{"id":21584,"date":"2013-11-17T08:34:49","date_gmt":"2013-11-17T07:34:49","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21584"},"modified":"2016-07-27T12:10:20","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:20","slug":"jose-genin-1823-1894","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jose-genin-1823-1894\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 Genin (1823-1894)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/11\/17\/el-hno-jose-genin-1823-1894\/cruz_sv-7\/\" rel=\"attachment wp-att-124874\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-124874\" alt=\"cruz_sv\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/cruz_sv.jpg?resize=236%2C263\" width=\"236\" height=\"263\" \/><\/a>\u00abEl esp\u00edritu de Dios inspira dondequiere\u00bb. De cuando en cuando se sirve Dios comunicar su esp\u00edritu \u00e1 las almas sencillas y humildes, pero d\u00f3ciles a sus inspiraciones, para hacerlas instrumento de portentosas maravillas. El hermano Jos\u00e9 G\u00e9nin es una prueba de este aserto.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">I<\/p>\n<p>El Hermano G\u00e9nin naci\u00f3 el d\u00eda 13 de Mayo de 1823 en la aldea de Foulcrey, di\u00f3cesis de Nancy; fue bautizado el mismo d\u00eda de su nacimiento, y recibi\u00f3 en el bautismo el nombre de Jos\u00e9. Nacido bajo los auspicios de Mar\u00eda, en el mes consagrado a su culto, y colocado desde la cuna bajo el patronato. de San Jos\u00e9, se mostr\u00f3 siempre reconocido \u00e1 lo que se complac\u00eda en llamar fineza misericordiosa de la divina Providencia. Adivinaba en esta doble coincidencia una ga\u00adrant\u00eda de su salud y su piedad y recib\u00eda con este recuerdo una dulzura incomparable.<\/p>\n<p>Su padre, Jos\u00e9 G\u00e9nin, y su madre Catalina Chretien, no pose\u00edan otra fortuna que sus manos y un peque\u00f1o huerto, cuyo producto serv\u00eda para el sostenimiento de la casa. En la imposibilidad de poder dar a sus hijos bienes de fortuna, consagraron todos sus afanes \u00e1 procurarles los bienes del cielo.<\/p>\n<p>De la casa paterna sac\u00f3 el futuro Hermano de la Misi\u00f3n la fe sencilla y s\u00f3lida que hab\u00eda de dar con el tiempo tan gran impulso \u00e1 su virtud. Cuando lleg\u00f3 a la edad de poder ayudar a sus padres con el trabajo de sus manos, la sencilla vida del campo fue para \u00e9l una nueva escuela, en la cual aprendi\u00f3 a ver \u00e1 Dios en sus obras. El espect\u00e1culo de la Na\u00adturaleza le preparaba insensiblemente \u00e1 la vida de uni\u00f3n con Dios, que fue m\u00e1s tarde el consuelo y alegr\u00eda de su alma.<\/p>\n<p>En la primavera de 1842, estando para cumplir dieci\u00adocho a\u00f1os, parti\u00f3 para Par\u00eds en compa\u00f1\u00eda de su hermano mayor. Con la recomendaci\u00f3n de un amigo entr\u00f3 como hortelano en el convento de Religiosas del Calvario, calle de Cherche-Midi. All\u00ed era donde Dios le hab\u00eda de mostrar sus caminos.<\/p>\n<p>Las buenas Religiosas advirtieron inmediatamente, con mucha edificaci\u00f3n suya, la piedad del joven hortelano, y de esto dieron parte al Procurador de los sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n, Sr. Mauriac, que era entonces su director espiritual. Poco despu\u00e9s, Jos\u00e9 G\u00e9nin fue recibido en la Congregaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal, en calidad de Hermano coadjutor.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil pintar el j\u00fabilo santo que experiment\u00f3 nues\u00adtro joven cuando fue admitido para tomar parte en los ejer\u00adcicios de la casa central, y no sab\u00eda c\u00f3mo dar gracias \u00e1 Dios por ello.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el tiempo de la prueba y de su postulantado en la casa de campo de Chantilly, \u00a0en donde continu\u00f3 su primer oficio de hortelano. El 20 de Junio de t843 recibi\u00f3 el h\u00e1bito de Hermano coadjutor y destinado a la sacrist\u00eda, dende ten\u00eda por compa\u00f1ero al Hermano Roque, que ha dejado perpetua memoria de su sencillez admirable, de su amabilidad y de su bondad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres meses le fue preciso dejar esta ocupaci\u00f3n \u00e1 causa de una enfermedad, e ir a reponerse a la casa de la Misi\u00f3n de Valfleury, di\u00f3cesis de Lyon. All\u00ed tuvo la dicha de hacer los votos el 21 de Junio de 1845, el d\u00eda de la fiesta de San Luis Gonzaga, cuya memoria le fue siempre muy grata. El mismo a\u00f1o el Hermano G\u00e9nin volvi\u00f3 \u00e1 la casa de Par\u00eds, y fue colocado en la porter\u00eda, oficio delicado, en el que estu\u00advo cuatro a\u00f1os. En el 1888 la debilidad de sus fuerzas le oblig\u00f3 a pasar a la enfermer\u00eda, en donde, hasta el \u00faltimo d\u00eda, no Ces\u00f3 de ocuparse con feliz \u00e9xito de la obra de las Misiones, que eran su sue\u00f1o dorado.