{"id":131357,"date":"2014-10-02T08:18:21","date_gmt":"2014-10-02T06:18:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=131357"},"modified":"2016-07-26T17:22:01","modified_gmt":"2016-07-26T15:22:01","slug":"el-senor-vicente-evolucion-de-un-santo-viii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-vicente-evolucion-de-un-santo-viii\/","title":{"rendered":"El se\u00f1or Vicente, evoluci\u00f3n de un santo (VIII)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/los-siete-primeros-companeros-de-san-vicente\/corazon-40\/\" rel=\"attachment wp-att-130101\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130101\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/coraz%C3%B3n.jpg?resize=270%2C300\" alt=\"coraz\u00f3n\" width=\"270\" height=\"300\" \/><\/a>8. LA C\u00c1NDIDA EVA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1.El se\u00f1or Vicente, p\u00e1rroco de Clichy.- 2.La Hermandad del Rosario.- 3.Restauraci\u00f3n de la iglesia.- 4.Adios a la parroquia.- 5.En la casa de los Gondi.- 6.La familia.- 7.Beneficio.- 8.Las tierra de los Gondi.- 9.Maestro y maestra.- 10.\u00bbEl se\u00f1or Vicente\u00bb.- 11.Los ni\u00f1os.- 12.El preceptor.- 13.Conducata del capell\u00e1n; proyecto de duelo.- 14.La m\u00e1s joven de las Silly.- 15.Los dos esposos.- 16.El general de las galeras.- 17.El se\u00f1or Vicente, director de la condesa.- 18.Caridad.- 19.Folleville; 16.000 libras.- 20.Amistad peligrosa.- 21.La penitente.-22.Reproches de la condesa.- 23.El esposo.- 24.La Madre Margarita Acarie.- 25.Hu\u00edda del se\u00f1or Vicente.- 26.Motivos.- 27.Exquisita cortes\u00eda.- 28.La leyenda dorada de Chatillon-les-Dombes.- 29.La primera hermandad de Caridad.- 30.El feliz proyecto.- 31.\u00bfFue original?- 32.Normas de caridad.- 32.Recursos.- 34.Suelo \u00e1spero; contrariedades. \u00c9xito.- 35.Modelos ilustres.- 36.La inspiraci\u00f3n venida de Francisco de Sales.- 37.La teor\u00eda: ideas flamencas y espa\u00f1olas.- 38.San Vicente y el derecho del pobre.- 39.Extensi\u00f3n de la obra.- 40.La mujer y la caridad.- 41.Energ\u00eda de los Gondi para el llamado del fugitivo.- 42.Los motivos.- 43.La c\u00e1ndida Eva.-44. Celos espirituales.-45. El se\u00f1or Vicente se rinde.- 46. El triunfador.- 47.Las prisiones.- 48. Capell\u00e1n General de las galeras.- 49. Una leyenda.- 50- La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.- 51. Los \u00abBons-Enfants\u00bb en San L\u00e1zaro.- 52.Los h\u00e9roes de la caridad.- 53. Propagaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n.- 54. Muerte de la Generala.- 55. El padre de Gondi.- 56. Recuerdo de la Generala.- 57. La etapa de aprendizaje terminada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1. El se\u00f1or Vicente, p\u00e1rroco de Clicky. Fue Berulle, este iniciador en Francia del misticismo de su \u00e9poca y director de Vicente de Pa\u00fal, quien encomend\u00f3 la parroquia de Clichy al capell\u00e1n de la reina Margot, cerca de la capital. Ella se resigno en su favor en 1611,y Vicente tom\u00f3 posesi\u00f3n en 1612, conservando su antigua residencia en Par\u00eds. Serv\u00eda a los pobres personalmente y se ocupaba de los j\u00f3venes a los cuales adiestraba en las actividades eclesi\u00e1sticas.<br \/>\n2. La Hermandad del Rosario. El sacerdote se preocup\u00f3 de fundar en su parroquia la hermandad del Rosario, dirigida por los Dominicos y muy extendida entonces por las villas y pueblos.<br \/>\n3. Restauraci\u00f3n de la iglesia. Su iglesia se estaba hundiendo, su \u00abpueblo\u00bb era pobre. Vicente ya ten\u00eda en Par\u00eds bastantes protectores y amigos como para no confiar en el \u00e9xito de la restauraci\u00f3n de la iglesia. Adem\u00e1s hab\u00eda en la parroquia algunas casas de campo que pertenec\u00edan a gentes de Par\u00eds. Reconstruy\u00f3 la iglesia en menos de un a\u00f1o, dice una antigua biograf\u00eda: en realidad, Vicente debi\u00f3 supervisar las construcciones durante largos a\u00f1os, hasta 1625. La peque\u00f1a iglesia a\u00fan existe, se comunica con otra, m\u00e1s grande, constru\u00edda hace pocos a\u00f1os. En ella se encuentran recuerdos del tiempo de san Vicente. \u2013El sacerdote amaba a sus feligreses, que eran muy fieles a la confesi\u00f3n. \u00abCreo que el Papa no es tan feliz como un cura en medio de un pueblo de tan buen coraz\u00f3n\u00bb, dice. \u2013Es as\u00ed como gastaba la energ\u00eda sublimada de su alma lastimada. Feliz de poder rehabilitar su ego, encuentra en el \u00e9xito la sobrecompensaci\u00f3n misma. \u2013Se ha encontrado a s\u00ed mismo.<br \/>\n4.Habiendo aceptado, siempre bajo el consejo de Berulle, el cargo de capell\u00e1n y de preceptor en la casa del general de las galeras del rey, el se\u00f1or Vicente tuvo que separarse de sus ovejas. Lo hizo con tristeza, leemos en una carta de Vicente, la cual cita Abelly como aut\u00e9ntica, pero que su estilo revela que est\u00e1 falsificada. Redier califica como un cuadro falso la descripci\u00f3n de despedida, lo cual es un poco severo, La tradici\u00f3n deb\u00eda guardar un fiel recuerdo entre personas unidas por una probada amistad. \u2013Vicente conserv\u00f3 la parroquia como titular durante doce a\u00f1os m\u00e1s; finalmente la entreg\u00f3 a un sucesor. La afirmaci\u00f3n de que esto sucedi\u00f3 sin compensaci\u00f3n, es un error de Abelly. \u2013Vicente ya no residi\u00f3 m\u00e1s en Clichy, pero esto no quiere decir que todos los lazos fueran cortados. Documentos de fe de bautismo demuestran una continuidad. El se\u00f1or Vicente siempre fue conocido all\u00ed y conservaba sus amistades; de cuando en cuando, volv\u00eda.<br \/>\n5. La casa de los Gondi. Algunos han lamentado que el se\u00f1or Vicente careciera de poes\u00eda. Pero su vida no carece de ella. \u2013Su entrada en la casa del general de Gondi, conde de Joigny, que ocurri\u00f3 en 1613, supuso una suerte a la cual el mundo le debe, indirectamente la fundaci\u00f3n de las Hermandades de la Caridad y directamente la de la Congregaci\u00f3n de sacerdotes de la Misi\u00f3n \u2013 obras de sublimaci\u00f3n de un coraz\u00f3n atormentado.<br \/>\n6. La familia La familia italiana de Gondi no habitaba en Francia desde hac\u00eda bastante tiempo. Pronto, por intermedio de Catalina de M\u00e9dicis, los Dondi gozaron de todos los favores en la corte y ascendieron de cargo en cargo, acumulando riquezas. El padre del actual general de las galeras del rey fue el primero en ocupar este cargo. Su hermano fue obispo de Par\u00eds y otro hermano suyo, un d\u00eda ser\u00eda nombrado arzobispo de Par\u00eds y primer cardenal de Retz \u2013 los dos futuros protectores de la obra de Vicente de Pa\u00fal. La hermana, la encantadora marquesa de Maignelay, viuda a\u00fan muy joven, era una de las damas nobles de la \u00e9poca, destacadas por su piedad, quienes, entre otras obras de caridad, iban a convertirse en las colaboradoras de san Vicente. Otra hermana era la priora de una abad\u00eda.<br \/>\n7. Cargo eclesi\u00e1stico. El se\u00f1or Vicente fue dotado de una canonj\u00eda por los Gond\u00ed sobre sus tierras, donde ten\u00eda un suplente. Poco despu\u00e9s cedi\u00f3 su parroquia. A continuaci\u00f3n ser\u00eda nombrado prior. Siendo ya superior de la congregaci\u00f3n, a penas si pod\u00eda aceptar los cargos que le fueron ofrecidos, seg\u00fan las reglas de la misma. Si el se\u00f1or Vicente aceptaba, por ejemplo, ser vicario general de la parroquia de Rouen, cargo que ocupar\u00eda durante m\u00e1s de diez a\u00f1os \u2013hasta cerca de 1653, seg\u00fan un bi\u00f3grafo, pero probablemente hasta 1659- c\u00f3mo iba a rehuir el ser c\u00e9lebre. La obscuridad de su juventud hab\u00eda pasado: el inter\u00e9s por su familia, tambi\u00e9n.<br \/>\n8. La tierra de los Gondi. Desde este momento el se\u00f1or Vicente viv\u00eda con la familia de Gondi en su residencia de Par\u00eds o, alternativamente, en los dominios de Joigny (-Burgo\u00f1a-), de Folleville (-La Picard\u00eda-), o Montmirail (-La Champa\u00f1a- etc.. Trabajaban las tierras siete u ocho mil hombres, y la renta ascend\u00eda a m\u00e1s de cien mil libras. Los diferentes castillos atesoraban riquezas inconmensurables en preciosos muebles y en vajillas de plata.<br \/>\n9. Maestro y maestra. Cierto bi\u00f3grafo opina del general un \u00abhombre digno, pero sin mucha malicia\u00bb. Sus contempor\u00e1neos quiz\u00e1 pensaban de forma diferente. El conde irradiaba con el brillo de un favorito de la fortuna. Su apariencia deslumbraba. Su temperamento bondadoso sedujo a Enrique IV. Brillaba en la sociedad como perfecto caballero; Cosech\u00f3 sus laureles en el teatro y fue un escrito muy apreciado. A los veinte a\u00f1os se cas\u00f3 con una de las Silly, encantadora belleza, un perfil griego de gran pureza y de una notable finura. Por la expresi\u00f3n de sus grandes ojos, por la dulzura de sus l\u00edneas, representaba , como dice Chantelauze, el de una aut\u00e9ntica madonna del Perugino. A\u00f1adamos, sin embargo, que nada de su car\u00e1cter impersonal hallamos en los rasgos seductores de la se\u00f1ora de Gondi, de una francesa exquisitez.<br \/>\n10. \u00abEl se\u00f1or Vicente\u00bb. Parece que el nombre de \u2018Se\u00f1or Vicente\u2019 lleg\u00f3 a ser familiar, desde que fue preceptor de los hijos de Gondi, por lo tanto desde 1613. \u00abA los amigos se les llama por su nombre\u00bb, dice a prop\u00f3sito de esto Redier. \u00abLlam\u00e1ndolo de esta forma, se encontraba m\u00e1s cerca del pueblo. Y, adem\u00e1s, es su bonito nombre de ni\u00f1o que quer\u00eda conservar\u00bb. \u2013Probablemente no lo hab\u00eda conservado ininterrumpidamente. En las primeras cartas conservadas, firma simplemente: \u00abDepaul\u00bb; igualmente en la que dirige a su madre en 1610. Las siguientes \u2013y las hay desde 1616- est\u00e1n firmadas: \u00abVicente Depaul\u00bb. Es la poes\u00eda incansable que encontr\u00f3 en la casa de los Gondi, los primeros sue\u00f1os inconscientes de santidad, los que le apegan al nombre de amigo y de servidor al mismo tiempo. En la primera carta de aprobaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, Paul de Gondi, segundo hijo de la familia, llama al fundador, por dos veces, Paul Vicente. Parece que el prelado hab\u00eda tomado en su infancia \u2018Vicente\u2019 por el nombre de familia. Al final del documento, bien se preocupa de poner \u00abVicente de Paul\u00bb. \u2013Los sacerdotes y hermanos de la futura congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente se llamaban todos por sus nombres de familia .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">11. Los ni\u00f1os. Es lamentable, tambi\u00e9n para la historia de san Vicente, que las memorias de Paul de Gondi, despu\u00e9s cardenal de Retz, est\u00e9n incompletas: el comienzo, que abarcaba la juventud pasada en la casa paterna, se ha perdido. \u2013El primog\u00e9nito deb\u00eda suceder al padre en sus cargos. El segundo hijo muri\u00f3 siendo joven, en un accidente de cacer\u00eda para tristeza de su madre. Estaba destinado al servicio de la Iglesia. Ante esta muerte, fue el hijo menor, Paul de Gondi, quien fue obligado, a su pesar, a renunciar a la espada para ser, en su lugar, hombre de Iglesia. \u2013 Seguramente el se\u00f1or Vicente se encontraba ah\u00ed cuando naci\u00f3 este hijo menor que llevaba su mismo nombre. Esto sucedi\u00f3, no en 1614, como afirman varios bi\u00f3grafos, sino en 1613, seg\u00fan la fe de bautismo. Despu\u00e9s del nacimiento de Paul, la madre a\u00fan permanec\u00eda triste.<br \/>\n12. El preceptor. No debi\u00f3 ser placentero ense\u00f1ar el griego, el lat\u00edn y la doctrina cristiana a esta juventud turbulenta. \u2013Aunque el rencor est\u00e9 mal justificado, el aborrecimiento se contagia, seg\u00fan la ley psicol\u00f3gica, del funesto mensaje del deber convencional al portador de dicho mensaje. La burla, el arma del d\u00e9bil, a menudo no funciona. Pero manifiesta, en una especie de reacci\u00f3n de compensaci\u00f3n, la protesta del ni\u00f1o contra la represi\u00f3n del derecho de los m\u00e1s santos instintos, como el de la alegr\u00eda \u2013la rebeli\u00f3n del alma contra el entendimiento. \u2013El se\u00f1or Vicente parece darse cuenta de que algo le dejaba insatisfecho en la relaci\u00f3n entre maestro y disc\u00edpulo. \u00abMonse\u00f1or\u00bb, escribir\u00e1 el anciano el a\u00f1o anterior a su muerte a Paul de Gondi, \u00able ruego muy humildemente a Vuestra Eminencia que me perdone, si le he disgustado con alguna cosa. He sido tan miserable como para hacerlo sin querer, y jam\u00e1s lo he hecho por inter\u00e9s\u00bb. No hace falta decirlo que, cuando se trata del se\u00f1or Vicente, su antiguo disc\u00edpulo, ya dignatario de la Iglesia, le honrar\u00eda , no solamente con su afecto, sino con todas las atenciones de su parte. Paul de Gondi puede muy bien dirigirse a \u00e9l, seg\u00fan manda la cortes\u00eda, en los documentos \u00abnuestro muy estimado y bienamado Vicente de Paul\u00bb (38). La excusa de Vicente ,pues, parece referirse a tiempos m\u00e1s lejanos. \u2013La t\u00eda de los j\u00f3venes de Gondi, Se\u00f1ora de Maignelay, calificaba a sus sobrinos, mientras sonre\u00eda, de verdaderos demonios.