{"id":130906,"date":"2014-07-24T08:32:40","date_gmt":"2014-07-24T06:32:40","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130906"},"modified":"2016-07-27T12:07:49","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:49","slug":"melchor-igues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/melchor-igues\/","title":{"rendered":"Melchor Ig\u00fc\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Por haber hecho los votos fuera de Madrid y no cuidarse de anotarlo en el libro correspondiente, y tambi\u00e9n por hab\u00e9rsenos traspapelado una de las fichas, lleva el P. Melchor Ig\u00fc\u00e9s el n\u00famero 370, siendo as\u00ed que realmente le correspond\u00eda el 341, siguiendo el orden cronol\u00f3gico de los que han pertenecido a la Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a. Pero despu\u00e9s de todo nos alegramos de este lapsus, a fin de darle relativamente m\u00e1s extensi\u00f3n y cerrar esta primera serie de notas con la que se refiere a un var\u00f3n tan insigne. Si no fuera por nuestra incalificable desidia, el nombre del P. Ig\u00fc\u00e9s deb\u00eda sernos familiar desde nuestros primeros pasos en la Congregaci\u00f3n, y por desgracia apenas si lo hemos o\u00eddo. No fue as\u00ed en su tiempo, ni aun muchos a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, por lo menos entre los seglares. Un hombre tan ecu\u00e1nime y ponderado, conocedor quiz\u00e1 como ninguno de las cosas y personas de su \u00e9poca, don Vicente de la Fuente, al hacer el 29 de diciembre de 1882 el elogio f\u00fanebre de don Santiago Masarnau en la velada celebrada por la Juventud Cat\u00f3lica de Madrid, dec\u00eda: \u00abPor corrompidas que sean las costumbres de una \u00e9poca y de un pa\u00eds, Dios nunca lo abandona por completo y no deja de enviar hombres de virtud que en \u00e9l sirvan de modelo. Nosotros los hemos tenido en Espa\u00f1a; entre nosotros han vivido, y los hemos visto y escuchado. \u00bfNo hemos conocido al excelent\u00edsimo se\u00f1or don A. Claret? \u00bfNo hemos tenido en \u00e9poca no remota a los c\u00e9lebres PP. Carasa y La Calle, de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas; a don Melchor Ig\u00fc\u00e9s, de los Pa\u00fales, a quien tanto am\u00f3 y respet\u00f3 don Santiago, y a su compa\u00f1ero el se\u00f1or Borja, a quien Dios priv\u00f3 de la vista corporal para abrir los ojos de su alma, la cual entreg\u00f3 a Dios estando en oraci\u00f3n y de ro-dillas?<br \/>\nEl 5 de enero de 1811 naci\u00f3 en Barbastro el P. Melchor Ig\u00fc\u00e9s, y el mismo d\u00eda fue bautizado en la parroquia de la catedral por el doctor don Joaqu\u00edn Domec. Fueron sus padres Francisco Ig\u00fc\u00e9s y Polonia Franco, c\u00f3nyuges, vecinos y naturales de Barbastro, dice la partida de bautismo. Cuando vino a la Congregaci\u00f3n, tra\u00eda estudiadas las Humanidades y la Filosof\u00eda. Empez\u00f3 el noviciado en la casa de Madrid el 14 de julio de 1829 y en diciembre de 1830 le enviaron a Badajoz, con el fin de que estudiara all\u00ed la Teolog\u00eda. Encontr\u00e1ndose en aquella comunidad, hizo los votos el 20 de julio de 1831 delante del P. Gros. A causa del c\u00f3lera morbo que all\u00e1 se desarroll\u00f3, le hicieron regresar a Madrid en el oto\u00f1o de 1833. \u00abDesde que visti\u00f3 la solana de Misionero, di\u00f3 pruebas constantes de su amor a la vocaci\u00f3n y de observancia de las Reglas.\u00bb<br \/>\nIgnoramos cu\u00e1ndo y d\u00f3nde recibi\u00f3 las sagradas \u00f3rdenes; parece que fue antes de salir de Espa\u00f1a. Suprimidas aqu\u00ed las comunidades religiosas, pas\u00f3 a la casa de N\u00e1poles, donde \u00abpermaneci\u00f3 cuatro a\u00f1os y cuatro meses, desempe\u00f1ando las funciones de nuestro Instituto en las misiones, ejercicios a los seglares y al clero, y en la direcci\u00f3n de los j\u00f3venes estudiantes de aquella Provincia, cuyo Visitador, se\u00f1or P\u00e9sole, lo nombr\u00f3 Prefecto de Estudios y lo distingui\u00f3 siempre entre los dem\u00e1s por sus virtudes y raros talentos.\u00bb<br \/>\nEn 1840 fue llamado a Espa\u00f1a. y estuvo tres a\u00f1os en el Seminario de Pamplona, dedicado a la predicaci\u00f3n y principalmente a la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, de Navarra. Durante los primeros meses de 1844 di\u00f3 ejercicios espirituales y pas\u00f3 visita en las casas de las Hermanas de aquella regi\u00f3n, comisionado al efecto por el P. Roca, seg\u00fan consta en algunas ordenanzas que dej\u00f3. Se congratula en ellas del buen esp\u00edritu y observancia que reina en las comunidades; les recomienda continuar la fidelidad a los ejercicios de piedad y el cuidado esmerado de los que les est\u00e1n confiados, y como por raz\u00f3n de sus empleos han de tratar con toda clase de personas, \u00abconviene que est\u00e9n instruidas en las reglas de buena crianza para saber dar a cada uno el tratamiento que le corresponde y que todos desean recibir.