{"id":21578,"date":"2018-11-27T06:30:02","date_gmt":"2018-11-27T05:30:02","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21578"},"modified":"2018-11-05T09:38:33","modified_gmt":"2018-11-05T08:38:33","slug":"noticia-de-la-manifestacion-de-la-milagrosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/noticia-de-la-manifestacion-de-la-milagrosa\/","title":{"rendered":"Noticia de la Manifestaci\u00f3n de La Milagrosa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><strong><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400176 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/Santa-Catalina-197x300.jpg?resize=197%2C300\" alt=\"santa-catalina\" width=\"197\" height=\"300\" \/>Noticia hist\u00f3rica de la manifestaci\u00f3n de la Medalla Milagrosa y de sor Catalina Labour\u00e9, Hija de la Caridad, a quien se apareci\u00f3 la Inmaculada Virgen Mar\u00eda el 27 de Noviembre de 1830.<\/strong><\/p>\n<p>El culto de los fieles a la Medalla milagrosa acaba de ser sancionado por autoridad de la santa iglesia, instituyendo una fiesta para conmemorar la Manifestaci\u00f3n de la Inmacu\u00adlada Virgen Mar\u00eda de la Medalla Milagrosa, a imitaci\u00f3n de la que ya se celebraba en honor del santo Rosario y del Es\u00adcapulario de la Sant\u00edsima Virgen del Carmen.<\/p>\n<p>El Escapulario, el Rosario y la Medalla milagrosa son tres manantiales de bendici\u00f3n, de gracia y de milagros; triple atadura que asegura m\u00e1s la salvaci\u00f3n a los que acuden a Vos y a vuestro poder maternal y maravilloso, <em>\u00a1Oh Mar\u00eda!, <\/em><em>sin pecado concebida.<\/em><\/p>\n<h2>I<\/h2>\n<p>Este culto comenz\u00f3 en Par\u00eds, donde la Virgen Inmacula\u00adda se apareci\u00f3 el a\u00f1o 1830 a Sor Catalina Labour\u00e9, de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, en la capilla de su Cata- matriz, y en breve tiempo se propag\u00f3 por todas partes. Trans\u00adcribiremos aqu\u00ed de la obra que tiene por t\u00edtulo <em>La Medalla <\/em><em>milagrosa, <\/em>algunos pormenores acerca de la mencionada Hermana y de la aparici\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>Sor Catalina, conocida antes con el nombre de Zoe Labour\u00e9, naci\u00f3 el d\u00eda 2 de Mayo de 1806 en Fain les Mou\u00adtiers, peque\u00f1o lugar de la Costa de Oro, perteneciente a la parroquia de Moutiers-Saint-Jean. Sus padres eran muy cristianos, viv\u00edan honradamente cultivando sus campos y disfrutaban del bienestar que la actividad del trabajo y senci\u00adllez de la vida proporcionan a los labradores. A los doce a\u00f1os hizo Zoe la primera comuni\u00f3n, con grande fervor y pureza de esp\u00edritu, en la iglesia de Moutiers- Saint-Jean, inspir\u00e1n\u00addolo Dios deseos de ser \u00fanica y enteramente de Aquel que se hab\u00eda dignado venir \u00e1 habitar en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Por aquel entonces entr\u00f3 su hermana mayor en la Com\u00adpa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, y Zoe qued\u00f3 como ama de casa, ayud\u00e1ndola una criada en los trabajos m\u00e1s pesados. Llevaba la comida a los segadores y no se rend\u00eda a ninguna fatiga.<\/p>\n<p>Hab\u00eda en Moutiers-Saint-Jean una casa de Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, a quienes Zoe visitaba con la mayor frecuencia que pod\u00eda, y la Superiora, de quien Zoe era muy estimada, la animaba en su vida laboriosa.<\/p>\n<p>Una de las cosas en que pon\u00eda mayor esmero era en cuidar del palomar, que ordinariamente ten\u00eda de setecientas a ochocientas palomas. Estas conoc\u00edan tan bien a Zoe, que luego que la ve\u00edan se le acercaban e iban volando \u00e1 su alre\u00addedor en forma de corona, verific\u00e1ndose que las palomas, que son s\u00edmbolo de la inocencia, eran atra\u00eddas por la inocen\u00adcia. Desde sus primeros a\u00f1os se mostr\u00f3 grave y recatada; en los divinos Oficios, a los cuales puntualmente asist\u00eda, estaba con mucha modestia y compostura; y era tan amante de la mortificaci\u00f3n, que, a pesar de lo mucho que trabajaba, ten\u00eda costumbre de ayunar los viernes y s\u00e1bados, pero sin conoci\u00admiento de su padre. Cuando \u00e9ste lo supo la reprendi\u00f3; mas no por eso dej\u00f3 sus mortificaciones, porque pens\u00f3 que deb\u00eda preferir a la voluntad de su padre la voz de Dios que in\u00adteriormente sent\u00eda. En esto se revela el car\u00e1cter de la futura Hermana, que puede muy bien describirse con estas bre\u00adves palabras: por una parte se ve sencillez verdadera y sin afectaci\u00f3n, diligencia en el cumplimiento de sus obligacio\u00adnes, inocencia y fervor, y por otra se advierte un esp\u00edritu imperioso e inclinaci\u00f3n a mandar, de modo que para seguir la voluntad ajena ten\u00eda que hacerse violencia.<\/p>\n<p>En medio de las ocupaciones del campo no se olvidaba de su vocaci\u00f3n, y as\u00ed, deseada de muchos para esposa, constantemente respondi\u00f3 que su esposo era Jes\u00fas, su amado Salvador, a quien se hab\u00eda entregado mucho tiempo hac\u00eda. Mas \u00bfen qu\u00e9 Congregaci\u00f3n hab\u00eda de entrar? Un sue\u00f1o, en el cual se puede ver la mano de Dios, parece que la mani\u00adfest\u00f3 el camino. Parec\u00edale que se hallaba en la capilla de las almas del purgatorio y que un sacerdote anciano, de ve\u00adnerable aspecto, entr\u00f3 en la misma capilla y se visti\u00f3 los sa\u00adgrados ornamentos para celebrar el santo sacrificio de la Misa. Asisti\u00f3 a ella Zoe, Pero muy conmovida con la presencia del sacerdote desconocido; y como \u00e9ste, concluida la Misa, la hiciese una se\u00f1al para que se acercase, se retir\u00f3 despavo\u00adrida. Habiendo salido de la iglesia entr\u00f3 en una casa para visitar \u00e1 un enfermo, y all\u00ed se encontr\u00f3 tambi\u00e9n con el sa\u00adcerdote desconocido, quien le habl\u00f3 de esta manera: \u00abBueno es, hija m\u00eda, visitar a los enfermos. Ahora huyes de m\u00ed; pero llegar\u00e1 d\u00eda en que tengas por gran dicha el seguirme. Dios tiene designios sobre ti; no lo olvides\u00bb. Sucedi\u00f3 que algunos a\u00f1os despu\u00e9s, habiendo ido a visitar \u00e1 las Herma\u00adnas de Chatill\u00f3n, qued\u00f3 muy sorprendida al ver en el reci\u00adbidor un retrato, que perfectamente semejaba al sacerdote que en el sue\u00f1o referido le hab\u00eda dicho: \u00abHija m\u00eda, ahora huyes de m\u00ed; pero llegar\u00e1 d\u00eda en que tengas por gran dicha el seguirme.