{"id":21360,"date":"2013-05-02T06:09:41","date_gmt":"2013-05-02T04:09:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/?p=21360"},"modified":"2016-07-26T19:19:14","modified_gmt":"2016-07-26T17:19:14","slug":"las-conferencias-de-san-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-conferencias-de-san-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/04\/busto_vicente.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-22853\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/04\/busto_vicente-222x300.jpg?resize=222%2C300\" width=\"222\" height=\"300\" \/><\/a>Las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal merecen en to\u00addos los sentidos las simpat\u00edas y la cooperaci\u00f3n sincera de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. Siempre ha sido para ellos un de\u00adber el procurar en sus misiones la creaci\u00f3n \u00f3 la reorganiza\u00adci\u00f3n de las Conferencias de se\u00f1oras de la Caridad; hoy no pueden, en virtud de su celo, echar en olvido las Conferen\u00adcias de se\u00f1ores. Estas dos Asociaciones pueden y deben eri\u00adgirse o recibir nuevos impulsos, aun en las mismas parro\u00adquias rurales, seg\u00fan la doctrina del siguiente art\u00edculo del <em>Bolet\u00edn de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, <\/em>correspon\u00addiente al mes de Junio de 1893, cuya reproducci\u00f3n hemos cre\u00eddo provechosa.<\/p>\n<blockquote><p>\u00abMucho tiempo h\u00e1 que la Administraci\u00f3n central recomienda la fundaci\u00f3n de las Peque\u00f1as Conferencias como uno de los medios de mayor eficacia para extender el esp\u00ed\u00adritu de fe y de caridad en la juventud de las aldeas. Obst\u00e1cu\u00adlos graves se han opuesto \u00e1 este proyecto sencill\u00edsimo y fe\u00adcundo. Vamos a examinarlas con detenci\u00f3n, esperando pul\u00adverizarlas y determinar \u00e1 nuestros lectores \u00e1 la erecci\u00f3n en todos los lugares, y por doquiera, de una instituci\u00f3n tan pro\u00advechosa.<\/p>\n<p><em>\u00bb Primera objeci\u00f3n. \u2014 <\/em>Para qu\u00e9 tantas obras nuevas? La mejor de todas es la observancia de los Mandamientos de la ley del Dios y de la Santa Madre Iglesia.<\/p>\n<p><em>Respuesta. \u2014 <\/em>Objeto de amonestaciones y de predica\u00adci\u00f3n constante ha sido la observancia de los Mandamientos; pero es manifiesto que no basta esto en nuestra \u00e9poca, y la prueba est\u00e1 en la sociedad que nos, rodea. Con los cristia\u00adnos fieles y de buen esp\u00edritu cod\u00e9anse otros, en crecida mu\u00adchedumbre, que practican la Religi\u00f3n mal, algunos que la han abandonado por completo, y muchos, al fin, que a fuer de enemigos declarados la combaten con todos sus br\u00edos. Que el actual estado de las cosas deja mucho que apetecer, es incontestable. Las <em>obras nuevas <\/em>son los resortes de la Pro\u00advidencia para ayudar a los cristianos en la tarea bien dif\u00edcil de observar los Mandamientos, y el talism\u00e1n para combatir, desarmar y convertir, si es posible, \u00e1 los enemigos del Cris\u00adtianismo. Por ser nuevas no es raz\u00f3n valiosa para desde\u00f1ar\u00adlas. Sus inventores y propagandistas han sido soles \u00f3 gran\u00addes santos en la Iglesia de Dios. Ah\u00ed est\u00e1 San Vicente de Pa\u00fal con sus establecimientos caritativos, el beato Juan Bau\u00adtista de la Salle con sus escuelas cristianas, y en nuestros d\u00edas Dom Bosco con sus centros de orfandad. El Rosario y el Mes de Mar\u00eda fueron en su tiempo <em>obrasnuevas, <\/em>y aun hoy opera \u00e1 nuestra vista la Virgen Mar\u00eda una <em>obra nueva <\/em>en Lourdes.