{"id":14066,"date":"2018-01-01T08:13:53","date_gmt":"2018-01-01T07:13:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=14066"},"modified":"2017-12-30T11:25:25","modified_gmt":"2017-12-30T10:25:25","slug":"fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-xi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-xi\/","title":{"rendered":"Fernando Portal, sacerdote de la Misi\u00f3n (Cap\u00edtulo XI)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XI: Las conversaciones de Malinas<\/h2>\n<h3>Preliminares y primera Conversaci\u00f3n<\/h3>\n<p>El Sr. Portal no hab\u00eda dejado de pensar nunca en la uni\u00f3n de los anglicanos con la iglesia cat\u00f3lica. Sus Conversaciones con lord Halifax habr\u00edan sido suficientes para sostener tensa la preocupaci\u00f3n; pero dentro de s\u00ed llevaba el remordimiento de no haber podido poner e contacto a te\u00f3logos cat\u00f3licos autorizados con te\u00f3logos verdaderamente representativos de la Iglesia anglicana. Su principal intenci\u00f3n hab\u00eda sido, en 1896 llevar a unos y a otros a conversar amigablemente, sin esp\u00edritu de controversia ni idea de conversi\u00f3n inmediata. No hab\u00eda escogido la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas m\u00e1s que como un medio de interesar a los anglicanos por la idea de uni\u00f3n y por los medios de realizarla. Tampoco se esperaba que el Soberano Pont\u00edfice, quien se entusiasmaba entonces por los Orientales, tomara con tanta facilidad y tan a pecho la reuni\u00f3n con la Iglesia cat\u00f3lica de los miembros de la Iglesia de Inglaterra. Lo que m\u00e1s le hab\u00eda dolido era ver el proyecto en que m\u00e1s empe\u00f1o hab\u00eda puesto completamente olvidado, y dirigirse todo el inter\u00e9s hacia las ordenaciones anglicanas. Estas deb\u00edan levantar entre los cat\u00f3licos ingleses una oposici\u00f3n muy violenta, y entre los anglicanos una susceptibilidad malsana. C\u00f3mo se le ocurri\u00f3, al cabo de treinta y cinco a\u00f1os, la idea de dirigirse al cardenal Mercier, para poner su idea favorita a cubierto de una autoridad moral de primer rango? Sin duda, habl\u00f3 de ello con lord Halifax, su confidente m\u00e1s \u00edntimo. Pero parece claro que la intuici\u00f3n de genio que estuvo en el punto de partida de esta nueva campa\u00f1a se debi\u00f3 al Sr. Portal. Acababa de entrar en relaci\u00f3n con el arzobispo de Malinas, a prop\u00f3sito de un folleto que hab\u00eda escrito sobre los Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El cardenal hab\u00eda dado las gracias al autor por haberle honrado con un ejemplar, y haber deseado a su trabajo una amplia difusi\u00f3n. As\u00ed que fue \u00aben cierto modo bajo los auspicios de san Vicente\u00bb, como escribe \u00e9l mismo, el haberse arriesgado en indicar al cardenal la importante llamada de la Asamblea de Lambeth en 1920, que se expresaba en estos t\u00e9rminos<\/p>\n<p>\u00abla \u00e9poca en que vivimos, dec\u00edan los obispos anglicanos, exige de nosotros un nuevo punto de vista y una nueva l\u00ednea de conducta. L a fe no puede estar custodiada con propiedad, y la batalla por la conquista del reino de Dios no puede librarse con honor, cuando el cuerpo est\u00e1 dividido; y por consiguiente incapaz de crecer en la plenitud de la vida de Cristo. Creemos que ha llegado el tiempo en que todos los grupos separados de la cristiandad deben ponerse de acuerdo para olvidar todo lo pasado y tender hacia el fin de una iglesia cat\u00f3lica reconciliada. S\u00f3lo en una rica diversidad de vida y de entrega se llevar\u00e1 a cabo la unidad de la comunidad entera\u00bb.<\/p>\n<p>El primer planteamiento del trabajo para la Uni\u00f3n (concebido, es verdad, de manera diferente del de Roma, pero querido en una Iglesia \u00abcat\u00f3lica\u00bb) marcaba una evoluci\u00f3n preciosa de los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>El Sr. Portal se sinti\u00f3 emocionado al ver qu\u00e9 poco se hab\u00eda sentido la importancia, por parte cat\u00f3lica, de lo que \u00e9l consideraba como una etapa destacada en las disposiciones de la iglesia establecida. Se le ocurri\u00f3 entonces escrib\u00edrselo al cardenal Mercier, d\u00e1ndole a conocer\u00a0 el Appel (Llamada),\u00a0 donde discern\u00eda la propuesta de conferencias preliminares, cuya finalidad podr\u00eda ser una \u00abre-ordenaci\u00f3n\u00bb. El Sr. Portal suger\u00eda que la iniciativa de las conferencias viniera del lado cat\u00f3lico, ya que tambi\u00e9n era el Papa Le\u00f3n XIII quien hab\u00eda tenido la primera idea,\u00a0 hasta concretar Bruselas como lugar de reuni\u00f3n. (Carta del Sr. Portal del 24 de enero de 1921.)<\/p>\n<p>Tuvo la alegr\u00eda de leer en una carta de Malinas, del 3 de febrero de 1921, que la Llamada de Lambeth hab\u00eda sido objeto de la atenci\u00f3n del cardenal el cual ten\u00eda la opini\u00f3n \u00abde un esfuerzo que realizar, con gran circunspecci\u00f3n, sin duda, pero tambi\u00e9n con caridad\u00bb.<\/p>\n<p>El cardenal Mercier no hac\u00eda notar la sugerencia de conferencia, sin duda por no ver su realizaci\u00f3n posible, pero promet\u00eda orar, y aprovechar las ocasiones de emplearse \u00aben este gran inter\u00e9s espiritual de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Las cosas se habr\u00edan quedado en eso probablemente si el Sr. Portal y lord Halifax no hubieran tenido la ocasi\u00f3n de visitar al cardenal.<\/p>\n<p>El Sr. Portal acostumbraba a contar c\u00f3mo su viejo amigo, y \u00e9l se escribieron el mismo d\u00eda dos cartas id\u00e9nticas y que se cruzaron. Uno y otro propon\u00edan una expedici\u00f3n com\u00fan a los campos de batalla, propon\u00edan que no ser\u00eda tan dif\u00edcil llevar la antigua l\u00ednea de frente hasta Malinas.<\/p>\n<p>De esta forma recibi\u00f3 un d\u00eda el cardenal, entre los que de aqu\u00ed y de all\u00e1 llegaban a pedirle consejo y oraciones, a los dos venerables de la Uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin duda de que este encuentro fue decisivo, y que el cardenal acogi\u00f3 desde entonces la idea de conversaciones en su palacio con algunos representantes de la Iglesia establecida. Su primer movimiento hab\u00eda sido sin embargo (y era natural) de sorpresa. \u00abPor qu\u00e9 no dirigirse ustedes a las autoridades cat\u00f3licas inglesas? Dijo a lord Halifax.\u00a0 \u2013Porque el estado de los esp\u00edritus se opone a ello\u00bb le fue respondido. Y lord Halitas justific\u00f3 su aserto con hechos y experiencias personales. El cardenal se rindi\u00f3 a sus razones. Pero propuso estas conversaciones preliminares como de pura documentaci\u00f3n; raz\u00f3n por la que es natural que no se propusiera siquiera publicidad alguna sobre estos encuentros.<\/p>\n<p>Se citaron para un\u00a0 primer encuentro en el que el cardenal no tuvo a su lado m\u00e1s\u00a0 a su vicario general Mons. Van Roey y al Sr. Portal, y enfrente de \u00e9l a lord Halifax,\u00a0 y a dos de sus amigos: el reverendo doctor Armitage Robinson, decano de Wells, y al Reverendo W.\u2013R. Fr\u00e8re, superior de la comunidad de la Resurrecci\u00f3n, despu\u00e9s obispo de Truro. Estos dos \u00faltimos resultaban ser al mismo tiempo amigos del arzobispo de Canterbury. Antes de partir de Londres, los tres anglicanos se hab\u00edan reunido para una conversaci\u00f3n preparatoria en casa de lord Halifax, a fin de ponerse de acuerdo sobre un m\u00ednimo de ideas comunes de las que no se apartar\u00edan en absoluto. De todas maneras no consideraban el anglicanismo como una simple federaci\u00f3n; y no ven\u00edan a ofrecer a la Iglesia de Roma una pura y simple sumisi\u00f3n, sino una integraci\u00f3n en un cuerpo amigo, m\u00e1s vasto y m\u00e1s rico; pensaban, en una palabra, practicar una pol\u00edtica de mutuo enriquecimiento. Y en este esp\u00edritu examinar\u00edan las antiguas controversias.<\/p>\n<p>Igualmente consideraban como fundamental la doctrina toda contenida en: 1\u00ba los Credos (el de los ap\u00f3stoles y el de Nicea); 2\u00ba en los catecismos preparatorios a la confirmaci\u00f3n y a la primera comuni\u00f3n; 3\u00ba en las Escrituras interpretadas por la iglesia; 4\u00ba en el Prayer Book; 5\u00ba en las decisiones dogm\u00e1ticas de los seis primeros concilios. Se daban perfecta cuenta de que los cat\u00f3licos tend\u00edan a multiplicar las doctrinas que ellos ten\u00edan como \u00abfundamentales\u00bb, mientras que los anglicanos las reduc\u00edan a un m\u00ednimum de enunciados.<\/p>\n<p>La primera conversaci\u00f3n tuvo lugar las 6, 7 y 8 de diciembre de 1921. Su sencillez se manifest\u00f3 por la ausencia de plan general y por la variedad de los temas tratados. Es cierto que lord Halifax hab\u00eda preparado una memoria que deb\u00eda servir de base a la discusi\u00f3n; pero conten\u00eda gran cantidad de temas, como el concepto de Iglesia, la enumeraci\u00f3n de los sacramentos: bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00eda, penitencia. Pero ning\u00fan tema de estos se trat\u00f3 a fondo, como lo ser\u00edan en un examen de los enunciados de la ense\u00f1anza anglicana con los cap\u00edtulos y los c\u00e1nones del concilio de Trento.<\/p>\n<p>La lectura de la memoria proporcion\u00f3 al menos materia para una multitud de observaciones de detalle. De esta forma el doctor Robinson declar\u00f3 no poder conciliar los \u00abtreinta y nueve art\u00edculos\u00bb anglicanos con el concilio de Trento, mientras que Pusey y el Doctor Forbes. Obispo de Brechin, cr\u00edan que no presentaban dificultades a una reconciliaci\u00f3n de las dos Iglesias. Una gran inquietud de los anglicanos era saber c\u00f3mo los cat\u00f3licos pod\u00edan distinguir una verdad convertida en \u00abart\u00edculo de fe\u00bb. No ten\u00edan por ecum\u00e9nicos a los concilios de Trento y del Vaticano, a los que no asist\u00edan. Los cat\u00f3licos tuvieron ocasi\u00f3n de hacer advertir que la infalibilidad no separa al Papa de la Iglesia, y que \u00e9ste es el \u00f3rgano de la Iglesia sin que sea necesario consultar a sus miembros. No propone a la fe de los cat\u00f3licos un dogma nuevo, sino que promulga de forma aut\u00e9ntica lo que est\u00e1 contenido de\u00a0 un modo m\u00e1s o menos encubierto en el tesoro de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los anglicanos se adher\u00edan a su f\u00f3rmula oficial, que en la eucarist\u00eda el pan y el vino daban a los fieles el cuerpo y la sangre de Cristo por la consagraci\u00f3n. Los cat\u00f3licos no juzgan oportuno discutir en esta ocasi\u00f3n toda la doctrina de la transubstanciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La jornada del 7 de diciembre fue consagrada a la Llamada de Lambeth, cuya lectura fue hecha p\u00fablica. Los cat\u00f3licos dejaron pasar sin muchos comentarios una cantidad de afirmaciones; pero al leerse el cap\u00edtulo VI, el cardenal Mercier hizo notar que la Sagrada Escritura no pod\u00eda ser considerada como la regla suprema de la fe, ya que ella misma es interpretada por la Iglesia viva.\u00a0 \u2013Se dio lectura al cap\u00edtulo VIII, cuyo texto ofrec\u00eda un inter\u00e9s especial a los cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>\u00abCreemos, dijo, que para todos el medio verdaderamente justo de obtener la Uni\u00f3n es ejercer una deferencia mutua con respecto a nuestras conciencias respectivas. Con este fin, los que env\u00edan esta Llamada desean declarar que, si las autoridades de otras comuniones expresan as\u00ed su deseo, est\u00e1n persuadidos de que una vez expuestas con claridad las condiciones de la uni\u00f3n, en otros puntos, los obispos y el clero de nuestra comuni\u00f3n aceptar\u00edan sin reparos recibir de estas autoridades un encargo o un reconocimiento formal, que indicar\u00eda a su congregaci\u00f3n que nuestro ministerio tiene su lugar en la vida familiar.<\/p>\n<p>\u00abNo est\u00e1 en nuestro poder saber hasta qu\u00e9 punto esta sugerencia pueda ser aceptable para aquellos a quienes se la ofrecemos. Todo lo que podemos decir es que la ofrecemos con toda sinceridad, como prenda de nuestro deseo de que todos los ministros de la gracia, los suyos y los nuestros, se declaren disponibles en el servicio de Nuestro Se\u00f1or en una Iglesia unida. Esperamos que el mismo m\u00f3vil animar\u00e1 incluso a los ministros, que no han recibido este reconocimiento formal, a aceptar un encargo para la ordenaci\u00f3n episcopal, y a lograr as\u00ed que su ministerio pueda extenderse a toda la comunidad.<\/p>\n<p>\u00abObrando de esta manera, no hay uno solo entre nosotros que fuera acusado de renegar de su antiguo ministerio. Dios no quiera que ning\u00fan hombre se vea obligado a renegar de un pasado rico en bendiciones divinas par s\u00ed y para el pr\u00f3jimo!<\/p>\n<p>\u00abM\u00e1s todav\u00eda, ninguno de nosotros quisiera deshonrar al Esp\u00edritu Santo, bajo cuya llamada todos nosotros hemos puesto nuestros diversos ministerios,\u00a0 y el que, por su poder, nos hace aptos para cumplirlos.<\/p>\n<p>\u00abBuscaremos, al contrario, de una manera p\u00fablica y oficial, el reconocimiento suplementario de una nueva vocaci\u00f3n,\u00a0 \u2013que nos llamar\u00e1 a un servicio m\u00e1s extendido, en una Iglesia reunida; y pediremos para todos que la gracia de Dios nos d\u00e9 la fuerza de cumplirla bien.\u00bb<\/p>\n<p>Se trataba (y resulta muy dif\u00edcil entenderlo de otra forma) de un ofrecimiento positivo (en el caso de que las dificultades dogm\u00e1ticas hubieran quedado aparte) de aceptar, en inter\u00e9s de la paz y de la uni\u00f3n, reordenaciones.<\/p>\n<p>A decir verdad, la segunda mitad del ar5\u00edculo conten\u00eda como una doble contrapartida: una llamada a los disidentes no episcopalianos a recibir \u00f3rdenes, y una especie de acto de fe en la validez del ministerio actual. Era de advertir que, como observ\u00f3 uno de los participantes cat\u00f3licos, \u00abdado el estado de los esp\u00edritus en la \u00e9poca de la controversia sobre la validez de las \u00f3rdenes anglicanas, nadie se hubiera podido imaginar que un ofrecimiento parecido pudiera hacerse tan pronto despu\u00e9s de la condenaci\u00f3n. Los obispos anglicanos daban con ello un gran ejemplo de humildad cristiana, y hac\u00edan un sacrificio real por amor de la Unidad\u00bb.