<br \/>\n13. Conducta del capell\u00e1n; proyecto de duelo. El preceptor se propon\u00eda, deslumbrado, obedecer a la generala como a la Sant\u00edsima Virgen, y al general como a Dios, pero espont\u00e1neamente, como intuitivo que era. Gracias a su consecuente humildad el se\u00f1or Vicente se impon\u00eda a su medio. \u2013El general se dispon\u00eda a batirse en duelo, a pesar del disgusto de su esposa, para vengar a un pariente muerto en duelo. Sin embargo aceptar\u00e1 el consejo de su capell\u00e1n de negarse al duelo y de quedar satisfecho viendo ir al exilio al asesino. \u00ab&#8230;le digo, de parte de Dios, &#8230; que si no abandona este mal prop\u00f3sito, \u00c9l aplicar\u00e1 su justicia contra usted y contra toda su descendencia\u00bb. \u00c9stas son las palabras en los labios de quien est\u00e1 postrado ante usted \u00abcon toda humildad\u00bb. En un futuro pr\u00f3ximo el se\u00f1or Vicente iba a quitar la inclinaci\u00f3n al duelo a un se\u00f1or que hab\u00eda matado a un incre\u00edble n\u00famero de personas. En 1656 el santo se empe\u00f1aba muy activamente en los planes de la asociaci\u00f3n de la alta nobleza para luchar contra el duelo. Sin duda era el deseo de la cordial Se\u00f1ora de Gondi quien, desde siempre, hab\u00eda mostrado que tal problema lo llevaba en el coraz\u00f3n.<br \/>\n14. La m\u00e1s joven de las Silly. La historia de la hermana menor de la condesa, Magdalena, muestra cu\u00e1nto de pasi\u00f3n, quiz\u00e1, se pod\u00eda ocultar en el coraz\u00f3n de una Silly. \u2013Habi\u00e9ndose vuelto a casar su padre, Magdalena no se priv\u00f3 de coquetear con el joven marqu\u00e9s, su hermanastro. Esto levant\u00f3 una polvareda: se le oblig\u00f3 a vivir en la casa de una familia amiga. No tardaron en producirse nuevas intrigas con cierto esc\u00e1ndalo y el general se vio obligado a apartar a su cu\u00f1ada. Por otra parte no era tan bella, pero s\u00ed agradable, vivaz, llena de ingenio y la persona m\u00e1s cort\u00e9s del mundo. En seguida se aburri\u00f3 junto a su piadosa hermana; Y, aprovechando que la familia estaba en Montmirail, un buen d\u00eda, se march\u00f3 y encontr\u00f3 refugio, finalmente, con las Carmelitas en Par\u00eds. All\u00ed conoci\u00f3 a Berulle, y tan bien simul\u00f3 su papel de piadosa que las hermanas la tomaron por una santa. La Se\u00f1or de Rambouillet se enga\u00f1\u00f3 como las dem\u00e1s. Durante tres a\u00f1os Magdalena tuvo la precauci\u00f3n de no emitir ning\u00fan voto, poniendo como justificaci\u00f3n que no se encontraba a\u00fan bien preparada. Al cabo de este tiempo, su padre muri\u00f3, dej\u00e1ndole una inmensa fortuna, lo mismo que a su hermana, Se\u00f1ora de Gondi. En seguida abandon\u00f3 el convento, con la excusa de que su salud no le permit\u00eda cumplir con las reglas. El se\u00f1or de Fargis, primo carnal del marqu\u00e9s de Rambouillet, un buen hombre, ingenioso y culto, pero voluble, la despos\u00f3. Esta Se\u00f1ora de Fargis fue nombrada por Richelieu, bas\u00e1ndose en su buena reputaci\u00f3n, dama de compa\u00f1\u00eda de la reina. Con gran habilidad cay\u00f3 en gracia a las dos reinas, entonces enemigas mortales una de la otra. Lleg\u00f3 a reconciliarlas. Richelieu, cuya pol\u00edtica era gobernar \u00e9l por la rivalidad entre las dos princesas, recrimin\u00f3 fuertemente a la Se\u00f1ora de Fargis por este avenimiento. \u00c9l afirma en su Diario que formaba con el m\u00e9dico de la reina-madre una confabulaci\u00f3n, y a la cual acusaba de arreglar una reconciliaci\u00f3n entre ella y el rey. El mayor error del m\u00e9dico fue, seg\u00fan el pensar del cardenal, haberle servido mal en su amor\u00edo con Ana de Austria. El cardenal de Retz, comentando el relato, aclara que fue su t\u00eda, Se\u00f1ora de Fargis, quien llev\u00f3 a la reina madre una carta de amor que el cardenal hab\u00eda escrito a la joven Ana. El se\u00f1or de Fargis, que estaba del lado de Monse\u00f1or, inspirador de casi todas las incesantes revueltas, fue hecho prisionero y encerrado en la Bastilla. Se sabe tambi\u00e9n que Mar\u00eda de M\u00e9dicis, disgustada por la influencia de Richelieu, hab\u00eda agrupado alrededor de ella personajes dispuestos a tumbar al poderoso ministro. La se\u00f1ora de Fargis estaba en la oposici\u00f3n. Despu\u00e9s de ser despedida, Richelieu public\u00f3 cartas escritas y dirigidas por ella a cierto conde: desde luego, en esta correspondencia hay m\u00e1s de intriga que de amor. Cuando se encontr\u00f3 fuera de Francia, el cardenal le hizo decapitar en una efigie. \u2013El se\u00f1or de Fargis abandon\u00f3 m\u00e1s tarde el mundo y entr\u00f3 en la congregaci\u00f3n que el se\u00f1or Vicente hab\u00eda fundado en este tiempo. El hijo de los esposos hab\u00eda muerto en la guerra, y la hija se obstinaba en no dejarse casar, refugi\u00e1ndose en Port-Royal, donde un d\u00eda lleg\u00f3 a ser abadesa. El padre, un gran se\u00f1or convertido en un simple hermano coadjutor, meditaba sobre la vanidad de la vida, y edificaba a todos por su piedad.- Los de Fargis nos recuerdan que los personajes de ese tiempo, igual que los de otros tiempos de pasiones, no eran m\u00e1s que el juguete de los impulsos recibidos, confusos o buenos: Son los tiempos de los grandes gu\u00edas. El se\u00f1or Vicente fue uno de \u00e9stos.<br \/>\n15. Los dos esposos. Los dos esposos de Gondi se amaban con ternura, asegura la historia. Pero las prolongada ausencias del general, as\u00ed como la delicada salud de su mujer hac\u00edan que estuvieran obsesionados por los temores: un matrimonio que no es totalmente satisfactorio, si creemos a Freud, se convierte f\u00e1cilmente en fuente de estados neur\u00f3ticos.<br \/>\n16. El General de las galeras. La vida del general estaba llena de peligro. Las galeras ya ten\u00edan de qu\u00e9 preocuparse, porque los corsarios y los piratas causaban estragos. Por ejemplo, en 1620, el general de Gondi navegaba sobre la bella R\u00e9ale para dar caza a los corsarios que hab\u00edan asolado las costas espa\u00f1olas. Poco despu\u00e9s, se ocupaba por el Atl\u00e1ntico en castigar a los hugonotes (49). Las costas francesas estaban sembradas de nidos de corsarios. Los marinos normandos, bretones, gascones, vascos y provenzales propagaban el terror. Las compa\u00f1\u00edas aseguradoras se arruinaron. En Francia se crearon compa\u00f1\u00edas para proteger a los corsarios y participar en los beneficios de las correr\u00edas.<br \/>\n17. El se\u00f1or Vicente, director de la condesa. Durante las frecuentes ausencias del general, su esposa, acostumbrada a manejar la gran mansi\u00f3n con todo esplendor, a dar fiestas, a frecuentar la corte, buscaba, nerviosa, un apoyo para su soledad. Con su humildad insinuante, el se\u00f1or Vicente se gan\u00f3, como de ordinario, la confianza de aquellos de quienes depend\u00eda, hasta del mismo personal de servicio. Entre las m\u00e1ximas del se\u00f1or Vicente estaba la de guardarse bien de entrometerse en las cosas de la casa ni del Estado. \u2013Desde 1614 \u00f3 15, la generala fue su penitente, por intervenci\u00f3n de Berulle, ya que el se\u00f1or Vicente se hab\u00eda negado a ser su director. Junto a la condesa, el t\u00edmido y la timorata hasta el escr\u00fapulo, Vicente desempe\u00f1ar\u00eda un papel distinto al que tuvo junto a la ex reina Margarita.<br \/>\n18. Caridad. Habituado desde antiguo al Hospital de la Caridad, Vicente iba a dirigir a esta alma penitente hacia los pobres. Era la primera preocupaci\u00f3n entre los poderosos, ya que la fuente de sus riquezas se encontraba en le miseria de los s\u00fabditos, que trabajaban como burros, y molestaban a sus amos con complejos inconscientes. \u2013Juntos la generala y el capell\u00e1n visitaban a los enfermos y a los pobres en sus caba\u00f1as perdidas por el bosque, en las tierras de los Gondi. Hizo investigar si los funcionarios eran honestos. La se\u00f1ora de Gondi era dulce y graciosa. Todos los pobres, todos los moribundos la llamaban y ella jam\u00e1s les neg\u00f3 su asistencia. Los dos, la gran se\u00f1ora y el confesor, cuidaban, instru\u00edan, bautizaban, casaban, amortajaban, y enterraban; en cuanto cay\u00f3 enferma, extenuada, lleg\u00f3 la muerte. El se\u00f1or Vicente la cuidaba. Tambi\u00e9n a Vicente se le quebr\u00f3 la salud y no se libr\u00f3 m\u00e1s que gracias a su robusta constituci\u00f3n; sin embargo la piernas ya quedaron muy d\u00e9biles. La mutua amistad fue cara a sus corazones.<br \/>\n19. Folleville; 16.000 libras. Cierto d\u00eda, esto ocurri\u00f3 en Folleville, vinieron a buscar al se\u00f1or Vicente para atender a un campesino moribundo. La generala, seg\u00fan Vicente, y no el capell\u00e1n \u2013como afirma Abelly- fue quien tuvo la idea de llevar al moribundo a hacer una confesi\u00f3n general, para asegurar su salvaci\u00f3n. Hecha la confesi\u00f3n, el anciano le cont\u00f3 a la generala la enormidad de pecados de su vida pasada, y que se hubiera condenado de no haber hecho la confesi\u00f3n. Asustada, porque el enfermo era considerado \u2018hombre de bien\u2019, suplic\u00f3 al se\u00f1or Vicente que predicara sobre la necesidad de la confesi\u00f3n general el domingo siguiente. Entonces pronunci\u00f3 el famoso serm\u00f3n de Folleville, en el a\u00f1o 1617. El \u00e9xito fue inmenso; las buenas gentes, conmovidas, se apresuraban a cumplir con su deber. \u00c9sta es la primera semilla de lo que llegar\u00eda a ser, en las manos de Vicente de Pa\u00fal, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, ejemplo de toda misi\u00f3n interior. El d\u00eda de Folleville, el mismo d\u00eda de la conversi\u00f3n de san Pablo, fue celebrado m\u00e1s tarde, cada a\u00f1o, como el verdadero aniversario de la fundaci\u00f3n de su congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. \u2013Muy impresionada por lo sucedido, la se\u00f1ora de Gondi reserv\u00f3 inmediatamente la suma de 16.000 libras para ofrec\u00e9rselas a cualquier congregaci\u00f3n, que, cada cinco a\u00f1os, aceptara misionar los pueblos ubicados en las tierras de los Gondi.<br \/>\n20. Amistad peligrosa. En esta lucha contra las miserias, la condesa y su director tuvieron muchos recuerdos e impresiones en com\u00fan, tantos que al director se le turb\u00f3 la paz. Es comprensible. Este director de un alma muy femenina, muy d\u00f3cil y teniendo su felicidad en la sumisi\u00f3n, est\u00e1 enredado con la presencia de su penitente, c\u00e1ndida en su irreprochable castidad. Pero ella hab\u00eda encontrado en \u00e9l algo que le faltaba y que le era suficiente a la mujer: la adoraci\u00f3n cuotidiana, y no culpable, de un hombre. Esta inclinaci\u00f3n del alma no es peligrosa m\u00e1s que por su inocencia, siempre inconsciente. Se planeaba una cat\u00e1strofe.<br \/>\n21. La penitente. Bajo la influencia de su director, la condesa, que ten\u00eda un car\u00e1cter bastante brusco, se complac\u00eda en humillarse, despu\u00e9s de darse cuenta de su falta. Por ejemplo, se arrodillaba ante la sirviente de c\u00e1mara, para pedirle perd\u00f3n, etc.. No era solamente su dulzura, era sobre todo su temperamento, que la se\u00f1ora de Gondi transformaba en obras de caridad, sublimando, m\u00e1s o menos bien, sus complejos interiores. Entre \u00e9stos, es necesario tener presente ese sordo sentimiento de culpabilidad, debido a la desigualdad social desproporcionada. Este sentimiento est\u00e1 fomentado con la sola presencia del capell\u00e1n, quien jam\u00e1s perder\u00e1 el resentimiento social de las clases inferiores, de las cuales \u00e9l ha conservado, de buena o de mala gana, la pobreza, pero finalmente a prop\u00f3sito. El pensamiento consciente de Vicente aprueba las clases sociales, sostenidas por la religi\u00f3n: su resentimiento a\u00fan es inconsciente para s\u00ed mismo.<br \/>\n22. Reproches de la condesa. La se\u00f1ora de Gondi no intenta coquetear ante su capell\u00e1n. Sencillamente ella es feliz, sin preocuparse de adivinar el inter\u00e9s que le tiene un director cuya riqueza interior le encanta. Pero esta riqueza no es valorada m\u00e1s que seg\u00fan sus propias necesidades indefinidas. La se\u00f1ora de Gondi no tiene m\u00e1s que treinta a\u00f1os, uno m\u00e1s que su director. Tambi\u00e9n \u00e9l est\u00e1 feliz con esta f\u00e1cil toma de posesi\u00f3n mental. Es peligroso. A veces \u00e9l la empuja para que elija otro confesor. Ella debe reconocer que no ha recibido m\u00e1s que bien. Pero vuelve a su querido.<br \/>\nAlgunos bi\u00f3grafos admiran la docilidad de la generala de Gonfi, su caridad, que la convertir\u00eda en inauguradora de la obra hist\u00f3rica de su humilde director, futuro fundador de importantes congregaciones. Otros bi\u00f3grafos son severos; hasta aborrecen a la condesa, como a una persona inquieta que molesta a su director por su demasiado apego y lo exaspera.<br \/>\nLas cr\u00edticas a la coqueter\u00eda femenina, este fen\u00f3meno de polarizaci\u00f3n, son un poco severas para la mujer. Ella bien podr\u00eda ayudar al hombre, pero \u00e9l no la podr\u00eda ayudar, seg\u00fan el convencionalismo de una sociedad que el hombre ha creado. El problema de la mujer, su propio instinto \u00edntimo, es el instinto maternal. Su altivez glacial subconsciente hasta la sorprende por sus relaciones con el hombre que la desea. La fr\u00eda coqueta es la leona ante la guarida donde sus cachorros yacen muertos. En cuanto a las verdaderas aspiraciones de la mujer, la equivocaci\u00f3n de Schopenhauer y de sus disc\u00edpulos es fundamental. La generala era mujer y eso es todo.