{"id":17796,"date":"2015-02-04T01:54:28","date_gmt":"2015-02-04T00:54:28","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/2010\/05\/04\/san-vicente-de-paul-maynard-libro-9-capitulo-2\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:46","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:46","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 9, cap\u00edtulo 2"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo II: <strong>P\u00e9rdidas<\/strong> y <strong>Muertes.<\/strong><\/h2>\n<h3>I. <em>P\u00e9rdidas. \u2013Proceso de Orsigny.<\/em><\/h3>\n<p>Dios comenz\u00f3 por afligir a Vicente en los bienes necesarios para la subsistencia de sus hijos. Por ellos solos sufri\u00f3 el santo sacerdote; pues, en cuanto a \u00e9l, \u00e9l ten\u00eda todos los bienes del mundo como barro, tan absolutos eran su desinter\u00e9s y su desprendimiento.<\/p>\n<p>Se mostraba lleno de caridad y de condescendencia por los granjeros y dem\u00e1s deudores de su comunidad. Estaba lejos de a\u00f1adir, con gastos y embargos, a las p\u00e9rdidas causadas por la mortandad del reba\u00f1o o la inclemencia de las estaciones. No s\u00f3lo entonces les perdonaba las deudas y los precios de granja, sino que les otorgaba adelantos para ayudarles a recuperar su asuntos. Esta conducta se la prescrib\u00eda a los suyos: \u00abSer\u00eda molesto, escrib\u00eda a uno de ellos, que os vieseis obligado a embargar la granja al granjero de la Chauss\u00e9e; ya que los pobres se sienten demasiado afligidos para afligirlos m\u00e1s todav\u00eda.\u00bbY a otro:\u00bbSi pod\u00e9is pagar a vuestro criado los sueldos por los cuatro meses de su enfermedad, y todo junto los gastos\u00a0 de las medicinas y del m\u00e9dico, creo que estar\u00e1 bien hecho, porque \u00e9l es un pobre<span id='easy-footnote-1-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-1-17796' title='Carta\u00a0 del 6 de noviembre de 1653 y del 10 de octubre de 1656.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Aunque se\u00f1or alto justiciero, era enemigo de la discordia y de los procesos. Es verdad que daba gratis los oficios de la justicia de San L\u00e1zaro<span id='easy-footnote-2-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-2-17796' title='El hijo de la se\u00f1orita Le Gras tuvo el cargo de juez, que no dej\u00f3 hasta 1656, por causa de su sordera (&lt;em&gt;mss&lt;\/em&gt;. de Du Courneau, Archivos de la Misi\u00f3n).'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>, y que \u00e9l recomendaba tratarlos con dulzura. \u00c9l mismo interven\u00eda, por ejemplo si se enteraba de que dos familias de su se\u00f1or\u00eda tend\u00edan hacia una ruptura, y era raro que su caridad no reconciliara\u00a0 los intereses y los corazones.<\/p>\n<p>Desaconsejaba pleitear a todos cuantos se dirig\u00edan a \u00e9l. \u00abUn proceso, dec\u00eda, es un trago de dura digesti\u00f3n, y el mejor no vale m\u00e1s que el peor arreglo.\u00bb Dec\u00eda tambi\u00e9n: \u00abEl arreglo en los procesos es cosa tan agradable a Dios, que dice a todo el mundo: <em>Inquire pacem et sequere ea<\/em>m. No dice solamente que se est\u00e9 de acuerdo, con esta paz divina, sino que la busquemos y corramos tras ella<span id='easy-footnote-3-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-3-17796' title='Carta del 16 de setiembre de 1653, a un p\u00e1rroco que ten\u00eda un proceso.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Con mayor raz\u00f3n, no quer\u00eda procesos ni para s\u00ed\u00a0 mismo ni para sus casas. Escrib\u00eda a uno de los suyos que se hab\u00eda embarcado en un asunto en el que hab\u00eda fracasado: \u00abNosotros pleiteamos lo menos que podemos\u00a0 y, cuando nos vemos obligados a ello no es sino despu\u00e9s de haber pedido consejo dentro y fuera. Preferimos ceder de lo nuestro que dar mal ejemplo a los dem\u00e1s.\u00bb<\/p>\n<p>Sus sacerdotes se hallaban comprometidos en un proceso considerable a prop\u00f3sito de un seminario situado en el dominio del parlamento de Toulouse. El pr\u00edncipe de Conti les aconsej\u00f3 llevarlo al arbitraje en el mismo Toulouse. Pero habiendo desaprobado un obispo el parecer, enviaron su carta a Vicente, pidi\u00e9ndole que se la mostrara al pr\u00edncipe, entonces en Par\u00eds, para probarle que ellos no eran los autores de la ruptura de un arreglo propuesto por \u00e9l. \u00abNo, se apresur\u00f3 responder Vicente; no, eso recaer\u00eda sobre el buen prelado; no conviene hacerlo, ya que ser\u00eda dar motivos al Sr. Pr\u00edncipe para quejarse de \u00e9l. Es mejor que nosotros mismos llevemos este reproche, y que toda la pena y confusi\u00f3n caiga sobre nosotros, antes que hacer nada que pueda perjudicar a nuestro pr\u00f3jimo.\u00bb<\/p>\n<p>Veamos cu\u00e1l era su conducta caritativa en los procesos que no pod\u00eda evitar. Si \u00e9l ve\u00eda entonces o mandaba ir a verlos, era menos para encomendarles su causa que para pedirle que tuvieran en consideraci\u00f3n a la sola justicia. Demandante y defensor a la vez, alegaba, sin omitir nada, todo lo que favorec\u00eda a su parte adversa, lo mismo que lo que hac\u00eda por s\u00ed mismo. Se hubiera dicho un reportero imparcial, cuyo inter\u00e9s no estuviera comprometido en la causa; o m\u00e1s bien, s\u00f3lo era parcial con su adversario, cuyas razones valoraba sobre las suyas propias.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, no visitaba a los magistrados sino lo menos posible. Las solicitaciones le parec\u00edan una violencia a la justicia y a la Providencia. \u00abUn juez que teme a Dios, dec\u00eda \u00e9l, no debe tener consideraci\u00f3n; y yo mismo, cuando estaba en el consejo de la reina, no contaba con las recomendaciones, content\u00e1ndome con examinar si la cosa pedida era justa o no lo era.\u00bb<\/p>\n<p>Atend\u00eda m\u00e1s al bolsillo de sus sacerdotes\u00a0 que a los suyos, tratando con granjeros intratables y de mala fe, le rogaron que les consiguiera un <em>Committimus<\/em> con el fin de intimidar a estos hombres de chalaneo. \u00abSalgan del l\u00edo como puedan, les respondi\u00f3 Vicente; pero, en cuanto a m\u00ed, sentir\u00eda pena de ver a esa pobre gente obligada a venir a\u00a0 pleitear de tan lejos.\u00bb<\/p>\n<p>Los habitantes del valle de Puiseaux le hab\u00edan puesto a prueba por la peque\u00f1a granja de Fresneville y, a pesar de sus buenos consejos para cambiar de parecer, ellos quisieron litigar. Vinieron pues a Par\u00eds, donde el santo los recibi\u00f3 como si fuera a gente asociada a su causa. Lo hosped\u00f3 en San L\u00e1zaro, los sent\u00f3 en el refectorio a su lado y pag\u00f3 sus gastos de viaje. Cuando el proceso estuvo a punto de ser juzgado, los avis\u00f3 para que pudieran alegar a tiempo sus \u00faltimas razones. En efectos, ellos regresaron a Par\u00eds, y se dirigieron a su casa como a casa del patr\u00f3n de su causa. Los condujo en persona a casa del relator, donde les ayud\u00f3 a hacer valer sus derechos<\/p>\n<p>pretendidos. Muy a pesar suyo,\u00a0 de alguna manera, fueron condenados; pero \u00e9l les pag\u00f3 los gastos del proceso, les hizo servir la cena, los aloj\u00f3 tambi\u00e9n y no los dej\u00f3 partir hasta el d\u00edas siguiente, despu\u00e9s de darle a cada uno 20 sueldos para los gastos de regreso.<\/p>\n<p>Cuando \u00e9l mismo hab\u00eda perdido, \u00e9l se somet\u00eda a las disposiciones de la justicia como en un juicio de Dios. Ninguna protesta, ni queja contra la Providencia, ni contra los hombres, y obligaba a los suyos a imitarle en esto. Vamos a ver un memorable ejemplo de ello en el proceso de Orsigny, el m\u00e1s ruinoso que haya perdido la Compa\u00f1\u00eda, y el primer despojo por el que Dios, a punto de llamar a s\u00ed a su servidor, le haya preparado al despojo universal de la muerte.<\/p>\n<p>Hac\u00eda dos a\u00f1os que un tal llamado Norays y su mujer le propon\u00edan la granja de Orsigny bajo pensi\u00f3n vitalicia. Pero la pensi\u00f3n era fuerte, los tiempos malos. Se neg\u00f3 a firmar este acuerdo. los esposos Norays recurrieron a la influencia del antiguo prior de San L\u00e1zaro, quien no dej\u00f3 de recordarle el feliz \u00e9xito de su contrato de 1632, y le asegur\u00f3 que \u00e9ste no tendr\u00eda menos \u00e9xito para su Compa\u00f1\u00eda. Movido, Vicente consult\u00f3 a algunas personas sabias y experimentadas y, con la seguridad un\u00e1nime que el asunto era bueno y sin peligro alguno, firm\u00f3 el contrato y tom\u00f3 posesi\u00f3n de Orsigny. Nunca le cost\u00f3 tanto una propiedad. Pag\u00f3 durante varios a\u00f1os la pesada renta convenida, realiz\u00f3 en la granja mejoras considerables y muy caras y, cuando iba recoger los frutos, la vio asaltada y arruinada por la Fronda. Para colmo de desgracias, no le quedaba ya m\u00e1s que ser despose\u00eddo de ella jur\u00eddicamente.<\/p>\n<p>A la muerte de los esposos Norays, los Marsolliers, hermanos y herederos de la se\u00f1ora, elevaron reclamaciones, luego vendieron sus derechos al hijo Norays, quien entabl\u00f3 proceso contra San L\u00e1zaro. Norays comenz\u00f3 por venir a insultar en su casa a Vicente de Pa\u00fal que no le respondi\u00f3 sino con su dulce paciencia, y le recondujo cort\u00e9smente a la puerta en medio de las injurias m\u00e1s groseras.