{"id":21607,"date":"2015-02-19T04:06:48","date_gmt":"2015-02-19T03:06:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21607"},"modified":"2016-07-26T17:21:45","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:45","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-1\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal (Cap\u00edtulo 1)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center\"><strong>Cap\u00edtulo I: Dios prepara a San Vicente para la gran misi\u00f3n que le habr\u00eda de encomendar<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Nacimiento del Santo.\u2014Su educaci\u00f3n.\u2014Su ordenaci\u00f3n (1576-1600).<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140289\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul-300x204.jpg?resize=300%2C204\" alt=\"vida san vicente de paul\" width=\"300\" height=\"204\" \/><\/a>Naci\u00f3 Vicente de Pa\u00fal, el 24 de abril de 1576, en Pouy, aldea de setecientos a ochocientos ha\u00adbitantes, en el departamento de las Landas, dis\u00adtrito de Dax, en Francia. Sus padres se llama\u00adban Juan de Pa\u00fal y Beltrana de Moras. No eran nobles arruinados, como algunos cr\u00edticos han apuntado, sino humildes lugare\u00f1os, sin relaci\u00f3n ninguna con las altas clases sociales, como el mismo Vicente repet\u00eda con tanta frecuencia.<\/p>\n<p>Bajo de cuerpo, cojo, algo astuto y sagaz, como lo son por regla general todos los aldeanos, el padre de Vicente era tan buen cristiano como hombre de bien. La madre era piadosa. Algunos han cre\u00eddo que era de condici\u00f3n superior a la de su marido, pero el hecho no aparece con clari\u00addad. Cierto d\u00eda que una pobre vieja, queriendo obtener m\u00e1s f\u00e1cilmente limosna de nuestro Santo, le dec\u00eda que hab\u00eda estado de criada de su se\u00f1ora madre:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, \u00a1oh!, mi buena mujer\u2014la replic\u00f3 aqu\u00e9l\u2014, no; os equivoc\u00e1is: mi madre jam\u00e1s ha tenido criada; antes, ella misma lo fue, siendo, como era, la mujer de un pobre aldeano.<\/p>\n<p>A\u00fan subsiste la humilde casa donde viv\u00eda este cristiano matrimonio y donde naci\u00f3 San Vicen\u00adte. Como todas las de los aldeanos de aquel pa\u00eds, est\u00e1 formada por paredes de arcilla amasada con paja, tramadas y unidas por gruesos postes de encina ligeramente desbastados. La casa es bastante grande, y consta de un piso bajo con cinco divisiones, sobre las cuales corre un doble granero.<\/p>\n<p>Cuatro o cinco hect\u00e1reas de tierra, que se ex\u00adtend\u00edan alrededor de la casa, completaban la reducida hacienda del padre de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>No era, ciertamente, dicha heredad una ri\u00adqueza, sobre todo teniendo en cuenta los seis hijos que al poco tiempo vinieron a aumentar la familia; mas tampoco era, como se ha dicho vali\u00e9ndose de algunas frases demasiado humil\u00addes de San Vicente, el extremo de la pobreza. Representaba, s\u00ed, esa vida de trabajo, de orden, de econom\u00eda y de sobriedad que, teniendo por base la Religi\u00f3n, fomenta las buenas costumbres, y en ocasiones da origen a las grandes almas.<\/p>\n<p>En la casa de Juan de Pa\u00fal no hab\u00eda criados; bastaba la familia para el manejo de los intereses y de la casa. Los hijos acompa\u00f1aban a su padre en las faenas de la agricultura y sacaban a pacer los reba\u00f1os. Encargado Vicente de este \u00faltimo empleo tan pronto como tuvo edad sufi\u00adciente para ello, le desempe\u00f1\u00f3 por muchos a\u00f1os, mostrando ya en su conducta virtudes poco or\u00addinarias en la juventud.<\/p>\n<p>En el fondo de la espaciosa llanura, sombrea\u00adda por viejas encinas, mantenida en su frescor por un estanque, y a la cual llevaba a pacer Vicente su reba\u00f1o, hab\u00eda un lugar que atra\u00eda su piadoso coraz\u00f3n: eran las ruinas de un antiguo santuario consagrado a la Sant\u00edsima Vir\u00adgen y objeto de tradicionales y piadosas rome\u00adr\u00edas. Seis a\u00f1os antes del nacimiento de Vicente, los calvinistas hab\u00edan incendiado esta capilla, y con objeto de que la estatua de la Virgen no cayese en manos de los herejes, los habitantes del pa\u00eds la hab\u00edan arrojado al fondo del estan\u00adque. No hab\u00eda quedado, pues, del venerado san\u00adtuario m\u00e1s que escombros calcinados por el fue\u00adgo, pero escombros doblemente consagrados por la piedad de les fieles y por los ultrajes de los enemigos de Dios. A este lugar acud\u00eda frecuente\u00admente el tierno pastorcillo para hacer oraci\u00f3n y elevar sus preces a la Reina del Cielo, d\u00e1ndo\u00adnos ya con ello una prueba de la ardiente devo\u00adci\u00f3n que a la Sant\u00edsima Virgen hab\u00eda de profe\u00adsar durante toda su vida.<\/p>\n<p>Queda todav\u00eda en esta llanura otro testimonio de su piedad de ni\u00f1o. Enfrente de la casa pa\u00adterna se levantaba un corpulento roble, planta\u00addo muchos siglos antes del nacimiento de nues\u00adtro Santo, y que aun hoy, despu\u00e9s de trescien\u00adtos a\u00f1os, extiende en una y otra direcci\u00f3n sus majestuosas ramas. La acci\u00f3n del tiempo hab\u00eda socavado ya en 1576 los flancos de su tronco. y el ni\u00f1o se val\u00eda de esta hendidura para poner en ella una estatua de Mar\u00eda, delante de la cual se esmeraba en colocar flores campestres.<\/p>\n<p>Hacia el Sur, donde el terreno se eleva ligera mente, aparecen todav\u00eda las ruinas del antiguo castillo de Montgaillard. Un d\u00eda que el obispo de Saint-Pons, nacido en \u00e9l, hac\u00eda alusi\u00f3n a este castillo de su familia:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, bien le conozco\u2014dijo espont\u00e1neamen\u00adte el humilde sacerdote\u2014; yo sol\u00eda llevar mis ganados del otro lado de \u00e9l.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 m\u00e1s que la piedad, sobresal\u00eda en el tier\u00adno ni\u00f1o la caridad y la misericordia para con los necesitados. Aunque de tan cortos a\u00f1os, era liberal\u00edsimo en sus pobres limosnas, de modo que sol\u00eda quedarse sin nada.<\/p>\n<p>De este modo lleg\u00f3 Vicente a la edad de doce a\u00f1os. Y como, juntamente con la piedad y con la caridad se iba manifestando en \u00e9l un talento poco com\u00fan, resolvieron sus padres dedicarle a los estudios.<\/p>\n<p>Hab\u00edan abierto en Dax los Franciscanos un humilde colegio, en que por sesenta francos anua\u00adles atend\u00edan a todas las necesidades del edu\u00adcando; en \u00e9l entr\u00f3 nuestro joven a la edad de doce a\u00f1os, y all\u00ed permaneci\u00f3 hasta los diecis\u00e9is.<\/p>\n<p>Hab\u00eda por entonces en Dax un abogado, hom\u00adbre muy distinguido por su origen, por su fortu\u00adna y por su talento, el se\u00f1or de Commet, cu\u00adyos dos hijos estaban con nuestro Santo en el susodicho colegio de los Franciscanos.<\/p>\n<p>Como este se\u00f1or era juez de Pouy, conoci\u00f3 a los padres de Vicente, y enterado por aquellos buenos Franciscanos de los progresos que el jo\u00adven escolar hac\u00eda en los estudios, le vino la idea de tenerle consigo. Ser\u00eda el preceptor de sus dos hijos, los acompa\u00f1ar\u00eda al colegio, y con esto, que no embarazaba sus estudios, ahorrar\u00eda a sus padres los francos que hac\u00eda cuatro a\u00f1os ven\u00eda pagando, lo que les era una carga insoportable.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo tuvo en su casa por cuatro a\u00f1os a Vi\u00adcente, sino que, habi\u00e9ndole observado con religiosa atenci\u00f3n, y notando su fervor y su modes\u00adtia, juzg\u00f3 que no deb\u00eda permanecer en el mun\u00addo, y le persuadi\u00f3 a poner sus miras en el es\u00adtado sacerdotal.<\/p>\n<p>Atemoriz\u00f3se el joven al o\u00edr la propuesta, y se resisti\u00f3 en un principio; mas teniendo, como ten\u00eda, entera confianza en el se\u00f1or de Commet, hombre de peso y de virtud, a quien miraba como su segundo padre, y habiendo coincidido, por otra parte, los consejos de sus buenos profe\u00adsores los Franciscanos de Dax con los de su pro\u00adtector, recibi\u00f3 la tonsura y las cuatro \u00f3rdenes menores el 20 de diciembre de 1596, en la igle\u00adsia colegiata de Bidache, de manos de monse\u00ad\u00f1or Diharse, obispo de Tarbes. Ten\u00eda entonces veinte a\u00f1os, siete meses y veintis\u00e9is d\u00edas.<\/p>\n<p>Tomada esta grave determinaci\u00f3n y recibida la tonsura, era menester pensar en qu\u00e9 Univer\u00adsidad hab\u00eda de hacer sus estudios teol\u00f3gicos. Dos igualmente c\u00e9lebres hab\u00eda a poca distancia de Dax: la de Zaragoza, en Espa\u00f1a, y la de To\u00adlosa, en Francia. \u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n hubo para deter\u00adminarse por la de Zaragoza? El hecho es que a ella se traslad\u00f3 Vicente. Mas sin que se nos al\u00adcance la causa, permaneci\u00f3 en dicho lugar poco tiempo, y pas\u00f3 a establecerse en Tolosa, donde sigui\u00f3 por siete a\u00f1os sus estudios. Para sufragar tantos gastos, el padre de Vicente vendi\u00f3 un par de bueyes, y quiz\u00e1 al producto de los mismos a\u00f1adi\u00f3 alguna suma el se\u00f1or de Commet. Con estos recursos pas\u00f3 Vicente el primer a\u00f1o de sus estudios en Tolosa.<\/p>\n<p>Llegadas las vacaciones, hacia el mes de sep\u00adtiembre de 1598, dichos recursos estaban agota\u00addos; y como el joven no quer\u00eda servir de carga ni a su padre ni a su bienhechor, hizo lo que a\u00fan siguen haciendo hoy nuestros seminaristas pobres: busc\u00f3 una c\u00e1tedra que desempe\u00f1ar du\u00adrante los dos meses de vacaciones, y la hall\u00f3 a cinco leguas de Tolosa, en la aldea y castillo de Buzet.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Hebrardo de Grossoles le confi\u00f3 por aquel corto tiempo sus dos hijos Reinaldo y Juan, muy j\u00f3venes a\u00fan; mas tal estima le ins\u00adpiraron la piedad, la inteligencia y el asiento del joven profesor, que cuando, terminadas las vacaciones, declar\u00f3 \u00e9ste que le era preciso vol\u00adver a la Universidad para continuar sus estu\u00addios, prefiri\u00f3 separarse de sus hijos antes que privarles de su virtuoso preceptor, y los envi\u00f3 con \u00e9l a Tolosa. Vicente acudir\u00eda a sus cursos mientras los ni\u00f1os daban lecci\u00f3n en alg\u00fan co legio, y en el intermedio de las lecciones p\u00fabli\u00adcas, aqu\u00e9l les har\u00eda estudiar. No tardaron en juntarse a estos primeros disc\u00edpulos otros varios, entre los cuales merecen especial menci\u00f3n los .dos sobrinos segundos del heroico Juan de la Va\u00adlette, defensor de la isla de Malta contra todas las fuerzas de Solim\u00e1n, hecho que salv\u00f3 el ho\u00adnor y la integridad de la Europa cristiana.<\/p>\n<p>Acabados sus estudios teol\u00f3gicos, en los que invirti\u00f3 no menos de siete a\u00f1os, gradu\u00f3se de Bachiller en Teolog\u00eda, y aun se doctor\u00f3 en dicha ciencia, si hemos de creer a los autores de la <em>Gallia christiana.<\/em><\/p>\n<p>Cons\u00e9rvanse los t\u00edtulos de bachiller y el do\u00adcumento por el que se le autoriza para explicar el Maestro de las sentencias, mas no ha podido darse con el diploma de doctor.<\/p>\n<p>Abusando los jansenistas de algunas frases humildes de Vicente, como aquella en que se apellidaba \u00abUn pobre estudiante de Cuarto A\u00f1o\u00bb, han querido por mucho tiempo hacer de \u00e9l un hombre sin instrucci\u00f3n y sin alcances; mas aquellos que hayan le\u00eddo las dos mil cartas que de su correspondencia no hace muchos a\u00f1os vie\u00adron la luz p\u00fablica, no podr\u00e1n menos de admirar\u00adse, as\u00ed de la profundidad, como de la extensi\u00f3n de sus conocimientos teol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Recibi\u00f3 el subdiaconado en 19 de septiembre de 1598, y tres meses despu\u00e9s, el diaconado en la iglesia catedral de Tarbes.<\/p>\n<p>Recibidas ambas \u00f3rdenes mayores, s\u00f3lo resta\u00adba a nuestro Santo disponerse para el sacerdo\u00adcio. Deb\u00eda subir a las gradas del altar en 1599, y ya monse\u00f1or du Sault le hab\u00eda otorgado, con fecha 13 de septiembre de dicho a\u00f1o, las dimi\u00adsorias, mas nuestro Santo no pod\u00eda ver aproxi\u00admarse, sin gran temor, la fecha de un aconte\u00adcimiento tan solemne. Temblaba a la sola idea de tocar con sus manos el Cuerpo adorable de Nuestro Se\u00f1or, y fu\u00e9 preciso retardar por un a\u00f1o tan terrible momento, para satisfacer las exigencias de su fervor y de su humildad.<\/p>\n<p>En este intermedio fue cuando aconteci\u00f3 la muerte de su padre. Ni un instante hab\u00eda apar\u00adtado \u00e9ste la vista de aquel hijo en quien tan grandes esperanzas hab\u00eda cifrado. Aunque po\u00adbre y cargado de familia, orden\u00f3 en su testa\u00admento que se hiciesen toda clase de sacrificios para proveer a los estudios de Vicente, dejando detalladas \u00e9l mismo en favor del futuro sacer\u00addote importantes disposiciones. El humilde y piadoso Vicente no acept\u00f3, sin embargo, nada; sus caros disc\u00edpulos le bastaban para llenar su\u00adficientemente sus necesidades; y no fue peque\u00f1a satisfacci\u00f3n para \u00e9l dejar a su madre y a sus hermanos la m\u00f3dica herencia que por tales dis\u00adposiciones le correspond\u00eda.<\/p>\n<p>Por fin, el a\u00f1o siguiente, el 23 de septiembre de 1600, recibi\u00f3 nuestro Santo el sacerdocio.<\/p>\n<p>Ordenado de sacerdote en Ch\u00e1teau-l&#8217;\u00c9v\u00e9que, parec\u00eda natural que Vicente ofreciese all\u00ed por primera vez el Santo Sacrificio.<\/p>\n<p>Mas le llamaba mucho su antiguo Buzet. A veinte minutos de este lugar, en la cumbre de una monta\u00f1a, y perdida entre el arbolado, se hallaba una antigua capilla dedicada a la Sant\u00ed\u00adsima Virgen. \u00a1Cu\u00e1ntas veces hab\u00eda subido hasta ella! A\u00fan se ve el sendero por el cual, seg\u00fan la tradici\u00f3n, se dirig\u00eda a dicho lugar. Resolvi\u00f3se, pues, a decir en este punto, y sin ninguna so\u00adlemnidad, su primera Misa. M\u00e1s tarde la cele\u00adbrar\u00eda en presencia de los buenos habitantes del castillo; mas en esta ocasi\u00f3n quer\u00eda estar solo, absolutamente solo con el sacerdote y el ac\u00f3lito que exigen las r\u00fabricas.<\/p>\n<p>En todo el resto de su vida no ces\u00f3 de decir que si hubiera conocido antes la sublimidad del sacerdocio, habr\u00eda escogido con preferencia el oficio de labrador a tan temible estado. Larga fue su vida de sacerdocio y, sin embargo, nunca dej\u00f3 enfriar en su coraz\u00f3n estos encendidos afectos de su primera Misa; antes, por el contrario, fu\u00e9 creciendo de d\u00eda en d\u00eda su fervor y san\u00adtidad.<\/p>\n<h3><strong>Cautividad de San Vicente en T\u00fanez.&#8211;Viaje <\/strong><strong>a Roma.\u2014Vuelve a Francia (1600-1609).<\/strong><\/h3>\n<p>Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, fue arrancado repentina\u00admente San Vicente de Pa\u00fal de la vida apacible y modesta que hasta entonces hab\u00eda llevado, en\u00advuelto en una serie de extraordinarias aventuras que parecen m\u00e1s bien de una novela, y en las<\/p>\n<p>que nadie creer\u00eda, a no constarnos por la rela\u00adci\u00f3n del mismo Vicente.<\/p>\n<p>Acababa de ser ordenado sacerdote, cuando el se\u00f1or de Commet, su protector amigo, di\u00f3 prin\u00adcipio a activas gestiones con el fin de propor\u00adcionarle un curato en las cercan\u00edas de Dax. Fue nombrado, en efecto, cura p\u00e1rroco de Thil, en las Landas, a dos pasos de Dax. Mas habi\u00e9ndole disputado este beneficio cierto competidor, que le hab\u00eda pedido y alcanzado en la corte de Roma, prefiri\u00f3 nuestro Santo hacer renuncia de \u00e9l an\u00adtes que meterse en pleitos, quedando en libertad, con este acto de desinter\u00e9s y de modestia, para proseguir sus estudios en la Universidad de To\u00adlosa, adonde volvi\u00f3.