{"id":17400,"date":"2015-01-11T00:15:41","date_gmt":"2015-01-10T23:15:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/04\/16\/san-vicente-de-paul-maynard-libro-4-capitulo-3\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:53","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:53","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 4, cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo Tercero: las conferencias eclesi\u00e1sticas<\/strong>.<\/h2>\n<h3>I. <em>Su origen.<\/em><\/h3>\n<p>En sus misiones, Vicente no se hab\u00eda limitado a evangelizar a los pueblos; se hab\u00eda ocupado de la santificaci\u00f3n del clero, persuadido siempre de que la santidad del pastor es la salvaci\u00f3n del reba\u00f1o. Ten\u00eda por costumbre reunir siempre que pod\u00eda a todos los sacerdotes de un cant\u00f3n, para hablarles de Dios y de sus deberes. Despu\u00e9s de darles consejos sobre su direcci\u00f3n personal, les hablaba de la mejor manera de anunciar el Evangelio, de catequizar a los ni\u00f1os, de o\u00edr las confesiones y de administrar los sacramentos de la Iglesia.<\/p>\n<p>Se trataba de un esbozo de las conferencias eclesi\u00e1sticas, pero no pod\u00eda haber en ello nada definitivo ni durable. Ausentado el santo, todos volv\u00edan a sus costumbres, y con demasiada frecuencia, por desgracia, a su negligencia y a sus des\u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Los ejercicios de los ordenandos fueron un paso m\u00e1s en la reforma del clero. Se trabajaba en almas nuevas, que el mal no hab\u00eda endurecido todav\u00eda y que era f\u00e1cil plegar al bien. Adem\u00e1s, estos diez u once d\u00edas seguidos de retiro, de oraciones, de s\u00f3lidas charlas y de santos ejemplos deb\u00edan dejar en ellas una impresi\u00f3n m\u00e1s profunda. Pero, devueltas al mundo, a la disipaci\u00f3n, a los peligros del ministerio, a la influencia fatal de los antiguos del clero, \u00bfqu\u00e9 iba a ser de ellas? Vicente presentaba todos los d\u00edas sus inquietudes a Dios. Conoc\u00eda tan bien la inconstancia y la debilidad de la voluntad humana. Cu\u00e1ntas veces hab\u00eda visto a sacerdotes conquistados as\u00ed para la prudencia y la virtud, que, vueltos enseguida, seg\u00fan la palabra del ap\u00f3stol, a una naci\u00f3n mala y corrompida, hab\u00edan sido v\u00edctimas de nuevo de sus sentimientos, sus m\u00e1ximas y su conducta. Se lamentaba, rogaba y buscaba los medios de mantener a los ordenandos en sus resoluciones y de traer a los dem\u00e1s a la perfecci\u00f3n de su estado.<\/p>\n<p>Se le ocurrieron varios proyectos. Pero era tan humilde y tal su desconfianza de sus propias luces, tal el temor de adelantarse a la hora de la Providencia, que los rechaz\u00f3 todos, y volv\u00eda a la calma y al silencio de la oraci\u00f3n, a la espera de que una circunstancia le revelara la voluntad de Dios. Ya que es de notar que este hombre, que abraz\u00f3 todas las obras \u00fatiles al clero y a los pueblos, las hizo todas suyas marc\u00e1ndolas para siempre con su nombre, no tom\u00f3 quiz\u00e1s la iniciativa de ninguna, y que pudo decir despu\u00e9s de cada una de sus grandes fundaciones: \u00ab\u00a1Yo no hab\u00eda pensado en ello!\u00bb Dios respetaba de este modo y dirig\u00eda su humildad, principio y fundamento de sus instituciones, como de sus virtudes; en todo quer\u00eda dejar visible, a los ojos de Vicente y a los ojos del mundo, la impronta de ese dedo que solo crea, sostiene y conserva.<\/p>\n<p>En estas reflexiones y proyectos se hallaba Vicente, cuando uno de los j\u00f3venes eclesi\u00e1sticos que hab\u00edan tomado parte en los retiros de los ordenandos, vino a verle y le propuso recibir en San L\u00e1zaro, en reuniones peri\u00f3dicas, a todos aquellos que quisieran mantener entre ellos la gracia de la ordenaci\u00f3n, animarse mutuamente a bien vivir, hablar sobre las virtudes y las funciones de su estado, en una palabra santificarse ellos mismos para santificar a los pueblos. Era el impulso exterior, la palabra de lo alto que esperaba Vicente. Dios acababa de hablarle por la boca de aquel joven. Al punto se acord\u00f3 de las famosas conferencias en las que los Padres del desierto se fortalec\u00edan contra el enemigo invisible y se estimulaban a la perfecci\u00f3n cristiana. La soledad entonces era el gran campo de batalla del futuro, y por ello los demonios, due\u00f1os del resto de la tierra, luchaban all\u00ed con tanto encarnizamiento contra estos hombres que les disputaban el imperio. Pero, desde el triunfo del cristianismo, era el mundo el que se hab\u00eda convertido en el teatro del combate, donde los sacerdotes, m\u00e1s expuestos todav\u00eda que los solitarios de Oriente, obligados a defender a los dem\u00e1s defendi\u00e9ndose a s\u00ed mismos, necesitaban revestirse de una armadura m\u00e1s fuerte y proveerse auxilios m\u00e1s abundantes. Pod\u00edan encontrarlo en estas conferencias, consagradas por tantos ilustres ejemplos y la bendici\u00f3n de Dios. \u00abEste pensamiento es del cielo, dijo al fin Vicente a l joven; sin embargo, reflexionemos m\u00e1s y recemos!\u00bb Y le despidi\u00f3.<\/p>\n<p>En efecto, durante quince d\u00edas m\u00e1s, reflexion\u00f3 y consult\u00f3 a Dios. crey\u00f3 cada vez m\u00e1s reconocer que se trataba de su gloria y del bien de su Iglesia. para acabar de asegurarse contra toda sugesti\u00f3n personal y humana, someti\u00f3 el proyecto, primero al arzobispo de Par\u00eds, quien se apresur\u00f3 a aprobarlo, y pronto al soberano pont\u00edfice, a quien consultaba siempre, incluso sin estar obligado, persuadido de que su aprobaci\u00f3n ser\u00eda al menos una bendici\u00f3n a la obra.<\/p>\n<p>No quedaba ya m\u00e1s que formar el n\u00facleo de la nueva asociaci\u00f3n y escoger bien sus primeros miembros. Aqu\u00ed tambi\u00e9n Vicente actu\u00f3 con una prudencia admirable. Entre los j\u00f3venes eclesi\u00e1sticos que hab\u00edan hecho los ejercicios de la ordenaci\u00f3n bajo su vigilancia, hab\u00eda varios que, teni\u00e9ndole como su padre, continuaban dirigi\u00e9ndose a \u00e9l, rog\u00e1ndole que los dedicara, seg\u00fan valorara \u00e9l su aptitud, a las diversas funciones de su estado. En efecto, les asignaba los empleos donde pod\u00edan producir el mayor fruto para el pr\u00f3jimo y para s\u00ed mismos. A unos, los enviaba a dar misiones en provincias; a aquellos, los reten\u00eda en Par\u00eds para dirigirlos y seguirlos de m\u00e1s cerca. Por entonces, se constru\u00eda, cerca de la puerta de San Antonio, la iglesia de las Hijas de la Visitaci\u00f3n, de quienes era superior, y estaban empleados en esta construcci\u00f3n un gran n\u00famero de obreros. Aprovech\u00f3 esta ocasi\u00f3n para poner a los suyos tambi\u00e9n a la obra y hacer con ellos su experiencia. Les propuso pues dar una misi\u00f3n a aquella buena gente en los intervalos de su trabajo. La propuesta fue aceptada con entusiasmo. Y al punto vemos a estos j\u00f3venes eclesi\u00e1sticos distribuirse por los talleres y, con una ingeniosa caridad, sin robarles nada a las horas de trabajo, encuentran el medio de dar a todos las instrucciones ordinarias de las misiones, de o\u00edr sus confesiones generales, y de disponerlos s llevar en adelante una vida verdaderamente cristiana.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda, Vicente no dejaba de acudir a la puerta\u00a0 San Antonio para vigilar el trabajo de sus obreros espirituales. A vista de tanto celo, habilidad y concordia, no dud\u00f3 un momento que no hubiera encontrado en ellos los elementos de su obra. Celebr\u00f3 entrevistas en primer lugar con cada uno de ellos en particular, para darles pie a expresar sus disposiciones, libremente, sin respeto humano, fuera de esa corriente contagiosa e indefinible de acci\u00f3n y reacci\u00f3n rec\u00edproca que circula en una asamblea. Todos le respondieron con una unanimidad que un acuerdo previo no habr\u00eda producido y, el 11 de junio de 1633, les propuso p\u00fablicamente su proyecto de reunirlos de vez en cuando para fortalecerlos, y fortalecerse a s\u00ed mismo con el ejemplo suyo, en el ejercicio de las virtudes cristianas y sacerdotales: \u00abPrescribid, ordenad, exclamaron a una voz; nos remitimos a vos, y no hay nada que no estemos preparados a emprender bajo vuestra direcci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Encantado con estas disposiciones, Vicente fij\u00f3 el d\u00eda de la primera asamblea, que se celebr\u00f3 en San L\u00e1zaro hacia finales de junio. En ella explic\u00f3 con mayor detalle su pensamiento, para confirmar a aquella gente en su resoluci\u00f3n de conservar y aumentar la gracia que hab\u00edan recibido por la imposici\u00f3n de las manos: \u00abTeniendo el honor de ser sacerdotes de Jesucristo, les dijo en sustancia, est\u00e1n ustedes obligados a cumplir, y cumplir hasta el final, los deberes del estado que ustedes han abrazado . seria bien triste que alguno de ustedes diera motivos a que se dijera de \u00e9l que, igual que el insensato de quien habla el Evangelio, comenz\u00f3 a construir, pero no tuvo bastante valor para acabar su edificio. Ustedes ya saben tan bien como nadie, que esta desgracia, por deplorable que sea, no por ello es menos com\u00fan.. S\u00ed, son demasiados los sacerdotes que justifican todos los d\u00edas lo que dijo Jerem\u00edas, que el oro se ha oscurecido, que las piedras m\u00e1s preciosas del santuario se han esparcido por las calles y que han sido pisoteadas en las plazas p\u00fablicas. Para caer en ese desdichado estado no es necesario entregarse a los grandes cr\u00edmenes, basta con enfriarse en el servicio de Dios, decaer de su primera caridad, dejarse ir a la disipaci\u00f3n por los anchos caminos del mundo; ya que los dispensadores de los santos misterios est\u00e1n desordenados, cuando se salen de la perfecci\u00f3n que pude su santa profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Mi prop\u00f3sito no es sin embargo llevarles a separarse del todo del mundo, ni siquiera a reunirlos a todos en una sola casa. Ustedes pueden continuar viviendo cada uno en su casa o en casa de sus parientes. Pero creo que les convendr\u00eda estrechar casa vez m\u00e1s los lazos de la caridad que los unen ya. Es f\u00e1cil conseguirlo, y lo conseguir\u00e1n en efecto, si quieren someterse a un cierto reglamento de vida, practicar los mismos ejercicios de virtud, hablar\u00a0 de vez en cuando de la santidad y de los deberes de su vocaci\u00f3n. No dudo de que siguiendo este plan presenten cara a todos sus enemigos. Esta conducta les dar\u00e1 fuerzas frente a la corrupci\u00f3n del siglo y les har\u00e1 fieles a las obligaciones de su estado. Se podr\u00e1 entonces aplicarles lo que dijo un profeta<span id='easy-footnote-1-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-1-17400' title='Baruch, , c. III, 34.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>; \u2018Los astros brillan en sus atalayas; Dios los llama y contestan: Henos aqu\u00ed, y lucen alegremente en honor del que los hizo\u2019; es decir que se hallar\u00e9 en ustedes tanto el buen ejemplo para edificar a sus familias como una disposici\u00f3n continua a ocuparse de los empleos a los que sean llamados; de manera que Jesucristo, autor de su sacerdocio, tendr\u00e1 motivos de estar satisfecho del servicio que reciba de ustedes.\u00bb<\/p>\n<p>Durante estas palabras, todos los corazones estaban ardientes, y una santa alegr\u00eda brillaba en sus rostros. En medio de sentimientos de filial sumisi\u00f3n y de piadoso agradecimiento, se repiti\u00f3 el compromiso de servir en todo la direcci\u00f3n del santo sacerdote.<\/p>\n<p>En cuanto a \u00e9l, en la necesidad de difundir su gozo ante los hombres como ante Dios, escribi\u00f3 a varias direcciones el primer \u00e9xito de esta asamblea. Se recuerda la carta del 5 de julio, en la que daba cuenta a uno de sus sacerdotes de Roma de la obra de los ordenandos. Esta carta contin\u00faa as\u00ed: \u00abPues bien, estos d\u00edas pasados, uno de ellos, hablando del modo de vivir de que llevaban los que hab\u00edan pasado con \u00e9l por los ejercicios de los ordenandos, propuso un pensamiento que hab\u00eda tenido de unirlos en forma de asamblea o de compa\u00f1\u00eda; lo que se hizo con una satisfacci\u00f3n particular de todos los dem\u00e1s. Y el fin de esta asamblea es entregarse a su propia perfecci\u00f3n, a procurar que Dios no sea ofendido, sino que sea conocido y servido en sus familias, y buscar su gloria en las personas eclesi\u00e1sticas y entre los pobres; y ello bajo la direcci\u00f3n de una persona de esta casa, donde deben reunirse cada ocho d\u00edas. Y como Dios bendijo los retiros que varios p\u00e1rrocos de esta di\u00f3cesis han hecho aqu\u00ed, estos se\u00f1ores han deseado hacer lo mismo, y de hecho han comenzado. Pues con ello, hay razones para esperar grandes bienes de esto, si es del agrado de Nuestro Se\u00f1or dar su bendici\u00f3n a su obra que yo recomiendo en particular a vuestras oraciones.\u00bb<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n tuvo la primera idea de estas conferencias? Su nombre no ser\u00e1 nunca, sin duda hasta el gran d\u00eda de las revelaciones, conocido m\u00e1s que de Dios, y quedar\u00e1 en la tierra en esa oscuridad que tan bien les va a los promotores de las obras cristianas. Algunos se han inclinado por atribuir el m\u00e9rito al abate Olier. Cierto es que los historiadores de san Vicente de Pa\u00fal est\u00e1n de acuerdo en nombrarle el primero de los que entraron desde un principio en la Compa\u00f1\u00eda, que contribuy\u00f3 a su progreso atrayendo nuevos miembros, y formando en otras partes otras reuniones conformes a este modelo. En un cap\u00edtulo por largo tiempo in\u00e9dito de su historia, Abelly escribi\u00f3 a Olier: \u00ab\u00c9l hab\u00eda sido uno de los primeros que acudi\u00f3 a los ejercicios de los ordenandos para preparase a la recepci\u00f3n de las sagradas \u00f3rdenes: \u2026 y all\u00ed fue donde bebi\u00f3 en abundancia este esp\u00edritu eclesi\u00e1stico del que se ha visto tan perfectamente colmado y animado. Fue de este modo <em>uno de los primeros <\/em>que, para mejor conservar y perfeccionar este esp\u00edritu, se ali\u00f3 con otros varios eclesi\u00e1sticos virtuosos, para celebrar todas las semanas conferencias espirituales en San L\u00e1zaro, bajo la direcci\u00f3n del Sr. Vicente<span id='easy-footnote-2-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-2-17400' title=' Este cap\u00edtulo ha sido publicado por primera vez por el Sr. Faillon al final de la &lt;em&gt;Vida del Sr. Olier.&lt;\/em&gt;'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>No tengamos la menor duda a pesar de todo, Olier no fue el promotor de la obra, y la prueba perentoria est\u00e1 en una carta citada por Abelly. \u00ab<em>Quien hab\u00eda hecho la primera propuesta <\/em>de este plan al Sr. Vicente, escribe el viejo historiador<span id='easy-footnote-3-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-3-17400' title=' Lib. II, c. III, p. 248.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>, no se encontr\u00f3 en esta asamblea (de finales de junio), <em>hall\u00e1ndose por entonces ocupado en trabajar en algunas misiones fuera de Par\u00eds; <\/em>por lo cual el Sr. Vicente le escribi\u00f3 la carta siguiente:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Dios sea bendito, Se\u00f1or, por todas las gracias y bendiciones que derrama sobre vuestra casa! \u00bfNo le parece que tantos obreros que siguen ociosos estar\u00edan bien empleados en la gran mies en la que trabaj\u00e1is ahora, y que los que conocen la necesidad que el due\u00f1o de la mies tiene de obreros, ser\u00e1n culpables de la sangre de su hijo que dejan in\u00fatiles por falta de dedicaci\u00f3n? Oh, que el pensamiento, que me hicisteis el honor de comunicarme estos d\u00edas pasados, ha sido bien acogido por los se\u00f1ores eclesi\u00e1sticos, de todos los cuales hemos hablado en general y de cada uno en particular. Los vimos <em>hace quince d\u00edas <\/em>reunidos, y resolvieron lo que me propusisteis con una uniformidad de esp\u00edritu que pareci\u00f3 toda de Dios. yo comuniqu\u00e9 mi discurso con las palabras que me dijisteis, sin nombraros, sino cuando fue necesario haceros de sus n\u00famero y guardaros vuestro lugar entre ellos. <em>Deben reunirse tambi\u00e9n hoy. <\/em>Oh, Se\u00f1or, \u00a1qu\u00e9 motivos tenemos de esperar mucho bien de esta Compa\u00f1\u00eda! Sois su promotor y ten\u00e9is inter\u00e9s que salga adelante para gloria de Dios. rogadle por ello, por favor, Se\u00f1or, y por m\u00ed en particular.\u00bb<\/p>\n<p>Esta carta es evidentemente del 9 de julio, d\u00eda de la segunda reuni\u00f3n, lo que fija la fecha de la primera, quince <em>d\u00edas<\/em> antes, en el 25 de junio. Ser\u00eda del 25 o 26 de junio, si se le supone escrita entre la reuni\u00f3n preparatoria del 11 y la asamblea en que Vicente pronuncio el discurso analizado hace un momento. Pues, del 25 de junio o del 9 de julio, no pudo ser dirigida al abate Olier quien, no estaba seguramente \u00abocupado en trabajar\u00a0 en alguna misi\u00f3n fuera de Par\u00eds.\u00bbOrdenado sacerdote el 21 de marzo de 1633, despu\u00e9s de un retiro con los sacerdotes de la Misi\u00f3n, Olier dedic\u00f3 tres meses enteros\u00a0 a los ejercicios espirituales para prepararse a su primera misa, que celebr\u00f3 el 24 de junio, d\u00eda de san Juan Bautista, y no sali\u00f3 de Par\u00eds hasta 1634, para ir a evangelizar las parroquias de Auvergne, dependientes de su abad\u00eda de P\u00e9brac. Emple\u00f3 todo este tiempo en prepararse para este ministerio apost\u00f3lico, siempre bajo la direcci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, y fue sin duda inmediatamente despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n de su primera misa cuando fue asociado a la nueva Compa\u00f1\u00eda por el santo fundador. Tal vez asisti\u00f3 a la segunda asamblea<span id='easy-footnote-4-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-4-17400' title=' &lt;em&gt;Vida del Sr. Olier, &lt;\/em&gt;tom. I, pp. 62 y ss., 79 y ss.