<\/p>\n<p>Se habl\u00f3 tambi\u00e9n, esta primera reuni\u00f3n (aparte de la Llamada de Lambeth) del concepto anglicano de la Iglesia, de la doctrina de los sacramentos seg\u00fan el Prayer Book, del papel de la Escritura de la vida de la fe, del papel del episcopado y del papado en la vida de la Iglesia, del de las re-ordenaciones sugeridas,&#8230; en una palabra, hubo toma de contacto, y se conocieron, eso es todo.<\/p>\n<p>El resultado esencial de la reuni\u00f3n fue confirmar al cardenal en la idea de que estas conversaciones \u00aben un sal\u00f3n privado\u00bb contribuir\u00edan tanto a esclarecer el esp\u00edritu como a fo9rtalecer el celo de cada uno por la Uni\u00f3n. De esta manera resum\u00eda \u00e9l la impresi\u00f3n que le hab\u00eda dejado este primer encuentro. \u00abLa primera conferencia que fue toda informativa nos ha llenado a todos de un profundo sentimiento de estima mutua, de confianza rec\u00edproca\u00a0 y de cordialidad fraterna. Ha avivado nuestro deseo com\u00fan de ayudar, si es posible, un acercamiento tal como ha sido deseado en la conferencia de Lambeth y hoy m\u00e1s que nunca quiz\u00e1s, por todos los que son los testigos entristecidos y a menudo impotentes de la desmoralizaci\u00f3n y descristianizaci\u00f3n de la sociedad.\u00bb<\/p>\n<p>M\u00e1s de un a\u00f1o iba a pasar antes de que el peque\u00f1o grupo se volviera a ver en Malinas. Desde enero de 1922 sin embargo, el cardenal, en una carta al Sr. Portal, hablaba de ese \u00abprimer encuentro preliminar a los que esperamos a\u00fan\u00bb; pero el a\u00f1o 1922 estuvo cargado de acontecimientos para el cardenal Mercier. El m\u00e1s importante fue el c\u00f3nclave, que hizo de P\u00edo XI el sucesor de Benedicto XV. Muy impresionado por la solemnidad del acto, y sobre todo por su alta significaci\u00f3n, el cardenal Mercier lo coment\u00f3 extensamente en una carta pastoral dirigida a sus fieles, en el mes de marzo de ese a\u00f1o. Lord Halifax tradujo casi inmediatamente esta importante documento y le public\u00f3 un extenso, haci\u00e9ndole preceder de un amplio prefacio, que era una nueva llamada a la reuni\u00f3n. Acababa as\u00ed. \u00abEl cardenal en el elocuente pasaje que pone fin a su carta pastoral nos recuerda que la uni\u00f3n de Cristo con nosotros y de nosotros con \u00c9l, uni\u00f3n que Nuestro Se\u00f1or compara a la que \u00e9l constituye con su Padre, es la fuente \u00faltima y la expresi\u00f3n de la vida cristiana como de la unidad cristiana. Quiera Aquel que es la cabeza de la Iglesia inspirar de tal suerte a P\u00edo XI que, bajo la inspiraci\u00f3n del esp\u00edritu Santo, que puede hacer m\u00e1s que los hombres sean de un mismo esp\u00edritu en una misma morada, cada uno trabaje y ore de modo que todos formen de nuevo un reba\u00f1o y un pastor!<\/p>\n<p>\u00abY nosotros, no trabajaremos, no rogaremos tambi\u00e9n, para que nuestros hermanos separados y nosotros nos volvamos una vez m\u00e1s a reunir en una comuni\u00f3n \u00fanica? Representaos lo que esto ser\u00eda si en nuestro d\u00edas nosotros vi\u00e9ramos esta realizaci\u00f3n! Esta visi\u00f3n de una reuni\u00f3n semejante produce tal entusiasmo que todo lo dem\u00e1s resulta insignificante en su comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abQu\u00e9 ser\u00e1 esta realizaci\u00f3n?\u00a0 Oh! Saber que no se trata ya de una perspectiva lejana, sino de un hecho realizado! Roguemos tambi\u00e9n a Dios, con un ardor que no decaiga y con una de fe absoluta en que nuestra petici\u00f3n ser\u00e1 concedida, que nos conceda ver con nuestros propios ojos a los representantes de la cristiandad reunidos, llegados del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, reunidos en San Pedro para ofrecer con un solo coraz\u00f3n y un alma sola un sacrificio santo, inmortal y supremo, por las manos de P\u00edo XI, en acci\u00f3n de gracias al Padre, por conocer a sus hijos en respuesta a sus plegarias, la bendici\u00f3n de la paz\u00bb.<\/p>\n<p>Este folleto dio a conocer al p\u00fablico la existencia del primer encuentro de Malinas y las esperanzas que hab\u00eda despertado. Tambi\u00e9n el cardenal Mercier dej\u00f3 ya de hacer proyectos sin avisar al Vaticano,\u00a0 \u2013de donde llegaron, desde un principio, \u00e1nimos y bendiciones.<\/p>\n<p>El cardenal Bourne fue igualmente informado. Por su parte, los arzobispos de York y de Canterbury concedieron una atenci\u00f3n particular a la acci\u00f3n que se hab\u00eda emprendido y que iba a continuarse. Ellos tomaron la iniciativa de contactos con el cardenal Mercier para que se aumentara el n\u00famero de representantes de la Iglesia anglicana.<\/p>\n<p>En este mismo a\u00f1o el nuevo Papa P\u00edo XI publicaba su enc\u00edclica \u00abArcano Dei\u00bb, en la que se hac\u00eda claramente una llamada precisa al trabajo por la Uni\u00f3n animando a los ap\u00f3stoles de la Unidad. \u00abVenerables hermanos, dec\u00eda el Soberano Pont\u00edfice, cuando desde esta sede apost\u00f3lica, como de lo alto de un observatorio o de la torre de una ciudadela, nos dirigimos nuestras miradas al mundo, nos sentimos desolados al ver cu\u00e1ntas almas no conocen todav\u00eda del todo a Crsito, o se apartan de la pureza \u00edntegra de su doctrina, o de la unidad de su Iglesia, cu\u00e1ntas ovejas pues que no pertenecen al reba\u00f1o que, por su vocaci\u00f3n divina, deber\u00eda ser el suyo. Vicario de Cristo, que es el Pastor eterno de las almas, animado del celo del que \u00e9l mismo se sent\u00eda abrasado, no podemos dejar de repetir estas palabras, a la vez tan concisas y tan llenas de amor y de piedad compasiva, que le sal\u00edan del coraz\u00f3n: Tengo todav\u00eda otras ovejas , y es preciso que las cuide. Y nuestra memoria nos sugiere decir una vez m\u00e1s, con un estremecimiento de alegr\u00eda, la predicci\u00f3n de Cristo. Ellas oir\u00e1n una sola voz, y no habr\u00e1 m\u00e1s que un solo reba\u00f1o y un solo pastor.\u00bb<\/p>\n<h3>Segunda conversaci\u00f3n de Malinas<\/h3>\n<p>La segunda reuni\u00f3n tuvo lugar los 13, 14 y 15 de marzo de 1923. Los mismos hombres se volvieron a ver en Malinas. Pero esta vez, aunque la conversaci\u00f3n conservara su car\u00e1cter privado, cat\u00f3licos y anglicanos se reunieron a sabiendas y con la aprobaci\u00f3n formal de sus autoridades respectivas.<\/p>\n<p>En estas nuevas conversaciones se dej\u00f3 moment\u00e1neamente a un lado a petici\u00f3n de los anglicanos, el examen de las divergencias doctrinales que pod\u00edan separar a unos y otros, y se aplicaron a un problema del todo pr\u00e1ctico. Suponiendo que se llegara al acuerdo de nuevos sobre\u00a0 los puntos de fe, bajo qu\u00e9 forma se podr\u00e1 concebir la vuelta de la Iglesia establecida de Inglaterra al seno de la Iglesia romana? Preocupaci\u00f3n bien comprensible entre Ingleses unidos con alma y coraz\u00f3n a una Iglesia que posee su fisionom\u00eda propia y que parece, a los ojos de sus fieles, \u00edntimamente ligada a todo el pasado de gloria de su patria. Los miembros de la iglesia de Inglaterra no se sienten menos orgullosos de contar las trescientas sesenta y ocho di\u00f3cesis de su Iglesia, establecidos en el mundo entero, que oponen a las veintiuna sedes episcopales, insulares todas, del siglo XVI.<\/p>\n<p>Se sigui\u00f3 paso a paso en esta discusi\u00f3n una memoria preparada pro los anglicanos, para ponerse de acuerdo sobre sus reclamaciones. Es exacto decir que 368 di\u00f3cesis miran a Canterbury, como a su centro. Pero las di\u00f3cesis situadas fuera de Inglaterra tienen una gran libertad en cuanto a la elecci\u00f3n de sus obispos \u00abde la corona\u00bb, es decir actualmente del primer ministro. Ni el cap\u00edtulo catedral, no el arzobispo de Canterbury ejercen poder alguno sobre la nominaci\u00f3n de los obispos: reciben un \u00abpermiso de elegir\u00bb, que no es sino una f\u00f3rmula a la que se someten por completo.<\/p>\n<p>El cardenal pregunta cu\u00e1l es, en la Iglesia de Inglaterra, la posici\u00f3n del arzobispo de Canterbury. Los anglicanos responden que el arzobispo tiene t\u00edtulo de metropolitano y que tiene una jurisdicci\u00f3n efectiva en su provincia en Inglaterra. En cuanto a las di\u00f3cesis situadas fuera de Inglaterra, es su jefe nominal, las convoca a conferencias como la de Lambeth, les da consejos, pero no puede imponerles su parecer. Seg\u00fan el decano\u00a0 de Wells, la Unidad de la Iglesia se har\u00eda sin duda por la uni\u00f3n de toda la Iglesia anglicana a la Iglesia de Roma.<\/p>\n<p>Un punto dif\u00edcil de dilucidar era conciliar la jurisdicci\u00f3n papal con el principio admitido en Inglaterra que ninguna jurisdicci\u00f3n es reconocida por el Estado, que no tenga su sede en el interior de las fronteras. No se lleg\u00f3 en el curso de esta conferencia a resolver con claridad esta dificultad. En particular, aun dado el caso de que se zanjara la cuesti\u00f3n de la Unidad, c\u00f3mo podr\u00eda intervenir el Papa en el nombramiento de los obispos anglicanos? Ni el cardenal, ni el Sr. Portal admiten la posibilidad de la no intervenci\u00f3n pontificia. El Reverendo Robinson la cree posible, si el arzobispo de Canterbury fuera tratado como patriarca, y esta cualidad le fuera reconocida en un concilio general.<\/p>\n<p>Los cat\u00f3licos se muestran reticentes en todas las exigencias de sus interlocutores anglicanos. Aun cuando su parecer es favorable, no se sienten con autoridad para hacer ninguna concesi\u00f3n. Se ve con claridad que en cuanto al uso del ingl\u00e9s como lengua lit\u00fargica, par la comuni\u00f3n bajo las dos especies, estar\u00edan bastante dispuestos a mostrarse conciliadores. Por el contrario, creen que Roma ser\u00e1 m\u00e1s exigente sobre el celibato de los sacerdotes. Los anglicanos no reconocen bien la ventaja te\u00f3rica, pero no desean el celibato obligatorio.<\/p>\n<h3>Intervalo entre\u00a0 la segunda y la tercera conversaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Transcurri\u00f3 un espacio de tiempo bastante largo entre la segunda y la tercera conversaci\u00f3n de Malinas. Eso en primer t\u00e9rmino dio lugar a los titubeos de los anglicanos, con el arzobispo de Canterbury a la cabeza, en presencia del resultado que le parec\u00eda un tanto desconcertante. En Lambeth, la palabra de \u00abpallium\u00bb fue mal entendida, e interpretada como una concesi\u00f3n muy grave hecha a los cat\u00f3licos. Durante el congreso anglo-cat\u00f3lico, el telegrama enviado a petici\u00f3n del obispo de Zanz\u00edbar al Papa y al patriarca ortodoxo de Constantinopla aument\u00f3 la inquietud. El Reverendo Gore, desde 1922, hab\u00eda predicado contra la iglesia de Roma, y expuesto en tres sermones las objeciones de los anglicanos. En sus cartas al arzobispo de Canterbury se queja de la tendencia de los conferenciantes anglicanos a hacer concesiones. Esta tendencia, ya sensible en la primera conversaci\u00f3n. Le parece desastrosa y peligrosa en la segunda.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, delicada se presentaba la elecci\u00f3n que se deb\u00eda hacer de los nuevos miembros que se juntar\u00edan a los interlocutores de las conferencias precedentes.<\/p>\n<p>Como hab\u00eda parecido desinteresarse al arzobispo de Canterbury en 1895 de la discusi\u00f3n sucedida en Roma sobre la validez de las ordenaciones anglicanas, as\u00ed el nuevo arzobispo (lord Davidson) presta una atenci\u00f3n sostenida a las conversaciones inauguradas en Malinas,\u00a0 \u2013aunque se quedara lo m\u00e1s posible entre bastidores, y evitar en un principio tomar responsabilidades.<\/p>\n<p>Manten\u00eda estrecha amistad con el decano de Wells, el doctor Armitage Robinson, y con el P. Fr\u00e9re, futuro obispo de Truro. Encarg\u00f3 a uno y otro prestar a lord Halifax la colaboraci\u00f3n que \u00e9ste les ped\u00eda. Pero a causa de los incidentes suscitados en Inglaterra por la segunda conversaci\u00f3n se mostr\u00f3 muy inquieto por todo lo que pod\u00eda presagiar un futuro compromiso entre los cat\u00f3licos y los anglicanos. Adem\u00e1s surg\u00edan cuestiones delicadas. El arzobispo habr\u00eda preferido sin duda dedicar la pr\u00f3xima conversaci\u00f3n a generalidades, y reservar para despu\u00e9s las cuestiones decisivas. Pero Fr\u00e9re se sent\u00eda apremiado para llegar a la cuesti\u00f3n, crucial para los anglicanos, de la posici\u00f3n del Papa de la iglesia cat\u00f3lica. \u00c9l mismo hab\u00eda mostrado tanta afabilidad y tan buena voluntad, que los cat\u00f3licos no andaban lejos de verle como un de los suyos. Pero, a la par que el Sr. Portal le consideraba como favorable a las ideas cat\u00f3licas, as\u00ed el superior de la Resurrecci\u00f3n sent\u00eda la necesidad, para seguir siendo fiel a la fe anglicana, de rechazar todo lo que pudiera parecerse a un derecho divino, justificando todas las intervenciones del Papa en la vida de la Iglesia. Es el sentido de una carta que parece dejar bien clara su posici\u00f3n en el momento de las \u00e1speras discusiones que tuvo por objeto la tercera conversaci\u00f3n de Malinas.<\/p>\n<p>\u00abEl arzobispo, escribe, parec\u00eda m\u00e1s bien querer mantenerse dentro de las generalidades en la pr\u00f3xima reuni\u00f3n, y no entrar en otro programa hasta despu\u00e9s. En este punto yo no estaba de acuerdo con \u00e9l. Me parec\u00eda que ya hab\u00edamos acabado con las ideas generales,\u00a0 y que deb\u00edamos tener ahora un programa m\u00e1s preciso.<\/p>\n<p>\u00abNo insist\u00ed m\u00e1s sobre este punto, porque en mi propio pensamiento hab\u00eda llegado a la conclusi\u00f3n que nuestro pr\u00f3ximo programa deb\u00eda ser en especial estudiar el desaf\u00edo del cardenal en su pastoral y atacar la cuesti\u00f3n del Papado. Debemos mostrar nuestro verdadero juego y desplegar todas nuestras objeciones. Propongo un orden natural partiendo de lo que dijo el cardenal; pienso as\u00ed mismo que habiendo mostrado cierta dosis de amistad, de benevolencia y de moderaci\u00f3n (como lo esperamos) en nuestra reuni\u00f3n precedente, hemos llegado ahora al momento en que nos conviene sacar a relucir algo de nuestra obstinaci\u00f3n y hacerles comprender (lo que no parecen haber hecho) la fuerza de nuestra posici\u00f3n contra lo que ellos dan como hecho, a saber (el concilio de 1870).