{"id":17934,"date":"2013-08-05T08:17:00","date_gmt":"2013-08-05T06:17:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=17934"},"modified":"2013-08-05T08:17:00","modified_gmt":"2013-08-05T06:17:00","slug":"instruccion-sobre-la-estabilidad-castidad-pobreza-y-obediencia-en-la-congregacion-de-la-mision","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/instruccion-sobre-la-estabilidad-castidad-pobreza-y-obediencia-en-la-congregacion-de-la-mision\/","title":{"rendered":"Instrucci\u00f3n sobre la Estabilidad, Castidad, Pobreza y Obediencia en la C.M."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/04\/image.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-17937\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/04\/image-205x300.jpg?resize=205%2C300\" width=\"205\" height=\"300\" \/><\/a>25 de enero de 1996<\/p>\n<p>A los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/p>\n<p>Queridos hermanos:<\/p>\n<p>La gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con ustedes.<\/p>\n<p>Pongo hoy en las manos de todos ustedes la nueva <em>Instrucci\u00f3n sobre la Estabilidad, Castidad, Pobreza y Obediencia en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/em>. Al hacerlo, recuerdo aquellas palabras que san Vicente dirigi\u00f3 a los miembros de la Congregaci\u00f3n justamente un a\u00f1o antes de su muerte:<\/p>\n<p><em>Los que se liberan del apego a los bienes de la tierra, del ansia de placeres y de su propia voluntad, se convierten en hijos de Dios y gozan de una libertad perfecta, pues la libertad se encuentra s\u00f3lo en el amor de Dios. Esas son personas libres, que no tienen ley, que vuelan por doquier, cada vez m\u00e1s alto; nada las detiene, ni son esclavas jam\u00e1s del demonio, ni de sus pasiones. Dichosa libertad la de los hijos de Dios<\/em> (XII, 301\/ XI, 585).<\/p>\n<p>Esta Instrucci\u00f3n es ciertamente s\u00f3lo un instrumento; ser\u00e1 eficaz solamente si la usamos como ayuda para una verdadera renovaci\u00f3n personal. Como bien saben, los votos no son simplemente un compromiso que se asume una vez despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo de formaci\u00f3n inicial. Los votos piden de nosotros una fidelidad cada vez m\u00e1s profunda, una renovaci\u00f3n permanente, un ponernos cada d\u00eda m\u00e1s en las manos del Se\u00f1or como evangelizadores y servidores de los pobres.<\/p>\n<p>Como recordar\u00e1n, la XXXVIII Asamblea General de la Congregaci\u00f3n (1992) pidi\u00f3 al superior general que preparara esta Instrucci\u00f3n. Deseo expresar mi agradecimiento a los que ayudaron en su preparaci\u00f3n: los padres Jos\u00e9 Ignacio Fern\u00e1ndez de Mendoza, John Prager, Jaime Corera, L\u00e9on Lauwerier, Hugh O&#8217;Donnell, Miguel P\u00e9rez Flores y Benjam\u00edn Romo. Quiero tambi\u00e9n agradecer a los visitadores y sus consejos, as\u00ed como a los miembros del Consejo General. Todos ellos han contribuido mucho con sus sugerencias a la elaboraci\u00f3n del texto final.<\/p>\n<p>Advertir\u00e1n que la Instrucci\u00f3n coloca en primer lugar el voto de estabilidad. La Asamblea General pidi\u00f3 que se prestara atenci\u00f3n especial a este voto, pues en la sociedad actual cualquier compromiso perpetuo se considera como un desaf\u00edo casi insuperable. Tambi\u00e9n san Vicente era consciente de las dificultades que presenta una fidelidad para toda la vida. Precisamente por esa raz\u00f3n pens\u00f3 en este voto para los miembros de la compa\u00f1\u00eda, y les recordaba que \u00abno podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la Providencia y en una renuncia real a nosotros mismos para seguir a Jesucristo\u00bb (III, 392\/ III, 359).<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme que a\u00f1ada unas palabras sobre el uso de este documento.<\/p>\n<p>1. Mientras se trabajaba en su redacci\u00f3n, todos los que est\u00e1bamos en ello nos d\u00e1bamos cuenta de lo dif\u00edcil que es tener a la vista todas las diferencias culturales que se dan en la Congregaci\u00f3n esparcida por todo el mundo. Advertir\u00e1n que en la Instrucci\u00f3n se menciona de vez en cuando la variedad de culturas, pero como comprender\u00e1n, resultaba imposible aludir expl\u00edcitamente a todas las diferencias culturales existentes. El hacerlo as\u00ed se deja en manos de las diferentes provincias en los diversos contextos culturales. Quisiera animar sobre todo a los responsables de formaci\u00f3n, inicial o continua, a valerse de esta Instrucci\u00f3n como de un medio para trabajar por una inculturaci\u00f3n creciente de nuestra tradici\u00f3n vicenciana, de nuestros votos y de nuestra espiritualidad, en los ambientes diferentes en que vive la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Desear\u00eda vivamente que esta Instrucci\u00f3n fuera un instrumento de trabajo que se usa, y que no se coloca en un estante para ser v\u00edctima del olvido. Ha sido redactado por mandato de una Asamblea General, que es la autoridad m\u00e1s alta en la Congregaci\u00f3n. Por ello, pido a los visitadores que<\/p>\n<p>a. entreguen una copia de esta Instrucci\u00f3n a cada uno de los misioneros;<\/p>\n<p>b. se emplee esta Instrucci\u00f3n como tema de reflexi\u00f3n en los ejercicios espirituales anuales durante el a\u00f1o 1997;<\/p>\n<p>c. se emplee tambi\u00e9n como base para las reuniones de formaci\u00f3n permanente del mismo a\u00f1o;<\/p>\n<p>d. se emplee igualmente en los seminarios internos y en los teologados de toda la Congregaci\u00f3n como medio para ayudar a nuestros seminaristas en la preparaci\u00f3n para los votos.<\/p>\n<p>3. Pedir\u00eda a todos los que la lean que traten de asimilar el esp\u00edritu de esta Instrucci\u00f3n. Ciertamente no dice todo lo que se podr\u00eda decir sobre los votos. El lector debe intentar que su propio conocimiento y su experiencia personal entren en un di\u00e1logo abierto y creativo con esta formulaci\u00f3n de lo que significan hoy nuestros votos. Si as\u00ed se hiciere, cada uno de nosotros ser\u00e1 como el amo de casa que conserva lo nuevo y lo antiguo en su arca (Mt 13,52).<\/p>\n<p>Hace falta una actitud humilde para aceptar este documento como una \u00abinstrucci\u00f3n\u00bb. Existe la tendencia (que a veces advierto en m\u00ed mismo) a pensar que \u00abya me s\u00e9 todo eso\u00bb. Por ello quiero animar a todos a ser, como Mar\u00eda, un oyente humilde. En el evangelio de san Lucas ella escucha lo que Dios dice a trav\u00e9s de palabras y de acontecimientos, y despu\u00e9s lo lleva a la pr\u00e1ctica con constancia. Mar\u00eda sabe c\u00f3mo guardar en su coraz\u00f3n y meditar todo lo que Dios le dice, y guardarlo como un tesoro. Espero que nosotros hagamos lo mismo con la ayuda de esta Instrucci\u00f3n para as\u00ed hacer m\u00e1s s\u00f3lido nuestro compromiso perpetuo de seguir a Cristo evangelizador de los pobres en castidad, pobreza y obediencia.<\/p>\n<p>Su hermano en san Vicente,<\/p>\n<p>Robert P. Maloney, C.M.<\/p>\n<p>Superior General<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO I<\/strong><\/p>\n<p><strong>JESUCRISTO ES LA REGLA DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>\u00ab<em>El fin de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n es seguir a Cristo evangelizador de los pobres<\/em>\u00bb (C 1).<\/p>\n<p>Jesucristo es el centro de nuestra vida y de toda nuestra actividad (C 5). Aunque esto es cierto tambi\u00e9n para todos los cristianos, las modalidades de seguimiento de Cristo son diferentes seg\u00fan los dones que hombres y mujeres reciben, y seg\u00fan las diversas vocaciones. En la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n nos comprometemos libremente a seguir a Jesucristo como lo hizo san Vicente, para vivir su carisma misionero como evangelizador de los pobres.<\/p>\n<p><strong>I. SAN VICENTE DE PA\u00daL: EL DESCUBRIMIENTO DE CRISTO EN LOS POBRES Y DE LOS POBRES EN CRISTO.<\/strong><\/p>\n<p>Para san Vicente de Pa\u00fal, Jesucristo es ante todo el Salvador, el Hijo del Padre enviado a evangelizar a los pobres. Apela constantemente a estos textos: \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or&#8230;me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres\u00bb (Lc 14,18); \u00abTodo lo que hag\u00e1is al m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, me lo hac\u00e9is a M\u00ed\u00bb (Mt 25, 40). Profundamente compasivo, nuestro fundador se dej\u00f3 interpelar por los sufrimientos y por la miseria de los pobres, y descubri\u00f3 en sus carencias una llamada de Dios para intentar encarnar el Evangelio en el mundo.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con algunos maestros espirituales de su tiempo le ayuda a descubrir la importancia fundamental de la encarnaci\u00f3n. Admira el amor inmenso que Dios derrama sobre los hombres a trav\u00e9s de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de su Hijo.<\/p>\n<p>El anonadamiento de Jes\u00fas, que asume la condici\u00f3n humana para liberarnos de la esclavitud del pecado, afecta en toda su profundidad la orientaci\u00f3n de su vida.<\/p>\n<p>En contacto con el mundo de los pobres, san Vicente descubre a su alrededor m\u00faltiples necesidades espirituales y materiales; descubre tambi\u00e9n a Jesucristo, que act\u00faa en su propia vida y en la de los pobres; poco a poco, va descubriendo tambi\u00e9n la vocaci\u00f3n propia y, posteriormente, la de sus misioneros: \u00abEn esta vocaci\u00f3n vivimos en conformidad con Nuestro Se\u00f1or, cuyo fin principal al venir al mundo fue asistir a los pobres y cuidar de ellos: <em>Misit me evangelizare pauperibus<\/em>\u00bb (XI, 108\/ XI, 33-34).<\/p>\n<p>En los pobres encontr\u00f3 san Vicente un desaf\u00edo a reavivar su fe y a descubrir a Cristo en medio de ellos. San Vicente da \u00abla vuelta a la medalla\u00bb (XI,32\/ XI,725) y encuentra a Jes\u00fas, el Misionero del Padre, que llama a san Vicente a participar en su misi\u00f3n hacia los pobres. Esta visi\u00f3n, visi\u00f3n de fe y, a la vez, visi\u00f3n muy realista, hace que san Vicente vea a los pobres siempre desde la perspectiva de Cristo, con un gran respeto hacia sus personas y una gran compasi\u00f3n por sus sufrimientos. En esta visi\u00f3n de Cristo en los pobres y de los pobres en Cristo consiste el esp\u00edritu evang\u00e9lico que \u00e9l comparti\u00f3 con otros que vinieron a un\u00edrsele para la misi\u00f3n (XI,40,392\/ XI, 733, 273).<\/p>\n<p><strong>II. JESUCRISTO ES LA REGLA DE LA MISI\u00d3N (XII, 130\/ XI, 429)<\/strong><\/p>\n<p>Como hijos que somos de san Vicente, nuestras vidas tambi\u00e9n deben estar inspiradas por el esp\u00edritu de Jes\u00fas que est\u00e1 presente en el misterio que son los pobres, esp\u00edritu que nos transmiti\u00f3 el fundador. Se nos llama a abrir nuestros corazones para entrar en los sentimientos del Se\u00f1or (C 6). As\u00ed nos lo recuerda san Vicente: \u00abEl fin de la compa\u00f1\u00eda es imitar a Nuestro Se\u00f1or&#8230;Debemos esforzarnos por conformar nuestros pensamientos, obras e intenciones con las suyas&#8230;, por ser hombres de virtud, no s\u00f3lo en lo interior, sino tambi\u00e9n obrando hacia el exterior por virtud\u00bb (XII, 75 \/XI, 383).<\/p>\n<p>Trabajando por hacer nuestro el esp\u00edritu de Jesucristo, llegaremos a poder decir como san Pablo: \u00abNo soy yo el que vive, sino que es Cristo el que vive en m\u00ed\u00bb (Gal 2,20). Si hemos de participar en la misi\u00f3n de Jes\u00fas evangelizador de los pobres, \u00c9l tiene que ser la Regla de la Misi\u00f3n. San Vicente dec\u00eda a los primeros misioneros: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 gran negocio es revestirse del esp\u00edritu de Cristo!\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda que el esp\u00edritu de Cristo es \u00abel Esp\u00edritu Santo derramado en el coraz\u00f3n de los justos, que vive en ellos y crea en ellos las disposiciones e inclinaciones que Cristo tuvo en la tierra\u00bb (XII,107-108\/ XI, 411). Las Reglas Comunes nos presentan el revestirse del esp\u00edritu de Cristo como la obligaci\u00f3n fundamental del misionero. Lo mismo dicen las Constituciones actuales, que nos invitan a todos, personal y comunitariamente a \u00abprocurar con todas las fuerzas <em>revestirse del esp\u00edritu del mismo Cristo<\/em> para adquirir la perfecci\u00f3n correspondiente a su vocaci\u00f3n\u00bb (C 1, 1\u00ba: RC I, 3).<\/p>\n<p>En el esp\u00edritu de Cristo, evangelizador de los pobres, los misioneros deben estar llenos de \u00abamor y reverencia hacia el Padre, de compasi\u00f3n y de amor eficaz hacia los pobres y de docilidad hacia la divina providencia\u00bb (C 6).<\/p>\n<p>A. AMOR Y REVERENCIA HACIA EL PADRE<\/p>\n<p>Jesucristo vino al mundo para dar a conocer el amor del Padre. Es el adorador del Padre, el Hijo que hace del reinado de Dios el centro de su vida. Enviado por el Padre, vive con \u00c9l en uni\u00f3n \u00edntima por la oraci\u00f3n. En todas las circunstancias de su vida, para Jes\u00fas lo m\u00e1s importante es llevar a cabo la voluntad del Padre. \u00ab\u00c9l no quer\u00eda que su doctrina fuese suya, sino que la refer\u00eda a su Padre&#8230; Oh, Salvador, qu\u00e9 amor tan grande ten\u00edas a tu Padre. \u00bfPodr\u00eda tenerlo mayor, hermanos m\u00edos, que anonadarse por \u00c9l&#8230;, que morir por amor de la manera que muri\u00f3?&#8230; Yo hago siempre la voluntad de mi Padre, hago siempre las acciones que le agradan\u00bb (XII, 108-109\/ XI, 411-412).<\/p>\n<p>Cuando nos llama a que le sigamos, Jes\u00fas nos invita a hacer nuestro el doble programa de su vida, tal como lo describe san Vicente: \u00abreligi\u00f3n hacia el Padre y caridad hacia la humanidad\u00bb (VI, 393\/ VI, 370). Es una llamada a penetrar en el misterio de una vida centrada en el amor del Padre. El Se\u00f1or nos invita a buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33), a dar honor a Dios con nuestras vidas am\u00e1ndole con todo nuestro coraz\u00f3n, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente (Mt 22,37).<\/p>\n<p>B. COMPASI\u00d3N Y AMOR EFECTIVO HACIA LOS POBRES<\/p>\n<p>A medida que progresaba en la dedicaci\u00f3n de su vida a la evangelizaci\u00f3n de los pobres, el coraz\u00f3n de san Vicente se ensanchaba m\u00e1s y m\u00e1s por la caridad. Todo su ser acab\u00f3 por estar sumergido en el amor compasivo de Cristo, hasta llegar a identificarse con ese amor. Pero no le bastaba el amor de solo Dios, pues ese amor deb\u00eda ir unido al amor del pr\u00f3jimo (XII, 261\/ XI, 552).<\/p>\n<p>San Vicente ve a los pobres como hermanos y hermanas que sufren, y busca medios pr\u00e1cticos para hacer efectivo su amor: \u00abNo podemos ver sufrir a nuestro pr\u00f3jimo sin sufrir con \u00e9l&#8230;\u00bb (XII, 270\/ XI, 560). Al decir esto nos ofrece un eco de la carta de san Juan: \u00abQuien no ama a su pr\u00f3jimo a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve\u00bb (1 Jn. 4, 20). El esp\u00edritu de Cristo es esp\u00edritu de caridad, el amor de Dios que se manifiesta en la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abLa caridad de Cristo que se compadece de la muchedumbre es la fuente de toda nuestra actividad apost\u00f3lica, que nos impulsa &#8230; &#8216;a hacer efectivo el Evangelio'\u00bb (C 11; XII, 84\/ XI, 391). Fiel a san Vicente, la Congregaci\u00f3n quiere hacer suyo el amor compasivo de Cristo por los pobres.<\/p>\n<p>C. DOCILIDAD A LA DIVINA PROVIDENCIA<\/p>\n<p>Jes\u00fas vivi\u00f3 su vida en conformidad con la voluntad de su Padre. Anunci\u00f3 la venida del Reino, expresi\u00f3n de la voluntad salv\u00edfica de Dios. Plenamente confiado en el amor del Padre, permaneci\u00f3 fiel hasta la muerte, y muerte de cruz. \u00abPadre, a tus manos entrego mi esp\u00edritu\u00bb. Con esa oraci\u00f3n manifestaba su confianza definitiva en la Providencia (Lc 23,46). Su confianza no se vio frustrada, pues el Padre lo resucit\u00f3 de entre los muertos.<\/p>\n<p>San Vicente experimentaba la presencia de Dios como liberaci\u00f3n. Pon\u00eda su confianza en el amor de Dios en las situaciones m\u00e1s dif\u00edciles, amor que se hace presente en la acci\u00f3n de la Providencia. \u00abEl bien que Dios quiere se hace como por s\u00ed mismo, sin que pensemos en \u00e9l. As\u00ed ha nacido nuestra Congregaci\u00f3n, as\u00ed comenz\u00f3 nuestra dedicaci\u00f3n a las misiones, a los ejercicios de ordenandos&#8230;; as\u00ed han venido a existir todas las otras obras de las que estamos encargados\u00bb (IV, 122-123\/ IV, 499).<\/p>\n<p>En el mismo esp\u00edritu de Jes\u00fas, san Vicente lleg\u00f3 a tener una confianza profunda en la Providencia y habl\u00f3 con frecuencia de ponernos en las manos del Padre. Debemos abandonarnos en las manos de la Providencia, pues \u00abella sabe muy bien c\u00f3mo darnos lo que necesitamos\u00bb (I, 356\/ I, 378). La confianza en la Providencia tiene como fruto la fidelidad a la voluntad de Dios, incluso cuando \u00e9sta es exigente, o cuando nos lleva a la cruz. \u00abNo podemos asegurar nuestra felicidad eterna de mejor manera que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres entre los brazos de la Providencia y en una verdadera renuncia a nosotros mismos para seguir a Jesucristo\u00bb (III, 392\/ III, 359).<\/p>\n<p><strong>III. EN FIDELIDAD A SAN VICENTE<\/strong><\/p>\n<p>A. DE LA INSPIRACI\u00d3N PERSONAL DE SAN VICENTE A LA FUNDACI\u00d3N DE LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>Los primeros miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se sintieron atra\u00eddos por la misma visi\u00f3n del Evangelio propia de san Vicente y participaron de ella. Se unieron a san Vicente para seguir a Jesucristo evangelizador de los pobres. Como el fundador, tambi\u00e9n ellos respondieron a la llamada a entregar su vida entera al servicio de los necesitados. Buscaron juntos maneras concretas de hacer efectivo el Evangelio en medio de los sufrimientos de los m\u00e1s abandonados.<\/p>\n<p>Esa misma inspiraci\u00f3n original de san Vicente y de sus primeros compa\u00f1eros sigue convocando hoy, m\u00e1s de trescientos a\u00f1os despu\u00e9s, a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Jes\u00fas, el evangelizador de los pobres, sigue llam\u00e1ndonos hoy a seguirle en su caminar entre los abandonados y marginados. La respuesta de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, cimentada sobre el compromiso radical de cada uno a seguir como disc\u00edpulo a Jes\u00fas, es una acci\u00f3n comunitaria. Durante la vida de san Vicente, las necesidades m\u00e1s urgentes de los pobres, la misi\u00f3n apost\u00f3lica, la vida com\u00fan, la llamada a ser disc\u00edpulo de Jes\u00fas, as\u00ed como el ejemplo del mismo san Vicente, fueron capaces de crear un dinamismo que dot\u00f3 a la naciente Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de su identidad espec\u00edfica. Fiel a esa tradici\u00f3n, la Congregaci\u00f3n se esfuerza por seguir el soplo del Esp\u00edritu en los sucesos y situaciones de nuestro tiempo. Un igual dinamismo, formado por elementos similares, nos empuja hoy a encarnar el carisma vicenciano en un nuevo contexto hist\u00f3rico y a responder con formas nuevas a las necesidades urgentes de los pobres.<\/p>\n<p>B. LA ORIGINALIDAD Y EL CAR\u00c1CTER DISTINTIVO DE LA CONGREGA CI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>El que seamos hoy fieles a la inspiraci\u00f3n original de san Vicente depende de un conocimiento adecuado de la naturaleza propia de la Congregaci\u00f3n. La congregaci\u00f3n del Sr. Vicente era en su tiempo una invenci\u00f3n nueva, creada no sobre ideas y esquemas can\u00f3nicos preexistentes, sino para responder fielmente a los acontecimientos. El mismo Vicente, que sab\u00eda muy bien que exist\u00edan otras comunidades misioneras, era muy consciente de la novedad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, idea que expresaba diciendo a sus misioneros que Dios hab\u00eda esperado mil seiscientos a\u00f1os para crear una comunidad que hiciera lo mismo que Cristo, ir de aldea en aldea anunciando la Buena Noticia a los pobres. \u00abNo hay otra comunidad en la Iglesia de Dios -dec\u00eda- que tenga a los pobres como su herencia propia\u00bb (XII, 79-80\/ XI, 387).<\/p>\n<p>El fundador sinti\u00f3 desde el comienzo mismo la necesidad de responder con agilidad y con esp\u00edritu creativo a las exigencias del apostolado entre los pobres. Por ello mismo busc\u00f3 deliberadamente el librarse de las estructuras de la vida religiosa can\u00f3nica tradicional. Por ello fund\u00f3 una comunidad de car\u00e1cter secular que \u00e9l defin\u00eda como \u00abun estado de caridad\u00bb (XI, 43-44; XII, 275\/ XI, 736, 563).<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II recomend\u00f3 que \u00abse reconozcan y se mantengan fielmente el esp\u00edritu y prop\u00f3sito de cada fundador, as\u00ed como las sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio de cada instituto\u00bb (PC 2). La intuici\u00f3n original de san Vicente ha sido reconocida y sancionada por el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico actual. Una secci\u00f3n nueva, la de <strong>Sociedades de Vida Apost\u00f3lica<\/strong>, define el car\u00e1cter espec\u00edfico de comunidades tales como la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (CIC. 731 \u00a7 1), car\u00e1cter definido por el lugar central que ocupa el apostolado vivido comunitariamente. <strong>El lugar central del apostolado vivido en comunidad<\/strong> es la caracter\u00edstica principal de un instituto como el nuestro. Un conocimiento claro de nuestro status jur\u00eddico nos servir\u00e1 de ayuda para revivir la creatividad y flexibilidad misionera tan obvia en la vida y en la obra de san Vicente.<\/p>\n<p>C. LAS CINCO VIRTUDES PROPIAS DE LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n hace profesi\u00f3n de vivir y obrar siempre en conformidad con las m\u00e1ximas evang\u00e9licas (RC II), que definen los aspectos fundamentales del esp\u00edritu de Jesucristo. Es por ello llamada a adquirir sus virtudes, en particular las cinco virtudes que son \u00abcomo las facultades del alma de toda la Congregaci\u00f3n\u00bb (RC II, 14). Estas virtudes, que tienen una orientaci\u00f3n misionera, son la fuente de las actitudes que tuvo Jesucristo hacia su Padre y hacia los pobres. Son virtudes que no s\u00f3lo perfeccionan al misionero sino que tambi\u00e9n le disponen para ser un verdadero evangelizador de los pobres.<\/p>\n<p>&#8211; La <strong>sencillez <\/strong>crea rectitud de intenci\u00f3n y la veracidad en nuestros modos de hablar y de obrar, y hace al misionero transparente ante Dios y ante los pobres.<\/p>\n<p>&#8211; La <strong>humildad <\/strong>hace del misionero un hombre que depende de Dios, abierto a su gracia, cercano a los pobres y solidario con los humillados, y capaz de dejarse evangelizar por ellos.<\/p>\n<p>&#8211; La <strong>mansedumbre <\/strong>crea en el misionero la paz interior; le hace ser cordial y paciente con los dem\u00e1s, especialmente con los pobres.<\/p>\n<p>&#8211; La <strong>mortificaci\u00f3n<\/strong> une al misionero con Cristo sufriente, libera al misionero de la b\u00fasqueda de s\u00ed mismo y le hace disponible para los pobres a pesar de las dificultades y obst\u00e1culos de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; El <strong>celo<\/strong> suscita la energ\u00eda para promover el reinado de Dios; despierta un entusiasmo afectivo y efectivo por la evangelizaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>San Vicente piensa que existe una mutua relaci\u00f3n din\u00e1mica entre la actividad apost\u00f3lica y las cinco virtudes propias del misionero. Por eso nos dir\u00e1 con mucha insistencia que la verdadera religi\u00f3n se encuentra entre los pobres (XI, 200-201; XII, 170-171\/ XI, 120, 462), que ellos son nuestros amos y se\u00f1ores (X, 266, 332; XI, 393; XII, 5\/ IX, 862, 916; XI, 273, 324) y que ellos nos evangelizan (XI, 200-201\/ XI, 120). Las Constituciones sugieren \u00abalguna participaci\u00f3n en la condici\u00f3n de los pobres, de modo que no s\u00f3lo procuremos evangelizarlos sino tambi\u00e9n ser evangelizados por ellos\u00bb (C 12, 3\u00ba).