<\/p>\n<p>El genio del mal adopta todas las formas, muda de ar\u00admas y de t\u00e1ctica, seg\u00fan los tiempos y lugares. El genio del Cristianismo debe hacer, y hace al menos, otro tanto, ya que combate al enemigo con sus propias armas en todos los te\u00adrrenos en que le encuentra atrincherado. Por qu\u00e9 tantas obras nuevas?, preguntar\u00e9is vosotros. Porque los lobos con rapacidad cada vez mayor rodean las majadas para devorar los tiernos corderillos; porque la ciza\u00f1a se multiplica pavo\u00adrosamente en el campo del Padre de familias; porque la filoxera de la impiedad devora la vi\u00f1a del Se\u00f1or, y conclui\u00adr\u00e1 por destruirla si la Providencia no nos env\u00eda un remedio poderosamente eficaz. La pobre humanidad se ve atacada de vez en vez de nuevas epidemias y de nuevas dolencias, cuyo remedio reclama un tratamiento especial, un ant\u00eddoto tan nuevo como el mismo mal. En este estado de la Religi\u00f3n y de la moral justificadas est\u00e1n, y podemos decir que son en cierto modo necesarias, las <em>obras nuevas.<\/em><\/p>\n<p>Existen asociaciones criminales incansables en la pro\u00adpaganda del error, de la discordia y de la venganza. Dios les opone cristianos medios, ap\u00f3stoles de la verdad, de la caridad, de la virtud, y, a no dudarlo, nos pedir\u00e1 raz\u00f3n y cuen\u00adta estrecha de los medios con que nos ha convidado, y que nosotros, por aton\u00eda tal vez, hemos dejado de emplear en provecho de nuestros hermanos y en defensa de nuestra Ma\u00addre la Iglesia.<\/p>\n<p><em>\u00bb Segunda objeci\u00f3n. \u2014Entre <\/em>tantas obras aprobadas por la Iglesia, por qu\u00e9 hemos de preferir la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal?<\/p>\n<p><em>\u00bb Respuesta. \u2014 <\/em>Todas las obras aprobadas por la Iglesia son buenas y dignas de encontrar en los pechos cristianos favorable acogida; pero en la imposibilidad de establecerlas todas, es forzoso dar a alguna la preferencia. La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal creemos ser la m\u00e1s f\u00e1cil de establecer doquiera y la m\u00e1s fecunda en resultados. En todas partes comienza por visitar y socorrer a los pobres, teniendo la ven\u00adtaja que todas las obras de caridad, sin exceptuar alguna, tienen vida exuberante bajo su dominio. Es una sierva fiel dispuesta a todas las empresas. El cat\u00e1logo de las obras que ha emprendido en el universo cat\u00f3lico llenar\u00eda, si trat\u00e1se\u00admos de enumerarlas, muchas p\u00e1ginas de este escrito. Por parte, cada una de las Conferencias y cada uno de sus miem\u00adbros en particular hace lo que cree ser m\u00e1s conveniente y seg\u00fan la medida de sus fuerzas, ya que ninguna de sus obras es obligatoria. Condescendiente en sumo, recibe en su seno \u00e1 los hombres de mayores ocupaciones, cultivando, sin em\u00adbargo, un campo sobradamente ancho para absorber vidas enteras y la m\u00e1s portentosa actividad. Es, sin duda, la obra de los grandes y de los peque\u00f1os, de las ciudades y de las aldeas, y lo mismo puede establecerse al pie del humilde campanario que a la sombra de gigantesca catedral. Es un peque\u00f1o escuadr\u00f3n, organizado en cada una de las parro\u00adquias, para escoltar al cristiano en el viaje de la vida a tra\u00adv\u00e9s de los peligros de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>La Conferencia recibe al joven en medio de consolado\u00adras