{"id":22590,"date":"2015-05-21T05:45:59","date_gmt":"2015-05-21T03:45:59","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=22590"},"modified":"2016-07-26T19:17:47","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:47","slug":"por-los-caminos-de-dios-y-de-los-pobres-itinerario-espiritual-de-san-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/por-los-caminos-de-dios-y-de-los-pobres-itinerario-espiritual-de-san-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Por los caminos de Dios y de los pobres. Itinerario espiritual de San Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/11\/vicentecristo.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-22591\" title=\"vicentecristo\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/11\/vicentecristo-208x300.jpg?resize=208%2C300\" alt=\"\" width=\"208\" height=\"300\" \/><\/a>Las numerosas ramas que componen la Familia Vicenciana, hoy esparcida por los cinco continentes, recibieron una gracia que las congrega en torno de una misi\u00f3n espec\u00edfica en el coraz\u00f3n de la Iglesia y del mundo. En la persona de San Vicente de Pa\u00fal, cuyos 350 a\u00f1os de su muerte estamos celebrando, el Esp\u00edritu suscit\u00f3 una nueva manera de seguir a Jesucristo, asumiendo su misi\u00f3n de evangelizar y servir a los pobres. Un modo espec\u00edfico de experimentar el amor de Dios y comunicarlo a los hermanos y hermanas. En las sendas abiertas por Vicente de Pa\u00fal, tenemos un bello y desafiador camino de santidad, capaz de conducirnos al sentido m\u00e1s profundo de nuestra vida y de nuestra libertad, a trav\u00e9s de la gratuidad y de la entrega, integrando oraci\u00f3n y acci\u00f3n. Veamos, entonces, qui\u00e9n es este hombre de Dios y de los pobres, tan identificado con la persona de Jes\u00fas y, por eso mismo, tan sensible y solidario con los dramas y las esperanzas de la humanidad. En este ensayo, intentaremos acompa\u00f1ar los pasos de la peregrinaci\u00f3n hist\u00f3rica de San Vicente, a partir de su manera propia de leer e interpretar los\u00a0 hechos de su vida, vislumbrando las principales indicaciones de su itinerario espiritual para nosotros, hoy.<\/p>\n<h2><strong>I \u2013 Una vida que interpela y atrae <\/strong><\/h2>\n<h3><strong>1.- Una infancia como las otras<\/strong><\/h3>\n<p>Para la mayor\u00eda de sus bi\u00f3grafos, Vicente de Pa\u00fal naci\u00f3 el d\u00eda 24 de abril de 1581, en la peque\u00f1a localidad de Pouy, sur de Francia. Investigaciones m\u00e1s recientes, sin embargo, s\u00f3lidamente fundadas en testimonios del propio Vicente, respecto de su edad, sit\u00faan su nacimiento en el a\u00f1o de 1580 (cf. SV III, 488; X, 252.283; XI,364). Era el tercero de los seis hijos de un matrimonio de campesinos. En casa, todos trabajaban para ayudar en los gastos, cada uno de acuerdo con sus capacidades. Al peque\u00f1o Vicente, le cab\u00eda la tarea de guardar el reba\u00f1o. <em>\u00abSoy hijo de un pobre labrador, y he vivido en el campo hasta la edad de quince a\u00f1os\u00bb <\/em>(SV IX, 81). La permanencia en el campo marc\u00f3 profundamente su modo de ser y deline\u00f3 su forma de percibir el mundo, ense\u00f1\u00e1ndolo a vivir honestamente, a valorar el trabajo, a no acomodarse a las facilidades y a confiar en Dios. El ambiente y las circunstancias a trav\u00e9s de los cuales una persona entra en la historia, de cierto modo, determinan su personalidad. Vicente no ser\u00e1 una excepci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>2.- Explorando talentos<\/strong><\/h3>\n<p>Percibiendo la habilidad de Vicente para los estudios, Juan de Pa\u00fal comenz\u00f3 a hacer planes para su futuro, entreviendo la posibilidad de una carrera rentable para el hijo. La familia dispuso de sus parcos recursos para financiar los estudios del joven en un colegio dirigido por los Franciscanos, en la ciudad vecina de Dax. Habiendo asumido como propias las ambiciones paternas, Vicente se destacaba por su aplicaci\u00f3n intelectual. Su inteligencia llam\u00f3 la atenci\u00f3n de un abogado, conocido de su familia por ser tambi\u00e9n juez en Pouy, el se\u00f1or De Comet, que lo invit\u00f3 a vivir en su casa, con el fin de que fuera preceptor de sus dos hijos adolescentes. Con el fruto de su trabajo, Vicente podr\u00eda costear su formaci\u00f3n, quitando un pesado fardo de las espaldas de su familia. Incentivado por el se\u00f1or De Comet, iniciaba su b\u00fasqueda de ascensi\u00f3n socio-econ\u00f3mica, teniendo ahora en el horizonte la promisoria carrera eclesi\u00e1stica. A pesar de sus ilusiones juveniles, Vicente se sent\u00eda verdaderamente atra\u00eddo por el sacerdocio. Y, como no quer\u00eda ser un padre superficial y mediocre, como tantos que viv\u00edan repartidos por la Francia de su tiempo, sab\u00eda valerse de sus pretensiones como est\u00edmulo para progresar en la b\u00fasqueda del saber. Paulatinamente, sus motivaciones ir\u00edan conform\u00e1ndose al fin \u00faltimo de su vocaci\u00f3n, a\u00fan encubierto por densas nubes. Parafraseando a Shakespeare, podr\u00edamos decir que, en el futuro, su <em>\u00abafecci\u00f3n definitiva\u00bb<\/em> ocupar\u00eda el lugar de su <em>\u00abprimitivo deseo\u00bb. <\/em><\/p>\n<h3><strong>3.- Peregrinando en torno de s\u00ed mismo<\/strong><\/h3>\n<p>En esta primera etapa da su vida, Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 volcado en s\u00ed mismo, centrado en sus ambiciones y en los intereses de su familia. Para \u00abhacer carrera\u00bb como sacerdote, inicia su formaci\u00f3n acad\u00e9mica, viviendo honestamente del fruto de su trabajo, una vez que nunca se mostr\u00f3 liviano en la b\u00fasqueda de sus objetivos. Frecuentando la Universidad de Toulouse, decide abrir una pensi\u00f3n para universitarios en la ciudad vecina donde viv\u00eda. De ah\u00ed, consegu\u00eda los recursos necesarios para su propia manutenci\u00f3n, orientando a los j\u00f3venes en sus estudios.<\/p>\n<p>En el d\u00eda 23 de septiembre de 1600, Vicente recibe la ordenaci\u00f3n presbiteral. Despu\u00e9s de muchos esfuerzos, llega donde quer\u00eda, con la esperanza de llevar una vida c\u00f3moda y ayudar a su familia, especialmente a su pobre madre que se qued\u00f3 viuda. En el a\u00f1o siguiente, es nombrado p\u00e1rroco de Tilh, muy cerca de su tierra natal. La oferta parec\u00eda corresponder muy bien a sus aspiraciones: oficio remunerado y proximidad en relaci\u00f3n a sus parientes. Pero su primer beneficio ser\u00e1 tambi\u00e9n su primera gran desilusi\u00f3n. Vicente nunca tom\u00f3 posesi\u00f3n de esa parroquia. El Concilio de Trento (1545-1563) exig\u00eda que los p\u00e1rrocos residiesen en sus sedes. \u00c9l, sin embargo, a\u00fan estudiaba en Toulouse. Adem\u00e1s, la Curia Romana hab\u00eda nombrado otro p\u00e1rroco. Vicente, reacio a discusiones y a\u00fan inexperto, no quiso entrar en desavenencia. Abandon\u00f3 el intento. En el mismo a\u00f1o, emprende su primer viaje a Roma, donde se siente envuelto en una atm\u00f3sfera de santidad (cf. SV I, 114). En 1604, concluye sus estudios, recibiendo, despu\u00e9s de siete a\u00f1os, el galard\u00f3n de licenciado en Teolog\u00eda. Estaba preparado para obtener un honesto beneficio, que garantizase su bienestar y el de su familia. Prosigue, entonces, en sus b\u00fasquedas. En ese per\u00edodo se sit\u00faa tambi\u00e9n la controvertida historia del cautiverio, seg\u00fan la cual Vicente de Pa\u00fal habr\u00eda sido capturado durante un viaje y vendido como esclavo. Todo eso fue relatado por \u00e9l en dos cartas (SV I, 1-17), ambas dirigidas a un hermano del se\u00f1or De Comet, su antiguo protector. En 1607, hace un segundo viaje a Roma, a\u00fan a la procura de beneficios, esta vez bajo la protecci\u00f3n de un vicelegado del Papa, que conoci\u00f3 en Avignon. Permanece en la \u00abCiudad Eterna\u00bb hasta el a\u00f1o siguiente, pero nada consigue. En medio de los fracasos y desilusiones de su camino, poco a poco, despierta a la necesidad de o\u00edr la voz de Dios.<\/p>\n<p>Hasta ese momento, los horizontes de Vicente a\u00fan son estrechos. Por eso, \u00e9l tendr\u00e1 que hojear el libro de la vida y las p\u00e1ginas de la existencia. Con el pasar del tiempo, redescubrir\u00e1 su vocaci\u00f3n como verdadero camino de santidad, no como carrera o como trampol\u00edn para \u00absubir en la vida\u00bb. En su interior, iba haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s claro que el camino de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica se contrapon\u00eda frontalmente al de la competici\u00f3n, del carrerismo y de la proyecci\u00f3n personal. Pero, para llegar a esa consciencia, Vicente precisar\u00e1 pasar por crisis purificadoras, enfrentar decepciones y desenga\u00f1os resultantes de sus elecciones, hacer necesarias rupturas e instaurar un nuevo proyecto de vida. En efecto, los caminos de la vida no son lineales. Hay momentos en que es preciso rehacer por completo el mismo recorrido, retrocediendo para avanzar con m\u00e1s vigor. Pasados los a\u00f1os, la madura percepci\u00f3n de Vicente con respecto de su vocaci\u00f3n trasparecer\u00e1 en el intento de disuadir a un joven sobrino que quer\u00eda conquistar <em>status<\/em> por medio del sacerdocio: <em>\u00abEn cuanto a m\u00ed, si hubiera sabido lo que era, cuando tuve la temeridad de entrar en este estado, como lo supe m\u00e1s tarde, hubiera preferido quedarme a labrar la tierra antes que comprometerme en un estado tan tremendo\u00bb<\/em> (SV V, 568). Y, cuando se trataba de discernimiento vocacional, Vicente se mostraba bastante juicioso, como en esta carta dirigida a un abogado que pretend\u00eda las ordenes sagradas: <em>\u00abEste ejemplo<\/em> [el de Nuestro Se\u00f1or, sacerdote eterno], <em>junto con la experiencia que tengo de los des\u00f3rdenes que provienen de los sacerdotes que no procuran vivir seg\u00fan la santidad de su car\u00e1cter, me obliga a advertir a los que me piden consejo para recibir el sacerdocio que no se comprometan a ello si no tienen una verdadera vocaci\u00f3n de Dios, una intenci\u00f3n pura de honrar a Nuestro Se\u00f1or por la pr\u00e1ctica de sus virtudes y las dem\u00e1s se\u00f1ales seguras de que su divina bondad les ha llamado a ello\u00bb<\/em> (SV VII,463). Hasta el final de su longeva existencia, Vicente continuar\u00e1 profundizando y transmitiendo esa convicci\u00f3n: <em>\u00abEs lo que le digo con frecuencia a los que pretenden el sacerdocio y lo que he dicho m\u00e1s de cien veces predicando a los pueblos del campo\u00bb<\/em> (SV VII,463). Desde dentro de anhelos frustrados, como en una densa niebla, sus horizontes parec\u00edan turbados. Disipada, sin embargo, la neblina, vencido el torbellino de las ilusiones y cesadas las l\u00e1grimas, la mirada de Vicente alcanzar\u00e1 distancias mayores y vislumbrar\u00e1 caminos antes imprevistos.<\/p>\n<h3><strong>4.- Peregrinando al encuentro de Dios y de los Pobres<\/strong><\/h3>\n<p>Despu\u00e9s de recorrer caminos tortuosos y oscuros en la busca de una posici\u00f3n social que le fuese rentable, el joven Padre Vicente llega a Par\u00eds. Estamos en el a\u00f1o\u00a0 1608. Comienza un tiempo de intensas b\u00fasquedas y de nuevos descubrimientos. As\u00ed escribe a su madre, hablando de sus desventuras: <em>\u00abLa estancia que a\u00fan me queda en esta ciudad, para recuperar la ocasi\u00f3n de ascenso (que me han arrebatado mis desastres), me resulta penosa por impedirme marchar a devolverle los servicios que le debo; pero espero de la gracia de Dios que \u00e9l bendecir\u00e1 mis trabajos y me conceder\u00e1 pronto el medio de obtener un honesto retiro, para emplear el resto de mis d\u00edas junto a usted\u00bb <\/em>(SV I, 18). Las frustraciones y desaf\u00edos enfrentados provocar\u00e1n una verdadera transformaci\u00f3n en su vida, cambiando sus perspectivas, acrisolando su fe y ayud\u00e1ndolo a despertar a otra forma de ser y de actuar. Su nueva visi\u00f3n le permitir\u00e1 decir, a\u00f1os despu\u00e9s, escribiendo a uno de sus Padres: <em>\u00abAs\u00ed pues, seamos firmes en esa querida confianza en Dios, que es la fuerza de los d\u00e9biles y el ojo de los ciegos. Y aunque las cosas no vayan seg\u00fan nuestros deseos y nuestras intenciones, no dudemos de que la Providencia las conducir\u00e1 adonde es preciso para nuestro bien\u00bb<\/em> (SV III, 149).