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de su noviciado fueron como la pauta de toda su vida: a\u00f1os de fervor, de vida ejemplar y de confianza en Dios. Durante su enfermedad, la oftalm\u00eda de que era aque\u00adjado le causaba los m\u00e1s agudos dolores, y se crey\u00f3 que los ojos se afectar\u00edan de una manera irremediable; s\u00f3lo \u00e9l no perdi\u00f3 las esperanzas. \u00abYo s\u00e9\u2014dec\u00eda \u00e9l\u2014por qu\u00e9 medio puedo curar\u00bb, y rezaba su Rosario con una piedad y una cons\u00adtancia, que admiraba a todo el mundo. Atribuy\u00f3 \u00e1 la Virgen su curaci\u00f3n, y toda la vida la profes\u00f3 los sentimientos tier\u00adnos de una piadosa devoci\u00f3n y de un vivo reconocimiento.<\/p>\n<p>Desde el tiempo de su noviciado tuvo nuestro Herma\u00adno G\u00e9nin el m\u00e1s ardiente amor por la familia de San Vicente y sus obras, que fue el sost\u00e9n de su piedad y de su celo.<\/p>\n<p>\u00abM\u00e1s quiero morir\u2014escrib\u00eda \u00e9l \u2014que dar un motivo de disgusto a esta segunda madre que me ha recogido con tanta ternura\u00bb. Las reglas del estado que hab\u00eda escogido eran para \u00e9l socorro venido del cielo; en ellas divisaba el esp\u00edritu del mismo San Vicente. Cuantas veces le\u00eda en este libro, su sem\u00adblante se iluminaba con un rayo de luz interior.<\/p>\n<p>El d\u00eda que profes\u00f3 qued\u00f3 grabado profundamente en su coraz\u00f3n, y gustaba traer a la memoria este d\u00eda feliz en que se hab\u00eda entregado todo \u00e1 Dios para siempre, bajo los auspi\u00adcios y la tutela de Nuestra Se\u00f1ora de Valfleury, \u00e1 quien tom\u00f3 por testigo de sus juramentos. Ha dejado escritos los sentimientos que esta acci\u00f3n, una de las m\u00e1s grandes de su vida, produjo en su coraz\u00f3n. Son verdaderamente pat\u00e9ticos.<\/p>\n<p>\u00abLlamado\u2014escrib\u00eda \u00e9l&#8211;por la gracia de Dios \u00e1 la fami\u00adlia de San Vicente de Pa\u00fal, y habiendo resuelto y jurado vivir en ella seg\u00fan las reglas de la Compa\u00f1\u00eda, y de guardar fielmente los votos que he hecho en presencia de Nuestro Se\u00ad\u00f1or sacramentado durante la Misa del d\u00eda 21 de Junio de 1845, \u00e1 la vista de Nuestra Se\u00f1ora de Valfleury, por este acto me he consagrado al servicio de Dios en nuestra Congregaci\u00f3n para toda mi vida. Todos los d\u00edas, durante la Misa, yo renovar\u00e9 mis votos, y por la ma\u00f1ana me dir\u00e9: como el obrero se pone a disposici\u00f3n de su amo, yo me pongo a la disposici\u00f3n de Dios; en su casa; pues, debo cumplir mi tarea y ganar mi jornal. Animo, pues, \u00a1alma m\u00eda!; trabaja, no pierdas el tiempo, porque es grande el jornal que te espera a la tarde.<\/p>\n<p>A\u00f1adir\u00e9 adem\u00e1s: \u00bfQuieres agradar a Dios en este d\u00eda? Trabaja, pues, sufre y aguanta. Tres cosas hay en el mundo que nadie debe estorb\u00e1rmelas: la hora del rezo, el tiempo de sufrir y las horas de trabajo en las ocupaciones propias de mi vocaci\u00f3n; y esta dicha estar\u00e1 a mi disposici\u00f3n en todas partes y en todo tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>Cada alma, seg\u00fan el testimonio de San Pablo, recibe di\u00adversas gracias. La gracia singular en el alma del Hermano G\u00e9nin fue, sin duda, la del recogimiento interior y la vida espiritual, \u00edntima y habitual con Dios; pero en su exterior la virtud m\u00e1s sorprendente fue la de su celo apost\u00f3lico para procurar por los medios que est\u00e1n a su alcance la gloria de Dios y la salud de las almas. El Hermano G\u00e9nin ten\u00eda el verdadero sentimiento del bien. \u00c9l dejo escapar de su boca una palabra que retrata admirablemente el ardor de su celo: \u00abEl mayor castigo que Dios puede imponer a un alma\u2014de\u00adc\u00eda\u2014es quitarla los medios de trabajar en el bien\u00bb. Este es el retrato de cuerpo entero del Hermano Genin.<\/p>\n<p>No pretendemos enumerar uno por uno los recursos que \u00e9l hizo llegar a las misiones, y m\u00e1s particularmente a aque\u00adllas que se daban por los miembros de la Congregaci\u00f3n o en las que se ocupaban las Hijas de la Caridad. Los detalles est\u00e1n escritos casi en cada p\u00e1gina de los ANALES DE LA MISI\u00d3N, y sobre todo en el coraz\u00f3n de aquellos que \u00e9l socorr\u00eda tan liberalmente y que de las m\u00e1s remotas comarcas le apellida\u00adban <em>el Hermano bienhechor.<\/em><\/p>\n<p>Los donativos le ven\u00edan un poco de cada parte, y se agrandaban sus recursos gota a gota. Alguna vez, sin embargo, cuando las necesidades eran m\u00e1s apremiantes, algunas li\u00admosnas considerables le hicieron ver el dedo de Dios y le animaron en su obra, que no se sosten\u00eda sin dificultades y que s\u00f3lo su esp\u00edritu de fe era capaz de hacerle continuar con perseverancia invencible. Un d\u00eda se present\u00f3 una se\u00f1ora des\u00adconocida al ventanillo de la porter\u00eda que serv\u00eda el Hermano G\u00e9nin, y se inform\u00f3 en pocas palabras de las necesidades de los Misioneros en el extranjero; con esto termin\u00f3 la visita, ella se retir\u00f3 y el Hermano se volvi\u00f3 \u00e1 su bufete \u00e1 continuar su trabajo. Poco despu\u00e9s, volviendo los ojos a la ventani\u00adlla, repar\u00f3 que la persona desconocida hab\u00eda dejado all\u00ed un paquete; fue a ver qu\u00e9 era, y se encontr\u00f3 un sobre con esta inscripci\u00f3n: \u00abPara el buen Hermano G\u00e9nin \u00ab. Conten\u00eda