{"id":14870,"date":"2013-10-27T07:16:10","date_gmt":"2013-10-27T06:16:10","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=14870"},"modified":"2016-07-27T12:10:24","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:24","slug":"francois-fournier-1625-1677","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/francois-fournier-1625-1677\/","title":{"rendered":"Fran\u00e7ois Fournier (1625-1677)"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Nacimiento. \u2013Entrada en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. \u2013Enviado a Agen, luego a Cahors. \u2013Su muerte, 1677.<\/p><\/blockquote>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/03\/Entorno-de-San-Vicente-9-Chatillon.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-14871 alignright\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/2010\/03\/Entorno-de-San-Vicente-9-Chatillon-300x245.jpg?resize=300%2C245\" width=\"300\" height=\"245\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p>El Sr. Fran\u00e7ois Fournier, sacerdote de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, hab\u00eda nacido en Laval, di\u00f3cesis del Mans, el 2 de febrero de 1625. Fue recibido el 12 de octubre de 1644, a la edad de diecinueve a\u00f1os, y habiendo muerto el 4 de abril de 1677, fue misionero cerca de treinta y tres a\u00f1os. Estaba bien provisto de los dones de la naturaleza; ten\u00eda entre otras una prudencia y un discernimiento admirables y un esp\u00edritu tan f\u00e1cil que son\u00a0 bien dif\u00edciles de ver. No se apuraba por nada, y aunque en su vida haya estado ocupado en asuntos muy importantes, pasaba rob\u00e1ndoselos a las ocupaciones que parec\u00edan menos considerables, con la misma tranquilidad de esp\u00edritu\u00a0 que si saliera de la oraci\u00f3n. Desde su m\u00e1s tierna juventud y durante sus estudios le gustaba la vida oculta y prefer\u00eda\u00a0 retirarse aparte en lugar de ir con los dem\u00e1s ni\u00f1os y escolares.<\/p>\n<p>Fue el Sr. Alm\u00e9ras quien le recibi\u00f3 en el seminario, siendo director, y que dijo despu\u00e9s que no hab\u00eda cre\u00eddo recibir a seminarista de quien hab\u00eda motivos de esperar frutos considerables como en \u00e9ste; y como prueba de la estima en que le ten\u00eda poco despu\u00e9s de ser nombrado superior general, le llam\u00f3 a su lado para hacerle secretario de la Congregaci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte del Sr. d`Horgny, y le confi\u00f3 su conciencia hasta la muerte.<\/p>\n<p>En las conferencias que se tuvieron sobre las virtudes se dijo que era mejor hablar por v\u00eda de negaci\u00f3n que por afirmaci\u00f3n, y como los que le hab\u00edan tratado pod\u00edan decir con verdad que no se hab\u00eda visto nunca ning\u00fan defecto, tambi\u00e9n el cuidado que hab\u00eda tenido siempre de ocultarse hizo que no pod\u00edan apenas decir ni las pr\u00e1cticas ni las cualidades que han sido las m\u00e1s notables en \u00e9l y de las que Dios solo ha sido testigo. Lo que se advert\u00eda se puede referir a tres cosas que hacen un verdadero retrato de un hombre de comunidad completo en todos los modos como lo era, a saber: <em>1\u00ba humiliter Deo; 2\u00ba ordinabiliter sibi; 3\u00ba sociabiliter proximo.<\/em><\/p>\n<p><em> <\/em>En cuanto a lo primero que es un respeto y un anonadamiento ante Dios, ha aparecido en la postura humilde y respetuosa que manten\u00eda en la iglesia al celebrar la santa misa. Aunque no dej\u00f3 ver nada de extraordinario, sin embargo su rostro todo inflamado, las ceremonias y genuflexiones que hac\u00eda con tanta modestia y moderaci\u00f3n hac\u00edan ver bien con qu\u00e9 humildad y con qu\u00e9 temblor celebraba el gran misterio. Estando en los oficios, manten\u00eda la vista sobre su diurnal o sobre el breviario. Era tambi\u00e9n una de las cosas que m\u00e1s recomendaba a los seminaristas, siendo director, sobre todo a los que asist\u00edan. Al oficio durante la semana, porque, dec\u00eda \u00e9l, esto conserva en la presencia de Dios y quita toda ocasi\u00f3n de disiparse y dejarse llevar de la risa. Que si alguno se acusaba de esto, o bien si por debilidad se re\u00eda en el cap\u00edtulo, era entonces cuando\u00a0 se ve\u00eda aparecer el respeto y el temor de Dios que ten\u00eda; ya que, no pudiendo sufrirlo, ordenaba a veces a todos a la vez, a veces a alguno en particular ir ante Nuestro Se\u00f1or a la iglesia, pedirle perd\u00f3n, recitando para ello algunas oraciones..<\/p>\n<p>Cuando recitaba el breviario en particular, era siempre de rodillas y con las manos juntas, sin tener nunca otra postura, por inc\u00f3moda que fuera; y en su \u00faltima enfermedad quer\u00eda que le fueran a buscar el breviario para recitarlo, a\u00fan hall\u00e1ndose en el lecho por la fiebre, y no habr\u00eda dejado de recitarlo si el Sr. Jolly no se lo hubiera impedido. Era tan exacto en este punto cuando gozaba de salud que un d\u00eda habiendo llevado varios asuntos y no sabiendo por la noche si lo hab\u00eda recitado, mand\u00f3 subir a su habitaci\u00f3n a dos seminaristas que le trataban m\u00e1s que los dem\u00e1s, aunque fueran las ocho cuarenta y cinco, para saber si durante el d\u00eda o a cierta hora, le hubieran visto diciendo el breviario.