{"id":140543,"date":"2015-03-09T01:42:49","date_gmt":"2015-03-09T00:42:49","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=140543"},"modified":"2016-07-27T12:06:27","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:27","slug":"el-hno-letus-delorme-1625-1702","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-hno-letus-delorme-1625-1702\/","title":{"rendered":"El Hno. Letus Delorme (1625-1702)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><strong><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/el-hno-letus-delorme-1625-1702\/biografias-paules-349\/\" rel=\"attachment wp-att-140544\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-140544\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/Biografias-Pa--les.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a><\/strong>Inclinada la cabeza bajo el peso del dolor, qued\u00f3 ilumi\u00adnado por la tenue luz de un sencillo candelero; la t\u00edmida llama extiende sus rayos para acariciar la nieve que han ido dejan\u00addo los inviernos de las preocupaciones en la vida de este hom\u00adbre admirable, y luego baja respetuosa para mirarse en una l\u00e1grima que asomaba entre el brillo de sus ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Junto al anciano hay un joven religioso; debe ser el Hermano secretario; tiene un papel en la mano; la carta viene de lejos; por el semblante de los lectores, trae malas noticias. Silencio en la sala. Tan s\u00f3lo se oye el chisporroteo del cirio en que acaba de quemar sus alas una incauta mariposa, la que se enred\u00f3 en el encendido p\u00e1bilo. Por fin, se atreve el joven secretario a turbar el doloroso silencio de la estancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014\u00bf Contin\u00fao, Padre Vicente?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Oh Salvador, oh Salvador !&#8230; \u00a1 Qu\u00e9 feliz el misionero que sabe morir m\u00e1rtir de su deber !&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Superior de San L\u00e1zaro reuni\u00f3 a la Comunidad para darle la triste nueva que ven\u00eda de tierras lejanas. La noticia corri\u00f3 luego por todas las casas de la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Varsovia se hab\u00eda desatado una espantosa peste que hab\u00eda deshecho a la poblaci\u00f3n. Como nadie se hac\u00eda cargo de la Villa, cundi\u00f3 pronto el desorden y los enfermos mor\u00edan en el m\u00e1s horroroso abandono.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No hab\u00eda quien se atreviera a enterrar a los que entre indecibles dolores abandonaban la vida. Los m\u00e1s felices eran los que ya sin aliento eran devorados por los fam\u00e9licos canes que merodeaban a sus anchas por las calles desiertas. El ambiente que se respira est\u00e1 cargado de miasmas; nadie se atreve a transitar por donde reina el silencio impuesto por la muerte. Los m\u00e1s valientes quiz\u00e1 se han quedado velando los \u00faltimos momentos de alg\u00fan ser querido; pero pronto la repugnancia vence y, como la vida se hace imposible en casa, el pobre enfermo es abandonado aun con vida entre los mon\u00adtones de carne en descomposici\u00f3n, y muere irremisiblemente de la peste o del hambre, ya que no hay quien le lleve de co\u00adrner. Braceros, f\u00e1mulos, viudas y hu\u00e9rfanos, sufren a la par el azote. No hay quien les contrate al trabajo y, por tanto, no hay pan para acallar el hambre. Los ricos y los se\u00f1ores, que han tenido c\u00f3mo, huyeron a tiempo de la ciudad, que\u00add\u00e1ndose \u00e9sta en manos de su propia suerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En estos cr\u00edticos momentos aparece la figura de un celoso sacerdote extranjero que, poniendo en juego su talento organizador, se da cuenta al primer vistazo del estado de las cosas y, en pocas horas, organiza a los que pueden moverse por s\u00ed solos para hacer entrar de nuevo el orden donde parec\u00eda imposible. Es el P. Lambert, misionero Pa\u00fal, que acaba de dejar a las Hijas de la Caridad en la ciudad de Cracovia, igualmente apestada, y recorre a la capital polaca a derramar la dulzura de su amor a las almas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las