{"id":17790,"date":"2015-01-30T02:51:46","date_gmt":"2015-01-30T01:51:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/vicencianos\/2010\/05\/02\/san-vicente-de-paul-maynard-libro-8-capitulo-3\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:48","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:48","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 8, cap\u00edtulo 3 (a)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo Tercero: <strong>Provincias<\/strong> <strong>Salvadas<\/strong><\/h2>\n<h2>Art. I: <em>La Lorena. <\/em><\/h2>\n<h3>I. <em>Desgracias de la Lorena.<\/em><\/h3>\n<p>Desde 1639, durante el \u00faltimo periodo de la guerra de los Treinta A\u00f1os, Vicente hab\u00eda hecho, de alguna manera, en Lorena, su primer ensayo de su caridad universal, y desde el primer intento, hab\u00eda operado prodigios que \u00e9l mismo bien pod\u00eda extender, multiplicar, pero no sobrepasar en adelante. Lorena ten\u00eda entonces por duque a aquel Carlos IV, cuyo nombre se ha pronunciado repetidas veces en nuestro relato de los azares de la Fronda. Como conclusi\u00f3n del entendimiento concluido entre las dos ramas de la casa de Lorena, y de su matrimonio con su prima Nicole, hija de Enrique II el Bueno, Carlos IV se ve\u00eda duque hereditario. Pero, no queriendo reinar siendo jefe su mujer, declar\u00f3 la ley s\u00e1lica aplicable a su pa\u00eds, y mand\u00f3 proclamar leg\u00edtimo heredero del duque de Lorena a su padre Francisco II, conde de Vaud\u00e9mont, quien al cabo de algunos d\u00edas, abdic\u00f3 en su favor (1625). Carlos IV reinaba as\u00ed como rey absoluto y exclusivamente.\u00a0 El Emperador, que le necesitaba, no pens\u00f3 en molestarle en\u00a0 esta sustituci\u00f3n de derechos y de t\u00edtulos, y el Papa Urbano VIII prometi\u00f3 guardar silencio. Pero Francia, que ten\u00eda ya sus vistas sobre Lorena, declar\u00f3, por la boca de Richelieu, que si no ten\u00eda que ocuparse de los asuntos interiores\u00a0 del ducado, no era lo mismo que del condado de Barrois, cuya mitad depend\u00eda de la corona. El duque ofreci\u00f3 el homenaje por el Barrois movedizo; se negaron a recibirle en nombre de Carlos solo, lo que habr\u00eda sido reconocer su legitimidad. Francia ten\u00eda tambi\u00e9n otra queja\u00a0 contra \u00e9l. En 1627, este pr\u00edncipe joven, bullicioso, ambicioso, \u00e1vido de aventuras y de renombre se hab\u00eda dejado seducir por la bella e intrigante duquesa de Chevreuse, refugiada entonces en Nancy, y \u00e9l hab\u00eda entrado en una coalici\u00f3n formada contra Francia por el duque de Buckingham. El proyecto descubierto por la sagacidad y la pol\u00edtica de Richelieu, \u00e9l vino a Par\u00eds para justificarse. Luis XIII no le habl\u00f3 de complot, sino que continu\u00f3 neg\u00e1ndole el homenaje declar\u00e1ndole que quer\u00eda vivir con \u00e9l como buen pariente y buen amigo. Con esta respuesta, Carlos regres\u00f3 bruscamente a Lorena. \u00c9l cre\u00eda que el asunto se hab\u00eda suavizado, cuando Richelieu, quien no esperaba m\u00e1s que un momento favorable, mand\u00f3 detener hasta el territorio loren\u00e9s a lord Montaigu, principal agente de Buckingham sobre quien se hallaron documentos comprometedores. Carlos reclam\u00f3 vanamente contra la violaci\u00f3n de su territorio; Montaigu no fue liberado hasta la toma de La Rochelle, que echaba por tierra todos sus proyectos. Un tal debate de reino presagiaba grandes desgracias a Lorena. En efecto, a la prosperidad de los reinos precedentes van a suceder la peste, el hambre y la guerra. Precursora de la guerra esta vez, la peste salida de Oriente, despu\u00e9s de invadir Alemania a favor de las guerras\u00a0 cuyo teatro acababa de ser Hungr\u00eda, amenaz\u00f3, en 1610, las fronteras de nuestro pa\u00eds. Durante varios a\u00f1os, y a pesar de de las sabias prescripciones, hizo irrupciones en Lorena de alguna forma peri\u00f3dicas. Los tres a\u00f1os 1629, 1630 y 1631, se\u00f1aladamente, la vieron asolar Pont-\u00e0 Mousson y Nancy y extenderse de all\u00ed por los campos, por donde asol\u00f3 varios centenares de pueblos. Al mismo tiempo las cosechas eran malas, y el hambre se a\u00f1adi\u00f3 a la peste. Para colmo de males, no faltaba m\u00e1s que la plaga de la guerra: las intrigas de su duque se la van a atraer. En enero de 1629, Carlos IV se hab\u00eda dirigido a Ch\u00e2lons-sur-Sa\u00f4ne para ver a Luis XIII camino de Italia. La entrevista fue fr\u00eda pero educada. Con todo el rey pidi\u00f3 con m\u00e1s insistencia el homenaje del Barrois al nombre de Nicole y, ante la negativa de Carlos, le concedi\u00f3 un plazo hasta su vuelta\u00a0 del campo. En lugar de prepararse a una abierta y fuerte resistencia, el duque recurri\u00f3 otra vez a las negociaciones y a las intrigas. Ofreci\u00f3 una hospitalidad de torneos y de fiestas a Gaston d\u2019Orl\u00e9ans que hu\u00eda delante de su hermano, y los dos, negociando con Richelieu, trabajaban en prepararle problemas y enemigos. Gaston se reconcilia con el rey a primeros de 1630; pero un mes despu\u00e9s, llevado por los encantos de Margarita de Lorena, por el amor de los placeres y de las intrigas, vuelve a la corte de Carlos IV y le pide la mano de su hermana. Desde su exilio en Flandre, Mar\u00eda de M\u00e9dicis consiente en\u00a0 esta uni\u00f3n, para la cual Urbano VIII concede dispensa; pronto se celebrar\u00e1 el matrimonio secretamente. Entretanto Luis XII y Richelieu conciben contra los duques el m\u00e1s vivo resentimiento, y por las dos partes se hacen preparativos para la guerra. Con el dinero enviado de Espa\u00f1a a Gast\u00f3n re\u00fane armamentos, y cuando Luis XIII, llegado ya a Ch\u00e2teau-Thierry, le pide explicaciones sobre el asunto, responde que la invasi\u00f3n del luterano Gustavo Adolfo, lanzado por la pol\u00edtica de Richelieu sobre Alemania, fuerza a los pr\u00edncipes cat\u00f3licos a mantenerse en guardia. Esa era la verdadera actitud que adoptar en esta guerra entre el Imperio cat\u00f3lico y Francia aliada de los protestantes. El bienaventurado Pedro Fourrier, consultado por Carlos IV, le hab\u00eda aconsejado guardar, entre las dos potencias beligerantes, esta neutralidad que es frecuentemente el \u00fanico papel de los d\u00e9biles. Mas como Carlos quer\u00eda asumir un papel m\u00e1s vigoroso, ya que no m\u00e1s prudente, hubiera tenido que colocarse netamente como defensor de la causa cat\u00f3lica y defensor de su propios Estados. En lugar de una pol\u00edtica de b\u00e1scula