<\/p>\n<p>Este gran temor de Dios le llevaba a acusar las menores faltas y a humillarse delante de los seminaristas de lo que \u00e9l pensaba ser mal ejemplo; y en las humillaciones que ha hecho, se acusaba de no ser exacto en las pr\u00e1cticas del seminario como hablar de paso, se demasiado precipitado. Pero sobre lo que m\u00e1s insist\u00eda era que tem\u00eda, dec\u00eda \u00e9l, que queriendo ayudar a los dem\u00e1s a salvarse, \u00e9l mismo se perdiera. \u00abAy, se\u00f1ores, yo soy como ese siervo del Evangelio a quien se dice: <em>Serve nequan, ex ore tuo te judico; <\/em>os digo muchas cosas obligado como estoy a ello, y sin embargo no hago nada por m\u00ed. Peri una de las ocasiones en las que se humill\u00f3 m\u00e1s fue\u00a0 en el \u00faltimo retiro que celebr\u00f3 son los seminaristas, a finales de setiembre de 1676, seis meses antes de su muerte. Les dijo que no hab\u00eda hecho todav\u00eda nada aunque pasaron tres d\u00edas que estaba en el retiro, que sent\u00eda la muerte que se le acercaba a grandes pasos y que no obstante \u00e9l se cre\u00eda preparado. A\u00f1adi\u00f3 que les rogaba que no se cuidar\u00e1n de \u00e9l ni se escandalizaran de las faltas que comet\u00eda, y que no deb\u00edan\u00a0 dejar de hacer el bien. Dijo adem\u00e1s que tem\u00eda que Dios le castigara por el modo como se comportaba para aliviar a los necesitados, y que aunque tuviera buenas intenciones tem\u00eda que hubiera demasiada indulgencia, lo que hac\u00eda ver su gran bondad. Se vio en \u00e9l durante este retiro el fuego del amor divino que le quemaba y no hablaba\u00a0 apenas m\u00e1s que del amor de Dios; las lecturas que mandaba hacer fueron en su mayor parte en este sentido. Ay, Se\u00f1ores, dec\u00eda, amemos a Dios, amemos nuestras obras con este fuego divino, no hacemos m\u00e1s que reptar.<\/p>\n<p>El Sr. de la Salle que le hab\u00eda dirigido por mucho tiempo dio un testimonio aut\u00e9ntico de la ternura de su conciencia y del temor que ten\u00eda de las menores faltas. Las frecuentes confesiones que hizo durante un mes que dur\u00f3 su \u00faltima enfermedad forman una prueba convincente, as\u00ed como lo que \u00e9l dese\u00f3 que el seminario se pusiera en oraci\u00f3n para pedir perd\u00f3n a Dios por sus pecados, diciendo: <em>averte faciem tuam\u2026<\/em> y los dem\u00e1s vers\u00edculos siguientes del salmo Miserere. Hab\u00eda tenido uni\u00f3n con Dios, a la que pocas personas pueden llegar, y lo que m\u00e1s ha encantado de su devociones es que no parec\u00eda nada especial y se crey\u00f3 que tomaba pecho moldearse sobre el Sr. Vicente, cuyo esp\u00edritu pose\u00eda en abundancia, y sobre san Francisco de Sales, con quien\u00a0 se ha observado que ten\u00eda mucha relaci\u00f3n\u00a0 en cuanto a los rasgos del rostro. Dijo muchas veces a los seminaristas que por lo que se refiere a su direcci\u00f3n, su m\u00e9todo era renunciar a sus propias luces. Y en efecto, se ha observado que, cuando se le ped\u00eda luz sobre algo, entraba en elevaciones de coraz\u00f3n a Dios con un gran afecto de coraz\u00f3n de su parte, pedir su luz, significaba alg\u00fan tiempo para decidir lo que se le ped\u00eda. Ha dejado escrita esta hermosa frase que practicaba fielmente: en las ocasiones en que la caridad requiere nuestros deberes declararnos sin temor por la verdad.<\/p>\n<p>La segunda cosa se refiere al buen orden que guardaba sea en su persona, sea con respecto a los dem\u00e1s; consigo mismo, <em>ordinabiliter<\/em> <em>sibi<\/em>, amaba la regla hasta el extremo; se levantaba siempre el primero del seminario cuando ten\u00eda la direcci\u00f3n, es decir que el segundo toque de la campana ya no le encontraba en el lecho. Asist\u00eda a los ex\u00e1menes y dem\u00e1s ejercicios, mientras pod\u00eda, una vez que sonaba la campana, y uno de sus sufrimientos era ver que alguien\u00a0 le esperaba cuando el examen hab\u00eda tocado. Su exactitud pareci\u00f3 evidente en su muerte, cuando habiendo deseado que se le hiciera lectura de alg\u00fan libro, como fueran\u00a0 despu\u00e9s de las ocho y media, dos horas antes de su muerte, para hacer la lectura,\u00a0 pregunt\u00f3 si las preces de la tarde se hab\u00edan dicho, y como le dijeran que s\u00ed: \u00abY bueno, respondi\u00f3, es preciso que nuestro hermano se retire y que pida a Dios por m\u00ed; es regla no ocupar a nadie despu\u00e9s de las preces de la tarde\u00bb.<\/p>\n<p>Con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s, todo el mundo deb\u00eda cumplir con su oficio exactamente, y se cuidaba de ello, y se le ha visto servir en la antemesa en el refectorio durante la ordenaci\u00f3n, y hacer muchas cosas m\u00e1s humillantes de los oficios peque\u00f1os del seminario, para los cuales se mostraba tan exacto como en los m\u00e1s grandes.<\/p>\n<p>Cincuenta o cincuenta y cinco seminaristas que hab\u00eda entonces en el seminario cuya direcci\u00f3n, el cuidado que \u00e9l ten\u00eda de los estudiantes y dem\u00e1s asuntos que llevaba por otro lado, siendo uno de los asistentes, no imped\u00edan que se acordara de todo lo que se relacionaba con aquellos que le estaban sometidos. Yo s\u00e9 que teniendo un seminarista\u00a0 entre otros que ten\u00eda mucho esp\u00edritu y virtud y que descansaba en \u00e9l del todo, \u00e9l se ocupaba de hacerle ir a la ciudad y llevar las cartas cuando hac\u00eda falta, como si no hubiera tenido otra cosa en que pensar.