{"id":17664,"date":"2013-11-12T08:43:45","date_gmt":"2013-11-12T07:43:45","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=17664"},"modified":"2016-07-27T12:10:22","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:22","slug":"bertrand-ducourneau-1614-1685-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/bertrand-ducourneau-1614-1685-ii\/","title":{"rendered":"Bertrand Ducourneau (1614-1685) (II)"},"content":{"rendered":"<p><strong>III. Virtudes propias de la Congregaci\u00f3n: su humildad, su obediencia y su pobreza y su castidad.<\/strong><\/p>\n<p><em> <\/em>Tomaba ocasi\u00f3n de todo para humillarse y buscaba la ocasi\u00f3n con tanto cuidado como un soberbio la tomar\u00eda para exaltarse. Ten\u00eda muy bajos sentimientos de s\u00ed mismo y cre\u00eda que no hab\u00eda en el mundo un hombre m\u00e1s universalmente ignorante, m\u00e1s rid\u00edculo, abominable y malo como \u00e9l. Y declarando un d\u00eda la raz\u00f3n que ten\u00eda de creerse como tal y de ponerse por debajo de todos los hombres, dijo: \u00abEs verdad que he cometido mil pecados y no conozco a nadie que haya hecho tantos como yo; y as\u00ed debo con justicia creerme el peor de todos, tanto m\u00e1s que los he cometido teniendo el conocimiento y el esp\u00edritu sereno, al menos en la mayor parte. Dec\u00eda que no hab\u00eda nada. Dec\u00eda que no hab\u00eda nada en el mundo que le hiciera tanto conocer su orgullo y su soberbia como ver que era in\u00fatil a todo el mundo.<\/p>\n<p>Sin embargo cada uno sabe todos los grandes servicios prestados a Dios y a la Compa\u00f1\u00eda durante m\u00e1s de treinta y dos a\u00f1os que \u00e9l ha sido misionero. Ten\u00eda un sentimiento tan bajo de s\u00ed mismo que cre\u00eda tener todos los vicios e imperfecciones que hay en el mundo. As\u00ed se expres\u00f3 sobre esto en un escrito: \u00ab<em>Por mis malas cualidades, dice, me he alojado en el i, siendo en efecto o en potencia id\u00f3latra, desafortunado, imperfecto, ignorante, indigno, imprudente, inh\u00e1bil<\/em>\u00ab. \u00c9stos eran sus sentimientos y hasta d\u00f3nde alcanzaba su humildad. Hab\u00eda resuelto buscar la confusi\u00f3n y el desprecio en todo y por todas partes, y era esto lo que practicaba en todas las ocasiones; como tambi\u00e9n no hablar de s\u00ed ni bien ni mal, \u00ab<em>no m\u00e1s, dec\u00eda \u00e9l, que de una carro\u00f1a que se oculta bajo tierra para que no infecte el aire. Es estar loco estimarme m\u00e1s que un nada y un detestable pecador, despu\u00e9s de las humillaciones de Jesucristo y la experiencia que tengo que me enga\u00f1o de ordinario en mis juicios, de manera que no tengo m\u00e1s que hacer un juicio para equivocarme\u00bb.<\/em> Por \u00faltimo, nuestro venerado hermano pon\u00eda todo su contento y todo su gozo en las humillaciones, diciendo que \u00ab<em>si pudiera una vez ser verdaderamente humilde amar\u00eda a Dios en adelante seg\u00fan estaba obligado a ello. La humildad, dec\u00eda \u00e9l, es con relaci\u00f3n a las virtudes lo que la tierra es\u00a0 con respecto a nosotros. Pues la tierra nos lleva y a los animales; se edifican sobre ella los palacios magn\u00edficos y las iglesias;\u00a0 en fin ella es el fundamento de todas las cosas que est\u00e1n bajo el cielo; igualmente la humildad debe ser el fundamento de todas las virtudes y de nuestro edificio espiritual<\/em>\u00ab. Ahora bien \u00e9l hac\u00eda consistir particularmente la humildad que debe tener un hermano de la Misi\u00f3n en amar y complacerse en su estado como se complaciera a causa de que seg\u00fan el mundo, esta condici\u00f3n es abyecta y despreciable, pues se considera\u00a0 de ordinario a un pobre hermano de comunidad como los barredores y el desecho del pueblo. \u00ab<em>Debemos pues, dec\u00eda \u00e9l, complacernos en este estado en que Dios nos ha puesto, quien\u00a0 nos hace parecidos a Nuestro Se\u00f1or, su Hijo, humillado, escarnecido y despreciado del mundo; as\u00ed amar todo lo que va unido a este estado, como los desprecios, las burlas, las bromas, las contumelias, los escarnios, el sometimiento continuo, etc. y no querer nunca salir por cualquier pretexto que sea aunque fuera por las mayores cosas del mundo<\/em>\u00ab. Seg\u00fan esta santa resoluci\u00f3n, en la que estaba nuestro venerado hermano desafiaba al rey para que le hiciera m\u00e1s grande de lo que era, porque ten\u00eda el honor de estar en una vocaci\u00f3n que le hac\u00eda incapaz de ninguna carga eclesi\u00e1stica o secular, sin poder subir ni bajar\u00a0 m\u00e1s de lo era su pobre estado de pobre hermano, y tambi\u00e9n porque \u00e9l se consideraba como la bajeza misma, diciendo \u00abque era el m\u00e1s despreciable que hubiera en la Iglesia de Dios\u00bb, sobre lo cual ha hecho los versos siguientes, que repet\u00eda a menudo:<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>C\u00f3mo me complazco en la miseria<br \/>\nY en mi envilecimiento!<br \/>\nMi enemigo no me odia apenas<br \/>\nAl tratarme con tanto miramiento.<\/em><\/p>\n<p><em> <\/em>Habi\u00e9ndole dicho uno de nosotros \u00ab<em>que le hab\u00eda pedido a Dios en su retiro que le hiciera uno de los mayores santos de la Misi\u00f3n,\u00bb el verdaderamente humilde respondi\u00f3: \u00abQuerido hermano, \u00bfhab\u00e9is pedido entonces que yo sea humillado, despreciado, escarnecido de todos y muy mortificado, porque estos son los medios para m\u00ed<\/em>\u00ab? Un d\u00eda conversando con otro de la diversidad de las cosas que se ven bajo el cielo, unas grandes, las otras peque\u00f1as y mediocres, etc. dijo: \u00ab<em>En cuanto a m\u00ed, yo soy peque\u00f1o bajo todos los aspectos: peque\u00f1o de nacimiento, peque\u00f1o en fortuna, peque\u00f1o en riquezas, peque\u00f1o de cuerpo, peque\u00f1o de esp\u00edritu, peque\u00f1o de vocaci\u00f3n y estado, y por la gracia de Dios, estoy bien contento, y no querr\u00eda ser otra