<br \/>\n23. El esposo. El conde est\u00e1 celoso. \u2013Despu\u00e9s de haber corrido mil peligros por las costas enemigas, vuelve a su familia cubierto de honores, considerado como uno de los m\u00e1s aguerridos hombres del reino. Entones, si se ha buscado el origen prepol\u00edtico del honor en la elecci\u00f3n sexual, debemos constatar que el conde es bien poco recompensado al encontrar a su mujer sumida en la devoci\u00f3n que le ha inspirado un director convertido en indispensable.<br \/>\n24. La Madre Margarita Acarie. Por motivos piadosos, la generala env\u00eda a su marido a la Madre Margarita, hija de la Se\u00f1ora Acarie. Viviendo en olor de santidad, era, ante los ojos de los contempor\u00e1reos, m\u00e1s venerable que su misma madre, y gozaba de la fama de hacer milagros. S\u00f3lo para complacer a su mujer, el general fue hasta la Madre Margarita. Esta predijo al conde, a este personaje de primera l\u00ednea en el mundo pol\u00edtico, celebrado en la corte, su retiro futuro del mundo: en ese momento, seg\u00fan su hijo, el cardenal de Retz, estaba bien lejos de realizar tal vaticinio.<br \/>\n25. Hu\u00edda del se\u00f1or Vicente. De repente, durante una de las ausencias del general, el se\u00f1or Vicente deja plantado su mundo y desaparece secretamente de la casa, hacia el mes de marzo de 1617). Ah\u00ed est\u00e1, ocurrida en silencio, la inevitable cat\u00e1strofe. \u2013En un papelito comunica a la generala sobre un breve viaje a Par\u00eds. De all\u00ed, por consejo de su director Berulle, Vicente se fue a Chatillon-les-Dombes (-hoy Chatillon-sur-Chalaronne). Este curato abandonado en la Bresse le fue confiado. Por medio de una carta de su marido, que se encontraba en Provenza, la generala se enter\u00f3, finalmente, de la situaci\u00f3n.<br \/>\n26. Motivos. \u00bfC\u00f3mo comprender un eclipse del capell\u00e1n tan inesperado? Se ha dicho que el se\u00f1or Vicente no era feliz como preceptor de ni\u00f1os. La pol\u00edtica tampoco le sonre\u00eda. Aunque la casa de los Gondi estaba libre de intrigas, la familia no lo estaba. Los partidarios, italianos o no, los visitaban a menudo. Pasado el tiempo, Paul de Gondi, el menor, deb\u00eda arriesgar su cabeza organizando una conspiraci\u00f3n contra Richelieu, entre tantas otras, y que fracas\u00f3. Despu\u00e9s de la muerte del conde de Soisson, Richelieu quiz\u00e1 tendr\u00e1 la prueba de la complicidad de los dos hijos del general de las galeras en el complot tramado por este pr\u00edncipe contra la vida del ministro. Esto suced\u00eda en la v\u00edspera del exilio de la reina-madre al castillo de Blois a donde hab\u00eda tenido lugar la escapada de Vicente. \u2013Adem\u00e1s, la misi\u00f3n de Folleville hab\u00eda determinado la conversi\u00f3n para el mismo se\u00f1or Vicente, futuro pescador de almas. Mientras tanto, encontraba miles de campesinos en las tierras de los Gondi, cuando Chatillon no contaba 2.000 habitantes.<br \/>\nPara explicar esta s\u00fabita desaparici\u00f3n del capell\u00e1n, los bi\u00f3grafos sugieren que la perfecci\u00f3n de la generala estaba en juego. \u00abDesconf\u00eden de los confesores m\u00e1s que de cualquier otra persona\u00bb, advertir\u00e1 el se\u00f1or Vicente m\u00e1s tarde a sus Hijas; \u00ab&#8230;porque se contrae una tal uni\u00f3n entre el confesor y su penitente&#8230;que, a menudo, lo que hab\u00eda comenzado por un motivo de caridad, se cambia en una cierta amistad basada en la carne y en la sangre\u00bb \u2013Efectivamente, es f\u00e1cil ver por qu\u00e9 Berulle consiente inmediatamente esta extravagancia de un director, que \u00e9l mismo hab\u00eda recomendado a la noble familia: se trataba, sobre todo, de la propia perfecci\u00f3n del se\u00f1or Vicente.<br \/>\nBas\u00e1ndose tanto en su experiencia personal, como en la de otros, un d\u00eda aconsejar\u00e1 a las Hijas de la Caridad apartarse de un lugar en el que sent\u00edan gran apego con su confesor. \u00abMis hermanas, les dice, est\u00e9n seguras de que, cuando ustedes sienten pena al cambiar de confesor, ustedes est\u00e1n apegadas, y dicen: \u00abEstoy presa; sin duda el diablo me tiende una trampa para perderme\u00bb. O bien: \u00ab&#8230;se mantienen coloquios con los confesores fuera de la confesi\u00f3n, se pasa el tiempo hablando de cosas que no son ni urgentes ni necesarias, pero se hace por conversar. \u00a1Oh! Cu\u00eddense, mis hermanas. Y les digo lo mismo a los confesores, para que vean\u00bb. En efecto, el acento convencido lleva el testimonio no s\u00f3lo de su larga experiencia de la vida, sino de su propia experiencia: \u00abComplacerse en charlar con&#8230;los sacerdotes, repite a la Hijas. Huyan de \u00e9stos, porque, bajo la excusa de la piedad, intentan su propia satisfacci\u00f3n y de ordinario se comienza con buenas intenciones, as\u00ed parece, tanto en uno como en la otra persona. El afecto comienza, poquito a poquito, por lo espiritual. Hasta que se le confiesa y le dir\u00e1: \u00abPadre, en nombre de Dios, se lo ruego, piense en m\u00ed; ay\u00fademe a conseguir la perfecci\u00f3n; d\u00edgame qu\u00e9 debo hacer d\u00e1ndome toda\u00bb. Y esto es bueno. El confesor le dir\u00e1: \u00abLo har\u00e9, me preocupar\u00e9 de mostrarle mi afecto\u00bb. Tambi\u00e9n al decir esto, el pobre confesor no piensa en nada malo. Mis hermanas, este peque\u00f1o deleite de palabras, que ha comenzado por lo espiritual, poco despu\u00e9s se convierte en sensual y s\u00f3lo este confesor, en el mundo, puede satisfacer. \u00abCualquier otro no me inspira nada; tal otro no me satisface\u00bb. Luego, uno se encuentra, poco a poco, atrapado por la carne. Puede ser que el mal llegue por el confesor. Muy a menudo la hija no encuentra otro de su agrado; ella quiere este confesor, y el confesor quiere a la hija; ella dice: \u00abSiento cierta satisfacci\u00f3n con mi confesor\u00bb. Es indispensable al precio que sea&#8230; En cuanto ustedes sientan cierta atracci\u00f3n por un confesor, aband\u00f3nenlo; si no \u00e9l las desorientar\u00e1 \u00ab. El se\u00f1or Vicente contin\u00faa aconsejando la mortificaci\u00f3n: (abandonar a tal confesor&#8230;) \u00abEs uno de los m\u00e1s grandes sacrificios que ustedes pueden ofrecer a Dios, por el cual ustedes se libran de una trampa sat\u00e1nica. S\u00ed, hermanas m\u00edas, esto es un acto virtuoso, alejarse de una persona a la que se sent\u00edan apegadas. Pero ustedes deben hacerlo, hermanas m\u00edas, porque tienen el gran compromiso de la castidad. Y no querr\u00eda comentar, hermanas m\u00edas, sobre el confesor, si contin\u00faa confesando a la persona que \u00e9l sabe siente afecto por \u00e9l. S\u00ed, hermanas m\u00edas, la castidad de estas personas est\u00e1 a la deriva\u00bb. \u2013Tambi\u00e9n los sacerdotes reciben los consejos de su superior: \u00a1es peligroso tener devotas! \u00abHay que temer por la Compa\u00f1\u00eda all\u00ed donde hay de estas devotas que alaban la buena conducta del confesor al que abren su coraz\u00f3n y su conciencia. \u00a1Oh, qu\u00e9 apego!\u00bb. \u2013En la persona de la generala, el se\u00f1or Vicente, confundido, hab\u00eda encontrado a Eva: Era necesario cortar tajantemente; era m\u00e1s fuerte que \u00e9l.<br \/>\nVicente, con su escapada, \u00bftuvo en mente \u00abla genialidad\u00bb de convertirse en amo de los poderosos Gondi?. A pesar de las 16.000 libras que estaban esperando la mano que las recibiera, esta hip\u00f3tesis es contraria a la confesi\u00f3n que Vicente hace a los parroquianos de Chatillon: que nunca hab\u00eda pensado en abandonarlos, y tambi\u00e9n por el hecho de haber advertido al general sobre su ausencia, tiempo despu\u00e9s de su marcha: cuando ya estaba actuando como cura p\u00e1rroco. En su consternaci\u00f3n, verdaderamente se estaba jugando su carrera.<br \/>\n27. Exquisita cortes\u00eda. La escapatoria del capell\u00e1n, sin decir una palabra, bien puede ser juzgada por la historia como una villan\u00eda. Sin embargo, esta especie de desaparici\u00f3n deb\u00eda ser apreciada de una manera diferente en el pasado y hoy. Tenemos ejemplos en la sociedad escandinava del siglo XVIII, que, en diversos aspectos, sufri\u00f3 la influencia de las costumbres francesas contempor\u00e1neas, aceptada como modelo de Europa. La profesora A. S\u00f6derhjelm nos ofrece sus investigaciones en cartas de esta \u00e9poca. Se consideraba como un gesto de lo m\u00e1s delicado hacia la persona amada, el evitarle el sufrimiento de la despedida. Y es tan conmovedor como curioso constatar con qu\u00e9 finura se evitaba esta escena emotiva. Estos esfuerzos para evitar la despedida se repiten sin cesar en la sociedad aristocr\u00e1tica y en la corte: era el m\u00e1s alto detalle de cortes\u00eda. El se\u00f1or Vicente, as\u00ed como los sacerdotes de su futura compa\u00f1\u00eda, en consecuencia, se marchar\u00e1n m\u00e1s de una vez a escondidas, para evitar los agradecimientos, o la tristeza de las personas que abandonaban. Despu\u00e9s de que algunos funcionarios de una ciudad rindieron grandes honores a su bienhechor, el se\u00f1or Vicente tuvo que reconocer: \u00ab&#8230;me vi obligado a marcharme a escondidas para evitar los aplausos\u00bb. La discreta desaparici\u00f3n se consider\u00f3 de buena educaci\u00f3n tambi\u00e9n en la Francia del siglo XVII: \u00abNo le he comunicado mi partida\u00bb, escribe Vicente un d\u00eda a Luisa de Marillac, \u00abpor esto&#8230; sent\u00eda pesar al molestarla d\u00e1ndole la noticia\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">28. La leyenda dorada de Chatillon-les-Dombes. En Chatillon, Vicente desplegaba una actividad febril: la sublimaci\u00f3n se llamaba en otro tiempo simplemente \u2018huir de la quema\u2019. Se las sab\u00eda todas. \u2013Fue una temporada de m\u00e1s o menos nueve meses en la regi\u00f3n. Los cinco meses que solamente cuentan Coste y Abelly est\u00e1n en contradicci\u00f3n con ciertos documentos. Coste admite, en efecto, en otro lugar, los nueve meses reales de la permanencia del se\u00f1or Vicente en Chatillon. Un lapso de tiempo de cinco meses solamente har\u00eda comprensible la explicaci\u00f3n de la conducta de la generala, que no reaccion\u00f3 hasta muy tarde ante la fuga de su director. Pero hay que atenerse a los hechos: llegada del se\u00f1or Vicente a Chatill\u00f3n alrededor de la cuaresma, entrega de la parroquia a favor suyo en el mes de abril. Lo que sucedi\u00f3 al final de julio fue su toma de posesi\u00f3n. Terminar\u00eda su exilio hacia Navidad.<br \/>\nEste breve tiempo deb\u00eda dejar en la historia del lugar marcas imborrables. Lo vemos, por ejemplo, en la conmovedora carta que dirige al se\u00f1or Vicente, treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde, un ni\u00f1o de entonces, hijo de una familia feliz, antiguamente hugonote. Siendo ya mayor y su \u00fanico hijo queriendo abandonar el mundo, siente el recuerdo de su conversi\u00f3n y por ello se siente feliz.<br \/>\nA la llegada del se\u00f1or Vicente a Chatillon, hac\u00eda casi cuarenta a\u00f1os que los curas beneficiarios no resid\u00edan ya en su parroquia. El relajo era total. El se\u00f1or Vicente convirti\u00f3 a los cat\u00f3licos y a los hugonotes; la gente acud\u00eda a confesarse, hasta de los lugares vecinos. Puso orden en la vida de la Iglesia y encamin\u00f3 a los sacerdotes descarriados a llevar una vida ordenada en comunidad. Nada m\u00e1s conmovedor que esta nueva leyenda dorada de un se\u00f1or, duelista empedernido y temido, quien, convertido por el se\u00f1or Vicente, reparte todos sus bienes entre los pobres, y rompe, finalmente, su \u00faltima atadura, su querida espada, en honor de su Salvador. Muri\u00f3 siendo capuchino. \u2013Rode\u00e1ndose de colaboradores, Vicente visitaba las escuelas, impart\u00eda el catecismo, y se consum\u00eda totalmente por su parroquia, de tal forma que se hablaba de sus obras como de las de un santo. \u2013He ah\u00ed otros tantos actos de sublimaci\u00f3n de una pasi\u00f3n que iba neutraliz\u00e1ndose.<br \/>\n29. La primera Hermandad de Caridad. El episodio de Chatillon marca una fecha en la propia historia de Vicente de Pa\u00fal. All\u00ed fund\u00f3 una cofrad\u00eda, o hermandad de la Caridad, la primera de esos centros de asistencia espiritual y corporal para los pobres, con las atenciones de laicos piadosos, mujeres y hombres.<br \/>\nHe aqu\u00ed la historia del nacimiento de la primera Caridad. Esta historia descubre, como de ordinario cuando se trata de obras vicencianas, la iniciativa de una mujer. La se\u00f1orita de la Chassaigne, una de las parroquianas, avis\u00f3 al se\u00f1or Vicente, como \u00e9l lo contar\u00e1 m\u00e1s tarde, de que hab\u00eda un pobre enfermo en una granja en penosas circunstancias. Por el ruego de la se\u00f1orita, el sacerdote exhort\u00f3 a los parroquianos a llevarle su auxilio. Lo pidi\u00f3 con tal vehemencia que todas las se\u00f1oras se sintieron conmovidas. Salieron del pueblo m\u00e1s de cincuenta para visitar al enfermo. Vicente encontr\u00f3 a las mujeres en grupos, y Dios le inspir\u00f3 la idea de, si no se podr\u00eda reunir a las buenas se\u00f1oras y exhortarlas a entregarse a Dios para servir a los enfermos. \u2013Era la fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora en 1617, cuando san Vicente reuni\u00f3 la hermandad de mujeres caritativas de su parroquia.