{"id":21435,"date":"2013-11-15T01:51:47","date_gmt":"2013-11-15T00:51:47","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21435"},"modified":"2016-07-27T12:10:21","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:21","slug":"jose-a-borja-1790-1874-capitulo-iii-y-ultimo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jose-a-borja-1790-1874-capitulo-iii-y-ultimo\/","title":{"rendered":"Jos\u00e9 A. Borja (1790-1874) (Cap\u00edtulo III y \u00faltimo)"},"content":{"rendered":"<p>III<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/05\/Im_Texto-A%C3%B1o-Sacerdote.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-21436 alignright\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/05\/Im_Texto-A%C3%B1o-Sacerdote-214x300.jpg?resize=214%2C300\" width=\"214\" height=\"300\" \/><\/a>Mientras le fue posible empleaba todo el tiempo que le quedaba instruy\u00e9ndose con la lectura de alg\u00fan autor asc\u00e9tic\u00ado, principalmente del P. Granada, o bien repasaba la Mo\u00adral, no teniendo inclinaci\u00f3n a ninguna lectura curiosa de ning\u00fan g\u00e9nero. En los a\u00f1os en que mision\u00f3, ya sea en Guissona, ya tambi\u00e9n en el arzobispado de Toledo, se aplicaba a aprender y echar las pl\u00e1ticas con todo esmero al pie de la letra, para lo cual las ten\u00eda perfectamente aprendidas de memoria a fuerza de estudiarlas. Lo manoseadas y manchadas que las ten\u00eda prueba lo mucho que hab\u00eda trabajado para aprenderlas y repasarlas.<\/p>\n<p>El respeto que ten\u00eda a todo lo del servicio de Dios hac\u00eda que fuese tan celoso de la observancia de las r\u00fabricas y ce\u00adremonias, que no cesaba de encargar esa obediencia a seminaristas, y \u00e9l las observaba con toda exactitud Cuando hac\u00eda de maestro de ceremonias, avisaba a los que faltaban a ellas; y cuando celebraba solemnemente, o \u00a0hacia de di\u00e1cono o de subdi\u00e1cono, jam\u00e1s dejaba de preguntar al maestro de ceremonias si hab\u00eda observado en \u00e9l alguna falta, recibiendo con agrado cualquier aviso o advertencia que le hiciese sobre esa materia. Este mismo celo le mov\u00eda, aun despu\u00e9s de haber quedado ya ciego, a avisar \u00e1 los nuestros de alguna falta que observase en ellos, por ejemplo, de decir en vozalta lo que la r\u00fabrica manda decir en voz baja, y vicever\u00adsa. Tambi\u00e9n a los externos avisaba de lo mismo cuando le parec\u00eda que as\u00ed lo exig\u00eda la gloria de Dios y, por otra parte, eran personas con quienes pod\u00eda tomarse esa confianza. En una ocasi\u00f3n paseaba por el Prado acompa\u00f1ado de un Herma\u00adno; y encontr\u00e1ndose con un se\u00f1or eclesi\u00e1stico de los m\u00e1s ca\u00adracterizados en Madrid, dijo al Hermano que se apartase un poco porque quer\u00eda hablar con aquel se\u00f1or en particular, y avis\u00f3 al mencionado eclesi\u00e1stico de que en la Misa dec\u00eda en voz alta algunas cosas que deben decirse en voz baja. El eclesi\u00e1stico, que le ten\u00eda veneraci\u00f3n, recibi\u00f3 muy bien la advertencia.