\u00bb<br \/>\nEl P. Codina, que sucedi\u00f3 al P. Roca en la direcci\u00f3n de las Hermanas, continu\u00f3 como su antecesor poniendo en el P. Ig\u00fc\u00e9s toda su confianza. Seg\u00fan se desprende de algunas cartas del P. Codina, parece que el P. Ig\u00fc\u00e9s residi\u00f3 por aquellos a\u00f1os la mayor parte del tiempo en Sang\u00fcesa. Con fecha 20 de enero de 1845 escrib\u00eda el primero al P. General:<br \/>\n\u00abA nuestro querido compa\u00f1ero el P. Ig\u00fc\u00e9s, que posee a perfecci\u00f3n la lengua italiana y espa\u00f1ola, le ha rogado el Ilmo. Sr. Obispo de Pamplona que haga una traducci\u00f3n de la vida de S. Alfonso de Ligorio. La har\u00e1, si usted le da permiso; y si le parece, se suprimir\u00e1 su nombre, diciendo simplemente: Traducida del original italiano a la lengua espa\u00f1ola por encargo del Ilmo. Sr. Obispo de Pamplona. Este excelente misionero es una columna de la Congregaci\u00f3n. Dios le ha dotado de un tacto exquisito para dirigir a las Hermanas. Sang\u00fcesa es su centro de operaciones: es el or\u00e1culo de la poblaci\u00f3n, predica, confiesa a los fieles, dirige a nuestras Hermanas y a sus alumnas; aquella casa es un semillero de vocaciones para la Compa\u00f1\u00eda.\u00bb<br \/>\nEn el verano de 1845 se encontraba el P. Codina en un verdadero conflicto: hab\u00eda sido designado para preceptor de italiano de Isabel II el P. Sanz; pero como \u00e9ste hab\u00eda ido a M\u00e9jico el a\u00f1o anterior con las Hijas de la Caridad, y por entonces no pod\u00eda regresar, el Visitador, en carta de 23 de junio de dicho a\u00f1o al P. Etienne propone, que si no puede declinar tan honroso compromiso y le apremian a que venga el P. Sanz, piensa ofrecer otro Misionero tan capacitado como \u00e9l para ense\u00f1ar la lengua italiana, que era el P. Melchor Ig\u00fc\u00e9s. \u00abEste santo var\u00f3n, dice, est\u00e1 adornado de rara virtud y talento; la ciudad de Sang\u00fcesa le venera como a un ap\u00f3stol. S\u00e9 que har\u00e1 todos los esfuerzos posibles para huir tal honor; pero si se le hace ver que este sacrificio es necesario para la gloria de Dios y para bien de las dos Familias (de S. Vicente), se someter\u00e1 a las indicaciones de los Superiores. No me cabe la menor duda de que, a pesar de su repugnancia, cumplir\u00e1 dignamente esta comisi\u00f3n.\u00bb<br \/>\nEl 4 de septiembre de 1847 propon\u00eda el P. Codina, si a \u00e9l le obligaban a aceptar el Obispado de Canarias, al P. Juan Roca para sucederle en el cargo de Visitador y Director de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, a causa de las simpat\u00edas y buena reputaci\u00f3n que ten\u00eda entre las familias de S. Vicente; y aunque su edad era avanzada, pod\u00eda tener a su lado, para ayudarle, algunos Misioneros h\u00e1biles en estos negocios. \u00abEl P. Ig\u00fc\u00e9s, a\u00f1ade, compa\u00f1ero suyo en Sang\u00fcesa, es un individuo el m\u00e1s a prop\u00f3sito para la direcci\u00f3n de las Hermanas. Es inteligente y est\u00e1 adornado de virtud y prudencia poco comunes; ha dado los ejercicios muchas veces a casi todas las casas de Hermanas de media Espa\u00f1a. Soy de parecer que este se\u00f1or debe residir en Madrid, como secretario del se\u00f1or Visitador y Director.\u00bb<br \/>\nAunque no fue puesto de nuevo al frente de las Hermanas el P. Roca, vino, con todo, a residir de modo m\u00e1s estable en Madrid el P. Ig\u00fc\u00e9s. Adem\u00e1s de la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, se dedic\u00f3 a otros ministerios del Instituto, los que \u00abdesempe\u00f1\u00f3 siempre con decoro y extraordinario fruto. Los p\u00e1rrocos m\u00e1s respetables de Madrid le rogaban con instancia que ocupase sus p\u00falpitos, y si bien lo hizo muchas veces, pero nunca sin la aprobaci\u00f3n y disposici\u00f3n de sus superiores, de cuyas indicaciones nunca se separ\u00f3 y siempre sigui\u00f3 como la regla segura de su conducta. El Tribunal de la Rota admir\u00f3 su don particular para la predicaci\u00f3n en los sermones que les hizo.