<\/p>\n<p>En 1609, Vicente es injusta y p\u00fablicamente acusado de robo por un coterr\u00e1neo suyo, con el cual divid\u00eda el alquiler de una modesta casa en la periferia de Paris. La situaci\u00f3n no podr\u00eda ser m\u00e1s embarazosa, tanto en lo que dice respecto a su reputaci\u00f3n personal como en lo que se refiere a la repercusi\u00f3n de la noticia en su c\u00edrculo de amistades. Todo se aclara despu\u00e9s y el difamador obtiene el perd\u00f3n de Vicente. Una dolorosa experiencia que dej\u00f3 marcas profundas en su vida. Acusado de robo, \u00e9l hace la experiencia del pobre abandonado e incomprendido, que no tiene ninguna seguridad salvo Dios. Precis\u00f3 despojarse de sus vanidades e ilusiones para enfrentar la situaci\u00f3n conflictiva que lo envolv\u00eda. Su b\u00fasqueda de ascensi\u00f3n socio-econ\u00f3mica, sin embargo, continuaba latente, ahora bajo diferentes aspectos y levemente conmocionada por sus experiencias m\u00e1s recientes. Mucho tiempo despu\u00e9s, podr\u00e1 expresar as\u00ed su nueva perspectiva de fe: <em>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 tiene miedo del porvenir? \u00bfNo se cuida Dios de alimentar a los p\u00e1jaros, que ni siembran ni siegan? \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s habr\u00e1 de mostrarse bondadoso con sus servidores!\u00bb<\/em> (SV VII, 157).<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1610 hizo a Vicente avanzar en su lento proceso de maduraci\u00f3n humana y espiritual. Gracias a la influencia de un amigo, se hizo uno de los capellanes de la Reina Margarita de Valois, siendo encargado de la distribuci\u00f3n de limosnas a los pobres que diariamente ven\u00edan a la puerta del palacio y asumiendo la asistencia al Hospital de la Caridad, dirigido por los Hermanos de San Juan de Dios. A los 30 a\u00f1os, Vicente comienza a conocer de cerca el mundo de los desheredados de la historia, siempre en contraste con la opulencia de los palacios parisienses. Su coraz\u00f3n se queda inquieto delante de la situaci\u00f3n de completa indigencia de aquella multitud de abandonados. En el hospital, se choca con la dura realidad del sufrimiento y de la falta de cuidado. Lentamente, su coraz\u00f3n se\u00a0 abrir\u00e1 a la interpelante presencia de Cristo en los <em>\u00abm\u00e1s peque\u00f1os de sus hermanos\u00bb<\/em> (Mt 25,40): <em>\u00abdadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la fe que son \u00e9sos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser pobre\u00bb<\/em> (SV XI, 32). Para dejarse interpelar por el Se\u00f1or, el joven padre tendr\u00e1 que, primero, abrir los ojos a la realidad, con el fin de ver los pobres en su situaci\u00f3n concreta, disponi\u00e9ndose a recubrirles el oprobio de la indigencia con el manto de la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Bajo la sabia orientaci\u00f3n del Padre Pierre de B\u00e9rulle, el primero de sus grandes maestros espirituales, uno de los hombres m\u00e1s santos que ya conociera (cf. SV XI, 139), Vicente entra en contacto con las principales corrientes de espiritualidad de Francia. Le corresponder\u00e1 al Padre B\u00e9rulle despertarlo de sus ilusiones, acompa\u00f1\u00e1ndolo en el momento de crisis m\u00e1s decisivo de su vida. Su segundo director espiritual fue el Padre Andr\u00e9 Duval. A \u00e9l, <em>\u00abque era un gran doctor de la Sorbona, grande sobre todo por la santidad de su vida\u00bb<\/em> (SV XI, 154), Vicente confiaba las mayores inquietudes de su conciencia, manifestando profunda identificaci\u00f3n con la postura de Duval, hombre sabio y simple, cuyo testimonio lo impresionaba sobremanera. Con la ayuda recibida de sus maestros, prosigue en su peregrinaci\u00f3n a Dios, avanzando en su proceso de conversi\u00f3n, rescatando su propia verdad y reformulando sus esquemas mentales y pr\u00e1cticos.<\/p>\n<p>Entre los a\u00f1os de 1611 y 1616, aproximadamente, Vicente atraviesa el desierto de una profunda crisis espiritual. Un te\u00f3logo formaba parte de la comitiva de capellanes de la reina y conviv\u00eda con Vicente en el mismo palacio. Este amigo suyo le confi\u00f3 sus inquietudes y angustias, resultantes de una tentaci\u00f3n contra la fe. M\u00e1s tarde, \u00e9l mismo cay\u00f3 gravemente enfermo. Temiendo que las tentaciones contribuyesen a\u00fan m\u00e1s para el agravamiento de su estado de salud o que el te\u00f3logo viniese a fallecer prematuramente en aquellas condiciones de desolaci\u00f3n espiritual, Vicente se puso a acompa\u00f1arlo en el intento de superar el problema. Pasado alg\u00fan tiempo, el te\u00f3logo vio disiparse las tinieblas de la duda de su esp\u00edritu y comenz\u00f3 a ver ba\u00f1adas en radiante claridad las verdades de la fe, muriendo, despu\u00e9s, en medio a una consoladora paz. Comenz\u00f3, entonces, el tiempo de la prueba para Vicente de Pa\u00fal. La proximidad en relaci\u00f3n al te\u00f3logo despert\u00f3 en \u00e9l una serie de dudas y un exacerbado conflicto existencial. Ocioso, envuelto en sus ilusiones y ansiedades, pas\u00f3 a cuestionar su propia fe, sin, a\u00fan as\u00ed, perder de vista lo esencial. Sent\u00eda desmoronarse el edificio espiritual que ven\u00eda construyendo desde la infancia. Jam\u00e1s, sin embargo, titube\u00f3 en la esperanza de que Dios transformara el desierto en tierra f\u00e9rtil. Para eso, intensific\u00f3 su vida de oraci\u00f3n y se integr\u00f3 en el servicio caritativo, visitando y consolando los enfermos en el hospital. La tentaci\u00f3n dur\u00f3 de 3 a 4 a\u00f1os. Se libr\u00f3 de ella cuando, bajo el influjo del Esp\u00edritu Santo, tom\u00f3 la firme resoluci\u00f3n de consagrar toda su vida a Dios para el servicio de los pobres. Bajo el peso de la probaci\u00f3n, su esp\u00edritu fue siendo cuidadosamente lapidado. Su vocaci\u00f3n, entretanto, a\u00fan no hab\u00eda adquirido una forma determinada ni una actividad espec\u00edfica. Estaba en b\u00fasqueda. La peregrinaci\u00f3n ten\u00eda que continuar&#8230; Hab\u00eda aprendido con sus maestros que <em>\u00abel gran secreto de la vida espiritual es poner en sus manos todo lo que amamos, abandon\u00e1ndonos a nosotros mismos para todo lo que \u00e9l quiera, con una perfecta confianza en que todo ir\u00e1 mejor\u00bb<\/em> (SV VIII,255). Seguir\u00e1, hasta el fin, profundizando y comunicando ese descubrimiento.<\/p>\n<p>En 1612, nuevamente por influencia del Padre B\u00e9rulle, Vicente fue nombrado p\u00e1rroco de la peque\u00f1a aldea de Clichy, una parroquia geogr\u00e1ficamente extensa, pero poco poblada: 600 habitantes, cuya gran mayor\u00eda era de campesinos pobres. El celo pastoral lo consum\u00eda y realizaba. Restaur\u00f3 la iglesia y, con solicitud a\u00fan mayor, se puso a servicio de sus parroquianos: predicaba con entusiasmo, visitaba los enfermos, escuchaba con atenci\u00f3n, consolaba a los afligidos, socorr\u00eda a los pobres, animaba a los tristes. Otra de sus iniciativas fue reunir un peque\u00f1o grupo de j\u00f3venes (10 o 12) que aspiraban al sacerdocio. Uno de ellos, Antonio Portail, ser\u00eda el m\u00e1s constante de sus colaboradores, pasando toda su vida al lado del Padre Vicente. Ambos morir\u00edan en el mismo a\u00f1o (1660). La noticia de la dedicaci\u00f3n de Vicente lleg\u00f3 a las parroquias vecinas y estimul\u00f3 a otros a emprender esfuerzos semejantes en el ejercicio de la caridad pastoral con los fieles. Cada d\u00eda, Vicente era m\u00e1s estimado por sus parroquianos. Con todo, a\u00fan precisaba ampliar sus horizontes. Una vez m\u00e1s, B\u00e9rulle ser\u00eda la mediaci\u00f3n de la voluntad divina, invitando a Vicente, a finales de 1613, a dejar Clichy para trabajar en el palacio de una de las m\u00e1s ilustres familias de Francia: los Gondi. Con profundo pesar, el buen Padre Vicente se despide del pueblo a quien tanto aprendiera a amar. Conservar\u00e1, por alg\u00fan tiempo todav\u00eda, el t\u00edtulo de p\u00e1rroco, volviendo ocasionalmente a la parroquia. En torno de esa \u00e9poca, comienza a delinearse el perfil espiritual y misionero de Vicente de Pa\u00fal, conjugando armoniosamente la intimidad con Dios y la dedicaci\u00f3n a los m\u00e1s pobres. Su palabra se hac\u00eda cada vez m\u00e1s digna de credibilidad y su persona siempre muy apreciada por todos. Con raz\u00f3n, a la luz de su propia experiencia, podr\u00e1 afirmar, escribiendo al Padre Portail, en 1635: <em>\u00abHagamos lo que hagamos nunca creer\u00e1n en nosotros, si no mostramos amor y compasi\u00f3n hacia los que queremos que crean en nosotros\u00bb<\/em> (SV I, 295).<\/p>\n<p>En el palacio de los Gondi, Vicente asume la funci\u00f3n de preceptor de dos de los tres hijos del matrimonio, trabajo que le era familiar desde los tiempos de Dax. El oficio de capell\u00e1n inclu\u00eda el acompa\u00f1amiento de la familia en sus desplazamientos a las aldeas y poblados que compon\u00edan su vast\u00edsimo territorio. Poco a poco, Vicente encontrar\u00e1 su campo de actuaci\u00f3n en esas localidades rurales, visitando a los pobres y a los enfermos, escuch\u00e1ndolos, catequizando, predicando, exhortando a la reconciliaci\u00f3n con Dios y con los hermanos, pacificando conflictos e infundiendo esperanza. As\u00ed, Vicente iba conquistando la simpat\u00eda de los Gondi que pasar\u00e1n a ver en \u00e9l un hombre providencial. Margarita de Silly, la se\u00f1ora de Gondi, quiso tenerlo como su director espiritual. Orient\u00e1ndola para las obras de caridad y ayud\u00e1ndola a vivir unida a Dios, Vicente la incentivaba a salir de s\u00ed misma y a conquistar una gran libertad interior.<\/p>\n<h3><strong>5.- Dos experiencias emblem\u00e1ticas<\/strong><\/h3>\n<p>El a\u00f1o 1617 marca decisivamente la vida de Vicente de Pa\u00fal. En enero, \u00e9l se encuentra en el poblado de Gannes, cerca de Folleville, donde la familia de los Gondi ten\u00eda uno de sus castillos. Un enfermo, tenido como hombre honrado y virtuoso, solicita la presencia del padre junto a su lecho. Vicente oye la confesi\u00f3n de toda su vida. La consolaci\u00f3n y la alegr\u00eda fueron tan intensas que el hombre llega a declarar que, sin aquella confesi\u00f3n, habr\u00eda permanecido con su conciencia intranquila, <em>\u00aben estado de condenaci\u00f3n\u00bb<\/em>, como se dec\u00eda en la \u00e9poca. La se\u00f1ora de Gondi, sorprendida con lo que oy\u00f3, interpela a su director: <em>\u00ab\u00bfQue podemos hacer?\u00bb<\/em> Tal preocupaci\u00f3n se apodera del Padre Vicente, sin dejarlo descansar. Se realiza en \u00e9l la sugestiva comparaci\u00f3n de Shakespeare: <em>\u00abLa preocupaci\u00f3n queda de centinela en los ojos de cada hombre, all\u00ed donde la preocupaci\u00f3n encuentra guarida, el sue\u00f1o jam\u00e1s es conciliado\u00bb<\/em>. En el d\u00eda de la conversi\u00f3n de San Pablo, 25 de enero, predica en la iglesia de Folleville, exhortando a la confesi\u00f3n general. <em>\u00abFue el primer serm\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb<\/em> (SV XI, 5), dir\u00e1, mucho m\u00e1s tarde, a los miembros de su Congregaci\u00f3n. Sus palabras tocaron de tal manera el coraz\u00f3n de aquella comunidad que muchas personas corrieron a su encuentro para experimentar el don de la misericordia divina, a trav\u00e9s del sacramento de la reconciliaci\u00f3n. La confesi\u00f3n se constitu\u00eda en una ocasi\u00f3n privilegiada de evangelizaci\u00f3n. En aquella \u00e9poca, la asistencia a la Misa hasta podr\u00eda ser un acto meramente social, pero la confesi\u00f3n traduc\u00eda una adhesi\u00f3n personal de fe. Por tanto, otra circunstancia obligaba a Vicente a asumir decididamente la asistencia espiritual de aquella pobre gente. Los sacerdotes estaban concentrados en las ciudades, como hasta hoy ocurre, y los que permanec\u00edan en los campos participaban de la misma ignorancia del pueblo, conforme lo que \u00e9l mismo dijo a los Misioneros, en la conferencia de 25 de enero de 1655, haci\u00e9ndose eco de un lamento de la se\u00f1ora de Gondi: <em>\u00abal confesarse un d\u00eda la ci\u00adtada se\u00f1ora con su p\u00e1rroco, se dio cuenta de que \u00e9ste no le daba la absoluci\u00f3n, murmuraba algo entre dientes, haciendo lo mismo otras veces que se confes\u00f3 con \u00e9l\u00bb<\/em> (SV XI,170). En Folleville, Vicente de Pa\u00fal se encuentra con la realidad de un pueblo hambriento de Dios, espiritualmente abandonado por la Iglesia de su tiempo. Tal situaci\u00f3n se hac\u00eda a\u00fan m\u00e1s lastimosa debido a la precariedad moral y pastoral del clero, que ignoraba lo m\u00e1s elemental para el ejercicio de su ministerio. La gran mayor\u00eda de los eclesi\u00e1sticos de su tiempo prefer\u00eda vincularse a la nobleza, someti\u00e9ndose a sus caprichos para gozar de privilegios, t\u00edtulos, pompas y ventajas. Lo que antes parec\u00eda atraer su inter\u00e9s, le causa ahora repugnancia. Los rasgos de las ambiciones de otrora comienzan a sumergirse en la oscuridad de vagos recuerdos.