{"id":21651,"date":"2013-08-09T10:01:41","date_gmt":"2013-08-09T08:01:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21651"},"modified":"2016-07-27T12:10:35","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:35","slug":"felix-de-andreis-1778-1820-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-i\/","title":{"rendered":"F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (I)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-23193\" title=\"deandreis\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/deandreis2-196x300.jpg?resize=196%2C300\" width=\"196\" height=\"300\" \/><\/a>INTRODUCCI\u00d3N<\/p>\n<p>La vida del Sr. De Andreis est\u00e1 unida a la historia de los principios de una misi\u00f3n que \u00e9l fue a fundar en les Esta\u00addos Unidos de Am\u00e9rica en la primera mitad de este siglo. En este tiempo fue cuando se empez\u00f3 a sentir en este pa\u00eds un movimiento hacia el Catolicismo, que vemos continuar en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Antes de narrar los pormenores de su vida nos parece conveniente dar a conocer el teatro donde este ap\u00f3stol ejer\u00adci\u00f3 su celo, e indicar la parte que les cabe a los hijos de San Vicente en la propagaci\u00f3n de la fe por estos pa\u00edses del Nue\u00advo Mundo.<\/p>\n<p>El Sr. De Andreis no vino a Am\u00e9rica sino al fin de su vida. Sacerdote de la misi\u00f3n, estaba empleado totalmente en su pa\u00eds con el ministerio de la predicaci\u00f3n, que ejerc\u00eda con lucimiento, hasta que en 1815, de edad de treinta y siete a\u00f1os, se encontr\u00f3 en Roma con el reverend\u00edsimo Sr. Du\u00adbourg, nombrado obispo de Nueva Orleans.<\/p>\n<p>Parti\u00f3se con este Prelado y lleg\u00f3, despu\u00e9s de cinco meses de navegaci\u00f3n por los atrasos forzosos, al Seminario de San\u00adto Tom\u00e1s de Bardstown. All\u00ed, en la escuela del reverend\u00edsi\u00admo Sr. Faget y de los venerables sacerdotes de San Sulpi\u00adcio, estudi\u00f3, al mismo tiempo que la lengua inglesa, la cien\u00adcia pr\u00e1ctica de difundir y acreditar la verdad en aquel pa\u00eds. Su verdadero ministerio no comenz\u00f3 hasta el a\u00f1o 1818 y termin\u00f3 en 182o, pues que muri\u00f3 prematuramente. El Esp\u00edritu divino parece se complace en emplear para el origen de las grandes obras los instrumentos al parecer m\u00e1s d\u00e9biles e inaptos y de aqu\u00ed resulta el contraste entre la causa y los efectos, que hace ver claramente el poder de sus designios, justificando as\u00ed el dicho del Ap\u00f3stol: <em>Cum infirmor, tuno po\u00adtens sum.<\/em><\/p>\n<p>Triste es por dem\u00e1s la historia de la opresi\u00f3n que los ca\u00adt\u00f3licos sufrieron durante el primer siglo de la ocupaci\u00f3n in\u00adglesa en la Am\u00e9rica del Norte. Los fundadores de la mayor parte de los Estados prohibieron en ellos la entrada a los cat\u00f3licos. S\u00f3lo el Maryland les estuvo abierto. Ocupado en 1634 por los proscriptos de la intolerancia anglicana, este Es\u00adtado, gobernado por los se\u00f1ores de Baltimore, sigui\u00f3 una po\u00adl\u00edtica en un todo contraria a la de los Estados perseguidores. Cat\u00f3lico, ten\u00eda abiertas sus puertas a todo extranjero cual\u00adquiera que fuera su fe, y les proteg\u00eda a todos igualmente. Esta generosidad fue muy mal pagada. Cosa incre\u00edble parece, y quisi\u00e9ramos poderlo negar; los protestantes abusaron de esta fraterna hospitalidad para derrocar el poder de los de Baltimore, y apenas hechos se\u00f1ores del pa\u00eds, trataron in\u00addignamente a sus hu\u00e9spedes, decretando contra ellos leyes tir\u00e1nicas, de las cuales la m\u00e1s dulce fue la abolici\u00f3n total de todos sus derechos. Citemos algunos ejemplos: Prohibici\u00f3n a los sacerdotes cat\u00f3licos de celebrar la santa Misa en luga\u00adres p\u00fablicos; prohibici\u00f3n a todo fiel de pasar por delante de los palacios del Gobierno y de frecuentar ciertos barrios de la ciudad. Esto \u00faltimo pod\u00eda tenerse como un rid\u00edculo pre\u00adcepto; mas he aqu\u00ed una ley verdaderamente odiosa: \u00abTodo hijo de cat\u00f3lico que quiera apostatar de, su fe, tiene derecho a exigir de su padre la parte de herencia que le cupiera si hu\u00adbiera muerto \u00e9ste\u00bb. As\u00ed, dando el primer lugar a la impiedad, el derecho natural y el respeto a los v\u00ednculos m\u00e1s sagrados fueron vilmente conculcados bajo la capa de ley. He ah\u00ed c\u00f3mo el error entiende la tolerancia.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1776 los cat\u00f3licos empezaron a respirar. Por una enmienda votada en el Congreso se estableci\u00f3 que all\u00ed no se ocuparan de religi\u00f3n ni para perseguirla ni para defender\u00adla. Mas antes que el nuevo derecho pasara a ser hecho transcurri\u00f3 alg\u00fan tiempo, y la arbitrariedad protestante fue deponiendo poco a poco sus armas. Por el a\u00f1o 1830, en cier\u00adtos Estados de la Uni\u00f3n los cat\u00f3licos estaban a\u00fan exclu\u00ed- dos de los cargos p\u00fablicos y no gozaban de los derechos de ciudadan\u00eda.<\/p>\n<p>No obstante la estrechez a que reduc\u00eda a los cat\u00f3licos la proscripci\u00f3n, apenas con esto endulzada, en 1789 fue nom\u00adbrado obispo de Baltimore el Ilmo. Sr. Caroll, miembro de una familia de Maryland que adquiri\u00f3 gran renombre en la guerra de la Independencia. Con la creaci\u00f3n de esta primera Silla episcopal, la Iglesia de Am\u00e9rica empez\u00f3 una nueva vida; constaba entonces de cerca de 25.000 fieles. Este n\u00fa\u00admero, aumentado con el de los cat\u00f3licos de la Lusiana, ven\u00addida, como se sabe, por los franceses en 1802 por una can\u00adtidad bien insignificante, sub\u00eda al de 40.000 cat\u00f3licos disper\u00adsos en los diversos Estados, pero sobre todo en el Maryland y la Lusiana. En este \u00faltimo pa\u00eds hab\u00eda ya un Obispo des\u00adde 1793, que era el Ilmo. Sr. Penalvery y C\u00e1rdenas, de ori\u00adgen espa\u00f1ol, el cual fue promovido al arzobispado de Gua\u00adtemala cuando la cesi\u00f3n de los franceses de aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>La divina Providencia se sirvi\u00f3 de una grande iniquidad para reportar recursos a esta angustiada Iglesia. Mientras el Ilmo. Sr. Caroll buscaba c\u00f3mo rodearse de celosos colabo\u00adradores, la tormenta revolucionaria que rug\u00eda en Francia le proporcion\u00f3 una colonia de buenos sacerdotes que, hu\u00adyendo del cadalso, se vinieron a estos pa\u00edses, y a quienes puede llam\u00e1rseles ap\u00f3stoles y padres de la fe en estas lejanas tierras. Los frutos que produjo su presencia no tardaron en manifestarse; el pueblo fiel creci\u00f3 considerablemente; fue menester crear nuevas Sillas episcopales. Barstown, Fila\u00addelfia, Nueva York y Boston, erigidas en 1808 en Sedes episcopales por Su Santidad P\u00edo VII, fueron desde enton\u00adces centros de la acci\u00f3n cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Menos feliz al principio la Lusiana, vio un rayo de es\u00adperanza cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, cuando el Sr. Dubourg tom\u00f3 posesi\u00f3n de este pa\u00eds en calidad de administrador a nom\u00adbre del Ilmo. Sr. Caroll. Pero al primer golpe de vista co\u00adnoci\u00f3 el Sr. Dubourg los obst\u00e1culos que su celo hab\u00eda de encontrar en el clero que hab\u00eda acompa\u00f1ado al Ilmo. se\u00f1or P. C\u00e1rdenas. Luchar s\u00f3lo contra la corriente, y sobre todo en la posici\u00f3n subalterna en que se encontraba, era una tentativa casi sin esperanza. Necesitaba autoridad personal, y Roma se la dio creando para \u00e9l la Sede episcopal de Nue\u00adva Orleans. Mas falto de sacerdotes pens\u00f3 venir a Europa a buscarlos. Aqu\u00ed empieza, como hemos dicho, el primer ani\u00adllo de la cadena que va a unir la Iglesia de la Am\u00e9rica del Norte con la familia de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>En Roma, el Prelado persuadi\u00f3 al Sr. De Andreis que se uniera con sus compa\u00f1eros de congregaci\u00f3n que hab\u00edan de ir con \u00e9l a su nueva di\u00f3cesis. En un segundo viaje que hizo en 1819 consigui\u00f3 reunir unos treinta valientes misio\u00adneros, a los que se apresur\u00f3 a poner bajo la direcci\u00f3n de los hijos de San Vicente establecidos en Barrens. Gracias a Dios la obra de la colonizaci\u00f3n cat\u00f3lica va a empezar a ca\u00adminar a grandes pasos.