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un apoyo admirable para con los principiantes y una caridad con todo el mundo que hay que haber experimentado para conocerle bien. Se extend\u00eda a todos los cuerpos como a las almas, y tan tierno con las menores incomodidades de los otros, como grande era su repugnancia en cuidarse de s\u00ed mismo, en lo cual ha imitado a los mayores santos, y es en eso, <em>ordinabiliter sibi,<\/em> donde se ha de vigilar para no dejarse enga\u00f1ar\u00a0 por el amor propio que seduce a los amantes de s\u00ed mismos, bajo pretextos enga\u00f1osos y sobre todo que caridad bien entendida comienza por s\u00ed mismo; pero con frecuencia se aplica mal este com\u00fan proverbio.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo se puede ver por esta carta de felicitaci\u00f3n que el Sr. Vicente de le escribi\u00f3 a Agen el 1 de agosto de 1649, a donde le hab\u00eda enviado cuan s\u00f3lo era cl\u00e9rigo, que ya entonces era un joven a quien gustaba el buen orden. Pero veamos c\u00f3mo nuestro venerable fundador le habla por la carta: \u00ab<em>Me agrada que ya hay\u00e1is visto el seminario de Cahors, y que habiendo sido edificado por el buen orden que hab\u00e9is observado, hemos resuelto hacerlo en nuestro seminario de Agen. Para ello y la santificaci\u00f3n de todas nuestras acciones, suplico a nuestro Se\u00f1or que os anime con su esp\u00edritu. Al ver vuestro coraz\u00f3n tan sincero y tan bien intencionado como es, el m\u00edo se ha llenado de gran estima m\u00e1s all\u00e1 de la que tengo\u00a0 siempre de vuestra persona. Continuad pues, mi querido hermano, d\u00e1ndoos todo a Dios, procurando la salvaci\u00f3n de las almas y trabajando por el pobre pueblo en formar buenos eclesi\u00e1sticos que deben ser la luz del mundo y los dispensadores de los tesoros del cielo y de la tierra. Pensad un poco en la obligaci\u00f3n que contra\u00e9is con Dios por haberos elevado a un tan alto empleo; pero recordad que el medio de cumplirlo \u00fatilmente est\u00e1 en la desconfianza de vos mismo y de la confianza en Dios, ya que si \u00e9l necesitara de la asistencia de los hombres para el fruto de sus designios, habr\u00eda puesto en vuestro lugar a un doctor y a un santo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Fournier se acord\u00f3 tanto de este consejo de su caritativo Padre que, como ya se ha advertido, su m\u00e9todo dentro de su direcci\u00f3n era de renunciar a sus propias luces\u00a0 para dar lugar a las de Dios; oh, qu\u00e9 bien dispuesto y ordenado est\u00e1, <em>ordinabiliter sibi. <\/em>Este es el consejo que ha dejado por escrito en la investigaci\u00f3n de las ciencias: no debemos cambiar nada, dice, ni en el modo de instruir a nuestros estudiantes de teolog\u00eda, ni en las opiniones que se les han ense\u00f1ado en otras partes, que son las opiniones\u00a0 com\u00fanmente recibidas y ense\u00f1adas en las universidades m\u00e1s c\u00e9lebres, y entre todas en la de Par\u00eds.<\/p>\n<p>La tercera cosa que tiene que ver con el pr\u00f3jimo, <em>sociabiliter<\/em> <em>proximo; <\/em>esto se entiende de dos maneras, su gran amor por el pr\u00f3jimo, su tren de vida com\u00fan. En cuanto al pr\u00f3jimo se deben tener en cuanta tres clases de personas: 1\u00ba los superiores; 2\u00ba los iguales; 3\u00ba los inferiores. En cuanto a los superiores he aqu\u00ed un ejemplo ilustre tomado de una carta que el difunto Sr. Vicente. N. T. H. Padre le escribi\u00f3 el 12 de octubre de 1653, en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>Ya os he comunicado algo del gozo que hab\u00eda sentido porque os hab\u00edais presentado en Agen para asistir al Sr. Edme que ten\u00eda al superior enfermo, a pesar del peligro de peste que hab\u00eda en la ciudad y el rechazo que hab\u00eda dado a vuestro apoyo, por preferir privarse de este consuelo a exponer a vuestra persona. Me qued\u00e9 tan impresionado por esta contestaci\u00f3n que se lo comuniqu\u00e9 a la Compa\u00f1\u00eda, e incluso le somet\u00ed a discusi\u00f3n qui\u00e9n hab\u00eda hecho un mayor acto en quedarse ah\u00ed,\u00a0 vos o \u00e9l. Desde entonces, he visto por vuestra carta del 20 de setiembre que vuestra caridad ha prevalecido sobre su resistencia, y que finalmente os fuisteis donde el enfermo para cuidarle y consolarle, lo que contribuir\u00e1 sin duda mucho a su restablecimiento, de lo que he avisado tambi\u00e9n a la Compa\u00f1\u00eda para edificaci\u00f3n, y debemos recomendar a la divina bondad sociabiliter proximo. Lo que mantendr\u00e1 a la Congregaci\u00f3n en el buen olor en que ha estado y en el que est\u00e1 a\u00fan, por la gracia a Dios, no ser\u00e1 ni la sublime doctrina ni las opiniones particulares en las materias de ciencia, de antig\u00fcedad, de historia ni de cosas parecidas, sino la fidelidad de los que la componen en la pr\u00e1ctica de sus reglas con la asiduidad a sus funciones y ejercicios de las virtudes que les son propias sobre todo la sencillez y la humildad; y no podemos ir por un camino