inclin\u00e1ndose ya del lado del Imperio, ya del lado de Francia, todo constitu\u00eda para \u00e9l un deber de\u00a0 abrazar abiertamente la causa del Imperio que era ya\u00a0 la suya como pr\u00edncipe cat\u00f3lico, que lo iba a ser tarde o temprano, como pr\u00edncipe loren\u00e9s. Ya que era evidente que los acontecimientos le obligar\u00edan pronto a defender su corona contra la ambici\u00f3n de Richelieu; que Francia comprometida en su gran lucha con Austria, no dejar\u00eda en sus fronteras este poderoso bulevar de Lorena, sin tratar, no s\u00f3lo de atra\u00e9rselo a s\u00ed, sino de incorporarlo a su propio territorio. Aliado del Emperador, Carlos IV hac\u00eda pues una guerra a la vez religiosa y\u00a0 nacional, llamaba al mismo tiempo en su ayuda la fe y el patriotismo, los dos m\u00f3viles m\u00e1s fuertes de los ej\u00e9rcitos. Inseguro y dubitativo va atraer sobre s\u00ed la invasi\u00f3n de las armas de Francia, la invasi\u00f3n m\u00e1s terrible de sus feroces aliados, y no hallar\u00e1 recursos en las fuerzas del Imperio que, llegada la paz acab\u00f3 por abandonarle. Carlos ten\u00eda fe y valor; pero sin car\u00e1cter y sin costumbres, no estaba hecho para un papel tan grande. La nobleza y el pueblo de Lorena han sido m\u00e1s firmes y m\u00e1s dignos. Ellos s\u00ed que combat\u00edan verdaderamente por su religi\u00f3n y su nacionalidad contra la pol\u00edtica b\u00e1rbara de Richelieu; sus desdichas van a hacer de \u00e9l un pueblo de m\u00e1rtires. Apenas ha recibido Luis XIII la respuesta\u00a0 de Carlos IV cuando le amenaza con invadir su ducado, si no se lleva sus tropas al otro lado del Rin. Carlos deja la regencia a su padre y parte con 14 000 hombres. Despu\u00e9s de batallar por alg\u00fan tiempo, es reclamado por la noticia de que el rey est\u00e1 ya en Metz y ha vuelto a sus proyectos de invasi\u00f3n. Luis XIII obedec\u00eda as\u00ed a las\u00a0 a la quejas de Gustavo Adolfo, y al deseo de impedir el matrimonio de su hermano. Pero este matrimonio tan fatal a Lorena es bendecido, el 3 de enero de 1632, en el locutorio de las damas del Santo Sacramento, de las que Catalina de Lorena era abadesa, por el cardenal Nicol\u00e1s Francisco de Lorena, obispo de Toul. Irritado, Luis XIII impone a Carlos IV un tratado humillante y oneroso. El duque se compromet\u00eda a renunciar a toda inteligencia con los enemigos del rey; a no contratar ninguna alianza sin su consentimiento; a expulsar a sus adversarios de Lorena, en particular a los refugiados franceses; a no autorizar ni levas ni agrupaci\u00f3n de tropas en los dos ducados; a permitir entrar a los oficiales de Su Majestad para detener a sus s\u00fabditos rebeldes; a dejar paso libre a las tropas francesas; a proporcionarles v\u00edveres y un contingente de seis mil hombres; a ceder al rey los dos tercios de los impuestos en las ciudades que \u00e9l crea deber moment\u00e1neamente ocupar; por \u00faltimo, a entregarle por tres a\u00f1os la fortaleza de Marsal. Por su parte, el rey promet\u00eda defender la Lorena, no firmar ning\u00fan tratado sin incluirla en \u00e9l. Carlos IV lo firm\u00f3 todo; pues, apurado ya por Francia, estaba ahora amenazado por Gustavo Adolfo, que hab\u00eda enviado a una columna sueca hasta las fronteras de la Lorena Alemana. Pero, desembarazado de los Suecos por Luis XIII, y de Luis XIII por el r\u00e1pido regreso del monarca a Par\u00eds, reanud\u00f3 sus inteligencias con los enemigos de Francia, acogi\u00f3 a sus regimientos, cre\u00f3 nuevos y guarneci\u00f3 sus plazas fuertes. Montecuculli vino a verle en Nancy de parte del emperador Ferdinando II y le prometi\u00f3 rechazar a los Franceses de Marsal y del ducado. Recibi\u00f3 de Espa\u00f1a parecidas promesas, con subsidios que le eran tan necesarios en un pa\u00eds tan devastado por la peste, el hambre y las tropas tanto lorenesas como extranjeras. Despu\u00e9s de vanas amonestaciones, el rey entra en Champa\u00f1a con un peque\u00f1o ej\u00e9rcito; otra amenaza por Tr\u00e9veris, y los dos se acercan a Metz. Gast\u00f3n llega a Nancy so pretexto de ver a su mujer; no se queda all\u00ed m\u00e1s que veinticuatro horas, pero lo suficiente para comprometer\u00a0 una vez m\u00e1s a su cu\u00f1ado, y parte para su loca expedici\u00f3n de Castelnaudary. Luis XII acelera la marcha de las tropas hacia Lorena, pronto invadida por los mariscales de la Force y d\u2019Effiat. El rey avance por su lado, invade Barrois y recupera Bar-le-Duc, Carlos IV presenta negociar, Luis XIII le responde: \u00abNo deseo ning\u00fan mal al Sr de Lorena, sino recordarle que no se ofende a reyes de mi coraz\u00f3n y de mis poderes sin pagar gastos.\u00bb Y Richelieu a\u00f1ade que se ha de \u00abponer a Carlos.el bocado adem\u00e1s de la brida de Marsal.\u00bb Con todo, se firm\u00f3 un tratado, el 26 de junio de 1632, por el cual Carlos consent\u00eda en el desmembramiento de Lorena y hac\u00eda al rey la devoluci\u00f3n de sus plazas. Era, como se dec\u00eda a su paso, a su entrada en Nancy, no saber hacer la paz m\u00e1s que la guerra. Se le compromet\u00eda a cicatrizar sus heridas. Pero Gustavo Adolfo acababa de caer en Lutzen, y el emperador que, queriendo tomarse la revancha, andaba buscando tropas, ofrece a Carlos la posesi\u00f3n de Alsacia, si quiere combatir por \u00e9l. Acepta y hace levas en Lorena, por cuenta de Ferdinando. Luis XIII disimula al principio. El a\u00f1o siguiente, las plazas de Alsacia son atacadas por los Alemanes al servicio de Francia. Carlos quiere defenderlas. Es derrotado. Vagabundo va de Lun\u00e9ville a Nancy y de Nancy a Lun\u00e9ville. Lorena est\u00e1 consternada. Sobreviene la expiraci\u00f3n del plazo otorgado para el homenaje del Barrois m\u00f3vil. Carlos IV queda emplazado ante el Parlamento de Par\u00eds. No comparece. El Parlamento declara por contumacia Barrois reunido a Francia, y las tropas reales toman posesi\u00f3n de \u00e9l al momento. Fue en este a\u00f1o de 1633, cuando Callot public\u00f3 su colecci\u00f3n: las Miserias de la guerra, cuadro verdadero ya de la desdichada Lorena, que no estaba sin embargo en el colmo de sus males. Al cabo de algunos a\u00f1os, no hab\u00eda tenido que sufrir m\u00e1s de las tropas francesas, que de las levas de su duque, formadas de aventureros que viv\u00edan all\u00ed como en pa\u00eds de conquista. Los registros de los receptores loreneses para 1632 est\u00e1n llenos de peticiones para la dispensa de impuestos, basadas en la memoria sobre gastos y ruinas espantosos. Y para colmo,\u00a0 durante varios meses otra vez, de mayo a octubre, la peste vuelve a visitar Nancy y otras muchas ciudades y pueblos. Las cosechas siguen siendo malas, y los trigos a precios exorbitantes. Por fin, la guerra vuelve a empezar. Carlos est\u00e1 en Lun\u00e9ville. Saint-Chamond recibe en Tr\u00e9veris la orden de cerrarle el regreso a su capital, cortarle los v\u00edveres, detener a Margarita para anular su matrimonio con Gast\u00f3n, y hasta, si es posible, al duque de Lorena; \u00abEl rey, escribe Richelieu a Saint-Chamond, se sentir\u00eda feliz, teni\u00e9ndole en sus manos, para rendirle cortes\u00eda despu\u00e9s.