<\/p>\n<p>De vuelta a Tolosa, supo Vicente que una se\u00ad\u00f1ora anciana, noble y ejemplar, acababa de mo\u00adrir, instituy\u00e9ndole su heredero. Era esta mujer, sin duda, una de esas almas buenas y amantes de la Iglesia, la cual, viendo a Vicente tan po\u00adbre, tan bien dispuesto y m\u00e1s lleno a\u00fan de vir\u00adtudes que de sabidur\u00eda, quiso ayudarle con sus recursos a fin de que ampliara sus estudios cuan\u00adto le fuera posible. La herencia que le dejaba era, por lo dem\u00e1s, poco considerable: algunos muebles y tierras, con un cr\u00e9dito de 400 \u00f3 500 escudos, vinculados, por desgracia, en un mal sujeto que no pagaba, y contra el cual la se\u00ad\u00f1ora hab\u00eda obtenido auto de prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por insignificante que fuese la herencia, no pod\u00eda llegar m\u00e1s a prop\u00f3sito a manos de Vi\u00adcente, as\u00ed para indemnizarle del beneficio de que hab\u00eda hecho renuncia, como para ponerle en disposici\u00f3n de saldar sus deudas y recibir los \u00faltimos grados. La acept\u00f3, pues. y como el <em>po\u00ad<\/em><em>bre <\/em><em>diablo <\/em>en cuesti\u00f3n, deudor de 1.200 a 1.500 libras, hubiese huido, para eximirse del pago, a Marsella, donde se habla dado a cierto negocio muy lucrativo, resolvi\u00f3 abocarse con \u00e9l a fin de cobrar algo de su deuda, y a este fin se traslad\u00f3 a dicha ciudad.<\/p>\n<p>Arreglado satisfactoriamente el asunte, dispon\u00edase para volver por tierra a Tolosa, cuando un caballero, a quien hab\u00eda conocido en el viaje, le propuso como m\u00e1s conveniente dar la vuelta por mar desde Marsella a Narbona. Disminuci\u00f3n de tiempo, de fatigas, de gastos; \u00bfc\u00f3mo no aceptar en semejantes condiciones? Zarp\u00f3, pues, el bar\u00adco a la hora m\u00e1s favorable, y hubieran hecho con toda felicidad la traves\u00eda, si tres berganti\u00adnes turcos que costeaban el golfo de Lyon (para apresar las embarcaciones que ven\u00edan de Beau\u00adcaire, donde hab\u00eda una feria reputada por de las m\u00e1s bellas de la cristiandad) no nos hubie\u00adsen perseguido, escribe el Santo, y atacado tan furiosamente, que dejaron sin vida a dos o tres de los nuestros e hirieron a los dem\u00e1s, en cuyo n\u00famero entr\u00e9 yo, recibiendo un flechazo que me servir\u00e1 de recuerdo para toda la vida. Con esto no nos qued\u00f3 otro remedio que rendirnos a estas fieras, peores que tigres.<\/p>\n<p>Los turcos hab\u00edan sufrido la p\u00e9rdida de uno de sus jefes principales, sin contar la de cuatro o cinco remeros, por lo que estaban tan irrita\u00addos, que su primer acto fue descuartizar al pi\u00adloto del buque en que iba nuestro Santo. \u00abHecho esto, prosigue, nos encadenaron, y despu\u00e9s de habernos curado groseramente las heridas, siguieron su rumbo, cometiendo toda clase de robos, bien que dejando en libertad, despu\u00e9s de haberles quitado lo que ten\u00edan, a aquellos que se entregaban sin combatir, hasta que, despu\u00e9s de siete u ocho d\u00edas, y provistos de efectos mer\u00adcantiles, se dirigieron, sin permiso del Gran Turco, a Berber\u00eda, antro y madriguera de ladro\u00adnes, donde, habiendo llegado, nos pusieron a la venta, haciendo el proceso verbal de nuestra captura, que aseguraban haberse verificado en un nav\u00edo espa\u00f1ol, pues sin esta mentira habr\u00eda\u00admos sido puestos en libertad por el c\u00f3nsul que el Rey tiene en dicho Estado, a fin de asegurar el libre comercio a los franceses. Para proceder a nuestra venta, despu\u00e9s de habernos despojado enteramente de nuestros vestidos, nos entrega\u00adron a cada uno unos zarag\u00fcelles, una aljuga de lino y un bonete, y nos pasearon por la ciudad de T\u00fanez, donde hab\u00edan ido para vendernos.<\/p>\n<p>\u00abHabi\u00e9ndonos hecho dar cinco o seis vueltas por la ciudad con la cadena al cuello, nos vol\u00advieron al barco, a fin de que los compradores, viesen qui\u00e9n pod\u00eda comer y qui\u00e9n no, y se cer\u00adtificasen de que nuestras heridas no eran de gravedad. Hecho esto, nos trasladaron a la plaza, donde acudieron los compradores a examinar\u00adnos del mismo modo que se hace con un caba\u00adllo o con un buey, oblig\u00e1ndonos a abrir la boca para ver nuestros dientes, palpando nuestras costillas, sondando nuestras llagas y oblig\u00e1ndo\u00adnos a andar, a trotar y correr, levantar cargas, luchar, para enterarse de las fuerzas de cada uno, y hacer otras mil brutalidades.\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal fue vendido primeramente a un pescador, a quien deb\u00eda ayudar a tender las redes; mas como no pod\u00eda entrar en una barca sin sentirse al punto mareado, el pescador le vendi\u00f3 a su vez a un viejo m\u00e9dico musulm\u00e1n, que trabajaba, hac\u00eda ya cincuenta a\u00f1os, en el hallazgo de la piedra filosofal y en la trasmu\u00adtaci\u00f3n de los metales. San Vicente de Pa\u00fal fue con esta ocasi\u00f3n testigo de curiosas experiencias.<\/p>\n<p>\u00abMi ocupaci\u00f3n, cuenta \u00e9l mismo, era mante\u00adner el fuego en diez o quince hornillos, en lo cual, a Dios gracias, yo no sent\u00eda m\u00e1s disgusto que satisfacci\u00f3n. Am\u00e1bame \u00e9l grandemente y sent\u00eda mucho gusto en discurrir conmigo sobre la alquimia, y m\u00e1s a\u00fan sobre su ley, haciendo todos los esfuerzos que pod\u00eda para atraerme a ella, prometi\u00e9ndome grandes riquezas y toda cla\u00adse de saber. Dios, sin embargo, me dio siempre un \u00edntimo convencimiento de salir de la escla\u00advitud, gracia que con todo fervor le ped\u00eda, ya directamente, ya por medio de la Sant\u00edsima Virgen. a cuya sola intercesi\u00f3n me creo deudor de la libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal permaneci\u00f3 casi un a\u00f1o con este buen viejo, \u00abhumano y tratable&gt; en gran manera, y cuya reputaci\u00f3n era tan notoria, que fu\u00e9 llamado a Constantinopla por el Sult\u00e1n.<\/p>\n<p>Al partir, cedi\u00f3 la propiedad de la persona del Santo a su sobrino. Mas sabiendo \u00e9ste que el se\u00f1or Br\u00e9ves, c\u00f3nsul franc\u00e9s, ven\u00eda con un firman de la Puerta a reclamar todos los esclavos franceses, se apresur\u00f3 a venderlo a un renega\u00addo de Niza de Saboya, el cual, due\u00f1o de algu\u00adnas posesiones en el interior de la sierra, le llev\u00f3 consigo fuera del radio de acci\u00f3n del c\u00f3nsul de Francia. Ten\u00eda este renegado tres mujeres, y es curioso ver c\u00f3mo de una de ellas se iba a ser\u00advir Dios para poner en libertad a su siervo. \u00abUna de sus tres mujeres era turca y me hab\u00eda cobrado grande afici\u00f3n. Ansiosa por saber nues\u00adtro modo de vivir, ven\u00eda a verme todos los d\u00edas al campo donde yo cavaba, y despu\u00e9s de algu\u00adnas visitas, me mand\u00f3 cantar algunas alaban\u00adzas a mi Dios. El recuerdo del <em>Quomodo canta\u00ad<\/em><em>bimu\u00e1 in terra aliena, <\/em>de los hijos de Israel cau tivos en Babilonia, me hizo entonar con l\u00e1gri\u00admas en los ojos el salmo <em>Super ilumina Babylo\u00ad<\/em><em>nis, <\/em>y despu\u00e9s la <em>Salve regina <\/em>y muchas otras cosas, que la produjeron tanto consuelo como admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abNo dej\u00f3 de decir por la tarde a su marido que hab\u00eda hecho mal en dejar una religi\u00f3n que en su concepto deb\u00eda ser muy excelente, as\u00ed por la idea que yo la hab\u00eda dado a ella de nuestro Dios, como pon\u00bb:<sup>&#8211;<\/sup> los c\u00e1nticos religiosos que yo hab\u00eda cantado en su presencia, a\u00f1adiendo que al o\u00edrlos hab\u00eda experimentado una satisfacci\u00f3n tan gran\u00adde, que no cre\u00eda que el para\u00edso de sus padres, al que esperaba ir un d\u00eda, fuese tan dulce y acom\u00adpa\u00f1ado de tanta suavidad como el placer que ella hab\u00eda sentido en el momento en que yo bendec\u00eda a Dios, concluyendo que hab\u00eda en ello algo de maravilloso.<\/p>\n<p>\u00abEsta otra Caif\u00e1s o burra de Balaam hizo por este razonamiento que al d\u00eda siguiente me dijese su marido que no esperaba sino una ocasi\u00f3n pro\u00adpicia para buscar nuestra seguridad en Francia, mas que \u00e9l se dar\u00eda tal ma\u00f1a que dentro de poco tiempo Dios ser\u00eda en ello bendito. Este poco tiempo fueron diez meses, en los que \u00e9l sigui\u00f3 entreteni\u00e9ndome con tan largas, aunque al fin realizadas<sub>f<\/sub> esperanzas. Pasado este tiempo, nos Pusimos en. salvo en un peque\u00f1o esquife, con el que abordamos a Aguas Muertas el 28 de junio, llegando poco despu\u00e9s a Avi\u00f1\u00f3n, donde monse\u00ad\u00f1or el vicedelegado recibi\u00f3 al penitente, ahoga\u00addo por las l\u00e1grimas y sollozos, en la iglesia de San Pedro, para gloria de Dios y edificaci\u00f3n de los espectadores\u00bb.<\/p>\n<p>Era este vicedelegado, Pedro Montorio, hombre instruido, enamorado de los estudios doctos y amenos, particularmente de aquellos sugestivos secretos algebraicos, como entonces se dec\u00eda, de los cuales eran considerados los \u00e1rabes por \u00fani\u00adcos y maravillosos poseedores. Como consecuencia de algunas conversaciones con nuestro Santo, se qued\u00f3 tan prendado de \u00e9l, que resolvi\u00f3 unirle a su comitiva y llevarle a Roma, donde estaba para y sabiendo que era sacerdote, le rog\u00f3 que escribiese inmediatamente a Dax para obtener sus t\u00edtulos de ordenaci\u00f3n, sin los cuales nada pod\u00eda hacer por \u00e9l.<\/p>\n<p>En estas circunstancias, y disponi\u00e9ndose para acompa\u00f1ar al nuncio, fu\u00e9 escrita la extensa car\u00adta de que tan hermosos fragmento: acabamos de transcribir, y en que ninguno de tan curiosos pormenores puede decir que est\u00e9 de m\u00e1s.<\/p>\n<p>Los titules de ordenaci\u00f3n que habla pedido le fueron enviados inmediatamente; mas como al hacerlo no tuvieron la precauci\u00f3n de hacerles re\u00advisar y revalidar por el obispo de Dax, se vi\u00f3 en la precisi\u00f3n de escribir hasta tres veces para ob\u00adtenerlos en la debida y valedera forma.<\/p>\n<p>Durante el curso de estas negociaciones segu\u00eda habitando San Vicente en Roma. Moraba en casa del vicedelegado Pedro Montorio, a cuyo cargo corrian todas sus necesidades, y libre de cuida\u00addos, divid\u00eda el tiempo entre la oraci\u00f3n y el es\u00adtudio.<\/p>\n<p>Aprovech\u00f3 su estancia en Roma para perfec\u00adcionarse en la Teolog\u00eda, acudiendo a las ilustres aulas de la Sapienza, regida por los Dominicos. Por la tarde hallaba reunidas en casa del vicede\u00adlegado las personas m\u00e1s distinguidas de Italia y los viajeros m\u00e1s ilustres de Francia.<\/p>\n<p>Este era el momento en que, aprovechando En\u00adrique IV su experiencia y su genio, despu\u00e9s de haber realizado su primer objeto, que era pacifi\u00adcar la Francia y sumar en uno, con el edicto de Nantes, los dos partidos que mutuamente se des\u00adtrozaban, se dispon\u00eda a llevar a efecto la segunda parte de su plan, con que deseaba coronar su vida, es a saber: combinar los Estados europeos de Francia, Inglaterra, Holanda, Suecia y Dinamar\u00adca, y arrojarles todos juntos, cat\u00f3licos y protestantes, contra la casa hispanoaustriaca, cuyo in\u00admenso poder estrechaba a Francia en un circu\u00adlo de hierro y hasta amenazaba su existencia. Para atar los hilos de esta grande y delicada alianza, Enrique IV hab\u00eda enviado por todas partes embajadores encargados de estudiar el estado de las diversas potencias y de transmi\u00adtirles secreta y prontamente todo aquello que pu\u00addiera darle alguna luz en el asunto.<\/p>\n<p>En Roma ten\u00eda tres. Ignoramos la clase de no\u00adticias que llegaron a conseguir; mas tales debie\u00adron ser y de tal importancia, que, no atrevi\u00e9ndo\u00adse a confiarlas a un correo ordinario, buscaron un hombre de rara discreci\u00f3n, que sin ayuda de ning\u00fan escrito pudiese exponer directamente al rey el asunto, y fijaron su atenci\u00f3n en Vicente de Pa\u00fal. Instruy\u00e9ronle, y le hicieron salir para Par\u00eds con la misi\u00f3n de informar personalmente a Enrique IV.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 nuestro Santo a la corte a principios de 1609, y fu\u00e9 muchas veces recibido por el rey. Mas no es de un esp\u00edritu humilde y discreto como el de Vicente de Pa\u00fal de quien se pueden espe\u00adrar revelaciones de entrevistas como la presente. Jam\u00e1s dej\u00f3 escapar sobre la cuesti\u00f3n una sola palabra.<\/p>\n<h3><strong>San Vicente se pone bajo la direcci\u00f3n del se\u00f1or <\/strong><strong>de Berulle.\u2014Acepta el curato de Clichy <\/strong><strong>(1609-1613).<\/strong><\/h3>\n<p>La proximidad del Hospital de la Caridad era lo que hab\u00eda determinado a San Vicente de Pa\u00fal a establecerse en el arrabal de Saint-Germain.<\/p>\n<p>Estaba a cargo de unos Hermanos de la Or\u00adden que en Espa\u00f1a acababa de fundar San Juan de Dios, tra\u00eddos a Par\u00eds cinco a\u00f1os antes, en 1602, por Mar\u00eda de M\u00e9dicis; pero como estos re\u00adligiosos eran en peque\u00f1o n\u00famero, part\u00edan gus\u00adtosamente sus oficios de caridad con todos los que a ello se ofrec\u00edan: se\u00f1ores de alta categor\u00eda, damas ilustres, sacerdotes y aun obispos, que ten\u00edan a mucha honra visitar y servir a aquellos miembros doloridos de Jesucristo. San Vicente cifr\u00f3 desde luego su dicha en confundirse con ellos. Iba todas las ras\/lanas a cuidar y curar a los enfermos, se sentaba junto a su lecho y les hac\u00eda piadosas exhortaciones. Humilde siempre, y temiendo hacerse pesado, ped\u00eda .a a los Herma\u00adnos como una gracia que le permitieran ayudar\u00adles en sus ministerios. Dicese que all\u00ed en una sala-enfermer\u00eda, fue donde nuestro humilde Vi\u00adcente <em>se <\/em>encontr\u00f3 con el santo y ya Ilustre se\u00f1or De Berulle.<\/p>\n<p>Bast\u00f3 a entrambos una mirada para conocerse. El humilde Vicente se puso al punto bajo la di\u00adrecci\u00f3n del se\u00f1or Berulle, y de aqu\u00ed la intima uni\u00f3n en que posteriormente vivieron.<\/p>\n<p>\u00abEn aquel tiempo\u2014dice Bossuet\u2014Pedro de Berulle, hombre verdaderamente Ilustre y digno de todo encomio, a cuya dignidad me atrevo a de\u00adcir que no a\u00f1adi\u00f3 un \u00e1pice la misma p\u00farpura romana\u2014\u00a1tan relevante era ya el m\u00e9rito de su virtud y de su ciencia!\u2014, comenzaba a hacer bri\u00adllar en la Iglesia de Francia las luces m\u00e1s pu\u00adras y m\u00e1s sublimes del sacerdocio cristiano y de la vida eclesi\u00e1stica\u00bb.<\/p>\n<p>No hab\u00eda por entonces en dicha Iglesia hom\u00adbre de m\u00e1s talento.<\/p>\n<p>Eran sinn\u00famero los se\u00f1ores de alta categor\u00eda que habla convertido. Los sacerdotes mismos iban a ponerse bajo su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Padre De Berulle no tard\u00f3 en ver que Vi\u00adcente de Pa\u00fal estaba llamado a grandes cosas, y lleg\u00f3 a predecir a nuestro Santo que Dios quer\u00eda servirse de \u00e9l para fundar una nueva congrega\u00adci\u00f3n de sacerdotes que har\u00edan gran bien en la Iglesia.