\u00bb Pregunt\u00f3 en seguida cuyo era aquel retrato, y como le respondiesen que era San Vicente, comprendi\u00f3 lo que el sue\u00f1o significaba, y que aqu\u00e9l era a quien deb\u00eda ele\u00adgir por Padre.<\/p>\n<p>A principios del a\u00f1o 1830 fue recibida en la casa de las Hermanas de Chatill\u00f3n, y el 21 de Abril del mismo a\u00f1o lleg\u00f3 al puerto del Seminario por ella tan deseado. <em>Seminario <\/em>quiso San Vicente que se llamara el tiempo que las j\u00f3venes est\u00e1n en la Casa principal para formarse en el esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n, temiendo que el nombre de <em>noviciado <\/em>hiciese mi\u00adrar \u00e1 las Hijas de la Caridad como <em>Religiosas, <\/em>pues con santo atrevimiento meditaba no encerrarlas en los claustros, sino enviarlas, bajo la guarda de la caridad, a visitar a los enfermos en sus propias casas y, siendo necesario, cuidar \u00e1 los he\u00adridos en los campos de batalla. Contribuy\u00f3 mucho para su dicha y felicidad el haber tenido por director durante el tiem\u00adpo \u00bfel seminario a Juan Mar\u00eda Aladel, sacerdote de gran piedad y verdadero hijo de San Vicente, hombre de juicio recto, de mucha experiencia, austero como un anacoreta e infatigable en el trabajo, cuya memoria es venerada, as\u00ed en\u00adtre las Hijas de la Caridad como entre los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Hall\u00f3 Sor Catalina en este ve\u00adnerable sacerdote un gu\u00eda prudente para dirigirla por los caminos extraordinarios por donde el Se\u00f1or la quer\u00eda condu\u00adcir. Este avisado director cuid\u00f3 con gran vigilancia que estu\u00adviera siempre alerta contra las ilusiones, y sobre todo que se guardase del orgullo, trabajando al mismo tiempo porque adelantase en el camino de la perfecci\u00f3n, mediante la pr\u00e1c\u00adtica de las verdaderas y s\u00f3lidas virtudes.<\/p>\n<h2>II<\/h2>\n<p>Tres d\u00edas antes que con solemnidad se trasladasen las reliquias de San Vicente a la capilla de San L\u00e1zaro, en Abril de 183o, tuvo Sor Catalina una visi\u00f3n prof\u00e9tica. Aquel Se\u00f1or que llam\u00f3 a San Vicente para hacerle de pastorcillo instru\u00admento de su diestra, confi\u00f3 a una pobre aldeana los secretos de su misericordia.<\/p>\n<p>\u00abHe tenido\u2014dice\u2014el consuelo de ver el coraz\u00f3n de San Vicente sobre la caja en que sus reliquias han estado expues\u00adtas. Este mismo coraz\u00f3n se me ha aparecido tres d\u00edas conse\u00adcutivos y en cada uno de distinta manera\u00bb.<\/p>\n<p>Una voz interior le dec\u00eda: el coraz\u00f3n de San Vicente est\u00e1 muy afligido por los grandes males que van a caer sobre Francia. El \u00faltimo d\u00eda de la octava vio el mismo coraz\u00f3n de color bermejo, y oy\u00f3 que una voz interior le dec\u00eda: el coraz\u00f3n de San Vicente est\u00e1 alg\u00fan tanto consolado, porque por me\u00addiaci\u00f3n de Mar\u00eda ha conseguido de Dios que sus dos familias no perezcan en la cat\u00e1strofe, y que el Se\u00f1or se sirva de ellas\u00a0 para reanimar la fe. Con el fin de calmar su esp\u00edritu, Sor Ca\u00adtalina dio cuenta de la visi\u00f3n \u00e1 su confesor, quien la encarg\u00f3 que no pensase m\u00e1s en ella ; y fue tan obediente, que nada se manifest\u00f3 en su exterior que pudiese llamar la atenci\u00f3n de sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>Mientras esta humilde Hija de la Caridad tuvo visi\u00f3n de los pr\u00f3ximos infortunios, Francia manifestaba su alegr\u00eda y regocijo por la toma de Argel conseguida por sus ej\u00e9rcitos. Pero \u00a1ay! que bien pronto hab\u00eda de suceder a este triunfo una revoluci\u00f3n sangrienta. A los pocos d\u00edas de la memora\u00adble jornada de Julio, el espanto se apoder\u00f3 del clero y de las Comunidades religiosas de Par\u00eds, y el se\u00f1or Aladel tem\u00eda tambi\u00e9n mucho por las dos familias de San Vicente de Pa\u00fal, las Hijas de la Caridad y los Misioneros, a pesar de que Sor Catalina repetidas veces le hab\u00eda asegurado que ni \u00e9stos ni aqu\u00e9llas perecer\u00edan en la horrible tempestad.<\/p>\n<p>No quiso Sor Catalina escribir las gracias con que el cielo la favorec\u00eda, as\u00ed porque se juzgaba incapaz para ello, como por creer que esto ser\u00eda faltar \u00e1 la humildad. Por eso conten\u00adt\u00f3se con referir \u00e1 su director todo cuanto en las apariciones de la Virgen Sant\u00edsima hab\u00eda visto y o\u00eddo, quien, aunque aparentaba no juzgarlo cosa de importancia, no dejaba de hacer sus apuntes.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en el a\u00f1o 1856, cuando los acontecimientos vinie\u00adron \u00e1 confirmar lo que hab\u00eda dicho, obligada de la obedien\u00adcia, se determin\u00f3 \u00e1 escribir, aunque con repugnancia, lo que aconteci\u00f3 en 1830, esto es, la visi\u00f3n del coraz\u00f3n de San Vi\u00adcente, como ya dejamos dicho, y las apariciones de la Vir\u00adgen Sant\u00edsima. Tambi\u00e9n en 1876 escribi\u00f3 por obediencia una relaci\u00f3n de las mismas apariciones. Despu\u00e9s de su muerte se hall\u00f3 entre sus papeles otra relaci\u00f3n, pero sin fecha.