\u00bb Saint-Chamond est\u00e1 ante Nancy, cuya entrega exige Richelieu, antes de escuchar propuesta alguna. Carlos ofrece abdicar a favor de su hermano el cardenal, quien, sin \u00f3rdenes a\u00fan, se casar\u00eda con la se\u00f1ora de Combalet, la futura duquesa de Aiguillon. Se pasa, efectivamente un acta de abdicaci\u00f3n entre los dos hermanos. Luis XIII sospechaba ya de su sinceridad, cuando el cardenal de Lorena favorece la evasi\u00f3n de Margarita, que va a reunirse con Gast\u00f3n en Bruselas. Se presenta el asedio ante Nancy, interrumpido por un tratado humillante del que Carlos IV se arrepiente al instante, y es acogido con vigor, y al cabo de algunos d\u00edas, el rey y Richelieu entran en esta capital, cuyos homenajes Carlos se ve obligado a hacerles. Despu\u00e9s de varios intentos para entrar en posesi\u00f3n de estos Estados, el duque vuelve a hacer una abdicaci\u00f3n a favor de su hermano y se marcha a batallar a Alsacia. Francia no reconoce siquiera esta abdicaci\u00f3n. Siendo Nicole est\u00e9ril, Carlos no ten\u00eda herederos. Francia pretendi\u00f3 que la corona pertenec\u00eda a la princesa Claude, hermana de Nicole, y se propuso unirla a un pr\u00edncipe franc\u00e9s, que se convertir\u00eda por este matrimonio en el soberano natural y leg\u00edtimo de Lorena. Nicol\u00e1s Francisco hizo fracasar este proyecto con los consejos del bienaventurado P. Fourier de Mattaincourt. Es el P. Fourier quien, habiendo podido mantener a Carlos en la neutralidad entre el Imperio y Francia, le hab\u00eda comprometido a abdicar a favor de su hermano, y quien autoriz\u00f3 a \u00e9ste, para salvar la nacionalidad de Lorena y su dinast\u00eda, a abdicar el episcopado y el cardenalato sin esperar el consentimiento del Pont\u00edfice romano, y a casarse con su prima Claude, dispens\u00e1ndose a s\u00ed mismo, como obispo de Toul, del impedimento de parentesco. El matrimonio fue, en efecto, celebrado en Lun\u00e9ville, de donde la nueva pareja se escap\u00f3 a Viena. De esta uni\u00f3n salieron los dos \u00faltimos duques de Lorena: Carlos V, el salvador de Viena con Sobieski, y Leopoldo, rama de la casa de Lorena-Habsburgo, reinante todav\u00eda hoy en Austria<span id='easy-footnote-1-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-1-17790' title='Paneg\u00edrico del R. Pedro Fourier, por el R. P. Lacordaire, en las Conferencias de Toulouse, p. 249.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Tras la huida de Nicol\u00e1s Francisco, Luis XII se apodera de La Mothe, se apropia Lorena y manda hacer justicia en su nombre. Carlos se encuentra entonces en Alemania. Vencedor de los Suecos, vuelve, en 1635, para reconquistar sus Estados. La desgraciada Lorena se ve entonces pisoteada por siete cuerpos de ej\u00e9rcitos a la vez: tres cuerpos de tropas francesas, dos cuerpos de los Imperiales comandados por Juan de Werth y Gallas, el cuerpo del duque Carlos y por \u00faltimo el cuerpo sueco del duque de Saxe-Weimar. Saint-Nicolas, plaza de diez mil almas, a unas leguas de Nancy, fue la primera v\u00edctima de esta temible invasi\u00f3n. Presa de una multitud de soldados y de aventureros, fue entregada al pillaje a la se\u00f1al dada por las bandas del duque de Saxe-Weimar. \u00c9stas, luteranas por lo general, saciaron su furos con las iglesias. Durante seis o siete d\u00edas, nuevas bandas de desalmados acudieron al encarne, bajo la mirada de los Franceses que no pusieron ning\u00fan obst\u00e1culo, y Saint-Nicolass se vio reducido a unos centenares de habitantes. El ej\u00e9rcito franco sueco se dirigi\u00f3 despu\u00e9s a Vic y a Ch\u00e2teau Salins, donde cometi\u00f3 los mismos estragos. El invierno siguiente fue particularmente desastroso. Carlos se hab\u00eda retirado con los Espa\u00f1oles en Besan\u00e7on. No teniendo nada que temer, los Suecos soltando la brida a su furor luterano y a todas sus pasiones, devastaron las iglesias y los monasterios, sin respetar ni los objetos del culto, ni a las v\u00edrgenes consagradas a Dios. Una banda de \u00e9stas llevaba un estandarte que representaba a una mujer partida de arriba abajo, y rodeada de soldados armados de espadas y de antorchas.. En torno, se le\u00eda: <em>Lotharinghia<\/em>; imagen demasiado fiel en efecto de la desgraciada Lorena! Los Franceses caminaron demasiado, aunque de lejos, siguiendo sus pasos. Pero las bandas de H\u00fangaros y de Croatas que segu\u00edan a Gallas y a Carlos IV, rivalizaron con ellos en tropel\u00edas. Los Loreneses mismos, expulsados de sus casas, perdido todo, se apoderaban de los castillos y viv\u00edan de robos y pillajes. El hambre era extrema. Ni cosechas ni semillas en aquellos campos siempre pisoteados por soldados. Todo el trigo que quedaba en la provincia era transportado a las fortalezas para alimento de seis o siete ej\u00e9rcitos de ciento cincuenta mil hombres, sin contar cincuenta mil criados y una cantidad de mujeres. Todo eso vivi\u00f3 a discreci\u00f3n durante m\u00e1s de la mitad del a\u00f1o 1635. \u00abEn noviembre\u00a0 de 1635, se lee en el Memorial de Juan Conrad de Malzeville, cuesta tanto vivir, que el trigo se vende a 36, 38 y 40 francos(barrois) el reseaulx; aun as\u00ed no se encuentra. La pobre gente se muere de hambre. Se vende a cuatro gruesas(m\u00e1s de un franco) la libra de pan, y m\u00e1s\u2026La pobre gente daban pena. Se les ve\u00eda comer ca\u00f1amones as\u00ed s\u00f3lo, a falta de pan.\u00bb La peste sobreviene de nuevo, y el movimiento continuo de los ej\u00e9rcitos impide\u00a0 tomar ninguna medida contra ella. Por eso causa desastres horribles. Es una despoblaci\u00f3n espantosa. Los registros de los recaudadores est\u00e1n llenos de detalles incre\u00edbles. En Frouard, donde se contaban cien matrimonios en 1633, no quedan ya \u00abm\u00e1s que cinco o seis pobres habitantes, a los que resulta imposible cultiva la tierra del municipio.