum ante <\/em><em>te&#8230; <\/em>Todo mi ser, Dios m\u00edo, es delante de Vos como la nada. (Psalm).<\/p>\n<p>2 \u00b0 Tenerme por indigno de tratar con mis hermanos por mis muchos defectos e infidelidades, admir\u00e1ndome y es\u00adpant\u00e1ndome de que me traten con tanta dulzura y caridad.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Reconocer mi miseria cuando vea que no tengo en mi coraz\u00f3n los sentimientos que acabo de decir, conforme a aquello de San Agust\u00edn : <em>Quid miserius misero non mise\u00adrante seipsum, <\/em>a\u00f1adiendo esta s\u00faplica: <em>Noverinz me, nove\u00ad<\/em><em>rim me, <\/em>etc. \u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s miserable que quien ignora su \u00abmiseria? Con\u00f3zcate, Se\u00f1or, a Ti, y con\u00f3zcame a m\u00ed.\u00bb (San Agust\u00edn.)<\/p>\n<p><em>Segunda clase.-1.\u00b0 <\/em>Vigilar atentamente sobre todos los pensamientos y afectos de vanidad y orgullo que se despier\u00adten en mi alma ; y reprimirlos al instante, renunciando a cuantos pretextos pueda por entonces, sugerir el amor pro\u00adpio ; porque el coraz\u00f3n f\u00e1cilmente se alimenta de esta clase de veneno.<\/p>\n<p>2.\u00b0 No hablar jam\u00e1s de m\u00ed mismo, ni en pro ni en con\u00adtra, excepto en caso de verdadera necesidad.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Escoger siempre el \u00faltimo lugar, oficio \u00fa empleo; procurando con ah\u00ednco ser poco conocido, olvidado, mal\u00adquisto y despreciado.<\/p>\n<p><em>Tercera clase. \u2014 1.\u00b0 <\/em>Hablar con gusto de las alabanzas de otros particularmente ausentes, <em>y, <\/em>sobre todo, respecto de aquellos hacia los cuales siento m\u00e1s repugnancia interior.<\/p>\n<p>2.\u00b0 No excusarme jam\u00e1s, sin clara necesidad ; y si de algo me acusan, debo creer que soy mucho m\u00e1s culpable de lo que se dice, y por tanto debo ponerme en m\u00e1s inferior grado del en que me pone quien me acusa ; humillarme, adem\u00e1s, interiormente y creer que he merecido tales humi\u00adllaciones.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Huir, en lo posible, todo cuanto pueda ser causa de ser tenido en m\u00e1s estima ; abrazando, por el contrario, con alegr\u00eda cualquiera ocasi\u00f3n de humillarme ; y aun debo ale\u00adgrarme mucho de que se presenten tales ocasiones.<\/p>\n<p>Si encuentro dificultad en practicar estas resoluciones, no debo desanimarme por esto, antes bien, har\u00e9 m\u00e1s gene\u00adrosos esfuerzos para salir con mi intento, vali\u00e9ndome para ello de la oraci\u00f3n; y al mismo tiempo considerar cu\u00e1n gran\u00adde es mi ignorancia y poquedad en comparaci\u00f3n de los San\u00adtos y de Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, que tanto se humillaron por mi amor.<\/p>\n<p>Tampoco debo presumir por los favores que de Dios haya recibido. Porque, \u00bfqui\u00e9n recibi\u00f3 m\u00e1s que Sa\u00fal, Salo\u00adm\u00f3n y Judas? Y, no obstante, \u00bfqu\u00e9 fue de ellos? Yo ignoro si aquel a quien desprecio es m\u00e1s grande en la divina pre\u00adsencia, y de m\u00ed no s\u00e9 si estoy en gracia. Y aun cuando su\u00adpiera que yo estoy bien con su Majestad divina, <em>y <\/em>que el otro es su enemigo, \u00bfno puede suceder que se truequen las cartas? \u00bfQu\u00e9 s\u00e9 yo cu\u00e1les son los intentos de Dios?<\/p>\n<p>As\u00ed que, para estar m\u00e1s seguro, lo mejor es humillarme y escoger siempre el \u00faltimo lugar. Y, efectivamente, si me antepongo aunque no sea sino s\u00f3lo a uno, bien puedo equivo\u00adcarme en ello; pero posponi\u00e9ndome a todos, aun dado caso que fueran ellos peores, yo nunca pierdo, sino que gano; porque entonces imito al que vino al mundo \u00abpara servir, y no para ser servido\u00bb, y que quiso ser tenido por el \u00faltimo de los hombres y desprecio del pueblo: <em>Novissimus virorum <\/em>(Isa.) <em>et abjectio plebis. <\/em>(Psalm.) \u00a1Oh y cu\u00e1n necesaria es esta aniquilaci\u00f3n! Para lograr grabarla en mi alma es necesario que est\u00e9 bien convencido de que soy un vaso de abominaci\u00f3n, y que nadie hay que a m\u00ed sea tan perjudicial como yo mismo, y que a los dem\u00e1s les sirvo de ocasi\u00f3n de continua paciencia, mortificaci\u00f3n y otras virtudes. Todo pensamiento contrario a cuanto acabo de afirmar, debo alejarlo de mi alma. Est\u00e1 cla\u00adro que de m\u00ed nada puedo, y Dios no me abre m\u00e1s camino que el de la humillaci\u00f3n&#8230; Yo debo aniquilarme por completo, para no poner impedimento a la obra que Dios va haciendo en este madero seco y vaso de debilidades y pecados. Enton\u00adces toda la gloria a \u00c9l ser\u00e1 dada, sin que yo le robe ni la m\u00e1s m\u00ednima parte. Debo alegrarme de ser tenido por tonto e inepto para cosa alguna de provecho, y temblar de ser tenido en alguna estima y aprecio: <em>Salva me ex ore leonis. <\/em>\u00abSalvadme, Se\u00f1or, de la boca del le\u00f3n\u00bb. Hoy mismo me ha dado a conocer el Se\u00f1or el gran monstruo del amor propio que to\u00addav\u00eda vive en mi pecho. Par\u00e9cese a una bestia feroz que est\u00e1 para tragar la presa. <em>Y <\/em>tiene a\u00fan tanto poder sobre m\u00ed este monstruo, que de vez en cuando a\u00fan me roba algunas ac\u00adciones, y se las tragara si inmediatamente no se las arranca\u00adra de la boca. \u00a1Oh Dios m\u00edo! <em>Salva nos, perimus&#8230; \u00ab<\/em>Salvadme, porque si no, perezco\u00bb.<\/p>\n<p>A la pr\u00e1ctica de la humildad, el Sr. De Andreis juntaba la de su inseparable compa\u00f1era, la mansedumbre, cuya po\u00adsesi\u00f3n le cost\u00f3 largos y heroicos esfuerzos. Muy sensible por naturaleza; acostumbrado, como \u00e9l mismo dec\u00eda, a tener todo a medida de sus deseos; estimado, aplaudido por todos, favorecido de Dios en el principio de su vida espiritual con los m\u00e1s deliciosos consuelos, la contradicci\u00f3n hizo sobre \u00e9l tal impresi\u00f3n que hasta lleg\u00f3 a resentirse su salud. Sin em\u00adbargo, de tal modo se domin\u00f3 que acab\u00f3 por hallar sus ma\u00adyores delicias en lo que hab\u00eda sido para \u00e9l motivo de las prue\u00adbas m\u00e1s penosas. Dios, que se sirve de las penas para habitar y reposar anticipadamente en ciertas almas <em>y <\/em>para obligarlas a desasirse de todas las cosas y buscar su vida y alimento en el pan de la tribulaci\u00f3n, dej\u00f3 muchas veces de consolar su esp\u00edritu de predestinado. La mansedumbre del Sr. De An\u00addreis soport\u00f3 con resignaci\u00f3n primero, con calma despu\u00e9s, y por \u00faltimo con alegr\u00eda, todas estas pruebas de la mano de Dios. Las primeras fueron angustia de esp\u00edritu, abatimien\u00adto, obscuridad y abandono, a trav\u00e9s de las cuales, la manse\u00addumbre le conserv\u00f3 en estado de perfecta calma, en aquella dichosa tranquilidad de los santos, que le hac\u00eda suspirar y desear otras pruebas y otras cruces.<\/p>\n<p>\u00abDios\u2014dec\u00eda en uno de sus soliloquios\u2014me conduce por caminos tenebrosos y sembrados de espinas, cuales son las penas y pruebas de todo g\u00e9nero que padezco, sin poder ha\u00adllar medio de librarme de ellas. De tiempo en tiempo me env\u00eda un rayo de luz que disipa las tinieblas en que estoy cercado, y desaparece la turbaci\u00f3n de mi alma derramando en ella consolaciones imposibles de describir. Entonces com\u00adprendo claramente la dicha de mi estado y el inestimable valor de los efectos producidos en mi esp\u00edritu por tales prue\u00adbas, y no puedo menos de exclamar: \u00abS\u00ed, he aqu\u00ed el verda\u00addero camino; poner bajo mis pies todas las cosas y no bus\u00adcar m\u00e1s que a Dios. Cuanto m\u00e1s mortifico mis sentidos; \u00abcuanto m\u00e1s me humillo, m\u00e1s me despego de todo afecto a \u00ablas criaturas y m\u00e1s me acerco a Dios. En el momento en \u00abque m\u00e1s seriamente me esfuerzo en olvidar mi propia satisfacci\u00f3n, entonces es cuando gozo de m\u00e1s celestiales delicias. Oh, si ellas permanecieran en m\u00ed!