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que el se\u00f1or De Berulle comenzaba a manifestar a San Vicente de Pa\u00fal los designios que Dios hab\u00eda formado sobre \u00e9l, le sosten\u00eda en esas pruebas que de ordinario son el \u00faltimo toque con que Dios dispone a aquellas almas a quienes ha predestinado para alguna grande obra. Entre estas pruebas hubo dos, sobra todo, capaces de abatir para siempre un alma de menos temple que la suya. Por razones de econo\u00adm\u00eda hab\u00eda tornado en el arrabal de Saint-Ger\u00admain una habitaci\u00f3n en com\u00fan con uno de sus paisanos, por nombre Beltr\u00e1n Dulou, juez de paz en el cant\u00f3n de Sore. Cierto d\u00eda, habiendo salido \u00e9ste muy de ma\u00f1ana para unos negocios, se olvi\u00add\u00f3 de cerrar el armario donde ten\u00eda su dinero, 400 o 500 francos, poco m\u00e1s o menos, dejando a Vicente en la cama un poco indispuesto y aguar\u00addando los remedios que hab\u00edan quedado en lle\u00advarle. El muchacho que vino con ellos fu\u00e9 a bus\u00adcar un vaso en el armario entreabierto, y al ver el dinero, se lo ech\u00f3 al bolsillo sin decir una pa\u00adlabra. Cuando el juez estuvo de vuelta y not\u00f3 la falta del dinero, se qued\u00f3 como fuera de s\u00ed. Pi\u00addi\u00f3lo a Vicente, quien no supo darle otra res\u00adpuesta sino que ni le hab\u00eda tomado, ni le hab\u00eda visto coger a nadie.<\/p>\n<p>Furioso el juez, comenz\u00f3 a dar desaforados gritos, ech\u00f3 de su lado al Santo y lleg\u00f3 hasta perseguirle y difamarle por todas partes, en casa, en el bario, entre los amigos y conocidos de \u00e9ste. El caso lleg\u00f3 a tal extremo, que, hall\u00e1ndose en su casa el se\u00f1or De Beruile, rodeado de perso\u00adnes de reputaci\u00f3n y de piedad, en cuyo n\u00famero se contaba Vicente, se acerc\u00f3 el juez a ellos, y ante tan distinguida sociedad trat\u00f3 p\u00fablicamen\u00adte de ladr\u00f3n a nuestro Santo. Content\u00f3se \u00e9ste e\u00f3n decir: \u00abDios sabe la verdad, se\u00f1or m\u00edo\u00bb; mas profiri\u00f3 estas palabras con un aire tal de modes\u00adtia y dulzura, que dej\u00f3 maravillados a todos.<\/p>\n<p>Detenido el mozuelo per otros robos, declar\u00f3 tambi\u00e9n aqu\u00e9l; mas esto no tuvo lugar sino despu\u00e9s de mucho tiempo, y precisamente ante el juez de Sore que se apresur\u00f3 a escribir a San Vicente de Pa\u00fal para pedirle perd\u00f3n y protestarle que, si no le enviaba por escrito, ir\u00eda \u00e9l mismo a obtenerle con \u00abuna cuerda al cuello\u00bb. Entretanto, la calumnia se hab\u00eda ido extendiendo, y durante seis meses tuvo que permanecer nuestro Santo bajo el peso de tan odiosa acusaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por entonces tuvo lugar un extraordinario suceso que ejerci\u00f3 decisiva influencia en la vida de San Vicente de Pa\u00fal. Incierto, dudoso hasta entonces del rumbo que hab\u00eda de dar a su navecilla, fue para \u00e9l la estrella que en adelante hab\u00eda de servirle de orientaci\u00f3n. El hecho heroico que vamos a contar fue como el nacimiento y bautismo del Patrono de las obras de caridad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda entonces en Par\u00eds un doctor en Teolog\u00eda que despu\u00e9s de haberse cubierto de \u00a0gloria en las luchas p\u00fablicas con los herejes, v\u00edctima, pro\u00adbablemente, de su orgullo, fue acometido de vio\u00adlentas tentaciones contra la fe. No pod\u00eda ni decir Misa. ni rezar las horas can\u00f3nicas, ni entrar en una iglesia, pues todo cuanto se relacionaba con Dios serv\u00eda \u00fanicamente para despertar en su alma las m\u00e1s horribles tentaciones de blasfemia. Compadecido nuestro Santo de este pobre sacerdote, a quien de antemano conoc\u00eda, y habiendo vana\u00admente ensayado todos los medios de curarle, tuvo uno de esos sublimes arranques de caridad de que no hay sino rar\u00edsimos ejemplos en la His\u00adtoria.<\/p>\n<p>Rog\u00f3 encarecidamente al Se\u00f1or que devolvie\u00adse la fe a aquel infortunado sacerdote, ofreci\u00e9ndo\u00adse a s\u00ed mismo para llevar, si era menester, la carga que aquel su pobre hermano ya no pod\u00eda resistir. Su oraci\u00f3n fue o\u00edda al punto. Mientras que la v\u00edctima sent\u00eda renacer la luz en su cora\u00adz\u00f3n, Vicente de Pa\u00fal bajaba al fondo de aque\u00adllos abismos de dudas, de tentaciones y oscuridades de que acababa de sacar al otro. As\u00ed permaneci\u00f3 cuatro a\u00f1os<strong>, <\/strong>en un estado tal de postraci\u00f3n que daba pena verle, no teniendo fuerzas para otra cosa que para menudear sus visitas a los hospitales y entregarse a toda clase obras de caridad.<\/p>\n<p><em>Este fue<\/em> el remedio con que salt\u00f3 de la prueba. Un d\u00eda que se hallaba m\u00e1s desolado que de costumbre cay\u00f3 de rodillas e hizo voto de con\u00adsagrar su vida a Jesucristo en la persona de los pobres. No hizo m\u00e1s que pronunciar estas pala\u00adbras, cuando todos sus sufrimientos se desvanecieron y volvi\u00f3 la paz a su alma, confesando des\u00adpu\u00e9s que desde aquel momento le parec\u00eda ver las verdades de la fe en un fondo de luz que viva\u00admente las iluminaba y esclarec\u00eda.<\/p>\n<p>En el curso de esta prueba fue cuando se re\u00adsolvi\u00f3 Vicente a retirarse con el se\u00f1or De Berulle y con los sacerdotes que comenzaban a reun\u00edrsele para echar los fundamentos del Ora\u00adtorio. No que tuviese el menor pensamiento de entrar en \u00e9l; con frecuencia declar\u00f3 despu\u00e9s que no era \u00e9sa su intenci\u00f3n, y el se\u00f1or De Berulle sab\u00eda que nuestro Santo estaba llamado para Aros destinos. Su deseo al retirarse al naciente Oratorio era estar muy cerca de aquel a quien llamaba \u00absu \u00e1ngel visible\u00bb, y del que nunca tuvo tanta necesidad como entonces, agobiado bajo el peso de la terrible tentaci\u00f3n contra la fe.<\/p>\n<p>Pobre y necesitado de alg\u00fan beneficio eclesi\u00e1s\u00adtico con que pasar la vida, hab\u00eda dado con uno, pero no conforme a sus gustos y deseos: hab\u00eda sido nombrado capell\u00e1n de la reina Margarita, la separada esposa de Enrique IV. Mas \u00a1qu\u00e9 situa\u00adci\u00f3n para un hombre como nuestro Santo!<\/p>\n<p>Separada de su marido la reina Margarita, mas no desvanecida o, al menos, reconciliada con \u00e9l, le apellidaba \u00absu hermano y su rey\u00bb, al mismo tiempo que recib\u00eda de \u00e9ste el tratamiento de \u00absu hermana\u00bb.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda instaladoen su hermoso palacio de la calle de Seine, cuyos magn\u00edficos jardines bajaban hasta el r\u00edo, y tratando de volver a sus h\u00e1bitos o pr\u00e1cticas de devoci\u00f3n, se esforzaba por mezclar en una corte semipagana la religi\u00f3n, la literatura, las artes y las intrigas. Aunque San Vicente de Pa\u00fal no viv\u00eda en el palacio y s\u00f3lo se presentaba en \u00e9l para cumplir los actos de su ministerio, la disipaci\u00f3n que all\u00ed advert\u00eda le ape\u00adnaba profundamente, y no contribuy\u00f3 poco a inspirarle el deseo de buscar en la compa\u00f1a del se\u00f1or De Berulle y de los disc\u00edpulos de \u00e9ste una atm\u00f3sfera de vida m\u00e1s en relaci\u00f3n con su ca\u00adr\u00e1cter. La casa del Oratorio se hallaba a muy corta distancia del palacio, y esta circunstancia le permiti\u00f3 entrar en ella sin resignar su cargo, de que ten\u00eda necesidad para vivir.<\/p>\n<p>Se cree que comenz\u00f3 su estancia en el Orato\u00adrio por los meses de marzo o de abril de 1610, porque habiendo sido aqu\u00e9lla de dos a\u00f1os, ter\u00admin\u00f3 en 2 de mayo de 1612, fecha de la instalaci\u00f3n de nuestro Santo en el curato de Clichy.<\/p>\n<p>Entre los seis sacerdotes que formaban parte de la naciente Congregaci\u00f3n estaba Francisco Bourgoing, que trataba de renunciar su parro\u00adquia, de Clichy, pero no quer\u00eda confiar su grey mimo a un eclesi\u00e1stico piadoso, lleno de celo y capaz de proseguir el bien que \u00e9l habla comenzado. Ya hac\u00eda muchos meses que le andaban buscando, cuando el se\u00f1or De Berulle puso los ojos en San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Propuso, pues, el proyecto a nuestro Santo, y \u00e9ste someti\u00f3 humildemente su parecer al de su director, mas no sin manifestarle primero sus repugnancias. No que \u00e9l hallase peque\u00f1a la pa\u00adrroquia; le parec\u00eda, si, poco llevadera la carga. Quer\u00eda amar, servir, atender y cuidar a los po\u00adbres, mas temblaba de encargarse de sus almas. Por lo que hace al P. Bourgoing no cab\u00eda en s\u00ed de contento.<\/p>\n<p>Apenas posesionado de su parroquia, comenz\u00f3 a visitarla. Casi no constaba m\u00e1s que de pobres labradores, pero llenos de fe y dotados de una admirable sencillez y pureza de costumbres. Pre\u00addicando un Padre Jesuita delante de San Vicente de Pa\u00fal, exclam\u00f3, en un arranque oratorio, que \u00abtodos sus parroquianos viv\u00edan como \u00e1ngeles\u00bb. Aqu\u00ed y all\u00e1 aparec\u00edan en la llanura alguna que otra casa de campo, propiedad de algunas fami\u00adlias ricas de Par\u00eds; pero eran raras excepciones.<\/p>\n<p>Los pobres abundaban, y carec\u00edan de todo. San Vicente respiraba en su atm\u00f3sfera. Les serv\u00eda con sus propias manos, les proporcionaba dinero y vestidos, les entregaba, en una palabra, su cora\u00adz\u00f3n. Este fue el tiempo m\u00e1s dichoso de su vida. Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde hablaba a\u00fan de \u00e9l con en\u00adternecimiento: \u00ab\u00a1Ah, me dec\u00eda yo, qu\u00e9 dichoso eres en tener un pueblo tan bueno! El Papa es menos feliz que t\u00fa.\u00bb Un d\u00eda me pregunt\u00f3 el pri\u00admer cardenal de Retz: \u00abY bien, \u00bfqu\u00e9 tal, se\u00f1or Vicente?\u00bb \u00abMonse\u00f1or\u2014le respond\u00ed\u2014, es tan gran\u00adde mi satisfacci\u00f3n, que no hallo palabras con que encarec\u00e9rosla.\u00bb \u00abY por qu\u00e9?\u00bb \u00abPorque tengo un pueblo tan bueno y tan obediente a todo lo que le encargo, que me digo muchas veces que ni el Papa, ni vos, monse\u00f1or, sois tan dichoso como yo.\u00bb Amenazada de ruina su iglesia, determin\u00f3 repararla. Mas \u00bfd\u00f3nde hallar recursos para ello? Es verdad que su pueblo era pobre, y que \u00e9l no lo era menos; pero hall\u00e1ndose a las puertas de Par\u00eds, donde contaba con no pocos protectores y amigos, no hab\u00eda por qu\u00e9 desesperar del \u00e9xito de la empresa. El hecho es que la iglesia estuvo re\u00adtocada en menos de un a\u00f1o.<\/p>\n<p>Restaurada la iglesia, comenz\u00f3 sus tareas apos\u00adt\u00f3licas. La primera fue el establecimiento de la comuni\u00f3n en el primer domingo del mes. \u00ab\u00a1Oh \u2014dec\u00eda el Santo\u2014, qu\u00e9 buen pueblo es el de Clichy! Habi\u00e9ndole recomendado la confesi\u00f3n y la comuni\u00f3n en el primer domingo de mes, nadie falta a ella, con gran satisfacci\u00f3n de mi alma.\u00bb A esta pr\u00e1ctica junt\u00f3 la instituci\u00f3n del Rosario, ejercicio tan saludable en s\u00ed mismo, mas tan ne\u00adcesario en una parroquia donde casi ninguno sa\u00adb\u00eda leer ni escribir. Al mismo tiempo, echaba los primeros fundamentos de otra obra enteramen\u00adte distinta, pero no menos importante.<\/p>\n<p>Se trataba de reunir a su alrededor un cierto n\u00famero de ni\u00f1os palea !orinarles en piedad y disponerlos a cumplir m\u00e1s tarde las funciones eclesi\u00e1sticas. Ya hab\u00eda reunido doce, que alojaba en su propia casa y de les cuales algunos llega\u00adron a ser modelos de sacerdotes.<\/p>\n<p>Muchos otros proyectos iban germinando en su esp\u00edritu, cuando de la noche a la ma\u00f1ana recibi\u00f3 una carta del se\u00f1or De Berulle, su director y su gu\u00eda, indic\u00e1ndole otras funciones muy distin\u00adtas en que ejercitar su celo.<\/p>\n<p>A la primera palabra de su santo director, co\u00adloc\u00f3 en un carruaje su peque\u00f1o mobiliario, le acompa\u00f1\u00f3 a pie y se dirigi\u00f3 a la residencia del se\u00f1or Berulle.<\/p>\n<h3><strong>Primera estancia del Santo en la casa de Gondi. <\/strong><strong>(1613-1617).<\/strong><\/h3>\n<p>Grande y opulenta era, en verdad, la casa de Gondi al hacer en ella su entrada Vicente de Pa\u00fal. Adem\u00e1s de los hermosos palacios con que contaba en Par\u00eds, pose\u00eda el castillo de Monami\u00adrail, en Champagne; el de Joiny, en Borgo\u00f1a; el de Folleville, en Picard\u00eda; los de Dampierre, de Villepreux, etc.; y para cultivar los inmensos te\u00adrritorios que estos castillos dominaban hab\u00eda \u00absie\u00adte u ocho mil hombres, al menos\u00bb, a quienes la se\u00f1ora de Gondi pod\u00eda llamar \u00absus s\u00fabditos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta familia, originaria de Florencia, y que de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n habla ido engrandeci\u00e9ndose, acababa de llegar a su apogeo en los hermanos Alberto y Pedro de Gondi, elevados el uno a los mayores cargos del Estado, y el otro a las principales dignidades de la Iglesia. El pri\u00admero, Alberto de Gondi, marqu\u00e9s de Belle-Isle, par y mariscal de Francia, un\u00eda a la astucia ita\u00adliana, al buen sentido pr\u00e1ctico y a otras mil ma\u00adnifestaciones de un esp\u00edritu libre y audaz, un va\u00adlor indomable, acreditado en todas las batallas de su tiempo.<\/p>\n<p>Mientras Alberto de Gondi se encumbraba a tales alturas en el Estado, no lograba menos ho\u00adnores en la Iglesia su hermano Pedro de Gondi, nacido en Ly\u00f3n en 1533. De dignidad en digni\u00addad, lleg\u00f3 a ser obispo de Langres en 1565, con el titulo de duque y par; obispo de Par\u00eds en 1570, confesor de Carlos IX, capell\u00e1n de la reina Isa\u00adbel de Austria, jefe del Consejo, comendador ele la Orden del Esp\u00edritu Santo en 1578, y, en fin, cardenal en 1587. A\u00fan viv\u00eda cuando Vicente de Pa\u00fal entr\u00f3 en la familia de su sobrino Felipe Manuel. Estando ya viejo y lleno de enfermeda\u00addes, consigui\u00f3 que le diesen por coadjutor en 1593 al hermano mismo de Felipe Manuel, Enrique de Gondi, de edad de veintis\u00e9is a\u00f1os escasos, el cual, a semejanza del t\u00edo, lleg\u00f3 a ser obispo y car\u00addenal.<\/p>\n<p>F\u00e1cil es advertir la influencia, de San &#8216;Vicente de Pa\u00fal en la conducta del nuevo obispo, quien, retir\u00e1ndose poco a poco de los afanes de la poli- tica, consagr\u00f3 su persona y las ping\u00fces rentas de su cuantiosa fortuna al sostenimiento de todas las piadosas fundaciones del siglo XVII.<\/p>\n<p>Siguiendo el ejemplo de su t\u00edo Pedro de Gon\u00addi, hizo que le diesen por coadjutor en el gobier\u00adno de la di\u00f3cesis a su propio hermano, Juan Francisco de Gondi, capuchino primeramente y despu\u00e9s de\u00e1n de Nuestra Se\u00f1ora, en la capital, quien lleg\u00f3 a ser igualmente obispo y aun arzo\u00adbispo de Par\u00eds, cuando esta sede fue hecha me\u00adtropolitana en 1622. Tambi\u00e9n \u00e9ste escogi\u00f3 por coadjutor, en 1642, a un miembro de la familia, sobrino suyo e hijo de Felipe Manuel de Gondi; aquel inquieto e indomable Francisco Pablo de Gondi, disc\u00edpulo de San Vicente de Pa\u00fal, y tan conocido por el nombre de cardenal de Retz. As\u00ed que, al estudiar la vida de Felipe Manuel de Gon\u00addi, en cuya casa entr\u00f3 nuestro Santo, le vemos rodeado sucesivamente de tres cardenales, y to\u00addos pr\u00f3ximos parientes suyos: un t\u00edo, un herma\u00adno y su hijo; y notamos que en aquella fastuo\u00adsa y espl\u00e9ndida morada estuvo como vinculada la Silla de Par\u00eds durante ciento nueve a\u00f1os, de 1570 a 1679, es decir, durante todo el siglo XVII.<\/p>\n<p>De estos cardenales, obispos o arzobispos, to\u00addos, si se except\u00faa Pedro c\u00ede Gondi, a quien nues\u00adtro Santo apenas conoci\u00f3, y eso cuando aqu\u00e9l estaba ya muy entrado en a\u00f1os, participaron de su influencia; y entre la diversidad de rasgos de su fisonom\u00eda, ostentan uno que les es com\u00fan, y que sin duda debieran a San Vicente: el amor a las obras de caridad, el celo por el desarrollo Ce todos los grandes establecimientos religiosos del siglo XVII.