\u00bb Buissoncourt est\u00e1 desierto. Ning\u00fan impuesto es posible en Houdemont, \u00abpor causa de las miserias del tiempo.\u00bb No hay ya nadie en Pierreville, en Parez, en Saint-Cesaire y en los pueblos del Vermois. Houdemont no est\u00e1 habitado m\u00e1s que por dos o tres viudas. Art-sur-Meurthe est\u00e1 reducido de cuarenta y dos conductos a seis; Lay-Saint-Christophe y Eulmont, de ciento ochenta y uno a doce; Neuveville, de setenta y cinco a diez. Malzeville, de doscientos dieciocho a cuarenta y seis; Manzoville, de veinticuatro a uno; Roville, de treinta y tres a uno; Richarm\u00e9nel, de veintinueve a cinco; Villers-lez-Nancy,\u00a0 de cuarenta y tres a cinco, t Vandoeuvre, de cincuenta y siete a catorce<span id='easy-footnote-2-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-2-17790' title='Ver &lt;em&gt;l\u2019Hist. de la Loraine , &lt;\/em&gt;6 vol. in-4\u00ba, por M. Digot, quien cita aqu\u00ed (t. 5, p, 265) a M. Lepage: &lt;em&gt;De la despoblaci\u00f3n de la Lorena en el siglo XVII, &lt;\/em&gt;p. 22. \u2013Hemos sacado casi todos estos detalles de la obra de M.Digot, quien a su vez se basa en todos los documentos contempor\u00e1neos.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>. Las desgracias fueron mayores todav\u00eda, lejos de los ojos de los generales franceses en las otras partes de Lorena y de Barrois. \u00abEl recuerdo de sus miserias ha sobrevivido a la reuni\u00f3n de Lorena y Francia; se ha conservado a trav\u00e9s de los terribles acontecimientos del siglo \u00faltimo\u2026Hoy todav\u00eda, se muestran, en algunos de nuestros bosques, grutas que serv\u00edan de asilo a los habitantes de los campos, obligados a huir ante el hierro enemigo entregadas sus casas a las llamas y al pillaje; hoy tambi\u00e9n, se designa con el nombre de <em>Campos de los Suecos <\/em> a ciertos lugares en los cuales, seg\u00fan la tradici\u00f3n, sucedieron algunas escenas de carnicer\u00eda ; como se atribuye a la reina Brunehault todas las v\u00edas y las calzadas antiguas; como se atribuye a los Romanos todos los monumentos cuyo origen se desconoce, y cuyos restos gigantescos nos llenan de admiraci\u00f3n<span id='easy-footnote-3-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-3-17790' title='M. Lepage, p. 58 y &lt;em&gt;passim.&lt;\/em&gt;'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>. Las quejas de los Loreneses llegaron a Luis XIII, quien trat\u00f3 de suavizar sus males. Orden\u00f3 demoler las fortalezas feudales, convertidas en guaridas de bandoleros. Pero el remedio fue peor que la enfermedad. Los bandidos se extendieron por el pa\u00eds, y la Lorena, por no encontrar descanso moment\u00e1neo, perdi\u00f3 con ello sus m\u00e1s curiosos edificios. Por otra parte, con esta medida, Richelieu quer\u00eda mucho menos quitar un refugio a los saqueadores que castigar a los gentilhombres propietarios. Persigui\u00f3, en efecto, a los que hab\u00edan estado en relaci\u00f3n con el duque o que hab\u00edan favorecido el matrimonio de Gast\u00f3n y la huida de Margarita; a todos aquellos tambi\u00e9n que hab\u00edan participado en el matrimonio\u00a0 del Cardenal Nicol\u00e1s Francisco con Claude, entre otros al bienaventurado Pedro Fourier de Mattaincourt. Las comunidades religiosas tuvieron tambi\u00e9n que padecer por la pol\u00edtica de Richelieu; as\u00ed los jesuitas fueron expulsados de Pont-\u00e0-Mousson por haberse negado a prestar al rey un juramento que no quer\u00edan retirar a su duque. Todo este a\u00f1o de 1636, Franceses y Suecos vivieron a discreci\u00f3n en la calamitosa Lorena. Siguiendo las tierras pr\u00e1cticamente en barbechos, la recolecci\u00f3n fue mediocre. De agosto a noviembre volvi\u00f3 la peste a llevarse lo que hab\u00eda dejado el hambre. Demasiado insensible a tantos males.\u00a0 A pesar de un fondo de bondad natural, Carlos pas\u00f3 el invierno en Bruselas en medio de los placeres. Las hostilidades se desataron en la primavera de 1637. Durante ese tiempo, Carlos se enajen\u00f3 la protecci\u00f3n de Dios y la estima de los hombres despos\u00e1ndose, en vida de su mujer Nicole, por entonces en Par\u00eds, con Beatriz de Cusance, viuda del pr\u00edncipe de Cautecroix. A partir de lo cual, indigno de defender sus Estados y la nacionalidad Lorenesa, no hay ya, con el t\u00edtulo de capit\u00e1n general del Franco-Condado, que una especie de condotiero a sueldo y servicio de Espa\u00f1a. Si durante este a\u00f1o 1637, Lorena no fue hollada por los ej\u00e9rcitos, fue asaltada por las tropas de bandidos, a los que persegu\u00edan vanamente los Franceses. No se disfrutaba de treguas m\u00e1s que en las ciudades cerradas. Por s\u00e9ptima vez llag\u00f3 la peste a hacer su visita cruel, seguida de un hambre espantosa. \u00abLa miseria continu\u00f3 siendo tan extrema en todas partes dada la necesidad de v\u00edveres, ha escrito dom Cassien Bidot, que muchos murieron de hambre. Las carnicer\u00edas y animales muertos son recogidos por los pobres como buena carne,. Lo que aumenta las calamidades es el extremo fr\u00edo que ha hecho siendo la causa de numerosas muertes. Retirados los pobres campesinos a los bosques, qued\u00e1ndose los dem\u00e1s en sus caba\u00f1as arruinadas privadas de le\u00f1a, han perecido. De manera que se ven pueblos, que estaban poblados como peque\u00f1as ciudades, totalmente desiertos, habitados tan s\u00f3lo por gente tan macilenta y descarnada, que se les tendr\u00eda por esqueletos<span id='easy-footnote-4-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-4-17790' title='Citado por M. Digot, t. V, o. 275.