{"id":15168,"date":"2013-11-26T06:46:40","date_gmt":"2013-11-26T05:46:40","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=15168"},"modified":"2016-07-27T12:10:18","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:18","slug":"jean-martin-1620-1694-capitulo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jean-martin-1620-1694-capitulo-ii\/","title":{"rendered":"Jean Martin (1620-1694) (Cap\u00edtulo II)"},"content":{"rendered":"<h2><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/11\/01\/jean-martin-1620-1694-capitulo-i\/biografias-paules-343\/\" rel=\"attachment wp-att-124757\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-124757\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>V. Reconciliaciones de enemigos operadas por mediaci\u00f3n del Sr. Mart\u00edn en el Piamonte.<\/h2>\n<p>Las guerras civiles entre los pr\u00edncipes de la casa de Saboya hab\u00edan tenido lugar entre sus s\u00fabditos que acostumbrados durante largos a\u00f1os al manejo de las armas, las dirig\u00edan f\u00e1cilmente unos contra otros; de suerte que las enemistades particulares se extend\u00edan a toda una regi\u00f3n, y adquir\u00edan la forma de guerras civiles m\u00e1s que de enemistades personales, tantas muertes hab\u00eda y tan grande era la divisi\u00f3n de los \u00e1nimos. En esta situaci\u00f3n se hallaba el Piamonte cuando el Sr. Mart\u00edn recorr\u00eda las aldeas para dar misiones, a pesar de todo, \u00e9l nunca dejaba un lugar antes de verlo en paz y en una clama completa. No podr\u00edamos hacer otra cosa mejor para conocer los efectos del poder de la gracia de Dios que trayendo aqu\u00ed varias de las cartas que fielmente escrib\u00eda a su Superior general, despu\u00e9s de cada misi\u00f3n, para darle cuenta del bien que se hab\u00eda operado en ella.[289]\n<p>Despu\u00e9s de hacer el relato de lo sucedido en los alrededores de Lucerna, A\u00f1ade: <em>\u00abDespu\u00e9s de esta misi\u00f3n, nos insistieron que fu\u00e9ramos a pacificar a los habitantes de un pueblo grande, situado a una legua y media de all\u00ed. Al cabo de diez o doce a\u00f1os reinaba all\u00ed una gran desuni\u00f3n, producida por la muerte de una treintena de personas. Nos dijeron que hac\u00eda poco el pa\u00eds estaba todo en armas, dividido en dos facciones, que pon\u00edan a los habitantes en gran peligro de matarse unos a otros. Ten\u00eda yo raz\u00f3n de temer que la empresa no iba a ser nada f\u00e1cil; nos presionaron tanto que nos cre\u00edmos obligados a hacer lo que se nos ped\u00eda, dejando el \u00e9xito en manos de la providencia de Dios. nos pasamos all\u00ed dos d\u00edas, en los cuales quiso Dios disponer de tal manera los esp\u00edritus que despu\u00e9s de unas instrucciones, sobre todo la que se hizo el d\u00eda del Corpus Christi, en presencia del Sant\u00edsimo Sacramento expuesto, hubo una reconciliaci\u00f3n general y muy solemne; las partes interesadas se acercaron al altar y juraron sobre los santos Evangelios perdonarse de todo coraz\u00f3n unos a otros, luego, en se\u00f1al de reconciliaci\u00f3n, se abrazaron muy cordialmente en presencia de todo el pueblo; una transacci\u00f3n y un acto p\u00fablico de este entendimiento fueron redactados por el notario y se cant\u00f3 el Te Deum, para agradecer a Dios un favor tan grande. El pueblo recibi\u00f3 un gran consuelo, y le pareci\u00f3 hallarse en un oc\u00e9ano de b\u00e1lsamo, pues, desde hac\u00eda muchos a\u00f1os, no se ve\u00edan m\u00e1s que asesinatos; y por ambas partes la sangre de los pr\u00f3jimos corr\u00eda para satisfacer estas enemistades<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Qui\u00e9n no admirar\u00e1 el gran poder del Sr. Mart\u00edn quien, en dos d\u00edas, con algunos sermones, coron\u00f3 una empresa tan dif\u00edcil, reconcili\u00f3 a esp\u00edritus agriados al cabo de tantos a\u00f1os y arregl\u00f3 diferencias envenenadas, que hab\u00edan costado tanta sangre.<\/p>\n<p>Veamos ahora lo que hizo en el pa\u00eds de Bra, que es uno de los m\u00e1s poblados del Piamonte, donde se cuentan de diez a doce mil almas; pero antes de contar lo que hizo all\u00ed, servir\u00e1 de mucho describir el estado en que se encontraba esta regi\u00f3n; para ello nos bastar\u00e1 con citar un extracto de una carta escrita por \u00e9l a san Vicente, el 27 de octubre de 1657; \u00e9l se expresa de esta manera:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Creo que habr\u00e1 que remitir a otra fecha la misi\u00f3n que la Sra. Royale nos ha encargado de dar en Bra, que es una de sus tierras, porque el fuego de la divisi\u00f3n ha prendido en ellas en tales proporciones que se han fabricado barricadas en las calles. Las casas est\u00e1n llenas de escopetas y de gente armada, se masacran