\u00bb<br \/>\nLos que quer\u00edan introducir modificaciones respecto de la dependencia del Superior General, cuando se restableciera la Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a, previendo que encon-trar\u00edan tenaz oposici\u00f3n en el P. Ig\u00fc\u00e9s, trataron de alejarlo de Madrid; pero no lo lograron: su valer y su virtud estaban por encima de todas las intrigas, y junto con el Ilmo. Sr. Codina y el P. Escarr\u00e1 fue una de las principales columnas de nuestra restauraci\u00f3n y \u00abuno de los que m\u00e1s contribuyeron a consolidar el antiguo edificio del Instituto\u00bb que se levantaba de sus ruinas.<br \/>\nEn junio de 1851 cay\u00f3 gravemente enfermo y otorg\u00f3 testamento, en el que, despu\u00e9s de la profesi\u00f3n de fe, \u00abdeclara que es pobre y que no tiene bienes algunos con que poder testar, por lo que pide y suplica al se\u00f1or Cura P\u00e1rroco&#8230; de que sea feligr\u00e9s a su fallecimiento, le mande enterrar y entierre de limosna, haciendo por su alma los sufragios acostumbrados en los de igual clase\u00bb. Y por si en lo sucesivo le correspondiesen algunos bienes o derechos, nombra por sus albaceas y ejecutores a los PP. Santasusana y Borja. Por dicha de la Congregaci\u00f3n Dios le conserv\u00f3 unos cuantos a\u00f1os m\u00e1s.<br \/>\nAl verificarse nuestra restauraci\u00f3n, fue el P. Ig\u00fc\u00e9s uno de los que tornaron posesi\u00f3n, en 23 de septiembre de 1852, del edificio que les se\u00f1al\u00f3 el Gobierno en la calle del Duque de Osuna, predicando asimismo por las tardes en el solemne triduo que con tal motivo se celebr\u00f3 los d\u00edas 27, 28 y 29 del citado mes. Tambi\u00e9n nos dej\u00f3 el P. Ig\u00fc\u00e9s de su pu\u00f1o y letra una preciosa relaci\u00f3n, contando las m\u00faltiples dificultades con que tropezaron y la solemnidad de la instalaci\u00f3n de los Misioneros en el edificio que ahora ocupan las Adoratrices.<br \/>\nFue nombrado el P. Ig\u00fc\u00e9s director de novicios y consejero provincial. \u00abTrabaj\u00f3 sin descanso en restablecer las pr\u00e1cticas del Instituto y en poner la Regla bajo aquel mismo punto en el que la hab\u00edan dejado los antiguos Misioneros\u00bb.<br \/>\nAl a\u00f1o siguiente reanudaron las misiones y, sin duda por escasez de personal apto, fue el P. Ig\u00fc\u00e9s de director, predicando las doctrinas. S\u00f3lo pudieron estar desde primeros de noviembre hasta el 3 de febrero de 1854, misionando Galapagar, Torrelodones, Hoyo de Manzanares y Las Rozas. fue grande la correspondencia de los fieles y pocos quedaron sin confesar y comulgar, zanj\u00e1ndose al mismo tiempo algunas discordias de importancia.<br \/>\nCon fecha 11 de marzo del a\u00f1o susodicho escribe al P. General y le dice, que cuando sali\u00f3 a misiones hab\u00eda dejado ocho seminaristas y a su vuelta encontr\u00f3 quince. La comunidad va entrando en la pr\u00e1ctica de los ministerios propios de la Congregaci\u00f3n; hay observancia y cada cual cumple su deber. Poco despu\u00e9s firma con los PP. Escarr\u00e1 y Santasusana una carta al P. Etienne, indic\u00e1ndole los temores que abrigan acerca de los proyectos del Padre Armengol y otros Misioneros.<br \/>\nPor entonces se encarg\u00f3 la Congregaci\u00f3n del Seminario Aguirre, de Vitoria, y fue nombrado Superior del mismo el P. Ig\u00fc\u00e9s. Creyendo que estar\u00edan m\u00e1s seguros que en Madrid, enviaron a dicho Seminario catorce de nuestros seminaristas. A fines de agosto de 1854 hizo la Comunidad los ejercicios espirituales, y luego los practicaron sesenta alumnos internos. Se abri\u00f3 en seguida el curso, matricul\u00e1ndose entre internos y externos unos 300. El P. Ig\u00fc\u00e9s desempe\u00f1\u00f3 la c\u00e1tedra de Teolog\u00eda dogm\u00e1tica y moral. La ciudad vio satisfecha la pujanza con que empezaba el nuevo Seminario, y los Padres eran muy estimados por su acierto en la ense\u00f1anza y direcci\u00f3n. Sin embargo, el P. Ig\u00fc\u00e9s, a m\u00e1s de estar sobrecargado de trabajo, tuvo que sufrir mucho para mantener en la disciplina a los alumnos externos, sin contar las muchas dificultades que pronto surgieron por parte del fundador, D. Domingo de Aguirre. Por eso a fines del a\u00f1o insta al Visitador y al Superior General para que le quiten de Superior. Y, efectiva-mente, as\u00ed lo hicieron, nombr\u00e1ndole Subdirector de las Hijas de la Caridad y consejero provincial; pero a causa de una grave enfermedad que sufri\u00f3 el P. Gonz\u00e1lez de Soto, que le hab\u00eda de substituir en Vitoria, no pudo salir de all\u00ed hasta mediados de abril de 1855.