<br \/>\nVicente se preocup\u00f3, tambi\u00e9n, de que su nueva hermandad fuera aprobada. Las reglas de la primera Caridad que fund\u00f3 el santo fueron el magn\u00edfico prototipo de todas las Caridades siguientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">30. El feliz proyecto. El estudio de los reglamentos de las Caridades del se\u00f1or Vicente revela perfectamente que \u00e9stos repiten el primer reglamento. Pero lo hacen de una forma flexible: a las personas no les gusta repetir lo viejo, aclara el se\u00f1or Vicente bonach\u00f3n. \u00abCasi les resulta molesto, cuando se les dice: en otra parte lo hacen as\u00ed\u00bb. \u2013Las reglas tuvieron en seguida una madurez, que llama la atenci\u00f3n. Las primaras damas se sintieron orgullosas de pertenecer a la hermandad. El obispo dio su aprobaci\u00f3n. Ana de Austria se iba a ocupar de la Caridad de Fontainebleau. \u2013San Vicente y santa Luisa difundieron la imagen de \u00abEl Se\u00f1or de la Caridad\u00bb, con la inscripci\u00f3n \u00abDeus caritas est\u00bb; existe desde 1642-66 (106).<br \/>\nUna caridad de hombres dejaba en manos de las mujeres el cuidado de los enfermos, colaborando con el m\u00e9dico. Los hombres se ocupaban de los pobres protegidos. Tambi\u00e9n hab\u00eda Caridades mixtas. Sin embargo, aprendido en la experiencia, Vicente resolvi\u00f3 no ocuparse m\u00e1s que de las Caridades exclusivamente femeninas, las cuales no corr\u00edan peligro de fracasar. Los hombres quieren apropiarse enteramente de la administraci\u00f3n y las mujeres no pueden soportarlo, afirma el se\u00f1or Vicente. \u00abLa experiencia nos ha hecho ver que es absolutamente necesario que las mujeres no dependan en esto de los hombres, sobre todo en lo referente al bolsillo\u00bb,escribe en 1630. En este aspecto no se puede decir nada en contra de la administraci\u00f3n llevada por las mujeres, pues son cuidadosas y confiables. Las Caridades se fusionaban, aqu\u00ed y all\u00e1, a otras hermandades, a la del Santo Nombre de Jes\u00fas, entonces muy extendida, a la del Sant\u00edsimo Sacramento, fundada en 1632 y de la cual fue miembro el se\u00f1or Vicente, y, en Clichy, a la de antigua hermandad del Rosario, iniciada en otro tiempo por el se\u00f1or Vicente. Sin embargo, Vicente, aunque supo mostrarse condescendiente en ocasiones, con toda seguridad tambi\u00e9n, no consinti\u00f3 en cambiar las reglas.<br \/>\nLa direcci\u00f3n de las Caridades estaba cuidadosamente asentada. Los actos diarios de cada uno de los miembros recordaban los de personas que viven en comunidad: oraciones, eucarist\u00edas, lectura, pr\u00e1ctica de las virtudes cristianas, examen de conciencia, etc. Se podr\u00edan comparar con las reuniones activas de la tercera orden franciscana. \u2013El santo se cuid\u00f3 de que las Caridades de distintos lugares fueran visitadas; sus Damas de la Caridad, llamadas del Hotel Dieu, fundadas poco despu\u00e9s, se ocupar\u00edan de ello.<br \/>\n31. \u00bfFue original?. Fue entonces, seg\u00fan los bi\u00f3grafos, la primera vez que se organizaron las visitas a los necesitados a domicilio. Bougaud puede calificar la Caridad de san Vicente \u00ab&#8230; un Hotel Dieu a domicilio, atendido por damas laicas\u00bb. \u2013La hospitalidad nocturna simplemente fue establecida por \u00e9l, se puede pensar: pero es un error, como vamos a ver. Se ha comprobado que el se\u00f1or Vicente, en su lucha contra la pobreza, se adelanta a su tiempo en dos siglos. \u2013Pero no est\u00e1 \u00e9l solo. Comparemos las prescripciones que fija el se\u00f1or Vicente para sus Caridades y algunas otras iniciativas humanitarias de la \u00e9poca.<br \/>\n32. Normas de caridad. He aqu\u00ed lo que prescriben, entre otras normas, las reglas de las Caridades de San Vicente: a las personas capaces hay que adiestrarlas y buscarles trabajo. Los ni\u00f1os tambi\u00e9n ser\u00e1n ocupados en un oficio en cuanto lleguen a la edad adecuada. Tambi\u00e9n las ni\u00f1as ser\u00e1n ubicadas donde puedan ganar su vida. Se recomienda el oficio de tejedor, o ,igualmente, se montar\u00e1 una f\u00e1brica de prendas de lana, y progresar as\u00ed. Los j\u00f3venes pobres vivir\u00e1n y trabajar\u00e1n en una f\u00e1brica, bajo la direcci\u00f3n de un eclesi\u00e1stico y de un maestro obrero; despu\u00e9s ellos mismos ense\u00f1ar\u00e1n gratuitamente su oficio a otros ni\u00f1os pobres. Tambi\u00e9n se ocuparon en la instrucci\u00f3n de la juventud en general. Todo esto es lo que hizo el se\u00f1or Vicente desde Chatillon les Dombes, donde encontr\u00f3, adem\u00e1s, el terreno preparado, sin duda por la provocaci\u00f3n de los hugonotes. \u2013 A los pobres inv\u00e1lidos se les daba cada semana lo que necesitaban para vivir. A los que no ganaban lo suficiente, la asociaci\u00f3n les prove\u00eda de lo necesario. Los miembros de la hermandad deb\u00edan velar por las necesidades de los ni\u00f1os, de los hu\u00e9rfanos, de las viudas, de los pobres vergonzantes, de los inv\u00e1lidos, de los enfermos. Igualmente ellas, las damas, \u00abse ocupar\u00e1n de visitar los pobres prisioneros para llevarles alguna limosna, consolarlos y obligarles a mudar de camisa cada domingo\u00bb Los miembros de la Caridad hac\u00edan enterrar a los muertos con todo decoro a expensas de la hermandad. Los pobres estaban obligados a asistir a la misa primera todos los d\u00edas, asistir a la clase de catecismo, y de confesarse y comulgar con regularidad. Se les visitaba dos veces por semana. Hab\u00eda una lista a seguir, y quedaban borrados de la misma quienes hab\u00edan salido de la miseria. A los que estaban en buen estado, para no favorecer la pereza, no se les daba m\u00e1s que el salario de su trabajo. A los pobres vergonzantes se les socorr\u00eda con discreci\u00f3n. A los que se les consegu\u00eda mendigando durante la semana, o que daban motivos de queja por su comportamiento, no se les daba nada el domingo siguiente. Los pobres de tr\u00e1nsito eran hospedados una noche y despedidos por la ma\u00f1ana con una peque\u00f1a cantidad de dinero).<br \/>\n33. Recursos. Por ejemplo: en una ciudad, la Caridad ten\u00eda que atender y proveer a 200 familias pobres, adem\u00e1s de los mendigos. -\u00bfD\u00f3nde conseguir los medios para asistirlas? Cada habitante del lugar daba su limosna semanal y las rentas de los hospitales ayudaban a pagar los gastos. El clero y los ciudadanos acomodados se compromet\u00edan a dar anualmente dinero, trigo, vino, madera y ropas. Se aceptaban donaciones y edificios. Se les ped\u00eda a los fieles que no olvidaran las Caridades en sus testamentos\u00a0 A la misma instituci\u00f3n se le aplicaban ciertas multas; se adquiri\u00f3 el derecho de participar en los organismos de la ciudad. El se\u00f1or Vicente recomienda reducir el lujo, la comida y el juego. Peri\u00f3dicamente se hac\u00edan colectas tanto en las iglesias como en la ciudad, etc. Se hab\u00edan colocado cepillos y recolectores en las iglesias, tiendas y hospeder\u00edas. La colaboraci\u00f3n m\u00ednima de cinco soles (moneda antigua) no es desconocida para Vicente. El producto de ciertas multas se destin\u00f3 a la caridad de algunos lugares. La Se\u00f1ora de Gondi cedi\u00f3 a la obra el producto de algunos impuestos. Se pose\u00edan ovejas y vacas y se repart\u00edan entre los asociados, quienes las alimentaban para el provecho de la asociaci\u00f3n: aunque hubiera llegado a sacerdote, el se\u00f1or Vicente no se hab\u00eda olvidado de ser un excelente campesino. \u2013Se dispon\u00eda de un granero y un dep\u00f3sito para las limosnas voluntarias; tra\u00edan granos, pan, legumbres, ropas, le\u00f1a, juegos de vajilla, vestidos, camas, etc.<br \/>\n34. Suelo \u00e1spero; contrariedades. \u00c9xito. Los mendigos llenaban todos los lugares \u2013poder espantoso que provocaba des\u00f3rdenes; gentes que se podr\u00edan en vicios criminales y que molestaban a los ciudadanos. Las Caridades procuraban poner fin a la mendicidad. Hasta el mismo Par\u00eds, tan civilizado, hab\u00eda luchado contra esta plaga.. La creaci\u00f3n de talleres p\u00fablicos en la capital hab\u00eda terminado en fracaso; el env\u00edo de los mendigos al ej\u00e9rcito limpiaba las calles solamente de j\u00f3venes sanos y esto por un tiempo.<br \/>\nEl proyecto genial del se\u00f1or Vicente sorprend\u00eda por su novedad. \u00ab&#8230;todos se re\u00edan de m\u00ed\u00bb, cuenta \u00e9l a prop\u00f3sito de fundar una gran Caridad, \u00aby me se\u00f1alaban con el dedo en la calle; pero, cuando la cosa estuvo en marcha, lloraban de alegr\u00eda\u00bb. Felicitan al creador de esta obra: \u00abUsted es, se\u00f1or, la causa de todos estos bienes y es el primer motor, despu\u00e9s de Dios\u00bb. El mismo Vicente est\u00e1 muy satisfecho de los buenos resultados: las Caridades \u00abhacen maravillas, por la gracia de Dios\u00bb, dice en una carta. Un reglamento de Caridad finaliza con la expresi\u00f3n de alegr\u00eda del se\u00f1or Vicente, diciendo: \u00ablos ricos ganar\u00e1n un mill\u00f3n de bendiciones en este mundo y la vida eterna en el otro; los pobres son educados en el temor de Dios, ense\u00f1ados a ganar su vida y asistidos en sus necesidades; y, finalmente, las ciudades liberadas de muchos holgazanes, todos viciosos y se beneficiar\u00e1n con los trabajos de los pobres\u00bb.<br \/>\n35. Modelos ilustres. Este aspecto nuevo, atrevido, que instauraron las Caridades en la vida de la Iglesia, los reglamentos tan sabios desde el primer momento y tantos hechos sobre los cuales han insistido los bi\u00f3grafos. Todo esto, sin embargo, ten\u00eda sus antecedentes.<br \/>\nCierto bi\u00f3grafo admite que Vicente de Pa\u00fal bien pudo tener modelos al crear la primera Caridad. \u2013Efectivamente, las religiosas de la tercera orden de San Francisco de As\u00eds cuidaban los enfermos en los hospitales de Francia desde el siglo XVI.<br \/>\nLallemand se\u00f1ala al hospital de la Caridad en Roma como un modelo de las Caridades vicencianas. Es cierto, el primero de los modelos de Vicente, porque hay varios, fue la Carit\u00e0 de Roma. \u00abDicha hermandad se llamar\u00e1 la hermandad de la Caridad, a imitaci\u00f3n del hospital de la Caridad de Roma\u00bb, reconoce expl\u00edcitamente el se\u00f1or Vicente, en el reglamento primitivo.<br \/>\nLa Roma de los tiempos j\u00f3venes del se\u00f1or Vicente pod\u00eda proporcionar tambi\u00e9n otros ejemplos. Exist\u00edan asociaciones laicas de Carit\u00e0 desde la edad media, etc., que se multiplicaron hasta el siglo XVIII. Sus miembros llevaban a cabo diversas obras de beneficencia.<br \/>\n36. La inspiraci\u00f3n venida de Francisco de Sales. En lo referente a la creaci\u00f3n de Caridades, es necesario, ante todo, fijarse en el ejemplo de San Francisco de Sales. Estudiaba a Erasmo y conoc\u00eda los movimientos de caridad venidos de los Pa\u00edses Bajos. La importancia de las primeras religiosas de la Visitaci\u00f3n para la fundaci\u00f3n de la Hijas de la Caridad de Vicente de Pa\u00fal salta a la vista: los bi\u00f3grafos apenas si lo ocultan. Pero, propiamente hablando, esta influencia se hace sentir mucho m\u00e1s pronto en las fundaciones de Caridad. Adem\u00e1s, el santo obispo proclama claramente el programa de las Caridades, al decir: \u00abAs\u00ed, entre los servidores de Dios, unos se dedican a cuidar a los enfermos, otros a socorrer a los pobres, otros trabajan en la catequesis de la doctrina cristiana entre los ni\u00f1os y otros en recuperar las almas perdidas o descarriadas\u00bb.<br \/>\n37. La teor\u00eda: ideas flamencas y espa\u00f1olas. El padre de las Caridades tambi\u00e9n parece haber conocido influencias literarias). Hacia mediados del siglo XVI se conocen intentos de organizar servicios p\u00fablicos de socorro en los ayuntamientos flamencos y entre las poblaciones espa\u00f1olas. Entre los humanistas de quienes se publicaron sus obras en los Pa\u00edses Bajos y en Espa\u00f1a, el nombre m\u00e1s conocido era Vives. Hab\u00eda pasado largas temporadas en Brujas y era amigo de Erasmo. Durante mucho tiempo sigui\u00f3 las ideas de la reforma. Vives redact\u00f3 sabias medidas a favor de los pobres: comp\u00e1renlas con las que recomiendan sus sucesores, con las reglas citadas m\u00e1s arriba de las Caridades vicencianas. \u2013El siglo XVII no camina de espaldas a los humanistas.<br \/>\n38. San Vicente y el derecho del pobre. San Vicente de Pa\u00fal admira la pobreza. Reconoce estar impresionado por la bella f\u00f3rmula de los religiosos hospitalarios de Italia: \u00abYo, fulano de tal, hago voto de servir a nuestros se\u00f1ores los pobres\u00bb. Dice a las hermanas: \u00abUstedes sirven a Jesucristo en la persona de los pobres. Esto es tan verdad como que nos encontramos aqu\u00ed\u00bb. \u2013\u00bbDios ama a los pobres\u00bb, repite, y se le escapa una confesi\u00f3n revolucionaria: \u00abLos pobres nos alimentan; pidamos a Dios por ellos\u00bb. Porque, es en esta pobre gente donde se conserva la verdadera religi\u00f3n, una fe viva; ellos creen con toda sencillez, sin buscar cinco pies al gato; sumisi\u00f3n ante las \u00f3rdenes, paciencia en la miseria extrema y en sufrir cuanto le agrade a Dios\u00bb. \u2013Esp\u00edritu cat\u00f3lico, el se\u00f1or Vicente act\u00faa, en relaci\u00f3n con los pobres, conforme a los principios de los humanistas y de la Reforma. El inter\u00e9s por su propia salvaci\u00f3n no le sirve m\u00e1s que para racionalizar su intuici\u00f3n del derecho del pr\u00f3jimo y del instinto de la caridad.