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3>II. <em>Organizaci\u00f3n y reglamento de las conferencias.<\/em><\/h3>\n<p>Esta segunda asamblea se tuvo el 9 de julio de 1633. se estableci\u00f3 el orden que se deb\u00eda observar en adelante, y se eligieron los oficiales que presidir\u00edan en las conferencias. Eran cinco, necesariamente escogidos del cuerpo de la Compa\u00f1\u00eda: un director, un prefecto, dos asistentes y un secretario. As\u00ed eran dirigidas las c\u00e9lebres congregaciones establecidas por los Jesuitas, de las cuales se tomaba el modelo. El superior general de la Misi\u00f3n era nombrado director a perpetuidad, y ten\u00eda derecho, en caso de ausencia, a deputar en su lugar a un sacerdote de su congregaci\u00f3n.\u00a0 Uno u otro presid\u00eda en las asambleas, donde nada se pod\u00eda proponer ni resolver sin su asentimiento. El prefecto, de acuerdo con el director, vigilaba la observancia de los reglamentos. Ten\u00eda alta inspecci\u00f3n sobre todos los eclesi\u00e1sticos de de la conferencia, les avisaba de sus faltas, los visitaba o mandaba visitar en sus enfermedades, les preparaba una santa muerte, y asist\u00eda, a la cabeza de todos sus cohermanos, a sus funerales. \u2013Los asistentes formaban su consejo, y su cargo en caso de ausencia y le ayudaban sobre todo a disponer a los postulantes. \u2013El secretario escrib\u00eda todas las resoluciones tomadas en las asambleas y, despu\u00e9s de mostrar su primera redacci\u00f3n al director o al prefecto, la consignaba en un registro. Mon\u00e1rquico por su director, el gobierno de esta peque\u00f1a sociedad era aristocr\u00e1tico por sus oficiales y popular por la acci\u00f3n permitida a los simples miembros. \u2013Se dispuso tambi\u00e9n el 9 de julio que las conferencias se celebrar\u00edan a las dos de la tarde todos los <em>martes<\/em>, de donde tomaron el nombre, a menos que ese d\u00eda fuera o una fiesta o una v\u00edspera de fiesta principal. El lugar de reuni\u00f3n era San L\u00e1zaro desde Pascua a Todos los santos, y el colegio Bons-Enfants, durante el resto del a\u00f1o. Adem\u00e1s, en 1642, se estableci\u00f3 una nueva conferencia eclesi\u00e1stica en el colegio Bons-Enfants. Las &lt;damas de la asamblea de la Caridad de Par\u00eds habiendo obtenido cierto n\u00famero de sacerdotes para la asistencia a los enfermos del H\u00f4tel-Dieu, Vicente recibi\u00f3 en su San L\u00e1zaro a los seis primeros que se destinaba a este empleo y los prepar\u00f3 all\u00ed con los ejercicios del retiro. Luego, para conservarlos en el esp\u00edritu de piedad, de caridad y de uni\u00f3n fraterna, les propuso entre otros medios reunirse una vez cada semana en Bons-Enfants, y tener all\u00ed conferencias espirituales como en San L\u00e1zaro. Habi\u00e9ndose aceptado la propuesta, les design\u00f3 el <em>jueves <\/em>en lugar del <em>martes<\/em> para tener sus reuniones ya que la vacaci\u00f3n de este d\u00eda podr\u00eda permitir a los j\u00f3venes te\u00f3logos de la Universidad, que cubr\u00edan la montaza de Santa Genoveva al pie de la cual estaba el colegio, bajar y asistir a la nueva conferencia sin perder ninguna clase. Esta conferencia prosper\u00f3 como la de San L\u00e1zaro y ofreci\u00f3 a los estudiantes el medio de unir el estudio de la virtud al de la ciencia.<\/p>\n<p>Pero no tard\u00f3 Vicente en redactar un reglamento m\u00e1s extenso, en el que, con una sabidur\u00eda admirable, traz\u00f3 el fin de la Compa\u00f1\u00eda, su composici\u00f3n y su reclutamiento, las virtudes y el empleo del tiempo de cada uno de sus miembros.<\/p>\n<p>I..\u2013El fin de la Compa\u00f1\u00eda, dictaba \u00e9l, es honrar la vida de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, su sacerdocio eterno, su santa familia y su amor a los pobres. para alcanzarlo, los miembros tratar\u00e1n de conformar su vida con la suya, de procurar la gloria de Dios en el estado eclesi\u00e1stico y entre los pobres, bien de las ciudades, bien de los campos, seg\u00fan la devoci\u00f3n de cada uno. en sus palabras y en toda su conducta, particularmente en lo que se refiere al servicio de Dios, de la Iglesia y del pr\u00f3jimo, practicar\u00e1n una sencillez signa, una humildad discreta, una bondad cordial, una devoci\u00f3n a la vez com\u00fan y s\u00f3lida, un amor ardiente por la Iglesia y su disciplina, un celo apost\u00f3lico para dar misiones en los campos, en los hospitales, en los lugares m\u00e1s pobres y abandonados. . se tendr\u00e1n como unidos a Jesucristo con un nuevo lazo de amor. En consecuencia, deber\u00e1n amarse, visitarse, consolarse unos a otros, sobre todo en sus aflicciones y enfermedades, sin abandonarse ni siquiera en la muerte, sino asistiendo a los funerales de los que fallezcan y celebrando tres misas o comulgando a su intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. . \u2013La Compa\u00f1\u00eda no se compondr\u00e1 m\u00e1s que de eclesi\u00e1sticos promovidos a las \u00f3rdenes, de doctrina y de costumbres irreprochables y muy experimentados. Destinada \u00fanicamente al clero secular, no admitir\u00e1 a nadie que pertenezca o haya pertenecido a una congregaci\u00f3n religiosa. Los que pretendan formar parte de ella no deber\u00e1n tener ni beneficio ni empleo incompatibles con la asiduidad a las conferencias hebdomadarias. Los postulantes se dirigir\u00e1n o ser\u00e1n propuestos primeramente al director que encargar\u00e1 a sus oficiales que tomen de ellos serias informaciones y se las presenten a \u00e9l. Si el informe es favorable, el director los propondr\u00e1 una primera vez a la asamblea, a la que conceder\u00e1 quince d\u00edas para informarse por s\u00ed misma sobre el m\u00e9rito de los candidatos. Despu\u00e9s de ello, si no ha surgido ning\u00fan impedimento, se proceder\u00e1 a su admisi\u00f3n solemne. El postulante, quien habr\u00e1 debido de antemano ver a los oficiales para informarse sobre los reglamentos y el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda, ser\u00e1 presentado al final de la conferencia. Lo har\u00e1 el director a la asamblea y, acerc\u00e1ndose a \u00e9l, la abrazar\u00e1 de rodillas, lo que har\u00e1n igualmente los oficiales y todos los miembros. Entonces el secretario de inscribir\u00e1 en el gran registro de la Compa\u00f1\u00eda. El postulante habr\u00e1 hecho, antes de ser admitido, los ejercicios espirituales, con una confesi\u00f3n general de toda su vida o una revisi\u00f3n de los \u00faltimos a\u00f1os al director o al misionero designado por \u00e9l. Para unirse cada vez m\u00e1s a Dios, a su obispo y al cuerpo de la Compa\u00f1\u00eda, todos los a\u00f1os, el d\u00eda del jueves santo, cada uno renovar\u00e1 todos sus compromisos, siguiendo esta f\u00f3rmula:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1VIVA JES\u00daS, VIVA MAR\u00cdA!<\/p>\n<p>\u00abSalvador del mundo, Jesucristo, yo, N\u2026, os escojo hoy por el \u00fanico ejemplar de mi vida, y os ofrezco el buen e irrevocable prop\u00f3sito de vivir seg\u00fan las promesas que he hecho en el santo bautismo y al recibir las sagradas \u00f3rdenes; y me propongo observar los reglamentos de la Compa\u00f1\u00eda de los eclesi\u00e1sticos, y de vivir y morir en ella, mediante vuestra santa gracia que os pido por la intercesi\u00f3n de vuestra santa Madre y san Pedro.\u00bb<\/p>\n<p>III.\u2013Los miembros se levantar\u00e1n todos los d\u00edas a una hora se\u00f1alada, har\u00e1n al menos media hora de oraci\u00f3n, y despu\u00e9s de la recitaci\u00f3n de las horas menores can\u00f3nicas, celebrar\u00e1n la santa misa o la oir\u00e1n. Los que no son sacerdotes comulgar\u00e1n todos los domingos y fiestas principales. Al regreso, leer\u00e1n con la cabeza descubierta y de rodillas un cap\u00edtulo del Nuevo Testamento con adoraci\u00f3n de las verdades, comuni\u00f3n de sentimientos, resoluci\u00f3n de llevar a la pr\u00e1ctica los preceptos que en \u00e9l se contienen. El final de la ma\u00f1ana estar\u00e1 dedicado a un estudio conveniente a la condici\u00f3n de cada uno. Antes de comer, har\u00e1n un examen particular sobre la adquisici\u00f3n de una virtud o la extirpaci\u00f3n de un defecto. La cena ir\u00e1 precedida de otro examen semejante. . una hora al menos de recreo seguir\u00e1 a cada comida. Por la tarde, leer\u00e1n un cap\u00edtulo de alg\u00fan libro espiritual, y repartir\u00e1n el resto del tiempo entre el oficio divino, el estudio, las visitas y dem\u00e1s obligaciones de caridad o de cortes\u00eda. De regreso temprano para recitar maitines antes de cenar, terminar\u00e1n la jornada con el examen general y la lectura de los puntos de meditaci\u00f3n del d\u00eda siguiente. Cada a\u00f1o tendr\u00e1n un retiro en San L\u00e1zaro, o en alguna otra casa religiosa, con dispensa, por supuesto, del director.<\/p>\n<p>IV.\u2013 Habr\u00e1 dos clases de asambleas: la ordinaria y la extraordinaria, o la grande y la peque\u00f1a.<\/p>\n<p>1\u00ba A la primera, que es la asamblea de los martes, todos los miembros est\u00e1n obligados a asistir, si no hay impedimento leg\u00edtimo de lo que dar\u00e1n cuenta de antemano al prefecto, o se excusar\u00e1n en la reuni\u00f3n siguiente. Con mayor raz\u00f3n informar\u00e1n al prefecto y a la Compa\u00f1\u00eda si su ausencia debe prolongarse; y, durante su viaje o estancia fuera de Par\u00eds, escribir\u00e1n de vez en cuando a la Compa\u00f1\u00eda para dar noticias de su persona, de lo que hayan hecho o sufrido por Dios y el pr\u00f3jimo; tratar\u00e1n de honrar en todo su proceder el cuerpo al que pertenecen. \u2013Todo obispo tiene siempre derecho de entrada a las asambleas ordinarias. En cuanto a los eclesi\u00e1sticos extra\u00f1os a la conferencia, son admitidos excepcionalmente, en conformidad con la Compa\u00f1\u00eda, y solamente cuando se deba tratar de los cargos que hayan ejercido o de alguna misi\u00f3n en la que deben tomar parte.<\/p>\n<p>La sesi\u00f3n se abre con el <em>Veni<\/em> <em>Creator, <\/em>recitado de rodillas y entonado por el director, que no cede su puesto m\u00e1s que al arzobispo de Par\u00eds; luego, se levantan y toman asiento seg\u00fan su dignidad o el rango fijado por el secretario.<\/p>\n<p>Las conferencias no tienen por lo com\u00fan por materia m\u00e1s que tres clases de temas: virtudes generales del cristiano; -deberes propios de los eclesi\u00e1sticos, como la administraci\u00f3n de los sacramentos, el oficio divino, la santa misa, el buen ejemplo, las ceremonias; -cargos o dignidades de la Iglesia, como el de oficial, de promotor, de gran vicario, de arcediano, de de\u00e1n, de te\u00f3logo, de can\u00f3nigo, de p\u00e1rroco, de capell\u00e1n, etc. \u2013Cada asunto se trata en tres puntos: Motivos de una virtud, su naturaleza y medios de ponerla en pr\u00e1ctica: -doctrina de una ceremonia, su pr\u00e1ctica, disposiciones que requiere; -origen y antig\u00fcedad de tal cargo, sus poderes y funciones, cualidades de os que le ejercen.<\/p>\n<p>Cada uno trata a su vez el tema propuesto con antelaci\u00f3n, y no habla m\u00e1s que un cuarto de hora aproximadamente. Dos oficiales hacen sin embargo uso de la palabra en cada sesi\u00f3n, y se invita a veces a hablar fuera de turno a los que se supone mejor instruidos en la materia, a un oficial, por ejemplo, a un gran vicario, a hablar de su cargo.<\/p>\n<p>Los asuntos excepcionales de las conferencias son una misi\u00f3n que la Compa\u00f1\u00eda va a emprender, y sobre la que se necesita ponerse de acuerdo; un caso de conciencia dif\u00edcil de resolver, sobre el que un miembro, en misi\u00f3n tambi\u00e9n, pide el parecer de sus cohermanos.<\/p>\n<p>Cada sesi\u00f3n dura una hora y media o dos horas. Hacia el final, el director resume la discusi\u00f3n y concluye con algunas palabras sencillas y afectivas. Si hay alg\u00fan obispo presente le invita a hacerlo en su lugar, a\u00f1adiendo tan s\u00f3lo una palabra de exhortaci\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda a aprovecharse de cuanto se ha dicho.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de lo cual, asigna el tema de la conferencia pr\u00f3xima, que el secretario escribe y repite; da algunos consejos, si hace falta, hace las recomendaciones de oraciones y termina la sesi\u00f3n con una ant\u00edfona a la sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>2\u00ba Las asambleas menores se componen del director y de cuatro oficiales, a los que se a\u00f1aden, en circunstancias importantes y extraordinarias, algunos miembros de la Compa\u00f1\u00eda, elegidos entre los m\u00e1s antiguos, los m\u00e1s celosos y m\u00e1s sabios.<\/p>\n<p>Estas asambleas se celebran el primer lunes de cada mes. En ellas se observa el mismo orden que en las asambleas de los martes; s\u00f3lo cambia el objeto \u00fanico de las deliberaciones. Se ocupan en ella o del bien general de la Compa\u00f1\u00eda, o de la elecci\u00f3n de los oficiales. En el primer punto de vista, se recorre la lista de los miembros para asegurarse si todos cumplen susdeber; se relee el reglamento y se pregunta si ha habido alguna infracci\u00f3n; por \u00faltimo, se toman resoluciones para la buena marcha y el adelantamiento de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>En cuanto a los oficiales, que no son elegidos m\u00e1s que para seis meses y no son inmediatamente reelegibles, se eligen por mayor\u00eda de votos, del cat\u00e1logo de la Compa\u00f1\u00eda reducido sucesivamente, y se les distribuyen los cargos seg\u00fan su aptitud reconocida.<\/p>\n<p>Resoluciones y elecciones se propone luego en la pr\u00f3xima asamblea general, que aprueba<span id='easy-footnote-5-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-5-17400' title=' Nos hemos servido para esta exposici\u00f3n del reglamento oficial de la conferencia comunicado a cada miembro y de una memoria secreta que deb\u00eda estar a disposici\u00f3n de la Misi\u00f3n. V\u00e9ase &lt;em&gt;Instructions et M\u00e9moires, &lt;\/em&gt;n. 12, B. Mss, in-4, ; Archivos de la Misi\u00f3n. Hemos fundido, desarrollado y completado uno y otro el reglamento y la memoria. '><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Este orden se aplic\u00f3 desde el 16 de julio de 1633, d\u00eda de la primera conferencia. En la \u00faltima asamblea preparatoria , Vicente hab\u00eda dado el asunto, que era sobre el esp\u00edritu eclesi\u00e1stico. La discusi\u00f3n fue s\u00f3lida, la palabra sencilla. Era tambi\u00e9n una ley que hab\u00eda dado Vicente, comprendiendo bien que en una asamblea parecida la afectaci\u00f3n de una elocuencia estudiada y profana ahogar\u00eda todo fruto en su germen. Sin duda, recomendaba a los que deb\u00edan hablar una larga y seria preparaci\u00f3n, pero una preparaci\u00f3n obtenida a los pies del crucifijo, en el silencio de una piadosa meditaci\u00f3n, y no en la ret\u00f3rica humana, ni en los c\u00e1lculos de la vanidad, ni siquiera en los libros teol\u00f3gicos, a menos que la importancia de la materia exigiera estudios m\u00e1s sabios. Y, en ese caso mismo, prohib\u00eda que se apartaran, el hablar, de la sencillez de los hijos de Dios, y que se propusieran otro fin que su gloria. Proscrib\u00eda sin compasi\u00f3n todas las pompas del esp\u00edritu y todo lo que san Pablo llama la vana persuasi\u00f3n de la sabidur\u00eda humana. Entre dos expresiones, quer\u00eda que se reprimiera la m\u00e1s brillante para hacer as\u00ed un sacrificio a Dios en el fondo del coraz\u00f3n y que se sacara al exterior a m\u00e1s humilde, sola, por lo dem\u00e1s, dec\u00eda \u00e9l,\u00a0 capaz de edificar, de nutrir, de llegar al coraz\u00f3n y llevarlo al bien. Esta teor\u00eda tuvo muy pronto fuerza de ley entre los miembros de la conferencia, y nadie pudo apartarse de ella sin hacer saltar las reclamaciones incluso de los m\u00e1s doctos. No fue solamente la ley, sino el atractivo que tra\u00eda a San L\u00e1zaro. Es lo que nos cuenta una carta de Vicente del 17 de marzo de 1642: \u00abLa compa\u00f1\u00eda de los externos que viene a celebrar conferencias en San L\u00e1zaro hace profesi\u00f3n de tratar las materias con toda sencillez; y en el momento que alguien presenta m\u00e1s doctrina, o adorna su lenguaje, ah\u00ed mismo me llagan quejas para poner remedio; y quien me ha hecho la \u00faltima ha sido el Sr. Trist\u00e1n, doctor en teolog\u00eda,\u00a0 que pertenece al cuerpo: y no obstante Nuestro Se\u00f1or que todos quieran serlo.\u00bb Por lo dem\u00e1s, Vicente a la teor\u00eda a\u00f1ad\u00eda la prescripci\u00f3n mucho m\u00e1s poderosa de su ejemplo. Cuando deb\u00eda hablar en p\u00fablico, fuera ante los grandes o los peque\u00f1os, los ignorantes o los sabios, ped\u00eda en la oraci\u00f3n toda ciencia y toda luz. Se inspiraba tambi\u00e9n en la Escritura, que se sab\u00eda casi entera de memoria, y hac\u00eda de ella un uso maravilloso. Sobresal\u00eda ante todo, como se ha podido juzgar por tantos discursos de \u00e9l citados anteriormente, sobresal\u00eda en hacer intervenir en toda ocasi\u00f3n los ejemplos y las palabras de Jesucristo, que aportaba a su asunto con acierto admirable. Como esas felices aplicaciones sal\u00edan de su coraz\u00f3n m\u00e1s que de su mente, de su piedad m\u00e1s que de su ciencia, produc\u00eda en sus oyentes, incluso en los m\u00e1s elevados en dignidades, en saber y genio, una impresi\u00f3n que nada, ni siquiera la extrema ancianidad, pod\u00eda borrar ya. Bossuet, que le hab\u00eda o\u00eddo, escrib\u00eda, medio siglo despu\u00e9s, al papa Clemente XI: Elevado al sacerdocio, fuimos asociado a esta compa\u00f1\u00eda de piadosos eclesi\u00e1sticos que se reun\u00edan cada semana para tratar juntos de las cosas de Dios. Vicente fue su autor; \u00e9l era el alma. Cuando \u00e1vidos escuch\u00e1bamos sus palabras, ni uno solo dej\u00f3 de sentir el cumplimiento de la palabra del ap\u00f3stol: \u2018Si alguno habla, que su palabra sea como de Dios\u2019.