cosa. \u00bfAcaso no veis, a\u00f1adi\u00f3 \u00e9l, qu\u00e9 admirable es Dios en sus obras! Llena las paraderas con una hermosa variedad de todas las clases de flores, y de todas las clases de colores, y de todas las clases de grandezas, peque\u00f1as, grandes, menores, medianas, y estas flores que son las menores no envidian a las que son m\u00e1s grandes, sino que se contentan con su ser y sus cualidades y esa diversidad admirable sirve para recrear al hombre para quien Dios lo ha hecho todo. Asimismo entre los hombres se ve la misma diversidad que entre las hierbas y las flores, grandes, peque\u00f1os, siervos, ignorantes y de todas las clases, y ninguno descansar\u00e1 si no est\u00e1 contento con el estado en que Dios le ha puesto<\/em>\u00ab. Ocho d\u00edas antes de caer enfermo, dijo a dos de nuestros hermanos \u00ab<em>que no hab\u00eda meditaci\u00f3n que le impresionara m\u00e1s\u00a0 que la de la humildad, diciendo que no sal\u00eda nunca de ella sino muy confundido, al verse tan aleado<\/em>\u00bb y haciendo un discursito, les dijo al hermano Ren\u00e9 Retrou y al hermano Pierre Chollier, su historiador. De quien tomamos esto: \u00ab<em>Venga, hermanos m\u00edos, hagamos una sociedad para adquirir esta hermosa virtud tanto por una particular comunicaci\u00f3n de nuestras oraciones, como principalmente por el ejemplo rec\u00edproco que pondremos empe\u00f1o en darnos unos a otros. Y\u00a0 con \u00e9stas, les choc\u00f3 las manos a cada uno de ellos como pacto de esta empresa. Y desde entonces su colega vio que \u00e9l puso una atenci\u00f3n particular en humillarse cada vez m\u00e1s. Y como sucedi\u00f3 que uno de los que hab\u00edan hecho el pacto vino a su presencia a representar un peque\u00f1o acto de vanidad, no tard\u00f3 nada en recordarle el pacto y la sociedad que hab\u00edan formado para darse ejemplo de humildad. As\u00ed de industriosas son la humildad y la caridad. Con lo cual, su colega ha estimado esta pr\u00e1ctica de nuestro venerable hermano ser como su testamento y su \u00faltima voluntad, habi\u00e9ndole parecido del todo excelente para servir de espuela y picar a los perezosos, as\u00ed como yo estoy para hacerles avanzar en la pr\u00e1ctica de esta incomparable virtud\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Nuestro venerado hermano Ducourau ha tenido un singular afecto por esta virtud en la que se ha se\u00f1alado de manera especial durante los treinta y tres a\u00f1os que ha conversado casi siempre con el Sr. Superior general y los principales oficiales de la Compa\u00f1\u00eda, lo que le ha permitido practicar en todo momento esta virtud, sobre la cual ha dejado escritas de su mano estas bonitas palabras:\u00bb<em>el oficio y mi vocaci\u00f3n son mis cruces; debo mantenerme muy cerca de ellas agradable y constantemente<\/em>\u00ab. Y repitiendo un d\u00eda su oraci\u00f3n, \u00e9l dijo que su vocaci\u00f3n y su oficio eran la tumba del amor propio y que \u00e9l ya estaba crucificado en ella, muerto y enterrado\u00bb. Y pod\u00eda muy bien decirlo de su colega y sucesor en el mismo empleo, ya que por la virtud de la obediencia se hab\u00eda destrozado vivo como san Bartolom\u00e9, y cortado las manos y los pies como a san Atanasio, sacado los ojos como a san Clair y cortado la cabeza como a san Pablo. Porque, no contento con el voto de obediencia que hab\u00eda hecho seg\u00fan la costumbre en la Compa\u00f1\u00eda desde el a\u00f1o 1646, hizo despu\u00e9s un voto particular de obediencia ciega, tal era el afecto que sent\u00eda por esta virtud. Es lo que se ha hallado escrito de su mano en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>Por el amor de Nuestro Se\u00f1or, que se ha visto sometido, he dado mi juicio y mi voluntad a mis superiores con mi voto particular de obediencia ciega, abandon\u00e1ndome por completo a los deseos de ellos como un cuerpo muerto, y as\u00ed Jesucristo vivir\u00e1 en m\u00ed<\/em>\u00ab. Pregunt\u00e1ndole un d\u00eda en qu\u00e9 consist\u00eda la obediencia ciega a nosotros que est\u00e1bamos de alguna manera obligados a presentar algunas cosas al superior en algunos casos sobre lo que nos ordenaba hacer, \u00e9l respondi\u00f3: \u00ab<em>Es que despu\u00e9s de nuestras denuncias y que el superior persevere, trate de convencernos que lo ha se ha de hacer es para mejorar, aunque nuestro juicio tanga que a\u00f1adir algo a lo que debemos renunciar<\/em>\u00ab. \u00c9sta era su pr\u00e1ctica. Hab\u00eda expuesto siempre ante los ojos un breve escrito en el que se conten\u00eda una m\u00e1xima que hab\u00eda sacado de una de las cartas de nuestro venerable Fundador, y la practicaba al pie de la letra, es \u00e9sta: \u00ab<em>Oh, qu\u00e9 bueno es no mezclarse m\u00e1s que en aquello para lo que tenemos orden! Dios est\u00e1 siempre ah\u00ed, y nunca o rara vez en lo dem\u00e1s<\/em>\u00ab. \u00c9l se manten\u00eda firme en esto y dec\u00eda\u00a0 \u00ab<em>que as\u00ed le ha ido siempre bien<\/em>\u00ab. La pr\u00e1ctica de una obediencia perfecta viene de una luz tan alta que hay pocas cosas que igualen su m\u00e9rito y si excelencia. \u00ab<em>Ah, hermano m\u00edo, dec\u00eda un d\u00eda, qu\u00e9 virtud m\u00e1s grande es morir pobre, obediente y paciente! Y esto es propiamente cuanto debemos hacer, nosotros hermanos, que el que est\u00e1 adornado con estas virtudes es valiente con una valent\u00eda hermosa. Sobre todo la obediencia es la \u00fanica virtud de los hermanos, la cual siendo verdaderamente pose\u00edda por alguien, todas las dem\u00e1s virtudes le vienen con ella, y \u00e9l tiene todo cuanto puede desear. Esto se entiende cuando se es obediente por el amor de Dios y paciente por el amor de Dios, que es el amor que lo anima todo; si falta, hay hombres que est\u00e1n en ese estado por obligaci\u00f3n, que no dejan de ser malos y desagradables a Dios, por no imitar a Nuestro Se\u00f1or que se hizo obediente hasta la muerte, y la muerte en la cruz, por el amor a nosotros. En cuanto a m\u00ed, no s\u00e9 c\u00f3mo estas palabras de san Pablo: Christus factus est pro nobis obediens, etc.