<\/p>\n<p>Con estos aut\u00f3grafos \u00e1 la vista y dem\u00e1s apuntes de su director, el Sr. Aladel, publicamos las manifestaciones de la Inmaculada Virgen \u00e1 la humilde Hija de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h2>III<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s que empez\u00f3 \u00e1 ser favorecida con visiones celes\u00adtiales, dese\u00f3 mucho Sor Catalina ver \u00e1 la Sant\u00edsima Virgen, y sus piadosos deseos fueron satisfechos en diversas ocasiones. No es posible ir refiriendo todos los pormenores de las apariciones, por lo cual s\u00f3lo citaremos los principales rasgos que se relacionan con la Medalla Milagrosa.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces los siervos de Dios han sido guiados o avisados sobrenaturalmente por sus \u00e1ngeles! Santa Francis\u00adca Romana gozaba de la presencia visible de su \u00e1ngel de la guarda. He aqu\u00ed lo que sucedi\u00f3 a Sor Catalina: Una no\u00adche, a eso de las once y media, oy\u00f3 que la llamaban por su propio nombre, y despertando entreabre la cartilla por la parte de donde se o\u00eda la voz, y ve un ni\u00f1o como de edad de cuatro \u00f3 cinco a\u00f1os, de rara hermosura, los cabellos rubios, vestido de blanco; el cual desped\u00eda de s\u00ed rayos muy resplan\u00addecientes, que iluminaban todo lo que a su alrededor hab\u00eda. \u00abVen\u2014dijo el ni\u00f1o con dulce acento,\u2014ven a la capilla, por\u00adque all\u00ed te aguarda la Virgen Sant\u00edsima\u00bb. Pero reflexio\u00adnando Sor Catalina que se hallaba en un dormitorio donde hab\u00eda muchas Hermanas, dijo para s\u00ed: \u00abNo puede ser, porque lo advertir\u00e1n y ser\u00e9 descubierta\u00bb. .\u00bbNo temas\u2014replic\u00f3 el ni\u00f1o,\u2014porque a\u00fan no son m\u00e1s que las once y media y todas est\u00e1n durmiendo. Ven, que yo te acompa\u00f1ar\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Al o\u00edr estas palabras, no pudiendo resistir a la invitaci\u00f3n que tan amorosamente el ni\u00f1o le hac\u00eda, se visti\u00f3 prontamen\u00adte y march\u00f3 siguiendo a su conductor, que iba a su derecha, esclareciendo con el resplandor que de s\u00ed desped\u00eda el lugar por donde pasaba\u00bb. Grande fue la admiraci\u00f3n que Sor Ca\u00adtalina experiment\u00f3 viendo que todas las luces del tr\u00e1nsito estaban encendidas; pero mucho mayor fue todav\u00eda viendo que la puerta se abri\u00f3 al instante con s\u00f3lo tocarla el ni\u00f1o con la punta del dedo, y encontrando el interior de la capilla todo iluminado; lo cual dice ella que le trajo a la memoria la Misa del Gallo. Fu\u00e9 siguiendo a su gu\u00eda hasta el comul\u00adgatorio, donde se arrodill\u00f3, entrando aqu\u00e9l en el presbiterio, donde se qued\u00f3 en pie al lado derecho.<\/p>\n<p>A los pocos instantes dijo el ni\u00f1o: \u00abAqu\u00ed est\u00e1 la Virgen\u00bb; y luego apareci\u00f3 una Se\u00f1ora de inefable hermosura, vestida de blanco con velo azul. Dud\u00f3 por un momento Sor Catali\u00adna; mas cesando luego la vacilaci\u00f3n y siguiendo los movimientos de su coraz\u00f3n, se arroj\u00f3 a los pies de la Virgen San\u00adt\u00edsima.<\/p>\n<p>\u00abNo puedo decir con certeza \u2014a\u00f1ade Sor Catalina\u2014el tiempo que estuve con la Reina de los cielos; pero es cierto que despu\u00e9s de haberme hablado largo rato, desapareci\u00f3 de la vista como una sombra que se desvanece\u00bb.<\/p>\n<p>Levant\u00f3se entonces Sor Catalina y hall\u00f3 al ni\u00f1o en el mismo lugar que antes dijimos, el cual exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Ya se ha ido!\u00bb; y poni\u00e9ndose otra vez a la derecha de Sor Catalina, fue acompa\u00f1\u00e1ndola hasta el dormitorio, despidiendo de s\u00ed un resplandor celestial.<\/p>\n<p>\u00abCreo\u2014prosigue el relato\u2014que aquel ni\u00f1o era el \u00e1ngel de mi guarda, porque con mucha instancia le hab\u00eda suplicado que me alcanzara la gracia de ver a la Virgen. Luego que volv\u00ed a acostarme o\u00ed las dos, y ya no pude pegar los ojos\u00bb.<\/p>\n<h2>IV<\/h2>\n<p>Lo que hasta aqu\u00ed queda referido es s\u00f3lo parte de la co\u00admisi\u00f3n dada \u00e1 Sor Catalina, o, mejor dicho, una prepara\u00adci\u00f3n a la que pronto hab\u00eda de recibir como prenda del amor de Mar\u00eda Inmaculada hacia los hombres.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que sucedi\u00f3 en la aparici\u00f3n del 27 de No\u00adviembre de 183o. Esta visi\u00f3n, que el Sr. Aladel refiri\u00f3 al pro\u00admotor de la di\u00f3cesis, se halla inserta en el proceso verbal de la informaci\u00f3n can\u00f3nica del 16 de Febrero de 1836, y es como sigue:<\/p>\n<p>\u00abA las cinco y media de la tarde, estando las Hijas de la Caridad haciendo oraci\u00f3n, la Virgen Sant\u00edsima se mostr\u00f3 a la Hermana en un retablo de forma oval; la Reina de los cielos estaba de pie sobre el globo terr\u00e1queo, del cual s\u00f3lo se ve\u00eda la mitad; llevaba vestido blanco y manto azul plateado; ten\u00eda en sus benditas manos unos como diamantes, de los cuales sal\u00edan en forma de hacecillos rayos muy resplande\u00adcientes que ca\u00edan sobre la tierra, pero en un punto de ella con m\u00e1s abundancia.