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb En efecto, la mayor parte de los pueblos no contaban ya m\u00e1s que con algunas familias; muchos estaban abandonados del todo, y han acabado por desaparecer. Se ha tratado durante a\u00f1os hacer la lista. Muchos, aun hoy, est\u00e1n representados por una aldea, una granja, un molino; de muchos otros no queda m\u00e1s que el nombre. A estas dos categor\u00edas pertenecen\u00a0 ochenta burgos o poblados casi desaparecidos, a los que hay que sumar cantidad de aldeas, de censos, de casas aisladas, de capillas, leproser\u00edas y ermitas destruidas. Asimismo, dom Cassien Bidot, en su diario citado por Lionnais, no ha dudado, despu\u00e9s de recapitular todos los males que hab\u00edan ca\u00eddo sobre Lorena, decir que, para encontrar semejante desolaci\u00f3n, hab\u00eda que remontarse hasta la guerra de los Jud\u00edos y al saqueo de Jerusal\u00e9n. El P. Caussin, confesor de Luis XIII, abund\u00f3 en esta comparaci\u00f3n, cuando dijo: <em>Sola Lotharingia Hierosolymam\u00a0 calamitate vincit. <\/em>En el cuadro compuesto por estas dos grandes desolaciones, no faltar\u00eda ning\u00fan rasgo de similitud: ni las espantosas comidas de carne humana, ni las madres devorando a sus hijos; pero por cuenta de la sola Lorena quiz\u00e1s se hallar\u00eda a madres asoci\u00e1ndose para comerse por turno y rec\u00edprocamente\u00a0 el fruto de sus entra\u00f1as, a j\u00f3venes muchachas asesinando a sus reci\u00e9n nacidos para alimentarse con sus cad\u00e1veres, y sobre todo a una joven matando y comi\u00e9ndose a su propia madre. El a\u00f1o 1638 se abri\u00f3 bajo auspicio no menos siniestros. La guerra, es verdad, tuvo primero por teatro a Franco-Condado. Pero Carlos IV, que hab\u00eda entrado den campa\u00f1a con ocho mil hombres, sin v\u00edveres, sin municiones, despu\u00e9s de recorrer la Champa\u00f1a, vino a Lorena para ver el cariz de las cosas. Fue para esta pobre provincia la se\u00f1al de nuevas hostilidades. Turenne la atraves\u00f3 con tropas que llevaba a Alsacia al duque de Saxe-Weimar que iba a sitiar Brisach. Al mismo tiempo Remiremont, \u00c9pinal, Lun\u00e9ville, todas plazas que estaban todav\u00eda en poder de los Loreneses, estaban sitiadas por los Franceses. A petici\u00f3n del Emperador, Carlos hab\u00eda pasado a Alsacia; batido, se volvi\u00f3 en ayuda de Lun\u00e9ville la que encontr\u00f3 tomada, y se fue a retomar sus cuarteles de invierno en Franco Condado. Los a\u00f1os siguientes nos ofrecer\u00edan los mismos detalles, con una monoton\u00eda tan disonante. En enero de 1641, en particular, Carlos IV pas\u00f3 a Lorena con cuatro o cinco mil hombres que agravaron la situaci\u00f3n del pa\u00eds. En este fecha, los registros de los recaudadores constatan una despoblaci\u00f3n siempre creciente, una escasez m\u00e1s angustiosa, una mortalidad m\u00e1s extendida. Nancy misma se habr\u00eda quedado desierta sin los refugiados que le llegaban de los campos. Los obreros se retiraban al extranjero para buscar trabajo y pan. Todas las clases de la sociedad se reduc\u00edan a la misma indigencia. . Las familias nobles se encontraban tan desprovistas como el campesino. Los sacerdotes, despu\u00e9s de vender para vivir y mantener a sus parroquianos los vasos sagrados de sus iglesias, abandonaban sus puestos y caminaba al azar. Las religiosas enclaustradas que no se atrev\u00edan a romper su clausura, a punto de perecer de inanici\u00f3n, y la campana destinada a llamar en su socorro a la caridad p\u00fablica no ces\u00f3 de ta\u00f1er durante meses enteros. Pero agotada la caridad no las habr\u00eda salvado de la muerte, si el rey\u00a0 no hubiera mandado distribuirles\u00a0 primero una raci\u00f3n de pan como a los soldados. Entretanto segu\u00eda la persecuci\u00f3n contra los &gt;Loreneses fieles a su pr\u00edncipe. Se trat\u00f3 de trasladarlos a Am\u00e9rica, y se habr\u00eda hecho a no ser por el mariscal de La Force quien, aunque protestante, se opuso a este proyecto b\u00e1rbaro. En compensaci\u00f3n se los someti\u00f3 a gobernadores e intendentes que les hac\u00edan casi echar de menos el exilio. Richelieu, agotado, sin esperanzar de hacer Lorena francesa, volvi\u00f3 a las negociaciones. Carlos vino a Par\u00eds en 1641. Un tratado dictado por la astucia e impuesto por la violencia no pod\u00eda durar, y las guerra continu\u00f3. Richelieu, volviendo con obstinaci\u00f3n nueva a su proyecto de anexi\u00f3n, la empuj\u00f3 a ultranza. En 1642, el hambre fue tan extrema que ni los m\u00e1s ancianos hab\u00edan visto el pan tan caro. La muerte misma del Cardenal no cambi\u00f3 en nada esta triste situaci\u00f3n. Mazarino envi\u00f3 a un gobernador que se mereci\u00f3 el horrible sobrenombre de\u00a0 <em>Carnicero de la Lorena. <\/em>Con todo el mariscal de la Fert\u00e9-Senneterre, aun imponiendo pesadas contribuciones, mantuvo una disciplina severa en su ej\u00e9rcito y se pudo volver al cultivo de los campos. Pero los a\u00f1os que siguieron no pudieron restablecer la Lorena. Ella no respir\u00f3 siquiera con el tratado de Westfalia, habi\u00e9ndose negado el Emperador a incluir en \u00e9l al duque y habi\u00e9ndole despachado a Espa\u00f1a. De ah\u00ed los proyectos extravagantes en los cuales se precipit\u00f3 Carlos. Lo hemos tocado y volveremos otra vez en todos los l\u00edos de la Fronda.<\/p>\n<h3>II<em>. Intervenciones caritativas de Vicente de Pa\u00fal.<\/em><\/h3>\n<p>Fue en medio de estos ej\u00e9rcitos, de esta peste y de esta hambre, de estos cr\u00edmenes y de estas desgracias, de estas muertes y de estos moribundos, donde san Vicente de Pa\u00fal se lanz\u00f3 con su sola caridad. Intervenci\u00f3n temeraria, cuando la fuerza y el derecho, las armas y las negociaciones, se reduc\u00edan a una impotencia igual. Adem\u00e1s, \u00bfd\u00f3nde tomar los recursos de esta guerra pac\u00edfica que iba a emprender? Agotada por cinco ej\u00e9rcitos que manten\u00eda entonces, Francia no ten\u00eda ya nada que dar a los desdichados. Lo que el presente no se hab\u00eda devorado la prudencia hac\u00eda una ley reservarlo para un porvenir m\u00e1s amenazador a\u00fan.. Vicente entr\u00f3 a pesar de todo en campa\u00f1a con mayor valor y resoluci\u00f3n que la confianza de Richelieu en el \u00e9xito. Como siempre se dirigi\u00f3 ante todo a las damas de su Asamblea, reanim\u00f3 su piedad con la pintura que tan bien sab\u00eda trazar de los males que quer\u00eda curar. Cuando les hubo infundido su esp\u00edritu, las puso en movimiento para buscar tesoros de la caridad. \u00c9l mismo recurri\u00f3 a la duquesa de Aiguillon, su tesorera de costumbre; a Ana de Austria, a quien invit\u00f3 a olvidarse de su car\u00e1cter de reina para\u00a0 no acordarse de otra cosa que de sus obligaciones de cristiana; al rey mismo, a quien rog\u00f3 que aliviara las heridas que su pol\u00edtica continuaba abriendo. En efecto, desde el 14 de diciembre de 1639, y sin duda a petici\u00f3n de San Vicente, Luis XIII otorg\u00f3 a las comunidades de Lorena un plazo para pagar sus deudas; en febrero de 1642, libr\u00f3 cartas semejantes de tregua a varias comunidades de la jurisdicci\u00f3n de los Vosgos. Vicente quiso dar el ejemplo de la caridad. Durante el sitio de Corbie, en 1630, hab\u00eda recortado a los suyos una peque\u00f1a entrada de mesa que no se volvi\u00f3 a servir. \u00ab\u00bfNo es acaso justo, dec\u00eda, que recortemos para compadecer y participar en las miserias p\u00fablicas?