\u00bb Fue al salir de una de sus conferencias, cuando Tronson, superior del seminario de San Sulpicio, transportado fuera de s\u00ed, exclam\u00f3 algo parecido: \u00ab\u00a1He aqu\u00ed un hombre lleno del esp\u00edritu de Dios!<span id='easy-footnote-6-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-6-17400' title=' &lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;. n\u00ba 16, p. 36.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span> \u00bb Muchos no ven\u00edan a las conferencias m\u00e1s que para o\u00edrle, y se iban contristados cuando su modestia de hab\u00eda prohibido la palabra. Hab\u00eda entonces con frecuencia, como nos dice tambi\u00e9n Bossuet, obispos del m\u00e1s alto nombre. San Vicente les ced\u00eda, por humildad y respeto, la conclusi\u00f3n de la charla, que le correspond\u00eda en su calidad de director, por el reglamento y por la costumbre, ellos se negaban para no perderse la suerte de escucharle. \u00abSe\u00f1or Vicente, le dijo un d\u00eda el m\u00e1s antiguo de ellos, no conviene que por vuestra humildad priv\u00e9is a la Compa\u00f1\u00eda de los buenos sentimientos que os ha comunicado sobre el tema que se trata. Hay no s\u00e9 qu\u00e9 unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en vuestras palabras que nos impresiona a todos. Y por eso todos estos se\u00f1ores os ruegan que compart\u00e1is con ellos vuestros pensamientos; ya que una palabra de vuestra boca producir\u00e1 m\u00e1s efecto que todo lo que nosotros pudi\u00e9ramos decir.\u00bb Tambi\u00e9n cuando, despu\u00e9s de o\u00edrle, sal\u00edan de la asamblea, todos dec\u00edan a los Misioneros: \u00abOh, \u00a1qu\u00e9 felices son ustedes al ver y o\u00edr todos los d\u00edas a un hombre tan lleno del amor de Dios!\u00bb<\/p>\n<h3>III. <em>Primeros miembros.<\/em><\/h3>\n<p>Los m\u00e1s c\u00e9lebres de entre los primeros que entraron en la conferencia, Son Olier, de Coulanges, Pavillon, Perrochet, Abelly, Bouquet y Vialart.<\/p>\n<p>El abate Olier, uno de los primeros tambi\u00e9n, hab\u00eda tenido la suerte de hacer, bajo los ojos de Vicente de Pa\u00fal, los ejercicios de los ordenandos. En 1632. hab\u00eda acudido a Bons-Enfants para prepararse all\u00ed a recibir el subdiaconado, y esta circunstancia pareci\u00f3 preparada por la Providencia para hacerle pasar bajo la direcci\u00f3n del santo sacerdote, a quien tom\u00f3 efectivamente desde ese momento por confesor y gu\u00eda, hasta que otra circunstancia providencial le llevara a los pies del P. de Condren. Fue Vicente quien le hizo abandonar ambiciosos estudios para llevarle, incluso antes del sacerdocio, al ministerio de las misiones del campo. Lleg\u00f3 hasta asociarle, uno de los primeros siempre, a sus propios Misioneros para trabajar bajo su direcci\u00f3n, sin ser a pesar de ello de su corporaci\u00f3n, y le volveremos a ver pronto como obrero activo en misiones c\u00e9lebres<span id='easy-footnote-7-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-7-17400' title=' &lt;em&gt;Vie de M. Olier, &lt;\/em&gt;(por el Sr. Faillon), in-8, Par\u00eds, 1844, tom. I, p. 60.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>El abate de Coulanges, t\u00edo de la se\u00f1ora de S\u00e9vign\u00e9, a quien la espiritual marquesa ha inmortalizado con el nombre del muy bueno, era uno de los amigos de Olier y el compa\u00f1ero de sus primeras misiones. Como Olier, fue uno de los disc\u00edpulos de san Vicente y contribuy\u00f3 tambi\u00e9n al establecimiento de las conferencias<span id='easy-footnote-8-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-8-17400' title=' &lt;em&gt;Ibid&lt;\/em&gt;., p. 62.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>. A partir de entonces, se dedico a su sobrina, cuya fortuna restableci\u00f3 mediante la donaci\u00f3n de la suya y cuyos hijos cas\u00f3: empleo bien humano y natural de una vida comenzada bajo auspicios tan cristianos<span id='easy-footnote-9-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-9-17400' title=' Carta de la se\u00f1ora de S\u00e9vign\u00e9 al conde de Bussy, del 2 de setiembre de 1687.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Pavillon hab\u00eda sido tambi\u00e9n formado quien, lleno hacia \u00e9l de estima y de confianza, le llamaba su brazo derecho, y se serv\u00eda de \u00e9l para todas sus buenas obras. Le encarg\u00f3 incluso de presidir las conferencias de los s\u00e1bados para los sacerdotes de la Misi\u00f3n, y varias veces de dar las charlas a los ordenandos. Los discursos de Pavillon tuvieron un \u00e9xito prodigioso: recogidos con diligencia, serv\u00edan de regla en las provincias en que se establec\u00eda los mismos ejercicios. Fue Vicente tambi\u00e9n quien le oblig\u00f3 a aceptar el obispado de Alet, amenaz\u00e1ndole si persist\u00eda en su rechazo con levantarse contra \u00e9l en el juicio de Dios, con todas las almas que hubieran perecido en aquella di\u00f3cesis, y todos le consideraban\u00a0 no s\u00f3lo como un santo prelado, sino como uno de los prelados m\u00e1s capaces de formar \u00e9l mismo a obispos santos. Pero, le veremos arrastrado por un falso amor de la paz, por un natural austero, al partido del jansenismo, al que tanto favoreci\u00f3 debido a su reputaci\u00f3n de virtud<span id='easy-footnote-10-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-10-17400' title=' &lt;em&gt;Vie de Pavillon; vie des quatre \u00e9v\u00eaques, passim&lt;\/em&gt;, citadas por el Sr. Faillon, &lt;em&gt;ibid&lt;\/em&gt;., tom. II, p. 337 y ss. \u2013Se conserva en los archivos de la Misi\u00f3n un gran n\u00famero de cartas de san Vicente de Pa\u00fal a Pavill\u00f3n y sobre todo de Pavillon a san Vicente de Paul.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>. Ya hemos entrado en relaci\u00f3n con Fran\u00e7ois Perrochel, primo de Olier, a quien acompa\u00f1\u00f3 en sus misiones de Auvergne. Hombre de Dios totalmente, a quien volveremos a ver en la carrera apost\u00f3lica abierta por san Vicente a sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>En Godeau no hay que ver aya s\u00f3lo al habituado del hotel de Rambouillet, <em>al Enano de la princesa Julia, <\/em>al autor de poes\u00edas profanas, sino a un digno prelado quien, despu\u00e9s de negarse muchas veces al obispado ofrecido por Richelieu, dedic\u00f3 su talento y su vida a los deberes de su cargo.<\/p>\n<p>Se conoce a Abelly, futuro historiador de san Vicente. \u2013Francisco Bouquet fue sucesivamente obispo de Agde, y arzobispo de Carbona, donde fund\u00f3 misiones y hospitales. \u2013F\u00e9lix Vialart era hijo de aquella presidenta de Herse, a quien hemos victo y veremos tan unida a Vicente de Pa\u00fal. Francisco de Sales, a quien tom\u00f3 m\u00e1s tarde por modelo, con san Carlos Borromeo, hab\u00eda bendecido su infancia. durante su educaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, que fue fuerte y piadosa, se repart\u00eda entre las conferencias del P. Eudes y las de San L\u00e1zaro. Nombrado al obispado de Ch\u00e2lons-sur-Marne, en 1642, ante la renuncia del abate Olier, se mostr\u00f3 enseguida tan joven a\u00fan. \u2013No ten\u00eda m\u00e1s que veintinueve a\u00f1os, -obispo ejemplar, estableci\u00f3 seminarios, conferencias eclesi\u00e1sticas, comunidades y escuelas, celebr\u00f3 frecuentes s\u00ednodos, multiplic\u00f3 sus visitas pastorales, public\u00f3 sabios reglamentos, difundi\u00f3 los buenos libros, procur\u00f3 una gran misi\u00f3n en su ciudad episcopal, restableci\u00f3 a sus expensas casi por completo su catedral incendiada y, despu\u00e9s de negarse al arzobispado de Par\u00eds, quiso morir pobre en su seminario. su reputaci\u00f3n de ciencia y de virtud era universal. Con Bossuet, contribuy\u00f3 por medio de conferencias a la conversi\u00f3n de Turena. Con P\u00e9r\u00e9fixe y el p. Annat, trajo <em>las paz de la Iglesia<\/em> o <em>de Clemente IX<\/em> Durante una larga permanencia por entonces en Par\u00eds, se relacion\u00f3 m\u00e1s \u00edntimamente con Bossuet, y convers\u00f3 con \u00e9l sobre los medios de procurar la <em>reuni\u00f3n<\/em> de los religionarios. Tambi\u00e9n\u00a0 Bossuet repart\u00eda el tiempo de su preparaci\u00f3n al episcopado entre Ch\u00e2lons y la Trappe, cuando la muerte s\u00fabita de la Se\u00f1ora rompi\u00f3 este piadoso plan. Por desgracia, F. Vialart de prevenciones demasiado favorables al jansenismo. Aprob\u00f3 la primera edici\u00f3n del <em>Nuevo<\/em> <em>Testamento<\/em> de Quesnel, y su virtud, como la de los obispos de Pamiers y de Alet, fue para el partido de un apoyo funesto a la verdadera fe.<\/p>\n<p>Pero, de todos los miembros de la conferencia de San L\u00e1zaro, el m\u00e1s c\u00e9lebre es siempre este Bossuet que nos hablaba hace un instante con un recuerdo tan conmovedor. Era sacerdote desde hac\u00eda dos a\u00f1os y arcediano de Metz, cuando fue presentado. Era por 1654, como \u00e9l mismo nos lo dice en una declaraci\u00f3n in\u00e9dita dedicada por \u00e9l a Vicente de Pa\u00fal en 1702, en la \u00e9poca en que se ocupaban en Roma de la beatificaci\u00f3n del santo sacerdote. en ella, en efecto, \u00e9l se aplaude \u00abpor haber tenido la suerte, en los siete \u00faltimos a\u00f1os de la vida del Sr. Vicente, de ser admitido en la compa\u00f1\u00eda de los eclesi\u00e1sticos que se reun\u00edan para la conferencia espiritual de los martes.\u00bb<span id='easy-footnote-11-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-11-17400' title=' Citado por el Sr. Floquet, &lt;em&gt;\u00c9tudes sur Bossuet, &lt;\/em&gt;tom. I, p. 398.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Por lo dem\u00e1s, si tuvi\u00e9ramos la suerte de poseer la lista de cerca de trescientos eclesi\u00e1sticos que fueron admitidos a las conferencias de San L\u00e1zaro en vida de Vicente de Pa\u00fal, encontrar\u00edamos en ella todo lo que la Iglesia de Francia ha tenido de m\u00e1s eminente durante treinta a\u00f1os por el nacimiento, el talento, la doctrina y la virtud. \u00abNo hab\u00eda en Par\u00eds un eclesi\u00e1stico que no quisiera serlo.\u00bb<span id='easy-footnote-12-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-12-17400' title=' Memorias de Lancelot, tom. I, p. 287.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span> Y no se trataba del arrastre de la moda, ni de los c\u00e1lculos de la ambici\u00f3n, sino del atractivo de la virtud y del deseo del bien, los que empujaban a la elite del clero joven. Todos, en efecto, se hicieron notar pronto por la piadosa regularidad de su vida y su celo apost\u00f3lico. el rumor lleg\u00f3 a los o\u00eddos del cardenal de Richelieu, quien no se dejaba absorber por la pol\u00edtica, y estaba m\u00e1s atento de lo que se ha pensado al bien de la religi\u00f3n..Llam\u00f3 a Vicente y se inform\u00f3 de la naturaleza, fin y avances de su conferencia. Encantado de lo que acababa de o\u00edr, le exhort\u00f3 a perseverar en todas sus obras, le prometi\u00f3 su protecci\u00f3n, y quiso que se comprometiera a ir a verle de cuando en cuando. Al fin de la conversaci\u00f3n, le pidi\u00f3 la lista de los miembros de su conferencia, con la designaci\u00f3n de os que el santo sacerdote juzgaba m\u00e1s propios para el episcopado. \u00c9l mismo escribi\u00f3 sus nombres para present\u00e1rselos al rey, tras lo cual le despidi\u00f3: \u00abten\u00eda ya una gran idea del Sr. Vicente, dijo a continuaci\u00f3n a la duquesa de Aiguillon, pero le tengo por un hombre diferente despu\u00e9s de esta conversaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Richelieu guard\u00f3 la palabra, y promovi\u00f3 al episcopado a varios de los disc\u00edpulos de Vicente. Por su parte, Luis XIII, cuya piedad se regocijaba de ver poblarse a su reino de santos obispos, recurri\u00f3 \u00e9l mismo al siervo de Dios, y le pidi\u00f3 s\u00fabditos formados por su mano, para llenar las dignidades eclesi\u00e1sticas. En este plan, le envi\u00f3, despu\u00e9s de la muerte de Richelieu, al P. Dinet,, su confesor, con orfen de informarse del nombre y de los m\u00e9ritos de cada uno de los miembros de la asamblea de los martes. Lo sabemos por el propio Vicente, que escrib\u00eda a uno de sus sacerdotes en Roma, el 17 de abril de 1643: \u00abLos que han sido educados hasta ahora se presentan entre los dem\u00e1s prelados, de forma que todos, hasta el mismo rey, los se\u00f1ala como formados de manera diferente. Es lo que ha hecho que Su Majestad me haya pedido por su confesor que me env\u00ede la lista de los que me parecen capaces de esta dignidad. \u00bb Vicente obedece con sencillez; pues en ello, evidentemente, la orden del rey era la orden de Dios, y los intereses de la Iglesia estaban de acuerdo con los intereses del reino. Con ello preludiaba, por la disposici\u00f3n ordinaria de la Providencia, las funciones que deb\u00eda cumplir m\u00e1s tarde en el consejo de conciencia, y pon\u00eda ya todo su celo. Toda su prudencia y toda su discreci\u00f3n. Muy lejos de envanecerse por la confianza de que estaba revestido y por el cr\u00e9dito que le supon\u00edan los nombramientos a los cargos eclesi\u00e1sticos, \u00e9l supo implicar en el secreto al rey y a sus ministros. Comprend\u00eda y as\u00ed lo hizo comprender que de otra forma se ver\u00eda asediado de solicitudes importunas, que todos los eclesi\u00e1sticos de condici\u00f3n, todos los ambiciosos afluir\u00edan a San L\u00e1zaro y pedir\u00eda su agregaci\u00f3n a la compa\u00f1\u00eda, para asegurarse menos su santificaci\u00f3n que su fortuna, lo que ser\u00eda corromper y agotar la fuente de donde se esperaba la renovaci\u00f3n del alto clero.<\/p>\n<p>Por una parte y por otra se mantuvo el secreto inviolablemente. Entre tantos eclesi\u00e1sticos que debieron su promoci\u00f3n a los consejos de Vicente, nadie supo la parte de le correspond\u00eda a \u00e9l, y no parec\u00eda tomar cartas en el asunto a no ser por la santa violencia que empleaba para forzar el asentimiento de los m\u00e1s humildes, y partiendo de los m\u00e1s dignos, a quienes asustaba el episcopado. Por lo dem\u00e1s, en p\u00fablico como en particular, en las conferencias como en la direcci\u00f3n, no les hablaba m\u00e1s que de la suerte de vivir y de morir en la oscuridad, y les exhortaba sin cesar a huir de todo lo que puede atraer las miradas y la estima de los hombres. Para prepararlos a los empleos m\u00e1s altos, no los dedicaba m\u00e1s que a las funciones m\u00e1s humildes del santo ministerio, a dar el catecismo, a predicar en los hospitales, en las c\u00e1rdeles, en las misiones de los campos; educaci\u00f3n verdaderamente apost\u00f3lica, a la que la Iglesia de Francia debi\u00f3 tantos ministros fieles. Fue como una restauraci\u00f3n del orden eclesi\u00e1stico, en otro tiempo tan vicioso y despreciado, ahora virtuoso y feliz. Vicente, que sab\u00eda que si es bueno callarse los secretos del rey, es honroso revelar las obras de Dios, forzaba su humildad hablando a veces con sus sacerdotes. As\u00ed escrib\u00eda a Le Breton, en Roma, el 24 de febrero de 1640:\u00bbEl estado eclesi\u00e1stico seglar recibe mucho de Dios ahora. Se dice que nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda ha contribuido mucho a ello por los ordenandos y la Compa\u00f1\u00eda de los eclesi\u00e1sticos de Par\u00eds. hay mucha gente de calidad que abrazan este estado hoy en d\u00eda.\u00bb<\/p>\n<h3>IV. <em>Frutos de las conferencias. \u2013Primeras misiones.<\/em><\/h3>\n<p>Tal fue, en efecto, uno de los primeros frutos de la conferencia de San L\u00e1zaro. De su seno salieron, tan s\u00f3lo durante la vida de Vicente, los piadosos e ilustres fundadores de las comunidades de San Sulpicio y de las Misiones extranjeras, J-J. Olier y Jean Duval, obispo de Babylone; veintitr\u00e9s obispos o arzobispos, que casi todos trabajaron con tantos \u00e1nimos como \u00e9xito en devolver a la Iglesia su primera hermosura; por \u00faltimo, una multitud innumerable de vicarios generales, de oficiales, de arcedianos, de can\u00f3nigos, de p\u00e1rrocos, de superiores y de directores de seminarios o de comunidades religiosas que llevaron a todas partes el esp\u00edritu recibido de Vicente de Pa\u00fal, es decir el esp\u00edritu mismo de Jesucristo.<\/p>\n<p>Ya que su piedad no era ego\u00edsta ni avara, sino comunicativa y expansiva, como la caridad cristiana. Muchos primeramente se dejaron ganar por el santo contagio de su. ejemplo Como la mayor parte de ellos eran de condici\u00f3n, un gran n\u00famero doctores de Sorbona, algunos provistos ya de cargos de importancia, era imposible que la regularidad de sus costumbres, la modestia de sus h\u00e1bitos, su separaci\u00f3n del mundo, ni produjesen en los sacerdotes y en los pueblos una impresi\u00f3n saludable. Unos se sent\u00edan inclinados a tomarlos por modelos, los otros atra\u00eddos y ganados por esta predicaci\u00f3n muda.Por otro lado, Vicente pon\u00eda a contribuci\u00f3n su celo y le daba un empleo m\u00e1s activo.