<\/p>\n<p>El molde ya se ha encontrado. Salidos de las manos de estos modestos y valerosos formadores del clero, que les hac\u00edan ejercitarse una a una en todas las funciones a las que hab\u00edan de dedicarse seg\u00fan las exigencias de aquella vasta di\u00f3cesis, se apoder\u00f3, si puede decirse as\u00ed, de los diversos puntos de esta di\u00f3cesis una nueva generaci\u00f3n de sacerdotes.<\/p>\n<p>Estos nuevos ap\u00f3stoles llevaban en su alma con el fuego sa\u00adgrado del apostolado la veneraci\u00f3n y amor hacia los maes\u00adtros de quienes ellos hab\u00edan recibido tales lecciones. De esta manera el esp\u00edritu de San Vicente, saliendo del seno de su familia, se comunic\u00f3 bien pronto al clero parroquial. Y si hasta bastante tiempo despu\u00e9s no se pueden contar entre el episcopado americano algunos misioneros de San Vicente, a quienes a tal rango se les ha elevado bien a su pesar, dif\u00edcil\u00admente se puede contar el n\u00famero de celosos y santos sacer\u00addotes curas de almas que de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n han sido verdaderos hijos de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Antes de pasar adelante nos parece conveniente dar aqu\u00ed una idea del desarrollo religioso cuyos principios acabamos de ver, tal como el Sr. De Andreis tuvo la dicha de saludar a la hora de su muerte.<\/p>\n<p>I.\u00b0 El obispado de Baltimore, fundado en 1789, ten\u00eda por Prelado en 1822 al Ilmo. Sr. Marechal. Esta di\u00f3cesis, erigida despu\u00e9s en arzobispado, ten\u00eda entonces dos Semina\u00adrios, dos colegios cat\u00f3licos, 38 iglesias, varias escuelas y cuatro comunidades religiosas de hombres y mujeres.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Los cuatro obispados creados por P\u00edo VII en 1808 ten\u00edan por Obispos: Boston, al Ilmo. Sr. de Cheveurs; Nue\u00adva York, al Ilmo. Sr. Connely; Filadelfia, al Ilmo. Sr. Cron\u00adwell; Bardstown, al Ilmo. Sr. Flaget, que ten\u00eda por coadju\u00adtor al Ilmo. Sr. David. En cada una de las tres primeras di\u00f3\u00adcesis hab\u00eda establecida una comunidad de mujeres. En la \u00faltima hab\u00eda un Seminario, dos colegios y seis comuni\u00addades.<\/p>\n<p>3.\u00b0 El obispado de Nueva Orleans, de donde era obispo<sup>,<\/sup> el Ilmo. Sr. Dubourg, nombrado en 1815, contaba con un Seminario, tres colegios y dos comunidades.<\/p>\n<p>4.. En 1822 se erigi\u00f3 la di\u00f3cesis de Richmond, su obispo, el Ilmo. Sr. Kelly. En Charlestown ten\u00eda su Sede el ilustr\u00ed\u00adsimo Sr. England, y en Cincinati el Ilmo. Sr. Vermock.<\/p>\n<p>Los progresos se acentuaron r\u00e1pidamente, y veinte a\u00f1os despu\u00e9s, los obispos de Am\u00e9rica, reunidos en Concilio pro\u00advincial (1849), exclamaban en santos transportes de alegr\u00eda en vista de la prodigiosa fecundidad adquirida por la Iglesia cat\u00f3lica en aquellos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Todos, el clero secular bien unido a las \u00d3rdenes religio\u00adsas numerosas ya en el pa\u00eds, trabajaban, cada uno en su esfe\u00adra, en la evangelizaci\u00f3n de los pueblos. Por el mismo tiempo y en todos los puntos del territorio se establecieron enjam\u00adbres de v\u00edrgenes venidas de Europa.<\/p>\n<p>Tales son las l\u00edneas generales del cuadro donde tom\u00f3 parte el Sr. De Andreis. Con \u00e9l la familia de San Vicente ha cooperado desde los principios a la evangelizaci\u00f3n de esta parte del Nuevo Mundo, y desde entonces los misioneros y las Hijas de la Caridad han continuado su apostolado, al que Dios ha concedido una visible protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO I<\/p>\n<p><strong>Nacimiento de F\u00e9lix De Andreis.\u2014Su piadosa educaci\u00f3n en el seno de su<br \/>\nfamilia, y sus estudios.\u2014Su vocaci\u00f3n.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>El siglo XVIII tocaba a su t\u00e9rmino, arrastrado al abis\u00admo por su corrupci\u00f3n y sus errores. La Francia estaba trabajada hac\u00eda m\u00e1s de un siglo por la m\u00e1s insidiosa de las herej\u00edas , el jansenismo. En Alemania las Universidades propagaban las doctrinas febronianas y de Eybel, que apar\u00adtaban a los fieles de la Silla apost\u00f3lica. Austria, oprimida por el despotismo eclesi\u00e1stico de Jos\u00e9 II, e Italia sent\u00eda ella misma que se disminu\u00eda el amor hacia el Soberano Pon\u00adt\u00edfice por la especie de cisma del S\u00ednodo de Pistoya. El filosofismo, que todo lo hab\u00eda inficionado con su veneno, se encontraba entonces en el apogeo de su triunfo.<\/p>\n<p>En un humilde lugar del Piamonte, llamado Demonte, de la di\u00f3cesis de Cuneo, el 13 de Diciembre de 1778, vino al mundo un ni\u00f1o a quien Dios preserv\u00f3 de la corrupci\u00f3n de su siglo y de todo error en materia de fe. La familia De Andreis, aunque noble, viv\u00eda en una honrosa median\u00eda y conservaba la mejor y m\u00e1s apreciable de las noblezas: las tra\u00addiciones de la fe y religi\u00f3n. Al ni\u00f1o se le puso en el bautismo el nombre de F\u00e9lix. Pocos pormenores nos son conocidos de los primeros a\u00f1os de la vida del futuro misionero; s\u00f3lo nos queda un precioso manuscrito, escrito mucho despu\u00e9s por el mismo Sr. De Andreis, y que es como la historia \u00ednti\u00adma de su alma; citaremos un trozo, en el cual se traslucen las piadosas impresiones que forman como la atm\u00f3sfera en la cual pas\u00f3 su ni\u00f1ez. \u00abYo veo claramente,&#8211;dice \u00e9l en sus <em>soli\u00adloquios, <\/em>\u2014que la divina bondad me comenz\u00f3 a llamar desde la m\u00e1s tierna edad para los dulces entretenimientos de la contemplaci\u00f3n. Aun me acuerdo,\u2014a\u00f1ade, \u2014y parece que estoy sintiendo distintamente las inefables delicias que yo experimentaba entonces, bien joven a\u00fan, cuando o\u00eda, asido a las faldas de mi madre, algunos c\u00e1nticos que ella can\u00adtaba sobre el amor de Dios y la infancia de Mar\u00eda mientras est\u00e1bamos descansando por la tarde en los jardines del conde de Ber\u00e1nger\u00bb.<\/p>\n<p>La fe y la piedad se introduc\u00edan blanda y profundamen\u00adte en esta alma, dotada de una viva sensibilidad. La <em>Vida de San Luis Gonaga <\/em>era su lectura favorita, y ya entonces in\u00adtent\u00f3 componer un himno en honor de su Santo favorito. Existe tambi\u00e9n un di\u00e1logo entre su \u00c1ngel de la Guarda y \u00e9l mismo sobre las alegr\u00edas del cielo y el amor divino.<\/p>\n<p>Su primera educaci\u00f3n la hizo al lado de sus padres, y bien pronto adquiri\u00f3 los suficientes conocimientos para po\u00adder ser enviado a Cuneo a cursar la Ret\u00f3rica y la Filosof\u00eda. Dotado de una memoria la m\u00e1s feliz e imaginaci\u00f3n viva y ardiente, ocupaba sus ratos de ocio en cantar las maravillas que pasaban por su coraz\u00f3n. Compuso un volumen de poe\u00ads\u00edas, en donde el fervor de su alma se eleva hasta Dios. Su penetrante inteligencia unida a una asidua aplicaci\u00f3n, le hi\u00adcieron obtener triunfos capaces de excitar la envidia de sus condisc\u00edpulos, pero que a su coraz\u00f3n, lleno de la divina gra\u00adcia, dejaban insensible.<\/p>\n<p>No conoci\u00f3 ninguno de los peligros de la juventud, y el \u00fanico que corri\u00f3 fue de otra suerte. He aqu\u00ed c\u00f3mo le cuen\u00adta Mons. Rosati: \u00abUn d\u00eda de asueto fuese con muchos de sus condisc\u00edpulos a pasear a las opuestas orillas del r\u00edo Stura. A su vuelta quisieron tornar un camino m\u00e1s corto, y trata\u00adron de vadear las r\u00e1pidas corrientes de este r\u00edo. Esto, que para sus compa\u00f1eros era f\u00e1cil, era para \u00e9l, flaco y endeble, una arriesgada empresa. La corriente le arrastr\u00f3 a grande distan\u00adcia, y sus compa\u00f1eros, horrorizados al ver esto, se encontraban como imposibilitados de auxiliarle. El piadoso joven elev\u00f3 su coraz\u00f3n a Dios e invoc\u00f3 a San Antonio, y en el mismo momento vio o crey\u00f3 ver al Santo que le arrojaba una cuerda, a la cual se asi\u00f3 con todas sus fuerzas. Sea lo que fuere, lo cierto es que \u00e9l sali\u00f3 salvo y volvi\u00f3 donde sus compa\u00f1eros, sin sufrir gran mal\u00bb. Esto es lo que nos ha de\u00adjado escrito uno de sus m\u00e1s \u00edntimos amigos sobre la celes\u00adtial protecci\u00f3n concedida al Sr. De Andreis. Las brillantes cualidades de su esp\u00edritu y sus adelantos literarios le presa\u00adgiaban un porvenir glorioso, y sus mismos maestros no du\u00addaban predecirle una carrera literaria envidiable.