m\u00e1s seguro ni m\u00e1s\u00a0 conforme a nuestro estado que por el que ha caminado nuestro fundador; \u00e9l se manten\u00eda firme en las costumbres\u00a0 y sentimientos comunes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ten\u00eda una gran sumisi\u00f3n del esp\u00edritu para con los superiores, y no ten\u00eda m\u00e1s raz\u00f3n que decir en las ocasiones: El Sr. Alm\u00e9ras o el Sr. Jolly lo ha dicho, tal era su sumisi\u00f3n a cuanto dec\u00edan ellos. Lo dejaba todo al momento cuando lo llamaban. No desped\u00eda a nadie que tuviera problemas con \u00e9l, sino cuando le llamaban por parte del Sr. Alm\u00e9ras o del Sr. Jolly. Les hablaba con un respeto tan grande que produc\u00eda confusi\u00f3n en los otros. Le he visto hablarles con la vista siempre baja, de pie y haciendo inclinaciones casi\u00a0 a cada palabra como si fuera un ni\u00f1o. Cuando hablaba del \u00faltimo, estando en el seminario, y le nombraba, no dejaba nunca de descubrirse. Pero su exactitud y dependencia en consultarle y pedirle parecer por algo que ten\u00eda que ver con las pr\u00e1cticas del seminario han sido sorprendentes; ya que un d\u00eda, un seminarista que le consultaba para saber si por la ma\u00f1ana\u00a0 hab\u00eda que esperar\u00a0 a que su vecino abriera el tel\u00f3n para plegar el suyo, o bien si se pod\u00eda ir sin esperar, y otras cosas menores,\u00a0 respondi\u00f3 como lo hac\u00eda en ocasiones as\u00ed. \u00abYa hablar\u00e9 al Sr. Jolly\u00bb, y en efecto, no habr\u00eda dado un solo paso sin haberle consultado y recibido su pensamiento\u00a0 como orden de Dios.<\/p>\n<p>En cuanto a los iguales, a saber los sacerdotes antiguos, era cordial y afable para con ellos, y se esforzaba en todo momento y lugar en prestarles los servicios que pod\u00eda. Siempre que ven\u00edan a pedirle un compa\u00f1ero cuando era asistente de la casa o director del seminario, les hablaba con tanto respeto que sorprend\u00eda,\u00a0 sin inquietarse por hacer creer, preocupaciones magistrales ni afectadas. Se tomaba la molestia de irles a buscar a los seminaristas que \u00e9l les nombraba para acompa\u00f1arlos a la ciudad, y con el fin de no hacerles esperar, \u00e9l tomaba su sombrero, sus zapatos y su manteo y enseguida iba a cubrir los empleos de estos mismos seminaristas. Adem\u00e1s, se ha visto que en las conversaciones desviaba con destreza los discursos in\u00fatiles proponiendo algo \u00fatil y agradable, pareciendo siempre alegre y contento. Pero desde que se ocup\u00f3 del seminario, ya no se le vio casi nunca con los sacerdotes antiguos en los recreos, por las muchas ocupaciones que ten\u00eda.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un acceso capaz de encantar a todos los que le hablaban, y s\u00e9 que personas del mundo que sab\u00edan muy poco de la piedad, que le hab\u00edan hablado, afirmaban que les hab\u00eda encantado su conversaci\u00f3n. Pero era mucho m\u00e1s agradable a los que, por su gusto en o\u00edr hablar de Dios, pod\u00edan juzgar de la manera afectuosa con la que \u00e9l hablaba. Se dice que su temperamento no estaba inclinado a la dulzura, pero siendo as\u00ed, \u00e9l lo hab\u00eda corregido de tal forma por la virtud que por cerca de nueve a\u00f1os que tuve la suerte de conocerle y de tratarle, nunca presenci\u00e9 el menor altercado, y la serenidad de su rostro era un indicativo de la de su coraz\u00f3n. Por ello se dice una cosa excelente en su alabanza durante las conferencias que se tuvieron despu\u00e9s de su muerte, a saber que era un hombre\u00a0 s\u00f3lidamente virtuoso y que su virtud no era inc\u00f3moda. Eso es algo notable, pues hay pocas personas que tengan virtud sin resultar inc\u00f3modas al pr\u00f3jimo, no caminando derecho por el medio en el que consiste la virtud verdadera.<\/p>\n<p>En cuanto a los inferiores, aqu\u00ed es precisamente donde la caridad y la mansedumbre han aparecido en abundancia. Se ha de considerar a los inferiores como sano o como enfermos; o bien estaban enfermos de cuerpo o de esp\u00edritu, o eran escr\u00fapulos\u00a0 o penas de tentaciones contra la vocaci\u00f3n. En cuanto a los que ten\u00edan salud, ellos testimoniaban tanto afecto a los que iban a encontrarle a la habitaci\u00f3n, que cada particular pensaba ser el m\u00e1s querido de \u00e9l. Bueno, eso era lo que se ganaba el coraz\u00f3n de los seminaristas, teniendo cuidado de ellos, de manera que en la primera visita, no se pod\u00eda por menos que descubrirle el coraz\u00f3n sin ocultarle nada; y el mejor medio que tuvieran los que hac\u00edan el oficios de \u00e1ngeles guardianes con los nuevos, durante los ocho primeros d\u00edas, cuando alguno sent\u00eda morri\u00f1a o tentaciones; lo \u00fanico que les quedaba era que fueran a verle a su habitaci\u00f3n, y se ha visto por experiencia que sal\u00edan muy consolados por verle, y parec\u00edan totalmente cambiados. Y dos d\u00edas antes de su muerte, los dolores de su enfermedad no le impidieron hacer decir a un buen hermano que ten\u00eda alg\u00fan problema de esp\u00edritu, que fuera a hablarle, lo que hace ver que ha conservado un esp\u00edritu de compasi\u00f3n hacia estas clases de enfermos hasta el \u00faltimo suspiro de su vida.