\u00bb Pero, en el tiempo de las desgracias de Lorena, los redujo a pan moreno. \u00abEs el tiempo de la penitencia, dijo \u00e9l entonces, ya que Dios aflige a su pueblo. \u00bf\u00bbNo nos toca a nosotros sacerdotes estar al pie de los altares para llorar sus pecados? Es cosa de obligaci\u00f3n; pero, adem\u00e1s, \u00bfno debemos recortar para su alivio algo de nuestro alimento ordinario? \u00bb Verdadera caridad cristiana, que hace del sacrificio el fondo de la limosna! Los recursos que sac\u00f3 Vicente all\u00ed, los que las Damas le proporcionaron, le colocaron pronto en estado de salvar la vida, y a menudo el honor, a los habitantes de veinticinco villas y de un n\u00famero infinito de poblados y pueblos, reducidos al m\u00ednimo. Recogi\u00f3 a los\u00a0 enfermos perdidos en los bosques o acostados\u00a0 en las plazas p\u00fablicas, y les procur\u00f3 remedios y auxilios; aliment\u00f3 a una multitud de hambrientos; visti\u00f3 la desnudez\u00a0 no s\u00f3lo del pobre pueblo, sino de la nobleza, del clero, e los religiosos y de las religiosas, confundidos en la misma miseria. Todo ello se hizo con este orden y esta econom\u00eda que Vicente llevaba en todo. Los distribuidores de limosnas ten\u00edan sus instrucciones. Deb\u00edan evitar importunar a los bienhechores, exponerles sencillamente el estado de los pobres, y darles cuenta del empleo de sus caridades y de los bienes que resultaban. Para conocer el estado de los pobres, ellos mismos deb\u00edan no referirse a los testimonios, ni dejarse ganar por las recomendaciones, sino asegurarse en persona de sus necesidades y tener por m\u00e1xima asistir\u00a0 siempre a los m\u00e1s miserables. A su llegada a una parroquia, despu\u00e9s de saludar al Sant\u00edsimo Sacramento y al p\u00e1rroco, se informaban por \u00e9ste sobre los pobres que no pod\u00edan ni ganarse la vida ni buscarla; y una vez conocidas sus viviendas, iban a visitarlos ellos mismos, les tomaban el nombre, publicaban en n\u00famero de los que, en cada familia, ser\u00edan admitidos a la limosna, como los ancianos, las viudas, los ni\u00f1os y los enfermos. Despu\u00e9s de este examen y de esta numeraci\u00f3n, compraban trigo, -ya que les estaba prohibido dar dinero, -y rogaban bien al p\u00e1rroco, bien\u00a0 a alguna mujer caritativa y acomodados de la parroquia, que hiciera cocer el pan necesario para una semana, y distribu\u00edrselo a cada pobre o a cada familia indigente una cantidad suficiente y reglamentada. Una suma de dinero se dejaba sin embargo al p\u00e1rroco y a la se\u00f1ora para los enfermos que, sin poder comer pan, necesitaban sopa. El servicio caritativa as\u00ed organizado en la parroquia, pasaban a otra, despu\u00e9s a una tercera, a las m\u00e1s arruinadas con preferencia, recorr\u00edan sucesivamente toda una provincia. Regresaban luego sobre sus pasos para cerciorarse si las distribuciones se hab\u00edan hecho fielmente, para comprar otro trigo, y para juzgar a los que hab\u00eda que suprimir la limosna o a qui\u00e9nes admitir como nuevos. Aquello se extend\u00eda seg\u00fan las proporciones de las necesidades y de los recursos. Se ten\u00eda cuidado, no de poner a los pobres fuera de todo sufrimiento, sino s\u00f3lo de impedir que nadie se muriese por falta de ayuda<span id='easy-footnote-5-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-5-17790' title='&lt;em&gt;Instrucciones y Memorias&lt;\/em&gt;, , n. 12, B, mss. p. 125. \u2013Archivos de la Misi\u00f3n.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>. Mediante esta orden tan sabia, Vicente manejaba el tesoro de la limosna, y lo hac\u00eda suficiente en todas las necesidades extremas; evitaba ofender a los obispos y a los p\u00e1rrocos, a los gobernadores y a los magistrados; hac\u00eda callar hasta los murmullo y las reclamaciones de los pobres, a los que el sufrimiento irrita con demasiada frecuencia\u00a0 y empuja a la injusticia: por \u00faltimo, llegaba hasta justificar sumas que le hab\u00edan entregado, y obtener nuevas mediante la pintura comparada de los males aliviados y de los que quedaban por curar. Aunque algunas Damas de la Asamblea se remitiesen a su caridad y a su prudencia, nunca dispon\u00eda de nada sin pedirles su parecer; nunca hac\u00eda un gasto, sin comunicarles su empleo. C\u00e1mara deliberante y tribunal de cuentas, la Asamblea de las Damas votaba y controlaba siempre el presupuesto de la caridad, del que Vicente no parec\u00eda ser sino el redactor. En las grandes necesidades y en las grandes empresas, llegaba hasta la reina, de quien se cuidaba de recibir las \u00f3rdenes para cubrirse de su autoridad. Tomadas todas estas medidas, envi\u00f3 a doce Misioneros llenos de celo y de inteligencia a diversos puntos de la Lorena, verdaderos <em>Missi<\/em> <em>dominici <\/em>de este rey de las buenas obras. Tambi\u00e9n algunos hermanos de su Congregaci\u00f3n, de los que unos deb\u00edan servir de mensajeros\u00a0 caritativos, otros, h\u00e1biles en medicina y en cirug\u00eda, provistos de recetas contra la peste, cuidar y vendar a los enfermos. La ciudad de Toul, donde estaban establecidos sus sacerdotes desde 1635, experiment\u00f3 la primera los efectos de su caridad. En 1639, Du Coudray y Boucher hab\u00edan recogido, a falta de hospital, a cuarenta pobres, parte de ellos enfermos en su propia casa, y hab\u00eda adoptado a ciento cincuenta fuera de la ciudad. Los alimentaban y asist\u00edan a todos \u00abcon una caridad que hac\u00eda saltar las l\u00e1grimas\u00bb de todos los que lo ve\u00edan. San Vicente de Pa\u00fal, m\u00e1s impresionado que nadie, tem\u00eda que sucumbieran bajo la carga, por falta de fuerza f\u00edsica y de recursos pecuniarios. Tambi\u00e9n les escrib\u00eda que cuidaran sus cuerpos y ahorraran el dinero de las limosnas. Du Coudray le dio esta respuesta heroica: \u00abSe\u00f1or, o ayudadme, o llamadme, o dejadme morir con estos pobres<span id='easy-footnote-6-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-6-17790' title='Carta de san Vicente a de Sergis, en Toulouse, del mes de febrero de 1639.