<br \/>\nAntes de venir a Madrid, fue a Oviedo, comisionado por el Visitador a fin de arreglar algunos asuntos en el Hospicio de aquella ciudad, donde el director del establecimiento hac\u00eda la vida imposible a las Hermanas. Con paciencia y tiempo logr\u00f3 poner las cosas en orden. A su regreso se detuvo en Valladolid para dar los ejercicios a las Hermanas.<br \/>\nLlegado que hubo a Madrid, pronto se di\u00f3 cuenta de las andanzas del P. Armengol que influido por las corrientes de la \u00e9poca y por otras causas que seria largo explicar, trataba de que las Familias espa\u00f1olas de S. Vicente no dependieran inmediatamente del Superior General de la Misi\u00f3n, sino de un Vicario nombrado por Roma. Esto afect\u00f3 mucho al P. Ig\u00fc\u00e9s y hasta cay\u00f3 enfermo. El Padre Etienne lo llam\u00f3 a Par\u00eds; pero no le dieron la carta, ni le dijeron palabra. Al P. Armengol no le agradaba que el P. Ig\u00fc\u00e9s interviniera en el gobierno de las dos Congregaciones y le nombr\u00f3 profesor de Teolog\u00eda moral.<br \/>\nViendo el sesgo que tomaban las cosas, el P. Etienne, de acuerdo con sus Asistentes, quit\u00f3 provisionalmente de Visitador al P. Armengol el 11 de octubre de 1855 y le llam\u00f3 a Paris, constituyendo Pro-Visitador de la Provincia al P. Ig\u00fc\u00e9s. En carta particular dice al \u00faltimo, que en conciencia se ve\u00eda obligado a remover del cargo al P. Armengol por el bien de las Familias de S. Vicente en Espa\u00f1a y para preservarlas de los males que las amenazaban, y le ruega que, aunque sea para \u00e9l un gran sacrificio, se encargue inmediatamente de su direcci\u00f3n. \u00abEscribir\u00e9 al se\u00f1or Armengol, a\u00f1ade, notific\u00e1ndole mi determinaci\u00f3n. Cuento con que usted har\u00e1 lo posible para decidirle a obedecer mis \u00f3rdenes&#8230; Escribir\u00e9 tambi\u00e9n al se\u00f1or Santasusana para que vaya en seguida a Madrid. Le nombro Consejero provincial y Vice-Director de las Hijas de la Caridad. Ruego a usted que le ayude a cumplir las funciones que se le conf\u00edan\u00bb.<br \/>\nEl P. Armengol se hizo el sueco y ni siquiera contest\u00f3. Se fue hacia Valencia y empeorando en la enfermedad que padec\u00eda, tuvo que guardar cama alg\u00fan tiempo. As\u00ed las cosas, el P. Ig\u00fc\u00e9s no pudo encargarse de la direcci\u00f3n de la Provincia. Aconsej\u00f3, con todo, que no conven\u00eda tomar medidas fuertes con el P. Armengol, sino exhortarle con palabras llenas de caridad a que dejara el cargo. Por el bien de la paz, \u00e9l no se atreve a decir nada acerca de su nombramiento, y ha escrito con respeto y dulzura al P. Armengol para reducirle. Dice con franqueza al P. General que en estas circunstancias no deb\u00eda haberse quitado a la Visitadora; porque nada sab\u00eda y es inocente. Se necesita proceder con much\u00edsima prudencia.<br \/>\nComo en estos asuntos andaba de por medio el Gobierno, el P. Ig\u00fc\u00e9s pronto tuvo barruntos de que iba a ser desterrado. En efecto, el 20 de noviembre se le comuni-caba que dentro de dos d\u00edas, a m\u00e1s tardar, saliera para Mallorca; pero \u00e9l pidi\u00f3 pasaporte para N\u00e1poles, y se lo concedieron. Mientras se tramitaba, se fue a Valladolid y de all\u00ed pas\u00f3 a Tolosa, donde di\u00f3 los ejercicios a las Hermanas. Lleg\u00f3 a Paris hacia el 22 de diciembre. Desde all\u00ed continu\u00f3 sosteniendo con sus cartas a los PP. Borja, Velasco y a muchas Hermanas. Acompa\u00f1\u00f3 en la primera quincena de 1856 al P. General a Roma, donde se encontraba tambi\u00e9n el P. Armengol, quien por fin se entrevist\u00f3 con el P. Etienne y le pidi\u00f3 perd\u00f3n por los disgustos que le hab\u00eda ocasionado, y con su aprobaci\u00f3n dirigi\u00f3 una circular a las Hermanas de Espa\u00f1a, comunic\u00e1ndoles que en el recurso elevado a la Santa Sede el Papa hab\u00eda dispuesto que nada se innovase respecto de la autoridad del Superior General sobre toda la Congregaci\u00f3n.<br \/>\nDesde Roma se vino el P. Ig\u00fc\u00e9s a Espa\u00f1a, con la comisi\u00f3n de hacer aqu\u00ed las veces de Visitador. Mostr\u00f3 su tacto y prudencia en aquellos d\u00edas de prueba, y allan\u00f3 las dificultades para que viniera a Madrid el Superior General, como en efecto lo verific\u00f3 a fines de mayo, nombrando Visitador de la Provincia al P. Masnou y Director de las Hermanas al P. Santasusana. Continu\u00f3 el P. Ig\u00fc\u00e9s dirigiendo la Provincia hasta el \u00faltimo d\u00eda de enero de 1857 en que lleg\u00f3 de Am\u00e9rica el nuevo Visitador.