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es el joven que, oyendo a los dieciocho a\u00f1os ala\u00adbar su talento, no se figura , all\u00e1 en sus sue\u00f1os dorados, un porvenir encantador y feliz donde todo le salga a medida de sus deseos? Las naturalezas delicadas y po\u00e9ticas, m\u00e1s que ninguna otra, se meten en las profundidades del mundo imaginario, donde miles de seductores fantasmas las aluci\u00adnan, y es bien dif\u00edcil desechar las enga\u00f1osas ilusiones que presenta la imaginaci\u00f3n, ayudada por la mala consejera, la vanidad. \u00bfSufri\u00f3 alg\u00fan rudo combate el alma del joven F\u00e9\u00adlix? No hay dato ninguno para suponerlo. En su <em>diario <\/em>\u00edn\u00adtimo no existe ni una palabra, ni una alusi\u00f3n a esto. Dios habl\u00f3 a su coraz\u00f3n; su coraz\u00f3n era puro; entendi\u00f3 el divi\u00adno llamamiento, y como recto le sigui\u00f3.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal, durante su vid, envi\u00f3 misioneros a G\u00e9nova, y la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se hab\u00eda extendido y fijado en Italia, y parec\u00eda corno que a ella se inclinaban los corazones deseosos del bien y salvaci\u00f3n de las almas. Ella hab\u00eda resistido a todas las tempestades, pero la aguardaban d\u00edas terribles y de prueba. La revoluci\u00f3n francesa hab\u00eda des-. tru\u00eddo en Francia toda la organizaci\u00f3n religiosa, e iba a llevar bien pronto con sus conquistas sus destrucciones imp\u00edas.<\/p>\n<p>El joven F\u00e9lix, sin perturbarse en nada por las revolu\u00adciones pol\u00edticas, sent\u00eda corno crecer dentro de s\u00ed el deseo de consagrarse a la instrucci\u00f3n del pobre pueblo de los campos, entrando en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Dios le hablaba interiormente, y \u00e9l trat\u00f3 de descubrir sus designios al se\u00f1or Langeri, visitador de la provincia. El Superior no ignoraba las relevantes prendas del joven; mas recibi\u00f3 con frialdad su petici\u00f3n, desconfiando, como deb\u00eda, de aquella naturaleza po\u00e9tica. Le declar\u00f3 abiertamente que la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal se dedicaba ante todo a la instrucci\u00f3n de los habitantes en las campi\u00f1as y en catequi\u00adzar a los ignorantes, y que la vida del misionero era encon\u00adtrarse en medio de pobres y enfermos; que para esto \u00e9rale suficiente al misionero poseer s\u00f3lidos conocimientos en ma\u00adteria de Teolog\u00eda, componer sencillamente sus discursos ges\u00adtar lleno de celo. La vocaci\u00f3n de nuestro joven era seria, y as\u00ed, sin atemorizarse por estas palabras, respondi\u00f3:&#8211;\u00abPadre m\u00edo, yo s\u00f3lo os pido una cosa: el favor de poder servir a Dios en este instituto; me tendr\u00e9 por muy feliz en seguir la regla de San Vicente.\u00bb En vista de una tan decidida voluntad, admiti\u00f3 el Superior al postulante,<\/p>\n<p>El joven F\u00e9lix, acostumbrado como estaba a entrar den\u00adtro de s\u00ed mismo, pudo escribir en sus <em>memorias <\/em>un cap\u00edtu\u00adlo intitulado <em>Ad quid venisti?, en <\/em>el que pinta admirable\u00admente sus interiores disposiciones. \u00abYo,\u2014dice \u00e9l,\u2014entraba entonces conmigo mismo en consideraci\u00f3n, y me esforzaba en corregir todo aquello que encontraba reprensible en mi conducta, y sobre todo aquel esp\u00edritu de vanidad que me inclinaba a manifestar mis talentos ante los dem\u00e1s. Me trac\u00e9 un plan de vida m\u00e1s serio, y me resolv\u00ed a entrar misionero para expiar mis pecados, procurar la gloria divina, mi salva\u00adci\u00f3n, y tambi\u00e9n, con la ayuda de la gracia de Dios, la de los dem\u00e1s. Esta fue mi intenci\u00f3n; pero conozco claramente oh mi Dios! que s\u00f3lo de Vos proven\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Los tiempos en que se encontraba no eran los m\u00e1s a pro\u00adp\u00f3sito para el recogimiento. El Gobierno revolucionario de Francia hab\u00eda invadido la Italia con intenci\u00f3n de sacar pri\u00adsionero de Roma al Santo Padre P\u00edo VI y cerrar todas las casas religiosas. El general del Piamonte iba a aplicar su sistema destructor a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El jo\u00adven F\u00e9lix, todo ocupado en Dios y en los designios que este Se\u00f1or ten\u00eda sobre \u00e9l, pas\u00f3 un a\u00f1o de noviciado procurando adquirir las virtudes propias de un misionero. Hab\u00eda sido enviado a la casa de Mondovi para comenzar su noviciado entre los del Instituto como seminarista interno. Tom\u00f3 la sotana y h\u00e1bito de San Vicente el I.\u00b0 de Noviembre de 1797, y bajo la direcci\u00f3n del Sr. Giordano continu\u00f3 en reformar su interior y adquirir aquellas virtudes que hab\u00edan de hacer de \u00e9l un hombre de Dios. Ten\u00edase por feliz en vivir bajo el yugo de la obediencia, y prop\u00fasose no hacer nada sin con\u00adsejo y permiso. \u00danicamente preocupado de la virtud, aban\u00addon\u00f3 en el Seminario sus aficiones literarias y los encantos de la poes\u00eda.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o hab\u00eda pasado nuestro novicio en el Seminario, cuando en el mes de Enero de 1799 la revoluci\u00f3n empez\u00f3 a rugir en el Piamonte. Todas las casas de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n fueron suprimidas, y los misioneros expulsados violentamente. La vocaci\u00f3n del joven misionero fue puesta a una grande prueba, pues ten\u00eda que volver al mundo, del que \u00e9l hab\u00eda huido. Se refugi\u00f3 entre su familia el 7 de Fe\u00adbrero de 1799; pero llevaba en su coraz\u00f3n un tesoro de gra\u00adcias recogidas a fuerza de mucho cuidado y de grandes esfuerzos, y por esto, aunque lejos de su Instituto, conserv\u00f3 preciosamente su vocaci\u00f3n. Aprovech\u00e1ndose de un poco de calma, los misioneros volvieron a tomar posesi\u00f3n de su casa de San Mauro, en Tur\u00edn, y all\u00ed fue llamado en 12 de Di\u00adciembre del mismo a\u00f1o. Hechos los ejercicios espirituales, se le aplic\u00f3 a los estudios propios de un sacerdote y misio\u00adnero. El 21 de Septiembre de i800 emiti\u00f3 sus votos, y comenz\u00f3 a cursar la sagrada Teolog\u00eda. En nada mud\u00f3 de conducta, y apenas puede creerse la modestia de su conti\u00adnente, la regularidad de su conducta y aquel cuidado casi escrupuloso en obedecer aun en las cosas m\u00e1s peque\u00f1as; y parece que \u00e9l continuaba su noviciado, y no ten\u00eda otra pre\u00adocupaci\u00f3n que la de adquirir una uni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con su Dios. Sus superiores observaban sus eminentes cualidades, y llenos de admiraci\u00f3n al ver una vida tan conforme en todo a las Reglas, guard\u00e1banse bien de fomentar el amor propio del joven, reprendi\u00e9ndole por las m\u00e1s ligeras imprudencias, Al recibir estas reprimendas y avisos, el buen seminarista no perd\u00eda nada de su dulzura y serenidad. En la casa de Tur\u00edn hab\u00eda varios venerables sacerdotes que hab\u00edan pasado su vida ejercit\u00e1ndose en los trabajos de nuestro santo minis\u00adterio, y en estos misioneros miraba nuestro joven la imagen viva de San Vicente de Pa\u00fal, y observando sus ejemplos encontraba otros tantos motivos para practicar las virtudes de nuestro santo estado.