\u00a0 no nos avisan pues no s\u00e9 si este gran ap\u00f3stol ha dicho nada m\u00e1s enf\u00e1tico ni m\u00e1s\u00a0 impresionante<\/em>\u00ab. Por \u00faltimo, para acabar este art\u00edculo, nuestro venerado hermano practicaba excelentemente esta virtud por lo general en todas las cosas, grandes y peque\u00f1as, y la ha practicado a imitaci\u00f3n de su Salvador hasta la muerte, habiendo querido morir por obediencia, ya que dos horas antes de expirar, sintiendo acercarse el sudor de la agon\u00eda, en la que ha tenido siempre el uso de la raz\u00f3n, rog\u00f3 a nuestro hermano que le velaba que fuera a ver a nuestro muy honorable Padre, el Sr. Jolly,\u00a0 antes de que se acostara para pedirle su obediencia para hacer su gran viaje a la eternidad; acord\u00e1ndose sin duda de que nuestro difunto y muy digno padre, el Sr. Alm\u00e9ras, teniendo gran necesidad de \u00e9l, le hab\u00eda recomendado que no se muriera antes que \u00e9l, sin que le diera la obediencia. El Sr. Jolly habiendo venido pues a verle al punto se la pidi\u00f3 con su bendici\u00f3n\u00a0 con sentimientos de humillaci\u00f3n y de compunci\u00f3n extraordinarios; obtenido lo cual, se qued\u00f3 tan feliz, diciendo que ya estaba de partir cuando Dios quisiera, de suerte que consum\u00f3 su sacrificio por obediencia.<\/p>\n<p>El amor a la pobreza era tan grande en el coraz\u00f3n de nuestro venerable hermano, que lo llevaba a\u00a0 rebuscar sus necesidades todo lo que pod\u00eda, sufriendo el fr\u00edo, el calor, el cansancio, el hambre, la sed; en una palabra, se esforzaba en todo por no saciar del todo la naturaleza, ya que es lo propio de los pobres tener siempre hambre, calentarse mal, estar mal provistos y no tener nunca satisfacci\u00f3n completa. En este esp\u00edritu, ha dejado escrito de s\u00ed, en las resoluciones de su retiro del a\u00f1o 1662, \u00ab<em>que \u00e9l quer\u00eda amar los desprecios y las incomodidades que van unidas a la pobreza y recibir en esp\u00edritu de mendiga la alimentaci\u00f3n y los vestidos<\/em>\u00ab. \u00c9sta era su resoluci\u00f3n; y nunca se le ha visto quejarse en esto. es lo propio de los verdaderos pobres de esp\u00edritu ser grandemente agradecidos por los bienes que se les dan, recibi\u00e9ndolos como de la mano paternal de Dios. seg\u00fan esto, nuestro venerable hermano ten\u00eda sent\u00eda tal agradecimiento por los bienhechores que nos daban de qu\u00e9 vivir que dec\u00eda que \u00e9l no iba nunca a tomar sus comidas sin haber pedido antes por su bienhechores. En este estado de pobreza y de desnudez de todas las cosas de este mundo en el que nuestro venerable hermano viv\u00eda, despojado de todo inter\u00e9s propio, nac\u00edan en su alma grandes deseos de poseer a Dios solo, de amarle y servirle con toda pureza. He ah\u00ed por qu\u00e9 dijo un d\u00eda a su colega: \u00ab<em>Vamos, hermano, sirvamos a Dios de todo coraz\u00f3n sin pensar en la recompensa; depositemos todos nuestros intereses en sus manos, dej\u00e9mosle hacer y aunque nos dejara toda la eternidad sin recompensa y nos destruyera, despu\u00e9s de eso no dejamos nunca de servirle, sin buscarnos a nosotros mismos; ya que cuando hayamos hecho lo que estamos obligados a hacer seguimos siendo siervos in\u00fatiles\u00bb. <\/em>En otra ocasi\u00f3n dice<em>: \u00ab\u00bfSe puede ver a Nuestro Se\u00f1or pobre sin amar la pobreza, se le puede ver humilde y anonadado sin amar la humildad y el aniquilamiento, y se puede ver a Nuestro Se\u00f1or obediente hasta la muerte sin ser obediente? Oh, si no se le imita ni se le acomoda, es que no se es cristiano<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>No se puede dudar que nuestro venerable hermano, habiendo brillado en toda clase de virtudes, haya estado adornado con \u00e9sta que es una virtud ang\u00e9lica en las personas llamadas a una alta perfecci\u00f3n, como era nuestro hermano, por la cual el hombre est\u00e1 de tal manera\u00a0 exento,\u00a0 por gracia o por virtud adquirida por la gracia, de las impresiones, de los movimientos o sentimientos de impureza, que es todo como si no tuviera cuerpo. Como esta virtud es exteriormente secreta, siendo un tesoro escondido, que permanece sepultado en la oscuridad, si la persona que la posee no la descubre, como santo Domingo hizo a la hora de su muerte \u00ab<em>que \u00e9l era y hab\u00eda sido siempre como un ni\u00f1o en la cuna con respecto a esta virtud<\/em>\u00ab, igualmente san Elz\u00e9ard, quien guard\u00f3 perpetua virginidad con respecto de su esposa Delphine; no puedo decir hasta qu\u00e9 punto nuestro venerable hermano la pose\u00eda; tan s\u00f3lo dir\u00e9 que ten\u00eda un extremo horror al vicio contrario, del que no pod\u00eda o\u00edr hablar ni de ninguna cosa que tuviera la menor sombra de deshonestidad. Y como no pod\u00eda o\u00edr hablar de ello, tampoco se le ha o\u00eddo decir nunca una palabra que tan s\u00f3lo tuviera algo de menos honesta. Dec\u00eda que \u00ab<em>nosotros hermanos ten\u00edamos gran motivo de temer en esta materia, y que deb\u00edamos desconfiar mucho de nosotros mismos estando m\u00e1s expuestos al peligro que los eclesi\u00e1sticos que se ven m\u00e1s reservados por su h\u00e1bito y por el car\u00e1cter de su estado y que no salen nunca sin\u00a0 tener a un compa\u00f1ero que les sirve como de testigo de su acciones, en los asuntos que los obligan s frecuentar el mundo<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>No hablaba nunca a las personas del otro sexo sino a la vista de alguien y tampoco en t\u00e9rminos tiernos y afectivos, y mucho menos ciando se ve\u00eda obligado a escribirles, lo que no hac\u00eda m\u00e1s que por pura necesidad, pero de manera admirable como se ve en la historia de su vida, aprovech\u00e1ndose de todo para llevarlas a elevarse a Dios en el desprendimiento de las criaturas y en el desempe\u00f1o de sus deberes y obligaciones. \u00ab<em>Desde el tiempo, dice \u00e9l, en que acompa\u00f1aba al se\u00f1or Vicente por la ciudad, iba a menudo a una casa donde ten\u00eda que hacer; y como yo me pasaba a veces mucho tiempo esperando en una sala, poco a poco, oficiala de la casa, se acercaba a m\u00ed con discursos y palabras espirituales. Pero al final, reconociendo que insensiblemente se formaban ciertos afectos, aunque sin ninguna mala impresi\u00f3n en apariencia en esta persona, cre\u00f3 deber apagar inmediatamente bajo la ceniza la chispa que el demonio quer\u00eda arrojar a mi estopa\u00bb.