<\/p>\n<p>Siempre sobrecargado de obras y de proyectos caritativos, a los que no pod\u00eda dar abasto por s\u00ed mismo, ni por los suyos, ten\u00eda en ellos, aparte del ej\u00e9rcito regular de su congregaci\u00f3n, una especie de cuerpos de reserva, y los enviaba aqu\u00ed y all\u00e1, bien solos, bien en la compa\u00f1\u00eda y bajo la direcci\u00f3n de alguno de sus Misioneros, a todas las partes donde Dios y el pr\u00f3jimo reclamaban\u00a0 a buenos servidores. A los m\u00e1s virtuosos y m\u00e1s h\u00e1biles, los enviaba a San L\u00e1zaro para dar las charlas de los ordenandos, o bien los enviaba a provincias para dar los mismos ejercicios o retiros espirituales, cuya costumbre de propagaba cada vez m\u00e1s, gracias al celo\u00a0 de los obispos nombrados bajo su influencia. A los dem\u00e1s, los empleaba en catecismos, o en predicaciones en los campos. Con los dem\u00e1s, por s\u00ed mismos y sin misi\u00f3n particular del santo sacerdote, se prestaban a todas las obras buenas, tan animados de su esp\u00edritu estaban. Alejados de Par\u00eds, reun\u00edan a todos los eclesi\u00e1sticos del vecindario, los exhortaban a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n y de las virtudes sacerdotales, los agrupaban incluso en conferencias regladas, seg\u00fan el modelo de la conferencia de San L\u00e1zaro. Socorr\u00edan a los sacerdotes con sus limosnas como con su palabra, y los volv\u00edan a la decencia exterior y al esp\u00edritu de su estado<\/p>\n<p>Pero fue con sus misiones con las que la conferencia de los martes se gan\u00f3 mayor reputaci\u00f3n. Despu\u00e9s de iniciarse en la obra apost\u00f3lica por los campos con la direcci\u00f3n de los Misioneros, sus miembros se encargaban de evangelizar las ciudades que Vicente hab\u00eda prohibido a los suyos. La ciudad de Par\u00eds recogi\u00f3 las primicias de su caridad. En el primer a\u00f1o de su fundaci\u00f3n, dieron en el hospital de los Quince-Veintes una misi\u00f3n a los pobres ciegos, de la que se aprovecharon tambi\u00e9n las familias de estos desdichados y los habitantes de los alrededores. Luego les toc\u00f3 a los soldados del regimiento de la guardia del rey, a los que reunieron con el acuerdo de los oficiales; el turno tambi\u00e9n de los numerosos artesanos que, absortos en su trabajo, ignoraban o se olvidaban de Dios y de su alma. Dignos disc\u00edpulos de Vicente de Pa\u00fal, se dedicaban a los pobres exclusivamente o con preferencia y, en particular, a esas bandas sin n\u00famero de mendigos que, antes del establecimiento del hospital general, inundaban las calles de la capital, a las que aterrorizaban con el espect\u00e1culo de su miseria y de su salvaje inmoralidad.<\/p>\n<p>No hubo hospital de Par\u00eds que no se convirtiera en teatro de su celo. La Piedad, los Galeotes los vieron a unos tras otros; y hasta las Petites Maisons, donde se recog\u00edan entonces, con los alienados un gran n\u00famero de familias pobres. en esta \u00faltima misi\u00f3n fue donde dejaron como monumento de su paso el <em>Exercice du chr\u00e9tien<\/em>, compendio popular de la doctrina y de la moral cristianas, que se extendi\u00f3 luego por millones de ejemplares en Francia y en el extranjero.<\/p>\n<p>Pero su triunfo estuvo en el H\u00f4tel-Dieu, por entonces el recept\u00e1culo m\u00e1s vasto de todas las miserias humanas. Primeramente, amparados con los consejos de Vicente, se trasladaron all\u00ed en corporaci\u00f3n y, con sus limosnas, sembraron entre los pobres enfermos buenas palabras y santos deseos. Despu\u00e9s de tomar as\u00ed posesi\u00f3n del lugar, organizaron ocuparle todos los d\u00edas por algunote ellos, hasta ser relevados por el establecimiento fijo de esta guardia de caridad. Mientras tanto, daban a los convalecientes exhortaciones y catecismos todos los viernes del a\u00f1o. Y dispon\u00edan diariamente a los enfermos para las confesiones generales.<\/p>\n<p>Llenos de admiraci\u00f3n y de gratitud los superiores del H\u00f4tel-Dieu concedieron a estos buenos servidores la \u00fanica recompensa que esperaran por sus trabajos, prepar\u00e1ndoles un trabajo m\u00e1s grande todav\u00eda, y los invitaron a dar una misi\u00f3n general a los enfermos, a los convalecientes y a todos los oficiales del hospital. Tuvo lugar en 1639, con todo el \u00e9xito que se pod\u00eda esperar de su celo y de los consejos de Vicente; ellos superaron incluso los deseos de los superiores ya que, incluyendo a la religiosas en su caridad, ellos les dieron charlas espirituales sobre las virtudes de su vocaci\u00f3n tres veces por semana.<\/p>\n<p>Entre las numerosas misiones dadas por los miembros de la conferencia de San L\u00e1zaro, hay algunas que han dejado una huella m\u00e1s se\u00f1alada en la historia.<\/p>\n<p>La primera se celebr\u00f3 en un barrio muy poblado que los historiadores de san Vicente de Pa\u00fal no nombran. Este burgo muy poblado de taberneros y gente de justicia, estaba dominado por el desorden y toda exacci\u00f3n. All\u00ed la taberna serv\u00eda de casa de ayuntamiento, de iglesia y de tribunal: ya que all\u00ed se citaban todos; all\u00ed transcurr\u00eda el tiempo de los oficios, y se trataban los asuntos. Despu\u00e9s de atemorizar a esta licencia y a estas injusticias con algunas predicaciones fuertes, nuestros Misioneros arrancaron lo primero de todo al jefe de la polic\u00eda\u00a0 un reglamento que cerraban las tabernas durante el servicio divino; luego se dirigieron sucesivamente al preboste, a los procuradores y a los sargentos y, por la doble autoridad que ten\u00edan por su car\u00e1cter sagrado y por su parentesco con presidentes y consejeros del parlamento, ellos lograron el atrincheramiento de todos los abusos y le reforma de la justicia. . en algunas semanas\u00a0 hab\u00edan reparado\u00a0 un siglo de des\u00f3rdenes.<\/p>\n<h3>V. <em>Misi\u00f3n del barrio de San Germ\u00e1n.<\/em><\/h3>\n<p>Una misi\u00f3n m\u00e1s dura y m\u00e1s fructuosa todav\u00eda fue la que tuvo lugar en el barrio de San Germ\u00e1n. \u00c9ste era entonces, seg\u00fan testimonio de todos los historiadores del tiempo, la sentina de Par\u00eds, la cita de la herej\u00eda, del ate\u00edsmo y del libertinaje. All\u00ed los hugonotes hab\u00edan establecido su primera iglesia y, desde entonces, los ministros sin asilo y sin recursos hab\u00edan buscado un refugio. Despu\u00e9s de sus lugares de seguridad, este sitio era el bulevar del partido, que bien pronto cont\u00f3 hasta cuatro mil representantes, la mayor parte ilustres, entre otros Antoine de Bourbon y\u00a0 Jeanne d\u2019Albret.. Tambi\u00e9n se ejerci\u00f3 all\u00ed el culto con insolencia. Eran a plena luz del d\u00eda, procesiones al Pr\u00e9-aux-Clers, cantando los salmos de Marot. Eran pr\u00e9dicas en p\u00fablico, sin miedo ni al gobierno ni al pueblo, ya que los protestantes, la mayor\u00eda gentileshombres desafiaban a uno y otro. En una palabra, como se dec\u00eda, era una <em>peque\u00f1a<\/em> <em>Ginebra<\/em>.<\/p>\n<p>De la herej\u00eda, de sus escritos, de sus discursos contra la fe y las instituciones cat\u00f3licas hab\u00eda salido el partido de los <em>pol\u00edticos <\/em>o del indiferentismo religioso, padre a su vez del ate\u00edsmo. En 1623, el c\u00e9lebre P. Mersenne, amigo de Descartes y corresponsal de todos los sabios de su tiempo, ve\u00eda sesenta mil ateos en Par\u00eds, y hasta doce en una sola casa. Pues, como ya lo hemos dicho, el barrio de San Germ\u00e1n era su lugar preferido.<\/p>\n<p>Al lado de la incredulidad y del ate\u00edsmo, marchaba su compa\u00f1era ordinaria, la superstici\u00f3n. A las puertas mismas de la iglesia de San Sulpicio, se vend\u00edan caracteres de magia y libros de sortilegios.<\/p>\n<p>En un medio as\u00ed, \u00bfc\u00f3mo deb\u00edan ser las costumbres? No se ve\u00eda m\u00e1s que depravaci\u00f3n y bandidaje. Las mujeres del vicio ten\u00edan all\u00ed su cuartel general. Mal contenidos por una polic\u00eda incapaz, los ladrones eran entonces due\u00f1os de las calles y cuando no hab\u00edan podido rechazar a los arqueros de la guardia, buscaban refugio e impunidad den el suburbio de San Germ\u00e1n. Desde tiempo inmemorial, este suburbio formaba una ciudad aparte, y estaba sometido no a los magistrados de Par\u00eds, sino a la justicia del abate, justicia mal administrada y poco temida. La feria de San Germ\u00e1n, que duraba un par de meses, aumentaba todav\u00eda el desorden, atrayendo por su franquicia a una multitud de comerciantes que tra\u00edan la corrupci\u00f3n con los objetos de sus negocios. A\u00f1adamos que los duelos reinaban all\u00ed en todo su furor: el famoso Pr\u00e9-aux-Clercs ha conservado en la historia se estos combates singulares el renombre de los m\u00e1s c\u00e9lebres campos de batalla.<\/p>\n<p>Contra tantos males, ning\u00fan auxilio religioso, ning\u00fan celo en el clero. Tan peque\u00f1a para una poblaci\u00f3n tan inmensa, la iglesia parroquial era todav\u00eda demasiado grande, tan abandonada estaba. \u00a1No se frecuentaba m\u00e1s que los osarios transformados en tabernas, y el cementerio contiguo que serv\u00eda de suplemento a los lugares de libertinaje! Despu\u00e9s de celebrar sin decencia, los sacerdotes mismos se iban all\u00ed, y all\u00ed pasaban el d\u00eda en el desorden y la cr\u00e1pula<span id='easy-footnote-13-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-13-17400' title=' V\u00e9ase la &lt;em&gt;Vie de M. Olier&lt;\/em&gt;, tom. I, p. 448 y ss ., donde el Sr. Faillon ha resumido a todos los historiadores del tiempo.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>En aquel tiempo, el ruido de las misiones que Vicente daba por s\u00ed o por los suyos, comenzaba a extenderse y la gente de bien fundaban en ellas grandes esperanzas. Una piadosa dama del suburbio de San Germ\u00e1n, a quien los historiadores de san Vicente de Pa\u00fal no nombran, pero que las memorias particulares<span id='easy-footnote-14-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-14-17400' title=' &lt;em&gt;Vie de M. Olier&lt;\/em&gt;, tom. I, p.382.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span> dicen que era la duquesa de Aiguillon, vino, asustada de tantos horrores, a ver\u00a0 al santo sacerdote y le pidi\u00f3 que diera una misi\u00f3n all\u00ed. Vicente, bien a pesar de lo obligado que se sent\u00eda hacia la duquesa, se neg\u00f3 en un principio, y respondi\u00f3 que ni \u00e9l ni sus sacerdotes trabajaban en las ciudades episcopales, y que adem\u00e1s \u00e9l no se atrever\u00eda nunca a proponer a nadie evangelizar a una poblaci\u00f3n semejante. \u00abSer\u00eda, dice \u00e9l, echar a los animales el pan de la palabra y de la gracia.\u00bb La duquesa insisti\u00f3 con toda la fe y la humildad de la Cananea del Evangelio, y Vicente movido se pregunt\u00f3 si Dios no le hablaba por su boca. Le prometi\u00f3 pens\u00e1rselo. Unos d\u00edas despu\u00e9s, su convicci\u00f3n estaba formada, y quiso comunic\u00e1rselo a los eclesi\u00e1sticos de su conferencia. \u00c9stos, aunque acostumbrados a recibir sus palabras como en odres sagrados, exclamaron todos a una voz y, despu\u00e9s de debatir el proyecto, concluyeron en abandonarlo por imposible.<\/p>\n<p>Vicente se call\u00f3 y rez\u00f3. En la asamblea siguiente, tom\u00f3 la palabra con nueva fuerza. \u00abSe\u00f1ores, dijo, he reflexionado ante Dios, y una respuesta interior me asegura que este proyecto es suyo y \u00e9l les pide este servicio. Su gracia es m\u00e1s poderosa que todos los obst\u00e1culos. Yo cuento con ella y estoy convencido de que ustedes lo conseguir\u00e1n a pesar de los esfuerzos de los demonios y de los hombres.\u00bb Por primera vez, estas palabras, siempre victoriosas, no pudieron mover la asamblea, y fueron acogidas con un silencio taciturno. En todos los rostros solamente se le\u00eda una muda negativa, o un descontento penoso causado por una firmeza que algunos tomaban como reproche de su oposici\u00f3n anterior. Vicente se dio cuenta, su humildad se asust\u00f3 y, postr\u00e1ndose de rodillas: \u00abSe\u00f1ores, les dijo, pido perd\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda por la vivacidad con la que acabo de hablarle. Protesto que no he obedecido en ello m\u00e1s que al movimiento interior que me empujaba; hab\u00eda pensado que Dios les ped\u00eda esta nueva prueba de valor y de amor.\u00bb<\/p>\n<p>A la vista de este santo anciano, -ten\u00eda ya sesenta y cinco a\u00f1os,- postrado a los pies de aquellos que no le llamaban m\u00e1s que su padre, la asamblea se sinti\u00f3 profundamente conmovida. Esa fue la m\u00e1s elocuente de las exhortaciones. Todos al punto, comenzando por los que hab\u00edan reclamado hac\u00eda un momento con la mayor energ\u00eda, le pidieron uno tras otro perd\u00f3n por su resistencia, y se fij\u00f3 la misi\u00f3n all\u00ed mismo de com\u00fan acuerdo.<\/p>\n<p>Le rogaron inmediatamente que organizara la direcci\u00f3n. Tan s\u00f3lo se permitieron la observaci\u00f3n que hab\u00eda una gran diferencia entre una misi\u00f3n dada en la ciudad, y una ciudad como Par\u00eds, y las misiones de los campos.. contra otros enemigos, otras armas, le dijeron; y este lenguaje sencillo y familiar que hac\u00eda fortuna en la poblaci\u00f3n de los campos, no levantar\u00eda aqu\u00ed m\u00e1s que risas y burlas. \u00abQu\u00e9 es lo que acabo de escuchar, Se\u00f1ores, interrumpi\u00f3 Vicente. \u00c9sas son unas palabras inspiradas en la prudencia humana y tal vez por el amor propio. Buscan pues ustedes aniquilar la fuerza de la Cruz apoy\u00e1ndose en medios puramente naturales\u00a0 Cr\u00e9anme, el m\u00e9todo que Dios ha bendecido en sus misiones de los campos es el \u00fanico que Dios bendecir\u00e1 en la misi\u00f3n que quieren emprender. Van ustedes a combatir al esp\u00edritu del mundo, que es un esp\u00edritu de orgullo, y no lo vencer\u00e1n sino atac\u00e1ndolo por esp\u00edritu de Jesucristo, que es in esp\u00edritu de sencillez y de humildad. Como este divino Salvador, busquen no su propia gloria sino la gloria de su Padre; a su ejemplo, mant\u00e9nganse preparados a sufrir el desprecio y, si es necesario, la contradicci\u00f3n y la persecuci\u00f3n. Al hablar el lenguaje que habl\u00f3 el Hijo de Dios, no ser\u00e1n ustedes quienes hablen, sino \u00e9l quien hablar\u00e1 por ustedes. As\u00ed merecer\u00e1n servir de instrumentos a esta misericordia, que sola toca los corazones m\u00e1s endurecidos y convierte los esp\u00edritus m\u00e1s rebeldes.\u00bb<\/p>\n<p>No se insisti\u00f3 m\u00e1s. Se recogieron estas palabras como una especie de consigna en la campa\u00f1a que se iba a emprender. La misi\u00f3n, que tuvo por cabeza al abate de Perrochel, el futuro obispo de Boulogne, dio comienzo en las humildes disposiciones que Vicente acababa de recomendar. Desde un principio, los j\u00f3venes Misioneros reconocieron la sabidur\u00eda cristiana de sus consejos. Este lenguaje sencillo y familiar, cuya derrota tem\u00edan ellos, constituy\u00f3 su victoria. Era conocido el nacimiento ilustre de algunos, la ciencia de los otros, el m\u00e9rito de todos. Y hab\u00eda que veros olvidarse de s\u00ed mismos para\u00a0 ser s\u00f3lo huidles y celosos ap\u00f3stoles. Tambi\u00e9n, todos los d\u00edas y casi a todas las horas, se trataba de pecadores inveterados, usureros sin coraz\u00f3n, mujeres perdidas, libertinos gangrenosos, que ven\u00edan a echarse a sus pies, gritando misericordia. Las conversiones ten\u00edan algo de milagroso. Se necesitar\u00eda un volumen, ha dicho el primer historiador de Vicente, si se quisiera consignar al detalle las ignorancias disipadas, las incredulidades convencidas, las injusticias reparadas, las enemistades reconciliadas, todas las pasiones domadas. Un d\u00eda, cuenta tambi\u00e9n Abelly, al final de su comida, los Misioneros vieron entrar en su casa a un burgu\u00e9s de Par\u00eds, que les dijo: \u00abTengo de siete a ocho mil libras de renta, de las que puedo disponer sin causar da\u00f1o a nadie, ya que Dios ha llamado a s\u00ed a mi mujer y a mis hijos. Vengo pues a ofrec\u00e9rselas, y al mismo tiempo mi persona. S\u00edrvanse de mis bienes y de m\u00ed. Yo me comprometo a servirles por el resto de mi vida, con la \u00fanica condici\u00f3n de que ustedes mismos se comprometan a vivir siempre juntos y a continuar en otros lugares lo que han hecho con tanto \u00e9xito en el suburbio de San Germ\u00e1n. Estoy bien seguro de que no puedo rendir a Dios un servicio que le sea m\u00e1s agradable ni procurar un mayor bien a la Iglesia ni, por consiguiente, emplear mejor mi persona y mi fortuna.\u00bb La propuesta no pudo ser aceptada, por estar hecha con una condici\u00f3n imposible; pero, agradeciendo al rico burgu\u00e9s, los Misioneros le prometieron consagrar sus vidas a obras m\u00e1s o menos parecidas, y es de creer que el burgu\u00e9s, por su parte, no se guard\u00f3 su oferta en el coraz\u00f3n y que encontr\u00f3 otro modo de hacer un empleo tan santo de s\u00ed mismo y de sus bienes.<\/p>\n<p>Como ninguna de las tierras cultivadas por Vicente no deb\u00eda convertirse en barbecho, el suburbio de San Germ\u00e1n, despu\u00e9s de esta primera misi\u00f3n, vio pronto venir a \u00e9l a otros obreros. Desde el a\u00f1o siguiente (1642), uno de los m\u00e1s piadosos disc\u00edpulos del santo sacerdote y uno de sus m\u00e1s \u00edntimos amigos, el abate Olier, acept\u00f3 la parroquia de San Sulpicio, despu\u00e9s de negarse por tres veces al episcopado; y de esta parroquia, la m\u00e1s depravada, seg\u00fan el decir com\u00fan que \u00e9l mismo repite en sus memorias, no s\u00f3lo de Par\u00eds, sino del mundo entero, llegando a ser la parroquia modelo que todo el mundo sabe. Al comienzo de su ministerio rindi\u00f3 a los Misioneros que le hab\u00edan precedido este hermoso homenaje, en la persona de su jefe, pariente y amigo: \u00abEl Sr de Perrochel, escrib\u00edas en 1642, este dign\u00edsimo disc\u00edpulo del Sr. Vicente, que me hab\u00eda seguido en otro tiempo en las misiones de Auvergne, predic\u00f3 el a\u00f1os pasado en el suburbio de San Germ\u00e1n con tanta energ\u00eda. como sea posible y anunci\u00f3 all\u00ed por mucho tiempo la penitencia con una eficacia maravillosa.. mand\u00f3 que se hicieran un n\u00famero prodigioso de confesiones, hasta tal punto que me vinieron a hablar de estas maravillas, y a informarme que los corazones m\u00e1s duros y los m\u00e1s apegados al pecado eran tan puros como los de los ni\u00f1os que eran asimismo objeto de su celo. Estos pobres peque\u00f1os inocentes, en su primera comuni\u00f3n y su procesi\u00f3n encantaron el coraz\u00f3n de los pueblos. Par\u00eds sal\u00eda en masa de sus puertas<span id='easy-footnote-15-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-15-17400' title=' El Sr. Faillon hace notar en este lugar, tom. I, p. 414, que Olier parece distinguir Par\u00eds del arrabal San Germ\u00e1n; en efecto, este arrabal sometido al abate de San Germ\u00e1n en lo espiritual y lo temporal, estaba separado de Par\u00eds, y llevaba el nombre de &lt;em&gt;ville&lt;\/em&gt; &lt;em&gt;Saint-Germain-des.Pr\u00e9s&lt;\/em&gt;. Por eso, en algunas ocasiones el abate prohib\u00eda a los habitantes de la ciudad de la ciudad de Saint-Germain ir a Par\u00eds.