hasta en las iglesias, y est\u00e1n tan envenenados unos contra otros que acercan escalas a las casas para asaltarlas, y que todo el mundo se parapeta en su casa para rechazar el ataque y matar a quien entre. Se esperaba obtener al menos una suspensi\u00f3n de armas y alguna facilidad para unos y otros durante el tiempo de la misi\u00f3n, para que oyendo algunos sermones y exhortaciones, tanto p\u00fablicas como particulares, sus \u00e1nimos pudieran calmarse y disponerse a un arreglo. Pero han mostrado en ello tanta oposici\u00f3n que habi\u00e9ndoles enviado la Sra. Royale a uno de los principales ministros de Estado, \u00e9ste no ha conseguido nada. De manera que ser\u00eda no s\u00f3lo una empresa in\u00fatil dar la misi\u00f3n en un lugar en que nadie podr\u00eda asistir a los sermones y dem\u00e1s ejercicios, sino que ser\u00eda incluso temerario y perjudicial a los que se arriesgaran a acudir\u00bb<\/em> Son las propias palabras del Sr. Mart\u00edn, por las que se puede deducir el miserable estado en que se encontraba este lugar, y qu\u00e9 empresa m\u00e1s dif\u00edcil y gloriosa para Dios olvidarse de ello.<\/p>\n<p>Veamos c\u00f3mo lo consigui\u00f3, le dijo a san Vicente en otra carta del 8 de febrero de 1658 hace un mes que trabajamos en Bra, donde ha querido el Se\u00f1or disponer a los habitantes a reconciliarse unos con otros. Los motivos que los han llevado a ello han sido en primer lugar la pena que la Sra. Royale ha manifestado por su divisi\u00f3n, y luego la misi\u00f3n que ha acabado por disponerlos totalmente. Las gentes de uno y otro bando se encontraron juntas en mis sermones y en los servicios de la misi\u00f3n en la misma iglesia, cosa que se ten\u00eda al principio como dif\u00edcil y peligrosa. Pero antes de mandarles venir juntos a la misma iglesia, les hemos dicho que dejaran las armas que hasta entonces llevaban a todas partes con ellos. La asiduidad a los sermones y catecismos, junto con los buenos movimientos que Dios ha querido darles, los ha calmado perfectamente, de manera que se abrazaron todos, unos y otros, en presencia del Sant\u00edsimo Sacramento, despu\u00e9s de haberse pedido rec\u00edprocamente perd\u00f3n, no s\u00f3lo en la iglesia, sino tambi\u00e9n en la plaza p\u00fablica, cuando se encontraban al menos los principales de ellos. Los dos bandos parecen tan satisfechos que hay motivos para creer que la paz ser\u00e1 estable y duradera. Todo el pueblo ha sentido un gran consuelo al ver a gentes que anteriormente se buscaban para matarse, pasear ahora juntos y mostrarse tanta cordialidad como si nunca hubiera habido la menor discordia entre ellos. Anteriormente no sal\u00edan sino con armas por las calles y hoy, por la gracia de Dios, ni se ve ya a nadie con este equipaje, cada uno no piensa m\u00e1s que en reconciliarse con Dios mediante una penitencia saludable.<\/p>\n<p>La Sra. Royale al enterarse de esto nos ha hecho llegar el testimonio de su satisfacci\u00f3n; el marqu\u00e9s de Pianezza nos ha manifestado a su vez los sentimientos de alegr\u00eda extraordinaria que ha experimentado. Ahora estamos ocupados en las conferencias, y se presenta una multitud tan grande de penitentes que, despu\u00e9s de llamar en nuestro auxilio a todos los sacerdotes y religiosos del lugar que son en gran n\u00famero, no s\u00e9 cu\u00e1ndo podremos acabar\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es el relato del Sr. Mart\u00edn, que no concluy\u00f3 esta misi\u00f3n hasta despu\u00e9s de siete semanas. A su regreso a Tur\u00edn se fue a dar cuenta a la Sra. Royale de todo lo que hab\u00eda pasado all\u00ed; qued\u00f3 tan impresionada que no pudo contener las l\u00e1grimas, y para poner colmar al beneficio de la misi\u00f3n y borrar para siempre el recuerdo de lo que hab\u00eda precedido, perdon\u00f3 a todos los habitantes de Bra todos los castigos por los delito cometidos durante el tiempo de la discordia. Pero, antes de entrar en Tur\u00edn, el Sr. Mart\u00edn hab\u00eda podido todav\u00eda obtener parecidos resultados en una regi\u00f3n vecina ce Bra y llamada Sanfr\u00e9, escuchemos una vez m\u00e1s su relato a prop\u00f3sito:<\/p>\n<p>Como una misericordia y una gracia de ordinario preparan el camino a otra ha querido la bondad de Dios extender la misma bendici\u00f3n que hab\u00eda otorgado al pa\u00eds de Bra a otro lugar vecino donde desde hac\u00eda cuarenta a\u00f1os la discordia y la divisi\u00f3n hab\u00edan disminuido de tal forma el n\u00famero de los habitantes que se hab\u00eda quedado casi desierto. Un gran n\u00famero se hab\u00edan matado uso a otros, muchas casas estaban abandonadas, otras destruidas y una gran parte de los habitantes obligados a buscar habitaci\u00f3n en otra parte. El Senado del Piamonte se