<\/p>\n<p>De la semiente lanzada por el Esp\u00edritu en el terreno f\u00e9rtil del coraz\u00f3n de Vicente, nacer\u00e1 un prometedor brote: la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, con la finalidad de evangelizar los pobres de los campos, los m\u00e1s abandonados de la \u00e9poca. Hoy, para actualizar la genialidad misionera del santo fundador, precisamos preguntarnos d\u00f3nde se encuentran los pobres m\u00e1s abandonados, aquellos que tienen su dignidad constantemente humillada, a los cuales nadie quiere ir. Despu\u00e9s descubriremos que ya no se encuentran s\u00f3lo en los campos, sobre todo si consideramos el \u00e9xodo rural, caracter\u00edstico de los \u00faltimos tiempos, y el consecuente crecimiento de las metr\u00f3polis, con sus marginales escenarios de exclusi\u00f3n, abandono y violencia.<\/p>\n<p>Por fidelidad a su conciencia, deseando una mayor aproximaci\u00f3n al mundo de los pobres y con el apoyo del Padre B\u00e9rulle, Vicente decide dejar la casa de los Gondi. Siguiendo la orientaci\u00f3n de su director espiritual, va a la parroquia de Ch\u00e2tillon-les-Dombes. La situaci\u00f3n de la parroquia <em>\u00abrequer\u00eda mucho trabajo\u00bb<\/em> (SV XIII, 45). All\u00ed, se encontr\u00f3 con la situaci\u00f3n de una casa, en la que todos se encontraban enfermos, sin que hubiese uno siquiera para cuidar de los dem\u00e1s. La situaci\u00f3n de la familia era el retrato de una poblaci\u00f3n entera hambrienta de pan, carente de lo indispensable para una supervivencia digna. Nuevamente, Vicente toma la decisi\u00f3n de hablar sobre el problema en una predicaci\u00f3n, provocando a la comunidad y convoc\u00e1ndola a colocarse al servicio de aquella familia. El anuncio de la Palabra, para ser prof\u00e9tico, precisa tener en cuenta las alegr\u00edas y las esperanzas, los dolores y las angustias de la comunidad, con el fin de hacerla protagonista de los procesos de transformaci\u00f3n de su propia historia. La profec\u00eda no resuena en el vac\u00edo de las generalidades. Sobre aquel episodio, declar\u00f3, m\u00e1s tarde, el Padre Vicente: <em>\u00abEsto me toc\u00f3 sensiblemente el coraz\u00f3n; no dej\u00e9 de decirlo en el serm\u00f3n con gran sentimiento, y Dios, tocando el coraz\u00f3n de los que me escuchaban, hizo que se sintieran todos movidos de compasi\u00f3n por aquellos pobres afligidos\u00bb <\/em>(SV IX, 243). Toda la comunidad se moviliz\u00f3 para socorrer a la familia. La casa se llen\u00f3 de v\u00edveres. Vicente, percibiendo la gran generosidad que hab\u00eda en las personas, intuye la imperiosa necesidad de una caridad organizada, eficaz y duradera. Reuni\u00f3, entonces, a algunas mujeres del lugar y constituy\u00f3 la primera Cofrad\u00eda de la Caridad, redact\u00e1ndole un reglamento, aprobado el 8 de diciembre del mismo a\u00f1o (cf. SV XIII, 437-438). Las Cofrad\u00edas se difundieron r\u00e1pidamente por las tierras de los Gondi, en los lugares por donde Vicente pasaba predicando misiones (Villepreux, Joigny, Montmirail, etc). En el futuro, tambi\u00e9n los Misioneros tendr\u00e1n el cuidado de fundar, visitar y animar las Cofrad\u00edas, con el prop\u00f3sito de que la caridad consolidase los frutos de la misi\u00f3n. Con el paso del tiempo, Vicente percibir\u00e1 que no era suficiente encender el fuego, fundando Cofrad\u00edas. Adem\u00e1s de eso, era necesario avivar la llama, manteniendo el dinamismo en las mismas. Por eso, emprender\u00e1 significativos esfuerzos para animar y alentar a las Se\u00f1oras, invit\u00e1ndolas a salir al encuentro de las necesidades concretas de los pobres, asumiendo formas creativas y eficaces de intervenci\u00f3n en la realidad. En todas las \u00e9pocas, es necesario que surja alguien capaz de despertar las conciencias adormecidas, movilizando lo que hay de mejor en el interior de las personas y despert\u00e1ndoles la sensibilidad delante de los dramas de la humanidad carente de Dios, de pan y de afecto.<\/p>\n<p>En Folleville y Ch\u00e2tillon, Vicente descubre que no puede haber efectiva evangelizaci\u00f3n de los pobres si no hay empe\u00f1o en la satisfacci\u00f3n de sus necesidades y en la superaci\u00f3n de su situaci\u00f3n de abandono y miseria. As\u00ed, la caridad deber\u00eda concretar el contenido de la misi\u00f3n y el servicio deber\u00eda hacer visible y palpable la Buena Noticia anunciada a los pobres. Adem\u00e1s de eso, el Padre Vicente descubre el lugar central de los laicos, especialmente de las mujeres, en la evangelizaci\u00f3n y en la promoci\u00f3n humana. Su mirada, llena de compasi\u00f3n y ternura, como la de Cristo, se fij\u00f3 definitivamente sobre los pobres y sus necesidades. Vicente ya no corre para ocupar los primeros lugares que le garantizar\u00edan una vida tranquila y confortable. \u00c9l corre ahora para quedarse cada vez m\u00e1s cerca de los \u00faltimos, all\u00e1 donde ellos se encuentran. Como Pablo, por causa del Evangelio, se hace todo para todos, haci\u00e9ndose d\u00e9bil con los d\u00e9biles, con el fin de demostrar que el Reino les pertenece (cf.1Cor 9,22). He aqu\u00ed c\u00f3mo definir\u00e1 el proyecto de vida de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n: <em>\u00abPor tanto, un gran motivo que tenemos es la grandeza de la cosa: dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Je\u00adsucris\u00adto, decirles que est\u00e1 cerca el reino de los cielos y que ese reino es para los pobres. \u00a1Qu\u00e9 grande es esto! Y el que hayamos sido llamados para ser compa\u00f1eros y para participar en los planes del Hijo de Dios, es algo que supera nuestro en\u00adtendimiento\u00bb<\/em> (SV XII, 80).<\/p>\n<h3><strong>6.- Profundizando la vocaci\u00f3n y ampliando la misi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>En diciembre de aquel mismo a\u00f1o de 1617, despu\u00e9s de algunas resistencias, una vez m\u00e1s bajo la atenta mirada del Padre B\u00e9rulle, Vicente retorna al palacio de los Gondi, requerido por Margarita de Silly, atormentada por su ausencia. Dej\u00f3 Ch\u00e2tillon-les-Dombes con gran tristeza. Tendr\u00eda, sin embargo, que ampliar su campo de actuaci\u00f3n apost\u00f3lica. Promete permanecer junto a la Se\u00f1ora de Gondi hasta la muerte de la misma y, en contrapartida, establece algunas condiciones: quiere mayor libertad para disponer de su tiempo y de sus energ\u00edas para la realizaci\u00f3n de su proyecto misionero, evangelizar los pobres en los campos, a trav\u00e9s de las misiones, y establecer Cofrad\u00edas de la Caridad en los mismos lugares. Entre 1618 y 1625, el Padre Vicente predica misiones en m\u00e1s de 30 localidades de las tierras de los Gondi, contando, ocasionalmente, con la ayuda de otros sacerdotes. Villepreux, Joigny, Montmirail, Folleville, Courbon, Montreuil son algunos de esos lugares por donde pas\u00f3 el intr\u00e9pido misionero. En cada uno de ellos, establece la Cofrad\u00eda de la Caridad para dar continuidad al trabajo de promoci\u00f3n humana. Es notable la presencia constante de la Se\u00f1ora de Gondi junto al Padre Vicente, incentivando, animando y sustentando su acci\u00f3n misionera, visitando a los enfermos y a los pobres, pacificando discordias e interviniendo personalmente en situaciones dif\u00edciles. La orientaci\u00f3n del Padre Vicente, a su vez, contribu\u00eda para que esa generosa mujer adquiriese mayor madurez humana y espiritual. Como el territorio de los Gondi comprend\u00eda varias di\u00f3cesis francesas, el nombre de Vicente y su celo apost\u00f3lico enseguida fueron conocidos en todos los lugares. Su acci\u00f3n se expand\u00eda como c\u00edrculos conc\u00e9ntricos en torno de la progresiva conciencia de haber sido escogido por Dios para seguir a Jesucristo en su misi\u00f3n de evangelizar y servir a los pobres. Cuanto mayor era la proximidad en relaci\u00f3n al Padre Vicente, m\u00e1s intensa era la irradiaci\u00f3n de su testimonio. Muchos hombres y mujeres, laicos y cl\u00e9rigos, se sent\u00edan atra\u00eddos e interpelados por su ardor misionero. Cuando hablaba a los pobres, \u00e9l no lo hac\u00eda como un te\u00f3rico, sino como quien los conoc\u00eda por el nombre, sab\u00eda de su situaci\u00f3n y compart\u00eda sus dolores y anhelos m\u00e1s profundos. Prueba de eso es la recomendaci\u00f3n que hizo a un hermano, encargado de llevar mantenimientos a una regi\u00f3n devastada por la guerra: \u00ab<em>Pues bien, para distinguirlos bien, habr\u00eda que ver los pobres en sus casas, para conocer de cerca a los m\u00e1s necesitados y a los que no lo son tanto\u00bb <\/em>(SV VI, 222). Nuevamente, Shakespeare viene en nuestro auxilio para traducir esa vivencia: <em>\u00abNo se puede hablar de lo que no se siente\u00bb.<\/em> Entonces, Vicente sab\u00eda lo que estaba diciendo y de qui\u00e9n estaba hablando.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las experiencias emblem\u00e1ticas de Folleville y Ch\u00e2tillon, conducido por la mano de la Divina Providencia, Vicente de Pa\u00fal recorre su camino, en el intento de profundizar el significado y el alcance de su vocaci\u00f3n misionera. Sus convicciones se cristalizan, alimentando sus esperanzas, movilizando sus fuerzas y proyectando, con lucidez y vigor, su futuro. Felipe Emmanuel de Gondi era tambi\u00e9n General de las Galeras. Las Galeras eran grandes embarcaciones que posibilitaban la exploraci\u00f3n y el dominio de otros territorios. Uno de los m\u00e1s poderosos instrumentos de guerra de Francia del siglo XVII. En aquella \u00e9poca, hab\u00eda dos formas de condena por graves delitos: la pena de muerte y el trabajo forzado en esos nav\u00edos, en los que la muerte era lenta y precedida de atroces sufrimientos. Visitando a los condenados, Vicente da un paso significativo en su peregrinaci\u00f3n por el mundo de los pobres. Va al encuentro de los m\u00e1s abandonados, de aquellos que no eran contados, a los que, de hecho, nadie quer\u00eda ir. Cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, dir\u00e1 a las Hijas de la Caridad, algunas de ellas empe\u00f1adas en las mismas lides: <em>\u00abYo he visto a esas pobres gentes tratados como bestias; esto fue lo que hizo que Dios me llenara de compasi\u00f3n. Le dieron l\u00e1stima y luego su bondad hizo dos cosas en su favor: primero, hizo que compraran una casa para ellos; segundo, quiso disponer las cosas de tal modo que fueran servidos por sus propias hijas, puesto que decir una Hija de la Caridad es decir una hija de Dios\u00bb <\/em>(SV X,125)<em>.<\/em><\/p>\n<p>La confrontaci\u00f3n de su vida con las exigencias del Evangelio lo llev\u00f3 a\u00a0 radicalizar siempre m\u00e1s la opci\u00f3n que hiciera por los \u00faltimos. Adem\u00e1s de las visitas regulares a aquellos pobres hombres, tratados de manera deshumana y expoliados de sus derechos fundamentales, Padre Vicente no dejaba de intervenir frente al General de las Galeras para aliviar el dolor de los que encontraba en las celdas insalubres y oscuras de las prisiones y en los lechos infectos de las enfermer\u00edas de Paris y Marsella. La compasi\u00f3n de Vicente no era est\u00e9ril: se hac\u00eda pr\u00f3jimo, ve\u00eda el rostro concreto que se escond\u00eda por detr\u00e1s del sufrimiento, se compadec\u00eda de sus dolores, infund\u00eda esperanza, promov\u00eda la libertad, derramaba sobre todos el b\u00e1lsamo de la misericordia. Era su manera de hacer efectivo el Evangelio:<em> \u00abLos mismos condenados a las galeras, con los que estuve alg\u00fan tiempo, se ganan por ese medio. Cuando en alguna ocasi\u00f3n les habl\u00e9 secamente, todo se perdi\u00f3; por el contrario, cuando me compadec\u00ed de sus sufrimientos, cuando bes\u00e9 sus cadenas, cuando compart\u00ed sus dolores y mostr\u00e9 aflicci\u00f3n por sus desgracias, entonces fue cuando me escucharon, dieron gloria a Dios y se pusieron en estado de salvaci\u00f3n\u00bb<\/em> (SV IV,43). El se\u00f1or de Gondi r\u00e1pidamente se encarg\u00f3 de institucionalizar, perpetuar y ampliar la actuaci\u00f3n del Padre Vicente, creando, en 1619, el cargo de Capell\u00e1n General de las Galeras y confi\u00e1ndoselo a aquel hombre de indescriptible sensibilidad humana. Mientras peregrinaba por el mundo de los pobres, Vicente experimentaba, en lo m\u00e1s \u00edntimo de su ser, una progresiva evoluci\u00f3n espiritual. En este camino de santidad, entre rupturas y nuevas adhesiones, la Providencia lo conduc\u00eda, sirvi\u00e9ndose de personas y acontecimientos. Sobre todo por medio de los pobres, el mismo Cristo lo alcanzaba (cf. Fl 3,12). As\u00ed, San Vicente nos muestra que todo itinerario espiritual debe ser recorrido con los pies descalzos, soportando el polvo y los percances de las accidentadas veredas que nos conducen a Dios, pero siempre con la \u00a0cabeza erguida, con lucidez, optimismo y esperanza, contemplando la amplitud infinita a la que somos llamados. Los inevitables desaciertos no pueden enfriar los m\u00e1s aut\u00e9nticos anhelos de plenitud.