<br \/>\nPoco a poco fueron calm\u00e1ndose los \u00e1nimos y renaci\u00f3 la tranquilidad. A mediados de octubre de 1856 escrib\u00eda el P. Ig\u00fc\u00e9s desde Vitoria al P. General: \u00abGracias a Dios, seguimos muy bien, gozamos de mucha paz, y de los pasados disturbios apenas se dice palabra\u00bb. Sin embargo, ser\u00eda mucha candidez creer que todo hab\u00eda concluido con la expulsi\u00f3n de la mayor parte de los individuos de m\u00e1s valer. Persist\u00eda en muchos el descontento que se acrecent\u00f3 con la venida de las Hijas de la Caridad francesas a Espa\u00f1a, lo que no se verific\u00f3 sin el apoyo de altas influencias pol\u00edticas.<br \/>\nPor eso a fines del citado a\u00f1o escribe el P. Ig\u00fc\u00e9s al Padre Etienne: \u00abEstoy esperando a nuestro nuevo Visitador, cuya presencia ser\u00eda muy conveniente para calmar ciertas cabezas exaltadas que en todo creen descubrir misterios. Piensan que la promesa de un nuevo Visitador hecha por usted es una filfa; que jam\u00e1s se realizar\u00e1 tal cosa y que al fin y a la postre quedar\u00e9 yo en el puesto. Se me ha advertido de estas habladur\u00edas, esparcidas hasta entre los j\u00f3venes; y de ah\u00ed parece que hay cierta inquietud en la Comunidad, como si no estuvieran contentos de verme al frente. En esto me complazco, porque as\u00ed conocer\u00e1 usted la necesidad de apresurar la venida del P. Masnou, o de poner a otro, si \u00e9l no pudiera venir. Entonces quedar\u00e9 contento y dispuesto siempre a prestar mi ayuda a cual-quiera que sea. Mientras tanto, har\u00e9 todo lo posible para conservar en regla las cosas de la Provincia\u00bb, consagr\u00e1ndonos adem\u00e1s a las misiones y ejercicio al clero.<br \/>\nAs\u00ed que vino el P. Masnou, el P. Ig\u00fc\u00e9s se dedic\u00f3 de modo especial, como Subdirector de las Hijas de la Caridad, a la direcci\u00f3n de \u00e9stas, quienes le apreciaban mucho; aunque m\u00e1s adelante fue separado de toda intervenci\u00f3n cerca de ellas, por creerse que era el principal obst\u00e1culo para la unificaci\u00f3n del tocado. Y es que \u00e9l conoc\u00eda mejor que nadie el estado de los esp\u00edritus y c\u00f3mo pensaban los Prelados espa\u00f1oles acerca del particular. Baste recordar lo que con fecha 22 de agosto de 1853 le escrib\u00eda su gran amigo el Obispo de Pamplona: \u00abYa sabr\u00e1 usted lo de M\u00e9jico, y lo siento mucho, porque en Espa\u00f1a chocar\u00eda el traje; para aqu\u00ed no ser\u00eda decente, porque no estamos acostumbrados a \u00e9l, y s\u00e9 que hay se\u00f1ores Obispos que no permitir\u00edan que entrasen en las iglesias de ese modo\u00bb.<br \/>\nMerced a las instancias del P. Igii\u00e9s, pas\u00f3 en 1861 visita en Espa\u00f1a el P. Sanz, y despu\u00e9s tambi\u00e9n rog\u00f3, junto con el P. Borja, que lo dejaran ac\u00e1 de Visitador. Con fecha 1 de octubre del citado a\u00f1o dec\u00edan al P. Etienne: \u00abNos parece cierto que la permanencia del se\u00f1or Sanz aqu\u00ed hab\u00eda de ser de grandes ventajas, ya para que hubiese un antiguo misionero m\u00e1s, hall\u00e1ndonos tan escasos de tales sujetos; ya para tener un operario m\u00e1s, tan laborioso y dispuesto para toda suerte de funciones de nuestra Congregaci\u00f3n&#8230; Por otra parte, y esto merece toda la atenci\u00f3n, no estamos enteramente libres de tentativas contra nuestra Congregaci\u00f3n o la de las Hermanas, como bien lo conoce el mismo se\u00f1or Sanz, y por esto es muy conveniente prevenirnos para lo que pueda ofrecerse\u00bb.<br \/>\nY un mes m\u00e1s tarde, escribiendo al P. Maller, insist\u00eda nuevamente el P. Ig\u00fc\u00e9s en que dejaran en Espa\u00f1a al Padre Sanz: \u00abSu sola presencia en esta Provincia podr\u00eda debilitar cualquier tentativa que se atrevieran a hacer los contrarios&#8230; Las personas eclesi\u00e1sticas, de quienes estos pretend\u00edan valerse, observo que le miran con buen ojo, y creo con fundamento que har\u00edan caso de sus observaciones&#8230; Atendidas las circunstancias pasadas, presentes y venideras, se har\u00eda un bien muy grande con dejarle a nuestra Provincia\u00bb. Por fin, a fuerza de instar, vio cumplidos sus ardientes deseos y el P. Sanz se qued\u00f3 en Espa\u00f1a, siendo el P. Ig\u00fc\u00e9s su brazo derecho en todo. Claro est\u00e1 que los que maquinaban nuevos disturbios, trataron por todos los medios de alejarle de Madrid y a\u00fan de Espa\u00f1a. \u00abEl se\u00f1or Ig\u00fc\u00e9s escrib\u00eda el P. Sanz al P. Malleres contra quien principalmente dirigen sus tiros los descontentos de casa y expulsados de la Congregaci\u00f3n, y no lo extra\u00f1o; porque es un digno Hijo de S. Vicente, muy observante, muy amante de la Congregaci\u00f3n y adherido a nuestro honorable Padre. No se puede usted figurar lo que est\u00e1 trabajando y ayudando en las actuales circunstancias. Ahora mismo est\u00e1 escribiendo una memoria de la necesidad de que las Hermanas est\u00e9n bajo la dependencia omn\u00edmoda del Superior General, que me han pedido. Yo no tengo ninguna pasi\u00f3n por \u00e9l; lo que escribo lo hago en tiempo de ejercicios, despu\u00e9s de haberme confesado, y dir\u00eda lo mismo en la hora de mi muerte. Deseo que usted lo crea: el se\u00f1or Ig\u00fc\u00e9s es el hombre en el d\u00eda necesario\u00bb.