<\/p>\n<p>La Hermana crey\u00f3 o\u00edr una voz que dec\u00eda: <em>Estos ra\u00ad<\/em><em>yos son figura de las gracias que Mar\u00eda consigue de Dios para los hombres, y el punto en que con m\u00e1s abundancia caen es Francia. <\/em>Tambi\u00e9n vio en la parte superior del re\u00adtablo escritas con caracteres de oro estas palabras: \u00a1<em>Oh Ma\u00ad<\/em><em>r\u00eda!, sin pecado concebida; rogad por nosotros, que recurri\u00ad<\/em><em>mos a Vos. <\/em>Las cuales palabras formaban un semic\u00edrculo, que pasando sobre la cabeza de la Virgen terminaba \u00e1 la altura de sus manos virginales. En esto volvi\u00f3se el retablo y en su reverso vio la letra M, sobre la cual hab\u00eda una cruz descansando sobre una barra, y debajo los corazones de Je\u00ads\u00fas y Mar\u00eda, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y atravesado con una espada el se\u00adgundo. Luego oy\u00f3 estas palabras: <em>Es preciso acu\u00f1ar una Medalla seg\u00fan este modelo: cuantos la llevaren teniendo <\/em><em>aplicadas indulgencias, y devotamente rezaren esta s\u00faplica, alcanzar\u00e1n especial protecci\u00f3n de la Madre de Dios. \u00c9 <\/em>in\u00admediatamente desapareci\u00f3 la visi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta escena, seg\u00fan afirma el Sr. Aladel, se repiti\u00f3 mu\u00adchas veces en el espacio de algunos meses, ya durante el santo sacrificio de la Misa, ya en la oraci\u00f3n, y siempre en la capilla de la Casa-matriz de las Hijas de la Caridad; y a\u00f1ade que no est\u00e1 cierto cu\u00e1ntas veces sucedi\u00f3; pero que puede asegurar que a lo menos fueron tres, porque en tres distintas ocasiones le habl\u00f3 sobre esto la Hermana.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que sucedi\u00f3 la visi\u00f3n que acabamos de referir.<\/p>\n<p>Era s\u00e1bado y v\u00edspera del primer domingo de Adviento, 27 de Noviembre de 183o. En el mes de Diciembre, transcurrido un mes pr\u00f3ximamente, se repiti\u00f3 la visi\u00f3n \u00e1 la misma hora que la precedente, pero en diverso sitio de la capilla; por\u00adque la Virgen no se detuvo junto al retablo de San Jos\u00e9 como la vez primera, sino que se dej\u00f3 ver sobre el sagrario, aunque alg\u00fan tanto hacia atr\u00e1s. En este lugar se coloc\u00f3 des\u00adpu\u00e9s la efigie que recuerda las maravillas de que fue teatro la capilla de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<h2>V<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de haberse quejado la Virgen a Sor Catalina porque no se ejecutaba su mandato, el Sr. Aladel se resol\u00advi\u00f3 \u00e1 hacer acu\u00f1ar la Medalla seg\u00fan la descripci\u00f3n que de ella se le hab\u00eda hecho. Oigamos lo que \u00e9l mismo nos dice en la obra <em>Noticia de la Medalla milagrosa. \u00abLuego <\/em>que se acu\u00ad\u00f1\u00f3 la Medalla comenz\u00f3 \u00e1 extenderse, particularmente entre las Hijas de la Caridad, quienes, como ya ten\u00edan alguna noticia de su origen, la llevaban puesta con mucha confianza. \u00c9s\u00adtas la dieron a algunos enfermos, de los cuales, seis al punto experimentaron saludables efectos, porque tres curaron de sus males y tres se convirtieron s\u00fabitamente, lo cual fue causa de que de todas partes pidieran \u00abla Medalla milagrosa, la Medalla que cura\u00bb. Las madres de familia en cuyos pe\u00adchos se conservaba todav\u00eda la piedad, se la daban a sus que\u00adridos y ciernecitos hijos, y estas inocentes criaturas, por el extraordinario j\u00fabilo con que la recib\u00edan y guardaban, pa\u00adrece que conoc\u00edan el m\u00e9rito que en ella estaba encerrado. Tan pronto como era conocida en un lugar, todas las almas piadosas se apresuraban \u00e1 hacerse con ella; pero lo que m\u00e1s nos admir\u00f3 y edific\u00f3, y no queremos dejar de referirlo aqu\u00ed, es que desde los primeros tiempos de su propagaci\u00f3n, en dos capitales de provincia, casi todos los j\u00f3venes conviniesen en tomarla como salvaguardia de la juventud, y nos enviaron 400 medallas de plata que a este fin mandaron hacer, para que las bendij\u00e9semos y aplic\u00e1semos las indulgencias. Pronto imitaron su ejemplo otros pueblos de diversas partes, y todos los fieles acud\u00edan a sus p\u00e1rrocos pidiendo la Medalla y lo que causa mayor admiraci\u00f3n todav\u00eda es que hasta los sol\u00addados la tomaban, de suerte que un oficial de alta gradua\u00adci\u00f3n tom\u00f3 una vez 60 para enviarlas a otros oficiales que la hab\u00edan pedido. Propagase la Medalla de la Inmaculada Concepci\u00f3n por todas las provincias y entre todas las clases de la sociedad de una manera verdaderamente prodigiosa, y de todas partes nos escrib\u00edan diciendo mil alabanzas de ella. Los sacerdo\u00adtes, llenos del esp\u00edritu de Dios, dec\u00edan que por la Medalla se despertaba el fervor, as\u00ed en las grandes poblaciones como en las aldeas y que ninguno de los que llevaba esta Medalla dejaba de sentir sus saludables efectos\u00bb.<\/p>\n<p>El Ilmo. Sr. de Quilen\u2014contin\u00faa el autor de la <em>Noti\u00adcia\u2014nos <\/em>dijo varias veces que la hab\u00eda dado a muchos en\u00adfermos, a cuyo lecho le hab\u00eda conducido su ardiente caridad, <em>y <\/em>siempre con feliz resultado. Pero no satisfecha a\u00fan su pie\u00addad, hizo publicar estas maravillas en una Pastoral que diri\u00adgi\u00f3 a sus diocesanos a los 15 de Diciembre de 1836, con oca\u00adsi\u00f3n de consagrarse la iglesia parroquial de Nuestra Se\u00f1ora de Loreto, en Par\u00eds. \u00abTenemos\u2014dice en ella\u2014el consuelo de haceros saber y deseamos que se sepa hasta en los \u00falti\u00admos confines del orbe cat\u00f3lico, c\u00f3mo esta devoci\u00f3n ha echado en nuestra di\u00f3cesis hondas ra\u00edces, y cada d\u00eda se robus\u00adtece y aumenta prodigiosamente por los enfermos que por ella recobran la salud, y c\u00f3mo las gracias y favores se mul\u00adtiplican a medida que entre nosotros se acude a la tierna piedad de Mar\u00eda concebida sin pecado. Por eso exhorta\u00admos a los fieles a que lleven la Medalla que hace algunos a\u00f1os se acu\u00f1\u00f3 en honor de la Sant\u00edsima Virgen, y a que repitan con frecuencia la s\u00faplica que en torno de la imagen se halla grabada: <em>\u00ab\u00a1Oh Mar\u00eda!, sin pecado concebida; rogad \u00abpor nosotros, que recurrimos a Vos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El piadoso e ilustre Obispo de la Iglesia de Par\u00eds, com\u00adprendiendo desde el principio la importancia de la aparici\u00f3n de 1830, la mir\u00f3 con mucho inter\u00e9s. \u00c9l fue quien anim\u00f3 al Sr. Aladel a que se decidiese a dar \u00e1 