<\/p>\n<p>Se lleg\u00f3 a un proceso. Los derechos de San L\u00e1zaro eran tenidos por buenos por ocho o diez jueces y ocho abogados de los m\u00e1s capaces, de los que cinco celebraron una consulta sobre la validez del contrato de renta; dos solamente de entre \u00e9stos eran de la opini\u00f3n que la corte podr\u00eda adjudicar una suma a la parte adversaria, pero sin tocar el fondo de la donaci\u00f3n. Es verdad que todos a\u00f1ad\u00edan que hab\u00eda que temer mucho por la m\u00e1xima y la pr\u00e1ctica en que se hallaba el parlamento de impedir el enriquecimiento de las comunidades religiosas. Y, en efecto, tal fue una de las principales causas de la p\u00e9rdida del proceso, como Vicente mismo lo dijo: \u00abNosotros no hemos sido juzgados seg\u00fan el derecho ni seg\u00fan la costumbre, sino seg\u00fan una m\u00e1xima del parlamento que quita a la Iglesia todo el bien que puede e impide que entre el de las familias. Por eso, viendo esta enorme pensi\u00f3n que d\u00e1bamos a los difuntos Sr. y Sra. Norays, se ha atenido a una calumnia de nuestra parte contraria que, por este incentivo, nosotros quer\u00edamos apoderarnos de otros, y es esto lo que nos ha hecho perder nuestro proceso, como lo han confesado varios de los jueces.\u00bb<\/p>\n<p>El Jansenismo, del que ya estaba infectado el parlamento, y del que, por esta \u00e9poca, Vicente se hab\u00eda mostrado\u00a0 uno de los m\u00e1s decididos y de los m\u00e1s temibles adversarios, hizo tambi\u00e9n fracasar al buen derecho- Todos los jansenistas de la corte, dice a Vicente un juez ortodoxo, est\u00e1n contra San L\u00e1zaro.\u00bb Otro a\u00f1adi\u00f3, despu\u00e9s del juicio: \u00abEs un fallo a lo pagano.\u00bb<\/p>\n<p>Se concibe entonces que el abogado, de la parte adversa, inspir\u00e1ndose en tales pasiones, no s\u00f3lo haya juzgado y hecho triunfar\u00a0 la causa de la injusticia, sino que se haya despachado en injurias difamatorias contra el santo sacerdote y su Compa\u00f1\u00eda, Vicente hubiera podido pedir reparaci\u00f3n de honor: \u00e9l no permiti\u00f3 ni siquiera a su abogado replicar. \u00abNuestro Se\u00f1or sufri\u00f3 muchas m\u00e1s;\u00bb tal fue su \u00fanica respuesta a la invitaci\u00f3n que le hac\u00edan a defenderse; y, como en la pasi\u00f3n del Salvador, esta paciencia y este silencio excitaron la admiraci\u00f3n de los jueces y del propio Norays.<\/p>\n<p>Publicado el fallo, el hermano Du Courneau, su secretario, cuyo precioso relato seguimos aqu\u00ed, vino a traerle la noticia: \u00abDio sea bendito!\u00bb exclam\u00f3 Vicente, y repiti\u00f3 cinco o seis veces, con un gusto siempre en aumento, este grito de amorosa resignaci\u00f3n. De all\u00ed se fue a la iglesia, donde permaneci\u00f3 largo tiempo en adoraci\u00f3n y en oraci\u00f3n; y al salir volvi\u00f3 a decir: \u00abDios sea bendito! una cosa sola me aflige, es haber causado por nuestros pecados esta p\u00e9rdida a la Compa\u00f1\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>Ya en su habitaci\u00f3n, escribi\u00f3 seguidamente a un auditor de la c\u00e1mara de las cuentas, llamado Des Bordes, vizconde de Soud\u00e9, hombre en todo momento ligado a la congregaci\u00f3n, y tan inteligente como de probidad:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or, los buenos amigos se comunican el bien y el mal que les sucede; y, como sois uno de los mejores que tengamos en el mundo, no puedo sino comunicaros la p\u00e9rdida que hemos sufrido del proceso de la granja de Orsigny, no sin embargo como un mal que nos haya acaecido, sino como una gracia que Dios nos ha dado, con el fin de que teng\u00e1is a bien, Se\u00f1or, ayudarnos a darle gracias. Llamo gracia de Dios a las aflicciones que \u00e9l env\u00eda, sobre todo si son bien recibidas. Pues bien habi\u00e9ndonos dispuesto su bondad infinita s este despojo antes de que fuera ordenado, nos ha hecho consentir en este accidente con una entera resignaci\u00f3n, me atrevo a decir con una alegr\u00eda como si nos hubiera sido favorable. Esto parecer\u00eda una paradoja a quien no estuvieras versado como vos, Se\u00f1or, en los asuntos del Cielo, y no supiera que la conformidad con la voluntad de Dios en las adversidades es un mayor bien que todas las ventajas temporales. Os suplico muy humildemente que me permit\u00e1is que yo vierta as\u00ed en vuestro coraz\u00f3n los sentimientos del m\u00edo.\u00bb<\/p>\n<p>No obstante, a pesar de tantas pasiones desencadenadas, el \u2018proceso no se hab\u00eda perdido m\u00e1s que por tres o cuatro votos de los veintiuno o veintid\u00f3s jueces\u00a0 que compon\u00eda la corte. Por eso un gran n\u00famero de personas de piedad y de experiencia vinieron a ver a Vicente, y le animaron a rehacerse de un decreto injusto por una demanda civil. Fue uno de sus jueces, el primero, que le abri\u00f3 esta v\u00eda, asegur\u00e1ndole que le llevar\u00eda a un resultado feliz. \u00c9l le manifest\u00f3 la escasa seriedad de que gozaba su parte contraria y el uso que pod\u00eda hacer de las circunstancias verdaderamente providenciales; pues Lamoignon, cuya casa entera le profesaba una estima manifiesta, acababa de ser nombrado a la cabeza del parlamento.<\/p>\n<p>A todas estas razones del juez, uno de los abogados consultores uni\u00f3 sus instancias apremiantes y desinteresadas, seg\u00fan lo sabemos por la carta citada de Vicente de Pa\u00fal: \u00abhemos enviado al Sr. Cousturier nuestros documentos\u00a0 contra el Sr. Norays. Me dice que los ha visto exactamente, encuentra que tendr\u00edamos fundamento en recurrir por demanda civil. \u00c9l quiere pleitear \u00e9l mismo nuestra causa, y se promete ganar y, si bien le gusta el dinero, no lo quiere para este asunto. Va m\u00e1s lejos y dice que, si perdemos, nos indemnizar\u00e1 adem\u00e1s por esta p\u00e9rdida.\u00bb<\/p>\n<p>A pesar de todo, Vicente y los ancianos de San L\u00e1zaro, educados en sus m\u00e1ximas y en su esp\u00edritu, no pudieron resolverse a esta demanda, y el santo da las razones en la continuaci\u00f3n de esta carta del 21 de diciembre de 1658, dirigida como la primera a Des Bordes: \u00ab1\u00ba Porque un gran n\u00famero de abogados a quienes hemos consultado conjuntamente y por separado, antes del decreto que nos ha enajenado Orsigny nos han asegurado siempre que nuestro derecho era infalible, en particular Defita y L\u2019Oste, que lo han examinado a fondo; el primero, porque deb\u00eda litigar para nosotros, si el proceso no hubiera sido adjudicado; y el segundo, por haber trabajado en nuestras escrituras, y los dos nos han dicho, lo mismo que el Sr. Cousturier, que no hab\u00eda nada que temer, y sin embargo la corte nos ha despojado de esta granja como si la hubi\u00e9ramos robado; tan verdad es que las opiniones son diversas, y que no hay que fiarse nunca del juicio de los hombres.\u00bb<\/p>\n<p>Viene, en segundo lugar, la raz\u00f3n ya citada de la p\u00e9rdida del proceso, a saber la oposici\u00f3n del parlamento al crecimiento de las comunidades, y la carta contin\u00faa: \u00ab3\u00ba Nosotros dar\u00edamos un gran esc\u00e1ndalo, despu\u00e9s de un decreto tan solemne, peleando para destruirlo: nos culpar\u00edan de demasiado apego a la propiedad, que es el reproche que se hace a los eclesi\u00e1sticos, y haci\u00e9ndonos ridiculizar por los palacios, har\u00edamos un flaco servicio a las dem\u00e1s comunidades, y ser\u00edamos causa de que nuestros amigos se escandalizaran en nosotros.\u00bb<\/p>\n<p>Sigue una cuarta raz\u00f3n sacada de un refuerzo que le hab\u00eda llegado a la parte contraria; y el santo a\u00f1ade: \u00ab5\u00ba Tenemos motivos para esperar, Se\u00f1or, que, si buscamos el reino de Dios, como dice el Evangelio, nada nos faltar\u00e1; y que, si el mundo nos quita por un lado, Dios nos lo dar\u00e1 por otro; como lo hemos experimentado desde que la alta c\u00e1mara nos ha quitado esta tierra; pues Dios ha permitido que un consejero de la misma c\u00e1mara, habiendo fallecido, nos ha dejado tanto como lo que vale esa propiedad. .<\/p>\n<p>\u00ab6\u00ba Por \u00faltimo, Se\u00f1or, para deciros todo, me apena mucho, por las razones que pod\u00e9is suponer, ir contra el consejo de Nuestro Se\u00f1or que no quiere que los que han emprendido seguirle entren en litigios. Y si nosotros lo hemos hecho ya, es porque no pod\u00eda en conciencia abandonar un bien tan leg\u00edtimamente adquirido, y un bien de comunidad, del que no ten\u00eda m\u00e1s que la administraci\u00f3n, sin hacer todo lo posible para conservarlo. Pero ahora que Dios me ha descargado de esta obligaci\u00f3n por una disposici\u00f3n soberana que ha hecho in\u00fatiles mis cuidados, yo pienso, Se\u00f1or, que nosotros nos quedemos como estamos; con tanta mayor raz\u00f3n que, si lleg\u00e1ramos a sucumbir por segunda vez, ser\u00eda una nota de infamia que podr\u00eda perjudicar al servicio y a la edificaci\u00f3n que debemos al p\u00fablico.\u00bb<\/p>\n<p>Y, al margen de esta carta, el santo hab\u00eda a\u00f1adido este \u00faltimo motivo, no el menos grave de los que le impon\u00edan una sumisi\u00f3n pasiva al decreto injusto dictado contra \u00e9l: \u00abSiendo una de nuestras pr\u00e1cticas en las Misiones arreglar las diferencias del pueblo, es de temer que, si la Compa\u00f1\u00eda se empe\u00f1ara en una nueva contestaci\u00f3n mediante una demanda civil, que es el oficio de los mayores pleitistas, Dios nos quitara la gracia de trabajar en los acuerdos.\u00bb<\/p>\n<p>La carta termina as\u00ed: \u00abOs suplico muy humildemente, Se\u00f1or, a vos que ten\u00e9is el esp\u00edritu lleno de las m\u00e1ximas cristianas, que consider\u00e9is todas estas razones, y nos permit\u00e1is someternos a ellas.