<\/p>\n<p>Rearaba con los seminaristas y los monjes hermanos como con sus iguales, y nunca daba se\u00f1ales de tener prisa y escuchaba todo lo que se quer\u00eda decir, tan solo cuando el Sr Alm\u00e9ras o el Sr. Jolly le mandaban llamar, y cuando le hablaban ten\u00eda siempre el bonete en la mano o sobre la mesa. Ped\u00eda a menudo consejo a alguien del seminario de los m\u00e1s sabios y los segu\u00eda a menudo. Se cuidaba si la sotana o las dem\u00e1s cosas estaban en buen estado. Que si advert\u00eda que hubiera alguna necesidad, \u00e9l pon\u00eda remedio, hasta tal punto que se le vio molestarse en ir a buscar a los hermanos de la zapater\u00eda y de la sastrer\u00eda para ello.<\/p>\n<p>Durante el verano que se deb\u00eda ir a las grandes recreaciones, si hac\u00eda buen tiempo,, al d\u00eda siguiente, y cuando quer\u00eda hacer descansar si llov\u00eda, iba a informar en cada seminario a los que lo necesitaban, y en el \u00faltimo retiro de 1676, como no se sab\u00eda si se pod\u00eda hacer la peregrinaci\u00f3n, fue \u00e9l mismo a llevar la luz y dar la se\u00f1al.<\/p>\n<p>No hablo del celo que ten\u00eda por el avance espiritual de cada uno; ya se ha visto en las conferencias que dio, cuyo orden admirable ser\u00eda demasiado prolijo referir; tan s\u00f3lo se puede decir en ellas brillaba su esp\u00edritu por el buen orden y por la claridad de su discurso. Caldeaba las voluntades por el ardor de la suya. Se cuidaba de cada uno, y advert\u00eda hasta los menores defectos de sus inferiores, sea en el andar, hablar, el refectorio, la iglesia y los comportamientos en los seminarios, y ha advertido con frecuencia al admonitor en su habitaci\u00f3n de los defectos que \u00e9ste no hab\u00eda visto, remedando, caminando, hablando como aquellos a quienes quer\u00eda que se avisara, con la idea de dar a entender mejor la deformidad. Era en las comunicaciones donde expansionaba su coraz\u00f3n de una manera particular, pues todos encontraban tanto consuelo al declararle el estado de sus almas que los hab\u00eda que pasaban varias horas seguidas; y \u00e9l no daba se\u00f1ales de aburrimiento por que se quedaran demasiado tiempo, o porque fueran con demasiada frecuencia a su habitaci\u00f3n. Al contrario, \u00e9l dec\u00eda muy frecuentemente a sus seminaristas: venid cuando lo quer\u00e1is, estoy aqu\u00ed para eso, lo que hac\u00eda que algunos iban hasta seis o siete veces, y hasta sucedi\u00f3 que algunos fueran de noche durante el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Su estilo de corregir, reprender y negar era suave y encantador. A menudo espera a que se humillaran para responder y despu\u00e9s de reprender, dec\u00eda: todos tenemos necesidad de esta virtud, de evitar tal cosa. Cuando no pod\u00eda conceder lo que se le ped\u00eda daba la raz\u00f3n; y una vez entre otras a un seminarista que le hab\u00eda pedido algo que no conven\u00eda le dijo; vamos a ver, hermano si estuvierais en mi lugar \u00bfconceder\u00edais esta petici\u00f3n? Haci\u00e9ndole ver as\u00ed que estaba mal hacerlo.<\/p>\n<p>En cuanto a los enfermos o los que \u00e9l cre\u00eda que ten\u00edan alguna incomodidad, \u00e9l era su proveedor, teniendo cuidado de enviarlos a la enfermer\u00eda, hablar de ellos cuando era necesario. Enviaba con frecuencia a la enfermer\u00eda, para saber c\u00f3mo se encontraban, o tambi\u00e9n iba \u00e9l mismo a verlos en los recreos u otros momentos tratando de alegrarlos con alg\u00fan cuento agradable y \u00fatil, pues se esmeraba por cuidar de sus almas tanto como de sus cuerpos, por eso recomendaba a menudo a los que estaban en la enfermer\u00eda s\u00f3lo por ligeras incomodidades que guardaran los tiempos de silencia, hicieran la lectura espiritual y algo de oraci\u00f3n por miedo a que la debilidad del cuerpo pasara su alma.<\/p>\n<p>Si se cuidaba mucho de los enfermos, ello no imped\u00eda que en las charlas no prohibiera la ternura consigo mismo, diciendo que en la sagrada Escritura no se hallaba esta distinci\u00f3n de carnes que se hace solamente por un temor demasiado grande a incomodarse y no dejaba de citar la hermosa sentencia de san Bernardo sobre esto. Para los que ten\u00edan penas de esp\u00edritu, sea escr\u00fapulos, tentaciones contra la vocaci\u00f3n y dem\u00e1s los consolaba\u00a0 aliviaba con todas sus fuerzas. Un seminarista que quer\u00eda salirse de su vocaci\u00f3n habiendo ido a verle a su habitaci\u00f3n le habl\u00f3 de una manera tan impresionante que \u00e9ste no pudo por menos que echarse a llorar y le refiri\u00f3 una historia agradable para olvidar su pena, y cuando alguien sal\u00eda le dec\u00eda: <em>\u00abOh Dios m\u00edo, hay que adorar vuestra Providencia y no fiarnos mucho de nosotros mismos\u00bb.<\/em> Cuando alguno recib\u00eda malas noticias, este caritativo director dec\u00edas la santa misa o hac\u00eda oraciones en la iglesia para pedir a Dios que preparara el esp\u00edritu de aqu\u00e9l a quien quer\u00eda anunciar tal noticia; luego, despu\u00e9s de comer o cenar, le mandaba llamar y conversaba con \u00e9l\u00a0 suavemente, tratando de consolarle; luego, ten\u00eda sumo cuidado de ver si com\u00eda en las comidas siguientes o estaba triste para ayudarle.