conocer al p\u00fablico la Medalla; \u00e9l dese\u00f3 que se le diesen algunas de las primeras que se acu\u00f1aron, cuya eficacia luego experiment\u00f3; \u00e9l, antes de ordenar la informaci\u00f3n, llam\u00f3 a la Superiora general de las Hijas de la Caridad, a las de su consejo y a otras Herma\u00adnas que estuviesen bien enteradas de las cosas de la Con\u00adgregaci\u00f3n, para informarse de sus usos y costumbres, con el fin de averiguar cu\u00e1nto fuese posible la causa por qu\u00e9 la Sant\u00edsima Virgen les hab\u00eda concedido tan singular favor. Y no contento el piadoso Prelado con tener la <em>Medalla mila\u00ad<\/em><em>grosa, <\/em>mand\u00f3 adem\u00e1s poner en su propia c\u00e1mara una ima\u00adgen de la Virgen Inmaculada seg\u00fan se hab\u00eda mostrado en la aparici\u00f3n. La imagen se hizo de bronce, a la vista y bajo la direcci\u00f3n de su S. Ilma. Esta misma estatua se expuso a la veneraci\u00f3n de los fieles en la iglesia de Nuestra Se\u00f1ora, sobre un trono adornado de flores, cuando en 1839, por vez pri\u00admera se celebr\u00f3 solemnemente en la di\u00f3cesis de Par\u00eds la oc\u00adtava de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Tambi\u00e9n el d\u00eda 1.\u00b0 de este mismo a\u00f1o hab\u00eda consagrado su di\u00f3cesis a Mar\u00eda Inmaculada.<\/p>\n<p>Para perpetuar la memoria de este acontecimiento mand\u00f3 hacer una pintura, en donde \u00e9l aparece en pie, puestos los ojos en la estatua de Mar\u00eda, a quien mira con gran confian\u00adza; y la Reina de los cielos sobre un globo, en el cual se leen estas palabras: <em>Virgo fidelis, <\/em>y en la parte superior del cua\u00addro, estas otras: <em>Regina sine labe concepta, ora pro nobis. <\/em>El d\u00eda de la Asunci\u00f3n hizo a su Cabildo donaci\u00f3n de este cuadro, para que sirviese de testimonio de la devoci\u00f3n suya y de su Cabildo hacia la Madre de Dios, venerada bajo el t\u00edtulo de su Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>En una Medalla acu\u00f1ada el 1.\u00b0 de Enero de 1839 se grab\u00f3 esta pintura, y en uno de sus lados se represent\u00f3 un nav\u00edo combatido de furiosa tempestad, con una estrella se\u00f1alando el puerto de salvaci\u00f3n; cuyo sentido aleg\u00f3rico est\u00e1 encerra\u00addo en aquellas palabras de San Bernardo: <em>Respice stellam, <\/em><em>roca Mariam, <\/em>y cuya explicaci\u00f3n completa el siguiente verso :<\/p>\n<p><em>Vana, Hyacinthe, furit ; Stella maris auspice, vincis<\/em><\/p>\n<p>Al mismo tiempo en toda la extensi\u00f3n de Francia los fieles ped\u00edan a porf\u00eda la <em>Medalla milagrosa; y <\/em>lo que es m\u00e1s, tambi\u00e9n los que viv\u00edan en la indiferencia, los pecado\u00adres endurecidos, los protestantes, los imp\u00edos y hasta los ju\u00add\u00edos buscaban la Medalla, la recib\u00edan con muestras de ale\u00adgr\u00eda y llevaban con religiosa veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo en Francia, sino tambi\u00e9n en otros pa\u00edses, como Suiza, el Piamonte, Italia, Espa\u00f1a, B\u00e9lgica, Inglate\u00adrra, Am\u00e9rica, en el Oriente y hasta en la China se difundi\u00f3 con prodigiosa celeridad. Luego que en N\u00e1poles se tuvo not\u00adicia de la Medalla, escribi\u00f3 el Cabildo de aquella metr\u00f3poli a uno de nuestros establecimientos de esta ciudad haciendo un pedido; el Rey la hizo acu\u00f1ar de plata para su real fa\u00admilia y para toda la corte, y de otro metal hizo acu\u00f1ar un mill\u00f3n, que distribuy\u00f3 durante el c\u00f3lera; y casi en todas las casas y en muchas iglesias de aquel reino es venerada la imagen de nuestra Medalla. Tambi\u00e9n en Roma los Gene\u00adrales de las \u00d3rdenes religiosas procuraron que prontamente fuese conocida. El Sumo Pont\u00edfice la puso al pie de su cru\u00adcifijo, y la dio a muchas personas como prenda particular de su benevolencia pontificia.<\/p>\n<p>Para conocer la rapidez con que se propag\u00f3, basta con\u00adsultar los registros del Sr. Vachette, que fue el encargado de acu\u00f1arla, pues de su examen resulta que desde el mes de Ju\u00adnio de 1832 hasta este mismo de 1842, ha despachado veinte millones: dos millones de oro y plata,<sup>,<\/sup> y dieciocho de cobre. Adem\u00e1s, por encargo suyo, otros fabricantes han ven\u00addido aqu\u00ed mismo en Par\u00eds veinte millones: en Lyon, otros cuatro conocidos suyos, hasta cuarenta millones por lo me\u00adnos, y las acu\u00f1adas y expendidas en otras ciudades de Fran\u00adcia y del Extranjero no tienen n\u00famero\u00bb.<\/p>\n<p>A vista de tan prodigiosa propagaci\u00f3n y movido de las repetidas instancias que de todas partes hac\u00edan para que se diese \u00e1 conocer al p\u00fablico el origen de la Medalla, el Sr. Ala del public\u00f3 en el a\u00f1o 1834 un libro en el que se conten\u00eda un breve resumen de la aparici\u00f3n y de las gracias y favores que por medio de la Medalla se hab\u00edan alcanzado. Apenas hab\u00eda visto la luz p\u00fablica el librito cuando qued\u00f3 agotada la edici\u00f3n. Imprimi\u00f3se de nuevo, y en 1842, cuando se hizo la octava edici\u00f3n, el n\u00famero de ejemplares expendidos ascen\u00add\u00eda a 130 000. Cada una de las ediciones sal\u00eda aumentada con los muchos milagros que en ella de nuevo se refer\u00edan.<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n del Sr. Ratisbona es uno de los hechos m\u00e1s memorables, por lo cual no se puede pasar en silencio.