&#8230; Mas \u00a1ay! que poco despu\u00e9s me encuentro tan miserable como antes. Efecto \u00abinefable del amor que Dios nos tiene, es el llenar nuestra \u00abvida de tristezas &#8216;y de angustias para hacernos ver que el \u00abverdadero reposo s\u00f3lo se halla en \u00c9l\u00bb.<\/p>\n<p>Un hombre tan acostumbrado a mirarlo todo en Dios y como venido de su mano; a abandonarse tan completamente a su divina Providencia, no pod\u00eda menos de sobreponerse a cualquier mal tratamiento que la malicia de los otros le ocasionara. No hac\u00eda esto por sentimientos de altivez o de desprecio, sino m\u00e1s bien por resignarse a la voluntad de Dios, y llevado de tierna caridad hacia todos los hombres.<\/p>\n<p>Escuchemos c\u00f3mo nos revela los secretos de su coraz\u00f3n con motivo de esta hermosa virtud de la dulzura.<\/p>\n<p>T\u00fa debes, alma m\u00eda, apartar la vista de todo cuanto los hombres puedan decir o hacer, teni\u00e9ndola siempre fija en los amorosos designios de Dios&#8230; Rechaza prontamente todo pensamiento que se te ofrezca acerca de la conducta de los otros respecto de ti; atribuye sus acciones a motivos carita\u00adtivos, pensando que les est\u00e1s muy obligado por la paciencia con que sobrellevan tus faltas&#8230; En el soliloquio 34 a\u00f1ad\u00eda: \u00abAlgunas veces permite Dios que el demonio ordene las co\u00adsas de tal modo, que las personas m\u00e1s piadosas y caritativas se enga\u00f1en en sus juicios o al menos duden; no lo suelen hacer temerariamente, y, por lo mismo, por su parte no hay pecado alguno; y tales juicios recaen muchas veces so\u00adbre una pobre alma afligida, la cual vese obligada entonces a exclamar: <em>Hominem non habeo&#8230; Opprobrium vicinis meis <\/em><em>valde. <\/em>\u00abNo tengo quien me ayude&#8230; He llegado a ser moti\u00advo de oprobio hasta para aquellos con quienes trato m\u00e1s \u00edntimamente. Todo lo echan a mala parte, y la pobre alma, a su pesar, lo advierte y sufre; todos parecen conspirar contra ella: <em>In eodem convenerunt simul; accipere an\u00edmam <\/em><em>meara consiliati sunt. <\/em>Algunas veces, durante la recreaci\u00f3n, te parecer\u00e1 que contra ti se dirigen todas las miradas, todas las palabras&#8230; Pero yo he esperado en el Se\u00f1or, y he dicho: \u00abVos sois mi Dios; mi suerte est\u00e1 puesta en vuestras manos\u00bb. <em>Ego autem in te speravi, Domine; dixi: Deus meus es tu, in <\/em><em>manibus tuis sortes meae. <\/em>Tal es el \u00fanico consuelo de mi alma. Un rayo de luz basta para volverle la paz.<\/p>\n<p><em>Noli ergo vinci a malo, sed vince in bono malura, <\/em>escri\u00adb\u00eda en otro lugar (n\u00fam. 71): No nos dejemos vencer por \u00abel mal; sino triunfemos del mal por el bien.\u00bb Alabado <em>sea <\/em>Dios, la nube se va disipando por grados, y deja ver el m\u00e1s claro cielo&#8230; \u00a1Oh bondad de Dios, cu\u00e1n grande apareces permitiendo las cosas que pasan por m\u00ed! Hab\u00e9is querido pro\u00adbarme para establecer con arraigo en m\u00ed la caridad, virtud caracter\u00edstica de San Vicente de Pa\u00fal y de San Francisco de Sales; esta virtud de que tanta necesidad tengo, aun cuando desgraciadamente no advierto bastante mi pobreza! &#8230; Ayer celebramos la fiesta de San Vicente; tambi\u00e9n yo quiero ser <em>Vicente <\/em>(es decir, victorioso). Estoy determinado a vencer morir, pero no usando m\u00e1s que estas tres armas: humildad, caridad y mansedumbre.<\/p>\n<p><em>Vincenti dabo manna absconditum et nomen novum <\/em>\u00abDar\u00e9 a quien venciere un man\u00e1 escondido y un nombre nuevo\u00bb. \u00a1Oh man\u00e1 delicioso! \u00a1Refrigerio y descanso deseado! T\u00fa no ser\u00e1s concedido m\u00e1s que a los vencedores. Y no nos enga\u00f1emos acerca del sentido de esta palabra. Es muy cierto que el mundo entiende las cosas de muy diferente manera que el Evangelio, y es preciso, por lo tanto, tomar el<em> <\/em>sentido del Evangelio y no el del mundo. Vencer seg\u00fan el mundo, es triunfar, cubrir de confusi\u00f3n a nuestro rival y gloriarse de su ca\u00edda. Pero seg\u00fan Jesucristo, es cosa muy distinta ; \u00c9l nos dice que no seremos vencedores sino cuan\u00addo, despreciados por los otros, nos humillarnos todav\u00eda m\u00e1s; cuando, calumniados, no nos excusamos; cuando volvemos bien por mal ; cuando aplacamos a nuestro adversario por medio de la humildad, caridad y dulzura. \u00abObservad bien \u00abvuestra conducta\u2014dice San Cris\u00f3stomo en la 24 homil\u00eda so\u00adbre San Mateo;\u2014cuando nos mostramos corderos, triunfa\u00admos, aunque a nuestro alrededor haya millares de lobos; pero si nos hacemos lobos, quedamos vencidos, porque entonces nos vemos privados del socorro del pastor que guarda, no los lobos, sino las ovejas\u00bb.<\/p>\n<p>Aun cuando el Sr. De Andreis llevaba a tan alto grado la delicadeza, los miramientos, la condescendencia para con el pr\u00f3jimo, jam\u00e1s, empero, ced\u00eda hasta el punto de aprobar el mal o tolerarlo por flaqueza. Al contrario, era, en virtud de la fortaleza, como un dique inquebrantable para oponerse a las menores infracciones de las reglas o del esp\u00edritu de su estado; y de ello pueden verse pruebas en sus resoluciones (n\u00fam. 56).<\/p>\n<p><em>Qui in verbo non offendit perfectus est vir. <\/em>Despu\u00e9s de reflexionar mucho, escribe, me parece que el mejor partido que puedo tomar durante la recreaci\u00f3n es hablar muy poco. Primero, porque, siendo joven, no me pertenece diri\u00adgir la conversaci\u00f3n; segundo, porque entre los asuntos de que se trata hay muchos acerca de los cuales apenas puedo decircuatro palabras, y en tercer lugar, porque con frecuen\u00adcia me tengo que arrepentir de haber dicho esas pocas pala\u00adbras. Por tanto, procurar\u00e9 mostrarme jovial y amable en cuanto pueda; si soy preguntado, responder\u00e9 con modestia y me esforzar\u00e9 en mantener la conversaci\u00f3n en los l\u00edmites prescritos por la regla\u00bb.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, una de las cosas en que m\u00e1s ejercit\u00f3 esta virtud de la dulzura el Sr. De Andreis, fue en el sufrir con paciencia sus propios defectos; le eran tanto m\u00e1s penosos cuanto m\u00e1s progresaba en el amor de Dios, sin verse, no obstante, jam\u00e1s libre de ellos. San Francisco de Sales dice que una alma que aspira a la perfecci\u00f3n tiene m\u00e1s necesidad de mansedumbre para consigo mismo que para los dem\u00e1s, porque cuanto m\u00e1s adelanta en la vida espiritual, m\u00e1s de\u00adfectos nota en su conducta. \u00abHeme aqu\u00ed al fin\u2014escrib\u00eda el Sr. De Andreis en sus ejercicios espirituales de 1813\u2014cansa\u00addo ya de procurar buscar a mi Dios. Yo no veo ni hallo otra cosa que a m\u00ed mismo y mi gran necesidad y pobreza; Mucha necesidad tengo de la gracia, aun cuando me creo indigno de obtenerla Comprendo bien que la santidad no consiste solamente en tener esta gracia, sino en llegar al gra\u00addo de virtud que Dios nos ha fijado, y nada m\u00e1s. Yo debo adelantar cada d\u00eda, a medida que Dios me hace conocer los designios de su providencia; rogar porque se cumpla en m\u00ed su voluntad sant\u00edsima, y procurar cumplirla sin desear tal o cual don: <em>Ipse dividil singulis prout vult. <\/em>\u00ab\u00c9l es quien los distribuye seg\u00fan le place\u00bb.