frases, dici\u00e9ndole: \u00abVen con nosotros, querido amigo; \u00a0marchemos todos a una, como hermanos dulces, uniendo nuestros esfuerzos y llevando la alegr\u00eda cristiana en el coraz\u00f3n. Si alguno de nosotros se extrav\u00eda, nosotros le volveremos a la casa paterna; si alguno cae, volaremos a levantarle&#8230; Grande es el mal de la sociedad; un\u00e1monos para resistir mejor a nuestros enemigos y hacer alg\u00fan bien en los parajes de nuestro tr\u00e1nsito. Consolemos a los que sufren; salvemos, si es posible, \u00e1 los que perecen; sembremos a derecha e izquierda el bien con nuestras obras y ha\u00adgamos nuestra provisi\u00f3n para la eterna vida\u00bb. Y el hom\u00adbre de pocos a\u00f1os, seguido voluntariamente de otros j\u00f3venes compa\u00f1eros, se torna m\u00e1s fuerte contra el respeto humano, se remoza una vez por semana en este ambiente puro, en esta atm\u00f3sfera cristiana, edif\u00edcase a s\u00ed mismo y edifica a los dem\u00e1s, crece y se habit\u00faa \u00e1 practicar y traducir en actos la doctrina aprendida en el catecismo, y que sin esta ayuda hu\u00adbiera tal vez olvidado con velocidad.<\/p>\n<p>La Conferencia, ocup\u00e1ndose en todo un poco, puede en cierto modo tener cabida en una multitud de obras que ni es posible establecer en todas partes. Socorriendo a los po\u00adbres, practica la beneficencia; con sus oraciones de principio y fin de la sesi\u00f3n, se hermana con las Asociaciones cuyo fin es la plegaria. En ella se hace cristiana y provechosa lectura, obra de instrucci\u00f3n religiosa y moral. Sin obligaci\u00f3n algu\u00adna y en virtud del uso establecido, dispone sus miembros a la comuni\u00f3n frecuente, obra eucar\u00edstica; dirige sus esfuer\u00adzos a volver los alejados a Dios, obra apost\u00f3lica; extiende y hace leer a los pobres las publicaciones de sana doctrina, obra de la prensa; desv\u00edvese en provecho de los aprendices y obreros, obra obrera; sostiene con esfuerzo heroico las escuelas cristianas, obra escolar; etc., etc. En ella encontra\u00admos los g\u00e9rmenes de todas las grandes obras. Se la podr\u00eda llamar la oficina del aprendizaje de las obras cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>In\u00fatil nos parece a\u00f1adir m\u00e1s consideraciones: lo dicho basta para justificar la preferencia de una instituci\u00f3n reco\u00admendada por la Iglesia y que germina en los \u00e1ngulos del mundo entero, llevando en su frente el sello de m\u00faltiples obras providenciales.<\/p>\n<p><em>Tercera objeci\u00f3n.\u2014En <\/em>nuestras parroquias, compuestas de labradores de escasa fortuna, no hay ni ricos que puedan dar, ni pobres con necesidad de recibir; \u00bfpara qu\u00e9 se necesi\u00adta la Conferencia ?<\/p>\n<p><em>Respuesta. \u2014 <\/em>Har\u00e1 lo que en todas partes hacen las cinco mil Conferencias de que consta la Sociedad. \u00bfCu\u00e1l es su fin? <em>Preservar \u00e1 sus miembros del contagio del mal y <\/em><em>mejorar su esp\u00edritu con aumento del fervor cristiano. <\/em>De qu\u00e9 medios se vale para conseguir sus nobles fines? <em>Dando <\/em><em>\u00e1 sus miembros buen ejemplo y ejercit\u00e1ndolos en la pr\u00e1cti\u00ad<\/em><em>ca de las obras de caridad que est\u00e9n \u00e1 su alcance. <\/em>No es verdad que en todas las parroquias del mundo hay un gran n\u00famero de cristianos, j\u00f3venes o viejos, que necesitan de ayuda para preservarse del mal y hacerse mejores de d\u00eda en d\u00eda? Pues bien \u00e9ste es el fin que desea alcanzar nuestra Conferencia; he aqu\u00ed su raz\u00f3n de ser, ved ah\u00ed el campo pre\u00adparado para su instalaci\u00f3n. Bien se puede decir de alg\u00fan mo\u00addo que el coraz\u00f3n la busca y que es deseada por sus fines, dignos sin disputa de encomio y loa.