<\/p>\n<p>Algunos encuentros marcan decisivamente la trayectoria del ser humano. El itinerario de San Vicente est\u00e1 caracterizado por encuentros, confrontaciones y desencuentros. Uno de los encuentros m\u00e1s sobresalientes fue con Francisco de Sales, obispo de Ginebra, que lo llev\u00f3 a la confrontaci\u00f3n consigo mismo y con las exigencias de su propia vocaci\u00f3n. Ese encuentro ocurri\u00f3 entre 1618 y 1619, dejando marcas indelebles en la vida del peregrino inquieto. Vicente ya hab\u00eda experimentado otro tipo de contacto con el obispo de Ginebra, a trav\u00e9s de la lectura de sus obras: <em>Introducci\u00f3n a la Vida Devota<\/em> (1608) y <em>Tratado del Amor de Dios<\/em> (1616). Entre los dos, se cre\u00f3 una profunda sinton\u00eda espiritual y una sincera amistad. Vicente se impresion\u00f3 con la bondad que flu\u00eda del coraz\u00f3n de Francisco de Sales, tal como declar\u00f3 en el proceso de beatificaci\u00f3n del obispo de Ginebra, en 1628: <em>\u00abRecordar\u00e9 aqu\u00ed que la suavidad de su bondad se desbordaba suavemente, como un ejemplo de devoci\u00f3n, sobre los que gozaban de su trato; yo mismo particip\u00e9 de esas delicias, pues me acuerdo de que, hace unos seis a\u00f1os, estando enfermo en la cama, repasaba en mi interior y daba vueltas a la idea de la bondad que Dios me hab\u00eda manifestado: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, Dios m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1nta tiene que ser tu suavidad, si fue tan grande la de tu siervo Francisco de Sales!\u00bb <\/em>(SV XIII, 67)<em>.<\/em> Francisco de Sales, a su vez, confi\u00f3 al Padre Vicente la orientaci\u00f3n de un monasterio de la Orden de las Hijas de Santa Mar\u00eda (Visitandinas), que acababa de fundar. Vicente ocupar\u00e1 ese cargo durante 38 a\u00f1os, de 1622 hasta el fin de su vida, vincul\u00e1ndose tambi\u00e9n a la figura venerada de la cofundadora, Santa Juana Francisca de Chantal, por quien sent\u00eda verdadera afecci\u00f3n filial (cf. SV II, 86).<\/p>\n<p>Teniendo a la vista la profundizaci\u00f3n de su discernimiento, realiz\u00f3 ejercicios espirituales en Soissons, en el a\u00f1o de 1621. En ese retiro, iluminado por la mansedumbre del obispo de Ginebra y movido por el deseo sincero de escrutar los designios de la Providencia, pidi\u00f3 al Se\u00f1or que suavizase su car\u00e1cter, con el fin de que pudiese adquirir una nueva manera de ser, de obrar e de relacionarse con los otros. El camino de Vicente de Pa\u00fal se caracterizar\u00e1 por esa b\u00fasqueda constante de superaci\u00f3n de sus propios l\u00edmites. No era un superhombre. Ten\u00eda plena conciencia de su humana fragilidad y de todas las ambig\u00fcedades que ella supon\u00eda. Pero nunca lo vemos pasivamente acomodado a sus imperfecciones y debilidades. En ese sentido, luchaba para vencer la rigidez caracter\u00edstica de su temperamento. Con el paso del tempo, se hizo un hombre afable en sus relaciones y un modelo de serenidad para todos aquellos que se aproximaban de \u00e9l. Nos llama la atenci\u00f3n su indescriptible capacidad de establecer v\u00ednculos duraderos de verdadera y tierna amistad, sin fijaciones posesivas y sin blindajes con prejuicios. Como su gu\u00eda espiritual, cuya suavidad era un reflejo de la bondad del Creador (cf. SV XIII, 78), deseaba ser transparencia de la ternura de Dios para todos: <em>\u00abMe dirig\u00eda a Dios y le ped\u00eda con insistencia cambiar este humor m\u00edo seco y repelente y me concediera un esp\u00edritu dulce y benigno y, por la gracia de Nuestro Se\u00f1or, mi atenci\u00f3n en contener los impulsos de la naturaleza hizo desaparecer un poco de mi humor sombr\u00edo\u00bb <\/em>(Abelly, III, 245). En efecto, la mansedumbre ser\u00e1 una de las cinco virtudes que Vicente presentar\u00e1 como rasgos esenciales de la fisonom\u00eda de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro legado espiritual de San Francisco de Sales, del que Vicente se apropi\u00f3 sobradamente, consiste en el reconocimiento de la santidad como don y compromiso de todos los cristianos, no s\u00f3lo de los cl\u00e9rigos y religiosos. De hecho, <em>estado de perfecci\u00f3n <\/em>es la propia vida cristiana, en la leg\u00edtima diversidad de sus expresiones. M\u00e1s de 300 a\u00f1os despu\u00e9s, el Concilio Vaticano II (1962-1965) corrobor\u00f3 categ\u00f3ricamente tal intuici\u00f3n: <em>\u00abtodos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, que es una forma de santidad que promueve, aun en la sociedad terrena, un nivel de vida m\u00e1s humano\u00bb <\/em>(LG 40). La doctrina salesiana era un est\u00edmulo para Vicente, comprometido en la tarea de encontrar laicas y laicos dispuestos a asumir la acci\u00f3n caritativa, acariciando ya el proyecto de reunir sacerdotes para la evangelizaci\u00f3n de los pobres. Por eso, a todos recomendaba con insistencia la lectura de las obras del obispo de Ginebra.<\/p>\n<p>Vicente contin\u00faa predicando misiones en las tierras de la familia de Gondi. Margarita de Silly, en 1620, le pide que se encargue de la orientaci\u00f3n de tres herejes que viv\u00edan en el territorio de la parroquia de Montmirail, con el fin de que emprendiesen el camino de la conversi\u00f3n y volviesen a la comuni\u00f3n eclesial. Cierta vez, uno de esos hombres, el m\u00e1s reticente de todos, present\u00f3 la siguiente objeci\u00f3n: <em>\u00abSeg\u00fan usted &#8211; le dijo -, la Iglesia de Roma est\u00e1 dirigida por el Esp\u00edritu Santo; pero yo no lo puedo creer, puesto que, por una parte, se ve a los cat\u00f3licos del campo abandonados en manos de unos pastores viciosos e ignorantes, que no conocen sus obligaciones y que no saben siquiera lo que es la religi\u00f3n cristiana; y, por otra parte, se ven las ciudades llenas de sacerdotes y de frailes que no hacen absolutamente nada; puede que en s\u00f3lo Par\u00eds haya hasta 10.000, mientras que esas pobres gentes del campo se encuentran en una ignorancia espantosa, por la que se pierden. \u00bfY quiere usted convencerme de que esto est\u00e1 bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo? No puedo creerlo\u00bb. <\/em>Aquella provocaci\u00f3n despert\u00f3 en el Padre Vicente un celo a\u00fan mayor por el anuncio de la Buena Nueva a los pobres. En 1621, un a\u00f1o despu\u00e9s de la misi\u00f3n de Montmirail, pasa por algunas ciudades vecinas y cu\u00e1l no es su sorpresa cuando, en una de ellas, se encuentra con aquel hombre. El hereje de otrora guardaba l\u00edmpido el recuerdo del buen Padre Vicente. Vino, entonces, para escucharlo y se qued\u00f3 impresionado con la humildad de aquel sacerdote tan dedicado, con la simplicidad del m\u00e9todo adoptado, con su capacidad de adaptaci\u00f3n a las circunstancias del lugar. Se dirigi\u00f3 al Padre Vicente para hablar de su deseo de volver al seno de la Iglesia: <em>\u00abAhora he visto que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a la Iglesia romana, ya que se preocupa de la instrucci\u00f3n y salvaci\u00f3n de estos pobres aldeanos. Estoy dispuesto a entrar en ella cuando usted quiera recibirme\u00bb.<\/em> Despu\u00e9s de algunas otras vacilaciones y de un acompa\u00f1amiento m\u00e1s constante, el hereje se adhiri\u00f3 a la fe delante de la comunidad reunida, atra\u00eddo por la autenticidad del testimonio de Vicente de Pa\u00fal. M\u00e1s tarde, haci\u00e9ndose eco del acontecimiento, declar\u00f3 el Padre Vicente a sus Misioneros: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha para nosotros los misioneros poder demostrar que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a su Iglesia trabajando como trabajamos por la instrucci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de los pobres!\u00bb <\/em>(SV XI, 37). La medida de nuestra abertura al don del Esp\u00edritu puede ser verificada en la constancia de nuestro compromiso con los pobres. Vicente vio en el servicio a los \u00faltimos una se\u00f1al inconfundible de que el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda la Iglesia. Distanciarse de ellos corresponder\u00eda, por tanto, a cerrarse a la acci\u00f3n transformadora del Esp\u00edritu. La l\u00edmpida coherencia del procedimiento de Vicente nos remite a lo que dijo Pablo VI en la <em>Evangelii Nuntiandi: \u00abPara la Iglesia, el primer medio de evangelizaci\u00f3n consiste en un testimonio de vida aut\u00e9nticamente cristiana, entregada a Dios en una comuni\u00f3n que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al pr\u00f3jimo con un celo sin l\u00edmites. El hombre contempor\u00e1neo escucha m\u00e1s a gusto a los que dan testimonio que a los que ense\u00f1an, o si escuchan a los que ense\u00f1an, es porque dan testimonio\u00bb <\/em>(n.41). En todos los tiempos y lugares, las personas no est\u00e1n procurando alguien que les ense\u00f1e infaliblemente todas las verdades; quieren encontrar s\u00f3lo alguien que les escuche y comprenda, justamente cuando ya no consiguen entender o soportarse a s\u00ed mismas.<\/p>\n<h3><strong>7.- Gestaci\u00f3n y Consolidaci\u00f3n de sus Obras<\/strong><\/h3>\n<p>Vicente experimenta a Dios en acontecimientos relevantes de su vida, saboreando su gracia que conforta, su fuerza que revitaliza, su presencia que encanta y su misterio que fascina.De esa experiencia derivan convicciones que van cristaliz\u00e1ndose con el pasar del tiempo. Vicente no retiene para s\u00ed mismo el don que le es comunicado. Lo comparte a trav\u00e9s de sus fundaciones. Ya vimos lo determinantes que fueron los episodios de Folleville y Ch\u00e2tillon y c\u00f3mo naci\u00f3 la Cofrad\u00eda de la Caridad, en 1617. Ocho a\u00f1os despu\u00e9s, en 1625, nace oficialmente la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Para eso, la Providencia se sirvi\u00f3 de dos mediaciones humanas: Margarita de Silly, la se\u00f1ora de Gondi, a quien se atribuye la iniciativa de formar una comunidad de sacerdotes para sustentar y ampliar la actividad apost\u00f3lica de Vicente de Pa\u00fal entre los pobres de los campos; y el Padre Andr\u00e9Duval, que orient\u00f3, con prudencia y sabidur\u00eda, el discernimiento de Vicente, haciendo que \u00e9l captase las llamadas que Dios le hac\u00eda por medio de su propia conciencia, de los acontecimientos y de las personas. Seducido por el Dios de los pobres, por los pobres de Dios, interpelado por la propuesta que la se\u00f1ora de Gondi le hiciera y conducido por el Padre Duval, Vicente resolvi\u00f3 aceptar el desaf\u00edo. Lentamente, procur\u00f3 llevarlo a buen t\u00e9rmino, ya que no quer\u00eda <em>\u00abadelantarse a la Providencia\u00bb<\/em>. M\u00e1s tarde revelar\u00e1 el secreto de su prudencia, escribiendo a un cohermano: <em>\u00abSiento una devoci\u00f3n especial en ir siguiendo paso a paso la adorable providencia de Dios\u00bb<\/em> (SV II, 208). El d\u00eda 17 de abril,firma el contrato de fundaci\u00f3n con los Gondi, asumiendo el compromiso de dedicarse enteramente a la salvaci\u00f3n de los pobres de los campos, con la ayuda de otros sacerdotes que deber\u00edan formar con \u00e9l una comunidad misionera. La familia de Gondi, a su vez, asumir\u00eda la tarea de mantener financieramente el trabajo del Padre Vicente y de aquellos que \u00e9l tendr\u00eda que reunir en torno de la misi\u00f3n de evangelizar a los pobres. La finalidad de la Comunidad estaba muy clara desde el inicio: <em>\u00abEllos se dedicar\u00e1n entera y exclusivamente a la salvaci\u00f3n del pobre pueblo, yendo, a expensas de su bolsa com\u00fan, de aldea en aldea, para predicar, instruir, exhortar y catequizar a todos, llev\u00e1ndolos a hacer una buena confesi\u00f3n general de toda la vida pasada\u00bb <\/em>(SV XIII,197). A los 45 a\u00f1os, Vicente de Pa\u00fal, seguro de la voluntad de Dios con respecto a \u00e9l, se sent\u00eda preparado para asumir los desaf\u00edos y tareas que lo esperaban en el mundo de los pobres. Es el tiempo de la madurez creadora.