<\/p>\n<p>D. LOS CONSEJOS EVANG\u00c9LICOS<\/p>\n<p>Como todo cristiano, el misionero est\u00e1 llamado a la santidad. Por el bautismo viene a ser hijo de Dios y es introducido en la vida de la Trinidad, es decir, en una relaci\u00f3n \u00edntima con el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo. El camino del misionero hacia la santidad cuenta tambi\u00e9n, como ha sido tradicional en la historia de la Iglesia, con la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos de pobreza, castidad y obediencia, consejos que el misionero debe vivir para servir a los pobres. Como ha dicho Juan Pablo II, \u00abla llamada a vivir los consejos evang\u00e9licos tiene siempre su origen en Dios: &#8216;No me hab\u00e9is elegido vosotros, sino que yo os he elegido, y os he enviado a dar fruto, y un fruto que permanezca&#8217; (Jn 15,16). La llamada por la que alguien descubre en profundidad la ley evang\u00e9lica del don, una ley inscrita en la naturaleza humana, es en s\u00ed misma un don gratuito, un don lleno del m\u00e1s profundo esp\u00edritu del evangelio\u00bb (<em>Redemptionis Donum<\/em>, 6).<\/p>\n<p>Para san Vicente la pr\u00e1ctica de la pobreza, castidad y obediencia tiene un claro sentido misionero : \u00abComo la peque\u00f1a Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n ha brotado en la Iglesia de Dios para este fin, a saber: para dedicarse a la salvaci\u00f3n de las almas, sobre todo de los pobres del campo, ha pensado que no pod\u00eda usar de armas m\u00e1s fuertes y m\u00e1s adecuadas que las que us\u00f3 la Sabidur\u00eda eterna con tanto \u00e9xito y tanta eficacia. Por eso todos y cada uno guardaremos con fidelidad y perseverancia pobreza, castidad y obediencia, seg\u00fan lo exige la naturaleza de nuestra Congregaci\u00f3n\u00bb (RC II, 18).<\/p>\n<p>El camino del misionero hacia el amor y la santidad no es un camino de dominio, de b\u00fasqueda de poder social, de b\u00fasqueda de riquezas, de sensualidad. Es el camino de las bienaventuranzas y de los consejos evang\u00e9licos, el esp\u00edritu de los pobres, un esp\u00edritu que parad\u00f3jicamente conduce a la vida y a la felicidad verdaderas.<\/p>\n<p>Es el esp\u00edritu que se encuentra en la ra\u00edz misma de nuestra fidelidad en servir a los pobres en castidad, pobreza y obediencia. En este esp\u00edritu encuentra la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n la fuerza y la energ\u00eda para llevar a cabo su misi\u00f3n propia.<\/p>\n<p>E. EL CAR\u00c1CTER PROF\u00c9TICO DE LOS CONSEJOS EVANG\u00c9LICOS<\/p>\n<p>Sabemos que hoy los consejos evang\u00e9licos parecen a muchos una locura. Pero nosotros hemos puesto nuestra confianza en el hecho de que son muestras de la locura de Dios (1 Cor, 1, 26-28), y creemos que, parad\u00f3jicamente, encarnan la sabidur\u00eda y el poder de Dios. Si vamos m\u00e1s all\u00e1 de un an\u00e1lisis puramente l\u00f3gico y racionalista de los consejos evang\u00e9licos, nos ser\u00e1 posible comprender que una vida vivida en conformidad con esos consejos tiene un papel importante que jugar en la salvaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n<p>La familia humana est\u00e1 hoy hambrienta del don de la fidelidad, ahora que las estructuras y las costumbres no tienen ya el poder de asegurar la fidelidad. Tenemos la esperanza de que nuestro voto de estabilidad, que es en realidad una promesa de fidelidad a la evangelizaci\u00f3n de los pobres, puede dar una respuesta al ansia de fidelidad en los corazones de los hombres y las mujeres de hoy. Tenemos la confianza de que sea un signo del compromiso din\u00e1mico que nos gustar\u00eda compartir con ellos, aun reconociendo nuestra debilidad y las dudas en nuestra lucha por ser fieles y perseverantes. Tenemos la confianza de que pueda ser un signo de la fuerza y energ\u00eda que brotan del Esp\u00edritu Santo, origen fontal del que manan nuestros consejos evang\u00e9licos, que nos ligan con Dios y con nuestros hermanos y hermanas para servir de apoyo a nuestra debilidad.<\/p>\n<p>Nosotros, que compartimos el ansia profunda de toda la humanidad por el amor verdadero, debemos estar dispuestos a ayudar a los dem\u00e1s a experimentar el amor de Dios y el amor fraterno que nosotros mismos experimentamos en una vida casta y c\u00e9libe en favor de los dem\u00e1s. Nuestro celibato deber\u00eda ser la expresi\u00f3n de un compromiso que nos lleva a poner nuestras vidas al servicio de nuestros hermanos y hermanas, aun reconociendo que con frecuencia recibimos m\u00e1s que lo que damos, en especial de aquellos que han sido fieles a su matrimonio.<\/p>\n<p>Ahora que vivimos en un mundo que produce bienes suficientes para todos, \u00bfno se podr\u00edan satisfacer las necesidades b\u00e1sicas de todos si moder\u00e1ramos el deseo de poseer y consumir? Nuestra experiencia de la pobreza confirmada por el voto podr\u00eda mostrar algo al mundo acerca de la dependencia que tenemos de Dios, el gozo de compartir, la solidaridad con los pobres, y acerca de los cambios estructurales que solucionar\u00edan muchos problemas de nuestro mundo.<\/p>\n<p>Finalmente, podemos descubrir en la experiencia de nuestra obediencia que queremos estar atentos a la voz de Dios no solo en las \u00f3rdenes de nuestros superiores, sino tambi\u00e9n en los acontecimientos del mundo, en el di\u00e1logo y en el discernimiento. Nuestra obediencia puede decir algo al mundo acerca del saber escucharnos unos a otros, acerca del di\u00e1logo, del saber respetar las diferencias de opini\u00f3n y de cultura, y sobre la necesidad de trabajar juntos.<\/p>\n<p>F. LA GOZOSA LIBERTAD DE LOS CONSEJOS EVANG\u00c9LICOS<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos y la vida de caridad evang\u00e9lica exigen disciplina y sacrificios, participaci\u00f3n voluntaria en la cruz del Se\u00f1or y en los sufrimientos de los pobres. Pero el fruto de vivir el Misterio Pascual es la gracia de la libertad de los hijos de Dios y el gozo evang\u00e9lico (Rom 6, 20-23).<\/p>\n<p>La fidelidad y perseverancia en esta forma de seguimiento de Jes\u00fas nos libera poco a poco del apego a los lugares, a los ministerios, a la posesi\u00f3n de cosas materiales y al ego\u00edsmo personal. Nos capacita para ver todas las cosas como dones de Dios y para vivir con sentimiento de gratitud por todo lo que hemos recibido. Nos hace libres para reconocer la mano generosa de Dios en todo lo que acontece y su amor en todas las personas. Todo eso nos capacita para amar de una manera nueva. Si de verdad nos entregamos a una vida de consejos evang\u00e9licos, seremos capaces de usar todas las cosas en relaci\u00f3n al Reino de Dios y libres para ir adondequiera que nos gu\u00eden el Esp\u00edritu y la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta libertad evang\u00e9lica lleva consigo un gozo profundo. Gozo en el convivir con los pobres, gozo en servir a los seres humanos con los que el Se\u00f1or nos pone en relaci\u00f3n, gozo en aprender a compartir de manera nueva no desde nuestra riqueza, sino desde nuestra pobreza. Pero por encima de todo, gozo de sentir que caminamos con el Esp\u00edritu del Se\u00f1or, y de tener experiencia de los frutos del Esp\u00edritu: caridad, alegr\u00eda, paz, perseverancia paciente, generosidad, bondad y mortificaci\u00f3n (Gal 5, 22 ss.).<\/p>\n<p>G. CONSEJOS EVANG\u00c9LICOS Y VOCACI\u00d3N VICENCIANA<\/p>\n<p>Todas estas consideraciones nos invitan a interrogarnos si, de hecho, estamos unidos por la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos a las aspiraciones m\u00e1s profundas de la humanidad y de los pobres. \u00bfVivimos de verdad, por los consejos evang\u00e9licos, una vida entregada a seguir a Jes\u00fas como servidores, plenamente entregada a Dios?<\/p>\n<p>Todos los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se \u00abentregan a Dios\u00bb para evangelizar a los pobres. La entrega plena a esa misi\u00f3n s\u00f3lo ser\u00e1 posible si vivimos de una manera radical los consejos evang\u00e9licos. \u00abDeseando continuar la misi\u00f3n de Cristo, nos entregamos a evangelizar a los pobres en la Congregaci\u00f3n todo el tiempo de nuestra vida. Para realizar esta vocaci\u00f3n, abrazamos la castidad, la pobreza y la obediencia conforme a las Constituciones y Estatutos\u00bb (C 28). La clave de nuestra vocaci\u00f3n es la entrega de nuestra persona a la evangelizaci\u00f3n de los pobres, continuando as\u00ed la misi\u00f3n de Cristo, que fue pobre, casto y obediente. Esta entrega es confirmada y ratificada al hacer los votos propios de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><br \/>\nJESUCRISTO ES LA REGLA DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><em>-Textos para la meditaci\u00f3n-<\/em><\/p>\n<p>1. \u00abPasemos ahora al segundo art\u00edculo, donde la Regla dice con Jesucristo: &#8216;buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas las dem\u00e1s cosas que necesit\u00e9is se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura&#8217; (Mt, 6,33). Si Nuestro Se\u00f1or nos ha recomendado esto, hemos de aceptarlo as\u00ed; \u00e9l lo quiere; \u00e9l es la Regla de la Misi\u00f3n\u00bb (XII,130\/XI,429).<\/p>\n<p>2. \u00abAnte todo cada uno de nosotros se esforzar\u00e1 por convencerse de esta verdad: que la ense\u00f1anza de Cristo no puede enga\u00f1ar nunca, mientras que la del mundo es siempre falaz. El mismo Cristo afirma que \u00e9sta es como una casa construida sobre arena, mientras que su propia doctrina es como un edificio fundamentado sobre roca s\u00f3lida. Por eso la Congregaci\u00f3n profesar\u00e1 el obrar siempre seg\u00fan las ense\u00f1anzas de Cristo, nunca seg\u00fan las ense\u00f1anzas del mundo. Para conseguir esto, la Congregaci\u00f3n tendr\u00e1 en cuenta muy en particular lo que sigue\u00bb (RC II, 1).<\/p>\n<p>3. \u00abPara nosotros ser\u00e1 siempre una cosa sagrada el usar medios divinos para las cosas de Dios, y el sentir en todo seg\u00fan el sentido y el pensar de Cristo, y nunca jam\u00e1s seg\u00fan el sentir del mundo, ni seg\u00fan los raciocinios fr\u00e1giles de nuestro entendimiento\u00bb (RC II, 5).<\/p>\n<p>4. \u00abTodas las ense\u00f1anzas evang\u00e9licas de que hemos hablado hasta aqu\u00ed debemos observarlas en cuanto podamos, pues son muy santas y \u00fatiles. Pero algunas de ellas son m\u00e1s adecuadas para nosotros, de manera especial las que se refieren a la sencillez, la humildad, mansedumbre, mortificaci\u00f3n y celo por las almas. En el cultivo y la pr\u00e1ctica de estas virtudes la Congregaci\u00f3n ha de empe\u00f1arse muy cuidadosamente, pues estas cinco virtudes son como las potencias del alma de la Congregaci\u00f3n entera, y deben animar las acciones de todos nosotros\u00bb (RC II, 14).<\/p>\n<p>5. \u00abAcu\u00e9rdese, Padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte en Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida en Jesucristo y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo hay que vivir como Jesucristo\u00bb (I, 295\/ I, 320).<\/p>\n<p>6. \u00abNuestro Se\u00f1or Jesucristo es el modelo verdadero y el gran cuadro invisible con el que hemos de conformar todas nuestras acciones; y los hombres m\u00e1s perfectos que est\u00e1n aqu\u00ed, viviendo en la tierra, son los cuadros visibles y sensibles que nos sirven de modelo para regular todas nuestras acciones y hacerlas agradables a Dios\u00bb (XI, 212-213\/ XI, 129-130).<\/p>\n<p>7. \u00abOtra cosa en la que debe poner una atenci\u00f3n especial es sentirse siempre dependiente de la conducta del Hijo de Dios; o sea, que cuando tenga que actuar, haga esta reflexi\u00f3n: &#8216;\u00bfes esto conforme con las m\u00e1ximas del Hijo de Dios?&#8217; Si as\u00ed lo cree, diga: &#8216;entonces, bien, hag\u00e1moslo&#8217;; por el contrario, si no lo es, diga: &#8216;no lo har\u00e9&#8217;.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, cuando se trate de alguna buena obra, d\u00edgale al Hijo de Dios: &#8216;Se\u00f1or, si t\u00fa estuvieras en mi lugar, \u00bfqu\u00e9 har\u00edas en esta ocasi\u00f3n? \u00bfc\u00f3mo instruir\u00edas a esta gente? \u00bfc\u00f3mo consolar\u00edas a este enfermo de esp\u00edritu o de cuerpo?'\u00bb. (XI, 347-348\/ XI,239-240).<\/p>\n<p>8. \u00abEl prop\u00f3sito de la Compa\u00f1\u00eda es imitar a Nuestro Se\u00f1or, en la medida en que pueden hacerlo unas personas pobres y ruines. \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto? Que se ha propuesto conformarse con \u00c9l en su comportamiento, en sus acciones, en sus tareas y en sus fines. \u00bfC\u00f3mo puede una persona representar a otra, si no tiene los mismos rasgos, las mismas l\u00edneas, proporciones, modales y forma de mirar? Es imposible. Por tanto, si nos hemos propuesto hacernos semejantes a este divino modelo y sentimos en nuestros corazones este deseo y esta santa afici\u00f3n, es menester procurar conformar nuestros pensamientos, nuestras obras y nuestras intenciones a las suyas. \u00c9l no es solamente el <em>Deus virtutum<\/em>, sino que ha venido a practicar todas las virtudes; y como sus acciones y no acciones eran otras tantas virtudes, nosotros hemos de conformarnos con ellas procurando ser hombres de virtud, no s\u00f3lo en nuestro interior, sino obrando externamente por virtud, de modo que todo lo que hagamos y no hagamos se acomode a este principio\u00bb (XII, 75\/ XI, 383).<\/p>\n<p>9. \u00abAs\u00ed pues, la Regla dice que, para hacer esto, lo mismo que para tender a la perfecci\u00f3n, hay que revestirse del Esp\u00edritu de Jesucristo. \u00a1Qu\u00e9 negocio tan importante \u00e9ste de revestirse del Esp\u00edritu de Jesucristo! Quiere esto decir que, para perfeccionarnos y atender \u00fatilmente a las gentes, y para servir bien a los eclesi\u00e1sticos, hemos de esforzarnos en imitar la perfecci\u00f3n de Jesucristo y procurar llegar a ella. Esto significa tambi\u00e9n que nosotros no podemos nada por nosotros mismos. Hemos de llenarnos y dejarnos animar de este Esp\u00edritu de Jesucristo. Para entenderlo bien, hemos de saber que su Esp\u00edritu est\u00e1 extendido por todos los cristianos que viven seg\u00fan las reglas del cristianismo; sus acciones y sus obras est\u00e1n penetradas del Esp\u00edritu de Dios, de forma que Dios ha suscitado a la Compa\u00f1\u00eda, y lo veis muy bien, para hacer lo mismo. Ella siempre ha apreciado las m\u00e1ximas cristianas y ha deseado revestirse del esp\u00edritu del Evangelio, para vivir y para obrar como vivi\u00f3 Nuestro Se\u00f1or y para hacer que su Esp\u00edritu se muestre en toda la Compa\u00f1\u00eda y en cada uno de los misioneros, en todas sus obras en general y en cada una en particular\u00bb (XII, 107-108\/ XI, 410-411).<\/p>\n<p>10. \u00abHe aqu\u00ed una descripci\u00f3n del Esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or del que hemos de revestirnos, que consiste, en una palabra, en tener siempre una gran estima y un gran amor de Dios. Jesucristo estaba tan lleno de \u00e9l, que no hac\u00eda nada por s\u00ed mismo ni por buscar su satisfacci\u00f3n: <em>qu\u00e6 placita sunt ei facio semper<\/em> (Jn 8,29); hago siempre la voluntad de mi Padre; hago siempre las acciones y las obras que le agradan. Y lo mismo que el Hijo eterno despreciaba el mundo, los bienes, los placeres y los honores, por ser \u00e9sa la voluntad del Padre, tambi\u00e9n nosotros entraremos en su esp\u00edritu despreciando todo eso como \u00c9l\u00bb (XII, 109\/ XI, 412).<\/p>\n<p>11. \u00abAs\u00ed pues, hay que poner como fundamento de todo que la doctrina de Jesucristo hace lo que dice, mientras que la del mundo no da nunca lo que promete; que los que hacen lo que Jesucristo ense\u00f1a construyen sobre la roca, y que ni la inundaci\u00f3n de las aguas, ni el \u00edmpetu de los vientos podr\u00e1n derribarlo; y quienes no hacen lo que \u00c9l ordena se parecen a quien construye su casa sobre la arena movediza, que se cae ante el primer hurac\u00e1n. Por tanto, quien dice doctrina de Jesucristo, dice roca inquebrantable, dice verdades eternas que son seguidas infaliblemente de sus efectos, de modo que el cielo se derrumbar\u00eda antes de que fallase la doctrina de Jesucristo. Por eso la Regla concluye que es menester que la Compa\u00f1\u00eda haga profesi\u00f3n de abrazar siempre y practicar la doctrina de Jesucristo, y nunca la del mundo, y que al obrar de esta forma se llenar\u00e1 y se revestir\u00e1 de Jesucristo\u00bb (XII, 115-116\/ XI, 417).<\/p>\n<p>12. \u00abOjal\u00e1 Dios nos conceda la gracia de obrar de esta manera: no seguir jam\u00e1s los juicios del razonamiento humano, porque no alcanza nunca la verdad, no alcanza nunca a Dios, ni a las razones divinas; jam\u00e1s. Pero si creemos que nuestro puro razonamiento es mentiroso y obramos seg\u00fan el evangelio, entonces, hermanos m\u00edos, bendigamos a Nuestro Se\u00f1or, y tratemos de juzgar como \u00c9l y hacer lo que El nos recomend\u00f3 con su palabra y con su ejemplo. Y no s\u00f3lo esto: entremos en su esp\u00edritu para entrar en sus acciones. No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien, a ejemplo de Nuestro Se\u00f1or, de quien se dice en el Evangelio que lo hizo todo bien: <em>bene omnia fecit<\/em> (Mc 7,37). No basta con ayunar, con cumplir las reglas, con trabajar para Dios; hay que hacer todo eso con su esp\u00edritu, esto es, con perfecci\u00f3n, con los fines y las circunstancias con que \u00c9l mismo lo hizo\u00bb (XII, 178-179\/ XI, 468-469).<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO II<\/strong><\/p>\n<p><strong>ESTABILIDAD: FIDELIDAD EN LA EVANGELIZACI\u00d3N DE LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abTodos hemos tra\u00eddo a la Compa\u00f1\u00eda la resoluci\u00f3n de vivir y de morir en ella; hemos tra\u00eddo todo lo que somos, el cuerpo, el alma, la voluntad, la capacidad, la destreza y todo lo dem\u00e1s. \u00bfPara qu\u00e9? Para hacer lo que hizo Jesucristo, para salvar al mundo\u00bb<\/em> (XII, 98\/ XI, 402).<\/p>\n<p><strong>I. INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>A trav\u00e9s de todos los cambios por los que pas\u00f3 el pensamiento de san Vicente en la cuesti\u00f3n de los votos antes de 1641, aparece constantemente una idea, la necesidad de tener un voto espec\u00edfico para asegurar el compromiso de dedicarse durante toda la vida a la evangelizaci\u00f3n de los pobres, lo cual tambi\u00e9n implicar\u00eda el \u00ab<em>vivir y morir en la (Congregaci\u00f3n de la) Misi\u00f3n<\/em>\u00bb (II, 137\/ II, 114). Hubo incluso alg\u00fan momento en que lleg\u00f3 a pensar que el \u00fanico voto necesario para robustecer la Misi\u00f3n ser\u00eda el voto de estabilidad (san Vicente mismo le dio este nombre: cfr. II, 28\/ II, 28). Efectivamente, el voto de estabilidad asegurar\u00eda en la vida de los misioneros los dos elementos esenciales de la Misi\u00f3n en cuanto instituci\u00f3n: (1) permanencia en la Congregaci\u00f3n durante toda la vida y (2) consagraci\u00f3n de la vida entera a la evangelizaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p><strong>II. LA SITUACI\u00d3N ACTUAL<\/strong><\/p>\n<p>El mundo de hoy est\u00e1 marcado por el anhelo de millones de seres humanos de vivir libres de la opresi\u00f3n social y pol\u00edtica. Los pa\u00edses j\u00f3venes luchan para liberarse de la opresi\u00f3n econ\u00f3mica y cultural del pasado colonial.<\/p>\n<p>En todos los continentes han brotado grupos e individuos que promueven la solidaridad con los pobres, la lucha por una sociedad m\u00e1s justa y por la defensa de los derechos humanos. La Iglesia ha prestado su apoyo a esos esfuerzos a trav\u00e9s de su doctrina social y ha dedicado recursos y personas a la opci\u00f3n preferencial por los pobres.<\/p>\n<p>Sin embargo, aunque es verdad que algunos sectores sociales se han hecho conscientes de la triste condici\u00f3n de los pobres, siguen creciendo las diferencias entre estos y los ricos. Una mentalidad consumista consistente en tener y consumir cada vez m\u00e1s es hoy para muchos todo un estilo de vida. Ciertas estructuras econ\u00f3micas del mundo moderno producen cada vez m\u00e1s pobreza. Los medios de comunicaci\u00f3n presentan con frecuencia a los que no son productivos en t\u00e9rminos econ\u00f3micos, a los pobres, a los ancianos, a los enfermos, como fracasados y como responsables de sus sufrimientos. Siendo las cosas as\u00ed, el solidarizarse con los marginados a trav\u00e9s de un voto de servicio a los pobres exige una gran valent\u00eda para luchar contra la cultura prevalente en la sociedad de hoy.<\/p>\n<p>Hay dificultades de distinto g\u00e9nero que brotan de otras tendencias en nuestra sociedad. Los cambios vertiginosos y la tendencia a favorecer soluciones y compensaciones inmediatas y de corta duraci\u00f3n, aspecto que caracteriza las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX, ponen en cuesti\u00f3n todo tipo de compromisos de por vida. Una secularizaci\u00f3n exagerada proyecta sombras de duda sobre cualquier clase de consagraci\u00f3n de tipo religioso.<\/p>\n<p>En la Congregaci\u00f3n, hermanos nuestros que han entregado con generosidad sus vidas para servir a los m\u00e1s abandonados en seguimiento de Jes\u00fas evangelizador de los pobres, son testigos elocuentes de la validez del carisma vicenciano. Todos tenemos experiencia de cu\u00e1n dif\u00edcil y exigente es nuestra vocaci\u00f3n. Algunos encuentran esa exigencia excesiva. Por ello en algunos casos se deja uno llevar por estilos de vida dudosamente vicencianos o por la instalaci\u00f3n c\u00f3moda y f\u00e1cil en ministerios concretos, con detrimento de nuestra vocaci\u00f3n misionera.<\/p>\n<p><strong>III. EL VOTO DE ESTABILIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Los tres elementos constitutivos del voto de estabilidad est\u00e1n n\u00edtidamente expresados en los n\u00fameros 28 y 39 de las Constituciones, as\u00ed como en las f\u00f3rmulas diversas de emisi\u00f3n de los votos (C 58). Estos tres elementos son:<\/p>\n<p><strong> 1. Fidelidad y perseverancia durante toda la vida<\/strong><\/p>\n<p><strong> 2. en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong> 3. dedic\u00e1ndose a conseguir su fin seg\u00fan lo definen las Constituciones:<\/strong><\/p>\n<p><em>SEGUIR A CRISTO EVANGELIZADOR DE LOS POBRES<\/em> (C 1).<\/p>\n<p>En concreto, el voto nos compromete a cumplir el fin de la Congregaci\u00f3n \u00ab<em>realizando las obras que nos prescriben los superiores seg\u00fan las Constituciones y Estatutos<\/em>\u00bb (C 39). Esta \u00faltima cl\u00e1usula impone a todos los misioneros una responsabilidad en cuanto a asegurar el car\u00e1cter vicenciano de nuestras obras; pero en particular la impone a los superiores mayores y locales, pues son ellos quienes han recibido el poder de decisi\u00f3n sobre creaci\u00f3n y supresi\u00f3n de obras y ministerios.<\/p>\n<p><strong>IV. LA VIRTUD DE LA FIDELIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Tal vez hoy la palabra \u00abestabilidad\u00bb no refleje plenamente la intenci\u00f3n de san Vicente. Ser\u00eda por eso conveniente poner en segundo plano lo que tenga de est\u00e1tico este t\u00e9rmino y a la vez destacar m\u00e1s bien el sentido din\u00e1mico que ten\u00eda desde el principio en la intenci\u00f3n de san Vicente. Lo que en nuestra tradici\u00f3n se ha querido expresar por la palabra \u00abestabilidad\u00bb se podr\u00eda expresar hoy mejor por la palabra \u00ab<em>fidelidad<\/em>\u00ab: <strong>fidelidad de por vida al carisma vicenciano en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Esta fidelidad en el seguimiento de Jes\u00fas evangelizador de los pobres nos compromete a ir m\u00e1s all\u00e1 del m\u00ednimo jur\u00eddico que consiste en quedarnos satisfechos con hacer lo que nos mandan los superiores seg\u00fan las Constituciones. La fidelidad no se puede reducir a la mera obediencia estricta; menos a\u00fan si la obediencia no es activa y responsable. El Evangelizador de los pobres nos convoca a vivir una vida coherente con todas las dimensiones del carisma vicenciano. Por ello la fidelidad, ratificada por el voto de estabilidad, incluye varios elementos:<\/p>\n<p>&#8211; Supone una <strong>respuesta personal<\/strong> a Jes\u00fas. El voto confirma nuestra decisi\u00f3n radical de aceptar la llamada a seguir al Evangelizador de los pobres.