<\/p>\n<p>Entremos ya en relaciones con Felipe Manuel de Gondi y con su santa esposa Margarita de Silba en cuya compa\u00f1\u00eda va a permanecer por doce a\u00f1os San Vicente de Pa\u00fal. Felipe Manuel, segundo hijo de Alberto de Gondi, hab\u00eda suce\u00addido a \u00e9ste, desde la edad de diecisiete a\u00f1os, en el cargo de general de las galeras y lugartenien\u00adte del rey en los mares de Levante. \u00abEra. al de\u00adcir de los historiadores coet\u00e1neos, el hombre m\u00e1s apuesto, m\u00e1s sagaz y de los m\u00e1s valientes del reino.\u00bb Ligado \u00edntimamente con los duques de Guisa y de Chevreuse, y con los se\u00f1ores de Ere\u00adqui y de Bassampierre, pasaba su vida entre las frivolidades y devaneos de la corte, bien que sin grave detrimento de su honestidad y de su virtud.<\/p>\n<p>Aquellos aires del mundo resfriaron, si, su pie dad, mas nunca lograron extinguirla. De ah\u00ed que, corriendo los a\u00f1os, vuelva a aparecer en \u00e9l, reani\u00adm\u00e1ndole con el calor de su bendita eficacia y prest\u00e1ndole fuerzas para dar de mano a todos los honores y a todos los placeres del mundo, y para sepultarse, joven a\u00fan, a la muerte de su esposa, en una pobre celda del Oratorio, entreg\u00e1ndose de lleno a la virtud bajo la direcci\u00f3n del P. Berulle. Mas en la \u00e9poca a que nos referimos no segu\u00eda otra corriente que la del mundo.<\/p>\n<p>Por los a\u00f1os de 1600, y cuando \u00e9l apenas fri\u00adsaba en los veinte, se cas\u00f3 con Francisca Marga\u00adrita de Silly, joven de rara virtud, de dulzura an\u00adgelical y de una conciencia sumamente delicada, rayana por igual con los escr\u00fapulos y con el \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>Digamos en honor de Felipe Manuel de Gon\u00addi que conoci\u00f3 el tesoro que Dios hab\u00eda puesto en sus manos, que rode\u00f3 a Margarita de Silly de una especie de veneraci\u00f3n, y que, muerta su es\u00adposa, no encontr\u00f3 alivio para su dolor m\u00e1s que en la vida del claustro.<\/p>\n<p>Tres hijos nacieron de esta uni\u00f3n, los tres dis\u00adc\u00edpulos de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El primero, Pedro, nacido en Par\u00eds en 1602, ten\u00eda ya once a\u00f1os al ser confiado a Vicente, y, como todos los primog\u00e9nitos, estaba destinado a los honores y cargos del Estado.<\/p>\n<p>Entrado en los veinte a\u00f1os, acompa\u00f1\u00f3 a su padre en el viaje que \u00e9ste se aventur\u00f3 a hacer, trasladando, por vez primera, las galeras de Le\u00advante a las aguas del Oc\u00e9ano, para acudir en ayuda del rey, que estaba sitiado en La Rochela, y se bati\u00f3 como un le\u00f3n en la isla de Re, donde vio morir bajo sus piernas a su caballo, saliendo \u00e9l herido gravemente de un mosquetazo en el hombro.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, siempre se mostr\u00f3 el mismo en su larga vida: hombre m\u00e1s de combates que de negocios, de un valor a toda prueba, de una resoluci\u00f3n inflexible y de una fe igual a su bravura.<\/p>\n<p>El segundo, Enrique de Gondi, destinado al estado sacerdotal, era benigno y piadoso como su madre, p\u00e1lido y rubio (a diferencia de sus dos hermanos, de tez bronceada, que hac\u00eda recordar su origen florentino), y ambicioso, como todos los Gondi.<\/p>\n<p>Al llegar, a \u00faltimos de agosto de 1613, San Vi\u00adcente de Pa\u00fal al castillo de Montmorail, donde se hallaban entonces los se\u00f1ores de Gondi, no te\u00adn\u00edan \u00e9stos m\u00e1s que los dos hijos mencionados; pero estaba ya para nacerles el tercero, conocido en la Historia por el c\u00e9lebre nombre del cardenal de Retz. Vino al mundo el 20 de septiembre de 1613, y recibi\u00f3 en el bautismo el nombre de Francisco Pablo.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal\u00a0 deb\u00eda desempe\u00f1ar cerca de es\u00adtos tres ni\u00f1os una doble misi\u00f3n: instruirles en los principios religiosos, ense\u00f1arles a conocer, amar y servir a Dios, y al mismo tiempo iniciarlas en los elementos de las lenguas griega y la\u00adtina, que de tanta estimaci\u00f3n gozaban en la fa\u00admilia de los Gondi. No obstante que la se\u00f1ora de Gondi deseaba y pon\u00eda por encima de todo era la primera parte de la educaci\u00f3n de <em>sus <\/em>hijos, y para llevarla a la pr\u00e1ctica es para lo que se ha\u00adb\u00eda dirigido al se\u00f1or Berulle.<\/p>\n<p>\u2014Antes que se\u00f1ores y grandes de la tierra, quiero hacer de mis hijos santos para el cielo&#8211; le dec\u00eda.<\/p>\n<p>Juzgando de la educaci\u00f3n de los dos primeros por la del m\u00e1s joven, podr\u00edamos formarnos una idea de la acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal sobre los Gondi. \u00abVicente de Pa\u00fal&#8211;dice un antiguo historiador\u2014fue quien dirigi\u00f3 al futuro cardenal de Retz en sus estudios, en los que hizo maravillo\u00adsos progresos. Aprendi\u00f3 hasta siete lenguas con gran facilidad: el hebreo, el griego, el lat\u00edn, el italiano, el espa\u00f1ol, el alem\u00e1n y el franc\u00e9s, que hablaba Elegantemente. Se gradu\u00f3 de doctor por la Sorbona en medio de nutridos aplausos. Le\u00adyendo sus Memorias, se nota la rara perfecci\u00f3n con que lleg\u00f3 a poseer el franc\u00e9s. En cuanto al italiano, era su segunda lengua, la lengua ma\u00adterna. En el lat\u00edn pod\u00eda haber sido rival de Bem\u00adbo y de Sadoleto, a juzgar por muchas cartas que de \u00e9l se conservan; y en orden al griego, le pose\u00eda con tanta perfecci\u00f3n, que en el Seminario de la Congregaci\u00f3n del \u00cdndice tradujo correc\u00adtamente un libro escrito en griego moderno, que los dem\u00e1s cardenales no hab\u00edan podido entender. Por \u00faltimo, hacia los postreros a\u00f1os de su vida, rezaba el Oficio divino en lengua hebrea\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo que toca a la educaci\u00f3n religiosa y mo\u00adral, en que Vicente de Pa\u00fal deb\u00eda imponer a sus tres disc\u00edpulos, dotados de un car\u00e1cter tan vio\u00adlento, no se ve que el primero saliera tan mal aprovechado. \u00abJoven a\u00fan\u2014dice Corbinelli\u2014, te\u00adn\u00eda la perspicacia, el valor, la prudencia y la ma\u00addurez de un hombre hecho.\u00bb Su piedad no se desminti\u00f3 nunca. Respecto al segundo, muri\u00f3 en la flor de la edad.<\/p>\n<p>El tercero, es verdad que pas\u00f3 su vida en oca\u00adsionados devaneos 7 en policromas lances, que si nos revelan el temple de su alma, tambi\u00e9n nos ponen de manifiesto la pujanza avasalladora de sus pasiones. Mas la Historia, que tan detallada\u00admente nos cuenta estas aventuras, no nos ha di\u00adcho a\u00fan que, en ocasiones, eran interrumpidas por retiros espirituales que el famoso frondista hacia en San L\u00e1zaro, ni que, habiendo llegado al fin de su vida, se le vio experimentar esa inapetencia de las cosas de la tierra que no sienten sino los de coraz\u00f3n grande y bien cultivado.<\/p>\n<p>En reconocimiento de los servicios prestados a sus hijos, y para unirle m\u00e1s estrechamente a la familia, es probablemente por lo que el se\u00f1or de Gondi ofreci\u00f3, en 1615, a San Vicente de Pa\u00fal un canonicato en el c\u00e9lebre cabildo de Ecouis, de la di\u00f3cesis de Evreux.<\/p>\n<p>Era simplemente un titulo de honor lo que se le quer\u00eda conferir, y nuestro Santo no pudo resistirse a aceptarlo. Tom\u00f3 posesi\u00f3n de el por pro\u00adcurador el 27 de mayo de 1615, y en persona, el 16 de septiembre del mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Mientras que San Vicente de Pa\u00fal se ocupaba en la educaci\u00f3n de caracteres tan diversos como eran los de sus disc\u00edpulos, ejerc\u00eda sin empe\u00f1o par\u00adticular, y casi inconscientemente, honda y singu\u00adlar influencia en los padres de \u00e9stos, los se\u00f1ores de Gondi.<\/p>\n<p>Mas esta humildad del gran siervo de Dios no estaba re\u00f1ida con la firmeza. Se conserva de \u00e9l, acerca de esta virtud, un rasgo notable. Felipe Manuel habla sido ultrajado por un setter de la corte, y, no obstante su piedad, crey\u00f3 que se de\u00adb\u00eda a s\u00ed mismo, a su nombre y al heno: de su familia, lavar el insulto con la sangre del ofensor. Antes de presentarse en el lagar del tinelo, por una de esas inconsecuencias no raras, entr\u00f3 en su oratorio, oy\u00f3 piadosamente la Misa y perma\u00adneci\u00f3 largo tiempo en oraci\u00f3n, encomendando al cielo el buen \u00e9xito del negocio, as\u00ed como la sa\u00adlud de su alma. Instruido del proyecto San Vi\u00adcente, que es quien dec\u00eda la Misa, y de acuerdo quiz\u00e1 con la se\u00f1ora de Gondi, espera a que todo el mundo salga, y cuando Felipe Manuel qued\u00f3 solo en la capilla, fue a echarse a sus pies.<\/p>\n<p>&#8211;Permitidme, se\u00f1or\u2014le dijo\u2014, que con toda humildad os hable unas palabras. S\u00e9 de buena tinta que abrig\u00e1is el designio de batiros en due\u00adlo; mas yo as declaro, de parte de mi Salvador, a quien os acabo de mostrar y vos hab\u00e9is adora\u00addo, que s\u00ed no abandon\u00e1is este proyecto, ejercer\u00e1 su justicia sobre vos y sobre vuestra posteridad.<\/p>\n<p>Tan graves palabras despiertan en el coraz\u00f3n del se\u00f1or de Gondi los sentimientos de padre y de cristiano y desarman su c\u00f3lera; fija sus ojos en el altar, y jura al santo sacerdote poner en manos de Dios su venganza.<\/p>\n<p>Bien se deja entender que, dada su exquisita piedad, no ser\u00eda la se\u00f1ora de Gondi la \u00faltima en sentir el perfume de virtud que exhalaba la vida de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>P\u00fasose bajo su direcci\u00f3n espiritual, e hizo des\u00adde entonces r\u00e1pidos progresos.<\/p>\n<p>Dedic\u00f3se, en consecuencia, a visitar los pobres, a cuidar de los enfermos, descendiendo hasta las chozas m\u00e1s miserables; y como era afable .y gra\u00adciosa, todos los pobres y moribundos deseaban verla junto a su lecho, pag\u00e1ndose m\u00e1s a\u00fan de su persona que de sus riquezas.<\/p>\n<p>Mucho desear\u00edamos tener algunos detalles acerca de esta campa\u00f1a de caridad llevada a cabo con tanto celo por la se\u00f1ora de Gondi y por su santo director. Un solo hecho, destacado en las sombras, nos permite apreciar lo sublime de su amor para con los pobres, en los cuales, m\u00e1s que por la salud del cuerpo, miraban por el bien del alma. Durante la estancia de la familia Gon\u00addi en el castillo de Folleville, cerca de Amiens, vinieron una tarde a llamar a Vicente de Pa\u00fal para o\u00edr en confesi\u00f3n a un moribundo campesi\u00adno. Aunque este hombre hab\u00eda vivido siempre, en la apariencia, cristianamente, se hallaba, no obstante, cargado de muchos pecados mortales, que por verg\u00fcenza hab\u00eda ocultado en sus confe\u00adsiones.<\/p>\n<p>Habiendo ido el Santo a verle, se le ocurri\u00f3 aconsejarle hacer una confesi\u00f3n general para mayor seguridad de su conciencia, y el resulta\u00addo hizo ver que hab\u00eda sido una inspiraci\u00f3n del cielo, pues habiendo llegado poco despu\u00e9s la se\u00f1o\u00adra de Gondi a ver c\u00f3mo se encontraba el enfermo, \u00e9ste le declar\u00f3, con lagrimas en los ojos, las con\u00adfesiones sacr\u00edlegas y los enormes pecados de su vida pasada; lo que hizo que esta virtuosa dama, conmovida profundamente, exclamase dirigi\u00e9n\u00addose a Vicente:<\/p>\n<p>\u2014; Ah, se\u00f1or! \u00bfQu\u00e9 es esto? \u00bfQu\u00e9 es lo que acabamos de o\u00edr? Lo mismo suceder\u00e1, sin duda, a la mayor parte de estas pobres gentes.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Gondi suplic\u00f3 a nuestro Santo que predicase el domingo siguiente sobre la ne\u00adcesidad de las confesiones generales. (Y Dios \u2014dice San Vicente\u2014se complaci\u00f3 tanto de la confianza y buena fe de esta se\u00f1ora (pues el gran n\u00famero y la enormidad de mis culpas hubieran impedido el fruto de esta acci\u00f3n), que bendijo mis palabras, y todas estas buenas gentes se con\u00admovieron de tal modo, que, sin faltar uno, acu\u00addieron a hacer confesi\u00f3n general.&gt; Fuimos en seguida\u2014contin\u00faa San Vicente de Pa\u00fal\u2014a los otros pueblos pertenecientes a la se\u00f1ora en este territorio, y en todos hicimos como en el pri\u00admero: hubo gran concurso, y Dios en todos ech\u00f3 su bendici\u00f3n. He aqu\u00ed el primer serm\u00f3n de la Misi\u00f3n y el \u00e9xito que Dios tuvo a bien concederle el mismo d\u00eda de la Conversi\u00f3n de San Pablo, cir\u00adcunstancia que Dios hizo concurrir en ello, no sin especial designio.\u00bb Era el 25 de enero de 1617.<\/p>\n<p>Produjo tan viva impresi\u00f3n este hecho en el \u00e1nimo de la se\u00f1ora de Gondi, que inmediatamen\u00adte design\u00f3 una suma de 1.6.000 libras para ofre\u00adcerla a una Congregaci\u00f3n que de cinco en cinco a\u00f1os consintiese en dar una Misi\u00f3n en los pueblos de su pertenencia. Hizo Vicente esta propo\u00adsici\u00f3n a los Padres Jesuitas y a los del Oratorio, quienes no pudieron aceptarla; y no sabiendo ya la se\u00f1ora de Gondi a qui\u00e9n dirigirse, extendi\u00f3 su testamento, dejando dicha suma a Vicente de Pa\u00fal para que fundase Misiones en sus lugares del modo que juzgase m\u00e1s conveniente.<\/p>\n<p>\u00bfDespert\u00f3 esta Misi\u00f3n de Folleville en el alma de San Vicente la pasi\u00f3n que siempre sinti\u00f3 por los pobres, u obedec\u00eda su nueva resoluci\u00f3n a de\u00adseos de vida m\u00e1s oculta? Porque siempre parecer\u00e1 extra\u00f1a e inaudita la s\u00fabita determinaci\u00f3n de nuestro Santo en estas circunstancias, de dejar el castillo de Montmirail y la casa de los Gondi con la intenci\u00f3n de no volver m\u00e1s a ella. No se atrevi\u00f3, sin embarga, a revelar a nadie su pensamiento. Tomando por pretexto un viajecito a Par\u00eds, parti\u00f3 de su antigua estancia, y desde aquella ciudad dio cuenta de su resoluci\u00f3n al se\u00f1or de Gondi, de modo que cuando la carta lleg\u00f3 a su destino ya estaba \u00e9l lejos de all\u00ed, ocul\u00adto en el interior de la Bresse, en una ciudad peque\u00f1a, abandonada y pobre, Chatillon-les\u00adDombes.<\/p>\n<h3><strong>Vicente de Pa\u00fal, p\u00e1rroco de Chatillon-les-Dom<\/strong><strong>bes.\u2014Vuelve a la casa de Gondi.\u2014Cofrad\u00eda <\/strong><strong>de la Caridad (1617-1621).<\/strong><\/h3>\n<p>Vicente de Pa\u00fal habla huido, por decirlo as\u00ed, de la casa de Gondi. Se hab\u00eda ausentado toman\u00addo por pretexto la necesidad de un viaje a la corte, mas sin comunicar a nadie su determina\u00adci\u00f3n de no volver; as\u00ed es que su primer cuidado al llegar a Chatillon fue escribir al se\u00f1or de Gon\u00addi, que por entonces se hallaba al frente de las galeras reales en las cestas de Provenza.<\/p>\n<p>Daba como \u00fanica explicaci\u00f3n de su conducta la incapacidad en que se hallaba de dar a sus disc\u00edpulos la instrucci\u00f3n y educaci\u00f3n que su es\u00adtado requer\u00eda. F\u00e1cil es de adivinar la extra\u00f1eza y dolor del se\u00f1or de Gondi.<\/p>\n<p>Se han conservado algunos fragmentos de las cartas, verdaderamente admirables, a que esta cuesti\u00f3n dio lugar entre las partes. He aqu\u00ed pri\u00admeramente la carta que el se\u00f1or de Gondi dirigi\u00f3 a su esposa para comunicarle la noticia: \u00abEstoy sumamente contrariado por una carta que he re\u00adcibido del se\u00f1or Vicente, y que adjunta os env\u00edo para ver si se puede a\u00fan poner remedio a la desgracia que sufrir\u00edamos al perderle. Mucho me ha sorprendido que no os haya dicho nada acerca de su resoluci\u00f3n, ni que hay\u00e1is tenido ning\u00fan aviso sobre el particular. Yo os ruego que os sirv\u00e1is de todos los medios posibles para no perderle. Por\u00adque aun cuando el pretexto que alega (su su\u00adpuesta incapacidad) fuera fundado, ninguna im\u00adpresi\u00f3n me har\u00eda ya que el principal inter\u00e9s que tengo es que se halle a nuestro lado, es nuestra eterna salvaci\u00f3n, en lo cual yo s\u00e9 que con el tiempo podr\u00e1 ayudarnos mucho, y cooperar a las resoluciones que, hoy m\u00e1s que nunca, deseo to\u00admar, y de las cuales tant\u00edsimas veces os he ha\u00adblado. No le he contestado a\u00fan ni le contestar\u00e9 hasta no tener nuevas de vuestra parte.