<\/p>\n<p>Un acontecimiento inesperado:dos meses despu\u00e9s de la firma del contrato, el 23 de junio de 1625, fallece Margarita de Silly, a los 42 a\u00f1os de edad. El Padre Vicente procurar\u00e1 mantener viva su memoria, refiri\u00e9ndose a ella como <em>\u00abnuestra fundadora\u00bb<\/em> (SV III, 399). Llegaba al fin la misi\u00f3n de Vicente junto a los Gondi. Se traslad\u00f3, entonces, con su incipiente Comunidad, al Colegio de <em>Bons-Enfants<\/em>, oferta del arzobispo de Paris, Juan Francisco de Gondi, hermano del General de las Galeras. El 24 de abril de 1626, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n recibe la aprobaci\u00f3n del referido arzobispo. El d\u00eda 4 de septiembre, Vicente de Pa\u00fal, Antonio Portail, Francisco Du Coudray y Juan de la Salle firman el Acta de Asociaci\u00f3n. Y, el d\u00eda 12 de enero de 1633, la Congregaci\u00f3n recibe la aprobaci\u00f3n pontificia, por medio de la bula <em>\u00abSalvatoris Nostri\u00bb, <\/em>del Papa Urbano VIII. El empe\u00f1o en <em>\u00abrevestirse del esp\u00edritu de Cristo\u00bb<\/em>, conforme a recomendaci\u00f3n paulina (Rm 13,14), ser\u00e1 siempre el eje dinamizador de la vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda: <em>\u00abAs\u00ed, pues, dice la Regla, para hacer esto, lo mismo que para tender a la perfecci\u00f3n, tenemos que revestirnos del esp\u00edritu de Jesucristo. \u00a1Cu\u00e1n importante negocio es este de revestirnos del esp\u00edritu de Jesucristo! Eso quiere decir que, para perfeccionarnos y para atender \u00fatilmente el pueblo, tenemos que esforzarnos para imitar la perfecci\u00f3n de Jesucristo y procurar llegar a ella. Esto significa tambi\u00e9n que no podemos nada por nosotros mismos. Tenemos que llenarnos y dejarnos animar por este esp\u00edritu de Jesucristo\u00bb <\/em>(SV XII,107-108).<\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n oficial de la Misi\u00f3n, nace la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Nuevamente, la Providencia se sirvi\u00f3 de mujeres para revelar sus designios a Vicente de Pa\u00fal. La primera de ellas fue Luisa de Marillac.Alrededorde 1624, el Padre Vicente asume la direcci\u00f3n espiritual de esa viuda inquieta y de grandes cualidades, que han de ser explotadas. Entre ambos habr\u00e1 siempre una permuta de dones: Vicente procurar\u00e1 potenciar las virtudes y los talentos de Luisa, dirigiendo su dinamismo y su creatividad para el servicio de los pobres. Luisa, a su vez, ser\u00e1 la m\u00e1s indispensable de las colaboradoras de Vicente de Pa\u00fal en las tareas de la caridad, ayud\u00e1ndolo, con su notable sensibilidad, a descubrir caminos y a emprender nuevos proyectos. El segundo instrumento de la Providencia fue Margarita Naseau. En 1630, Vicente encuentra a esa joven campesina, llena del m\u00e1s vivo deseo de dedicar toda su vida al servicio de los pobres. En el testimonio de Margarita, el Padre Vicente vislumbrar\u00e1 la m\u00e1s n\u00edtida inspiraci\u00f3n para la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Hubo, adem\u00e1s, otra se\u00f1al: la percepci\u00f3n de que las Cofrad\u00edas de la Caridad, iniciadas en Ch\u00e2tillon y, desde 1629, implantadas en Paris, comenzaban a presentar grandes lagunas en la atenci\u00f3n a los pobres. Despu\u00e9s del entusiasmo inicial, las Se\u00f1oras de la capital comenzaron a considerar demasiado extenuante el servicio prestado. Pasaron a confiar sus tareas a sus empleadas que, a su vez, realizaban el trabajo con impresionante celo, habilidad y dedicaci\u00f3n. Haciendo lo posible para reestructurar las Caridades, Vicente ensanch\u00f3 sus horizontes: empez\u00f3 a pensar en un grupo de j\u00f3venes que se consagrasen enteramente a Dios para el servicio desinteresado y humilde a los m\u00e1s abandonados. Como siempre, permaneci\u00f3 a la espera de las se\u00f1ales de la Providencia. Despu\u00e9s de Margarita Naseau, vinieron otras j\u00f3venes atra\u00eddas por su ejemplo. Cuando llegaban a Paris, eran confiadas a Luisa de Marillac, que les ofrec\u00eda s\u00f3lida formaci\u00f3n humana, espiritual y apost\u00f3lica. Poco a poco, iba constituy\u00e9ndose una comunidad de mujeres consagradas a Dios para el servicio de los pobres, estimuladas por la caridad de Jesucristo (cf. 2Cor 5,14). Debidamente preparadas, colaboraban con las Se\u00f1oras de la Caridad en las parroquias. Estaban, inicialmente, vinculadas a las Cofrad\u00edas, por no tener a\u00fan autonom\u00eda jur\u00eddica. Mientras tanto, Luisa de Marillac se encargaba de seleccionar y orientar a las j\u00f3venes que ir\u00edan a constituir la Compa\u00f1\u00eda. El 29 de noviembre de 1633, un peque\u00f1o grupo se instal\u00f3 en la casa de Luisa para dar inicio a la Comunidad que tendr\u00eda como eje fundamental: Darse a Dios para el servicio de los pobres. <em>\u00abEl fin principal para el cual Dios llam\u00f3 y reuni\u00f3 a las Hijas de la Caridad es honrar y venerar Nuestro Se\u00f1or Jesucristo como manantial y modelo de toda caridad, sirvi\u00e9ndolo corporal y espiritualmente en la persona de los pobres\u00bb <\/em>(RC I, 1). La originalidad de la intuici\u00f3n fundacional reside, sobre todo, en la ruptura con un modelo de vida religiosa agotado y contraproducente, contaminado de formalismos est\u00e9riles que cercenaban el dinamismo apost\u00f3lico, aislando a las religiosas en la austeridad de los claustros. En la vanguardia de una nueva auto-comprensi\u00f3n de la vida consagrada, el fundador no dud\u00f3 en delinear el perfil de la Compa\u00f1\u00eda, se\u00f1alando la Caridad como eje definidor de su identidad: <em>\u00abTendr\u00e1n, ordinariamente, como monasterio las casas de los enfermos; por celdas, cuartos de alquiler; por capillas, las parroquias; por claustros, las calles de la ciudad o las salas de los hospitales; por clausura, la obediencia; por rejas, el temor de Dios; y por velo, la santa modestia\u00bb <\/em>(RC I,2). Margarita Naseau falleci\u00f3 algunos meses antes de la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, el d\u00eda 24 de febrero de 1633, v\u00edctima de su compasi\u00f3n heroica, por haber compartido su lecho con una pobre mujer afectada por la peste. Con raz\u00f3n fue llamada por San Vicente: <em>\u00abla primera Hija de la Caridad\u00bb <\/em>(SV IX,77). Lo que fueron la confesi\u00f3n de Gannes y el serm\u00f3n de Folleville para la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n fueron el testimonio de Margarita Naseau y la experiencia de Ch\u00e2tillon para las Hijas de la Caridad. Para Vicente de Pa\u00fal, todo acontecimiento es lugar de la manifestaci\u00f3n\u00a0 de Dios: <em>\u00abNo podemos conocer mejor la voluntad de Dios en todos los acontecimientos que cuando ocurren sin nuestra intervenci\u00f3n o de una forma distinta de como lo ped\u00edamos\u00bb<\/em> (SV V, 453). Penetrar el inagotable misterio divino que se va desvelando en la historia ser\u00e1 siempre la ventura y la aventura de la existencia humana.<\/p>\n<p>Vicente estaba convencido de que, en el origen de cada una de sus Comunidades, estaba la moci\u00f3n del Esp\u00edritu. Nunca atribuy\u00f3 a s\u00ed mismo la iniciativa de ninguna de ellas (cf. SV IX, 232). \u00c9l contemplaba sus fundaciones como obras del amor de Dios por los m\u00e1s pobres y recomendaba a los Misioneros y a las Hermanas una correspondencia libre y generosa a la iniciativa del Se\u00f1or <em>\u00abque ama a los pobres y a aquellos que los sirven\u00bb <\/em>(SV XI, 392). Cierta vez, como en tantas otras ocasiones, asegur\u00f3 a las Hijas de la Caridad: <em>\u00abPuede decirse que, en verdad, fue Dios quien hizo su Compa\u00f1\u00eda\u00bb<\/em> (SV IX, 202)<em>. <\/em>Quer\u00eda ofrecer a la Iglesia hombres y mujeres profundamente enraizadas en Dios y llenas del m\u00e1s vivo amor por los pobres. Su perspectiva vocacional trasparece en la bella oraci\u00f3n que brot\u00f3 de su coraz\u00f3n en un coloquio con los Padres y Hermanos de la Misi\u00f3n: <em>\u00abSe\u00f1or, env\u00eda buenos operarios a tu Iglesia, pero que sean buenos de verdad; env\u00eda buenos misioneros, tal como deben ser, para trabajar bien en tu vi\u00f1a; personas, \u00a1oh Dios m\u00edo!, que sean desprendidas de s\u00ed mismas, de sus propias comodidades y de los bienes de la tierra, que sean buenos de verdad, aunque sean en menos n\u00famero. Se\u00f1or, concede esta gracia a tu Iglesia\u00bb <\/em>(SV XI, 357).<\/p>\n<h3><strong>8.- Formador del Clero<\/strong><\/h3>\n<p>El Concilio de Trento se propuso redefinir la vida y la misi\u00f3n de la Iglesia frente a los desaf\u00edos de la modernidad en emergencia. En ese per\u00edodo, despuntaron varios reformadores, hombres compenetrados de profunda sensibilidad eclesial, que intuyeron la urgente necesidad de formar adecuadamente al clero, de acuerdo con el esp\u00edritu del Concilio, ofreciendo a la Iglesia pastores de considerable envergadura espiritual y apost\u00f3lica. Entre ellos, merecen ser destacados: P. de B\u00e9rulle, A. Bourdoise, J.J. Olier, J. Eudes y Vicente de Pa\u00fal, todos fundadores de comunidades dedicadas a la formaci\u00f3n de buenos sacerdotes. Para Vicente, se trataba de una tarea indispensable para que la evangelizaci\u00f3n adquiriese su eficacia y produjese frutos de vida y santidad entre los pobres. En el sentir de San Vicente, la evangelizaci\u00f3n de los pobres s\u00f3lo ser\u00eda verdaderamente eficaz y duradera si hubiese buenos pastores que, permaneciendo al lado del pueblo, diesen continuidad al trabajo iniciado por los Misioneros. Por causa de los pobres, su primer amor, asume el gigantesco desaf\u00edo de la formaci\u00f3n de sacerdotes celosos, santos y sabios: <em>\u00abAhora bien, trabajar por la salvaci\u00f3n de la pobre gente del campo, eso es lo capital de nuestra vocaci\u00f3n, y todo el resto no es sino accesorio; pues jam\u00e1s hubi\u00e9semos trabajado con los ordenandos, en los seminarios de los eclesi\u00e1sticos, si no hubi\u00e9semos juzgado que era necesario para sostener al pueblo y conservar el fruto que dan las misiones cuando hay buenos eclesi\u00e1sticos\u00bb <\/em>(SV XI,133).<\/p>\n<p>Un acontecimiento m\u00e1s le sirve de se\u00f1al indicativa de la voluntad de Dios: en 1628, se encuentra con el obispo de Beauvais, que llama su atenci\u00f3n sobre la necesidad de preparar convenientemente a los que se presentaban para abrazar el ministerio ordenado. La primera experiencia fue un retiro para los que serian ordenados, experiencia que luego se irradi\u00f3 por otras di\u00f3cesis da Francia. En 1631, el arzobispo de Paris conf\u00eda a Vicente de Pa\u00fal la preparaci\u00f3n de sus candidatos a las \u00f3rdenes. Nacen, entonces, los Ejercicios para los Ordenandos, primera gran iniciativa de Vicente en favor de la reforma del clero. En Paris, los Ejercicios duraban 11 d\u00edas y contaban con la participaci\u00f3n de 70 a 90 cl\u00e9rigos. Ese fue el primer paso de un tit\u00e1nico empe\u00f1o, cuyo punto de partida no era otro sino el continuo redescubrimiento de la excelencia de la vocaci\u00f3n sacerdotal y de sus exigencias intr\u00ednsecas, como, por ejemplo, una preparaci\u00f3n consistente, juiciosa e integradora. En todos los lugares donde la Congregaci\u00f3n se establec\u00eda, los Misioneros eran encargados del acompa\u00f1amiento espiritual de los ordenandos. En los a\u00f1os posteriores, los Ejercicios habr\u00edan de convertirse en un largo y cuidadoso proceso de formaci\u00f3n. Perdurar\u00e1n hasta 1643, cuando se da la estructuraci\u00f3n de los primeros seminarios diocesanos.<\/p>\n<p>La segunda gran iniciativa de Vicente, en el \u00e1mbito de la formaci\u00f3n del clero, fueron las Conferencias de los Martes (1633), destinadas asacerdotes que hab\u00edan participado de los Ejercicios y sent\u00edan la necesidad de profundizar en la formaci\u00f3n recibida, reflexionando sobre la naturaleza del ministerio y sus implicaciones morales, espirituales y apost\u00f3licas. En San L\u00e1zaro, gran priorato que los Misioneros recibieron en 1632, \u00a0como donaci\u00f3n de una comunidad de can\u00f3nigos en v\u00edas de extinci\u00f3n, los sacerdotes rezaban, compart\u00edan convicciones y o\u00edan las instrucciones del Padre Vicente. Obispos y figuras eminentes del clero franc\u00e9s tomaban parte en esos encuentros. A la profundizaci\u00f3n espiritual, se un\u00eda la formaci\u00f3n apost\u00f3lica: los participantes de las Conferencias deber\u00edan asumir alg\u00fan servicio en favor de los pobres, desde la asistencia espiritual al Hospital General de Paris hasta las visitas a los encarcelados y a sus familias. Tambi\u00e9n deber\u00edan ocuparse de las misiones en las ciudades, prepar\u00e1ndose para los desaf\u00edos pastorales de sus propias di\u00f3cesis, como conviene al ministerio que abrazaron, mientras los Padres de la Misi\u00f3n cuidaban de los campos. Varios grupos fueron fundados en diferentes localidades de Paris, as\u00ed como en otras di\u00f3cesis de Francia, con el prop\u00f3sito de promover entre los presb\u00edteros una continua profundizaci\u00f3n en su vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de hombres de Dios y humildes servidores de su pueblo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las dos iniciativas que acabamos de citar, Vicente apoy\u00f3 la creaci\u00f3n de los seminarios, manteniendo, sin embargo, algunas restricciones con respecto de la admisi\u00f3n de candidatos adolescentes. Siempre ponderado y juicioso, prefer\u00eda acoger a j\u00f3venes que se mostrasen maduros en la decisi\u00f3n de caminar por