<\/p>\n<p>&#8211; En el <strong>aspecto sicol\u00f3gico<\/strong> el voto da fuerza al misionero y le capacita para superar dificultades y momentos de crisis.<\/p>\n<p>&#8211; Pues la consagraci\u00f3n vicenciana se da en y para la misi\u00f3n, este voto da un <strong>sentido misionero<\/strong> a los otros consejos evang\u00e9licos (C 28), orienta todas las energ\u00edas del misionero hacia la evangelizaci\u00f3n de los pobres, le libera de intereses personales para as\u00ed poder dedicarse al servicio de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>&#8211; San Vicente reuni\u00f3 a los primeros misioneros para evangelizar <strong>juntos<\/strong> a los pobres (C 19). Por ello este voto convoca a los miembros de la Congregaci\u00f3n para una <strong>misi\u00f3n en com\u00fan<\/strong>.<\/p>\n<p>&#8211; Este voto tiene una doble <strong>funci\u00f3n prof\u00e9tica<\/strong>. La primera: en cuanto es un compromiso de por vida, es un signo de contradicci\u00f3n que supera la inestabilidad que existe en tantos aspectos de la sociedad; la segunda: pues supone la opci\u00f3n por los pobres, es un signo de solidaridad con los d\u00e9biles y despreciados.<\/p>\n<p><strong>V. C\u00d3MO VIVIR LA ESTABILIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los medios ordinarios conocidos, tales como la oraci\u00f3n s\u00f3lida y constante, los sacramentos, la renovaci\u00f3n de los votos en ocasiones especiales durante el a\u00f1o, ejercicios espirituales, reuniones y celebraciones comunitarias, la experiencia ense\u00f1a que la fidelidad se alimenta de:<\/p>\n<p><strong>La convicci\u00f3n profunda de que el Se\u00f1or nos ama como a miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/strong>. \u00abDios ama a los pobres y en consecuencia ama a aquellos que los aman\u00bb (XI, 392\/ XI, 273). De esa convicci\u00f3n brota una determinaci\u00f3n firme y a la vez humilde para luchar hasta la muerte contra los riesgos, los sufrimientos, los sacrificios y crisis que puedan surgir.<\/p>\n<p><strong>Estudiar y conocer la tradici\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/strong>. Pues es imposible amar lo que no se conoce, debemos interesarnos muy en serio por conocer la historia y la espiritualidad de la Congregaci\u00f3n, por estudiar las Constituciones, normas y directivas, y por conocer la vida de los grandes misioneros. Miramos a nuestra tradici\u00f3n para comprender c\u00f3mo encarnaron nuestros predecesores el carisma vicenciano en su tiempo y en su cultura. El inter\u00e9s por cuanto sucede hoy lo mismo en nuestra provincia que en las otras provincias nos ayudar\u00e1 a comprender c\u00f3mo se vive hoy el esp\u00edritu vicenciano.<\/p>\n<p><strong>Promover el esp\u00edritu fraternal de di\u00e1logo y de amistad<\/strong>. Ese esp\u00edritu nos llevar\u00e1 a sentir que la Congregaci\u00f3n es nuestra familia, a experimentar una identificaci\u00f3n vital con ella. Un esp\u00edritu din\u00e1mico de vida en com\u00fan potenciar\u00e1 la densidad de nuestra misi\u00f3n. Crear\u00e1 adem\u00e1s un ambiente en el que compartir con facilidad con nuestros hermanos los problemas personales que tal vez experimentemos contra la perseverancia en nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Mantener y renovar el car\u00e1cter vicenciano de nuestros ministerios<\/strong>. Nuestros ministerios deben responder de verdad al fin de la Congregaci\u00f3n y a las caracter\u00edsticas se\u00f1aladas en las Constituciones (C 12). Fin y caracter\u00edsticas deben ser los criterios para una revisi\u00f3n sincera de los ministerios que tenemos actualmente (E 1).<\/p>\n<p><strong>Contacto directo con los pobres<\/strong>. Todos los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n deber\u00edan tener la oportunidad de experimentar el gozo que se siente en el contacto personal con los pobres. Los pobres nos ense\u00f1ar\u00e1n a vivir muchos aspectos del Evangelio y nos animar\u00e1n a perseverar en nuestra vocaci\u00f3n (C 12, 3\u00ba).<\/p>\n<p><strong>Colaborar con otras personas tambi\u00e9n comprometidas con el trabajo entre los pobres, <\/strong>tales como las Hijas de la Caridad (C 17), los movimientos laicos vicencianos (E 7); otros grupos que defienden los derechos humanos y que trabajan por la justicia social pueden tambi\u00e9n enriquecer la manera de vivir nuestra vocaci\u00f3n (E 9).<strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>ESTABILIDAD: FIDELIDAD EN LA EVANGELIZACI\u00d3N DE LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p><em>-Textos para la meditaci\u00f3n-<\/em><\/p>\n<p>1. \u00abLa verdad es que su petici\u00f3n me dej\u00f3 totalmente sorprendido, como usted mismo me dice. Efectivamente, padre, \u00bfc\u00f3mo no va a sorprenderme esa duda que tiene usted de su vocaci\u00f3n despu\u00e9s de los dieciocho o veinte a\u00f1os que lleva usted en la Compa\u00f1\u00eda, despu\u00e9s de haberla examinado a fondo en los ejercicios que usted hizo al entrar, transcurridos dos a\u00f1os de seminario, y despu\u00e9s de haber hecho voto a Dios de permanecer en ella, tal como lo hizo hace varios a\u00f1os? Pues, aunque no los haya renovado usted despu\u00e9s del Breve, esos primeros votos no dejan de ser promesas hechas a Dios, que hay obligaci\u00f3n de guardar en conciencia. Despu\u00e9s de haber trabajado tanto en la Compa\u00f1\u00eda, en diversas ocupaciones y con la bendici\u00f3n de Dios, despu\u00e9s de todo eso, \u00a1decirme que quiz\u00e1s no ha sido llamado! \u00bfNo va a sorprenderme esa pregunta? Le contestar\u00e9, sin embargo, ya que as\u00ed lo desea, dici\u00e9ndole que despu\u00e9s de todo eso Dios le pide que persevere usted hasta el fin. Todos los pensamientos que se le ocurren en contra no son m\u00e1s que tentaciones del esp\u00edritu maligno, que tiene envidia de la felicidad que usted tiene de servir a Dios.<\/p>\n<p>Pero, dice usted, siento repugnancias; ni los votos, ni las pr\u00e1cticas, ni siquiera el esp\u00edritu de la Misi\u00f3n se compaginan con mi manera de ser, aunque los aprecio mucho.<\/p>\n<p>\u00bfY d\u00f3nde no tendr\u00eda usted repugnancias? \u00bfNo est\u00e1n todas las condiciones de vida rodeadas de dificultades? \u00bfD\u00f3nde ve usted a una persona que est\u00e9 totalmente contenta de su estado? Cr\u00e9ame, padre, que aparte de los peligros para la salvaci\u00f3n en que se vive en el mundo, encontrar\u00eda usted all\u00ed muchas cruces y disgustos. E incluso si se sale para entrar en otra comunidad, no crea que va a verse all\u00ed libre de esfuerzos, que no necesitar\u00e1 obedecer, que no habr\u00e1 pr\u00e1cticas que, lo mismo que las nuestras, no se compaginen con su manera de ser. Cuando pensamos en otro estado, s\u00f3lo miramos lo que tiene de agradable; pero cuando estamos en \u00e9l, experimentamos todas sus molestias y todo lo que hay en \u00e9l en contra de la naturaleza. Por consiguiente, padre, qu\u00e9dese tranquilo; prosiga su viaje hacia el cielo en el mismo barco en que Dios le ha puesto. As\u00ed lo espero de su bondad y del deseo que usted tiene de hacer su voluntad\u00bb (VII, 291-293\/ VII, 252-253).<\/p>\n<p>2. \u00ab\u00bfQu\u00e9 puedo contestarle a la pregunta que usted me hace, sino lo mismo que Dios le inspira, lo mismo que le han aconsejado esas personas de ciencia y virtud y lo mismo que su conciencia le dicta? S\u00ed, padre, \u00e1nimo. Si usted se entrega generosamente a Dios, \u00e9l tambi\u00e9n se entregar\u00e1 a usted y le colmar\u00e1 de sus gracias y de sus mayores bendiciones. As\u00ed pues, haga cuanto antes lo que usted pod\u00eda, y me atrevo a decirle que deb\u00eda haber hecho hace tiempo; haga, padre, lo que han hecho ya tantos otros antiguos y nuevos, y cr\u00e9ame que se sentir\u00e1 feliz de haberlo hecho. Si ha permanecido usted en la Compa\u00f1\u00eda durante veinte a\u00f1os, podr\u00e1 seguir todav\u00eda en ella otros veinte o treinta m\u00e1s, ya que las cosas no ser\u00e1n m\u00e1s dif\u00edciles en el futuro que lo que han sido hasta ahora; y al atarse usted a Dios como los dem\u00e1s, no s\u00f3lo les edificar\u00e1, sino que Nuestro Se\u00f1or tambi\u00e9n se atar\u00e1 m\u00e1s estrechamente a usted y ser\u00e1 su fuerza contra sus debilidades, su alegr\u00eda contra sus tristezas y su firmeza contra sus faltas de decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a las dudas que me dice que tiene, no son m\u00e1s que tentaciones del enemigo, envidioso de su felicidad y de la gloria de Jesucristo. Porque, en lo que ata\u00f1e al voto de consagrar toda la vida a la salvaci\u00f3n de las pobres gentes del campo, se entiende que eso ha de ser seg\u00fan las reglas de la obediencia, de forma que si el superior no le env\u00eda a ello, no est\u00e1 usted obligado. \u00a1Cu\u00e1ntos hay que no pueden dedicarse a ello, sin dejar de ser verdaderos misioneros! Los procuradores de las casas, los directores y el propio superior general, que muchas veces no pueden ir a misionar \u00bfson acaso menos miembros de la Compa\u00f1\u00eda y no cumplen su voto? Usted ha estado dando misiones durante veinte a\u00f1os; \u00bfno va a seguir d\u00e1ndolas otros veinte? Y si Dios le ha asistido durante todo este tiempo, a pesar de que no se hab\u00eda entregado del todo a \u00e9l, \u00bfno le va a asistir en adelante, cuando sea totalmente suyo? Pero, llevando las cosas hasta el extremo, si el superior juzgase que hay en ello un peligro manifiesto para usted, \u00bfno podr\u00e1 dispensarle de ir a misionar?\u00bb (VII, 293-295\/ VII, 254).<\/p>\n<p>3. \u00ab\u00bfNo se acuerda usted de las luces que Dios le dio tantas veces en sus oraciones, que le hicieron decidir ante su divina Majestad y atestiguar p\u00fablicamente a toda la Compa\u00f1\u00eda que morir\u00eda usted antes que salir de ella? Y he aqu\u00ed que a la menor ocasi\u00f3n, en que no se trata de morir, ni de dar la sangre, ni de verse amenazado, se rinde usted sin esa resistencia que merece una promesa hecha a Dios, que es un Dios firme, celoso de su honor y que desea ser servido seg\u00fan su voluntad. \u00c9l le llam\u00f3 a la Compa\u00f1\u00eda, no lo dude; \u00e9l le ha conservado en ella a pesar de los esfuerzos por parte de su padre, que le quer\u00eda retener a su lado; y usted prefiri\u00f3 seguir el Evangelio antes que darle gusto a \u00e9l\u00bb (III, 482-483\/ III, 439).<\/p>\n<p>4. \u00abEn cuanto a lo que usted pide de quedarse con los misioneros sin ser de la Congregaci\u00f3n, trabajando con ellos pero permaneciendo en libertad, es algo que no consentiremos; nunca se lo hemos concedido a nadie; ser\u00eda dar motivos a los dem\u00e1s para que se salieran e hicieran lo mismo, ya que naturalmente a todos les gusta la libertad, aunque hay que guardarse de ello como de un camino f\u00e1cil que conduce a la perdici\u00f3n. As\u00ed pues, le ruego que deje de pensar en ello y que se entregue a Dios para servirle durante toda la vida en la forma y en el estado en que \u00e9l le ha puesto\u00bb (V, 106-107 \/V, 110).<\/p>\n<p>5. Por un lado he recibido consuelo con su carta, al ver su sinceridad en descubrir lo que le pasa; pero por otro me ha dado la misma pena que recibi\u00f3 en una ocasi\u00f3n san Bernardo por un religioso suyo que, con el pretexto de una mayor observancia, deseaba dejar su vocaci\u00f3n para pasarse a otra orden; aquel santo le dijo que era una tentaci\u00f3n y que el esp\u00edritu maligno era el que esperaba ese cambio, sabiendo muy bien que, si pod\u00eda apartarle del primer estado, le ser\u00eda f\u00e1cil hacerle salir del segundo para precipitarle luego en el desorden de la vida, como sucedi\u00f3. Lo que puedo decirle, mi querido hermano, es que si no se muestra usted continente en la Misi\u00f3n, no lo ser\u00e1 usted en ninguna parte; se lo aseguro. Por eso debe usted tener cuidado de que no haya cierta ligereza en los deseos que tiene de cambiar; en ese caso, el remedio que se necesita en todas estas ocasiones, aparte de la oraci\u00f3n, ser\u00e1 considerar que no hay ninguna condici\u00f3n en la tierra en la que no haya disgustos y a veces ganas de pasar a otra. Despu\u00e9s de esta consideraci\u00f3n, piense que Dios, al haberle llamado al estado en que est\u00e1, ha unido a \u00e9l la gracia de su salvaci\u00f3n, que quiz\u00e1s podr\u00eda negarle en otro sitio en el que no quiere que est\u00e9 usted\u00bb (IV, 592\/ IV, 551).<\/p>\n<p>6. Por eso, padre, le suplico muy humildemente que act\u00fae de este modo y que no se detenga en ello, como tampoco en la proposici\u00f3n que se le hace de trabajar en la traducci\u00f3n de la Biblia siriaca al lat\u00edn. S\u00e9 muy bien que la traducci\u00f3n servir\u00eda para la curiosidad de algunos predicadores, pero no, seg\u00fan creo, para el bien de las almas del pobre pueblo, al que la providencia de Dios ha predestinado a usted desde toda la eternidad. Debe bastarle, padre, el que, por la gracia de Dios, haya empleado tres o cuatro a\u00f1os en aprender el hebreo y que sepa lo bastante para sostener la causa del Hijo de Dios en su lengua original y confundir a sus enemigos en este reino. Piense, pues, padre, que hay millones de almas que le tienden la mano y le dicen as\u00ed: &#8216;\u00a1ah, padre du Coudray, que ha sido escogido desde toda la eternidad, por la providencia de Dios, para ser nuestro segundo redentor!, tenga piedad de nosotros, que estamos sumidos en la ignorancia de las cosas necesarias para nuestra salvaci\u00f3n y en los pecados que jam\u00e1s nos hemos atrevido a confesar y que, sin su ayuda, seremos infaliblemente condenados&#8217;. Imag\u00ednese m\u00e1s a\u00fan, padre, que la Compa\u00f1\u00eda le dice que hace tres o cuatro a\u00f1os que est\u00e1 privada de su presencia, que empieza a disgustarse y que usted es de los primeros de la Compa\u00f1\u00eda, y que por eso necesita de sus consejos y ejemplos\u00bb (I, 251-252\/ I, 286).<\/p>\n<p>7. \u00abOs hablo de estas objeciones, hermanos m\u00edos, antes de que se presenten, porque podr\u00eda suceder que alg\u00fan d\u00eda se presentasen. Yo no puedo ya durar mucho; pronto tendr\u00e9 que irme; mi edad, mis achaques y las abominaciones de mi vida no permiten que Dios me siga tolerando por mucho tiempo en la tierra. Podr\u00eda suceder que, despu\u00e9s de mi muerte, algunos esp\u00edritus de contradicci\u00f3n y comodones dijesen: &#8216;\u00bfPara qu\u00e9 molestarse en cuidar de esos hospitales? \u00bfC\u00f3mo poder atender a esas personas arruinadas por la guerra y para qu\u00e9 ir a buscarlas en sus casas? \u00bfPor qu\u00e9 cargarse de tantos asuntos y de tantos pobres? \u00bfPor qu\u00e9 dirigir a las mujeres que atienden a los enfermos y por qu\u00e9 perder el tiempo con los locos?&#8217; Habr\u00e1 algunos que criticar\u00e1n esas obras, no lo dud\u00e9is; otros dir\u00e1n que es demasiado ambicioso enviar misioneros a pa\u00edses lejanos, a las Indias, a Berber\u00eda. Pero, Dios y Se\u00f1or m\u00edo, \u00bfno enviaste t\u00fa a santo Tom\u00e1s a las Indias y a los dem\u00e1s ap\u00f3stoles por toda la tierra? \u00bfNo quisiste que se encargaran del cuidado y direcci\u00f3n de todos los pueblos en general y de muchas personas y familias en particular? No importa; nuestra vocaci\u00f3n es: <em>evangelizare pauperibus<\/em>\u00bb (XII, 89-90\/ XI, 395).<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO III<\/strong><\/p>\n<p><strong>CASTIDAD: AMOR EN CELIBATO<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abNuestro Salvador nos hizo ver claramente cu\u00e1nto estimaba la castidad, y cu\u00e1n ardientemente deseaba introducirla en los corazones, en el hecho de haber elegido al nacer, por obra del Esp\u00edritu Santo, y al margen de las leyes naturales, de una virgen sin tacha\u00bb<\/em> (RC IV, 1)<\/p>\n<p><strong>I. INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>La caridad es el coraz\u00f3n mismo del Evangelio: amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo. Por ello, el amor afectivo y efectivo es el centro de la vocaci\u00f3n misionera vicenciana: \u00ab<em>Dios ha suscitado a esta Compa\u00f1\u00eda, como a todas las dem\u00e1s, por su amor y benepl\u00e1cito. Todas tienden a amarle, pero cada una le ama de una manera distinta&#8230;; y nosotros, hermanos m\u00edos, si tenemos amor, hemos de demostrarlo llevando al pueblo a que ame a Dios y al pr\u00f3jimo, a amar al pr\u00f3jimo por Dios y a Dios por el pr\u00f3jimo. Hemos sido escogidos como instrumentos de su caridad inmensa y paternal<\/em>\u00bb (XII, 262\/ XI, 553). La vida casta confirmada por el voto debe entenderse en el contexto del amor, como una llamada de Dios a amar m\u00e1s, a amar mejor, a amar a todos.<\/p>\n<p><strong>II. LA SITUACI\u00d3N ACTUAL<\/strong><\/p>\n<p>La castidad es una oportunidad y un desaf\u00edo. Debemos vivir la castidad desde nuestra propia realidad personal y cultural. El progresivo crecimiento en madurez humana y en castidad supone un sabio equilibrio y la habilidad de saber integrar aspectos diversos de nuestra personalidad. Trabajo, descanso y recreaci\u00f3n, obligaciones comunitarias y sociales, amistad, sexualidad, la necesidad de amar y ser amado: todos estos son elementos que se deben integrar en un modelo de vida coherente.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los talentos y fuerzas, se debe tambi\u00e9n tener en cuenta la debilidad propia, que se manifiesta en la tendencia al ego\u00edsmo, el coraz\u00f3n dividido, la falta de coherencia en la vida, la b\u00fasqueda de comodidades, manifestaciones autocentradas e inmaduras de la sexualidad.<\/p>\n<p>La gran variedad de situaciones en las que la Congregaci\u00f3n intenta inculturar el Evangelio y el carisma propio da lugar a preguntas nuevas y dif\u00edciles en lo que se refiere al compromiso de una vida c\u00e9libe. Pero estas mismas preguntas nos invitan a promover el di\u00e1logo entre las diversas formas culturales y el evangelio, para as\u00ed descubrir aspectos nuevos en el don de la castidad.<\/p>\n<p>En la sociedad de hoy existen signos positivos que pueden servirnos de ayuda para nuestra vida c\u00e9libe: el compromiso de vida casta de laicos c\u00e9libes; el testimonio de matrimonios cuyos hogares son centros en los que se viven con intensidad los valores cristianos y evang\u00e9licos; comunidades nuevas que comparten la Palabra e intentan vivirla en la pr\u00e1ctica. Todos ellos nos dan \u00e1nimos para profundizar cada vez m\u00e1s en lo que pide el Evangelio en orden a una entrega total al Se\u00f1or y a su Reino en una vida c\u00e9libe y casta.<\/p>\n<p>La vida c\u00e9libe se ve hoy afectada por algunos hechos sociales que no son muy positivos: im\u00e1genes falsas de lo que es el verdadero amor; la sociedad de consumo, que excita a la vida sensual buscando el lucro; la tendencia a separar la sexualidad del amor; el debilitamiento de las instituciones que buscan promover la fidelidad en el amor; la preocupaci\u00f3n desmedida por el cuerpo. Todo ello hace hoy m\u00e1s dif\u00edcil el compromiso de celibato.<\/p>\n<p><strong>III. EL VOTO DE CASTIDAD: AMOR EN CELIBATO<\/strong><\/p>\n<p>Por el voto de castidad nos entregamos a una vida de amor en celibato en seguimiento de Jesuscristo evangelizador de los pobres. En lo m\u00e1s profundo de esta entrega encontramos la seguridad de que esta vocaci\u00f3n lleva consigo una promesa de libertad, de gozo y de plenitud personal en la dedicaci\u00f3n de servir a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em>\u00abAbrazamos, en virtud del voto, la castidad perfecta en celibato por el reino de los cielos\u00bb<\/em> (C 29 \u00a7 1) . La castidad implica continencia interior y exterior, de acuerdo con el estado propio de vida, de modo que la afectividad y sexualidad de la persona se vivan con sumo respeto hacia los dem\u00e1s y hacia uno mismo; el celibato implica la renuncia al matrimonio y a las expresiones sexuales propias del mismo. Para el misionero, estos dos elementos del voto &#8211; castidad y celibato &#8211; son manifestaciones externas de la entrega total de su vida. Se deben percibir, no como el rechazo de una responsabilidad familiar, sino como la aceptaci\u00f3n de una <strong>responsabilidad particular: el servicio a los pobres<\/strong>. Las exigencias de este radical seguimiento de Jes\u00fas llevan al misionero a entragarse totalmente a la causa del reino.<\/p>\n<p><strong>IV. AMOR EN CELIBATO<\/strong><\/p>\n<p>El amor c\u00e9libe se ha de reconocer ante todo como un don de Dios y un proyecto que se asume por fidelidad a una llamada; un proyecto que compromete a la persona entera a vivir y amar por el Reino de Dios.<\/p>\n<p>El modelo y el motivo de nuestra castidad es Jesucristo. Todo lo que hizo el Se\u00f1or estaba orientado a anunciar y establecer el reinado de Dios. De igual manera los misioneros quieren manifestar por su castidad y su celibato la total orientaci\u00f3n de sus vidas a la proclamaci\u00f3n de la Buena Noticia a los pobres. La fuente del amor c\u00e9libe se encuentra en el Dios de Jesucristo, quien nos ha llamado a dedicar la vida entera a la evangelizaci\u00f3n de los pobres. S\u00f3lo por la gracia seremos capaces de vivir el don de la castidad c\u00e9libe. Aceptamos y cultivamos este don con humildad, pues conocemos nuestra fragilidad y debilidad.<\/p>\n<p>Por el celibato el misionero renuncia a compartir su vida con s\u00f3lo una persona, para as\u00ed poderse dedicar m\u00e1s de lleno a la misi\u00f3n: \u00ab<em>De este modo abrimos m\u00e1s ampliamente el coraz\u00f3n a Dios y al pr\u00f3jimo<\/em>\u00bb (C 29 \u00a72). No es simplemente que quedemos as\u00ed m\u00e1s libres de toda preocupaci\u00f3n familiar, sino que quedamos m\u00e1s libres para cumplir las exigencias que supone la evangelizaci\u00f3n de los pobres. El compromiso de castidad consiste en usar esa libertad para dedicarse plenamente al fin de la Congregaci\u00f3n, pues \u00e9l nos ayuda a canalizar todas nuestras energ\u00edas f\u00edsicas, espirituales y afectivas hacia una dedicaci\u00f3n efectiva a la predicaci\u00f3n del Evangelio y a una relaci\u00f3n cercana personal con los pobres.<\/p>\n<p>Como cualquier otra persona, tambi\u00e9n el c\u00e9libe debe integrar las diferentes dimensiones de su personalidad. No ha renunciado a su necesidad de amar y ser amado, ni tampoco a su capacidad humana de afecto, ni a su ser sexuado. No es posible renegar de la capacidad de engendrar y de la necesidad de crear. El voto excluye ciertas maneras de expresar estas necesidades humanas b\u00e1sicas. Pero, <strong><span style=\"text-decoration: underline\">precisamente por ello<\/span>, <span style=\"text-decoration: underline\">requiere otras maneras de expresarlas<\/span><\/strong>. La amistad y la vida com\u00fan proveen ambientes que nos ayudar\u00e1n a descubrir unos modos sanos de expresar nuestro amor y de recibirlo, y de integrar la sexualidad y la afectividad de un modo maduro en un proyecto armonioso de vida. La actividad y el servicio pastoral es un terreno muy adecuado para expresar la creatividad y fecundidad.