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO XIII<\/p>\n<p><strong>Sus virtudes.\u2014Mortificaci\u00f3n y celo del Sr. De Andreis<\/strong><\/p>\n<p>Con certidumbre podemos asegurar que todos cuantos trataron con intimidad al Sr. De Andreis pueden dar testi\u00admonio de que la ocupaci\u00f3n continua de su vida fue morir a s\u00ed mismo por medio de la mortificaci\u00f3n m\u00e1s severa y univer\u00adsal, unido estrechamente con la cruz de su Salvador. Ape\u00adnas descubr\u00eda en su coraz\u00f3n las menores inclinaciones vi\u00adciosas, procuraba trabajar con ah\u00ednco para desarraigarlas por medio de la mortificaci\u00f3n, dirigiendo a esto todas sus reso\u00adluciones. Bastar\u00e1 apuntar aqu\u00ed algunas de \u00e9stas para tener una idea del grado en que pose\u00eda esta virtud.<\/p>\n<p>Cuando pienso en la conducta que hasta ahora he tenido, observo que el bien que he practicado ha sido muy superficial. Me parece que no tengo nada de fervor interior, mies bien soy un \u00e1rbol cargado de flores que nunca llegan \u00a0dar fruto, a cuya savia falta vigor suficiente. He practican virtud por rutina, y no llevado de esp\u00edritu interior. En una palabra, veo muy a las claras que el viejo Ad\u00e1n vive en<br \/>\nmi, y que tiene la talla de un gigante, mientras que Jesucristo no es mayor que un ni\u00f1o, si es que realmente est\u00e1 en mi. Es preciso luchar con valor contra este hombre viejo, exterminarlo, destruirlo a fin de que Jesucristo viva en m\u00ed. <em>Tantum proficies quantum tibi ipsi vim intuleris. \u00ab<\/em>Tanto \u00abm\u00e1s adelantar\u00e1s en la virtud cuanto mayor sea la violencia \u00abque te hagas\u00bb. <em>(De Im\u00edt).<\/em><\/p>\n<p>Las siguientes resoluciones fueron tomadas el d\u00eda del <em>Corpus.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Resoluciones. \u2014 Motivos<\/em><\/strong><\/p>\n<p>1. Dios me ha honrado sobremanera llam\u00e1ndome a una \u00edntima uni\u00f3n con \u00c9l, d\u00e1ndome a gustar las delicias del amor divino a fin de desasirme enteramente de m\u00ed mismo; mas viendo que yo no acabo de romper de una vez con mi amor propio para abrazar la mortificaci\u00f3n, que es el funda\u00admento de esta uni\u00f3n, permite que sea combatido por muy recias y horrorosas tentaciones, a las cuales considero como varas empleadas por su amor para obligarme a hacer lo que \u00e9l desea. Oh. qu\u00e9 grande es su bondad!<\/p>\n<p>2. Para quitar completamente estas imperfecciones, la experiencia me ha ense\u00f1ado que no hay mejor medio que revestirse del esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Para tener acierto y sacar fruto en las funciones sa\u00adgradas de nuestro ministerio, y para quitar los defectos que veo arraigados en mi coraz\u00f3n, es de absoluta necesidad un alto grado de uni\u00f3n con Dios, el cual es imposible adquirir sin esta mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Postr\u00e1ndome ayer a los pies de la Sant\u00edsima Virgen y suplic\u00e1ndola me mostrase el camino por donde salir de las tinieblas que me cercan y salvar mi alma, me pareci\u00f3 que me presentaba la cruz y la aplicaba sobre m\u00ed, diciendo: \u00abAbr\u00e1zate a ella y no la abandones nunca\u00bb.<\/p>\n<p>Formo desde ahora la resoluci\u00f3n, y ella ser\u00e1 el principal objeto de estos ejercicios, de abrazar la virtud de la mortifi\u00adcaci\u00f3n y ponerme en la cruz de modo que jam\u00e1s me separe de ella. Y bajando m\u00e1s al particular, tendr\u00e9 presentes los art\u00edculos siguientes:<\/p>\n<p><em>Mortificaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n <\/em>y <em>de la memoria.<\/em><\/p>\n<p>1. Ponerme en la presencia de Dios, pero sin inquietud ni esfuerzo; rechazar todo pensamiento in\u00fatil, vano o curio\u00adso, o toda idea que no envuelva en s\u00ed alguna utilidad.<\/p>\n<p>2. En la oraci\u00f3n, y particularmente recitando el Oficio divino, ser\u00e9 exacto en poner en pr\u00e1ctica las resoluciones to\u00admadas en los ejercicios de 1811.<\/p>\n<p><em>Juicio y entendimiento.<\/em><\/p>\n<p>Evitar toda investigaci\u00f3n curiosa, y someterme con gusto al parecer de los otros, mientras que mi conciencia no me exija otra cosa.<\/p>\n<p><em>La voluntad.<\/em><\/p>\n<p>Observar minuciosamente todos los puntos de la regla, sobre todo lo que se prescribe en el art. 3.\u00b0, cap\u00edtulo II, <em>De <\/em><em>la conformidad con la voluntad de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>La lengua.<\/em><\/p>\n<p>Amar el silencio, y no hablar jam\u00e1s cuando la regla lo proh\u00edbe.<\/p>\n<p>Evitar siempre hablar mucho, aun en tiempo de re\u00adcreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. No hablar jam\u00e1s de m\u00ed mismo sin necesidad, y en\u00adtonces hacerlo con humildad y cuidado, a fin de que el amor propio pierda m\u00e1s que gane en lo que pueda decir, y muy particularmente en lo que toca al pa\u00eds, amigos, parientes y otros semejantes asuntos.<\/p>\n<p>No hacer jam\u00e1s alarde u ostensi\u00f3n de ciencia hablan\u00addo sin necesidad sobre asuntos cient\u00edficos o religiosos, y cuando fuere necesario hablar sobre estas materias, procurar hacerlo de modo que la humildad nada pierda.<\/p>\n<p>No despreciar ni acusar jam\u00e1s a nadie, antes al con trario, estimar y excusar a todo el mundo, reservando el desprecio para m\u00ed s\u00f3lo.<\/p>\n<p><em>El gusto.<\/em><\/p>\n<p><em>1. <\/em>Negarme completamente los manjares hacia los que siento desmedido atractivo; esto se entiende de aquellos ha\u00adcia los cuales el apetito natural me arrastra con ardor.<\/p>\n<p>2. No comer jam\u00e1s todo lo que me sirvan, a menos que tenga una verdadera necesidad.<\/p>\n<p>3. Sacrificar o abstenerme de algo que sea m\u00e1s agrada\u00adble al gusto, con la disposici\u00f3n interior de privarme de todo si esa fuese la voluntad de Dios.<\/p>\n<p><em>O\u00eddo, vista y olfato.<\/em><\/p>\n<p>Rehusar en esto toda satisfacci\u00f3n que no sea necesaria o al menos \u00fatil, y entonces dirigir mi intenci\u00f3n hacia Dios.<\/p>\n<p><em>Composici\u00f3n del cuerpo.<\/em><\/p>\n<p>1. Dormir sobre la paja, conservando el cuerpo en mo\u00addesta postura durante el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>2. Moderar mi natural impetuosidad y procurar ca\u00adminar y obrar con gravedad, modestia y humildad, bus\u00adcando siempre el \u00faltimo lugar.<\/p>\n<p>3. Sufrir con paciencia las picaduras de los insectos que vengan a molestarme, y pensar que ellos me sirven de cilicio.<\/p>\n<p>4. En una palabra, buscar siempre medios de estar so\u00adbre la cruz de una manera o de otra.<\/p>\n<p>Estas resoluciones son, en verdad, dif\u00edciles de cumplir; pero espero que la pr\u00e1ctica las har\u00e1 cada vez m\u00e1s f\u00e1ciles; Dios es quien me las ha inspirado, y, por lo mismo, \u00c9l me dar\u00e1 gracia para ejecutarlas y la Sant\u00edsima Virgen la alcanzar\u00e1 para m\u00ed. Por mi parte, emplear\u00e9 los medios siguientes: primero, meditar con frecuencia estas resoluciones y leer la vida de los Santos que m\u00e1s se han distinguido por su amor a la mortificaci\u00f3n; segundo, examinarme frecuentemente sobre este punto y no dejar falta sin castigo; tercero, rogar a Nuestro Se\u00f1or me d\u00e9 fuerza para llevar mi cruz y que no permita que viva un solo momento seg\u00fan las sugestiones de la naturaleza: <em>Fortis est ut mors dilectio. \u00abEl <\/em>amor de Dios es fuerte como la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Aun cuando parece imposible dar m\u00e1s extensi\u00f3n a esta pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n, sin embargo, el Sr. De Andreis Id llev\u00f3 m\u00e1s lejos todav\u00eda renunciando hasta los mismos consuelos que de tiempo en tiempo recib\u00eda en el servicio de Dios. V\u00e9ase lo que escribi\u00f3 acerca de esto:<\/p>\n<p>\u00abDebo tambi\u00e9n alejar de mi esp\u00edritu otra ilusi\u00f3n, que consiste en imaginar que en esta vida miserable puedo gozar de un modo permanente de la dulzura y gozo que se expe\u00adrimenta en practicar la virtud.