<\/p>\n<p>Creo que actuamos bien al no presentar este tema la primera vez; pero no puedo dejar de pensar que es necesario discutirlo, y ahora. De hecho, despu\u00e9s de lo que ha expresado el cardenal en su pastoral y lo que vos hab\u00e9is escrito, me parece que debamos llegar a exprimir la cuesti\u00f3n esencial, aunque no creo que haya medio alguno por nuestra parte de llegar a buen t\u00e9rmino de una manera o de otra.\u00bb<\/p>\n<p>El doctor Armitage Robinson es un anglicano convencido de sus opiniones; adem\u00e1s es un hombre de ciencia que inspira una gran confianza al arzobispo de Canterbury. Este \u00faltimo le quiso como colaborador de lord Halifax y no quiere reemplazarlo para la tercera\u00a0\u00a0 y cuarta conferencias- El doctor Fr\u00e8re se muestra tal vez algo m\u00e1s cercano a Roma y dispuesto a reconocerle derechos eclesi\u00e1sticos numerosos, exigidos por la fuerza de las cosas. Pero ni uno ni otro los reconocen como de \u00abderecho divino\u00bb. Tal parece ser la posici\u00f3n teol\u00f3gica del doctor Armitage Robinson, aunque se le vea en su actitud hacia Roma una punta de agresividad, de lo que es testimonio la carta siguiente, que dirigi\u00f3 al doctor Fr\u00e8re.<\/p>\n<p>\u00abCreo que el 21 es el d\u00eda en que debe tener lugar nuestra reuni\u00f3n preliminar, y yo me trasladar\u00e9 entonces a Londres, si as\u00ed os parece, lo mismo que a lord Halifax. Pienso que ser\u00eda un adelanto si pudierais esbozar de antemano el plan que podr\u00edamos adoptar. Cu\u00e1l es el principio director? Cu\u00e1ntos \u00e9ramos en el momento de nuestra ruptura con Roma? Cu\u00e1ntos son los que est\u00e1n en comuni\u00f3n con Canterbury hoy? No se debe considerar a Canterbury ahora como un quasi-patriarcado, con una mayor independencia que la que pueden razonablemente pedir Espa\u00f1a y Francia? No podemos ser controlados por un pu\u00f1ado de italianos a las \u00f3rdenes del papa. Nuestra primera cuesti\u00f3n debe pues ser \u00e9sta: la posici\u00f3n que acabo de se\u00f1alar ser\u00e1 por u momento tomada en consideraci\u00f3n por Roma? De otra forma, si el cardenal Mercier piensa que eso no puede ser, yo no creo poder dirigirme a Malinas.<\/p>\n<p>\u00abSi lo cre\u00e9is conveniente, hacedme el favor de enviar esto a lord Halifax, a\u00f1adiendo vuestra propia opini\u00f3n sobre el punto que yo he suscitado. Dadme saber noticias vuestras\u00bb.<\/p>\n<p>Lord Halifax es el tercer anglicano que tom\u00f3 parte en todas las conversaciones de Malinas. \u00c9l tambi\u00e9n es uno de los amigos del arzobispo de Canterbury. \u00c9ste no lo habr\u00eda elegido tal vez para representar a la Iglesia anglicana en una discusi\u00f3n como la que ten\u00eda lugar en Malinas; pero tiene una gran confianza en la lealtad del hombre y no pone dificultades en tomarle por confidente de sus inquietudes relativas al provenir del anglicanismo. Este es el sentido de la carta escrita el 20 de marzo de 1923 a lord Halifax por el arzobispo de Canterbury.<\/p>\n<p>\u00abMe doy perfecta cuenta de la inmensa preocupaci\u00f3n que vos, el decano y Fr\u00e8re, hab\u00e9is sentido para llegar a una posici\u00f3n, punto de partida de progresos ulteriores, a la vista de la soluci\u00f3n que tan ardientemente hab\u00e9is deseado!<\/p>\n<p>\u00abMi propio deseo es tan ardiente como el vuestro, aunque las dificultades me parecen m\u00e1s graves que a vos mismo. Ser\u00eda quiz\u00e1s m\u00e1s exacto decir que ten\u00e9is la fe que mueve las monta\u00f1as.<\/p>\n<p>\u00abHe encontrado conveniente dirigir una carta a decano de Wells. Adjunto os env\u00edo la copia. Ha sido escrita despu\u00e9s de larga discusi\u00f3n con \u00e9l y con Fr\u00e8re: uno y otro decidieron en qu\u00e9 t\u00e9rmino ser\u00eda redactada. Robinson no la ha visto a\u00fan, pero Fr\u00e8re la ha le\u00eddo y aprobado en el sentido de poner el acento sobre la necesidad de tener para el futuro una garant\u00eda contra el peligro de ver surgir malentendidos. Temo no poder apenas alimentar la esperanza de que la encontr\u00e9is enteramente a vuestro gusto; pero vos hab\u00e9is dado muestras del curso de estas negociaciones de una disposici\u00f3n tan amistosa, tan favorable hacia m\u00ed, que tengo la plena esperanza de que no le pong\u00e1is objeciones, aun cuando hubieseis deseado que fuera redactada con alguna diferencia. He tratado de expresarme de tal manera que no pueda causar un leg\u00edtimo dolor a nuestros amigos cat\u00f3licos romanos, mientras que al mismo tiempo me he sentido comprometido a decir honradamente lo que pienso (y lo que, estoy seguro de ello, piensan todav\u00eda con m\u00e1s firmeza la mayor parte de la gente de nuestra Iglesia y de nuestro Estado) sobre el peligro de vernos dar la impresi\u00f3n de inclinarnos a un reconocimiento de lo que considero como una pretensi\u00f3n pontificia no justificada\u00bb.<\/p>\n<p>Que lord Halifax merezca esta confianza es cosa que se desprende tambi\u00e9n de su correspondencia con Mons. Gore que es el brazo derecho del arzobispo de Canterbury y que tiene m\u00e1s m\u00e9rito en mostrar su sentimiento hacia lord Halifax por estar m\u00e1s alejado de compartir sus ideas y sus esperanzas. Creemos obrar bien al reproducir dos cartas de Mons. Gore, que revelan el fondo de su alma con la simple expresi\u00f3n de sus sentimientos hacia lord Halifax.<\/p>\n<p>\u00abVos sois, le escribe el 24 de enero 23, un viejo y excelente amigo; me gusta y estimo vuestro car\u00e1cter. Mas sab\u00e9is que hubo siempre entre nosotros grandes divergencias debidas a nuestros temperamentos, como pueden perdurar entre gente que est\u00e1 de acuerdo sobre la fe y la pr\u00e1ctica cat\u00f3lica, pero que son tales que convierten las discusiones en tan f\u00fatiles como desagradables. Mi deseo es trabajar por la Uni\u00f3n entre cristianos all\u00e1 donde parezca posible. Veo una gran posibilidad de uni\u00f3n entre los protestantes de Escocia. La veo igualmente, en lo que a nosotros respecta, con los desdichados ortodoxos; y hago cuanto est\u00e1 en mi mano para realizarla. En cuanto a Roma, puedo entender que una peque\u00f1a secci\u00f3n de anglicanos se reconcilie con ella. Pero aquellos cuyos principio pudieran (a mi juicio) admitir esta reconciliaci\u00f3n no me parecen desearla. Aunque tenga fe en la doctrina de Roma, detestan o temen su autoridad. Por lo que respecta a la masa de la Iglesia anglicana, me parece pura ceguera voluntaria pensar en la uni\u00f3n posible en la atm\u00f3sfera actual. A prop\u00f3sito de la conferencia propuesta, no puedo imaginar nada mejor para su resultado que una simple declaraci\u00f3n tal y como Figgis querr\u00eda haberla hecho y como mi librito la expresar\u00e1, en lo tocante a la manera como nosotros vemos a Roma, es decir como una evoluci\u00f3n muy natural del cristianismo hacia un despotismo intelectual y moral. Baste con decir qu\u00e9 profunda debe ser la reforma antes de que una uni\u00f3n llegue a ser posible. Pienso que mi librito est\u00e1 a punto de publicarse. Est\u00e1 claro que no tengo la intenci\u00f3n de retirarlo. Seamos amigos a pesar de nuestras divergencias\u00bb.<\/p>\n<p>P.S. \u2013\u00bbPresumo que vuestra intenci\u00f3n es de que lo conserve la enc\u00edclica pontificia; pero&#8230; os la devolver\u00e9 si as\u00ed lo dese\u00e1is. Pero, de hecho, he mandado que me la lean casi entera. El hecho de que el papado no haya elevado protestas inmediatas contra Alemania, en el momento de estallar la guerra contra el tratado de Versalles y contra Francia y, por encima de todo, su actitud con relaci\u00f3n a los ortodoxos y el modo como se ha dejado llevar a facilitar el debilitamiento de la Iglesia ortodoxa y a la extirpaci\u00f3n de la ortodoxia en Rusia\u00a0 y en el Oriente Pr\u00f3ximo, constituye para m\u00ed uno de los ejemplos m\u00e1s lamentables de fracaso que el mundo haya visto jam\u00e1s, por parte de la iglesia m\u00e1s poderosa de la cristiandad\u00bb.<\/p>\n<p>La siguiente carta del 1\u00ba de abril de 1924 es m\u00e1s significativa todav\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abMi querido, muy amigo Halifax. En un buen gesto vuestro el haberos tomado tantas molestias, con una intr\u00e9pida esperanza, para ponerme en el camino recto. Pero me temo que no est\u00e9 en vuestro poder\u00a0 hacerme caminar por la v\u00eda que indic\u00e1is. Hace 45 a\u00f1os, y m\u00e1s, que conozco los puntos, los diversos puntos en los que yo difiero de Liddon como de vos mismo. Debamos contentarnos con estar agradecidos por haber podido enterarnos sobre una amplitud de temas. Pero no creo que podamos ganar nada con discusiones. S\u00f3lo puedo aseguraros que he escrito con el deseo de conocer la verdad y de servir en lo posible los designios de Cristo. No es lo que os interesa de modo especial lo que me parece, a m\u00ed. Lo m\u00e1s interesante. Sab\u00e9is que no estoy dispuesto de ninguna manera a ignorar, o a tratar como desde\u00f1ables, las insuficiencias del anglicanismo. Pero ello no es raz\u00f3n para tomar sobre nosotros voluntariamente defectos que no tenemos. Dec\u00eda que soy un obst\u00e1culo a loa reuni\u00f3n de los episcopados; es decir de las anglicanos con los romanos. Conoc\u00e9is a un solo obispo anglicano que, persuadido como yo, podr\u00eda ser conducido por este camino, sino despu\u00e9s de un cambio radical en el dogma romano? Con toda seguridad, la esperanza m\u00e1s tenaz que pudierais alimentar ser\u00eda, seg\u00fan vuestras propias expresiones, la formaci\u00f3n de una Iglesia (Anexa) Uniata, que\u00a0 comprender\u00eda todo lo m\u00e1s a algunos centenares de sacerdotes, a algunos miles de fieles. Qu\u00e9 significar\u00eda eso por la causa de la uni\u00f3n? Para m\u00ed, temo que nada constituye un obst\u00e1culo tan grande hoy en d\u00eda al movimiento cat\u00f3lico en la Iglesia inglesa tomada en su conjunto como las manifestaciones de aquellos que se han expresado en vuestra direcci\u00f3n. De nada sirve que discutamos o que nos peleemos. Lo que explica vuestra carta es s\u00f3lo vuestra indomable y juvenil esperanza. Llevada al extremo\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed que la elecci\u00f3n fue muy complicada\u00a0 para el arzobispo de Canterbury cuando se decidieron entre cat\u00f3licos y anglicanos aumentar el n\u00famero de los interlocutores. Se sent\u00eda de una parte y de otra la necesidad de dar a las conversaciones un car\u00e1cter m\u00e1s positivo, y un cariz m\u00e1s cient\u00edfico. El arzobispo de Canterbury puso los ojos en dos personalidades que merec\u00edan, por diversos t\u00edtulos, atraer su atenci\u00f3n: el Reverendo Kidd, rector\u00a0 de Keble College y Mons. Gore.<\/p>\n<p>El Reverendo Kidd no era solamente el rector de Keble College, sino tambi\u00e9n un especialista de la historia eclesi\u00e1stica. Hab\u00eda dado un ejemplo de su conocimiento de la antig\u00fcedad escribiendo cuatro vol\u00famenes sobre la historia antigua de la iglesia, hasta el final del concilio de Calcedonia. Tambi\u00e9n hab\u00eda estudiado en particular la historia de la Reforma, pensaba dar un parecer competente sobre el concilio de Trento y la Iglesia moderna. Era muy considerado por su piedad y por sus principios eclesi\u00e1sticos. Fue pues admitido con facilidad por el mundo eclesi\u00e1stico anglicano al que se comunic\u00f3 su nombre.<\/p>\n<p>Sin embargo la mayor parte de los anglicanos de nota deseaban sobre todo la elecci\u00f3n de Mons. Gore. Su reputaci\u00f3n como hombre de ciencia era incontestable. Hab\u00eda tomado parte muy notable en la publicaci\u00f3n de \u00abLux Mundi\u00bb, y se hab\u00eda destacado por sus Ensayos teol\u00f3gicos e hist\u00f3ricos. Era autor de obras considerables sobre la historia antigua de la Iglesia. Antiguo can\u00f3nigo de Westminster, de Birmingham y de Oxford. Hab\u00eda dejado este \u00faltimo obispado para volver a ser estudiante\u00bb. Ten\u00eda enfrente a una parte de la Alta Iglesia, habiendo mostrado convicciones por muy opuestas no s\u00f3lo a las de lord Halifax (quien, eso s\u00ed, pod\u00eda pasar por un extremista) sino a todo acercamiento con la iglesia romana. En 1922, durante el Adviento, hab\u00eda predicado tres sermones en los que expon\u00eda las quejas que ten\u00eda contra los anglicanos demasiado inclinados, seg\u00fan \u00e9l, hacia Roma. Escrib\u00eda al\u00a0 arzobispo de Canterbury: \u00abLa tendencia manifestada por nuestra delegaci\u00f3n en Malinas a hacer concesiones me parece, al parecer en la primera conferencia, y con seguridad en la segunda, m\u00e1s desastrosa y m\u00e1s peligrosa cada vez que pienso en ello\u00bb.<\/p>\n<p>Precisamente el arzobispo por su propia cuanta, acababa de exponer sus ideas en una hora particularmente interesante. Es esta.<\/p>\n<p>\u00abLos controversistas deben, a mi parecer, encontrarse ahora frente a frente en la plenitud de sus medios. Deben, adem\u00e1s, temer el esquema general de algunas de las m\u00e1s vastas cuestione, a fin de descubrir si ellos no tropiezan con alg\u00fan obst\u00e1culo grande e inquebrantable que, como tal, har\u00eda in\u00fatil y vana toda discusi\u00f3n sobre las posibilidades, comparativamente insignificantes, y ciertamente poco interesantes, de arreglos administrativos.<\/p>\n<p>\u00abSi quieren los representantes, la pr\u00f3xima vez donde se encuentren, ponerse a discutir en primer lugar lo que es m\u00e1s importante en sus pensamientos, las discusiones que han tenido lugar anteriormente podr\u00e1n aparecer como plenamente fructuosas. Pero si debiera quedar en claro que ciertas grandes cuestiones doctrinales (o incluso algunas grandes cuestiones administrativas, como la pretensi\u00f3n de una autocracia pontificia indiscutible) sobre las que no sea posible ninguna modificaci\u00f3n ni explicaci\u00f3n, bien escaso es el provecho que yo veo en continuar discusiones condenadas al fracaso. Pues es preciso, por el lado anglicano, dejar claro y fuera de duda que los grandes principios en torno a los cuales gira la Reforma son todav\u00eda nuestros principios, fueran las que fueran las faltas y fallos por ambas partes, en el curso de las controversias del siglo XVI.