<\/p>\n<p>El amor es siempre exigente. Nos importa mucho el conocer bien las exigencias del amor c\u00e9libe. El misionero debe estar dispuesto a pagar el precio de un gran sacrificio para seguir a Jes\u00fas enteramente y para servir mejor a los pobres, sus hermanos y hermanas. El Misterio Pascual estar\u00e1 siempre presente cuando se sigue a Jes\u00fas. Lo mismo que el Se\u00f1or Jes\u00fas, el misionero no busca el sufrimiento y el dolor, pero carga con su cruz para ser fiel en el amor y para gozar de una vida m\u00e1s plena (Mc 8,34; Jn 12,24). Por encima de esta dimensi\u00f3n que afecta a su persona, la participaci\u00f3n del misionero en la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or cumple adem\u00e1s una funci\u00f3n prof\u00e9tica, pues hace ver el valor relativo de todas las cosas en comparaci\u00f3n con el reinado de Dios, que aunque est\u00e1 ya presente a\u00fan no se ha manifestado en plenitud. Por otro lado, pues la castidad vicenciana est\u00e1 orientada a servir a los pobres, nos recuerda la dignidad de aquellos a quienes la sociedad mira como poco importantes.<\/p>\n<p>Una cierta experiencia de soledad dolorosa forma sin remedio parte de la vida c\u00e9libe. La gracia de Dios, aceptada con fidelidad, ayuda a transformar el sentimiento de soledad en energ\u00eda creadora para servir a los pobres y para amar a nuestros hermanos de comunidad.<\/p>\n<p><strong>V. C\u00d3MO VIVIR LA CASTIDAD<\/strong><\/p>\n<p><strong>Relaci\u00f3n \u00edntima con Cristo<\/strong>. El seguimiento de Cristo se centra en su persona, no en una idea. Por lo tanto la vida entera del misionero debe estar enraizada en la intimidad con el Se\u00f1or. El misionero c\u00e9libe y casto sabe que no puede caminar solo, sin la presencia de Cristo. Es \u00e9l quien nos fortalece para vivir castamente por el Reino. El hace posible el amor c\u00e9libe en medio de las dificultades y los desaf\u00edos del mundo. La oraci\u00f3n y la eucarist\u00eda son dos caminos privilegiados para encontrar a Cristo, caminos tambi\u00e9n esenciales para cultivar el amor c\u00e9libe.<\/p>\n<p><strong>Fecundidad apost\u00f3lica<\/strong>. Tambi\u00e9n el voto de castidad est\u00e1 orientado a promover nuestra misi\u00f3n evangelizadora de los pobres. La entrega al apostolado en seguimiento de Cristo da sentido al compromiso del amor c\u00e9libe y es una excelente ayuda para alimentar una castidad fiel. La misi\u00f3n y el servicio proporcionan terreno privilegiado para la capacidad creadora y generativa. El trabajo por la promoci\u00f3n humana, que se expresa en la solidaridad con aquellos cuyas vidas est\u00e1n destrozadas por la pobreza y el sufrimiento, eleva al amor casto por encima del mero inter\u00e9s personal al terreno del inter\u00e9s por el bien social.<\/p>\n<p><strong>Vida de comunidad<\/strong>. El seguimiento de Jesucristo es una realidad que s\u00f3lo se puede comprender y vivir en una relaci\u00f3n fraternal y amistosa. La comuni\u00f3n verdaderamente fraterna (C 30) respalda al misionero en su respuesta al don del celibato que ha recibido. La vida comunitaria debe ser el espacio privilegiado para vivir la dimensi\u00f3n afectiva que todo ser humano lleva consigo.<\/p>\n<p><strong>Amistad y prudencia<\/strong>. San Vicente era un hombre de una afectividad rica. Hay numerosos ejemplos en su vida de c\u00f3mo supo cultivar amistades sinceras y profundas en una vida de castidad aut\u00e9ntica. Tambi\u00e9n el misionero de hoy necesita una experiencia similar de amar y de sentirse amado. Una amistad sana, que conduzca a un mayor celo apost\u00f3lico y produzca libertad y ayuda mutua, puede constituir un modo de vivir con alegr\u00eda el amor c\u00e9libe. El misionero se encuentra en medio de un mundo complejo, lleno de gracia y de pecado. Es decisivo que sepa discernir qu\u00e9 situaciones, acciones y personas le conducen a la libertad de Cristo y cu\u00e1les le conducen a la esclavitud. Su discernimiento debe tener siempre en cuenta su compromiso radical de seguir a Cristo.<\/p>\n<p><strong>Humildad y mortificaci\u00f3n<\/strong>. La decisi\u00f3n de seguir a Cristo en celibato abre posibilidades nuevas para amar en verdad, pero a la vez exige la renuncia a toda expresi\u00f3n genital del amor, si bien \u00e9sta sea leg\u00edtima en la vida matrimonial. El misionero debe ser sincero consigo mismo y con Dios, y debe saber discernir las situaciones y relaciones personales que no conducen a un amor c\u00e9libe. Es preciso que tenga conciencia clara de sus debilidades, sin enga\u00f1arse a s\u00ed mismo. El misionero no presume de sus propias fuerzas (RC IV, 2), sino que conf\u00eda en la presencia de Cristo en su vida. Hay ocasiones en las que fidelidad a Cristo significa renuncia. San Vicente recomienda una seria mortificaci\u00f3n de los sentidos interiores y exteriores, as\u00ed como el saber evitar los modos de expresi\u00f3n afectiva y sexual que no son compatibles con una vida c\u00e9libe (RC IV, 2-5; XI, 70-71 \/ XI, 758-759).<\/p>\n<p><strong>Sinceridad<\/strong>. El misionero vive la castidad desde su humanidad con todas sus energ\u00edas y debilidades. Realidades tales como la soledad, la integraci\u00f3n de la afectividad y de la sexualidad, no se pueden ocultar si han de ser integradas convenientemente en una personalidad madura. Se debe hablar con sinceridad acerca de ellas con Dios y con los que nos pueden ayudar. La sinceridad con el director espiritual y el confesor es indispensable para orientar la vida de celibato.<\/p>\n<p><strong>CASTIDAD: AMOR EN CELIBATO<\/strong><\/p>\n<p><em>-Textos para la meditaci\u00f3n-<\/em><\/p>\n<p>1. \u00abNuestro Salvador nos hizo ver claramente cu\u00e1nto estimaba la castidad, y cu\u00e1n ardientemente deseaba introducirla en los corazones, en el hecho de haber elegido nacer, por obra del Esp\u00edritu Santo y al margen de las leyes naturales, de una virgen sin tacha. Ten\u00eda tal horror al vicio opuesto que aunque permiti\u00f3 que se le imputaran en falso los peores cr\u00edmenes, para quedar saturado de infamia seg\u00fan sus deseos, no se lee sin embargo en el Evangelio que fuese tachado, no dir\u00e9 ya de la acusaci\u00f3n, sino ni siquiera de la menor sospecha de impureza. Por eso es muy de desear que la Congregaci\u00f3n se inflame con un deseo muy vivo de la adquisici\u00f3n de esta virtud, y que profese el practicarla con toda perfecci\u00f3n siempre y en todo lugar. Esto debemos tenerlo tanto m\u00e1s en cuenta cuanto que los trabajos de la Misi\u00f3n nos obligan a un trato muy estrecho casi continuo con seglares de ambos sexos. Todos, pues, nos esforzaremos por aplicar toda reserva, diligencia y precauci\u00f3n necesarias para mantener fielmente la castidad de alma y cuerpo\u00bb (RC IV, 1).<\/p>\n<p>2. \u00abSanto Tom\u00e1s propone la cuesti\u00f3n siguiente: \u00bfqui\u00e9n es el que m\u00e1s merece, el que ama a Dios y descuida el amor al pr\u00f3jimo o el que ama al pr\u00f3jimo por amor de Dios? Y da \u00e9l mismo la respuesta a esta duda, diciendo&#8230;..: dirigirse al coraz\u00f3n de Dios, encerrar en \u00e9l su amor por completo, no es lo m\u00e1s perfecto, ya que la perfecci\u00f3n de la ley consiste en amar a Dios y al pr\u00f3jimo. Dadme a un hombre que ame a Dios solamente, un alma elevada en contemplaci\u00f3n que no piense en sus hermanos; esa persona, sintiendo que es muy agradable esta manera de amar a Dios, que le parece que es lo \u00fanico digno de amor, se detiene a saborear esa fuente infinita de dulzura. Y he aqu\u00ed otra persona que ama al pr\u00f3jimo , por muy vulgar y rudo que parezca, pero lo ama por amor de Dios. \u00bfCu\u00e1l de esos dos amores cre\u00e9is que es el m\u00e1s puro y desinteresado? Sin duda que el segundo, pues de ese modo se cumple la ley m\u00e1s perfectamente. Ama a Dios y al pr\u00f3jimo. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s puede hacer? El primero no ama m\u00e1s que a Dios, mientras que el segundo ama a los dos. Hemos de entregarnos a Dios para imprimir estas verdades en nuestras almas, para dirigir nuestra vida seg\u00fan este esp\u00edritu y para hacer las obras de este amor. No hay nadie m\u00e1s obligado a ello que nosotros y ninguna comunidad que tenga que dedicarse m\u00e1s al ejercicio de una caridad cordial.<\/p>\n<p>\u00bfY por qu\u00e9? Porque Dios ha suscitado a esta Compa\u00f1\u00eda, como a todas las dem\u00e1s, por su amor y benepl\u00e1cito. Todas tienden a amarle, pero cada una lo ama de manera distinta: los cartujos por la soledad, los capuchinos por la pobreza, otros por el canto de sus alabanzas; y nosotros, hermanos m\u00edos, si tenemos amor, hemos de demostrarlo llevando al pueblo a que ame a Dios y al pr\u00f3jimo, a amar al pr\u00f3jimo por Dios y a Dios por el pr\u00f3jimo\u00bb (XII, 261-262\/XI, 552-553).<\/p>\n<p>3. \u00abNuestra vocaci\u00f3n consiste en ir, no a una parroquia, ni s\u00f3lo a una di\u00f3cesis, sino por toda la tierra. \u00bfPara qu\u00e9? Para abrazar los corazones de todos los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para inflamarla de su amor. \u00bfQu\u00e9 otra cosa hemos de desear, sino que arda y lo consuma todo? Mis queridos hermanos, pensemos un poco en ello, si os parece. Es cierto que yo he sido enviado, no s\u00f3lo para amar a Dios sino para hacerlo amar. No me basta con amar a Dios, si no lo ama mi pr\u00f3jimo. He de amar a mi pr\u00f3jimo como imagen de Dios y objeto de su amor, y obrar de manera que a su vez los hombres amen a su creador, que los conoce y reconoce como hermanos, que los ha salvado, para que con una caridad mutua tambi\u00e9n ellos se amen entre s\u00ed por amor de Dios, que los ha amado hasta el punto de entregar por ellos a la muerte a su Hijo \u00fanico\u00bb (XII, 262-263\/XI, 553-554).<\/p>\n<p>4. \u00abHay pureza de cuerpo y pureza de esp\u00edritu. El que tiene pureza de cuerpo no por eso tiene castidad; es la pureza de esp\u00edritu la que constituye esta virtud y le da la perfecci\u00f3n, e incluso la esencia; ella es la que echa del pensamiento, del esp\u00edritu, de la memoria, de la fantas\u00eda, todos los malos pensamientos. En esto consiste, por tanto, todo nuestro ejercicio: arrancar del coraz\u00f3n, etc., si queremos tener la castidad que pide de nosotros la Regla, acord\u00e1ndonos de que Nuestro Se\u00f1or, cuando vino al mundo, hizo tanto caso de ella que quiso cambiar la naturaleza de las cosas y nacer de una virgen. Por causa de esta virtud dijo tambi\u00e9n que las v\u00edrgenes acompa\u00f1ar\u00edan por todas partes al Cordero cantando c\u00e1nticos nuevos. \u00a1Cu\u00e1nto debe apreciar esta virtud la Compa\u00f1\u00eda en general y cada uno de nosotros en particular, haciendo todo lo posible por tenerla y perfeccionarse en ella cada d\u00eda m\u00e1s!<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es lo que nos ayudar\u00e1 en ello? La guarda de los sentidos. Es lo que dice la Regla. La guarda de la vista. \u00a1Qu\u00e9 peligrosa es la vista! \u00a1Dejar que los ojos vayan de ac\u00e1 para all\u00e1, mirando toda clase de objetos! \u00a1Qu\u00e9 malo es esto! David, aquel hombre tan santo, por haber visto a una mujer, cay\u00f3 en el pecado contrario a la castidad y todav\u00eda hizo algo peor, pues a aquel pecado a\u00f1adi\u00f3 uno nuevo, esto es, el homicidio; ya conoc\u00e9is la historia.<\/p>\n<p>El o\u00eddo, la guarda del o\u00eddo. Los que hab\u00e9is confesado por las aldeas e incluso por la ciudad, ya sab\u00e9is que muchas personas aprenden lo que es la impureza viendo y oyendo a esos saltimbanquis, a esos comediantes que representan acciones deshonestas y tienen malas conversaciones. \u00a1Qu\u00e9 peligroso es todo esto!<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hay que guardar los sentidos: la vista, s\u00ed, la vista, el o\u00eddo y los dem\u00e1s sentidos exteriores, el tacto; hacerse due\u00f1o de los sentidos tanto como uno pueda, la vista, el o\u00eddo, el tacto\u00bb (XII, 418-419\/XI, 682).<\/p>\n<p>5. \u00abEn nombre de Dios, sea usted valiente y no rinda las armas; se trata de la gloria de Dios, de la salvaci\u00f3n quiz\u00e1 de un mill\u00f3n de almas y de la santificaci\u00f3n de la suya. Acu\u00e9rdese de que Dios est\u00e1 con usted, que combate con usted y que la victoria entonces es infalible. El diablo puede ladrar, pero no morder; le puede asustar, pero no le har\u00e1 da\u00f1o; de ello puede estar seguro delante de Dios, en cuya presencia le hablo; de lo contrario, dudar\u00eda mucho de su salvaci\u00f3n o, al menos temer\u00eda que se hiciese usted indigno de la corona que Nuestro Se\u00f1or le va forjando, mientras usted trabaja con tanto fruto por \u00e9l. La confianza en Dios y la humildad le alcanzar\u00e1n la gracia necesaria para ello\u00bb (III, 128\/ III, 120).<strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO IV<\/strong><\/p>\n<p><strong>POBREZA: SOLIDARIDAD CON LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p>\u00ab<em>Aunque era verdadero due\u00f1o de todos los bienes, Cristo adopt\u00f3 una vida tan pobre que no ten\u00eda d\u00f3nde reclinar su cabeza. Quiso adem\u00e1s que los ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos que trabajaban en la misi\u00f3n vivieran en el mismo estilo de pobreza, de modo que no tuvieran ninguna propiedad personal<\/em>\u00bb (RC III,1).<\/p>\n<p><strong>I. INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>La palabra \u00abpobreza\u00bb no significa lo mismo para los te\u00f3logos, los soci\u00f3logos o para los tratadistas de los consejos evang\u00e9licos. Adem\u00e1s las realidades socio-econ\u00f3micas, diferentes en los diversos continentes y pa\u00edses, afectan a su significado. Sin embargo, aun admitiendo las diferencias leg\u00edtimas en la comprensi\u00f3n y en la pr\u00e1ctica de la pobreza, queda en pie un n\u00facleo com\u00fan de significado. Igual que en los dem\u00e1s consejos evang\u00e9licos, <strong>la pobreza vicenciana debe entenderse en referencia a la misi\u00f3n<\/strong>, de modo que la pobreza en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n existe para imitar a Cristo evangelizador de los pobres y es inspirada por, y orientada a, la misi\u00f3n. Este criterio fundamental es la clave por la que el misionero (<strong>pobreza personal<\/strong>) y la Congregaci\u00f3n (<strong>pobreza comunitaria<\/strong>) descubre el verdadero criterio vicenciano al enfrentarse con las diferentes maneras de comprender y de practicar la pobreza evang\u00e9lica.<\/p>\n<p><strong>II. SITUACI\u00d3N ACTUAL<\/strong><\/p>\n<p>La pobreza material es la condici\u00f3n de vida no elegida de la mayor parte de los seres humanos. Para amplios sectores de la poblaci\u00f3n en todos los pa\u00edses la realidad diaria consiste en una lucha por obtener el m\u00ednimo necesario para seguir viviendo. Analfabetismo, desempleo, hambre y enfermedad siguen estando presentes a pesar de los avances tecnol\u00f3gicos. El sufrimiento de millones de seres humanos no es un hecho ocasional producido por individuos aislados, sino que las sociedades y la organizaci\u00f3n de la econom\u00eda han institucionalizado la opresi\u00f3n, oculta o abiertamente. En palabras de Pablo VI: \u00abHay ciertamente injusticias que claman al cielo\u00bb (<em>Populorum progressio<\/em>, 30). Para los pobres, la pobreza es un hecho del que quieren librarse.<\/p>\n<p>A la vez que la pobreza oprime las vidas de muchedumbres existe la abundancia para unos pocos. La sociedad ofrece una invitaci\u00f3n constante a tener y a consumir m\u00e1s. La acumulaci\u00f3n y el consumo se presentan con frecuencia como valores absolutos sin referencia alguna a otros valores y necesidades humanas. El disfrute de la riqueza ofrece un car\u00e1cter puramente privado, sin ninguna connotaci\u00f3n de responsabilidad social.<\/p>\n<p>Los dos extremos de riqueza y pobreza crean una tensi\u00f3n a los miembros de la Congregaci\u00f3n. La miseria de tantos hermanos y hermanas puede producir en nosotros un anhelo por vivir una forma de pobreza que no esperamos alcanzar nunca. Mientras los pobres sufren una pobreza real, nuestras casas y trabajos distancian nuestras formas de vida de las de ellos. Para algunos miembros de la comunidad esta realidad crea una viva preocupaci\u00f3n a sus conciencias. A otros les produce una actitud de indiferencia en cuanto al problema de la desigualdad en los niveles de vida.<\/p>\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n nos animan constantemente a aceptar los valores predominantes en la sociedad. La vida c\u00f3moda se nos presenta como una posibilidad muy atractiva que f\u00e1cilmente se convierte en un fin por s\u00ed misma. La ideolog\u00eda de una exagerada independencia econ\u00f3mica, que tan cuidadosamente san Vicente quiso evitar, no es desconocida dentro de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>III. EL VOTO DE POBREZA<\/strong><\/p>\n<p>El voto vicenciano de pobreza s\u00f3lo se puede entender rectamente a la luz de la decisi\u00f3n de seguir a Cristo evangelizador de los pobres. Una comprensi\u00f3n seria del voto se basa en el compromiso de entrega de la vida propia a la causa del Reino. Si no se ve as\u00ed, la f\u00f3rmula concreta del voto de pobreza, que s\u00f3lo se\u00f1ala el <strong>m\u00ednimo jur\u00eddico<\/strong> que hay que guardar, tender\u00eda a oscurecer nuestra <strong>consagraci\u00f3n radical<\/strong> a la misi\u00f3n. Tratar de guardar s\u00f3lo el m\u00ednimo posible para no salirse de los l\u00edmites del voto ser\u00eda una actitud muy dudosa para expresar nuestra entrega total, aunque fuera tolerable en pura legalidad.<\/p>\n<p>En su tiempo san Vicente tuvo que afrontar el problema de fundar una comunidad con bienes comunes, dispuesta para la misi\u00f3n, sin por ello hacer de ella una comunidad \u00abreligiosa\u00bb. El <strong>problema jur\u00eddico<\/strong> de no crear una comunidad religiosa y el <strong>problema pr\u00e1ctico<\/strong> de no dividir la comunidad por diferencias econ\u00f3micas, lo resolvi\u00f3 con el voto de pobreza tal como se define en el Estatuto Fundamental de Pobreza.<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula tradicional del voto dice simplemente: \u00ab<em>Por raz\u00f3n del voto es necesario contar con el permiso del superior, seg\u00fan las Constituciones y Estatutos, en el uso y disposici\u00f3n de los bienes<\/em>\u00bb (C 34). La dependencia con respecto al superior es en la Congregaci\u00f3n la forma visible de practicar la pobreza. Pero la verdadera intenci\u00f3n de la necesidad de permiso, adem\u00e1s de buscar el servir de ayuda al superior para la animaci\u00f3n y el buen orden de la vida comunitaria, es ofrecer a cada misionero una oportunidad para el discernimiento: \u00ab<em>Para vivir el esp\u00edritu de pobreza no basta con el permiso del superior, sino que es necesario que cada uno pondere qu\u00e9 es lo m\u00e1s propio y m\u00e1s conforme a nuestra vida y ministerio, seg\u00fan el esp\u00edritu de nuestro fundador expresado en las Reglas Comunes<\/em>\u00bb (C 34). Las necesidades de los pobres, los compromisos comunitarios y personales, la responsabilidad pastoral, la tradici\u00f3n vicenciana y el Estatuto Fundamental de Pobreza son algunos de los criterios, entre otros, que deben guiar el proceso de toma de decisiones en cuestiones de pobreza.<\/p>\n<p><strong>IV. LA VIRTUD DE LA POBREZA<\/strong><\/p>\n<p>La pobreza vicenciana supone intentar reproducir en la propia vida a Cristo pobre, que evangeliz\u00f3 a los m\u00e1s abandonados. Para san Vicente la pobreza misionera es el resultado de contemplar a Jes\u00fas, que \u00abse hizo pobre aunque era rico, a fin de que os enriquecierais con su pobreza\u00bb (2 Cor 8,9). Practicando la pobreza, los miembros de la Congregaci\u00f3n \u00ab<em>manifestar\u00e1n que dependen totalmente de Dios, y la misma evangelizaci\u00f3n de los pobres resultar\u00e1 m\u00e1s eficaz<\/em>\u00bb (C 31).<\/p>\n<p>Siguiendo una antigua tradici\u00f3n de la Iglesia, san Vicente distingue entre pobreza interior y exterior. Ambas son necesarias, la pobreza como <em>un modo de ser<\/em> y la pobreza como <em>un modo de poseer<\/em>. Si no se manifiesta exteriormente, la <em>pobreza espiritual<\/em> no es cre\u00edble. Sin una motivaci\u00f3n espiritual, la <strong>pobreza material<\/strong> es con frecuencia un mal. \u00abRenunciar exteriormente a los bienes, conservando el deseo de retenerlos, es no hacer nada, es burlarse y quedarse con lo mejor\u00bb (XI, 247\/ XI, 156).<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n libre de aceptar el reinado de Dios relativiza todos los dem\u00e1s valores. San Vicente subraya un aspecto fundamental de la pobreza voluntaria cuando nos recuerda que \u00abes una renuncia, un desprendimiento, un abandono, una abnegaci\u00f3n\u00bb (XI, 246\/XI,156). El fin de la pobreza y su alma interior es seguir a Jes\u00fas en libertad y participar en su misi\u00f3n de evangelizador de los pobres. Todas las costumbres, reglas y decisiones pr\u00e1cticas que se refieren a la pobreza vicenciana brotan de eso. <strong>El voto no s\u00f3lo nos compromete a guardar el m\u00ednimo jur\u00eddico<\/strong> de tener que pedir permiso, sino que nos debe llevar a encontrar formas nuevas en el uso de nuestros bienes con el fin de llevar a cabo nuestra vocaci\u00f3n misionera.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n vicenciana nos coloca en medio del mundo de los pobres. El deber de ser solidarios con nuestros hermanos y hermanas pide de nosotros un estilo sobrio de vida (C 33). Cuando san Vicente escrib\u00eda: \u00ab<em>No buscaremos cosas superfluas o curiosas. Moderaremos el uso de las cosas necesarias, y hasta el deseo de ellas, de manera que el estilo de nuestra alimentaci\u00f3n, habitaci\u00f3n y cama sea como conviene a quien es pobre<\/em>\u00bb (RC III, 7), quer\u00eda ense\u00f1arnos que debe haber correspondencia entre nuestro estilo de vida y lo que exige nuestra vida ministerial. La disponibilidad para dejar de lado la comodidad y la seguridad materiales, al menos en cierta medida, hace que el servicio de los pobres sea posible y cre\u00edble. Por eso san Vicente calificaba a la pobreza como el baluarte de nuestra Congregaci\u00f3n (RC III, 1). Por un lado una vida sencilla y sobria hace ver a los marginados nuestro deseo de estar con ellos en solidaridad. Por otro, es un testimonio contra una sociedad que margina y deja de lado a los pobres.<\/p>\n<p>La pobreza vicenciana fomenta la comunidad de servicio a los pobres. La dimensi\u00f3n comunitaria de nuestra vocaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de un simple poner en com\u00fan los bienes materiales. Los bienes comunes est\u00e1n ah\u00ed m\u00e1s bien para promover la unidad fraterna, de manera que se satisfagan con ellos las necesidades de cada cual, la ayuda mutua sea una realidad concreta y desaparezcan las desigualdades econ\u00f3micas y las divisiones (C 32,35). Compartimos nuestros bienes para estar unidos en el servicio de los pobres.<\/p>\n<p>Por su fin apost\u00f3lico comunitario la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n necesita poseer y usar bienes materiales para la evangelizaci\u00f3n de los pobres. Por ello mismo la pobreza implica una sabia administraci\u00f3n de los bienes. Pues admitiendo que \u00abvivimos del patrimonio de Jesucristo, del sudor de los pobres\u00bb (XI,201\/XI, 121), la Congregaci\u00f3n quiere usar sus bienes en favor de ellos con generosidad (C 33). Adem\u00e1s, todos los misioneros son responsables de administrar y cuidar bien los bienes confiados a su cuidado.<\/p>\n<p>Nuestra cercan\u00eda a los pobres pide que asumamos, tanto cuanto sea posible, algo de su condici\u00f3n. \u00abCuando vamos al refectorio, deber\u00edamos preguntarnos: \u00bfhas ganado el pan que vas a comer?\u00bb (XI, 201\/XI, 121). As\u00ed como los pobres necesitan trabajar para poder vivir, los misioneros est\u00e1n sometidos a la ley universal del trabajo en l\u00ednea con el fin de la Congregaci\u00f3n y el proyecto comunitario (C 32 \u00a71).