<br \/>\nUn jesuita escrib\u00eda en 1643 que Par\u00eds era la ciudad real de la caridad; y sus damas y doncellas de honor eran estas nobles y virtuosas damas e hijas de las Caridades. Por la fundaci\u00f3n de esta instituci\u00f3n vital, seguida de otras semejantes, san Vicente de Pa\u00fal fue el organizador de las obras de auxilio p\u00fablico, hasta entonces endebles y dispersas.<br \/>\n39. Extensi\u00f3n de la obra. Despu\u00e9s de las treinta primeras Caridades fundadas durante los cuatro primeros a\u00f1os, la instituci\u00f3n se difundi\u00f3 r\u00e1pidamente por todo el reino. Algunas relaciones dan testimonio de la importancia que tuvo en el momento. En 1629, la capital estaba conquistada: seis Caridades en dos a\u00f1os. \u2013Tras las huellas de los lazaristas atravesaron las fronteras de Francia.<br \/>\nLa Revoluci\u00f3n suspendi\u00f3 todas las instituciones cat\u00f3licas, pero las Caridades resucitar\u00edan y llegaron a un extraordinario florecimiento hasta nuestros d\u00edas, bajo diversos nombres. Son demasiado numerosas para ser nombradas a todas aqu\u00ed. En 1833, algunos j\u00f3venes, motivados por el celo de Ozanam, se unen fraternalmente, con el fin de conservar su fe cristiana en medio de los horrores que invaden la sociedad. Se propusieron la pr\u00e1ctica de la caridad con los pobres, como un medio de alcanzar el fin propuesto. Se reun\u00edan semanalmente con un fin piadoso y pr\u00e1ctico a la vez. Hac\u00edan una colecta entre ellos y visitaban personalmente a sus pobres. En cincuenta a\u00f1os, el n\u00famero de estas \u00abConferencias de San Vicente de Pa\u00fal\u00bb \u2013parecidas a las antiguas Caridades de hombres, finalmente pr\u00f3speras- se elev\u00f3 a la cifra de cuatro mil, repartidas por todas las partes del mundo. \u2013En 1840, una mujer bondadosa, la se\u00f1ora Le Vavasseur, hizo renacer la hermandad original de las Caridades de mujeres. Se ha conjeturado, que era m\u00e1s bien la continuaci\u00f3n de otra asociaci\u00f3n de caridad vicenciana, fundada posteriormente bajo la inspiraci\u00f3n de la se\u00f1ora Goussault. Esto parece poco probable. En efecto, los miembros de esta \u00abObra general de los pobres enfermos de las Damas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal\u00bb,tambi\u00e9n llamadas brevemente, \u00abDamas de la Caridad\u00bb, son \u00abverdaderas siervas de los pobres\u00bb, quienes vuelven a tomar el apelativo de \u00abDamas de la Caridad\u00bb, llamadas del Hotel Dieu. La obra cuenta con m\u00e1s de 2.500 filiales, extendidas por el mundo entero. Ha conseguido resultados grandiosos, tanto en Francia como en una gran cantidad de pa\u00edses europeos, en Egipto, en Am\u00e9rica del Norte, del Sur y central. Los superiores de los padres lazaristas y las de las Hijas de la Caridad son sus directores y directoras; su reglamento es la compilaci\u00f3n de los reglamentos del gran siglo XVII.<br \/>\n40. La mujer y la caridad. El se\u00f1or Vicente vio r\u00e1pidamente que, para la obra de caridad, las mujeres val\u00edan mucho m\u00e1s que los hombres). Las mujeres se adaptaban naturalmente a su direcci\u00f3n, mientras que la mayor parte de los hombres piadosos declaraban su independencia. Con respecto a la mujer, posesi\u00f3n \u2013aunque posesi\u00f3n espiritual; con respecto al hombre, rivalidad \u2013aunque en el \u00e1mbito espiritual- \u00e9sta era la actitud hacia su entorno que tomaba, a menudo, un hombre cuya grandeza empujaba desde el suelo real de sus instintos.<br \/>\nSan Vicente popularizaba, centralizaba la idea cristiana de que es necesario ayudar al pr\u00f3jimo. Estaba consciente de que los pobres ten\u00edan sus derechos \u2013concepci\u00f3n inaudita en la \u00e9poca; tambi\u00e9n estaba consciente de cu\u00e1nto se aburr\u00edan las damas en el ambiente de la vida mundana. Su c\u00edrculo de amistades se compon\u00eda de una gran parte de mujeres, cuya suerte era un drama, donde luz y sombra constitu\u00edan un contraste impresionante, con d\u00edas oscuros, como un cuadro de Caravaggio. El santo las consideraba entregadas a Dios; las reun\u00eda para darlas m\u00e1s adelante a los pobres. \u00c9l sabe lo que quiere: ya en el momento de fundar la primera Caridad, la de Chatillon, este maestro sabe aplicar a la hermandad la promesa y la amenaza del Se\u00f1or, seg\u00fan el Evangelio, con todo el peso que le confiere la autoridad de un san Bernardo, uno de los maestros predilectos de san Vicente, quien se apoyaba sobre las mismas palabras del Se\u00f1or. \u00abEs \u00e9l mismo quien nos asegura por su boca\u00bb, leemos en las reglas de la primera Caridad, \u00abque ser\u00e1n los que aliviaron a los pobres quienes escuchar\u00e1n, en el d\u00eda temible del juicio, su dulce y agradable voz: \u2018Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino que os tengo preparado desde el comienzo del mundo\u2019; y, por el contrario, aquellos que no se han preocupado en absoluto, ser\u00e1n alejados de \u00e9l con estas duras y terribles palabras: \u2018Malditos, apartaos de m\u00ed; id al fuego eterno que est\u00e1 preparado para el diablo y sus secuaces\u2019\u00bb.<br \/>\nLa Caridad primitiva de Chatillon se puso bajo el patronazgo de la Madre de Dios: como un recuerdo inconsciente de la pasi\u00f3n de Vicente por la mujer a la que hab\u00eda obedecido como a la San\u00edsima Virgen.<br \/>\n41. Energ\u00eda de los Gondi para el llamado del fugitivo. Instalado como p\u00e1rroco, el se\u00f1or Vicente le escribe al general, al fin, despu\u00e9s de una ausencia de varios meses, para informarle que hab\u00eda renunciado al cargo de capell\u00e1n. Inmediatamente el se\u00f1or de Gondi se pone a la tarea de llamarlo. Seg\u00fan una carta dirigida a su esposa, y cuyo original ser\u00eda curioso verlo, el general escrib\u00eda: \u00abMe encuentro consternado por una carta que me ha escrito el se\u00f1or Vicente y que yo se la remito, para ver si a\u00fan hay remedio a esta desgracia que ser\u00eda para nosotros al perderlo. Estoy sumamente extra\u00f1ado de que no os haya informado sobre su determinaci\u00f3n, y de que usted no lo haya previsto. Le ruego que ponga todos los medios para que no lo perdamos. Porque, aunque la raz\u00f3n que alega fuera verdad (su pretendida incapacidad), no la considero en absoluto, teniendo yo una raz\u00f3n m\u00e1s fuerte, como es mi salvaci\u00f3n y la de mis hijos, a la cual yo s\u00e9 que \u00e9l me podr\u00e1 ayudar en gran manera, y a las resoluciones que deseo tomar, hoy m\u00e1s que nunca, y sobre las cuales os he hablado a menudo\u00bb. Aqu\u00ed hacemos un par\u00e9ntesis. Admitida la autenticidad de la carta, el general debe aludir, en primer lugar, a una resoluci\u00f3n de apoyar la fundaci\u00f3n de su mujer. Abelly, sin embargo, parece sugerir aqu\u00ed la idea del general de abandonar el mundo. Esta inspiraci\u00f3n deber\u00eda madurar bajo otra estrella, la de quien la hab\u00eda provocado. Esta idea del general a\u00fan la ignoraba su esposa en el momento en que ella hac\u00eda su testamento, como podremos comprobar. Contin\u00faa la carta: \u00abA\u00fan no he dado respuesta (a la carta recibida) y esperar\u00e9 vuestras noticias antes de hacerlo. Piense en la mediaci\u00f3n de mi hermana&#8230; que no est\u00e1 lejos de \u00e9l, ser\u00eda oportuna, aunque creo que no hay nadie m\u00e1s influyente que el se\u00f1or Berulle. D\u00edgale que aunque el se\u00f1or Vicente no tenga el m\u00e9todo de ense\u00f1ar a los j\u00f3venes, puede tener un hombre bajo su direcci\u00f3n, y que de todos modos yo deseo vehementemente que vuelva a mi casa, donde vivir\u00e1 como guste, y yo, un d\u00eda, ser\u00e9 hombre de bien, si \u00e9l est\u00e1 en mi compa\u00f1\u00eda\u00bb \u2013Esta carta bajo la pluma de un hombre que a\u00fan no se hab\u00eda convertido- nos da que sospechar, en una \u00e9poca en la que tantas historias y cartas son falsas). \u2013La carta nos la ha transmitido Abelly. Ahora bien, este bi\u00f3grafo muy a menudo da se\u00f1ales de poco sentido hist\u00f3rico\u00a0 y altera constantemente las cartas que cita. \u00abBastantes son hasta casi irreconocibles, hasta tal punto han sufrido correcciones\u00bb, atestigua el se\u00f1or Coste. \u2013Referente al detalle dado en la carta, Abelly puede tener inter\u00e9s en insistir sobre el motivo del se\u00f1or Vicente para dejar su cargo de preceptor: la de no dominar \u00abel m\u00e9todo\u00bb de ense\u00f1ar. Aunque el mismo santo lo haya atestiguado nos parece raro que el conde haya aceptado este motivo como v\u00e1lido. Desde su juventud, y durante largos a\u00f1os, el fugado casi no hab\u00eda hecho m\u00e1s que esto, y con \u00e9xito.<br \/>\nLa generala dijo a una persona de su confianza en esta ocasi\u00f3n: \u00abJam\u00e1s lo hubiera pensado; el se\u00f1or Vicente habi\u00e9ndose mostrado muy caritativo con mi alma para abandonarme de esta manera; pero, alabado sea Dios, no lo acuso de nada: sin embargo su alejamiento es bien extra\u00f1o; confieso que no veo ni gota; \u00e9l sabe la necesidad que yo tengo de su direcci\u00f3n, y los problemas que tengo que comunicarle; los sufrimientos espirituales y corporales que he pasado ya no tienen apoyo; sin su consejo me es imposible hacer todo el bien que deseo en mis pueblos. En una palabra: veo mi alma en un estado muy lamentable. Usted ve con qu\u00e9 disgusto me ha escrito el se\u00f1or general sobre el bien que hac\u00eda en mi casa, que mis hijos se deterioran d\u00eda a d\u00eda, que el bien que hac\u00eda en mi casa y a siete u ocho mil almas que viven en mis dominios, ya no lo har\u00e1 m\u00e1s. \u00bfQu\u00e9? \u00bfacaso estas almas no fueron tan redimidas por la preciosa sangre de Nuestro Se\u00f1or, como las de Bresse? \u00bfNo le son igualmente amadas? En verdad no s\u00e9 c\u00f3mo entiende esto el se\u00f1or Vicente; paro me parece que es de tal importancia como para hacer lo posible de recuperarlo; s\u00e9 que no busca m\u00e1s que la mayor gloria de Dios, y yo no quiero desviarlo de hacer su santa voluntad; pero le ruego con todo mi coraz\u00f3n, que me lo devuelva; se lo pido a la santa Madre y se lo pedir\u00eda con mucha m\u00e1s fuerza si mi inter\u00e9s personal no estuviera unido al del general, al de mis hijos, al de mi familia y al de mi s\u00fabditos\u00bb \u2013La generala se siente paralizada hasta en sus obras de caridad que hab\u00eda emprendido anteriormente con tanto entusiasmo: la fuente de la primitiva y fructuosa energ\u00eda, el aprecio de una persona del otro sexo, ya no estaban all\u00ed.<br \/>\nLa diligencia testimoniada por el general a prop\u00f3sito de un suceso ocurrido mucho tiempo antes nos coloca ante la pregunta de saber si \u00e9l quer\u00eda prevenir de ello a su mujer. Pero ella no se apresur\u00f3 en el problema. \u00bfAcaso no escribi\u00f3 a su esposo durante meses, ya que parece que no fue avisado de la desaparici\u00f3n del capell\u00e1n? \u00bfni siquiera hab\u00eda mencionado el hecho? Pensamos m\u00e1s bien, que no quer\u00eda tomar medidas antes de conocer el pensamiento, quiz\u00e1 provocado por ella, que ten\u00eda su marido sobre el asunto. Tuvo tiempo suficiente de comunicarse con su marido para informarle que su orden estaba dada para llamar al se\u00f1or Vicente. Porque resulta extra\u00f1o el hecho de que la condesa no parece haberse comunicado con Berulle en el pasado. Y al menos seis meses despu\u00e9s de la marcha de su director, ella se deshac\u00eda, basada en la respuesta de su marido (recibi\u00f3 la carta de \u00e9ste el 14 de septiembre) en sus razonamientos y en sus cartas, en lamentaciones verdaderamente desgarradoras. \u00abNo estaba equivocada, escribe al se\u00f1or Vicente, al tener miedo de perder su ayuda&#8230; La angustia en la que me encuentro me ser\u00eda insoportable sin una gracia extraordinaria de Dios, que no merezco. Si no fuera m\u00e1s que por un tiempo, no tendr\u00eda tanta pena; pero cuando pienso en todas los momentos en que tendr\u00e9 necesidad de su ayuda, de su direcci\u00f3n o su consejo, sea en la muerte o en la vida, mi angustia se renueva. Juzgue, pues, si mi alma y mi cuerpo pueden soportar mucho tiempo este dolor&#8230; El se\u00f1or Berulle me ha prometido escribirle; ruego a Dios y a la Sant\u00edsima Virgen para que usted vuelva a nuestra casa, por la salvaci\u00f3n de nuestra familia y de muchas otras, hacia quienes usted podr\u00e1 practicar su caridad&#8230; Si despu\u00e9s de todo esto usted me rechaza, lo acusar\u00e9 ante Dios de todo lo que me suceda y de todo el bien que dejar\u00e9 de hacer, por no estar bien asistida. Usted me pone en peligro de estar en lugares privada de los sacramentos, con las pocas personas capaces de ayudarme. Usted se da cuenta de que el Se\u00f1or general tiene el mismo sentimiento&#8230; No se oponga al bien que usted puede hacer ayudando a mi salvaci\u00f3n&#8230; Yo s\u00e9 que, no sirviendo mi vida m\u00e1s que a ofender a Dios, no es peligroso de dejarme a la suerte; pero mi alma debe ser asistida en el momento de la muerte. Acu\u00e9rdese de la aprensi\u00f3n en la que me vio durante mi \u00faltima enfermedad en un pueblo; me encuentro ahora en un momento casi peor que entonces; s\u00f3lo el temor de caer en ese estado me har\u00eda tanto da\u00f1o, que no s\u00e9 si, sin la gran preparaci\u00f3n de entonces, me pueda causar la muerte.