<\/p>\n<p>Al seminarista que ten\u00eda el oficio de sacrist\u00e1n, y aun a todos los seminaristas, recomendaba el mismo respeto \u00e1 las cosas santas, como los ornamentos, los vasos sagrados, las reliquias, etc., y reprend\u00eda con fuerza y rigor cualquiera irre\u00adverencia en el lugar sagrado, como el andar con precipita\u00adci\u00f3n en la iglesia \u00f3 capilla, pasar por delante del Sant\u00edsimo sin hacer genuflexi\u00f3n, \u00f3 haci\u00e9ndola de medio lado o sin llegar \u00e1 tocar el suelo con la rodilla. De todo esto le pod\u00edamos tomar por modelo. \u00abLa postura que guardaba en los lugares santos,\u2014escribe un testigo ocular que le observ\u00f3 muy de cerca, \u2014no sabr\u00eda yo describirla; s\u00f3lo dir\u00e9 que era una pos\u00adtura muy particular, que revelaba un profundo respeto y atenci\u00f3n \u00e1 Dios. No pod\u00eda yo mirarle nunca sin acordarme de San Vicente, a quien me parec\u00eda ver en el Sr. Borja\u00bb. La misma impresi\u00f3n causaba en todos, especialmente cuando le ve\u00edan en el altar.<\/p>\n<p>Esta devoci\u00f3n hacia Dios, y particularmente los miste\u00adrios de la Redenci\u00f3n, era tan tierna que a veces llegaba a manifestarse de un modo extraordinario. En una ocasi\u00f3n, en tiempo de ejercicios espirituales de los seminaristas des\u00adpu\u00e9s de Pascua, queriendo hablar del beneficio de la Reden\u00adci\u00f3n, puso por tema las palabras del Ap\u00f3stol: <em>Jam non estis <\/em><em>vestri; empti enim estis pretio magno; <\/em>pero estaba tan con\u00admovido que a la segunda o tercera palabra prorrumpi\u00f3 en tan deshecho llanto que, hechos sus ojos dos r\u00edos de l\u00e1grimas, le fue imposible decir nada m\u00e1s. En otra ocasi\u00f3n semejante, y queriendo tambi\u00e9n hablar del mismo misterio, lo hizo con tan\u00adto fervor y unci\u00f3n, con tanta ternura y devoci\u00f3n, que al mis\u00admo tiempo que inflamaba los corazones de los que le o\u00edan, \u00e9l mismo parec\u00eda encenderse m\u00e1s y m\u00e1s y elevarse del suelo, cual paja leve, hacia lo alto. \u00abTodos, en efecto, por unos momentos cre\u00edamos ver \u00e1 un cuerpo que, elevado en el aire, no tocaba el suelo\u00bb. Palabras de un testigo ocular.<\/p>\n<p>El d\u00eda de Viernes Santo, en el acto de la adoraci\u00f3n de la Cruz y al o\u00edr el canto del <em>Crux fidelis, <\/em>estaba tan lleno de de\u00advoci\u00f3n y de ternura que derramaba copiosas l\u00e1grimas; y esto se observ\u00f3, no solamente un a\u00f1o, sino por muchos a\u00f1os, y lo ve\u00edan, no solamente algunas personas, sino que toda la Comunidad era testigo.<\/p>\n<p>Lo mismo suced\u00eda muchas veces en la celebraci\u00f3n del sa\u00adcrificio de la Misa; de modo que el que ten\u00eda la dicha de ayu\u00add\u00e1rsela ve\u00eda las l\u00e1grimas que corr\u00edan de sus ojos y o\u00eda los tiernos suspiros que exhalaba su coraz\u00f3n. Con ocasi\u00f3n de la procesi\u00f3n del Sant\u00edsimo el d\u00eda del <em>Corpus Christi, <\/em>tambi\u00e9n su coraz\u00f3n se enardec\u00eda y se derret\u00eda en l\u00e1grimas. Cuando iba en la procesi\u00f3n, parec\u00eda un seraf\u00edn encendido. Tan fervoroso, tan modesto y cantando, y aunque su voz no era muy armoniosa, sin embargo, todos qued\u00e1bamos sumamente edi\u00adficados, y algunos dec\u00edan: \u00abiQui\u00e9n pudiera tener el fervor ile \u00e9l tiene!\u00bb Siendo ya viejo y ciego, como no pod\u00eda ir en la procesi\u00f3n, se quedaba en el coro; pero se ve\u00eda que su coraz\u00f3n segu\u00eda a nuestro Se\u00f1or, y cuando la procesi\u00f3n entra\u00adba de nuevo en la iglesia, en su semblante y en su actitud se conoc\u00eda la santa alegr\u00eda que inundaba su coraz\u00f3n. \u00abHoy, \u2014dec\u00eda algunas veces en recreaci\u00f3n,\u2014hoy D. Ceferino (era el organista) se ha esmerado mucho. \u00a1Qu\u00e9 cosas tan preciosas sacaba del instrumento! \u00a1Sea todo para gloria de nuestro Se\u00f1or sacramentado!