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb Una caridad semejante merec\u00eda la expresi\u00f3n\u00a0 de un agradecimiento p\u00fablico y oficial. En diciembre de 1639, Jean Midot, doctor en teolog\u00eda, consejero en el parlamento de Metz, gran archidi\u00e1cono, can\u00f3nigo y vicario general de Toul, hall\u00e1ndose vacante la sede episcopal a causa del matrimonio de Francisco de Lorena, mand\u00f3 dirigir a Vicente un informe en el que le dec\u00eda: \u00abCertificamos y damos fe de que los sacerdotes de la Misi\u00f3n que residen en esta ciudad contin\u00faan, desde hace m\u00e1s o menos dos a\u00f1os, con mucha edificaci\u00f3n y caridad, consolando, vistiendo, alimentando y medicando a los pobres; en primer lugar a los enfermos, de los cuales han retirado a sesenta a su casa, y a un centenar que est\u00e1n alojados en los barrios, en segundo lugar, a muchos otros pobres vergonzantes, reducidos a una gran necesidad y refugiados en esta ciudad, a los que dan limosna; y en tercer lugar, a los pobres soldados que vuelven de los ej\u00e9rcitos del rey, heridos y enfermos, que se retiran tambi\u00e9n a la casa de dichos padres de la Misi\u00f3n, y al hospital de la Caridad\u00a0 en donde los alimentan y tratan; de dichas acciones caritativas y de sus dem\u00e1s comportamientos, las gentes de bien quedan grandemente edificadas\u00bb. Este certificado fue seguido de otros dos, entregados por las religiosas dominicas de las dos casas de Toul. En ellos hac\u00edan justicia ellas a la caridad ejercida por los Misioneros tanto con los dos regimientos franceses muy maltratados cerca de Gondreville por los imperiales de Jean de Wert, como con sus propias casas, cuya Providencia ellos eran, durante dos a\u00f1os y medio. \u00abAs\u00ed, conclu\u00edan las dominicas del Gran Convento, nosotras podemos decir, y decimos con toda la di\u00f3cesis de Toul, Bendito sea Dios, que nos ha enviado a estos \u00e1ngeles de paz, den un tiempo tan calamitoso,\u00a0 para el bien de esta ciudad y el consuelo de su pueblo, y para nosotras en particular, a quienes han hecho y hacen todav\u00eda a diario caridades\u00a0 con sus bienes, d\u00e1ndonos trigo, le\u00f1as, frutas, socorriendo nuestras necesidades. El sentimiento interior nos apremia a emitir este testimonio, lo que hacemos con toda el alma (20 de diciembre de 1639)\u00bb. Cu\u00e1ntos sacerdotes habr\u00edan podido hacer tales declaraciones! Por ejemplo, este pobre sacerdote arruinado, de nombre Blamont, que vino un d\u00eda a la Misi\u00f3n de Toul a celebrar la misa, habi\u00e9ndole retenido el superior para comer, le tom\u00f3 gusto y no se olvid\u00f3 de y no se olvid\u00f3 ya del camino de la caritativa hospeder\u00eda. Por este motivo, el superior consult\u00f3 a Vicente que respondi\u00f3: \u00abD\u00e1dselo, Se\u00f1or, no s\u00f3lo a\u00a0 comer, sino a cenar y una habitaci\u00f3n en el seminario.\u00bb Cosa que se hizo hasta la muerte del sacerdote, acaecida varios a\u00f1os despu\u00e9s<span id='easy-footnote-7-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-7-17790' title='&lt;em&gt;Sumar&lt;\/em&gt;. , p. 236.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>. Las certificaciones de esta naturaleza ser\u00edan de cantidad infinita, si la humildad de Vicente so se hubiera opuesto\u00a0 en un principio a su publicaci\u00f3n. Habi\u00e9ndole preguntado sus sacerdotes de Toul si deb\u00edan retirar declaraciones parecidas de las dem\u00e1s ciudades a donde iban a llevar los mismos auxilios: \u00abHar\u00e9is bien en no preguntarlo, respondi\u00f3 \u00e9l. es suficiente que Dios solo conozca vuestras obras y que los pobres sean aliviados, sin desear que se produzcan otras declaraciones.\u00bb M\u00e1s tarde, le hicieron temer las murmuraciones, las sospechas sobre el empleo de las limosnas; le informaron sobre todo que ciertas clases de declaraciones, en las que se se\u00f1alaba la miseria junto con la asistencia, eran menos una recompensa por los servicios prestados, que un \u00e1nimo a hacerlos mayores todav\u00eda: la humildad entonces cedi\u00f3 el paso a la justicia y a la caridad. \u00c9l mismo entonces exigi\u00f3 a todos sus sacerdotes recibos de las sumas distribuidas, y constancia de la asistencia de los pobres. \u00abSe lo hago ver a todos estas buenas Damas (de la caridad) todos los meses, escribi\u00f3 a Du Coudray (10 de julio de 1640), y esto las consuela mucho. Empleamos el s\u00e1bado pasado dos o tres horas viendo las cartas de nuestros Se\u00f1ores, de quienes se sent\u00edan .encantadas.\u00bb De esta forma a la luz de informaciones nuevas, podemos seguir a los Misioneros por las dem\u00e1s ciudades\u00a0 de Lorena y por las fronteras. La ciudad de Metz era una de las m\u00e1s afectadas. Invadida por dentro, sitiada por fuera por un ej\u00e9rcito de cuatro o cinco mil pobres de toda edad y de todo sexo, era como un campo de batalla de la miseria, donde todos los d\u00edas se ve\u00edan diez o doce muertos, sin contar a los que, sorprendidos en solitario, hab\u00edan sido devorados por los animales. Pues lobos salvajes atra\u00eddo por el olor de cad\u00e1veres continuo, infestaban en pleno d\u00eda los poblados y pueblos, donde devoraban a las mujeres y a los ni\u00f1os y, por la noche, se introduc\u00edan en las ciudades por las brechas de las murallas, y se apoderaban de toda presa, viva o muerta. La licencia, m\u00e1s cruel que los lobos, se aliaba al hambre para atacar el honor de las mujeres. Varias comunidades religiosas, empujadas por la necesidad, estaban a punto de romper su clausura, en un tiempo en que los muros m\u00e1s fuertes eran murallas demasiado d\u00e9biles para la virtud. Ning\u00fan recurso posible contra estos excesos, ninguna resistencia frente a estas miserias. El parlamento establecido en Metz en 1635, huyendo ante el hambre y la guerra, se hab\u00eda refugiado en Toul en 1638. En lugar de un pastor de los primeros tiempos, de un patr\u00f3n de la caridad, Metz, recordamos, ten\u00eda entonces por obispo nominal a Enrique de Borb\u00f3n, este bastardo de Enrique IV, a quien sus ricas abad\u00edas de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s, de F\u00e9camp, de Vaux-de-Cernai, de Tyron, de Bomport, de la Valasse, no proporcionaban nada para el alivio de su pueblo. Vicente debi\u00f3 ocupar el lugar de todos y bastarse para todo. Envi\u00f3 a sus Misioneros a Metz, en socorro del la vida y del honor amenazados, y pronto, en el mes de octubre de 1640, los grandes magistrados\u00a0 y los Trece de la ciudad le escrib\u00edan: \u00abSe\u00f1or, os debemos tantas cosas al socorrer, como lo hab\u00e9is hecho, la indigencia y la necesidad extrema de nuestros pobres, mendigos, vergonzantes y enfermos, y en particular de los pobres monasterios de las religiosas de esta ciudad, que ser\u00edamos unos ingratos, si dej\u00e1ramos pasar m\u00e1s tiempo sin testimoniaros