hab\u00eda empleado muchas veces en reconciliarlos pero sin resultados, y todos los medios puestos en obra a este efecto hab\u00edan resultado in\u00fatiles. Por \u00faltimo el se\u00f1or del lugar que es uno de los personajes principales del Piamonte, hombre virtuoso y prudente, juzg\u00f3 conveniente, despu\u00e9s de la misi\u00f3n de Bra, a la que hab\u00edan asistido algunos del lugar, convocarlos a todos, tanto de un partido como del otro, para ver si hab\u00eda medio de reunirlos a ejemplo de sus vecinos. No les hab\u00edamos dado m\u00e1s que algunas instrucciones durante tres o cuatro d\u00edas, con algunos otros ejercicios de Misi\u00f3n, y Dios tuvo a bien moverles el coraz\u00f3n de tal manera que se abrazaron todos en presencia del Sant\u00edsimo Sacramento y de una multitud de gente que acudi\u00f3 de los poblados vecinos; se perdonaron rec\u00edprocamente y juraron sobre los santos evangelios una paz perpetua, en prueba de la cual se invitaron mutuamente a cenar con tanta cordialidad como lo hubieran hecho unos buenos hermanos entre ellos. Su Alteza Real ha tenido la bondad de concederles la misma gracia que a los de Bra y cada uno de ellos puede ahora volver a habitar su casa abandonada y a cultivar sus tierras. El perd\u00f3n se extendi\u00f3 no solamente a los que se hab\u00edan dado a la fuga, sino tambi\u00e9n a uno de ellos que estaba en prisi\u00f3n y ya condenado a muerte; fue liberado y devuelto a su casa, gracias a las s\u00faplicas del Sr. Mart\u00edn que hab\u00eda hecho ver a la princesa que hab\u00eda que hacer esta gracia a los dem\u00e1s para hacer la paz perfecta. No solamente este gran misionero tuvo el don de reconciliar por la virtud de sus predicaciones las enemistades inveteradas, sino que ocurri\u00f3 muchas veces que su sola presencia detuvo a furiosos que, con las armas en la mano, se precipitaban uno sobre el otro para darse la muerte. Le pidieron un d\u00eda que fuera a un lugar para arreglar una diferencia que se hab\u00eda suscitado entre el se\u00f1or y sus s\u00fabditos. Era un d\u00eda de fiesta; de pronto se re\u00fane en la plaza todo un pueblo entre rumores, todos empu\u00f1aban las armas y gritaban: A muerte, a muerte! Un misionero cl\u00e9rigo que estaba en la iglesia para dar los catecismos acudi\u00f3 enseguida, se puso entre los dos bandos y los detuvo, hasta la llegada del Sr. Mart\u00edn. Una vez all\u00ed, \u00e9l ya supo calmarlos de manera que no s\u00f3lo impidi\u00f3 el mal, sino que los reconcili\u00f3 perfectamente, y todos juntos entraron en la iglesia para asistir a las v\u00edsperas y al catecismo. En otro lugar, deb\u00edan hacer una procesi\u00f3n solemne el d\u00eda de la fiesta de la Concepci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen; se reun\u00edan varias parroquias; cuando hubieron llegado se form\u00f3 una discusi\u00f3n por la precedencia y las cosas llegaron tan lejos que los que ten\u00edan armas las desenvainaron, y los que no fueron a buscarlas; pronto las escopetas estaban apuntando y se tem\u00eda una terrible carnicer\u00eda. Los misioneros estaban todos en la iglesia y el Sr. Mart\u00edn se preparaba a subir al p\u00falpito; vinieron a avisarle de lo que pasaba; se present\u00f3, y con algunas palabras los calm\u00f3, los dispuso a seguir la procesi\u00f3n tranquilamente y todos asistieron al serm\u00f3n en paz y con devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>El hecho siguiente fue efecto no s\u00f3lo de su celo por arreglar las diferencias sino tambi\u00e9n de su gran humildad y de su prudencia admirable. En un lugar, se preparaban a celebrar la procesi\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento cuando se levant\u00f3 una disputa entre los principales del lugar para saber qui\u00e9n llevar\u00eda el palio; todas las razones que pudo alegarles el Sr. Mart\u00edn no llegaron a ponerlos de acuerdo. Ya estaba expuesto el Sant\u00edsimo, las v\u00edsperas se cantaban y estaban a punto de salir para la procesi\u00f3n y los rivales no quer\u00edan ceder e nada de sus pretensiones; entonces, el Sr. Mart\u00edn, inspirado por Dios, tom\u00f3 de manos del cl\u00e9rigo la cruz que deb\u00eda marchar a la cabeza de la procesi\u00f3n y, llevando as\u00ed el crucifijo, invit\u00f3 a todo el mundo a seguir su ejemplo. A vista de esto, todos se quedaron estupefactos y los rivales sorprendidos empezaron, a ejemplo del Sr. Mart\u00edn a cederse mutuamente el lugar de honor, y la procesi\u00f3n se hizo con una tranquilidad y una devoci\u00f3n admirables.<\/p>\n<h2>VI. Viene a Par\u00eds como diputado en la primera asamblea general de la Congregaci\u00f3n. \u2013Regresa al Piamonte, donde ha realzado conversiones extraordinarias.