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span> para escuchar al Sr. de Perrochel, que predicaba en la abad\u00eda Saint-Germain (por quedarse peque\u00f1a la iglesia de San Sulpicio). Su reputaci\u00f3n hab\u00eda llegado a tal punto, que pasa por el ap\u00f3stol de Par\u00eds; no s\u00f3lo los pueblos acud\u00edan en masa, sino que tambi\u00e9n los prelados y los sacerdotes le rend\u00edan admiraci\u00f3n, y estaban resueltos a imitarle, confesando que hab\u00eda que predicar as\u00ed.\u00bb Este testimonio reca\u00eda con todo derecho en Vicente, el \u00fanico que hab\u00eda inspirado este modo de predicar<\/p>\n<h3>VI. <em>Misi\u00f3n de Metz.<\/em><\/h3>\n<p>De todas las misiones predicadas por la conferencia de San L\u00e1zaro, la m\u00e1s ilustre por su origen, sus cooperadores, sus resultados es, sin discusi\u00f3n, la de Metz, en 1658.<\/p>\n<p>En el mes de setiembre del a\u00f1o precedente, la corte se hab\u00eda dirigido a Metz para vigilar de m\u00e1s cerca la elecci\u00f3n el Imperio, vacante por la muerte de Ferdinand III. All\u00ed llegaron la reina madre, el joven rey de edad por entonces de 19 a\u00f1os, su hermano el duque d\u2019Anjou, el cardenal Mazarino con su sobrina Ana Martinozzi princesa de Conti, los ministros y la corte al completo. Por primera vez, el 15 de octubre, d\u00eda de santa Teresa, escuch\u00f3 Ana de Austria a Bossuet, entonces arcediano de Metz, que viv\u00eda all\u00ed desde su promoci\u00f3n al sacerdocio. El orador no se perdi\u00f3 la ocasi\u00f3n de alabar la piedad e inagotable beneficencia de esta princesa, cuya vida entera, dice Abelly, era <em>orar y dar. <\/em>\u00c9l puso a contribuci\u00f3n su caridad en favor de los diversos establecimientos a los que \u00e9l mismo hab\u00eda contribuido, y en particular en favor de la <em>Propagaci\u00f3n de la fe, <\/em>obra destinada a venir en ayuda de las j\u00f3venes y mujeres jud\u00edas deseosas del bautismo, o de las j\u00f3venes y mujeres calvinistas a quienes su conciencia apremiaba a abjurar de la herej\u00eda. Le habl\u00f3 del estado espiritual de la di\u00f3cesis de Metz: de los jud\u00edos tan numerosos y de las facilidades de convertirlos a la fe cristiana; de los protestantes m\u00e1s numerosos todav\u00eda, a quienes \u00e9l mismo hab\u00eda combatido tan victoriosamente anta\u00f1o con su <em>Refutaci\u00f3n del catecismo de Paul Ferri,<\/em> y que se mostraban siempre tan atrevidos a pesar de todos los edictos del rey; de la necesidad de un clero lleno de celo y de luces, en una di\u00f3cesis devorada de tantas necesidades y privada, desde hac\u00eda m\u00e1s de dos siglos, de la presencia de su primer pastor. En ese tiempo, el titular del obispado de Metz era Henri de Bourbon, hijo natural de Enrique IV y de la marquesa de Verneuil, quien, por un abuso deplorable y entonces demasiado frecuente, hab\u00eda sido elegido para esta sede, en 1607, \u00a1a la edad de seis a\u00f1os apenas!. Henri de Bourbon no recibi\u00f3 nunca las \u00f3rdenes, y se hizo suplir durante m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, hasta su extra\u00f1o matrimonio\u00a0 con la hija del canciller Seguir\u00e9, viuda del duque de Sully, por sufragantes provistos de un t\u00edtulo episcopal <em>in<\/em> <em>partibus<\/em>. En 1657, el sufragante de Metz era Pierre Bedacier, obispo de <em>Auguste<\/em>, en otro tiempo religioso de Cluny, prelado celoso, pero a quien su posici\u00f3n\u00a0 subordinada y falsa reduc\u00eda con demasiada frecuencia a la impotencia. En una palabra, Bossuet habl\u00f3 a la reina madre de todas las necesidades espirituales de una di\u00f3cesis que \u00e9l estudiaba hac\u00eda cinco a\u00f1os, que conoc\u00eda mejor que nadie. Ya que, sin hablar de sus trabajos por la conversi\u00f3n de los jud\u00edos y de los protestantes, encargado, en su calidad de gran arcediano, de presidir todos los cuidados religiosos que reclamaban las diecis\u00e9is parroquias de la ciudad y todas las de los deanatos de Noiseville y del Val de Metz, hab\u00eda visto de m\u00e1s cerca que nadie todos los males a los que \u00e9l rogaba entonces\u00a0 la piedad caritativa de la reina madre que pusiera remedio.<\/p>\n<p>Al cabo de seis semanas de estancia en Metz, Ana de Austria regres\u00f3 a Par\u00eds, lleno el coraz\u00f3n de proyectos inspirados por Bossuet y que la veremos llevar a la pr\u00e1ctica sucesivamente. En la incapacidad de realizarlo todo de una sola vez, y queriendo ir a lo m\u00e1s urgente, crey\u00f3 que una gran misi\u00f3n ser\u00eda la mejor limosna que se pudiera hacer primero de todo a este pobre pueblo. Con este pensamiento se va a ver a Vicente de Pa\u00fal, sin el cual, hace quince a\u00f1os, desde que ella le hab\u00eda presentado en su consejo de conciencia, no se atrev\u00eda a emprender nada. Es \u00e9l, adem\u00e1s, y los sacerdotes de su congregaci\u00f3n, a quienes tantas veces hab\u00eda visto trabajar, a quienes quer\u00eda encargar\u00a0 de la misi\u00f3n de Metz. Pero desde la primera palabra que le dijo al santo: \u00abEh, Se\u00f1ora, le respondi\u00f3 \u00e9l, \u00bfno sabe Vuestra Majestad que los pobres sacerdotes de la Misi\u00f3n son solo Misioneros para los pobres? si nos hemos establecido en Par\u00eds y en otras ciudades episcopales como en otras, no es m\u00e1s que para el servicio de los seminarios, de los ordenandos y los que hacen su retiro espiritual, y para ir a dar misiones en el campo, y no para predicar, catequizar ni confesar en esas ciudades. Pero, a\u00f1adi\u00f3, existe otra Compa\u00f1\u00eda de eclesi\u00e1sticos que se re\u00fanen en San L\u00e1zaro todas las semanas, que podr\u00e1n bien, si Vuestra Majestad se complace en ello, desempe\u00f1ar m\u00e1s dignamente que nosotros este trabajo. \u00abYo ignoraba, respondi\u00f3 la reina,\u00a0 que los sacerdotes de la congregaci\u00f3n no hicieran misiones en las grandes ciudades. Pero, vuestros sacerdotes o los sacerdotes de la conferencia de San L\u00e1zaro, poco me importa, con tal que vengan de vuestra parte y que me sean dados de vuestra mano. Que estos se\u00f1ores de la conferencia emprendan pues lo antes posible la misi\u00f3n de Metz a mis expensas, pues estoy resuelta a soportar por m\u00ed misma todos los gastos.\u00bb<span id='easy-footnote-16-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-16-17400' title=' Conf. del 17 de mayo de 1658.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Para obedecer a la vez a las voluntades de la reina y de su celo apost\u00f3lico, Vicente no perdi\u00f3 el tiempo y, a partir del pr\u00f3ximo <em>martes, <\/em>propuso la misi\u00f3n de Metz a la asamblea. Esta vez no hubo la menor oposici\u00f3n. A la primera palabra de un maestro tan querido y tan venerado, todos se ofrecieron a porf\u00eda, y Vicente no tuvo otra cosa que escoger entre estos hombres de buen querer, a los que juzgaba m\u00e1s capaces de esta grande empresa. Eligi\u00f3 a <em>cuarenta<\/em>, dice Mollet seg\u00fan Henri-Charles de Coislin, obispo de Metz, en su carta a Clemente XI, del 17 de julio de 1706; a <em>veinte<\/em> tan s\u00f3lo, seg\u00fan otras memorias; a m\u00e1s de veinte, asegura Abelly, sin duda mejor informado, en su calidad de testigo m\u00e1s \u00edntimo y m\u00e1s vecino de los hechos<span id='easy-footnote-17-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-17-17400' title=' El testimonio de Abelly est\u00e1 adem\u00e1s de acuerdo con el de san Vicente, que escrib\u00eda a Ozenne, en Polonia, el 27 de marzo de 1658: \u00abLa reina ha enviado (a Metz) a unos &lt;em&gt;veinte&lt;\/em&gt; eclesi\u00e1sticos.\u00bb'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>De estos veinte o cuarenta obreros evang\u00e9licos, cinco nombres han s\u00f3lo han llegado hasta nosotros, conservados en cartas de Bossuet. Y en primer lugar. Louis o Nicol\u00e1s de Blampignon o de Blancpignon, prior de Mont-Guion,\u00a0 en Le Maine, \u00absacerdote de gran reputaci\u00f3n,\u00bbha escrito un analista no sospechoso<span id='easy-footnote-18-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-18-17400' title=' Tallemant des R\u00e9aux, historieta XCVI, &lt;em&gt;Madame d`Y\u00e8res.&lt;\/em&gt;'><sup>18<\/sup><\/a><\/span> quien director de las Carmelitas y de varios monasterios m\u00e1s de mujeres, supo establecer en algunos la reforma, entre otras en Y\u00e8res, a pesar de Clara Diana de Angennes, segunda hija de la se\u00f1ora de Rambouillet, que era abadesa all\u00ed. Se hab\u00eda distinguido ya en la misi\u00f3n del suburbio San Germ\u00e1n, en 1641, por su capacidad y por su celo. Despu\u00e9s, Omer de Champin, recibido doctor el a\u00f1o precedente al cabo de fuertes estudios en el colegio de Navarra, amigo de Bossuet y su comensal en el deanato del Louvre, donde deb\u00eda suceder como decano a L\u00e9onard de Lamet, nombrado al curato de San Eustaquio. El tercero, nacido de una familia honorable de Orle\u00e1ns, es Nicolas G\u00e9douin, G\u00e9doin o G\u00e9doyn, abate de Saint-Mesmin, capell\u00e1n de el Se\u00f1or, superior de las Ursulinas de Saint-Cloud, c\u00e9lebre m\u00e1s tarde por misiones dadas en la ciudad y la di\u00f3cesis de Par\u00eds, con gran resonancia y \u00e9xito. Tom\u00f3 parte tambi\u00e9n, en 1664, con otros eclesi\u00e1sticos de Par\u00eds, en una misi\u00f3n en el pa\u00eds de Gex, que ten\u00eda por objeto principal la conversi\u00f3n de los protestantes. Despu\u00e9s de sus numerosas misiones, se retir\u00f3 por celo y por humildad a una de las casas del Hospital General, ara entregarse en \u00e9l a la instrucci\u00f3n de los pobres, a quienes asist\u00eda tambi\u00e9n con sus bienes, y fue all\u00ed donde pas\u00f3 en el retiro y la oscuridad los treinta \u00faltimos a\u00f1os de su vida, sacrificando con j\u00fabilo las ventajas que su nacimiento y sus m\u00e9ritos personales le aseguraban en el mundo. Fallecido en 1692, ten\u00eda treinta a\u00f1os cuando la misi\u00f3n de Metz.<\/p>\n<p>Finalmente, son Louis de Rochechouart de Chandenier, abate de Tournus, a quien san Vicente puso a la cabeza de la misi\u00f3n, y su hermano Claude-Charles, hermano menor, abate de Moutiers-Saint-Jean. Eran hijos de Jean-Louis de Rochechouart, bar\u00f3n de Chandenier, famoso guerrero, muerto en 1635, y de Louise de Montheron de Fontaines-Chalandray. El nombre de Richechouart es c\u00e9lebre, bajo diversos aspectos, en nuestros anales, y as\u00ed lo es el de La Rochefoucault, cuyo lustre le viene tambi\u00e9n de nuestros dos abates. Ya que eran resobrinos de Fran\u00e7ois, cardenal de La Rochefoucault, que hab\u00eda sido tambi\u00e9n abate de Tournus en su juventud y hab\u00eda transmitido esta abad\u00eda a Louis<span id='easy-footnote-19-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-19-17400' title=' En su viaje de Italia, Fran\u00e7ois de La Rochefoucault hab\u00eda conocido a san Carlos Borromeo, cuyos coloquios y ejemplos se convirtieron en la regla de su vida. Sucesivamente obispo de Clermont y consejero de Estado, luego cardenal, obispo de Senlis, gran capell\u00e1n y ministro de Estado, tom\u00f3 con ardor en todos sus cargos los intereses de la religi\u00f3n. Nadie mostr\u00f3 m\u00e1s celo, en particular en los Estados Generales de 1614 y en la Asamblea de clero en 1615, para la recepci\u00f3n en Francia del concilio de Trento. Hizo en particular su propia misi\u00f3n de la reforma de las \u00f3rdenes religiosas. Investido de plenos poderes en esta cuesti\u00f3n por el papa y por el rey, comenz\u00f3 por dimitir del obispado de Senlis, donde sus nuevas funciones deb\u00edan impedirle a menudo residir, para dar ejemplo de sumisi\u00f3n a la disciplina de la Iglesia en un tiempo en el que quer\u00eda instaurar las observancias de la disciplina religiosa. A la cabeza de un consejo de obispos y de magistrados nombrados por el rey, de un consejo de eclesi\u00e1sticos y de religiosos tan capaces como celosos que se form\u00f3 \u00e9l mismo, redact\u00f3, de cuerdo con ellos, reglamentos, a los cuales la abad\u00eda de Sainte Genevi\u00e8ve, las \u00f3rdenes de Pi\u00e9montr\u00e9, de Saint Beno\u00eet, de Cluni, de Clairveaux, de Citeaux, debieron su reforma total o parcial. Procur\u00f3 tambi\u00e9n la fundaci\u00f3n de una congregaci\u00f3n nueva de can\u00f3nigos regulares, anim\u00f3 las misiones, hizo la guerra a toda relajaci\u00f3n y promocion\u00f3 todas las buenas obras. A la edad de setenta y dos a\u00f1os dej\u00f3 la corte y dimiti\u00f3 de todos sus cargos, para vivir en retirado la piedad y el ejercicio de una caridad inmensa.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>El cardenal hab\u00eda muerto hac\u00eda tres a\u00f1os en la \u00e9poca de la Misi\u00f3n de Metz; pero la memoria de sus virtudes celebradas en su oraci\u00f3n f\u00fanebre por el jesuita Andr\u00e9 Castillon y representadas al natural en su Vida por el can\u00f3nigo regular la Morini\u00e8re, se manten\u00eda viva a\u00fan, y sus sobrinos se esforzaron en reproducirlas. Claude-Charles era todav\u00eda di\u00e1cono y no quiso nunca, por humildad, ser promovido al sacerdocio, crey\u00e9ndose incapaz de tal ministerio a causa de la escasa ciencia, dec\u00eda \u00e9l, que su mala salud le hab\u00eda permitido adquirir en su primera juventud. Y, sin embargo, todo el tiempo que le quedaba despu\u00e9s de la oraci\u00f3n y de las buenas obras, lo dedicaba a la meditaci\u00f3n y al estudio. Cuando muri\u00f3, el 18 de mayo de 1710, a la edad de m\u00e1s de ochenta a\u00f1os, los religiosos de su abad\u00eda mandaron grabar en su tumba un hermoso epitafio o inscripci\u00f3n en estilo lapidario que se puede leer al final del primer volumen de la vida de san Vicente de Pa\u00fal por Mollet. \u00abEs eso, dice el historiador, un monumento que s\u00f3lo la virtud puede erigir a la virtud.\u00bb Tambi\u00e9n un elogio de Vicente; ya que, a\u00f1ade muy bien Collet, ya que las virtudes de este respetable <em>alumno<\/em> son tan evidentemente las del <em>padre<\/em> que le has formado que, si bien en esta especie de epitafio, tan solo se dice una palabra de Vicente de Pa\u00fal, se puede asegurar que toda la pieza es alabanza suya.\u00bb<\/p>\n<p>Hijo sumiso de Vicente, el abate de Tournus no le resisti\u00f3 m\u00e1s que para rechazar los honores eclesi\u00e1sticos a los que le llamaban su m\u00e9rito y su nacimiento, y que el santo sacerdote le pidi\u00f3 m\u00e1s de una vez que aceptara, esperando mucho bien para la Iglesia de una virtud as\u00ed unida a un hombre tan grande. Prefer\u00eda\u00a0 un piadoso retiro o las humildes funciones del sacerdocio. \u00abLa oraci\u00f3n era su m\u00e1s frecuente alimento, la humildad su ornamento, la mortificaci\u00f3n sus delicias, el trabajo su descanso, la caridad su ejercicio, la pobreza su querida compa\u00f1era. \u00bb Con estos t\u00e9rminos conmovedores nos habla de \u00e9l Abelly, quien le hab\u00eda conocido \u00edntimamente en San L\u00e1zaro. Divid\u00eda, en efecto el tiempo en dos partes, una para San L\u00e1zaro, donde se sent\u00eda tan feliz de vivir junto a Vicente, la otra para su abad\u00eda de Tournus, a las orillas del Saona, donde se divid\u00eda entre el estudio, la oraci\u00f3n y el ejercicio de la caridad. El jesuita Chifflet, historiador de la abad\u00eda y de la ciudad de Tournus, que le hab\u00eda visto a menudo y bien cerca, ha escrito de la abad\u00eda y del abate: \u00abEn esta abad\u00eda todo est\u00e1 tan bien ordenado, que ten\u00eda motivos para decir: <em>Castra Dei sunt haec <\/em>He tenido el honor de conversar varias veces con el abate, y confieso salir de ellas embalsamado por el dulce olor de sus virtudes. Las mitras y la p\u00farpura misma parec\u00edan estar por debajo de tan grandes m\u00e9ritos\u00bb<span id='easy-footnote-20-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-20-17400' title=' &lt;em&gt;Histoire de l\u2019abbaye royale et de la ville de Tournus, &lt;\/em&gt; in-4, Dijon, 1664, p. CCLXI.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Un hombre semejante, elegido para cabeza de una misi\u00f3n honra a la prudencia de Vicente. Nada deb\u00eda faltar en esta misi\u00f3n de Metz, ni los consejos y las oraciones de un santo, ni la protecci\u00f3n de una gran reina, ni el m\u00e9rito de los j\u00f3venes ap\u00f3stoles; nada, ni siquiera el genio, acudiendo en ayuda de la virtud, en la persona de Bossuet.<\/p>\n<p>Bossuet conoc\u00eda al abate de Tournus por las conferencias de Saint L\u00e1zaro, y tambi\u00e9n por la marquesa de S\u00e9necey, gobernanta de los Ni\u00f1os de Francia: la Marquesa siempre tan afecta a Bossuet, era t\u00eda del abate.