<\/p>\n<p>\u00abSer\u00eda inelegante con respecto a nuestros amigos cat\u00f3licos romanos dejarles la menor duda en cuanto a nuestro partido sobre los grandes temas de controversia que tienen relaci\u00f3n con los principios esenciales por los que hombres como Hooker, Andrews o Cosin lucharon. Aunque la terminolog\u00eda de entonces sea, sin duda, algo diferente de la de hoy. Lo que estos hombres sostuvieron nosotros lo sostenemos todav\u00eda; y creo que, de una forma o de otra, es indispensable ponerlo inmediatamente en claro.<\/p>\n<p>\u00abA mi parecer, ser\u00eda bueno que, antes de dejar Inglaterra,\u00a0 pudieran reunirse nuestros representantes, en Lambeth, por ejemplo; y que en una conferencia privada, con o sin la presencia de uno o dos arzobispos ingleses (quiz\u00e1s incluso de una o dos personalidades competentes), pudieran discutir lo que debe ser, en el estado actual del debate, el plan general que seguir en el curso de conferencias como las que van a tener lugar en Malinas\u00bb.<\/p>\n<p>Si los pensamientos \u00edntimos de Mons. Gore coincid\u00edan con los del arzobispo de Canterbury, no dejaban de desagradar a ciertos miembros de la alta Iglesia. Mons. Fr\u00e8re, por ejemplo, escribe a lord Halifax, el 23 de enero del 23, con ocasi\u00f3n de una manifestaci\u00f3n de Gore: \u00abEs triste ver esta clase de desacuerdos entre nosotros. El esc\u00e1ndalo de Gore ha debido abrir los ojos de la mayor\u00eda. No digo que eso le justifique. Le falta en efecto la comprensi\u00f3n que reconoce a Roma una voluntad creciente de mejorar su actitud como lo lleva haciendo estos tres \u00faltimos siglos. Nosotros les pedimos, en contrapartida, que vean cu\u00e1nto hemos cambiado y cambiamos. Y es preciso que logremos que los nuestros vean de la misma manera. Es doloroso que Gore no camine en ese sentido, sino en sentido opuesto\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie se extra\u00f1ar\u00e1 de encontrar a lord Halifax entre los opositores de Mons. Gore, a la verdad, \u00e9l conocer\u00e1, en su momento, los sentimientos m\u00e1s diversos. Le desautorizar\u00e1 con exceso escribiendo\u00a0 al Sr. Portal: \u00abSi hubierais le\u00eddo el Cruch Times de esta semana, habr\u00edais visto c\u00f3mo Gore enreda el asunto\u00bb. Es preciso tambi\u00e9n que haya algo de verdad porque Mons. Fr\u00e8re le hace eco en la cartita que hemos reproducido. Pero lord Halifax contin\u00faa de esta forma: \u00abEs preciso que los vuestros entiendan que Gore no tiene en el fondo mucha influencia entre nosotros, pero que se le presta cierta autoridad a causa de su saber y de su car\u00e1cter personal\u00bb. Poco a poco lord Halifax se da m\u00e1s cuenta dl valor del hombre; y llega hasta desear su presencia en Malinas,\u00a0 por raz\u00f3n del aumento de autoridad que valdr\u00e1 a la conferencia su intervenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto al arzobispo de Canterbury, se siente tan inquieto por el resultado de la conversaci\u00f3n, que desea recibir del cardenal Mercier una seguridad de que no se reconocer\u00e1 al Soberano Pont\u00edfice un poder que exceda sus propias concepciones.<\/p>\n<p>El cardenal le responde con una carta que Mons. Fr\u00e8re public\u00f3 por extractos en las \u00abRecollections of Malines\u00bb (p. 668 74), como addendum secundum. La reproducimos aqu\u00ed. Es una teor\u00eda del Papado.<\/p>\n<p>\u00abLa sola l\u00f3gica de nuestras conferencias, as\u00ed como el deber de lealtad que se impone a todos sus miembros, los invitan a volver a examinar el\u00a0 primado del obispo de Roma, sucesor de Pedro, que se define ahora por el concilio vaticano, como un dogma de fe cat\u00f3lica. Nuestra tercera conferencia que, seg\u00fan vos y yo lo esperamos, se podr\u00e1 celebrar pronto, y en cierto sentido a una escala m\u00e1s amplia, deber\u00eda en consecuencia asumir la tarea de estudiar esta doctrina m\u00e1s a fondo, y deber\u00eda dedicarse seg\u00fan vuestros deseos, a una vista precisa de su significaci\u00f3n. Entre tanto, doy categor\u00eda de un deber profesional deciros lo que creo es la doctrina cat\u00f3lica romana sobre este punto especial,\u00a0 \u2013punto sobre el que hab\u00e9is tenido a bien preguntarme.<\/p>\n<p>\u00abMe pregunt\u00e1is si el Primado concedido al Soberano Pont\u00edfice significa, o tiene por consecuencia el que, por derecho divino, solo el Papa es vicario de Cristo en la tierra, en el sentido de que, de \u00e9l solo deriva, bien directamente, bien indirectamente, todo el poder leg\u00edtimo de ejercer v\u00e1lidamente el ministerio eclesi\u00e1stico; si, dec\u00eds vos, el t\u00e9rmino de primado se entiende en el sentido de que el Papa ocupa jure divino la posici\u00f3n \u00fanica y solemne de \u00fanico vicario de Cristo en la tierra, de quien, como vicario de Cristo, debe venir, directa o indirectamente, el derecho de administrar v\u00e1lidamente en el interior de la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00abCiertamente el Romano Pont\u00edfice es en un sentido supremo Vicario de Cristo en la tierra, y la piedad de los fieles ha seguido concedi\u00e9ndole este t\u00edtulo. Pero san Pablo declara que todos los ap\u00f3stoles son\u00a0 ministros de Cristo (sic nos existimet homo ut ministros Christi). La liturgia romana en el prefacio de la misa por los ap\u00f3stoles llama a todos los ap\u00f3stoles \u00abvicarios designados por el Pastor eterno para la vigilancia moral de su obra (gregem tuum, Pastor eterne, non deseras, sed per beatos apostolos tuos continua protectione custodias, ut iisdem pastoribus gubernetur quos operis tui vicarios eidem contulisti praeesse pastores). M\u00e1s a\u00fan, declaramos constantemente, en lo que concierne al simple sacerdote en el ejercicio de su ministerio, que es el representante de Cristo, un \u00abotro Cristo\u00bb (sacerdos alter Christus). Si no ocupara el lugar de Cristo como \u00abvices gerens Christi\u00bb, \u00abVicarius Christi\u00bb, c\u00f3mo podr\u00eda verdaderamente decir del cuerpo y de la sangra de N. \u2013S. : Hoc est corpus meum; hic est calix sanguinis mei? C\u00f3mo podr\u00eda, al perdonar los pecados, que s\u00f3lo Dios puede absolver, decir: yo te absolvo? (Ego te absolvo) Por eso la aplicaci\u00f3n corriente al Soberano Pont\u00edfice del nombre de Vicario de Cristo no implica que s\u00f3lo el obispo de Roma posea poderes procedentes directamente de Cristo.<\/p>\n<p>\u00abLos poderes del obispo se relacionan: en parte con el cuerpo hist\u00f3rico de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo) lo que constituye el poder de orden), y en parte con su cuerpo m\u00edstico)lo que constituye el poder de jurisdicci\u00f3n).<\/p>\n<p>\u00abLos poderes del orden, que son el de consagrar el cuerpo y la sangre de nuestro Salvador en la sagrada Eucarist\u00eda,\u00a0 y el de conferir a otro la plenitud del sacerdocio, incluido el poder de transmitirle de manera que perpet\u00fae la vida cristiana en la Iglesia, han sido comunicados por Cristo a todos los ap\u00f3stoles. Permanecen en su plenitud a los obispos como sus sucesores; y ninguna autoridad humana puede poner obst\u00e1culos a su validez. Por ejemplo, no es bien sabido que la Iglesia de Roma reconoce la validez que contin\u00faa existiendo en las \u00f3rdenes y en los sacramentos de la Iglesia ortodoxa Oriental, aunque haga mil a\u00f1os que se haya sustra\u00eddo al Primado de Roma?<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto al poder de jurisdicci\u00f3n, se trata dl poder de gobernar la Iglesia, cuerpo m\u00edstico de Cristo. Pertenece por derecho divino al episcopado, es decir a los obispos, sucesores de los ap\u00f3stoles, en uni\u00f3n con el Soberano Pont\u00edfice. El episcopado, en tanto que instituci\u00f3n gubernamental, es tambi\u00e9n de derecho divino; es ordinario e inmediato en los l\u00edmites de la di\u00f3cesis asignada al obispo por el Soberano Pont\u00edfice.<\/p>\n<p>\u00abLa paz y la unidad de la sociedad cristiana requieren en efecto que a la cabeza del gobierno de la iglesia haya una autoridad suprema, la cual, a su vez, es tambi\u00e9n ordinaria e inmediata sobre toda la iglesia, sobre los fieles y sus pastores.<\/p>\n<p>\u00abA esta autoridad suprema pertenece la prerrogativa de asignar a cada obispo la parte del reba\u00f1o cristiano a la que es llamado a gobernar en uni\u00f3n con el Pont\u00edfice romano y bajo su autoridad.<\/p>\n<p>\u00abEl poder de jurisdicci\u00f3n del obispo sobre su reba\u00f1o es de derecho divino; pero cuando los te\u00f3logos plantean la cuesti\u00f3n de saber c\u00f3mo interpretar este origen divino sus opiniones no son un\u00e1nimes. Unos piensan que este poder de jurisdicci\u00f3n viene inmediatamente de Dios, como el poder de orden. En este modo de ver, desde el momento que el Papa nombra al obispo y le asigna sus s\u00fabditos, su jurisdicci\u00f3n sobre ellos proviene de Dios, sin intervenci\u00f3n humana. Esta opini\u00f3n seg\u00fan Benedicto XIV se apoya en argumentos (v\u00e1lidos), (validis fulcitur argumentis). \u2013Pero Benedicto XIV que existe tambi\u00e9n una opini\u00f3n contraria, seg\u00fan la cual la jurisdicci\u00f3n viene de Cristo como causa principal, pero que es transmitida al obispo por el Pont\u00edfice romano, actuando de intermediario. En esta segunda opini\u00f3n la consagraci\u00f3n episcopal confiere al obispo la aptitud para recibir la jurisdicci\u00f3n; pero la jurisdicci\u00f3n \u00abactual\u00bb, no la tiene en su plenitud m\u00e1s que en virtud de un mandato del Soberano Pont\u00edfice. Esta segunda opini\u00f3n, dice Benedicto XIV, parece tener a favor los mejores argumentos de raz\u00f3n y de autoridad. (Rationi et auctoritati conformior videtur sententia).)<\/p>\n<p>\u00abNinguna decisi\u00f3n anterior, que requiera una aceptaci\u00f3n universal, ha puesto nunca t\u00e9rmino a la controversia. El Codex Juris Canonici, publicado por Benedicto XIV, que tiene plena autoridad en la Iglesia cat\u00f3lica, no la regula tampoco. Resume en los t\u00e9rminos siguientes la doctrina general de la Iglesia romana sobre el episcopado. \u00abEpiscopi sunt Apostolorum succesores, atque ex divina institutione peculiaribus ecclesiis praeficiuntur, quas cum potestate ordinaria regunt sub auctoritate Romani Pontificis\u00bb. \u00a0\u2013Seg\u00fan los Padres del concilio Vaticano, este poder universal del Soberano Pont\u00edfice no se ha de considerar por los obispos como una amenaza o peligro. Es, al contrario, un apoyo, una fuerza y una protecci\u00f3n de la autoridad que ejerce el obispo sobre sus fieles. (Tantum abest ut haec Summi Pontificis potestas officiat ordinariae ac immediatae illi episcopalis jurisdictionis potestati, qui positi a Spiritu Sancto in Apostolorum locum successerunt, tamquam veri pastores assignatas sibi greges singuli singulas pascunt et regunt, ut eadem a supremo et universali Pastore asseratur, roboretur et vindicetur.) M\u00e1s de una vez en mi carrera episcopal la experiencia ha confirmado la verdad de esta declaraci\u00f3n del concilio.<\/p>\n<p>\u00abPero no me ha llegado el tiempo para que me extienda m\u00e1s sobre esta cuesti\u00f3n. Debo limitarme a responder a la cuesti\u00f3n sobre la que vuestra estimada carta ha llamando pro ahora mi atenci\u00f3n. La conferencia que gracias a Dios va (as\u00ed lo esperamos) a reanudarse pronto tendr\u00e1 que determinar con m\u00e1s detalle esta cuesti\u00f3n de la supremac\u00eda del papa, que se adelanta a todas las dem\u00e1s cuestiones importantes, tanto cristianas como sociales.)<\/p>\n<p>El arzobispo de Canterbury, tranquilizado por esta carta del cardenal Mercier, hab\u00eda acabado de fijar la elecci\u00f3n de Mons. Gore, de quien se ha podido escribir: \u00ab\u00c9l se ha esforzado (el Reverendo Davidson) en anunciar lo que podr\u00eda parecerse a un acuerdo esc\u00e9nico al elegir al doctor Gore, quien entre los anglocat\u00f3licos el m\u00e1s resueltamente anti-romano\u00bb.<\/p>\n<p>Gore, por su parte, respondi\u00f3 al arzobispo, a prop\u00f3sito de su invitaci\u00f3n: \u00abCon el fin de que conserv\u00e9is durante el mayor tiempo posible vuestra actitud actual con un vigor mental real, creo que es de tal importancia el que os ve\u00e1is libre de toda inquietud, general o parcial, que si estim\u00e1is seriamente que os conviniera unirme al grupo de Malinas, voy a consentir sin duda acudir a \u00e9l.<\/p>\n<p>Los cat\u00f3licos deb\u00edan igualmente completar su n\u00famero eligiendo a dos interlocutores. El Sr. Portal en una de sus cartas se\u00f1ala una preferencia por el P. Mac Nabb, dominico de Dowerside, favorable a las conversiones colectivas,\u00a0 y a\u00f1ade: \u00abQuerr\u00eda que los Dominicos se interesaran en el asunto\u00bb. Pero el P. Mac Nabb recibi\u00f3 de sus superiores la prohibici\u00f3n de no escribir nada sobre las conferencias en curso.<\/p>\n<p>El Sr. Portal propuso al abate Hemmer, por raz\u00f3n de sus estudios de patr\u00edstica y de su conocimiento general de la historia de la iglesia, que hab\u00eda ense\u00f1ado durante catorce a\u00f1os en la Clase de las j\u00f3venes del Instituto Cat\u00f3lico de Par\u00eds. Fue aceptado a la primera por el cardenal.