<\/p>\n<p>\u00bfNo es verdad que hay en todas las parroquias del mun\u00addo miserias espirituales \u00f3 corporales que aliviar? Pues bien: ya basta para ocupar y santificar a los miembros de la Con\u00adferencia. El solo hecho de que muchos cristianos se re\u00fanen para orar y ejercitarse en el bien, presta el m\u00e1s elocuente y persuasivo de los ejemplos cristianos. La edificaci\u00f3n mutua es segura. Los m\u00e1s aprovechados comunican a los otros sus luces, su celo y su generosidad. Si son ricos, mejor que me\u00adjor; pero no se necesita que lo sean. \u00bfCu\u00e1l es el obrero, cu\u00e1l el labrador que no pueda, si quiere, privarse de un peque\u00ad\u00f1o antojo y alargar cinco c\u00e9ntimos para socorrer a otro m\u00e1s pobre que \u00e9l ?&#8230; Aun puede m\u00e1s, porque puede hacer mu\u00adchas obras de caridad que est\u00e1n en su mano. Puede rogar por los necesitados, instruir al ignorante y a los ni\u00f1os, dar buen consejo al que lo ha menester. Conocedor pr\u00e1ctico de las privaciones y de la miseria, puede, sin competencia tal vez, consolar al desgraciado, inspir\u00e1ndole las virtudes de la paciencia y de la resignaci\u00f3n. Este decir no es una suposi\u00adci\u00f3n gratuita. Conoc\u00ed en Par\u00eds en una Conferencia de obreros a un pobre lisiado que caminaba apoyado en dos muletas, y que generalmente viv\u00eda de los socorros de la limosna. Antes de ser admitido en el seno de la Conferencia se le advirti\u00f3 que, dada su posici\u00f3n, estaba excusado de contribuir con socorros pecuniarios. <em>Bien lo s\u00e9,\u2014 <\/em>respondi\u00f3,\u2014 <em>pero es m\u00e1s <\/em><em>dulce el placer de dar que el de recibir; dejadme que le dis\u00ad<\/em><em>frute con vosotros ya que tengo tan poco. <\/em>Una vez admiti\u00addo, fue uno de los miembros m\u00e1s edificantes. \u00bfNo har\u00edan muy bien los labradores de la clase media en imitar \u00e1 este pobre mendigo? Por tanto, que haya ricos o pobres, o que no los haya, no importa; jam\u00e1s faltar\u00e1 labor a una Conferencia, y nunca har\u00e1 todo lo que se puede hacer.<\/p>\n<p><em>Cuarta objeci\u00f3n. \u2014 <\/em>La obra es buena, qui\u00e9n lo duda, pero faltan elementos. De d\u00f3nde sale el personal?<\/p>\n<p><em>Respuesta. \u2014\u00bf<\/em>Que en d\u00f3nde encontrar\u00e9is el personal, pregunt\u00e1is ? Donde le han encontrado las otras parroquias que est\u00e1n en id\u00e9nticas condiciones que la vuestra. Por qu\u00e9, pues, no hacer lo que tantos otros han hecho?<\/p>\n<p>El n\u00facleo de una Conferencia se forma con personas del vulgo, bastando tres o cuatro de voluntad sincera, cono\u00adcedores del fin y progresos de esta obra y de la gran necesi\u00addad que de ella tenemos en el d\u00eda. En el ejercicio de la cari\u00addad se formar\u00e1n paso a paso, ya que se llega a ser forzudo haciendo esfuerzos. Pero si en vuestra parroquia no se en\u00adcuentran ni siquiera tres o cuatro hombres de bien, signo es de que es mala, muy mala&#8230;; es necesario darse prisa. Di\u00adrig\u00edos a los ni\u00f1os de la primera comuni\u00f3n; en ellos ten\u00e9is una tierra virgen, poseedora a\u00fan de toda su fertilidad. Est\u00e1 dispuesta a recibir toda clase de semillas. Daos prisa. No es\u00adper\u00e9is a que la invadan las plantas