<\/h2>\n<p>San Vicente hab\u00eda muerto el 27 de setiembre de 1660, y en G\u00e9nova se celebr\u00f3 la asamblea provincial para nombrar a los dos diputados que deb\u00edan acompa\u00f1ar al visitador de la provincia de Italia a la asamblea general que deb\u00eda tenerse en Par\u00eds para nombrar un sucesor a san Vicente. El Sr. Mart\u00edn, en calidad de superior de la casa de Tur\u00edn, se dirigi\u00f3 pues a G\u00e9nova para la asamblea provincial y all\u00ed entre tantos s\u00fabditos del m\u00e1s alto m\u00e9rito, fue nombrado primero para ir a Par\u00eds a la asamblea general, Los tres misioneros se pudieron en ruta el mes de diciembre y al atravesar las monta\u00f1as de la Saboya, corrieron peligro evidente de ser sepultados bajo la nieve. En medio de los torbellinos de viento y de las tormentas del monte Cenis, los ch\u00f3feres y campesinos de la regi\u00f3n, aunque acostumbrados a estos peligros, se sent\u00edan aterrados ellos tambi\u00e9n; pero el Sr. Mart\u00edn, lleno de confianza en Dios para cuyo servici\u00f3 \u00e9l hab\u00eda emprendido este viaje, marchaba contento y gozoso y en este largo y penoso trayecto, no omiti\u00f3 nunca una sola de sus devociones habituales; m\u00e1s a\u00fan, a\u00f1ad\u00eda algunas de supererogaci\u00f3n. Ten\u00eda por costumbre en los viajes que hac\u00eda con frecuencia para ir de misi\u00f3n o para el servicio de la Congregaci\u00f3n, decir siempre el oficio divino y la santa misa mientras se pudiera; no omit\u00eda tampoco los ex\u00e1menes de conciencia, el rosario ni otras oraciones vocales; pasaba el resto del d\u00eda en piadosas consideraciones conversando con Dios, o en suaves charlas que edificaban a sus cohermanos.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a Par\u00eds la v\u00edspera de Navidad de 1661, y edific\u00f3 con sus buenos ejemplos a esta gran casa de San L\u00e1zaro donde la observancia estaba en su mayor fervor. El que fue nombrado para reemplazar a san Vicente y que le sucedi\u00f3 no s\u00f3lo en su cargo sino tambi\u00e9n en su celo y su piedad, fue el Sr. Ren\u00e9 Alm\u00e9ras. \u00c9ste, conociendo los talentos del Sr. Mart\u00edn y sobre todo su habilidad para la predicaci\u00f3n, le hizo predicar varias veces en presencia de todos los misioneros de esta casa y de los que hab\u00edan venido de otras provincias, para que pudieran aprender de este gran maestro a predicar la palabra de Dios de manera verdaderamente apost\u00f3lica. Todos le escucharon con el mayor inter\u00e9s y confesaron que era un tipo en el que todos los dem\u00e1s deb\u00edan formarse. A este prop\u00f3sito, citaremos aqu\u00ed unas palabras que san Vicente hab\u00eda dicho a un cl\u00e9rigo a quien enviaba a Tur\u00edn donde deb\u00eda tener al Sr. Mart\u00edn por superior: \u00ab<em>Os env\u00edo a un lugar en el que encontrar\u00e9is a un gran misionero que es el mejor predicador de la Misi\u00f3n<\/em>\u00ab. Palabras que dan a conocer las numerosas cualidades del Sr. Mart\u00edn, ya que sal\u00edan de la boca de un hombre tan prudente y tan sincero en sus juicios y en sus apreciaciones.<\/p>\n<p>Cuando los asuntos de la Congregaci\u00f3n por los cuales hab\u00eda venido a Par\u00eds se concluyeron, el Sr. Mart\u00edn se volvi\u00f3 inmediatamente al Piamonte sin permitir que le retuvieran ni por el amor a su pa\u00eds, o de sus padres ni por los dem\u00e1s atractivos que le ofrec\u00edan en Par\u00eds y en San L\u00e1zaro, sobre todo bajo el punto de vista espiritual.<\/p>\n<p>En el Piamonte volvi\u00f3 con sus misiones, en las que hizo cosas admirables; contaremos algunas conversiones de pecadores que tienen algo de extraordinarias, las reunimos aqu\u00ed, aunque no hayan acaecido todas despu\u00e9s de su regreso de Par\u00eds, sino que son unas antes, otras despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Una mujer que se hab\u00eda abandonado a una vida mala con gran esc\u00e1ndalo de toda la comarca, se fue, un a\u00f1o despu\u00e9s de tomar parte en una misi\u00f3n del Sr. Mart\u00edn, encerrarse en un claustro en Tur\u00edn, confesaba que eran los sermones del Sr. Mart\u00edn los que la hab\u00edan retirado del abismo en el que se precipitaba.<\/p>\n<p>Un lugarteniente de caballer\u00eda iba con frecuencia a o\u00edr los sermones de la misi\u00f3n que se daba en la catedral; aunque fuera tocado de Dios y presionado a hacer su confesi\u00f3n, no se atrev\u00eda a hacerlo sobre todo en los confesionarios p\u00fablicos, a causa de la gran multitud de testigos, pues tem\u00eda que se supiera que se hab\u00eda convertido. Un d\u00eda que se encontr\u00f3 en la calle con el Sr. Mart\u00edn, le dijo que le hablar\u00eda con gusto en secreto si pudiera concederle un momento. El Sr. Mart\u00edn respondi\u00f3 que estaba presto, le condujo a un lugar conveniente para ello, le confes\u00f3 y puso remedio a alg\u00fan esc\u00e1ndalo que hab\u00eda dado. \u00c9ste se qued\u00f3 tan satisfecho que, no contento con haberse confesado llev\u00f3 a buen n\u00famero de sus camaradas al Sr. Mart\u00edn, y como muchos dec\u00edan que hac\u00eda cuatro, seis y nueve a\u00f1os que no se hab\u00edan confesado: \u00abTiene gracia, respondi\u00f3 el lugarteniente, hac\u00eda m\u00e1s de diecis\u00e9is a\u00f1os que no me hab\u00eda acercado a los Sacramentos\u00bb!