<\/p>\n<p><strong>V. EL ESTATUTO FUNDAMENTAL DE POBREZA<\/strong><\/p>\n<p>Ya desde el comienzo de la Compa\u00f1\u00eda san Vicente estudi\u00f3 la posibilidad de formular algunas orientaciones sobre la pobreza. Su buen sentido le sugiri\u00f3 la conveniencia de distinguir entre los bienes personales del misionero y los bienes comunes, y su experiencia le llev\u00f3 a aclarar en t\u00e9rminos legales la naturaleza de la pobreza de su Congregaci\u00f3n. Despu\u00e9s de varios intentos, san Vicente consigui\u00f3 del Papa Alejandro VII en 1659 el breve \u00abAlias nos\u00bb. Lo que en \u00e9l se dice pertenece a\u00fan hoy a las normas de la Congregaci\u00f3n, seg\u00fan lo establecen las Constituciones (C 35).<\/p>\n<p>Admitiendo el hecho de que los miembros de la Congregaci\u00f3n pueden tener propiedad, san Vicente intent\u00f3 evitar las desigualdades econ\u00f3micas en la comunidad y promover la libertad para dedicarse al ministerio. Esto es lo que intent\u00f3 el Estatuto Fundamental de Pobreza. La asamblea de 1980 dio una interpretaci\u00f3n del Estatuto teniendo en cuenta los cambios que han ocurrido desde el siglo XVII en cuestiones de econom\u00eda. Esa interpretaci\u00f3n no cambia el Estatuto; m\u00e1s bien quiere hacer expl\u00edcitas las obligaciones que brotan de \u00e9l.<\/p>\n<p>El Estatuto Fundamental menciona los bienes inmuebles. Esta expresi\u00f3n viene de un tiempo hist\u00f3rico en el que la tierra era la fuente principal de ingresos. La expresi\u00f3n <strong>bienes inmuebles<\/strong> significa literalmente \u00abbienes que no se pueden mover\u00bb (por ejemplo un edificio o un terreno), y tambi\u00e9n bienes que f\u00edsicamente se pueden mover pero que la ley considera como inm\u00f3viles (por ejemplo una puerta o una ventana). <strong>Bienes muebles<\/strong> son toda propiedad que se puede mover (muebles, libros, dinero, etc.).<\/p>\n<p>El Estatuto se ocupa de toda propiedad que produce ingresos o rentas, y establece que <strong>los misioneros mantienen la propiedad de los bienes inmuebles<\/strong>. Sin embargo <strong><span style=\"text-decoration: underline\">no pueden usar libremente<\/span><\/strong> esos bienes, y necesitan el permiso del superior para hacerlo. \u00abAlias Nos\u00bb no menciona los bienes muebles. En el siglo XVII, cosas como cuentas bancarias, acciones y obligaciones o bolsas de valores, no eran comunmente conocidas por la poblaci\u00f3n en general como fuentes de riqueza. Por ello la asamblea general de 1980 al explicar el Estatuto considera <strong>algunos bienes muebles como fuentes de ingresos<\/strong>, o sea, como equivalentes en ese aspecto a los bienes inmuebles. En otras palabras, la asamblea interpreta para hoy el Estatuto de esta manera: los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n mantienen la posesi\u00f3n de sus propiedades personales, sean muebles o inmuebles, que produzcan ingresos, pero necesitan permiso del superior para usarlas.<\/p>\n<p>Los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no necesitan permiso para mantener sus propiedades personales (reparaciones, etc.) y pueden disponer de ellas libremente por legado o testamento. Sin embargo, en virtud del Estatuto, el misionero puede emplear lo que su propiedad produce como ingresos (inter\u00e9s, renta, dividendos) para su uso personal <strong>con el permiso del superior<\/strong>. \u00abEsta es una <strong>norma permisiva<\/strong>\u00ab, en ninguna manera una recomendaci\u00f3n positiva (interpretaci\u00f3n del Estatuto, A 4). De hecho san Vicente al comentar el Estatuto afirm\u00f3: \u00abEl uso de esos bienes no es para el individuo; \u00e9l no los necesita, pues la Congregaci\u00f3n provee a sus necesidades\u00bb (XII, 383\/XI, 653).<\/p>\n<p>Los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n que tienen propiedades personales est\u00e1n obligados a dedicar los frutos o ingresos a obras p\u00edas (caridad, obras sociales, etc.), y, antes que nada, a los padres y familiares necesitados (\u00abAlias Nos\u00bb). Las Constituciones a\u00f1aden que nuestros bienes personales deben dedicarse tambi\u00e9n en favor de los compa\u00f1eros, \u00abevitando las diferencias entre nosotros\u00bb (C 35). Estas normas de car\u00e1cter positivo del Estatuto complementan las de car\u00e1cter negativo; todas ellas nos urgen no s\u00f3lo a evitar toda acumulaci\u00f3n sino a usar nuestros bienes personales en favor de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n del Estatuto Fundamental (B 4) nos recuerda que las Constituciones quieren poner de relieve la <strong>dimensi\u00f3n comunitaria<\/strong> de la pobreza vicenciana (C 32 \u00a7 2).. Los frutos del trabajo personal (estipendios, salarios, derechos de autor) pertenecen a la Congregaci\u00f3n. Am\u00e9n de eso, todos los ingresos que recibe un miembro despu\u00e9s de la incorporaci\u00f3n, tales como pensiones, seguros o seguridad social, son propiedad de la comunidad. Todo esto es una consecuencia de nuestro compromiso para formar una comunidad de bienes y para contribuir al bien de los dem\u00e1s miembros de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Estatuto Fundamental de Pobreza (\u00abAlias Nos\u00bb) y la interpretaci\u00f3n de la Asamblea General de 1980 nos ofrecen orientaciones pr\u00e1cticas para vivir la pobreza, pero no son ellas los \u00fanicos puntos de referencia para lo que debe ser la pr\u00e1ctica de nuestra pobreza (B 4). Para mejor comprender el esp\u00edritu y la intenci\u00f3n del Estatuto Fundamental, habr\u00eda que tener en cuenta tambi\u00e9n:<\/p>\n<p>&#8211; nuestro compromiso con la evangelizaci\u00f3n de los pobres;<\/p>\n<p>&#8211; la pobreza de esp\u00edritu (cfr. XII, 377-386\/ XI, 647-655; RC III 4,7);<\/p>\n<p>&#8211; la comunidad de bienes (RC III 3,4,5,6);<\/p>\n<p>&#8211; la adaptaci\u00f3n de nuestro estilo de vida al de los pobres (cfr. RC III 7);<\/p>\n<p>&#8211; la ley universal del trabajo (cfr. XI, 201 ss.\/ XI, 120 ss.);<\/p>\n<p>&#8211; que los frutos de nuestro trabajo pertenecen a la Congregaci\u00f3n;<\/p>\n<p>&#8211; y que los bienes comunes deben ser vistos como patrimonio de los pobres; no debemos, bien como individuos particulares, bien como comunidad, retener bienes sin hacerlos producir o sin invertirlos, con el resultado de que as\u00ed no reportar\u00edan ning\u00fan beneficio a los pobres.<\/p>\n<p><strong>VI. C\u00d3MO VIVIR LA POBREZA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Evitar la acumulaci\u00f3n de bienes<\/strong>. Nuestra pobreza intenta hacernos libres para dedicarnos a la misi\u00f3n. San Vicente sab\u00eda que el apego a las posesiones materiales era un peligro: \u00ab&#8230;entonces se podr\u00eda decir: adi\u00f3s a los trabajos de la Misi\u00f3n y a la Misi\u00f3n misma&#8230;.\u00bb (XI, 79\/XI, 773). Un estilo sobrio de vida es un medio pr\u00e1ctico de evitar la tentaci\u00f3n de emplear nuestras energ\u00edas en acumular riquezas o en mantener un estilo de vida confortable. Debemos estar dispuestos a sentir la \u00abmordedura de la pobreza\u00bb, aunque pudi\u00e9ramos vivir de una manera mejor.<\/p>\n<p><strong>Poner nuestros bienes a disposici\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/strong> El voto nos permite conservar la posesi\u00f3n de nuestras propiedades personales. Las exigencias de nuestro trabajo pastoral piden que la comunidad tenga recursos materiales. Pues no renunciamos del todo a la propiedad de bienes materiales, nuestra pobreza se manifiesta en la pr\u00e1ctica en c\u00f3mo usamos los bienes que tenemos. Hay un gran peligro de que las propiedades personales o comunitarias se dirijan s\u00f3lo a satisfacer nuestras propias necesidades. La generosidad en relaci\u00f3n a nuestros bienes (tambi\u00e9n a nuestro tiempo y a nuestros talentos) fomentar\u00e1 el esp\u00edritu de desprendimiento y de libertad.<\/p>\n<p><strong>Contacto personal con los pobres y sensibilidad hacia ellos.<\/strong> Aunque nuestro trabajo por los pobres no existe ante todo para beneficio nuestro, la inserci\u00f3n en el mundo de los pobres nos ayudar\u00e1 a transformar nuestra visi\u00f3n y nuestras vidas. Los pobres no s\u00f3lo carecen de lo superfluo sino que con frecuencia carecen tambi\u00e9n de lo necesario para vivir. Son las v\u00edctimas de la injusticia institucionalizada, de la opresi\u00f3n y de desigualdades socio-econ\u00f3micas escandalosas. El contacto personal nos har\u00e1 sensibles a sus sufrimientos, esperanzas y deseos, y nos capacitar\u00e1 para aprender de sus ejemplos de generosidad en medio de la escasez y de la necesidad. Los pobres pueden evangelizarnos ayud\u00e1ndonos a transformar nuestra caridad, vista como un ejercicio privado de compasi\u00f3n, hacia una solidaridad vivida de forma concreta.<\/p>\n<p><strong>Depender de la comunidad.<\/strong> Seg\u00fan las Constituciones, los \u00abadministradores provean gustosamente a las necesidades de los misioneros en todo lo que se refiere a la vida, oficio particular y trabajo apost\u00f3lico\u00bb (C 154 \u00a72). El depender de la comunidad, si se vive en un estilo de madurez, sirve para fomentar el esp\u00edritu de fraternidad y de inter\u00e9s por una vida compartida. La dependencia se manifiesta tambi\u00e9n en pedir los permisos requeridos. En concreto, esta idea implica que cada provincia defina claramente las cantidades para las que se requiere pedir el permiso del superior. Cuando, por poner un ejemplo, las provincias se\u00f1alan una asignaci\u00f3n mensual para cada cual, debe haber una norma clara que se\u00f1ale la cantidad y los fines a los que se dedica esa cantidad. Tambi\u00e9n debe haber normas concretas sobre los permisos requeridos para gastos hechos con dinero personal, pues tal dinero debe ser gastado en conformidad con el Estatuto Fundamental de Pobreza tal como lo interpret\u00f3 la asamblea de 1980.<\/p>\n<p><strong>Ayuda a la comunidad<\/strong>. La pobreza comunitaria no se manifiesta \u00fanicamente cuando se recibe de la comunidad. Ha de tenerse en cuenta tambi\u00e9n el inter\u00e9s por el bien de los dem\u00e1s miembros de la comunidad. Los estipendios y todo lo que se reciba por el trabajo hecho en nombre de la comunidad no son remuneraciones por trabajos personales. Debemos entregarlas pensando en el bien de todos los miembros de la comunidad, como signo de nuestro inter\u00e9s por los dem\u00e1s y de nuestra identificaci\u00f3n con los otros miembros de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Evaluaci\u00f3n frecuente<\/strong>. El seguimiento de Cristo como misioneros nos pide una conversi\u00f3n continua. Como la pr\u00e1ctica de la pobreza es \u00abcondici\u00f3n de la renovaci\u00f3n y signo del progreso de nuestra vocaci\u00f3n en la Iglesia y en el mundo\u00bb (E 18), una revisi\u00f3n frecuente de la pr\u00e1ctica de la pobreza comunitaria y personal ser\u00e1 un medio para una conversi\u00f3n permanente. Las reuniones para elaborar el proyecto comunitario local y los presupuestos ser\u00e1n momentos para revisar nuestra manera de usar las posesiones materiales, a la luz de las Constituciones, normas provinciales y necesidades de los pobres.<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>POBREZA: SOLIDARIDAD CON LOS POBRES<\/strong><\/p>\n<p><em>&#8211; Textos para la meditaci\u00f3n &#8211;<\/em><\/p>\n<p>1. \u00abHar\u00e9 que le manden las estampas y los libros que desea; pero creo que he de decirle, padre, que estamos en una situaci\u00f3n en que no hay que hacer m\u00e1s gastos que los necesarios. La miseria p\u00fablica nos rodea por todas partes. Es de temer que llegue tambi\u00e9n hasta nosotros; y aun cuando no llegara, debemos tener compasi\u00f3n con los que la sufren. Cuando haya hecho usted sus provisiones y haya conocido todas las necesidades de casa y de fuera, quiz\u00e1s cuide usted un poco mejor los fondos que haya encontrado\u00bb (SV IV, 277-278\/ IV, 269).<\/p>\n<p>2. \u00abTodo cuanto Dios hace, lo hace por nuestro mayor bien. Por consiguiente, hemos de esperar que esta p\u00e9rdida ser\u00e1 para nuestro provecho, ya que viene de Dios. Todas las cosas ceden en bien para los hombres justos. Y estamos seguros de que, si recibimos las adversidades de manos de Dios, se convertir\u00e1n para nosotros en gozo y bendici\u00f3n. Les ruego pues, padres y hermanos m\u00edos, que den gracias a Dios por la resoluci\u00f3n de este asunto, por la privaci\u00f3n de esa finca y por las disposiciones que nos ha dado para aceptar esta p\u00e9rdida por su amor. Es ciertamente una gran p\u00e9rdida; pero su adorable sabidur\u00eda sabr\u00e1 hacer que las cosas se tornen en provecho nuestro por unos caminos que desconocemos por ahora, pero que ustedes ver\u00e1n alg\u00fan d\u00eda. S\u00ed, ustedes lo ver\u00e1n, y espero que el buen comportamiento que han observado todos en este accidente que no esper\u00e1bamos, servir\u00e1 de fundamento para las gracias que Dios les conceder\u00e1 en el futuro, de emplear rectamente todas las aflicciones que \u00e9l quiera enviarles\u00bb (VII,251-252\/ VII, 218-219).<\/p>\n<p>3. \u00abDar\u00edamos un grave esc\u00e1ndalo, despu\u00e9s de un decreto tan solemne, si lo impugn\u00e1ramos para destruirlo. Nos acusar\u00edan de demasiado apegados a nuestros bienes, que es el reproche que suele hac\u00e9rseles a los eclesi\u00e1sticos y, gritando contra nosotros por todo el palacio, har\u00edamos da\u00f1o a otras comunidades y ser\u00edamos motivo de que nuestros amigos se escandalizasen de nosotros.<\/p>\n<p>Tenemos motivos para esperar que, si buscamos el Reino de Dios, como dice el Evangelio, no nos faltar\u00e1 nada. Y si el mundo nos quita por una parte, Dios nos dar\u00e1 por otra, tal como hemos podido experimentar despu\u00e9s de que la c\u00e1mara suprema nos arrebat\u00f3 esas tierras; porque Dios ha permitido que un consejero de esa misma c\u00e1mara nos dejara al morir casi lo mismo que vale esa finca\u00bb. (VII, 406\/ VII, 348-349).<\/p>\n<p>4. \u00abBien, la pobreza es una renuncia voluntaria a todos los bienes de la tierra, por amor a Dios y para servirle mejor y cuidar de nuestra salvaci\u00f3n; es una renuncia, un desprendimiento, un abandono, una abnegaci\u00f3n. Esa renuncia es exterior e interior, no solamente exterior. No s\u00f3lo hay que renunciar externamente a todos los bienes; es preciso que esa renuncia sea interior, que parta del coraz\u00f3n. Junto con los bienes hay que dejar tambi\u00e9n el apego y el afecto a esos bienes, no tener el m\u00e1s m\u00ednimo amor a los bienes perecederos de este mundo. Renunciar externamente a los bienes, conservando el deseo de tenerlos, es no hacer nada, es burlarse y quedarse con lo mejor. Dios pide principalmente el coraz\u00f3n, el coraz\u00f3n, que es lo principal\u00bb (XI, 246-247\/ XI, 156).<\/p>\n<p>5. \u00abSi tenemos algunos bienes, no tenemos el uso de ellos, y en esto somos semejantes a Jesucristo que, teni\u00e9ndolo todo, no ten\u00eda nada; era el due\u00f1o y se\u00f1or de todo el mundo y el que hizo todos los bienes, pero quiso privarse de su uso por nuestro amor; aunque era el se\u00f1or de todo el mundo, se hizo el m\u00e1s pobre de todos los hombres y tuvo menos que los mismos animales: &#8216;Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene d\u00f3nde reclinar su cabeza&#8217; (Mt 8,20). El Hijo de Dios no tiene ni una piedra donde reposar su cabeza. \u00a1Oh, Salvador! \u00a1Oh, Salvador! \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de nosotros si nos apegamos a los bienes de la tierra? \u00bfY qu\u00e9 llegaremos a ser siguiendo el ejemplo de la pobreza del Hijo de Dios? \u00a1Que los que tengan bienes, no deseen usarlos, si han renunciado a ellos! \u00a1Y que los que no tengan, no quieran tenerlos!\u00bb (XI, 224-225\/XI, 139).<\/p>\n<p>6. \u00abEstas son, padres, las dos razones que nos obligan a observar el voto de la santa pobreza: que le hemos dado palabra al superior y a Dios. La tercera raz\u00f3n que se me ha ocurrido es que es imposible vivir en paz en una comunidad como la nuestra; y no s\u00f3lo es imposible vivir bien, sino tambi\u00e9n perseverar en ella mucho tiempo; es imposible. Digo, pues, padres, en tercer lugar, que es sumamente dif\u00edcil y hasta imposible, que una persona a quien se le haya metido en la cabeza el deseo de tener, pueda cumplir con su deber entre nosotros y vivir seg\u00fan las reglas que ha abrazado, y guardar la costumbre ordinaria de la Compa\u00f1\u00eda. Una persona que s\u00f3lo se preocupa de sus gustos, de buscar sus propias satisfacciones, de comer bien, de pasar alegremente el tiempo (pues eso es lo que pretenden quienes tienen ese deseo insaciable de riquezas), \u00bfpodr\u00e1 acaso desempe\u00f1ar debidamente sus ocupaciones en la Misi\u00f3n? Es imposible&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Oh, Salvador!, \u00bfes eso ser misionero? Ese es un diablo, no un misionero. Su esp\u00edritu es el esp\u00edritu del mundo. Est\u00e1 ya de coraz\u00f3n y de afecto en el mundo; solamente est\u00e1 en la Misi\u00f3n su esqueleto. Buscar la comodidad, seguir sus gustos, vivir bien, hacerse estimar, todo eso es esp\u00edritu mundano; y eso es lo que pide, all\u00ed est\u00e1 su esp\u00edritu\u00bb (XI, 237, 240-241\/ XI, 149,151).<\/p>\n<p>7. \u00abA veces discurro dentro de m\u00ed mismo si es verdad que la pobreza es tan hermosa, y cu\u00e1l debe ser la belleza de esa virtud a la que san Francisco llama su esposa. \u00a1C\u00f3mo arrebata su hermosura! Me parece que est\u00e1 dotada de tanta excelencia que, si pudi\u00e9ramos tener la dicha de verla un poco solamente, nos ver\u00edamos prendados de su amor y nunca querr\u00edamos separarnos de ella; no la abandonar\u00edamos jam\u00e1s y la amar\u00edamos por encima de todos los bienes del mundo. \u00a1Oh, si Dios nos concediese la gracia de correr el velo que nos impide ver tanta belleza! \u00a1Oh, si retirase por su gracia todos los velos que el mundo y nuestro amor propio nos ponen ante los ojos! Entonces, padres, quedar\u00edamos embobados ante los encantos de esta virtud, que rob\u00f3 el coraz\u00f3n y los afectos del Hijo de Dios; \u00e9sta ha sido la virtud del Hijo; \u00c9ll quiso tenerla como suya; fue el primero en ense\u00f1arla, quiso ser el maestro de la pobreza. Antes de \u00e9l nadie sab\u00eda lo que era; era desconocida. Dios no quiso ense\u00f1\u00e1rnosla por los profetas; se la reserv\u00f3 para venir \u00c9l mismo a ense\u00f1arla. En la ley antigua no se la conoc\u00eda; s\u00f3lo se estimaban las riquezas; nadie hac\u00eda caso de la pobreza, pues no conoc\u00edan sus m\u00e9ritos\u00bb (XI, 245\/ XI, 155).<\/p>\n<p>8. \u00abEl estado de los misioneros es un estado apost\u00f3lico, que consiste, como los ap\u00f3stoles, en dejarlo y abandonarlo todo para seguir a Jesucristo y hacerse verdaderos cristianos; es lo que han hecho muchos de la Compa\u00f1\u00eda, que han dejado sus parroquias para venir a vivir aqu\u00ed en la pobreza y, por tanto, cristianamente; y, como me dec\u00eda una cierta persona, s\u00f3lo el diablo puede decir algo en contra de la Misi\u00f3n; ir, por ejemplo, de aldea en aldea para ayudar al pobre pueblo a salvarse y a ir al cielo, como veis que se hace. Por ejemplo, el buen padre Tholard, que lo est\u00e1 haciendo ahora, y el se\u00f1or abad de Chandenier, tienen incluso que dormir sobre paja\u00bb(XI, 163\/ XI, 89-90).<\/p>\n<p>9. \u00abTodos deseamos ser disc\u00edpulos de Nuestro Se\u00f1or. Pues bien, \u00bfhab\u00e9is sentido, desde que fuisteis llamados a su servicio este amor y este afecto hacia la santa pobreza? Por eso nos hemos entregado a Dios: para ser sus disc\u00edpulos; pero no podemos serlo sin abrazar la pobreza; si no lo hemos hecho, no podemos ser tan buenos disc\u00edpulos de Nuestro Se\u00f1or, como si lo hubi\u00e9ramos hecho; y si no lo hemos hecho con suficiente pureza y perfecci\u00f3n, hag\u00e1moslo ahora y entregu\u00e9monos a Dios para abrazar lo m\u00e1s perfectamente que podamos este estado de pobreza\u00bb (XII, 389\/ XI, 657-658).<\/p>\n<p>10. \u00abEn una conferencia a su comunidad, el padre Vicente dijo que los misioneros deber\u00edan sentirse felices de hacerse pobres por haber ejercido la caridad con los dem\u00e1s, pero que no temieran empobrecerse por ello, a no ser que desconfiaran de la bondad de Nuestro Se\u00f1or y de la verdad de sus palabras.<\/p>\n<p>No obstante, si Dios permitiese que se vieran reducidos a la necesidad de ir a servir como coadjutores a las aldeas para encontrar con qu\u00e9 vivir, o que algunos de ellos tuvieran que ir a mendigar el pan o acostarse al lado de una tapia, con los vestidos destrozados y muertos de fr\u00edo, y en aquel estado le preguntasen a uno de ellos: &#8216;Pobre sacerdote de la Misi\u00f3n, \u00bfqui\u00e9n te ha puesto en semejante estado?&#8217;, \u00a1qu\u00e9 felicidad, hermanos m\u00edos, poder responder entonces: &#8216;\u00a1Ha sido la caridad!&#8217; \u00a1Cu\u00e1nto apreciar\u00eda Dios y los \u00e1ngeles a ese pobre sacerdote!\u00bb (XI, 76-77\/XI, 767-768).<strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO V<\/strong><\/p>\n<p><strong>OBEDIENCIA: DISCERNIMIENTO PARA LA MISI\u00d3N<\/strong><em> <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00abDebe haber algo grande en esta virtud, ya que Nuestro Se\u00f1or la am\u00f3 tanto desde su nacimiento hasta su muerte, puesto que hizo todas las acciones de su vida por obediencia\u00bb(XII, 426\/XI, 688).<\/em><\/p>\n<p><strong>I. INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>San Vicente quer\u00eda que sus misioneros fueran obedientes como Jesucristo, quien siempre hizo la voluntad del Padre. Por ello nuestra obediencia ser\u00e1 una b\u00fasqueda constante para llegar a tomar decisiones sobre nuestros planes personales y los planes comunitarios a la luz del plan salv\u00edfico de Dios. Como miembros de una congregaci\u00f3n que tiene por profesi\u00f3n el entregarse a Dios para la evangelizaci\u00f3n de los pobres, el discernir la voluntad de Dios tiene que ser la clave de nuestra vida, pues ella afecta en lo m\u00e1s profundo a nuestra relaci\u00f3n con Dios, y adem\u00e1s nos acerca a nuestros hermanos al tratar de escuchar juntos la voz de Dios.<\/p>\n<p><strong>II. LA SITUACI\u00d3N ACTUAL<\/strong><\/p>\n<p>La complejidad del mundo de hoy nos ofrece un contexto nuevo para vivir la obediencia evang\u00e9lica. Hay hoy una conciencia m\u00e1s aguda del valor de la persona humana y de los derechos de los individuos. Cada vez somos m\u00e1s conscientes de lo importante que es la afirmaci\u00f3n de la propia personalidad, as\u00ed como de la necesidad de participar en la toma de decisiones que afectan a nuestra vida. Todo el mundo exige respeto a las opiniones, a las ideas, formas culturales y modos de obrar diferentes; se reivindica el derecho a criticar a la autoridad y aun a ponerla en cuesti\u00f3n. El principio de subsidiariedad, que reconoce la autonom\u00eda leg\u00edtima de los individuos y de las instituciones, tiene cada vez m\u00e1s importancia, mientras que las formas autocr\u00e1ticas de gobernar la vida social van cediendo ante el empuje de formas m\u00e1s democr\u00e1ticas. Si bien todas estas ideas son con frecuencia m\u00e1s te\u00f3ricas que reales, son sin duda el fundamento del pensamiento social contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Sin embargo esta realidad tiene su lado negativo. Existe una visi\u00f3n exagerada de la libertad individual, visi\u00f3n que destaca los derechos y disimula las obligaciones, fomenta el ego\u00edsmo y crea una atm\u00f3sfera general de individualismo excesivo. El abuso del poder, que se traduce en la perversi\u00f3n de la confianza p\u00fablica o en la ausencia de respeto por los derechos humanos, e incluso en la represi\u00f3n directa, ha llevado a unos a mirar con suspicacia a la autoridad, y a otros a adoptar una pasividad l\u00e1nguida ante la autoridad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la Congregaci\u00f3n se ha visto afectada por estos hechos de la sociedad moderna. Se han dado muchos pasos para promover el di\u00e1logo y la coparticipaci\u00f3n en la toma de decisiones en la comunidad. Las Constituciones nos recuerdan expl\u00edcitamente el esp\u00edritu de corresponsabilidad (C 96, 97). Pero a veces se encuentran dificultades para llevarlo a la pr\u00e1ctica. Algunas comunidades locales tienen a\u00fan dificultad en encontrar los medios adecuados para fomentar la comunicaci\u00f3n mutua. A veces una mayor libertad personal ha llevado a algunos a buscar su seguridad personal y a escoger ministerios pensando en sus preferencias personales, y no en nuestra llamada comunitaria a la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Al extenderse la Congregaci\u00f3n a regiones del mundo con culturas muy diferentes (por ejemplo, Asia y las naciones del hemisferio sur), han empezado a aparecer en la Congregaci\u00f3n concepciones muy diferentes de la autoridad. Este hecho produce a veces tensiones entre las ideas que hay sobre la obediencia en el mundo occidental y los modos propios de otras tradiciones culturales para llegar a la toma de decisiones. Ser\u00e1 necesaria una gran sensibilidad para descubrir la verdadera esencia de la obediencia en estos horizontes culturales tan diversos.