{"id":17539,"date":"2013-11-11T08:51:51","date_gmt":"2013-11-11T07:51:51","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=17539"},"modified":"2016-07-27T12:10:22","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:22","slug":"bertrand-ducourneau-1614-1685-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/bertrand-ducourneau-1614-1685-i\/","title":{"rendered":"Bertrand Ducourneau (1614-1685) (I)"},"content":{"rendered":"<p><strong>I. Su nacimiento. Bertrand recibe una educaci\u00f3n especial. Entra al servicio de Mons. de Bayonne. Va a Paris y es recibido en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Bertrand Ducourneau naci\u00f3 el a\u00f1o de 1614 en una aldea llamada Amou, cercana a la ciudad de Dax, a cuatro leguas del pueblo de Pouy, lugar de nacimiento de nuestro venerable padre y fundador, el Sr. Vicente de Pa\u00fal. Si bien Bertrand fue el \u00faltimo de la familia, fue sin embargo su gloria pues fue llamado al servicio de Dios y tuvo mayor conocimiento de la vida espiritual que ning\u00fan otro de sus hermanos. Sus padres eran m\u00e1s ricos en virtudes cristianas que en los bienes de este mundo, y como se sabe de los \u00e1rboles por sus frutos podemos decir que los padre y madre de Bertrand han sido muy buenas plantas en el campo de la Iglesia pues han producido un fruto tan excelente.<\/p>\n<p>Las Sant\u00edsima Virgen, nuestra buena madre, le hab\u00eda tomado bajo su protecci\u00f3n desde su m\u00e1s tierna juventud, pues \u00e9l dice que, habiendo ido un d\u00eda, a la edad de seis o siete a\u00f1os, a Nuestra Se\u00f1ora de Buglose, que es un lugar de peregrinaci\u00f3n y de devoci\u00f3n en la parroquia de Pouy, apenas hubo entrado en la capilla cuando sinti\u00f3 en s\u00ed tal gozo y tal consentimiento que cre\u00eda estar en el para\u00edso, y ya no volvi\u00f3 a sentir un gozo as\u00ed. \u00c9l no se ha explicado mucho sobre esto, pero al parecer Dios le llen\u00f3 en esta ocasi\u00f3n de una gracia extraordinaria que se ha guardado en silencio.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, lleg\u00f3 de Par\u00eds un excelente maestro que se estableci\u00f3 en estos lugares para instruir a la juventud. El padre de nuestro hermano, que no sab\u00eda ni leer ni escribir y que por un descuido, muy com\u00fan entonces, hab\u00eda criado a todos sus hijos en la misma ignorancia se resolvi\u00f3 a dar alguna instrucci\u00f3n al \u00faltimo de sus hijos, y para ello se lo envi\u00f3 a este maestro escribano. Bertrand aprovech\u00f3 tan bien en poco tiempo que fue pronto reconocido por toda la regi\u00f3n por ser uno de los m\u00e1s h\u00e1biles en la escritura. De modo que habiendo enga\u00f1ado a su padre quien no hab\u00eda pretendido otra cosa que ense\u00f1arle tan s\u00f3lo aprender a escribir para servirle en su casa, lleg\u00f3 a ser secretario de varios de los principales\u00a0 de la regi\u00f3n, y todos le quer\u00edan tener para servirse en los asuntos m\u00e1s importantes, tanta sabidur\u00eda y prudencia demostraba. Y la necesit\u00f3, ya que su maestro de escuela, que estaba solo, no siendo casado, depositaba en \u00e9l todo el gobierno de su casa y de todos sus bienes, de tal suerte que le hab\u00eda dado el cuidado de vender al detalle un buen n\u00famero de piezas de vino de las que le entreg\u00f3 buena cuenta, aunque no tuviera m\u00e1s que la edad de diez u once a\u00f1os. Cuando nuestro querido hermano reflexionaba sobre esto se admiraba c\u00f3mo hab\u00eda podido arregl\u00e1rselas tan bien en los asuntos en semejante coyuntura. Su maestro, en agradecimiento por los servicios que el peque\u00f1o Bertrand le hab\u00eda prestado en la venta de su propiedad, le dio una buena instrucci\u00f3n, y se lo devolvi\u00f3 a su padre. Bertrand permaneci\u00f3 con su padre por unos a\u00f1os, sirvi\u00e9ndole en sus asuntos e incluso guard\u00e1ndole sus animales, pues aunque no fuera m\u00e1s que sastre, ten\u00eda sin embargo algunas herencias y vi\u00f1as que hac\u00eda producir con sus propias manos. Por \u00faltimo, el padre de Bertrand muri\u00f3 muy anciano, y seg\u00fan la costumbre del pa\u00eds hizo testamento y distribuy\u00f3 a sus hijos lo que \u00e9l quiso, (ya que los mayores suceden en todo a un padre no testado. El peque\u00f1o Bertrand tuvo veinte escudos por su parte, \u00e9sa fue toda su herencia temporal. Pero Dios por su bondad le hab\u00eda dado esp\u00edritu y el talento de la escritura, y as\u00ed era la mejor parte de sus hermanos. Comenz\u00f3 enseguida a ganarse la vida escribiendo, sin tener m\u00e1s que catorce o quince a\u00f1os y su primer maestro fue un notario de San Juan de Luz, en cuya casa estuvo unos tres meses. Al cabo de este tiempo, su maestro no teniendo lo suficiente