<\/p>\n<p>Este, a su vez, se inclinaba por la persona de Mons. Battifol. Este antiguo rector del Instituto Cat\u00f3lico de Toulouse era entonces conocido por varios vol\u00famenes sobre la Historia de la Iglesia: La Iglesia naciente y el catolicismo, La paz constantiniana, El catolicismo de san Agust\u00edn, La sede apost\u00f3lica (359-451), estudios de Historia y teolog\u00eda positiva, etc. Adem\u00e1s, hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n de los anglicanos por una controversia con Mons. Gore. Estos estudios aparecieron en la \u00abRevue des Jeunes\u00bb, se publicaron despu\u00e9s de las conversaciones de Malinas bajo el t\u00edtulo de Catolicismo y Papado. Era un hombre de gran valer u digno de oponerse al doctor Armitage Robinson y al obispo Mons. Gore. Fue pues invitado por Mons. Mercier, quien complet\u00f3 de esta manera el n\u00famero de los interlocutores cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>A lo largo de esta investigaci\u00f3n, el Sr. Portal y\u00a0 lord Halifax intercambiaron cartas que arrojan una luz sobre los motivos que hab\u00edan inspirado al arzobispo de Malinas. El Sr. Portal escribe a lord Halifax que sigue esc\u00e9ptico con respecto a la pretendida conversi\u00f3n a favor de la obra de Malinas de los cardenales Billot y Merry del Val. Si se han vuelto\u00a0 favorables a las conversiones colectivas, lo que han de hacer es tomar la palabra en los diarios ingleses para explicar a los cat\u00f3licos su cambio de parecer. Por su parte, lord Halifax escribe al Sr. Portal: \u00abPor el momento, lo \u00fanico que se puede hacer es insistir al P. Walker y algunos otros para que expresen su opini\u00f3n en la prensa cat\u00f3lica. En cuanto a nosotros s\u00f3lo nos queda seguir estrechamente unidos al cardenal Mercier. Su honestidad a toda prueba, su caridad sin l\u00edmite, su deseo ardiente de asegurar un resultado favorable a nuestros intentos, son pruebas y garant\u00edas que no ser\u00e1n estimadas lo suficiente\u00bb.<\/p>\n<h3>Tercera conversaci\u00f3n<\/h3>\n<p>La tercera conversaci\u00f3n se celebr\u00f3 en Malinas los 7 y 8 de noviembre de 1923. Por ambas partes los participantes en la reuni\u00f3n eran m\u00e1s numerosos Por parte cat\u00f3lica, el cardenal hab\u00eda invitado a Mons. Batiffol, can\u00f3nigo de N.\u2013S. De Par\u00eds, y al abate Hemmer, por entonces p\u00e1rroco de Saint-Mand\u00e9, m\u00e1s tarde de la Sainte-Trinit\u00e9, en Par\u00eds. El arzobispo de Canterbury, por su lado, hab\u00eda rogado que se uniera a los miembros anglicanos de las conversaciones al doctor Gore, obispo de Oxford, y al doctor Kidd, de Keble College en Oxford.<\/p>\n<p>La importancia de este nuevo encuentro queda subrayada\u00a0 por el hecho de que el doctor Dandalt Davidson, arzobispo de Canterbury, dirigi\u00f3 a los obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l una carta, con fecha del a\u00f1o 1923, en la que hac\u00eda alusi\u00f3n a las conversaciones de Malinas. Declaraba que segu\u00eda con inter\u00e9s las conversaciones, sin por ello comprometer su responsabilidad; que esperaba de estos encuentros un feliz resultado.<\/p>\n<p>El gran cap\u00edtulo de esta conversaci\u00f3n fue el informe del doctor Robinson sobre la posici\u00f3n de san\u00a0 Pedro seg\u00fan el Nuevo Testamento. He aqu\u00ed lo esencial de su argumentaci\u00f3n. San Pablo escribe a los Efesios, al enumerar los miembros y las funciones de la Iglesia: Cristo,\u00a0 los ap\u00f3stoles. Los profetas. No habla de san Pedro, de quien depender\u00eda la unidad de la Iglesia terrestre. Lo mismo en la ep\u00edstola a los G\u00e1latas: san Pedro y san Pablo tienen la misma talla, uno entre los circuncisos, el otro\u00a0 entre las naciones. Los Hechos de los ap\u00f3stoles muestran a san Pedro y a san Pablo igualmente preeminentes, aunque san Pedro lleve a cabo actos particulares, pero sin una autoridad general para dirigir la Iglesia. San Pedro se encuentra a menudo enumerado con Santiago y san Juan, sin otra preeminencia particular. Se puede considerar la triple pregunta referida por san Juan (Pedro, me amas?) como una obligaci\u00f3n de apacentar las ovejas, impuesta a san Pedro en raz\u00f3n de su triple negaci\u00f3n. Por fin, en el evangelio de Mateo, san Pedro ocupa sin duda un lugar destacado en el funcionamiento de la Iglesia; pero este evangelio es el \u00fanico que refiere este texto tan grave: \u00abT\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia\u00bb. Si san Pablo lo conoci\u00f3, no vio en \u00e9l la creaci\u00f3n de una autoridad exclusiva.<\/p>\n<p>El decana anglicano que san Pedro act\u00faa a menudo como portavoz y como \u00ableader\u00bb de los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>El 8 de noviembre por la tarde, Mons. Batiffol ley\u00f3 su respuesta. San Pablo en su ep\u00edstola a los Efesios describe la unidad de la Iglesia entre\u00a0 cristianos venidos del juda\u00edsmo y venidos de la gentilidad: no describe la unidad de la Iglesia en su funcionamiento.\u00a0 \u2013en la ep\u00edstola a los G\u00e1latas, san Pablo no habla de Santiago y de Juan a prop\u00f3sito de los circuncisos, cuya evangelizaci\u00f3n le est\u00e1 confiada.\u00a0 \u2013El Sr. Robinson no dice una palabra sobre el papel de san Pedro seg\u00fan la primera ep\u00edstola a los Corintios. Tampoco es justo respecto de los Hechos de los ap\u00f3stoles, en donde sin duda el t\u00e9rmino t\u00e9cnico de autoridad suprema no se pronuncia, pero donde Pedro act\u00faa como verdadero jefe de la Iglesia. Pedro es nombrado como un personaje de primer plano, tanto en el Nuevo Testamento como en la tradici\u00f3n posterior. El Sr. Loisy es aqu\u00ed m\u00e1s amplio que el decano Robinson. \u00abLa autoridad fundamental de los ap\u00f3stoles no excluye ya la autoridad propia de Pedro, como las autoridad de Pedro no excluye la de los ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>En el resumen anglicano le\u00eddo por el Reverendo Fr\u00e8re, se ha de concluir del Nuevo Testamento que Pedro es considerado como \u00ableader\u00bb de los ap\u00f3stoles porque era tratado como tal por Nuestro Se\u00f1or; pero su \u00abliderazgo\u00bb no implica ninguna jurisdicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al contrario, los cat\u00f3licos afirman que la voluntad de Jes\u00fas, confiando un servicio propio a san Pedro, se manifiesta en los hechos como en el evangelio, donde Pedro es considerado como \u00abfundamento de la Iglesia y principio de unidad\u00bb. El concilio Vaticano se ajust\u00f3 a los hechos de jurisdicci\u00f3n universal concedido a san Pedro.<\/p>\n<p>El 9 de noviembre, el Reverendo Kidd ley\u00f3 un informe sobre el lugar de san Pedro en la tradici\u00f3n consignada en el Decretum Gelasienum. Seg\u00fan san Ireneo, la Iglesia romana fue fundada por Pedro y Pablo, y su obispo ocupa la \u00fanica sede apost\u00f3lica de Occidente. Tiene, adem\u00e1s, un primado entre todos los obispos de la cristiandad, tanto que no existe uni\u00f3n posible fuera de \u00e9l<\/p>\n<p>Mons. Batiffol demuestra entonces que, desde el siglo segundo, la iglesia de Roma se revela como fundamento de toda la iglesia. La \u00abSede romana\u00bb se atribuye por Tertuliano a san Pedro \u00fanicamente; tambi\u00e9n desde esta \u00e9poca no existe catolicismo aut\u00e9ntico sin primado del obispo de Roma. El Reverendo Kidd lee su segundo informe por la tarde. Trata del rechazo por la reforma de todo primado romano en el gobierno temporal y espiritual de la iglesia. Si existe otro primado, emana de un poder constitucional, y no autocr\u00e1tico.<\/p>\n<p>El abate Hemmer no refuta estos textos modernos, que nada contienen sobre la misi\u00f3n del Papa; pero insiste a prop\u00f3sito de este tercer primado, sobre las relaciones del Papa y os obispos, de las que tratar\u00e1 en un trabajo especial reservado a la Cuarta Conferencia.<\/p>\n<p>El decano Armitege Robinson excluye por completo la idea de una jurisdicci\u00f3n universal. Conceder\u00eda al Papa una superintendencia general, que comportara un primado de deberes,\u00a0 o sea un \u00abliderazgo espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>Gore no acepta esta expresi\u00f3n de superintendencia espiritual; prefiere la de \u00abspiritual responsibility\u00bb.<\/p>\n<p>La tercera de esta tercera conferencia se destac\u00f3 por el hecho de que el doctor Randalt Davidson, arzobispo de Canterbury, dirigi\u00f3 a los obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l esta carta de la que hemos hablado en la que hac\u00eda alusi\u00f3n a las conversaciones de Malinas. El pasaje discreto de esta carta suscit\u00f3 una emoci\u00f3n considerable en el mundo religioso, y numerosos comentarios, en diversos sentidos, aparecieron en la prensa anglicana y cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Una colaboraci\u00f3n de Roma en el Times, con fecha del 2 de enero de 1924, pretend\u00eda, por ejemplo, que el Vaticano no hab\u00eda conocido ni animado nunca las conversaciones y que los Belgas y los Franceses no estaban cualificados para una misi\u00f3n semejante. Sin duda es esta correspondencia la que inspir\u00f3 al Echo de Par\u00eds un art\u00edculo lleno de reservas sobre las conversaciones. Los \u00f3rganos de los cat\u00f3licos ingleses \u00abUniverse\u00bb\u00a0 y\u00a0 \u00abTablet\u00bb dieron cabida a estos rumores pesimistas. Aunque Roma no se conmovi\u00f3 por estos \u00abmovimientos diversos, el cardenal Mercier crey\u00f3 necesario afirmar p\u00fablicamente le responsabilidad que asum\u00eda, al reunir en su palacio episcopal a miembros de la Iglesia anglicana\u00a0\u00a0 y a te\u00f3logos cat\u00f3licos. Lo hizo en una carta admirable dirigida a su clero, y publicada en Par\u00eds en la editorial de la \u00abRevue des Jeunes\u00bb. All\u00ed, despu\u00e9s de hacer el relato de las reuniones de Malinas, dec\u00eda el porqu\u00e9. Pero con se\u00f1ales claras de que comenzaba asentirse seriamente fatigado.<\/p>\n<p>El Sr. Portal tuvo con todo la ocasi\u00f3n de hacerle dos visitas ese a\u00f1o: una en la que fue solo, el 19 de junio, d\u00eda del Corpus Christi, la otra a finales de noviembre, acompa\u00f1ado de lord Halifax. El cardenal Mercier hab\u00eda anunciado al Sr. Portal una visita en Par\u00eds, con motivo de su viaje a Roma, en diciembre, con el deseo de bajar a casa de su amigo, al 14 de la calle Grenelle; un cambio en los horarios de tren no permiti\u00f3 este encuentro.<\/p>\n<p>Durante este a\u00f1o de espera. El Sr. Portal no estuvo inactivo. Fuera del contacto seguido que mantuvo con sus amigos, y los intercambios de ideas que provocaron tanto los proyectos como las reacciones de la prensa, llena de curiosidad, el Sr. Portal se cuidaba de que \u00abninguno de nuestros hermanos separados se sienta autorizado a decir que llam\u00f3 con confianza a la puerta de un obispo cat\u00f3lico romano, y que este obispo se neg\u00f3 a abrirle\u00bb.<\/p>\n<p>Justificaba tambi\u00e9n el esp\u00edritu de las \u00abconversaciones\u00bb con aquellos que no dudaban en censurar una pol\u00edtica de reuni\u00f3n colectiva.<\/p>\n<p>Juzg\u00e1is que vamos por mal camino para resolver esta situaci\u00f3n; nuestro m\u00e9todo de trabajo, seg\u00fan vosotros, es equivocado; la experiencia os ha ense\u00f1ado, dec\u00eds, que es menester renunciar a trabajar sobre colectividades, que hay que apuntar s\u00f3lo a los individuos. Pero con qu\u00e9 derecho pon\u00e9is l\u00edmites a la acci\u00f3n de la divina misericordia? Trabajad lo que pod\u00e1is con los individuos, iluminad con todas vuestras fuerzas a cada una de las almas que Dios\u00a0 pone en vuestro camino; bien, nadie podr\u00eda censuraros por ello. Pero qu\u00e9 os autoriza a prescindir de las Colectividades? Vuestro Exclusivismo es el que es condenable.<\/p>\n<p>Recordaba las llamadas memorables de Le\u00f3n XIII \u00abad Anglos\u00bb, es decir al conjunto del pueblo ingl\u00e9s,\u00a0 y terminaba con una elevaci\u00f3n sobre la naturaleza del esfuerzo de apostolado, \u00abesfuerzo lento y paciente, por el que se muere sin haber visto el fruto, y cuyo \u00e9xito depende de la bendici\u00f3n de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>No os preocup\u00e9is por el \u00e9xito. Dios no lo exige de vosotros. Lo que os pide, dice san Bernardo, es el cuidado de los enfermos. \u00c9l se reserva la curaci\u00f3n, Curam exigeris, non curationem.<\/p>\n<p>El a\u00f1o de 1924 fue el a\u00f1o jubilar del cardenal Mercier. Los amigos y los disc\u00edpulos del cardenal participaron de la alegr\u00eda, y el Sr. Portal tuvo la ocasi\u00f3n de unirse a las felicitaciones de grandes y peque\u00f1os, tanto en nombre de los miembros de las \u00abconversaciones\u00bb como en el de los Normalistas. A su regreso, trat\u00f3 ante todo de que se hiciera oraci\u00f3n por la obra emprendida. Sab\u00eda que es Dios quien da a los esfuerzos su fecundidad. Nunca en su obra de misionero de la Uni\u00f3n se olvid\u00f3 de pedir s\u00faplicas para sostener el trabajo de los ap\u00f3stoles: Gracias a \u00e9l, la novena de Pentecost\u00e9s, instituida por Le\u00f3n XIII (enc\u00edclica Divinum illud munus), se celebr\u00f3 siempre con esplendor en la piadosa capilla de los Lazaristas, de la calle S\u00e8vres, junto al cuerpo de san Vicente de Pa\u00fal. El abate Calvet, el abate Qu\u00e9net, el abate Hemmer, el abate Dujardin, el Padre Marie Dieux se sucedieron en la c\u00e1tedra de la casa San L\u00e1zaro, y en ella dieron lecciones de ciencia y de caridad, en su mayor parte recogidas en preciosos fasc\u00edculos. El Sr. Portal hubiese deseado m\u00e1s a\u00fan. Habr\u00eda querido que renaciera ese gran movimiento de oraci\u00f3n a favor de la catolizaci\u00f3n de Inglaterra, de la Ignacio Spenser fue el alma en la \u00e9poca en que Oxford recobraba la tradici\u00f3n cat\u00f3lica. Escribi\u00f3 dos art\u00edculos titulados: \u00abUna cruzada de oraciones\u00bb y el \u00abMovimiento de Oxford\u00bb, que aparecieron en la Revue des Jeunes del 25 de enero y del 10 de febrero de 1925. Fueron luego recogidos en fasc\u00edculo. Habr\u00eda querido que este peque\u00f1o trabajo despertara la piedad de los fieles y en particular que se llegara (seg\u00fan el propio deseo de Spenser) a escoger el jueves como d\u00eda de oraciones, comuniones, misas y otros ejercicios de piedad por la Uni\u00f3n de las Iglesias.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1925 deb\u00eda contar con dos cartas pastorales sobre la Uni\u00f3n de las Iglesias: una de Mons. Chollet, arzobispo de Cambray, otra de Mons. Ricard, obispo auxiliar de Niza.