calles quedan limpias; a los muertos se les da cris\u00adtiana sepultura; en lugares convenientes, se acomodan los enfermos, y todos reciben del animoso misionero los cuidados necesarios para sus cuerpos extenuados y los saludables auxilios para sus almas. Los pobres tienen ya quien les en\u00adjugue las l\u00e1grimas y el pan vuelve a las huesosas manos cris\u00adpadas por el hambre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Vuelve a correr el dinero que, por medio de las amorosas manos del misionero, env\u00eda la caritativa, reina do\u00f1a Mar\u00eda Luisa de Gonzaga. Pero el trabajo abrumador vino a confir\u00admar que la fortaleza del hombre tiene un l\u00edmite, y el P. Lam\u00adbert cay\u00f3 v\u00edctima de su deber a fines de enero de 16.53, des\u00adpu\u00e9s de tres meses de una tremenda labor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Un voluntario<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la casa de Troyes hac\u00eda una semana que esta nueva era el tema obligado de las conversaciones. Los \u00e1nimos esta\u00adban caldeados por lo tremendo del hecho y por las palabras que el Santo fundador dirigiera a este prop\u00f3sito a sus misio\u00adneros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la cocina se han quedado, despu\u00e9s de la cena, varios Hermanos que comentan lo de Varsovia; entre ellos sobre\u00adsale por su entusiasmo un joven como de unos 27 a\u00f1os; a pesar de llevar diez en el arrabal de San Miguel, se delata por su deje provinciano que tiene un resabio del eco que tomara en los montes pastoriles en cuyas faldas juguetea el Zona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014&#8230; \u00bfA qu\u00e9 me lleva a m\u00ed el P. Ozenne?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Calle, calle, Hermano Delorme \u2014ataj\u00f3 un viejo lego\u2014, apacig\u00fce usted sus \u00ednfulas misioneras y acabe lo que tiene entre manos. No piense en desvestir a un santo&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para vestir a diez mil, si \u2014reclam\u00f3 con viveza el inter\u00adpelado\u2014. Creo que m\u00e1s me necesitar\u00e1 aquella pobre gente que no tiene quien se cuide de ella, que todo lo que, poco o mucho, pueda hacer por aqu\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014 \u00bfPero cree usted que los Superiores no han previsto ya el caso? \u2014rearguy\u00f3 el m\u00e1s antiguo\u2014. A \u00faltima hora me en\u00adv\u00edan a m\u00ed&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014Ja, ja&#8230; Eso no m\u00e1s faltaba. Con esos a\u00f1os no s\u00e9 qu\u00e9 har\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Termin\u00f3 la frase tap\u00e1ndose la boca en un gesto de arre\u00adpentimiento por la osad\u00eda; luego termin\u00e9, humilde, con un \u00abdisp\u00e9nsenle usted, no he querido faltarle aI respeto\u00bb. \u2014Siga, Hermano&#8230; no ha sido nada&#8230; \u2014contest\u00f3, bona\u00adch\u00f3n, el vejete, y continu\u00f3 luego con acento triste\u2014: Dice verdad. Ya los a\u00f1os me pesan y no sirvo sino para&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014Para ir ma\u00f1ana temprano a San L\u00e1zaro \u2014acab\u00f3 son\u00adriendo la frase el mism\u00edsimo Superior, que entraba en esos mo\u00admentos en la cocina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014Padre Ozenne,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014S\u00ed, usted mismo ir\u00e1 a la Casa Madre a pedir que le ul\u00adtimen lo del viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luego, volviendo la vista hacia Delorme, que Ie miraba corno buscando inquieto alg\u00fan indicio, le dice cari\u00f1oso:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">&#8211;Nada, Hermanito. Hasta he hablado con el Padre Vicente y a \u00e9l le ha parecido lo que aqu\u00ed ha opinado el Consejo, Hay que terminar las obras; esta casa est\u00e1 llamada a prestar grandes servicios a la di\u00f3cesis de sus fundadores. Y luego a\u00f1adi\u00f3 prometedor: \u2014Ya insistir\u00e9 para que le env\u00eden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se qued\u00f3 un rato con la mirada fija en la llama que alum\u00adbraba