<\/p>\n<p>La paz no hab\u00eda de durar mucho tiempo, y las revoluciones y sucesos pol\u00edticos alcanzaron a la casa de Tur\u00edn. Antiguos misioneros encanecidos en las misiones, y j\u00f3venes cl\u00e9rigos que por medio del estudio y pr\u00e1cticas religiosas se \u00a0preparaban a la vida de las misiones, todos, todos fueron \u00a0dispersados, y la casa de Tur\u00edn suprimida. Sin desanimarse\u00a0 por esto F\u00e9lix, huyendo de la persecuci\u00f3n, arrib\u00f3 a Plasencia, y all\u00ed, en la casa que tiene la Congregaci\u00f3n, pudo continuar sus estudios. Esto pasaba el 26 de Diciembre de 1800.<\/p>\n<p>Se dedicaba especialmente a los estudios de Teolog\u00eda y Filosof\u00eda, sin olvidar en sus ratos de ocio la literatura y de\u00adm\u00e1s ciencias. Sab\u00eda las antiguas lenguas : el lat\u00edn , que hablaba con facilidad y escrib\u00eda con elegancia ; el griego, que \u00e9l mismo ense\u00f1aba; el hebreo, al que se aplicaba como ne\u00adcesario para los estudios exeg\u00e9ticos ; le era tambi\u00e9n familiar el espa\u00f1ol y el franc\u00e9s, y pose\u00eda bastante bien el ingl\u00e9s. Es de admirar sus aptitudes para la literatura, juntas con sus conocidas y distinguidas cualidades para las ciencias; su esp\u00edritu no era extra\u00f1o a nada, y sus felices facultades le permit\u00edan asimilarse todo lo que estudiaba. Su memoria era tan feliz,\u2014dice uno de sus contempor\u00e1neos,\u2014que jam\u00e1s olvidaba lo que una vez hubiera le\u00eddo.<\/p>\n<p>Est\u00e9ril e inutil es todo conocimiento que no lleva a amar a Dios,\u2014dice Bossuet,\u2014y esta m\u00e1xima hac\u00eda tiempo que la hab\u00eda comprendido el joven disc\u00edpulo de San Vicente, y por eso \u00e9l procuraba adelantar cada vez m\u00e1s y m\u00e1s en la vir\u00adtud y amor de Dios, y hac\u00eda que todo le sirviera a alimentar su piedad. Se dedicaba con particular afici\u00f3n al estudio de la <em>Suma <\/em>de Santo Tom\u00e1s, complet\u00e1ndola con la lectura de las obras de San Agust\u00edn, San Bernardo y San Juan Cris\u00f3sto\u00admo, y procuraba confiar a su memoria varios trozos de estos Padres, recurso precioso por la solidez de sus discursos. Acer\u00adc\u00e1base el tiempo en que \u00e9l hab\u00eda de acercarse tambi\u00e9n al al\u00adtar, el cual en los sue\u00f1os de su juventud hab\u00eda entrevisto y considerado como una monta\u00f1a de gran peso que cada d\u00eda hab\u00eda de gravitar sobre \u00e9l por tener que celebrar e inmolar la v\u00edctima sagrada. Ordenado de subdi\u00e1cono el martes de Pascua de 1801, recibi\u00f3 pocas semanas despu\u00e9s el diacona do, y no hab\u00eda de concluirse el a\u00f1o antes que \u00e9l fuera ele\u00advado al sacerdocio.<\/p>\n<p>Uno de los fines principales porque San Vicente fund\u00f3 su Instituto, fue para regenerar el clero. Por medio de sus <em>Conferencias y Ejercicios de eclesi\u00e1sticos, <\/em>donde acud\u00edan los miembros m\u00e1s distinguidos del clero a adquirir el cono\u00adcimiento de sus deberes, dio y present\u00f3 el Santo la idea verdadera del sacerdocio, primero ante los ojos de los mismos sacerdotes, y luego, poco a poco, ante los ojos del mismo pueblo, testigo de esta transformaci\u00f3n. Pero sus principales cuidados eran disponer a los j\u00f3venes cl\u00e9rigos para recibir dignamente los \u00f3rdenes sagrados: a este prop\u00f3sito instituy\u00f3 la pr\u00e1ctica de los ejercicios de ordenandos, que se ha gene\u00adralizado para tanto bien de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sin dificultad se comprende c\u00f3mo el joven F\u00e9lix De An\u00addreis, imbuido y animado de estas m\u00e1ximas de San Vicente, se preparar\u00eda a los diversos \u00f3rdenes que hab\u00edan de hacer de \u00e9l un sacerdote de Jesucristo. Sus fervorosas oraciones y sus continuas lecturas en las obras de los Santos Padres y Doc\u00adtores de la Iglesia, le -hicieron formar una idea elevad\u00edsima y al mismo tiempo exacta de la eminente dignidad sacerdo\u00adtal. Orden\u00f3se de sacerdote a fines del a\u00f1o 1801.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO II<\/p>\n<p><strong>Sus ocupaciones en Plasencia y Roma hasta el a\u00f1o 1815.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>El Sr. De Andreis fue bien pronto aplicado <em>al <\/em>ministerio de las misiones. Terminados sus estudios el 14 de Agosto de 1802; estaba bien dispuesto para poder ser enviado a las misiones, pues que hasta ten\u00eda compuestas ya varias instruc\u00adciones sobre los principales deberes del cristiano, sobre las verdades eternas y acerca de los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Tuvo tambi\u00e9n la dicha de ser asociado para los trabajos de las misiones a un santo sacerdote de su Instituto, el Sr. Colucci, y con \u00e9l evangeliz\u00f3 los pueblos circunveci\u00adnos de Plasencia; esto era una grande gracia. Adornado de una ciencia seria y preparado para toda obra buena, como dice San Pablo: <em>Paratus ad omne opus bonum, <\/em>estaba siem\u00adpre dispuesto para llenar el vac\u00edo que dejara cualquiera de sus compa\u00f1eros por ausencia, por enfermedad o por cual\u00adquiera otra causa.<\/p>\n<p>Pronto le encomendaron la direcci\u00f3n espiritual de los alumnos que hab\u00eda en el Colegio de la ciudad, al mismo tiempo que ejerc\u00eda el oficio de profesor.<\/p>\n<p>A las <em>Conferencias <\/em>eclesi\u00e1sticas acud\u00eda gran n\u00famero de sacerdotes, muchos de ellos ancianos y encanecidos en el ejercicio de las funciones sagradas. Admiraban \u00e9stos en el jo\u00adven disc\u00edpulo de San Vicente, juntamente con la ciencia, una prudencia que le alejaba de toda exageraci\u00f3n. La mo\u00addestia que \u00e9l usaba en sus discursos y la piedad que le ani\u00admaba, hicieron que todos le tomaran por su director. Sus superiores, viendo los brillantes triunfos que alcanzaba, au\u00adguraban ya las grandes cosas que estaba llamado a ejecutar.<\/p>\n<p>La salud del Sr. F\u00e9lix De Andreis resinti\u00f3se bastante por el clima de Plasencia, y padec\u00eda frecuentemente grandes do\u00adlores de cabeza. Se crey\u00f3 que los aires de Roma le ser\u00edan m\u00e1s saludables, y se decidieron a enviarle a Monte Citorio. El Superior de esta casa apreciaba en su justo valor las vir\u00adtudes y disposiciones del joven sacerdote, a quien ya cono\u00adc\u00eda como conoce un maestro a su disc\u00edpulo, pues que le ha\u00adb\u00eda ense\u00f1ado la Teolog\u00eda moral. Dando gracias a Dios de tener un sujeto tan apto para los diversos trabajos apost\u00f3li\u00adcos que estaban confiados a su direcci\u00f3n, le aplic\u00f3 inmedia\u00adtamente a diversos ministerios. El joven misionero, acostum\u00adbrado a regular su interior seg\u00fan las miras divinas, pidi\u00f3 y obtuvo de su Superior hacer algunos d\u00edas de ejercicios espi\u00adrituales para prepararse. Si el Esp\u00edritu Santo nos advierte que es menester preparemos nuestra alma para la tentaci\u00f3n, \u00bfno deber\u00e1 el sacerdote templar tambi\u00e9n sus armas espiri\u00adtuales en la meditaci\u00f3n y oraci\u00f3n antes de empezar los tra\u00adbajos exteriores de la predicaci\u00f3n, para que \u00e9sta produzca sus frutos y asegure al mismo tiempo su salvaci\u00f3n? Durante el est\u00edo de 1806 el Sr. De Andreis tom\u00f3 parte en las misiones de Cecano, de Juliano, Terrentino, Sannino y de Valmon\u00adte, y en ellas se port\u00f3 como un hombre de Dios. En algunas partes, como en Valmonte, la confianza en las virtudes del misionero era tan grande, que se dec\u00eda hac\u00eda milagros. No tenemos prueba ninguna de estos prodigios, pero s\u00ed el testi\u00admonio de admiraci\u00f3n que el se\u00f1or obispo de Segni rend\u00eda a las virtudes del misionero. \u00abDurante la misi\u00f3n de Valmon\u00adte el pueblo distingu\u00eda y amaba sobremanera al Sr. De An\u00addreis; en cuanto a m\u00ed, yo admiraba sus virtudes y me for\u00adm\u00e9 de \u00e9l una idea la m\u00e1s alta.\u00bb Despu\u00e9s de esta \u00e9poca se le destin\u00f3 a las misiones de los campos, donde se distingu\u00eda por su infatigable celo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda asociado al trabajo de las misiones cierto n\u00famero de eclesi\u00e1sticos, y para ser uniformes en estos ejercicios les reuni\u00f3 en una asamblea donde hab\u00edan de discutir sobre los medios de ser \u00fatiles a las almas, sobre todo en el tribunal de la penitencia.