<\/p>\n<p>Por parte de los no cat\u00f3licos se pod\u00eda registrar tambi\u00e9n una llamada a la oraci\u00f3n del obispo de Truro, el doctor Fr\u00e8re, y una serie de meditaciones para la octava de Pentecost\u00e9s, publicada por el \u00abYear conference of faith and order\u00bb. El Sr. Portal, en un bonito \u00abSenex\u00bb de la Revue des Jeunes, titulado las \u00abCampanas de leure\u00bb, cantaba su \u00edntimo gozo por este renacimiento de s\u00faplicas (18 de julio de 1925).<\/p>\n<h3>Cuarta conversaci\u00f3n<\/h3>\n<p>La cuarta conversaci\u00f3n tuvo lugar en Malinas los 19 y 20 de mayo de 1925.<\/p>\n<p>Mons. Van Roey ley\u00f3 un informe sobre los poderes del Papa y del episcopado bajo su aspecto teol\u00f3gico, Distingu\u00eda cuidadosamente las verdades de fe, definidas, las verdades teol\u00f3gicas cierta y los puntos discutidos. Esa un buen resumen de la ense\u00f1anza cat\u00f3lica sobre las relaciones entre el episcopado y el Soberano Pont\u00edfice, y sobre la infalibilidad en materia de doctrina.<\/p>\n<p>El Reverendo Gore, en una discusi\u00f3n subsiguiente, observ\u00f3 que le informe expon\u00eda muy exactamente la teor\u00eda del episcopado, pero que\u00a0 pr\u00e1cticamente el poder de los obispos estaba actualmente muy reducido por el del Papa. Correspondi\u00f3 al cardenal responder que la intervenci\u00f3n del Papa nunca hab\u00eda puesto trabas a su administraci\u00f3n episcopal, durante dieciocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>El abate Hemmer hizo observar a Mons. Gore y a Mons. Batiffol, que citaban el derecho can\u00f3nico, que una funci\u00f3n esencial de la Santa Sede era obrar con precauci\u00f3n en todas las circunstancias extraordinarias, y que a pesar de ello el respeto por los \u00absagrado c\u00e1nones\u00bb no debe impedir al Papa obrar de una manera suprema es decir en caso de necesidad. Se trataba tambi\u00e9n de oponerse a la tesis del Reverendo Kidd, el cual, en una reuni\u00f3n precedente, no consent\u00eda en reconocer al Papa m\u00e1s que una supremac\u00eda constitucional, excluyendo todo primado autocr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Los anglicanos reconocen todos cierto primado de la Sede apost\u00f3lica, en nombre del veredicto de la Historia; pero ellos no incorporan este primado a la constituci\u00f3n divina de la Iglesia, lo consideran como un\u00a0 producto accidental de las circunstancias. El curso de los acontecimientos ha formado un derecho eclesi\u00e1stico que se opone al derecho devino. Habiendo definido la Iglesia de Roma una verdad dogm\u00e1tica, como la de la Inmaculada Concepci\u00f3n y la de la infalibilidad pontificia, no puede consentir \u00absalvo jure communionis\u00bb\u00a0 que se pueda pensar de otra manera.<\/p>\n<p>Por la tarde del 19 de mayo, el abate Hemmer dio lectura a su informe sobre las relaciones entre el poder pontifico y el poder episcopal en el correr de los siglos. Es un resumen de la Historia de la Iglesia en el que el autor pone de relieve las intervenciones de los obispos de Roma. Es imposible se\u00f1alar el momento hist\u00f3rico \u00aben que el obispo de Roma habr\u00eda sido investido de una autoridad nueva, insospechada anteriormente, y nacida tan s\u00f3lo de la fuerte voluntad de un usurpador, o del consentimiento de una asamblea\u00bb. Son las necesidades del tiempo las que imponen variaciones en el gobierno de la Iglesia. Modificaciones en las relaciones entre el Papa y los obispos se introdujeron\u00a0 bajo la inspiraci\u00f3n de Dios en el curso de los siglos.<\/p>\n<p>El Revendo Gore reconoci\u00f3 el car\u00e1cter providencial de muchas intervenciones romanas; pero, seg\u00fan \u00e9l, la Santa Sede dej\u00f3 perderse elementos cr\u00edticos y democr\u00e1ticos, conservados por las Iglesias anglicana, ortodoxa y protestante. Al d\u00eda siguiente, 20 de mayo, el cardenal sorprendi\u00f3 a todos los asistentes con la lectura de un informe, que ten\u00eda por objeto un patriarcado unido, pero, aut\u00f3nomo. El autor, de quien se dec\u00eda que era un canonista, era (se supo m\u00e1s tarde) el benedictino dom Lambert Beauduin. Afirmaba que, por derecho divino, todos los obispos son iguales, con excepci\u00f3n del sucesor de Pedro, pero que, por derecho eclesi\u00e1stico, hay una jerarqu\u00eda de patriarcas: primados, arzobispos, metropolitanos, etc&#8230; Su pensamiento es que el arzobispo de Canterbury ten\u00eda una situaci\u00f3n parecida a la de los patriarcas, pero que su subordinaci\u00f3n a la Santa Sede era tan completa que su iglesia hab\u00eda acabado por ser \u00abla m\u00e1s romana funcional y fielmente de toda la cristiandad\u00bb. Haciendo luego una aplicaci\u00f3n de la idea uniata contenida en la noci\u00f3n de los patriarcas orientales, preconiza entre la Iglesia romana y la iglesia de Inglaterra una asociaci\u00f3n que permite llamarlas \u00abunidas\u00bb, pero no absorbidas. El arzobispo de Canterbury, dice, ser\u00eda restablecido en sus derechos tradicionales y efectivos de patriarca de la Iglesia anglicana. La organizaci\u00f3n de esta iglesia estar\u00eda calcada en la de las iglesias orientales, con derecho can\u00f3nico y liturgia propios. El autor lleva sus observaciones hasta proponer para el patriarca anglicano la procedencia sobre los cardenales, salvo quiz\u00e1s los cardenales obispos.<\/p>\n<p>Los anglicanos consideraban que un informe de tal importancia no se\u00a0 pod\u00eda discutir por ellos acto seguido; y los cat\u00f3licos sorprendidos por la lectura de un informe que son se les hab\u00eda comunicado de antemano, demandaron y obtuvieron que no fuera tenido como un documento de las \u00abconversaciones de Malinas\u00bb. Cuando m\u00e1s tarde lord Halifax tom\u00f3 a su cargo publicar este informe al mismo tiempo que el relato de las conferencias, no s\u00f3lo los otros miembros anglicanos elevaron una protesta, sino que Mons. Van Roey, entonces cardenal de Malinas, escribi\u00f3 que \u00bb los cat\u00f3licos no dejaron de mostrar sus reservas\u00bb, y que \u00abeste informe no formar\u00eda parte de los documentos relativos a las conversaciones.<\/p>\n<p>El doctor Gore ley\u00f3 un primer relato, que fue publicado por primera vez por Fr\u00e8re en las recollections of Malines: addendum VII, p. 110-119. Partiendo de un texto de san Cipriano, pregunta si los anglicanos y los cat\u00f3licos pueden diferir en doctrinas entre ellos sin romper la unidad entre las Iglesias. \u00c9l querr\u00eda que toda doctrina que no se ha cre\u00eddo siempre en substancia por la Iglesia no forme parte de la fe exigida. \u00abEs del todo imposible, se pregunta, que, para una reconciliaci\u00f3n general con la comuni\u00f3n ortodoxa\u00a0\u00a0 y la comuni\u00f3n anglicana, la Iglesia romana se contente con exigir \u00fanicamente la aceptaci\u00f3n de los art\u00edculos de fe que caen bajo la regla de san Vicente de Ler\u00edns, (quod ubique, quod semper), es decir de las doctrinas fundamentales?\u00bb.<\/p>\n<p>En la siguiente sesi\u00f3n, Mons. Batiffol separ\u00f3 la distinci\u00f3n protestante entre los art\u00edculos dichos \u00abfundamentales\u00bb y los otros. Sigui\u00f3 una larga discusi\u00f3n sobre las verdades formalmente o virtualmente impl\u00edcitas, m\u00e1s o menos deducidas\u00a0 por v\u00eda de inferencia. Los concilios reconocidos por todos como ecum\u00e9nicos han definido a veces art\u00edculos de los que no se puede decir que se hayan librado siempre de una evoluci\u00f3n real.<\/p>\n<h3>El congreso de Albert-Hall.\u00a0 La semana de la Uni\u00f3n<\/h3>\n<p>En el congreso de Albert-Hall, celebrado el 9 de julio de 1925, lord Halifax pronunci\u00f3 un discurso que s\u00f3lo le compromet\u00eda a \u00e9l, pero que, pronunciado ente el grupo selecto de la Iglesia de Inglaterra, proclamaba su fe en la obra que fue la de su vida. Reconoce un primado pontificio \u00abdivina providencia\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEn lo que concierne a nuestras relaciones con Roma, dec\u00eda, es necesario acordarnos de que la autoridad del Papa (seg\u00fan la ense\u00f1anza romana es un poder separado del episcopado. Pero cuando el Papa act\u00faa en uni\u00f3n completa con el episcopado, debe ser considerado como el centro y el s\u00edmbolo de la Unidad, como investido, en virtud de sus funciones, de la autoridad apost\u00f3lica sobre la iglesia visible a trav\u00e9s del mundo, encargado del cuidado de esta misma Iglesia universal, Por ello es bueno acordarnos&#8230; de que nuestra uni\u00f3n con roma es quim\u00e9rica, si no estamos prontos a conceder un primado dado por la Providencia misma a la Santa Sede, si no admitimos la reivindicaci\u00f3n del Papa a ocupar, frente al episcopado entero, una posici\u00f3n tal que ning\u00fan otro obispo se atrever\u00eda a pretender. Es una cuesti\u00f3n que debemos encarar con todo lo que lleve consigo.<\/p>\n<p>El cardenal, en una carta al Sr. Portal del 20 de julio de 1925, no pod\u00eda menos de escribir: \u00abqu\u00e9 admirable es este querido Halifax! A su edad una iniciativa como la de Albert-Hall es hermos\u00edsima! Tengo la firme confianza de que el buen Dios bendecir\u00e1 un valor semejante, ya que s\u00f3lo la fe puede inspirarlo\u00bb.<\/p>\n<p>Al entusiasmo de la causa de la Uni\u00f3n en Inglaterra pronto respondi\u00f3 un impulso caluroso en el continente. Del 10 al 26 de setiembre de 1925, tuvo lugar en Bruselas una brillante semana de la Uni\u00f3n de las iglesias, en la que tomaron la palabra Mons. Izeptycsky, los PP. De la Taille y Tyszkiewcz, s.j., Maniglier O.A.A.; dom Lambert Beauduin, Benedictinos de la Uni\u00f3n. El cardenal Mercier pronunci\u00f3 el discurso de clausura que titul\u00f3 \u00abDe la uni\u00f3n de las Iglesias\u00bb, y en el que insist\u00eda sobre los dos esfuerzos esenciales a un acercamiento de los cristianos, esfuerzo de simpat\u00eda y esfuerzo de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el Sr. Portal tom\u00f3 la palabra en este memorable congreso. Relat\u00f3 con admirable serenidad los sucesos, a la vez tan gloriosos y tan dolorosos para \u00e9l, en los que se vio mezclado de 1893 a 1896; cit\u00f3 profusamente al cardenal Wiseman, concluyendo con estas l\u00edneas:<\/p>\n<p>Trabajaremos y sucumbiremos con nuestros hermanos. Combatiendo y rezaremos con la Iglesia de Dios, y con toda tranquilidad, Nuestro camino no puede ser ni m\u00e1s dif\u00edcil no m\u00e1s desalentador que el de los ap\u00f3stoles. No puede ser m\u00e1s espinoso que el de Nuestro Se\u00f1or: \u00abEl disc\u00edpulo no\u00a0 est\u00e1 por encima del Maestro\u00bb.<\/p>\n<p>Y el Sr. Portal a seguir con su tarea de ap\u00f3stol. El 19 de noviembre se hallaba en Lovaina con lord Halifax para hablar a la juventud belga de la Uni\u00f3n, m\u00e1s en particular de la Uni\u00f3n de las Iglesias. Defin\u00eda con m\u00e1s claridad que nunca el modo como \u00e9l entend\u00eda que un cristiano deb\u00eda trabajar en la reconciliaci\u00f3n de sus hermanos separados.<\/p>\n<p>La Uni\u00f3n de la Iglesia no puede lograrse m\u00e1s que por verdaderos ap\u00f3stoles, es decir por hombres de fe que empleen ante todo medios sobrenaturales: la oraci\u00f3n, fuente de las gracias; la caridad, que da la comprensi\u00f3n de las almas, incluso de aquellas de las que estamos separados; la humildad, que nos hace confesar nuestros defectos y nuestras faltas. Somos todos culpables para con la Iglesia, hecho cierto que deber\u00edamos reconocer. Estos son los elementos esenciales de toda acci\u00f3n a favor de la Uni\u00f3n. La pol\u00edtica y los pol\u00edticos nada tienen que ver en este asunto. La ciencia es incapaz, y mezclase en ello como diletante ser\u00eda una especie de sacrilegio. Preciso es pues que los obreros de la Uni\u00f3n est\u00e9n dispuestos a trabajar y a sufrir&#8230;<\/p>\n<p>Pero a\u00f1ad\u00eda que, para llevar a cabo esta ardua tarea, se pod\u00eda\u00a0 disponer de un poder particularmente eficaz en la amistad.<\/p>\n<p>A aquellos de hoy, como a los de ma\u00f1ana, s\u00e9ame permitido decir que existe un medio de centuplicar sus fuerzas, un medio muy profundamente humano, pero que no excluye el divino, que la gracia ennoblece como todo cuanto roca en nuestra naturaleza. Quiero hablar de la amistad. Un amigo, un verdadero amigo, es un don de Dios, aunque no se mire m\u00e1s que la dulzura de estar unidos en las alegr\u00edas como en las penas. Pero si encontramos un alma que corresponde a nuestras aspiraciones m\u00e1s elevadas, que considera como el ideal de su vida trabajar por la Iglesia, es decir por Jesucristo, Nuestro Maestro, la uni\u00f3n se hace en lo que tenemos\u00a0 m\u00e1s profundo. Y si tenemos que estos dos cristianos est\u00e1n separados, que pertenecen a Iglesias diferentes, pero que quieren con todas sus fuerzas hacer caer las barreras, y para eso se entienden\u00a0 en la acci\u00f3n&#8230; qu\u00e9 poder no tendr\u00e1n?<\/p>\n<p>Y para convencer a su auditorio de esta verdad, el Sr. Portal presentaba dos ejemplos notables: el de la amistad de Enrique Lorin y de Wladimir Soloviev, quien contribuy\u00f3 a darnos \u00abLa Rusia universal\u00bb. Y el de su propia intimidad con lord Halifax.<\/p>\n<p>Esta conferencia puede considerarse como el testamento espiritual del Sr. Portal. Al declinar de su vida, arroja una mirada de conjunto sobre su orea de apostolado y, desde Madera a Malinas pasando por Roma, se da cuenta de que su obra es una, que una sola fuerza la ha animado: el amor de Nuestro Se\u00f1or en su Iglesia. En todo lugar y siempre no ha empleado m\u00e1s que un arma, la simpat\u00eda que le fue revelada por las dulzuras de una inmensa amistad. Y ahora, esta f\u00f3rmula de acci\u00f3n\u00a0 que vivi\u00f3 durante un largo periodo de existencia en el que las tristezas penetrantes\u00a0 ocuparon el mayor lugar, se la conf\u00eda a los futuros ap\u00f3stoles de la Uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Cierto que no se trata, dec\u00eda con frecuencia, no mucho menos de caer\u00a0 en una \u00abcomprensividad\u00bb doctrinal donde se respetar\u00edan las ilusiones o los errores bajo pretexto de que hay gente que se alimentan de ello y que despu\u00e9s de todo es \u00absu verdad\u00bb. Ni por un solo instante de su vida pens\u00f3 que \u00abla \u00bb verdad pod\u00eda hallarse fuera de la ense\u00f1anza de la Iglesia cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana. Pero hab\u00eda comprendido admirablemente las palabras del ap\u00f3stol: hacerse griego con los Griegos, y jud\u00edo con los Jud\u00edos, lo que viene a decir: penetrar con toda clarividencia que da el afecto en el alma de los que est\u00e1n separados de nosotros, y entonces buscar y descubrir con gozo todas la creencias y todas las generosidades que est\u00e1n en el sentido de la vida cat\u00f3lica. Luego, con piedad profunda y esp\u00edritu lleno de oraci\u00f3n, inclinarse sobre estos g\u00e9rmenes para orientar su crecimiento hacia la luz total.