<\/p>\n<p><strong>III. EL VOTO DE OBEDIENCIA<\/strong><\/p>\n<p>En la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n nos entregamos para continuar la misi\u00f3n evangelizadora de Jesucristo. Esta idea fundamental es la base de nuestro voto de obediencia. El seguimiento de Cristo evangelizador de los pobres lleva consigo el compromiso de \u00ab<em>ser obedientes a la voluntad del Padre que se nos manifiesta de muchas maneras<\/em>\u00bb (C 36). M\u00e1s bien que a\u00f1adir algo opcional, el voto hace explicito un elemento esencial en nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las nuevas Constituciones dan \u00e9nfasis a la orientaci\u00f3n comunitaria de la obediencia vicenciana y a su fin misionero: \u00ab<em>la participaci\u00f3n en este misterio de Cristo obediente requiere que todos, comunitariamente, busquemos la voluntad del Padre<\/em>\u00bb (C 37 \u00a71 ). La obediencia supone una b\u00fasqueda consciente del verdadero significado de nuestra misi\u00f3n, as\u00ed como de los medios concretos para llevarla a cabo. Este discernimiento es responsabilidad de todos los miembros de la Congregaci\u00f3n (C 96).<\/p>\n<p>Pues el Esp\u00edritu de Dios se manifiesta en todos, la autoridad en la Congregaci\u00f3n, cuya funci\u00f3n es buscar y poner en pr\u00e1ctica la voluntad de Dios, debe ser ejercida con un esp\u00edritu de di\u00e1logo y de consulta (C 97). Los superiores tienen la delicada tarea de promover el discernimiento de la voluntad de Dios y tambi\u00e9n la responsabilidad \u00faltima en la toma de decisiones. \u00ab<em>Entablen el di\u00e1logo con los compa\u00f1eros<\/em>\u00ab, pero \u00ab<em>quedando a salvo su autoridad de decidir y mandar lo que se ha de hacer<\/em>\u00bb (C 97 \u00a72). \u00ab<em>Por raz\u00f3n del voto de obediencia estamos obligados a obedecer al Sumo Pont\u00edfice, al Superior General, al Visitador, al Superior de la casa y a sus sustitutos, cuando nos manden seg\u00fan las Constituciones y Estatutos<\/em>\u00bb (C 38 \u00a71). Esto quiere decir que hay que \u00ab<em>poner empe\u00f1o, seg\u00fan sus fuerzas, en obedecer a los Superiores con prontitud, alegr\u00eda y perseverancia<\/em>\u00bb (C 37 \u00a72).<\/p>\n<p><strong>IV. LA VIRTUD DE LA OBEDIENCIA<\/strong><\/p>\n<p>En el coraz\u00f3n mismo de la misi\u00f3n redentora de Jesucristo se encuentra la obediencia incondicional al Padre. Esta obediencia filial es la consecuencia primera de una vida entregada del todo al reinado de Dios. La obediencia de Cristo es pasiva en el sentido de que \u00e9l se somete a la condici\u00f3n humana y acepta el sufrimiento y la muerte. Pero es ante todo una obediencia activa en virtud de la cual se ofrece constantemente para hacer la voluntad del Padre.<\/p>\n<p>San Vicente vio en Jes\u00fas no s\u00f3lo un modelo que admirar sino tambi\u00e9n un ejemplo al que seguir. Seguir a Cristo quiere decir penetrar en el misterio de su vida y adoptar su misi\u00f3n. Ante el ejemplo de su Maestro el misionero siente el desaf\u00edo de identificar del todo su vida con las exigencias del Reino de Dios. Convencido de que el Reino de Dios es a la vez obra y don de Dios, san Vicente nos recomendaba el no adelantarnos jam\u00e1s a la Providencia (I 68,69\/I 131,132). Pero a la vez quer\u00eda que la Congregaci\u00f3n cooperase activamente en la historia con la voluntad del Padre: \u00abCuando se trata de hacer alguna obra buena, d\u00edgale al Hijo de Dios: Se\u00f1or, si estuvieras en mi lugar \u00bfqu\u00e9 har\u00edas en esta situaci\u00f3n?\u00bb (XI, 348\/XI, 240).<\/p>\n<p>La obediencia misionera consiste en la entrega de s\u00ed mismo en total disponibilidad para la evangelizaci\u00f3n de los pobres. Esta opci\u00f3n hace que el reinado de Dios y su irrupci\u00f3n en las vidas de los pobres sean la referencia fundamental en nuestra vida. La obediencia mueve al misionero a despegarse de sus deseos personales y le libera para preocuparse m\u00e1s por la voluntad liberadora de Dios en favor de los pobres. La libertad que brota de nuestra identificaci\u00f3n plena con la voluntad de Dios hace que nuestra obediencia sea <strong>prof\u00e9tica<\/strong>. Cuando la fidelidad a Dios es el m\u00e1s profundo de nuestros motivos, todo otro motivo o plan se convierte en secundario. La obediencia es un desaf\u00edo no s\u00f3lo a nuestros deseos y fines personales, sino tambi\u00e9n a los de la sociedad en general.<\/p>\n<p>Como conocemos de ordinario la voluntad de Dios a trav\u00e9s de mediaciones humanas, la obediencia pide un proceso de discernimiento. El misionero debe escuchar la voz de Dios no s\u00f3lo en su propio coraz\u00f3n; debe, tambi\u00e9n, poner atenci\u00f3n a la voz de Dios que habla a trav\u00e9s de las necesidades de los pobres, los signos de los tiempos, la Iglesia, la comunidad y las autoridades leg\u00edtimas. Escuchar atentamente es un <strong>proyecto de naturaleza comunitaria<\/strong> que nos convoca al di\u00e1logo sincero y fraternal y a buscar juntos la voluntad de Dios. La obediencia pide tambi\u00e9n que, despu\u00e9s del di\u00e1logo, pongamos en pr\u00e1ctica por medio de proyectos y acciones concretas, lo que hemos percibido como querer de Dios.<\/p>\n<p>A algunos se les conf\u00edan, como una dimensi\u00f3n de la obediencia comunitaria, cargos de autoridad para promover y llevar a cabo nuestra misi\u00f3n. Una pr\u00e1ctica responsable de esa autoridad obliga a los superiores a discernir la voluntad de Dios junto con sus hermanos. Ni los superiores ni los dem\u00e1s tienen derecho a identificar su voluntad personal con la voluntad de Dios, ni a preferir sus planes personales a la misi\u00f3n de la comunidad. Todos los misioneros deben contar con la comunidad y con lo que \u00e9sta opina a la hora de tomar decisiones personales. Aunque es bueno llegar a un consenso sobre decisiones que afectan a nuestra vida y a nuestra pastoral, eso no es siempre posible por muchas razones. Y as\u00ed, cuando el consenso general no es posible, la obediencia pide que estemos dispuestos a aceptar y apoyar las decisiones de la comunidad y de los que tienen autoridad. Pide tambi\u00e9n que asumamos nuestra responsabilidad para ejecutar los compromisos y decisiones tomados en comunidad.<\/p>\n<p><strong>V. C\u00d3MO VIVIR LA OBEDIENCIA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Relaci\u00f3n con Jes\u00fas<\/strong>. Jes\u00fas, siempre obediente al Padre, inspira nuestra obediencia. La uni\u00f3n \u00edntima con Cristo por la oraci\u00f3n y la escucha de su palabra ser\u00e1n las claves de nuestra obediencia a la voluntad de Dios. \u00c9l nos invita a escuchar con docilidad los movimientos del Esp\u00edritu. Debemos revisar nuestras ideas, opiniones y acciones a la luz de los valores del Reino.<\/p>\n<p><strong>Atenci\u00f3n a los signos de los tiempos<\/strong>. Pues la presencia de Dios se manifiesta en las situaciones concretas de la vida, es fundamental que conozcamos el mundo y en especial la situaci\u00f3n de los pobres. Una relaci\u00f3n cercana con los pobres nos capacitar\u00e1 para escuchar a Dios junto con ellos, pues Dios est\u00e1 presente en medio de sus sufrimientos. El estudio y el an\u00e1lisis social son medios indispensables para interpretar los signos de los tiempos.<\/p>\n<p><strong>Di\u00e1logo sincero<\/strong>. Como la voluntad de Dios es rara vez di\u00e1fana, el di\u00e1logo se hace necesario para vivir la obediencia. La comunicaci\u00f3n sincera con todos los miembros de la comunidad, y en especial con los superiores, hace posible un discernimiento aut\u00e9ntico. Los miembros de la Congregaci\u00f3n deben valerse de las estructuras que ya existen, tales como proyectos provinciales y locales, reuniones, consultas, visitas, etc.. Se deben crear adem\u00e1s otros medios para la comunicaci\u00f3n mutua y el discernimiento.<\/p>\n<p><strong>Iniciativa responsable<\/strong>. La creatividad y el esp\u00edritu de iniciativa forman tambi\u00e9n parte de una respuesta activa a las llamadas de Dios en la historia. Ya desde el tiempo de la formaci\u00f3n inicial, se ha de fomentar el esp\u00edritu de responsabilidad personal y de respeto hacia las diferencias leg\u00edtimas. A la vez el misionero obediente debe aprender a someter su creatividad y su esp\u00edritu de iniciativa a las necesidades de los pobres, al bien de la comunidad y a las decisiones de los superiores. La responsabilidad compartida en el proyecto comunitario local ser\u00e1 una manera de manifestar nuestra solidaridad y nuestra obediencia.<\/p>\n<p><strong>Humildad<\/strong>. La obediencia nace de la humildad. Igual que los pobres, son humildes s\u00f3lo aquellos que dejan a un lado sus propias opiniones para saber escuchar a los dem\u00e1s. S\u00f3lo la humildad es capaz de librar al esp\u00edritu prof\u00e9tico de caer en la autojustificaci\u00f3n. La humildad nos recuerda que la b\u00fasqueda de la voluntad de Dios es una actividad ininterrumpida en la que nadie puede pretender que tiene siempre las soluciones correctas.<\/p>\n<p><strong>Mortificaci\u00f3n<\/strong>. La obediencia a la voluntad de Dios exige renuncias. A veces Dios desbarata nuestros planes y nos pide que dejemos de lado nuestras preferencias personales por causa del Reino. La disponibilidad a sacrificar los deseos propios por el bien de la misi\u00f3n y por las necesidades de los pobres hace que nuestra obediencia sea a la vez dif\u00edcil y tenga pleno sentido. Curiosamente uno de los aspectos en que la obediencia resulta m\u00e1s dif\u00edcil es la disponibilidad para asumir la carga del liderato.<\/p>\n<p><strong>Formaci\u00f3n para el liderato<\/strong>. Como los superiores tienen una responsabilidad especial para promover el discernimiento y no ya s\u00f3lo el orden comunitario, necesitan prepararse para el ministerio de la autoridad. Las provincias deber\u00edan tener medios diversos para preparar a los superiores locales para ser servidores de sus hermanos. <strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>OBEDIENCIA: DISCERNIMIENTO PARA LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><em>-Textos para la meditaci\u00f3n-<\/em><\/p>\n<p>1. \u00abPara honrar la obediencia que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo nos ense\u00f1\u00f3 de palabra y de obra al someterse voluntariamente a la bienaventurada Virgen, a san Jos\u00e9, y a otras personas de autoridad, buenas y malas, tambi\u00e9n nosotros obedeceremos fielmente a todos los que tienen autoridad sobre nosotros, viendo al Se\u00f1or en ellos y a ellos en el Se\u00f1or. En primer lugar prestaremos reverencia y obediencia leal y sincera a nuestro santo padre el Papa. Tambi\u00e9n prestaremos obediencia con humildad y constancia a los reverendos se\u00f1ores obispos en cuyas di\u00f3cesis est\u00e1 establecida la Congregaci\u00f3n. Adem\u00e1s no haremos nada en las iglesias parroquiales sin permiso de los p\u00e1rrocos\u00bb (RC V 1).<\/p>\n<p>2. \u00ab\u00bfQu\u00e9 hacer, pues, para no perder nuestro tiempo y nuestras fatigas? No obrar nunca siguiendo el movimiento de nuestro propio inter\u00e9s o fantas\u00eda, sino acostumbrarnos a hacer la voluntad de Dios en todo, fijaos bien, en todo, y no en parte. Es la gracia santificante la que hace que una acci\u00f3n y una persona sean agradables a Dios. \u00a1Qu\u00e9 consuelo pensar que, cuando guardo mis reglas, cuando cumplo con mis obligaciones, cuando obedezco a mis superiores y me elevo a Dios para sufrir todas estas cosas, es cuando me hago incesantemente agradable a Dios! Por tanto, es la gracia santificante la que hemos de pedir, poseer y poner en pr\u00e1ctica; si no, todo est\u00e1 perdido.<\/p>\n<p>\u00abMuchos me dir\u00e1n, -dec\u00eda Jesucristo, como record\u00e1bamos el otro d\u00eda-: Se\u00f1or, Se\u00f1or, \u00bfno hemos profetizado, echado los demonios y hecho muchos milagros en tu nombre?\u00bb -\u00abNunca os he conocido, les responder\u00e1, apartaos, los que obr\u00e1is inicuamente\u00bb. -\u00abPero, Se\u00f1or, \u00bfllamas obras inicuas a las profec\u00edas y milagros que hemos hecho en tu nombre?\u00bb -\u00abApartaos de m\u00ed, malditos, no os conozco\u00bb -\u00ab\u00bfQui\u00e9nes ser\u00e1n entonces los que entren en el reino de los cielos?\u00bb -\u00abLos que hagan la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos?\u00bb (Mt, 7, 21-23). Por consiguiente nunca le dir\u00e1 Nuestro Se\u00f1or a una persona que se haya esforzado en seguir siempre su voluntad: \u00abNo te conozco\u00bb. Al contrario, a \u00e9se es al que har\u00e1 entrar en su gloria. \u00a1Oh, Salvador! Conc\u00e9denos la gracia de llenarnos de este deseo, para que no produzcamos ning\u00fan fruto silvestre, sino que todas nuestras obras se hagan por ti y para ti, para ser agradables a los ojos de tu Padre; haznos entrar, por favor, en esta fidelidad y actuar siempre seg\u00fan tu voluntad.<\/p>\n<p>Entregu\u00e9monos a Dios, hermanos m\u00edos, para estar atentos y permanecer firmes en esto; pues, en ese caso, \u00a1cu\u00e1ntos motivos tendremos para alabar a Dios! \u00a1Con qu\u00e9 ojos mirar\u00e1 \u00e9l a la Compa\u00f1\u00eda en general y a cada uno en particular! <em>In nomine Domini<\/em>. Y estos son los motivos que nos obligan a hacernos familiar la pr\u00e1ctica de cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas, y a decidirnos a seguir esta m\u00e1xima de Nuestro Se\u00f1or: <em> Cibus meus est ut faciam voluntatem ejus qui misit me<\/em>. Mi comida es hacer la voluntad del que me envi\u00f3\u00bb (Jn 4, 34)(XII, 156-157\/ XI, 450-451)..<\/p>\n<p>3. \u00abEntregu\u00e9monos a \u00e9l sin regateos ni reservas desde este momento, para que acepte disponernos a esta vida de elegidos y aparte de nosotros tanta voluntad propia y nuestros afanes de propia satisfacci\u00f3n, que es lo que impide que Dios resida apacible y absolutamente en nosotros. \u00bfPor qu\u00e9 no vamos a hacer ahora todos juntos este acto de abandono en su divina bondad? Dig\u00e1mosle pues: &#8216;\u00a1Oh, rey de nuestros corazones y de nuestras almas! Aqu\u00ed estamos humildemente postrados a tus pies, entregados por entero a tu obediencia y a tu amor; nos consagramos de nuevo por completo y para siempre a la gloria de tu majestad; te suplicamos con todas nuestras fuerzas que establezcas tu reino en la Compa\u00f1\u00eda y le concedas la gracia de que ella te entregue el gobierno de s\u00ed misma y que nadie se aparte de \u00e9l, sino que todos seamos conducidos seg\u00fan las normas de tu Hijo y de los que t\u00fa has puesto para gobernarla'\u00bb (XII, 134\/XI, 432).<\/p>\n<p>4. \u00abPid\u00e1mosle, hermanos m\u00edos, que nos conceda la gracia de ponernos en ese estado, para estar siempre bajo la direcci\u00f3n de Dios, que nos lleva de su mano y nos conduce hasta su divina majestad. Salvador m\u00edo, haz que no estemos apegados a nada, lo mismo que un animal de carga, al que le da lo mismo llevar una carga que otra, pertenecer a un amo rico o a un amo pobre, estar en este pa\u00eds o en otro; todo le parece bien; aguarda, camina, sufre, trabaja de d\u00eda y de noche; nada le sorprende.<\/p>\n<p>\u00a1Dios m\u00edo! Todo esto me parece muy hermoso; tengo ganas de hacer lo mismo, pero me doy cuenta de que soy muy ruin; me cuesta separarme de las cosas que estimo, no predicar, no tener ning\u00fan cargo, no estar bien colocado, no tener buena fama; siento una gran dificultad en sujetarme a toda clase de personas; sin embargo, con tu gracia, Dios m\u00edo, lo podr\u00e9 todo. No te pido ser un \u00e1ngel, ni como un ap\u00f3stol; en cierto modo ya lo soy; lo que deseo solamente, Dios m\u00edo, es tener esa disposici\u00f3n servicial que les das a los animales, ese coraje para sufrir que les das a los guerreros y la firmeza que tienen en su vida militar. Hermanos m\u00edos, deber\u00edan confundirse nuestros rostros al ver c\u00f3mo nos superan unos ruines soldados y unos pobres animales en cosas tan agradables a Dios, que su mismo Hijo quiso llevar a cabo en su propia persona. \u00a1Qu\u00e9 confusi\u00f3n, hermanos m\u00edos! No escuch\u00e9is a este miserable que os est\u00e1 hablando; es el m\u00e1s indigno de los hombres de aspirar a ese estado bienaventurado, por el abuso que he hecho de mi libertad y de las gracias de Dios, amando a las cosas m\u00e1s que a \u00e9l. Entregu\u00e9monos a su bondad infinita, hermanos m\u00edos, con la confianza de que nos purificar\u00e1 de estos afectos terrenos en los que estamos hundidos. Hemos de esforzarnos en la indiferencia despeg\u00e1ndonos de nuestro propio juicio, de nuestra voluntad, de nuestras inclinaciones y de todo lo que no es Dios; una virtud es activa y, si no act\u00faa, no es virtud. Hay que esforzarse, hermanos m\u00edos, hay que insistir una y muchas veces, d\u00eda tras d\u00eda, en la oraci\u00f3n; \u00bfpor qu\u00e9 no?\u00bb (XII, 236-237\/XI, 532).<\/p>\n<p>5. \u00abPero, me dir\u00e1 alguno, yo ya soy viejo. \u00a1Usted es ya viejo! \u00a1Bien! \u00bfTendr\u00e1 que ser por ello menos indiferente, menos virtuoso?<\/p>\n<p>Pero yo soy sabio. Fijaos un poco: \u00a1es sabio! Y porque es sabio, ya no tiene que ser indiferente, ni estar dispuesto a hacer lo que desee de \u00e9l un superior o un encargado. Ved si es razonable esta objeci\u00f3n y si debe salir de la boca de una persona que hace profesi\u00f3n de servir a Dios.<\/p>\n<p>Pero, padre, es un hombre tan santo. Admito que es un hombre muy santo. Pero \u00bfes \u00e9sta una raz\u00f3n que lo exima de hacer lo que se desee de \u00e9l, lo que se le ordene, de obedecer a un superior que, si lo quer\u00e9is, es menos perfecto y menos sabio que \u00e9l y que, incluso, tiene no pocos defectos? \u00bfCre\u00e9is que es \u00e9sta una objeci\u00f3n v\u00e1lida? Ni mucho menos. Esto no debe eximirle de la obligaci\u00f3n de ser indiferente frente a las tareas: ir al campo, si se lo mandan; quedarse en casa, si se lo dicen; dirigir un seminario o ir a una misi\u00f3n; quedarse en esta casa o marchar a otra; ir a pa\u00edses lejanos o no; obedecer a este superior o a otro, puesto que Dios lo quiere y ha sido juzgado id\u00f3neo para el gobierno y la direcci\u00f3n\u00bb (XII, 48-49\/XI, 360).<\/p>\n<p>6. \u00abLa ciencia no es absolutamente necesaria para gobernar bien; pero, cuando en un mismo sujeto se encuentran a la par la ciencia, el esp\u00edritu de gobierno y el buen juicio, entonces, \u00a1Dios m\u00edo!, \u00a1qu\u00e9 tesoro!<\/p>\n<p>No siempre es preciso tener en cuenta la edad avanzada para los puestos de gobierno, pues a veces hay j\u00f3venes con m\u00e1s esp\u00edritu de gobierno que muchos viejos y ancianos. Tenemos un ejemplo de ello en David, que fue escogido por Dios para dirigir a su pueblo, a pesar de ser el m\u00e1s joven de sus hermanos. Fijaos, un hombre con mucho juicio y mucha humildad es capaz de gobernar bien, y yo tengo la experiencia de que los que tienen el esp\u00edritu contrario a esto y ambici\u00f3n a los cargos nunca han hecho nada que valga la pena.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n tengo la experiencia de que el que ha tenido alg\u00fan cargo y guarda en el \u00e1nimo este esp\u00edritu y deseo de gobernar nunca ha sido buen inferior, ni buen superior\u00bb (XII, 49-50\/XI, 361).<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO VI<\/strong><\/p>\n<p><strong>BREVE HISTORIA DE LOS VOTOS DE LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abSe ha resuelto buscar incesantemente la aprobaci\u00f3n de los votos por Su Santidad\u00bb<\/em> (XIII, 327\/ X, 390).<\/p>\n<p><strong>I. LA EXPERIENCIA DEL FUNDADOR Y DE LOS PRIMEROS MISIONEROS<\/strong><\/p>\n<p>El origen de nuestros votos se encuentra en la experiencia de san Vicente y de los primeros misioneros. Seg\u00fan el mismo san Vicente ya desde un temprano 1627 \u00f3 1628 algunos de ellos hicieron los votos libremente. En parte porque esta experiencia le pareci\u00f3 buena y en parte por su preocupaci\u00f3n por la salida de buenos misioneros, san Vicente empez\u00f3 a cultivar la idea de introducir los votos en la Congregaci\u00f3n como norma general para todos sus miembros (V, 457\/ V, 434).<\/p>\n<p>Desde el comienzo mismo esta idea suscit\u00f3 el problema jur\u00eddico de c\u00f3mo introducir votos en una congregaci\u00f3n \u00absecular\u00bb como lo es la nuestra, sin que se convirtiera en una orden religiosa en el sentido estricto del t\u00e9rmino. Resolver este dilema ser\u00eda una \u00absanta invenci\u00f3n\u00bb (III, 246\/ III, 224); es decir, combinar el car\u00e1cter secular de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n con algunos de los valores de la vida religiosa, como por ejemplo los consejos evang\u00e9licos, sin sacrificar al hacer eso nuestra naturaleza apost\u00f3lica.<\/p>\n<p><strong>II. A\u00d1OS DE B\u00daSQUEDA Y CLARIFICACI\u00d3N (1639-1640)<\/strong><\/p>\n<p>Las cartas de esos a\u00f1os expresan con claridad el empe\u00f1o de san Vicente por los votos; pero tambi\u00e9n expresan sus dudas sobre la clase y el n\u00famero de votos. En noviembre de 1639 escrib\u00eda al padre Lebreton, a quien hab\u00eda encomendado el trabajo de conseguir la aprobaci\u00f3n de los votos en Roma: \u00abHemos cre\u00eddo que ser\u00e1 conveniente pedir que no se hagan los votos solemnes y que los que hayan hecho sus dos a\u00f1os de seminario, hagan los cuatro votos simples, y que los que hayan hecho su primer a\u00f1o de seminario, hagan el prop\u00f3sito de vivir y morir en la Compa\u00f1\u00eda en la pobreza, castidad y obediencia a los obispos <em>circa missiones <\/em>(en cuanto a las misiones) y al superior general <em>circa disciplinam et directionem societatis<\/em> (en cuanto a la disciplina y el gobierno de la Compa\u00f1\u00eda)\u00bb(I, 600\/ I, 580).<\/p>\n<p>Tres meses m\u00e1s tarde, el 28 de febrero de 1640, le escrib\u00eda san Vicente una vez m\u00e1s: \u00abMe encuentro perplejo ante las dudas que se me ocurren y la resoluci\u00f3n que hay que tomar sobre la \u00faltima f\u00f3rmula que le propon\u00eda: si bastar\u00e1 con hacer un voto de estabilidad y, para la observancia de la pobreza y de la obediencia, fulminar la excomuni\u00f3n cierto d\u00eda del a\u00f1o solemnemente en el cap\u00edtulo (en el que cada uno se ver\u00e1 obligado a poner en manos del superior todo lo que tenga) contra todos los que posean dinero aparte, en alg\u00fan lugar, tal como lo hacen los cartujos, y lo mismo podr\u00eda hacerse contra los desobedientes; o si, en vez de la excomuni\u00f3n, se podr\u00eda obligar a hacer solamente juramento solemne todos los a\u00f1os de observar la regla de la pobreza, de la castidad y la obediencia\u00bb. Y pide al padre Lebreton que pregunte a los expertos si el voto de estabilidad dar\u00eda a la Congregaci\u00f3n un car\u00e1cter religioso (II, 28\/ II, 28).<\/p>\n<p>Pero para el final de ese mismo a\u00f1o hab\u00eda cambiado una vez m\u00e1s su manera de pensar. El 14 de noviembre de 1640 Vicente escrib\u00eda a Lebreton: \u00abCreo que nos quedaremos en que se haga el prop\u00f3sito de vivir y morir en la Misi\u00f3n, en el primer a\u00f1o de seminario; en el voto simple de estabilidad, el segundo a\u00f1o de seminario; y hacerlo solemnemente al cabo de ocho o diez a\u00f1os, seg\u00fan crea conveniente el superior general\u00bb (II, 137-138\/ II, 114).