para ocuparle, le dio seis escudos,\u00a0 y adem\u00e1s una carta de recomendaci\u00f3n para un amigo suyo de Bayonne. Esta carta le sirvi\u00f3 mucho a este \u00faltimo porque aqu\u00e9l a quien iba dirigida le hizo un gran favor, reconoci\u00e9ndole como a un joven de m\u00e9rito y de buena esperanza. Por ello le procur\u00f3 la entrada en la casa de la segunda persona de la 7\u00aa ciudad, que era el lugarteniente particular, el cual no ten\u00eda ni mujer ni hijos, y eso en calidad de secretario y de cl\u00e9rigo. La nueva condici\u00f3n de nuestro joven era muy ventajosa, ya que le proporcionaba buenos sueldos, se sent\u00eda muy libre,\u00a0 y era por decirlo as\u00ed amo en la casa. Aunque el Sr. lugarteniente fuera dif\u00edcil de contentar, no obstante Bertran se qued\u00f3 en su casa por tres a\u00f1os, \u00e9poca en la que su se\u00f1or muri\u00f3; pero ese tiempo le hab\u00eda sido suficiente para iniciarse en los asuntos, ya que el Sr. los ten\u00eda en abundancia y era muy estimado en la ciudad. Fue entonces cuando nuestro secretario comenz\u00f3 a darse a conocer y se gan\u00f3 los favores de los principales de la ciudad que le estimaban, en particular por haberse hecho muy capaz con este lugarteniente particular. Ellos corr\u00edan a porf\u00eda a ver quien le tendr\u00eda a su servicio, como dije al principio; no obstante como ten\u00eda un particular conocimiento de todos los asuntos del difunto su se\u00f1or, los herederos de \u00e9ste lo retuvieron para utilizarle, y nuestro Bertrand prefiri\u00f3 tambi\u00e9n quedarse en la misma familia, con preferencia a las otras ventajas que le presentaban en otra parte, se qued\u00f3 all\u00ed unos seis a\u00f1os, gestionando principalmente los asuntos que concern\u00edan\u00a0 a una tutela de la que su difunto maestro hab\u00eda sido encargado nueve meses antes de su muerte. Estaba en esta familia, seg\u00fan lo dec\u00eda \u00e9l mismo, \u00abcomo un peque\u00f1o reyezuelo\u00bb. Y en efecto, su maestro le trataba y le consideraba como a su hijo, haci\u00e9ndole\u00a0 comer con \u00e9l en su mesa y d\u00e1ndole libertad de tratar a su amigos en su casa, lo que indica qu\u00e9 amable le hac\u00eda la conducta de Bertrand.<\/p>\n<p>Cuando Bertrand hubo terminado y entregado las cuentas de la tutela, la persona, que era una hija, entrada en edad y casada contra\u00a0 la voluntad de sus padres, Bertrand, digo, sali\u00f3 de la casa en que se hallaba para entrar en casa de Monse\u00f1or el obispo que le hab\u00eda solicitado y deseaba tenerle. Entrado ya al servicio de Monse\u00f1or de Bayonne, cre\u00eda estar empleado o para ser su secretario o al menos para cuidar de sus asuntos temporales, pero este buen se\u00f1or le hizo su jefe de comedor. No teniendo relaci\u00f3n alguna este cargo con el genio de nuestro joven, no le ca\u00eda bien este empleo, lo que hizo que se saliera despu\u00e9s de un a\u00f1o m\u00e1s o menos, y se volvi\u00f3 a la familia en la que estaba primeramente. Bueno pues, aunque se hubiera quedado apenas con Mons. el obispo\u00a0 de Bayonne, \u00e9l cre\u00eda que era all\u00ed donde Dios le hab\u00eda plantado la primera semilla de su vocaci\u00f3n a la Misi\u00f3n en el alma; en lo que este buen obispo, siendo parisino, hijo del Sr. presidente Fouquet, se hab\u00eda tra\u00eddo de Par\u00eds consigo a sacerdotes que eran de la conferencia que se ten\u00eda en San L\u00e1zaro, que se sigue haciendo una vez a la semana. Ahora bien estos sacerdotes eran\u00a0 el Sr. Abelly, su gran vicario, ahora antiguo obispo de Rhodez y quien, desde hac\u00eda quince o diecis\u00e9is a\u00f1os se hab\u00eda retirado a esta casa de San L\u00e1zaro, para acabar all\u00ed sus d\u00edas, y como es bien probable, en la contemplaci\u00f3n de las virtudes eternas; los Srs. Le Breton y P\u00e9riquet eran tambi\u00e9n del n\u00famero de los que el digno prelado ten\u00eda en su compa\u00f1\u00eda, y todos eran personajes de gran virtud y erudici\u00f3n. As\u00ed pues, como frecuentaban al Sr. Vicente, nuestro venerable padre, en San L\u00e1zaro, hablaban de \u00e9l a otro con grandes sentimientos de estima y con grandes alabanzas, y aunque Bertrand no reflexionara mucho sobre ello entonces, no dej\u00f3 de qued\u00e1rsele impreso en su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n principal por la que se dejaba de pensar en los discursos de estos se\u00f1ores, era que no pensaba en salir del mundo, sino m\u00e1s bien en comprometerse con \u00e9l por el matrimonio, a lo cual le insist\u00eda su hermano mayor, y por lo cual ten\u00eda mucha inclinaci\u00f3n, porque, dec\u00eda \u00e9l, era un santo hombre. Las cosas estaban tan adelantadas que las dos partes aprobaron el contrato de matrimonio que fue