\u00bb<\/p>\n<p>Vicente renunci\u00f3 pues a una nueva demanda de sus derechos. Abandon\u00f3 la granja de Orsigny, pero no las obligaciones que hab\u00eda contra\u00eddo al aceptarla, y continu\u00f3 desempe\u00f1ando las oraciones y todas las cargas espirituales de la donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y todav\u00eda no crey\u00f3 haber hecho lo suficiente conform\u00e1ndose con un fallo injusto lanzado contra \u00e9l como con una sentencia de la justicia celestial; \u00e9l quiso adem\u00e1s que los suyos diesen gracias a Dios por ello. les dio sobre el tema una conferencia espiritual, en la que, despu\u00e9s de recordar el consejo que le hab\u00edan dado de proveerse por una demanda civil, exclam\u00f3: \u00abDios m\u00edo, no pensamos hacerlo! Vos mismo, oh Se\u00f1or, hab\u00e9is pronunciado el decreto; ser\u00e1, si as\u00ed os agrada, irrevocable. Y para no diferir la ejecuci\u00f3n, hacemos desde este momento un sacrificio de este bien a vuestra suprema majestad, y a ustedes les ruego, Se\u00f1ores,\u00a0 y hermanos m\u00edos,\u00a0 acompa\u00f1\u00e9mosle con un sacrificio de alabanza; bendigamos a este soberano juez de los vivos y de los muertos por habernos visitado en el d\u00eda de la tribulaci\u00f3n; d\u00e9mosle gracias infinitas por haber no solamente retirado nuestro afecto a los bienes de la tierra, sino porque en efecto nos ha despojado de los que nosotros ten\u00edamos, y nos da la gracia de amar este despojo. Quiero creer que todos sentimos gozo por la privaci\u00f3n de esto temporal; pues, porque Nuestro Se\u00f1or\u00a0 dice en el Apocalipsis: <em>Ego quos amo castigo<\/em>, \u00bfno hay que amar los castigos como se\u00f1ales de su amor? No es bastante tampoco amarlos, hay que alegrarse por ellos. Oh, Dios m\u00edo, \u00bfqui\u00e9n nos dar\u00e1 esta gracia? Vos sois la fuente de todo gozo y, fuera de vos, no la hay verdadera. Es pues a vos a quien se la pedimos. S\u00ed, Se\u00f1ores, alegr\u00e9monos porque parece que Dios nos ha encontrado dignos de sufrir. \u00bfPero c\u00f3mo se puede uno alegrar de los sufrimientos, viendo que naturalmente desagradan y los huimos? Como nos placen los remedios, algo as\u00ed.. Se sabe bien que las medicinas son amargas, y que las m\u00e1s dulces hacen saltar el coraz\u00f3n, aun antes de tomarlas. No se deja por ello de tragarlas con alegr\u00eda, y por qu\u00e9; porque se quiere la salud, la que se espera o recobrar por las purgas. As\u00ed las aflicciones, que por s\u00ed mismas son desagradables, contribuyen no obstante al buen estado de un alma o de una Compa\u00f1\u00eda; es por ellas como Dios la purifica, como el oro por el fuego. Nuestro Se\u00f1or en el Huerto de los Olivos no sent\u00eda m\u00e1s que angustias, y en la cruz s\u00f3lo dolores, que fueron tan excesivos que parec\u00eda que, en el abandono en que estaba de todo auxilio humano, \u00e9l estuviera tambi\u00e9n abandonado por su Padre. Sin embargo en estos espantos de la muerte y en estos excesos de su pasi\u00f3n, se alegr\u00f3 de cumplir la voluntad de su Padre y, por rigurosa que sea, la prefiere a todas las alegr\u00edas del mundo, ella es su alimento y sus delicias. Hermanos m\u00edos, esto debe ser tambi\u00e9n nuestra alegr\u00eda la de ver cumplirse en nosotros su voluntad por las humillaciones, las p\u00e9rdidas y los trabajos que nos suceden; <em>Aspicientes<\/em>, dice san Pablo, <em>in auctoren fidei et consummatorem Jesum, qui, proposito sibi gaudio, sutinuit crucem, confusione contempta (<\/em>&#8211; con los ojos puestos en el autor y remunerador de la fe a Jes\u00fas, quien a la vista del gozo que se le ofrec\u00eda, aguant\u00f3 la cruz despreciando la turbaci\u00f3n) <em>. <\/em>Los primeros cristianos estaban en los mismos sentimientos, seg\u00fan el testimonio del mismo ap\u00f3stol: <em>Rapinam bnonorum vestrorum cum gaudio suscepistis<\/em> (\u2013recibisteis con gozo el robo de vuestros bienes). \u00bfPor qu\u00e9 no alegrarnos hoy con ellos por la p\u00e9rdida de nuestro bien? Oh hermanos m\u00edos, qu\u00e9 gran placer se da Dios al vernos aqu\u00ed reunidos para esto, al vernos conversar sobre esto, y al vernos animarnos a esa alegr\u00eda. por una parte nos hemos constituido en espect\u00e1culo al mundo, en el oprobio y la verg\u00fcenza de este decreto, que nos publica, al parecer, como detentadores del bien ajeno: <em>Spectaculum facti sumus mundo, et angelis et hominibus; oprobiis et tribulationibus spectaculum facti <\/em>. Mas, por otro lado: <em>Omne gaudium existimate, fratres mei, cum in tentationes varias incideritis<\/em>. Estimemos pues que hemos ganado mucho perdiendo;\u00a0 pues Dios nos ha quitado, con esta granja, la satisfacci\u00f3n que sent\u00edamos de tenerla, y la que habr\u00edamos tenido en ir all\u00ed de vez en cuando; y esta recreaci\u00f3n, por ser conforme a los sentidos, nos habr\u00eda sido como un dulce veneno que mata, como un cuchillo que hiere, y como un fuego que quema y destruye. Ya estamos libres, por la misericordia de Dios, de este peligro; y vi\u00e9ndonos m\u00e1s expuestos a las necesidades temporales, su divina bondad nos quiere elevar a una mayor confianza en su Providencia, y obligarnos a abandonarnos a ella totalmente, por las necesidades de esta vida as\u00ed como por las gracias de la salvaci\u00f3n. Oh si quisiera Dios que esta p\u00e9rdida temporal fuera recompensada con\u00a0 un aumento de confianza en su Providencia, de abandono en su direcci\u00f3n, de un gran desprendimiento de las cosas de la tierra y de renuncia a nosotros mismos! Oh Dios m\u00edo, oh hermanos m\u00edos, qu\u00e9 felices ser\u00edamos! Me atrevo a esperar de su bondad paternal, que lo hace todo para lo mejor, que nos conceder\u00e1 esta gracia. \u00ab\u00bfCu\u00e1les son los frutos que debemos sacar de todo esto? El primero ser\u00e1 el de ofrecer a Dios todos los bienes y consuelos que nos quedan, tanto para el cuerpo como para el esp\u00edritu; de ofrecernos a \u00e9l nosotros mismos, en general y en particular, pero de buena forma, con el fin de que disponga absolutamente de nuestras personas y de todo cuanto tenemos seg\u00fan su sant\u00edsima voluntad, de modo que estemos siempre dispuestos a dejarlo todo para abrazar las incomodidades, las ignominias que nos sobrevienen y, por este medio, seguir a Jesucristo en su pobreza, en su humildad y en su paciencia.<\/p>\n<p>\u00abEl segundo es no pleitear nunca, por derecho que tengamos; o, si nos vemos obligados a ello, que sea despu\u00e9s de tantear todos los caminos imaginables para ponernos de acuerdo, a menos que el buen derecho fuera muy claro y evidente; pues quien se f\u00eda del juicio de los hombres resulta enga\u00f1ado con frecuencia. Practicaremos el consejo de nuestro Se\u00f1or que dice: \u00abSui quieren robarte el vestido dadle tambi\u00e9n la t\u00fanica. \u00abConceda Dios la gracia a la Compa\u00f1\u00eda\u00a0 de seguirlo! Hemos de esperar que, si es fiel en ello y firme en no separarse jam\u00e1s de \u00e9l, su divina bondad la bendecir\u00e1, y que, si le quitan por un lado, \u00e9l se lo conceder\u00e1 por otro.\u00bb<\/p>\n<p>Dios no hab\u00eda probado todav\u00eda suficientemente a su servidor. Como el santo hombre Job, le hab\u00eda golpeado en sus bienes, le quedaba todav\u00eda dirigir los golpes m\u00e1s sensibles a sus amigos y a sus hijos.<\/p>\n<h3>II. <em>Muerte de Adri\u00e1n le Bon.<\/em><\/h3>\n<p>M\u00e1s de una vez, hemos hablado de su gratitud afectuosa por Adri\u00e1n le Bon, el antiguo prior de San L\u00e1zaro. Nunca hijo alguno tuvo m\u00e1s respeto, m\u00e1s ternura y m\u00e1s atenci\u00f3n por un padre; y adem\u00e1s no le daba otro nombre: \u00abNuestro padre\u00bb, dec\u00eda siempre hablando de \u00e9l. Habr\u00eda querido, anciano \u00e9l tambi\u00e9n, ocupar junto al anciano el lugar de su criado y, no pudiendo hacerlo, al menos instru\u00eda al sirviente sobre el buen servicio que deb\u00eda prestar a su due\u00f1o. Due\u00f1o, le Bon lo era, , no solo en su interior particular, sino en todo San L\u00e1zaro, no solamente en San L\u00e1zaro, sino en todas las casas de la Compa\u00f1\u00eda. El viejo prior, a pesar de su edad, trabajaba alguna vez en las Misiones, y era siempre a \u00e9l a quien se daba el honor y su direcci\u00f3n. . a veces tambi\u00e9n, quer\u00eda ir a visitar en las provincias a aquellos de los Misioneros a quienes hab\u00eda conocido m\u00e1s \u00edntimamente en San L\u00e1zaro. Vicente entonces le costeaba los gastos del viaje, y escrib\u00eda a los superiores de sus casas que le recibieran como al due\u00f1o de sus bienes y de sus personas.<\/p>\n<p>Una parte de esta gratitud se proyectaba a los antiguos religiosos de San L\u00e1zaro. Vicente que se les concediera todo lo que permit\u00eda la conciencia, y que se les hiciera participantes de todas las buenas obras de la Compa\u00f1\u00eda. \u00abTodos nuestros peque\u00f1os m\u00e9ritos, dec\u00eda \u00e9l,\u00a0 vienen de sus beneficios.\u00bb \u00c9l mismo daba el ejemplo y, en toda ocasi\u00f3n les testimoniaba, con palabras y actos, una singular deferencia. Habiendo sido atacado el antiguo sub-prior de una enfermedad contagiosa que reinaba entonces en San L\u00e1zaro, fue a verle, le consol\u00f3, le ofreci\u00f3 sus servicios, le sirvi\u00f3 en efecto, hasta el punto de respirar su aliento apestoso, y se habr\u00eda quedado a la cabecera de su cama d\u00eda y noche, hasta la muerte, si no se lo hubieran llevado de all\u00ed.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 no hac\u00eda por el prior mismo! Le visitaba a menudo. Cuando volv\u00eda de viaje, su primera visita, despu\u00e9s de la del Sant\u00edsimo Sacramento, era para \u00e9l. Los domingos cenaba con \u00e9l; y si los asuntos le hab\u00edan retenido mucho en la ciudad: \u00abRegresemos pronto dec\u00eda a su secretario Du Courneau, quien nos ha conservado este recuerdo; d\u00e9monos prisa para no hacer esperar a nuestro padre.