<\/p>\n<p>La segunda cosa que se puede entender con estas palabras <em>sociabiliter<\/em> <em>proximo <\/em>es el tren de vida com\u00fan que ha llevado siempre aparte de sus incomodidades sea en sus devociones, sea\u00a0 en su direcci\u00f3n y manera de obrar, que se ha advertido tambi\u00e9n\u00a0 que imitaba con la mayor perfecci\u00f3n que pod\u00eda a Nuestro Se\u00f1or y animaba constantemente a los dem\u00e1s en las conferencias, retiros y comunicaciones, se puede tambi\u00e9n saber por los cuadernos de resoluciones de los retiros que son casi\u00a0 todas sobre esto mismo..<\/p>\n<p>Luego se ha advertido una gran devoci\u00f3n por san Carlos Borromeo, diciendo de vez en cuando con trasportes m\u00e1s que extraordinarios que hab\u00eda muerto m\u00e1s joven que \u00e9l y se hab\u00eda hecho un gran santo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan lo hemos visto al principio de esta noticia, el Sr. Fournier hab\u00eda sido enviado, en l649, a la Misi\u00f3n de Agen, que acababa de ser fundada (1648). No era m\u00e1s que cl\u00e9rigo y fue ordenado sacerdote el 25 de setiembre de 1650. Al cabo de nueve a\u00f1os en esta misi\u00f3n, fue enviado a al seminario de Cahors, donde estuvo cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>A causa de su sabidur\u00eda y prudencia, san Vicente le hab\u00eda encargado de las hermanas de Cahots, y una carta del Sr. Fournier a la Srta Le Gras nos da a conocer con qu\u00e9 humilde delicadeza cumpli\u00f3 con sus funciones.<\/p>\n<p>Cahors, 21 de diciembre de 16459<\/p>\n<p><em> \u00abSe\u00f1orita, <\/em><\/p>\n<p><em> \u00abLa gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con nosotros. He recibido con mucha confusi\u00f3n los testimonio de gratitud\u00a0 que hab\u00e9is querido darme por los servicios rendidos a vuestras queridas hijas, pues han sido hasta ahora tan poco considerables \u00a0que nunca hubiera cre\u00eddo que llegaran a vuestro conocimiento, y si me he tomado la libertad de escribiros en nombre de sor Louyse no ha sido sino para &#8216;oster&#8217;a las personas extra\u00f1as el conocimiento de sus penas y no para merecer el honor de vuestro recuerdo del que me siento muy indigno, no obstante, ya que vuestra caridad se me ha adelantado en este encuentro con se\u00f1ales de una entera confianza en la declaraci\u00f3n de las disposiciones de estas buenas hijas, y que nuestro muy honorable Padre,\u00a0 Mons. Vincens, me ha alabado el respeto que me reten\u00eda de entrar en sus asuntos, yo tratar\u00e9 en delante de darles todas las asistencias\u00a0 que me sean posible para mantenerlas en la uni\u00f3n y buena inteligencia que debe haber entre ellas, lo que yo he comenzado a hacer estos d\u00edas pasados, hablando a cada una en particular sobre este asunto, a fin de poderos asegurar, como lo hago por la presente, buenos sentimientos que todas ellas me han manifestado tener para esta querida visi\u00f3n, de lo cual he recibido un singular consuelo, y abrigo grandes esperanzas de ver\u00a0 vuestros deseos cumplidos en ellas que est\u00e1n enteramente conformes con los designios de Dios. Suplico a su divina bondad que me d\u00e9 la gracia de aprovecharme de los ejemplos de su caridad y hacerme digno de ser toda mi vida con un profundo respeto.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abSe\u00f1orita, vuestro muy humilde y muy obediente servidor. <\/em> \u00abF. FOURNIER, Indigno sacerdote de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de su nombramiento como superior general, el Sr. Alm\u00e9ras llam\u00f3 al Sr. Fournier a Par\u00eds donde recibi\u00f3 el oficio de secretario de la Congregaci\u00f3n. Fue \u00e9l \u00a0en calidad de tal quien\u00a0 analiz\u00f3 y puso en orden los documentos enviados a San L\u00e1zaro para servir en la historia\u00a0 de la vida del santo Fundador\u00a0 de la Misi\u00f3n. La \u00a0obra que apareci\u00f3 en 1664 y que ha sido atribuida hasta hoy a Abelly, obispo de \u00a0Rodez, era la obra del Sr. Fran\u00e7ois Fournier, como lo atestigua el Sr. Lacour, \u00a0superior del seminario de Sens y autor de una historia de la Congregaci\u00f3n de \u00a0la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abLos misioneros trabajaron en esta obra remitiendo todas las memorias que pod\u00edan servir, se rog\u00f3 a monse\u00f1or obispo de Rodez, \u00edntimo amigo del Sr. Vicente y de toda la Congregaci\u00f3n, que adoptara este libro y pusiera su nombre para conformarse \u00a0a la pr\u00e1ctica que hab\u00eda dejado el Sr. Vicente a todos sus hijos de no publicar \u00a0libros. Este prelado lo hizo por complacer al Sr. Alm\u00e9ras que se lo pidi\u00f3, y no \u00a0contribuy\u00f3 apenas de otra forma, como \u00e9l mismo lo confes\u00f3 en una \u00a0respuesta que se vio obligado a dar a los jansenistas, los cuales, a la vista de los \u00a0documentos fastidiosos que se produc\u00edan contra ellos, se hab\u00edan lanzado \u00a0contra este piadoso obispo, y logr\u00f3 incluso un certificado firmado por el Sr. \u00a0Alm\u00e9ras, afirmando que se le hab\u00edan entregado todas las piezas mencionadas en esta obra. Fue principalmente el Sr. Fournier quien trabaj\u00f3 en ella, aparte de que \u00e9l pose\u00eda bien el esp\u00edritu de este digno Fundador, cualidad que era siempre muy propia para escribir bien la vida de un santo personaje, y adem\u00e1s estaba dotado de una elocuencia natural para expresar bien sus conceptos, y se advierte en el cuerpo de esta vida un aire de sencillez que es el car\u00e1cter particular tanto del Sr. Vicente como de su Congregaci\u00f3n, y a todo eso un\u00eda una manera de expresarse en franc\u00e9s que no era mala para el tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>Otra prueba aunque indirecta, y que no obstante tiene su valor, es que el Sr. Alm\u00e9ras, al enviar a cada casa de la Congregaci\u00f3n, la vida de nuestro santo Fundador, no dijo nada de Abelly. Nosotros citaremos aqu\u00ed su circular.