<\/p>\n<p>Las cabezas de esta enemistad de los habitantes de Bra de los que ya hemos hablado eran dos eclesi\u00e1sticos: uno sacerdote que hab\u00eda salido de una de las \u00f3rdenes m\u00e1s austeras de la Iglesia para vengar la muerte de su hermano; el otro, di\u00e1cono, que se hab\u00eda ejercitado por tanto tiempo en el oficio de las armas que apenas sab\u00eda hacer otra cosa, aunque fuera de un nacimiento bastante noble; el primero asist\u00eda a los sermones y exhortaciones del Sr. Mart\u00edn, pero con el firme prop\u00f3sito de no aprovecharse. Un d\u00eda, el Sr. Mart\u00edn le tom\u00f3 de la mano, y al punto se sinti\u00f3 tan impresionado que se rindi\u00f3, hizo su confesi\u00f3n general y prometi\u00f3 vivir en adelante como buen sacerdote. El di\u00e1cono, no s\u00f3lo hizo su confesi\u00f3n general, sino que tambi\u00e9n se dirigi\u00f3 a un sacerdote para que le ense\u00f1ara a recitar el Breviario; y comprando ese mismo a\u00f1o que fue fruct\u00edfero una gran cantidad de grano, lo vendi\u00f3 al a\u00f1o siguiente, en el que fue muy caro al mismo precio que le hab\u00eda costado sin querer sacar provecho lo que habr\u00eda podido hacer vendiendo su trigo al precio corriente. Pero estas conversiones de grandes pecadores era una cosa tan ordinaria en las misiones del Sr Mart\u00edn que lo que importa constatar aqu\u00ed es que el bien operado por \u00e9l no era pasajero, sino duradero.<\/p>\n<p>Mientras daba la misi\u00f3n en un lugar, vino mucha gente del pa\u00eds a una legua de distancia de all\u00ed, donde \u00e9l hab\u00eda predicado la Misi\u00f3n cuatro a\u00f1os antes. Un d\u00eda, en recreo, dijo a un misionero: <em>\u00ab\u00bfC\u00f3mo os las hab\u00e9is arreglado esta ma\u00f1ana para confesar vos solo a m\u00e1s gente que todos los dem\u00e1s juntos, aunque hayan tenido todos mucho que hacer? \u2013Yo habr\u00eda confesado a m\u00e1s si se hubieran presentado. Los que yo he o\u00eddo son gente de tal lugar, que han hecho su confesi\u00f3n general en la misi\u00f3n que predicasteis en su comarca; por m\u00e1s que les preguntaba no ten\u00edan apenas ninguna falta que decir<\/em>\u00ab; es a su celo en gran parte al que se debe atribuir la abolici\u00f3n de un gran abuso que reinaba universalmente en el Piamonte; consist\u00eda en que los reci\u00e9n casados, nada m\u00e1s acabar la ceremonia del matrimonio, se olvidaban del consentimiento mutuo y romp\u00edan la alianza, por miedo, dec\u00edan ellos, a obligarse, y ello embaucaba a los sacerdotes tan ignorantes, que les dejaban hacerlo, mediante alg\u00fan presente. El Sr. Mart\u00edn estableci\u00f3 la costumbre de hacer al final de cada misi\u00f3n y en presencia del Sant\u00edsimo Sacramento una protesta de abolir este abuso, adem\u00e1s, en sus sermones y catecismos, aprovechaba todas las ocasiones de combatir este pecado, de mostrar su gravedad y resaltar los males que proven\u00edan de \u00e9l; y acab\u00f3 de esta forma de extirparlo casi por completo. El Piamonte debe reconocer tambi\u00e9n que al celo de este hombre tan apost\u00f3lico se debe la paz y la concordia de las que ha gozado durante tantos a\u00f1os; pues el Sr. Mart\u00edn al llegar a esta regi\u00f3n, la hab\u00eda encontrado desolada, no s\u00f3lo por las guerras que los pr\u00edncipes de la sangre se hac\u00edan entre ellos, sino tambi\u00e9n y tal vez m\u00e1s por las guerras intestinas que los habitantes de las ciudades hac\u00edan unos contra otros, bien como consecuencia del mal ejemplo de los pr\u00edncipes, bien a su vez porque estaban educados por as\u00ed decirlo en medio de las armas, prontos a la c\u00f3lera y a la venganza, y tem\u00edan poco la justicia de los pr\u00edncipes. Ya que \u00e9stos, ocupados en vengar su causa, no se preocupaban de las de los particulares; m\u00e1s bien, se complac\u00edan en verlos de esta manera ejercitarse para ser buenos soldados. Por eso y otras razones m\u00e1s el Piamonte estaba invadido de enemistades y de bandidos; no se o\u00eda hablar m\u00e1s que de muertes y de asesinatos; mas por la gracia de Dios y el celo del Sr. Mart\u00edn, secundado tambi\u00e9n por el buen gobierno de Carlos Manuel, duque de Saboya, en todas las misiones que se han dado desde hace bastantes