<\/p>\n<p>Si as\u00ed fuera, no ser\u00edan ciertas las palabras de Nuestro Se\u00f1or, que nos manda tomar nuestra cruz y llevarla todos los d\u00edas, renunci\u00e1ndonos a nosotros mismos por medio del sufrimiento para entrar en el reino de Dios.<\/p>\n<p>Ciertos consuelos son propios del cielo, y la bondad divina nos da de tiempo en tiempo algunas gotas, como aliciente para alentarnos a sufrir con constancia. Desear que sean completos, es anhelar lo que no se puede obtener m\u00e1s que en el para\u00edso. Por eso, dejando todo a la voluntad de Dios, he tomado, inspirado por \u00c9l, seg\u00fan creo, la reso\u00adluci\u00f3n siguiente:<\/p>\n<p>\u00abComo las dulzuras de Dios no son el mismo Dios, y el desearlas con avidez puede impedir el que pueda decir: Mi Dios y mi todo, y unirme a \u00c9l solo;<\/p>\n<p>He resuelto <em>renunciar a todas las alegr\u00edas espirituales hasta la muerte, <\/em>es decir, no buscarlas, ni desearlas, ni pedirlas, ni aspirar de ning\u00fan modo a ellas, plenamente con\u00advencido de que soy indigno de tales favores\u00bb.<\/p>\n<p><em>Celo.\u2014 <\/em>El fin que el Sr. De Andreis se propon\u00eda en esta eran perfecta y universal mortificaci\u00f3n, no era otro que el de llegar m\u00e1s seguramente a la uni\u00f3n con Dios y adquirir esa ardiente caridad que no puede menos de comunicar su fuego a los dem\u00e1s, procurando su salvaci\u00f3n con el completo sacri\u00adficio de s\u00ed mismo, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol: <em>Optabanz ego ipse anathenza esse a Christo pro fratribus meis. (Romanos, <\/em>IX, 3.)<\/p>\n<p>\u00abA la verdad\u2014escrib\u00eda en 1814\u2014nunca se est\u00e1 m\u00e1s dispuesto a amar al pr\u00f3jimo como es necesario, puramente por, caridad, que cuando se considera uno como muerto en el coraz\u00f3n de los hombres. Bajo el especioso pretexto de cari\u00addad, de obligaci\u00f3n, de urbanidad, \u00a1cu\u00e1nta escoria, cu\u00e1ntos motivos secundarios se encuentran escondidos! Para que la llama que en mi coraz\u00f3n arde pueda inflamar los corazones de los otros, debe antes consumir y purificar el m\u00edo; el fuego no se extiende ni despide calor sino despu\u00e9s de haber devo\u00adrado los elementos que le cercaban. Debo, pues, activar la llama y obligarla a destruir primero el hombre viejo, apar\u00adtando todo lo que pudiese afianzar su imperio\u00bb.<\/p>\n<p>Si juzg\u00e1semos de \u00e9l por la descripci\u00f3n que hace de esta llama de amor divino, diremos que verdaderamente era ardent\u00edsima en \u00e9l <em>y <\/em>capaz de despedir y extender su calor aun en los corazones menos dispuestos a recibirlo.<\/p>\n<p>\u00abTodo el que es llamado a trabajar en la salvaci\u00f3n de los pr\u00f3jimos\u2014dice el Sr. De Andreis <em>(Soliloq. 44), \u2014 <\/em>debe ser como un rayo reflejado sobre un cuerpo. Su coraz\u00f3n debe primeramente ir a Dios, y volviendo de all\u00ed, mezclarse con las criaturas, conversando con ellas, predicando, aconsej\u00e1n\u00addolas en sus dificultades. Entonces solamente es cuando el obrero apost\u00f3lico trabaja con celo y buen \u00e9xito, porque la bendici\u00f3n de Dios le acompa\u00f1a seg\u00fan las palabras del Sal\u00admista: <em>Beatus vir cujus voluntas in lege Domini; omnia <\/em><em>quaecumque faciet prosperabuntur\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Con tales principios puestos en pr\u00e1ctica, f\u00e1cil es com\u00adprender c\u00f3mo el Sr. De Andreis renunci\u00f3, no s\u00f3lo a las es\u00adperanzas del mundo, sino tambi\u00e9n a las que pudiera ofrecerle la misma Congregaci\u00f3n, y c\u00f3mo \u00e9l se consideraba fe\u00adliz en medio de los trabajos, de los sacrificios, de las enfer\u00admedades y aun de las persecuciones.<\/p>\n<p>\u00abEstimaci\u00f3n, honor, alimento, reposo\u2014dec\u00eda \u00e9l <em>(Solilo\u00adquio <\/em>33), todo he de mirarlo como basura para ganar a Je\u00adsucristo. Jam\u00e1s debo permitir a mi esp\u00edritu pararse un ins\u00adtante. <em>Quid ad te? Tu me sequere. <\/em>He aqu\u00ed lo que he de hacer: seguir a Jesucristo en el sublime ministerio a que se ha dignado llamarme, aplic\u00e1ndome como dirigidas a m\u00ed las palabras que dijo en el Evangelio a aqu\u00e9l que antes de seguirle le pidi\u00f3 permiso para ir a enterrar a su padre: \u00abDeja a los muertos enterrar a los muertos, y t\u00fa anda a anunciar el reino de Dios.\u00bb \u00a1Oh Dios m\u00edo, qu\u00e9 glorioso destino ne\u00adgociar en almas, entrar en sociedad de comercio con el Hijo de Dios encarnado, tener la misma vocaci\u00f3n especial: <em>la <\/em>de extender el reino de Dios y destruir el imperio del de\u00admonio y del pecado; convertir las almas a Dios, ense\u00f1arlas <em>y <\/em>volverlas a las v\u00edas de la justicia y de la salvaci\u00f3n; condu\u00adcirlas a su primer principio y \u00faltimo fin! \u00a1Oh mi Diosl <em>el unde hoc mihi! <\/em>\u00a1Qu\u00e9 no ha hecho el Todopoderoso en mi Alma para hacerla capaz de un tan noble empleo! \u00bfNo ser\u00eda una verg\u00fcenza para el que es llamado a ministerio tan subli\u00adme, entregarse a la vanidad y a las alegr\u00edas del mundo? \u00bfBus\u00adcar honores terrenos entreteni\u00e9ndose en tejer telas de ara\u00f1a? <em>Duc in altum, duc in altum et mitte retia in capturam; non in capturam auri vel argenti, vel vanitatis, sed in capturara animarum.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Por aqu\u00ed comprenderemos c\u00f3mo el Sr. De Andreis, a pe\u00adsar de la delicadeza de su salud, pudo en su juventud, como estudiante y como sacerdote, soportar tanta aplicaci\u00f3n y tra\u00adbajo; c\u00f3mo no sucumbi\u00f3 en medio de tantos peligros y fati\u00adgas que, seg\u00fan todas las apariencias, debieran haberle costa\u00addo la vida.<\/p>\n<p><em>Fortis est ut mors dilectio \u2014 <\/em>escrib\u00eda \u00e9l: el amor no se satisface sino con la muerte. La propia estimaci\u00f3n y orgullo est\u00e1n m\u00e1s estrechamente unidos al alma que la piel a la carne a quien cubre. El perfecto desasimiento del esp\u00edritu no es menos penoso que la muerte del cuerpo; es preciso morir cada d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abMil a\u00f1os\u2014a\u00f1ad\u00eda\u2014delante de Vos, ;oh Dios!, son como el d\u00eda de ayer que ya no existe.\u2014Lo que vemos no es m\u00e1s que temporal: lo que no vernos es eterno.\u2014El mundo pasa con todas sus concupiscencias, pero la verdad del Se\u00f1or perma\u00adnece para siempre.&#8211;He aqu\u00ed tres palabras a cuya luz pene\u00adtrante debe el cristiano juzgar todas las cosas: los trabajos, los sucesos desagradables, los honores, los placeres y los con\u00adsuelos de esta miserable vida. \u00a1Oh! feliz el que puede ba\u00f1ar sus pensamientos en esta bendita eternidad! Seguramente se formar\u00e1 idea exacta de lo que es y vale todo lo de ac\u00e1 abajo, y aprender\u00e1 a vivir como peregrino que recorre el mundo; aprender\u00e1 a suspirar continuamente por las alegr\u00edas del cie\u00adlo, a tener en nada todo lo que acaba con el tiempo y a per\u00admanecer contento en medio de los disgustos que le sobre\u00advinieren, porque nada vale lo que no es eterno\u00bb.