ese camino: <em>\u00abHay que respetar las \u00f3rdenes del concilio como venidas del Esp\u00edritu Santo. Sin embargo, la experiencia hace ver que la forma como se lleva a cabo respecto a la edad de los seminaristas no da buenos resultados ni en Italia ni en Francia, ya que unos se retiran antes de tiempo, otros no tienen inclinaci\u00f3n al estado eclesi\u00e1stico, otros se van a las comunidades y otros huyen de los lugares con los que est\u00e1n ligados por obligaci\u00f3n por haber sido educados all\u00ed y se ponen a buscar fortuna por otro lado\u00bb <\/em>(SV II, 459). A partir de 1642, Vicente comienza a acoger seminaristas entre 20 y 25 a\u00f1os. En las di\u00f3cesis, varios seminarios fueron fundados, gracias a su influencia, cada vez m\u00e1s apreciada y requerida. Prosegu\u00eda, as\u00ed, bajo la clarividente orientaci\u00f3n del Padre Vicente de Pa\u00fal y de otros reformadores, un significativo esfuerzo de aut\u00e9ntica formaci\u00f3n presbiteral en la Francia del siglo XVII. En la misma estela, muchas comunidades comenzaron a interesarse por la reforma del clero, a partir de los seminarios (Sulpicianos, Eudistas, etc). Con raz\u00f3n, dir\u00e1 el fundador a los primeros cohermanos: <em>\u00abTenemos el consuelo de ver que nuestras peque\u00f1as ocupaciones han servido de emulaci\u00f3n a muchos buenos obreros que se ponen a trabajar, no s\u00f3lo en lo referente a las misiones, sino tambi\u00e9n en cuanto a los seminarios, que se multiplican mucho en Francia. Incluso se celebran los ejercicios para los ordenandos en varias di\u00f3cesis. Pid\u00e1mosle a Dios que santifique a su iglesia cada vez m\u00e1s\u00bb <\/em>(SV VIII, 310). La fecundidad del empe\u00f1o de Vicente de Pa\u00fal en la formaci\u00f3n del clero se irradi\u00f3 a lo largo de la historia, a trav\u00e9s del trabajo realizado por sus Padres y Hermanos en muchos pa\u00edses. Hoy, en tiempos de acentuada y oportuna preocupaci\u00f3n con una adecuada formaci\u00f3n presbiteral, a contramano de un clericalismo desprovisto de contenido, autenticidad y sentido cr\u00edtico, revelador de un gran vac\u00edo existencial, acariciamos la esperanza de ver florecer en nuestra Iglesia pastores constantes en la oraci\u00f3n, valientes en la profec\u00eda, generosos en el servicio, despojados en la entrega y celosos en la construcci\u00f3n del Reino; pastores que concretan el amor incondicional al Se\u00f1or en el cuidado de los peque\u00f1os y los pobres.<\/p>\n<h3><strong>9.- Ampliando el radio de su actuaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Vicente dedicaba sus mejores energ\u00edas al desarrollo de las Comunidades que fund\u00f3. Ambas prolongaban y ampliaban su inmensa actividad misionera y caritativa. En 1638, orienta las Hijas de la Caridad a asumir la obra de los ni\u00f1os abandonados, en colaboraci\u00f3n con las Cofrad\u00edas y con el apoyo de los Misioneros. En ese per\u00edodo, comienzan a llegar a San L\u00e1zaro desoladoras noticias de provincias devastadas por las guerras y por las pestes, donde la miseria alcanzaba proporciones inimaginables. Empiezan, entonces, los socorros a esas provincias (Lorena, Picard\u00eda, Champa\u00f1a), a las que el fundador env\u00eda Misioneros y Hermanas. Adem\u00e1s, denuncia la situaci\u00f3n a las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas y se esfuerza por obtener apoyo financiero de instituciones y particulares, presentando cuentas, puntualmente, de todas sus actividades. Insiste tenazmente en la necesidad de unir la asistencia espiritual a la corporal, dando precedencia a una o a otra, conforme las circunstancias. Durante la guerra civil de la Fronda (1648-1553), Vicente tiene ocasi\u00f3n de manifestar el mismo celo caritativo, esta vez oficialmente comisionado por las autoridades para la asistencia a las v\u00edctimas. Una vez m\u00e1s, se deja interpelar por las necesidades urgentes de los pobres, en las que escruta la llamada de la Providencia. La actividad del Padre Vicente adquiere car\u00e1cter nacional y nadie le extra\u00f1a verlo en la cabecera del rey Lu\u00eds XIII en el momento de su fallecimiento, el 14 de mayo de 1643. Despu\u00e9s de la muerte del rey, la reina Ana de Austria forma el Consejo de Conciencia e incluye al Padre Vicente en su cuadro. Con ese nombramiento, su actividad adquiere una dimensi\u00f3n y un ritmo nunca antes vistos. Pero la importancia que le daban nunca oscureci\u00f3 su verdad. Siempre comprometido con la defensa de los pobres, no acepta la connivencia con los desmanes de la corrupci\u00f3n. Por eso, se atrae adhesiones y hostilidades. De 1643 a 1653, Vicente interviene en la distribuci\u00f3n de beneficios, en la superaci\u00f3n de conflictos y en la denuncia de intrigas pol\u00edticas, cuyos perjuicios reca\u00edan sobre los pobres. Para eso, precisaba conciliar determinaci\u00f3n y firmeza con sensibilidad y ternura. Dando continuidad a su trabajo en la formaci\u00f3n del clero, velaba por la elecci\u00f3n de hombres \u00edntegros para el episcopado. Permanece siempre en la l\u00ednea de su proyecto misionero: los pobres y el clero. Vicente de Pa\u00fal fue profeta dentro y fuera de los l\u00edmites de la Iglesia, denunciando toda forma de injusticia y exploraci\u00f3n que manten\u00eda a gran n\u00famero de personas en la indigencia y en la ignorancia, anunciando la radical solidaridad de Dios con sus dramas y esperanzas, rompiendo con el conformismo y promoviendo acciones transformadoras en vista del cambio de las estructuras generadoras de pobreza. La caridad experimentada y asumida como regla suprema y tarea inaplazable traspasaba todas las horas de su d\u00eda, todos los d\u00edas de su vida, constituy\u00e9ndose como senda luminosa que lo conduc\u00eda a los pobres, a s\u00ed mismo y a Dios.<\/p>\n<p>La mirada del Padre Vicente llegaba cada vez m\u00e1s lejos. Despu\u00e9s de enviar las Hermanas a las provincias devastadas, ampl\u00eda a\u00fan m\u00e1s la acci\u00f3n de sus Misioneros. A partir de 1645, los manda al norte de \u00c1frica, donde muchos cristianos eran esclavizados. Poco despu\u00e9s, en 1648, env\u00eda otros cohermanos a Madagascar. Dos a\u00f1os antes, a petici\u00f3n del Papa, los Misioneros hab\u00edan partido a Irlanda, para ayudar a los cat\u00f3licos perseguidos. En 1651, llegan a Escocia y a Polonia. Muchos murieron en sus puestos de misi\u00f3n o incluso en el transcurso del viaje, mientras navegaban por los mares. San Vicente se conmueve con la muerte prematura de sus hermanos y r\u00e1pidamente los substituye. Los pobres merecen lo mejor de nuestra pobreza y no pueden esperar. Para esos trabajos exigentes y desafiadores, el fundador destina a Misioneros virtuosos, inteligentes y desprendidos, pero no deja de alertar que todos en la Compa\u00f1\u00eda deber\u00edan sentir como dirigida a s\u00ed la llamada de los pobres de los pa\u00edses distantes. Para \u00e9l, todos deber\u00edan vivir en permanente tensi\u00f3n misionera, cultivando una constante disponibilidad en relaci\u00f3n a las necesidades de la Iglesia, de donde quiera que vengan. Quer\u00eda ser el primero en dar testimonio de eso: <em>\u00abYo mismo, viejo y enfermo como estoy, no debo dejar de tener esa disposici\u00f3n en m\u00ed mismo para ir incluso a las Indias, con el prop\u00f3sito de ganar all\u00ed almas para Dios, aunque que tuviese que morir en el camino o en el barco\u00bb <\/em>(SV III, 285). Tambi\u00e9n el martirio, entendido como m\u00e1xima conformidad con la vida y la misi\u00f3n de Jes\u00fas, deber\u00eda permanecer siempre en el horizonte: <em>\u00ab\u00a1Quiera Dios, mis querid\u00edsimos Padres y Hermanos, que todos los que vengan a entrar en la Compa\u00f1\u00eda acudan con el pensamiento del martirio, con el deseo de sufrir en ella el martirio y de consagrarse por entero al servicio de Dios, tanto en los pa\u00edses lejanos como aqu\u00ed, en cualquier lugar donde \u00c9l quiera servirse de esta pobre y Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda! S\u00ed, con el pensamiento del martirio. Deber\u00edamos pedirle muchas veces a Dios esta gracia y esta disposici\u00f3n, de estar dispuestos a exponer nuestras vidas por su gloria y por la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo, todos los que aqu\u00ed estamos, los hermanos, los estudiantes, los sacerdotes, en una palabra toda la Compa\u00f1\u00eda\u00bb<\/em> (SV XI,371). Su deseo era ver florecer Misioneros di\u00e1fanos, \u00edntegros, desprendidos, impregnados del vigor y de la dulzura del esp\u00edritu de Cristo.<\/p>\n<p>En Vicente, todos ve\u00edan un trabajador incansable. Abrasado por la caridad, se consum\u00eda enteramente por los otros y jam\u00e1s perd\u00eda el tiempo con lo que no fuese verdaderamente \u00fatil. Su realizaci\u00f3n humana estaba \u00edntimamente asociada al cumplimento de la misi\u00f3n que le fuera confiada como participaci\u00f3n en la Misi\u00f3n de Cristo. Su vida se desarrolla como un verdadero itinerario de humanizaci\u00f3n, en el que lo que importa es no dejar enfriar el \u00e1nimo en la b\u00fasqueda permanente de la santidad. Para \u00e9l, termin\u00f3 valiendo m\u00e1s el riesgo fascinante de las utop\u00edas peregrinas que la comodidad de las seguridades est\u00e1ticas: <em>\u00abLa perfecci\u00f3n consiste en la perseverancia invariable por adquirir las virtudes y progresar en ellas, ya que en el camino de Dios el no avanzar es retroceder, pues el hombre no puede nunca permanecer en el mismo estado\u00bb<\/em> (SV II, 129). As\u00ed, Vicente descubri\u00f3 que Dios nos habla en los transcursos de nuestras b\u00fasquedas sinceras, en los tr\u00e1mites de nuestra historia personal y comunitaria, en los surcos de las experiencias que nos hacen m\u00e1s humanos.<\/p>\n<h3><strong>10.- Rumbo a la Misi\u00f3n del Cielo<\/strong><\/h3>\n<p>El a\u00f1o de 1660 marcar\u00eda profundamente a la Familia Vicentina. El d\u00eda 14 de febrero fallece el Padre Antonio Portail, operario de la primera hora en la vi\u00f1a de la Misi\u00f3n. Un mes despu\u00e9s, el 15 de marzo, Luisa de Marillac entra en la Patria Celeste. En el amanecer del d\u00eda 27 de septiembre, sentado en su silla, cerca de la chimenea, Vicente de Pa\u00fal oye la llamada definitiva de Aquel a quien ha consagrado toda su vida: <em>\u00abMuy bien, siervo bueno y fiel! Ven a alegrarte con tu Se\u00f1or\u00bb<\/em> (Mt 25,21). Llegaba a su destino \u00faltimo una vida tejida por el hilo del amor compasivo y operativo, al que todo ser humano aspira, amor que se concreta en el don total de s\u00ed mismo y que se esparce por la eternidad, volviendo a su fuente: el coraz\u00f3n de Dios, cuya fidelidad transciende los l\u00edmites de la historia. Y, en aquel d\u00eda, los pobres se alegrar\u00e1n en el Cielo, recibiendo con los brazos abiertos a quien tanto les sirvi\u00f3. Se hizo, entonces, realidad lo que Vicente apenas intuyera, muchos a\u00f1os antes, escribiendo a uno de sus amigos: <em>\u00abNo podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguir a Jesucristo\u00bb <\/em>(SV III, 392)<em>.<\/em><\/p>\n<p>En la celebraci\u00f3n de los 350 a\u00f1os de la muerte de San Vicente de Pa\u00fal, dejemos resonar en nuestros corazones las palabras dirigidas por el Papa Juan Pablo II a los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en 1986: <em>\u00abAsimismo dirigimos nuestros esp\u00edritus y nuestros corazones hacia San Vicente de Pa\u00fal, hombre de acci\u00f3n y oraci\u00f3n, de organizaci\u00f3n e imaginaci\u00f3n, de mando y humildad, hombre de ayer y de hoy. \u00a1Que este vecino de Las Landas, convertido por la gracia de Dios en un genio de la caridad, nos ayude a poner nuestras manos en el arado sin mirar jam\u00e1s hacia atr\u00e1s, de cara al \u00fanico trabajo que cuenta: \u00a1El anuncio de la Buena Nueva a los pobres!\u00bb.<\/em> Entonces, aprenderemos a ensanchar las fronteras de nuestro coraz\u00f3n para que en \u00e9l encuentren cobijo el amor sin cobro, la entrega sin c\u00e1lculos, la bondad ilimitada, la veracidad humilde, la constancia de la delicadeza, la amistad desinteresada, y el regocijo de la gratuidad.<\/p>\n<h2><strong>II \u2013 Una espiritualidad que entusiasma y desinstala<\/strong><\/h2>\n<p>En \u00edntima uni\u00f3n con Jesucristo, Verbo encarnado en la pobreza de nuestra humanidad, revestido de su esp\u00edritu e impregnado de sus sentimientos, Vicente de Pa\u00fal procurar\u00e1 recorrer el camino de la santidad en la b\u00fasqueda incansable de la voluntad de Dios, en el esfuerzo cotidiano de superaci\u00f3n de sus propios l\u00edmites y en el don total de s\u00ed mismo a los m\u00e1s peque\u00f1os de los hermanos de Jes\u00fas. Ser santo, para \u00e9l, consiste fundamentalmente en <em>\u00abhacer la voluntad de Dios en todas las cosas\u00bb<\/em>, como escribi\u00f3, en una ocasi\u00f3n, a Luisa de Marillac (SV II, 36). Y a quien pretendiese eximirse de la libre correspondencia de esa gracia comprometedora, repetir\u00eda el Padre Vicente: <em>\u00abSi queremos, podremos hacer siempre la voluntad del Padre. \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 felicidad hacer siempre y en todas las cosas la voluntad de Dios! \u00bfNo es hacer lo que vino a hacer en la tierra el Hijo de Dios?