<br \/>\nEn efecto escribi\u00f3 el P. Ig\u00fc\u00e9s y public\u00f3 un folleto que se titula Memoria sobre las Hijas de la Caridad, redactada por un sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, demostrando, contra lo que se sosten\u00eda en otra Memoria publicada poco antes, que la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a nunca vivi\u00f3 independiente del Superior General, sino que en todo tiempo estuvo bajo su dependencia m\u00e1s o menos inmediata.<br \/>\nA pesar de todo y gracias quiz\u00e1 a las confidencias de una persona extra\u00f1a a la Congregaci\u00f3n, que gozaba en la Corte de mucho prestigio y autoridad y en quien suponemos muy buena intenci\u00f3n, pero poco conocimiento de la realidad, el P. Ig\u00fc\u00e9s fue alejado de Madrid. V\u00e9ase en qu\u00e9 t\u00e9rminos comunicaba la noticia el P. Sanz al P. Maller con fecha 31 de marzo de 1863: \u00abYa est\u00e1 el se\u00f1or Ig\u00fc\u00e9s separado absolutamente de las Hermanas y ma\u00f1ana estar\u00e1 fuera de Madrid: han conseguido lo que quer\u00edan&#8230; Cr\u00e9ame usted, el se\u00f1or Ig\u00fc\u00e9s deja aqu\u00ed un vac\u00edo que nadie podr\u00e1 llenar; su salida de Madrid ha de dar mucho que decir y sus resultados los descubrir\u00e1 el tiempo&#8230; Despu\u00e9s de consultarlo con el se\u00f1or Borja, he resuelto que vaya a encargarse de la casa de San Pedro [Arenas de], que es un desierto: \u00e9l va muy contento; si hubiera quedado en Madrid, continuar\u00eda la misma sospecha de que \u00e9l lo gobernaba todo, y a mi no me conviene seguir en este martirio\u00bb.<br \/>\nSin embargo, el P. Sanz pronto inst\u00f3 para que le permitieran traer de nuevo a su lado al P. Ig\u00da\u00e9s. Y el P. Borja escrib\u00eda por su parte el 24 de mayo del citado a\u00f1o al P. Etienne: \u00abEn las circunstancias en que nos hallamos, debo hablar a usted P. sobre la conducta del se\u00f1or Ig\u00fc\u00e9s. Har\u00e1 m\u00e1s de treinta a\u00f1os que le tengo bien conocido, y en tantas alternativas como nos hemos visto, siempre me ha edificado su conducta. Est\u00e1 animado del verdadero celo, exacto en la observancia de las Reglas, y siempre de un modo especial respetuoso para con sus Superiores, ya inmediatos, ya mediatos, y ahora ha mostrado este respeto&#8230; Y as\u00ed, muy honorable Padre, me tomo la libertad de pedir a usted que el se\u00f1or Ig\u00fc\u00e9s vuelva como estaba para bien de esta pobre Provincia\u00bb.<br \/>\nPor fin el Padre General accedi\u00f3 a lo que se le ped\u00eda y el 23 de octubre de 1863 el P. Sanz, por medio de un telegrama, ordenaba al P. Ig\u00fc\u00e9s, que se encontraba dando ejercicios en \u00c1vila, se presentara al d\u00eda siguiente en Madrid. Aqu\u00ed continu\u00f3 trabajando con la intensidad y \u00e9xito de siempre en los ministerios de la Congregaci\u00f3n y apoyando al Visitador, al mismo tiempo que desenmascaraba y respond\u00eda a los que sembraban la discordia por medio de folletos an\u00f3nimos y de la prensa diaria. Pero \u00abcuando la Congregaci\u00f3n necesitaba m\u00e1s de sus talentos, de su actividad y de sus buenos ejemplos, la muerte lo arrebat\u00f3 y cubri\u00f3 de luto a las dos Familias de S. Vicente que manifestaron su sentimiento y su gratitud a los servicios que les hab\u00eda prestado, aplicando por el descanso eterno de su alma, no s\u00f3lo los sufragios que la Congregaci\u00f3n acostumbra aplicar por sus hijos difuntos, sino otros extraordinarios en las iglesias de las Hijas de la Caridad, a quienes por largos a\u00f1os hab\u00eda edificado con sus ejemplos y dirigido con infatigable celo y con grande aprovecha-miento\u00bb.<br \/>\nUna erisipela se lo llev\u00f3 en pocos d\u00edas el 10 de enero de 1864. El P. Sanz, afectado sin duda por tal desgracia, cay\u00f3 enfermo y encomend\u00f3 al P. Orriols comunicara a Par\u00eds el fallecimiento del P. Ig\u00fc\u00e9s. \u00abUsted puede muy bien entender, dec\u00eda al P. Maller, c\u00f3mo ha quedado la Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a con la p\u00e9rdida de un sujeto de tan bellas cualidades, especialmente en las circunstancias en que nos hallamos\u00bb.