la estancia. En realidad, pensaba en lo bien que le vendr\u00eda la ayuda del virtuoso y trabajador joven, cuyo celo hab\u00eda experimentado a lo largo de diez a\u00f1os, desde que lo vid entrar con los fervores del noviciado y que hab\u00eda justipreciado a\u00fan m\u00e1s en sus tres a\u00f1os de superiorato. De robusta consti\u00adtuci\u00f3n, el P. Ozenne no aparentaba los cuarenta a\u00f1os que ya hab\u00edan pasado por \u00e9l. Le ayudaba a conservar su vigor la dulzura de su car\u00e1cter que, unida a una sencillez admirable, le hac\u00eda pronto due\u00f1o de los corazones con quienes trataba:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Nunca impaciente, aun en las m\u00e1s fuertes pruebas en que le vieron, regalaba alegr\u00eda por doquier. Era el hombre en que San Vicente hab\u00eda puesto los ojos para encomendarle la dif\u00edcil misi\u00f3n de Varsovia. Y ah\u00ed estaba \u00e9l, como siempre, con el alma en manos de sus Superiores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Preciosa prenda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ya en la capital polaca, el antiguo Superior de la Casa de Troyes pronto se granje\u00e9 las simpat\u00edas del pueblo y de la Corte. La misma Reina se preocupaba para que a los misione\u00adros no les faltara cuanto pudieran necesitar para ejercitar su celo. Les cede el barrio de Santa Cruz, ordena que se les agrande el jard\u00edn que rodea la iglesia y abre sus arcas para dotar generosamente a los nuevos ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ante la perspectiva de los trabajos, el P. Ozenne piensa en su antiguo coadjutor del barrio de San Miguel. Con repetidas instancias lo pide al Superior General y, a pesar de los cui\u00addados que pon\u00eda el Santo fundador en enviarle buenos coad\u00adjutores, el de Varsovia no quedaba satisfecho. Esto es lo que se colige por una carta que San Vicente escribe al P. Ozenne el 23 de enero de 1655: \u00abMe place sobremanera el que usted pida al H.<sup>0<\/sup> Delorme. Tratar\u00e9 de envi\u00e1roslo con el otro hermano que me solicita y que tiene las condiciones necesarias\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo, los de Troyes no quer\u00edan soltar su preciosa prenda. La Casa necesitaba en esos momentos un hombre de cualidades que se hac\u00eda imprescindible en los trabajos del establecimiento y de las misiones. As\u00ed, pues, San Vicente no pudo dar este consuelo al P. Ozenne. Este pidi\u00f3, rog\u00f3, insis\u00adti\u00f3. Pese a la buena voluntad del Padre Superior, los Her\u00admanos que sucesivamente le llegaban, no le satisfac\u00edan del todo. El Hermano que parti\u00f3 con el P. Lambert desagrad\u00f3 al limosnero de la reina, se\u00f1or Fleury y al P. Ozenne no hizo sino mortificarlo en su humildad. No tard\u00f3 San Vicente en aliviarle con un buen coadjutor que envi\u00f3 acompa\u00f1ando a tres Hermanos Estudiantes en julio de 1654.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Casa de Santa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cruz comienza ahora a parecer un nue\u00advo San L\u00e1zaro. Pero es claro, cuanto m\u00e1s se siembra m\u00e1s hay que recoger, y multiplic\u00e1ndose los trabajos, son necesarios nr\u00e1s operarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por eso, el Superior suspira otra vez por el H. Delorme; mas otra vez recibe la respuesta de siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En agosto de 1655, San Vicente hace partir por mar a dos Hermanos coadjutores con varias Hijas de la Caridad, bajo la direcci\u00f3n del P. Berthe. Pero, Dios ten\u00eda otros desig\u00adnios y quiso que la misi\u00f3n polaca pasase a\u00f1os de prueba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El rey de Suecia, Carlos Gustavo, invadi\u00f3 Polonia, impidien\u00addo as\u00ed todo auxilio a los misioneros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A los tres a\u00f1os cabales de la toma de Varsovia por los suecos, el P. Ozenne, que tanto hab\u00eda sufrido durante este tiempo, cae enfermo de una fiebre maligna que en cinco d\u00edas acaba con \u00e9l. El 14 de agosto entregaba su alma a Dios <em>y <\/em>sus restos al