<\/em> <em>(&#8230;). El Hijo de Dios vino a evangelizar los pobres. \u00bfNosotros, Padres, no somos enviados para hacer la misma cosa? S\u00ed, los Misioneros son enviados para evangelizar los pobres. \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 felicidad! Hacer en la tierra lo mismo que hizo Nuestro Se\u00f1or\u00bb<\/em> (SV XI, 315).<\/p>\n<p>El n\u00facleo de la experiencia espiritual de Vicente de Pa\u00fal reside, por tanto, en el seguimiento de Jesucristo, enviado para evangelizar y servir a los pobres (cf. Lc 4,18), asemej\u00e1ndose a \u00e9l en su fidelidad incondicional al Padre para continuar su misi\u00f3n en medio a los desaf\u00edos de la historia. La espiritualidad vicentina es como un r\u00edo caudaloso y cristalino que corre entre dos m\u00e1rgenes: la identificaci\u00f3n din\u00e1mica con la persona de Jes\u00fas y una radical opci\u00f3n por los m\u00e1s pobres. Toda espiritualidad aut\u00e9ntica se desdobla en una misi\u00f3n espec\u00edfica. As\u00ed el camino de santidad propuesto por San Vicente est\u00e1 \u00edntimamente unido al cumplimiento de la misi\u00f3n que mejor le corresponde. <em>\u00abAmemos a Dios, mis hermanos, amemos a Dios, pero que sea con la fuerza de nuestros brazos y con el sudor de nuestro rostro\u00bb<\/em> (SV XI, 40).<\/p>\n<h3><strong>1.- Revestirse del esp\u00edritu de Cristo<\/strong><\/h3>\n<p>Toda espiritualidad cristiana tiene a Jesucristo como su punto de partida y la fuente de su dinamismo. Considerando los desaf\u00edos del continente latino-americano y caribe\u00f1o, la Conferencia de Aparecida no dej\u00f3 de ratificar el car\u00e1cter original y decisivo del encuentro con Cristo en la experiencia de los disc\u00edpulos misioneros. \u00c9l, en efecto, es quien nos revela <em>\u00abel amor misericordioso del Padre y la vocaci\u00f3n, dignidad y destino de la persona humana\u00bb<\/em> (DA 6). Por eso, <em>\u00abconocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los dem\u00e1s es un encargo que el Se\u00f1or, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado\u00bb <\/em>(DA 18). En conformidad con Cristo, la vocaci\u00f3n, la libertad y la originalidad de cada persona son redescubiertas como dones de Dios para el servicio del mundo, la defensa del derecho de los m\u00e1s d\u00e9biles y la promoci\u00f3n de vida digna para todos (cf. DA 111-112).<\/p>\n<p>Para San Vicente, Jesucristo constituye la vida de su vida y la \u00fanica pretensi\u00f3n de su coraz\u00f3n (cf. SV VI,562), el amor que nutre y fortalece (cf. SV VIII,15), la regla fundamental y primera de la Misi\u00f3n (cf. SV XII,130), <em>\u00abnuestra madre, nuestro padre y nuestro todo\u00bb<\/em> (SV V, 534), <em>\u00abel modelo de todas las virtudes\u00bb<\/em> (cf. SV VIII, 231), a lo que debemos <em>\u00abconformar nuestras acciones\u00bb<\/em> (SV XI,212). Continuar la misi\u00f3n de Jesucristo, enviado por el Padre para evangelizar y servir a los pobres, es tarea tanto de los Misioneros como de las Hijas de la Caridad (cf. SV XII, 80; SV IX,15). Seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal, la voluntad de Dios se manifiesta en la palabra y en el obrar de Jes\u00fas y su realizaci\u00f3n consiste en conformarse, lo m\u00e1ximo posible, a \u00e9l, asimilando sus valores y actitudes para continuar su obra salv\u00edfica. Sirvi\u00e9ndose de la imagen jo\u00e1nica de la vid (cf. Jn 15,5), el fundador exhorta a los miembros de su Congregaci\u00f3n: <em>\u00abFue un gran favor que Dios concedi\u00f3 a esta peque\u00f1a y miserable Compa\u00f1\u00eda, la felicidad de imitar a Jesucristo. Como las ramas de la vid unidas al tronco, continuamos la misi\u00f3n de Jesucristo\u00bb<\/em> (SV XI, 344). Una de las m\u00e1s elocuentes exhortaciones de Vicente, dirigida al Padre Portail, su compa\u00f1ero de la primera hora, no nos permite dudar de su progresiva identificaci\u00f3n con Cristo, cotidianamente profundizada en la contemplaci\u00f3n y en la acci\u00f3n: <em>\u00abAcu\u00e9rdese, Padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte en Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo\u00bb<\/em> (SV I,295).<\/p>\n<p>Bajo la orientaci\u00f3n de sus maestros espirituales, manteniendo los ojos fijos en el Se\u00f1or (cf. Hb 3,1), Vicente seguir\u00e1 su camino, impregn\u00e1ndose siempre m\u00e1s del esp\u00edritu de Cristo, a trav\u00e9s de dos actitudes fundamentales (cf. SV IV,393): el amor y la reverencia con el Padre, contemplando a Jes\u00fas como aqu\u00e9l que no encontraba satisfacci\u00f3n en otra cosa distinta del cumplimiento fiel de la voluntad de Aqu\u00e9l que lo envi\u00f3 (cf. SV XII,164); y la caridad compasiva y operativa con los pobres, sin la cual nos deshumanizar\u00edamos (cf. SV XII,261) y no podr\u00edamos amar a Dios concretamente (cf. SV XII,261). A esos dos principios estructurantes de la espiritualidad vicentina, se vincula la docilidad con la Divina Providencia que, en el sentir de Vicente, tiene incluso rasgos maternos: <em>\u00abDebemos tener, pues, la misma confianza en la Divina Providencia, viendo c\u00f3mo cuida de todo lo que nos merece respeto, como una madre cuida de su ni\u00f1o\u00bb<\/em> (SV X, 503). A lo largo de su vida, San Vicente se dej\u00f3 fascinar por la proximidad del Se\u00f1or. Sab\u00eda que una mirada providencial de Dios velaba por \u00e9l, por sus fundaciones y, sobre todo, por los m\u00e1s pobres. Esa experiencia fortalec\u00eda su fe, confirmaba su vocaci\u00f3n y rejuvenec\u00eda su empe\u00f1o misionero.<em> \u00abLa gracia tiene sus momentos\u00bb<\/em>, le gustaba decir (SV II, 453). \u00c9l se mostraba \u00edntimamente convencido de que Dios camina con nosotros (cf. SV II, 226) y \u00ab<em>sus verdades jam\u00e1s enga\u00f1an\u00bb<\/em> (SV IX, 240). Vicente habla de la Providencia con mucha frecuencia. Dice a Luisa de Marillac: <em>\u00abSiga la orden de la Providencia. \u00a1Oh, c\u00f3mo es acertado dejarnos guiar por ella!\u00bb<\/em> (SV I, 241). \u00c9l tiene una comprensi\u00f3n concreta y pr\u00e1ctica del amor de Dios, cuya voluntad buscaba en lo cotidiano y acog\u00eda en los acontecimientos, sigui\u00e9ndola paso a paso, con confianza y familiaridad, para colocarse en sus manos como instrumento de su predilecci\u00f3n por los pobres.<\/p>\n<p>Tal como hizo Jes\u00fas, en diferentes circunstancias de su caminar por la historia (cf. Mc 7,24-30), Vicente procurar\u00e1 mantener aquella permanente disposici\u00f3n de escucha atenta de las llamadas de Dios en la realidad que lo cerca, en los clamores de los pobres, en los acontecimientos y en las personas que con \u00e9l interact\u00faan (cf. SV I, 241). Para secundar la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, su discernimiento era traspasado por aquella pregunta inquieta del ap\u00f3stol Pablo en el camino de Damasco: <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 debo hacer, Se\u00f1or?\u00bb <\/em>(Hch 22,10). Con base en esa gradual asimilaci\u00f3n del misterio de Cristo, Vicente de Pa\u00fal recomendar\u00e1 a un joven padre de su Congregaci\u00f3n, que, a los 27 a\u00f1os, acababa de ser nombrado superior de una comunidad local: <em>\u00abCuando se trata de hacer alguna buena obra, decid al Hijo de Dios: \u2018Se\u00f1or, si estuvieses en mi lugar, \u00bfc\u00f3mo obrar\u00edas en esta ocasi\u00f3n?\u2019\u00bb<\/em> (SV XI, 348). Se trata, pues, de asumir el desaf\u00edo de seguir a Jes\u00fas, viviendo como \u00e9l en la libertad del Esp\u00edritu, en conformidad con el proyecto del Padre y en estado de vigilancia activa frente a los se\u00f1ales de los tiempos. <em>\u00abHoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten los Evangelios para conocer lo que \u00c9l hizo y para discernir lo que nosotros debemos hacer en las actuales circunstancias\u00bb <\/em>(DA 139).<\/p>\n<p>El transcurso de San Vicente est\u00e1 delimitado por el Evangelio. Se sirve de \u00e9l para exponer sus convicciones, confirmando su fe y su experiencia. En las Reglas Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (1658), fermentadas a lo largo de 33 a\u00f1os en los odres de la Comunidad naciente, escribe el santo fundador: <em>\u00abAnte todas las cosas todos se esforzar\u00e1n por fundarse en esta verdad, a saber, que la doctrina de Jesucristo nunca puede enga\u00f1ar <\/em>(&#8230;)<em>. Por eso, la Congregaci\u00f3n har\u00e1 profesi\u00f3n de obrar siempre seg\u00fan las m\u00e1ximas de Jesucristo, y nunca seg\u00fan las del mundo\u00bb <\/em>(RC II, 1). En la espiritualidad vicentina, revestirse del esp\u00edritu de Cristo, firmarse en su doctrina, imprimir en el coraz\u00f3n y expresar en la vida sus valores, asimilar sus actitudes m\u00e1s profundas, asumir como propia su opci\u00f3n fundamental por el Reino y nutrirse de su amor son las condiciones que posibilitan cualquier empresa misionera. Es lo que dice Vicente de Pa\u00fal, en plena madurez humana y espiritual, dirigi\u00e9ndose a los Padres y Hermanos de la Misi\u00f3n: <em>\u00abEl prop\u00f3sito de la Compa\u00f1\u00eda es imitar Nuestro Se\u00f1or, en la medida en que pueden hacerlo personas pobres y malas. \u00bfQu\u00e9 quiere decir eso? Que ella se propone conformarse a \u00e9l en su comportamiento, en sus acciones, en sus tareas y en sus fines. \u00bfC\u00f3mo puede una persona representar a otra, si no tienen las mismas caracter\u00edsticas, los mismos rasgos, las mismas proporciones, modos y forma de ver? Es imposible. Por tanto, si nos propusi\u00e9semos hacernos semejantes a este divino modelo y sentimos en nuestros corazones este deseo y esta santa afecci\u00f3n, es necesario procurar conformar nuestros pensamientos, nuestras obras y nuestras intenciones a las suyas\u00bb <\/em>(SV XII, 75).<\/p>\n<h3><strong>2.- Solicitud con los Pobres<\/strong><\/h3>\n<p>Recorriendo el Camino, Vicente asume para s\u00ed la petici\u00f3n hecha al ap\u00f3stol Pablo en la Asamblea de Jerusal\u00e9n: <em>\u00abPidieron s\u00f3lo que nos acord\u00e1semos de los pobres, lo que he procurado hacer con diligencia\u00bb <\/em>(Gl 2,10)<em>.<\/em> Los pobres est\u00e1n en el centro de su vocaci\u00f3n y misi\u00f3n. De ellos, depende la definici\u00f3n de su propia verdad y de la identidad de sus fundaciones. En la conferencia de 6 de diciembre de 1658, San Vicente dej\u00f3 brotar de su coraz\u00f3n sus m\u00e1s \u00edntimas convicciones al respecto de la inequ\u00edvoca dedicaci\u00f3n a los pobres de sus Misioneros: <em>\u00abNo somos nosotros los \u00fanicos que instruimos a los pobres; \u00bfno es eso lo que hacen los p\u00e1rrocos? \u00bfQu\u00e9 otra cosa hacen los predicadores, tanto en las ciudades como en el campo? \u00bfQu\u00e9 es lo que hacen en adviento y cuaresma? Predican a los pobres y predican mejor que nosotros. Es verdad, pero no hay en la Iglesia de Dios una Compa\u00ad\u00f1\u00eda que tenga como lote propio a los pobres y que se entre\u00adgue por completo a los pobres para no predicar nunca en las grandes ciu\u00addades; y de esto es de lo que hacen profesi\u00f3n los Misioneros; lo especial suyo es dedicarse, como Jesucristo, a los pobres. Por tanto, nuestra vocaci\u00f3n es una continuaci\u00f3n de la suya o, al menos, puede relacionarse con ella en sus circuns\u00adtancias. \u00a1Qu\u00e9 felicidad, hermanos m\u00edos! \u00a1Y tambi\u00e9n cu\u00e1nta obli\u00adgaci\u00f3n de aficio\u00adnarnos a ella!\u00bb <\/em>(SV XII, 79-80).<\/p>\n<p>De hecho, la opci\u00f3n por los pobres es com\u00fan a toda la Iglesia como un imperativo b\u00edblico-teol\u00f3gico. El Documento de Aparecida retoma esa convicci\u00f3n fundante, presentando el pobre como lugar privilegiado del encuentro con Cristo y la opci\u00f3n por los desheredados de la historia como una exigencia intr\u00ednseca de la fe cristol\u00f3gica: <em>\u00abTambi\u00e9n lo encontramos [Jesucristo] de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos (cf. Mt 25,37-40), que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo. \u00a1Cu\u00e1ntas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan! En el reconocimiento de esta presencia y cercan\u00eda, y en la defensa de los derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo. El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensi\u00f3n constitutiva de nuestra fe en Jesucristo<strong>. <\/strong>De la contemplaci\u00f3n de su rostro sufriente en ellos y del encuentro con \u00c9l en los afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad \u00c9l mismo nos revela, surge nuestra opci\u00f3n por ellos. La misma adhesi\u00f3n a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino\u00bb<\/em> (DA 257)<em>.