firmado por ambas partes, en la \u00e9poca del carnaval. La madre de la joven apremiaba a Bertrand para que se desposara antes de la cuaresma. \u00c9l por el contraria trataba de dar largas y no precipitar nada en un asunto de esta importancia; no obstante, se ve\u00eda de alg\u00fan modo como obligado a casarse antes de las cenizas. Pero Dios que no quer\u00eda que se casara, le brind\u00f3 una bonita ocasi\u00f3n para obligarle leg\u00edtimamente a hacer un viaje a Par\u00eds, adonde hab\u00eda tenido siempre ganas de venir a probar fortuna. Fue con motivo de una sucesi\u00f3n que le cay\u00f3 en suerte a su due\u00f1o quien, teniendo en Par\u00eds un hermano muy rico que se muri\u00f3, fue necesario que \u00e9l y los coherederos nombrasen a alguien para ir a recoger esta sucesi\u00f3n. Reunidos los parientes del difunto delegaron\u00a0 a un can\u00f3nigo, sobrino del difunto, y como este can\u00f3nigo necesitaba de alguien ya para escribir como para servir de consejero, se crey\u00f3 conveniente que se le uniera Bertrand, y los dos partieron para la capital. Era todo cuanto deseaba nuestro secretario quien dej\u00f3 su regi\u00f3n y a su prometida, a las que no ha vuelto a ver.<\/p>\n<p>Llegados pues a Par\u00eds, no se sabe c\u00f3mo marcharon los negocios de la sucesi\u00f3n, tan s\u00f3lo que el Sr. abate de Saint-Cyran, una de las cabezas de los jansenistas, era el hermano del due\u00f1o de nuestro secretario. El Sr. Saint-Cyran resid\u00eda en Par\u00eds. Bertrand le ve\u00eda con frecuencia, ya que a su llegada hab\u00eda ido a hospedarse en su casa, y le reconoc\u00eda como a su buen patr\u00f3n, de manera que actuaba bajo su direcci\u00f3n, tanto que este abate le tom\u00f3 afecto, le procur\u00f3 una condici\u00f3n muy ventajosa para \u00e9l que ten\u00eda planes de hacer fortuna. Era una plaza de secretario con un Se\u00f1or que iba a ser intendente de la provincia de Catalu\u00f1a, por entonces bajo la obediencia del rey y de la que era gobernador el Sr. mariscal de Brez\u00e9 que hab\u00eda procurado esta intendencia.<\/p>\n<p>Ya en el servicio de este nuevo intendente, Bertrand parti\u00f3 con \u00e9l hacia\u00a0 para dicha provincia Mas apenas llegados, se vio que los asuntos se cambiaron y que el Sr. Mariscal dej\u00f3 \u00e9l mismo el Gobierno lo que les oblig\u00f3 a volver sobre sus paso a Montpellier. El Sr. mariscal habiendo conocido a Bertrand quiso tenerle; pero el Sr. de Saint-Cyran le disuadi\u00f3 de entrar en esta casa, y como al mismo tiempo su due\u00f1o fue diputado para ir Munster al tratado de paz general que se deb\u00eda hacer con el emperador, le alegr\u00f3 mucho, por las ganas de ver la regi\u00f3n. Pero antes su due\u00f1o se vio obligado a hacer un viaje al Languedoc y se llev\u00f3 a Bertrand consigo. Duarnte la estancia que hicieron all\u00ed, nuestro secretario fue a confesarse al Pont-Saont-Esprit a un Padre recoleto, quien habi\u00e9ndole agradado le dio la confianza de ir a ver de vez en cuando a otro para hablarle de los asuntos de su conciencia. Pero lo admirable es que primeramente este buen Padre recoleto le dijo positivamente que abandonar\u00eda el mundo para dedicarse al servicio de Dios.<\/p>\n<p>Ante estas palabras de este buen Padre, \u00bfqui\u00e9n se qued\u00f3 extra\u00f1ado? Fue Bertrand quien no pensaba en nada menos; al contrario, ten\u00eda un gran deseo de adelantar en el mundo, y adem\u00e1s, se ve\u00eda ligado a una joven con contrato de matrimonio que hab\u00eda firmado.<\/p>\n<p>Por eso le dijo:\u00a0 \u00abPero. Padre, c\u00f3mo ser\u00e1 eso, pues estoy obligado a desposarme con una joven a quien se lo he prometido y he firmado el contrato!\u00bb Este religioso le dice que ese contrato no imped\u00eda que pudiera dedicarse a Dios, y habi\u00e9ndole replicado: \u00abPero \u00bfno es acaso la voluntad de Dios la que me ha llevado a prometer a esta joven desposarla?\u00bb Este buen Padre le respondi\u00f3 que s\u00ed, que era la voluntad de Dios para entonces, pero que no lo era para el presente; le aleg\u00f3 el ejemplo de las dos voluntades que parecieron diferentes en Abrah\u00e1n. Por \u00faltimo, este buen Padre recoleto no le dijo cu\u00e1l ser\u00eda el lugar a donde ir\u00eda, ni\u00a0 lo que ser\u00eda, sino solamente le exhort\u00f3 a comulgar con frecuencia, lo que Bertrand practic\u00f3 fielmente, pidiendo a Dios de todo coraz\u00f3n que le diera la gracia de conocer su sant\u00edsima voluntad y seguirla.