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s acabar\u00edamos si quisi\u00e9ramos reproducir aqu\u00ed los sentimientos y afectos del celo m\u00e1s puro que andan esparci\u00addos en sus escritos, pruebas inequ\u00edvocas del ardor que hab\u00eda en su coraz\u00f3n, pues de la abundancia de \u00e9ste habla la boca. Terminaremos, pues, con dos pasajes en los que describe las cualidades que deb\u00edan adornar su celo. \u00abHe considerado que esta virtud debe mantenerse igualmente distante de dos ex\u00adtremos, esto es, del respeto humano y de la excesiva severi\u00addad, de modo que pueda uno mostrarse firme y magn\u00e1nimo sin dureza ni aspereza y a la vez dulce y agradable sin cobard\u00eda ni pusilanimidad&#8230;<\/p>\n<p>\u00abLa inquietud y actividad naturales son siempre muy malos consejeros en materia de celo. Por eso, formo la re\u00adsoluci\u00f3n de no hablar ni obrar jam\u00e1s cuando me sienta muy estimulado a hacerlo, consultando entonces con seriedad y detenci\u00f3n a la caridad y humildad, a fin de que estas virtudes templen el ardor de mi celo. \u00a1Oh, qu\u00e9 santa franqueza y libertad sugiere la humildad, y qu\u00e9 valor tan ardoroso ins\u00adpira la caridad!\u00bb.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO XIV<\/p>\n<p><strong>Progresos de la Religi\u00f3n cat\u00f3lica en los Estados Unidos, particularmente en <\/strong><strong>la Luisiana, desde principio de este siglo hasta el a\u00f1o 1860. Anexi\u00f3n de <\/strong><strong>la comunidad de Hermanas fundada por la Sra. Set\u00f3n, a la Compa\u00f1\u00eda de <\/strong><strong>las Hermanas de San Vicente de Pa\u00fal.<\/strong><\/p>\n<p>Este cap\u00edtulo servir\u00e1 de complemento a la vida del Sr. De Andreis; porque es evidente que si la Religi\u00f3n ha hecho progresos tan considerables en la parte occidental de los Estados Unidos, ellos son debidos en gran parte a sus trabajos y a los de los Misioneros de quienes aqu\u00e9l era Superior.<\/p>\n<p>A principios de este siglo no hab\u00eda en todo el pa\u00eds m\u00e1s que dos Obispos: el Ilmo. Sr. D. Juan Caroll, natural de Maryland y nombrado primer Obispo de Baltimore el 6 de Noviembre de 1789 por el Papa P\u00edo VI, y el ilustr\u00edsimo se\u00f1or D. Luis Pe\u00f1alver y C\u00e1rdenas, creado primer Obispo de Nue\u00adva Orleans en 1793, ambos notables por sus talentos, piedad y celo apost\u00f3lico. En el Sudoeste, los cristianos se hallaban asistidos por algunos sacerdotes franceses y unos cuantos franciscanos espa\u00f1oles; en el Este, Norte y Noroeste, por al\u00adgunos sacerdotes franceses o ingleses, casi todos pertenecien\u00adtes a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. As\u00ed es que dos Obispos y un muy reducido n\u00famero de Misioneros celosos ten\u00edan que proveer a las necesidades espirituales de un pa\u00eds inmenso, que abraza un espacio de muchos centenares de millar de leguas cua\u00addradas.<\/p>\n<p>En 1801, el Ilmo. Sr. Pe\u00f1alver fue trasladado a la Silla metropolitana de Guatemala, en la Am\u00e9rica central, siendo consagrado en Roma en 1802 otro Obispo de Nueva Or\u00adleans, que muri\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s sin llegar a ocupar su Silla. La ausencia del primer pastor y los frecuentes cam bios de Gobierno contribuyeron en gran parte a retardar y aun disminuir los progresos de la Religi\u00f3n en la Luisiana.<\/p>\n<p>Cuando el pa\u00eds fue tomado de nuevo en 1803 por los franceses, el Ilmo. Sr. Caroll fue can\u00f3nicamente encargado de la administraci\u00f3n de la di\u00f3cesis de Nueva Orleans. El se\u00ad\u00f1or Olivier, capell\u00e1n entonces de las Religiosas ursulinas de esta ciudad, fue constituido su Vicario general con los m\u00e1s amplios poderes. Este distinguido eclesi\u00e1stico muri\u00f3 en 181o, sucedi\u00e9ndole en el cargo, seg\u00fan se cree, el Sr. Libourd has\u00adta el nombramiento del Sr. Dubourg en 1812, el cual admi\u00adnistr\u00f3 la di\u00f3cesis por espacio de dos a\u00f1os. Seg\u00fan parece, en esta \u00e9poca hab\u00eda en la di\u00f3cesis unos 6o.000 cat\u00f3licos, aun cuando la mayor parte s\u00f3lo lo eran de nombre,<\/p>\n<p>A petici\u00f3n del Ilmo. Sr. Caroll, los sulpicianos llegaron a este pa\u00eds en 1792; a la primera tanda, presidida por el se\u00ad\u00f1or Pagot, sigui\u00f3se muy luego otra colonia de la misma Con\u00adgregaci\u00f3n. Establecieron en Baltimore el primer Seminario eclesi\u00e1stico, prestando tambi\u00e9n importantes servicios al cole\u00adgio de Georgetown, fundado en 1788 por el Sr. Caroll, por aquel tiempo Vicario general. Tambi\u00e9n comenzaron los sul\u00adpicianos el c\u00e9lebre colegio de Monte de Santa Mar\u00eda, cerca de Emmittsburg, en el Maryland.<\/p>\n<p>El aumento de la poblaci\u00f3n cat\u00f3lica exig\u00eda tambi\u00e9n ma\u00adyor n\u00famero de obispados; as\u00ed es que a instancias del ilustr\u00ed\u00adsimo Sr. Caroll, P\u00edo VII, por Breve de 8 de Abril de 18o8, estableci\u00f3 cuatro nuevas Sillas: Bardstown, Filadelfia, Nue\u00adva-York y Boston. El Ilmo. Sr. Flaget, sulpiciano, fue nom\u00adbrado para Bardstown; el Ilmo. Sr. Miguel Eagan, francis\u00adcano, para Filadelfia; el Ilmo. Sr. Luce-Concanon para Nueva-York, y el Ilmo. Sr. J. B. Cheverus para Boston. Charleston tuvo tambi\u00e9n su Obispo en 1820; Cincinnati y Richrnond, en 1821; Movil, en 1824; San Luis, en 1826; Strecho, en 1832; Vicennes, en 1834; Nashville, Dubuque y Natchez, en 1837; Pittsburg y Little Rock, en 1843; Hartford, Chicago y Milwaukee, en 1844; Oreg\u00f3n, en 1845.<\/p>\n<p>En 1841, el Ilmo. Sr. Ryan, m\u00e1s tarde Obispo de Buffalo, Provincial entonces de los Misioneros de San Vicente de Pa\u00fal o lazaristas, fue enviado a Tejas en calidad de Vicario apos\u00adt\u00f3lico. Poco despu\u00e9s volvi\u00f3 a Barrens, sustituy\u00e9ndole en aquel puesto el Sr. Od\u00edn, de la misma Congregaci\u00f3n. El 6 de Marzo de 1842, este \u00faltimo fue consagrado Obispo <em>in partibus <\/em>y en 1847 se le confiri\u00f3 el obispado de Galveston. En el mismo a\u00f1o se erigieron tres nuevas sedes episcopales: Albany, Buffalo y Cleveland. En otros pa\u00edses anexionados a la Uni\u00f3n, constituidos ya en Estados los territorios occidenta\u00adles, se crearon tambi\u00e9n obispados; tales fueron: en 185o, Nes\u00adqualy, Santa Fe y San Pablo. El mismo a\u00f1o Wheeling fue erigido en Silla episcopal, y en 1851 se estableci\u00f3 un Vicaria\u00adto apost\u00f3lico para las Monta\u00f1as. En 1853 se fundaron nue\u00advas Sillas episcopales en Brooklyn, Burlington, Natchito\u00adches y Monterey y en 1855 en Portland. Alton y Fort\u00adWayne lo fueron en 1857, y en este mismo a\u00f1o La Florida y Salto Santa Mar\u00eda vinieron a ser residencias de dos Vica\u00adrios apost\u00f3licos, ambos Obispos <em>in partibus; <\/em>privilegio que alcanz\u00f3 Nebraska en 1859.<\/p>\n<p>A medida que crec\u00eda el n\u00famero de Obispos aumentaba tambi\u00e9n el de sacerdotes, iglesias, comunidades religiosas, seminarios, colegios, escuelas gratuitas, hospitales, hospicios y asociaciones piadosas. Los libros cat\u00f3licos, a principio de este siglo tan caros y raros, se multiplicaron gradualmente; hoy la prensa cat\u00f3lica ejerce poderosa influencia, contribu\u00adyendo no poco al adelanto de las ciencias y de la literatura.<\/p>\n<p>Dif\u00edcil por dem\u00e1s ser\u00eda fijar de un modo exacto el t\u00e9rmi\u00adno medio del aumento anual de la poblaci\u00f3n cat\u00f3lica en los Estados Unidos; se puede, no obstante, formar alguna idea por el hecho de establecer algunas sedes episcopales cada a\u00f1o, por las numerosas emigraciones de cat\u00f3licos alemanes \u00e9 landeses que llevaron a Am\u00e9rica su religi\u00f3n, su industria y parte de sus riquezas.