perjudiciales. Tomad in\u00admediatamente posesi\u00f3n y cread la Conferencia. Con estos elementos enteramente nuevos ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil disciplinar esta peque\u00f1a obra; ser\u00e1 m\u00e1s vigorosa, m\u00e1s activa y m\u00e1s ge\u00adnerosa que si la hubieseis formado con hombres de treinta \u00f3 cuarenta a\u00f1os, arraigados tal vez en una lluvia de invete\u00adrados h\u00e1bitos y nocivas preocupaciones. La experiencia nos ense\u00f1a a diario que, vencida una dificultad, se convierte en bien y resulta real ventaja, como si quisiera el Se\u00f1or recom\u00adpensar en esto los esfuerzos hechos para subyugarla. \u00a1\u00c1nimo, pues, y adelante! En la ejecuci\u00f3n del bien se puede todo lo que se quiere de veras.<\/p>\n<p><em>Quinta objeci\u00f3n. \u2014Despu\u00e9s <\/em>de haber trabajado mucho \u00a0para instruir a los j\u00f3venes en la pr\u00e1ctica de esta obra, les veremos marcharse \u00e1 vivir fuera de la parroquia o trasladarse a Par\u00eds, como sucede, y la obra nunca acaba de comenzar.<br \/>\n<em>Respuesta.\u2014 <\/em>Esto est\u00e1 en la naturaleza de las cosas. \u00a0Sensible es, no puede dudarse, pero inevitable. Es fuerza aceptarlo sin que, a \u00a0como aceptamos el calor \u00f3 el fr\u00edo, aun\u00adque ordinariamente son bastante inc\u00f3modos. Los disc\u00edpulos abandonan al maestro que los form\u00f3. Los hijos, una vez es\u00adpigados, abandonan al padre y a la madre que los cri\u00f3. En el mundo todo marcha \u00e1 este comp\u00e1s, y las Conferencias son como las dem\u00e1s cosas, sin que esto sea raz\u00f3n que nos impi\u00adda multiplicarlas.<\/p>\n<p>Cuando un miembro de la Conferencia va a establecer\u00adse en otra parte, ingresa en la Conferencia de aquel lugar, y si no la hay, conserva las buenas relaciones con la que aca\u00adba de dejar; y en cuanto le es posible, forma a su alrededor un peque\u00f1o apostolado, y si es celoso concluir\u00e1, como lo atestiguan frecuentes ejemplos, por fundar en aquel lugar una nueva Conferencia. La partida de un miembro es con mucha frecuencia el germen de una santa fraternal obra que debe venir al mundo. No hay, pues, por qu\u00e9 afligirse. Otra cosa es la corriente desbordada de emigraci\u00f3n que arras\u00adtra una parte considerable de los pueblos del campo hacia Par\u00eds. Nuestros queridos compatriotas rurales o monta\u00f1eses se encuentran, cristianamente hablando, en medio de la ca\u00adpital como los pobres paisanos sin t\u00e1ctica y sin armas en presencia de un enemigo armado. En este gran centro, en donde la lucha por la existencia es tan viva y tan ego\u00edsta, experimentan a cada instante el choque de todas las opinio\u00adnes, de todas las doctrinas, de todos los vicios. Su fe, para desgracia enteca, se intimida y no se atreven a mostrarla en p\u00fablico, y frecuentemente omiten de una vez todas las pr\u00e1c\u00adticas religiosas, como vestido sin moda en medio del oleaje imp\u00edo que les rodea. Las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal pueden hacer all\u00ed un bien inmenso.<\/p>\n<p><em>Sexta objeci\u00f3n. \u2014 <\/em>Pero si erigimos esta obra, cu\u00e1nto no vamos a perder?<\/p>\n<p><em>Respuesta.