\u00bb<\/p>\n<p>En otros ejercicios, tambi\u00e9n del Seminario, hablando sobre la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, tom\u00f3 por texto las palabras del padre del hijo pr\u00f3digo: <em>Adducite vitulum sagina\u00ad<\/em><em>tum&#8230;, et manducemus et opulemur, <\/em>apropi\u00e1ndolas a la di\u00advina Eucarist\u00eda, y habl\u00f3 de una manera tan extraordinaria que todos cuantos le o\u00edmos, \u2014 dice uno de ellos, \u2014 dec\u00eda\u00admos que jam\u00e1s hab\u00edamos o\u00eddo hablar tan bien de este divi\u00adno misterio. Hablando de \u00e9stas, y en general de todas sus pl\u00e1ticas, dice otro testigo: \u00abSiempre he dicho y cre\u00eddo que ni o\u00ed ni espero o\u00edr pl\u00e1ticas que m\u00e1s impresi\u00f3n me hayan causado \u00f3 puedan causar, y eso que las o\u00eda con la mayor hi\u00adlaridad, por no decir ri\u00e9ndome, no despreciando la palabra de Dios, sino quedando prendado de la sencillez del predi\u00adcador, as\u00ed en el lenguaje como en su plan, comparaciones, ejemplos, etc., etc. \u00bb<\/p>\n<p>La misma intensa devoci\u00f3n al sant\u00edsimo Sacramento ha\u00adc\u00eda que oyese cuantas Misas pod\u00eda. Especialmente en los \u00fal\u00adtimos a\u00f1os de su vida, cuando por el temblor de las manos ya no pod\u00eda celebrar, se sub\u00eda \u00e1 la tribuna que de la casita junto al Noviciado de las Hijas de la Caridad da a la iglesia de las mismas, siempre que sab\u00eda que hab\u00eda Misa \u00e1 hora des\u00adacostumbrada. Lo mismo sol\u00eda hacer cuando llegaba alguno de viaje ycelebraba en nuestro oratorio. Adem\u00e1s, aprove\u00adchaba muy bien la oportunidad que su estado le procuraba de poder pasar largos ratos en compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en la divina Eucarist\u00eda, ya sea en la tribuna antes mencionada, ya en nuestro oratorio. Para saciar la sed y hambre que de eso ten\u00eda se encerraba \u00e1 solas con nuestro Se\u00f1or, y all\u00ed, de ro\u00addillas, desfogaba su devoci\u00f3n hablando familiarmente con su divina Majestad, dici\u00e9ndole cosas muy tiernas y sabrosas en voz alta; pero era cuando estaba o cre\u00eda estar solo, por\u00adque en presencia de alguno se absten\u00eda de toda manifesta\u00adci\u00f3n exterior extraordinaria. Sucedi\u00f3, sin embargo, que al\u00adguna vez se crey\u00f3 estar solo en el oratorio, y no fue as\u00ed. Entonces el que ten\u00eda la dicha de no ser advertido no per\u00add\u00eda la ocasi\u00f3n de robarle piadosamente el secreto y gozaba de un espect\u00e1culo digno de envidiarse, pues ve\u00eda su rostro tan iluminado que parec\u00eda estar arrobado, y o\u00eda de su boca palabras encendidas; pero era menester mucho cuidado de no hacer el menor ruido, porque si solamente o\u00eda crujir un banco, por lo cual sospechase que ten\u00eda alg\u00fan testigo, cesaba en el instante toda muestra de particular ternura.<\/p>\n<p>Esta devoci\u00f3n tan ardiente a los sagrados misterios de la Redenci\u00f3n y de la Eucarist\u00eda la alimentaba nuestro se\u00ad\u00f1or Borja con la lectura y la meditaci\u00f3n. Su autor m\u00e1s fa\u00advorito era el P. Granada, y entre sus obras la de los <em>Frutos del <\/em><em>\u00e1rbol de la Cruz, <\/em>que, mientras pudo leer, le\u00eda con frecuen\u00adcia, y procuraba que le leyesen cuando ya hab\u00eda perdido la vista. Horas enteras estaba escuchando con mucha aten\u00adci\u00f3n y af\u00e1n; hubo d\u00edas en que un Hermano le ley\u00f3 por