<\/em> Por eso un d\u00eda, al acercarse para encomendarse a mis oraciones, le dije: \u00ab<em>Retiraos; pido a Dios que yo no vuelva a acordarme jam\u00e1s de vos. Sois para m\u00ed un motivo de esc\u00e1ndalo y una trampa de Sat\u00e1n<\/em>!\u00bb Ante estas palabras, como un trueno, fulmin\u00f3 la sensualidad que quer\u00eda insinuarse so capa de espiritualidad. As\u00ed fue como nuestro venerable hermano estaba atento sobre s\u00ed y se manten\u00eda con los ojos abiertos para que no entrara nada en gabinete real de su coraz\u00f3n donde el Rey de los reyes\u00a0 ven\u00eda con tanta frecuencia a adornar su hermosa alma con todas las virtudes de las que se ha visto adornada durante la estancia que ha permanecido en la prisi\u00f3n de su cuerpo, en la peregrinaci\u00f3n de esta vida mortal.<\/p>\n<p><strong>IV. Su mortificaci\u00f3n, su mansedumbre, su celo por la salvaci\u00f3n de las almas; su conformidad con la voluntad de Dios, su amor a su vocaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><em> <\/em>Este es un rasgo que nos indica\u00a0 cu\u00e1l deb\u00eda de ser la mortificaci\u00f3n de nuestro venerable hermano de la que vamos a hablar aqu\u00ed. La mortificaci\u00f3n es el mayor resorte de la vida espiritual, es la y la que destrozan la sensualidad. Por \u00faltimo, es una fuerza en el alma que, mediante los auxilios de la gracia, le hace detener sus movimientos moderar sus afectos y domar sus apetitos, del cuerpo como del esp\u00edritu. Todos los santos han sido grandes amantes de esta virtud, y nuestro venerable difunto Padre, el Sr. Vicente, le daba tanta importancia y la reconoc\u00eda tan necesaria para entrar en el cielo que dec\u00eda que si un hombre ten\u00eda ya un pie en \u00e9l y viniera a dejar la mortificaci\u00f3n por el tiempo que se necesita para poner el otro pie, que estar\u00eda en peligro de no entrar nunca.<\/p>\n<p>Nuestro venerable hermano, educado en esta escuela y bien saturado el cuerpo con las m\u00e1ximas de un padre tan bueno que era un gran hombre de mortificaci\u00f3n, hab\u00eda hecho a su ejemplo una buena provisi\u00f3n de ella. Veamos c\u00f3mo se expresa sobre este asunto en un escrito de su pu\u00f1o y letra: \u00ab<em>Rigor para m\u00ed, dec\u00eda, y dulzura para otros, desear que esta deuda que la criatura teme me alcance; leer y practicar mis reglas hasta en las cosas menores como un medio de perfecci\u00f3n; sufrir de buena gana y llevar los dolores y las aflicciones m\u00e1s grandes; renunciarme a m\u00ed mismo; llevar mi cruz; hacer bien a los que me hagan mal, y por \u00faltimo, hacer siempre la voluntad de piadoso, y adem\u00e1s, ayunar los viernes y sufrir los dolores violentos y menores para participar en la pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or; mortificar mi lengua; amar a Jesucristo; abandonarme al Esp\u00edritu Santo; invocarle y a mi buen \u00e1ngel, imagin\u00e1ndome que me dice: \u00abPor el amor a Jesucristo, hazlo\u00bb. Ciertamente no se puede apenas formar una idea de perfecci\u00f3n m\u00e1s clara, y los que han conocido a nuestro venerable hermano saben que era tal como se expresa en sus escritos. Dijo un d\u00eda con gran fervor a su colega: \u00abMi buen hermano, vayamos a Dios por el camino por el que Nuestro Se\u00f1or fue. Y fue por los sufrimientos, por las humillaciones, las negaciones, las persecuciones, la pobreza y la muerte vergonzosa de la Cruz<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Por ah\u00ed es tambi\u00e9n por donde debemos ir. Ten\u00eda un ardor tal por el uso de la disciplina que se sintieron obligados a recomendarle la moderaci\u00f3n, sirvi\u00e9ndose de ella hasta derramar su sangre; tambi\u00e9n estaba persuadido que la mortificaci\u00f3n del cuerpo es una preparaci\u00f3n necesaria y muy \u00fatil para la buena oraci\u00f3n. Pero sobre todo esto no le ha sido una peque\u00f1a mortificaci\u00f3n del cuerpo y del esp\u00edritu haber sido treinta a\u00f1os el esclavo de Jesucristo; as\u00ed se llamaba \u00e9l. Recluso en un agujero de habitaci\u00f3n de seis pies, donde apenas pod\u00eda moverse, en la m\u00e1s estrecha sujeci\u00f3n donde nadie de la Compa\u00f1\u00eda pudiera estar, no teniendo apenas un momento para satisfacer las necesidades corporales, y sin salir nunca de su habitaci\u00f3n sino por un miedo continuo a que el superior le buscara\u00a0 mientras estuviera afuera, porque le necesitaba con frecuencia y el amor a la sujeci\u00f3n le hac\u00eda as\u00ed cautivo. En verdad, era preciso que estuviera bien muerto a s\u00ed mismo y hubiera renunciado a todo y por todo por el amor de Dios y del que estando en la forma y sustancia de Dios ha tomado la forma de un esclavo por amor a nosotros. Nuestro venerable hermano hab\u00eda llegado a la mortificaci\u00f3n del esp\u00edritu que, siendo la m\u00e1s noble, es tambi\u00e9n la m\u00e1s dif\u00edcil, siendo lo propio de esta virtud llevar al hombre a recortar incesantemente todo cuanto puede ser desreglado o superfluo en sus potencias: la memoria, el entendimiento y la voluntad.