\u2014 <\/em>En el Evangelio, el que recibi\u00f3 cinco talentos se ama\u00f1\u00f3 y gan\u00f3 otros cinco; dos, el que recibi\u00f3 dos; el, que s\u00f3lo recibi\u00f3 uno, a vista de los obst\u00e1culos y dificultades, se dijo : \u00a1Ay si le pierdo! Encontr\u00f3 m\u00e1s c\u00f3modo en\u00advolverse en su apat\u00eda y no hacer nada, pero crey\u00e9ndose muy prudente. Sin embargo, perdi\u00f3 lo poco que ten\u00eda y fu\u00e9 se\u00adveramente afeado por su se\u00f1or. No imitemos \u00e1 este siervo malvado, y para evitar una peque\u00f1a \u00e9 incierta p\u00e9rdida no vayamos por una inacci\u00f3n culpable a arrojarnos en la inmi\u00adnente ruina. La impiedad radical nos asedia en todas direcciones. \u00a1Estamos cercados! No hay medio: \u00a1o vencer o morir!<\/p>\n<p>Para ejecutar cualquier peque\u00f1o bien es preciso dispo\u00adnerse a las nubes de dificultades que todo lo invaden. La obra de que estamos hablando es de suyo tan modesta que, ha\u00adblando en plata, puede surgir y acabar sin que de ello se d\u00e9 cuenta el mundo; si Dios juzga de su agrado probarnos con alguna peque\u00f1a perdida, a\u00fan podremos trocarla en nuestro provecho deposit\u00e1ndola humildemente a los pies de la Cruz y pidiendo a aquel que ha vencido al mundo nuevas fuer\u00adzas para combatir en lo sucesivo con mejores resultados.<\/p>\n<p>Tened confianza, que sin duda saldr\u00e9is bien, como sa\u00adlieron un enjambre de gloriosos fundadores de las Conferen\u00adcias, \u00e1 quienes deb\u00e9is imitar. La obra no est\u00e1 ya en los primeros impulsos de ensayo. Ha pasado para ella el per\u00edodo de los tanteos. Tiene reconocidas y amojonadas las falsas ve\u00adredas. Camina ya por trillados derroteros de probada solidez. Su reglamento es el fruto de una experiencia prolongada. Al aprobarle la Iglesia le ha enriquecido de indulgencias para los que le observen con fidelidad. La Sociedad est\u00e1 dirigida por un Consejo general, cuyos miembros han encanecido en la pr\u00e1ctica de las obras cristianas. El Consejo publica cada mes un Bolet\u00edn, que es el <em>Monitor de las Conferencias, <\/em>y en \u00e9l encuentran sus miembros las lecciones, consejos y ejem\u00adplos que pueden necesitar. Hay, en verdad, Conferencias nuevas de j\u00f3venes adictos que siguen los pasos de los solda\u00addos veteranos y hacen lo que les ven hacer.<\/p>\n<p>Hemos dicho que esta obra es de las m\u00e1s f\u00e1ciles, y es evidente; pues \u00e1 no ser as\u00ed, no se hubiera extendido tan r\u00e1\u00adpidamente en los diversos pueblos de uno y otro polo.<\/p>\n<p>Con buena voluntad se puede esperar salir bien; con una condici\u00f3n, sin embargo: que haya a la cabeza de la na\u00adciente obra al menos un hombre de fe, de oraci\u00f3n, de acti\u00advidad, de celo, y para decirlo de una vez, un verdadero ca\u00adt\u00f3lico. Si hay dos, o tres o m\u00e1s, mejor; pero en rigor s\u00f3lo se necesita uno. Este es el carb\u00f3n encendido que prende el fuego sagrado. Poco a poco \u00e9l lo comunica a los otros, y se obtiene sin pensar un nuevo foco de calor y de luz. Probad y ver\u00e9is.<\/p>\n<p><em>S\u00e9ptima objeci\u00f3n. \u2014 <\/em>Para hacer estas cosas es necesa\u00adrio mucho dinero, y se sabe ya lo muy dif\u00edcil que es en\u00adcontrarlo.<\/p>\n<p><em>Respuesta. \u2014 <\/em>Cuando yo tenga la dicha de consagrar mis tareas a la erecci\u00f3n de una Conferencia, lo que menos me ha de preocupar ha de ser la cuesti\u00f3n del dinero. Y por qu\u00e9? Porque esta obra es la menos onerosa de todas. Dos peque\u00f1os registros, uno para el secretario y otro para el tesorero, que se forman con papel com\u00fan, y un Manual de la Sociedad; ah\u00ed ten\u00e9is todos los gastos de instalaci\u00f3n. Un sombrero puede servir de bolsa para hacer la colecta, y sin duda que no se llenar\u00e1. Nada de pr\u00e9stamos, nada de fon\u00addos de reserva, nada de intereses ni riesgos de compa\u00f1\u00eda, nada de tramoyas financieras. Con lo que produce la colec\u00adta de la primera sesi\u00f3n se atiende \u00e1 la primera necesidad, y as\u00ed se marcha dando, seg\u00fan lo que hay, poco si poco, pero con rica voluntad, y aqu\u00ed est\u00e1 la prueba de que la Conferencia lleva en su seno al nacer los g\u00e9rmenes de su exis\u00adtencia.