\u00a0 Despu\u00e9s de esta estancia en el Languedoc, regresaron a Par\u00eds, y all\u00ed nuestro secretario se fue a consultar a un doctor, quien sin querer determinarle el lugar al que deb\u00eda ir, le recomend\u00f3 tambi\u00e9n pedir mucho a Dios que se lo diera a conocer y le confirm\u00f3 lo que el Padre recoleto le hab\u00eda dicho, que el contrato que hab\u00eda firmado y la promesa que hab\u00eda hecho no le imped\u00edan dedicarse a Dios, y a\u00f1adi\u00f3 adem\u00e1s que, si tuviera que dejar el mundo, que entrara en una nueva compa\u00f1\u00eda que estuviera todav\u00eda\u00a0 en su primer fervor. No contento con haber consultado a \u00e9ste, quiso tambi\u00e9n consultar a otro, que le dijo poco m\u00e1s o menos lo mismo y le aconsej\u00f3 que hiciera algunos d\u00edas de retiro con la intenci\u00f3n de conocer la voluntad de Dios. Despu\u00e9s de esta \u00faltima consulta, sinti\u00f3 su coraz\u00f3n completamente desprendido del amor del mundo y del vano deseo de hacer fortuna. Se me ha olvidado decir algo notable respecto de la Providencia de Dios sobre nuestro hermano Bertrand, y es que movido por este Padre recoleto en cuanto a su separaci\u00f3n del mundo, y en suspenso si lo har\u00eda o no, \u00e9l me dijo que se volvi\u00f3 a Par\u00eds con el prop\u00f3sito de ponerse en las manos del Sr. Saint-Cyran, a fin de que\u00a0 \u00e9l le determinara sobre lo que deb\u00eda hacer. Pero al llegar a Par\u00eds se encontr\u00f3 con que hab\u00eda muerto. Habi\u00e9ndolo permitido Dios as\u00ed porque, al parecer, le habr\u00eda perdido comprometi\u00e9ndole con su partido malo de los jansenistas, o al menos, lo que es seguro, no habr\u00eda permitido nunca que entrara en la Misi\u00f3n, teniendo por entonces un odio mortal contra el Sr. Vicente, pues habiendo hecho todos los esfuerzos por seducirle y atraerle a su nueva doctrina, hab\u00eda perdido sus esfuerzos, y adem\u00e1s sospechaba de \u00e9l ser causa de que el cardenal de Richelieu le hubiera mandado varias veces a prisi\u00f3n en la Bastilla, por motivos de su llamada nueva doctrina.<\/p>\n<p>Para volver al hilo de nuestra historia, Bertrand de paseo un d\u00eda por las afueras de Par\u00eds con un joven de su regi\u00f3n, \u00e9ste hablando de una cosa y otra,\u00a0 le habl\u00f3 del Sr. Vicente y de San L\u00e1zaro, que hab\u00eda hecho all\u00ed un retiro de ocho d\u00edas, que los que eran de esta comunidad viv\u00edan como santos, que ten\u00edan santas conversaciones en las que no se hablaba m\u00e1s que de Dios y que all\u00ed se recib\u00edan grandes gracias y bendiciones de Nuestro Se\u00f1or. Este discurso, junto con los que ten\u00edan los Srs. eclesi\u00e1sticos\u00a0 que hab\u00eda o\u00eddo en casa de Monse\u00f1or de Bayonne, le hizo desear hacer all\u00ed su retiro. A este efecto, pidi\u00f3 a este muchacho que le llevara a esta casa de San L\u00e1zaro; \u00e9ste prometi\u00f3 llevarle, y se tomaron un d\u00eda para ello. Pero habiendo faltado a la palabra este muchacho, nuestro secretario se fue solo a San L\u00e1zaro, donde le concedieron de buena gana hacer el retiro como se les concede a cuantos lo piden. Pidi\u00f3 a su due\u00f1o permiso para ocho d\u00edas, fingiendo tener un viaje corto que hacer. Obtenido lo cual, se vino pues de retiro a San L\u00e1zaro, donde le dieron un sabio director que, como los dem\u00e1s, no quiso determinarle, sino que le dio para hacer, seg\u00fan sus necesidades, unas meditaciones que no produjeron sin embargo su efecto, sino la \u00faltima del retiro que es: De la vocaci\u00f3n a la vida religiosa, Su esp\u00edritu, que hab\u00eda estado indeciso hasta entonces, se determin\u00f3 con viveza y prometi\u00f3 a Dios que nunca ser\u00eda nada el mundo para \u00e9l y que quer\u00eda consagrarse al servicio de su divina Majestad por completo. Y no sabiendo en qu\u00e9 lugar pod\u00eda ser, Dios que le quer\u00eda hermano de la Misi\u00f3n le puso en el pensamiento preguntar a su director si recib\u00edan all\u00ed a personas que deseaban retirarse del mundo, y habi\u00e9ndole respondido \u00e9ste que s\u00ed, cuando los superiores los encontraban aptos. Pregunt\u00f3 entonces si le quer\u00edan recibir, con lo cual su director le prometi\u00f3 hablar al Sr. Vicente, nuestro buen Padre; lo hizo. Y queriendo verle nuestro venerable Padre y conversar con \u00e9l, vi\u00e9ndole resuelto a entrar en la Misi\u00f3n, le confirm\u00f3 en su buena resoluci\u00f3n y le prometi\u00f3 recibirle. Con la palabra del Sr. Vicente se volvi\u00f3 a casa de su due\u00f1o para decirle su resoluci\u00f3n y que el viaje que hab\u00eda hecho no era otro que el de su casa a San L\u00e1zaro para hacer el retiro, a fin de decidirse si conoc\u00eda ser del agrado de Dios, y que habiendo visto la divina voluntad en cuanto a su vocaci\u00f3n, estaba resuelto a ejecutarla. Lo que su due\u00f1o, que era hombre de bien, aprob\u00f3 sin m\u00e1s y le confirm\u00f3 en su resoluci\u00f3n pero le rog\u00f3 que se quedara con \u00e9l alg\u00fan tiempo por cierta