\u00bb<\/p>\n<p>Su ternura pareci\u00f3 redoblarse cuando se vio a punto de perderle. En su \u00faltima enfermedad le tribut\u00f3 todos los deberes, y quiso asistirle en la muerte. En el momento de la agon\u00eda mand\u00f3 venir a todos los Misioneros presentes entonces en San L\u00e1zaro, casi en n\u00famero de veinte; los puso en oraci\u00f3n alrededor del lecho f\u00fanebre, recit\u00f3 \u00e9l mismo en alta voz las letan\u00edas del santo Nombre de Jes\u00fas y de la sant\u00edsima Virgen, y una vez que el anciano hubo rendido el \u00faltimo suspiro, le cerr\u00f3 los ojos y dijo a los asistentes: \u00abSe acab\u00f3, hermanos m\u00edos, ya est\u00e1\u00a0 nuestro padre delante de Dios, un padre que ha tenido tantas bondades con nosotros. Quiera vuestra bondad, Dios m\u00edo, aplicarle las buenas obras y peque\u00f1os servicios de la Compa\u00f1\u00eda! Nosotros est\u00e1bamos muchos de nosotros en la indigencia: \u00e9l provey\u00f3 a nuestro mantenimiento. Tened cuidado, hermanos m\u00edos, de no caer en ese miserable pecado de ingratitud para con \u00e9l y todos estos buenos se\u00f1ores cuyos hijos somos nosotros. Tratemos todos los d\u00edas de recordar al Sr. Prior y rogar por \u00e9l.\u00bb<\/p>\n<p>Queriendo unir el efecto a la recomendaci\u00f3n, Vicente mand\u00f3 hacer a le Bon funerales muy honrosos y, para perpetuar la memoria de sus favores, hizo grabar la menci\u00f3n sobre el m\u00e1rmol en su epitafio. Quiso tambi\u00e9n que se celebrara a perpetuidad, con un servicio solemne, el aniversario del 9 de abril de 1651, d\u00eda de la muerte de le Bon. Mientras tanto, celebr\u00f3 \u00e9l mismo y mand\u00f3 celebrar en San L\u00e1zaro y en todas las casas de la Compa\u00f1\u00eda, un gran n\u00famero de misas por el descanso de su alma. Esta es la carta a los superiores por la cual \u00e9l invito a este acto de gratitud y de piedad: \u00abHa sido del agrado de Dios dejar hu\u00e9rfana a la Compa\u00f1\u00eda de un padre que nos hab\u00eda adoptado como hijos suyos; es del buen Sr. Prior de San L\u00e1zaro, quien falleci\u00f3 el d\u00eda de Pascua, fortalecido con los sacramentos, y en tal conformidad con la voluntad de Dios que, en todo el curso de su enfermedad, no ha dado muestras del menor asomo de impaciencia, ni en sus incomodidades precedentes. Ruego a todos lo sacerdotes de vuestra casa que digan misas a su intenci\u00f3n, y a nuestros hermanos que comulguen.\u00bb<\/p>\n<p>Esta emocionante costumbre fue aplicada a todos los antiguos religiosos de San L\u00e1zaro, por quienes se celebraron dos servicios anuales. No se hac\u00eda m\u00e1s por los Misioneros.<\/p>\n<p>La gratitud de Vicente por el Prior descendi\u00f3 hasta el criado de quien acabamos de hablar. Este criado, tras quince o diecis\u00e9is a\u00f1os de servicio, hab\u00eda dejado a su se\u00f1or, a pesar de todos los esfuerzos y ofertas generosas de nuestro santo para retenerle. Habiendo regresado a su provincia, perdi\u00f3 casi por completo el esp\u00edritu. Sin bienes, sin parientes, cay\u00f3 en la miseria. Andaba perdido para buscarse la vida, sin saber bien ad\u00f3nde le llevaban sus pasos; pero le Providencia que le guiaba le llev\u00f3 un d\u00eda a Par\u00eds, y su inteligencia, despertada a la vista de objetos\u00a0 que le tra\u00edan viejos recuerdos, le llev\u00f3 a reencontrase con San L\u00e1zaro. Pidi\u00f3 hablar con Vicente quien, ocupado entonces le envi\u00f3 a comer, prometi\u00e9ndole hablar con \u00e9l m\u00e1s tarde con m\u00e1s comodidad. En la primera entrevista, y mejor a las primeras palabras, el santo sacerdote reconoci\u00f3 el triste estado de este pobre hombre. \u00abEs el criado de nuestro bienhechor, se dijo enseguida, es preciso tener piedad y mirarle como de nuestra familia.\u00bb Y en efecto le dio una habitaci\u00f3n en San L\u00e1zaro y cubri\u00f3 hasta su muerte todas sus necesidades.<\/p>\n<p>Le Bon ten\u00eda setenta y cinco a\u00f1os cuando muri\u00f3, de la misma edad de Vicente, quien le iba a seguir casi a los diez a\u00f1os. pero en este intervalo, a cu\u00e1ntas personas m\u00e1s deb\u00eda ver morir el santo sacerdote, m\u00e1s queridas todav\u00eda o, al menos, m\u00e1s \u00edntimas, y sobre todo m\u00e1s necesarias a su Compa\u00f1\u00eda y a sus obras!<\/p>\n<h3>III. <em>Muerte de Portail y de la se\u00f1orita Le Gras.<\/em><\/h3>\n<p>El primero a quien perdi\u00f3 fue a Antonio Portail, su m\u00e1s antiguo y m\u00e1s querido compa\u00f1ero. Quien compart\u00eda su vida y sus obras desde hac\u00eda m\u00e1s de cuarenta y cinco a\u00f1os. en el momento de su muerte, Portail era secretario y primer asistente de la congregaci\u00f3n, y director de las Hijas de la Caridad<span id='easy-footnote-4-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-4-17796' title='Fue reemplazado por el abate de\u00a0 Horgny, a quien conocemos como director de las Hijas de la Caridad.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>. Leemos el relato de su muerte y el elogio de sus virtudes en las cartas de su venerable padre, se\u00f1aladamente en esta, del 28 de febrero de 1660, dirigida a Get, superior de la Misi\u00f3n de Marsella: \u00abHa sido la voluntad de Dios privarnos del buen Sr. Portail. Falleci\u00f3 el s\u00e1bado, 14 de este mes, que era el noveno de su enfermedad, que comenz\u00f3 por una especie de letargo para cambiar en fiebre continua y en otros accidentes. Mantuvo el esp\u00edritu y la palabra bastante libres. Siempre hab\u00eda temido a la muerte; pero, al verla acercarse, , se enfrent\u00f3 a ella con paz y resignaci\u00f3n, me cont\u00f3 varias veces que fui a visitarle que no le quedaba ninguna impresi\u00f3n de su miedo pasado. \u00c9l ha terminado como ha vivido, en el buen empleo de los sufrimientos, la pr\u00e1ctica de las virtudes, el deseo de honrar a Dios y de consumar sus d\u00edas, como Nuestro Se\u00f1or, en el cumplimiento de su voluntad. Ha sido uno de los primeros que han trabajado en las Misiones y ha contribuido siempre en los dem\u00e1s empleos de la Compa\u00f1\u00eda, a la que ha rendido notables servicios; de suerte que ella habr\u00eda perdido mucho en su persona, si Dios no dispusiera de todas las cosas para lo mejor, no nos hiciera encontrar nuestro bien donde nosotros pensamos recibir da\u00f1o. Hay raz\u00f3n para esperar que este su siervo nos ser\u00e1, m\u00e1s \u00fatil en el cielo de lo que lo habr\u00edas sido en la tierra; os suplico, Se\u00f1or, que le rind\u00e1is los respetos acostumbrados<span id='easy-footnote-5-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-5-17796' title='V\u00e9ase tambi\u00e9n una carta a Desdames, en Polonia, del 5 de marzo de 1660.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Una de estas cartas de notificaci\u00f3n conclu\u00eda as\u00ed: \u00abCuando falleci\u00f3 el Sr. Portail, la se\u00f1orita Le Gras estaba tambi\u00e9n e las \u00faltimas, y cre\u00edamos que ella se nos iba antes que \u00e9l, pero vivi\u00f3 todav\u00eda: Dios no ha querido abrumarnos con una doble aflicci\u00f3n..\u00bb<\/p>\n<p>Ay, Dios no tard\u00f3 en golpear de nuevo, y la se\u00f1orita Le Gras no sobrevivi\u00f3 m\u00e1s que en un mes a Antonio Portail. Por lo dem\u00e1s, seg\u00fan Vicente, hac\u00eda m\u00e1s de veinte a\u00f1os que la santa mujer no viv\u00eda m\u00e1s que de milagro, ya que \u00e9l escrib\u00eda a Blatiron, superior de la Misi\u00f3n de G\u00e9nova, el 13 de diciembre de 1647: \u00abSucede con usted\u00a0 casi como con la se\u00f1orita Le Gras, a quien yo considero como muerta naturalmente desde hace diez a\u00f1os; y, al verla, se dir\u00eda que sale de la tumba, tan d\u00e9bil est\u00e1 su cuerpo y tan p\u00e1lido su rostro. Pero Dios sabe qu\u00e9 fuerza de esp\u00edritu no tiene. No hace mucho que ha hecho un viaje de cien leguas y, sin las enfermedades frecuentes que tiene y el respeto que presta a la obediencia, ella ir\u00eda a menudo de un lugar para otro a visitar a sus Hijas y trabajar con ellas, aunque no tenga m\u00e1s vida que la que recibe de la gracia.\u00bb<\/p>\n<p>Uno de los temores de la Se\u00f1orita Le Gras, como de la Sra. Gondi, era morir sin la asistencia de su santo director; y. menos afortunada que la generala de las galeras, ella se vio privada de sus supremas exhortaciones. Entonces Vicente mismo estaba tan debilitado por la enfermedad que no pod\u00eda ni caminar ni soportar el veh\u00edculo, ni siquiera tenerse en pie. Le habr\u00eda sido necesario que le llevaran en silla, algo que no consinti\u00f3 nunca, m\u00e1s que de su habitaci\u00f3n a la capilla, tanto aborrec\u00eda servirse en esto del ministerio de los hombres, viendo en ello una especie de degradaci\u00f3n de la naturaleza humana. Adem\u00e1s recordando que el Salvador hab\u00eda privado a sus disc\u00edpulos de su presencia sensible para llevarlos a una caridad m\u00e1s pura, y les hab\u00eda dicho: \u00abOs conviene que yo me vaya, ya que si no el Esp\u00edritu de vida no vendr\u00e1 a vosotros\u00bb, quiso acabar de purificar esta alma selecta por un \u00faltimo sacrificio. Por eso, cuando dos d\u00edas o tres antes de morir, la Se\u00f1orita Le Gras, le mand\u00f3 a pedir, a falta de su visita, unas palabras de consuelo, escritas de su mano, \u00e9l se neg\u00f3 y se content\u00f3 con enviarle , como letra viva a uno de sus sacerdotes, encargado de decirle de su parte: \u00abVos part\u00eds antes, Se\u00f1orita; espero que dentro de poco yo os ver\u00e9 en el cielo.