cementerio de su Parroquia en Varsovia. M\u00e1s tarde, sus cenizas fueron transportadas a la cripta subterr\u00e1\u00adnea de la iglesia de Santa Cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Se abre la puerta<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la Casa de Troyes hubo uno que llor\u00f3 con m\u00e1s sentido cari\u00f1o la muerte del P. Ozenne. Junto con la noticia de esta sensible p\u00e9rdida ven\u00eda la de las tremendas calamidades que sufriera por entonces la probada Polonia. La capital hab\u00eda pasado alternativamente de manos de los suecos a la de los defensores, y los misioneros que en ella hab\u00edan quedado se ve\u00edan abrumados por el trabajo: el cuidado de los enfermos, el entierro de los muertos, la limpieza de las calles repletas de cad\u00e1veres que hab\u00eda que arrancar de los dientes de los pe\u00adrros y lobos que buscaban, hambrientos, algo que comer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fue en estos aciagos momentos en que los PP. Lambert y Desdames pusieron en pr\u00e1ctica las lecciones de San Vicente y echaron los verdaderos fundamentos de la. Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en Polonia. Por eso, el anciano y venerado Fundador, reaviv\u00e1ndose con el fuego del celo de sus hijos, no sab\u00eda enardeces mejor en \u00e9l a los que le rodeaban sino habl\u00e1ndoles cada semana, en las acostumbradas Conferencias, <em>de <\/em>los pro\u00addigios de la caridad en tierras lejanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab\u00a1Qu\u00e9 felices nuestros hermanos de Polonia \u2014exclama\u00adba\u2014, que tienen tanto que sufrir con ocasi\u00f3n de estas \u00falti\u00admas guerras y de las pestes que asuelan aquel pa\u00eds! Padecen porque ejercen las obras de misericordia: las del cuerpo y las del esp\u00edritu, y padecen por cuidar, asistir y consolar a los po\u00adbres. Felices misioneros a quienes ni los ca\u00f1ones, ni el fuego, ni el hambre, ni la peste son capaces de apartar de Varsovia, donde las miserias del pr\u00f3jimo les tienen atados. Felices por\u00adque han perseverado y siguen aun valerosamente en medio de tantos peligros, de tantos sufrimientos, en aras de la misericordia. \u00a1Oh, qu\u00e9 dichosos son, ya que emplean tan bien estos momentos de su vida!\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Vicente ped\u00eda oraciones por sus hijos que luchaban contra la miseria humana sin contar con los medios materia\u00adles necesarios. En efecto, lo que dejaban los suecos despu\u00e9s de un primer pillaje lo tornaban luego, cuando volv\u00edan a pasar por el mismo lugar. As\u00ed desmantelaron nuestra iglesia y la casa de Santa Cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las noticias que llegaban eran, como se supone, contra\u00addictorias. Hasta se habl\u00f3 de la muerte de los PP. Desdames y Duperroy. Mas estos fieles servidores de la ley del amor, sabios de la ciencia del sufrir, segu\u00edan firmes en sus puestos en medio de la mortandad y del hambre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los suecos entraron a\u00fan por tercera vez a sangre y fuego en la capital polaca, pudiendo escapar el P. Desdames con s\u00f3lo la sotana que llevaba encima, y cuando aquellos desalma\u00addos llegaron a Santa Cruz, encontraron la jaula vac\u00eda. Fue, seg\u00fan cont\u00f3 \u00e9l mismo, una verdadera gracia de la Providen\u00adcia, que oy\u00f3 las oraciones de los hermanos que, gozando de tranquilidad, rogaban por ellos. Pero no se libraron las casas, establos y dem\u00e1s dependencias de la Congregaci\u00f3n: queda\u00adron s\u00f3lo escombros y las cenizas orce dej\u00f3 el incendio,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfC\u00f3mo reparar ahora tanto destrozo, cuando la bolsa no da ni para comprar un pa\u00f1uelo? Ni el limosnero real, el da\u00addivoso Fleury, quiere abrir la mano, excus\u00e1ndose que hay muchos pedig\u00fce\u00f1os y pocos prestamistas&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En Par\u00eds no se habla de otra cosa que de la firmeza de los inquebrantables misioneros que prefer\u00edan sufrir con sus ovejas a descansar cerca de loe retes que les