<\/p>\n<p>Considerando su obra como operario concienzudo, \u00e9l la juzgaba buena y conducente a acelerar el advenimiento del Reino. Asimismo con toda seguridad compromet\u00eda a los j\u00f3venes en el camino por donde \u00e9l hab\u00eda caminado. La conclusi\u00f3n de su discurso lo dec\u00eda.<\/p>\n<p>Tened confianza, j\u00f3venes; abord\u00e1is la vida en una \u00e9poca que ver\u00e1 grandes cosas, en el mundo religioso sobre todo. En particular ver\u00e9is sin duda la uni\u00f3n de la Iglesia de Inglaterra y de Roma. Permitidme pediros un recuerdo ese d\u00eda por los dos amigos que trabajaron y sufrieron algo para que vosotros pudierais cosechar.<\/p>\n<h3>Muerte del cardenal Mercier<\/h3>\n<p>Las postrimer\u00edas del a\u00f1o 1925 se vieron ensombrecidas por la enfermedad del cardenal Mercier, cuya vida se apagar\u00eda el 23 de enero de 1926.<\/p>\n<p>Los miembros de las conversaciones siguieron con dolor el progreso del mal; y cuando se supo que la agon\u00eda se acercaba lord Halifax y el Sr. Portal se dirigieron para una \u00faltima visita y peregrinaci\u00f3n al lado del gran cardenal.<\/p>\n<p>Pero estas \u00faltimas escenas han sido descritas tan bien por Carlos Mercier que no podemos por menos de reproducir el proceso verbal emocionante que ha redactado de ellas este sobrino del moribundo. \u00abDe todas las visitas que recibi\u00f3 el santo arzobispo, las de lord Halifax\u00a0 y de su amigo \u00edntimo, el abate portal (estos dos servidores de la gran causa de la Uni\u00f3n de las iglesias, fueron ciertamente las m\u00e1s agradables a su coraz\u00f3n de ap\u00f3stol. Movido por un sentimiento de santo ardor,\u00a0 el abate Portal se apresur\u00f3 a dirigirse a la cl\u00ednica, figur\u00e1ndose que su venerable amigo har\u00eda lo mismo. Se le adelant\u00f3 un d\u00eda, y tuvo con el cardenal una primera entrevista (19 de enero).<\/p>\n<p>El encuentro gir\u00f3 en torno al porvenir de las conversaciones de Malinas. El ilustre prelado hizo p\u00fablicas las \u00faltimas disposiciones en previsi\u00f3n de su muerte; dio algunas directrices y preciosos consejos. \u00abAl d\u00eda siguiente Su Eminencia hac\u00eda saber: &#8216;que se sentir\u00eda muy feliz si lord Halifax y su amigo quer\u00edan hacerle la gracia de asistir a la santa misa que se celebrar\u00eda en su aposento el jueves 21 a las 7.<\/p>\n<p>\u00abLord Halifax, profundamente emocionado acept\u00f3 con gratitud. A la hora fijada el noble anciano y su fiel amigo se encaminaron hacia la cl\u00ednica de la calle des Cendres. Lord Halifax pasa el primero a la habitaci\u00f3n, se santigua y besa la mano que le tiende el cardenal.<\/p>\n<p>En esto el can\u00f3nigo Dessain se acerc\u00f3 para celebrar la Misa.<\/p>\n<p>\u00abEra la fiesta de santa In\u00e9s. Al Agnus Dei, el venerado enfermo se revisti\u00f3 de la estola, s\u00edmbolo de las virtudes pastorales, para recibir la sagrada comuni\u00f3n, la \u00faltima antes de su muerte. Y mientras que a ejemplo de su divino Maestro, este buen pastor ofrec\u00eda su vida\u00a0 pro todas las ovejas, un ilustre representante de la Iglesia anglicana, hundido en la oraci\u00f3n, se un\u00eda enteramente a esta comuni\u00f3n de los fieles en Jesucristo.<\/p>\n<p>\u00abTerminada la misa, despu\u00e9s de la recitaci\u00f3n en com\u00fan de las letan\u00edas de la sant\u00edsima Virgen, los piadosos visitantes quisieron dejar al enfermo en su acci\u00f3n de gracias. Este se dio cuenta, y enderez\u00e1ndose, abri\u00f3 los brazos a lord Halifax. Los dos ap\u00f3stoles de la Uni\u00f3n se estrecharon en silencio.<\/p>\n<p>\u00abLas supremas conversaciones de Malinas se tuvieron este 21 de enero. Los m\u00e9dicos insist\u00edan para que suspendieran las audiencias; todo esfuerzo prolongado pod\u00eda ser de consecuencias fatales. &#8216;Qu\u00e9 importa? Respondi\u00f3 el cardenal; es preciso\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSe celebr\u00f3 un primer encuentro hacia las 10. Se recordaron los resultados obtenidos en el curso de las reuniones precedentes, y sin m\u00e1s se pas\u00f3 a pronosticar su futuro.<\/p>\n<p>\u00abSu Eminencia habl\u00f3 durante 20 minutos, con voz alta y clara, visiblemente preocupado en comunicar todo su pensamiento a su noble interlocutor.<\/p>\n<p>\u00abLord Halifax y el Sr. Portal se retiraron luego para dejar descansar al venerable enfermo. Este tiempo se aprovech\u00f3 para redactar ciertas proposiciones, sobre las que hubo pleno acuerdo en el segundo encuentro. El cardenal admiraba a todos por la claridad y la vivacidad de su inteligencia. La serenidad de su alma daba la impresi\u00f3n de lo divino.<\/p>\n<p>\u00abAl terminar esta conversaci\u00f3n quiso manifestar al magn\u00e1nimo arzobispo de Canterbury toda su gratitud por los nobles sentimientos en su nombre por su amigo com\u00fan. &#8216;Ut unum sint!&#8217; es el deseo supremo de Cristo, es el deseo del Soberano Pont\u00edfice, es el m\u00edo, es tambi\u00e9n el vuestro. Ojal\u00e1 se pueda realizar en su plenitud!<\/p>\n<p>\u00abLa carta de la que se ha tomado este pasaje fue dictada por Su Eminencia a su secretario dos d\u00edas antes de su muerte. Por la tarde, quiso todav\u00eda modificar una frase, la cit\u00f3 de memoria, cambi\u00e1ndole dos palabras para precisar m\u00e1s su pensamiento.<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s se produjo el \u00faltimo adi\u00f3s. El cardenal invita al santo anciano a sentarse junto a su cabecera; le toma las dos manos y las retiene en las suyas. Hacia el final de este coloquio \u00edntimo, ya se ha quitado\u00a0 de su dedo el anillo pastoral, y ense\u00f1\u00e1ndolo a su amigo: &#8216;veis este anillo? Lleva grabados a san D\u00e9sir\u00e9 y a san Jos\u00e9, mis patrones, y a san Rombaut, patr\u00f3n de nuestra metr\u00f3poli. Me lo dio mi familia cuando fui nombrado obispo. Lo he llevado siempre, aunque tuviera otros. Bueno! Si llego a desaparecer, os ruego que lo recib\u00e1is,&#8217; Y como el venerable lord iniciaba un gesto, temblando de emoci\u00f3n: \u00abS\u00ed, s\u00ed, s\u00ed, dijo el abate Portal, ap\u00f3stol de la Uni\u00f3n, para vos y para Eduardo!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl ilustre prelado bendijo por \u00faltima vez a lord Halifax y a su familia; bendijo al abate Portal y a sus amigos de Par\u00eds. Despu\u00e9s, asociando en un mismo sentimiento al sirviente y al due\u00f1o: &#8216;Y James? (el fiel ayuda de c\u00e1mara de lord Halifax), d\u00f3nde est\u00e1 James?&#8217; Y mandaron subir a james para recibir una \u00faltima bendici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La continuaci\u00f3n del relato la tomaremos de una carta que el Sr. Portal mismo redact\u00f3 para La Croix.<\/p>\n<p>A la 1 y 20, lord Halifax, infatigables, emprende el camino de vuelta a Inglaterra,\u00a0 y yo volv\u00eda a Par\u00eds al finalizar el d\u00eda. Cuarenta y ocho horas m\u00e1s tarde, antes de lo que pens\u00e1bamos, el cardenal entregaba su hermosa alma a Dios. A sugerencia de su confesor, el Padre van den Steen, hab\u00eda ofrecido su vida por las causas que le eran m\u00e1s queridas, en particular por la uni\u00f3n de las Iglesias, de toda las Iglesias.<\/p>\n<p>Nos volv\u00edamos a encontrar con lord Halifax el 27. Estaba acompa\u00f1ado del doctor Kidd, presidente de Kebbe College, miembro de las conversaciones de Malinas. Los dos representaban al arzobispo ce Canterbury en las exequias del cardenal. El abate Hemmer y yo represent\u00e1bamos a la parte francesa. Mons. Batiffol no hab\u00eda podido venir.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 suficiente a\u00f1adir que por la tarde del d\u00eda en que se celebraron las exequias en Malinas, el 29, fiesta de san Francisco de sales, la Se\u00f1ora Mercier, cu\u00f1ada del difunto, con todo su familia, fue a casa del can\u00f3nigo Dessain, para hacer entrega a lord Halifax del anillo pastoral que le hab\u00eda legado el cardenal Mercier.<\/p>\n<p>Lord Halifax conserv\u00f3 este anillo como una reliquia. Hizo ejecutar una copia exacta que con exquisito pensamiento ofreci\u00f3 al sucesor del cardenal en la sede de Malinas, Mons. Van Roey.<\/p>\n<p>Una vez muerto el cardenal, los miembros de las conversaciones, pensaron que, si su acci\u00f3n deb\u00eda proseguirse con perseverancia, no era menos necesario poner punto final a esta obra particular, que deb\u00eda una parte de su car\u00e1cter a la personalidad del cardenal Mercier. Se trataba ante todo de publicar un informe de las conversaciones, de las que s\u00f3lo se ten\u00eda hasta entonces\u00a0 informaciones fragmentarias. Trabajo que ya hab\u00eda sido previsto, por lo dem\u00e1s, por el propio cardenal en una carta magn\u00edfica dirigida al arzobispo de Canterbury con fecha del 25 de octubre de 1925,. Escrib\u00eda: \u00abCreo, Monse\u00f1or, que nuestras reuniones no s\u00f3lo han acercado los corazones (lo que es de por s\u00ed un resultado muy apreciable), sino que han armonizado los pensamientos sobre puntos notables, y realizado un progreso in agreement.<\/p>\n<p>\u00abLa declaraci\u00f3n de los acuerdos podr\u00eda ser publicado bajo una forma expl\u00edcita, desarrollada, o bien una forma reducida. Ser\u00eda un modo afortunado de mantener el inter\u00e9s religioso de nuestros fieles respectivos.<\/p>\n<p>\u00abUnas conclusiones negativas, fueran las que fueran, no podr\u00edan otro efecto que suscitar pol\u00e9micas de prensa, despertar animosidades seculares, ahondar divisiones, con detrimento de la causa a la que estamos resueltos a dedicarnos.<\/p>\n<p>\u00abFieles a nuestro punto de partida, queremos sacar progresivamente a la luz lo que contribuya a favorecer la Uni\u00f3n: lo que es un obst\u00e1culo\u00a0 debe ser escuchado o diferido\u00bb.<\/p>\n<p>El cardenal defin\u00eda as\u00ed el esp\u00edritu de las conversaciones:<\/p>\n<p>\u00abNuestro pensamiento, en un principio, no fue en efecto examinar en un espacio de tiempo determinado algunas cuestiones de teolog\u00eda, de ex\u00e9gesis o de historia, con la esperanza de a\u00f1adir un cap\u00edtulo de apolog\u00e9tica o de controversia a los trabajos cient\u00edficos, religiosos de nuestros\u00a0 predecesores. No. Nos hemos encontrado frente a frente, hombres de buena voluntad, creyentes sinceros, a quienes atemorizaban el desconcierto de las ideas, la divisi\u00f3n de los esp\u00edritus de la sociedad actual, entristecidos por los progresos de la indiferencia religiosa y de la concepci\u00f3n materialista de la vida que es su consecuencia. Ten\u00edamos en el pensamiento nuestro af\u00e1n supremo de Uni\u00f3n, de Unidad, de nuestro divino Salvador ut unum sint! Ah! si tal s\u00f3lo pudiesen ser uno!\u00a0 \u2013Y nos pusimos a trabajar sin saber cu\u00e1ndo no c\u00f3mo se podr\u00eda realizar la uni\u00f3n deseada por Cristo, sino persuadidos de que era realizable ya que Cristo la quer\u00eda y que, por eso, tem\u00edamos que contribuir todos a su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abLa Uni\u00f3n no es, no ser\u00e1 quiz\u00e1s nuestra obra; pero est\u00e1 es nuestras manos, y por consiguiente en nuestro deber, prepararla, favorecerla&#8230; Formamos una asociaci\u00f3n de estudios, cierto; es m\u00e1s, una asociaci\u00f3n de almas en una com\u00fan plegaria. El simple hecho notorio de la existencia y de la renovaci\u00f3n peri\u00f3dica de nuestras reuniones es, para el gran p\u00fablico, una exhortaci\u00f3n constante a la reflexi\u00f3n religiosa, y a la oraci\u00f3n colectiva por la Unidad\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Portal se entreg\u00f3 sin remilgos a esta tarea de la puesta a punto, y su correspondencia con lord Halifax puso un ritmo m\u00e1s r\u00e1pido. En vano se sent\u00eda sacudido por las crisis de su enfermedad que deb\u00eda llev\u00e1rselo el mes de junio. Se puede decir que trabaj\u00f3, en uni\u00f3n con su amigo hasta la madrugada misma de su muerte. Cuando se apag\u00f3, el 127 de junio, se encontraron en su mesilla las pruebas de un art\u00edculo sobre lord Halifax, obra de uno de sus m\u00e1s j\u00f3venes disc\u00edpulos; y esto fue sin duda lo \u00faltimo que ley\u00f3 y en lo que trabaj\u00f3.<\/p>\n<p>Una de sus grandes y \u00faltimas satisfacciones fue seguir los primeros pasos del monasterio benedictino de Amay-sur-Meuse, en B\u00e9lgica, especialmente consagrado al trabajo por la Uni\u00f3n. As\u00ed como inmenso fue el consuelo de sus \u00faltimos d\u00edas al recordar todas las bondades que el arzobispo de Malinas hab\u00eda tenido con \u00e9l.<\/p>\n<p>He sufrido, dec\u00eda a un amigo&#8230;, pero eso pertenece todo al pasado&#8230; Lo que me queda es la amistad del cardenal. Con ello me siento pagado y me basta con mucho.<\/p>\n<p>Y sent\u00eda que la muerte del cardenal no hab\u00eda roto los lazos que los un\u00edan, y lo sent\u00eda de verdad al seguir orando y trabajando por la obra. Y serv\u00eda en efecto como recompensa y desagravio por el viejo operario de la Uni\u00f3n, quien hab\u00eda tenido fe en la acci\u00f3n sobrenatural y en la fuerza de la amistad, el haber sido admitido en sus \u00faltimos a\u00f1os en la intimidad santa del cardenal Mercier. Y hay que creer que los dos amigos, reunidos ya para no separarse, contin\u00faan intercediendo por los que en su modestia tratan de impregnarse de su esp\u00edritu y de continuar su obra.