\u00bb Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 15 de marzo de 1660, la santa mujer, despu\u00e9s de bendecir a sus hijos y a sus Hijas, recomendando a unos que vivieran como buenos cristianos, y a las otras el servicio de los pobres, hab\u00eda regresado a Dios, que se defini\u00f3 como caridad. Vicente soport\u00f3 esta p\u00e9rdida, la m\u00e1s cruel que haya experimentado nunca, no s\u00f3lo con el alivio que sent\u00eda por la esperanza de una pr\u00f3xima y eterna reuni\u00f3n, sino con su sumisi\u00f3n ordinaria a la adorable voluntad de Dios. Al d\u00eda siguiente, el 16 de marzo, dirigi\u00f3 a todas sus casas una carta circular para notificarles una muerte tan preciosa ante Dios, pero tan dolorosa a su doble familia. \u00abEncomiendo su alma a vuestras oraciones, dec\u00eda en ella, aunque tal vez no necesita socorro: pues tenemos todas las razones del mundo para creer que ella goza ahora de la gloria prometida a los que sirven a Dios y a los pobres del modo que ella lo ha hecho.\u00bb Escribi\u00f3 sobre todo a las Hijas de la Caridad para consolarlas por una p\u00e9rdida tan cruel: \u00ab, les dec\u00eda: \u00abHay que alabar a Dios y esperar que \u00e9l os har\u00e1 de padre y de madre.\u00bb<span id='easy-footnote-6-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-6-17796' title='Cartas de los 16 y 20 de marzo de 1660.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Transcurrieron cuatro meses sin que reuniera a las Hijas de la Caridad para hablar con ellas de las virtudes de su fundadora. Enfermo tambi\u00e9n, no lo hab\u00eda podido ni durante la larga agon\u00eda, ni desde que la muerte que las hab\u00eda dejado hu\u00e9rfanas. Por \u00faltimo, el 24 de julio, se sinti\u00f3 con suficientes fuerzas para convocarlas en conferencia, y dio gracias a Dios por ello. Hubo algo de solemne y enternecedor en esta reuni\u00f3n. Era el m\u00e1s venerado y el m\u00e1s tierno de los padres\u00a0 quien conversaba, por \u00faltima vez, con la familia de una madre con quien se iba a reunir evidentemente bien pronto. Cuando todas las Hijas de la Caridad se reunieron a su alrededor, \u00e9l comenz\u00f3, seg\u00fan su costumbre, por preguntarlas. La primera a quien llam\u00f3 no pudo en primer lugar responder: el dolor y las l\u00e1grimas ahogaron su voz. \u00c9l pas\u00f3 a otras. Cada una enumer\u00f3 las virtudes que la hab\u00edan impresionado de su madre, y los motivos de imitarlas. Numerosas acciones desconocidas de la vida caritativa de la Se\u00f1orita Le Gras fueron desveladas en este juicio de los muertos, o m\u00e1s bien en este primer juicio de Dios. Una dijo que la hab\u00eda visto acoger a los presos que sal\u00edan de prisi\u00f3n, lavarles los pies, vend\u00e1rselos, y vestirlos con ropas de su hijo. Otras hablaban de su amor a Dios, de su ternura por sus hermanas, cuya muerte le arrancaba l\u00e1grimas; de su humildad que la obligaba a decir sus culpas, y a pedir perd\u00f3n como la \u00faltima de sus hermanas, a acostarse en el suelo ante ellas pidiendo que la pisotearan, a lavar los platos, a servir en la mesa, a hacer los servicios m\u00e1s bajos de la casa; de su esp\u00edritu y de sus h\u00e1bitos de pobreza; de su apoyo, de su dulzura, de su rara prudencia; de su vida muy interior; de su confianza en Dios y de su sumisi\u00f3n a la Providencia; de su pureza en su juventud, en su matrimonio, en su viudez; de su celo por la salvaci\u00f3n de las almas; de la sabidur\u00eda en toda su conducta. La primera que llam\u00f3, ya recuperada, quiso pagar a su madre venerada su tributo de elogios: pidi\u00f3 permiso, que Vicente le otorg\u00f3 sin poder \u00e9l mismo contener sus l\u00e1grimas. \u00abSe necesitar\u00eda un libro, dijo esta buena hija, para poder describir sus virtudes, y esp\u00edritus m\u00e1s elevados que los nuestros para contarlas. Sin embargo, como la obediencia me lo exige, hay que hacerlo; pero cuando haya dicho todo cuanto la memoria\u00a0 me puede presentar, todav\u00eda quedar\u00e1 m\u00e1s por decir.\u00bb Ella entr\u00f3 entonces en el c\u00edrculo de las virtudes ya recorridas. Era ella a quien la Se\u00f1orita Le Gras hab\u00eda rogado que la avisara de sus faltas. \u00abMe sent\u00eda confundida al hacerlo, dijo esta buena hija,<\/p>\n<p>Pues no encontraba ninguna, aunque prestase atenci\u00f3n, porque me lo hab\u00edan encomendado.\u00bb Vicente a\u00f1ad\u00eda a las palabras de cada hermana lo que \u00e9l mismo ya sab\u00eda sobre las virtudes, de aquella a la que hab\u00eda conocido bien. Luego \u00e9l explicaba la necesidad para la Compa\u00f1\u00eda, y la animaba a ped\u00edrselas por la intercesi\u00f3n de su santa madre.<\/p>\n<p>Vicente, a quien la doble muerte de Antonio Portail y de la Se\u00f1orita Le Gras hab\u00eda agobiado, en el anonadamiento \u00faltimo de sus fuerzas, con la direcci\u00f3n casi total de las Hijas de la Caridad, vivi\u00f3 lo suficiente para vigilar la elecci\u00f3n de su segunda superiora. Hizo caer su elecci\u00f3n sobre Margarita Chetif, entonces empleada en Arras, una hermana que se hab\u00eda sentido tentada a abandonar su vocaci\u00f3n y a quien \u00e9l hab\u00eda reafirmado, como nos lo dice una carta que \u00e9l le dirig\u00eda el 18 de setiembre de 1657. Volveremos a ver pronto a Margarita Chetif en los funerales del santo sacerdote.<\/p>\n<p>En cuanto a la Se\u00f1orita Le Gras, ella hab\u00eda sido enterrada, seg\u00fan su deseo, como una simple hija de la Caridad, en la iglesia de Saint-Laurent, en medio de esta parroquia y de sus pobres, que la ten\u00edan por madre. Descans\u00f3 all\u00ed veinte a\u00f1os. El 10 de abril de 1680, a ruegos de su hijo y de las Hijas de la Caridad, y a las diligencias de la Se\u00f1ora de Miramion, Francisco de Harlay, arzobispo de Par\u00eds, permiti\u00f3 abrir su tumba para dar a sus restos una sepultura m\u00e1s honorable. El mismo d\u00eda, a las nueve de la noche, se hizo la apertura por Nicol\u00e1s Gobillon, p\u00e1rroco de Saint-Laurent, a quien se debe una Vida de la Se\u00f1orita Le Gras, en presencia de Edme Jolly, superior general de la Misi\u00f3n, y del Misionero Henri Moreau, de la Se\u00f1ora de Miramion y de una de las hijas de su comunidad, de Gu\u00e9rin, director de las Hijas de la Caridad, de las cuatro oficialas de la compa\u00f1\u00eda, y de la Se\u00f1orita Le Gras, nieta de la santa fundadora. S\u00f3lo se hallaron huesos sin olor. Fueron depositados en una s\u00e1bana, conservados luego religiosamente, con la tierra y la madera del f\u00e9retro, y todo colocado en un ata\u00fad de plomo, con una placa de cobre, que se deposit\u00f3 de nuevo en la fosa.<\/p>\n<p>El 22 de de octubre de 1755, el arzobispo de Par\u00eds, Christopphe de Beaumont dio un nuevo permiso de exhumaci\u00f3n para transportar los preciosos restos a la capilla de las Hijas de la Caridad. El 24 de noviembre, el ata\u00fad de plomo fue puesto en un f\u00e9retro de madera cerrado con llave, e inhumado en medio de la capilla con una tumba de m\u00e1rmol negro.<\/p>\n<p>La madre repos\u00f3 all\u00ed en medio de sus hijas hasta la Revoluci\u00f3n. La ley del 18 de agosto de 1792 hab\u00eda suprimido ya todas las Congregaciones, incluso seculares. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s,\u00a0 la casa de las Hijas de la Caridad fue vendida y su capilla demolida. Grande fue entonces la inquietud de las hermanas por el f\u00e9retro y los restos de su madre que iban a quedarse escondidos y perdidos en los escombros. El 3 vendimiario\u00a0 a\u00f1o VI (25 de setiembre de 1797), ellas los rescataron por 60 libras, cuyo recibo existe hoy. El ata\u00fad fue primero depositado por dos hermanas en la bodega de una casa, calle y barrio de San Mart\u00edn, 91. Mas como no habr\u00eda sido prudente conservar el ata\u00fad\u00a0 de plomo, la superiora Antoinette Deleau, mand\u00f3 hacer del ata\u00fad\u00a0 de madera una caja revestida de plomo por dentro, de dos pies de larga por catorce pulgadas y media de ancha, en la que, con permiso del abate \u00c9mery, vicario general del Sr. de Juign\u00e9, arzobispo de Par\u00eds, ella encerr\u00f3 los huesos envueltos en algod\u00f3n con el fin de impedir el frotamiento. El polvo recogido en el f\u00e9retro fue puesto en un florero de hojalata, con excepci\u00f3n de algunas pizcas que, con algunos huesecitos, separados, estaban destinados a\u00a0 piadosas distribuciones. Todo fue depositado provisionalmente en una casa de la calle de los Ma\u00e7ons-Sorbonne.<\/p>\n<p>Entre tanto, el ministro del interior Chaptal, el 1er. Nivoso IX (22 de diciembre de 1800), acababa de autorizar \u00aba la ciudadana Deleau, aqu\u00ed superiora de las Hermanas de la Caridad,\u00bb a formar alumnas para el servicio de los hospicios y, a este efecto, \u00e9l hab\u00eda puesto a su disposici\u00f3n la casa hospitalaria de las hu\u00e9rfanas, calle del Vieux-Colombier. Fue en esta casa donde fueron tambi\u00e9n trasladados , el 4 de mayo, de 1802, los restos de la Srta. Le Gras, y all\u00ed se quedaron hasta 1815.<\/p>\n<p>En el intervalo, la existencia misma de las Hijas de la Caridad o, al menos, la forma de su existencia, lo que es todo una cosa, se hab\u00eda visto amenazada.<\/p>\n<p>Acababan de ser restablecidas por la autoridad civil. La hermana Marie-Antoinette Deleau, nombrada superiora en 1790, hab\u00eda sido mantenida por el superior general Cayla. A la muerte de este \u00faltimo, ocurrida en 1800, la hermana envi\u00f3 a Felipe, sacerdote de la Misi\u00f3n donde el vicario general Brunet, para obtener la continuaci\u00f3n de sus poderes, hacer nombrar a Felipe mismo director de la Compa\u00f1\u00eda: lo que fue otorgado.<\/p>\n<p>En Pentecost\u00e9s,\u00a0 de 1802la hermana Deleau fue reelegida y recibi\u00f3 como asistenta a la hermana Deschaux quien, en 1804, lleg\u00f3 a superiora ella misma.