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Gondi recibi\u00f3 esta carta el d\u00eda de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz (14 de septiembre de 1617). La impresi\u00f3n que hizo fue tan grande, \u00abque no ces\u00f3 de llorar, ni pod\u00eda co\u00admer ni dormir).<\/p>\n<p>\u2014Nunca se me hab\u00eda ocurrido\u2014dec\u00eda ella a una de sus amigas\u2014. El se\u00f1or Vicente se hab\u00eda mostrado tan piadoso para mi alma que no po\u00add\u00eda creer que me hubiera de abandonar de este modo. Mas Dios sea alabado; yo no le acuso, sea como quiera, de nada; creo que \u00e9l nada ha hecho sino movido de una especial providencia de Dios y tocado de su santo amor.<\/p>\n<p>Y. mostr\u00e1ndole la carta de su marido, a\u00f1ad\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Ved con qu\u00e9 dolor me escribe acerca de ello el general. Yo mismo noto que mis hijos van re\u00adtrocediendo diariamente, y que no se repetir\u00e1 el bien que \u00e9l hac\u00eda, tanto en mi casa como en los siete u ocho mil habitantes de mis posesiones.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Gondi fue al punto a verse con el se\u00f1or de Berulle; le confi\u00f3 sus penas, sus nece\u00adsidades y hasta sus admirables escr\u00fapulos de opo\u00adnerse a la voluntad de Dios si trabajaba por ha\u00adcer volver al se\u00f1or Vicente a su palacio.<\/p>\n<p>El se\u00f1or de Berulle la tranquiliz\u00f3, y admiran do la delicadeza de un alma tan pura, le aconse\u00adj\u00f3 que escribiera por s\u00ed misma a nuestro Santo. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos lo hizo: \u00abLa angustia que padezco me es insoportable sin una gracia extraordinaria de Dios, que yo no merezco. Si esta situaci\u00f3n s\u00f3lo hubiera de durar alg\u00fan tiem\u00adpo, no ser\u00eda tan desesperada; mas cuando ponde\u00adro todas las ocasiones en que puedo hallarme ne\u00adcesitada de ayuda, de direcci\u00f3n y de consejo, y me imagino privada de todo ello, mi dolor se re\u00adnueva sin medida. Juzgad, pues, si mi esp\u00edritu ni mi cuerpo podr\u00e1n soportar a la larga tan rudas pruebas. No me hallo en disposici\u00f3n de buscar ni de recibir asistencia de otra parte, porque, como bien sab\u00e9is, no con toda clase de personas tengo la libertad de esp\u00edritu necesaria para comunicar las necesidades de mi alma.<\/p>\n<p>\u00abEl se\u00f1or de Berulle me ha prometido escribiros, y yo ruego a Dios y a la Sant\u00edsima Virgen que volv\u00e1is a nuestra casa para la salvaci\u00f3n de toda nuestra familia y la de muchos otros en\u00adtre quienes pod\u00e9is ejercer vuestra caridad. Os Pido una vez m\u00e1s que la practiqu\u00e9is con nosotros por el amor que ten\u00e9is a nuestro Se\u00f1or, a cuya voluntad me entrego en esta ocasi\u00f3n, bien que temiendo grandemente no poder perseverar en este estado de resignaci\u00f3n y de sosiego. Si des\u00adpu\u00e9s de esto rehus\u00e1is acceder a mis s\u00faplicas, yo os har\u00e9 cargo ante Dios de todo lo que me su\u00adceda y de todo aquello en que yo falte a causa de no poder contar con vuestra ayuda.<\/p>\n<p>\u00abYa veis c\u00f3mo el general abunda en los mis\u00admos sentimientos. No resist\u00e1is al bien que pod\u00e1is hacer cooperando a su salvaci\u00f3n, pues que un d\u00eda podr\u00e1 contribuir \u00e9l a la de muchos otros. Ya s\u00e9 que, no sirviendo mi vida para otra cosa que para ofender a Dios, ning\u00fan mal hay en ponerla en peligro; mas mi alma tiene que ser asistida en la hora de la muerte. Recordad el temor con que en cierto pueblo me visteis durante mi \u00faltima enfermedad . Es probable que me halle en peores circunstancias y este solo recelo me har\u00eda tanto que, sin una continua y habitual preparaci\u00f3n, tal vez me costara la vida.\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se conmovi\u00f3 al leer esta carta; pero la obra que le hab\u00eda tra\u00eddo a Chatillon es\u00adtaba aun por hacer.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de escribir a la se\u00f1ora de Gondi con\u00adtrol\u00e1ndola y excit\u00e1ndola a no buscar otra cosa que la voluntad d\u00e9 Dios, se entreg\u00f3 de lleno a la santificaci\u00f3n de su parroquia. Esta se hallaba en un estado el m\u00e1s lamentable; pero no precisa\u00admente por falta de sacerdotes. Con no constar m\u00e1s que de dos a tres mil habitantes, hab\u00eda en ella hasta seis, pero que, faltos de todo celo apos\u00adt\u00f3lico y de todo cuidado pastoral, descuidaban casi por completo las almas, escandaliz\u00e1ndolas con su vida ociosa y disipada. \u00bfQu\u00e9 fruto se po\u00add\u00eda hacer en tanto que no desapareciese este mal ejemplo? Vicente de Pa\u00fal se insinu\u00f3 dulce\u00admente en sus corazones y acab\u00f3 por persuadirles &lt;a que se juntasen en una especie de comunidad para entregarse por este medio m\u00e1s perfecta\u00admente al servicio de Dios y de la Iglesia; lo que ellos comenzaron con gusto a poder en pr\u00e1ctica, y siguieron poni\u00e9ndolo despu\u00e9s por mucho tiempo, con gran edificaci\u00f3n de toda la parroquia\u00bb.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se ocupaba en catequizar a los ni\u00f1os, \u00fanico medio de reformar radicalmente una parroquia; en instruir a los Ignorantes, que no escaseaban, a consecuencia del abandono en que los susodichos pastores teman su ministerio; en convertir los herejes, bastantes en n\u00famero por la proximidad de Ginebra y en apartar de su vida insustancial y disipada a los se\u00f1ores y se\u00ad\u00f1oras de distinci\u00f3n que habitaban los castillos y quintas de los alrededores.<\/p>\n<p>Algunos de los efectos que en Chatillon pro\u00addujo fueron admirables. Se cita en particular el producido en un conde de Rougemont, duelista impenitente, ytan afortunado, que era imposible llevar la cuenta del n\u00famero de sus v\u00edctimas. Ha\u00adbiendo ido hablar de San Vicente de Pa\u00fal, acu\u00adde a la iglesia de Chatillon a escucharle, y al ha\u00adcerlo, siente revivir su fe y cae a los pies del san\u00adto sacerdote, que en adelante tendr\u00e1 que hacer menos para excitar que para moderar en \u00e9l el fervor y la devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vende sus tierras de Rougemont, cuyo precio consagra a la fundaci\u00f3n de monasterios y al re\u00adgalo de les pobres, y es menester que Vicente de Pa\u00fal tome cartas en el asunto para obligarle a conservar sus otras posesiones, pues de otro modo antes de un mes no habr\u00eda pose\u00eddo una pulgada de tierra, a imitaci\u00f3n, seg\u00fan \u00e9l dec\u00eda, de Jesu\u00adcristo, quien no tuvo donde reclinar su cabeza. \u00abCorto, rajo y rompo por todo\u2014dec\u00eda al se\u00f1or Vicente\u2014, para ir derecho al cielo.\u00bb Qued\u00e1bale, sin embargo, la espada, el \u00faltimo y el m\u00e1s hondo de sus apegos terrenos. No pod\u00eda decidirse a se\u00adpararse de ella. Avergonzado un d\u00eda de tal mi\u00adseria, detiene su caballo, se apea, la saca de la vaina y la hace trizas contra una roca. Luego, volviendo a montar, exclama: \u00ab\u00a1Ya soy libre!\u00bb<\/p>\n<p>No hizo menos ruido otra conversi\u00f3n, fecun\u00adda en grandes resultados. Dos j\u00f3venes de la aristocracia, las se\u00f1oras de Chassaigne y de Brie, ricas y de singular hermosura, viv\u00edan engolfadas en los placeres, en el juego y en el baile. Cierto d\u00eda penetran en la iglesia cuando el Santo diri\u00adg\u00eda su palabra a los fieles.<\/p>\n<p>Entran, al o\u00edrle, en remordimientos, conmu\u00e9vense sus almas, se comunican sus impresiones y resuelven ir a hacer despu\u00e9s de Misa una visita al santo sacerdote. En pocas palabras dio \u00e9ste fin a la obra, y las dos j\u00f3venes se separan de \u00e9l decididas a romper con las frivolidades de su vida mundana y a consagrarse servicio de los po\u00adbres, ocupaci\u00f3n que llevan hasta el hero\u00edsmo en la terrible peste que alg\u00fan tiempo m\u00e1s tarde diezm\u00f3 a Chatillon.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos citar otras conversiones; mas an\u00adhelamos llegar al gran acontecimiento, que, quiz\u00e1 en los designios de la divina Providencia, era la \u00fanica raz\u00f3n del arribo de Vicente de Pa\u00fal a Chatillon.<\/p>\n<p>Un d\u00eda en que nuestro Santo se estaba revis\u00adtiendo para celebrar, le rog\u00f3 la se\u00f1ora de la Chassaigne que encomendase a la caridad de los feligreses a una pobre cuyos individuos todos hab\u00edan ca\u00eddo enfermas, \u00a0padre, madre e hijos en una casa situada a media legua de Chatillon. H\u00edzolo as\u00ed en el serm\u00f3n, con su ternu\u00adra y fervor acostumbrados y partiendo despu\u00e9s de mediod\u00eda con uno de sus feligreses, gran hom\u00adbre de bien para ir a visitar a aquella pobre fa\u00admilia qued\u00f3 agradablemente sorprendido al ha\u00adllar, ya de vuelta, una multitud de gente que, movida de sus palabras, hab\u00eda acudido al socorro de aquel desolado hogar.<\/p>\n<p>\u2014He aqu\u00ed\u2014exclam\u00f3\u2014una caridad fervorosa, pero mal regulada. \u00bfQu\u00e9 va a hacer esta pobre familia de ese conjunto de provisiones? Tendr\u00e1 por necesidad que dejar perder una gran parte de ellas, volviendo a caer en la primitiva necesidad.<\/p>\n<p>Hizo venir a las se\u00f1oras de la Otiassaione y de Brie, les mostr\u00f3 los inconvenientes de una caridad tan mal dirigida, y les suplic\u00f3 que le ayuda\u00adsen a formar una Junta de se\u00f1oras caritativas. \u00abProp\u00faselas\u2014dice el Santo\u2014que cada d\u00eda se en\u00adcargase una de la manutenci\u00f3n necesaria, no ya s\u00f3lo para dichos enfermos, sino tambi\u00e9n para todos los que en adelante sobreviniesen\u00bb.<\/p>\n<p>Con aquel buen sentido y esp\u00edritu de organiza\u00adci\u00f3n que le caracterizaba, comenz\u00f3 a aplicar al mencionado servicio de los pobres a las se\u00f1oras de la parroquia, y continu\u00f3 aplic\u00e1ndolas, sin re\u00adgla ninguna escrita, por espacio de tres meses; entonces fue cuando, despu\u00e9s de haber visto funcionar la obra, redact\u00f3 las reglas por que \u00e9sta se hab\u00eda de gobernar.<\/p>\n<p>Tras un pre\u00e1mbulo en que se se\u00f1ala el objeto de la nueva Asociaci\u00f3n, pasa a darle nombre. \u00abDicha Junta se llamar\u00e1 la <em>Cofrad<\/em><em>\u00ed<\/em><em>a de la Cari\u00ad<\/em><em>dad, y <\/em>las personas de que quede compuesta, <em>sir\u00ad<\/em><em>vientas de los pobres, <\/em>o <em>damas de la Caridad. <\/em>Su Patrono ser\u00e1 nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que tan amante fue de los pobres. Toda mujer cristiana, \u00abviuda, casada o soltera\u00bb, de piedad y de virtud, podr\u00e1 formar parte de ella, \u00absupuesto siempre que las casadas y las solteras tengan, respectiva\u00admente, permiso para ello de sus maridos y de sus padres\u00bb. As\u00ed, a la luz del claro d\u00eda; nada de misterios ni de embozos. El gobierno de la nueva obra constar\u00e1: Primero, de una presidenta eleg\u00ed- -la, por todas las socias de la Junta, a quien \u00e9stas \u00abamar\u00e1n y respetar\u00e1n como a su madre, obede\u00adci\u00e9ndola en todo cuanto mire al bien y servicio de los pobres, por amor de nuestro Se\u00f1or Jesu\u00adcristo, que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb. Dos de las m\u00e1s humildes y dis\u00adcretas de la cofrad\u00eda, en calidad de asistenta la una y la otra de tesorera, ayudar\u00e1n a la presi\u00addenta. Y como no es propio de mujeres Llevar por s\u00ed y exclusivamente la administraci\u00f3n de los fon\u00addos, dichas sirvientas de los pobres elegir\u00e1n para procurador de los mismos alg\u00fan piadoso eclesi\u00e1s\u00adtico o alg\u00fan otro se\u00f1or de la ciudad, virtuoso, amante del bien de los pobres y no muy envuel\u00adto en los negocios temporales, el cual ser\u00e1 conta\u00addo como miembro de la Asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos estos cargos, es decir, los de presidenta, tesorera, asistenta y procurador, estar\u00e1n bajo la autoridad del p\u00e1rroco o de su vicario, a fin de que todo ello sirva de apoyo y no de embarazo a la parroquia.<\/p>\n<p>En lo relativo al cargo de tesorera, hay una observaci\u00f3n de muy profundo sentido: \u00abLa teso\u00adrera guardar\u00e1 el dinero, los papeles y los muebles. Dar\u00e1 cuenta todos los a\u00f1os, el d\u00eda siguiente al de Pentecost\u00e9s, en presencia del se\u00f1or p\u00e1rro\u00adco, de la presidenta, del procurador y de la otra asistenta, siendo cre\u00edda bajo sola su palabra con relaci\u00f3n a la exactitud de sus cuentas, sin que pueda serle tachado ning\u00fan art\u00edculo, ni por ello ser sujetos a examen de ninguna clase, ni ella, ni su esposo ni sus hijos; tanto a causa de que, siendo de una conducta intachable, como deben ser todas las elegidas para este cargo, merece una absoluta confianza, como porque. de otra suerte, nadie querr\u00eda tomar sobre si una carga tan pe\u00adsada<\/p>\n<p>Mas donde el Santo se sobrepuja a s\u00ed mismo es en la exposici\u00f3n que hace del modo con que deben ser tratados los pobres. Las damas de la Caridad no visitar\u00e1n m\u00e1s que aquellos que, pre\u00advio examen, hayan sido recibidos por la presi\u00addenta. de acuerdo con la asistenta y con la teso\u00adrera; y he aqu\u00ed el modo con que deber\u00e1n hacerlo:<\/p>\n<p>&lt;Aquella a quien toque el turno, prevenida de lo que haya menester en casa de la tesorera para la alimentaci\u00f3n de los pobres, arreglar\u00e1 la co\u00admida, la llevar\u00e1 a los enfermos y les saludar\u00e1 alegre y cari\u00f1osamente; acomodar\u00e1 una tablilla sobre el lecho, pondr\u00e1 encima una servilleta, un vaso, un cubierto y pan; har\u00e1 lavar las manos al enfermo, dir\u00e1 <em>el Bened<\/em><em>\u00ed<\/em><em>cite, <\/em>echar\u00e1 el caldo en una escudilla, colocar\u00e1 las viandas en un plato, y acomod\u00e1ndolo todo sobre la referida mesa, convidar\u00e1 dulcemente al enfermo a comer por amor de Jes\u00fas y de su Sant\u00edsima Madre, pro\u00adcurando portarse en todo cari\u00f1osamente, como si lo estuviera haciendo con su hijo, o m\u00e1s bien, como si lo tuviera que hacer a Dios, quien toma como hecho para Si el bien que ella est\u00e1 ha\u00adciendo con el pobre. Con la misma dulzura le hablar\u00e1 tambi\u00e9n de nuestro Se\u00f1or, procurando animarle si le encontrara desconsolado. Le cor\u00adtar\u00e1 en trozos, de vez en cuando, las viandas; \u00a0echar\u00e1 de beber, y habi\u00e9ndole puesto de este modo en disposici\u00f3n de comer, si hubiere alguno al lado del enfermo, le dejar\u00e1 para trasladarse a casa de otro, con quien se portar\u00e1 de la mis\u00adma manera, procurando comenzar siempre por los que tengan alguno en su compa\u00f1\u00eda y acaban\u00addo por los que se hallen solos, con el fin de po\u00adderse detener m\u00e1s con \u00e9stos. Luego, por la noche, volver\u00e1 a darles de cenar del mismo modo y con el mismo orden que hemos dicho.<\/p>\n<p>\u00abA cada enfermo se le dar\u00e1 todo el pan que necesite, con un cuarter\u00f3n de carnero o de ter\u00adnera, cocido por la ma\u00f1ana y asado por la no\u00adche, a excepci\u00f3n de los domingos y de las fiestas, en que se podr\u00e1 darles en la comida algo de ga\u00adllina cocida, y de dos o tres veces por semana, en que las viandas de la cena se les podr\u00e1n ser\u00advir en picadillo. Los que est\u00e9n sin fiebre tendr\u00e1n tambi\u00e9n a su disposici\u00f3n un cuartillo diario de vino, medio por la ma\u00f1ana y medio por la noche.