<\/p>\n<p>Elegidos los obreros, ya no se trataba m\u00e1s que de trazarle un plan de trabajo y de prepararlo todo en Metz para su buena recepci\u00f3n y el \u00e9xito de su empresa. Vicente, como se puede imaginar, se encarg\u00f3 de darles, con su bendici\u00f3n, todos los consejos necesarios, y se regular de antemano todo su comportamiento; luego se dedic\u00f3 a prevenir por parte de Metz todas las dificultades. \u00c9l mismo escribi\u00f3 a todos los personajes que ten\u00edan en mano la autoridad sea religiosa, sea civil, y obtuvo de la reina una carta con sello y su direcci\u00f3n. El obispo de Auguste, a quien conocemos, el bar\u00f3n de Moussy La Contour, comandante por el rey en Metz, y maestre de campo de la guarnici\u00f3n de esta plaza, los oficiales, la asamblea de los tres \u00f3rdenes, todos, en una palabra, protestaron de su obediencia a la reina y de su deseo de secundar los piadosos proyectos de Vicente. Pero se necesitaba en Metz alguien que se encargara, con coraz\u00f3n y autoridad, de preparar a toda la gente, y alguien tambi\u00e9n que lo dispusiera todo para la recepci\u00f3n material de los Misioneros. En las charlas de San L\u00e1zaro entre ellos y su venerado padre, se trat\u00f3 muy pronto de este gran arcediano de Metz quien, en 1652, en la \u00e9poca de su ordenaci\u00f3n, hab\u00eda causado sobre Vicente una impresi\u00f3n tan profunda que, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde hab\u00eda se\u00f1alado tan brillantemente su lugar en la conferencia de los martes y que, el a\u00f1o anterior, hab\u00eda debutado con tal brillantez en las c\u00e1tedras de la capital. A falta de Vicente, que no se hab\u00eda olvidado sin embargo del joven di\u00e1cono de San L\u00e1zaro, el abate de Champin, su comensal en el Louvre y su amigo, el abate de Chandinier sobre todo, no habr\u00edan dejado de fijarse en \u00e9l, y de poner en \u00e9l su mayor esperanza. Muy cre\u00edble es que si el abate de Chandenier, antes que nadie, le se\u00f1al\u00f3 a Vicente, Vicente por su parte, sabiendo los estrechos lazos que un\u00edan es estos dos hombres, tan grandes, uno por su nacimiento y por su virtud, el otro por su genio, se inclin\u00f3 a pesar de ello, por esta valoraci\u00f3n, a escoger al abate de Tournus por jefe de los Misioneros.<\/p>\n<p>Fue el abate de Champin quien recibi\u00f3 la orden escribir a Bossuet, en nombre de Vicente y de la conferencia, para informarle de la pr\u00f3xima Misi\u00f3n y pedirle su participaci\u00f3n en una obra tan salut\u00edfera. Bossuet le contest\u00f3 inmediatamente y le rog\u00f3 que asegurara a Vicente que no omitir\u00eda nada por su parte para colaborar en todo de lo que se le creyera capaz y como deb\u00eda hacer un corto viaje a Par\u00eds con el obispo de Auguste, preguntaba por el tiempo de la llegada de estos se\u00f1ores, con el fin de que pudieran , el obispo y \u00e9l, sus medidas sobre ello, \u00abcreyendo uno y otro, dec\u00eda, que ser\u00edamos muy culpables, si abandon\u00e1ramos la cosecha en el tiempo en que su bondad soberana nos env\u00eda obreros tan fieles y tan caritativos.\u00bb<\/p>\n<p>No recibiendo ninguna respuesta del abate de Champon, se decidi\u00f3 a escribir directamente a Vicente, el 12 de enero, no sinti\u00e9ndose enfadado, por otra parte, porque se le presentara esta ocasi\u00f3n de renovarle sus respetos. Le asegur\u00f3, ante todo, por la excelente disposici\u00f3n en que se hallaba el obispo de Auguste para cooperar en esta obra. \u00abPor lo que a m\u00ed se refiere, Se\u00f1or, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l, me reconozco muy incapaz de prestar el servicio que desear\u00eda; pero conf\u00edo en la bondad de Dios que el ejemplo de tantos eclesi\u00e1sticos santos, y <em>las lecciones que en otro tiempo aprend\u00ed en la Compa\u00f1\u00eda, <\/em>me den fuerza para trabajar con tan buenos operarios, si yo nada puedo por m\u00ed mismo. Os pido el favor de asegurar a la Compa\u00f1\u00eda, a la que saludo de todo coraz\u00f3n en Nuestro Se\u00f1or, y la ruego que me haga part\u00edcipe de sus oraciones y santos sacrificios. Si hay alguna cosa, dec\u00eda para terminar, que cre\u00e1is necesaria aqu\u00ed para la preparaci\u00f3n de la gente, recibir\u00e9 de buena gana y realizar\u00e9 fielmente, con la gracia de Dios, las \u00f3rdenes que me deis.\u00bb<\/p>\n<p>No se conserva por desgracia ninguna respuesta de Vicente a esta carta. Pero se sabe que una vez recibida, siempre se dirigi\u00f3 a Bossuet para disponerlo todo; fue a Bossuet tambi\u00e9n a quien encarg\u00f3 de transmitir al obispo de Auguste la carta que le escrib\u00eda para agradecerle sus disposiciones favorables y pedirle la continuaci\u00f3n. El obispo respondi\u00f3 a Vicente, el 29 de enero, para tranquilizarle, y rogarle que asegurara a la reina que \u00e9l emplear\u00eda de buen coraz\u00f3n todo loa pudiera tener de cr\u00e9dito y autoridad en lo espiritual como en lo temporal, en la ciudad y en la di\u00f3cesis, para la gloria de Dios, la edificaci\u00f3n de los pueblos, la salvaci\u00f3n de las almas y la conversi\u00f3n de los herejes e infieles, \u00abque tenemos en n\u00famero muy considerable\u2026 Pasar\u00eda por prevaricador en mi ministerio, si no manifestara, en esta ocasi\u00f3n, la consideraci\u00f3n que siento por la obra de Dios y el mandato de Su Majestad. A\u00f1adir\u00e9 a ello el aprecio particular que siento por vuestra direcci\u00f3n, que tanto contribuye en favor de toda la Iglesia con estas misiones.\u00bb<\/p>\n<p>Una solo dificultad se le presentaba al obispo. El orden de las misiones dadas por los hijos de Vicente o por los Misioneros de la Conferencia, quer\u00eda que, durante el tiempo que ellos estaban en funci\u00f3n, cesara toda otra predicaci\u00f3n que la suya en cada una de las iglesias de la ciudad. En esta orden no se ha de ver ni ego\u00edsmo ni envidia, sino tan s\u00f3lo deseo de asegurar el \u00e9xito de la misi\u00f3n, por la uni\u00f3n y la uniformidad de los esfuerzos. Medio excelente, en efecto, de evitar toda colisi\u00f3n de amor propio, todas las comparaciones entre las diferentes maneras de predicar y de dirigir, todas esas cr\u00edticas en contra, de las que esencialmente, siguiendo su mismo nombre, esp\u00edritu de discordia y de divisi\u00f3n, se sirve para impedir el bien.<\/p>\n<p>Bueno, se hallaba entonces en Metz un religioso dominico, llamado Guespier, muy honesto y h\u00e1bil, doctor de Sorbona, quien hab\u00eda predicado ya el adviento con aplauso y recomendaci\u00f3n, y se hab\u00eda comprometido a predicar la cuaresma, despu\u00e9s de rechazar el p\u00falpito de Angers que le hab\u00edan ofrecido. \u00bfNo era para \u00e9l una especie de afrenta despedirle a las puertas de la cuaresma?. As\u00ed lo pensaba, y tambi\u00e9n el obispo de Auguste. Y por eso Pierre Bedacier propon\u00eda a Vicente un t\u00e9rmino medio: el religioso no ocupar\u00eda el p\u00falpito de la catedral m\u00e1s que tres veces a la semana, y los otros cuatro d\u00edas quedar\u00edan a la entera disposici\u00f3n de los Misioneros quienes, incluso los d\u00edas de predicaci\u00f3n del dominico podr\u00edan, el reto del tiempo, usar con libertad de la iglesia para sus ejercicios y predicar en las otras iglesias de Metz.<\/p>\n<p>Bossuet intervino tambi\u00e9n en este asunto. Habl\u00f3 muy en particular con el predicador de la cuaresma, en quien encontr\u00f3 a un hombre sabio, acomodaticio y deseoso del bien, pero al propio tiempo obstinado en sus primeros sentimientos, y persuadido de que era cosa de \u00e9l\u00a0 dejar el p\u00falpito totalmente. \u00abDeclara que de lo dem\u00e1s, escrib\u00eda Bossuet a de Monchy, \u00e9l contribuir\u00e1 en lo que pueda al buen \u00e9xito de la Miei\u00f3n, y exhortar\u00e1 con fuerza al pueblo a hacerse dignos de recibir sus frutos.\u00bb<\/p>\n<p>En primer lugar, Bossuet deseaba el arreglo propuesto por el obispo de Auguste, pensando menos en el religioso que en el \u00e9xito de la obra. \u00abSi se obra de manera distinta, escrib\u00eda siempre al mismo, no se evitar\u00e1n murmuraciones del pueblo. Muchos tratan ya de difundirlas, y vos no ignor\u00e1is, y yo tampoco, de qu\u00e9 principio procede eso.\u00bb Y eso ven\u00eda del cap\u00edtulo, no opuesto directamente a una misi\u00f3n que la reina hab\u00eda querido y que \u00e9l hab\u00eda prometido favorecer, sino opuesto a una empresa que hab\u00eda abrazado ardientemente el obispo de Auguste, con quien andaba a la gre\u00f1a constantemente. \u00abPreveo, sigue hablando Bossuet, yo preveo alguna dificultad\u00a0 entre Monse\u00f1or de Auguste y el cap\u00edtulo. Algunos tal vez, encubiertamente, aprovechar\u00e1n la ocasi\u00f3n de querer con ello oponerse a esta obra.. yo me esforzar\u00e9 con todas mis fuerzas por lograr que las cosas vayan por otro camino.\u00bb<\/p>\n<p>Todos estos conflictos no lograban que Vicente se apartara del orden acostumbrado de las Misiones, que apoyaban otras tantas razones. El dominico, ya manzana de la discordia o pretexto entre el obispo y su cap\u00edtulo, \u00bfno lo ser\u00eda pronto entre los Misioneros o entre \u00e9stos y una parte de la poblaci\u00f3n? Deb\u00eda absolutamente abandonar el lugar. El obispo, aconsejado por Bossuet, lo comprend\u00eda y mientras esperaba la decisi\u00f3n de Vicente sobre las razones que le hab\u00eda presentado, encargaba a Bossuet que le escribiera: \u00abDespu\u00e9s de esto resolver\u00e1 al predicador a hacer a todo lo que encontr\u00e9is de m\u00e1s conveniente para la obra de la Misi\u00f3n, que est\u00e1 resuelto a preferir a cualquier otra consideraci\u00f3n: no habr\u00e1 obst\u00e1culo alguno por esa parte, y me ha pedido que os tranquilice.\u00bb Veremos enseguida c\u00f3mo termin\u00f3 todo este asunto.<\/p>\n<p>Hab\u00eda mucho que temer de las empresas de los hugonotes quienes, ante la noticia de una Misi\u00f3n para ellos tan formidable, olfateaban el peligro que iba a correr su establecimiento en esta ciudad donde se cre\u00edan tan fuertes como en Montauban o en la Rochelle. Ya que, en 1663 todav\u00eda, deb\u00edan presumir que eran <em>en un n\u00famero tan grande como los cat\u00f3licos en Metz, ciudad semidividida en cuanto a la religi\u00f3n<\/em><span id='easy-footnote-21-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-21-17400' title=' M. Floquet, to. I, p. 467.'><sup>21<\/sup><\/a><\/span><em>. <\/em>Por eso se preparaban a defender el puesto, a poner trabas por lo menos al ataque de los Misioneros Hasta el d\u00eda de la lucha, como la gente que tiene miedo, usaban de una audacia insolente. Una criada cat\u00f3lica falleci\u00f3 entonces en la casa de un hugonote, comerciante famoso y acomodado, despu\u00e9s de ser extra\u00f1amente violentada en su conciencia y neg\u00e1rsele un sacerdote con el pretexto enga\u00f1oso de que ella hab\u00eda cambiado de religi\u00f3n. Todos los cat\u00f3licos clamaron venganza, y se inici\u00f3 un proceso por el lugarteniente general. No obstante, el ministro y el consistorio mantuvieron la empresa, y bien, usando de descaro, tuvieron la cara de decir que el comerciante no hab\u00eda hecho nada sin \u00f3rdenes; bien haciendo el papel de v\u00edctimas, hablaron de enviar una representaci\u00f3n a la corte para quejarse, en realidad lo que quer\u00edan era presentar el asunto en el consejo con el fin de sacarlo del lugar donde ten\u00edan m\u00e1s conocidos, y adormecerlo con el paso del tiempo. Por entonces mismo, intrigaban para introducir en Metz a pedagogos de su religi\u00f3n, en contra de los edictos del rey.<\/p>\n<p>Bossuet informaba a Vicente de todos estos hechos, remiti\u00e9ndose, por otra parte, <em>a si celo y a su prudencia ordinaria: \u00ab<\/em>No le digo, Se\u00f1or, lo que tiene que hacer en este punto, es suficiente que est\u00e9 advertido; Dios le inspirar\u00e1 lo dem\u00e1s.\u00bb \u2013Una particularidad interesante que advertir de paso, es que Bossuet, quien hab\u00eda firmado su primera carta: g<em>ran arcediano de Metz, <\/em>firmaba \u00e9sta: <em>indigno<\/em> <em>sacerdote<\/em>. Era la misma f\u00f3rmula de Vicente, transmitida hasta entonces a sus hijos. Bossuet la hab\u00eda le\u00eddo en la respuesta del santo sacerdote a su carta del 12 de enero, tal vez la primera que hubiera recibido de \u00e9l y, llevado sin duda de su humildad, la adopt\u00f3 en adelante por modelo: hijo y disc\u00edpulo, no quiso ya exhibir sus t\u00edtulos de honor, escribiendo a un tal padre y tal maestro, que no hac\u00eda alarde m\u00e1s que se su pretendida indignidad.<\/p>\n<p>La esperanza de Bossuet se fundaba, como ya nos lo ha dicho, en el modelo y la prudencia de Vicente, para \u00e9l tan conocidos, y tambi\u00e9n en el cr\u00e9dito de que gozaba el santo sacerdote ante Ana de Austria y en su consejo de conciencia, no dudaba que esta gran reina, de quien hab\u00eda apreciado durante seis semanas la piedad y el celo por la religi\u00f3n, la caridad por la ciudad de Metz, que se apresurara, llevada por un consejero tal, a detener las audaces empresas y los injustos procedimientos de los hugonotes. \u00c9l no se equivocaba ni con la reina ni con Vicente. Un mes despu\u00e9s, el 2 de marzo, pod\u00eda escribir a \u00e9ste: \u00abOs agradezco humildemente la caridad que hab\u00e9is tenido para hacer saber a la reina el asunto para el cual tuve el honor de escribiros. Veo por las cartas que Su Majestad ha enviado a este pa\u00eds que vuestra recomendaci\u00f3n ha operado. Yo pido a Dios que bendiga las santas intenciones de esta piadosa princesa, que atiende con tanto ardor los intereses de la religi\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Quedaba por preparar materialmente la estancia y la vida de los Misioneros en Metz.<\/p>\n<p>Aparte de las cartas que escrib\u00eda sobre ello a los oficiales de la ciudad y las recomendaciones que les hizo llegar por la reina, Vicente encarg\u00f3 de este cuidado a Nicolas de Monchy, superior de la Misi\u00f3n de Toul<span id='easy-footnote-22-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-22-17400' title=' La Misi\u00f3n se hab\u00eda establecido en Toul en 1635, a petici\u00f3n de Charles-Chr\u00e9tien de Gournay, obispo de Scythie, de la familia del valiente caballero, cuya oraci\u00f3n f\u00fanebre pronunciar\u00e1 Bossuet muy pronto. Carlos de Gournai gobernaba esta iglesia en calidad de sufrag\u00e1neo, bajo el cardenal Nicolas-Frsan\u00e7ois de Lorraine, hermano del dique Carlos IV. Pero habiendo renunciado el cardenal a la p\u00farpura y al estado eclesi\u00e1stico, en 1634, para casarse con la princesa Claudia, su prima hermana, e impedir de esta suerte que el ducado saliera de su familia, Luis XIII, por recomendaci\u00f3n de Nicolas de Lorraine, refugiada en Francia, y de Vicente de Pa\u00fal, agradecido de la protecci\u00f3n otorgada a los suyos, nombr\u00f3 a Carlos de Gournai al obispado de Toul. Por su parte, Carlos de Gournai, para agradecer la parte que Vicente hab\u00eda tenido en su nombramiento, continu\u00f3 favoreciendo a los Misioneros de Toul, y transmiti\u00f3 la tradici\u00f3n a los obispos que le siguieron: Andr\u00e9 Saussai, su tercer sucesor, que ocupaba la sede en 1658, fue uno de los protectores m\u00e1s declarados de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Siguiendo la orden de Vicente, Nicolas de Monchy se dirigi\u00f3 a Metz para preparar una residencia\u00a0 a los Misioneros. Pero sus asuntos no le permitieron quedarse m\u00e1s de un d\u00eda, y la preparaci\u00f3n material de la misi\u00f3n, lo mismo que la de la gente, recay\u00f3 casi por completo en Bossuet. Aqu\u00ed tambi\u00e9n Bossuet se mostr\u00f3 digno disc\u00edpulo de Vicente, del hombre m\u00e1s positivo, el m\u00e1s organizador en todos los sentidos que hubiera nunca, y se entreg\u00f3 a estos cuidados materiales con el mismo ardor que acabamos de verle desplegar en intereses que \u00fanicamente parec\u00edan\u00a0 convenir a este genio. Sinti\u00f3 la ayuda generosa del bar\u00f3n de Moussy La Contour, compa\u00f1ero de armas del mariscal de Schomberg, muerto recientemente, con quien hab\u00eda tenido relaciones\u00a0 de respetuosa amistad, que continuaba con su viuda, Marie de Hautefort. Semejantes deb\u00edan se ser naturalmente sus relaciones con de Moussy La Contour. En efecto, entre el lugarteniente del rey y del arcediano, lo mismo que entre sus dos familias, la amistad se estrech\u00f3 hasta al punto que a menudo, en los registros de las parroquias de Metz, se puede ver, con ocasi\u00f3n de bautismos y dem\u00e1s ceremonias de la Iglesia, los nombres de Bossuet y de sus hermanas unidos a los nombres del bar\u00f3n de Moussay La Contour y de sus hijos.<\/p>\n<p>La Contour era tan piadoso como valiente y no necesitaba recomendaciones de la reina para prestarse a una misi\u00f3n que \u00e9l mismo deseaba ardientemente. Se apresur\u00f3 en asignar por alojamiento a los Misioneros esperados en el\u00a0 <em>H\u00f4tel de la Haute-Pierre,<\/em> donde hab\u00edan sido recibidos siempre los reyes de Francia en sus residencias en Metz, y mand\u00f3 llevar, de la ciudadela y de la ciudad el n\u00famero de lechos, colchones y mantas se\u00f1alados en una memoria redactada por Nicolas de Monchy. Se hizo de tal modo que no quedara nada a cargo de la Misi\u00f3n. Se provey\u00f3 tambi\u00e9n de muebles las habitaciones; todos eran honrados, pero los hab\u00eda que no tanto, por eso Bossuet pidi\u00f3 a de Monchy que volviera a Metz para disponer habitaciones y muebles seg\u00fan las personas que quer\u00eda colocar, sino, que le diera orden. Lo m\u00e1s dif\u00edcil de encontrar eran los platos, los manteles y lo necesario para la cocina. Hubiera sido buena soluci\u00f3n tener un cocinero que corriera con todo; pero todos los cocineros con los que Bossuet hab\u00eda hecho contactos ped\u00edan cuarenta sueldos (2 libras) al d\u00eda, \u00abprecio, dec\u00eda \u00e9l, excesivo para Metz.\u00bb Por \u00faltimo, promet\u00eda informarse de lo que se podr\u00eda hacer para una mayor comodidad y ahorro, y escribir a de Monchy lo que podr\u00eda ahorrar. Se puede tener la seguridad de que, con cuidados tan vigilantes y tan minuciosamente expresados, todo se hizo lo mejor posible.