<\/p>\n<p>A la llegada de una gran miseria, todo lo pone en jue\u00adgo para engrosar sus sumas, que son caudal del pobre; pero en principio, ella s\u00f3lo da lo que tiene. T\u00e9ngase en cuenta que el dinero no es la sola palanca del bien; visitar y cuidar de los enfermos, consolarlos y rogar por ellos, prepararlos a morir, aconsejar a los pobrecitos, recomendarlos a las per\u00adsonas que pueden ayudarlos, procurarles trabajo, instruir \u00e1 los ni\u00f1os, prepararlos para la primera comuni\u00f3n, animarles en sus labores y a la obediencia, \u00bfno forma una serie inter\u00adminable de buenas obras llevadas a cabo sin dinero? Y ellas son frecuentemente las m\u00e1s bellas y las m\u00e1s fructuosas.<\/p>\n<p>Para erigir una obra cristiana no se necesita un talego de escudos, ni ped\u00edrselos al divino Maestro, que nos arroja\u00adr\u00eda de su presencia como a los traficantes del templo. Es ne\u00adcesario comenzar poni\u00e9ndose de rodillas para suplicar se dig\u00adne servirse de nosotros para esta obra. Abordar el trabajo, comenzar por poco, muy poco que sea, y el grano de mos\u00adtaza, sembrado, regado y cultivado por una fe robusta que no aparte la plegaria de los labios, ser\u00e1 bendecido por Dios y llegar\u00e1 a ser un \u00e1rbol, y tal vez un grande \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda, Dom Bosco, saliendo de su celdilla, en don\u00adde hab\u00eda estado largo rato en la oraci\u00f3n, llam\u00f3 a uno de sus disc\u00edpulos, le di\u00f3 el dinero necesario para el camino y le en\u00advi\u00f3 a fundar una casa de orfandad. El disc\u00edpulo observ\u00f3 respetuosamente, que para una fundaci\u00f3n semejante se pre\u00adcisaban abundantes recursos.<\/p>\n<p>\u2014 <em>No tengo un cuarto, \u2014 <\/em>replic\u00f3 Dom Bosco; \u2014 <em>sin <\/em><em>embargo, marchad, que Dios cargar\u00e1 vuestro asno en el <\/em><em>camino.<\/em><\/p>\n<p>Al llegar al lugar, el sacerdote salesiano abri\u00f3 su porta\u00admonedas, cont\u00f3 sus caudales, y le sobraban veintiocho mo\u00adnedas de cobre. Hoy est\u00e1 al frente de un establecimiento, a cuyo abrigo viven zoo huerfanitos. As\u00ed se fundan las obras de Dios. No dud\u00e9is en fundar vuestra Conferencia, que con\u00adsigo lleva su dote, y en el momento oportuno Dios no deja\u00adr\u00e1 de cargar tambi\u00e9n vuestro asnillo.<\/p>\n<p><em>Octava objeci\u00f3n. \u2014 <\/em>Esperemos: las parroquias m\u00e1s importantes son las que han de comenzar.<\/p>\n<p><em>Respuesta.\u2014 <\/em>Esperar es tan f\u00e1cil como poco meritorio. \u00a1Ea! esperemos, cat\u00f3licos; estemos tranquilos en nuestro hogar. Durmamos \u00e1 pierna suelta, mientras otros trabaja\u00adr\u00e1n por nosotros, estad bien seguros. Cuando despertemos todo estar\u00e1 a punto para hacer el entierro de nuestras creen\u00adcias y de nuestras libertades. Esperemos, esperemos mucho, que esto es lo que quieren todos los pol\u00edticos charlatanes, todos los librepensadores. Esperemos, d\u00e9mosles largas para que holgadamente emplacen su infernal mercanc\u00eda y su en\u00advenenado botiqu\u00edn, que vender\u00e1n muy caro y de dif\u00edcil re\u00admedio.