<\/p>\n<p>En 1847 recibi\u00f3 el palio el digno Prelado que ocupaba la Silla de la archidi\u00f3cesis de San Luis; Baltimore hab\u00eda sido hasta entonces la \u00fanica sede arzobispal de los Estados Uni\u00addos. En 185o fueron establecidas otras cinco: Nueva Orleans, Nueva-York, Cincinnati, Oreg\u00f3n y San Francisco. De modo que de s\u00f3lo la provincia eclesi\u00e1stica de Baltimore se formaron siete; despu\u00e9s han sido creadas otras, todo lo cual dio nuevo impulso a la Religi\u00f3n cat\u00f3lica en este pa\u00eds, puesto que entonces apenas era conocido el catolicismo, a excepci\u00f3n de la Luisiana y el Maryland, y el Obispo de Baltimore, con s\u00f3lo veinticinco sacerdotes, ten\u00eda que proveer a las ne\u00adcesidades espirituales de los fieles dispersados sobre aquel vasto continente.<\/p>\n<p>Pero volvamos a la Luisiana. El pa\u00eds as\u00ed llamado abar\u00adcaba en su origen el inmenso territorio que hoy pertenece a los Estados Unidos, y que se extiende desde el Mississipi hasta el oc\u00e9ano Pac\u00edfico. Se le llam\u00f3 Luisiana en 1632, en honor de Luis XIII, entonces Rey de Francia. Seg\u00fan las m\u00e1s probables conjeturas y narraciones, fue visitada antes, en 1541, por Fernando de Soto, fundando la primera colo\u00adnia Herville, que fue del Canad\u00e1 en 1699. Antes de 1763 este territorio pertenec\u00eda a Francia.<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda del Mississipi pose\u00eda all\u00ed una buena porci\u00f3n de terreno que le hab\u00eda sido cedido, mas sus especulaciones no fueron muy felices. Al terminar la guerra de los france\u00adses en Am\u00e9rica, la Luisiana qued\u00f3 en poder de los ingleses, pasando poco despu\u00e9s a manos de los espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>En 1800 pas\u00f3 otra vez a poder de Francia, quien la ven\u00addi\u00f3 en 1803 a los Estados Unidos por 60 millones de francos. La di\u00f3cesis de la Luisiana comprend\u00eda todo el vasto territo\u00adrio de las dos Floridas, descubierto por Cabot en 1496, 6 m\u00e1s probablemente por Ponce de Le\u00f3n en 1512, quien la llam\u00f3 Florida por ser este pa\u00eds de la m\u00e1s rica y exuberante vegetaci\u00f3n En virtud de un tratado con Espa\u00f1a, las Floridas vinieron a ser propiedad de los Estados Unidos en 1821.<\/p>\n<p>Puede formarse alguna idea del triste estado del Catolicis\u00admo en la Luisiana y Floridas, al ver que en 1820 eran esca\u00adsamente unas veinte las comuniones pascuales que se hac\u00edan en Nueva Orleans. El Ilmo. Sr. Dubourg que, como hemos visto, fue enviado en 1812, se hizo en seguida cargo de las necesidades espirituales del pa\u00eds; por eso, luego que fue nombrado Obispo de Nueva Orleans en 1815, march\u00f3 a Roma con el fin de obtener sacerdotes que le ayudasen a cultivar esta porci\u00f3n del campo del Padre de familias que le hab\u00eda sido confiada. El n\u00famero de iglesias de esta di\u00f3cesis era muy corto: en Nueva Orleans no hab\u00eda m\u00e1s que una. San Luis ten\u00eda una capillita para los cat\u00f3licos angloameri\u00adcanos, y la capilla de las Ursulinas. Mas luego que este celo\u00adso Prelado obtuvo algunos sacerdotes, multiplic\u00e1ronse las iglesias, renaciendo la fe y la piedad entre los fieles. Una piadosa viuda, la Sra. Smith, cedi\u00f3 un terreno, en donde los Padres jesuitas establecieron el colegio de la Gran Ladera. Otro colegio se comenz\u00f3 en el mismo San Luis por la mis\u00adma Compa\u00f1\u00eda, y al Seminario de esta ciudad dio principio, como hemos visto, el Sr. De Andreis. Las se\u00f1oras del Sagra\u00addo Coraz\u00f3n abrieron un pensionado en la Gran Ladera, otro se erigi\u00f3 poco despu\u00e9s en San Miguel y un tercero en in Luis. La religi\u00f3n continu\u00f3 as\u00ed gradualmente, estableci\u00e9ndose y progresando con solidez, y buena prueba de ello el cambio verificado en el n\u00famero de comuniones pascuales, , que en 1838, s\u00f3lo en la ciudad de Nueva Orleans, lleg\u00f3 a 10.000.<\/p>\n<p>Este mismo a\u00f1o los Misioneros de San Vicente de Pa\u00fal, bajo los auspicios del Arzobispo, Ilmo. Sr. Blanc, comenzaron el Seminario diocesano en la parroquia de la Asunci\u00f3n. Este Seminario, lo mismo que la parroquia y la del Donaldsonville, fueron dirigidos por los Sres. Armengol, Bouillier, Chandy y otros. Incendiado el 28 de Febrero de 1855, construy\u00f3se otro en Jefferson-City merced a la pro tecci\u00f3n y apoyo del Sr. Delcros, siendo tambi\u00e9n encargado a los Hijos de San Vicente, quienes cuidaban de la parro\u00adquia. En 1858 la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se encarg\u00f3 de la<sup>&#8211;<\/sup>parroquia y del hospital de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>En 1829 las Hermanas de la Caridad, fundadas por la Sra. Set\u00f3n, tomaron la direcci\u00f3n del Asilo de hu\u00e9rfanos de Poydras , y m\u00e1s tarde del hospital de la Caridad. En 1844 una colonia de las mismas Hermanas se estableci\u00f3 en Do\u00adnaldsonville, en donde dirigieron una casa de hu\u00e9rfanos y una escuela. En 1851 se encargaron de la casa de salud, en la que permanecieron hasta su transformaci\u00f3n completa en el hospital general en 1858. En 1855 comenzaron las mis\u00admas una escuela en Bouligny, y un a\u00f1o despu\u00e9s la casa de hu\u00e9rfanos de Santa Isabel para los hu\u00e9rfanos ya adultos. Ensr858 abrieron un asilo, y en 186o a\u00f1adieron una escuela a los ya numerosos establecimientos que ten\u00edan en aquella ciudad. Desde 1850 los redentoristas trabajan con fruto en la salvaci\u00f3n de las almas, y su celo apost\u00f3lico ha recogido abundantes frutos en Lafayette, distrito confiado a su soli\u00adcitud. Los jesuitas establecidos en Nueva Orleans han he\u00adcho en esta ciudad un bien inmenso por medio de la edu\u00adcaci\u00f3n de la juventud y por el ejercicio del santo ministerio en una parroquia confiada a sus cuidados. En una palabra, a medida que crecen las necesidades espirituales, aumentan tambi\u00e9n las iglesias, escuelas, asociaciones piadosas y las sociedades de caridad.<\/p>\n<p>Cuando el Sr. De Andreis y sus compa\u00f1eros llegaron a San Luis, no hab\u00eda all\u00ed m\u00e1s que una miserable capilla cons\u00adtruida con maderos, visitada de tiempo en tiempo por un sacerdote que resid\u00eda en Florissant. La poblaci\u00f3n llegaba a unos cuatro mil habitantes, la mayor parte cat\u00f3lica, pero m\u00e1s bien de nombre que de pr\u00e1ctica. Toda la Alta Luisiana, que en 1326 constituy\u00f3 la di\u00f3cesis de San Luis, no ten\u00eda m\u00e1s que siete capillitas de madera, cuatro sacerdotes y ocho mil cat\u00f3licos. Las capillas estaban en San Luis, Santa Genoveva, Kaskaskia, Florissant, Pradera de Rocher, Cahokia y Nuevo Madrid. De los cuatro sacerdotes, tres eran de muy avanzada edad y murieron poco tiempo despu\u00e9s; el cuarto, Sr. Olivier, se retir\u00f3 a los Barrens, en donde, qued\u00e1ndose ciego y sordo, dio en su santa vejez los m\u00e1s edificantes ejemplos de piedad, muriendo a los doce a\u00f1os de su retiro en olor de santidad (1840). Por espacio de muchos a\u00f1os los la- zaristas (p3\u00fales) y los Padres jesuitas fueron los \u00fanicos sa\u00adcerdotes de la di\u00f3cesis de San Luis. Entre estos \u00faltimos el P. Van de Valde, m\u00e1s tarde Obispo de Natchez, el P. Elet y otros, hicieron grandes servicios a la Iglesia.