es\u00adpacio de tres horas, y, sin embargo, aprovechaba toda otra ocasi\u00f3n; y cuando alg\u00fan sacerdote se hallaba desocupado, le rogaba y agradec\u00eda mucho que le hiciese un rato m\u00e1s de lec\u00adtura. Parece que sab\u00eda de memoria las obras del P. Granada, pues sab\u00eda cu\u00e1ndo iba \u00e1 concluir el cap\u00edtulo, lo cual admi\u00adraba \u00e1 los que le le\u00edan. A veces tambi\u00e9n citaba, no s\u00f3lo bre\u00adves sentencias, sino hasta largos trozos de dichas obras, cosa que admiraba, tanto m\u00e1s cuanto que, seg\u00fan dec\u00eda, ten\u00eda mala memoria.<\/p>\n<p>Observaba perfectamente las santas reglas, de modo que varias personas que vivieron muchos a\u00f1os en su compa\u00f1\u00eda aseguran que jam\u00e1s le notaron una falta voluntaria contra ellas. \u00a0A los actos de Comunidad acud\u00eda el primero, y siendo viejo y ciego se encaminaba con tiempo y antes que toca\u00adsen la campana hacia la capilla \u00f3 lugar en donde se hab\u00eda dehacer el acto, para estar all\u00ed puntual a la hora. En la recreaci\u00f3n, si le avisaba alguno de que se llegaba ya el fin de ella, respond\u00eda: \u00abDios se lo pague; me voy a la ca\u00adpilla\u00bb.<\/p>\n<p>Apreciaba mucho y recomendaba con instancia la regla del silencio, y se regocijaba en ver que era observada en la Casa. \u00abEsta ma\u00f1ana,\u2014dec\u00eda una vez,\u2014 me ha causado mucha alegr\u00eda ver que se guardaba bien el silencio en el refec\u00adtorio mientras tomaba el desayuno, pues por el ruido de las pisadas conoc\u00eda yo que hab\u00eda muchos desayun\u00e1ndose y ni una palabra se o\u00eda. Bendito sea Dios, que hay para alabar \u00e1 su divina Majestad\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo se barr\u00eda el aposento, aun cuando estaba medio ciego. Tambi\u00e9n se hac\u00eda la cama aun despu\u00e9s de hallarse ciego, si bien es verdad que eso consist\u00eda en extender la ropa por encima, como ya hemos dicho en otro lugar. Esto lo hac\u00eda, no s\u00f3lo por observar la regla, sino tambi\u00e9n por esp\u00ed\u00adritu de humildad y de mortificaci\u00f3n. De humildad, porque se reputaba por indigno de que le sirviesen; y de caridad, por no cansar a nadie. Por el mismo esp\u00edritu no exig\u00eda jam\u00e1s que le guiasen por la casa cuando ya estaba ciego, y aun lo rehusaba con buen modo, prefiriendo ir \u00e1 tientas con un bast\u00f3n. En todo caso nunca consent\u00eda que le llevasen por la mano. Cuando perd\u00eda el tino y no sab\u00eda en d\u00f3nde se ha\u00adllaba, s\u00f3lo admit\u00eda que le volviesen a poner en camino, y luego daba las gracias por el favor con su acostumbrada f\u00f3r\u00admula: \u00abDios se lo pague\u00bb. Tambi\u00e9n daba las gracias por cualquier favor que recibiese, por insignificante que fuese, y cualquiera que fuese la persona, sacerdote, cl\u00e9rigo o hermano.<\/p>\n<p>Asist\u00eda a todas las horas can\u00f3nicas con la Comunidad, lo mismo despu\u00e9s que antes de haber perdido la vista, rezando en voz clara y pronunciando distintamente todo lo que toca\u00adba al lado del coro en que se encontraba, y se dol\u00eda siempre que le parec\u00eda que se rezaba con demasiada prisa. Mientras le fue posible hizo siempre uso del breviario, fijando los ojos en \u00e9l, sin fiarse de la memoria, aunque lo supiese perfecta\u00admente. Ejemplo digno de alabanza y de imitaci\u00f3n, con lo que se evitar\u00edan muchas equivocaciones y otras faltas que f\u00e1\u00adcilmente se cometen cuando se reza de memoria.