\u00bbDadme,\u2014dec\u00eda San P\u00edo V,\u2014buenos con\u00adfesores, y yo os dar\u00e9 y mostrar\u00e9 el mundo entero refor\u00admado.\u00bb El Sr. De Andreis comprend\u00eda la importancia de esta sentencia de ese gran Papa. En un pueblo que tiene fe, lo m\u00e1s importante para conservar las buenas costumbres es la direcci\u00f3n espiritual. Propuso a sus colaboradores formar una <em>liga, <\/em>semejante a la que organiz\u00f3 el beato Leonardo de Porto Mauricio, para remediar los des\u00f3rdenes que reinaban en algunos lugares de los Estados pontificios. Dejando a un lado las cuestiones controvertidas, resolvieron tomar por re\u00adgla ciertos puntos del Ritual romano y las advertencias de San Carlos Borromeo. Se comprometieron mutuamente a poner en pr\u00e1ctica estas resoluciones, y a cada uno de los confesores se le envi\u00f3 una copia para que pudiera servirle de regla. De esta manera el celoso misionero aseguraba el fruto de sus predicaciones y procuraba un bien estable apoy\u00e1ndo\u00adse en las reglas mismas de la Teolog\u00eda.<\/p>\n<p>El cargo principal a que fue aplicado el Sr. De Andreis fue al de profesor en la casa de Monte Citorio. Sus misiones no eran, por decirlo as\u00ed, m\u00e1s que los ocios concedidos a una vida de estudios. Donde m\u00e1s sobresal\u00eda su ciencia era en la ense\u00f1anza de la Teolog\u00eda. Uno de sus disc\u00edpulos, que vino<\/p>\n<p>\u00e1 la Am\u00e9rica como su compa\u00f1ero y muri\u00f3 obispo de San Luis, nos ha dejado el siguiente testimonio: \u00abLuego que el Sr. De Andreis se sent\u00f3 en la clase para ense\u00f1arnos la Teo\u00adlog\u00eda,\u2014dice el Ilmo. Rosati,\u2014todos nos asombramos, o me\u00adjor dicho nos llenamos de admiraci\u00f3n al ver la erudi\u00adci\u00f3n, claridad y solidez de sus explicaciones. Dotado de una memoria maravillosa, citaba con exactitud largos pasajes de diversos autores, y no se le vio en todo este tiempo ni una sola vez abrir un libro en la clase para darnos la explicaci\u00f3n. Sus explicaciones eran muy claras; pero lo que entonces m\u00e1s estimaba era que mientras alumbraba nuestros enten\u00addimientos, inflamaba nuestros corazones. Frecuentemente pudi\u00e9ramos nosotros haber dicho al salir de la clase con los disc\u00edpulos que iban con el Se\u00f1or a Ema\u00fas: <em>Nonne cor no\u00adstrum ardens erat in nobis dum loqueretur nobisinvia?\u00bb\u00bfPor <\/em>\u00abventura nuestro coraz\u00f3n no se encend\u00eda mientras iba hablando con nosotros en el camino?\u00bb Las palabras del ilus\u00adtr\u00edsimo Rosati pueden confirmarse con el testimonio del se\u00ad\u00f1or Jos\u00e9 Martini, uno de los primeros disc\u00edpulos y confi\u00addentes del Sr. De Andreis. A\u00f1ade dicho se\u00f1or que esa especie de fuego tom\u00f3 nuevo incremento cuando el Sr. De Andreis dirigi\u00f3 a los j\u00f3venes disc\u00edpulos del Colegio de la Propaganda, a quienes \u00e9l quer\u00eda comunicar el fuego divino y celestial que hab\u00eda de convertirlos en fervientes ap\u00f3stoles de los pa\u00edses infieles a que estaban destinados.<\/p>\n<p>En Monte Citorio se hallaban establecidas las Conferen\u00adcias del <em>Martes <\/em>tal como San Vicente las fund\u00f3 en el si\u00adglo XVII, y a ellas acud\u00edan numerosos eclesi\u00e1sticos; y to\u00addos, curas, dignatarios de la Iglesia, sacerdotes empleados en diversos trabajos del sagrado ministerio, ve\u00edan en el Sr. De Andreis un presidente de dichas Conferencias h\u00e1bil al mis\u00admo tiempo que s\u00f3lido. Las verdades de la fe, la excelencia del sacerdocio, la necesidad de las virtudes sacerdotales que deben sobresalir entre las virtudes de los seglares, eran los diversos objetos que \u00e9l trataba en sus discursos, pero bajo una forma nueva y con singular convicci\u00f3n. Las numero\u00adsas conversiones que pronto se obraron en Roma no tuvie\u00adron otro principio que la saludable influencia ejercida por el nuevo Vicente de Pa\u00fal sobre el clero. La fama de sus vir\u00adtudes y de sus obras extendi\u00f3se por la ciudad. Algunas ve\u00adces acud\u00edan a oirle Prelados y Cardenales de la Iglesia, y se volv\u00edan siempre muy edificados. El cardenal-vicario, emi\u00adnent\u00edsimo se\u00f1or De la Somaglia, quiso juzgar por s\u00ed mis\u00admo de lo que le contaban, y asombrado, fue a dar cuenta de sus impresiones a P\u00edo VII, quien le respondi\u00f3: \u00abNo de\u00adbemos perder nunca de vista a este joven misionero; sacer\u00addotes de ese temple son los que necesitamos.\u00bb As\u00ed pensaban los Prelados y Cardenales que acud\u00edan a Monte Citorio, y en particular el teniente vicario general, Ilmo. Sr. Fenaia, que jam\u00e1s dej\u00f3 de ir a escuchar al predicador.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las Conferencias del Martes se reun\u00edan va\u00adrios eclesi\u00e1sticos los domingos en Monte Citorio, y el Sr. De Andreis era quien daba las conferencias. Hab\u00eda una piado\u00adsa Asociaci\u00f3n, llamada de San Pablo, la que constaba de sacerdotes que deseaban cumplir dignamente con su ministe\u00adrio, y doce eran los presidentes, escogidos entre los miem\u00adbros m\u00e1s eminentes. Apelaron al celo del Sr. De Andreis y le confiaron el cargo de director.<\/p>\n<p>Pero si el Sr. De Andreis era como el ap\u00f3stol del clero, tampoco olvidaba a los seglares, y todos los domingos diri\u00adg\u00eda su palabra a la Asociaci\u00f3n de San Vital, compuesta de pobres gentes a quienes instru\u00eda, y mov\u00eda a veces de tal mo\u00addo que les hac\u00eda derramar l\u00e1grimas. Parte de su celo cab\u00eda tambi\u00e9n a los monasterios, colegios, escuelas y asociaciones piadosas. Todos deseaban oirle, y a todos dirig\u00eda discursos pr\u00e1cticos, apropiados h\u00e1bilmente a sus necesidades y con\u00addiciones. Durante cuatro a\u00f1os, desde 1810 a 1814, cada d\u00eda regularmente dirig\u00eda su palabra a una asamblea compuesta de diversas gentes, que se reun\u00edan a hora fija en una sala situada cerca de la porter\u00eda de la casa de Monte Citorio.<\/p>\n<p>All\u00ed se ve\u00edan paisanos, mercaderes, dom\u00e9sticos, abogados, sacerdotes, as\u00ed del clero secular como regular, y todos saca\u00adban provecho de las palabras del hombre de Dios. Mas al mismo tiempo, cuidadoso de penetrarse bien del esp\u00edritu de su santo Fundador, recog\u00edase frecuentemente para evitar en medio de tantas ocupaciones la confusi\u00f3n de esp\u00edritu y preocupaci\u00f3n, que, so pretexto de hacer mucho, lo pierde todo.<\/p>\n<p>Nada se escond\u00eda a su celo; visitaba frecuentemente las c\u00e1rceles, donde encontraba amplia materia para sus predi\u00adcaciones particulares, que consolaban a los infelices encar\u00adcelados. En los hospitales se le ve\u00eda tambi\u00e9n a la cabecera de los enfermos, en donde sobre todo se mostraba h\u00e1bil para disponer las almas al sacramento de la Penitencia, inspir\u00e1n\u00addoles al mismo tiempo valor y resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO III<\/p>\n<p><strong>El Ilmo. Sr. Dubourg logra llevar consigo al Sr. De Andreis para las misiones de Am\u00e9rica.\u2014Sale de Roma en 1815.<\/strong><\/p>\n<p>P\u00edo VII volvi\u00f3 a Roma, donde fue acogido por la ciudad como un padre entre sus hijos; mas llen\u00f3se de tristeza al ver las ruinas espirituales que se hab\u00edan amontonado a su alre\u00addedor. Para luchar contra la irreligi\u00f3n se ordenaron y pre\u00addicaron numerosos ejercicios espirituales, y se exhort\u00f3 para ello a toda clase de sacrificios: el Sr. De Andreis entr\u00f3 con todo su celo en esta santa empresa.