<\/p>\n<p>El Sr. Rosati, Obispo de San Luis, reedific\u00f3 la iglesia, y construy\u00f3 una casa m\u00e1s c\u00f3moda en la que \u00e9l y su clero vi\u00adv\u00edan en comunidad. M\u00e1s tarde tuvo el buen Obispo el consuelo de construir una catedral que \u00e9l mismo consagr\u00f3 en 1834 con gran solemnidad. Dif\u00edcil es comprender c\u00f3mo encontr\u00f3 el Ilmo. Sr. Rosati medios para construir un tan magn\u00edfico edificio, sobre todo si se tiene en cuenta que en aquella \u00e9poca el material de construcci\u00f3n costaba sumas in\u00admensas. Por fortuna tuvo a su servicio al Hermano Oliva, coadjutor de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, excelente arqui\u00adtecto y escultor, el cual dirigi\u00f3 en gran parte la construcci\u00f3n de la fachada de la iglesia. Este magn\u00edfico edificio, que era no solamente el m\u00e1s hermoso monumento de la poblaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la iglesia m\u00e1s bella de todo el Oeste, propor\u00adcion\u00f3 a los cat\u00f3licos el medio para asistir a los diversos ofi\u00adcios y o\u00edr instrucciones en franc\u00e9s, ingl\u00e9s y alem\u00e1n. Los protestantes, atra\u00eddos unas veces por la curiosidad, guiados otras por sentimientos religiosos, acud\u00edan, sobre todo en las fiestas m\u00e1s solemnes, para contemplar las ceremonias del culto cat\u00f3lico; y muchas veces, tocados por la gracia, se apro\u00advechaban de las instrucciones y abrazaban la fe. Los cat\u00f3li\u00adcos alemanes aumentaron considerablemente, comenzando en 1839 tina iglesia, la de Santa Mar\u00eda, que terminaron felizmente en 1843.<\/p>\n<p>Las se\u00f1oras del Sagrado Coraz\u00f3n comenzaron su establecimiento en San Luis en 1835, en un terreno cedido para colegio por el juez Mullanphy. Esta misma Comunidad dirigi\u00f3 por espacio de veinticinco a\u00f1os el establecimiento de Florissant, gobernado hoy por las Hermanas de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Las Hermanas de la Caridad fundadas por la Sra. Set\u00f3n se establecieron en San Luis en 1827. El mismo juez Mullanphy les dio para hospital fin vasto terreno, sobre el que edificaron una casita de madera. Este hospital de San Luis fue el primer establecimiento cat\u00f3lico de este g\u00e9nero en los Estados Unidos. El Ilmo. Sr. Rosati les regal\u00f3 su pro\u00adpio reloj, que durante muchos a\u00f1os fue el \u00fanico que usa\u00adron. Su pobreza era tan extremada, que durante el primer invierno, teniendo en casa un enfermo de mucha gravedad, una de las Hermanas se crey\u00f3 autorizada a tornar dos trozos de le\u00f1a a un protestante, vecino suyo, a quien al d\u00eda siguiente refiri\u00f3 lo sucedido; este hombre, compadecido de tanta miseria, envi\u00f3 gran provisi\u00f3n de le\u00f1a al hospital. Otra colonia de las mismas Hermanas se encarg\u00f3 de un asilo de hu\u00e9rfanos, primero en una casa de madera, y m\u00e1s tarde en otro edificio m\u00e1s c\u00f3modo cerca de la catedral. San Luis con\u00adtaba ya en 1860 190.000 habitantes, de los cuales 95.000 eran cat\u00f3licos, y en 1859 hab\u00eda 30.000 comuniones pascua\u00adles. Posteriormente ha aumentado la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un tal progreso es verdaderamente digno de admiraci\u00f3n, y sin ejemplo, porque no creemos ni sabemos que en \u00e9pocas precedentes haya habido en ninguna parte del mundo un tan r\u00e1pido crecimiento de la fe cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Bueno y justo es que conozcamos qui\u00e9n es, despu\u00e9s de Dios, la fuente que ha producido tanto bien en los Estados Unidos, o mejor, que descubramos el principal instrumento de que Dios se ha querido servir para renovar la faz de una tierra tan est\u00e9ril a principios de este siglo. El primer instru\u00admento de la misericordia de Dios, fue el Ilmo. Sr. Luis Gui\u00adllermo Dubourg.<\/p>\n<p>\u00abYo debo dar gloria a Dios\u2014escrib\u00eda el Sr. De Andreis en 1816\u2014y rendir testimonio a la verdad. Puedo afirmar que despu\u00e9s de Dios, el m\u00e9rito de cuanto aqu\u00ed se ha obrado y se obrar\u00e1 es debido a los raros talentos, a la industria, expe\u00adriencia, actividad, prudencia, vigilancia, paciencia, celo, en una palabra, a la constancia de este hombre extraordinario. El Ilmo. Sr. Dubourg, hombre incomparable, servir\u00e1 de mo\u00addelo a las edades futuras. \u00c9l fue quien encuentra sujetos y recursos en abundancia; quien nos provee de dinero; quien nos dirige y recomienda a las personas m\u00e1s influyentes de cada comarca; quien nos prepara el camino, apartando todos los obst\u00e1culos, y quien, aun estando en Francia, gobierna todo tan admirablemente, que aqu\u00ed en Am\u00e9rica no hacemos m\u00e1s que seguir a ojos cerrados sus instrucciones. Su influen\u00adcia, sus agradables modales, predisponen los corazones en su favor y en favor de sus compa\u00f1eros. Bajo sus auspicios via jamos a trav\u00e9s de este inmenso pa\u00eds, encontrando en todas partes el m\u00e1s cordial recibimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Si poseemos un colegio para la educaci\u00f3n de la juven\u00adtud\u2014escrib\u00eda el Sr. De Andreis en 1819;\u2014si tenemos un pen\u00adsionado de Religiosas para las ni\u00f1as, un Seminario para los cl\u00e9rigos, una catedral en la que podemos celebrar con como\u00addidad los divinos Oficios, todo lo debemos a la actividad, a la discreci\u00f3n, a la intrepidez de su celo. Predica continua\u00admente, lo mismo en ingl\u00e9s que en franc\u00e9s, con un \u00e9xito por nadie alcanzado. Las numerosas conversiones que se obran; en una palabra, todo el bien que se practica, que gracias a Dios es muy grande, deben atribuirlo a \u00e9l. Se encuentra en todas partes; \u00e9l predica, confiesa, bautiza, celebra, asiste a los matrimonios, visita los enfermos, es todo a la vez, capit\u00e1n y soldado. Pasa gran parte de la noche contestando a las nu\u00admerosas cartas que recibe de Europa o de diversas partes de Am\u00e9rica; sobre \u00e9l pesa el trabajo diario de una di\u00f3cesis in\u00admensa. Dios quiera conservarle la salud, que si as\u00ed contin\u00faa, el bien que esperamos de un hombre tan apost\u00f3lico sobre\u00adpujar\u00e1 indudablemente cuanto pudiera imaginarse. La ma\u00adno de Dios le acompa\u00f1\u00f3 visiblemente, y s\u00f3lo ella puede tambi\u00e9n recompensarle debidamente: \u00ab<em>Notum est Domino <\/em><em>opus ejus\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>No debemos dejar pasar en silencio la parte que el ilus\u00adtr\u00edsimo Sr. Dubourg tuvo en la fundaci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad en los Estados Unidos. Hacia el fin del a\u00f1o 1806 conoci\u00f3 en Nueva York a la Sra. Set\u00f3n. Desde entonces le sugiri\u00f3 la idea de establecer en los Estados Unidos una sociedad que respondiese a los deseos que ella ten\u00eda de consagrarse a Dios viviendo en comunidad. \u00c9l fue quien m\u00e1s tarde procur\u00f3 a la Sra. Set\u00f3n y a sus compa\u00f1e\u00adras una casa en Baltimore; y nombrado Superior de la nueva comunidad por el Ilmo. Sr. Caroll, Arzobispo de esta ciu\u00addad, traz\u00f3 las primeras reglas de la naciente Congregaci\u00f3n. Derramada por su h\u00e1bil mano esta preciosa semilla sobre el suelo virgen de la Am\u00e9rica, recibi\u00f3 las bendiciones de la di\u00advina gracia, produciendo un \u00e1rbol lleno de savia que espar\u00adc\u00eda en torno de s\u00ed el buen olor de la divina caridad, hasta que la Providencia vino a injertarlo en el \u00e1rbol frondoso plantado m\u00e1s de doscientos a\u00f1os antes por San Vicente de Pa\u00fal. Hoy es una de las ramas de este \u00e1rbol inmenso, de ra\u00edces profundas que extiende su sombra sobre el mundo ente\u00adro, abrigando al hu\u00e9rfano, a la viuda, al enfermo, al anciano y al ni\u00f1o abandonado, socorriendo, en una palabra, todas las miserias humanas.