\u00bb<br \/>\n42. Los motivos. En gran parte, esta carta es pura literatura: nos encontramos en la \u00e9poca de las ambiciones literarias en forma epistolar de Madame Sevign\u00e9. La generala lamentaba su causa y la de su casa. Le disgustaba la inc\u00f3moda situaci\u00f3n tan poco halagadora como era la hu\u00edda del capell\u00e1n de la familia. Inconscientemente, deseaba adem\u00e1s dar testimonio de la inocencia de su comportamiento con su director \u2013comportamiento que era la verdadera causa de la escapada de este \u00faltimo Deseaba dar testimonio de este comportamiento ante los ojos del mundo y del se\u00f1or Vicente, a quien hab\u00eda atormentado sin prop\u00f3sito consciente. Sobre todo era necesario este testimonio ante s\u00ed misma. \u2013Pujaba sobre su dolor. En ella no se trata de la hist\u00e9rica que amenaza con morir, finalizando la carta, como ser\u00eda la actitud cl\u00e1sica, para castigar, as\u00ed, a quienes no la comprenden. Se trata m\u00e1s bien de una persona que sabe manejar su problema y lo hace: hay que llegar al cl\u00edmax. Despu\u00e9s, el secreto entre dos corazones \u2013\u2018\u00bfusted se acuerda?\u2019. He ah\u00ed el c\u00e1ndido triunfo de fe de Eva, recordar a los dos, en una caba\u00f1a de madera, y \u00e9l sufriendo de nostalgia por ella.<br \/>\nLos bi\u00f3grafos detestan a la joven condesa de nuevo por su carta: \u00abEsta ni\u00f1a mimada juzga intolerable que el elegido se haya escondido ante su capricho; ah\u00ed la tienen haci\u00e9ndose peque\u00f1ita y muy h\u00e1bil por otra parte, porque , por su matrimonio, se ha hecho alumna de la escuela de Italia\u00bb. \u2013Sin embargo, este juego de polarizaci\u00f3n que hemos observado entre los dos era inconsciente de parte y parte. Lo que existe de pura sexualidad irreflexiva en el hombre, puede significar odio, venganza. Atrapado por la \u00absimplicidad\u00bb que va elogiar en ella. \u2013simplicidad femenina y sutil para analizar \u2013el se\u00f1or Vicente hab\u00eda caminado en todo este embrollo junto a ella, quien ser\u00eda, durante los m\u00e1s de doce a\u00f1os cr\u00edticos de su vida, la due\u00f1a del asunto.<br \/>\n43. La c\u00e1ndida Eva. Esta especie de humillaci\u00f3n de tono insinuante y adulador contenido en la carta que, con el consentimiento del marido, una dama del mundo dirig\u00eda a su servidor, no hace m\u00e1s que acentuar el abismo social existente entre la condesa y el pobre capell\u00e1n. La humillaci\u00f3n de la generala, en cuanto mujer, acentuaba la audacia de su coqueter\u00eda, posible por el sentimiento de seguridad que le inspiraban sus castillos. Adivinando por qu\u00e9 \u00e9l se hab\u00eda ausentado, sin darse cuenta de ello, se siente feliz y culpable al mismo tiempo. Pero no opon\u00eda a las opiniones apasionadas del otro m\u00e1s que la ignorancia de la mujer en relaci\u00f3n con el peligro. Polarizaci\u00f3n frente al m\u00e1s fuerte de los dos rivales, ella permanece, en su subconsciente, despreocupada de las limitaciones convencionales y sociales. La verdadera Eva es ingenua, en su papel pasivo por naturaleza.<br \/>\nLa respuesta del se\u00f1or Vicente a la carta de la condesa trata de darle \u00e1nimos, invit\u00e1ndola al mismo tiempo, a someterse al buen querer de Dios. La generala, sin desorientarse en su prop\u00f3sito de llamarlo, continuaba cada vez con mayor insistencia. Consigue que le escriban sus hijos, los empleados de la casa, algunos religiosos, el se\u00f1or Berulle y hasta el obispo de Par\u00eds.<br \/>\n44. Celos espirituales. Sin duda, el general ve\u00eda en la s\u00fabita desaparici\u00f3n del capell\u00e1n una deshonra para la familia. No sospecha el verdadero motivo, pero lo intuye, inconscientemente. Llama al pr\u00f3fugo para no darle importancia al asunto. Espera el beneficio que alcanzar\u00e1 con su vuelta: \u00abNo le dir\u00e9 m\u00e1s, escribe al se\u00f1or Vicente, ya que usted ha le\u00eddo la carta que escrib\u00ed a mi mujer. Solamente le ruego que considere, que a mi parecer, Dios quiere que el padre y los hijos sean hombres de bien por su mediaci\u00f3n\u00bb. Aqu\u00ed no menciona a su devota esposa. \u2013El general sabe que su mujer se encuentra muy sola; prefiere tenerla bajo la direcci\u00f3n de un director en el que ella ha puesto su confianza. No obstante, aunque llame a su capell\u00e1n, el conde est\u00e1 celoso: no del humilde sacerdote, sino del motivo que une a su mujer con \u00e9ste \u2013rivalidad espiritual. Para reconquistar la soberana posesi\u00f3n de su esposa, le era necesario al valiente caballero librar una lucha suprema: la conversi\u00f3n.<br \/>\n45. El se\u00f1or Vicente se rinde. El ausente se hace rogar. \u2013\u00bbNo echemos en cara a los t\u00edmidos su orgullo; un desprecio triunfante y trascendental, sentimiento de la soledad del alma, quiz\u00e1 sea su forma de expresi\u00f3n: le aporta un peque\u00f1o consuelo entre las frustraciones de la vida\u00bb \u2013El superior del Oratorio de Li\u00f3n, m\u00e1s que ning\u00fan otro, hace lo posible por la vuelta de Vicente junto a sus antiguos amos. Un poco antes de la Navidad de 1617, Vicente abandon\u00f3 sus parroquianos con el coraz\u00f3n acongojado. Acompa\u00f1ado por los gritos y las l\u00e1grimas de su grey, repet\u00eda con ternura que ten\u00eda gran necesidad de sus oraciones.<br \/>\n46. El triunfador. Vicente ha capitulado, pero como triunfador, y vuelve al hogar familiar ya probado, habiendo recibido su bautismo de fuego como organizador. Acaba de tener una revelaci\u00f3n: la de su fuerza.<br \/>\nSu sed de actividad ser\u00e1, en adelante, calmada. \u2013La generala enseguida le arranca la promesa de no abandonarla m\u00e1s. M\u00e1s que nunca ella favorecer\u00e1 su obra por el bien de las almas. Quiz\u00e1 fue, sin sospecharlo, m\u00e1s que nunca v\u00edctima de su propio juego, en la medida en que el otro se hab\u00eda liberado. Pero un nuevo lazo les un\u00eda: el deseo ardiente de la perfecci\u00f3n. \u2013Juntos, en una feliz extroversi\u00f3n, \u00e9l y la generala, visitando y predicando a los pobres, institu\u00edan por donde iban, las Hermandades de la Caridad.<br \/>\nLa diligencia de la generala junto a los pobres no ten\u00eda la seguridad matriarcal de una gran dama: se comportaba, ya lo hemos visto(198), como la m\u00e1s humilde hija de Nuestro Se\u00f1or. Y esto lo hac\u00eda no s\u00f3lo para imitar a su director: debemos ver ah\u00ed la consecuencia del complejo ps\u00edquico de inferioridad, debido a su debilidad f\u00edsica.<br \/>\nEl general ya segu\u00eda con agrado a su mujer y a su hermana la marquesa junto a la Madre Margarita. La visitaba a menudo y se escrib\u00edan. Habi\u00e9ndose encontrado en peligro de muerte, durante una tempestad en el mar, atribu\u00eda su salvaci\u00f3n \u00fanicamente a las oraciones de su santa amiga. Leal hacia su esposa, se hab\u00eda convertido: su amor conyugal tuvo un rival espiritual.<br \/>\nLa generala no muere tampoco, si el se\u00f1or Vicente se aleja a 50 leguas viajando para cumplir con sus obligaciones. \u2013En 1619 es nombrado para un alto cargo, creado expresamente por el rey, el de capell\u00e1n general de las galeras. En 1644, el cargo deb\u00eda pasar a sus sucesores, superiores de la congregaci\u00f3n, cuya fundaci\u00f3n ya era un hecho. Por su celo el se\u00f1or Vicente se hizo merecedor del ascenso que colocaba al humilde sacerdote en la cima de los honores). \u2013\u00bb\u00a1Por favor, se\u00f1or, usted se marcha! \u00bfA qui\u00e9n acudir\u00e9 en mis penas?\u00bb, le pregunta la condesa en la salida del capell\u00e1n. \u00c9ste responde: \u00abSe\u00f1ora, Dios proveer\u00e1. Usted podr\u00e1 acudir al se\u00f1or tal, o al se\u00f1or cual, \u00e9ste para los confesiones ordinarias, y aquel para que le aconseje; y si uno y otro no le dan paz a su esp\u00edritu, le aconsejo, se\u00f1ora, buscarla a los pies de la cruz\u00bb. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, la dama le escrib\u00eda: \u00abSe\u00f1or, he seguido los consejos que usted me dio, para tranquilizar mi esp\u00edritu en las pena, pero s\u00f3lo he podido seguir el de arrojarme a los pies del crucifijo\u00bb.<br \/>\n47. Las prisiones. En Par\u00eds un d\u00eda se le ocurri\u00f3 al se\u00f1or Vicente visitar las prisiones. \u00a1Qu\u00e9 visi\u00f3n! Los hombres medio desnudos, cubiertos de llagas, rabiosos, con la blasfemia en la boca. En alg\u00fan momento recib\u00edan la visita cruel de gentes de mundo, que la hac\u00edan por curiosidad. En Ch\u00e2telet mazmorras con el suelo anegado por las crecidas del Sena, celdas mort\u00edferas, sin aire y sin luz, plagadas de reptiles y de ratas. En casi todas partes, la alimentaci\u00f3n reglamentada era en cantidad insuficiente y en calidad horrible. Los carceleros estaban interesados en que los prisioneros fueran tratados de la forma m\u00e1s dura; esto les obligaba a pagar a altos precios cualquier favor de los vigilantes. Hasta la Revoluci\u00f3n apenas si se puso remedio a este estado de cosas; una ordenanza de 1560 nos hace la descripci\u00f3n siguiente: \u00ab&#8230;guaridas&#8230;horribles,&#8230;donde se hace aterir de fr\u00edo, desesperarse por un hambre voraz, morir de sed y pudrirse en la miseria y la pobreza a los prisioneros; tal es su estado que si uno, movido por la compasi\u00f3n, va a visitarlos, se les ve levantarse como los osos de la tierra h\u00fameda y fr\u00eda, tan peque\u00f1os, flacos y deformes, que ya no les quedan m\u00e1s que la nariz y las u\u00f1as\u00bb. Por todas partes no hab\u00eda m\u00e1s que cloacas de miserias y de vicios. Los calabozos de la Bastilla, de Ch\u00e2telet, de la Conserjer\u00eda, ocultaban los horrores, de los cuales dan testimonios brutales los archivos de la justicia. \u2013El capell\u00e1n de las galeras se precipit\u00f3 ante el general de Gondi para suplicarle a favor de los miserables prisioneros. El obispo de Par\u00eds los recomendaba a la caridad p\u00fablica; la asiduidad del se\u00f1or Vicente, quien pasaba d\u00edas entero a su lado, transform\u00f3 este infierno en un lugar para el arrepentimiento. La alta sociedad ven\u00eda a contemplar este milagro: en todo Par\u00eds se hablaba de esto.<br \/>\nVicente consigui\u00f3 del general d Gondi una casa para el funcionamiento de un hospital, donde los forzados enfermos se beneficiaran de un trato humano. Primero se les ubic\u00f3 en una casa rudimentaria; despu\u00e9s estuvieron mejor instalados. \u2013El ingl\u00e9s Howard, prisionero de guerra en Francia en 1756, se inspir\u00f3 en estas miserias para trabajar en el mejoramiento del trato con los prisioneros en su pa\u00eds. Fue la obra de su vida (209), ejemplo a imitar en la posteridad. El se\u00f1or Vicente a\u00fan no hab\u00eda conseguido todo. Gloriosamente, nuestro santo, hombre de evangelio, se adelantaba a su tiempo en el trato que daba a los condenados por la justicia.<br \/>\n48. Capell\u00e1n general de las galeras. El nuevo capell\u00e1n real enseguida visit\u00f3 todos los presidios. Marsella era el puerto principal de las galeras. Por la ruta de Par\u00eds hacia el lugar de destino, los forzados arrastraban sus cadenas, de 150 libras de peso. Al que ca\u00eda por el cansancio, lo mataban a latigazos. Un quinto forzado muri\u00f3 de esa forma. Los que, en el l\u00edmite de sus fuerzas, se ve\u00edan obligados a pedir la carreta, no obten\u00edan este privilegio m\u00e1s que despu\u00e9s de pasar la prueba del vergajo. Sin frenar la carreta, se les arrojaba como sacos, contra los tablones de la carreta, salpicados de gruesos clavos.