<\/p>\n<p>En medio de estas ocupaciones agitaba a su alma apos\u00adt\u00f3lica un deseo m\u00e1s alto a\u00fan, y era llevar la luz de la fe a las naciones infieles, y varias veces hab\u00eda dejado ya entrever esta su aspiraci\u00f3n. La casa de Roma donde \u00e9l viv\u00eda, y donde se hospedaban muchos misioneros venidos de la China, daba p\u00e1bulo a sus deseos. \u00c9l pens\u00f3 que Dios le llamaba para eso, y crey\u00f3 un deber suyo escribir al Superior de la Con\u00adgregaci\u00f3n, el Sr. Brunet, que en Par\u00eds ejerc\u00eda las funciones de Vicario general. Hab\u00eda de enviarse a la China varios mi\u00adsioneros franceses, y el Sr. De Andreis reput\u00f3se feliz al reci\u00adbir una noticia satisfactoria. \u00abEstad presto, \u2014le dec\u00eda,\u2014 para partir a la misi\u00f3n que tan ardientemente dese\u00e1is, pues que hab\u00e9is sido designado a las misiones de la China. Pod\u00e9is admirar juntamente&#8217; con vuestros compa\u00f1eros los desig\u00adnios de la divina Providencia, que para obtener sus fines se sirve de medios enteramente imprevistos.\u00bb Las \u00faltimas pa\u00adlabras del Superior hac\u00edan alusi\u00f3n a una circunstancia ver\u00addaderamente maravillosa, pues que esta expedici\u00f3n de mi\u00adsioneros para la China era costeada por una sociedad de se\u00ad\u00f1oras rusas cism\u00e1ticas.<\/p>\n<p>El Sr. De Andreis prepar\u00f3se para el viaje dando gracias a Dios. Pero sus Superiores inmediatos trabajaron por rete\u00adnerle en Roma: ganaron la causa, y las misiones extranjeras que hab\u00edan como aparecido al alma del piadoso misionero parecieron alejarse cual una enga\u00f1osa ilusi\u00f3n. No por eso desmay\u00f3, y se content\u00f3 con cumplir la voluntad divina. Para conocerla m\u00e1s claramente redobl\u00f3 sus oraciones y aus\u00adteridades. No era la China el lugar donde hab\u00eda de ejercer su celo, sino la Am\u00e9rica; \u00e9l lo hab\u00eda presentido. Oigamos a dos testigos de su vida, sus disc\u00edpulos de Teolog\u00eda, el ilus\u00adtr\u00edsimo Rosati y el Sr. Jos\u00e9 Martini. \u00abEn 1807,\u2014dice el rector Martini,\u2014y durante los a\u00f1os siguientes hasta 27 de Mayo de 1810, cuando en Roma fueron suprimidas las casas reli\u00adgiosas y me fue preciso separarme del Sr. De Andreis, yo le o\u00ed varias decir que morir\u00eda en la Am\u00e9rica, donde se hab\u00eda pensado enviarle varias veces, y que en estas ocasiones pa\u00adrece que sent\u00eda un como secreto presentimiento de que lle\u00adgar\u00eda ese caso.\u00bb El Ilmo. Rosati, que muri\u00f3 obispo de San Luis, en los Estados Unidos, confirma esto. \u00abDurante el tiempo,\u2014dice \u00e9l,\u2014en que la Iglesia gem\u00eda bajo aquella te\u00adrrible persecuci\u00f3n en la cual el Romano Pont\u00edfice estaba preso en Savona , y cuando ning\u00fan esp\u00edritu humano pod\u00eda predecir si tendr\u00eda, ni cu\u00e1ndo y c\u00f3mo, fin aquella persecu\u00adci\u00f3n, el Sr. De Andreis, con tal calma como si la tempestad estuviera ya disipada, me dijo un d\u00eda pase\u00e1ndonos juntos. \u00ab&#8212;\u00bfA. qu\u00e9 estudio os dedic\u00e1is ahora? Le respond\u00ed que estaba preparando algunos sermones, y que parte del d\u00eda ocupaba tambi\u00e9n en perfeccionarme en el hebreo para poder explicar \u2013y entenderla Sagrada Escritura.\u2014Dejad el hebreo,\u2014respondi\u00f3 en seguida,\u2014y aprended el ingl\u00e9s.&#8211;jEl ingl\u00e9s, el ingl\u00e9s, \u2014respond\u00ed todo admirado , \u2014 el ingl\u00e9s! \u00bfPara qu\u00e9 me ha de servir, ni qu\u00e9 uso he de hacer yo de este idioma?\u2014El os ser\u00e1 necesario,\u2014respondi\u00f3,\u2014 para predicar la palabra de Dios a un pueblo que a\u00fan no conoce nuestra fe. Por deferencia a ese se\u00f1or, a quien yo ten\u00eda por hombre de Dios, consent\u00ed en aceptar una gram\u00e1tica que \u00e9l mismo me regal\u00f3, prometiendo examinar mis progresos durante nuestros paseos ; pero las dificultades que yo encontraba en la pronunciaci\u00f3n me hi\u00adcieron renunciar al estudio de esa lengua, y le volv\u00ed el libro dici\u00e9ndole:\u2014No me habl\u00e9is m\u00e1s del ingl\u00e9s; me es imposible aprenderle.\u2014Como Ud. guste ,\u2014 me dijo ,\u2014pero ya ver\u00e9is c\u00f3mo alg\u00fan d\u00eda Ud. y yo nos veremos obligados a predicar en ingl\u00e9s. No insisti\u00f3 m\u00e1s, y volvi\u00f3 a recibir su gram\u00e1tica. El acento prof\u00e9tico de sus palabras me extra\u00f1\u00f3 un poco, y sobre todo en aquella ocasi\u00f3n, cuando no se ve\u00eda probabi\u00adlidad ninguna de que fuera enviado a pa\u00edses donde se habla\u00adra la lengua inglesa. Napole\u00f3n, se\u00f1or absoluto del conti\u00adnente, ten\u00eda prohibida a Italia y Francia toda comunicaci\u00f3n con Inglaterra. Mas lo que estaba escondido a mis ojos ha\u00adb\u00edalo revelado Dios a su siervo, indic\u00e1ndole su futuro desti\u00adno. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, estando ya en Am\u00e9rica, recor\u00addaba yo esta escena, y tuve que confesar, sin g\u00e9nero de duda, que el Sr. De Andreis era favorecido por Dios de celestiales dones\u00bb.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s imprevisto que las miras de Dios, y sus desig\u00adnios parecen muchas veces contrarios a las previsiones <em>de <\/em>los hombres. El ejemplo del Sr. De Andreis confirma esta verdad, que tantas veces se puede atestiguar en las Vidas de los santos e historia de la Iglesia. \u00c9l viv\u00eda completamente abandonado con una confianza filial a la voluntad divina, cuando he aqu\u00ed que vino a Roma desde Am\u00e9rica un misio\u00adnero nombrado obispo de Nueva Orleans, quien hab\u00eda con\u00adsagrado en aquellas lejanas tierras sus mejores a\u00f1os a los ejercicios del celo. <em>Mesis quidem multa operarii autem pau\u00adci. <\/em>Este texto del Evangelio pod\u00eda aplicarse exactamente a aquella parte de la Am\u00e9rica que en tiempos de la dominaci\u00f3n francesa hab\u00eda gozado de mejores d\u00edas.<\/p>\n<p>La Luisiana hab\u00eda visto a los colonos franceses estable\u00adcerse en sus ricas y f\u00e9rtiles vegas, fundar poblaciones a las riberas de los r\u00edos y lagos; los cuales colonos conservaban, con los recuerdos de su antigua patria, la religi\u00f3n cat\u00f3lica, la que\u00a0 sosten\u00edan celosos misioneros. Mas los acaecimientos posteriores arrancaron a la madre patria esta bella tierra que recordaba con los nombres de los reyes de Francia los de sus bienhechores, Los misioneros y sacerdotes fueron des\u00adterrados, y se rompieron los v\u00ednculos y relaciones con el centro del Catolicismo, Roma.<\/p>\n<p>En 1804, \u00e9poca en que acaeci\u00f3 la cesi\u00f3n por parte de Francia de la Luisiana a los Estados Unidos, exist\u00edan en ella 16.000 cat\u00f3licos. En 1815 hab\u00eda esparcidos ac\u00e1 y all\u00e1 al\u00adgunos sacerdotes que no conoc\u00edan otra regla de conducta que la libertad e independencia, y, por consiguiente, hab\u00edan dejado perder la religi\u00f3n y desaparecer la fe.<\/p>\n<p>El Ilmo. Sr. Dubourg, durante los tres a\u00f1os desde 1812 a 1815, hab\u00eda desplegado todo su celo e inteligencia para reunir bajo el yugo de la obediencia las diversas cristianda\u00addes extendidas en un territorio m\u00e1s vasto que la Francia. Su celo como misionero obtuvo felices resultados, pero su au\u00adtoridad no era reconocida. El Soberano Pont\u00edfice crey\u00f3 que si le confer\u00eda la dignidad episcopal su influencia se de\u00adjar\u00eda m\u00e1s sentir y que su acci\u00f3n producir\u00eda efectos m\u00e1s du\u00adraderos.<\/p>\n<p>Llegado a Roma para recibir la consagraci\u00f3n episcopal, se hosped\u00f3 en nuestra Casa-Misi\u00f3n de Monte Citorio, seg\u00fan los deseos del cardenal Litta, prefecto de la Propaganda.<\/p>\n<p>El Ilmo. Dubourg tem\u00eda tomar el tremendo cargo que la obediencia le mandaba aceptar; \u00e9l conoc\u00eda la gran dificul\u00adtad de organizar su di\u00f3cesis y, sobre todo, de rodearse de buenos y celosos sacerdotes. Cierto d\u00eda, al entrar en Monte Citorio, not\u00f3 al lado una gran sala llena toda de gentes de diversas condiciones. Un sacerdote, joven a\u00fan y de grande modestia, dirig\u00eda la palabra a esta muchedumbre, que le es\u00adcuchaba con mucha atenci\u00f3n. El Obispo, acabado el discur\u00adso, que \u00e9l oy\u00f3 con gran placer y admiraci\u00f3n , pregunt\u00f3 qui\u00e9n era el predicador, y fuele respondido que un sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, muy distinguido por su cien\u00adcia y por su celo , de modo que su reputaci\u00f3n de orador es\u00adtaba extendida por toda la ciudad de Roma. El Prelado, que buscaba sacerdotes y obreros apost\u00f3licos, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 feliz fuera yo en tener sacerdotes semejantes en mi di\u00f3\u00adcesis.