el sobre una suma considerable. Se puso de rodillas delante de su crucifijo y dio gracias a Dios humildemente por el so\u00adcorro que le acababa de enviar para las Misiones. El empleo de estos recursos estaba destinado de antemano. De todas las Misiones de Abisinia, China, Persia y del L\u00edbano se ha\u00adc\u00edan sin cesar peticiones de socorros al buen Hermano, junto con acciones de gracias por sus atenciones. Nosotros nos vemos precisados a citar solamente algunos pasajes m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p>Si se tiene en cuenta que el Hermano G\u00e9nin observaba rigurosamente el precepto del Evangelio que dice: \u00abno sepa tu mano izquierda el bien que hace tu mano derecha, por los detalles que aducimos se deducir\u00e1 f\u00e1cilmente la inmensa obra que llev\u00f3 \u00e1 cabo.<\/p>\n<p>Puede preguntarse a la Misi\u00f3n en Persia, por ejemplo, si ha experimentado una necesidad \u00f3 alg\u00fan sufrimiento \u00e1 los cuales no haya enviado oportunamente socorro.<\/p>\n<p>Car\u00edsimo Hermano, escrib\u00eda un Misionero de Urmiah: el 4 de Diciembre ser\u00e1 un d\u00eda de piadoso recuerdo para m\u00ed; de suerte que cuando yo abr\u00ed vuestra carta y supe por ella que en este d\u00eda me hab\u00edais girado una letra de 500 pesetas para edificar una capilla \u00e1 San Jos\u00e9, no qued\u00e9 menos alborozado que sorprendido. Creo que el bendito San Jos\u00e9 se cuidar\u00e1 de recompensaros esta buena obra\u00bb.<\/p>\n<p>En el 1874 se trataba de instalar una imprenta y escue\u00adlas, y el Hermano G\u00e9nin fue el que proporcion\u00f3 los recur\u00adsos.<\/p>\n<p>En el 1876 el Sr. Cluzel le escribi\u00f3: \u00abVuestra carta est\u00e1 llena de caridad que se manifiesta por las obras. Se\u00e1is bendi\u00adto y estimado por el gran bien que est\u00e1is haciendo\u00bb.<\/p>\n<p>En el 1887 otro Misionero de Persia le dirigi\u00f3 estas l\u00ed\u00adneas: \u00abDesde hace muchos a\u00f1os, bien lo s\u00e9, nuestra pobre Misi\u00f3n caldaica ha recurrido frecuentemente a vos, y vuestra ingeniosa caridad ha encontrado siempre medios de soco\u00adrrernos\u00bb. Y casi siempre en la misma carta segu\u00eda otra s\u00fa\u00adplica en demanda de recursos para construir una iglesia y una capilla de 2.000 pesetas cada una.<\/p>\n<p>Obras m\u00e1s costosas a\u00fan que la construcci\u00f3n de las igle\u00adsias no agotaban la caridad del Hermano G\u00e9nin. En el 1883 un Misionero de Urmiah le escrib\u00eda: \u00abCon las limosnas que ha recogido vuestro celo caritativo hemos terminado la catedral. A vos ha sido, querido Hermano, a quien la Ma\u00addre de Dios sugiri\u00f3 la sublime idea de llevar \u00e1 cabo obra tan grandiosa, en la cual nosotros no pensamos sino despu\u00e9s de mucho tiempo; ella ha bendecido vuestra generosa resolu\u00adci\u00f3n. La suma recolectada por vos desde el comienzo se cre\u00ady\u00f3 suficiente, y en efecto, con ella se ha concluido\u00bb. Segu\u00eda otra petici\u00f3n para una capilla de las Hijas de la Caridad en Khosrova, para reemplazar la que <em>se <\/em>arruinaba. Se pens\u00f3 primero hacerla de adobes, y despu\u00e9s de ladrillo, negocio de siete a ocho mil pesetas, cuya suma no tard\u00f3 mucho el Hermano G\u00e9nin en recoger. No era \u00e9ste, em\u00adpero, el \u00fanico objeto de su solicitud, porque hac\u00eda muy poco hab\u00eda llegado de Persia una carta con una nota que dec\u00eda \u00abSe ha comenzado en Urmiah la construcci\u00f3n del hospital, gracias a los recursos proporcionados por el Hermano G\u00e9\u00adnin\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las iglesias, la catedral, los hospitales y las escuelas. El Delegado apost\u00f3lico, Vicario apost\u00f3lico en Per\u00adsia, escrib\u00eda el 6 de Abril de 1884: \u00abEl establecimiento debe ser completo; me bastar\u00e1n de 10 a 12 000 pesetas para este edificio, teniendo en cuenta la compra de una casa cuyo solar me es necesario. Yo os pido mucho, ya lo s\u00e9, mi que\u00adrido Hermano G\u00e9nin; pero los resultados \u00bfno ser\u00e1n pro\u00adporcionados a los sacrificios? B\u00e1stame baberos comuni\u00adcado mis designios; a vos toca ahora mover los corazones y buscar en nuestra Misi\u00f3n una hermosa celda para la eter\u00adnidad\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s se present\u00f3 a los ojos del Prelado otra obra de caridad; era \u00e9sta una escuela de primeras letras y establecer un peque\u00f1o Seminario: \u00abPuede ser, mi caro Hermano, que se\u00e1is vos la voz de que Dios se sirva para reunir las limos\u00adnas que nos ayudar\u00e1n a dar de comer y vestir a estos ama\u00addos ni\u00f1os. \u00bfNo podr\u00edais obtener algunos t\u00edtulos de renta que bastase a sostener un alumno hu\u00e9rfano, un maestro de es\u00adcuela \u00f3 un seminarista?\u00bb.<\/p>\n<p>Otras s\u00faplicas no menos apremiantes llegaban de otras Misiones: \u00abOs escribo\u2014dec\u00eda un Misionero de Massawah, el Sr. Delmonte\u2014de parte del Vicario de Abisinia. He tenido noticias de las limosnas que hab\u00e9is recogido para nuestro Seminario de Abisinia. \u00a1Oh! \u00a1Que Dios bendiga vuestro celo y vuestra caridad! S\u00ed, mi caro Hermano, \u00e9stos ser\u00e1n los tesoros espirituales que os proporcionar\u00e1n una eternidad de dicha. Muchos j\u00f3venes querr\u00edan entrar en el Seminario; vuestro celo ser\u00e1 el que les haga afortunados procur\u00e1ndoles la entrada\u00bb.