a\u00f1os, no se ha o\u00eddo hablar m\u00e1s que de muy pocos homicidios; los arreglos hechos en el tiempo de las misiones, duraban tanto que no hab\u00eda ni rupturas de paz, ni nuevas disensiones. Se ve as\u00ed cu\u00e1l era la prudencia del Sr. Mart\u00edn en hacer el bien y en quitar las ocasiones de nuevas diferencias. Por eso gozaba de gran cr\u00e9dito en la corte de Saboya; no hab\u00eda gracia que pidiera para la salvaci\u00f3n de las almas que le fuera negada. Un d\u00eda pidi\u00f3 gracia a la Sra. Royale para tres famosos bandidos porque era necesaria para completar un arreglo. La Sra. Royale le envi\u00f3 al Gran Canciller; \u00e9ste le dijo: \u00ab<em>Se\u00f1or Mart\u00edn, cre\u00e9is que yo pueda hacerlo en conciencia, y que estas gentes inconstantes cumplir\u00e1n sus compromisos<\/em>\u00ab? Por la palabra del Sr. Mart\u00edn se otorg\u00f3 la gracia y no se ha sabido desde entonces que esta gente haya cometido el menor delito. El Senado de Tur\u00edn mismo perdonaba f\u00e1cilmente a estos bandidos cuando presentaban una prueba de que se hab\u00edan reconocido en el tiempo de la misi\u00f3n, y esto por la gran estima que los senadores sent\u00edan por el Sr. Mart\u00edn.<\/p>\n<p>Digamos tambi\u00e9n que estas conversiones de bandidos y de otras gentes parecidas no le costaban poco. Aparte de los ruegos, las l\u00e1grimas, las mortificaciones que ofrec\u00eda a Dios y que Dios solo conoce, se preparaba muy seriamente en sus instrucciones. Si bien ten\u00eda una gran facilidad para el p\u00falpito y sab\u00eda perfectamente lo que hab\u00eda que decir, en vista de que predicaba con frecuencia sobre las mismas materias. No sub\u00eda nunca al p\u00falpito sin embargo sin una preparaci\u00f3n especial, que consist\u00eda en arrodillarse por alg\u00fan tiempo en su habitaci\u00f3n o en cualquier lugar retirado, recorriendo alg\u00fan cuaderno en el que hab\u00eda escrito sus notas y los puntos principales de su instrucci\u00f3n. Los ingenios de los que se serv\u00eda con los pecadores eran sobre todo admirables. Corr\u00eda tras ellos como un cazador persigue a su presa, los abrazaba, los oprim\u00eda contra su pecho; otras veces se arrojaba a sus pies con el crucifijo que ten\u00eda costumbre de llevar al cuello. Rechazado, \u00e9l no perd\u00eda los \u00e1nimos sino que volv\u00eda a la carga y era tal su insistencia que al final ellos se rend\u00edan.<\/p>\n<p>Dios no dej\u00f3 tampoco de castigar terriblemente a los que resist\u00edan a las exhortaciones de su siervo. En una ciudad en la que trabajaba en un arreglo en el cual entraba tambi\u00e9n el inter\u00e9s de la Iglesia, un gentilhombre que pod\u00eda y deb\u00eda ayudarle se opuso por el contrario muy fuertemente impidiendo que se lograra. El Sr. Mart\u00edn hizo cuanto pudo para hacerle escuchar razones, pero fue en vano, sigui\u00f3 obstinado. Por fin, el Sr. Mart\u00edn le dijo que ten\u00eda que temer seriamente los castigos de Dios. Su predicci\u00f3n no tard\u00f3 en cumplirse. Cuatro d\u00edas despu\u00e9s, este hombre se acost\u00f3 completamente sano, y al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana su mujer, al despertar, no encontr\u00f3 a su lado otra cosa que un cad\u00e1ver; toda la ciudad reconoci\u00f3 en ello el castigo anunciado por el Sr. Mart\u00edn.<\/p>\n<h2>VII. Va Roma como superior, y de all\u00ed a Par\u00eds.<\/h2>\n<p>Hac\u00eda ya diez a\u00f1os que el Sr. Mart\u00edn trabajaba con tanto \u00e9xito en procurar la gloria de Dios en el Piamonte, cuando el Superior general, el Sr. Alm\u00e9ras, le nombr\u00f3 superior de la casa de Roma, la m\u00e1s notable que tuviera la compa\u00f1\u00eda por entonces, despu\u00e9s de la de San L\u00e1zaro de Par\u00eds, donde reside el Superior general. Hasta entonces el superior de Roma era el Sr. Jolly, que fue llamado a Par\u00eds por el Sr. Alm\u00e9ras para ser su asistente y al propio tiempo el asistente de la casa. Se preve\u00eda ya desde entonces que ser\u00eda tambi\u00e9n un d\u00eda su sucesor en el cargo de Superior general, como sucedi\u00f3 en efecto. El Sr. Mart\u00edn fue pues enviado a Roma a reemplazar al Sr. Jolly. Lleg\u00f3 a esta ciudad el mes de octubre de 1665 y permaneci\u00f3 all\u00ed hasta finales de 1670, trabajando siempre en las misiones como lo hab\u00eda hecho en el Piamonte. No se podr\u00eda creer todo el bien que ha hecho en esta casa durante estos cinco a\u00f1os, tanto en lo temporal, pues ha crecido en todos los sentidos, en recursos, en n\u00famero de s\u00fabditos y en bienes fondos, como en los espiritual, pues a su ejemplo aument\u00f3 el fervor y fidelidad a las reglas, y su gobierno la mantuvo en un estado tan hermoso que toda la ciudad de Roma la admiraba como un santuario de la perfecci\u00f3n. Es imposible decir todo el bien que hizo al clero, sobre todo a los eclesi\u00e1sticos que han pasado un a\u00f1o o dos al calor de esta casa y a los que asist\u00edan cada semana a las conferencias espirituales sobre todos los puntos sobre el esp\u00edritu eclesi\u00e1stico; daba \u00e9l mismo estas conferencias, y se distingu\u00eda en toda la ciudad a los eclesi\u00e1sticos que asist\u00edan a ellas por su piedad y su modestia ejemplares. Hubo un gran n\u00famero entre los que fueran elegidos para ser elevados a las Prelaturas y al Episcopado y que hicieron mucho bien en sus Iglesias introduciendo conferencias eclesi\u00e1sticas sobre el modelo de la Misi\u00f3n de Roma.