\u00bb Tuvieron una entrevista entonces mismo, y com\u00adprendi\u00f3 el se\u00f1or Obispo que el Sr. De Andreis ve\u00eda en su demanda como la se\u00f1al de la divina Providencia.<\/p>\n<p>La hora hab\u00eda sonado, ya no era Roma el lugar donde hab\u00eda de desplegar su actividad ni recibir los testimonios de honor que, aunque bien a su pesar, prodigaban a su cien\u00adcia y virtudes; era la Am\u00e9rica la que se abr\u00eda delante de sus \u00a0ojos; all\u00ed era donde en adelante hab\u00eda de ejercitar su celo, padecer y llevar la trabajosa vida de misionero, y aun en ocasiones dadas hacer acciones heroicas. \u00abSi mis Superio\u00adres me lo permiten, \u2014respondi\u00f3 \u00e9l a la demanda del se\u00f1or Obispo,\u2014yo acepto ahora mismo vuestras proposiciones, y estoy pronto a partir con vos.\u00bb\u2014El Ilmo. Dubourg se admi\u00adr\u00f3 de encontrar una aceptaci\u00f3n tan pronta. Mas su alegr\u00eda dur\u00f3 bien pozo, porque el Sr. Siccardi, Vicario general de la Congregaci\u00f3n en Italia, dio al Prelado al negativa m\u00e1s ca\u00adteg\u00f3rica. El Obispo manifest\u00f3 al Superior al necesidad su\u00adma que ten\u00eda en aquellos pa\u00edses de buenos sacerdotes, y le dec\u00eda ser muy conforme al esp\u00edritu del santo Fundador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n San Vicente de Pa\u00fal, como se lee en su Vida, el encargarse de las misiones en pa\u00edses ex\u00adtranjeros; pero nada pudo decidir y persuadir al Superior, quien respond\u00eda a todo que sujeto de tan raras cualidades como el Sr. De Andreis era muy \u00fatil en Roma, entonces tan afligida por la impiedad y la persecuci\u00f3n, que tanto hab\u00eda durado; a\u00f1ad\u00eda, adem\u00e1s, que la Congregaci\u00f3n tambi\u00e9n hab\u00eda sufrido terribles pruebas y ten\u00eda necesidad de todos los sujetos que hab\u00eda. El Obispo, aunque dudando qu\u00e9 partida tomar, no perdi\u00f3, a pesar de todo esto, sus esperanzas ni se desanim\u00f3; y el Sr. De Andreis, a pesar tambi\u00e9n de estas aparentes contradicciones, permanec\u00eda muy tranquilo; todos sus deseos eran poder contribuir a la salvaci\u00f3n de las almas, mas siempre seg\u00fan la voluntad divina, que ve\u00eda \u00e9l expresada en la voluntad de los Superiores.<\/p>\n<p>El Prelado, juzgando que ya le era imposible conseguir llevar consigo a tan buen misionero a no ser interviniendo, &#8211; el Sumo Pont\u00edfice, recurri\u00f3 a \u00e9l y le represent\u00f3 la gran necesidad que ten\u00eda de misioneros celosos en tan vasta di\u00f3\u00adcesis como la suya, y concluy\u00f3 su entrevista con el Papa con estas palabras: \u00abSant\u00edsimo Padre: Si Vuestra Beatitud no me socorre con algunos sacerdotes, no es posible llevar el peso abrumador de una di\u00f3cesis tan vasta y casi sin l\u00edmites, y me ver\u00e9 forzado a renunciar el cargo que Vos me hab\u00e9is confiado.\u00bb Su Santidad, para consolarle, le prometi\u00f3 que el Rdo. P. Siccardi le dar\u00eda algunos misioneros, y entre ellos al Sr. De Andreis. La lucha deb\u00eda continuar. El Re\u00adverendo P. Siccardi represent\u00f3 al Romano Pont\u00edfice que el Sr. De Andreis era necesario en la casa de Monte Chorlo, sobre todo para los ejercicios y dem\u00e1s asuntos del clero. Ya estaba P\u00edo VII pronto a ceder; mas el Ilmo. Dubourg no se dio por vencido, acudi\u00f3 a Dios por medio de la oraci\u00f3n, y parece que sent\u00eda en s\u00ed crecer los deseos de asociar a sus tra\u00adbajos al santo misionero. El 24 de Septiembre de 1815 se reuni\u00f3 en la iglesia de San Luis de los franceses toda la co\u00adlonia francesa y gran n\u00famero de sacerdotes con el fin de asistir a la consagraci\u00f3n del obispo de Nueva Orleans. El Ilmo. Dubourg hab\u00eda tenido cuidado de invitar al Sr. De Andreis a esta ceremonia. El cardenal Jos\u00e9 Doria fue el consagrante. En esta ocasi\u00f3n, acord\u00e1ndose el Obispo m\u00e1s vivamente de las necesidades de su Iglesia, crey\u00f3 un deber hablar de nuevo al Romano Pont\u00edfice, mas en vano.<\/p>\n<p>Hab\u00eda observado, estando en Roma, el favor que gozaba ante Su Santidad su secretario de Estado, el cardenal Con\u00adsalvi, y se resolvi\u00f3 a exponerle el estado de su di\u00f3cesis. Esta exposici\u00f3n convenci\u00f3 plenamente al Cardenal, quien se encarg\u00f3 de hacer \u00e9l mismo la petici\u00f3n del Prelado al Sobe\u00adrano Pont\u00edfice. El Sr. Siccardi recibi\u00f3 por fin una orden del Papa favorable a la demanda del Ilmo. Sr. Dubourg, y no le qued\u00f3 otro remedio que bajar la cabeza y obedecer. El Sr. De Andreis se llen\u00f3 de alegr\u00eda; ve\u00eda por fin realizados todos sus pensamientos. En la misma especie de contradic\u00adci\u00f3n que hablan sufrido sus desinteresados deseos ve\u00eda \u00e9l la misteriosa mano de la divina Providencia, que siempre con\u00adsigue sus fines a pesar de todas las dificultades.<\/p>\n<p>El 27 de Septiembre fue el d\u00eda en que el cardenal Con\u00adsalvi obtuvo del Papa para el Ilmo. Dubourg algunos sujetos necesarios a su misi\u00f3n, y el 14 de Octubre ya estaba formada la peque\u00f1a colonia, la cual se compon\u00eda de los se\u00ad\u00f1ores De Andreis, Aquaroni, Jos\u00e9 Rosati, sacerdote de la misi\u00f3n, y del Sr. Perreira , sacerdote aspirante a la misma Congregaci\u00f3n; un alumno de la Propaganda, Le\u00f3n Deys, y el hermano coadjutor Boboni, a\u00fan postulante, completaban aquella especie de peque\u00f1a caravana que hab\u00eda de partir para las Am\u00e9ricas. Todos juntos con el Obispo, que estaba lleno de reconocimiento, fueron a prestar sus homenajes al Romano Pont\u00edfice y pedirle su bendici\u00f3n. La recepci\u00f3n fue muy cordial y con tanta sencillez, que el Papa les entretuvo m\u00e1s de una hora exhort\u00e1ndoles a confiar en Dios, que de una manera tan visible les llamaba a ejercer su apostolado en el Nuevo Mundo. El Sr. De Andreis pidi\u00f3 para todos los pre\u00adsentes gracias espirituales, que les fueron liberalmente con\u00adcedidas. Arreglaron con el cardenal Litta, Prefecto de la Propaganda, la erecci\u00f3n de un Seminario y su dotaci\u00f3n, y partieron desde Ripa-Grande, sobre el T\u00edber, para Marsella.<\/p>\n<p>El Sr. De Andreis qued\u00f3se en Roma con el Ilmo. Du\u00adbourg para componer un reglamento que determinara los ministerios de los misioneros y pusiera en salvaguardia la independencia y derechos de su Congregaci\u00f3n. \u00c9l dijo ex\u00adpresamente que los misioneros ir\u00edan con el Obispo como sujetos e individuos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n para ejercer los diversos ministerios de su instituto, y principal\u00admente para fundar un Seminario. En consecuencia de esto, la Congregaci\u00f3n hab\u00eda de regirse en su interior por sus pro\u00adpias Reglas y Constituciones, y ning\u00fan misionero particular pod\u00eda aceptar funci\u00f3n alguna de su ministerio, sino s\u00f3lo la Congregaci\u00f3n; a ella hab\u00eda de pertenecer el derecho de de\u00adsignar, llamar, enviar, reemplazar, etc., los individuos. Ha\u00adb\u00eda de establecerse ante todo la vida de comunidad, y no hab\u00eda de permitirse nunca que los misioneros vivieran solos.