<\/p>\n<p>Fue bajo el gobierno de la hermana Deschaux y bajo el de las hermanas Beaudouin y Moustero que la sucedieron, cuando estall\u00f3 la tormenta.<\/p>\n<p>En 1809, Hanon, vicario general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, fue apartado violentamente de la Comunidad de las Hijas de la Caridad, y trasladado pocos meses despu\u00e9s, a la prisi\u00f3n del Estado de Fenestrelles. La hermana Moustero, entonces superiora, se vio en la necesidad de entregar su dimisi\u00f3n, y m\u00e1s de trescientas hermanas debieron retirarse a sus Familias, por su resistencia a las modificaciones que se quer\u00edan introducir en el gobierno de su Compa\u00f1\u00eda y en sus estatutos. Las protestas de todas las casas fueron un\u00e1nimes contra la violencia de esta medida. Tambi\u00e9n, cuando en 1814, Hanon fue puesto en libertad, entr\u00f3 pac\u00edficamente en posesi\u00f3n de su autoridad, y el soberano pont\u00edfice P\u00edo VII, para borrar hasta los menores rastros de esta crisis funesta, le confirm\u00f3 mediante un breve del 16 de enero de 1815 en todos los derechos unidos a su cargo.<\/p>\n<p>De esta manera se acab\u00f3 esta lucha poco noble contra mujeres. A fin de cuentas, no sirvi\u00f3 m\u00e1s que para evidenciar la inanidad de los esfuerzos de sus provocadores y la fidelidad de las Hijas de la Caridad. Ni la intriga ni la violencia lograron que se consumara el cisma y, una vez m\u00e1s, qued\u00f3 demostrado que la fuerza es impotente contra la debilidad que se apoya en la conciencia y en Dios. No es probable que se renueve en adelante una experiencia que avergonzar\u00eda otra vez a los perseguidores dar\u00eda gloria a las perseguidas. Las Hermanas y Roma responder\u00edan otra vez con un <em>Nihil<\/em> <em>innovetur <\/em>contra el cual todos los asaltos vendr\u00edan a quebrarse.<\/p>\n<p>No tenemos que proseguir la historia contempor\u00e1nea de las Hijas de la Caridad: se encuentra completa en los numeroso establecimientos que se han referido en otra parte; o m\u00e1s bien se despliega viva a nuestros ojos en las virtudes y en los servicios de estas santas Hijas.<\/p>\n<p>No nos queda pues m\u00e1s que conducirlas, con los restos de su madre, a su residencia actual.<\/p>\n<p>El 25 de marzo de 1813, un decreto imperial les hab\u00eda privado del disfrute gratuito del hotel llamado de Ch\u00e2tillon, calle du Bac, habitado en otro tiempo por la Se\u00f1ora de La Valli\u00e8re, y perteneciente entonces a los hospicios de Par\u00eds, para fundar en \u00e9l el principal establecimiento de su orden. A la espera de que el hotel estuviera listo para recibirlas, ellas continuaron habitando la casa de la calle del Vieux-Colombier, donde las sorprendieron los acontecimientos de 1815. Los aliados acababan de entrar en Saint-Denis, de donde el fragor expuls\u00f3 a las se\u00f1oritas de la Legi\u00f3n de honor, a las que se asign\u00f3 la casa de la calle del Vieux-Colombier. Compartiendo el terror de estas j\u00f3venes, la Hermana Gaubert, el 29 de junio, puso en un sim\u00f3n la caja que encerraba los restos de de la se\u00f1orita Le Gras, y la llev\u00f3 a la casa principal de la calle del Bac, donde no tard\u00f3 en fijarse toda la comunidad. La caja fue reconocida en 1824 por el vicario general de la Misi\u00f3n, y depositada el 5 de noviembre, en un pante\u00f3n\u00a0 de la capilla. All\u00ed es donde, despu\u00e9s de tantas peregrinaciones, el cuerpo de la se\u00f1orita Le Gras espera el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n bienaventurada, y la estaci\u00f3n definitiva y eterna del cielo.<\/p>\n<h3>IV. <em>Muerte del abate de Tournus.<\/em><\/h3>\n<p>El \u00faltimo precursor que Vicente de Pa\u00fal pareci\u00f3 enviar por delante para preparar su lugar cerca de Dios fue Louis de Rochechouart de Chandenier, abate de Tournus.<\/p>\n<p>Hemos hablado varias veces de este admirable abate, de su alto nacimiento, de su virtud m\u00e1s alta todav\u00eda. Rechaz\u00f3 muchos obispados, a cualquier precio que se los ofrecieran. El obispo de M\u00e2con, Louis Dinet, renunci\u00f3 incluso a su favor, como nos lo dice una carta de Vicente a Mazarino, con fecha del 14 de setiembre de 1650, \u00e9l no acept\u00f3 la oferta. Para obedecer al deseo de la Iglesia, renunci\u00f3 a sus numerosos beneficios, y no se reserv\u00f3 m\u00e1s que su abad\u00eda de Tournus. Llev\u00f3 a su hermano, el abate de Moutier-Saint-Jean, a seguir este ejemplo. Adem\u00e1s, no se serv\u00eda de las rentas de su \u00fanica abad\u00eda m\u00e1s que de lo estrictamente necesario; todo lo dem\u00e1s iba a los pobres, a los j\u00f3venes cl\u00e9rigos que formaba, a las asociaciones caritativas de las que era miembro, a los enfermos y a los prisioneros a quienes ten\u00eda el gusto de visitar con frecuencia. Despu\u00e9s de haber habitado por alg\u00fan tiempo la comunidad de San Sulpicio, se sinti\u00f3 inclinado a una habitaci\u00f3n m\u00e1s pobre y m\u00e1s humilde todav\u00eda, y lleg\u00f3 a pedir hospitalidad en San L\u00e1zaro. En su favor, Vicente se olvid\u00f3 de la ley que se hab\u00eda formado de no admitir nunca a nadie, a t\u00edtulo de pensionista, en las casas que no eran seminarios. Fue hacia 1653 cuando el abate de Tournus y su hermano vinieron a vivir en San L\u00e1zaro, en un peque\u00f1o apartamento, en el que llevaron la Vida de los m\u00e1s humildes cl\u00e9rigos de la Misi\u00f3n. El abate de Tournus, en particular, se &lt;cerc\u00f3 lo m\u00e1s posible, en su costumbre, en el empleo de su jornada, al r\u00e9gimen de la congrega i\u00f3n. Se hac\u00eda \u00e9l mismo la habitaci\u00f3n y la cama, y se negaba, para los m\u00e1s bajos servicios, recurrir a los lacayos que hab\u00eda conservado, habr\u00eda querido algo m\u00e1s, y con frecuencia pidi\u00f3 a Vicente que le admitiera del todo en su familia. \u00abVos sois los hijos naturales del Sr. Vicente, dec\u00eda \u00e9l a los Misioneros; mi hermano y yo s\u00f3lo somos hijos adoptivos.\u00bb Pues, del rengo de la adopci\u00f3n, \u00e9l quer\u00eda pasar\u00a0 m\u00e1s adelante en la familia del santo anciano a quien le gustaba llamar su padre. Se proclamaba indigno de ello, es cierto, y no lo ped\u00eda m\u00e1s que a t\u00edtulo de caridad. Pero m\u00e1s indigno todav\u00eda se cre\u00eda el humilde Vicente al admitir entre los suyos a un hombre de tan alto nacimiento y, en este debate de dos humildades, gan\u00f3 la de Vicente.<\/p>\n<p>Hacia el final de 1659, los dos hermanos concibieron el proyecto de una peregrinaci\u00f3n a Roma. Debieron partir en los \u00faltimos d\u00edas de setiembre, ya que nos los encontramos el 6 de octubre en la Gran-Cartuja, donde el abate de Tournus quiso pasar la fiesta de san Bruno. El 4 de noviembre, estaban en Milan, y all\u00ed celebraban tambi\u00e9n la fiesta de san Carlos, por quien el abate de Tournus profesaba una devoci\u00f3n particular<span id='easy-footnote-7-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-7-17796' title='Se serv\u00eda del breviario incluso de san Carlos, y ten\u00eda dos retratos suyos en su habitaci\u00f3n.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>. De all\u00ed se dirigieron a Loretto, donde pasaron dos d\u00edas en retiro, el ayuno y la oraci\u00f3n. Todo este viaje era pues un continuo peregrinar. El abate de Tournus, a pesar de los viajecitos, no dejaba de decir todos los d\u00edas la misa. En todas partes, su primera visita era a la iglesia\u00a0 y, si la encontraba cerrada, se arrodillaba a la entrada. En el paso de un Estado a otro, saludaba a los santos patronos y a los \u00e1ngeles de la guarda. Al llegar a Roma, , tan pronto como vio el domo de San Pedro, se baj\u00f3 del coche como lo hab\u00eda hecho en Loretto, se puso de rodillas, or\u00f3 y acab\u00f3 la ruta a pie, como verdadero peregrino. En Roma, se aloj\u00f3 con su hermano en la casa de la Misi\u00f3n, cuyos ejercicios sigui\u00f3 puntualmente. Durante\u00a0 los diez d\u00edas del retiro de los ordenandos de diciembre, quiso cantar la misa cotidiana, lo que hizo con maravillosa edificaci\u00f3n. Alejandro VII quien, sin haberlo visto nunca le reconoci\u00f3 por su modestia singular, le recibi\u00f3 con gran distinci\u00f3n, le concedi\u00f3 todas sus peticiones y le regal\u00f3 reliquias, de agnus y de indulgencias. La corte romana sigui\u00f3 el ejemplo del papa y se desvivi\u00f3 por honrarle. Pero \u00e9l visit\u00f3 a los pobres antes que a los cardenales, los hospitales m\u00e1s que los palacios e incluso que las iglesias ricas. Hab\u00eda repartido, para s\u00ed y para los suyos, el empleo de la jornada, con toda la sencillez y la humildad de un Misionero.<\/p>\n<p>El mes de marzo de 1660, cay\u00f3 enfermo, y no interrumpi\u00f3\u00a0 en primer lugar ning\u00fan ejercicio de piedad. En Albano mismo, donde los m\u00e9dicos le enviaron a tomar los aires, \u00e9l continu\u00f3 su vida de religioso, y s\u00f3lo a su regreso a Roma, le forzaron a dejar la celebraci\u00f3n de la misa y la recitaci\u00f3n del oficio divino. Desde entonces se crey\u00f3 herido mortalmente. En este pensamiento, renov\u00f3 con mayor insistencia su petici\u00f3n de ser agregado a los hijos de Vicente de Pa\u00fal. Edme Jolly, entonces superior de la Misi\u00f3n de Monte-Citorio, hall\u00f3, quiz\u00e1 por consejo de Vicente, un temperamento conforme en Par\u00eds y en Roma. Le prometi\u00f3 que, si crec\u00eda el mal, tendr\u00eda el honor de recibirle en la congregaci\u00f3n; pero, al mismo tiempo, le hizo prometer que, si Dios le devolv\u00eda la salud, esperar\u00eda a su regreso a Par\u00eds, para dar a Vicente el consuelo de abrazarle el primero en calidad de Misionero.