<br \/>\nEl Bolet\u00edn de la Sociedad de S. Vicente de Pa\u00fal daba la noticia con las siguientes palabras, escritas sin duda por el insigne Masarnau: \u00abNuestro muy amado y respetado Sr. D. Melchor Ig\u00fc\u00e9s ha fallecido hoy 10 de enero en la madrugada, despu\u00e9s de una corta enfermedad, durante la cual ha recibido los Santos Sacramentos con las mejores disposiciones. Los se\u00f1ores Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, las Hermanas de la Caridad y nuestras humildes Conferencias, no podr\u00e1n olvidar el celo infatigable del misionero, la prudencia del confesor, el acierto en la direcci\u00f3n de los retiros, que tanto han admirado en el dign\u00edsimo sacerdote que baja hoy al sepulcro. Lloremos todos su p\u00e9rdida en este mundo, y pidamos al Dios de las misericordias corone sus desvelos y trabajos con la felicidad eterna a que sin duda aspiraba, consol\u00e1ndonos con la dulce esperanza de que est\u00e9 ya disfrutando el premio reservado a los buenos en la vida que no pasa\u00bb.<br \/>\nY en la primera Junta general, tenida el 14 de febrero de 1864 bajo la presidencia del Nuncio de Su Santidad y a la que asistieron el Beato P. Claret y otros eclesi\u00e1sticos distinguidos, tambi\u00e9n se le consagr\u00f3 un cari\u00f1oso recuerdo al P. Ig\u00fc\u00e9s. Al finalizar el discurso que se suele leer en tales Juntas, dec\u00eda su autor: \u00abHe concluido, se\u00f1ores; pero al hacerlo, en el pensamiento de todos cuantos aqu\u00ed nos hallamos reunidos est\u00e1 que debo evocar ante vosotros un triste al par que precioso recuerdo. En vano vuestra vista busca hoy la presencia de uno de nuestros m\u00e1s antiguos y constantes favorecedores; en vano esper\u00e1is escuchar la autorizada voz del infatigable misionero, del celoso director de nuestros santos ejercicios, que con gran alegr\u00eda de su coraz\u00f3n nos los anunciaba el a\u00f1o pasado en esta misma solemnidad: en vano, mis amados consocios.<br \/>\nAquel Se\u00f1or que tiene en su mano los destinos del mundo, llam\u00f3 a si en el d\u00eda 10 de enero del presente a\u00f1o al respetable sacerdote de la Misi\u00f3n D. Melchor Ig\u00fc\u00e9s: preparado santamente con los eficaces y consoladores auxilios de nuestra sagrada Religi\u00f3n, esperamos confiadamente que habr\u00e1 empezado a gozar del premio de sus virtudes: como cristianos acatamos reverentes los decretos del Alt\u00edsimo; como pobres y miserables, s\u00e9anos permitido consagrar una l\u00e1grima a su memoria\u00bb.<br \/>\nConcluida la lectura del discurso, dijo el Nuncio del Papa: \u00abCuando un fiel servidor va a recibir el premio de sus trabajos, esperamos en el Se\u00f1or que \u00e9ste le dar\u00e1 la corona merecida. Mas nosotros, cumpliendo con un deber de caridad, procuramos dirigir nuestras oraciones al Se\u00f1or para que \u00e9ste le reciba en la gloria cuanto antes, si acaso estuviese purific\u00e1ndose de algunas culpas que le impidan la pronta entrada en ella.<br \/>\nAsi, pues, y para que el recuerdo que tan oportunamente se acaba de consagrar a su memoria sea desde luego atendido, y lo sea de la manera que nos ense\u00f1a la Igle-sia a pedir a Dios por nuestros hermanos difuntos, digamos un De profundis por el eterno descanso del alma del Sr. D. Melchor Ig\u00fc\u00e9s.<br \/>\n\u00abArrodillada en el acto toda la concurrencia que llenaba el sal\u00f3n, S. E. recit\u00f3 el De profundis, que fue contestado con visible emoci\u00f3n por los socios\u00bb.<br \/>\nRaz\u00f3n ten\u00eda el P. Sanz de considerar la muerte del Padre Ig\u00fc\u00e9s como una gran desgracia para la Provincia. Aparte de otros muchos m\u00e9ritos y cualidades relevantes, era el difunto consejero leal del Visitador y su sost\u00e9n y gula. Para convencerse de ello basta hojear en nuestro archivo y en el de las Hijas de la Caridad la documentaci\u00f3n de aquella \u00e9poca: a cada paso nos encontramos con minutas y borradores de pu\u00f1o y letra del P. Ig\u00fc\u00e9s en que se esbozan las bases de muchas fundaciones, as\u00ed de la pen\u00ednsula como de sus colonias, y se contesta a multitud de oficios de las autoridades eclesi\u00e1sticas y civiles.<br \/>\nDej\u00f3 asimismo consignadas por escrito algunas noticias acerca de nuestra restauraci\u00f3n y se preocupaba de nuestra historia, seg\u00fan se desprende de las siguientes l\u00edneas que, con fecha 3 de abril de 1863, dirig\u00eda al P. Maller: \u00abira veo que usted no habr\u00e1 tenido tiempo para continuar la lista de los Misioneros de esta Provincia, conforme me lleg\u00f3 usted casi a prometer; pero tengo confianza de que por fin aprovechar\u00e1 alg\u00fan ratito para hacernos este favor, que siempre nos librar\u00e1 de la oscuridad en que de otro modo estar\u00edamos sobre nuestros antecesores\u00bb.