<\/p>\n<p>Es bien notorio las muchas esperanzas que hizo conce\u00adbir el retorno a la fe iniciado en Bulgaria hace algunos a\u00f1os; Francia contribuy\u00f3 generosamente por sus ap\u00f3stoles y con sus limosnas. Los Hijos de San Vicente de Pa\u00fal estaban encargados de la Misi\u00f3n b\u00falgara de Sal\u00f3nica; todas las mi\u00adradas se dirig\u00edan al Hermano G\u00e9nin. El Sr. Obispo de Bul\u00adgaria escrib\u00eda: \u00abNos hacen falta escuelas, nos hace falta iglesia\u00bb; y a\u00f1ad\u00eda estas palabras, que dejan entrever los re\u00adcursos enviados antes a la Misi\u00f3n de Bulgaria: \u00abMas vues\u00adtra generosa iniciativa, mi querido Hermano, haci\u00e9ndome tocar la mano de la Providencia, que sabr\u00e1 suscitar en su d\u00eda bienhechores que nos ayuden, sostiene mi esperanza\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, el Superior general mand\u00f3 a sus Hermanos construir un vasto establecimiento para la educaci\u00f3n de j\u00f3\u00advenes ind\u00edgenas destinados al sacerdocio. El Hermano Ge\u00adnin recogi\u00f3 sumas considerables, que sirvieron para dotes de los alumnos del Seminario establecido en los arrabales de Sal\u00f3nica y Zeitenlik.<\/p>\n<p>En 1884, el Ilmo. Sr. Bonetti, entonces Superior de la Misi\u00f3n y despu\u00e9s Delegado apost\u00f3lico en Constantinopla, escrib\u00eda \u00abNo puedo cerrar esta carta sin a\u00f1adir, car\u00edsimo Hermano, una palabra de agradecimiento, por el inter\u00e9s que usted se ha tomado en la Misi\u00f3n b\u00falgara. En efecto, a pesar de una terrible acometida de los cism\u00e1ticos para apoderarse de las iglesias de los b\u00falgaros cat\u00f3licos, todas han podido ser defendidas y conservadas\u00bb. De qu\u00e9 manera? El Prelado lo indicaba con una palabra: \u00abCar\u00edsimo Hermano, a sus li\u00admosnas y a sus socorros es debido el que haya yo podido preservar casi todas las iglesias de la desgracia de que esta\u00adban amenazadas\u00bb.<\/p>\n<p>Atend\u00eda \u00e1 las necesidades habituales de las Misiones del Oriente, y cuando estallaba alg\u00fan grande contratiempo, m\u00e1s abundantes recursos prodigaban tambi\u00e9n las manos del Hermano G\u00e9nin.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEs posible, mi car\u00edsimo Hermano? \u2014 escrib\u00eda una de las Hijas de la Caridad de una de las Misiones del Oriente.\u00ad \u00a1Cinco mil francos en este tiempo de calamidad! Imposible nos es expresar la alegr\u00eda que nos ha causado. \u00a1 Qu\u00e9 bueno es el Se\u00f1or! Sea mil veces bendito, y tambi\u00e9n usted, car\u00edsimo Hermano. Ya no tendremos envidia al hospital de los armenios; ya no tendremos el dolor de rehusar forzosamente servicios a los miembros dolientes de Nuestro Se\u00ad\u00f1or. Vuestro amado hospital les abrir\u00e1 sus puertas, y nosotras les prodigaremos nuestros cuidados, esperando que ese ama\u00addo Hotel-Dieu ser\u00e1 para un gran n\u00famero de almas el atrio feliz del cielo.<\/p>\n<p>No podemos siquiera intentar el dar \u00e1 conocer lo que el Hermano G\u00e9nin hizo para las Misiones de la China. Era en \u00e9l cosa ordinaria guardar en sus remesas mil delicadas atenciones acompa\u00f1adas de donativos, cuya generosidad, insu\u00adficiente, por cierto, para tantas necesidades, pero admirable, animaba a los Misioneros.<\/p>\n<p>\u00abRepetidas veces me ha escrito Ud., car\u00edsimo Hermano dec\u00eda un Misionero,\u2014cartas muy gratas, en las que he ad mirado su caridad; yo no pensaba que pudiese haber tanta para con un pobre hombre casi desconocido y como perdi\u00addo en las extremidades del grande Imperio de la China.<\/p>\n<p>Al presente tenemos en Ki-ngan una residencia casi tan importante como la que tienen nuestros Misioneros de Ning-po ; y adem\u00e1s un peque\u00f1o colegio que funciona convenientemente, una iglesia dedicada de antemano a Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias, que est\u00e1 todav\u00eda en construcci\u00f3n. \u00bfA qui\u00e9n debemos esto? A Nuestro Se\u00f1or en primer lugar, por cierto, pero tambi\u00e9n \u00e1 Ud., muy apreciado H\u00e9rmano G\u00e9nin.<\/p>\n<p>\u00bb Para todas las obras de que acabo de hablar no he\u00admos empleado un c\u00e9ntimo de nuestros abonos de la Propaga\u00adci\u00f3n de la Fe \u00f3 de la Santa Infancia; al contrario, con las limosnas de Ud. hemos podido llenar el d\u00e9ficit de las cuen\u00adtas de nuestra Misi\u00f3n y edificar muchas capillas en los cen\u00adtros de nuevas cristiandades. \u00a1Ah! Si la China no estuviese tan lejos, vendr\u00eda Ud. a ver lo que con sus limosnas hemos podido hacer en el Kiang si meridional, lo cual le har\u00eda de\u00adrramar l\u00e1grimas de alegr\u00eda y de consuelo.<\/p>\n<p>Nosotros, de nuestra parte, continuaremos discurriendo por montes y valles en busca de las almas, y Ud. nos ayu\u00addar\u00e1 con su industria y su celo a multiplicar las conversio\u00adnes por medio de las escuelas, los oratorios y las capillas, que son tan necesarias para que la fe se propague y se afiance.