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, en pocas palabras, un retrato de la mansedumbre y benignidad que ten\u00eda nuestro venerable hermano. Era las delicias y el consuelo de su hermanos que estaban encantados de disfrutar un poco de su conversaci\u00f3n, y por lo general esta virtud le hac\u00eda amable y respetable a todo el mundo. Ten\u00eda un acceso extremadamente afable y gracioso y de tan grandes testimonios de benevolencia para cada uno, que todos cre\u00edan ser singularmente amados y queridos de \u00e9l. Relacionaba las cosas que pod\u00eda relacionar con tanta gracia que parec\u00eda que daba al mismo tiempo el coraz\u00f3n, y sus negativas de lo que no pod\u00eda hacer iban tan sazonadas que se separaban siempre de \u00e9l contentos y satisfechos. Nuestro venerable hermano ten\u00eda una alta idea de esta virtud de la mansedumbre\u00b8 as\u00ed lo ha dejado escrito: \u00ab<em>Esta virtud, dice, me parece muy grande; es la virtud de Dios, cuya dulzura inefable\u00a0 es el encanto de los bienaventurados y constituye la felicidad de los santos. Es la virtud de los hombres grandes y de los hombres apost\u00f3licos; muchas razones me obligan a practicarla. Como los ejemplos de Nuestro Se\u00f1or en sus respuestas en el momento de su captura en el huerto y en su pasi\u00f3n; en su presencia en el Sant\u00edsimo Sacramento cuando viene a m\u00ed, llen\u00e1ndome se su dulzura, de manera que me parece que tengo todo lo que deseo en el cielo y en la tierra. Los efectos de la mansedumbre son producir la paz en nosotros, como nuestro Se\u00f1or Jesucristo dijo, y que la experiencia me ha dado a conocer; pues cuando he cometido actos contrarios he sentido confusi\u00f3n en el esp\u00edritu por el remordimiento. Se agrada a todo el mundo y se gana a todos los duros, testigo el Sr. Vicente que se al\u00eda con los que le hablan, de la casa y de fuera, buenos y malos. Se da a conocer al mundo por esta virtud la bondad y la belleza de nuestra religi\u00f3n, y as\u00ed se ganan las almas; como se ve en san Pedro cuando hubo recibido al Esp\u00edritu Santo, que hablaba en p\u00fablico; se le llamaba borracho; y como \u00e9l us\u00f3 de dulzura en su respuesta; continuando su discurso, convirti\u00f3 a tres mil personas. El ejemplo del compa\u00f1ero de san Francisco Javier es hermoso tambi\u00e9n, cuando le escupieron al rostro, y dulcemente sin conmoverse, continu\u00f3 hablando cosa que oper\u00f3 tambi\u00e9n muchas conversiones\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Nuestro venerable hermano dijo un d\u00eda de la abundancia de su coraz\u00f3n afligido por el celo de la salvaci\u00f3n de las almas: Oh, hermano, no hay nada que me vuelva m\u00e1s tonto ni m\u00e1s est\u00fapido que saber que tantas almas se pierden, ver que yo no les seque el dolor y no me sienta impresionado\u00bb. Y como le dijeran que pues estaba con esos sentimientos eso ya era una se\u00f1al de que le impresionaban, respondi\u00f3: \u00ab<em>S\u00ed, pero yo deber\u00eda morir de dolor y de pesar, lo que me hace temer que estoy condenado; ya que los que tienen el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or entran en sus dolores y en sus sentimientos que fueron tales que sud\u00f3 sangre de dolor en el huerto de los Olivos al considerar la p\u00e9rdida de las almas que no se aprovechar\u00edan de la muerte y de los tormentos que iba soportar por su salvaci\u00f3n<\/em>\u00ab. Pregunt\u00f3 un d\u00eda a su colega si ped\u00eda a Dios que enviara obreros a trabajar a su vi\u00f1a. Y respondi\u00e9ndole que s\u00ed, alguna vez: \u00ab<em>Y bueno, replic\u00f3, tened la intenci\u00f3n cuado dec\u00eds el Pater de pedirle Dios, sobre todo cuando sobre todo cuando dig\u00e1is: Sanctificetur nomen tuum et adveniat regnum tuum; ya que \u00bfno pedimos con esto que Dios env\u00ede buenos obreros a fin de que su nombre de Padre sea santificado den todos sus hijos y que reine en ellos por la verdadera fe? Y c\u00f3mo tendr\u00e1 hijos por la fe del bautismo si no hay obreros para trabajar en ello? Pues la fe entra en el alma por el o\u00eddo, se necesita entonces que haya obreros que hablen y que ense\u00f1en a los hijos de Dios para que su reino llegue hasta ellos\u00bb. Era una de sus principales ocupaciones durante la oraci\u00f3n y era la de pedir a Dios obreros apost\u00f3licos, a imitaci\u00f3n de santa Teresa; y se ha visto en su caridad para con el pr\u00f3jimo que comprend\u00eda en sus oraciones a Dios a los justos y a los pecadores, a los fieles y a los infieles pero sobre todo el estado eclesi\u00e1stico y al pobre pueblo, y su celo era tan desinteresado que no pensaba en s\u00ed mismo: \u00abQue Dios me condene, dec\u00eda \u00e9l, con tal que sea alabado y glorificado por sus criaturas! Me importa poco lo que sea de m\u00ed<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Una d\u00eda, repitiendo su oraci\u00f3n, que era el d\u00eda de san Pedro, dijo que despu\u00e9s de ponerse en la presencia de Dios y agradecerle por los bienes que hab\u00eda repartido a los santos ap\u00f3stoles a quienes consideraba como las cotorras de los fieles, expres\u00f3 en la presencia de Dios las necesidades de la Iglesia para obtener los remedios de la bondad de Dios por su intercesi\u00f3n. Luego se las present\u00f3 tambi\u00e9n a Nuestro Se\u00f1or como cabeza de la Iglesia, a la que consider\u00f3 como ignorante en la mayor parte de sus hijos, como humillada, despreciada y odiada de los herejes que la tratan con el \u00faltimo desprecio, (acord\u00e1ndose de un edicto de Inglaterra, en el que se permite el ejercicio libre y p\u00fablico de todas clases de religiones por infames que sean; pero en cuanto a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, no permiten\u00a0 el ejercicio p\u00fablicamente). Pidi\u00f3 a Dios que exaltara a la santa Iglesia y humillara a los herejes, paganos e infieles, con una humillaci\u00f3n salvadora, para iluminarlos con las luces de la santa fe, y que