<\/p>\n<p>Mientras que el Sr. Mart\u00edn era Superior de esta casa de Roma, se convoc\u00f3 en G\u00e9nova, en 1668, la asamblea provincial para nombrar a los dos diputados, que deb\u00edan dirigirse a Par\u00eds a la asamblea general, como el Sr. Edme Jolly, que era visitador de la Provincia de Italia, se hallaba entonces en Par\u00eds con otros empleos, como ya se ha dicho antes, nombr\u00f3 al Sr. Mart\u00edn vice-visitador para presidir en su lugar la Asamblea provincial; en ella fue nombrado por segunda vez diputado de la provincia de Italia para ir a Par\u00eds. Se deb\u00eda tratar en esta asamblea general de asuntos muy importantes para el bien de la Congregaci\u00f3n entera. El Sr. Mart\u00edn fue tambi\u00e9n el objeto de la com\u00fan admiraci\u00f3n, a causa de su prudencia y de sus buenos ejemplos; y en esta ocasi\u00f3n como en la precedente, el Superior general le hizo predicar en p\u00fablico para edificaci\u00f3n e instrucci\u00f3n de todos los misioneros. Terminada la Asamblea general se volvi\u00f3 a Roma para continuar en el gobierno de su casa hasta la llegada del Sr. Ren\u00e9 Simon, quien lleg\u00f3 con el t\u00edtulo de Superior de Roma y de Visitador de Italia. \u00c9l le cedi\u00f3 de buena gana el puesto y se qued\u00f3 bajo su obediencia, emple\u00e1ndose en las misiones y dem\u00e1s ocupaciones a las que le dedicaban.<\/p>\n<p>Es superior de distintas casas de Italia.<\/p>\n<p>El Sr. Mart\u00edn no pudo disfrutar por mucho tiempo de la tranquilidad y del descanso del que dispon\u00eda en su calidad de inferior; ya que su estilo de conducta era demasiado agradable y demasiado \u00fatil para que no se le encargara de alg\u00fan superiorato. Fue pues hacia finales de 1670 enviado como superior a G\u00e9nova. Lleg\u00f3 la v\u00edspera de Navidad y fue recibido con gran gozo, no s\u00f3lo por los Misioneros sino por los principales personajes que se acordaban de todo el bien que hab\u00eda hecho en otro tiempo. Se qued\u00f3 en G\u00e9nova cerca de tres a\u00f1os y se ocup\u00f3 con su fervor y su celo ordinarios en dar misiones y retiros a los eclesi\u00e1sticos y a los seglares que se re\u00fanen en esta casa.<\/p>\n<p>En 1674, hacia finales de marzo, es decir despu\u00e9s de las fiestas de Pascua, sali\u00f3 de G\u00e9nova para asumir el puesto de Superior de la casa de Tur\u00edn, a la que era enviado, y de camino pas\u00f3 por Reggio de Lombard\u00eda donde hab\u00eda alguna esperanza de fundar una casa de la Congregaci\u00f3n, para ver las disposiciones que se presentaban; esta casa fue erigida posteriormente. Llegado a Tur\u00edn, recobr\u00f3 su querida ocupaci\u00f3n de las misiones, y cuando pasaba por ciertos lugares del Piamonte donde hab\u00eda dado la misi\u00f3n mucho tiempo atr\u00e1s y donde la gente le cre\u00eda muerto, apenas se enteraban de su llegada cuando todos los habitantes acud\u00edan a verle y no cab\u00edan en s\u00ed de gozo. Es lo que ocurri\u00f3 sobre todo en Carmagnola, cuando se dirig\u00eda de Vigone para dar una segunda misi\u00f3n en Bra. No s\u00f3lo la gente del pueblo sino los principales de la comuna vinieron en corporaci\u00f3n a visitarle y le invitaron a cenar. Nosotros no omitiremos aqu\u00ed un hecho curioso, que le sucedi\u00f3, cierto es, en otra \u00e9poca, pero que encuentra aqu\u00ed su lugar. Un d\u00eda que pasaba por una ciudad del Piamonte, entr\u00f3 en la iglesia, seg\u00fan su costumbre, para saludar al Sant\u00edsimo Sacramento, vio que cantaban un servicio f\u00fanebre muy solemne. Pregunt\u00f3 a uno de los asistentes por qui\u00e9n se cantaba aquella misa y qui\u00e9n se hab\u00eda muerto. \u00c9ste respondi\u00f3 que era por el Padre Don Martini, as\u00ed le llamaban en el Piamonte, que hab\u00eda muerto hac\u00eda poco. Si [304] el pueblo de esta ciudad hab\u00eda mostrado tal puntualidad en hacer celebrar un servicio por \u00e9l a la primera noticia de su muerte, se puede imaginar cu\u00e1l fue el entusiasmo de su alegr\u00eda cuando supo que no s\u00f3lo viv\u00eda, sino que estaba presente..