coyuntura de asuntos; cosa que oblig\u00f3 a nuestro Bertrand a venir a propon\u00e9rselo al Sr. Vicente a quien reconoc\u00eda por su superior, una vez que hab\u00eda conocido su vocaci\u00f3n. El Sr. Vicente estaba entonces en retiro. Habl\u00f3 con el Sr. Alm\u00e9ras, a quien inform\u00f3 del deseo de su due\u00f1o, y consultado el Sr. Vicente dio por respuesta: \u00ab<em>Que hab\u00eda que dejar a los muertos enterrar a los muertos\u00bb<\/em>. Tras esta respuesta, Bertrand se despidi\u00f3 de su due\u00f1o, al cabo de dos d\u00edas para darle cuenta, y se volvi\u00f3 a San L\u00e1zaro donde fue recibido el 28 de julio de 1644; despu\u00e9s de su recepci\u00f3n y su\u00a0 bancarrota al mundo, escribi\u00f3 a su pretendida suegra y a su hija, a quien hab\u00eda prometido matrimonio, en estos t\u00e9rminos seg\u00fan propia confesi\u00f3n: \u00ab<em>Que habi\u00e9ndole dado a conocer Dios que era su voluntad que dejara el mundo, era justo obedecerle, y la suplicaba que le fuera grato, asegur\u00e1ndola que ten\u00eda a su hija en gran estima y que la amaba verdaderamente; que si hubiera tenido que casarse no habr\u00eda tenido a otra mujer que a ella<\/em>\u00ab. Sometida de buena gana esta joven a la voluntad de Dios que la imped\u00eda desposarse con Bertrand, la divina Providencia se ocup\u00f3 de darle un buen marido mucho m\u00e1s rico que su prometido. Y nuestro venerable hermano residi\u00f3 en San L\u00e1zaro, fue colocado en la cocina donde trabaj\u00f3 tres semanas. Al cabo de ese tiempo, se le apart\u00f3 de all\u00ed para ponerle a escribir; poco despu\u00e9s, el Sr. Vicente, no teniendo a otro que le ayudara en el trabajo de las cartas y para redactar las memorias que deb\u00eda llevar al consejo del rey, encarg\u00f3 a nuestro venerable hermano de hacer dichas memorias, lo que desempe\u00f1\u00f3 bien, de manera que satisfecho le dedic\u00f3 luego a hacer las cartas y, despu\u00e9s de ese tiempo, ya no se sirvi\u00f3 del Sr. Portail para ello. Y fue en este empleo donde nuestro venerable Hermano se santific\u00f3 siendo fiel a las gracias de Dios por las cuales se hizo digno de tener el esp\u00edritu que animaba a nuestro venerable Padre, el Sr. Vicente.<\/p>\n<p><strong>II. Su uni\u00f3n con Dios en la Oraci\u00f3n, su fe ,su confianza, su caridad para con Dios y el pr\u00f3jimo.<\/strong><\/p>\n<p>Como ten\u00eda por m\u00e1xima dejarse dirigir en la oraci\u00f3n por el movimiento del Esp\u00edritu Santo y despojarse de todo, diciendo en primer lugar: \u00abVengo, Se\u00f1or, para aprender. Yo os hablar\u00e9 aunque no sea m\u00e1s que polvo y ceniza y un miserable gusano de tierra; mostrad, Se\u00f1or, vuestro poder en m\u00ed, aunque no sea m\u00e1s que una miserable hormiga\u00bb. Nuestro Se\u00f1or le atrajo a la oraci\u00f3n que se hace por las solas luces de la fe, en una pura atenci\u00f3n a Dios presente, y en no obrar jam\u00e1s por principio de naturaleza, sino por el movimiento del Esp\u00edritu de Dios. Para ello deseaba unirse con frecuencia en el interior de Nuestro Se\u00f1or que miraba a Dios incesantemente para adorarle en \u00e9l y por \u00e9l en esp\u00edritu y en verdad y en conformarse en todos los acontecimientos y en todas sus acciones a sus buenos deseos llevando a sus oraciones un coraz\u00f3n as\u00ed preparado que se un\u00eda a las inclinaciones y disposiciones de Nuestro Se\u00f1or, desprendido de todo amor propio y terrenal y de todo inter\u00e9s particular tanto como la debilidad humana le ha podido permitir. Su modo de oraci\u00f3n era pues extraordinario, y Dios aparentemente le hab\u00eda regalado el don de contemplaci\u00f3n, pues hablando un d\u00eda a su colega y desde entonces con mayor frecuencia, contaba maravillas, de suerte que este \u00faltimo sal\u00eda de su conversaci\u00f3n m\u00e1s lleno de su fervor\u00a0 que en su meditaci\u00f3n de la ma\u00f1ana. Nuestro hermano Ducournau se sorprend\u00eda, viendo a personas que, despu\u00e9s de veinte, treinta y cuarenta a\u00f1os, practicaban la oraci\u00f3n y sin embargo estaban\u00a0 siempre en ABC, y lo que es m\u00e1s deplorable que eran a veces tan inmortificados e imperfectos como al principio; \u00ab<em>y si los j\u00f3venes no tienen cuidado de s\u00ed mismos, dec\u00eda \u00e9l, les pasar\u00e1 lo mismo, porque envejecer\u00e1n tambi\u00e9n<\/em>\u00ab.