<\/p>\n<p>Ser\u00eda mal retroceder ante estos detalles, tan elevados por el fin al que se destinaban, tan interesantes por el contraste entre su bajeza aparente y la altura de tal genio. Por entonces, el Sr. Floquet recuerda afortunadamente la oraci\u00f3n f\u00fanebre de Ana de Gonzaga, en la que se encuentran palabras parecidas; despu\u00e9s de lo cual Bossuet exclamaba: \u00abA pesar de los o\u00eddos delicados, ellas borran los discursos m\u00e1s magn\u00edficos, y yo no quisiera hablar ya m\u00e1s que este lenguaje.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed dispuesto todo, Bossuet escribi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal, el 10 de febrero: \u00abYo me alegro, Se\u00f1or, de ver acercarse el tiempo de cuaresma, por la esperanza que tengo de ver pronto a los obreros excelentes que Dio nos env\u00eda por vuestro medio, a quienes saludo de todo coraz\u00f3n en Nuestro Se\u00f1or, y muy en particular al Sr. abate de Chandenier. \u00abResultando un invierno de los m\u00e1s duros que se hab\u00edan visto en mucho tiempo, a\u00f1ad\u00eda: \u00abLos compadezco por tener que hacer un viaje tan largo con un fr\u00edo tan riguroso; pero su caridad lo superar\u00e1 todo. Que vengan pues pronto en nombre de Dios: que la mies es mucha; y las peque\u00f1as dificultades se allanar\u00e1n, con su presencia.\u00bb<\/p>\n<p>Se pusieron, en efecto, en camino. Pero como es propio de las obras de Dios, verse contrariadas en todo, hasta por la naturaleza que, en eso, obedece ciegamente a designios ocultos de su creador, fueron inmediatamente sorprendidos y detenidos por desbordamientos desastrosos de los que fueron v\u00edctimas las principales ciudades de Francia. Pi\u00e9nsese en las inquietudes mortales de Vicente, que entonces ten\u00eda de camino a la vez a los Misioneros de Metz y a varios de sus sacerdotes que se dirig\u00edan a Nantes a embarcarse para Madagascar. Escuchemos c\u00f3mo habla \u00e9l mismo de ello en una carta dirigida a Get, superior de la Misi\u00f3n de Marsella, el 8 de febrero de 1658: El correo se ha demorado por una inundaci\u00f3n prodigiosa que hay en ese pa\u00eds debido al deshielo, que hace que en muchas calles de Par\u00eds se vea pasar m\u00e1s embarcaciones que carrozas. Jam\u00e1s se ha visto las aguas subir tanto como ahora, de manera que toda la ciudad est\u00e1 aterrada. Han producido importantes desastres dentro y fuera. Nos acaban de decir que se han llevado esta noche cuatro arcos enteros del Pont-Marie, con las casas que estaban construidas encima. Habr\u00edan podido producir m\u00e1s estragos a no ser por un canal que sale por encima del Arsenal, que pasa por el barrio de Saint-Denis y va desembocar al cabo del Curso, cuyo canal ha servido poderosamente para desviar las aguas de la ciudad y disminuir la fuerza del r\u00edo. Ruego a Nuestro Se\u00f1or que se apiade de su pobre pueblo. Este desbordamiento habr\u00e1 sorprendido por el camino a nuestros sacerdotes que han ido a Nantes, y a estos se\u00f1ores que van a dar la misi\u00f3n en Metz. Estamos sufriendo mucho.\u00bb Este sufrimiento dur\u00f3 veinte d\u00edas, durante los cuales no se oy\u00f3 hablar ni de unos ni de otros.<\/p>\n<p>No menos grande era la preocupaci\u00f3n en Metz, a la que un diluvio, escribe Bossuet, rodeaba tambi\u00e9n por todas partes. Lo que alarmaba tambi\u00e9n al arcediano es que un retraso de los Misioneros iba a renovar todos los apuros por parte del predicador. Si las aguas les imped\u00edan llegar a Metz antes del comienzo de la cuaresma, el buen padre sent\u00eda gran repugnancia en abandonar su p\u00falpito a otro esper\u00e1ndolos, o en ced\u00e9rselo despu\u00e9s de comenzarlo. En esta circunstancia, si el obispo de Auguste se ve\u00eda en la obligaci\u00f3n de usar de su autoridad, \u00bfno hab\u00eda que temer un esc\u00e1ndalo?\u00a0 Y un esc\u00e1ndalo en esta materia, y antes de una misi\u00f3n,\u00a0 \u00a1qu\u00e9 fatales pod\u00edan resultar las consecuencias! \u00abPero Dios, Se\u00f1or, que para todo tiene remedio, escribi\u00f3 el 2 de marzo Bossuet a Vicente, nos ha devuelto la tranquilidad en este punto, por la orden que ha recibido el s\u00edndico de esta ciudad de decir al Sr. de Auguste y al Sr. de La Contour que la reina estar\u00eda satisfecha si el predicador abandonara por completo su p\u00falpito aceptando cien escudos que Su Majestad le manda entregar, adem\u00e1s de la retribuci\u00f3n ordinaria<span id='easy-footnote-23-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-23-17400' title=' El P. Guespier no recibi\u00f3 m\u00e1s que los cien escudos de la reina, que representaban los honorarios acostumbrados de la estaci\u00f3n cuadragesimal. Reclam\u00f3 tambi\u00e9n, aparte de eso, los treinta doblones a esto destinados, que estaban en poder del receptor de la iglesia de Metz, y Vicente, a sus ruegos, escribi\u00f3 al obispo de Auguste que no se opon\u00eda, por su parte, a que se le diera doble retribuci\u00f3n, pero no se entendi\u00f3 as\u00ed en Metz, y los treinta doblones del receptor fueron donados , por orden de la reina, a la cofrad\u00eda de la Caridad. (Carta de S. Vicente al P. Guespier del 20 de noviembre de 1658).'><sup>23<\/sup><\/a><\/span>, y siendo retenido para predicar al a\u00f1o pr\u00f3ximo. Con eso todas las cosa se calmaron; y yo, os lo confieso, yo libre de un dolor espiritual.\u00bb \u00bfQui\u00e9n puede dudar de que esta arreglo caritativo sea debido a un consejo de Vicente a Ana de Austria?<\/p>\n<p>Por ese mismo tiempo, recibi\u00f3 Bossuet otro consuelo y otra esperanza. Vio con sorpresa llegar a Metz \u00abcomo por milagro,\u00bb dice \u00e9l, al Hermano Mathieu Renard, a quien no deten\u00edan ni los elementos ni los hombres, ni los bandidos ni los r\u00edos desbordados; el Hermano Marhieu a quien veremos hacer, enviado por Vicente, cincuenta y tres viajes a la Lorena para la asistencia de esta provincia asolada. \u00bfNo era esto un precursor, una paloma que anuncia el fin del diluvio? Bossuet lo pens\u00f3, y escribi\u00f3 otra vez a Vicente: \u00abNo me queda m\u00e1s que pedir a Dios que abra pronto el camino, en medio de las aguas, a sus servidores, que haga fructificar sus trabajos y d\u00e9 eficacia a su palabra.\u00bb<\/p>\n<p>Todos sus votos fueron escuchados. El lunes de carnaval, 4 de marzo, los Misioneros llegaron a Metz, despu\u00e9s de escapar a mil peligros. Al otro d\u00eda, siguiendo la costumbre de San L\u00e1zaro, el abate de Tournus les hizo guardar abstinencia, para atraer, mediante esta mortificaci\u00f3n, la bendici\u00f3n de Dios para sus trabajos; luego, a su cabeza, se dirigi\u00f3 al P. Guespier, se puso de rodillas delante de \u00e9l y le pidi\u00f3 perd\u00f3n en nombre de la Compa\u00f1\u00eda por haberle privado de su c\u00e1tedra. Desde el 5, mi\u00e9rcoles de ceniza, los Misioneros abrieron la estaci\u00f3n. Al punto se dispersaron por las diversas c\u00e1tedras de la ciudad. Bossuet les cedi\u00f3 las de la catedral y de las principales iglesias. En cuanto a \u00e9l, \u00e9l se confin\u00f3 en la modesta iglesia de Saint-Jean de la Citadelle y, con excepci\u00f3n de algunos discursos que fue invitado a dar\u00a0 en la catedral con Blampignon y G\u00e9doyu, all\u00ed ocult\u00f3 su elocuencia. En un auditorio compuesto,\u00a0 en gran parte, de hombres de guerra y de hombres del pueblo, predicaba cada d\u00eda un serm\u00f3n y una conferencia, y dos veces por semana daba un catecismo. \u00abLa gracia y la piedad, dice un relato del tiempo, triunfaron en los corazones del Sr. gobernador, de la se\u00f1ora gobernanta, y de todos los oficiales y soldados.\u00bb En estas conferencias, apuntaba con preferencia a los religionarios, y a \u00e9l le corresponde la parte principal de la conversi\u00f3n notable ocurrida en el curso de esta misi\u00f3n de Metz.<\/p>\n<p>A pesar de la prohibici\u00f3n que el consistorio hab\u00eda hecho a los suyos de asistir a las predicaciones,\u00a0 muchos acudieron a ellas. Uno de ellos, a su regreso, cont\u00f3 a su mujer lo que hab\u00eda escuchado, y \u00e9sta quiso all\u00ed mismo instruirse y convertirse. \u00bfQui\u00e9n la instruy\u00f3? \u2013Bossuet. La abjuraci\u00f3n tuvo lugar con gran solemnidad, en presencia del obispo de Auguste, del arcediano, del abate de Blampignon, del lugarteniente del rey y, a\u00f1ade nuestro relato, \u00abde una muy honorable compa\u00f1\u00eda.\u00bb Unos d\u00edas despu\u00e9s, la se\u00f1ora habiendo ca\u00eddo enferma, pidi\u00f3 el santo vi\u00e1tico. Los ministros que hab\u00edan estado desde un principio\u00a0 como aturdidos por la impresi\u00f3n de este solemne acto, se despertaron entonces y se pusieron a pelear para recuperar el bot\u00edn que les hab\u00eda raptado felizmente. Pero, dice el relato, las visitas que le hizo el Sr. Bossuet (prueba manifiesta de su papel principal), les obligaron a disimular sus maliciosas intenciones.\u00bb Le llevaron el vi\u00e1tico a la enferma con gran pompa, en medio de un cortejo de sacerdotes y de los personajes m\u00e1s cualificados, llevando todos un cirio en la mano. A la vista de su Salvador, la se\u00f1ora se estremeci\u00f3 de j\u00fabilo, y el arrebato que se dibuj\u00f3 en su rostro y en su porte fue ya una predicaci\u00f3n muy eficaz. Pero la emoci\u00f3n alcanz\u00f3 su punto m\u00e1s alto, cuando reuniendo todas sus fuerzas exclam\u00f3: \u00abRenuncio a todos los apegos temporales y a todos los intereses humanos que hayan podido, entre los calvinistas, hacerme tener mis diferencias sea con mi marido, sea con mis hijos. Mis hijas, que son cat\u00f3licas, yo las pongo en manos de la Providencia de Dios; pido para ellas la protecci\u00f3n y las oraciones de tantas personas buenas que est\u00e1n aqu\u00ed presentes. Ah, yo he resistido demasiado a las luces que dios ten\u00eda a bien darme de vez en cuando y a las inspiraciones que me atra\u00edan a la verdadera fe. \u00a1Yo creo, amo y espero de todo coraz\u00f3n!\u00bb<\/p>\n<p>Estas palabras, entrecortadas de suspiros, penetraron hasta el fondo de las almas y arrancaron l\u00e1grimas que humedecieron todos los ojos. El obispo de Auguste, que segu\u00eda presente, administr\u00f3 enseguida a la enferma el sacramento de la confirmaci\u00f3n que fue recibido con los sentimientos cuya profesi\u00f3n de fe de hac\u00eda un instante era la prueba sincera y la expresi\u00f3n heroica. Al salir de la casa, la multitud, sin poder dominar m\u00e1s sus transportes, entono el <em>Te<\/em> <em>Deum, <\/em>que continuaron a lo largo de las calles. Era por la tarde. Los cirios y las antorchas arrojaban un vivo resplandor. Los herejes, sigue diciendo nuestro relato, hu\u00edan como b\u00fahos, el Dios de las luces, y se encerraban a prisa, mientras que los cat\u00f3licos sal\u00edan de todas partes, se un\u00edan al cortejo y se dirig\u00edan a la iglesia para calentarse con una devoci\u00f3n mutua y agradecer al Se\u00f1or por sus misericordias. \u2013Santas represalias de la pobre criada cat\u00f3lica, privada en su muerte por la herej\u00eda de los consuelos de su fe!<\/p>\n<p>Hay que renunciar a describir todas las conversiones, todos los frutos de salvaci\u00f3n que recompensaron los esfuerzos de los Misioneros. Y es que en ellos todo predicaba su conducta como su palabra; s\u00f3lo con verlos, se sent\u00eda uno tocado m\u00e1s todav\u00eda que al escucharlos. Su jefe, el abate de Tournus, se distingui\u00f3 por su caridad, su humildad y su mortificaci\u00f3n. Pidi\u00f3 a de Monchy que distribuyera tatas limosnas de su dinero como del de la reina. En el curso de la estaci\u00f3n, se content\u00f3 m\u00e1s de una vez con cenar un poco de pan, una fruta y un vaso de agua te\u00f1ida de rojo, y eso durante los d\u00edas de m\u00e1s trabajo. Superior de los Misioneros, hac\u00eda con ellos el oficio de sirviente. Durante tres meses, cada ma\u00f1ana, iba a despertar a sus compa\u00f1eros, y a los criados, encend\u00eda sus candelas, se pon\u00eda de rodillas a los pies de sus lechos para decir: <em>Benedicamus<\/em> <em>Domino<\/em>!\u00a0 y no se levantaba hasta que se le respond\u00eda: <em>Deo<\/em> <em>gratias<\/em>!<span id='easy-footnote-24-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-24-17400' title=' Conferencias sobre el abate de Tournus. Archivos de la Misi\u00f3n.'><sup>24<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Vicente, a quien llegaba la noticia de la buena marcha de la Misi\u00f3n como a su principio y a su autor, se la comunicaba seguidamente a los suyo y a los Se\u00f1ores de la conferencia. Aprovechando la ocasi\u00f3n de instruir a sus sacerdotes de la necesidad del recogimiento exterior, de la modestia y del buen ejemplo en sus Misiones, a\u00f1ad\u00eda: \u00abAunque no digan palabra, si est\u00e1n muy ocupados con Dios, ustedes impresionar\u00e1n los corazones con su sola presencia. Los Se\u00f1ores abades de Chandenier, y los dem\u00e1s Se\u00f1ores que acaban de dar la Misi\u00f3n en Metz en Lorena con gran bendici\u00f3n, iban de dos en dos con roquete, de la vivienda a la iglesia y de la iglesia a casa, sin decir palabra,, y con un recogimiento tan grande que los que los ve\u00edan admiraban su modestia ejemplar. Su modestia pues era para ellos un predicaci\u00f3n muda, pero tan eficaz que ha contribuido tal vez tanto y m\u00e1s, por lo que me han dicho, al \u00e9xito de la Misi\u00f3n, que todo lo dem\u00e1s.\u00bb<\/p>\n<p>Pero durante la Misi\u00f3n misma, cu\u00e1ntas charlas ha debido de tener en San L\u00e1zaro, cu\u00e1ntas cartas ha debido de escribir, seg\u00fan su costumbre, a todas sus casas, sobre todo con ocasi\u00f3n de alguna de las mejores noticias que le eran transmitidas a diario por el abate de Tournus y de sus compa\u00f1eros. Ay, pl\u00e1ticas y cartas, todo se ha perdido, y no nos queda m\u00e1s que la carta siguiente, dirigida el 6 de abril a Louis de Chandenier: \u00abDoy gracias a Dios, Se\u00f1or, por la salud que le da y las bendiciones que le contin\u00faa, y a todos esos Se\u00f1ores en general y en particular. Pido que se den gracias a su divina bondad por todos los que toman parte en su conservaci\u00f3n y en sus trabajos, en particular por nuestra comunidad y por estos Se\u00f1ores de nuestra asamblea, a quienes se leyeron el pasado martes extractos que yo hab\u00eda mandado hacer de sus cartas y de las del Sr. Blampignon. Todos quedaron encantados al o\u00edr los felices progresos y los santos efectos de sus buenas direcciones, y salieron de all\u00ed inflamados de alegr\u00eda y gratitud. El Sr. de Saint-Jean se hall\u00f3 all\u00ed, quien quiso llevarse estos extractos, con el fin de estudiar los puntos principales para hacer con ellos el informe a la reina, como lo hizo al d\u00eda siguiente; y eso sirvi\u00f3 de tal consuelo a Su Majestad, que se le vio hasta en el rostro, pero con tanta abundancia que \u00e9l se dio cuenta enseguida. Ten\u00eda en la mano estos extractos, y Su Majestad habiendo preguntado qu\u00e9 era aquel papel, \u00e9l respondi\u00f3 que hab\u00eda tomado de all\u00ed lo que le hab\u00eda contado: \u00abEntreg\u00e1dmelo, dijo ella, , yo lo quiero ve\u00bb y se lo qued\u00f3. Ella dijo sobre todo que se sent\u00eda muy satisfecha\u00a0 por la asistencia espiritual corporal que dan ustedes a los pobres, y dijo que si se necesitaba m\u00e1s dinero, ella se lo dar\u00e1. Le suplico con toda humildad que pregunte hasta d\u00f3nde llegar\u00e1 este gasto.\u00bb Luego Vicente\u00a0 anunciaba al abate de Tournus para la semana santa un refuerzo de tres Misioneros, por los trabajos crecientes de la Misi\u00f3n, a la par que sent\u00eda no poder enviar m\u00e1s, y terminaba con este hermoso elogio de Claude-Charles: \u00abLas predicaciones del Sr. abate de Moutiers-Saint-Jean son tan eficaces que hacen llegar su virtud hasta aqu\u00ed, por donde conozco a menudo su dulce y agradable composici\u00f3n, y me parece que su grande modestia me hace ser modesto, con todo lo r\u00fastico que soy. Yo le saludo con todo respeto y ternura.\u00bb<\/p>\n<p>Por fin, despu\u00e9s de una permanencia de cerca de tres meses los Misioneros debieron dejar la ciudad de Metz transformada, y Bossuet les entreg\u00f3 este bello testimonio en una carta a Vicente del 23 de mayo, que acaba de darnos a conocer sus trabajos y sus \u00e9xitos: \u00abYo no puedo ver marcharse a estos queridos Se\u00f1ores, sin declararos el gran sentimiento y la maravillosa edificaci\u00f3n que nos dejan. Es tal. Se\u00f1or, que ten\u00e9is toda la raz\u00f3n del mundo de alegraros en Nuestro Se\u00f1or; y yo me expansionar\u00eda con gusto sobre este asunto sino fuera porque los efectos urgen de demasiado lejos\u00a0 todas mis palabras. . nunca se ha visto algo tan bien ordenado bada m\u00e1s ejemplar que esta misi\u00f3n. Qu\u00e9 no os dir\u00eda yo de los particulares, y en particular del jefe y de los dem\u00e1s, que nos han predicado el Evangelio tan santamente y cristianamente, si no os creyera informado por otro lado por testimonios m\u00e1s considerables, y por los conocimientos que ten\u00e9is de ellos; a\u00f1adamos que ya conozco con qu\u00e9 pena sufre su modestia las alabanzas. Se han llevado de aqu\u00ed todos los corazones, y ya regresan a vos, fatigados y agotados en el cuerpo, pero ricos seg\u00fan el esp\u00edritu por los despojos que han arrebatado al infierno, y por los frutos de penitencia que Dios ha producido por su ministerio. Rec\u00edbalos pues, Se\u00f1or, con bendici\u00f3n y acciones de gracias; y tened la bondad, por favor, de agradecerles conmigo\u00a0 por el honor que me han querido hacer de asociarme a su Compa\u00f1\u00eda y a una parte de su trabajo. Y a vos mismo debo agradecer y suplicaros que pis\u00e1is a Dios que despu\u00e9s de unirme una vez a tan santos eclesi\u00e1sticos, yo siga as\u00ed eternamente, recibiendo verdaderamente su esp\u00edritu, y aprovech\u00e1ndome de sus buenos ejemplos.