<\/p>\n<p>Admirable fue la r\u00e1pida extensi\u00f3n de esta m\u00ednima comunidad de Am\u00e9rica. Ya en 1848 contaba m\u00e1s de trescientas Hermanas en treinta y seis establecimientos, asilos, escuelas y hospitales. En esta \u00e9poca, el Sr. Deluol, Superior de la comunidad, se ocup\u00f3 seriamente del proyecto de unir esta tan prospera familia a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Cari\u00addad, instituida por San Vicente. Durante muchos a\u00f1os, las Hermanas, despu\u00e9s de bien consultado, ofrecieron a Dios sus cotidianas oraciones para la realizaci\u00f3n de un proyecto, que hab\u00eda sido el objeto constante de los deseos de la se\u00f1ora Set\u00f3n, y que muchos a\u00f1os antes de su muerte hab\u00eda sido intentado por el Ilmo. Sr. Roseti, aunque sin fruto, porque no hab\u00eda llegado el momento se\u00f1alado por la Providencia. El Arzobispo de Baltimore, Sr. Euleston, primer Superior de esta comunidad, quien hab\u00eda tenido encargo de velar sobre sus constituciones, aprob\u00f3 completamente el plan propuesto por el Sr. Deluol. El Ilmo. Sr. Chauce, Obispo de Natches, de camino para Europa, tuvo precisi\u00f3n de visitar a Baltimo\u00adre; all\u00ed se encarg\u00f3 muy de su gusto de la comisi\u00f3n que le confiaron los Superiores de la nueva comunidad, es decir, de tratar de la deseada uni\u00f3n con el Sr. J. B. Etienne, Supe\u00adrior general de las dos familias fundadas por San Vicente, la de los sacerdotes de la Misi\u00f3n y la de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El Sr. Etienne, a las primeras propuestas que le fueron hechas por el Prelado, dio una respuesta que equival\u00eda a una formal negativa, pero que no desalent\u00f3 al digno intermedia\u00adrio. Despu\u00e9s de unos momentos de reflexi\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3 \u00e9ste: \u00abSe\u00f1or, si fuese la voluntad de Dios que esta uni\u00f3n se efec\u00adtuara, \u00bfse opondr\u00eda Ud. a ello?\u2014De ninguna manera\u2014re\u00adplic\u00f3 el Sr. Etienne;\u2014 pero no veo que esa sea la voluntad- de Dios.\u2014\u00bfQu\u00e9 pruebas quer\u00e9is para quedar convencido de que Dios quiere esta uni\u00f3n?\u2014 En primer lugar, es preciso que las Hermanas deseen unirse. y que, en consecuencia, se haga una petici\u00f3n oficial, formulada por sus Superiores. En segundo lugar, que el Arzobispo de Baltimore y la mayor\u00eda de los Obispos de las di\u00f3cesis en las que est\u00e1n dichas Her\u00admanas, den su consentimiento a esta medida. Y, por fin, que las Hermanas consientan en adoptar las reglas y costum\u00adbres de las Hijas de la Caridad de Europa\u00bb. Entonces el Ilmo. Sr. Chance present\u00f3 la carta que el Sr. Deluol le diri\u00adgi\u00f3, confi\u00e1ndole el encargo de tratar este asunto, a\u00f1adiendo que estaba completamente seguro del consentimiento gene\u00adral de los Obispos, puesto que \u00e9l mismo hab\u00eda hablado de este asunto con muchos de ellos. En cuanto a la tercera condici\u00f3n, la consideraba como consecuencia natural, que no dejar\u00eda de ponerse en caso que se realizara la uni\u00f3n. El Sr. Etienne, despu\u00e9s de examinar el documento presentado, no le encontr\u00f3 suficiente, y continu\u00f3 reclamando la petici\u00f3n oficial hecha por las Hermanas. Pretend\u00eda ganar tiempo para reflexionar y encomendarlo a Dios.<\/p>\n<p>El 5 de Abril de 1849 el Sr. Etienne escribi\u00f3 al Sr. Ma\u00adller, Visitador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en los Esta\u00addos Unidos, rog\u00e1ndole conferenciase con el Sr. Arzobispo de Baltimore, y visitase la casa de San Jos\u00e9 de Emmittsburg y preguntase a las Hermanas, y que hecho esto, fuese en persona a darle la respuesta. El Sr. Maller, despu\u00e9s de ha\u00adber ejecutado estas \u00f3rdenes, parti\u00f3 para Par\u00eds. Al mismo tiempo, el Sr. Deluol, a punto de embarcarse para Europa, hizo su \u00faltima visita a San Jos\u00e9, y con los m\u00e1s paternales sentimientos habl\u00f3 a las Hermanas de la pr\u00f3xima uni\u00f3n proyectada. Poco despu\u00e9s lleg\u00f3 a Par\u00eds para presentar la so\u00adlicitud en debida forma. El Sr. Etienne consinti\u00f3 entonces en que el Sr. Maller tomara la direcci\u00f3n de las Hermanas de los Estados Unidos; su uni\u00f3n perfecta con las de Europa se verific\u00f3 el 25 de Marzo de 1850, d\u00eda en que aqu\u00e9llas pronun\u00adciaron sus votos, seg\u00fan la forma prescrita por San Vicente a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>No se cambiaron, sin embargo, de repente todos los usos y costumbres; los Superiores juzgaron m\u00e1s oportuno el in\u00adtroducir las nuevas poco a poco, y solamente en las casas que lo solicitaban. Al principio, la novedad del traje llamaba la atenci\u00f3n del pueblo, que no hab\u00eda visto cosa igual; pero poco h poco se acostumbr\u00f3, y hasta lo encontr\u00f3 m\u00e1s hermoso y adaptado mejor que el precedente a los empleos de las Her\u00admanas, sobre todo para el servicio de los enfermos.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el hecho edificante de trescientas Herma\u00adnas que cambian de h\u00e1bito sin p\u00e9rdida de una sola vocaci\u00f3n, es un hecho tal vez \u00fanico en la historia de la Iglesia, y que dice mucho en favor del buen esp\u00edritu que animaba a las Hermanas de Am\u00e9rica. Dios, por lo mismo, bendijo su ge\u00adnerosidad aumentando en gran manera su n\u00famero; sus establecimientos crecieron tambi\u00e9n en importancia y en n\u00famero, y nuevas obras de caridad fueron confiadas a sus cuidados. En 1860 hab\u00eda en los Estados Unidos 800 Herma\u00adnas y 67 establecimientos, n\u00famero que no ha cesado de crecer desde entonces.<\/p>\n<p>Mientras vivi\u00f3 el Sr. De Andreis fue el alma de los con\u00adsejos del Ilmo. Sr. Dubourg; su brazo derecho en sus traba\u00adn), y su m\u00e1s celoso cooperador en el gran bien que produjo en su vasta di\u00f3cesis. Fue, adem\u00e1s, el primer Superior y fundador de los establecimientos de Misioneros de San Vicente de Pa\u00fal en Am\u00e9rica, y con sus instrucciones y ejem\u00adplos se formaron muy excelentes sujetos, a los que \u00e9l mismo llamaba \u00ab\u00e1ngeles de virtud\u00bb. Por medio de sus disc\u00edpulos la Religi\u00f3n se extendi\u00f3 tan prodigiosamente en la Baja Luisia\u00adna, de suerte que bien puede aplicarse a su breve vida las palabras de la Sagrada Escritura: <em>Consummatus in brevi, <\/em>etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>En pocos a\u00f1os hizo una larga carrera. La historia de su vida lo confirma plenamente; m\u00e1s frutos se deben acaso a sus m\u00e9ritos y a su intenci\u00f3n delante de Dios, que a todos los trabajos que despu\u00e9s se han hecho. Dios hizo respecto de la Iglesia de Am\u00e9rica lo que se dice del templo de Salom\u00f3n y del templo de la celestial Jerusal\u00e9n: ocult\u00f3 en sus cimien\u00adtos los zafiros, topacios y otras piedras preciosas; esto es, hombres de rara santidad y de virtud heroica.<\/p>\n<p>Tomado de Anales Espa\u00f1oles, Tomos I-II y III. A\u00f1os 1893, 1894 y 1895.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO XII Sus virtudes. \u2014Sencillez , prudencia, fortaleza, humildad y mansedumbre del Sr. De Andreis. 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A Vincenzo De Andreis","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"31\/07\/2016","format":false,"excerpt":"Roma 29 de julio de 1812 Mi querido hermano, A\u00fan recuerdo la promesa que te hice en mi \u00faltima carta de hace un a\u00f1o, de avisarte oportunamente de mi partida desde aqu\u00ed hacia nuestra regi\u00f3n de origen. 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