\u00a0 Una vez, hablando de la oraci\u00f3n a su colega, dec\u00eda: \u00ab<em>que deb\u00edamos hacerla siempre por alg\u00fan fin, como para obtener de Dios un mayor dolor de nuestros pecados, y mayor amor a los sufrimientos, a las humillaciones, a las cruces, y en general a todo lo que m\u00e1s repugne a la naturaleza, ya que eso agrada a Dios, y con que sac\u00e1ramos eso de nuestras oraciones ya ser\u00eda mucho; pero sobre todo que deb\u00edamos pedir a Dios un mayor conocimiento y estima de \u00e9l mismo; pues si nosotros le estim\u00e1ramos bien, tendr\u00edamos para \u00e9l m\u00e1s respeto, y que lo que constituye nuestra miseria es que no tenemos la estima de su divina Majestad, como deber\u00edamos tener<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Se puede ver ya, por lo que acabamos de leer cu\u00e1l era la de de nuestro venerable hermano. Veamos cu\u00e1les eran sus sentimientos que se han escrito de su mano. \u00ab<em>Lo que yo soy con relaci\u00f3n a las virtudes es\u00a0 que las estimo y las amo, me parece, pero querr\u00eda vivir de fe y no obrar m\u00e1s por principios de fe. El medio para ellos es el recogimiento y la atenci\u00f3n a esta verdad que Dios ha enviado el Esp\u00edritu de su Hijo en nuestros corazones, que este esp\u00edritu es el Esp\u00edritu Santo, que es un esp\u00edritu de amor y que yo debo obrar en \u00e9l,\u00a0 con \u00e9l y por \u00e9l<\/em>\u00ab. Dec\u00eda tambi\u00e9n: \u00ab<em>La fe es una luz, pero una luz oscura que nos ilumina no obstante lo suficiente para trabajar en adquirir la vida eterna. Pero las almas a las que quiere elevar a una perfecci\u00f3n extraordinaria, les comunica una luz sobrenatural que las ilumina casi sin oscuridad de manera que ven las cosas de Dios al descubierto, y est\u00e1n tan seguras como si las tocaran con los dedos. Dios no concede esta gracia a todos, nos debemos contentar con la luz oscura de la fe, ya que nos basta para ganarnos nuestra salvaci\u00f3n. Dichosos son los que no ven y sin embargo no dejan de creer<\/em>\u00ab. Este buen hermano hablaba por experiencia, pues gustaba de las cosas de Dios y las tocaba casi con el dedo. Por eso dijo un d\u00eda a su colega de quien tenemos todo esto: \u00ab<em>En verdad, es un pensamiento que me produce una gran satisfacci\u00f3n y un gran contento saber que Dios es todo y fuera de Dios todo no es nada. Que es todopoderoso todo incomprensible, todo bueno, todo infinito, que lo sabe todo, que lo ve todo, etc. \u2026 Me siento tan contento de saber que es todo esto que me basta con conocerle as\u00ed por la fe, y aunque pudiera saber y conocer m\u00e1s no lo querr\u00eda hacer. Ah qu\u00e9 bueno es perderse en Dios, perderse de esta forma! Es encontrase, cuando uno se pierde en \u00e9l por amor y no por curiosidad. El primer modo es bueno y semejante a la de los bienaventurados y el segundo es malo, del cual nacen las herej\u00edas, porque se pierde al querer ser el escrutador de la Majestad divina, que es infinita y que, por consiguiente, no puede ser comprendida por nuestro pobre y peque\u00f1o entendimiento que es limitado<\/em>\u00ab. La vida de la fe consiste, seg\u00fan el pensamiento de nuestro venerado hermano, \u00aben no hacer nada sino es por un motivo de fe, en no considerar nada sino con vistas a la fe, en estimar las cosas, no seg\u00fan las apariencias sino seg\u00fan el valor que la fe nos descubre en ellas y seg\u00fan la estima que Nuestro Se\u00f1or ha hecho de ellas.\u00bb Por eso todas las criaturas le serv\u00edan para elevarse a Dios.<\/p>\n<p>La esperanza que ten\u00eda en Dios era todo su gozo en este mundo, y se sent\u00eda bien\u00a0 por no tener otra cosa sobre la que apoyarse, ni en lo temporal ni en lo espiritual, visto que, dec\u00eda \u00e9l, ello me mantenga en la desconfianza de m\u00ed mismo y en la confianza y abandono en Nuestro Se\u00f1or. Mi prop\u00f3sito es poner toda mi obediencia, mi humildad, mi paciencia, mi resignaci\u00f3n y toda mi virtud en la esperanza en mi Dios. Si me quitaran a mi Dios, dec\u00eda tambi\u00e9n, a qui\u00e9n ir\u00eda, a qui\u00e9n recurrir\u00eda? No tengo no padres, ni amigos, ni a nadie para protegerme y asistirme; pero gran consuelo para m\u00ed, pensando en que no podr\u00edan quit\u00e1rmele; est\u00e1 siempre conmigo, \u00e9l es mi esperanza y mi refugio: <em>In te, Domine, speravi,<\/em> etc. \u2026\u00bb <em>Se ha sabido que en los asuntos m\u00e1s espinosos, en los que no sab\u00eda por d\u00f3nde empezar, dec\u00eda: \u00abAqu\u00ed comencemos, hay que abandonarse a la divina Providencia<\/em>\u00bb y de esta forma trabajando con confianza, era toda una sorpresa ver prosperar lo que hab\u00eda comenzado.