<\/p>\n<p>Ese amor al orden y a la regularidad le hac\u00edan muy ce\u00adloso de la observancia de las r\u00fabricas y ceremonias, no con tent\u00e1ndose con observar lo que est\u00e1 positivamente mandado, sino esmer\u00e1ndose en guardar hasta lo m\u00e1s minucioso de lo que se nos ense\u00f1a en el manual de ceremonias propio de la Congregaci\u00f3n, que nuestros antiguos Misioneros nos lega\u00adron y que se ha conservado desde el Sr. Almer\u00e1s hasta nues\u00adtros d\u00edas. \u00abA los sacerdotes seculares b\u00e1stales, \u2014dec\u00eda\u2014ate\u00adnerse a lo que est\u00e1 mandado; pero nosotros debemos hacer m\u00e1s y ser exactos en lo que es de costumbre en la Congre\u00adgaci\u00f3n\u00bb. Por la misma raz\u00f3n se deleitaba cuando o\u00eda una Misa bien cantada, o las V\u00edsperas \u00f3 cualquier otra cosa de li\u00adturgia cantada en canto llano; pero el canto figurado le des\u00adagradaba mucho, porque no le parec\u00eda conforme con el es\u00adp\u00edritu de nuestra Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Debido a ese mismo af\u00e1n de cumplir todo lo mandado y ordenado, a la letra cuando le era posible y conforme con el esp\u00edritu cuando \u00e1 la letra era imposible, mientras pudo celebrar el santo sacrificio de la Misa, cumpl\u00eda como sacer\u00addote con lo que a esa categor\u00eda se manda respecto \u00e1 los sufragios por los difuntos de la Congregaci\u00f3n, ofreciendo por ellos Ias Misas; pero cuando ya no pod\u00eda celebrar no por eso se vio dispensado de la obligaci\u00f3n, sino que cumpli\u00f3 con ella como si fuera Hermano coadjutor, y as\u00ed dec\u00eda al Hermano que le \u00a1asist\u00eda: \u00abHermanito, yo tambi\u00e9n tengo que rezar los Ro\u00adsarios yofrecer las comuniones lo mismo que Ud. por las Almas de nuestros difuntos\u00bb.<\/p>\n<p>De esa idea de que ya se deb\u00eda considerar como Hermano \u00a0coadjutor, sacaba nuestro Sr. Borja otra consecuencia que concordaba perfectamente con sus sentimientos de humildad, caridad y celo por la salvaci\u00f3n de las almas; y era que,<br \/>\nva que no pod\u00eda de otra manera, estaba obligado a trabajar \u00a0por ese objeto con oraciones, ejemplos y mortificaciones. Por esouna vez entre otras dijo al Hermano coadjutor que lo sacaba a paseo: \u00abHermano N., vamos por las calles m\u00e1s p\u00fablicas y hasta la Puerta del Sol, y vayamos con tanta modestia y recogimiento que sea un serm\u00f3n para los que nos vean\u00bb.<\/p>\n<p>Y con ser tan celoso como todos ve\u00edamos que lo era, su hu\u00admildad le hac\u00eda acusarse en p\u00fablico de que no ten\u00eda sino una grande insensibilidad para la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>Como director del Seminario interno mostr\u00f3 mucha vi\u00adgilancia en el desempe\u00f1o de tan importante cargo. Se apli\u00adcaba a conocer el car\u00e1cter, genio y disposici\u00f3n de cada uno, para guiarle como mejor conviniese e inspirarle el esp\u00edritu de nuestro santo estado. En las conferencias que les hac\u00eda bajaba muy al particular, y les inculcaba la observancia de todas las reglas. En las recreaciones y en los paseos no per\u00add\u00eda ocasi\u00f3n de enfervorizarlos cont\u00e1ndoles ejemplos de la vida de San Vicente, de otros santos y de antiguos Misioneros que hab\u00eda conocido y que hab\u00edan dejado en pos de s\u00ed un suave olor de santidad. No contento con esas exhortaciones a todos en general, de cuando en cuando