<\/p>\n<h3>Quinta conversaci\u00f3n: redacci\u00f3n de los informes<\/h3>\n<p>Al separarse en Malinas en mayo de 1925, se pensaba en una pr\u00f3xima etapa de las conversaciones para llegar a un informe en el que el cardenal no quer\u00eda ver m\u00e1s que el acercamiento de los corazones con exposici\u00f3n de un acuerdo de ideas, que dejaba grandes esperanzas para el futuro.<\/p>\n<p>El arzobispo de Canterbury le escribi\u00f3 el 30 de agosto de 1925 para\u00a0 expresar sus dudas sobre las perspectivas de futuras. El cardenal le respondi\u00f3 el 25 de octubre siguiente para recordar sus inquietudes y fatigas y precisar la naturaleza de la publicaci\u00f3n que deseaba. Todos estos proyectos se quedaron en nada a la muerte del cardenal. La muerte del Sr. Portal, cuatro meses m\u00e1s tarde, fue una prueba m\u00e1s para la obra que se prosegu\u00eda en Malinas.<\/p>\n<p>A decir verdad, de las personas que tomaron parte en las conversaciones, de 1923 a 1925, no hab\u00eda m\u00e1s que el Sr. Portal y lord Halifax que creyeran en la posibilidad de una reuni\u00f3n, en el sentido de una reconciliaci\u00f3n, de la Iglesia anglicana y de la Iglesia romana. Se puede pensar que el docto Kidd compart\u00eda este sentimiento. El cardenal manten\u00eda la esperanza, Pero todos buscaban en dichas conversaciones la ocasi\u00f3n de confrontar sus tesis,\u00a0 y los medios de ajustarlas, De esta manera se realiz\u00f3, en 1923 y 1925, un trabajo de discusi\u00f3n cuyo resultado no siempre se constat\u00f3 en el acto. Pero los cat\u00f3licos romanos recibieron la sorpresa de constatar que era m\u00e1s decisivo de lo que podr\u00edan esperar, cuando tuvieron ante los ojos el texto de la recapitulaci\u00f3n redactado por los anglicanos a la vista d la reuni\u00f3n.<\/p>\n<p>El 11 de octubre de 1926, Mons. Van Roey, ahora arzobispo de Malinas, se reuni\u00f3 con Mons. Batiffol y el abate Hemmer, con lord Halifax y con los Reverendos Fr\u00e8re y Kidd en Malinas. Trabajaron all\u00ed durante dos d\u00edas en la redacci\u00f3n de dos informes sumarios, uno por parte anglicana, el oreo por parte cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>La recapitulaci\u00f3n anglicana tuvo por autor principal al doctor Armitage Robinson, decano de la catedral de Wells, antes decano de la abad\u00eda de Westminster y uno de los m\u00e1s eminentes \u00abscholars\u00bb del anglicanismo. Era el m\u00e1s capaz de ser escuchado de la Iglesia anglicana y de causar sobre ella una impresi\u00f3n nueva\u00a0\u00a0 y profunda. El informe del Sr. Armitage Robinson, en el que los dem\u00e1s miembros anglicanos ejercitaron su derecho de cr\u00edtica, no atribuye sin duda todo su valor a las vistas opuestas de los cat\u00f3licos, sino que da las conclusiones de los anglicanos, al menos a t\u00edtulo de concesiones de espera, una f\u00f3rmula autorizada\u00a0 y a menudo muy notable. Sobre la autoridad de la sede apost\u00f3lica en especial, se adivina un esfuerzo, cu\u00e1n meritorio, para dar con \u00e9l una expresi\u00f3n que, dejando de lado los t\u00e9rminos m\u00e1s chocantes para los Ingleses, otorgue sin embargo a los cat\u00f3licos doctrinas que piensan no sacrificar. Las f\u00f3rmulas del doctor Armitage Robinson han sobrepasado sensiblemente en Malinas el punto en que se hab\u00eda parado el movimiento de Oxford.<\/p>\n<p>No se debe olvidar por otra parte que el anglicanismo no es una ortodoxia, que ning\u00fan anglicano como individuo, aunque sea obispo, est\u00e1 en condiciones de responder de la fe de los dem\u00e1s anglicanos. Cuando se afirma que la Iglesia anglicana ense\u00f1a, ello quiere decir que el anglicano estima que su fe no es incompatible con la posici\u00f3n de su Iglesia. Por eso en el curso de las conversaciones, los cat\u00f3licos, los cat\u00f3licos aceptaron, sin observaciones, como doctrinas del anglicanismo, lo que no era m\u00e1s que la expresi\u00f3n de opiniones individuales, con frecuencia diferentes unas de otras.<\/p>\n<p>El informe franc\u00e9s fue redactado en Malinas por el can\u00f3nigo Hemmer, a quien se encarg\u00f3 exponer el pensamiento de los cat\u00f3licos presentes en Malinas y de hacer resaltar m\u00e1s las concesiones de los anglicanos. La comparaci\u00f3n de los dos informes esclarece suficientemente la opini\u00f3n; y en la Inglaterra cat\u00f3lica en particular tranquiliza oportunamente a los esp\u00edritus sobre la obra del cardenal Mercier, de grande y santa memoria.<\/p>\n<p>Del informe cat\u00f3lico, no reproducimos m\u00e1s que la parte que se refiere al Papa y sus poderes. \u00abEn el curso de las conversaciones muy abiertas sobre el tema, anglicanos y cat\u00f3licos expresaron ciertas ideas comunes, que copiamos, ya de las proposiciones formuladas por unos y otros, ya de las explicaciones recibidas en materia de glosa, y cuyo resume\u00a0 &#8216;no fuerza en nada el sentido.<\/p>\n<p>\u00abSan Pedro ha sido aceptado como jefe o leader, porque as\u00ed fue aceptado por Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u00abLa sede de Roma es la \u00fanica sede apost\u00f3lica que conoce el Occidente.<\/p>\n<p>\u00abNing\u00fan patriarcado ha sido constituido al lado del de Roma, y el Papa, seg\u00fan las palabras de san Agust\u00edn sobre Inocencio I, preside la Iglesia de Occidente. La Iglesia de Inglaterra debe su cristianismo a la sede romana, la que por la voluntad de san Gregorio le envi\u00f3 el bautismo.<\/p>\n<p>\u00abAdem\u00e1s, el Papa posee un primado entre todos los obispos de la cristiandad, de tal forma que, sin comuni\u00f3n con \u00e9l, no existe esperanza alguna de ver nunca a la cristiandad reunida. Ocupa con respecto a los obispo una posici\u00f3n tal que ning\u00fan obispo puede reivindicar una parecida.<\/p>\n<p>\u00abDesde el principio de la historia de la Iglesia, le ha sido reconocido al obispo de Roma, entre todos los obispos, un primado y un poder de direcci\u00f3n general (leadership).<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed el primado del Papa no es solamente un primado de honor; lleva consigo un deber de solicitud y de acci\u00f3n en la Iglesia universal\u00a0\u00a0 y con vistas al bien general, de\u00a0 tal manera que el Papa sea electivamente un centro de unidad, una cabeza que imprima una direcci\u00f3n de conjunto. De hecho, gracias a la acci\u00f3n del Papado. Los obispos de la edad Media pudieron defenderse contra los atropellos del poder civil. Ha sido una garant\u00eda para la independencia espiritual de la iglesia.<\/p>\n<p>\u00abSobre el modo c\u00f3mo us\u00f3 el Papa de estos poderes en el pasado. Los anglicanos expresan algunas reservas, pero reconocen que se han de revisar entre el os muchos juicios sobre la Iglesia. Convienen de manera particular en que \u00e9sta se reform\u00f3 ella misma en el concilio de Trento.<\/p>\n<p>\u00abSi se trata de ir m\u00e1s lejos y, por ejemplo, de caracterizar con rasgos particulares el deber del Papa de actuar para el bien general de la Iglesia universal, a la hora de detallar los derechos que corresponden se manifiesta entre nuestros amigos anglicanos cierta repugnancia a dar precisiones.<\/p>\n<p>\u00abPuede ser de utilidad sin embargo reproducir aqu\u00ed algunas de sus\u00a0 expresiones. Son del m\u00e1s alto inter\u00e9s, pues se\u00f1alan una misma tendencia de pensamiento, una direcci\u00f3n parecida en investigaci\u00f3n, tanto que permiten presagiar un acuerdo mucho m\u00e1s amplio en el porvenir. Los matices de expresi\u00f3n tienen aqu\u00ed su importancia a causa del fondo que envuelven y encubren: responsabilidad espiritual (spiritual responsibility); poder espiritual de direcci\u00f3n (spiritual leadership); supervisi\u00f3n general (general superintendence); solicitud por el bien de la Iglesia universal (care for the well being of the Church as a whole). Parece que a trav\u00e9s de todas estas expresiones, el esp\u00edritu saca un concepto muy positivo de un poder rico en contenido, paro cuya extensi\u00f3n se siente alguna dificultad en circunscribir.\u00bb<\/p>\n<p>Pasados recuerdos han dejado alguna amargura en los corazones. M\u00e1s que volver a los caminos del pasado, el esp\u00edritu trata de averiguar las formas que la acci\u00f3n del Papado podr\u00eda tomar en el futuro. Pero lo que se trasluce en estas expresiones es el sentimiento de una alta misi\u00f3n que es la del Papa, y que al primado de honor se a\u00f1ade para \u00e9l el primado de responsabilidad (primacy of responsibility).<\/p>\n<p>Dejando por ahora la tarea de ajustar estas expresiones al vocabulario teol\u00f3gico de la doctrina cat\u00f3lica, no se va a poder esperar que ahondando en estos pensamientos y extrayendo su contenido, se llegar\u00e1 a un acercamiento sensible en muchos puntos de la doctrina sobre el Papado cat\u00f3lico?<\/p>\n<p>Es in\u00fatil insistir sobre la importancia que presentan tales conclusiones en un intercambio de ideas entre cristianos aparentemente tan lejos\u00a0 unos de otros. La alocuci\u00f3n que pronunci\u00f3 lord Halifax en Albert Hall el 9 de julio de 1925 en el congreso anglo-cat\u00f3lico era m\u00e1s significativa, si bien no le compromet\u00eda m\u00e1s que a \u00e9l solo. Ante este grupo selecto de la Iglesia de Inglaterra que constituyen los delegados del movimiento de Oxford. Movimiento anglo-cat\u00f3lico, lord Halifax repiti\u00f3 su fe en la obra que fue la de su vida, y proclamaba el primado pontificio divina Providentia.\u00a0 \u2013\u00bbEn lo que se refiere a nuestras relaciones con roma, es necesario que recordemos que la autoridad del Papa, seg\u00fan la ense\u00f1anza romana, no es un poder separado del episcopado. Pero cuando el Papa act\u00faa en uni\u00f3n completa con el episcopado, debe ser considerado como el centro y el s\u00edmbolo de la unidad, como investido, en virtud de sus funciones, de la autoridad apost\u00f3lica sobre la Iglesia universal. Bueno es, por lo tanto, que nos acordemos&#8230; de que nuestra reuni\u00f3n con roma es quim\u00e9rica si no estamos prontos a conceder un primado dado por la Providencia divina misma a la Santa Sede, si no admitimos la reivindicaci\u00f3n del Papa a ocupar una posici\u00f3n frente al episcopado entero, tal y como ning\u00fan otro obispo podr\u00eda pretender. Es una cuesti\u00f3n que debemos examinar con toda claridad y con todas consecuencias\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Portal parece un poco olvidado en el informe de las conversaciones, Sin embargo y de todas las maneras, \u00e9l es el alma de ellas. Es \u00e9l quien, de concierto con lord Halifax, tuvo la idea de recurrir al cardenal Mercier, y de someterle la dif\u00edcil cuesti\u00f3n de la Uni\u00f3n de las Iglesias. Por grande que fuera su confianza en el futuro de su obra, no tem\u00eda una convicci\u00f3n entera en la posibilidad de unir hic et nunc cuerpos eclesi\u00e1sticos que hab\u00edan evolucionado en el curso de varios siglos en condiciones diferentes. Su meta principal era habituar a hombres de Iglesia a exponer sus pensamientos \u00edntimos con toda sencillez, franqueza y apertura de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>De este contacto esperaba una concepci\u00f3n m\u00e1s clara de las ideas directrices en las que se inspiraba, de manera m\u00e1s\u00a0 o menos consciente, la conducta de los sus interlocutores.<\/p>\n<p>Habla poco en las reuniones de Malinas, y no es autor de ning\u00fan informe escrito, pero insiste sobre las deposiciones ben\u00e9volas de los anglicanos, en particular sobre la humildad de sus obispos en las propuestas que hacen de aceptar un suplemento de ordenaci\u00f3n. Deja toda iniciativa al cardenal en la direcci\u00f3n de las conferencias, pero le comunica sin artificio, casi ingenuamente, sus ideas, opuestas a todo esp\u00edritu de controversia. As\u00ed fue como el cardenal quien no hab\u00eda previsto, sin duda, m\u00e1s que unas conversaciones individuales, llega a preconizar unas conversaciones colectivas. Ve en los anglicanos llegados a Malinas una sinceridad de convicci\u00f3n lo que no impide la variedad radical de los temperamentos y de los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n a toda controversia hace que el Sr. Portal torne la palabra despu\u00e9s de la tercera conferencia.<\/p>\n<p>Escribe al cardenal el 8 de julio de 1923, para convencerle que no se retire de las Conferencias cuyo resultado no inspira confianza al arzobispo de Canterbury:<\/p>\n<p>Creo que es imposible que Vuestra Eminencia se retire de las conferencias futuras; no tendr\u00edan gran inter\u00e9s, no siquiera para nosotros.<\/p>\n<p>Nos pod\u00edamos entender desde ahora para que la controversia, en caso de producirse, tenga lugar por art\u00edculos o apartados. Y si debieran celebrarse estas conferencias, podr\u00edan tener lugar en Malinas. En este caso Vuestra Eminencia se contentar\u00eda con hacer la apertura y clausurarlas. Tendr\u00edais as\u00ed la ventaja de no veros mezclado en la controversia misma, y nuestras futuras conferencias aparecer\u00edan como la continuaci\u00f3n de las precedentes.<\/p>\n<p>Hay una diferencia fundamental entre el Sr. Portal, quien s\u00f3lo pretende aclarar a los interlocutores sobre sus pociones rec\u00edprocas, y los cat\u00f3licos de Inglaterra\u00a0 y del continente, quienes piensan sobre todo en conversaciones inmediatas.<\/p>\n<p>La mayor parte de los periodistas cat\u00f3licos se inspiran para sus art\u00edculos en esta idea: que no hay para Malinas m\u00e1s que un \u00e9xito posible, que consiste en la reuni\u00f3n inmediata de las iglesias. El Sr. Portal, por el contrario, se contenta con un enunciado de las diferentes opiniones teol\u00f3gicas, dejando al porvenir el cuidado de conciliar las antinomias y operar la reuni\u00f3n de las Iglesias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XI: Las conversaciones de Malinas Preliminares y primera Conversaci\u00f3n El Sr. Portal no hab\u00eda dejado de pensar nunca en la uni\u00f3n de los anglicanos con la iglesia cat\u00f3lica. 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