<\/p>\n<p>Al menos cinco o seis opiniones diferentes fueron enviadas a Roma durante esos a\u00f1os por san Vicente, como muestras de sus persistentes esfuerzos por encontrar la clase de votos m\u00e1s conveniente para la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>III. ORDENANZA DEL ARZOBISPO DE PAR\u00cdS (1641)<\/strong><\/p>\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de muchos cambios de opini\u00f3n, san Vicente present\u00f3 al arzobispo de Par\u00eds una petici\u00f3n para la aprobaci\u00f3n de los votos. Por la bula de fundaci\u00f3n \u00abSalvatoris nostri\u00bb el arzobispo de Par\u00eds hab\u00eda sido delegado para aprobar las normas que el superior general creyera convenientes para la Congregaci\u00f3n. Despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo, el arzobispo aprob\u00f3 las normas sobre los votos el 19 de octubre de 1641. El documento establec\u00eda que:<\/p>\n<p>. al final del primer a\u00f1o de seminario interno se har\u00edan los prop\u00f3sitos de vivir y morir en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de observar la pobreza, castidad y obediencia;<\/p>\n<p>. despu\u00e9s de dos a\u00f1os de seminario, se har\u00edan votos simples de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad;<\/p>\n<p>. los votos ser\u00edan simples y podr\u00edan ser dispensados s\u00f3lo por el papa o por el superior general;<\/p>\n<p>. los votos hab\u00edan de hacerse durante la misa en presencia del superior, sin que nadie los \u00abrecibiera\u00bb en nombre de la Iglesia;<\/p>\n<p>. la Congregaci\u00f3n no deber\u00eda ser considerada como orden religiosa por causa de estos votos, sino que seguir\u00eda perteneciendo al cuerpo del clero secular (XIII, 285\/ X, 348).<\/p>\n<p>Si san Vicente esperaba que la aprobaci\u00f3n del arzobispo iba a zanjar la cuesti\u00f3n de los votos e iba a ser suficiente para hacerlos obligatorios para todos los miembros de la comunidad, se encontr\u00f3 con la sorpresa de las reacciones contra esa ordenanza. Muchos se opon\u00edan a que los votos fueran obligatorios para todos. Algunos opinaban que la acci\u00f3n del arzobispo cambiaba la naturaleza de la Congregaci\u00f3n. Otros cre\u00edan que el arzobispo no ten\u00eda autoridad para intervenir en ese asunto. Algunos cre\u00edan que los votos hechos en virtud de la ordenanza eran nulos, pues la Santa Sede hab\u00eda rehusado aprobar los votos.<\/p>\n<p>Otros por su parte opinaban que la reserva de la dispensa al papa y al superior general no ten\u00eda base en el derecho can\u00f3nico. Por una raz\u00f3n u otra, muchos miembros de la Congregaci\u00f3n prefirieron no hacer los votos a pesar de la ordenanza de 1641.<\/p>\n<p><strong>IV. LA ASAMBLEA DE 1651<\/strong><\/p>\n<p>La buena experiencia que supuso la asamblea de 1642, que trat\u00f3 de las Reglas Comunes, anim\u00f3 a san Vicente a convocar otra asamblea para intentar solucionar el problema de los votos, problema que hab\u00eda producido cierta divisi\u00f3n en la Compa\u00f1\u00eda. En julio de 1651 reuni\u00f3 en Par\u00eds a ocho superiores y a algunos de los misioneros m\u00e1s antiguos para tratar del tema. Les pidi\u00f3 que se tratara la cuesti\u00f3n de si continuar con la pr\u00e1ctica de hacer los votos, as\u00ed como que se intentara dar soluci\u00f3n a los problemas que hab\u00edan surgido.<\/p>\n<p>Los miembros de la asamblea se expresaron con gran libertad durante las sesiones. Al final, la asamblea decidi\u00f3 que era cosa buena seguir haciendo los votos, pero se ve\u00eda como necesaria la aprobaci\u00f3n por parte de la Santa Sede. Las actas dicen: \u00abEl primer punto fue sobre la dificultad que se advierte en el uso de nuestros votos, que toda la asamblea ha estado de acuerdo en que se mantengan. Y a fin de conseguir que esta pr\u00e1ctica sea m\u00e1s aut\u00e9ntica, se ha resuelto buscar incesantemente su aprobaci\u00f3n por su santidad\u00bb (XIII, 326-327\/ X, 390).<\/p>\n<p><strong>V. \u00abEX COMMISSA NOBIS\u00bb: LA APROBACI\u00d3N PONTIFICIA DE LOS VOTOS (1655)<\/strong><\/p>\n<p>No result\u00f3 f\u00e1cil conseguir de la Santa Sede lo que hab\u00eda decidido la asamblea. Surgieron dificultades que pusieron a prueba la tenacidad de san Vicente y de sus representantes en Roma. Por fin el 22 de septiembre de 1655, el papa Alejandro VII aprobaba los votos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n por el breve \u00abEx commissa nobis\u00bb (XIII, 380-382\/ X, 436-438).<\/p>\n<p>Los votos aprobados por el breve eran sustancialmente iguales a los que la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda estado haciendo y que hab\u00edan sido aprobados por la ordenanza del arzobispo de Par\u00eds: votos simples de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad que pod\u00edan ser dispensados s\u00f3lo por el papa o por el superior general al despedir a alguno de la Congregaci\u00f3n. Estos votos no cambiaban la naturaleza secular de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con la promulgaci\u00f3n de este breve la pr\u00e1ctica de hacer los votos dej\u00f3 de ser una cuesti\u00f3n disputada y se convirti\u00f3 en norma para todos los miembros de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p><strong>VI. \u00abALIAS NOS\u00bb: EL ESTATUTO FUNDAMENTAL DE POBREZA (1659)<\/strong><\/p>\n<p>Hasta casi el final de la vida de san Vicente el contenido del voto de pobreza sigui\u00f3 siendo un problema discutido. Como en virtud del breve \u00abEx commissa nobis\u00bb los miembros de la Congregaci\u00f3n no eran religiosos y no hac\u00edan votos solemnes que supondr\u00edan la renuncia a toda propiedad, podr\u00edan poseer propiedades personales. Esta soluci\u00f3n tan sutil podr\u00eda ser causa de divisi\u00f3n en la comunidad. Con vistas a fomentar la vida comunitaria y la misi\u00f3n, san Vicente present\u00f3 a la Santa Sede un estatuto acerca de la pobreza. El papa Alejandro VII aprob\u00f3 con el breve \u00abAlias nos\u00bb el Estatuto Fundamental de la Pobreza, que reconoc\u00eda el derecho de los misioneros a poseer bienes, pero restringiendo su uso.<\/p>\n<p><strong>VII. LA HISTORIA POSTERIOR<\/strong><\/p>\n<p>A finales del siglo XVII y principios del XVIII hubo problemas acerca de la reserva al papa y al superior general de la dispensa de los votos. Hubo quien dejaba la Congregaci\u00f3n alegando que su confesor le hab\u00eda concedido dispensa de ellos. Otras varias razones se alegaban para dejar la Congregaci\u00f3n. En 1670, por el breve \u00abAlias felicis recordationis\u00bb, Clemente X declaraba que ning\u00fan confesor pod\u00eda dispensar de los votos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Benedicto XIV vino a confirmar el car\u00e1cter reservado de la dispensa de los votos con la bula \u00abQuo magis uberes\u00bb de 1742.<\/p>\n<p>En el siglo XX la Congregaci\u00f3n tuvo que encontrar nuevas maneras de formular los votos en consonancia con los cambios en derecho can\u00f3nico. Las Constituciones de 1954, que trataron de poner en armon\u00eda nuestra legislaci\u00f3n propia con el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de 1917, calificaba nuestros votos como privilegiados, no p\u00fablicos, simples y perpetuos (Art. 161 \u00a71). Se describ\u00edan en detalle las consecuencias morales de los votos, as\u00ed como los requisitos para su validez (arts.161,162 y cap.3-4). Acomod\u00e1ndose a la tendencia del C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico y de la curia romana de aquellos a\u00f1os a hacer semejantes a los religiosos a todas las instituciones, las Constituciones de 1954 a\u00f1adieron la pr\u00e1ctica de hacer votos temporales.<\/p>\n<p>La asamblea general de 1968-1969 comenz\u00f3 a adaptar nuestras normas, as\u00ed como la vida de la Congregaci\u00f3n, a las orientaciones del Concilio Vaticano II y a otros documentos posteriores de la Iglesia. Este trabajo lleg\u00f3 a su fin en la asamblea general de 1980. La Congregaci\u00f3n de Religiosos y de Institutos Seculares, teniendo en cuenta el nuevo Derecho Can\u00f3nico, aprob\u00f3 las nuevas constituciones el 29 de junio de 1984.<\/p>\n<p>Las Constituciones actuales definen nuestros votos como \u00ab<em>perpetuos, no religiosos y reservados, de manera que s\u00f3lo el papa o el superior general pueden dispensar de ellos<\/em>\u00bb (C 55 \u00a71). Esta nueva formulaci\u00f3n suprime la clasificaci\u00f3n de nuestros votos como no p\u00fablicos, privilegiados y simples, atribuy\u00e9ndole una nueva: <strong>no religiosos<\/strong>. Aunque esta calificaci\u00f3n es negativa, quiere diferenciar claramente nuestros votos de los votos religiosos.<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO VII<\/strong><\/p>\n<p><strong>ASPECTOS CAN\u00d3NICOS DE LOS VOTOS DE LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong>I. NATURALEZA DE LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>El sentido m\u00e1s profundo de los votos en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n brota de su relaci\u00f3n con la misi\u00f3n, pues est\u00e1n ordenados a evangelizar a los pobres. Los aspectos can\u00f3nicos de los votos intentan definir en t\u00e9rminos jur\u00eddicos esa intuici\u00f3n fundamental de san Vicente.<\/p>\n<p>La legislaci\u00f3n de la Iglesia permite a las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica escoger el v\u00ednculo en virtud del cual asumen la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos (canon 731 \u00a72).<\/p>\n<p>La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n ha escogido los votos (C 3 \u00a73). Las Constituciones describen nuestros votos como \u00ab<em>perpetuos, no religiosos y reservados, de modo que s\u00f3lo el papa o el superior general pueden dispensarlos<\/em>\u00bb (C 55 \u00a71). El adjetivo <em>perpetuos<\/em> no necesita ninguna explicaci\u00f3n; en cuanto a <em>no religiosos<\/em> habr\u00eda que tener en cuenta lo que sigue. El C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico define a los institutos religiosos como \u00absociedades, cuyos miembros, seg\u00fan su derecho propio, pronuncian votos <span style=\"text-decoration: underline\">p\u00fablicos<\/span>&#8230;\u00bb (canon 607 \u00a72). El voto p\u00fablico se define as\u00ed en el canon 1192 \u00a71: \u00abEl voto es p\u00fablico si es aceptado por el superior leg\u00edtimo en nombre de la Iglesia\u00bb. En la profesi\u00f3n religiosa el candidato se ofrece a s\u00ed mismo a una comunidad aprobada como instituto religioso y hace votos p\u00fablicos. El superior <span style=\"text-decoration: underline\">recibe a la persona <strong>como miembro religioso<\/strong><\/span> y <span style=\"text-decoration: underline\">recibe sus votos<\/span> en nombre de la Iglesia. Todo esto quiere decir que estos votos se emiten en una congregaci\u00f3n religiosa aprobada como tal por la Iglesia. La naturaleza y los efectos de estos votos vienen definidos por la ley universal de la Iglesia.<\/p>\n<p>Los votos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n <span style=\"text-decoration: underline\">no son p\u00fablicos<\/span>, lo que quiere decir que <span style=\"text-decoration: underline\">nadie los acepta<\/span> en nombre de la Iglesia. En este tema hay que se\u00f1alar la distinci\u00f3n jur\u00eddica entre los institutos apost\u00f3licos y los institutos religiosos. La naturaleza no p\u00fablica del voto no depende del n\u00famero de personas que est\u00e9n presentes cuando el misionero emite los votos, ni tampoco significa que sus votos sean un asunto meramente privado. Lo que la terminolog\u00eda intenta en este caso es distinguir claramente entre nuestros votos y los votos religiosos. Por lo que a nosotros se refiere, la Iglesia reconoce que los efectos y el significado de nuestros votos son <strong>determinados por nuestra legislaci\u00f3n propia<\/strong>, y no por la ley universal p\u00fablica de la Iglesia.<\/p>\n<p>El hecho de que nadie reciba nuestros votos en nombre de la Iglesia no quiere decir que la Iglesia no aprueba nuestros votos, o que no reconozca a la Congregaci\u00f3n. La Iglesia ha aprobado oficialmente a la Congregaci\u00f3n en la bula \u00abSalvatoris nostri\u00bb, y sus votos en \u00abEx commissa nobis\u00bb. Lo que se quiere decir es que la Iglesia no aprueba nuestros votos como votos religiosos en un instituto religioso; sino que los aprueba como otro tipo de votos tal como se definen en \u00abEx commissa nobis\u00bb y en nuestras Constituciones.<\/p>\n<p>Se echar\u00eda algo de menos si nuestros votos fueran definidos solamente en t\u00e9rminos negativos en comparaci\u00f3n con los institutos religiosos. Las Constituciones recomiendan que se interpreten los votos en conformidad con la intenci\u00f3n de san Vicente y tal como fueron aprobados por Alejandro VII en \u00abEx commissa nobis\u00bb y en \u00abAlias nos\u00bb (C 55 \u00a72). De modo que las fuentes para una comprensi\u00f3n positiva de nuestros votos son la intenci\u00f3n de san Vicente y esos dos documentos.<\/p>\n<p>Siempre que hablaba de los votos san Vicente indicaba con claridad que no eran votos religiosos que se hicieran en una orden religiosa. Las congregaciones de car\u00e1cter apost\u00f3lico hab\u00edan comenzado a aparecer alrededor del siglo XVII, y por ello no se hab\u00eda desarrollado a\u00fan una pr\u00e1ctica y una terminolog\u00eda can\u00f3nica para describir esa forma nueva de vida apost\u00f3lica. Por eso insist\u00eda san Vicente en que nuestros votos se hac\u00edan en una congregaci\u00f3n \u00absecular\u00bb dedicada a la misi\u00f3n. Le preocupaba el problema de evitar algunos elementos esenciales de la vida religiosa que ser\u00edan un obst\u00e1culo para la evangelizaci\u00f3n de los pobres. Pero tambi\u00e9n quer\u00eda expresar en el lenguaje de su tiempo el car\u00e1cter esencial de la <strong>vocaci\u00f3n vicenciana como misi\u00f3n y como llamada a la santidad en y para el mundo<\/strong>. El t\u00e9rmino \u00absecular\u00bb, usado en nuestra tradici\u00f3n desde la fundaci\u00f3n misma, no quiere decir que somos sacerdotes diocesanos que viven en comunidad. Significa que somos sacerdotes y hermanos que vivimos en comunidad permaneciendo a la vez en contacto vivo con las necesidades del mundo, sobre todo con las necesidades de los pobres.<\/p>\n<p>Los c\u00e1nones que se refieren a las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica (CIC 731-746) ofrecen un marco claro y bien definido para entender la naturaleza de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de sus votos propios. Destacan esos c\u00e1nones el fin apost\u00f3lico de las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica y a la vez dejan amplio espacio para que desarrollen estructuras que les faciliten el cumplimiento de su misi\u00f3n. Los votos propios de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que es una sociedad de vida apost\u00f3lica (C 3 \u00a71), son <strong>votos para la misi\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>II. INCORPORACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Por la incorporaci\u00f3n los miembros admitidos adquieren todos los derechos y obligaciones que aparecen en las Constituciones, Estatutos y Normas Provinciales (C 59 \u00a72). Esta pertenencia plena a la Congregaci\u00f3n crea una relaci\u00f3n mutua permanente entre el misionero incorporado y la comunidad. El candidato se ofrece a s\u00ed mismo a la Congregaci\u00f3n para participar plenamente en su vida y en su misi\u00f3n. A su vez, la Congregaci\u00f3n incorpora al misionero y se compromete a ayudarle.<\/p>\n<p>La incorporaci\u00f3n tiene lugar en el momento de hacer los votos, previa petici\u00f3n del candidato a un superior mayor que le concede permiso para hacerlos (C 57 \u00a71). Los votos y la incorporaci\u00f3n tienen lugar al mismo tiempo, pero son dos cosas diferentes. Hablando con precisi\u00f3n, lo que produce la incorporaci\u00f3n es el permiso del superior para hacer los votos. Pero la incorporaci\u00f3n tiene lugar en el momento mismo en que se emiten los votos.<\/p>\n<p>Los miembros incorporados tienen el derecho de voz activa (es decir, de votar) en la Congregaci\u00f3n (C 60). Para tener voz pasiva (poder ser votado para varios oficios y obligaciones) el misionero debe llevar tres a\u00f1os incorporado y tener al menos veinticinco a\u00f1os de edad (C 61).<\/p>\n<p><strong>III. ADMISI\u00d3N A LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>El derecho de admitir a un candidato a los votos corresponde :<\/p>\n<p>1.<em> \u00abAl superior general, con el consentimiento de su consejo y consultados los moderadores del candidato, para toda la Congregaci\u00f3n\u00bb<\/em> (C 56 \u00a71);<\/p>\n<p>2.<em> \u00abal visitador con el consentimiento de su consejo y consultados los moderadores, para su provincia\u00bb<\/em> (C 56 \u00a72).<\/p>\n<p><strong>IV. CONDICIONES PARA LA ADMISI\u00d3N A LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>El canon 735 \u00a71 establece este principio general: \u00abLa admisi\u00f3n, prueba, incorporaci\u00f3n y formaci\u00f3n de los miembros las determinan las normas propias de cada instituto\u00bb. El derecho universal no dice nada acerca de la incorporaci\u00f3n, ni tampoco acerca de la admisi\u00f3n a los votos en cuanto se refiere a las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica tal como lo es la Congregaci\u00f3n. Aunque algunas de ellas no se dicen expl\u00edcitamente, deben tenerse en cuenta las condiciones siguientes:<\/p>\n<p>. la petici\u00f3n de los votos no debe estar motivada por la fuerza, el temor grave o el enga\u00f1o (canon 656, 4\u00ba);<\/p>\n<p>. haber hecho v\u00e1lidamente el seminario interno;<\/p>\n<p>. un m\u00ednimo de dos a\u00f1os y un m\u00e1ximo de nueve despu\u00e9s del d\u00eda de la admisi\u00f3n, y haber hecho los prop\u00f3sitos un a\u00f1o despu\u00e9s de ingresar en el seminario interno (C 54 \u00a71,\u00a72);<\/p>\n<p>. permiso para hacer los votos por parte del superior competente (C 56);<\/p>\n<p>. emisi\u00f3n de los votos en presencia del superior o de otro misionero delegado por \u00e9l (C 58 \u00a71);<\/p>\n<p>. uso de una de las f\u00f3rmulas que aparecen en el art. 58 de las Constituciones, o bien de otra f\u00f3rmula en conformidad con el Estatuto 24.<\/p>\n<p>Nada se dice en nuestro derecho particular acerca del momento adecuado para la emisi\u00f3n de los votos, aunque tradicionalmente ha tenido lugar durante la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda (XIII, 285\/ X, 348).<\/p>\n<p><strong>V. CERTIFICACI\u00d3N DE LA EMISI\u00d3N DE LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>Los votos y la incorporaci\u00f3n a la Congregaci\u00f3n no son asuntos exclusivamente de inter\u00e9s personal. La incorporaci\u00f3n, que tiene lugar en el momento de la emisi\u00f3n de los votos, afecta a toda la Congregaci\u00f3n y crea una situaci\u00f3n de compromiso mutuo entre el misionero y la comunidad. Por eso el art.58 \u00a72 de las Constituciones establece que la petici\u00f3n de los votos debe hacerse por escrito, y que debe haber una certificaci\u00f3n escrita de la emisi\u00f3n de los votos. El mismo art\u00edculo pide que se notifique al superior general del hecho de la emisi\u00f3n de los votos.<\/p>\n<p><strong>VI. DISPENSA DE LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>Los votos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n son reservados, de modo que s\u00f3lo el papa o el superior general pueden dispensarlos. El superior general puede dar un <span style=\"text-decoration: underline\">indulto de salida<\/span> de la Congregaci\u00f3n a un miembro incorporado, por razones graves y con el consentimiento de su consejo. Junto con el indulto de salida le concede la <span style=\"text-decoration: underline\">dispensa de los votos<\/span> (C 71). Si el misionero que solicita la dispensa es sacerdote o di\u00e1cono, el superior general puede concederla s\u00f3lo teniendo en cuenta el canon 693, una vez que el cl\u00e9rigo consiga un \u00abobispo ben\u00e9volo\u00bb.<\/p>\n<p>Las Constituciones no mencionan las causas graves que justificar\u00edan la salida de la Congregaci\u00f3n y la dispensa de los votos. Tampoco el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico contiene norma alguna que se aplique expresamente a las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica. Sin embargo el canon 691 \u00a71 ofrece una orientaci\u00f3n fundamental: \u00abQuien haya emitido los votos perpetuos no debe buscar el indulto para abandonar su instituto sin razones muy graves ponderadas en la presencia del Se\u00f1or&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>En casos de expulsi\u00f3n, sea \u00e9sta autom\u00e1tica, tal como se expresa en C 73, o en los casos que se mencionan en C 74, no es necesaria una dispensa expl\u00edcita de los votos, pues \u00e9stos cesan por la expulsi\u00f3n leg\u00edtima. Todo decreto de expulsi\u00f3n necesita confirmaci\u00f3n de la Santa Sede a tenor del art. 75 de las Constitucioones, salvo los casos indicados en el art. 73 de las mismas. Una vez confirmado el decreto de expulsi\u00f3n, debe ser dado a conocer de inmediato al interesado. Este, por su parte, tiene siempre el derecho de apelar a la Santa Sede (C 75).<\/p>\n<p>Con la salida leg\u00edtima y la dispensa de los votos cesan todos los derechos y obligaciones entre el interesado y la Congregaci\u00f3n. Si bien los que han salido de la Congregaci\u00f3n no tienen base legal para reclamar compensaciones por el trabajo que hubieran hecho durante su permanencia en ella, la comunidad debe tener en cuenta la equidad y la caridad evang\u00e9lica hacia los que fueron miembros suyos (C 76).<strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>F\u00d3RMULAS DE LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>1.<em> F\u00f3rmula directa:<\/em><\/p>\n<p>Se\u00f1or, Dios m\u00edo, yo, N. N., en presencia de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, hago voto de dedicarme con fidelidad a evangelizar a los pobres todo el tiempo de mi vida en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, siguiendo a Cristo evangelizador. Y por eso, hago tambi\u00e9n voto de castidad, pobreza y obediencia conforme a las Constituciones y Estatutos de nuestro Instituto, con la ayuda de tu gracia.<\/p>\n<p>2.<em> F\u00f3rmula declarativa:<\/em><\/p>\n<p>Yo, N. N., en presencia de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, hago voto a Dios de dedicarme con fidelidad a evangelizar a los pobres todo el tiempo de mi vida en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, siguiendo a Cristo evangelizador. Por eso hago tambi\u00e9n a Dios voto de castidad, pobreza y obediencia conforme a las Constituciones y Estatutos de nuestro Instituto, con la ayuda de la gracia divina.<\/p>\n<p>3.<em> F\u00f3rmula tradicional:<\/em><\/p>\n<p>Yo, N. N., indigno (sacerdote, cl\u00e9rigo, hermano) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en presencia de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda y de toda la corte celestial, hago voto a Dios de pobreza, castidad y obediencia a nuestro superior y a sus sucesores, conforme a las Reglas o Constituciones de nuestro Instituto; hago voto adem\u00e1s de entregarme a la salvaci\u00f3n de los pobres del campo todo el tiempo de mi vida en dicha Congregaci\u00f3n, ayudado de la gracia del mismo Dios Omnipotente, a quien para este fin humildemente invoco.<\/p>\n<ol>\n<li>\u00abEn circunstancias particulares, la asamblea provincial puede proponer a la aprobaci\u00f3n del superior general, con el consentimiento de su consejo, una f\u00f3rmula propia, tanto para la emisi\u00f3n de los prop\u00f3sitos como para la de los votos, conservando no obstante los elementos esenciales de las f\u00f3rmulas fijadas\u00bb (E 24).