<\/p>\n<p>Se crey\u00f3 por alg\u00fan tiempo que el venerable padre tendr\u00eda\u00a0 en efecto la felicidad de admitir \u00e9l mismo a este nuevo hijo. En el mes de abril el abate de Tournus, hall\u00e1ndose mejor, se despidi\u00f3 del papa y, provisto de la bendici\u00f3n apost\u00f3lica, parti\u00f3 para Par\u00eds, muy resuelto a arrancar esta vez el consentimiento de Vicente de Pa\u00fal y consumar el asunto de su vocaci\u00f3n. Con ayuda de la muerte, el asunto qued\u00f3 concluido pronto. La fiebre le hab\u00eda vuelto a atacar en ruta. Se redobl\u00f3 en Tur\u00edn y, cuando lleg\u00f3 a Chamb\u00e9ry, el viernes por la ma\u00f1ana 29 de abril de 1660, estaba tan agotado que hubo que trasladarle a una habitaci\u00f3n y hacerle guardar cama. Al d\u00eda siguiente, la enfermedad le pareci\u00f3 desesperada al m\u00e9dico, y el enfermo, queriendo gozar del \u00faltimo respiro de la naturaleza, quiso recibir los santos sacramentos mientras gozaba a\u00fan de todas sus facultades. En efecto, el domingo por la ma\u00f1ana se confes\u00f3 y recibi\u00f3 el santo vi\u00e1tico en los sentimientos que deb\u00edan resultar de tal vida. Por la noche se le administr\u00f3 la extremaunci\u00f3n, y \u00e9l respondi\u00f3 a todas las oraciones. Despu\u00e9s, su humildad obtenido permiso de su director, dirigi\u00f3 a su hermano sus \u00faltimos consejos, pidi\u00f3 perd\u00f3n a todos sus compa\u00f1eros de viaje, y se acord\u00f3 de la promesa que le hab\u00edan hecho de recibirle en la congregaci\u00f3n en su muerte. Berthe, a quien Vicente hab\u00eda elegido para acompa\u00f1arle, se rindi\u00f3 a su petici\u00f3n y le dio el h\u00e1bito de Misionero. Desde ese momento, no teniendo nada m\u00e1s que desear en este mundo, no se entreg\u00f3 a otra cosa que a prepararse a la muerte. Hasta entonces, la hab\u00eda temido mucho; ahora, la acog\u00eda con paz y dulzura, resignaci\u00f3n y paciencia; paciencia sobre todo gustando en decir una y otra vez a Dios: <em>Auge dolorem, sed auge patientiam. <\/em>Se muri\u00f3 casi sin agon\u00eda, el lunes por la noche del 2 de mayo.<\/p>\n<p>Su cuerpo fue embalsamado, puesto en un ata\u00fad de plomo y depositado en la iglesia de los Dominicos, de donde, dos sacerdotes de la Misi\u00f3n, llegado de Annecy, le trasladaron a su peque\u00f1a capilla, esperando que la familia escogiera el lugar de su sepultura. Pero \u00e9l mismo hab\u00eda provisto pidiendo ser enterrado en una iglesia de la Misi\u00f3n y con toda la modesta pobreza de un sencillo Misionero. Y as\u00ed fue en San L\u00e1zaro donde su hermano crey\u00f3 que estaba el lugar de su reposo, y lo traslad\u00f3 all\u00ed.<\/p>\n<p>Esta muerte fue un gran dolor para la congregaci\u00f3n, y en particular para Vicente de Pa\u00fal. Todas las cartas del santo de los meses de mayo y de junio llevan la f\u00fanebre noticia y la expresi\u00f3n de sus sentimientos a todas las casas de la Compa\u00f1\u00eda, en Francia y en el extranjero: \u00abEl Sr. abate de Moutier-Saint-Jean, escribe el 21 de mayo, es inconsolable la p\u00e9rdida que ha causado, y por ello nos sentimos abatidos. La voluntad\u00a0 de Dios est\u00e1 por encima de los sentimientos de su dolor y de nuestra aflicci\u00f3n,\u00bb Y el 26 de mayo: \u00abVuestra carta del 7 nos lleg\u00f3 en pleno dolor por la muerte del Sr. abate de Chandenier.. La p\u00e9rdida es grande para la Iglesia y muy grande para nosotros. Ha vivido como un santo y ha muerto como Misionero, habiendo realizado grandes instancias para ser recibido en la Compa\u00f1\u00eda, seg\u00fan el afecto que nos hab\u00eda cobrado desde hac\u00eda mucho. Por ello esta casa, habiendo recibido una maravillosa edificaci\u00f3n de \u00e9l, debe conversar esta noche sobre sus virtudes a fin de refrescar su memoria y ejemplo; \u00ablo que repet\u00eds el santo el mismo d\u00eda en una carta a Desdames, en Polonia: \u00abDebemos conversar esta noche sobre sus virtudes admirables, que son m\u00e1s bien las virtudes de Nuestro Se\u00f1or ejercitadas por \u00e9l en su siervo\u2026 Todo lo que dios hace est\u00e1 bien hecho; sin esta fe, ser\u00edamos inconsolables por una tal privaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Pero el punto sobre el que el humilde sacerdote prefiere insistir en todas sus cartas, en esta carta a Desdames, en otra del 8 de junio al superior de Cr\u00e9cy , etc., es la recepci\u00f3n <em>in extremis<\/em> del abate de Chandenier en la Compa\u00f1\u00eda, que \u00e9l hab\u00eda rechazado siempre y no puede comprenderlo. Lo encontramos maravillosamente explicado en la carta siguiente del 23 de junio: \u00abNo s\u00e9 lo que este santo hombre vio en la pobre Misi\u00f3n que haya podido darle el gran afecto que ten\u00eda a cubrirse con su nombre y sus harapos para presentarse delante de Dios. \u00c9l nos hab\u00eda hablado varias veces de su plan; pero yo no le quer\u00eda escuchar, crey\u00e9ndole demasiado por encima de nosotros por su nacimiento y por su virtud; y, en efecto, no ha habido m\u00e1s que nuestra casa del cielo la que haya merecido la gracia de poseerle como Misionero; las de la tierra han heredado tan s\u00f3lo ejemplos de su vida\u00bb.<\/p>\n<p>Como Vicente nos ha dicho dos veces en citas precedentes, se trat\u00f3 en San L\u00e1zaro de las virtudes del abate de Tournus. Se tuvieron incluso sobre \u00e9l al menos cuatro conferencias, cuyos an\u00e1lisis o procesos verbales se nos han conservado; y es de all\u00ed, as\u00ed como de una relaci\u00f3n de su muerte por Berthe de donde hemos sacado nuestro relato. Como se hac\u00eda en San L\u00e1zaro para todos los Misioneros de relevancia, se recorri\u00f3 sucesivamente su fe, su religi\u00f3n, su caridad, su humildad, su pobreza; su celo por la salvaci\u00f3n de las almas, la gloria de Dios, y el bien de la Iglesia; su paciencia y su resignaci\u00f3n, su silencio y su modestia, su obediencia y su mortificaci\u00f3n, su templanza y su pureza, su integridad y su dulzura; en una palabra todas sus virtudes religiosas y morales, sobre cada una de las cuales los Misioneros que hab\u00edan estado en relaciones m\u00e1s \u00edntimas con \u00e9l, como Berthe, de Monchy y los dem\u00e1s, declararon como testigos, casi como se hace en un proceso de canonizaci\u00f3n<span id='easy-footnote-8-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-8-17796' title='Este solo an\u00e1lisis hace ver el error en que ha ca\u00eddo el Sr. Floquet: &lt;em&gt;\u00c9tudes sur Bossuet&lt;\/em&gt;, (t. II, p. 68), cuando atribuy\u00f3 a Bossuet las Conferencias de San L\u00e1zaro en alabanza del abate de Chandenier. Despu\u00e9s de citar una carta de san Vicente de Pa\u00fal sobre estas Conferencias, a\u00f1ade: \u00abNecesariamente hab\u00edan sido dadas por Bossuet, encargado de todas las conferencias que tuvieron lugar, en 1660, en San L\u00e1zaro, tanto por la noche como por la ma\u00f1ana, para la ordenaci\u00f3n de Pentecost\u00e9s.\u00bb Aqu\u00ed, el Sr. Floquet confunde las conferencias o discursos seguidos de los ordenandos, dados efectivamente por Bossuet, en 1660, en Pascua y en Pentecost\u00e9s, y las conferencias propiamente dichas que se celebraban todas las semanas en San L\u00e1zaro entre los Misioneros verdaderas conversaciones de familia, en las que cada uno tomaba alternativamente la palabra, y a las que ning\u00fan externo era admitido, Que el Sr. Floquet reserve para mejor ocasi\u00f3n su admiraci\u00f3n presumida por la elocuencia de su h\u00e9roe en parecida circunstancia, y sus sentimientos sobre la p\u00e9rdida pretendida de estas conferencias, o mejor, de estas oraciones f\u00fanebres, que habr\u00edan perecido como tantas otras producciones de Bossuet. .En cuanto a las Conferencias reales sobre las virtudes y la muerte del abate de Chandenier, existen todav\u00eda, para an\u00e1lisis, en los archivos de la Misi\u00f3n. '><sup>8<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>El abate de Tournus no hab\u00eda sido el \u00fanico, en estos \u00faltimos a\u00f1os de la vida de san Vicente de Pa\u00fal, que fuera admitido, de alguna manera <em>in<\/em> <em>extremis<\/em>, en la Compa\u00f1\u00eda. Ya Carlos de Angennes, se\u00f1or de Fargis, sobrino hermano del marqu\u00e9s de Rambouillet, hab\u00eda entrado en ella. El se\u00f1or de Fargis se hab\u00eda casado con la hermana de la se\u00f1ora de Gondi. Era del partido de Monsieur, lo que le vali\u00f3 la desgracia de Richelieu al regresar de una embajada en Espa\u00f1a. Una vez que enviud\u00f3, pidi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal una plaza en San L\u00e1zaro. Hombre de coraz\u00f3n, de esp\u00edritu y de saber, hombre sobre todo de gran virtud, quer\u00eda prepararse a la muerte bajo la direcci\u00f3n de nuestro santo. Su plan era vivir en San L\u00e1zaro en el retiro y la piedad, pero solamente como pensionista, en particular y con sus servidores. A pesar de los t\u00edtulos que ten\u00eda con una excepci\u00f3n el cu\u00f1ado del fundador de la Misi\u00f3n, Vicente no consinti\u00f3 en infringir a su favor la ley que se hab\u00eda dado de no admitir a nadie en San L\u00e1zaro, sino para hacer all\u00ed los ejercicios espirituales o prepararse a entrar en la Compa\u00f1\u00eda. Por eso de Fargis debi\u00f3 tomar el h\u00e1bito de Misionero y acomodarse al r\u00e9gimen de la comunidad. \u00abEn ella viv\u00f3 un a\u00f1o de esta suerte<span id='easy-footnote-9-17796' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-9-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-9-17796' title='Falleci\u00f3 el 20 de diciembre de 1648.