<\/p>\n<p>Contin\u00fae, pues, trabajando para la China y particular\u00admente para el Kiang si meridional. Si sobre la tierra no puede Ud. trabajar en nuestra compa\u00f1\u00eda, en el cielo, por lo me\u00adnos, le prometo que Nuestro Se\u00f1or le colocar\u00e1 en compa\u00f1\u00eda de los Misioneros de la China\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas capillas, cuyo precio, ordinariamente de 2.000 francos, han pasado desde las manos de los bienhechores a las del humilde Hermano con destino \u00e1 hacer reflorecer o a fundar en la China una cristiandad!<\/p>\n<p>\u00abCar\u00edsimo Hermano\u2014escrib\u00eda uno de los Vicarios apos\u00adt\u00f3licos de la China: \u2014escribo a M. N&#8230; para agradecer el den tan extraordinario que acaba de hacer a mi Misi\u00f3n por me\u00addio de Ud. Sus intenciones ser\u00e1n ejecutadas, y se han dado ya \u00f3rdenes de comprar los materiales para edificar la capilla de San Pedro en la pr\u00f3xima primavera\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCar\u00edsimo Hermano: le hemos tenido presente en nues\u00adtros ejercicios, y por mi parte, me acuerdo de Ud. d\u00eda y no\u00adche, estando en casa y yendo de viaje. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda olvi\u00addarle, cuando todo lo que veo aqu\u00ed y en casa de nuestros ne\u00f3fitos me ha sido enviado por Ud.? Doy continuamente gracias a Dios por la caridad que le ha inspirado en favor de nuestro vicariato. Gracias \u00e1 la caridad de Ud., el palacio imperial, que estaba todo ruinoso y que tuve la dicha de obtener del Gobierno, se halla en gran parte restaurado. Los cristianos, adem\u00e1s, que me aman como a las ni\u00f1as de sus ojos, han obedecido mis \u00f3rdenes: m\u00e1s de treinta capillas, muchas de las cuales son verdaderas iglesias, han sido edifi\u00adcadas, otras lo ser\u00e1n dentro de poco tiempo; en el territorio de nuestros nuevos cristianos, gracias a las continuas limos\u00adnas de Ud., se han construido ya siete \u00fa ocho, y la de San Pedro lo ser\u00e1 en la pr\u00f3xima primavera. Cuando yo llegu\u00e9, tampoco hab\u00eda escuela alguna, y en este momento tengo m\u00e1s de ciento , as\u00ed entre los antiguos como entre los nuevos cristianos; finalmente, car\u00edsimo Hermano, nuestro vicariato va mejorando cada d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Esas eran las necesidades de los pa\u00edses infieles, y no eran menores las de otras naciones cristianas en tiempos pasados, pero que hab\u00edan reca\u00eddo en el error. Una larga carta del Prefecto apost\u00f3lico de Siria da testimonio de ello: \u00abS\u00ed, car\u00ed\u00adsimo Hermano\u2014escrib\u00eda: \u2014 a pa\u00edses que han reca\u00eddo en la barbarie, se trata de suscitar una nueva generaci\u00f3n median\u00adte la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os\u00bb. Para esas escuelas ped\u00eda limosnas el Hermano G\u00e9nin.<\/p>\n<p>Hablando de la ciudad de Beyruth dec\u00eda el mismo Pre\u00adfecto apost\u00f3lico en 1874: \u00abHoy d\u00eda no queda en clase de es\u00adtablecimientos de beneficencia m\u00e1s que el Orfelinato de las ni\u00f1as, que no tiene dotaci\u00f3n alguna. Espero, car\u00edsimo Hermano, que ser\u00e1 Ud. del n\u00famero de los que la Providen\u00adcia habr\u00e1 escogido para llenar esa laguna.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, a vista del magn\u00edfico establecimiento edificado por los alemanes para servir de hospital protestante, se cono\u00adci\u00f3 la necesidad de erigir un hospital a prop\u00f3sito para recibir a los cat\u00f3licos. Se construy\u00f3 uno espacioso y magn\u00edfico, y al otro d\u00eda de la inauguraci\u00f3n la Superiora de las Hijas de la Caridad, a las que estaba confiado, escrib\u00eda al Hermano G\u00e9\u00adnin: \u00abD\u00edgnese Ud. aceptar, car\u00edsimo Hermano, mi afectuosa gratitud por el bien inapreciable que ha procurado a los po\u00adbres de Beyruth. Este hospital es el de Ud., seg\u00fan la ex\u00adpresi\u00f3n de nuestro respetable Prefecto apost\u00f3lico; por ese motivo tengo el gusto de notificarle nuestra instalaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Este hospital no era el suyo, como se expresaba la respetable Hermana; era principalmente el de los bienhechores cuyos donativos hab\u00eda solicitado y transmitido; pero ellos y \u00e9l ha\u00adb\u00edan contribuido a aquella obra de una manera propia de un Rey. El Prefecto apost\u00f3lico, efectivamente, escrib\u00eda: \u00abUna particularidad de este hospital es que ha sido construido \u00fani\u00adcamente con el dinero de Francia. Hasta el presente ha costado 222.000 francos, suministrados, en parte, por las di\u00adligencias del Hermano G\u00e9nin, en parte por el Gobierno fran\u00adc\u00e9s, y en parte por la Obra de la Propagaci\u00f3n de la Fe\u00bb. No extra\u00f1ar\u00eda, a vista de los donativos de que hablamos, que la parte con que contribuy\u00f3 el humilde Hermano no fuese de ninguna manera indigna de compa\u00adrarse con la del Gobierno franc\u00e9s ni con la de la obra tan apost\u00f3lica de la Propagaci\u00f3n de la Fe.