<\/p>\n<h2>VI<\/h2>\n<p>Era Alfonso Ratisbona hijo de una familia hebrea muy distinguida de Estrasburgo. A fines del a\u00f1o 1841 contrajo esponsales con una joven de su misma raza, la cual reun\u00eda todas las cualidades que al parecer le hab\u00edan de hacer fe\u00adliz. Pero antes de celebrar el matrimonio quiso hacer un via\u00adje de recreo al Oriente, y de paso visitar las principales po\u00adblaciones de Italia. Pareci\u00f3le que nada digno de llamar su atenci\u00f3n habr\u00eda en Roma, y de N\u00e1poles se dirigi\u00f3 a Paler\u00admo; pero la divina Misericordia le llamaba sin que \u00e9l discer\u00adniera su voz, pues como violentado por un impulso secreto del cielo cambi\u00f3 de resoluci\u00f3n y se dirigi\u00f3 a Roma. Aqu\u00ed le esperaba la gracia. A causa del odio que Alfonso ten\u00eda al ca\u00adtolicismo, parece que no pod\u00eda presagiarse su conversi\u00f3n; y su oposici\u00f3n a la verdad hab\u00edase aumentado m\u00e1s a\u00fan despu\u00e9s que su hermano Teodoro hab\u00eda renunciado \u00e1 las creen\u00adcias de sus mayores y hab\u00eda recibido los sagrados \u00f3rdenes. No pod\u00eda perdonarle lo que \u00e9l llamaba deserci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas eran las disposiciones en que se hallaba Alfonso cuando se dirigi\u00f3 a Roma, de donde pens\u00f3 ausentarse luego que puso los pies en ella. Pero antes de salir de Roma ten\u00eda que visitar a un condisc\u00edpulo y amigo desde la infancia, con quien siempre hab\u00eda conservado \u00edntimas relaciones, por m\u00e1s que fuesen distintas las creencias de entrambos. Este amigo era Gustavo de Bussi\u00e9re, de religi\u00f3n protestante.<\/p>\n<p>Fuese, pues, Alfonso a casa de su amigo; pregunt\u00f3 por \u00e9l, pero no estaba en casa; mas por disposici\u00f3n de la Providen\u00adcia, como el criado que sali\u00f3 a recibirle, que era italiano, no le entendiese bien, le introdujo en la sala de Teodoro Bus\u00adsi\u00e9re, hermano de su amigo, el cual hab\u00eda tenido la dicha de abjurar el protestantismo. Este, sabiendo que Ratisbona era jud\u00edo, le recibi\u00f3 con muestras de particular afecto y cari\u00f1o. Despu\u00e9s de haber hablado, como parec\u00eda natural, de los di\u00adversos lugares que hab\u00eda visitado nuestro viajero, hicieron recaer la conversaci\u00f3n sobre asuntos religiosos; mas Alfonso no pudo disimular su animadversi\u00f3n contra el catolicismo, y protestaba que <em>hab\u00eda nacido jud\u00edo y jud\u00edo hab\u00eda de morir.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. de Bussi\u00e9re, sin alterarse con semejantes protes\u00adtas, movido por secreto impulso de la gracia, tuvo la ocu\u00adrrencia de ofrecer al jud\u00edo la Medalla milagrosa. Semejante ocurrencia hubiera parecido a muchos temeridad; pero el Sr. de Bussi\u00e9re, con aquella santa libertad que da la fe pre\u00adsent\u00f3 a nuestro Alfonso la Medalla de Mar\u00eda Inmaculada, di\u00adciendo: \u00abD\u00edgnese Ud. aceptar este insignificante recuerdo, <em>y <\/em>le ruego que no lo reh\u00fase\u00bb. Admirado Ratisbona y como fuera de s\u00ed por lo peregrino de la ocurrencia, la rechaz\u00f3 con tal indignaci\u00f3n que fuera bastante para desalentar a cual\u00adquiera que no fuese su nuevo amigo. Por fin la acept\u00f3, pero acompa\u00f1ando su condescendencia con tales burlas que des\u00adpedazaban el coraz\u00f3n cristiano de quien las o\u00eda.<\/p>\n<p>Durante la contienda, dos ni\u00f1as del Bar\u00f3n de Bussi\u00e9\u00adre, que aunque de muy poca edad, merced a la educaci\u00f3n eminentemente religiosa que hab\u00edan recibo, eran muy pia\u00addosas, pusieron un cordoncito a la Medalla, y luego el padre la puso en el cuello del israelita. Animado con este primer triunfo el Sr. de Bussi\u00e9re, quiso pasar m\u00e1s adelante, y, en efecto, consigui\u00f3 de Ratisbona que hab\u00eda de rezar \u00e1 la San\u00adt\u00edsima Virgen la s\u00faplica: \u00abAcordaos, oh piados\u00edsima!&#8230; \u00ab; <em>y <\/em>con esto se despidieron.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s tuvo el Bar\u00f3n de Bussi\u00e9re la desgra\u00adcia de perder a unos de sus m\u00e1s queridos amigos, el se\u00f1or de La Ferronais, el cual falleci\u00f3 repentinamente el d\u00eda 17 de Enero de 1842.<\/p>\n<p>A la una de la tarde del d\u00eda 20 dirig\u00edase el Bar\u00f3n de Bussi\u00e9re a la iglesia de San Andr\u00e9s <em>delle Fraile <\/em>con el objeto de preparar lo necesario para el d\u00eda siguiente, que era el se\u00ad\u00f1alado para celebrar los funerales del Sr. de La Ferronais, y en el camino encontr\u00f3 al Sr. Ratisbona. Entraron ambos en la iglesia, y el de Bussi\u00e9re rog\u00f3 a su compa\u00f1ero que le espe\u00adrase un poco mientras \u00e9l iba \u00e1 hablar con uno de los monjes acerca del funeral que se hab\u00eda de celebrar el d\u00eda siguien\u00adte. Al cabo de unos doce minutos volvi\u00f3 el Bar\u00f3n, y \u00bfcu\u00e1l ser\u00eda su admiraci\u00f3n cuando vio al jud\u00edo a la parte iz\u00adquierda del templo arrodillado y en la postura m\u00e1s humilde <em>y <\/em>reverente? Por fin Alfonso se vuelve para responder al de Bussi\u00e9re, y su rostro ba\u00f1ado en l\u00e1grimas y sus manos jun\u00adtas descubren en parte el misterio que acaba de verificarse. <em>\u00a1Ah, seguramente ha rogado por m\u00ed el Sr. de La Ferro\u00ad<\/em><em>nais! Ll\u00e9veme Ud. adondequiera \u2014 <\/em>a\u00f1adi\u00f3.\u2014 <em>Despu\u00e9s de <\/em><em>lo que he visto&#8230; <\/em>Y no pudiendo articular m\u00e1s palabras, saca la Medalla que hac\u00eda cuatro d\u00edas llevaba, la besa con ternu\u00adra, la riega con dulces y abundantes l\u00e1grimas, y entre sus\u00adpiros y sollozos se le escapan estas palabras: <em>\u00a1Cu\u00e1n bueno <\/em><em>es Dios! \u00a1 Cu\u00e1n dignos de l\u00e1stima los que no tienen fe!<\/em><\/p>\n<p>El Bar\u00f3n de Bussi\u00e9re llev\u00f3 al reci\u00e9n convertido a presencia del Rdo. P. Villefort, por quien fue recibido cari\u00f1osa\u00admente el Sr. Ratisbona. Este, tomando la Medalla de Mar\u00eda Inmaculada, la besaba devotamente y exclamaba: <em>\u00a1La he <\/em><em>visto! \u00a1La he visto!