<\/p>\n<p>\u00abY no siendo el fin de este instituto asistir \u00fanicamente a los pobres de un modo corporal, sino tambi\u00e9n espiritualmente, las sirvientas de los pobres pondr\u00e1n sumo cuidado y estudio en disponer a los convalecientes para llevar en ade\u00adlante una vida m\u00e1s arreglada, y en preparar a bien morir a los moribundos, enderezando a este fin sus visitas, pidiendo a Dios por ellos y ele\u00advando de vez en cuando con alguna jaculatoria su coraz\u00f3n al cielo. Si muriesen, correr\u00e1 tambi\u00e9n a su cargo hacerles enterrar a expensas de la Cofrad\u00eda, as\u00ed como proporcionarles al efecto una s\u00e1bana y hacer abrir la sepultura, si el difunto no tuviera ninguna clase de medios para ello; procurar\u00e1n asistir a los funerales de aquellos a quienes hubiesen asistido en la enfermedad, si c\u00f3modamente pudiesen, haciendo en este oficio de madres que acompa\u00f1an a sus hijos hasta la tumba\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal pasa en seguida a reglamentar las asambleas que cada mes deben reunirse bajo la presidencia del p\u00e1rroco, quien har\u00e1 a la Junta una breve exhortaci\u00f3n, encaminada al ma\u00adyor adelantamiento espiritual de los asociados; luego indica los ejercicios espirituales de cada sirvienta de los pobres.<\/p>\n<p>Escritos estos reglamentos, el Santo los hizo aprobar por el arzobispo de Ly\u00f3n; despu\u00e9s los promulg\u00f3 en asamblea solemne el 8 de diciem\u00adbre, fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n, y le\u00advant\u00f3 acta de la inauguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con esto qued\u00f3 establecida definitivamente la Asociaci\u00f3n de Cardad. Era la primera vez que se organizaba a domicilio la visita de los pobres y de los enfermos, y se aplicaba para su realiza\u00adci5n a las se\u00f1oras del mundo, libres de todo voto y de toda profesi\u00f3n religiosa, continuando en vi\u00advir con la familia, no saliendo a visitar a los pobres sino con la aprobaci\u00f3n de sus maridos, de sus padres o de sus madres, y juntando las obli\u00adgaciones de la familia con los deberes de la cari\u00addad. Del primer ensayo de Vicente de Pa\u00fal sali\u00f3 una obra maestra.<\/p>\n<p>Dios ha bendecido tan piadosa instituci\u00f3n, y hoy llena el mundo.<\/p>\n<p>Entretanto, la se\u00f1ora de Gondi no pod\u00eda resignares a la separaci\u00f3n de su santo director. Procur\u00f3 y obtuvo a este efecto cartas las m\u00e1s premiosas de su marido, de su cu\u00f1ado el obispo de Par\u00eds y del P. Berulle, y se las remiti\u00f3 a Vi\u00adcente de Pa\u00fal por medio de uno de sus mejores amigos, el se\u00f1or de Fresne, el que en otro tiem\u00adpo hab\u00eda introducido a Vicente en el palacio de la reina Margarita, y a quien \u00e9ste, en cambio, habla hecho entrar de secretario en casa de los Gondi. El se\u00f1or de Fresne cumpli\u00f3 su misi\u00f3n con tanta delicadeza, energ\u00eda y cordura, que acab\u00f3 por convencer a Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Dominado, no obstante, Vicente por sus ten\u00addencias a la vida oculta y humilde, or\u00f3 fervo rosamente, se traslad\u00f3 a Ly\u00f3n a consultar al Pa\u00addre Bence, del Oratorio, y acab\u00f3 por entregar al se\u00f1or de Fresne dos cartas, una para el general y otra para la se\u00f1ora de Gondi, donde les anun\u00adciaba su pr\u00f3ximo viaje a Par\u00eds y su intenci\u00f3n de ponerse por completo en manos del se\u00f1or de Be- Tulle.<\/p>\n<p>Nada diremos de la aguda pena de los habi\u00adtantes de Chatillon al venir en conocimiento de que iban a perder a su p\u00e1rroco.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la partida todos salieron al camino, y al verle cayeron de hinojos, exclamando: \u00ab\u00a1Vuestra bendici\u00f3n!\u00bb Bendici\u00f3n que el Santo les dio con l\u00e1grimas en los ojos. Casi cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s los antiguos testigos de esta escena, o sus hijos y sus nietos, declaraban bajo juramento, en vista de la probable canonizaci\u00f3n del santo sacerdote, que ser\u00eda imposible anotar todo lo realizado por el se\u00f1or Vicente en Chatillon en tan poco tiempo (\u00a1cinco meses!), y que, a no haberlo visto y o\u00eddo, les hubiera costado mucho trabajo creerlo.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal entr\u00f3 en Par\u00eds el 23 de di\u00adciembre de 1617. Aquella misma tarde se vio con el se\u00f1or de Berulle, y al d\u00eda siguiente, v\u00edspera de Navidad, volvi\u00f3 a entrar en la casa de Gondi, para no abandonarla ya sino hasta despu\u00e9s de ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>Chatillon fue para \u00e9l una verdadera revela\u00adci\u00f3n. All\u00ed hab\u00eda recibido luces que nunca lleg\u00f3 a vislumbrar en Clichy. Lo que acababa de hacer en una pobre y reducida parroquia de Bresse, \u00bfpor qu\u00e9 no hacerlo en todas partes? \u00bfPor qu\u00e9 no ensayarlo, al menos, en las treinta aldeas de\u00adpendientes de los Gondi?<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Gondi le escuchaba llena de una dulce emoci\u00f3n. Ofreci\u00f3se, pues, a secundarle in\u00adcondicionalmente con su influencia, con su dine\u00adro y aun con su persona en el establecimiento de las Cofrad\u00edas de Caridad.<\/p>\n<p>Inmediatamente puso el Santo manos a la obra, y en dos o tres a\u00f1os las fue estableciendo en treinta o cuarenta pueblos de las tierras de Gon\u00addi, a continuaci\u00f3n de las Misiones, que \u00e9l mismo de ordinario, predicaba. La se\u00f1ora daba la primera su nombre, y su ejemplo arrastraba a todo el mundo. Ni se contentaba con ponerse al fren\u00adte de estas Asociaciones; se adelantaba a los misioneros en los lugares en que \u00e9stos hab\u00edan de predicar, visitaba a los pobres y a los enfermos, excitaba a los habitantes a aprovecharse de la Misi\u00f3n, y era un espect\u00e1culo que hac\u00eda derramar l\u00e1grimas ver una dama tan ilustre, tan joven, tan delicada de salud y tan rica, cu\u00f1ada o so\u00adbrina de varios cardenales, empleada en tan hu\u00admildes oficios de piedad y de caridad.<\/p>\n<p>No estaba, por lo dem\u00e1s, sola. Tremendas des\u00adgracias hab\u00edan venido a darle por compa\u00f1era en el servicio de los pobres y en el cuidado de los enfermos a la propia hermana de su esposo, Mar\u00adgarita de Gondi, marquesa de Meignelais, viu\u00adda, a los veinticuatro a\u00f1os, de aquel heroico marqu\u00e9s de Meignelais, a quien amaba entra\u00f1a\u00adblemente, y a quien el duque de Mayenne hizo degollar a traici\u00f3n, por considerarle partidario de Enrique IV. Habiendo perdido poco despu\u00e9s a su hijo \u00fanico, se entreg\u00f3 por completo a Dios y se dio a toda clase de obras de caridad.<\/p>\n<p>El a\u00f1o de 1620, hall\u00e1ndose el Santo en Folle\u00adville, di\u00f3cesis de Amiens, ensay\u00f3 una innovaci\u00f3n atrevida, pero feliz. Hasta entonces no hab\u00eda aplicado el Santo al servicio de los pobres m\u00e1s que a las mujeres cristianas; pero en Folleville tuvo la idea, no se sabe con qu\u00e9 ocasi\u00f3n, de apli\u00adcar al mismo objeta os hombres. La empresa era arriesgada, sobre todo en el pueblecillo. Mas ha\u00adbiendo dado su nombre el primero el se\u00f1or de Gondi, general de las galeras y se\u00f1or de la re\u00adgi\u00f3n, no fue menester m\u00e1s para arrastrar a to\u00addos con su ejemplo. Cons\u00e9rvase el reglamento de esta primera Cofrad\u00eda de la Caridad de hom\u00adbres, aprobada el 23 de octubre de 1620 por el obispo de Amiens, tipo y forma primera de una multitud de reglamentos que despu\u00e9s han sido hallados.<\/p>\n<p>Con corta diferencia, las l\u00edneas generales son las mismas que en las asociaciones de mujeres. En efecto, el nombre es el mismo: Sirvientes de los pobres. El Patrono es el mismo tambi\u00e9n: nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que tanto am\u00f3 a los pobres. Y, por \u00faltimo, tienen el mismo fin: \u00abCum\u00adplir el gran deseo que nuestro Salvador tiene de que nos amemos mutuamente, conforme \u00c9l nos am\u00f3.\u00bb Los hombres cuidar\u00e1n de los simplemen\u00adte necesitados: ni\u00f1os, j\u00f3venes, ancianos, etc.; el cuidado de los enfermos quedar\u00e1 reservado para las mujeres, que, dotadas de mayor ternura que los hombres, pueden desempe\u00f1ar mejor un puesto al lado de los que sufren.<\/p>\n<p>Dotada esta Asociaci\u00f3n de hombres del mismo Patrono, del mismo fin y de los mismos ejercicios espirituales que la de mujeres, recibi\u00f3 tambi\u00e9n casi un mismo gobierno.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal qued\u00f3 tan satisfecho de esta innovaci\u00f3n, que se apresur\u00f3 a establecerla en Joigny, donde ya hab\u00eda una Cofrad\u00eda de se\u00ad\u00f1eras. El se\u00f1or de Gondi, conde de Joigny, fue en esta ocasi\u00f3n quien tom\u00f3 la iniciativa, y quien pidi\u00f3 y obtuvo las autorizaciones necesarias, re\u00adcabando del se\u00f1or arzobispo plenos poderes para el \u00abse\u00f1or Vicente de Pa\u00fal, sacerdote, bachiller en Teolog\u00eda y capell\u00e1n del se\u00f1or conde\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque esta aplicaci\u00f3n de los hombres al ser\u00advicio de los pobres fuese una disposici\u00f3n acerta\u00adda y atrevida, hasta aqu\u00ed, sin embargo, nada te\u00adn\u00eda de extraordinaria. Reduc\u00edase sencillamente a acomodar y hacer extensivos a los hombres los reglamentos de la Asociaci\u00f3n de se\u00f1oras. Mas, puesto en este camino, el genio organizador de Vicente dio un paso adelante.<\/p>\n<p>Oig\u00e1mosle: \u00abLa Asociaci\u00f3n de la Caridad ten\u00addr\u00e1 por fin socorrer corporal y espiritualmente a los pobres de la ciudad y de los pueblos que de ella dependan: espiritualmente, haci\u00e9ndoles aprender la doctrina y la piedad cristianas. y corporalmente, poniendo en disposici\u00f3n de ganar su vida a aquellos que puedan trabajar, y dando su sustento a los otros. De este modo pondremos en pr\u00e1ctica el mandamiento que Dios nos da en el cap\u00edtulo 15 del Deuteronomio: de portarnos de modo que no haya pobres que anden mendi\u00adgando entre nosotros\u00bb. Hecho el censo de los po\u00adbres y socorridos \u00e9stos convenientemente, se co\u00admunicar\u00e1 a los habitantes la orden de no dar li\u00admosna ninguna, y a los pordioseros, de no salir a mendigar, bajo pena de perder el subsidio que les pasa la Asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Respecto de los transe\u00fantes, hab\u00eda establecido en su favor lo que hoy se llama la hospitalidad de la noche. Se les daba habitaci\u00f3n, cena y lecho, y al d\u00eda siguiente recib\u00edan dos sueldos, con la or\u00adden de abandonar el pa\u00eds y proseguir su camino.<\/p>\n<p>Mas \u00bfad\u00f3nde hallar recursos con que atender en absoluto a las necesidades de tantos pobres? San Vicente se hab\u00eda preocupado muy poco de ello al fundar la Asociaci\u00f3n de las se\u00f1oras. \u00a1Ha\u00adllan \u00e9stas tan f\u00e1cilmente dinero! Mas no suce\u00adde lo mismo con relaci\u00f3n a los hombres; y, por otra parte, la obra era aqu\u00ed m\u00e1s considerable. Ide\u00f3, pues, lo siguiente: cuando la Asociaci\u00f3n radicaba en un pueblo, en una aldea, en una zona rural cualquiera, y, por lo mismo, se com\u00adpon\u00eda de labradores y terratenientes, deber\u00eda te\u00adner un reba\u00f1o de carneros, de ovejas, de vacas, etc\u00e9tera, que saliera a pacer con los del vecin\u00addario. Cada miembro de la Asociaci\u00f3n recibir\u00eda en sus establos una a dos cabezas de dicho ga\u00adnado, las alimentar\u00eda por caridad, y el producto de todas ellas servir\u00eda para el mantenimiento de los pobres. \u00abTendr\u00e1 la Junta\u2014dice en uno de es tos reglamentos\u2014cierto n\u00famero de ovejas dis\u00adtribuidas entre los asociados, quienes gratuita\u00admente las alimentar\u00e1n en provecho de la Aso\u00adciaci\u00f3n, qui\u00e9n m\u00e1s, qui\u00e9n menos, seg\u00fan su posi\u00adbilidad.\u00bb<\/p>\n<p>Cuando de los pueblos pasaron estas Asociacio\u00adnes a los grandes centros de poblaci\u00f3n, faltaba- les el mencionado recurso; pero no tard\u00f3 mucho el Santo en reemplazarle por otro. Era \u00e9ste el de las manufacturas y f\u00e1ciles industrias, organiza\u00addas de manera que todos pudiesen ganar en ellas su vida, los ni\u00f1os y los convalecientes, y con mucha m\u00e1s raz\u00f3n, los j\u00f3venes y los hombres ro\u00adbustos.<\/p>\n<p>Mas estos medios de proporcionarse recursos no eran siempre posibles: San Vicente los su\u00adpl\u00eda por otros mil. En unas partes, con suscrip\u00adciones permanentes que hacia entre el obispo, los can\u00f3nigos, los p\u00e1rrocos, los se\u00f1ores y la gen\u00adte rica; en otras, colectas hechas en la iglesia y a domicilio; aqu\u00ed, colocando cepillos a la entrada de las hoster\u00edas; all\u00ed, aprovechando las multas que los alcaldes y concejales consent\u00edan en ce\u00adderle, y ciertos derechos de puertas que los go\u00adbernadores de la ciudad le adjudicaban.<\/p>\n<p>Muchas de estas cosas han llegado hasta nues\u00adtros d\u00edas; mas \u00bfqui\u00e9n se acuerda de que se de\u00adben a la iniciativa de San Vicente de Pa\u00fal?<\/p>\n<p>En 1623 hizo el Santo una larga estancia en Borgo\u00f1a. A ella parece que ha de referirse el establecimiento de las Asociaciones de Caridad de Bourg, de Tr\u00e9voux, de Macon, de Chadons y de otras ciudades circunvecinas. En 1846 fue des\u00adcubierto en los archivos de la Prefectura de Ma\u00adcon un extracto del <em>libro secretarial, <\/em>pertene\u00adciente al a\u00f1o 1623, que conten\u00eda el acta de una asamblea verificada en esta ciudad con ocasi\u00f3n del arribo y permanencia en ella de San Vicente de Pa\u00fal. Es demasiado curiosa el acta susodicha Para no hacer menci\u00f3n de ella en este lugar.<\/p>\n<p>No hubo clase social que no tuviera represen\u00adtaci\u00f3n en la junta. El primero que hizo uso de la palabra fue el regidor o alcalde de la ciudad. \u00abExpuso que el objeto de la reuni\u00f3n no era otro que el de proveer a las necesidades de los pobres, obra piadosa muy recomendada por Dios, y que pod\u00eda realizarse por nuevos medios, evitando de esta suerte, no s\u00f3lo las importunidades de los pobres en las iglesias y en las puertas de las ca\u00adsas, sino tambi\u00e9n el fomento de la holgazaner\u00eda, ya que prevalidos \u00e9stos de la completa libertad de pedir que gozan, no s\u00f3lo se excusan de traba\u00adjar los imposibilitados, sino los mismos que est\u00e1n h\u00e1biles para el trabajo. A\u00f1adi\u00f3 que, habiendo re\u00adsultado in\u00fatiles, por oposici\u00f3n de los interesados, las medidas de recoger a todos los pobres en un hospital, <em>y <\/em>que hall\u00e1ndose en aquel momento en la ciudad un religioso, capell\u00e1n del general de las galeras, cale, lleno de piedad y de devoci\u00f3n, hab\u00eda comunicado nuevos moldes a esta clase de obras, por cuyo medio se hab\u00eda provisto al alivio y mantenimiento de los pobres, tanto en Tr\u00e9voux como en las poblaciones lim\u00edtrofes, juzgaba que deb\u00edan aprovecharse de la ocasi\u00f3n para resolver y conjurar tan peligroso conflicto.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose expresado todos en el mismo sen\u00adtido, y queriendo llevar a la pr\u00e1ctica una obra de caridad tan santa y tan loable, resolvi\u00f3se de com\u00fan acuerdo que cada una de las clases de la sociedad nombrara, respectivamente, sus delega\u00addos, para que, reunidos, tratasen de hallar los medios m\u00e1s conducentes al fin perseguido por la asamblea.