<\/p>\n<p>Esperemos, gozando antes del sue\u00f1e; el mundo se tor\u00adnar\u00e1 m\u00e1s vivo, y pronto tendremos en nuestra sociedad una inmensa m\u00e1quina de fabricar miseria, un verdadero embu\u00addo del infierno. Esperemos m\u00e1s y m\u00e1s a\u00fan, que tal es la m\u00e1\u00adxima del arte, propia de holgazanes, de dejar para que ha\u00adgan los otros lo que el ap\u00e1tico y enclenque no se resuelve \u00e1 hacer por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Cat\u00f3licos: el reloj ha marcado tiempo ha la hora de des\u00adpertar. El Papa ha lanzado el grito de alarma que ha dado la se\u00f1al de combatir. Los Obispos han repetido en derredor las palabras de nuestro Jefe supremo. Las b\u00f3vedas de los templos han recogido y repiten el eco de estas voces.<\/p>\n<p>Esperar cuando estamos asediados, ser\u00eda entregar la plaza a nuestros enemigos; ser\u00eda hacer m\u00e1s f\u00e1cil su victoria y preparar por nosotros mismos nuestra vergonzosa derrota.<\/p>\n<p>Alc\u00e9monos como un solo hombre; obremos pronta y en\u00e9rgicamente. No obliguemos con nuestros descuidos a que la Providencia nos despierte con el fracaso de un nuevo de\u00adsastre.<\/p>\n<p><em>Novena objeci\u00f3n. \u2014 <\/em>Pues qu\u00e9 esta obra no absorbe\u00adr\u00e1 los recursos de la parroquia y de todas las otras obras ca\u00adt\u00f3licas?<\/p>\n<p><em>Respuesta. \u2014 <\/em>La experiencia ha mostrado todo lo con\u00adtrario. Es tal la simplicidad y la sobriedad de esta obra, que la permiten vivir en todas partes. Es m\u00e1s, que presta su con\u00adcurso a las otras, ejercitando \u00e1 los cristianos desde sus tiernos a\u00f1os en la pr\u00e1ctica de la caridad, les torna poco a poco hombres generosos y devotos, que son el coraz\u00f3n y el alma de todas las obras, siendo el semillero adonde buscan sus mejores plantas, y donde se preparan desde muy atr\u00e1s los elementos que las deben constituir y el terreno sobre el cual se han de establecer.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s da el cristiano, m\u00e1s desea dar; cuanto m\u00e1s uno se sacrifica, m\u00e1s se desea sacrificar; cuanto menos se hace, mayor es la pereza; tal es el hombre.<\/p>\n<p>Se dar\u00e1 mucho a aquel que no lo necesita&#8230;<\/p>\n<p>Cuando un cat\u00f3lico ha gustado en su Conferencia las dulzuras de la caridad, siente un vehemente impulso de pro\u00adgresar.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s se bebe de esta agua, mayor es la sed; sien\u00adte la necesidad de ir adelante, y sin dejar la obra de su pri\u00admer amor, presta su concurso a todas las dem\u00e1s que viven en torno suyo.<\/p>\n<p>Los miembros de la Conferencia ser\u00e1n los primeros en el cumplimiento de los deberes del buen feligr\u00e9s. Entre ellos encontrar\u00e1 el p\u00e1rroco, cantores, mayordomos, fabricantes, quienes, al querer establecer una nueva obra cristiana, le prestar\u00e1n tanta ayuda cuanta sea la necesidad. En una pa\u00adlabra, la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, animada de un esp\u00edritu amplio y muy cat\u00f3lico, lejos de ser perjudicial a las otras obras, les prepara la cuna y las sustituye cuando no existen. Es una obra madre: crea y no destruye\u00bb.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal merecen en to\u00addos los sentidos las simpat\u00edas y la cooperaci\u00f3n sincera de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. 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