<\/p>\n<p>Esos son milagros de la Providencia, inexplicables tanto a los que son instrumentos de ellos, como a los que los han presenciado. El nombre del Hermano Jos\u00e9 G\u00e9nin traer\u00e1 a la memoria de los que han le\u00eddo la vida de San Vicente de Pa\u00fal el de aquel Hermano de la Misi\u00f3n, Mateo Renard, a quien el Santo enviaba a los pa\u00edses asolados por la guerra con limosnas de 20.000, de 50.000 libras, de 10.000 escudos en oro, sin que nadie pensase en inquietarle cuando atravesaba los campos; y el nombre de aquel otro Hermano de la Mi\u00adsi\u00f3n, Juan Parre, que no hizo menores maravillas, y cuyas obras no pod\u00eda San Vicente referir sin que exclamaciones de admiraci\u00f3n saliesen de su coraz\u00f3n y del de las se\u00f1oras de la caridad, cuyas limosnas hab\u00eda transmitido y distribuido el Hermano G\u00e9nin no es inferior a ellos si se considera la in\u00admensidad de limosnas que distribuy\u00f3 a las Misiones lejanas; antes bien les hizo ventaja si atendemos a que es debido a su iniciativa apost\u00f3lica y a su celo personal el haber reunido aquellos inmensos recursos.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>No era el menor motivo de admiraci\u00f3n para aquellos en\u00adtre los cuales viv\u00eda el Hermano G\u00e9nin, el presenciar la im\u00adperturbable tranquilidad de su alma y de su proceder, la paz de su semblante, la afabilidad de sus modales, que jam\u00e1s se desment\u00eda. Aqu\u00ed hay una especie de hero\u00edsmo que, tal vez m\u00e1s que el celo y la abnegaci\u00f3n, denota un alma que ha llegado a la santidad. El secreto o el manantial de esto esta\u00adba en la plena posesi\u00f3n de s\u00ed mismo y en la interior uni\u00f3n con Dios, a la cual el buen Hermano se dedic\u00f3 toda su vida. Esta pr\u00e1ctica de perfecci\u00f3n se la hab\u00eda aconsejado su direc\u00adtor, Mr. J. B. Etienne, Superior general de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad, a la cual el buen Hermano G\u00e9nin no dej\u00f3 de aplicarse hasta su \u00faltimo d\u00eda.<\/p>\n<p>Todo lo que hablaba de Dios le agradaba. Las lecturas espirituales eran para nuestro amado Hermano una fuente de los m\u00e1s puros deleites. Cuando se dedicaba a ese ejercicio, le parec\u00eda que su alma estaba sentada en un fest\u00edn, y a fin de no perder el fruto de aquella lectura, luego que la hab\u00eda ter\u00adminado, se recog\u00eda y saboreaba lo que le hab\u00eda consolado, y aun muchas veces resum\u00eda y comentaba de un modo pr\u00e1c\u00adtico los pensamientos que m\u00e1s le hab\u00edan impresionado. En las conferencias de los viernes, en las repeticiones de oraci\u00f3n en tiempo de los ejercicios anuales, anotaba en un cuaderno especial todos los pensamientos que pod\u00edan fomentar su pie\u00addad. Se podr\u00eda escribir un libro con las notas tomadas a vue\u00adla pluma y echadas ac\u00e1 y all\u00e1 en la primera hoja de papel que ca\u00eda en sus manos. Nada dejaba perder de lo que pod\u00eda conservar en su coraz\u00f3n el fuego sagrado del divino amor.<\/p>\n<p>No se sujetaba a alg\u00fan m\u00e9todo de oraci\u00f3n, dejaba hablar a su coraz\u00f3n, o, para valerme de sus mismas expresiones, empleaba en sus meditaciones el antiguo sistema de San Agust\u00edn: \u00abCon\u00f3zcaos, Se\u00f1or, \u00e1 Vos, y con\u00f3zcame a m\u00ed: <em>No\u00adverim te Domine, et noverinz me; <\/em>con\u00f3zcaos para amaros m\u00e1s y m\u00e1s; con\u00f3zcame a m\u00ed mismo, a fin de despreciarme siempre m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La imaginaci\u00f3n representa cierto papel en la piedad de nuestro piadoso Hermano; daba un cuerpo \u00e1 su pensamien\u00adto, su estilo figurado y de una marcada originalidad para expresar pensamientos, siempre de mucha confianza en Dios y de caridad, despertaba la atenci\u00f3n de todos cuando daba cuenta de su oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La recepci\u00f3n de los Sacramentos y la asistencia al santo sacrificio de la Misa ocupaban tambi\u00e9n un lugar distinguido en su coraz\u00f3n; uno de sus grandes temores que turbaban algunas veces su esp\u00edritu, era el de no acercarse a ellos con todas las disposiciones necesarias. No acud\u00eda al tribunal de la penitencia sino temblando; pero, terminada su confesi\u00f3n, no ten\u00eda palabras para expresar el consuelo que experimen\u00adtaba, pensando que Dios le hab\u00eda perdonado. Los d\u00edas de comuni\u00f3n respiraba continuamente la paz y la pureza que Nuestro Se\u00f1or hab\u00eda dejado en su coraz\u00f3n, corno se respira el perfume de una flor. En el tiempo de la santa Misa se pon\u00eda en esp\u00edritu sobre la patena del sacerdote para sacrifi\u00adcarse con Nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>Tantas gracias, y gracias tan preciosas, recogidas con tan\u00adto cuidado, no pod\u00edan dejar de producir en el coraz\u00f3n de aquel buen Hermano los m\u00e1s preciosos frutos. Dios se com\u00adplac\u00eda en adornar el alma de aquel fiel siervo con todas las virtudes de su santo estado.