nuestros profundos sentimientos; al poder aseguraros que las limosnas que hab\u00e9is enviado a nuestra regi\u00f3n no pod\u00edan haber sido mejor distribuidas ni empleadas entre nuestros pobres, que aqu\u00ed son muy numerosos, y se\u00f1aladamente en el lugar de las religiosas que se encuentran desprovistas de todo socorro humano, unas sin poder disfrutar de sus peque\u00f1as rentas despu\u00e9s de las guerras, y las otras sin poder recibir ya nada de las personas\u00a0 acomodadas de esta ciudad, que les dan limosnas, porque les han robado los medios para ello. Lo que nos obliga a suplicaros, como lo hacemos muy humildemente, Se\u00f1or, que teng\u00e1is a bien continuar, tanto con dichos pobres como con los monasterios de esta ciudad las mismas ayudas que hab\u00e9is enviado hasta ahora. Es un asunto de gran m\u00e9rito para los que hacen una obra tan buena, y para vos, Se\u00f1or, que llev\u00e1is la direcci\u00f3n, que administr\u00e1is con tanta prudencia y tanto acierto, en lo que os asegur\u00e1is un gran lugar en el cielo.\u00bb Todas estas cartas, ya se ve, eran menos un agradecimiento por el pasado que otra petici\u00f3n para el presente y el porvenir. La miseria segu\u00eda, y la magnitud misma de los socorros llevados hac\u00eda temer que\u00a0 no pudieran continuar mucho tiempo, menos todav\u00eda extenderse a todas ciudades necesitadas. Verdun, por ejemplo, estaba tan desprovista como Metz ce sus defensores y apoyos naturales. Ten\u00eda por obispo a Francisco de Lorena quien, llegado sin vocaci\u00f3n al estado eclesi\u00e1stico, no us\u00f3 de sus poderes m\u00e1s que para excomulgar a todos aquellos que, por orden de Francia, trabajaban en la ciudadela. Un golpe tan duro s\u00f3lo pod\u00eda animar a los franceses contra Verdun y agravar sus males. \u00c9l mismo llev\u00f3 las cosas hasta el extremo. Habi\u00e9ndose visto obligado a retirarse a Colonia, regres\u00f3 pronto a la cabeza de algunas tropas y atac\u00f3 a su ciudad episcopal. No logr\u00f3 retomarla, pero s\u00ed arruinarla m\u00e1s. Sin embargo, la miseria era menor que en Metz, porque hab\u00eda menos concurrencia de desdichados en ella. Qu\u00e9 cantidad de necesidades a pesar de todo! Los registros del ayuntamiento de Verdun, con fecha del 21 de enero de 1640, han consignado esta resoluci\u00f3n: \u00abSe escribir\u00e1 al Sr. Vicente, general de los Padres de la Misi\u00f3n en Par\u00eds para que tenga a bien continuar las caridades\u00a0 y distribuciones de limosnas que ha comenzado ene estos\u00a0 barrios, para bien y consuelo del p\u00fablico, y asegurarle con agradecimientos del fruto que lleva su piadosa empresa en estas fronteras.\u00bb Las caridades continuaron en efecto en Verdun y, en 1641, dos Misioneros de Vicente de Pa\u00fal pudieron escribir que, en tres a\u00f1os, hab\u00edan dado pan diariamente al menos a cuatrocientos pobres, y suministrado potaje a menudo a quinientos o seiscientos, tambi\u00e9n a diario, y carne a cincuenta o sesenta enfermos, y a algunos dinero para otras necesidades, hab\u00edan asistido a\u00a0 unos treinta pobres vergonzantes; y distribuido pan en todo momento a una multitud de gente del campo y transe\u00fantes; por \u00faltimo, vestido a una gran multitud de desnudos vergonzosos. Siguiendo la prescripci\u00f3n acostumbrada de Vicente, sus sacerdotes, al propio tiempo que a los cuerpos asist\u00edan a las almas de ordinario mejor dispuestas y m\u00e1s d\u00f3ciles a la voz de Dios debido a las desgracias. En Verdun en particular ellos admiraron la misericordia de la Providencia, que no hiere sino para sanar. \u00abOh Se\u00f1or, escrib\u00eda uno de ellos a Vicente, cu\u00e1ntas almas van al Para\u00edso por la pobreza. Desde que estoy en Lorena he asistido a m\u00e1s de mil pobres a la hora de la muerte, que parec\u00edan todos bien dispuestos. \u00bfCu\u00e1ntos intercesores para tantos bienhechores!<span id='easy-footnote-8-17790' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-3-a\/#easy-footnote-bottom-8-17790' title='Verdun nunca se ha olvidado de tales servicios. En la instituci\u00f3n del culta al principio de este siglo, el Sr. Martin, prior de la abad\u00edas de Saint-Paul, mand\u00f3 consagrar un altar a san Vicente en la catedral, en recuerdo de todos los beneficios que hab\u00eda prodigado a Verdun y a toda la Lorena.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\u00bb La misma caridad, tanto espiritual como corporal, en Nancy con los cuatrocientos o quinientos pobres v\u00e1lidos, pero desprovistos de trabajo y de salarios, a quienes los Misioneros distribu\u00edan cada d\u00eda\u00a0 pan y sopa, administrando al mismo tiempo el pan de la palabra de Dios; y los infelices, movidos por tanta caridad, impresionados adem\u00e1s por el espect\u00e1culo continuo de la muerte, llevaron la piedad cristiana hasta confesar y comulgar casi todos los meses. En cuanto a los enfermos y heridos, los Misioneros hicieron admitir a un buen n\u00famero de ellos en el hospital de Saint-Julien; recogieron a los dem\u00e1s en su propia casa o los cuidaron a domicilio. Atendieron a las necesidades de todos, incluso de los del hospital empobrecido, y no tem\u00edan vendar con frecuencia ellos mismos las heridas y \u00falceras. M\u00e9dicos y cirujanos del cuerpo y del alma, hac\u00edan operaciones, compon\u00edan remedios; de esta manera disminu\u00edan el salario que hab\u00edan de para a la gente del arte m\u00e9dica. Hab\u00eda que ahorrar y economizar tanto. Por importantes que fueran las limosnas llegadas de Par\u00eds, \u00bfqu\u00e9 eran para tantos necesitados? Por ello, su caridad tan\u00a0 fuerte como ingeniosas descend\u00eda a los c\u00e1lculos m\u00e1s minuciosos, a veces los m\u00e1s repugnantes. As\u00ed, para repartir la ropa blanca a un mont\u00f3n de miserables, recog\u00edan sus andrajos repelentes de suciedad y de miseria, los hac\u00edan blanquear, remendar, de manera que se pudieran repartir de nuevo; las peores las hac\u00edan a\u00f1icos. Qu\u00e9 otros males aliviaban. A cu\u00e1ntas madres, cuyos pechos hab\u00eda secado la pobreza, les conservaron la vida y los hijos. A cu\u00e1ntos pobres vergonzantes, del pueblo o de la nobleza o del clero, salvaron de la muerte distribuy\u00e9ndoles cada semana o mes pan y dinero, seg\u00fan su nacimiento y sus necesidades.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo Tercero: Provincias Salvadas Art. I: La Lorena. I. Desgracias de la Lorena. 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