<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1ores y muy queridos hermanos,<\/em><\/p>\n<p><em> Por fin, aqu\u00ed tienen esta obra, que han deseado tanto y por tanto tiempo esperado; es la vida de Nuestro Muy honorable Padre, el Sr. Vicente, a quien la muerte nos lo hab\u00eda arrebatado hace ya cuatro a\u00f1os; aqu\u00ed est\u00e1 como por la gracia de Dios resucitado, ustedes le van a ver\u00a0 actuar como si estuviera todav\u00eda en el mundo; sus palabras y sus obras les dar\u00e1n a conocer el primer esp\u00edritu de la compa\u00f1\u00eda, del que Dios le hab\u00eda llenado tan abundantemente para comunic\u00e1rselo y a todos los que vengan despu\u00e9s de nosotros. Aqu\u00ed est\u00e1, a mi parecer, la gracia m\u00e1s grande que Dios haya podido conceder a nuestra peque\u00f1a Congregaci\u00f3n, despu\u00e9s de aqu\u00e9lla por la cual le dio en sus comienzos el mismo Sr. Vicente para ser su padre y cabeza.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00ab\u00c9ste es uno de los grandes consuelos que pueda recibir; mucho ignoraban el origen y el progreso de la compa\u00f1\u00eda y de sus funciones; y los que ya saben algo aprender\u00e1n aqu\u00ed muchas m\u00e1s que no sab\u00edan. Oh, qu\u00e9 edificaci\u00f3n al ver tantas buenas obras de diferentes naturalezas, tan \u00fatiles al pr\u00f3jimo y a la Iglesia, realizadas por el padre y los hijos! Oh, qu\u00e9 instrucciones y ejemplos recibir\u00e1n de las virtudes cristianas y eclesi\u00e1sticas, y en particular de las\u00a0 que son m\u00e1s convenientes y m\u00e1s propias de los misioneros! <\/em><\/p>\n<p><em> \u00abY como nos ser\u00e1 un gran consuelo y edificaci\u00f3n leer esta vida, nos ser\u00e1 tambi\u00e9n un medio muy grande perfeccionarnos en la vida espiritual, y de modo especial en nuestra vocaci\u00f3n, cuyo esp\u00edritu y m\u00e1ximas veremos tan bien en la pr\u00e1ctica junto con el detalle de cantidad de buenos sentimientos y acciones\u00a0 particulares de virtud; no se podr\u00e1 ya m\u00e1s dudar de lo que tenemos que hacer y del modo de conducirnos en todos nuestros empleos y en todas las ocasiones particulares; y si los inferiores ven en ella su deber, los superiores y quienes llevan la direcci\u00f3n ver\u00e1n todav\u00eda mejor el suyo; s\u00f3lo tendr\u00e1n que considerar los sentimientos de de nuestro muy honorable Padre y lo que dijo e hizo en semejantes ocasiones, y esta es su luz y esta su conducta y direcci\u00f3n. Y cada uno de nosotros debe, en estos encuentros, lo que nuestro Padre nos dice lo que san Pablo dec\u00eda a todos los cristianos: Imitatores mei estote sicut et ego Christi.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abOh de qu\u00e9 provecho nos servir\u00e1 esta lectura! Me parece que tres libros nos pod\u00eda ser suficientes para la piedad y la devoci\u00f3n: la Sagrada Escritura, nuestras Reglas y la Vida de Nuestro Muy honorable Padre. El primero es la regla com\u00fan de todos los cristianos; el segundo es la regla particular de los misioneros, y el tercero es una explicaci\u00f3n m\u00e1s amplia y m\u00e1s particular, y una par\u00e1frasis admirable. No es que yo no estime ni tenga en veneraci\u00f3n los dem\u00e1s libros de devoci\u00f3n que podemos leer con gran provecho, sino que quiero decir que esos tres me parecen los m\u00e1s propios y deben ser los m\u00e1s familiares a los misioneros. Le\u00e1moslos pues los tres, Se\u00f1ores y queridos hermanos, con gran devoci\u00f3n; leamos bien la vida y las virtudes de nuestro Padre y tratemos de sacar provecho. Tenemos esta ventaja, que si no lo hacemos, no s\u00f3lo los de dentro sino los de fuera conocer\u00e1n bien nuestros fallos, pues, habiendo le\u00eddo los sentimientos, las palabras y las acciones de nuestro Padre, y habiendo conocido el verdadero esp\u00edritu de nuestra compa\u00f1\u00eda, ellos distinguir\u00e1n bien, por nuestros comportamientos, a los hijos ileg\u00edtimos de los leg\u00edtimos de un tan digno Padre, y tendremos en adelante tantos admonitores como personas que hayan le\u00eddo la Vide del Sr. Vicente. Oh qu\u00e9 ventaja la de vernos ahora en la feliz necesidad de obrar bien o de ser reprendidos por Dios y los hombres! Mas yo espero que suceder\u00e1 todo lo contrario, y que nuestros corazones estando inflamados por el deseo de imitar a nuestro\u00a0 Maestro y nuestro Padre y de practicar todas las virtudes de las que nos ha dejado tan bellos ejemplos, todo el mundo dir\u00e1: \u00c9sos son los verdaderos hijos del Sr. Vicente, est\u00e1n