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no asisti\u00f3, al parecer, a esta junta, pero \u00e9l fue quien la organiz\u00f3 y quien la anim\u00f3. Cada uno de los discursos que se pro\u00adnunciaron en ella es como el eco de las palabras que por todas partes hab\u00edan salido de la boca del Santo. As\u00ed que, provisto de plenos poderes, comenz\u00f3 desde el d\u00edaa siguiente a tomar cartas en el asunto.<\/p>\n<p>Con objeto de poner alg\u00fan orden, seg\u00fan su cos\u00adtumbre, en aquel laberinto de pobres, verdade\u00adros unos y necesitados de los auxilios de la cari\u00addad; supuestos otros y acostumbrados a explo\u00adtarla, comenz\u00f3: 1.<sup>0<\/sup>, por separar los pobres en\u00adfermos de los pobres sanos; 2.\u00b0, por confiar los enfermos a mujeres piadosas encargadas de vi\u00adsitarles y cuidarles; 3.\u00b0 por dar trabajo a los pobres que pod\u00edan ocuparse en \u00e9l; 4.\u00b0, por procu\u00adrar alg\u00fan oficio a los j\u00f3venes, y 5.\u00b0, por distri\u00adbuir limosnas a aquellos que no pod\u00edan trabajar. Estos deb\u00edan juntarse los domingos en Saint-Ni\u00adzier para o\u00edr misa y escuchar la palabra de Dios, despu\u00e9s de lo cual se les distribuir\u00eda pan y di\u00adnero en proporci\u00f3n a su miseria y al n\u00famero de hijos que tuviesen.<\/p>\n<p>Prohibi\u00f3seles mendigar bajo pena de perder la limosna, y al mismo tiempo se recomend\u00f3 con instancia a los fieles que no socorriesen a nin\u00adg\u00fan mendigo que anduviese pordioseando por las calles. Regulada de esta suerte la beneficencia, era f\u00e1cil suprimir la mendicidad. Respecto de los transe\u00fantes se determin\u00f3 darles asilo por una noche, despidi\u00e9ndoles al d\u00eda, siguiente con una peque\u00f1a limosna. Con el fin de no fomentar la holgazaner\u00eda en los pobres h\u00e1biles para el traba\u00adjo, se orden\u00f3 concederles, no todo lo necesario para su vida, sino \u00fanicamente la parte que fal\u00adtase a sus ganancias para su total subsistencia, y esto despu\u00e9s de un examen serio del trabajo que pudieran realizar.<\/p>\n<p>Para arbitrar y repartir los recursos form\u00f3 el Santo dos Asociaciones de Caridad, una de hombres y otra de mujeres.<\/p>\n<p>En menos de tres semanas la obra funcionaba maravillosamente, y m\u00e1s de trescientos pobres se hallaban alojados, alimentados y sostenidos. Componianse los fondos de la obra de una recaudaci\u00f3n anual en frutos o en met\u00e1lico, hecha en\u00adtre el clero y las clases acomodadas, de ciertas multas adjudicadas a la Asociaci\u00f3n, de todos los derechos de entradas de la ciudad y de las co\u00adlectas reunidas todos los domingos por las se\u00f1o\u00adritas de Macon. San Vicente hab\u00eda obtenido que la Parroquia y el municipio pusiesen en com\u00fan recursos a fin de alimentar, instruir y educar a las <em>clases <\/em>pobres.<\/p>\n<p>De este modo, despu\u00e9s de diecisiete a\u00f1os de pruebas y tanteos, habla dado nuestro Santo con verdadero camino Hablase estrenado con dos creaciones tan originales y arriesgadas y al mis\u00admo tiempo tan llenas de sabidur\u00eda y de pruden\u00adcia, que f\u00e1cilmente se pod\u00eda colegir por ellas lo que era capaz de hacer su genio organizador en el caso en que tentara mayores empresas y dis\u00adpusiera de m\u00e1s crecidos recursos.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, tan magn\u00edfica obra estuvo a punto de ser agostada en ciernes por las celosas susceptibilidades del poder. Entre los papeles del presidial de Beauvais ha aparecido un ensayo de requerimiento que contra Vicente de Pa\u00fal se hizo para impedirle continuar sus caritativas obras.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo de tal documento, \u00abproyecto requisi\u00adtorio\u00bb, parece indicar que el asunto fue sobrese\u00eddo. Los Gondi, tan poderosos en la Iglesia y en el Estado, amparar\u00edan veros\u00edmilmente al hu\u00admilde sacerdote, y el hecho no pasar\u00eda adelante.<\/p>\n<h3><strong>Comienzo de la obra de los galeotes.\u2014San Vi<\/strong><strong>cente se pone las cadenas de un forzado.\u2014Viaje a su pa\u00eds natal (1622-1623).<\/strong><\/h3>\n<p>La familia de Gondi pasaba ordinariamente el invierno en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Ya hemos visto que el se\u00f1or de Gondi era ge\u00adneral de las galeras, o, como hoy se dir\u00eda, almi\u00adrante de la Armada del Mediterr\u00e1neo, porque las galeras nunca dejaban las aguas de este mar, donde hac\u00edan su servicio. Llam\u00e1base galera en los siglos XVI y XVII una larga y ancha construc\u00adci\u00f3n, poco elevada sobre el nivel de las aguas, con una dotaci\u00f3n de cuatrocientos hombres y defendida por cinco ca\u00f1ones y por una docena de pedreros. Era movida por trescientos remeros y llevaba a bordo ciento veinte soldados. Los remeros eran criminales condenados por la justi\u00adcia a esa ruda faena, de la que recib\u00edan el nom\u00adbre de galeotes o forzados.<\/p>\n<p>Sujetos con cadenas a los bancos, atados de dos en dos a una bala de ca\u00f1\u00f3n, llevaban desnu\u00addas las espaldas y un gorro en la cabeza. El jefe de los galeotes, llamado c\u00f3mitre, iba de pie en la popa, cerca del capit\u00e1n, para recibir \u00f3rde\u00adnes. Dos subc\u00f3mitres se situaban, uno en medio de la galera y otro cerca de la proa, armado cada uno de ellos de un rebenque con que ame\u00adnazaban las desnudas espaldas de los remeros.<\/p>\n<p>Luego que el capit\u00e1n dispon\u00eda hacerse a la mar, daba la se\u00f1al el c\u00f3mitre con un silbato met\u00e1lico que llevaba suspendido al cuello. Los subc\u00f3mitres empezaban con su largo rebenque \u00aba azotar las desnudas espaldas de los remeros\u00bb, a semejanza de lo que hoy hace el conductor de una diligencia de ocho caballos. Si ced\u00eda uno de los remeros, \u00abel capit\u00e1n ordenaba que se redo\u00adblasen los latigazos. Si, desfallecido y sin fuer\u00adzas, ca\u00eda sobre su remo, cosa muy frecuente, era azotado hasta que, o volv\u00eda en s\u00ed, o mor\u00eda. En este \u00faltimo caso, le arrojaban al mar sin ningu\u00adna ceremonia\u00bb.<\/p>\n<p>Fuera de estos horribles tratamientos, el estar solamente amarrado a la cadena hac\u00eda de esta vida de forzado un verdadero martirio. \u00abCuando el despiadado mar de la Libia\u2014dice un capit\u00e1n de galeras, Barras de la Penne\u2014las sorprende en medio de las playas romanas; cuando el im\u00adpetuoso aquil\u00f3n viene a acometerlas por el flanco, y el golfo de Ly\u00f3n las expone al h\u00famedo viento de Siria, todo parece conjurarse para convertir la galera en un infierno.<\/p>\n<p>Las l\u00fagubres lamentaciones de la tripulaci\u00f3n, los espantosos gritos de los marineros, los alari\u00addos horribles de la chusma, los crujidos del ma\u00adderamen, mezclado todo al ruido de las cadenas y a los rugidos de la tempestad, producen en el coraz\u00f3n, aun de los m\u00e1s valientes, un sentimiento de verdadero terror y espanto.<\/p>\n<p>La lluvia, el granizo y los rel\u00e1mpagos, com\u00adpa\u00f1eros inseparables de esta clase de tormentas, junto con el mar, que, hinchando sus enfureci\u00addas olas, envuelve el puente, completan el horro\u00adroso cuadro. En verano, el sol, que lanza sus rayos sobre la desnuda espalda de estos infelices, los mosquitos que los devoran y los malos olores que se exhalan de todas partes, var\u00edan los dolores, sin disminuirlos.<\/p>\n<p>Francia pose\u00eda entonces, a las \u00f3rdenes del se\u00f1or de Gondi unas veinte galeras, movidas por seis mil galeotes y a cuyo bordo iban dos mil quinientos soldados.<\/p>\n<p>Fondeados en los puertos de Tol\u00f3n. Marsella, Aguas Muertas y Narbona, se hac\u00edan a la mar desde ellos para vigilar el Mediterr\u00e1neo, perse\u00adguir a los corsarios turcos y proteger las ciudades y aldeas de la costa.<\/p>\n<p>Cada a\u00f1o sal\u00eda el se\u00f1or de Gondi en persona de los puertos de Tol\u00f3n o Marsella, llevando consigo ocho, diez o doce galeras bien armadas, con las cuales sondeaba los bajos del Mediterr\u00e1\u00adneo, visitaba todos los puertos y ensenadas, aun las m\u00e1s ocultas, tomando y echando a pique las embarcaciones de los corsarios.<\/p>\n<p>Antes de partir para Tol\u00f3n y Marsella, los galeotes hac\u00edan una estancia, de m\u00e1s o menos duraci\u00f3n, en Par\u00eds, en cuyo tiempo se pon\u00edan ya a las \u00f3rdenes del general de las galeras. Vicente de Pa\u00fal quiso verlos, y al efecto se hizo conducir a los calabozos. Ninguna consideraci\u00f3n se guardaba en el siglo XVII a los condenados. Se les encerraba en prisiones h\u00famedas, malsanas y sombr\u00edas, sujetos con argollas de hierro a la muralla, y teniendo por toda alimentaci\u00f3n agua y pan negro.<\/p>\n<p>Nadie se dignaba enterarse de su buen o mal estado de salud, aunque de mucho tiempo vinie\u00adsen siendo v\u00edctimas de alguna enfermedad; con lo que, uni\u00e9ndose frecuentemente a sus llagas la miseria o la gangrena, exhalaban un hedor inso\u00adportable. Menester era que el espect\u00e1culo fuese horrible, pues a su vista no pudo menos de re\u00adtroceder San Vicente, espantado y con los ojos llenos de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Dirigi\u00f3se al punto en busca del se\u00f1or de Gon\u00addi, que por entonces se hallaba en la capital, y le represent\u00f3 en los t\u00e9rminos m\u00e1s vivos el estado de abandono y de dejadez en que, as\u00ed con rela\u00adci\u00f3n al cuerpo, como con respecto del alma, esta\u00adban aquellos desgraciados, que, por otra parte, se hallaban a las \u00f3rdenes de \u00e9l, y de ellos tendr\u00eda que dar a Dios cuenta. Felipe Manuel era recto y de buen coraz\u00f3n, y por lo mismo declar\u00f3 que estaba dispuesto a hacer todo cuanto de su parte estuviera, pero que no ve\u00eda qu\u00e9 clase de remedios se pudiesen aplicar a un mal que ten\u00eda todos los s\u00edntomas de incurable.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, que ya hab\u00eda meditado el asunto, le propuso un plan tan sencillo y pr\u00e1cti\u00adco, que al instante fu\u00e9 aceptado. Revestido de todos los poderes, fue a establecerse el Santo en medio de los galeotes, anim\u00e1ndolos con su pre\u00adsencia, consol\u00e1ndolos con sus palabras y haci\u00e9n\u00addoles levantar sus corazones al Se\u00f1or y soportar sus cadenas con esp\u00edritu de sacrificio. Las enfer\u00admedades m\u00e1s repugnantes y las m\u00e1s contagiosas epidemias no pudieron hacerle vacilar en sus prop\u00f3sitos. Auxiliado de los j\u00f3venes y generosos sacerdotes se\u00f1or Belin, capell\u00e1n de los Gondi en Villepreux, y se\u00f1or Portail, su primer disc\u00edpulo en la obra de las Misiones, llev\u00f3 la caridad hasta el hero\u00edsmo.<\/p>\n<p>Tal fu\u00e9 el cambio de costumbres que se obr\u00f3 en los galeotes, cargados poco antes de cadenas y vomitando blasfemias a todas horas. que se pudo trasladarlos libremente a un vasto hospital, com\u00adprado y amueblado por San Vicente en la calle Saint-Honor\u00e9, cerca de Saint-Roch, y al que, despu\u00e9s de haber contribuido con sus riquezas, vinieron a visitar monse\u00f1or de Gondi, obispo de Par\u00eds; la se\u00f1ora de Gondi, su cu\u00f1ada; la marque\u00adsa de Meignelais y las grandes se\u00f1oras de la capi\u00adtal. No se hablaba de otra cosa en la corte que de las maravillas obradas por este humilde sacer\u00addote. El rey quiso oir el relato de lo sucedido por boca del se\u00f1or de Gondi, y qued\u00f3 tan admirado de la piedad, del celo y de la heroica abnegaci\u00f3n de nuestro santo, que para proporcionarle ocasi\u00f3n de extender por todas partes los prodigios que hab\u00eda hecho en Par\u00eds, creo para el nuevo cargo de capell\u00e1n general y real de las galeras de Francia.<\/p>\n<p>Provisto de este cargo, que le daba entrada y autoridad en cualquiera de los presidios de forzados, resolvi\u00f3 visitarlos todos. Comenz\u00f3 por el de Marsella, el m\u00e1s considerable y horroroso de to\u00addos, centro adonde ven\u00edan a parar los veteranos del vicio, los m\u00e1s obstinados criminales. En \u00e9l practic\u00f3 el Santo maravillosos actos de hu\u00admildad.<\/p>\n<p>Conmovido una vez de la desesperaci\u00f3n de un joven galeote, arrancado intempestivamente de los brazos de su esposa y de sus hijos, se acerc\u00f3 a \u00e9l, y quit\u00e1ndole las cadenas, se ofreci\u00f3 a que\u00addarse en su lugar. Por extraordinaria que parez\u00adca semejante resoluci\u00f3n, no debe ponerse en duda. Todos los historiadores refieren el hecho, y la Iglesia misma le ha comprobado en una solemne informaci\u00f3n. Mas a\u00fan hay alguna oscuridad sobre las circunstancias y la \u00e9poca en que fu\u00e9 realizado.<\/p>\n<p>Grandes infortunios llenaban de duelo, a la vuelta de Vicente, la casa de Gondi, antes tan alegre y dichosa. El primero, acaecido en 13 de agosto de 1622, era la muerte del cardenal Enri\u00adque de Gondi, obispo de Par\u00eds y primer ministro de Luis XIII.<\/p>\n<p>Mas, por duro que fuese el golpe de la muerte del cardenal, era nada en comparaci\u00f3n del que a\u00fan esperaba a la se\u00f1ora de Gondi. El segundo de sus tres hijos, Enrique de Gondi, de edad de ocho a\u00f1os, iba a caballo en seguimiento de una pieza de caza, cuando un mal paso de su caballo le arroj\u00f3 al suelo, teniendo la desgracia que, mientras forcejeaba por levantarse, le abriese el animal de un manotazo la cabeza.<\/p>\n<p>Cuando el tiempo mitig\u00f3 alg\u00fan tanto en los Gondi el dolor de estos infortunios que acaba\u00admos de narrar, volvi\u00f3 Vicente la vista a un de\u00adsignio que hac\u00eda ya m\u00e1s de un a\u00f1o ocupaba su mente: consist\u00eda \u00e9ste en dar una gran Misi\u00f3n en todas las galeras que mandaba el se\u00f1or de Gondi. Dirigi\u00f3se, pues, con este pensamiento al cardenal de Sourdis, arzobispo de Burdeos, hom\u00adbre piadoso y lleno de vigilancia por sus ovejas, gran imitador de San Carlos Borromeo, y tanto m\u00e1s ilustre cuanto m\u00e1s calumniado por los pro\u00adtestantes. Obtuvo de \u00e9l veinte religiosos, a quie\u00adnes el Santo distribuy\u00f3 de dos en dos por las galeras. En calidad de director de la Misi\u00f3n iba y ven\u00eda el Santo de una a otra galera, conmo\u00adviendo hasta tal punto con su palabra humilde, cari\u00f1osa y sencilla, a aquellos infelices, que ob\u00adtuvo un \u00e9xito prodigioso. Cierto turco, para quien nada hab\u00edan valido las exhortaciones de los otros misioneros, no pudo resistir las palabras del Santo, y se convirti\u00f3, cobr\u00e1ndole tal afecto, que fu\u00e9 su m\u00e1s fiel y abnegado compa\u00f1ero du\u00adrante toda su vida.<\/p>\n<p>Dur\u00f3 la Misi\u00f3n un mes, poco m\u00e1s o menos. La fama del suceso trajo a Burdeos algunos de los amigos de la infancia de nuestro Santo, quienes le propusieron hacer una corta visita a su fami\u00adlia antes de volver a Par\u00eds. No le separaban de ella m\u00e1s que unas cuantas horas. Hac\u00eda vein\u00adtid\u00f3s a\u00f1os que no ve\u00eda a su madre, y a\u00fan no conoc\u00eda a sus sobrinos.<\/p>\n<p>Dej\u00f3se persuadir el Santo, y parti\u00f3 para Pouy. All\u00ed hab\u00eda sido bautizado, all\u00ed hab\u00eda hecho la primera comuni\u00f3n y all\u00ed, bajo las seculares en\u00adcinas, a los lados del estanque, hab\u00edan corrido los a\u00f1os <em>de <\/em>su piadosa infancia. El viejo sacer\u00addote con cuya bendici\u00f3n hizo su entrada en el mando, reposaba junto a la cruz del cemente\u00adrio; mas habla sido reemplazado por un amigo y pariente cit. San Vicente de Pa\u00fal. Domingo Dussin. Este era entonces el p\u00e1rroco de Pouy, y a su casa fue a parar nuestro Santo.