<br \/>\nLas galeras no prestaban servicio m\u00e1s que en el Mediterr\u00e1neo. Su borda sobresal\u00eda muy poco sobre el oleaje. Una plataforma para los soldados, sobre los remeros daba la vuelta al nav\u00edo a lo largo de la borda. Cada uno de los largos remos era manejado por cinco u ocho remeros. Los m\u00e1s grandes nav\u00edos, como el que gobernaba el se\u00f1or de Gondi, estaban capacitados para transportar cuatrocientos hombres). En la antig\u00fcedad se empleaban hombres libres como remeros. En el siglo XVII ocupaban esos lugares los presidiarios. Loa galeotes, agrupados en pandillas, eran criminales, contrabandistas, \u2018falsos salineros\u2019, desertores, vagabundos, mendigos, etc.. Los administradores se avergonzaban si no enviaban suficiente n\u00famero de condenados. A los pobres prisioneros se les reten\u00eda m\u00e1s tiempo del de su condena. Los primeros a\u00f1os no se los contabilizaban pr\u00e1cticamente: se supon\u00eda que el galeote hac\u00eda su aprendizaje. Se cuenta el caso de un soldado quien, condenado a cinco a\u00f1os, estuvo retenido durante diecinueve. A otro, cuya pena era de dos a\u00f1os, lo retuvieron durante diecis\u00e9is: finalmente se le otorg\u00f3, por gracia, la libertad. A otros que hab\u00edan cumplido su tiempo, se les propon\u00eda dejarlos libres, si pagaban una gran cantidad de dinero; o tambi\u00e9n algunos deb\u00edan comprar un cierto n\u00famero de esclavos turcos para ocupar su puesto \u2013En el mercado de Turqu\u00eda se compraban Eslavos, Griegos y Berberiscos al gran jefe de Malta; entre los Berberiscos se vend\u00eda prisioneros turcos. \u2013La visi\u00f3n de una mazmorra era horrible: cabezas rapadas, muchos con la nariz y las orejas cortadas por haber intentado escaparse. Una cadena los manten\u00eda atados a los bancos, de los que no se apartaban jam\u00e1s: dorm\u00edan en su puesto de remar. Para comer s\u00f3lo pan y agua, y algunas veces legumbres secas. En sus momentos de descanso los galeotes pod\u00edan dedicarse a trabajos sencillos, como a tejer prendas ,etc., que los guardianes iban a vender en tierra; con lo que los guardianes les entregaban de la venta , los galeotes pod\u00edan comprar, a precios abusivos, carne, etc.. \u2013Cuando la galera estaba en marcha, el comit\u00e9 y los subcomit\u00e9s, armados de l\u00e1tigos, golpeaban las espaldas desnudas de los remeros. Corro\u00eddos por la ro\u00f1a, expuestos al sol, a la lluvia, a la helada, a los golpes de las olas, los galeotes estaban obligados a remar de doce a quince horas. Si se desmayaban, se les despertaba a latigazos; Si no recobraban el conocimiento los arrojaban al mar. Cuando era inminente un combate naval, los comit\u00e9s gritaban: \u00ab\u00a1Tap\u00f3n a la boca!\u00bb. El tap\u00f3n era un trozo de corcho que colgaba del cuello de los forzados. Era necesario obligar a los heridos a morir en silencio, cuando , ondeando los pabellones, llov\u00edan las balas y retumbaban los ca\u00f1ones.<br \/>\n49. Una leyenda. Dos veces al a\u00f1o los comisarios dejaban en libertad a los galeotes inv\u00e1lidos y reconocidos como tales. El se\u00f1or Vicente, con toda la fuerza de su obra de sublimaci\u00f3n, no fallaba en reclamar a favor de los desdichados. \u2013Este trabajo pastoral de los galeotes fue encomendado a religiosos de distintas \u00f3rdenes, y m\u00e1s tarde a la congregaci\u00f3n que el se\u00f1or Vicente iba a fundar). Hubo numerosas conversiones, abjuraciones de herejes en masa, bautizos de turcos. \u00abLas galeras fueron tan cambiadas que se les compar\u00f3 a los claustros\u00bb.<br \/>\nLa leyenda dice que el se\u00f1or Vicente, movido de compasi\u00f3n, tom\u00f3 las cadenas de un joven galeote en Marsella y, al no volver a la comunidad en bastante tiempo, fue rescatado gracias a la condesa. Aqu\u00ed estar\u00eda, tambi\u00e9n, el origen de la inflamaci\u00f3n de sus piernas m\u00e1s tarde, seg\u00fan un bi\u00f3grafo. Tenemos \u00fanicamente como testimonio de esta aventura, las declaraciones en el proceso de canonizaci\u00f3n, de personas que hablaban de o\u00eddas, cien a\u00f1os despu\u00e9s de producirse el hecho. El otro testimonio deficiente fue una sonrisa hist\u00f3rica, \u00fanica respuesta del se\u00f1or Vicente a uno de su congregaci\u00f3n, que le pregunt\u00f3 si este acto de abnegaci\u00f3n de su Padre era aut\u00e9ntico. El supuesto inc\u00f3gnito del se\u00f1or Vicente en esta circunstancia ha sido agregado por Collet). En realidad Vicente ya era en ese tiempo un hombre muy conocido. Se ha podido demostrar f\u00e1cilmente que no hay lapsos de tiempo en su historia, durante los cuales hubiera sido posible tal historia.<br \/>\n50. La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Este es un hecho que parece revelar los vanos esfuerzos para poner un ansiado orden en su dedicaci\u00f3n a la misi\u00f3n en los dominios de los Gondi, mediando la gran suma de dinero reservada por la generala para este fin. Se hicieron estudios durante varios a\u00f1os. Finalmente, la generala concibi\u00f3 la idea de que el se\u00f1or Vicente era el hombre que buscaba para llevar a cabo su proyecto. Igualmente es f\u00e1cil adivinar al mismo director de la generala detr\u00e1s de tal idea. Hacia 1623, el futuro superior de la congregaci\u00f3n in spe se ha concedido a s\u00ed mismo la competencia de un licenciado en derecho can\u00f3nico. \u2013El conde a\u00f1adi\u00f3 a la donaci\u00f3n de su esposa igual cantidad. Otras donaciones se sumaron.<br \/>\n51. Los \u00abBons-Enfants\u00bb en San L\u00e1zaro. En 1624, el arzobispo de Par\u00eds, hermano del general de Gondi, cedi\u00f3 al se\u00f1or Vicente el cargo de principal del colegio de Bons-Enfants, con el fin de que hubiera una casa para hospedar a los misioneros en campa\u00f1a. Este colegio, cerca de la Puerta de San V\u00edctor, uno de los m\u00e1s antiguos universitarios, provisto de una rente de parte del rey, estaba casi abandonado. Sus muros ca\u00edan en ruinas. Para comenzar, el se\u00f1or Vicente se content\u00f3 con hacer las reparaciones absolutamente indispensables. El \u00fanico habitante en Bons-Enfants en 1624-5 era el se\u00f1or Portail, paisano del santo, futuro director de las Hijas de la Caridad, quien permanecer\u00eda fiel a ese proyecto hasta su muerte. \u2013El se\u00f1or Vicente conserva encantadores recuerdos de los primeros a\u00f1os de su obra: \u00abAs\u00ed march\u00e1bamos&#8230; predicar y misionar de pueblo en pueblo. Al salir entreg\u00e1bamos la llave a alguno de los vecinos o nosotros mismos les rog\u00e1bamos que durmieran en la casa. Sin embargo, por todos los lugares por donde iba s\u00f3lo ten\u00eda un serm\u00f3n que yo desenrollaba de mil maneras: el tema era el temo de Dios\u00bb . \u2013En 1625, la Congregaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n fue solemnemente institu\u00edda, con el se\u00f1or Vicente como Superior. De lo \u00fanico que carec\u00eda la joven congregaci\u00f3n era de miembros: su desarrollo lento, pero seguro, no contrastaba con los principios de su superior. Las carreras para obtener la aprobaci\u00f3n de la congregaci\u00f3n, etc., se comenzaron r\u00e1pidamente. Pero el proyecto iba a enfrentar dificultades.<br \/>\nFue en 1632 cuando la Compa\u00f1\u00eda tomar\u00eda posesi\u00f3n de San L\u00e1zaro, la nueva y magn\u00edfica casa-madre.<br \/>\n52. Los h\u00e9roes de la caridad. La obra de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n era apropiada para inflamar de devoci\u00f3n a las ciudades y sus alrededores. Los misioneros pudieron escuchar hasta 5.000 confesiones generales durante una misi\u00f3n. \u2013Las misiones fueron, con el tiempo, una de las obras seculares de Vicente de Pa\u00fal. Siempre la predicaci\u00f3n era fiel al tono familiar del \u2018peque\u00f1o m\u00e9todo\u2019.<br \/>\nPronto la obra deber\u00eda llegar a ser m\u00e1s y m\u00e1s variada. Se responsabilizar\u00e1 de seminarios, ejercicios espirituales para los ordenandos, y para los laicos, conferencias a los eclesi\u00e1sticos; todo esto ten\u00eda una importancia hist\u00f3rica. Se hicieron cargo de la asistencia espiritual a los soldados, capellan\u00edas de las prisiones y de los hospitales), misiones en el extranjero, como en Roma, G\u00e9nova, Irlanda, T\u00fanez, Madagascar, Polonia, Islas H\u00e9bridas, Escocia, Argel, y las Islas Orcadas. Una obra grandiosa fue la asistencia a las provincias devastadas durante la guerra de los treinta a\u00f1os y de la Fronda. \u2013San L\u00e1zaro se constituy\u00f3 en el centro de la vida caritativa durante el siglo XVII en Francia.<br \/>\nEminentes personalidades formaban parte de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. \u2013Ejemplo fue el hermano Mathieu Regnard, desde 1639, durante los largos a\u00f1os de la guerra de los treinta a\u00f1os, como h\u00e9roe de la Lorena. Fue el gran distribuidor de las limosnas de san Vicente de Pa\u00fal y de las Damas de la Caridad en el pa\u00eds asolado. Para conseguir devolverle la vida, eran necesarias, adem\u00e1s de la ayuda espiritual, fabulosas cantidades para la asistencia, bajo todas sus formas, que los Lazaristas, entregados hasta la muerte, llevaban para los necesitados. \u00abNuestro Se\u00f1or protege a nuestro hermano Mathieu de forma especial, escribe san Vicente; mientras que permite que a la mayor parte de las personas les roben en este pa\u00eds, hasta ante sus ojos, aunque el hermano vaya todos los meses con 2.500 libras, y el \u00faltimo mes llevaba 12.000, siendo el excedente para los religiosos y religiosas que mueren de hambre en ese pa\u00eds, el hermano permanece a salvo\u00bb. \u2013El hermano es all\u00ed conocido y perseguido. Pero este hombre de unos cincuenta a\u00f1os posee la audacia y la habilidad que le conducen sano y salvo por entre todos los peligros. Si le acechan, pasa por un sendero que s\u00f3lo \u00e9l conoce. Si hay un ataque, s\u00f3lo \u00e9l se escapa. Si cae preso, con su buen humor y su temeridad, se gana al oficial y salva el dinero de la Lorena. Cuando cae en las manos de un bandido, deja caer el zurr\u00f3n en el barro para recogerla m\u00e1s tarde. \u2013Su presencia es considerada como una esperanza en los lugares amenazados. \u2013Traslada a un gran n\u00famero de muchachas refugiadas al amparo de Par\u00eds. \u2013La reina lo llama para escucharle las \u00faltimas venturas. \u2013\u00bbAqu\u00ed tenemos diez mil libras para enviarle\u00bb, escribe Vicente un d\u00eda de trabajo en Lorena, \u00abcuando nuestro hermano Mathieu haya finalizado su retiro\u00bb. Pero, seg\u00fan el hermano Mathieu, eran principalmente las oraciones y la penitencia que hac\u00eda el se\u00f1or Vicente por la intenci\u00f3n de su hijo, a las cuales se deb\u00eda el no haber perdido nunca un centavo durante tantas pruebas por su sangre fr\u00eda y su confianza.<br \/>\nLos trabajos de los misioneros hicieron verdaderos milagros de regeneraci\u00f3n. Un bello triunfo de la sugesti\u00f3n en grupo, con la base de la buena voluntad subconsciente del hombre, ya que la conversi\u00f3n de toda una sociedad de bandidos, viciosos, hombres de \u2018vendetta corsa\u2019, los cuales, escribe un misionero, \u00abcomo una se\u00f1al de agradecimiento por los peque\u00f1os servicios que les hab\u00edamos hecho\u00bb, dispararon sus fusiles a su embarque\u00bb. \u2013Entre otros, un misionero llamado por la reina de Polonia, que se entrega a los apestados hasta la muerte. Otros, a veces, pasan d\u00edas enteros sin comer, caminando de un lugar a otro por las monta\u00f1as despobladas de Escocia. Los de Berber\u00eda tienen el valor de compartir los sufrimientos indecibles de los esclavos cristianos, dispuestos a dar su vida por la misi\u00f3n. Hubo j\u00f3venes mujeres maltratadas mortalmente, ancianos, h\u00e9roes de once a\u00f1os, m\u00e1rtires de quince. Aserradores de m\u00e1rmol sacaban la lengua por los calores sofocantes; molineros de trigo, encadenados de dos en dos y perpetuamente cerrados, se sofocan por falta de aire, dejando a quienes tratan de consolarlos abatidos por el dolor.<br \/>\nEra necesario darles esta paciencia inconcebible a quienes Dios bendec\u00eda en medio de todas las crueldades que les aplicaban; esta paciencia era testimonio de la grandeza de su esp\u00edritu. Jug\u00e1ndose la vida, los misioneros se vieron obligados hasta de picard\u00eda piadosa para ganar las pobres almas. \u2013Los presidios ocuparon una gran parte de los cuidados de los misioneros. El se\u00f1or Vicente cuenta la visita que hac\u00eda a los galeotes un gran personaje, uno de sus hijos, quien terminar\u00eda siendo m\u00e1rtir:\u00bb&#8230;desde lo m\u00e1s lejos que pudo ser visto desde la galera y reconocido por el h\u00e1bito, estas pobres gentes comenzaron a gritar con gran alegr\u00eda, diciendo: \u2018all\u00ed viene nuestro libertador, nuestro pastor, nuestro padre\u2019; y habiendo entrado en la galera, todos estos pobres esclavos se arrojaron sobre \u00e9l, llorando de ternura y de alegr\u00eda al ver a su libertador espiritual y corporal\u00bb.<br \/>\nLos rescates que fueron llevados a cabo por los misioneros de san Vicente fueron considerables, m\u00e1s de 1.200 esclavos, seg\u00fan Abelly. En primer lugar, se socorr\u00eda a aquellos que corr\u00edan el riesgo de renegar de la fe. \u00ab&#8230; dar\u00eda gustoso mi sangre y mi vida, dice el misionero, futuro m\u00e1rtir, hasta mil vidas, si las tuviera, antes que permitir que los cristianos pierdan la gracia que Nuestro Se\u00f1or les conquist\u00f3 con su muerte\u00bb. Si los misioneros carecieran de recursos, ellos conseguir\u00edan muchas veces el dinero necesario. Se comprende un poco a ese c\u00f3nsul misionero en Argel, quien, sea por la perfidia de los turcos, sea a causa de la imprudencia de su coraz\u00f3n compasivo, se hundi\u00f3, para desesperaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente, en deudas fatales que le trajeron la tortura y la prisi\u00f3n, de donde fue muy dif\u00edcil sacarlo. \u00ab\u00a1Ay, escribe uno de los misioneros, s\u00f3lo una parte de tantos millones que los cristianos gastan en superficialidades y exquisiteces estar\u00eda aqu\u00ed mucho mejor empleada\u00bb.<br \/>\nAs\u00ed el se\u00f1or Vicente \u2013aunque resistiendo a su propio deseo de marcharse a llevar la palabra de Dios muy lejos -se encuentra en el centro palpitante del mundo, bajo la aureola tr\u00e1gicamente rom\u00e1ntica de la compasi\u00f3n universal.