llamaba a su aposento \u00e1 al\u00adguno en particular y le ense\u00f1aba el modo pr\u00e1ctico de hacer la oraci\u00f3n y meditaci\u00f3n. Los s\u00e1bados, por la tarde, despu\u00e9s de o\u00eddas sus confesiones, sol\u00eda llamar a algunos, principalmen\u00adte de los reci\u00e9n entrados en el Seminario, no juntos, sino uno por uno; los recib\u00eda en pie con el manual de meditacio\u00adnes en la mano, y lleno de fervor les dec\u00eda estas \u00f3 parecidas palabras: \u00ab\u00a1Hombre, hombre!, estaba yo leyendo la medi\u00adtaci\u00f3n sobre el Evangelio de la Dominica de ma\u00f1ana. Oiga usted lo que dice Jesucristo; y le\u00eda. \u00a1Cu\u00e1nta doctrina,\u2014 pro\u00adsegu\u00eda,\u2014 encierran estas palabras! L\u00e9alas Ud. hoy y med\u00ed\u00adtelas ma\u00f1ana, y no le cabr\u00e1 el coraz\u00f3n en el pecho. Con esto s\u00f3lo hay para meditar quince decenas de a\u00f1os. Esta frase le era familiar y favorita.<\/p>\n<p>Entre las cosas que m\u00e1s les encomendaba era el mutuo sufrimiento de las imperfecciones, y prefer\u00eda a todas las de\u00adm\u00e1s esta especie de mortificaci\u00f3n y penitencia. Este pensa\u00admiento lo epilogaba en estas palabras: <em>Vita communis Crux. <\/em>Tambi\u00e9n dec\u00eda a veces: \u00abCastidad sin caridad, l\u00e1mpara sin aceite\u00bb.<\/p>\n<p>El 1o de Julio del a\u00f1o 1834, que era jueves, sali\u00f3 a paseo por la ma\u00f1ana, como de costumbre, con los seminaristas. En todo el paseo no habl\u00f3 sino de la caridad fraterna y del mutuo sufrimiento; parec\u00eda que no pod\u00eda pensar en otra cosa. Los seminaristas extra\u00f1aban que tanto insistiese en eso; pero de vuelta a casa supieron el motivo y la novedad que hab\u00eda. Por la tarde, reunidos de nuevo los seminaristas como para ir a paseo, el Sr. Borja les anunci\u00f3 que los Superiores hab\u00edan decidido que el d\u00eda siguiente \u00e1 medio d\u00eda partiesen para Barcelona, no por Zaragoza, sino por Valencia, y aque\u00adlla misma tarde se sacaron pasaportes, como entonces se exi\u00adg\u00eda. Como en aquella \u00e9poca no hab\u00eda ferrocarriles ni aun di\u00adligencias por aquella v\u00eda, el viaje hasta Valencia se hab\u00eda de hacer en galeras aceleradas, que recorr\u00edan unas diez leguas por d\u00eda, y nuestro buen maestro de novicios consideraba necesario prevenir contra el esp\u00edritu de divisi\u00f3n y de dis\u00adcordia \u00e1 los cinco novicios que iban \u00e1 estar solos, sin nadie que los gobernase, por espacio de tantos d\u00edas.<\/p>\n<p>Como el mayor enemigo de la uni\u00f3n y cordialidad sue\u00adle ser el amor propio, por eso el Sr. Borja procuraba incul\u00adcar la mortificaci\u00f3n del propio juicio y de la propia volun\u00adtad, humillando a los seminaristas y contradiciendo a sus inclinaciones. As\u00ed, por ejemplo, cuando les ve\u00eda remisos en los ejercicios corporales, les dec\u00eda: \u00abMiren Uds. que no he\u00admos venido aqu\u00ed para holgar, sino para trabajar, y Uds. an\u00addan muy perezosos\u00bb. Cuando, por el contrario, ellos parec\u00edan m\u00e1s afanosos, iba y los reprend\u00eda diciendo: \u00ab\u00a1Hom\u00adbres de Dios!, \u00bfqu\u00e9 disipaci\u00f3n es \u00e9sa? Miren que sin recogi\u00admiento no se puede conservar la devoci\u00f3n\u00bb. Cuando notaba en ellos inclinaci\u00f3n a una cosa les mandaba lo contrario har\u00e1 quebrantar el arrimo a su propia voluntad. As\u00ed, por ejemplo, a la vuelta del paseo, si ve\u00eda que deseaban pasearse, mandaba sentar, y si quer\u00edan sentarse, los hac\u00eda pasear. Verdad es que algunas veces resultaba lo contrario de lo que \u00e9l pretend\u00eda, porque queriendo ellos una cosa y sabiendo su costumbre, le ped\u00edan lo contrario de lo que deseaban, y con\u00adsegu\u00edan lo que verdaderamente apetec\u00edan. De lo cual se in\u00adfiere que no conviene seguir siempre un mismo sistema en eso de probar la virtud ajena.