<\/p>\n<p>En medio de estas demostraciones de j\u00fabilo con las que, \u00e9l encontr\u00f3 no obstante a veces a gentes que le acogieron con bastante mala gracia en sus tierras pero que fueron luego castigadas por Dios. Mons. Hyacinte Trucchi pidi\u00f3 la misi\u00f3n para la ciudad de Ivr\u00e9e de la era obispo y obtuvo a este efecto el placet apost\u00f3lico y el permiso especial de la Congregaci\u00f3n. El Sr. Mart\u00edn se present\u00f3 con otros misioneros, pero los principales de la ciudad los recibieron muy mal, bien porque estuviesen descontentos porque el obispo no les hubiera hablado de su proyecto antes de mandar venir a los misioneros. Bien porque las misiones no les parecieran convenientes m\u00e1s que para los pueblos y no para las ciudades, se mostraron poco asiduos a los ejercicios de la misi\u00f3n, muy diferentes en esto de lo que se practicaba en otras ciudades del Piamonte, y de lo que hac\u00edan la gente pobre de esta misma ciudad. No obstante la misi\u00f3n se continu\u00f3 y los pueblos vecinos acudieron con tal abundancia que la catedral no pod\u00eda ya contener a la gente, y hubo que preparar una tarima en una gran plaza que est\u00e1 entre el palacio episcopal y el castillo para celebrar all\u00ed las \u00faltimas ceremonias de la comuni\u00f3n y de la bendici\u00f3n. En el \u00faltimo serm\u00f3n sobre la perseverancia, el Sr. Mart\u00edn dijo a los habitantes que los misioneros no hab\u00edan venido para llevarse los bienes y que no quer\u00edan siquiera llevarse el polvo de su ciudad. Estas palabras quedaron grabadas y las tomaron por una predicci\u00f3n que, en efecto se realiz\u00f3. Mientras que estaba predicando, el cielo se oscureci\u00f3 y sobrevino de improviso una lluvia que le oblig\u00f3 a terminar el serm\u00f3n en pocas palabras de manera que no pudo dar la bendici\u00f3n sino r\u00e1pidamente y sin las ceremonias ni las palabras ordinarias. Al d\u00eda siguiente el Sr. Mart\u00edn sali\u00f3 a pie para ir a visitar a la Madona milagrosa de Oropa. En otras partes, cuando sal\u00eda de una ciudad estaba siempre acompa\u00f1ado de una multitud numerosa y de los principales del lugar; por m\u00e1s que su humildad hab\u00eda pedido e ingeniado para evitar estas demostraciones, para escapar de ellas, se ve\u00eda obligado a menudo a partir de noche; y aun as\u00ed se vigilaban las puertas de la casa para impedirle marchar sin una buena escolta de nobles, y sobre todo lo que era m\u00e1s importante, sin el acompa\u00f1amiento de las l\u00e1grimas de todo un pueblo que lloraba su partida como habr\u00eda llorado la muerte de un padre. All\u00ed no fue lo mismo, y el Sr. Mart\u00edn sali\u00f3 acompa\u00f1ado tan s\u00f3lo de un buen sacerdote, que en las dem\u00e1s misiones hab\u00eda ayudado a los misioneros a confesar. Cuando sali\u00f3 de la ciudad comenz\u00f3 a llover, la lluvia aument\u00f3, el cielo se puso negro, el trueno rugi\u00f3 y los rel\u00e1mpagos surcaron el aire, lo que le oblig\u00f3 a detenerse debajo de un \u00e1rbol. Mientras se hallaba all\u00ed, un rayo cay\u00f3 sobre la torre del castillo de Ivr\u00e9e donde hab\u00eda doscientos barriles de p\u00f3lvora y la lanz\u00f3 hasta las nubes; los pedazos al recaer, aplastaron todo un barrio y ocasionaron la muerte de un gran n\u00famero de habitantes; no qued\u00f3 ninguna casa de la ciudad que no resultara da\u00f1ada, por la ca\u00edda de las piedras, por el fuego, o por la conmoci\u00f3n parecida a un temblor de tierra.<\/p>\n<p>Apenas llevaba tres a\u00f1os de superior en Tur\u00edn, cuando fue enviado otra vez a Roma para ser Superior reemplazando al Sr. Ren\u00e9 Simon, llamado a Francia. Lleg\u00f3 a Roma el 17 de abril de 1677; fue durante este segundo superiorato cuando sucedi\u00f3 a esta casa la herencia considerable del Sr. Joseph Palamolla, sin el menor proceso ni la menor dificultad. La casa encontr\u00f3 entonces un socorro muy oportuno, ya que estaba en deudas por los grandes gastos que hac\u00eda para mantener a un gran n\u00famero de misioneros, as\u00ed como a muchos externos que llegaban para hacer el retiro. Hay motivos para creer que la raz\u00f3n que tuvo este buen se\u00f1or para dejar su herencia a la casa de Roma fue el buen olor de las virtudes del Sr. Mart\u00edn, como lo veremos con claridad cuando hablemos de su desinter\u00e9s y de su pobreza, y como resulta tambi\u00e9n de las experiencias mismas del testamento del Sr. Palamolla en el que hace los mayores elogios del Sr. Mart\u00edn al llamarle un religioso verdaderamente apost\u00f3lico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V. Reconciliaciones de enemigos operadas por mediaci\u00f3n del Sr. Mart\u00edn en el Piamonte. 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