rogaban insisten\u00adtemente dejasen la desgraciada ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por fin se retir\u00f3 el enemigo, y pudo empezarse la recons\u00adtrucci\u00f3n. El H. Delorne, que hab\u00eda seguido con gran inter\u00e9s los pormenores de esa vida tan agitada que llevaban los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n en tierra extranjera, crey\u00f3 por fin abierta la puerta para ir tambi\u00e9n su vez a fertilizar con sus sudores y embalsamar con sus virtudes aquel ambiente que comenzaba de nuevo a cristianizarse. Mas, hubo de es\u00adperar otros dos a\u00f1os, ya que San Vicente, con su prudencia caracter\u00edstica, juzgaba aventurado enviar nuevo personal sin aguadar al final de la guerra o sin estar bien preparado en eI conocimiento de la intrincada lengua polaca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>La Paz<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lleg\u00f3 el amanecer del a\u00f1o 1660, y con \u00e9l la tan deseada paz; con ella tambi\u00e9n llegaron las Hijas de la Caridad y los refuerzos que San Vicente enviaba al P. Desdames, por en\u00adtonces al frente de la Misi\u00f3n en Varsovia. La Reina se des\u00adhizo en atenciones ante las mensajeras de la Caridad: les hizo arreglar una espaciosa casa en que albergar a todas, y las puso bajo el Patronato de San Casimiro, Santo protector do su real esposo. Con tales auspicios dieron principio las Her\u00admanas a la cristiana obra, que en favor de los hu\u00e9rfanos v pobres hab\u00eda de reportar tan grandes bienes a la poblaci\u00f3n polaca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El P. Almer\u00e1s, sucesor de San Vicente \u2014muerto por aquellos d\u00edas\u2014, pudo satisfacer los deseos del buen coadjutor de Troyes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se dispuso la partida para el verano de 1661, \u00e9poca la m\u00e1s recomendada para los viajes. De haber esperado al a\u00f1o siguiente, bien se pudiera haber temido que no hubiese lle\u00adgado nunca a Varsovia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A mediados de 1662, el Obispo de Troyes estableci\u00f3 su Seminario diocesano en la casa de los padres, y el trabajo tuvo que incrementarse en gran manera. Cuando los que se encargaron de la obra pensaron en Letus Delorme, ya esta\u00adba nuestro Hermano en el valle del Vistula, junto con su buen humor y su gran esp\u00edritu de caridad, que le impulsaba a ayu\u00addar no pocas veces a las Hijas de la Caridad, ya en la repara\u00adci\u00f3n de los edificios, ya en el cuidado de los enfermos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De otra Seminario deb\u00eda ocuparse y mostrar en su cons\u00adtrucci\u00f3n las buenas dotes de alba\u00f1il, con pujos de arquitecto, que ten\u00eda. En efecto, en 1668 se pusieron en Santa Cruz los fundamentos para el edificio que hab\u00eda de servir para la for\u00admaci\u00f3n de la juventud clerical de Polonia. En pocos meses se levant\u00f3 un establecimiento grande y s\u00f3lido, que fue ha\u00adbitado por el nuevo refuerzo de misioneros que envi\u00f3 el Pa\u00addre Almeras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>En la l\u00ednea de fuego<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1670, el Padre Duperroy sucede al P. Dupuich, quo hab\u00eda reemplazado al P. Desdames, y comienza un nuevo impulso ascendente para la Casa Misi\u00f3n de Santa Cruz, crecien\u00addo, bien pronto, la peque\u00f1a comunidad, no s\u00f3lo con los ve\u00adnidos de Francia, sino con los que ingresan de Polonia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El P. Jolly, tercer Superior General, da a conocer estos felices resultados en su circular de 1674: \u00abNuestros misione\u00adros de Polonia \u2014 dice \u2014 comienzan a misionar con extraordi\u00adnario \u00e9xito, admirando y edificando a los notables del reino por su celo&#8230;, pero tememos que esto no pueda continuar as\u00ed, porque el Turco amenaza invadir Polonia\u00bb. Efectivamente, durante ocho o diez a\u00f1os, sufrieron los pa\u00edses centroeuropeos la invasi\u00f3n turca, hasta que el Gran Sobieshi, rey de Polonia, los derrot\u00f3 y salv\u00f3 a