<br \/>\n53. Propagaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n. A pesar de la tempestad provocada por la Revoluci\u00f3n, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n es hoy d\u00eda m\u00e1s numerosa y est\u00e1 m\u00e1s extendida que en siglo XVIII. Ha penetrado en las cuatro partes del mundo. Pensemos, entre otros lugares, en la China, que vio lazaristas m\u00e1rtires. \u2013La casa-madre se encuentra actualmente en la calle de S\u00e8vres,95, en Par\u00eds.<br \/>\n54. Muerte de la Generala. En cuanto la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n estuvo establecida, la Se\u00f1ora de Gondi cerr\u00f3 los ojos para siempre, en 1625, asistida por el director en quien ella hab\u00eda puesto toda su confianza. \u2013Si existen, desde el punto de vista del psicoan\u00e1lisis, suicidios consumados por el subconsciente, la generala, de s\u00f3lo cuarenta y cinco a\u00f1os de edad, apenas si opuso a esta muerte prematura la tenacidad milagrosa de una Luisa de Marillac. \u2013\u00c9sta est\u00e1 a\u00fan viva, si creemos al se\u00f1or Vicente \u00abmuerta naturalmente\u00bb \u00abhace veinte a\u00f1os\u00bb, no teniendo \u00abotra vida que la que recibe por la gracia\u00bb.\u00a0 \u2013El a\u00f1o que precedi\u00f3 a la muerte de la condesa, el se\u00f1or Vicente se hizo, contra su deseo y por orden de Berulle- el director de Luisa de Marillac, la Se\u00f1or Le Gras, su futura colaboradora. Ese mismo a\u00f1o, el se\u00f1or Vicente hac\u00eda un retiro en Valprofonde, para pedir ser librado de una tentaci\u00f3n que sufr\u00eda sobre su vocaci\u00f3n. Quiz\u00e1 no nos equivocamos al poner en conexi\u00f3n esos dos hechos, teniendo en cuenta la fuerza inalterable del sentimiento que tendr\u00e1 m\u00e1s adelante Vicente por esta mujer. Ella deb\u00eda ser para \u00e9l, lo que hab\u00eda sido santa Chantal para el obispo de Ginebra, desde la noche de crisis antes de su cita rom\u00e1ntica: su esposa m\u00edstica. \u2013Los dos, el se\u00f1or Vicente y la generala de Gondi, no se amaban. Sus relaciones de \u00edntima amistad eran, para ella un santo capricho, punto central en el vac\u00edo de su vida; para el otro, un est\u00edmulo de m\u00e1s para encontrar esa mujer de su coraz\u00f3n, que fuera s\u00f3lo para \u00e9l.<br \/>\nA la muerte de su esposa, el general se encontraba en Provenza y el se\u00f1or Vicente se hizo presente para llevarle el consuelo con la triste noticia. \u2013El testamento declaraba que Vicente permanecer\u00eda en la casa de los Gondi. Gesto tanto de ego\u00edsmo como de solicitud para un servidor, su criatura, cuya capacidad no hab\u00eda apreciado la buena se\u00f1ora. \u2013El se\u00f1or Vicente no tuvo la menor intenci\u00f3n de permanecer all\u00ed, y el general de las galeras retir\u00e1ndose del mundo para entrar en los Oratorianos, el problema se solucion\u00f3 as\u00ed de f\u00e1cil. Vicente pudo encerrarse en el colegio de Bons-Enfants con algunos sacerdotes. Este principiante de una carrera secular ten\u00eda, entonces, a penas cuarenta y cinco a\u00f1os.<br \/>\n55. El Padre de Gondi. El mundo estaba estupefacto ante el repentino retiro del general de Gondi, en su viudez. Los bi\u00f3grafos dan poca importancia a la influencia del se\u00f1or Vicente en esta determinaci\u00f3n. \u2013Por un lado, las oraciones de los fieles, por otro los peligros de un mundo cuyos mismo placeres no atra\u00edan ya a un hombre desilusionado \u2013esto es lo que le llev\u00f3 a preferir una felicidad inalterable. Milagros efectuados por medio de reliquias, etc.,se produc\u00edan todos los d\u00edas y no ten\u00edan m\u00e1s que una explicaci\u00f3n. Todo el mundo, en esta \u00e9poca, hasta los libertinos, era creyente. \u2013Fue la Madre Margarita quien convenci\u00f3 al general, en el momento de la p\u00e9rdida de su esposa, para abandonar el mundo \u2013decisi\u00f3n que ella le hab\u00eda presagiado muchos a\u00f1os antes. El se\u00f1or Vicente hab\u00eda servido de contacto entre su amo y el mundo glorioso al que pertenec\u00edan las dos almas queridas por el general, su esposa y la santa amiga. \u2013Finalmente, el coraz\u00f3n inquieto del general hab\u00eda encontrado el cobijo a todos sus celos. El antiguo hombre cortesano se halla en el camino de las ambiciones espirituales \u2013perspectiva infinita.<br \/>\nDesde San Pablo, se\u00f1ala James, el cristianismo ense\u00f1a que el hombre no es fuerte m\u00e1s que en su debilidad. Un hombre desesperado encuentra en su alma, por una s\u00fabita conversi\u00f3n, fuerzas para una nueva vida, cuya existencia no hab\u00eda sospechado. La mejor parte del alma fiel \u2013\u00e9sta lo siente- est\u00e1 en relaci\u00f3n con una vida m\u00e1s amplia, por una conciencia sobrehumana. A ejemplo de tantos de sus contempor\u00e1neos, el general, aunque quiz\u00e1 impulsado en principio por sus instintos, sinti\u00f3 el v\u00e9rtigo de la Uni\u00f3n suprema, herencia de un hijo de Dios. El santo sentimiento relativista del ego, consistente en esta confianza que libera al sujeto de todos los complejos ps\u00edquicos, comunic\u00e1ndole el valor personal del individuo en Dios \u2013he ah\u00ed la fuente de las fuerzas inesperadas y sobrehumanas, de las que goza el convertido.<br \/>\nEl Padre de Gondi, aunque viviendo s\u00f3lo para la oraci\u00f3n, fue perseguido constantemente por los rencores sospechosos de Mazarino. Fue de nuevo la Madre Margarita Acarie el pa\u00f1o de l\u00e1grimas de su amigo. \u2013A la muerte de \u00e9sta, en 1660, escribe a la superiora de las Carmelitas, quien le hab\u00eda interrogado sobre las virtudes sobrenaturales que se presum\u00eda pose\u00eda la difunta: \u00abDios sabe con qu\u00e9 dolor he recibido la mala noticia, que usted me confirma, sobre la mejor y la m\u00e1s querida amiga que yo he tenido en la tierra. Y, aunque la creo poderosa en el cielo, no podr\u00e9 pensar en ella sin derramar l\u00e1grimas, aunque, por otra parte, yo desee conformarme en todo a lo que Dios guste\u00bb. La difunta hab\u00eda intentado ocultar su santidad, especialmente ante \u00e9l, ya que se sent\u00eda observada. Contin\u00faa: \u00abNo puedo creer que Dios no manifieste y no encumbre ahora su incomparable humildad\u00bb. En otra carta contin\u00faa con el mismo asunto: \u00abNo puedo olvidar el peque\u00f1o convento de las Carmelitas, teniendo all\u00ed prendas tan preciosas (su mujer estaba ah\u00ed enterrada), para no acordarme con toda la veneraci\u00f3n, el afecto y la obligaci\u00f3n que le debo\u00bb. Espera un d\u00eda volver a visitar la peque\u00f1a comunidad de las carmelitas: \u00ab&#8230;con el fin de consolarnos juntos, escribe, de la privaci\u00f3n de la bienaventurada Madre, a quien venero en el cielo como mucha m\u00e1s devoci\u00f3n de la que puedo expresar. Estando ya su extraordinaria caridad acabada, acudo a ella pidiendo por mis necesidades, en las que tanto se interesaba cuando estaba en este mundo\u00bb<br \/>\nLa devoci\u00f3n, en lugar de unir m\u00e1s estrechamente a los dos esposos de Gondi, se hab\u00eda introducido entre los dos. El amor tiene su \u2018todo o nada\u2019. Entre los dos no era \u2018todo\u2019 en tiempo del se\u00f1or Vicente. Fue este enlace conyugal poco estrecho, el que tambi\u00e9n hab\u00eda determinado \u2018la hu\u00edda\u2019 de la generala en la caridad, suceso de consecuencias hist\u00f3ricas.<br \/>\n56. Recuerdo de la Generala. Algunos bi\u00f3grafos lamentan que sea tan poco lo que se conoce de la vida de la generala de Gondi. Abelly comenta la conducta reservada del se\u00f1or Vicente, quien nos pod\u00eda haber proporcionado recuerdos m\u00e1s detallados: \u00ab&#8230; su humildad le hac\u00eda ocultar siempre bajo el velo del silencio todos los beneficios que ten\u00eda en otra parte; \u00e9sta fue la causa por la que siempre evit\u00f3 comentar todo lo que sab\u00eda, para no dar a conocer nada relacionado consigo mismo, no habiendo hecho casi nada notable esta virtuosa y santa se\u00f1ora por el servicio y la gloria de Dios, en lo que el se\u00f1or Vicente no hubiera intervenido de forma importante, y, por consecuencia, \u00e9l hubiera merecido recibir parte de las alabanzas que le hubieran tributado, lo cual \u00e9l tem\u00eda sobre manera y evitaba cuanto le era posible\u00bb. \u2013Sin embargo, vemos al se\u00f1or Vicente contar con toda franqueza los comienzos de la Misi\u00f3n\u00a0 y de las Caridades, sus primeras grandes obras, incluyendo la parte correspondiente a la generala, o a otras personas. Es en lo referente a su interior que permanecer\u00e1 mudo. El detalle de las andanzas de la generala no era m\u00e1s que una historia con la vida \u00edntima de su director.<br \/>\nSinti\u00e9ndose miembro de la familia, el se\u00f1or Vicente ser\u00e1 siempre fiel a la casa de sus antiguos amos. \u2013En el momento de las persecuciones de Mazarino con respecto al cardenal de Retz, Vicente fue al encuentro del Padre de Gondi para consolarlo personalmente. En 1659, pensando que su muerte ya estaba cerca, el se\u00f1or Vicente escribe al padre y al hijo bellas cartas de despedida.<br \/>\nJam\u00e1s olvidar\u00e1 tampoco a la difunta general de Gondi, recuerdo al que no negar\u00e1 un sentimiento de ternura. \u2013Si la filosof\u00eda nos advierte que, hasta el amor desventurado nos deja una cierta sensaci\u00f3n de placer, es porque se trata, en amor, de los valores m\u00e1s altos: el amor se siente como una fase de transici\u00f3n hacia la uni\u00f3n suprema, en la que el sujeto intenta participar. \u2013El se\u00f1or Vicente parece haber levantado un bello monumento a la condesa, en algunos pasajes de un esp\u00edritu todo franc\u00e9s en los reglamentos de Caridad: \u00abLa sirvienta de los pobres (la dama) un d\u00eda llevar\u00e1 la comida y despu\u00e9s la cena a los enfermos, los saludar\u00e1 con alegr\u00eda y con amor, les arreglar\u00e1 la mesilla, despu\u00e9s invitar\u00e1 al enfermo a comer por el amor de Jes\u00fas y de su santa Madre, todo hecho con amor, como si ella lo hiciera con su hijo, o m\u00e1s bien con Dios&#8230; Les dir\u00e1 alguna palabra sobre Nuestro Se\u00f1or&#8230; a veces le cortar\u00e1 la carne, le servir\u00e1 de beber y, habi\u00e9ndolo dispuesto ya para comer, si hay alg\u00fan otro tras \u00e9l, lo dejar\u00e1 e ir\u00e1 a servir al siguiente\u00bb. O bien:\u00bbNos ocuparemos las sirvientas de la Caridad de enterrar a los muertos&#8230; adoptando en esto el lugar de las madres que acompa\u00f1an a sus hijos a la tumba\u00bb. Creemos ver a la angelical condesa inclinada sobre el lecho del se\u00f1or Vicente enfermo, o sobre el de otro enfermo; la vemos seguir hasta la tumba a un pobre muerto.<br \/>\nInconscientemente, el se\u00f1or Vicente sab\u00eda c\u00f3mo agradecerle a su antigua bienhechora por haberlo apreciado como hombre. No negar\u00e1 jam\u00e1s en el futuro su c\u00e1lida admiraci\u00f3n por esta Eva y Virgen, con las virtudes de una M\u00f3nica. Sonriente imagen de la amiga, con fecha del a\u00f1o 1659, en estas palabras: \u00abLa pobre difunta, la se\u00f1or generala de las galeras me pregunt\u00f3 m\u00e1s de cien veces qu\u00e9 era la sencillez, y era la persona m\u00e1s sencilla que jam\u00e1s he visto; no pod\u00eda abrir la boca, ni hacer el acto m\u00e1s simple, m\u00e1s que en sencillez de coraz\u00f3n\u00bb. \u2013Sin embargo, ella era consciente de esto, cien veces, con toda ingenuidad; y el se\u00f1or Vicente, que no ped\u00eda a su penitente m\u00e1s que esa docilidad a su doctrina, no estaba enga\u00f1ado. \u2013Bastantes a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de la condesa, Luisa de Marillac le envi\u00f3 dos rosarios, con la aclaratoria diplom\u00e1tica y concisa de que uno de ellos hab\u00eda pertenecido a la difunta generala de Gondi. El se\u00f1or Vicente r\u00e1pidamente le escribi\u00f3 pregunt\u00e1ndole que cu\u00e1l era. \u2013La nombrar\u00e1 siempre como su \u00abbuena difunta se\u00f1ora la generala\u00bb, prefiri\u00e9ndola al general, como la fundadora de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Es de la debilidad de esta dama de donde la virilidad del Ego del se\u00f1or Vicente se ha alimentado. La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, su sano hijo, as\u00ed como, indirectamente , las Hermandades de la Caridad, presentan el bello fruto de sublimaci\u00f3n de sus relaciones desiguales y dolorosas.<br \/>\n57. La etapa terminada de aprendizaje. Fue en la casa de los Go\u00f1i donde el se\u00f1or Vicente aprendi\u00f3 a dominarse a s\u00ed mismo. Cuando su temperamento bilioso y melanc\u00f3lico tomaba ventaja, la generala tem\u00eda que \u00e9l tuviera alg\u00fan motivo de descontento contra su casa. Tambi\u00e9n \u00e9l sufr\u00eda vivamente por su estado. Fue en el curso de un retiro del a\u00f1o 1621 que se dio cuenta de este defecto. Una docena de a\u00f1os de caridad junto a una dama del mundo-fue un bello aprendizaje para una naturaleza brusca, llamada m\u00e1s que la de ninguno de sus contempor\u00e1neos a domar una \u00e9poca fiera.<br \/>\nSobre todo, fue junto a la generala donde el se\u00f1or Vicente adquiri\u00f3 la experiencia para imponerse, por medio de su humildad agobiante, aprendida tanto en la pr\u00e1ctica de la vida como, te\u00f3ricamente, a los pies de los amos, con los m\u00e1s altos personajes del siglo. Sus a\u00f1os de aprendizaje llegan a su fin. No le queda m\u00e1s que realizar la aplicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>8. 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