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un don especial para calmar las inquietudes de es\u00adp\u00edritu en sus dirigidos. Uno que hab\u00eda andado turbado por mucho tiempo, sali\u00f3 un d\u00eda tan contento de su presencia que no sab\u00eda c\u00f3mo encarecer el favor que en eso le hab\u00eda he\u00adcho. Aunque la rigidez con que dirig\u00eda el Seminario inspi\u00adraba cierto respeto y aun temor, no por eso inspiraba menos confianza, porque no dudaban ni de su capacidad pr\u00e1ctica, ni mucho menos de la rectitud de sus intenciones, ni de la per\u00adfecta imparcialidad de sus decisiones. Cuando se le hac\u00eda alguna pregunta, aunque fuese de cosa de poca importancia, siempre reflexionaba un poco antes de contestar, y a veces alzaba los ojos al cielo como para pedir el socorro de la di\u00advina luz y acertar.<\/p>\n<p>Muchas otras cosas pudieran decirse de este insigne va\u00adr\u00f3n, cuyas virtudes le granjearon el aprecio universal de cuantos le conocieron, aunque no le tratasen m\u00e1s que de paso; cuya fama de santidad no disminuy\u00f3, antes creci\u00f3 con el correr de los a\u00f1os. Por espacio de m\u00e1s de medio siglo fue el modelo de los Misioneros, y estimado de miles de Hijas de la Caridad que en ese per\u00edodo habitaron en la Casa cen\u00adtral de las mismas. Tiempo era de que recibiese la bien me\u00adrecida recompensa de tantas virtudes, tantas buenas obras, tantos m\u00e9ritos. Pasaba ya de ochenta y cuatro a\u00f1os de edad, cuando en el oto\u00f1o de 1874 sinti\u00f3 s\u00edntomas de la \u00faltima enfermedad. Todos los esfuerzos del arte de curar no pod\u00edan prolongar una vida tan preciosa m\u00e1s all\u00e1 de los t\u00e9rminos constituidos por la divina voluntad. Dios le quiso probar por \u00faltima vez permitiendo que se le renovasen con mayor intensidad los temores y los escr\u00fapulos; pero esa prueba no dur\u00f3 sino unos d\u00edas porque perdiendo las fuerzas intelec\u00adtuales m\u00e1s aprisa a\u00fan que las corporales, no tard\u00f3 en hallar\u00adse fuera de todo peligro y aun de todo padecimiento f\u00edsico propiamente tal, habiendo perdido enteramente el uso de la raz\u00f3n, sin la cual, as\u00ed como ya no hay acto humano, as\u00ed se puede decir que no hay padecimiento humano. En este es\u00adtado vivi\u00f3 a\u00fan algunos d\u00edas, hasta que el 8 de Diciembre, a eso de las cinco y media de la tarde, entreg\u00f3 su bella alma al Criador.<\/p>\n<p>Su muerte fue sentida de cuantos le conoc\u00edan, especial\u00admente de los Misioneros y de las Hijas de la Caridad. To\u00addos, sin embargo, se consolaban con la dulce esperanza de que si perd\u00edan en la tierra un modelo de santidad, en cam\u00adbio ganaban un nuevo abogado que se interesar\u00eda por ellos en el cielo.D<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>III Mientras le fue posible empleaba todo el tiempo que le quedaba instruy\u00e9ndose con la lectura de alg\u00fan autor asc\u00e9tic\u00ado, principalmente del P. 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