<\/p>\n<p>A esta confianza un\u00eda \u00e9l un sincero amor para con su Dios; es lo que por otra parte nuestro venerado hermano ha expresado en estos t\u00e9rminos: en un escrito a mano. \u00abDudo si soy agradable a Dios, si mis acciones le agradan, si avanzo o retrocedo, lo que me es un asunto de extra\u00f1eza y de temor, cuando lo pienso, aunque no me inquiete ni me desanime\u00bb. Dios ama a los que le aman y tiene sus acciones como agradables; nuestro venerable hermano no sab\u00eda si amaba a Dios, porque el amor no dice nunca: <em>ya basta;<\/em> pero los que le conoc\u00edan bien dec\u00edan que era un hermano que amaba mucho a Dios. El amor de Dios es un fuego que consume los pecados y establece al alma en la gracia de Dios. Siguiendo esto, nuestro venerable hermano ten\u00eda altas ideas de los efectos de esta gracia divina. Veamos c\u00f3mo se explica. Vamos a usar sus propias palabras en toda su amable e ingenua sencillez, rogando no obstante que se advierta qu\u00e9 orden admirable hab\u00eda descubierto en los diferentes efectos de la gracia. \u00abLa gracia de Dios, dice, <em>purifica, pacta, edifica, fortifica, clarifica, modifica, bonifica, fructifica, crucifica, sacrifica, mortifica, vivifica, beatifica, santifica, glorifica, y deifica. <\/em>Oh gracia, en ti conf\u00edo\u00bb. Y como no ve\u00eda en \u00e9l estos admirables efectos que su humildad le ocultaba, tem\u00eda no ser agradable a Dios. De esta manera habla en un folletito escrito de su mano para dar cuenta a de su conciencia a su director. \u00ab<em>Me ha espantado, dice, la facilidad que se tiene de cometer un pecado de perder la gracia, de perder el alma, de perder a Dios y de perderle irremediablemente para siempre; y con ello caer en un abismo eterno de males, de rabia y de desesperaci\u00f3n. Todo lo que no se hace por Dios es contra Dios, tanto palabras como acciones, dec\u00eda \u00e9l<\/em>\u00ab. Por eso tem\u00eda no ser agradable a Dios. Sin embargo este temor no le imped\u00eda de ninguna manera en el camino del amor, al contrario le serv\u00eda de aguij\u00f3n\u00a0 y hac\u00eda siempre lo que era posible a favor\u00a0 del santo amor. <em>\u00ab\u00bfCu\u00e1ndo ser\u00e1, dec\u00eda,\u00a0 que yo vaya a Dios solo, ya que es el \u00fanico con quien tengo que ver?\u00bb<\/em> No tengamos m\u00e1s que este deseo y en \u00e9l no tendremos m\u00e1s que una sola petici\u00f3n y en esta petici\u00f3n lo hallaremos todo. As\u00ed que no deseemos y no pidamos m\u00e1s que a Dios solo y sin duda le encontraremos. Oh, qu\u00e9 motivos tengo de temer que haya perdido el tiempo, a no ser que Dios se contente con un poco de deseo virtual que he de hacer lo que hago por \u00e9l aunque no piense en ello. No obstante \u00e9l ve bien que no querr\u00eda hacer cosa alguna que le desagrade. Siendo un d\u00eda llamado para hablar sobre el asunto de la conferencia que era: \u00ab<em>Del amor de Dios\u00bb \u00e9l empieza: \u00abQu\u00e9 rematadamente est\u00fapido y sensual soy, no puedo decir gran cosa sobre este tema\u00bb; no obstante \u00e9l habl\u00f3 muy bien, como de ordinario, pues ten\u00eda talento para decir las cosas bien, y dio como medios de establecerse constante y s\u00f3lidamente en un perfecto amor de Dios, tres cosas que hacer: 1\u00ba operar; 2\u00ba padecer; 3\u00ba amar. \u00abOperar, dijo, seg\u00fan la fa y las m\u00e1ximas de Nuestro Se\u00f1or ense\u00f1ante; operar seg\u00fan la esperanza que tenemos en Dios; operar en caridad para con Dios y nuestro pr\u00f3jimo\u2026; sufrir en todas las dificultades que se encuentren en nuestro estado; sufrir por voluntad resign\u00e1ndonos a Dios para sufrir todo lo que \u00e9l quiera, y por \u00faltimo amar; pues san Francisco de Sales dijo que es el medio para tener amor y para ello elevarnos a menudo durante el d\u00eda hacia Dios; darle mil veces nuestro coraz\u00f3n y nuestro ser y hacerlo todo por \u00e9l. Esto deber\u00eda ser, a\u00f1adi\u00f3, el ejercicio de los hermanos en la Compa\u00f1\u00eda; ello ayuda grandemente al amor porque le inflama, y sin ello, pensaremos amar y no ser\u00e1 nada sino como la gente del mundo, a quienes si se les pregunta si aman a Dios responden con osad\u00eda que s\u00ed y sin embargo por sus obras andan bien lejos de ello<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>\u00c9stos eran los excelentes medios de que se serv\u00eda para vivir en esp\u00edritu de oraci\u00f3n, de fe y de amor de Dios. \u00abPero quien ama a Dios con un amor verdadero de caridad ama tambi\u00e9n ardientemente a su pr\u00f3jimo como hijo de Dios. Y sin embargo, en el momento en que les hablo, cu\u00e1ntos miles hay que se encuentran en la aflicci\u00f3n en los hospitales abrumados, en donde a uno le cortan un brazo, a otro una pierna, a otro le hacen una incisi\u00f3n dolorosa o le cortan, etc. \u2026otros que est\u00e1n en las prisiones, en esclavitudes vergonzosas entre los b\u00e1rbaros, tantas familias pobres abandonadas, perseguidas por los procesos y argucias; y tantos y tantos miserables; y sin embargo ello no me impresiona porque no lo veo, aunque no sea por eso menos verdad que si lo viera. Oh, que yo no me mueva\u00a0 porque se diga que