Europa de tan terrible enemigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como despu\u00e9s de grandes calamidades b\u00e9licas, fuerza es que se sigan hambre o peste, o ambas cosas a la vez, se vio Varsovia de nuevo asolada. La epidemia segaba vidas sin pie\u00addad. El celo ardiente que el Hno. Letus ten\u00eda para el bien del pr\u00f3jimo brill\u00f3 en esta ocasi\u00f3n como nunca. Sin temor a expo\u00adner su vida, serv\u00eda a los apestados, con mayor cari\u00f1o aun si oran pobres, los m\u00e1s numerosos en tales d\u00edas. Les llevaba a menudo medicinas y alimentos que su caridad ingeniosa bus\u00adcaba entre las familias pudientes o menos damnificadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la peste segu\u00eda su labor destructora en horr\u00edsono crescendo, de tal manera que los enfermos, que se amontonaban en las casas y por las calles, hac\u00edan casi intransitable la ciudad. Contra este flagelo lucharon tambi\u00e9n nuestras Hermanas en su hospital. El Hermano, con su infatigable fortaleza \u2014 hay que suponer que ten\u00eda una salud a toda prueba \u2014 y con su vicenciano amor al desvalido, ayudaba a sacar al campo, por arcillares, a los enfermos para desembarazar la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No era cuesti\u00f3n ahora de leer las cartas que los misioneros enviaran otros a\u00f1os a Par\u00eds. Ya estaba \u00e9l en la l\u00ednea de fuego; palpaba con sus propias manos los miembros doloridos de Cristo que s\u00f3lo se imaginara antes en nublado e impreciso cuadro; y respiraba el imposible ambiente que manaba de la descomposici\u00f3n de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfCu\u00e1ntos Hermanos Letus Delorme hab\u00eda en aquel cuadro apocal\u00edptico? Se le ve\u00eda en todas partes: entre las ruinas de la ciudad y en las chabolas de la campi\u00f1a, todas ellas llenas de huesas en que aun palpitaba la vida. Hasta all\u00ed no pod\u00edan ir las tocas blancas de la Caridad, ocupadas en febril ajetreo en el ya repleto hospital; pero, \u00bfqu\u00e9 importa? All\u00ed estaba ese coraz\u00f3n que San Vicente reconocer\u00eda por suyo, olvid\u00e1ndose de s\u00ed mismo y procurando aliviar en algo el dolor ajeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abLa Hna. Clement \u2014 seg\u00fan atestigu\u00f3 en Par\u00eds en una con\u00adferencia su compa\u00f1era Sor De Vaux \u2014 estaba al servicio de los apestados en compa\u00f1\u00eda de una mujer del hospital y del Hermano Delorme. Ten\u00eda a su cargo 800 enfermos (otros es\u00adcritos elevaban la cifra a 4.000) que no les dejaban un momen\u00adto de reposo. Fueron ocho meses en que hubo que velar de noche y dormir a duras penas en una silla cuando las pierna, no pod\u00edan ya sostener el cuerpo. Un verdadero milagro de la gracia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abEn medio de tales trabajos, su caridad se extend\u00eda tam\u00adbi\u00e9n a las Hermanas que quedaban en el hospital, y Sor Cle\u00adment rogaba al Hermano que fuese a verlas, porque habiendo tan s\u00f3lo cuatro muchachas dedicadas a los apestados tem\u00eda que todas cogiesen a la vez tan temido mal.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En estos infaustos a\u00f1os dejaron de saberse noticias del Superior P. Duperroy, desconoci\u00e9ndose la de su misma muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La iglesia de Santa Cruz hab\u00eda sufrido grav\u00edsimos desper\u00adfectos durante la invasi\u00f3n de los suecos; pero, en los primeros a\u00f1os del Gobierno de Sobieski, los misioneros trabajaron acti\u00advamente para restablecerla. El rey y su esposa hicieron, como siempre, grandes limosnas, y enviaron a su hijo para poner la primera piedra de la iglesia, que fue bendecida por el Obispo de Poseen el 10 de abril de 1682. En esta construcci\u00f3n se dis\u00adtingui\u00f3 el Hno. Letus en tal manera que es uno de los datos hist\u00f3ricos de sus trabajos. Todav\u00eda en tiempo del Superior Padre Monteils (1682) dirigi\u00f3 las excavaciones para las tum\u00adbas subterr\u00e1neas de dicha iglesia, adonde fueron trasladados los restos del P. Ozenne. Bien podr\u00eda haber bromeado el