<\/p>\n<p>El Hermano G\u00e9nin ten\u00eda un natural atractivo a la uni\u00f3n con Dios, no amaba al mundo, ni lo hab\u00eda amado jam\u00e1s. Esa especie de repulsa instintiva contra el mundo la ten\u00eda desde sus primeros a\u00f1os; de aqu\u00ed es que cuando la obedien\u00adcia le oblig\u00f3 a dejar el oficio de sacrist\u00e1n, en el cual viv\u00eda en compa\u00f1\u00eda de Nuestro Se\u00f1or, para tomar el de portero, donde iba a tener un pie en el mundo, derram\u00f3 un mar de l\u00e1grimas\u00bb. Lo que dec\u00eda a Dios en sus interiores coloquios, no es f\u00e1cil adivinarlo: se representaba los beneficios que Dios le ha\u00adb\u00eda hecho para darle gracias por ellos; repasaba sus faltas con un coraz\u00f3n humilde, pidiendo a Dios que se las perdonase, se ofrec\u00eda en sacrificio a la divina justicia para expiar los peca\u00addos del mundo; rogaba por la Iglesia, por la Congregaci\u00f3n, por \u00abnuestros venerables Superiores, como \u00e9l se expresaba, por las Misiones extranjeras, hallando en este santo ejercicio su fuerza, su luz y su consuelo.<\/p>\n<p>Estaba muy contento cuando pod\u00eda seguir su atractivo por la oraci\u00f3n, no estorb\u00e1ndoselo las obligaciones de su oficio. Acostumbraba guardar puerta mientras se dec\u00eda la primera Misa: aquella era la hora m\u00e1s quieta de todo el d\u00eda, y de ella se aprovechaba el buen Hermano para satisfacer su amor a la oraci\u00f3n. Empezaba por rezar su Rosario, despu\u00e9s rezaba un nocturno del Oficio Parvo de la Sant\u00edsima Virgen y terminaba con las Letan\u00edas de San Jos\u00e9; y si le quedaba algo de tiempo, lo empleaba en platicar con la Virgen San\u00adt\u00edsima y con San Jos\u00e9; les molestaba alternativamente, como \u00e9l dec\u00eda, para obtener lo que deseaba, como que era su hijo. Confiesa que en aquel tiempo recibi\u00f3 muchas gracias.<\/p>\n<p>Tampoco se pasaba la noche sin que le robase alg\u00fan rato para la oraci\u00f3n; cuando despertaba, en seguida su pensa\u00admiento y su coraz\u00f3n se dirig\u00edan a Dios y a la Sant\u00edsima Vir\u00adgen con una breve y fervorosa oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las otras virtudes flu\u00edan de su tierna y discreta piedad. \u00a0Hasta el \u00faltimo suspiro de su vida fue fiel a la pr\u00e1ctica \u00a0de la obediencia, de la cual era hijo, pues el d\u00eda que profes\u00f3 prometi\u00f3 a Nuestro Se\u00f1or el vivir bajo una absoluta dependencia de los Superiores. Y como el \u00e1ngel de las tinieblas se transforma frecuentemente en \u00e1ngel de luz, estaba resuelto a \u00a0no emprender jam\u00e1s cosa alguna, sin antes pedir el parecer \u00a0de los que le representaban \u00e1 Dios sobre la tierra. Un d\u00eda en \u00a0que le hab\u00edan dado orden de que interrumpiese la obra de las \u00a0Misiones, a la cual estaba dedicado en cuerpo y alma, su coraz\u00f3n qued\u00f3 muy afectado y su semblante inmutado. Sin embargo, no sali\u00f3 de su boca palabra alguna de cr\u00edtica ni de amargura. En vista de aquel grande dolor, el sacerdote, al cual hab\u00eda manifestado su pena, le dijo bondadosamente: \u00ab\u00c1nimo, amado Hermano; Dios prueba la obra de Ud., por\u00adque la aprueba\u00bb. A estas palabras su pena se desvaneci\u00f3 como por encanto. M\u00e1s tarde conoc\u00eda que aquella prueba hab\u00eda sido una de las gracias que hab\u00eda recibido del Se\u00f1or, porque le hab\u00eda hecho ver, dec\u00eda \u00e9l con su acostumbrada humildad, cu\u00e1n profundas ra\u00edces hab\u00eda el orgullo echado en si co\u00adraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Lejos de gloriarse del bien que se, hac\u00eda por su medio, se admiraba de que Dios quisiese servirse de un tan vil instru\u00admento para llevar a cabo sus designios sobre la tierra. Hall\u00e1ndose un d\u00eda en una reuni\u00f3n de muchos Misioneros, pen\u00adsaron \u00e9stos que le dar\u00edan gusto manifest\u00e1ndole su admiraci\u00f3n y felicit\u00e1ndole de los felices resultados de su celo. El buen Hermano les dej\u00f3 decir; despu\u00e9s, tomando la palabra, les dio con suavidad y franqueza esta respuesta: \u00abUstedes cono\u00adcen las obras de San Francisco de Sales; \u00bfqui\u00e9n de ustedes se entretendr\u00eda en admirar la pluma que las escribi\u00f3 en lugar de alabar el talento que las inspir\u00f3? Pues bien: ved aqu\u00ed lo que es el pobre Hermano G\u00e9nin que ustedes admiran: un muy peque\u00f1o instrumento en las manos de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Entretanto, el buen Hermano empezaba a sentir el peso de los a\u00f1os, y con \u00e9l el cortejo de miserias y enfermedades que son su patrimonio inseparable. Estaba viendo que la cruz ven\u00eda sobre \u00e9l, y, como verdadero hijo de San Vicente, le hizo buena acogida; para aquella alma generosa, la visita de la cruz era la visita de Nuestro Se\u00f1or. \u00abLa enfermedad \u2014dec\u00eda \u00e9l\u2014viene de Dios, y todo lo que viene de Dios viene de la mano de un buen Padre que nos ama y no quiere m\u00e1s que el bien de sus hijos\u00bb. A pesar de todos sus esfuerzos para vencer la fatiga de su edad, era evidente su decaimiento.. En fin, en el invierno de 1888 una enfermedad del coraz\u00f3n le condujo \u00e1 la enfermer\u00eda, en la cual pas\u00f3 el resto de sus d\u00edas.