hab\u00eda que darse a Dios para no escandalizar, con m\u00e1s raz\u00f3n por se por nuestros pecados, y por el castigo de nuestros pecados y nuestros esc\u00e1ndalos, subsist\u00edan los herejes; lo que parece opuesto del todo al celo que se deb\u00eda tener por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>El bienaventurado estado del alma se basa en la conformidad de su voluntad con la de Dios y en la conformidad con su voluntad, fundada en la persuasi\u00f3n de que nada se hace en este mundo sin la voluntad de Dios, la cual hace que se cumpla de tres maneras 1\u00ba permitiendo que la cosa se haga; 2\u00ba u ordenando que sea hecha; 3\u00ba o haci\u00e9ndola \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>Esta conformidad la pose\u00eda nuestro venerable hermano, se [408] puede confesar, en el estado de perfecci\u00f3n y se ve por todo lo que \u00e9l ha dicho de s\u00ed hasta el presente, y mejor a\u00fan por lo que yo voy a decir.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Mi querido hermano, dec\u00eda \u00e9l a su colega, que el que pudiera estar atento `para hacer lo que se debe para agradar a Dios, por conformarse a su santa voluntad, sin tener en consideraci\u00f3n a nadie en el mundo, y a su propio inter\u00e9s, que har\u00eda grandes progresos, es todo lo m\u00e1s grande que se puede hacer en el cielo, hacer sin cesar la voluntad de Dios y as\u00ed ser\u00eda vivir como un \u00e1ngel en la tierra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en efecto era as\u00ed como viv\u00eda, ni teniendo otro deseo que el cumplimiento de esta divina voluntad. Por eso repet\u00eda con frecuencia la tercera petici\u00f3n del Pater: <em>Fiat voluntas tua,<\/em> y habiendo le\u00eddo que un santo personaje, Gr\u00e9goire Lopez, la repiti\u00f3 durante tres a\u00f1os tantas veces como respiraba, dijo que \u00e9l hab\u00eda tratado de hacer lo mismo.<\/p>\n<p>El amor al sant\u00edsimo Sacramento del altar ha sido siempre la gran devoci\u00f3n de los santos y sus corazones abrasados en este amor dec\u00edan con David: \u00ab<em>Como el ciervo perseguido y agotado por una jaur\u00eda de perros desea las aguas de las fuentes para refrescarse, as\u00ed, Se\u00f1or, mi alma os desea\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>E incluso algunos languidec\u00edan, hambrientos del pan de vida bajado del cielo, y que tiene la virtud de fortalecer a las almas para llevarlas hasta el trono de Dios. \u00c9l envidiaba la suerte de aquellos primeros siglos de la Iglesia en que los fieles comulgaban todos los d\u00edas, y habr\u00eda deseado disfrutar de esta gracia, y se sent\u00eda bien pesaroso cuando no reca\u00eda ninguna fiesta en la semana que le procura la ocasi\u00f3n de comulgar m\u00e1s a menudo que de ocho en ocho d\u00edas, y dec\u00eda que cuando comulgaba varias veces a la semana su alma se encontraba mucho mejor;\u00a0 que cuando s\u00f3lo comulgaba una vez, estaba como reseca, igual que la tierra sin agua.<\/p>\n<p>Raz\u00f3n por la cual, la v\u00edspera de las fiestas disfrutaba y dec\u00eda con gran fervor a su colega: \u00abQu\u00e9 amor deber\u00edamos tener en consideraci\u00f3n del amor con el que Nuestro Se\u00f1or se nos da! Me sorprende c\u00f3mo no estamos todos extasiados ante la considera i\u00f3n de los innumerables beneficios de Dios, pero sobre todo por el del Sant\u00edsimo Sacramento que recibiremos ma\u00f1ana con el que este Dios de amor nos da su sagrado cuerpo para hacernos vivir de su vida y de su esp\u00edritu, y para unirnos a el de una manera inefable.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, dijo sobre el mismo asunto con su fervor ordinario: \u00ab<em>Deber\u00edamos ser sagrados todos aunque no seamos sacerdotes; pero m\u00e1s todav\u00eda deber\u00edamos estar todos divinizados pues nos alimentamos todos con una carne divina que operar\u00eda infaliblemente este efecto en nosotros si hici\u00e9ramos buen uso. Pero, ay, todos nos vemos detenidos como plomo y tendemos hacia la tierra, en lugar de que no deber\u00edamos tocarla ni con el pie<\/em>\u00ab. No hab\u00eda nada que le llegara\u00a0 m\u00e1s al coraz\u00f3n que ver un tan gran medio de santificaci\u00f3n tener tan poco efecto, como se ve por experiencia, y \u00ab\u00e9l no pod\u00eda comprender c\u00f3mo gentes que comulgaban todos los d\u00edas pod\u00edan ser tambi\u00e9n tan sensuales e inmortificados, como se ve\u00edan tantos, cosa que le produc\u00eda llantos.<\/p>\n<p>Los d\u00edas que hab\u00eda comulgado y que hab\u00eda conversado boca a boca con su Se\u00f1or, ten\u00eda todo el d\u00eda como un gozo continuo de \u00e9l, sinti\u00e9ndole a \u00e9l como un principio vital, que influye en todas sus acciones, que le da fuerza y poder para obrar sobrenaturalmente en todo como se ve en la historia de su vida; tambi\u00e9n se ve ve\u00eda m\u00e1s recogido y si bien no hu\u00eda de la conversaci\u00f3n de pr\u00f3jimo cuando se le presentaba la ocasi\u00f3n, trataba no obstante no encontrarse con \u00e9l para tener una conversaci\u00f3n m\u00e1s familiar y agradable con el mismo Se\u00f1or y Redentor de nuestras almas que le hac\u00eda compa\u00f1\u00eda como un amigo de viv\u00eda en \u00e9l, y no solamente encontraba en este divino Salvador una agradable conversaci\u00f3n, sino recreo, consuelo, y si no es osad\u00eda, delicias, como est\u00e1 escrito de la sabidur\u00eda increada: Mis delicias son estar con los hijos de los hombres. Su alma encontraba en Jes\u00fas a quien hab\u00eda recibido un alivio en sus disgustos, y ocupaba el lugar de los que los dem\u00e1s hombres buscan en las diversiones, paseos y placeres,, teni\u00e9ndolo todo en \u00e9l,\u00a0 su vida ordinaria era la de abrazar a su Se\u00f1or, pasear y conversar con \u00e9l, lo que no suced\u00eda por visiones o revelaciones, como se ha dicho de algunos santos, sino por una viva fe, seguida de una operaci\u00f3n muy sensible del verbo hecho carne y pan vivo en el alma.