Her\u00admano Delorme con la muerte cuando cavaba su propio sepul\u00adcro, que todav\u00eda tendr\u00eda que esperarle veinte a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Por los Pueblos de<\/strong> <strong>Polonia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Construyendo la iglesia material, quer\u00eda el Superior Pa\u00addre Godquin engrandecer tambi\u00e9n el edificio espiritual de la Congregaci\u00f3n. Sus trabajos en las misiones hab\u00edan hecho na\u00adcer el deseo de propagar una obra tan \u00fatil a la salud de las almas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En estos a\u00f1os, nuestro Hermano se vio ataread\u00edsimo con el servicio de los pueblos, en especial los de las monta\u00f1as que limitaban con los h\u00fangaros y en los alrededores de Cracovia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La gracia de Dios corr\u00eda a raudales por los corazones m\u00e1s endurecidos. Se ve\u00edan en las misiones cuadrillas de salteado\u00adres que dejaban sus guaridas para o\u00edr las palabras del P. Godquin y de sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El fervor de los misioneros no se saciaba con las almas de los aldeanos y, una fr\u00eda ma\u00f1ana, parte el Padre acompa\u00f1ado tan s\u00f3lo del Hermano a una empresa que parec\u00eda humanamen\u00adte descabellada. Despreciando todos los peligros, aun la vida, piensa coger a los lobos rapaces en sus mismas madrigueras. Las cabalgaduras van trepando par las abruptas monta\u00f1as, y hay que ir con mucho cuidado, pues la nieve impide ya distin\u00adguir el angosto camino de herradura. Llega un momento en el que es imposible seguir. El paso se ha hecho imposible para las bestias. Desmontan los misioneros y se disponen a escalar las rocas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Usted, Hermano, se queda con las mulas; prefiero ir solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u2014Eso no, Padre. Donde va usted, va su coadjutor, y si nos matan, moriremos juntos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Usted se queda, Hermano. De todos modos, es m\u00e1s con\u00adveniente que suba solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Hermano obedeci\u00f3, sacrificando su generoso ofreci\u00admiento, mientras el Padre, levantada la sotana, empezaba la dif\u00edcil y peligrosa ascensi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Hermano empez\u00f3 a rezar: <em>Dios te Salve, Reina y Ma\u00addre&#8230; <\/em>Cuidado, Padre&#8230; <em>Madre de misericordia&#8230; <\/em>No ponga all\u00ed el pie; m\u00e1s a la izquierda&#8230; <em>Vida, dulzura <\/em>y <em>esperanza nuestra&#8230; <\/em>C\u00f3jase bien. \u00a1Qu\u00e9 locura&#8230;! <em>&#8230;para que seamos dignos de alcanzar&#8230; <\/em>Vaya, por <em>fin&#8230; Oh clementisima, oh&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cogi\u00e9ndose con las manos en las hendiduras de las rocas y colocando los pies con precauci\u00f3n en algunos entrantes, pudo alcanzar el misionero la cima. Lo que pas\u00f3 una vez que estuvo arriba frente a aquella feroz gente, lo supo despu\u00e9s todo el mundo. La dulzura del \u00e1ngel de paz desarm\u00f3 los primeros impulsos de aquellas naturalezas prontas al mal. Admirados ante la audacia del intr\u00e9pido visitante, no supieron qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta indecisi\u00f3n la aprovech\u00f3 el misionero para, con el fue\u00adgo de sus palabras, convertir en brasas la nieve de aquellos corazones:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No solamente no le hicieron da\u00f1o alguno, como se hubiera temido, sino antes le dieron pruebas de admiraci\u00f3n y venera\u00adci\u00f3n por el valor que hab\u00eda tenido al exponer su vida por ganar sus almas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El P. Godquin, hombre providencial, hizo florecer en sus cuarenta y cuatro a\u00f1os de estancia en Polonia los nuevos es\u00adtablecimientos de la Congregaci\u00f3n en aquel pa\u00eds, Cracovia y Lituania. Cl\u00e9rigo al llegar, con el dulce eco de las palabras del Santo Fundador resonando aun en sus o\u00eddos, supo dar a sus ense\u00f1anzas la forma