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>, escrib\u00eda Vicente a Pesnelle, en G\u00e9nova, el 25 de octubre de 1658, pero con grande consuelo por su parte y por la nuestra, que no hemos advertido nunca en \u00e9l ning\u00fan defecto\u00bb.<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os despu\u00e9s m\u00e1s o menos, a primeros de 1656, el ejemplo del Sr. de Fargis fue seguido por Ren\u00e9. Almeras, padre del segundo superior general de la Misi\u00f3n. Este venerable anciano, gran contable y cabeza de una familia que contaba entre sus ascendientes a obispos, consejeros de Estado, presidentes y consejeros del parlamento de Par\u00eds, quiso, ya m\u00e1s que octogenario, vivir \u00fanicamente para Dios en San L\u00e1zaro. \u00c9l tambi\u00e9n pidi\u00f3 primeramente ser admitido tan s\u00f3lo como pensionista. A la misma petici\u00f3n Vicente opuso la misma respuesta, y Almeras se ofreci\u00f3 a entrar en la Congregaci\u00f3n. El santo resisti\u00f3 cuanto pudo, sabiendo los grandes bienes que el anciano hac\u00eda en el mundo; pero fue preciso ceder a sus insistencias y darle un peque\u00f1o apartamento en San L\u00e1zaro, donde ensay\u00f3 durante unos meses el nuevo g\u00e9nero de vida que quer\u00eda abrazar. Sinti\u00e9ndose bastante fuerte pidi\u00f3 el h\u00e1bito de Misionero, y el\u00a0 9 de marzo de 1657, Vicente escrib\u00eda a Ozenne, en Polonia, y a Get, en Marsella:\u00bbEl padre del Sr. Almeras es del n\u00famero de los seminaristas, habiendo tenido la devoci\u00f3n, al cabo de unos d\u00edas, de recibir el h\u00e1bito para asistir a los ejercicios en la medida que su edad de ochenta y dos a\u00f1os se lo permita. Es una humillaci\u00f3n para un gran contable, cabeza de una familia muy honorable, y para un venerable anciano; pero de esta forma ha encontrado el secreto para ser grande en la otra vida despu\u00e9s de haberlo sido en \u00e9sta, que es hacerse peque\u00f1o\u00a0 por el amor de Nuestro Se\u00f1or.\u00bb<\/p>\n<p>Como de Fargis tambi\u00e9n, Almeras no vivi\u00f3 m\u00e1s que un a\u00f1o en su nuevo estado. Falleci\u00f3 el 4 de enero de 1658. El 11, Vicente escrib\u00eda: \u00abEl Sr. Almeras se ha ido a Dios. Tenemos motivos de creerlo as\u00ed despu\u00e9s de los actos de virtud que le hemos visto practicar desde su entrada en la Compa\u00f1\u00eda, que han edificado a toda la casa, y que le han dispuesto a una buena muerte al cabo de una vida tan larga.\u00bb<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, y algunos meses tan s\u00f3lo despu\u00e9s de la muerte del abate Tournus, Vicente se vio amenazado de una p\u00e9rdida m\u00e1s sensible a\u00fan en la persona de Ren\u00e9 Almeras, el hijo del venerable gran contable. Privado ya de Antonio Portail, eso habr\u00eda sido verdaderamente para \u00e9l el sacrificio de Abrah\u00e1n , ya que Almeras era su Isaac, la esperanza de su raza espiritual, el heredero que \u00e9l se hab\u00eda elegido.<\/p>\n<p>Almeras hab\u00eda sido enviado a Richelieu para recibir all\u00ed al rey que deb\u00eda pasar\u00a0 por all\u00ed con su madre y la joven reina Marie-Th\u00e9r\u00e8se con quien acaba de casarse en San Juan de Luz. Era hacia finales de junio o primeros de julio. El calor y la fatiga agobiaron la salud siempre vacilante de Almeras. No obstante, apurado por volver a Par\u00eds, donde era tan necesarios despu\u00e9s de la muerte de Portail, acabada su comisi\u00f3n, se puso en camino a pesar de su extrema debilidad. Pero la enfermedad aument\u00f3 y debi\u00f3 detenerse en Tours, donde no se hab\u00eda establecido a\u00fan la Misi\u00f3n. Los sacerdotes del Oratorio quienes, en parecida circunstancia, en 1657, le hab\u00edan concedido hospitalidad en Bourbon, le prestaron el mismo servicio en Tours. La enfermedad fue larga y seria. Las inquietudes dolorosas de Vicente fueron tanto m\u00e1s vivas, por haberse declarado en este viaje de Richelieu que \u00e9l hab\u00eda ordenado, y \u00e9l no perdi\u00f3 la ocasi\u00f3n, esta vez tambi\u00e9n, de acusarse \u00e9l mismo, como hac\u00eda con todos los males que suced\u00edan a los suyos. Escribi\u00f3 a Almeras: \u00abYo no puedo expresaros la parte que tengo en vuestro mal. Pero viva la voluntad de Dios! y que sea por siempre alabado por todas sus disposiciones sobre nosotros! En verdad que me costar\u00eda mucho soportarlas, si las considerara fuera de la voluntad divina, que lo ordena todo para lo mejor. Yo no pensaba que un accidente as\u00ed os debiera suceder, cuando os envi\u00e9 a Richelieu, pero no lo volver\u00e9 a hacer, aunque vos y yo vivi\u00e9ramos\u00a0 quince o veinte a\u00f1os. La Compa\u00f1\u00eda sufre con la privaci\u00f3n de vuestra presencia, y yo sentir\u00e9 m\u00e1s consuelo con vuestro regreso del que podr\u00eda tener por cualquier otro motivo que me pudiera sobrevenir (4 y 18 de agosto de 1660)\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente escribi\u00f3 todav\u00eda a Almer\u00e1s, el 22 de agosto, esta carta misteriosa para el destinatario, en la que hac\u00eda alusiones, evidentes para nosotros, a su plan de d\u00e1rsele por sucesor: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo ser\u00e1 entonces, Se\u00f1or, que tengamos el consuelo completo de saberos recuperado? Oh, c\u00f3mo lo deseo, qu\u00e9 gracia tan grande ser\u00e11 Se la pido con frecuencia, no s\u00f3lo por mi inter\u00e9s particular, que no es peque\u00f1o, ya que lleno de estima y de ternura para con vos, soy el primero que sufre por vuestro mal y por vuestra ausencia; pero tambi\u00e9n por el bien de la Compa\u00f1\u00eda, la cual, habiendo recibido de vos, por la gracia de Dios, una gran edificaci\u00f3n, necesita todav\u00eda de vuestro auxilio y de vuestros ejemplos. Os lo digo, Se\u00f1or, con un sentimiento de gratitud para con Dios y para con vos, y <em>ya no digo m\u00e1s, porque con eso basta para el fin que yo pretendo<\/em>, que es mostraros que har\u00e9is una cosa agradable a Dios si os conserv\u00e1is y os cur\u00e1is con el reposo y los remedios que est\u00e1n en vuestro poder y sobre todo con la ayuda de Dios, que no os negar\u00e1 las fuerzas de cuerpo y de esp\u00edritu <em>necesarias al plan que tiene en la Compa\u00f1\u00eda<\/em>, si se las ped\u00eds por su Hijo Nuestro Se\u00f1or, el cual habiendo suscitado la Compa\u00f1\u00eda para su servicio, os ha llamado a ella tambi\u00e9n tan \u00fatilmente por su gracia. No ahorr\u00e9is pues nada de cuanto pueda contribuir a vuestra salud y al adelanto de vuestro regreso, tras el cual suspiramos\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente se sent\u00eda morir, y ten\u00eda prisas por ver a Almer\u00e1s para darle sus \u00faltimas instrucciones. \u00c9l tuvo este consuelo supremo. Almeras quien, para no abusar de la caridad de sus hu\u00e9spedes, hab\u00eda vuelto a Richelieu, sali\u00f3 de all\u00ed, aunque muy d\u00e9bil a\u00fan, y se hizo llevar a Par\u00eds en unas parihuelas. Lleg\u00f3 el viernes 24 de setiembre, tan abatido por la fatiga del viaje que debieron llevarlo a la enfermer\u00eda, sin que pudiera ese d\u00eda hablar a su venerado padre. Pero, a partir del d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana, Vicente, informado de su llegada, se hizo llevar tambi\u00e9n a la enfermer\u00eda, donde tuvo con este hijo y este heredero una larga conversaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 le dijo? Sin duda, le instruy\u00f3 sobre las cosas m\u00e1s necesarias al gobierno de la Compa\u00f1\u00eda; no obstante es casi cierto que no le revel\u00f3 la elecci\u00f3n que hab\u00eda hecho de \u00e9l para vicario general despu\u00e9s de su muerte, elecci\u00f3n que le deb\u00eda atraer todos los votos de la Compa\u00f1\u00eda, en el momento de la lecci\u00f3n de un nuevo superior. Por la extra\u00f1eza dolorosa de Almeras cuando se sac\u00f3 su nombre de la urna donde Vicente hab\u00eda encerrado la expresi\u00f3n de su \u00faltima voluntad sobre el gobierno interino de la congregaci\u00f3n, veremos bien que el santo anciano no le hab\u00eda dejado ni siquiera sospechar este acto de suprema confianza. As\u00ed las cosas, acabada la conversaci\u00f3n, Vicente se hizo llevar de nuevo a su habitaci\u00f3n; menos de dos d\u00edas despu\u00e9s, \u00e9l no estaba ya.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II: P\u00e9rdidas y Muertes. I. P\u00e9rdidas. \u2013Proceso de Orsigny. Dios comenz\u00f3 por afligir a Vicente en los bienes necesarios para la subsistencia de sus hijos. 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Un a\u00f1o despu\u00e9s de la entrada de Vicente de Pa\u00fal en los Bons-Enfants, el arzobispo de Par\u00eds, Juan Francisco de Gondi, aprob\u00f3 la obra de las Misiones; el 24 de\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2023\/08\/aaaf.jpg?fit=1200%2C827&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2023\/08\/aaaf.jpg?fit=1200%2C827&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2023\/08\/aaaf.jpg?fit=1200%2C827&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2023\/08\/aaaf.jpg?fit=1200%2C827&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2023\/08\/aaaf.jpg?fit=1200%2C827&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17796","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17796"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17796\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17796"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17796"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17796"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}