<\/em><\/p>\n<p>Y despu\u00e9s, a\u00f1adi\u00f3: <em>Al poco tiempo de haber entrado en <\/em><em>la iglesia experiment\u00e9 una turbaci\u00f3n inexplicable; levant\u00e9 <\/em><em>los ojos y me pareci\u00f3 que desaparec\u00eda de mi vista todo el <\/em><em>edificio, reconcentr\u00e1ndose, por decirlo as\u00ed, toda la luz en <\/em><em>una de las capillas. En medio de la luz apareci\u00f3 sobre el altar, resplandeciente y llena de majestad y dulzura, la <\/em><em>Virgen Sant\u00edsima, del mismo modo que est\u00e1 grabada en <\/em><em>esta Medalla. Una fuerza irresistible me impulsaba hacia <\/em><em>esta Virgen Pur\u00edsima, la cual me hac\u00eda se\u00f1as con la mano <\/em><em>para que me arrodillase, y al mismo tiempo parece que me <\/em><em>dec\u00eda: <\/em>\u00abBien, Alfonso, bien\u00bb. <em>Aunque no me habl\u00f3, com\u00ad<\/em><em>prend\u00ed cuanto quer\u00eda decirme.<\/em><\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente se supo en toda la ciudad la conversi\u00f3n maravillosa, y todos deseaban con ansia saber lo ocurrido. Algunos d\u00edas despu\u00e9s, el ne\u00f3fito fue bautizado, y el Sumo Pont\u00edfice dio audiencia al nuevo convertido. <em>El Papa\u2014dec\u00eda <\/em>despu\u00e9s Alfonso\u2014ha <em>tenido la bondad de introducirnos en <\/em><em>su propia c\u00e1mara, y all\u00ed, junto a su cama, me ha mostrado <\/em><em>una excelente pintura de mi amada Medalla, la cual venera <\/em><em>con tierna devoci\u00f3n. Llevaba yo muchas medallas, y Su San\u00ad<\/em><em>tidad se dign\u00f3 bendecirlas. Estas son las armas de que me <\/em><em>servir\u00e9 para conquistar almas a Jes\u00fas y Mar\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>La conversi\u00f3n del Sr. Ratisbona hab\u00eda hecho mucho ruido para que la Silla Apost\u00f3lica no tomase parte en un acontecimiento que de todos era tenido p\u00fablicamente por milagroso. Mand\u00f3, pues, Su Santidad que fuese examinado y juzgado seg\u00fan las reglas establecidas por la Iglesia; y en consecuencia, el Cardenal Vicario orden\u00f3 que se hiciese in\u00adformaci\u00f3n. Despu\u00e9s de haber interrogado a nueve testigos y recibido su declaraci\u00f3n, pesadas con madura deliberaci\u00f3n todas las circunstancias, el Emmo. Cardenal Patrizzi declar\u00f3 el d\u00eda 3 de Junio de 1842 que constaba plenamente el verdadero e insigne milagro que Dios hab\u00eda obrado por intercesi\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda en la conver\u00adsi\u00f3n de Alfonso Mar\u00eda Ratisbona del juda\u00edsmo al catolicis\u00admo. Adem\u00e1s, su Eminencia, para mayor honra de Dios <em>y <\/em>acrecentamiento de la devoci\u00f3n que los fieles profesan a la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, dio licencia para que se im\u00adprimiese y publicase la relaci\u00f3n de tan portentoso milagro. Tambi\u00e9n se hizo un cuadro que representaba la aparici\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen al Sr. Ratisbona, y fue colocado en la iglesia de San Andr\u00e9s, donde el milagro hab\u00eda ocurrido.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de haber vuelto \u00e1 Francia concibi\u00f3 nuestro buen Alfonso el designio de erigir en la casa de hu\u00e9rfanas de la Providencia, situada en el arrabal de San Germ\u00e1n (en Par\u00eds) una capilla bajo la advocaci\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculada. El d\u00eda 1\u00ba de Mayo de aquel mismo a\u00f1o 18.42 se puso la primera piedra, y al cabo de dos a\u00f1os ya estaba terminada la obra; de suerte que el 1\u00ba de Mayo de 1844 se bendijo con mucha solemnidad la capilla, hall\u00e1ndose presentes el Sr. Des\u00adgenettes, p\u00e1rroco de Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias, funda\u00addor de la casa; el Bar\u00f3n de Bussi\u00e9re, el Sr. Etienne, Supe\u00adrior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad; D. Eugenio Bor\u00e9 , sucesor inmediato del se\u00ad\u00f1or Etienne, aunque a la saz\u00f3n era todav\u00eda seglar, y el pres\u00adb\u00edtero Bennechose, que m\u00e1s tarde fue Obispo y Cardenal, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>A esta capilla ven\u00eda frecuentemente el Sr. Ratisbona para dirigir al cielo sus oraciones, junto con las de las huerfanitas <em>y <\/em>de las Hijas de la Caridad, y siendo ya sacerdote tuvo el consuelo de celebrar aqu\u00ed muchas veces el santo sacrificio de la Misa, y postrarse ante la imagen de la Inmaculada Con\u00adcepci\u00f3n para dar gracias \u00e1 su celestial bienhechora, pues ha\u00adb\u00eda en el altar un cuadro que representaba la aparici\u00f3n de San Andr\u00e9s <em>delle Fraile. <\/em><\/p>\n<h2>VII<\/h2>\n<p>Como preludio \u00e1 la consagraci\u00f3n de la Manifestaci\u00f3n mi\u00adlagrosa por el oficio lit\u00fargico que ha concedido Le\u00f3n XIII, la Iglesia autoriz\u00f3 en 188o el celebrar el quincuag\u00e9simo ani\u00adversario de la Aparici\u00f3n de la Medalla milagrosa, y puede de\u00adcirse que en aquella ocasi\u00f3n se celebraron fiestas solemnes en todas partes.<\/p>\n<p>No asisti\u00f3 \u00e1 dichas fiestas Sor Catalina, pues ya hab\u00eda pa\u00adsado \u00e1 mejor vida despu\u00e9s de haber vivido santamente du\u00adrante muchos a\u00f1os en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Cari\u00addad. En 1831 fue con el nombre de Sor Catalina al hospicio de Enghien, situado en el arrabal de San Antonio (Par\u00eds), y all\u00ed pas\u00f3 toda su vida y dej\u00f3 el recuerdo de su edificante vir\u00adtud. Con su humildad consigui\u00f3 no ser conocida por el ins\u00adtrumento de las manifestaciones tan admirables de la Virgen Inmaculada. Solamente en los \u00faltimos a\u00f1os fue descubri\u00e9n\u00addose poco a poco el secreto. Merced a la discreci\u00f3n que se guard\u00f3, pudo Sor Catalina permanecer oculta en su humilde ocupaci\u00f3n durante muchos a\u00f1os, pues estuvo empleada pri\u00admero en la cocina, despu\u00e9s cuidando de la ropa blanca, y luego, casi por espacio de cuarenta a\u00f1os, en la sala de ancia\u00adnos del hospicio de Enghien, juntando a estos oficios el cui\u00addado de las gallinas.