que pretend\u00eda San Vicente. Fue un Misionero de cuerpo entero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En su tiempo, Juan III, el Gran Sobieski, no s\u00f3lo conser\u00adv\u00f3 con justicia las obras caritativas de la reina Mar\u00eda Luisa y el rey Casirniro \u2014 muertos a\u00f1os atr\u00e1s, con gran dolor de los pobres y de loa misioneros \u2014, sino que, llevado de su liberali\u00addad, renov\u00f3 las franquicias a las obras de los Padres Paules y de las Hijas de la Caridad, cuyos derechos escritos hab\u00edan desaparecido ponla guerra, y los puso bajo su especial pro\u00adtecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Lleno de m\u00e9ritos&#8230;<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Casa de Varsovia debe mucho al infatigable H. Delorme. En esos a\u00f1os en que todo era reparar da\u00f1os y reconstruir edificios, sab\u00eda dar agilidad a sus cincuenta o sesenta oto\u00f1os, y se daba ma\u00f1a para estar a punto en todas partes. Aqu\u00ed con el pico, en la iglesia vigilando las obras, all\u00e1 dirigiendo y trabajando en la<sup>&#8211;<\/sup> f\u00e1brica del Seminario. Se le ve\u00eda lo mismo en los grandes huertos del Hospital, a los que hac\u00eda producir como entendido agricultor, como en los jardines que la Reina hab\u00eda hecho disponer para esparcimiento de la Casa de Santa Cruz o en los del arrabal de San Lorenzo. Era infatigable. De esos hombres que <em>se <\/em>morir\u00edan si estuviesen un rato ocio\u00adsos. Parec\u00eda que la muerte no pod\u00eda cogerlo porque siempre se estaba moviendo. Amaba tanto su vocaci\u00f3n, que el celo tan ardiente que por eI bien com\u00fan ten\u00eda, se extend\u00eda a todo y a todos. A princi\u00adpios del siglo XVIII era el decano de los Hermanos coadjutores no s\u00f3lo por su edad \u2014setenta y cuatro a\u00f1os\u2014, sino por sus ejemplos. La vista de los postulantes, de los novicios y de todos se fijaba en este adalid del trabajo y de la piedad que hab\u00eda inyectado en sus venas el esp\u00edritu que San Vicente quer\u00eda para sus coadjutores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La vida de los grandes hombres suele resumirse en un dicho, en una frase. \u00bfFue el Hno. Delorme un gran hom\u00adbre? Para muchos pas\u00f3 desapercibido. \u00a1Bah! Un lego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Quien lo viera al nacer una ma\u00f1ana oto\u00f1al, cuando en el pueblecito, \u00abMonte de los carneros\u00bb, las campanas tocaban a la fiesta de San Luis Rey no hubiera augurado para este nuevo hijo de Eva, que recib\u00eda entre vagidos la existencia, una vida tan llena de virtudes cuyo escenario estar\u00eda a mil trescientos kil\u00f3metros de su simp\u00e1tico rinc\u00f3n paterno. Mas un viejo manuscrito hallado en Santa Cruz le hace justicia. Entre los humildes hechos -de nuestro buen\u00edsimo Hermano puso esta flor: \u00abBrill\u00f3, sobre todo, por su caridad con los pobres\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En fin, \u00abinfatigable hasta la muerte \u2014contin\u00faa el ma\u00adnuscrito\u2014, lleno de d\u00edas y de m\u00e9ritos, descans\u00f3 el a\u00f1o 1702, a los setenta y siete de edad, y fue enterrado en la cripta de la iglesia de Santa Cruz, junto a los buenos misioneros que entregaron sus energ\u00edas por el bien de las almas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Bien se merec\u00eda un sitio all\u00ed, quien hab\u00eda pasado sesenta a\u00f1os sirviendo fielmente a Dios bajo la Regla de San Vicente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Inclinada la cabeza bajo el peso del dolor, qued\u00f3 ilumi\u00adnado por la tenue luz de un sencillo candelero; la t\u00edmida llama extiende sus rayos para acariciar la nieve que han ido dejan\u00addo los inviernos de &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-hno-letus-delorme-1625-1702\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[230,177,144,143],"class_list":["post-140543","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-almeras","tag-jolly","tag-lambert","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El Hno. 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