<\/p>\n<p>En llegando a su t\u00e9rmino, pens\u00f3 el Sr. De Andreis que era conveniente dejar a los misioneros un mes entero para que pudieran descansar y examinar el estado de las cosas. Los seminaristas hab\u00edan de permanecer en una casa central, que m\u00e1s tarde se erigir\u00eda en Seminario interno. Los sacer\u00addotes comenzar\u00edan por tomar una parroquia, donde lo pri\u00admero que hab\u00edan de hacer era dar una misi\u00f3n seg\u00fan el es\u00adp\u00edritu del santo Fundador. Previendo los tiempos en que se aumentar\u00eda el n\u00famero de sacerdotes y fueran bastantes para dedicarse a la formaci\u00f3n de Seminarios, regir parro\u00adquias, etc., se estableci\u00f3 que los misioneros dispersos se re\u00adunieran en una o m\u00e1s casas. Nada pod\u00eda ser duradero y permanente si no se caminaba por los pasos y tradiciones del Instituto fundado por San Vicente, y as\u00ed dec\u00eda \u00e9l: \u00abA fin de llevar y merecer en toda su extensi\u00f3n el nombre de misioneros, deben \u00e9stos observar todos los d\u00edas y en todos los lugares las Reglas, Constituciones y santas pr\u00e1cticas que su santo Fundador les dej\u00f3, tales como se observan en todas las partes donde se hallan establecidos sus hermanos de Congregaci\u00f3n, as\u00ed como tambi\u00e9n conservar\u00e1n la dependencia debida de los Superiores mayores de la dicha Congrega\u00adci\u00f3n, conforme a lo dispuesto en las bulas de erecci\u00f3n y confirmaci\u00f3n emanadas de los Soberanos Pont\u00edfices en favor de la dicha Congregaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Crey\u00f3se necesario dejar apuntados por escrito todos estos puntos sobre los cuales ya se hab\u00eda convenido de palabra, con el \u00fanico fin de fijar una regla de conducta y satisfacer a aquellos que, considerando esta misi\u00f3n desde un punto de vista distinto del que, le es propio, pudieran m\u00e1s tarde, con todas sus buenas intenciones, hacer desviar la obra del fin y objeto para que fue establecida, y por cuyo solo camino hab\u00eda de prosperar. El documento se firm\u00f3, por una parte, por los se\u00f1ores F\u00e9lix De Andreis, director de la misi\u00f3n, y Domingo Siccardi, vicario general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y por la otra, por el obispo de la Luisiana y las dos Floridas, Luis Guillermo Dubourg. Todo lo aprob\u00f3 y confirm\u00f3 en Roma el Emmo. Cardenal Consalvi en 17 de Noviembre de 1815.<\/p>\n<p>Estos primeros proyectos se formularon durante el viaje que a N\u00e1poles hicieron el Ilmo. Dubourg y el Sr. De An\u00addreis. El Sr. Obispo anduvo pidiendo limosnas para su mi\u00adsi\u00f3n, y las obtuvo numerosas de la munificencia real. El se\u00ad\u00f1or De Andreis, de vuelta a Roma, arregl\u00f3 ciertos porme\u00adnores y se puso en disposici\u00f3n de partir. El 15 de Diciem\u00adbre de 1815 se despidi\u00f3 con un tierno adi\u00f3s de su Superior, quien al desear guardarle con \u00e9l le dio un gran testimonio de estima y cari\u00f1o. Su coraz\u00f3n se conmovi\u00f3, aunque su vo\u00adluntad estaba firme al despedirse y abandonar a sus amigos y a Roma, donde tantos recuerdos ten\u00eda de su vida religiosa. Le acompa\u00f1aban dos j\u00f3venes aspirantes al estado ecle\u00adsi\u00e1stico, y uno de ellos, el Sr. Dahmen, hab\u00eda de llegar m\u00e1s tarde a ser un celoso misionero de la Congregaci\u00f3n. Al sa\u00adlir por la Puerta Flaminia, su coraz\u00f3n rebosaba de alegr\u00eda y de un vivo reconocimiento para con Dios. No era, no, el esp\u00edritu aventurero el que le seduc\u00eda; su imaginaci\u00f3n no le pintaba esos hermosos cuadros descritos por los viajeros; marchaba a la Am\u00e9rica como por un deber, sin ignorar los grandes trabajos, las dificultades y las persecuciones que le aguardaban. Su alma, fortalecida con la divina gracia, es\u00adtaba pronta, no a gozar, sino a padecer y luchar por la extensi\u00f3n del reinado de Cristo, uni\u00e9ndose de esta manera m\u00e1s \u00edntimamente a la Cruz.<\/p>\n<p>Tomado de Anales Espa\u00f1oles, Tomos I-II y III. A\u00f1os 1893, 1894 y 1895.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>INTRODUCCI\u00d3N La vida del Sr. De Andreis est\u00e1 unida a la historia de los principios de una misi\u00f3n que \u00e9l fue a fundar en les Esta\u00addos Unidos de Am\u00e9rica en la primera mitad de este &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-i\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19,16,32],"tags":[],"class_list":["post-21651","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","category-congregacion-de-la-mision","category-felix-de-andreis"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (I) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/felix-de-andreis-1778-1820-i\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"F\u00e9lix de Andreis (1778-1820) (I) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"INTRODUCCI\u00d3N La vida del Sr. De Andreis est\u00e1 unida a la historia de los principios de una misi\u00f3n que \u00e9l fue a fundar en les Esta\u00addos Unidos de Am\u00e9rica en la primera mitad de este ... 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A Vincenzo De Andreis","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"20\/08\/2016","format":false,"excerpt":"Roma 15 de mayo de 1815 Querido hermano, Para que no puedas tener raz\u00f3n alguna de quejarte por mi silencio epistolar, me siento ahora inspirado para satisfacer este deber, ya que tengo algo de tiempo libre. Tambi\u00e9n\u00a0me han motivado a escribirte las noticias tuyas que recib\u00ed justo ayer. Ven\u00eda del\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de F\u00e9lix de Andreis\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de F\u00e9lix de Andreis","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-felix-de-andreis\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":399165,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/andreis-carta-004-vincenzo-andreis\/","url_meta":{"origin":21651,"position":3},"title":"Andreis, Carta 004. A Vincenzo De Andreis","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"13\/08\/2016","format":false,"excerpt":"Roma 6 de julio de 1814 Mi querido hermano, Recib\u00ed ayer por la tarde tu hermosa carta con la letra de cambio adjunta, lo cual te agradezco. Por favor, transmite mi m\u00e1s profundo agradecimiento a nuestro padre. Ya di por sentado que el gobierno restaurado devolver\u00eda a nuestro padre a\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de F\u00e9lix de Andreis\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de F\u00e9lix de Andreis","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-felix-de-andreis\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":398535,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/andreis-carta-002-vincenzo-andreis\/","url_meta":{"origin":21651,"position":4},"title":"Andreis, Carta 002. A Vincenzo De Andreis","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"31\/07\/2016","format":false,"excerpt":"Roma 29 de julio de 1812 Mi querido hermano, A\u00fan recuerdo la promesa que te hice en mi \u00faltima carta de hace un a\u00f1o, de avisarte oportunamente de mi partida desde aqu\u00ed hacia nuestra regi\u00f3n de origen. Ten\u00eda, por as\u00ed decirlo, la pluma en mi mano, listo para cumplir esta\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de F\u00e9lix de Andreis\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de F\u00e9lix de Andreis","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-felix-de-andreis\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":398562,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/andreis-carta-003-prefacio-norme-ed-avvisi\/","url_meta":{"origin":21651,"position":5},"title":"Andreis, Carta 003. Prefacio a \u00abNorme ed Avvisi\u00bb","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"04\/08\/2016","format":false,"excerpt":"(1814?) En la bula que establec\u00eda nuestra Congregaci\u00f3n, el Papa Urbano VIII, de feliz memoria, se dign\u00f3 a escribir un elogio verdaderamente incomparable de ella. No se podr\u00eda imaginar algo m\u00e1s grande que esto, ni deseado de la boca de un Vicario de Cristo. \"[Es] un instituto de lo m\u00e1s\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de F\u00e9lix de Andreis\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de F\u00e9lix de Andreis","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-felix-de-andreis\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-felix-de-andreis.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21651","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21651"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21651\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/391249"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21651"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21651"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21651"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}