<\/p>\n<p>Hay muchos que han llegado a la uni\u00f3n del amor, como era nuestro venerable hermano cuando participaba en la santa Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>Hemos visto hablando de la fe de nuestro venerable hermano qu\u00e9 vigor le daba para \u00faltima comuni\u00f3n de su vida, cuando no bien hab\u00eda o\u00eddo que Nuestro Se\u00f1or se acercaba por el son de\u00a0 la campanilla, se levant\u00f3 tan r\u00e1pido para ponerse de rodillas en su lecho para esperar su divino Salvador, como si tuviera plena salud, cuando momentos ante apenas ten\u00eda fuerzas para escupir ni siquiera volverse de un lado para el otro.<\/p>\n<p>Veamos cu\u00e1les era sus sentimientos sobre esta sobre esta querida vocaci\u00f3n que \u00e9l declar\u00f3 seis o siete a\u00f1os antes de su muerte en una repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, el d\u00eda de Santiago: dijo entonces \u00abque despu\u00e9s de agradecer a Dios las gracias concedidas a este santo ap\u00f3stol, y a todos los ap\u00f3stoles en general, y por la suerte, por pobres y rudas que fueran, los hab\u00eda llamado a grandes cosas, y que despu\u00e9s de pedir tambi\u00e9n a Nuestro Se\u00f1or el esp\u00edritu de los ap\u00f3stoles para todos los llamados a dirigir las almas, a los particulariz\u00f3 en nuestro santa padre el Papa, etc. \u2026se hab\u00eda preguntado cu\u00e1l era su vocaci\u00f3n, y que hab\u00eda visto que estaba llamado a un estado de objeci\u00f3n, de pobreza, de negaci\u00f3n, de humillaci\u00f3n, de sujeci\u00f3n, de vida oculta, vida de sufrimiento, y eso para siempre, y merecidamente su vocaci\u00f3n era la tumba de su amor propio; y que luego se hab\u00eda ofrecido a Dios para ser crucificado en ella con todos sus sentimientos de la naturaleza, muerto para no vivir m\u00e1s que de la vida de la gracia, sepultado en el olvido, y en la vida interior\u00bb. Por \u00faltimo, en un escrito de su retiro de 1662, dice estas hermosas palabras: \u00ab<em>Mi oficio y mi vocaci\u00f3n son mis cruces, debo estar unido a ellos agradable y constantemente<\/em>\u00ab. En cuanto a sus votos, los hizo de una manera sublime y con muy puras intenciones. Hizo este sacrificio total de s\u00ed mismo a Dios el d\u00eda de Saint-Denis, el 9 de octubre de 1646 en la misa de nuestro venerable padre, el Sr. Vicente, en un altar que se hallaba en la tribuna, despu\u00e9s de la cual, seg\u00fan se lo ha contado nuestro venerable hermano a su colega nuestro buen Padre le dijo \u00ab<em>que hac\u00eda mucho tiempo que no hab\u00eda sentido\u00a0 tal dulzura y ternura diciendo la santa misa como aquellas<\/em>. Nuestro buen hermano no dijo m\u00e1s, pero es de creer que nuestro venerable Padre tuvo alg\u00fan conocimiento del interior y de le buena y generosa intenci\u00f3n de nuestro querido hermano en esta acci\u00f3n que hizo con tanto amor y que \u00e9l me dijo que no se sent\u00eda menos obligado despu\u00e9s que si los hubiera hecho en los Capuchinos o en los Cartujos, aunque no estuvieran todav\u00eda aprobados por la Santa Sede, y cuando lo fueron, \u00e9l los renov\u00f3 en conformidad con el breve de Su Santidad; pero dijo: \u00ab<em>que \u00e9l no hab\u00eda a\u00f1adido nada porque la primera vez que los hizo hab\u00eda tenido intenci\u00f3n de hacerlos de la mejor manera que pod\u00edan hacerse<\/em>\u00ab. Sent\u00eda gran compasi\u00f3n por las personas a quienes ve\u00eda tentados contra su vocaci\u00f3n, y empleaba todo su ingenio que su caridad le pod\u00eda sugerir para ayudarlos a apartarse del peligro en que los ve\u00eda. Por eso, habi\u00e9ndose enterado que uno de los hermanos m\u00e1s virtuosos de nuestra Compa\u00f1\u00eda (es nuestro hermano Cristophe Gautier, fallecido en Sedan el 11 de octubre de 1671) estaba a punto de sucumbir a la tentaci\u00f3n de abandonar su vocaci\u00f3n, empujado a ello por ciertos religiosos que le quer\u00edan para ellos porque ten\u00eda hermosas cualidades le escribi\u00f3 al momento de una forma admirable para disipar las nubes que le hab\u00edan metido en la cabeza y los rechazos en su coraz\u00f3n, y esto sin dar a entender que supiera el estado de tentaci\u00f3n en que estaba. Y Dios dio tal bendici\u00f3n a esta carta que tuvo el buen efecto que deseaba, de manera que este buen hermano ha perseverado y fallecido en su vocaci\u00f3n en estado de santidad, llorado por toda la ciudad donde muri\u00f3, que asisti\u00f3 a su entierro y mand\u00f3 hacerle un servicio solemne en agradecimiento por la edificaci\u00f3n que todo el mundo hab\u00eda recibido de \u00e9l, hasta los mismos herejes hablaron dignamente de este querido difunto, el cual despu\u00e9s de a Dios debe su felicidad a la caridad de nuestro venerable hermano Ducournau quien, lleno de estima y de amor a su vocaci\u00f3n, le inspir\u00f3 estos mismos sentimientos Con su carta escrita a finales de diciembre de 1664, en estos t\u00e9rminos: \u00abMi querido hermano. Viva el Rey de los pobres, quien por su gracia, nos ha despojado hasta el punto de no tener nada, ni siquiera la libertad de recibir o dar regalos sino al modo de los \u00e1ngeles, a cual es toda espiritual. Permitirme entonces consideraros al menos si no como un \u00e1ngel, al menos como un hombre espiritual y que entesta calidad os presente no un\u00a0 coraz\u00f3n de carne como es el m\u00edo, sino un amor del todo divino tal como lo siento por vos. Yo lo llamo divino porque no debe haber otro entre nosotros, que somos hermanos engendrados por la caridad de Jesucristo, el cual habi\u00e9ndonos dado el poder de ser hechos hijos de Dios, nos compromete felizmente a amarnos con el mismo amor con que nos am\u00f3 y, si bien este amor est\u00e1 por encima de los sentidos, me resulta no obstante sensible por el libre consentimiento que le doy, la inclinaci\u00f3n que me lleva