\u00bb<\/p>\n<p>Por su parte, en el curso de la Misi\u00f3n, <em>el jefe, <\/em>el abate Louis de Chandenier, hab\u00eda tributado a Bossuet un testimonio semejante y, no crey\u00e9ndose digno de agradec\u00e9rselo en persona, hab\u00eda pensado que una sola palabra de Vicente estar\u00eda a la altura de tales servicios. Por ello escrib\u00eda al santo sacerdote: \u00abHe cre\u00eddo, Se\u00f1or, que no llevar\u00edais a mal que os comunicase un pensamiento que me ha venido, que escrib\u00e1is unas palabrita de felicitaci\u00f3n a Monse\u00f1or de Auguste, por el honor de su protecci\u00f3n que nos es tan favorable; y del mismo modo unas de congratulaci\u00f3n al Sr. Bossuet por la ayuda que nos da en las predicaciones e instrucciones que hace, a las que Dios da tambi\u00e9n muchas bendiciones<span id='easy-footnote-25-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-25-17400' title=' En toda la historia de esta Misi\u00f3n de Metz, v\u00e9ase al Sr. Floquet, &lt;em&gt;\u00c9tudes sur Bossuet, &lt;\/em&gt;Tom I, p. 448 y ss.; tambi\u00e9n y sobre todo, &lt;em&gt;Oeuvres de Bossuet, &lt;\/em&gt;tom. XXXVII, pp. 3-22: 1\u00ba cinco cartas de Bossuet a san Vicente de Pa\u00fal; 2\u00ba una carta del mismo al Sr. de Monchy; 3\u00ba una carta del P. Bedacier a san Vicente de Pa\u00fal; 4\u00ba un relato de un hecho memorable acaecido en el curso de la Misi\u00f3n de Metz. \u2013Esas son, con las conferencias de San-L\u00e1zaro sobre el abate Louis de Chandenier las verdaderas memorias, los documentos aut\u00e9nticos que consultar sobre el asunto.'><sup>25<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed es como estos obreros, verdaderamente evang\u00e9licos, se devolv\u00eda uno al otro el m\u00e9rito del trabajo y toda la gloria del \u00e9xito; o m\u00e1s bien se lo devolv\u00edan a Vicente, que lo hab\u00eda ordenado todo con su sabidur\u00eda, animado todo con sus consejos, mantenido todo con sus oraciones, y Vicente, en su humildad y el verdadero sentimiento que ten\u00eda de las cosas sobrenaturales, se lo devolv\u00eda todo a Dios. pero no era por eso menos reconocido que por todos que el santo hombre hab\u00eda sido el ama de la empresa, y esta convicci\u00f3n se les qued\u00f3 en el coraz\u00f3n hasta su extrema ancianidad. Ya que ni las impresiones de los Misioneros, ni los rastros que dejaron de su paso no fueron cosa ef\u00edmera. Su recuerdo viv\u00eda a\u00fan en Metz en 1706, como lo prueba la carta ya citada de Charles de Coislin a Clemente XI. En cuanto \u00a0Bossuet, cuarenta y cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, \u00e9l hablaba de sus compa\u00f1eros, de Vicente y de s\u00ed mismo con la misma modestia,\u00a0 con la misma admiraci\u00f3n y el mismo respeto religioso, que en 1658, lo que \u00e9l expresaba en este noble lenguaje: \u00abFue tambi\u00e9n para nosotros un tiempo precioso aquel en que, asociado a sus trabajos, nos esforz\u00e1bamos en conducir a los pastos\u00a0 de vida a la iglesia de Metz, donde realiz\u00e1bamos entonces el ministerio eclesi\u00e1stico; y nadie ha puesto en duda que los frutos de esta Misi\u00f3n fuesen debidos no s\u00f3lo a los piadosos est\u00edmulos, sino tambi\u00e9n a las oraciones del venerable Vicente<span id='easy-footnote-26-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-26-17400' title=' \u00abFuit etiam nobis desideratissimum tempos, qui eorum laboribus sociati, in vitae pascua deducere conabamur : cujus Missionis fructus venerabils Vincentii non modo piis instigationibus, verum etiam precibus tribuendus, nemo nos sensit (ad Clem. XI).\u00bb'><sup>26<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Se nos agradecer\u00e1 que nos hayamos extendido tanto en esta misi\u00f3n de Metz, que tantas dificultades vencidas, tantos esfuerzos, tantos \u00e9xitos, tantos personajes ilustres recomendaban a nuestra atenci\u00f3n especial. Adem\u00e1s, hall\u00e1ndose aqu\u00ed los monumentos en abundancia y firmados por los mayores nombres, hemos querido ofrecer un bosquejo de lo que fueron todas las misiones emprendidas bajo la influencia de Vicente de Pa\u00fal. Demos por cierto, efectivamente, que todas las dem\u00e1s, si se nos hubieran guardado los monumentos, nos ofrecer\u00edan semejantes recuerdos, sino por la celebridad de los Misioneros, al menos, -cosa vale m\u00e1s delante de Dios,- por su celo, su caridad y los frutos que produjeron en las almas.<\/p>\n<p>Acabada la Misi\u00f3n, Ana de Austria hizo que le dieran cuenta Vicente y el abate de Tournus. Por las referencias que le dieron, ella comprendi\u00f3 muy pronto la necesidad de una fundaci\u00f3n fija en Metz para conservar los frutos, y para extenderlos a los campos de la regi\u00f3n, cuya ignorancia de la religi\u00f3n, el olvido de Dios, el peligro de una total perversi\u00f3n por los efectos de los hugonotes vecinos, la hab\u00edan golpeado dolorosamente en 1657. Para eso, se necesitaba en Metz un establecimiento que sirviera para doble fin: para educar a sacerdotes que llevaran por todas partes el celo y las luces de lo que carec\u00eda casi por completo el clero actual, y para contener un campo volante de Misioneros siempre preparados para llevar a las poblaciones las verdades de la fe y de la moral cristiana. Preparado el proyecto entre ella y Vicente, y todo lo dem\u00e1s en regla, elle dio al instante una suma de sesenta mil libras para la realizaci\u00f3n de sus piadosas intenciones. Pero, acaecida entonces la muerte de Vicente, fue el sucesor Ren\u00e9 Almeras quien debi\u00f3 comenzar el asunto. Se compr\u00f3 una casa en Metz, a nombre aparentemente del consejero Benigno Bossuet, padre del gran arcediano, en realidad por cuenta de los sacerdotes de San L\u00e1zaro. En 1661, el establecimiento fue autorizado por Henri de Bourbon, obispo nominado de Metz, y por las letras patentes de Luis XIV, que escribi\u00f3 tambi\u00e9n, junto con su madre, a los oficiales de la ciudad para recomendarles la casa incipiente. Pero las cosas se fueron retrasando hasta que en 1663, a\u00f1o en que se hizo la fundaci\u00f3n definitiva. A las sesenta mil libras ya donadas, la reina a\u00f1adi\u00f3 una renta anual de tres mil seiscientas libras, y por fin se redact\u00f3 el acta de fundaci\u00f3n. Despu\u00e9s de recordar el triste estado espiritual en el que ella encontr\u00f3, en 1657, la regi\u00f3n; la compasi\u00f3n que sinti\u00f3 por ello; la necesidad\u00a0 reconocida por ella de erigir un seminario y una casa de Misi\u00f3n, la reina teniendo en cuenta los grandes bienes y notables servicios que los sacerdotes de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n han prestado y prestan continuamente a la Iglesia, por las instrucciones que dan a los eclesi\u00e1sticos en los seminarios, ordenaciones y retiros espirituales; las bendiciones particulares que Dios derrama sobre sus trabajos en las misiones que dan en el campo a las pobres gentes del campo\u00bb funda en Metz un establecimiento de <em>ocho sacerdotes y cuatro hermanos<\/em> por lo menos, destinados\u00a0 a trabajar sin cesar, primero por los ejercicios acostumbrados de un seminario, <em>para el perfeccionamiento del estado eclesi\u00e1stico,<\/em> luego, por misiones para la salvaci\u00f3n <em>de la pobre gente del campo<\/em><span id='easy-footnote-27-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-27-17400' title=' Archivos del Estado, MM. 535-539.'><sup>27<\/sup><\/a><\/span><em>. <\/em>El acta validada por nuevas letras patentes del rey t registrada en el parlamento, el establecimiento fue colocado, quiz\u00e1s a petici\u00f3n de Bossuet, bajo la direcci\u00f3n del superior de Toul, de aquel Nicolas de Monchy que acabamos de ver en relaci\u00f3n estrecha con \u00e9l, y prosper\u00f3 cada d\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<h3>VII. <em>Multiplicaci\u00f3n y duraci\u00f3n de las Conferencias.<\/em><\/h3>\n<p>Tal fue el gran monumento de la Misi\u00f3n de Metz. H\u00e9 aqu\u00ed otro, que no debemos descuidar ya que nos lleva al centro mismo del asunto de este cap\u00edtulo de las conferencias eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>En la \u00faltima carta escrita por Bossuet a Vicente, leemos: \u00abNuestro Se\u00f1or ha querido establecer aqu\u00ed por medio de los Misioneros una compa\u00f1\u00eda casi sobre el modelo de la vuestra; Habiendo permitido Dios por su bondad que se hayan encontrado ayer los reglamentos entre los papeles de este excelente siervo de Dios el Sr. de Blampignon. Ella se prometi\u00f3 el honor de teneros por superior, puesto que se nos ha hecho esperar la gracia de que se vea asociada a la de San L\u00e1zaro, y que vos y estos Se\u00f1ores lo encuentren satisfactorio. Me creo en el deber, Se\u00f1or, de ped\u00edrselo, y lo hago con mucho gusto. Quiera Dios por su misericordia darnos a todos la perseverancia en las cosas que han quedado tan claras por la caridad de estos Se\u00f1ores.\u00bb<\/p>\n<p>Este es, en efecto, un car\u00e1cter m\u00e1s de las conferencias eclesi\u00e1sticas, como de todas las buenas obras emprendidas por Vicente de Pa\u00fal: quedaron se\u00f1aladas con el sello de la multiplicaci\u00f3n y de la duraci\u00f3n. Subsistieron entre nosotros, en la forma primitiva que les hab\u00eda infundido el santo fundador, hasta la revoluci\u00f3n; y las hemos visto resucitar en nuestros d\u00edas, bajo una forma muy parecida, aunque a intervalos peri\u00f3dicos menos acercados, en casi todas las di\u00f3cesis de Francia. En vida de Vicente de Pa\u00fal, se extendieron por todas nuestras provincias, a la espera de atravesar los montes para ir a establecerse en G\u00e9nova, en otras partes de Italia, y hasta en el centro de la catolicidad.<\/p>\n<p>Efectivamente, no s\u00f3lo los Lazaristas, sino los Se\u00f1ores de la conferencia, despu\u00e9s de beber en el coraz\u00f3n de Vicente esta caridad cristiana que no pide m\u00e1s que difundirse y comunicarse, cuando eran llamados a las provincias por misiones, por sus asuntos, por los cargos y beneficios que deb\u00edan cumplir, invitaban a los eclesi\u00e1sticos del lugar y de las cercan\u00edas a reunirse de vez en cuando, con el permiso de los obispos, para conversar sobre las virtudes de su estado y formarse en conferencia reglamentada a ejemplo de la de los martes..<\/p>\n<p>M\u00e1s que otro cualquiera, Jacques Olier practic\u00f3 esta santa propaganda. Despu\u00e9s de ocuparse de la santificaci\u00f3n de los pueblos alrededor de su abad\u00eda de P\u00e9brac, luego en diversos lugares de Auvergne y del Velay, con el concurso de Misioneros que hab\u00eda pedido a Vicente de Pa\u00fal y de algunos eclesi\u00e1sticos de la conferencia, \u00e9l pens\u00f3, siguiendo siempre el ejemplo de Vicente a quien tomaba siempre como modelo, en la instrucci\u00f3n y en la santificaci\u00f3n del clero. As\u00ed llev\u00f3 a los can\u00f3nigos de la iglesia catedral y a los eclesi\u00e1sticos del Puy a formar una compa\u00f1\u00eda parecida a la de San L\u00e1zaro, y les dio los mismos reglamentos con las ligeras modificaciones exigidas bien por la asistencia a las horas can\u00f3nicas, bien por las obligaciones del ministerio pastoral. No se separ\u00f3 de ellos hasta haberlos acostumbrado a reunirse todas las semanas para hablar juntos sobre los deberes de su vocaci\u00f3n, y renovarse en la piedad sacerdotal. Y como no hac\u00eda nada sin dar cuenta a Vicente de Pa\u00fal y a sus cohermanos de la asamblea de los martes, les escribi\u00f3 en 1637: \u00abHab\u00e9is sido fundados por Nuestro Se\u00f1or, en la ciudad de Par\u00eds, como luminarias colocadas en un gran candelero para iluminar a todos los eclesi\u00e1sticos de Francia; por lo cual deb\u00e9is sentiros especialmente animados por los grandes frutos que logra en la ciudad del Puy la Compa\u00f1\u00eda de los se\u00f1ores eclesi\u00e1sticos que con tanta suerte han participado de vuestro esp\u00edritu. Ellos dan ejemplos de virtud que encandilan a toda la provincia; los catecismos los dan ellos en varios lugares de la ciudad; la visita a las prisiones y hospitales es frecuente entre ellos; y ahora se disponen para ir a dar la misi\u00f3n en todos los lugares que dependen del cap\u00edtulo. Me quedo confuso al ver su celo y porque me piden que vaya a la apertura de su misi\u00f3n, de lo que me siento tan poco capaz.\u00bb<\/p>\n<p>En estas memorias Olier, al hacer el elogio del cap\u00edtulo del Puy, formula el voto de ver a otros cap\u00edtulos imitar un ejemplo as\u00ed; y tuvo el consuelo de ver realizarse este deseo y una santa emulaci\u00f3n instalarse entre el cap\u00edtulo del Puy y otro de igual categor\u00eda, que no nombr\u00f3. \u00abEstos cap\u00edtulos, dijo, catequizan, confiesan, dan los ejercicios a los ordenandos, dan misiones, edifican con su modestia; y se han presentado uno y otro al obispo a su obispo para ser sus precursores en sus visitas.\u00bb<\/p>\n<p>Abelly, in\u00e9dito durante mucho tiempo y ya citado de su Vida de Vicente de Pa\u00fal, habla de lo que hizo Olier todav\u00eda por el clero de la di\u00f3cesis de Saint-Flour. \u00abEste digno abate, dice, habiendo obtenido del Sr. obispo de Saint-Flour su consentimiento para dar el retiro a los p\u00e1rrocos de la di\u00f3cesis en su abad\u00eda de P\u00e9brac, y hasta los ejercicios de la ordenaci\u00f3n, como se hac\u00eda en Par\u00eds, escribi\u00f3 una carta, en mes de octubre del a\u00f1o 1636, a los se\u00f1ores eclesi\u00e1sticos de la conferencia de San L\u00e1zaro de Par\u00eds, para pedirles auxilio, y exponerles que se trataba de la reforma de toda la di\u00f3cesis.\u00bb En efecto, recibi\u00f3 a los p\u00e1rrocos y ordenandos en su abad\u00eda, les pag\u00f3 durante todo el tiempo de los ejercicios, y proporcion\u00f3 incluso a los m\u00e1s pobres las ayudas temporales necesarias a a ellos y a sus parroquias<span id='easy-footnote-28-17400' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-28-17400' title='&lt;em&gt; Vie du M. Olier, &lt;\/em&gt;tom. I, pp. 172-174.'><sup>28<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Lo que hizo Olier en Auvergne y en el Velay, otros lo hicieron en diversas provincias de Francia. As\u00ed, fueron los can\u00f3nigos de Noyon quienes, formados en asambleas por Bourdin, arcediano de esta iglesia, doctor en teolog\u00eda y miembro de la conferencia de los martes, escriben, en noviembre de 1637, a sus cohermanos de San L\u00e1zaro: \u00abSe\u00f1ores, este es un arroyuelo que regresa a su fuente: nos tomamos la libertad de hablaros as\u00ed, ya que nuestra asamblea naciente no reconoce, despu\u00e9s de Dios, otro principio de su fundaci\u00f3n y de su ser que a vuestra venerable Compa\u00f1\u00eda, cuya fama, santas pr\u00e1cticas de caridad y de piedad que en ella se ejercen de continuo, las ventajas singulares que de ella recibe la Iglesia, los frutos incomparables que acompa\u00f1an a los eclesi\u00e1sticos que tienen la suerte de ser admitidos en ella, nos ha animado a fundar una parecida entre nosotros.\u00bb<\/p>\n<p>Son los eclesi\u00e1sticos de Pontoise, grupo igualmente en conferencia, quienes escriben a Vicente, el mes de mayo de 1642: \u00abOs pedimos una gracia que, como no somos todav\u00eda m\u00e1s que ni\u00f1os en la virtud, que no tenemos suficiente fuerza para sostenernos y conducirnos, teng\u00e1is a bien concedernos de vez en cuando la visita de uno de los escol\u00e1sticos de vuestra Compa\u00f1\u00eda de Par\u00eds, que nos ense\u00f1en a caminar con m\u00e1s solidez en los ejercicios que comenzamos todos con tantos \u00e1nimos. Os descubrimos as\u00ed nuestra debilidad con el fin de que nos hag\u00e1is el bien de querernos asistir.\u00bb<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, es la conferencia de Angoul\u00eame la que escribe tambi\u00e9n a Vicente con un lenguaje ingenuo: \u00abNuestra Compa\u00f1\u00eda os suplica muy humildemente, Se\u00f1or, que le permit\u00e1is reconoceros por su abuelo, ya que es uno de vuestros hijos de quien Dios se ha servido para ponerla en el mundo; y que junt\u00e9is tambi\u00e9n esta obligaci\u00f3n de tenerla no como una extra\u00f1a sino como vuestra nieta, y que hag\u00e1is de manera que esta hermosa e ilustre Compa\u00f1\u00eda de Par\u00eds, que es como vuestra hija mayor, no desde\u00f1\u00e9is en tenerla como su hermana, aunque le sea muy inferior en todos los aspectos.\u00bb<\/p>\n<p>Con qu\u00e9 sentimiento deb\u00edan\u00a0 dejar una Compa\u00f1\u00eda tan respetada y tan querida, aquellos de sus miembros que se llevaba la Providencia lejos de ella para ir a ocupar una sede episcopal, como sucedi\u00f3 muchas veces, \u00a1cu\u00e1l no deb\u00eda ser su deseo de darle hermanas en sus di\u00f3cesis o, al menos, de formar buenos sacerdotes seg\u00fan su modelo! Se puede pensar por esta carta de Godeau, ya obispo de Grasse, pronto de Vence, escrita en 1637 a la conferencia de los martes, antes de volver a su di\u00f3cesis, en se\u00f1al de adi\u00f3s, y en recuerdo de las visitas que le hab\u00eda hecho durante su permanencia en la capital: \u00abSe\u00f1ores, pensaba tener hoy el honor de deciros adi\u00f3s; pero me siento tan abrumado de asuntos, que no me podr\u00eda dar esta satisfacci\u00f3n. Sea pues de vuestro agrado, por favor, que os suplique por esta carta que os acod\u00e9is de mi en vuestras oraciones; y creed que ha sido para mi una bendici\u00f3n singular haber sido recibido entre vosotros. El recuerdo de los buenos ejemplos que he visto, y de las cosas excelentes que ah\u00ed he o\u00eddo, volver\u00e1 a encender mi celo cuando se apague, y vosotros ser\u00e9is los modelos sobre los cuales me esforzar\u00e9 en formar a buenos sacerdotes. Continuad pues vuestras santas experiencias en el mismo esp\u00edritu y responded fielmente a los designios de Jesucristo sobre vosotros, que quiere sin duda renovar por medio de vosotros la gracia del sacerdocio en su Iglesia.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo Tercero: las conferencias eclesi\u00e1sticas. I. Su origen. 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