<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>CERTIFICACI\u00d3N DE LA EMISI\u00d3N DE LOS VOTOS<\/strong><\/p>\n<p>Yo &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230; indigno &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, nacido en &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. de la Di\u00f3cesis de &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. el d\u00eda &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. del mes&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. del a\u00f1o &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. hijo de &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.y de &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.; admitido en el Seminario de &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. el d\u00eda &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.. del mes de &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. del a\u00f1o&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;, hice los votos de la misma Congregaci\u00f3n conforme a las Constituciones de la misma por m\u00ed bien entendidas en &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230; el d\u00eda &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. del mes de &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230; del a\u00f1o &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;, estando presente el se\u00f1or N. N., &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.., miembro de la misma Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(Firma del que hace los votos) &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n<p>(Firma del testigo) &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<\/p>\n<p><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA SOBRE LOS VOTOS DE LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong>FUENTES<\/strong><\/p>\n<p>Alejandro VII. Breve \u00abAlias nos\u00bb (12-VIII-1659).<em> Acta apostolica in gratiam Congregationis Missionis.<\/em> Par\u00eds, Chamerot, 1876, pp. 23-24. <em>Constituciones y Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/em> Salamanca, 1985, pp.160-167.<\/p>\n<p>&#8211; Breve \u00abEx Commissa Nobis\u00bb (22-IX-1655). <em>Acta Apostolica in gratiam Congregationis Missionis<\/em>. Par\u00eds, Chamerot, 1876, pp. 16-18. <em>Constituciones y Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/em>. Salamanca, 1985, pp. 152-159.<\/p>\n<p>Asamblea General. <em>Constituciones y Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, 1968-1969.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; Constituciones y Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, 1980.<\/em><\/p>\n<p>&#8211; XXXV Asamblea General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Decretos. Roma, 1974.<\/p>\n<p>Benedicto XIV. Breve \u00ab\u00c6qua apostolic\u00e6 benignitatis\u00bb (5-IV-1744).<em> Acta apostolica in gratiam Congregationis Missionis.<\/em> Par\u00eds, Chamerot, 1876, pp.144-151.<\/p>\n<p>&#8211; Breve \u00abQuo magis uberes\u00bb (18-XII-1742). <em>Acta apostolica in gratiam Congregationis Missionis.<\/em> Par\u00eds, Chamerot, 1876, pp.140-142.<\/p>\n<p>Clemente XI. Breve \u00abMilitantis Ecclesi\u00e6\u00bb (9-IX-1704). <em>Acta apostolica in gratiam Congregationis Missionis.<\/em> Par\u00eds, Chamerot, 1876, pp.82-85.<\/p>\n<p>\u00abCodex Sarzana\u00bb. Transcrito y editado por John E. Rybolt. <em>Vincentiana<\/em> (1991), pp.303- 406.<\/p>\n<p><em>Collectio completa decretorum conventuum generalium Congregationis Missionis.<\/em> Par\u00eds, Pillet et Dumoulin, 1882. Con suplementos 1890, 1933, 1947, 1955, 1963.<\/p>\n<p>Congregatio Missionis.<em> Brevia et decreta considerate legenda ante emissionem votorum.<\/em>Pa r\u00eds, Pillet et Dumoulin, 1883.<\/p>\n<p>&#8211; <em>Explanatio votorum qu\u00e6 emittuntur in Congregatione Missionis.<\/em> Par\u00eds, Maison-M\u00e8re, 1911.<\/p>\n<p>Consejo General. \u00abHermanos de la Misi\u00f3n\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1989), pp.148-155.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLos visitadores al servicio de la Misi\u00f3n\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1990), pp.26-35.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abPoderes del superior general y de los visitadores en relaci\u00f3n con los compromisos misioneros\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1993), pp. 537-540.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abSome Reflections on the Evangelical Poverty in the Congregation\u00bb.<em> Vincentiana<\/em> (1989), pp.5-9.<\/p>\n<p><em>Constitutiones ac Regul\u00e6 Congregationis Missionis.<\/em> Par\u00eds, 1954.<\/p>\n<p>Coppo, Angelo. \u00abLa Prima Stesura delle Regole e Costituzioni della Congregazione della Missione in un Inedito Manoscritto del 1655-58<em>\u00ab, Annali della Missione <\/em> 64 (1957): pp.206-254.<\/p>\n<p><em>Decreta Conventuum Generalium in Congregatione Missionis vigentia.<\/em> 4\u00aa edici\u00f3n, Roma, Curia General, 1964.<\/p>\n<p><em>Explications Sommaires des R\u00e8gles Communes de la Congr\u00e9gation de la Mission.<\/em>Par\u00eds, Maison-M\u00e8re, 1901.<\/p>\n<p>Gondi, Jean Fran\u00e7ois de. \u00abApprobation par l&#8217; Archev\u00eaque de Paris des Voeux en Usage dans la Mission\u00bb (19-X-1641). <em>Saint Vincent de Paul, Correspondance, Entretiens, Documents. <\/em> Ed. por Pierre Coste, Par\u00eds, Gabalda, 1924 (XIII, 283-286\/ X, 346-348).<\/p>\n<p>\u00abInterpretatio Statuti Fundamentalis Paupertatis\u00bb, en <em>Constituciones y Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/em> Salamanca, 1985, pp.90-95.<\/p>\n<p><em>Recueil des Principales Circulaires des Sup\u00e9rieurs G\u00e9n\u00e9raux.<\/em> Par\u00eds, Chamerot, 1877-1880, tres vol\u00famenes.<\/p>\n<p><em>Schema Constitutionum Congregationis a Missione approbationi Conventus Generalis XXXI subjiciendum. <\/em>Par\u00eds, 1947.<\/p>\n<p><em>Schemata Constitutionum ac Statutorum Congregationis Missionis. <\/em>Roma, Curia General, 1968.<\/p>\n<p><strong>ESTUDIOS<\/strong><\/p>\n<p>Aguilar L\u00f3pez, Pedro y Salazar Araya, Evelio. \u00abLa pobreza vicentina como dinamismo entre los hombres de hoy\u00bb. <em>CLAPVI<\/em> 14 (1977), pp.20-24.<\/p>\n<p>Bastiaensen, Adrian. \u00abSomos una comunidad apost\u00f3lica\u00bb. <em>CLAPVI<\/em> 37 (1982), pp. 389-402.<\/p>\n<p>Betta, Luigi. \u00abIl &#8216;carattere secolare&#8217; della Congregazione\u00bb, <em>Vincentiana<\/em> (1976), pp.196-199.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abNote circa la Legislazione della Congregazione della Missione\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1977), pp.28-36.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abRiflessioni sulla Identit\u00e0 della Congregazione della Missione\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1977), pp.255-262.<\/p>\n<p>Braga, Carlo. \u00abLe nuove Costituzioni della Congregazione della Missione\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1981), pp.63-82. \u00abLas nuevas Constituciones de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb. <em>Anales<\/em> 89 (1981), pp. 143-160.<\/p>\n<p>Brufau, Jacobus. <em>De egressu e Congregatione Missionis.<\/em> Tesis doctoral. Tegucigalpa, Honduras, Seminarium interdioecesanum Sancti Josephi, 1959.<\/p>\n<p>Campo, Ferm\u00edn. \u00abDe juridica vincentinorum a votis perpetuis e Missione dimissorum condicione\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1960), pp.226-228.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abVincentinorum professio perfectionis\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1961), pp.306-312.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abVotorum problema\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1961), pp.381-393.<\/p>\n<p>Cervini, Maria Chiara. \u00abIl Governo della Congregazione della Missione di S. Vincenzo de Paoli.\u00bb<em> Annali della Missione <\/em>101 (1994), pp.3-60.<\/p>\n<p>Chalumeau, Raymond. \u00abLa Congr\u00e9gation de la Mission est-elle Seculi\u00e8re ou R\u00e9guli\u00e8re?\u00bb <em>Bulletin des Lazaristes de France <\/em>14 (1968), pp.127-139. \u00abLa Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n \u00bfsecular o religiosa?\u00bb <em>Anales<\/em> (1973), pp.196-210.<\/p>\n<p>Cid, Emilio. \u00abDeclaraci\u00f3n sobre los consejos evang\u00e9licos y los votos\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1976), pp.101-115.<\/p>\n<p>Comisi\u00f3n Preparatoria de la Asamblea General de 1980. \u00abEl estado de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Su car\u00e1cter secular\u00bb. <em>Anales<\/em> (1977), pp.325-350.<\/p>\n<p>Coppo, Angelo. \u00abL&#8217;\u00c9volution du Voeu de Pauvret\u00e9 des Pr\u00eatres de la Mission jusqu&#8217;en 1659\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1972), pp.256-272.<\/p>\n<p>Corera, Jaime. \u00abEl pobre seg\u00fan san Vicente\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1984), pp.578-586.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abIdeas de san Vicente sobre la autoridad en la vida comunitaria\u00bb. <em>Diez estudios vicencianos.<\/em> Salamanca, Ceme, 1983, pp.107-128.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLas bases econ\u00f3micas de la comunidad vicenciana\u00bb. <em>Diez estudios vicencianos<\/em>. Salamanca, Ceme, 1983, pp.129-157.<\/p>\n<p>Coste, Pierre. <em> <\/em><em>Le Grand Saint du Grand Si\u00e8cle, Monsieur Vincent.<\/em> Par\u00eds, Descl\u00e9e de Brouwer, 1932, tomo II, pp.18-41. Traducci\u00f3n castellana: <em>El gran Santo del gran siglo, el se\u00f1or Vicente.<\/em> Salamanca, Ceme, 1990, t.II, pp.14-26.<\/p>\n<p>\u00abCriterios y perspectivas para nuestra vivencia de la pobreza\u00bb. <em>CLAPVI<\/em> 17 (1977), pp.257-260.<\/p>\n<p>Danjou, Yves. <em>Les Nouvelles Constitutions de la Congr\u00e9gation de la Mission: Adaptation ou Transformation.<\/em> Tesis de licenciatura. Estrasburgo: Universit\u00e9 des Sciences Humaines, 1992.<\/p>\n<p>De Graaf, H. <em>De votis qu\u00e6 emittuntur in Congregatione Missionis.<\/em> Tesis doctoral. Nimega, Holanda, Lazaristen, 1955.<\/p>\n<p>De Paul, san Vicente. <em>Correspondance, Entretiens, Documents.<\/em> Editado por Pierre Coste, 14 vol\u00famenes; Par\u00eds, Gabalda, 1920-1925. Ed. castellana: S\u00edgueme-Ceme, Salamanca, 1972-1982. El tomo X (el XIII en la edici\u00f3n francesa) es muy importante pues en \u00e9l se hallan los documentos que se refieren a los votos.<\/p>\n<p>Dodin, Andr\u00e9. \u00abLes Voeux dans la Spiritualit\u00e9 Vincentienne\u00bb. <em> Mission et Charit\u00e9<\/em> 35-36 (1969), pp.129-135. Ed.en castellano: \u00abLos votos en la espiritualidad vicenciana\u00bb. <em>San Vicente de Pa\u00fal: Pervivencia de un fundador.<\/em> Salamanca, 1972, pp.105-112.<\/p>\n<p>Fern\u00e1ndez, Jacinto. <em>Extensi\u00f3n del voto de pobreza en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. <\/em>Madrid, 1940.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa incorporaci\u00f3n en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb.<em> Anales<\/em> 88 (1980), pp.246-261.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa &#8216;secularidad&#8217; de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb.<em> Anales <\/em>88 (1980), pp.370-382.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abResumen de la Instituci\u00f3n vicenciana\u00bb. <em>Anales <\/em>85 (1975), pp.595-605.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abSociedades de Vida Apost\u00f3lica\u00bb. <em>Anales<\/em> 93 (1985), pp.28-59.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abSociedades de Vida Com\u00fan\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1976), pp.127-130.<\/p>\n<p>\u00abHistorique de l&#8217;Approbation des Voeux dans la Congr\u00e9gation de la Mission\u00bb. <em>Bulletin des Lazaristes de France<\/em> 18 (1969), pp.50-67.<\/p>\n<p>Koch, Bernard. \u00abA propos du Service des Pauvres\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1989), pp.319-325.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abL&#8217;Esprit de l&#8217;\u00c9vangile selon Saint Vincent\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1990), pp.649-668.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa Relation d&#8217;Autorit\u00e9 selon Saint Vincent de Paul, en lien avec des Vues Modernes\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1988), pp.601-678.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa Th\u00e9ologie de la Pauvret\u00e9: Monsieur Vincent, Th\u00e9ologien de la Pauvret\u00e9\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1991), pp.191-209.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abMonsieur Vincent et Notre Identit\u00e9: Monsieur Vincent et Son Si\u00e8cle\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1990), pp.155-167.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abMonsieur Vincent et Notre Identit\u00e9: Quel Homme \u00c9tait Monsieur Vincent?\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1990), pp.308-318.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abSaint Vincent de Paul et les Sup\u00e9rieurs\u00bb. <em>Bulletin des Lazaristes de France<\/em> 94 (1984), pp.15-29. Trad. castellana: \u00abEl superior vicenciano\u00bb.<em> <\/em><em>Anales<\/em> 92 (1984), pp.502-513.<\/p>\n<p>Lauwerier, L\u00e9on. \u00abLes Voeux et la Mission\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1993), pp.448-474.<\/p>\n<p>Lloret, Michel. \u00abConsejos evang\u00e9licos\u00bb. <em>Diccionario de espiritualidad vicenciana.<\/em> Salamanca, Ceme, 1995, pp.95-102.<\/p>\n<p>Maloney, Robert P. <em>The Way of Vincent de Paul: A Contemporary Spirituality in the<\/em> <em>Service of the Poor.<\/em> New Rochelle, NY: New City Press, 1992. Ed. castellana: <em>El camino de san Vicente de Pa\u00fal.<\/em> Ceme, Salamanca, 1993.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez S., Gonzalo. \u00abSentido espiritual y pastoral de los votos\u00bb.<em> <\/em><em>CLAPVI<\/em> 37 (1982), pp.319-352.<\/p>\n<p>McCullen, Richard. \u00abLitter\u00e6 Superioris Generalis\u00bb. Carta de adviento sobre la pobreza. <em>Vincentiana <\/em> (1988), pp.573-575.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLitter\u00e6 Superioris Generalis\u00bb. Carta de cuaresma sobre el celibato. <em>Vincentiana <\/em>(1990), pp.118-120.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLitterae Superioris Generalis\u00bb.Carta de cuaresma sobre la obediencia. <em>Vincentiana<\/em> (1988), pp. 7-8.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLitter\u00e6 Superioris Generalis\u00bb. Carta de cuaresma sobre la estabilidad. <em>Vincentiana <\/em>(1982), pp.1-4.<\/p>\n<p>Mezzadri, Luigi y Rom\u00e1n, Jos\u00e9 Mar\u00eda. <em>Historia de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, vol.I: Desde la fundaci\u00f3n hasta el fin del siglo XVII (1625-1697).<\/em> Madrid, La Milagrosa, 1992.<\/p>\n<p>Molina R\u00edos, Emilio. <em>El superior local de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/em> Tesis doctoral. Salamanca, 1960.<\/p>\n<p>Orcajo, Antonino. <em>El seguimiento de Jes\u00fas seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal.<\/em> Madrid, La Milagrosa, 1990.<\/p>\n<p>Parres, Cecil L. \u00abSocieties of Apostolic life: Canons 731-746.\u00bb A Handbook on Canons 573-746. Edited by Jordan Hite, Sharon Holland and Daniel Ward, Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1985: 287-306.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abA Question of Identity\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1979), pp.95-99.<\/p>\n<p>P\u00e9rez Flores, Miguel. \u00abCastidad\u00bb. <em>Diccionario de espiritualidad vicenciana.<\/em> Salamanca, Ceme, 1995. pp.46-54.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abComentario a las Constituciones. Parte primera: vocaci\u00f3n, art\u00edculo 1\u00bb.<em>Vincentiana <\/em>(1982), 147-187.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abDe las Constituciones de 1980 a las de 1984\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1985), pp.84-146.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abDesde las Constituciones de 1954 a las de 1980\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1984), pp. 751-784.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abEl cuarto voto de la C.M.: La Estabilidad\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1984), pp.236-248.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa Bula &#8216;Salvatoris Nostri&#8217; y la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb. <em>Anales<\/em> (1983), pp.393- 424.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, ejemplo de Sociedad de Vida Apost\u00f3lica\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1994), pp.234-245.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa figura constitucional del Superior General\u00bb.<em> Vincentiana<\/em> (1992), pp.489-506.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLa legislaci\u00f3n vicenciana y la evangelizaci\u00f3n de los pobres 1633-1660\u00bb.<em> Vincentiana<\/em> (1987), pp.706-724.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abObediencia\u00bb. <em>Diccionario de espiritualidad vicenciana.<\/em> Salamanca, Ceme, 1995, pp. 410-418.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abPobreza\u00bb. <em>Diccionario de espiritualidad vicenciana.<\/em> Salamanca, Ceme, 1995, pp.495- 506.<\/p>\n<p>Persich, Nicholas. \u00abLes Voeux dans la Congr\u00e9gation: Nature, N\u00e9cessit\u00e9 et Utilit\u00e9\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1972), pp.249-253.<\/p>\n<p>Poole, Stafford. <em>A History of the Congregation of the Mission: 1626-1843.<\/em> Santa B\u00e1rbara, California, Saint Mary&#8217;s Seminary, 1973, pp.45-54.<\/p>\n<p>Renouard, Jean-Pierre. \u00abLe Service des Pauvres dans la Congr\u00e9gation de la Mission\u00bb. <em> <\/em><em>Vincentiana <\/em>(1987), pp.650-666.<\/p>\n<p>Richardson, James W. \u00abDe iis qui a nobis discedunt\u00bb.<em> <\/em><em>Vincentiana<\/em> (1972), pp.24-26.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abLitter\u00e6 circulares Superioris Generalis\u00bb. Carta sobre la identidad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<em> Vincentiana<\/em> (1979), pp.88-92.<\/p>\n<p>Rigazio, Alejandro. \u00abAdministraci\u00f3n de bienes y pobreza\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1989), pp.503- 505.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abFunci\u00f3n del visitador seg\u00fan el pensamiento de san Vicente y los documentos de la Iglesia\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1989), pp.401-418.<\/p>\n<p>Rom\u00e1n, Jos\u00e9 Mar\u00eda. <em>San Vicente de Pa\u00fal, I Biograf\u00eda.<\/em> Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1981, pp.322-344.<\/p>\n<p>Slattery, William M. \u00abCircular del 1 de enero de 1952 sobre los votos\u00bb.<\/p>\n<p>Stella, Giorgio. \u00abDiff\u00e9rence entre Nous et les Religieux, Notre S\u00e9cularit\u00e9 et Notre Exemption\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1972), pp.253-255.<\/p>\n<p>Van den Berg, Adriano. \u00abA Op\u00e7_o Preferencial da Igreja pelos Pobres\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1990), pp.610-635.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abO Voto de Servi\u00e7o dos Pobres\u00bb. <em>Vincentiana <\/em>(1990), pp.636-643.<\/p>\n<p>Verdier, Fran\u00e7ois. \u00abCircular del 1 de enero de 1929\u00bb. <em>Circulaires des Sup\u00e9rieurs G\u00e9n\u00e9raux. <\/em>Vol. 5, 1914-1933.<\/p>\n<p>\u00abVincentian\u00e6 Missionis Institutum\u00bb. <em>Vincentiana<\/em> (1959), pp.84-87.<\/p>\n<p>\u00abVincentinorum in Ecclesia Locus\u00bb. <em> Vincentiana<\/em> (1959), pp. 67-69.<\/p>\n<p><strong>\u00cdNDICE GENERAL<\/strong><\/p>\n<p><strong>INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO I<\/strong>: JESUCRISTO ES LA REGLA DE LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>1. San Vicente de Pa\u00fal: el descubrimiento de Cristo en los pobres y de los pobres en Cristo.<\/p>\n<p>2. Jesucristo es la Regla de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. En fidelidad a san Vicente.<\/p>\n<p>Textos para la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO II:<\/strong> ESTABILIDAD: FIDELIDAD EN LA EVANGELIZACI\u00d3N DE LOS POBRES<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. La situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>3. El voto de estabilidad.<\/p>\n<p>4. La virtud de la fidelidad.<\/p>\n<p>5. C\u00f3mo vivir la estabilidad.<\/p>\n<p>Textos para la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO III:<\/strong> CASTIDAD: AMOR EN CELIBATO<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. La situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>3. El voto de castidad: amor en celibato.<\/p>\n<p>4. Amor en celibato.<\/p>\n<p>5. C\u00f3mo vivir la castidad.<\/p>\n<p>Textos para la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO IV:<\/strong> POBREZA: SOLIDARIDAD CON LOS POBRES<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. La situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>3. El voto de pobreza.<\/p>\n<p>4. La virtud de pobreza.<\/p>\n<p>5. El Estatuto Fundamental de la Pobreza.<\/p>\n<p>6. C\u00f3mo vivir la pobreza.<\/p>\n<p>Textos para la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO V:<\/strong> OBEDIENCIA: DISCERNIMIENTO PARA LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. La situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>3. El voto de obediencia.<\/p>\n<p>4. La virtud de la obediencia.<\/p>\n<p>5. C\u00f3mo vivir la obediencia.<\/p>\n<p>Textos para la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO VI<\/strong>: BREVE HISTORIA DE LOS VOTOS EN LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>1. La experiencia del fundador y de los primeros misioneros.<\/p>\n<p>2. A\u00f1os de b\u00fasqueda y de clarificaci\u00f3n (1639-1640).<\/p>\n<p>3. Ordenanza del arzobispo de Par\u00eds (1641)<\/p>\n<p>4. La asamblea de 1651.<\/p>\n<p>5. \u00abEx commissa nobis\u00bb: la aprobaci\u00f3n papal de los votos (1655).<\/p>\n<p>6. \u00abAlias nos\u00bb: el Estatuto Fundamental de la Pobreza (1659)<\/p>\n<p>7. La historia posterior.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO VII<\/strong>: ASPECTOS CAN\u00d3NICOS DE LOS VOTOS DE LA CONGREGACI\u00d3N DE LA MISI\u00d3N<\/p>\n<p>1. La naturaleza de los votos.<\/p>\n<p>2. Incorporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Admisi\u00f3n a los votos.<\/p>\n<p>4. Requisitos para la admisi\u00f3n a los votos.<\/p>\n<p>5. Certificaci\u00f3n de la emisi\u00f3n de los votos.<\/p>\n<p>6. Dispensa de los votos.<\/p>\n<p><strong>F\u00d3RMULAS DE LOS VOTOS.<\/strong><\/p>\n<p><strong>CERTIFICACI\u00d3N DE LA EMISI\u00d3N DE LOS VOTOS.<\/strong><\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA.<\/strong><strong><br \/>\nABREVIATURAS<\/strong><\/p>\n<p>C &#8211; Constituciones de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>CIC &#8211; C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico.<\/p>\n<p>RC &#8211; Reglas Comunes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>PC &#8211; Perfect\u00e6 Caritatis.<\/p>\n<p>E &#8211; Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las citas de san Vicente se refieren a la edici\u00f3n de P. Coste (Par\u00eds, Gabalda, 1920-1925). Los n\u00fameros romanos se refieren al tomo correspondiente, y los ar\u00e1bigos a la p\u00e1gina. Juntamente con ellas se dan las referencias a la edici\u00f3n castellana S\u00edgueme-Ceme, Salamanca, 1972-1986.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>25 de enero de 1996 A los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n Queridos hermanos: La gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con ustedes. 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