a \u00e9l, el consuelo que all\u00ed recibo y el respeto que me inspira hacia vuestra querida persona. Todo eso no son m\u00e1s que palabras, pero en verdad yo tengo los sentimientos en el alma con la resoluci\u00f3n de pasar a los efectos por los muy humildes servicios que os debo, cuando Dios tenga a bien darme la ocasi\u00f3n. No es razonable, mi muy querido hermano, honrar y servir al siervo de Dios a quien su providencia aplica al alivio y al consuelo de los sacerdotes y de los pobres que son los miembros m\u00e1s nobles y m\u00e1s queridos de nuestro adorable Jefe; es una gracia que va unida al oficio de hermanos, y yo no sirva entre ellos m\u00e1s que de n\u00famero y sea el m\u00e1s in\u00fatil de todos y el hermano Mosca, pero estimo infinitamente nuestra condici\u00f3n a causa de la relaci\u00f3n que tiene con la que el hijo de Dios ha querido tomar al venir al mundo, de quien el Evangelio nos dir\u00e1 uno de estos d\u00edas, hablando de Jos\u00e9 y Mar\u00eda, que eran pobres, que les era obediente. La ha ejercido tambi\u00e9n m\u00e1s que ning\u00fan otro, pues eso fue su vida mortal, como lo puso de manifiesto la v\u00edspera de su pasi\u00f3n cuando, lavando los pies a los ap\u00f3stoles, que han sido los primeros sacerdotes, les dijo que hab\u00eda venido para servir, si a\u00f1adimos a esto que dejando el oficio de Marta damos de alguna manera medio a nuestra Congregaci\u00f3n de hacer las otras cosas que Nuestro Se\u00f1or ha hecho, como evangelizar a los pobres, formar buenos pastores, en una palabra, sacrificarse ella misma a Dios por la salvaci\u00f3n de todo el mundo, \u00bfno hemos de confesar que nuestra suerte es incomparable? \u2013S\u00ed, los hermanos de la Misi\u00f3n con preferencia todos los dem\u00e1s tienen la dicha de poder honrar, por sus humillaciones y sus empleos, a los del Salvador del mundo. No os parece tambi\u00e9n, mi muy querido hermano, que nuestro estado, que por otra parte es menos estimado de los hombres es como un sacramento o como un misterio que bajo apariencias vulgares y despreciables, oculta las hermosas virtudes y las abundantes gracias de nuestra santificaci\u00f3n. Me siento deudor de vos porque me dais el ejemplo del buen uso que debo hacer de ellas y os pido la ayuda de vuestras oraciones para que busque, por el amor de Dios, la privaci\u00f3n de todo esp\u00edritu sensual, de todo honor perecedero y de toda otra libertad que la de los hijos de Dios; que ame el trabajo, la abyeci\u00f3n y la fraternidad y que as\u00ed pueda obtener de su inmensa misericordia la perseverancia en mi vocaci\u00f3n, el esp\u00edritu de penitencia y la vida del esp\u00edritu. Nuestra vida mortal es como una escalera que va de la tierra al cielo y del tiempo a la eternidad, y nuestros a\u00f1os son como los escalones, pasamos de un escal\u00f3n al otro sin saber si estaremos pronto en el final, en el que la muerte nos espera. Ahora bien, igual que si yo hubiera llegado\u00a0 os invito a subir alegremente a este \u00faltimo paso, desde donde veremos con claridad el valor inestimable de las humillaciones, de los sufrimientos y de los actos de caridad que se practican aqu\u00ed abajo, en conformidad con Nuestro Se\u00f1or, que ser\u00e1 entonces la corona y la gloria de sus imitadores.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Nos os digo nada, mi querido hermano, que no sep\u00e1is mejor que yo; \u00bfpor qu\u00e9 escribiros una carta sobre todo esto que no sea sino para decir s\u00ed? Es para consolarme un poco con vos, conversando como los artesanos sobre lo que toca a nuestro oficio. Porque de qu\u00e9 sirven los discursos que no nos llevan al deseo de nuestra perfecci\u00f3n? Ser\u00eda mejor no escribir ni conversar que hablar de noticias o de palabras ociosas. No puedo sin embargo terminar sin pedir noticias de vuestra salud, ni sin deciros que no he visto nunca, me parece, practicar la virtud en esta casa m\u00e1s s\u00f3lidamente y m\u00e1s universalmente como se practica ah\u00ed ahora. La uni\u00f3n de los corazones parece completa y la regularidad muy exacta, son efectos de la bendici\u00f3n que Dios da a la direcci\u00f3n. El Sr. Alm\u00e9ras est\u00e1 bastante bien gracias a Dios, y no hay otros enfermos en casa que los enfermizos ordinarios, ni nadie que sea m\u00e1s que yo en el amor de Nuestro Se\u00f1or, etc.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Hablando un d\u00eda con su colega de ciertos sacerdotes, de esos medio siervos, de quienes habla santa Teresa, los que habiendo hecho voto en la Compa\u00f1\u00eda se sal\u00edan sin el consentimiento del Superior general, explicando sus dispensas o conmutaciones a sus jefes le dijo: \u00ab<em>Seamos prudentes, hermano, a sus expensas; abracemos siempre el tronco del \u00e1rbol y encadenados por la obediencia, teng\u00e1monos por felices por permanecer unidos como esclavos por las manos, los pies, por el cuello y por todos los miembros de nuestro cuerpo, incluso por nuestros juicios, voluntad, imaginaci\u00f3n y pensamientos, despreciando todas las libertades de la carne corrompida y de los placeres del mundo. A prop\u00f3sito de los votos, dec\u00eda \u00abque deb\u00edamos todos los d\u00edas renovar nuestros votos y hacerlos como si no los hubi\u00e9ramos hecho, es decir renovarlos por entero, libre y cordialmente como si no los hubi\u00e9ramos hecho a\u00fan, y a\u00f1ad\u00eda que esta pr\u00e1ctica era muy agradable a Dios y que hab\u00eda tesoros de m\u00e9ritos en esta renovaci\u00f3n, de suerte en cada vez que se hace se merece tanto como la primera vez que se han hecho, as\u00ed todo culpa al que hace una mala acci\u00f3n que es pecado peca tantas veces como la reitera<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>III. Virtudes propias de la Congregaci\u00f3n: su humildad, su obediencia y su pobreza y su castidad. 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