<br \/>\nAunque predic\u00f3 mucho, de ordinario no escrib\u00eda los sermones, sino que tomaba algunos apuntes. He aqu\u00ed parte de una nota que encontramos respecto a su predicaci\u00f3n en 1859: \u00abDomingo de Carnaval en el Carmen: Con el pecado se renueva la pasi\u00f3n de Jesucristo.<br \/>\nMartes \u00eddem en las Trinitarias; que con las diversiones de carnaval se reproducen las de los gentiles en el pueblo cristiano.<br \/>\nEl mismo domingo por la ma\u00f1ana sobre el Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<br \/>\nMisiones en la Escuela P\u00eda.<br \/>\n1.\u00b0 Sobre la palabra de Dios: necesidad y disposiciones.<br \/>\n2.\u00b0 Penitencia: necesidad y en qu\u00e9 consiste.<br \/>\n3.\u00b0 Conocimiento de Jesucristo: motivos y medios.<br \/>\n4.\u00b0 Lecciones de los muertos a los vivos.<br \/>\n5.\u00b0 Una visita al infierno.<br \/>\n6.\u00b0 El pecado, renovaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n de Jesucristo.<br \/>\n7.\u00b0 Dos injurias que los cristianos irrogan a Jesucristo en el sacramento de la Comuni\u00f3n: la 1.3, no quererle recibir; 2.3, recibirle en pecado.<br \/>\n8.\u00b0 Que en todos los estados se puede uno hacer virtuoso.<br \/>\nMisiones en D. Juan de Alarc\u00f3n.<br \/>\n1.\u00b0 (Me supli\u00f3 el se\u00f1or Capell\u00e1n de las Religiosas). 2.\u00b0 Palabra de Dios.<br \/>\n3.\u00b0 Penitencia.<br \/>\n4.\u00b0 Lecciones de los muertos a los vivos.<br \/>\n5.\u00b0 Y dem\u00e1s como la anterior misi\u00f3n, advirtiendo que en \u00e9sta trat\u00e9 el punto doctrinal yo mismo sobre las cosas necesarias para una buena confesi\u00f3n; mas en la anterior hizo las pl\u00e1ticas el se\u00f1or R\u00edos sobre el dec\u00e1logo.<br \/>\nEl 27 de abril en Sto. Tom\u00e1s; he predicado sobre los dos homenajes que deben tributarse a Jesucristo en el Sant\u00edsimo Sacramento, esto es, guardia y oraci\u00f3n.<br \/>\n14 junio, cuarto d\u00eda de la novena de la Sant\u00edsima Trinidad, he predicado en el Carmen sobre las palabras del Evangelio del martes de Pentecost\u00e9s, ego sum ostium, etc., probando que es necesario para salvarse entrar por Jesucristo: 1.0, con la fe; 2.\u00b0, con las obras.\u00bb<br \/>\nDe los ejercicios que di\u00f3 a los socios de las Conferencias de S. Vicente de Pa\u00fal en la iglesia del Carmen, desde el 26 de enero al 3 de febrero de 1861, public\u00f3 el Bolet\u00edn de la Sociedad de aquel a\u00f1o un precioso extracto de las pl\u00e1ticas que les dirigi\u00f3 el P. Ig\u00fc\u00e9s, manifestando con ello el gran aprecio que le ten\u00eda el insigne Masarnau.<br \/>\nTambi\u00e9n nos suministran una prueba de la opini\u00f3n de que gozaba varios documentos del Prior General de la Orden de San Juan de Dios, Fr. Juan Mar\u00eda Alfieri, quien tratando de restaurar su Orden en Espa\u00f1a, nombr\u00f3 representante suyo para toda clase de gestiones al P. Ig\u00fc\u00e9s que prest\u00f3 todo su concurso a dicho Prior cuando en oto\u00f1o de 1862 estuvo en Madrid, y si la muerte no le hubiera arrebatado tan pronto, seguramente que se realizara antes la restauraci\u00f3n de tan benem\u00e9rita Orden.<br \/>\nA fin de no salirnos del marco que nos hemos trazado, concluimos estas notas. S\u00f3lo cuando se escriba detalladamente la historia de las dos Familias de S. Vicente en Espa\u00f1a durante aquella \u00e9poca, se podr\u00e1 justipreciar la gran figura del P. Ig\u00fc\u00e9s que destaca muy por encima de los Visitadores de entonces.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por haber hecho los votos fuera de Madrid y no cuidarse de anotarlo en el libro correspondiente, y tambi\u00e9n por hab\u00e9rsenos traspapelado una de las fichas, lleva el P. 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La C.M. en la Espa\u00f1a bajo el R\u00e9gimen Liberal (1835-1875). Cap\u00edtulo 2","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"12\/04\/2021","format":false,"excerpt":"2.- La C.M. bajo la Revoluci\u00f3n Liberal (1835-1875) 2.1. Liquidaci\u00f3n de las bases tradicionales (1835-1851) En 1834 la Provincia de Espa\u00f1a se compon\u00eda de 8 casas, 96 Cl\u00e9rigos y 33 Hermanos. Las casas eran las de Madrid (calle del Barquillo) donde viv\u00eda el Visitador, P. 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