<\/p>\n<p>En tan humildes ocupaciones hallaba sus delicias, juz\u00adgando que no hab\u00eda nada en el mundo que se pudiera prefe\u00adrir \u00e1 la dicha de estar con sus pobres, y era adem\u00e1s muy di\u00adligente en tenerlo todo aseado y muy bien ordenado. Ha\u00adblando de esto al fin de su vida, como de su mayor consue\u00adlo, dec\u00eda: \u00abSiempre me gust\u00f3 estar en casa, y de buena gana ced\u00eda mi vez \u00e1 las dem\u00e1s cuando s\u00f3lo se trataba de dar un paseo, por servir a mis pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Para una cosa solamente sal\u00eda con gusto, y en esto no ced\u00eda su turno a nadie, a saber: para ir a la Casa-madre (no conoc\u00eda otro camino en la ciudad de Par\u00eds) y all\u00ed orar igno\u00adrada y desconocida en la capilla donde la Virgen Inmacula\u00adda se la hab\u00eda aparecido.<\/p>\n<p>No tom\u00f3 ocasi\u00f3n de los singulares favores con que la Vir\u00adgen Inmaculada la hab\u00eda enriquecido para envanecerse; y en los \u00faltimos meses de su vida, en que Dios Nuestro Se\u00f1or le concedi\u00f3 alg\u00fan desahogo, permitiendo que hablase sobre la aparici\u00f3n , dec\u00eda : \u00abYo he sido favorecida del cielo; pero no he sido m\u00e1s que mero instrumento. No \u00fanicamente para mi provecho, ni por mis m\u00e9ritos, se me ha aparecido la Virgen, pues yo no sab\u00eda nada, ni aun escribir, y lo poco que s\u00e9 lo he aprendido en la Congregaci\u00f3n; mas por esto me ha esco\u00adgido la Virgen Sant\u00edsima, para que no pudiese haber lugar a duda.\u00bb<\/p>\n<p>Habiendo vivido Sor Catalina por espacio de cuarenta y seis a\u00f1os en una casa bastante grande, bajo el gobierno de cinco Superioras, donde el n\u00famero de Hermanas era consi\u00adderable, necesariamente hubo de tener muchas compa\u00f1eras de distintos caracteres, las cuales la apreciaron de diversas maneras, no faltando quien dijese que ten\u00eda trastornada la cabeza, sin que por ello se turbase lo m\u00e1s m\u00ednimo. Recib\u00eda con se\u00f1ales de agradecimiento las demostraciones de afecto y cari\u00f1o, y no mostraba resentimiento por las palabras pi\u00adcantes y molestas.<\/p>\n<p>Con tanta exactitud y uniformidad guardaba las reglas, que parece obraba s\u00f3lo por costumbre. Jam\u00e1s se le oy\u00f3 una palabra contra la caridad, y rara vez, ni siquiera cuando la edad parece que pod\u00eda darle alguna autoridad sobre las j\u00f3\u00advenes, se permit\u00eda una reprensi\u00f3n o un aviso \u00e1 no ser que <em>se <\/em>la consultase; y a prop\u00f3sito de la sumisi\u00f3n, sol\u00eda decir en estos casos: \u00abAqu\u00ed est\u00e1 todo nuestro negocio, porque sin obediencia no puede existir Comunidad alguna\u00bb. As\u00ed es que al fin de su vida obedec\u00eda a su Superiora con la misma pron\u00adtitud que cuando sali\u00f3 del Seminario.<\/p>\n<p>Y no se crea que Sor Catalina fuese de car\u00e1cter apacible, de modo que le fuera como espont\u00e1nea la obediencia; al con\u00adtrario, ten\u00eda su geniecito. Era de bastante disposici\u00f3n, enten\u00add\u00eda de las labores propias de su sexo, y desempe\u00f1aba con per\u00adfecci\u00f3n cuanto se le encargaba.<\/p>\n<p>Sor Catalina conserv\u00f3 durante toda su vida la ocupaci\u00f3n que desde el principio le dieron en el hospicio de Enghien, \u00e1 saber: el cuidado de los ancianos, a quienes serv\u00eda con en\u00adtra\u00f1able solicitud, sin que por esto descuidase el palomar, que le recordaba las delicias m\u00e1s puras de la inocencia de su infancia; y la que cuando joven vimos rodeada de palomas, tambi\u00e9n ahora, aunque de edad avanzada, cuida con mu\u00adcho esmero de estas avecitas, que son s\u00edmbolo de la ino\u00adcencia.<\/p>\n<p>Llegado el a\u00f1o de 1876, hablaba con frecuencia de su muerte, y en cada una de las fiestas dec\u00eda: \u00abEsta ser\u00e1 la \u00faltima vez que yo celebre la presente festividad.\u00bb<\/p>\n<p>Sus fuerzas se disminu\u00edan cada d\u00eda, pues el asma, junto con el mal de coraz\u00f3n, la iban acabando poco \u00e1 poco; pero esperaba sin temor la muerte. Hablando un d\u00eda de su muer\u00adte, le dijo la Superiora: \u00ab\u00bfNo tiene Ud. miedo, Sor Catali\u00adna?\u00bb \u00abi Miedo!\u2014exclam\u00f3.\u2014\u00bfPor qu\u00e9 he de tener miedo? Voy \u00e1 unirme con Nuestro Se\u00f1or, con la Sant\u00edsima Virgen y con San Vicente\u00bb.<\/p>\n<p>Por fin, el 31 de Diciembre de 1876, asistida con todos los socorros espirituales de la Comunidad, entreg\u00f3 piadosa\u00admente su alma a Dios. A las siete pareci\u00f3 que se adormec\u00eda, y sin agon\u00eda, sin se\u00f1al de padecimiento alguno y sin que apenas se pudiera advertir, expir\u00f3&#8230; Es imposible presenciar muerte m\u00e1s tranquila.<\/p>\n<p>Bajaron el cad\u00e1ver a la capilla adornado de flores (all\u00ed estaba la Virgen Inmaculada), siendo el remate del adorno aquellas palabras: <em>\u00a1Oh Mar\u00eda!, sin pecado concebida; rogad <\/em><em>por nosotros, que recurrimos a Vos; <\/em>las cuales parece como si representaran el \u00faltimo eco de su vida.<\/p>\n<p>Sin duda desde el cielo se alegra con la tierra de los honores tributados a la Inmaculada Virgen Mar\u00eda, cuyo in\u00adt\u00e9rprete fue. Puede ser que llegue d\u00eda en que podamos invo\u00adcar a la humilde Hija de la Caridad, por medio de la cual ha recibido del cielo el mundo cristiano el don de la <em>Meda<\/em><em>lla Milagrosa.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Noticia hist\u00f3rica de la manifestaci\u00f3n de la Medalla Milagrosa y de sor Catalina Labour\u00e9, Hija de la Caridad, a quien se apareci\u00f3 la Inmaculada Virgen Mar\u00eda el 27 de Noviembre de 1830. 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