llenos de su mismo esp\u00edritu; ellos obran seg\u00fan sus m\u00e1ximas y conservan siempre sus mismas pr\u00e1cticas; y que de esta manera seremos bendecidos de Dios y del Sr. Vicente en el cielo y de los hombres en la tierra. Por \u00faltimo espero que la compa\u00f1\u00eda siga creciendo cada d\u00eda en la perfecci\u00f3n que Dios pide de ella y que yo le deseo con todo mi coraz\u00f3n, aunque yo sea el mayor impedimento por mis malos ejemplos, y merezca, hace tiempo, ser expulsado de ella: todos mis fallos son bastante visibles por los mismos menos clarividentes, pero lo ser\u00e1n m\u00e1s en adelante en una luz tan grande y en una desproporci\u00f3n tan prodigiosa que se ver\u00e1 entre los trabajos y las virtudes del Padre y la vida in\u00fatil, da\u00f1osa y escandalosa del hijo,\u00a0 que no merece m\u00e1s que el nombre de bastardo o de hijo pr\u00f3digo, y que, no obstante, prosternado en esp\u00edritu a los pies de todos ustedes para pedirles perd\u00f3n por sus equivocaciones pasadas, se toma la confianza, en el deseo que tiene de enmendarse, y decirse en el amor de Nuestro Se\u00f1or\u00bb, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, vuestro muy humilde servidor\u00bb. <\/em>\u00abALM\u00c9RAS. Indigno sacerdote de la Misi\u00f3n\u00bb.<em><\/em><\/p>\n<p>En la segunda edici\u00f3n publicada en 1667 y enviada igualmente a la Compa\u00f1\u00eda, el Sr. Alm\u00e9ras no dijo nada de Abelly, se\u00f1ala las mejoras realizadas en este nuevo trabajo y en su pensamiento como la manera impersonal de designar el origen, \u00abse acaba de publicar\u00bb, y deja comprender lo que el Sr. Lacour expresa de una manera formal.<\/p>\n<p>A la muerte del Sr. d&#8217;Horgny, ocurrida en 1667, el Sr. Alm\u00e9ras le puso como asistente al Sr. Fournier, y aqu\u00ed est\u00e1 la carta que dirigi\u00f3 a la Compa\u00f1\u00eda para comunicarle su decisi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or, Le comuniqu\u00e9 hace algunos meses la gran p\u00e9rdida que toda la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda tenido en la muerte del Sr. d&#8217;Horgny; mas para m\u00ed en particular ha sido una p\u00e9rdida muy considerable, ya que era uno de los tres asistentes que me hab\u00edan sido dados por la asamblea general tenida\u00a0 despu\u00e9s del fallecimiento de nuestro venerable Padre el Sr. Vicente. Pues bien, para remediar esta p\u00e9rdida que he hecho de un asistente y para elegir otro, seg\u00fan lo mandan las reglas del superior general, he pensado muchas veces, despu\u00e9s de la muerte del Sr. Dehorgny, en esta elecci\u00f3n: he pesado cuidadosamente y examinado con madurez este asunto, se\u00f1aladamente durante el retiro que hice el mes de setiembre \u00faltimo, y se lo he encomendado a menudo a Dios, lo he hablado varias veces con mis dos asistentes, y finalmente, teni\u00e9ndolo todo en cuenta, me he decidido detenido en la persona del Sr. Fournier, que est\u00e1 en nuestra Congregaci\u00f3n hace m\u00e1s de veintitr\u00e9s a\u00f1os, que ejerce\u00a0 hace algunos a\u00f1os el oficio de secretario de la Congregaci\u00f3n y a quien he estimado ante dios id\u00f3neo para el de asistente, sabedor de las virtudes y cualidades requeridas para ello. He escrito a los visitadores de nuestras para conocer sus pensamientos, los cuales estando de acuerdo con los nuestros, le he puesto\u00a0 en el desempe\u00f1o de este oficio como el tercer asistente del superior general; lo cual le comunico, y soy, en el amor de Nuestro Se\u00f1or, Se\u00f1or, vuestro, etc. \u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente tuvo lugar la segunda asamblea general a la que el Sr. Fournier asisti\u00f3 como tercer asistente de la Congregaci\u00f3n (el Sr. Thomas Berthe era el primer asistente y el Sr. Edmond Jolly el segundo asistente).<\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s (1668), el 22 de setiembre de 1672, el d\u00eda en que se celebraba la fiesta de san L\u00e1zaro, el Sr. Alm\u00e9ras entreg\u00f3 su alma a Dios y fue a reunirse en cielo con aqu\u00e9l de quien hab\u00eda sido el disc\u00edpulo y sucesor.<\/p>\n<p>El Sr. Fournier, en su calidad de secretario de la Congregaci\u00f3n, ley\u00f3 ante la Comunidad reunida el billetito sellado que designaba al Sr. Edmond Jolly como vicario general.<\/p>\n<p>Asisti\u00f3 a la tercera asamblea general en calidad de tercer asistente y de secretario de la Congregaci\u00f3n, y en la s\u00e9ptima sesi\u00f3n fue nombrado segundo asistente\u00a0 y admonitor del superior general, Siete a\u00f1os transcurrieron despu\u00e9s del nombramiento del Sr. Jolly. El Sr. Fournier le continu\u00f3 los buenos servicios prestados al Sr. Alm\u00e9ras, y muri\u00f3 dejando a toda la Compa\u00f1\u00eda el ejemplo de las virtudes de un verdadero misionero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nacimiento. \u2013Entrada en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. \u2013Enviado a Agen, luego a Cahors. \u2013Su muerte, 1677. 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Jolly","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"14\/08\/2011","format":false,"excerpt":"35. SAINT-FLOUR. 1673.- Sancti Fiori. 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