<\/p>\n<p>La enfermer\u00eda es una escuela donde la enfermedad, seg\u00fan est\u00e1 escrito, ha de a\u00f1adir a la virtud el sello de la perfecci\u00f3n: <em>Virtus in infirmitate perficitur. <\/em>Dejemos a nuestro amado Hermano que nos manifieste su Coraz\u00f3n y nos diga los sen\u00adtimientos que Nuestro Se\u00f1or le inspiraba en el tiempo de aquella \u00faltima prueba.<\/p>\n<p>Hem\u00e9 aqu\u00ed abatido. \u00a1Dios sea alabado! Cuatro enfer\u00admedades me ejercitan, ya sucesiva, ya simult\u00e1neamente. No obstante, todav\u00eda puedo trabajar para las Misiones en mi aposento de enfermer\u00eda; yo puedo orar y meditar, seg\u00fan lo permitan mis pocas fuerzas; eso es un consuelo. Nuestro Se\u00ad\u00f1or dijo: \u00abLlevar\u00e9 el alma \u00e1 la soledad para hablarle al cora\u00adz\u00f3n\u00bb. Ya estoy en esa soledad; a m\u00ed me toca aprovecharme de ella.<\/p>\n<p>Si he hecho algunos servicios en la puerta por espacio de cuarenta y cinco a\u00f1os, tambi\u00e9n he hecho all\u00ed muchas faltas. De cuando en cuando renovaba mi intenci\u00f3n de obrar por solo Dios; a pesar de eso mezclaba en mis accio\u00adnes una infinidad de imperfecciones que pudieron hacerlas desagradables a Dios y tal vez de ning\u00fan valor; ahora satis\u00adfago y me purifico sobre el altar de la resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 contraste entre mi estado presente <em>y <\/em>mi oficio de portero! \u00a1Guardar la celda, hallarme solo delante de un Cru\u00adcifijo, de las im\u00e1genes de Mar\u00eda y de San Vicente! Los primeros d\u00edas cost\u00f3 algo \u00e1 mi pobre naturaleza, pero ahora me hallo bien con Dios solo y sus Santos. Nuestras conversa\u00adciones son frecuentes; en estas locuciones interiores Nues\u00adtro Se\u00f1or me ha hecho una gracia grande, oblig\u00e1ndome, a causa de la enfermedad, a vivir solitario, con lo cual quiere prepararme para morir. Esta verdad me consuela y hace que ame mi soledad; por otra parte, jam\u00e1s est\u00e1 uno menos solo que cuando est\u00e1 solo con Dios, sus \u00e1ngeles y sus Santos. Las pruebas de toda clase, los padecimientos que es del divi\u00adno agrado enviarme, son se\u00f1ales del amor que me tiene; es cierto que Dios trata con rigor a sus amigos de mil maneras\u00bb.<\/p>\n<p>El piadoso Hermano pasaba sus largas horas de soledad en esos coloquios consigo mismo y con Dios, cuando en la madrugada del 19 de Marzo de 1894 le dio un ataque de par\u00e1lisis, recibi\u00f3 los auxilios y los consuelos de la Religi\u00f3n, y a las cuatro de la tarde entregaba su alma en manos de su Criador. En las \u00faltimas horas perdi\u00f3 el uso de los sentidos: Dios, sin duda, quiso librarle de las agon\u00edas de la \u00faltima hora. El obrero infatigable hab\u00eda llegado al t\u00e9rmino de su tarea: el Amo le llamaba al eterno descanso con aquellas pa\u00adlabras llenas de esperanza: \u00abConfianza, siervo bueno y riel; t\u00fa has sido fiel en todas las cosas: entra en el gozo de tu Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>El buen Hermano G\u00e9nin ha sido arrebatado a su obra tan amada. Pero esa obra no debe morir Con \u00e9l, porque las necesidades de las Misiones a elite se dedicaba con tanto celo, lejos de disminuir, aumentan cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Angeli, sacerdote de la misma Congregaci\u00f3n, encar\u00adgado de continuar aquella obra, ha tenido el pensamiento de ponerla bajo el patrocinio del beato Juan Gabriel Perboyre, que amaba aquellas Misiones sobre la tierra y se dedic\u00f3 a ellas hasta el derramamiento de su sangre. Esperamos que el glorioso m\u00e1rtir querr\u00e1 constituirse su celestial proveedor.<\/p>\n<p>Las personas que desean alcanzar alguna gracia tempo\u00adral o espiritual, prometer\u00e1n al beato Juan Gabriel una li\u00admosna para su obra, cada uno seg\u00fan sus facultades, con la seguridad de alcanzarlo, si por otra parte no hay alg\u00fan obs\u00adt\u00e1culo.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n de la deuda as\u00ed contra\u00edda podr\u00e1 hacerse, o con direcci\u00f3n al Sr. Angeli (rue de S\u00e9vres, 95, Par\u00eds), o en manos de los sacerdotes de la Misi\u00f3n o de las Hijas de la Caridad, las m\u00e1s cercanas, los que se encargar\u00e1n de hacerla llegar al centro de la obra.<\/p>\n<p>Ya el beato Juan Gabriel se ha manifestado muy pode\u00adroso para alcanzar las gracias pedidas. Confianza, pues, en su eficaz intercesi\u00f3n; esta confianza ser\u00e1 doblemente recom\u00adpensada, tanto por la gracia obtenida, como por el m\u00e9rito de la ofrenda hecha en acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p><em>Tomado de Anales Espa\u00f1oles, Tomo II, 1894<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl esp\u00edritu de Dios inspira dondequiere\u00bb. De cuando en cuando se sirve Dios comunicar su esp\u00edritu \u00e1 las almas sencillas y humildes, pero d\u00f3ciles a sus inspiraciones, para hacerlas instrumento de portentosas maravillas. 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