<\/p>\n<p>El buen p\u00e1rroco invitaba a comer cada d\u00eda, para honrar a su hu\u00e9sped, a algunos de los pa\u00adrientes del Santo o de los p\u00e1rrocos vecinos.<\/p>\n<p>Durante la ni\u00f1ez de San Vicente, la capilla de Nuestra Se\u00f1ora de Buglose no era otra cosa que ruinas; la estatua misma hab\u00eda sido arrojada al estanque; mas hallada \u00e9sta unos tres a\u00f1os an\u00adtes y colocada por el susodicho p\u00e1rroco en la capilla que al efecto hab\u00eda hecho reedificar. vol\u00advieron a repetirse las peregrinaciones.<\/p>\n<p>El Santo design\u00f3 este piadoso santuario para reunir a la familia y darle su postrer adi\u00f3s. Prepar\u00f3se, pues, todo para una solemne romer\u00eda. Vi\u00adcente acudi\u00f3 a ella descalzo, acompa\u00f1ado de <em>sus <\/em>parientes y seguido de una muchedumbre de per\u00adsonas. Celebr\u00f3 la santa Misa con enternecedora piedad, y dirigi\u00f3 algunas palabras al concurso llenas de amor y de fe.<\/p>\n<p>Terminada la funci\u00f3n religiosa, reuni\u00f3 a toda la familia en una modesta mesa, presidida por Vicente, quien, acabada la refecci\u00f3n, se levant\u00f3 para despedirse de sus deudos. Instintivamente todos cayeron de rodillas pidi\u00e9ndole la bendi\u00adci\u00f3n, y emocionado vivamente, el Santo les dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, s\u00ed, yo os bendigo; mas os bendigo como pobres y humildes, y ruego al Se\u00f1or que os con\u00adceda siempre la gracia de una santa pobreza! No salg\u00e1is nunca del estado en que hab\u00e9is na\u00adcido. Esta es mi m\u00e1s cara recomendaci\u00f3n, que os ruego transmit\u00e1is como herencia a vuestros hijos. \u00a1Adi\u00f3s para siempre!<\/p>\n<p>Y diciendo estas palabras, se desprendi\u00f3 de ellos.<\/p>\n<p>Hasta entonces el Santo hab\u00eda podido, sin mucho trabajo, contener sus l\u00e1grimas; mas cuan\u00addo se vi\u00f3 solo en el camino, \u00e9stas corrieron abun\u00addantemente de sus ojos. Al volverse para salu\u00addar por \u00faltima vez a su pobre aldea, sinti\u00f3 par\u00adt\u00edrsele el coraz\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>Fundaci\u00f3n de la obra de las Misiones.\u2014Muerte <\/strong><strong>de la se\u00f1ora de Gondi.\u2014San Vicente se retira al <\/strong><strong>Colegio de los Buenos Hijos (1624-1625).<\/strong><\/h3>\n<p>\u00c9l coraz\u00f3n de la se\u00f1ora de Gondi era, a la vez, un coraz\u00f3n de sacerdote y de ap\u00f3stol. La idea de que en sus vastos dominios hab\u00eda siete u ocho mil hombres ignorantes, encorvados ha\u00adcia la tierra y olvidados de su salvaci\u00f3n, la ator\u00admentaba de continuo. \u00bfQu\u00e9 hacer para conver\u00adtirlos, para reconciliarles con Dios? Su caridad la hab\u00eda sugerido el proyecto de unas Misiones que cada cinco a\u00f1os se repitiesen en todos sus pueblos, y ya hab\u00eda reunido para el efecto 16.000 libras, es decir, cerca de 50.000 francos. Mas \u00bfd\u00f3nde hallar sacerdotes que quisiesen aceptar tan humilde ministerio?<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de varias infructuosas gestiones, pas\u00f3 por su mente una idea. \u00bfQu\u00e9 iba ella a buscar fuera de su casa? \u00bfAcaso no ten\u00eda a la mano todo lo que pod\u00eda desear? \u00bfNo hab\u00eda trabajado Vicente con brillantes resultados en las Misio\u00adnes de Folleville, de Villepreux y de Montmi\u00adrail?<\/p>\n<p>Preocupada con estos pensamientos, comunic\u00f3 su plan a su esposo, quien, no solamente apro\u00adb\u00f3 el designio de su santa y caritativa esposa, sino que quiso contribuir tambi\u00e9n a su realiza\u00adci\u00f3n. A las 16.000 libras de su mujer a\u00f1adi\u00f3 la suma necesaria para completar la de 100.000 francos. Con esta cantidad y la cesi\u00f3n gratuita de una casa, por la que hab\u00eda que trabajar, se pod\u00eda ya dar comienzo a la obra. La se\u00f1ora de Gondi fu\u00e9 a hablar con su cu\u00f1ado el arzobispo de Par\u00eds para ver si entre los edificios de la pro\u00adpiedad eclesi\u00e1stica hab\u00eda alguno que pudiera servir de base a la futura Congregaci\u00f3n. Justa\u00admente cerca de la puerta de San Victor hab\u00eda un antiguo colegio llamado de los Buenos Hijos, cuyo director, Luis de Tuyard. acababa de pre\u00adsentar su dimisi\u00f3n, y cuyo nombramiento de\u00adpend\u00eda de la mitra. \u00bfQu\u00e9 mejor uso se pod\u00eda hacer de \u00e9l que destinarle a ser cuna de una Congregaci\u00f3n que de tanto provecho pod\u00eda ser para toda su di\u00f3cesis?<\/p>\n<p>Todo estaba, pues, preparado para dar vida a la Congregaci\u00f3n. Cedida la casa, asegurada la renta, no faltaba m\u00e1s que inspirar el alma en el ya dispuesto organismo.<\/p>\n<p>Esta alma era Vicente de Pa\u00fal; mas \u00bfc\u00f3mo de\u00adcidirle a aceptar semejante honor? Reunidos los tres fundadores, es decir, la se\u00f1ora de Gondi, su esposo Felipe Manuel y el hermano de \u00e9ste, el arzobispo de Par\u00eds, mandaron a llamarle, cre\u00adyendo que entre todos les ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil vencer la repugnancia del humilde sacerdote. Aun as\u00ed, no las ten\u00edan todas consigo. Sin embargo, aun\u00adque la humildad del Santo era mucha, aqu\u00ed se sobrepuso la caridad. \u00a1Por fin, iba a poderse consagrar libremente al servicio de sus queridos pobres!<\/p>\n<p>El contrato de la fundaci\u00f3n lleva la fecha de 17 de abril de 1625, y fu\u00e9 extendido en el hotel de Gondi, calle de Pav\u00e9e, parroquia de San Sal\u00advador, a nombre de los se\u00f1ores de Gondi, quie\u00adnes se atribuyen la iniciativa y el primer pen\u00adsamiento de la fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El documento expone desde luego el fin de la obra. Hace constar \u00abque habiendo inspirado Dios, de algunos a\u00f1os a esta parte, a dichos se\u00ad\u00f1ores el deseo de honrarle, as\u00ed en sus tierras, como en otros lugares, cayeron en la cuenta de que, habiendo provisto la divina Bondad, por su infinita misericordia, a las necesidades espiri\u00adtuales de los que habitaban en los grandes cen\u00adtros por medio de una multitud de doctores y de religiosos que les predican, instruyen, exci\u00adtan y conservan en el esp\u00edritu de devoci\u00f3n, s\u00f3lo el pobre pueblo de la campi\u00f1a est\u00e1 y permane\u00adce como abandonado, a cuya necesidad les ha parecido que ser\u00eda oportuno remedio la creaci\u00f3n de una piadosa compa\u00f1\u00eda de sacerdotes sabios, virtuosos y de reconocida capacidad, que volun\u00adtariamente se comprometiesen a renunciar, as\u00ed a la vida de las ciudades, como a todos los be\u00adneficios, cargos y dignidades eclesi\u00e1sticas, de cualquiera clase que fueran, a fin de aplicarse pura y _desinteresadamente, con el benepl\u00e1cito de los obispos, a la salvaci\u00f3n del pobre pue\u00adblo, yendo a cuenta propia de una a otra aldea para predicar, instruir, exhortar y catequizar a esas pobres gentes y persuadirles a todos a ha\u00adcer una buena confesi\u00f3n general de toda su vida pasada; sin recibir por todo ello ninguna clase de remuneraci\u00f3n, distribuyendo de este modo gratuitamente los dones que gratuitamente hu\u00adbieren recibido de la mano liberal de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>En seguida pasa a exponer los medios de realizar este gran pensamiento de evangelizaci\u00f3n de los pobres del campo.<\/p>\n<p>Para contribuir a ello, dichos se\u00f1ores, en re\u00adconocimiento de los bienes y gracias que han re\u00adcibido y reciben diariamente de la Divina Ma\u00adjestad, han resuelto constituirse en patronos y fundadores de esta buena obra, a cuyo fin han destinado la suma de 45.000 libras, que al con\u00adtado ha sido puesta en manos del se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal, sacerdote de la di\u00f3cesis de Agen, licen\u00adciado en derecho can\u00f3nico\u00bb.<\/p>\n<p>El contrato regula en seguida de la manera m\u00e1s admirable, y en t\u00e9rminos que revelan el es\u00adp\u00edritu pr\u00e1ctico de San Vicente de Pa\u00fal, las con\u00addiciones de la fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La salud de la se\u00f1ora de Gondi declinaba m\u00e1s y m\u00e1s: segu\u00eda, empero, con sus habituales ocu\u00adpaciones; pero lleg\u00f3 un d\u00eda, sin embargo, en que las fuerzas se agotaron, en que fu\u00e9 menester ceder. La enfermedad que hoy llamamos anemia la llevaba a pasos contados, pero seguros, a la tumba. Como su alma viv\u00eda ya de antemano en el Cielo, no tem\u00eda el desenlace.<\/p>\n<p>No ha quedado otra noticia de su \u00faltima hora sino que, de conformidad con el anhelo m\u00e1s grande de su vida, tuvo a San Vicente de Pa\u00fal en aquellos supremos instantes a la cabecera de su cama. Alma sublime y delicada, timorata y pura, bien mereci\u00f3 ser bendecida, sostenida y consolada a la hora de la muerte por un tan grande Santo.<\/p>\n<p>El se\u00f1or de Gondi no se hall\u00f3 presente a la muerte ni al entierro. Fu\u00e9 tan r\u00e1pido el curso de la enfermedad, que no se le hab\u00eda podido dar cuenta de ella, ni \u00e9l abrigaba el menor re\u00adcelo sobre tan funesta desgracia. Vicente de Pa\u00fal se crey\u00f3 en el deber de ir en persona a comuni\u00adcar al se\u00f1or de Gondi la infortunada nueva: y a este fin hizo el largo viaje de Par\u00eds a Marsella.<\/p>\n<p>La sola intempestiva aparici\u00f3n del santo sacer\u00addote fu\u00e9 ya un golpe para el general.<\/p>\n<p>\u2014Y bien\u2014exclam\u00f3 Vicente de Pa\u00fal para dar fin a esta escena tan angustiosa\u2014, \u00bfno queremos hacer la voluntad de Dios?<\/p>\n<p>Y poco a poco, vali\u00e9ndose de infinitas precau\u00adciones, le fu\u00e9 contando de tal manera la enfer\u00admedad de la se\u00f1ora de Gondi, sus \u00faltimos mo\u00admentos y, en fin, su muerte tan dulce, tan re\u00adsignada y tan piadosa, que el o\u00edrlo era ya un consuelo. La Haga, sin embargo, fu\u00e9 incurable, y la separaci\u00f3n de su esposa fu\u00e9 para \u00e9l como la separaci\u00f3n y aislamiento de todo el mundo.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda llevado consigo el testamento de la piadosa finada, y se lo entreg\u00f3 al se\u00f1or de Gondi. Uno de los art\u00edculos estaba concebido en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00abYo suplico al se\u00f1or Vicente, por amor de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo y de su Santa Madre, que nunca abandone la casa del se\u00f1or General de las galeras, ni a nuestros hijos despu\u00e9s de la muerte de \u00e9ste. Igualmente ruego al General que tenga a bien conservar a su lado al se\u00f1or Vi\u00adcente, y hacer, al morir, el mismo encargo a nuestros hijos.\u00bb Dec\u00eda ya demasiado esta cl\u00e1u\u00adsula para que, dadas las ideas y sentimientos del se\u00f1or de Gondi, no hiciese \u00e9ste lo posible por recabar el cumplimiento de la misma. Vicente de Pa\u00fal entend\u00eda, no obstante, que su hora ha\u00adb\u00eda llegado y que era tiempo de recobrar su li\u00adbertad y su independencia para entregarse a tanta clase de obras como Dios le inspiraba. As\u00ed se lo expuso respetuosamente al se\u00f1or de Gondi, quien no insisti\u00f3 m\u00e1s en contra.<\/p>\n<p>Felipe Manuel no deb\u00eda permanecer, por otra Darte, mucho tiempo en el mundo. El amor que hab\u00eda profesado a su santa esposa era de esos que no hallan compensaci\u00f3n en las cosas de la tierra. Jesucristo s\u00f3lo pod\u00eda llenar el vac\u00edo que se hab\u00eda hecho en su coraz\u00f3n. Hizo, pues, renun\u00adcia de su cargo de general de las galeras en su primog\u00e9nito; coloc\u00f3 al segundo, el que m\u00e1s tarde hab\u00eda de ser conocido por el cardenal de Retz, en los Jesuitas para completar su educaci\u00f3n, y, libre de todo, llam\u00f3 a las puertas del Oratorio, pidiendo al P. Berulle un lugar entre sus s\u00fab\u00additos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de largas y dif\u00edciles pruebas, recibi\u00f3 el tonsurado y la sotana, y ordenado m\u00e1s tarde de sacerdote, celebr\u00f3 su primera Misa ante un inmenso concurso, sepult\u00e1ndose en seguida en un retiro tan absoluto, que ninguna cosa le pudo arrancar de \u00e9l.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que el se\u00f1or de Gondi hu\u00eda del mundo para encerrarse en el Oratorio. Vi\u00adcente de Pa\u00fal se retiraba al Colegio de los Bue\u00adnos Hijos, para disponerse a comenzar sus gran\u00addes obras. Ten\u00eda entonces cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I: Dios prepara a San Vicente para la gran misi\u00f3n que le habr\u00eda de encomendar Nacimiento del Santo.\u2014Su educaci\u00f3n.\u2014Su ordenaci\u00f3n (1576-1600). 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Nacimiento","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"26\/04\/2015","format":false,"excerpt":"Vincentius a Pa\u00falo, natione Gallus, Podii non procul ab Aquis Tarbellis in Aquitania natus. (Breviario romano, 19 julio.) Primera parte Se public\u00f3 en Barcelona (Espa\u00f1a), como ap\u00e9ndice a la traducci\u00f3n de la obra del Sr. Arturo Loth: San Vicente de Pa\u00fal y su misi\u00f3n social, una tesis hist\u00f3rica en extremo\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"pemartin","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/04\/pemartin-189x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":387345,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/fechas-en-la-vida-de-san-vicente\/","url_meta":{"origin":21607,"position":2},"title":"Fechas en la vida de San Vicente","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"21\/12\/2017","format":false,"excerpt":"1581: En Pouy (Landas) nace Vicente de Pa\u00fal, tercer hijo de la familia de Pa\u00fal. 1595: Vicente sale de Pouy para ir a Dax, donde vivir\u00e1 en casa del Se\u00f1or de Comet, abogado en Dax y juez en Pouy. Cursa estudios en el colegio de los Franciscanos. 1596: Vicente inicia\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/con-damas-de-la-caridad.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/con-damas-de-la-caridad.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/con-damas-de-la-caridad.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/con-damas-de-la-caridad.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/08\/con-damas-de-la-caridad.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":121433,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-nacio-en-francia-vi-tercera-dificultad\/","url_meta":{"origin":21607,"position":3},"title":"San Vicente de Pa\u00fal naci\u00f3 en Francia. VI. Tercera dificultad","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"01\/05\/2015","format":false,"excerpt":"Tercera dificultad Es Tamarite de Litera, en la provincia de Huesca, un pa\u00eds seco, y s\u00f3lo f\u00e9rtil cuando, por excepci\u00f3n, vienen a\u00f1os lluviosos. All\u00ed naci\u00f3 el \u00ednclito S. Vicente de Pa\u00fal por los a\u00f1os de 1576, de padres humildes y cristianos. Los habi\u00adtantes de Tamarite, en su mayor parte sencillos\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":387844,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-amigo-de-los-pobres-anos-sin-historia-1581-1600\/","url_meta":{"origin":21607,"position":4},"title":"San Vicente: Amigo de los pobres: a\u00f1os sin historia (1581-1600)","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"09\/10\/2016","format":false,"excerpt":"Los a\u00f1os de la infancia La etapa menos conocida en la vida de Vicente de Pa\u00fal es, sin duda alguna, la de su infancia. En esto, coincide con casi todos los grandes hombres. A\u00f1os de infancia. A\u00f1os sin historia. 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