Nuestro Se\u00f1or no se ha re\u00eddo nunca. Y c\u00f3mo podr\u00eda re\u00edrse aqu\u00e9l que, como Dios, ve\u00eda todas las desgracias de los hombres\u00bb. En otra ocasi\u00f3n nuestro venerado hermano dijo, por admiraci\u00f3n y asombro: \u00ab<em>Ser cristiano y no morir de dolor al ver cu\u00e1ntas almas se pierden y se van sin cesar y casi en cada momento de todos los pa\u00edses del mundo al abismo del infierno! Creerlo y no morir de dolor! Ah, es que no se conoce lo que valen las almas, o bien es que no se tiene fe\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Expresaba as\u00ed sus pensamientos con tal ardor y arrebato que estaba a punto de derramar l\u00e1grimas por la vehemencia de su amor al pr\u00f3jimo. Ten\u00eda algunas m\u00e1ximas muy hermosas pata inflamarse m\u00e1s y m\u00e1s en ese santo amor. Las escribimos aqu\u00ed.\u00a0\u00a0 <em>\u00abEs una excelente pr\u00e1ctica, dec\u00eda, mirar a Dios oculto en los que nos hacen bien o mal y recibir a uno y al otro como llegados de sus divinas manos como en efecto \u00e9l se sirve de nuestro pr\u00f3jimo para ello como instrumento de su Providencia. Ha sido la pr\u00e1ctica de los santos como un gran medio para estar siempre contento en la tierra y ponerse en un estado de felicidad y de beatitud comenzada en esta vida. Existe tambi\u00e9n otra pr\u00e1ctica que no es menos \u00fatil y verdadera que la primera, y es persuadirse de que el bien o el mal que hacemos a nuestro pr\u00f3jimo, se lo hacemos a Dios mismo, que est\u00e1 oculto en \u00e9l. Nos lo asegura en la sagrada Escritura: \u00abQuien os me toca a m\u00ed, dice, en la pupila del ojo. Y Nuestro Se\u00f1or nos tranquiliza que lo que hacemos al menor de los suyos, se lo hacemos a \u00e9l mismo. Pues si somos verdaderos disc\u00edpulos debemos poner en pr\u00e1ctica sus m\u00e1ximas y en toda ocasi\u00f3n mirarle siempre oculto\u00a0 en nuestro pr\u00f3jimo y estimar que lo que hacemos a nuestro pr\u00f3jimo se lo hacemos a \u00e9l mismo, y as\u00ed divinizaremos nuestras obras con relaci\u00f3n a este divino objeto. \u2018Si alguien me ama, dice Nuestro Se\u00f1or en el Evangelio, guardar\u00e1 mi palabra y mi padre le amar\u00e1 y vendremos a \u00e9l y habitaremos en \u00e9l\u2019.\u00a0 Oh. si fu\u00e9ramos fieles en considerar estas verdades, en ponerlas en pr\u00e1ctica, qu\u00e9 pronto ser\u00edamos grandes santos\u00bb!<\/em><\/p>\n<p>Llevando a la pr\u00e1ctica estas hermosas m\u00e1ximas, nuestro venerable hermano se hizo admirable en el ejercicio del amor y de la caridad del pr\u00f3jimo. Era de un trato cordial, benigno y afable que se ganaba el coraz\u00f3n de todos sus hermanos, teniendo una gracia singular en aliviar a los que ten\u00edan la confianza de descubrirle sus peque\u00f1as penas, de suerte que los superiores, reconociendo en \u00e9l ese don de Dios, le han empleado con frecuencia en consolar a muchos, tanto sacerdotes como cl\u00e9rigos, como hermanos, en sus aflicciones, lo que consegu\u00eda siempre con mucha bendici\u00f3n; as\u00ed que era el consuelo de todos, pero sobre todo de los pobres hermanos por quienes sent\u00eda una verdadera ternura, no omitiendo nada para librarlos de las penas e inquietudes en que su condici\u00f3n o escasa capacidad los encerraban con mucha frecuencia. Lo que obligaba a nuestro hermano a tomar siempre su partido, sirvi\u00e9ndoles de protector y de abogado en ocasiones, y haciendo lo mismo por los externos con mucha caridad. Es un gran medio para conservar la caridad y la uni\u00f3n fraterna nunca hablar mal de nadie a no se a aquellos que pueden remediarlo, y \u00e9sta era su pr\u00e1ctica seg\u00fan un escrito de su mano: \u00ab<em>No hablar de los defectos del pr\u00f3jimo sin haberme elevado a Dios para pedirle consejo; de otro modo ser\u00eda actuar seg\u00fan la naturaleza\u00a0 e inclinaci\u00f3n propia y corrompida. Ahora bien, para no hablar de los defectos, un gran medio es tener buena opini\u00f3n de todos y considerarse a s\u00ed mismo como el peor de todos\u00bb<\/em>. Otro sentimiento que nuestro venerable hermano ten\u00eda, hallado escrito por su mano y que es muy notable por la verdad que brilla en \u00e9l: \u00ab<em>Al mismo tiempo, dice, que yo pienso mal, o que me elevo sobre alguno, o me prefiero a \u00e9l, enseguida \u00e9se tiene ascendente sobre m\u00ed; est\u00e1 por encima de m\u00ed y yo peor que \u00e9l<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Trad. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Su nacimiento. Bertrand recibe una educaci\u00f3n especial. Entra al servicio de Mons. de Bayonne. Va a Paris y es recibido en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. 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