<\/em><\/p>\n<p>En la perspectiva de fe adoptada por Vicente de Pa\u00fal, la opci\u00f3n por los pobres se reviste de un car\u00e1cter visceral, referida a lo que hay de m\u00e1s esencial en sus fundaciones. En esta opci\u00f3n, se encuentra <em>\u00abuna manera particular de ser como Jesucristo\u00bb<\/em>, es decir, un modo caracter\u00edstico de seguirlo<em>. <\/em>San Vicente descubri\u00f3 a Cristo en los pobres y los pobres en Cristo: <em>\u00abdadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la fe que son \u00e9sos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser pobre\u00bb<\/em> (SV XI, 32). Estaba convencido de que los pobres <em>\u00abson nuestros hermanos, a quien Dios nos manda asistir\u00bb <\/em>(SV VII, 98). Por eso, <em>\u00abel servicio de los pobres debe ser preferido entre todos los otros\u00bb<\/em> (SV IX, 208). Hay una identificaci\u00f3n profunda entre Cristo y los pobres. Por medio de ellos, el Se\u00f1or interpela la sensibilidad humana, <em>\u00abconsiderando como hecho a s\u00ed lo que se hace por los pobres, ya que ellos son sus miembros\u00bb<\/em> (SV IX, 324). Por tanto, dir\u00e1 el santo fundador a las Hijas de la Caridad, <em>\u00absirviendo a los pobres, se sirve a Jesucristo. \u00a1Oh hijas m\u00edas, como eso es verdad! Vosotros serv\u00eds a Jesucristo en la persona de los pobres. Y eso es tan verdadero, como el hecho de estar aqu\u00ed. Una Hermana ir\u00e1, diez veces por d\u00eda a ver los enfermos y, diez veces por d\u00eda, encontrar\u00e1 a Dios en ellos<\/em> (&#8230;)<em>\u00bb <\/em>(SV IX, 251). Ah\u00ed est\u00e1 el sentido pleno de la caridad: dirigir al pobre el amor recibido de Dios en Jesucristo (cf. SV IX, 591).<\/p>\n<p>Vicente aprendi\u00f3 tambi\u00e9n a ver a los pobres como Cristo los ve\u00eda, reconoci\u00e9ndoles la dignidad y dej\u00e1ndose evangelizar por ellos, por su modo de ser y de actuar, porque es el que mejor corresponde al estilo de vida requerido por el Reino, estilo de vida asumido por Jes\u00fas de Nazaret y recomendado por \u00e9l a los suyos. El misterio de la Encarnaci\u00f3n constituye la fuente m\u00e1s segura de la legitimidad del modo de ser persona del pobre: <em>\u00abEn efecto, conoc\u00e9is la generosidad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que por causa de vosotros se hizo pobre, aunque era rico, para enriqueceros con su pobreza\u00bb <\/em>(2Cor 8,9). Si Jes\u00fas quiso ser pobre, actuando siempre a partir de los\u00a0 pobres y escogiendo medios pobres, fue para indicar un camino a sus seguidores. Seguirlo, por tanto, consiste en vivir y actuar como \u00e9l. En el esp\u00edritu de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3), San Vicente nos garantiza: <em>\u00abLo que me queda de la experiencia que tengo, es el juicio que siempre me he hecho: que la verdadera religi\u00f3n, hermanos m\u00edos, la verdadera religi\u00f3n est\u00e1 entre los pobres. Dios los ha enriqueci\u00addo con una fe viva: ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida\u00bb<\/em> (SV XII, 170-171).<\/p>\n<p>El cuidado por los pobres es la gracia por excelencia de las Comunidades Vicentinas: <em>\u00ab\u00a1Ah, hijas m\u00edas! Si supieseis de la gracia que es servir a los pobres, ser llamado por Dios para eso <\/em>(&#8230;).<em> Cuando una buena Hija de la Caridad entrega toda\u00a0 su vida al servicio de Dios, habiendo dejado todo y sin tener en el mundo nada para ella, ni padre, ni madre, ni bienes, ni posesiones, ni conocimientos, sino sobre Dios y para Dios; tenemos gran motivo para creer que esa Hija ser\u00e1 feliz un d\u00eda\u00bb<\/em> (SV X,337). Se trata, pues, de un don, cuya acogida se da mediante la correspondencia humilde, creativa y entusiasta de la libertad humana:<em> \u00abAs\u00ed pues, hermanos m\u00edos, va\u00adyamos y ocup\u00e9monos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los m\u00e1s pobres y abandonados; reconozcamos delante de Dios que son ellos nuestros se\u00f1ores y nuestros amos, y que somos indignos de rendirles nuestros pe\u00adque\u00f1os servicios\u00bb<\/em> (SV XI,56).<\/p>\n<p>En este camino, es preciso mantener siempre unidas la dimensi\u00f3n espiritual y la corporal, asegurando a los pobres un servicio de promoci\u00f3n humana integral y haci\u00e9ndolos protagonistas de su propia historia. Es lo que recomienda el fundador\u00a0 a las Hijas de la Caridad, evidenciando el aspecto apost\u00f3lico de su vocaci\u00f3n, intuici\u00f3n audaz en un contexto eclesial que privaba a la mujer de la necesaria profundizaci\u00f3n de la fe, limitando su actuaci\u00f3n, con honrosas excepciones, al silencio de los coros y a las fatigas del trabajo manual: <em>\u00ab\u00bfCre\u00e9is, hijas m\u00edas, que Dios espera de vosotras solamente que les llev\u00e9is a sus pobres un trozo de pan, un poco de carne y de sopa y algunos remedios? Ni mucho menos, no ha sido ese su designio al escogeros para el servicio que le rend\u00eds en la persona de los pobres; \u00e9l espera de vosotras que mir\u00e9is por sus necesidades espirituales, tanto como por las corporales, necesitan el man\u00e1 espiritual, necesitan el esp\u00edritu de Dios; \u00bfy d\u00f3nde lo tomar\u00e9is vosotras para comunic\u00e1rselo a ellos? Hijas m\u00edas, en la santa comuni\u00f3n; los grandes y los peque\u00f1os, hijas m\u00edas, tienen necesidad de ello\u00bb <\/em>(SV IX, 591). A los Misioneros, empe\u00f1ados, sobre todo, en la evangelizaci\u00f3n, entendida como respuesta al mandato misionero de anunciar la buena noticia del Reino (cf. Mc 16,20), San Vicente advert\u00eda sobre los riesgos de un anuncio que no se consolidase en la acogida, en la compasi\u00f3n y en el cuidado, se\u00f1ales que evidencian la presencia del Reino en la historia: <em>\u00abSi hay algunos entre nosotros que crean que est\u00e1n en la Misi\u00f3n para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les dir\u00e9 que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las maneras, nosotros y los dem\u00e1s, si queremos o\u00edr esas agra\u00addables palabras del soberano Juez de vivos y de muertos: \u00abVenid, benditos de mi Padre; poseed el reino que os est\u00e1 pre\u00adparado, porque tuve hambre y me disteis de comer; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me cuidasteis\u00bb(Mt 25,34-36). Hacer esto es evan\u00adgelizar de palabra y de obra; es lo m\u00e1s perfecto; y es lo que nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 y tienen que practicar los que lo repre\u00adsentan en la tierra, por su cargo y por su car\u00e1cter, como son los sacerdotes\u00bb <\/em>(SV XII, 87-88).<\/p>\n<p>Lo que Vicente de Pa\u00fal propone a los suyos, por tanto, es un verdadero itinerario de humanizaci\u00f3n, cuyas sendas \u00e9l mismo recorri\u00f3 a lo largo de su vida. Tal itinerario pasa necesariamente por las laderas del mundo, donde la vida se encuentra herida y la dignidad humana vilipendiada: <em>\u00ab\u00a1C\u00f3mo! \u00a1Ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con \u00e9l ni sentirse enfermo con \u00e9l! Eso es no tener cari\u00addad; es ser cristiano en pintura; es carecer de humanidad; es ser peor que las bestias\u00bb<\/em> (SV XII, 271). Se trata, entonces, de entrar en el movimiento de la misericordia, a la luz del ejemplo del samaritano (cf. Lc 10,33-35), como explicita San Vicente: <em>\u00abCuando vayamos a ver a los pobres, hemos de entrar en sus sentimientos para sufrir con ellos y ponernos en las disposicio\u00adnes de aquel gran ap\u00f3stol que dec\u00eda: \u2018Omnibus omnia factus sum\u2019 (1Cor 9,22), \u2018me he hecho todo para todos\u2019 <\/em>(\u2026). <em>Para ello es preciso que sepamos enterne\u00adcer nuestros cora\u00adzones y hacerlos capaces de sentir los sufrimien\u00adtos y las mise\u00adrias del pr\u00f3jimo, pidiendo a Dios que nos d\u00e9 el verdadero esp\u00edri\u00adtu de misericordia, que es el esp\u00edritu propio de<\/em> <em>Dios\u00bb<\/em> (SV XI, 340-341). En la perspectiva vicentina, santidad es participaci\u00f3n en la vida del Dios de Jes\u00fas, cuyo coraz\u00f3n, siempre inclinado hacia los peque\u00f1os y pobres, se complace \u00fanicamente en amar misericordiosamente. <em>\u00ab\u00a1Oh, Salvador! \u00a1Oh, hermanos m\u00edos! \u00a1Cu\u00e1n felices somos al encon\u00adtrarnos en el camino de la perfecci\u00f3n! Salvador, danos la gracia de caminar directa\u00admente y sin descanso hacia ella\u00bb<\/em> (SV XII, 77).<\/p>\n<h2><strong>III \u2013 Concluyendo<\/strong><\/h2>\n<p>Los santos jam\u00e1s envejecen. No nos basta, por tanto, contemplar la trayectoria de aquellos que nos precedieron en las sendas de la fe. El desaf\u00edo mayor consiste en tomarlos como fuentes de inspiraci\u00f3n en el seguimiento de Jesucristo, para que germinen en nosotros las mismas semientes que en ellos florecieron a la vida del mundo. Celebrando el 350\u00ba aniversario de la muerte de San Vicente de Pa\u00fal, y no podemos limitarnos al mero recuerdo de su eminente personalidad hist\u00f3rica y a la justa consideraci\u00f3n de sus hechos heroicos. Esta debe ser una ocasi\u00f3n privilegiada de redescubrimiento de la experiencia fundamental que lo llev\u00f3 a consagrar toda su vida a Dios, colocando al servicio de los pobres la enorme variedad de dones con que fue premiado por el Creador: el encuentro con Jesucristo que lo transform\u00f3 en mensajero incansable del Evangelio de la vida y de la esperanza.<\/p>\n<h2><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/h2>\n<ul>\n<li>CPAG-80. <em>A experi\u00eancia de S\u00e3o Vicente e a nossa<\/em>. Curitiba: Vicentina, 1977.<\/li>\n<li>DODIN, Andr\u00e9. <em>S\u00e3o Vicente de Paulo e a Caridade<\/em>. Curitiba: Vicentina, 1980.<\/li>\n<li><em>Initiation \u00e0 Saint Vincent de Paul. <\/em>Paris: Du Cerf, 1993.<\/li>\n<li>MALONEY, Robert. <em>O caminho de Vicente de Paulo<\/em>. Uma espiritualidade para nossos tempos a servi\u00e7o dos Pobres. Curitiba: Vicentina: 1998.<\/li>\n<li>MEZZADRI, Luigi. <em>La sete e la sorgente<\/em>. Introduzione agli studi vincenziani. Roma: CLV, 1992. <em>S\u00e3o Vicente de Paulo e o carisma da Caridade. <\/em>Curitiba: Vicentina, 2004.<\/li>\n<li>NARANJO, Gabriel. <em>S\u00e3o Vicente de Paulo e a Antropologia do Pobre<\/em>. Semana de Estudos Vicentinos &#8211; 2000. Rio de Janeiro: SSVP-CNB, 2000, p. 1-15.<\/li>\n<li>ORCAJO, Antonino; PEREZ FLORES, Miguel. <em>San Vicente de Pa\u00fal (II)<\/em>: espiritualidad y selecci\u00f3n de escritos. Madrid: BAC, 1981.<\/li>\n<li>ROM\u00c1N, Jos\u00e9 Mar\u00eda. <em>San Vicente de Pa\u00fal (I).<\/em> Biograf\u00eda<em>. <\/em>Madrid: BAC, 1981.<\/li>\n<li>SAMPEDRO NIETO, Francisco. <em>San Vicente de Pa\u00fal: <\/em>la espiritualidad de la acci\u00f3n. Santiago: Andes, 1996.<\/li>\n<li>UBILL\u00daS, Jos\u00e9 Antonio. <em>Vincent de Paul: un appel \u00e0 la saintet\u00e9. <\/em>In: <em>Actes du Colloque organis\u00e9 \u00e0 l\u2019occasion du 4e. centenaire de l\u2019ordination sacerdotale de Saint-Vincent-de-Paul. <\/em>Toulouse: Animation Vincentienne, 2000.<\/li>\n<li>VV.AA. <em>Monsieur Vincent<\/em>: temoin de l\u2019Evangile en son temps et pour aujourd\u2019hui. Toulouse: Animation Vincentienne, 1990.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las numerosas ramas que componen la Familia Vicenciana, hoy esparcida por los cinco continentes, recibieron una gracia que las congrega en torno de una misi\u00f3n espec\u00edfica en el coraz\u00f3n de la Iglesia y del mundo. &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/por-los-caminos-de-dios-y-de-los-pobres-itinerario-espiritual-de-san-vicente-de-paul\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":22591,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[226,28],"tags":[218,130,173,148,124,175,145,119,125,131,138,127,117,179,143,115,120,128,129,135],"class_list":["post-22590","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-espiritualidad-vicenciana","category-formacion-vicenciana","tag-abelly","tag-beauvais","tag-chatillon-les-dombes","tag-clichy","tag-du-coudray","tag-folleville","tag-gannes","tag-gondi","tag-joigny","tag-montmirail","tag-montreuil","tag-portail","tag-pouy","tag-reina-margarita","tag-san-lazaro","tag-senor-de-comet","tag-senora-de-gondi","tag-silly","tag-urbano-viii","tag-villepreux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Por los caminos de Dios y de los pobres. 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