{"id":130652,"date":"2014-06-16T08:07:16","date_gmt":"2014-06-16T06:07:16","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130652"},"modified":"2016-07-27T12:07:53","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:53","slug":"p-vicente-enrich-grau-1894-1945","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/p-vicente-enrich-grau-1894-1945\/","title":{"rendered":"P. Vicente Enrich Grau (1894-1945)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Quiere ser esta sucinta semblanza del P. Enrich, un homenaje p\u00f3stumo a su bondad. Los que hemos pasado los a\u00f1os infantiles alentados por sus consejos y aliviados por sus cari\u00f1os, nunca podremos olvidar la figura paternal y acogedora de quien disip\u00f3 las dudas y tor-mentas de nuestros primeros a\u00f1os conscientes. Y hago la afirmaci\u00f3n en plural, porque me consta que muchos de los compa\u00f1eros de entonces le han tenido y continuar\u00e1n vener\u00e1ndole como consejero sabio y habil\u00edsimo que, en m\u00faltiples ocasiones, hizo renacer la paz y alegr\u00eda perdidas en sus almas tristes, y en m\u00e1s de uno afirm\u00f3 su perseverancia en la vocaci\u00f3n. Nuestra amada Provincia d\u00e9bele por ello gratitud. Que desde el cielo acepte estas p\u00e1ginas, que tienen el \u00fanico m\u00e9rito de ir henchidas de respeto y reconocimiento, y quiera, en el gozo del Se\u00f1or, continuar su obra paternal.<br \/>\nNacimiento y primeros a\u00f1os.<br \/>\nNaci\u00f3 el P. Vicente Enrich Grau en la hist\u00f3rica ciudad de L\u00e9rida, el 22 de abril de 1894. Tuvo por escenario su infancia un hogar sencillo y piadoso de una de las callejas estrechas, abiertas en la falda de la colina que ostenta en su cima la nunca bastante ponderada catedral vieja, hoy abandonada y ruinosa, vigilada constantemente por el airoso campanario, \u00edndice de celestiales exaltaciones.<br \/>\nQue su familia era reciamente cristiana lo prueba el que tres hijos se hayan consagrado a Dios: dos en la Orden Franciscana y nuestro Vicente en la Congregaci\u00f3n. Vive a\u00fan su ancianita madre, que ha tenido que pasar por el doloroso trance del fallecimiento de su querido Vicente, paliado tan s\u00f3lo por su resignaci\u00f3n cristiana y por el consuelo de tenerle muy cerca de s\u00ed en sus \u00faltimos momentos.<br \/>\nVocaci\u00f3n.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 motivo u ocasi\u00f3n le movi\u00f3 a entrar en la Congregaci\u00f3n? Fue una Hija de la Caridad, Sor Hip\u00f3lita Azc\u00e1rate, cuya larga permanencia en la ciudad del Segre ha dejado profunda huella, la que encamin\u00f3 a Vicente a la Escuela Apost\u00f3lica de Bellpuig. A esta buena Hija de San Vicente debi\u00f3 su vocaci\u00f3n. Pues, pasada una temporada, una traidora enfermedad en los ojos movi\u00f3 a los superiores, muy a su pesar, a mandarlo despedido a su familia. Habiendo mejorado de su dolencia, la bondadosa Sor Hip\u00f3lita no par\u00f3 hasta ver de nuevo admitido al ni\u00f1o. Vale a decir que fue tambi\u00e9n el tes\u00f3n del joven Enrich que contribuy\u00f3 a esta victoria. Entreg\u00f3se desde entonces a su vocaci\u00f3n con tal entereza, que ni la m\u00e1s peque\u00f1a crisis la empa\u00f1\u00f3 en adelante.<br \/>\nPasados con piedad y aplicaci\u00f3n sus primeros estudios, visti\u00f3 la santa sotana el 22 de julio de 1912, en Palma de Mallorca. El 1.\u00bb de octubre de 1914, junto con otros cinco compa\u00f1eros del mismo curso, lleg\u00f3 a la Casa de Barcelona para dar comienzo a los estudios superiores. Sin duda por raz\u00f3n del servicio militar no pudo pronunciar, a su debido tiempo, los Santos Votos. Por fin vi\u00f3se libre de tal obligaci\u00f3n. En \u00abGermanor\u00bb del a\u00f1o 1915 hay una lac\u00f3nica noticia que dice: \u00ab19 de juny. Els GG. Enrich y Turmo s\u00f3n excluits del servei al Rei\u00bb. El 27 de septiembre siguiente se consagr\u00f3 definitivamente a Dios mediante los Santos Votos, en la Casa de Barcelona.<br \/>\nEstudiantado.<br \/>\nCedo gustos\u00edsimo la pluma al Rdo. P. Ricardo Lacorte, compa\u00f1ero de estudios del P. Enrich, quien va a trazarnos, y a las mil maravillas, un bosquejo exacto del biografiado en esta \u00e9poca de su juventud. S\u00f3lo me queda el deber de agradecer a nuestro actual Superior de Bellpuig el esmero y prontitud con que contest\u00f3 a mi carta petitoria. Dice el P. Lacorte :<br \/>\n\u00abI. \u2014 Cuando se contempla la belleza de un jard\u00edn, no se lijan las miradas en las pocas o muchas hierbas que espont\u00e1neamente brotan contra la voluntad del jardinero, sino en aquellas flores que por sus colores llamativos o por ser de nuestra predilecci\u00f3n cautivan nuestras facultades est\u00e9ticas.<br \/>\nAl contemplar la vida estudiantil de nuestro llorado P. Enrich, aureolada por la \u00e1urea luz de la amistad y envuelta en la m\u00e1gica neblina de los a\u00f1os, me fijar\u00e9 solamente en su humildad y dulce compa\u00f1erismo y en su amor a la vocaci\u00f3n y s\u00f3lida piedad.<br \/>\nNo son \u00e9stas todas las flores del jard\u00edn de su vida de estudiante; pero yo me fijo en ellas para deshojarlas y esparcirlas, como recuerdo, entre los lectores de nuestros \u00abAnales\u00bb, para que participen, siquiera por unos instantes, de su belleza y de su aroma y bendigan por ello al Autor de todo bien.<br \/>\nII. \u00bfPod\u00eda nuestro hermano Enrich tener pretensiones? Sin duda. Ten\u00eda un talento sobresaliente. Ten\u00eda un gusto est\u00e9tico, en todas las bellas artes, equilibrado y fino. Ten\u00eda un fondo moral riqu\u00edsimo. Ten\u00eda un ingenio chispeante y personal que hac\u00eda las delicias de todos. Ten\u00eda una ciencia pr\u00e1ctica de todas las cosas, un \u00absavoir faire\u00bb poco com\u00fan. Ten\u00eda un car\u00e1cter dulce y atractivo. Hasta su f\u00edsico era gracioso por lo peque\u00f1o, bien proporcionado y fino de l\u00edneas. \u00danicamente su precaria salud no estaba a la altura de tan envidiables cuali-dades, y fue ella la que malogr\u00f3 la saz\u00f3n y belleza de los frutos que de las mismas todos esper\u00e1bamos.<br \/>\n\u00bfTen\u00eda, pues, motivos para sentir pretensiones? Sin duda, sobre todo cuando observamos que las pretensiones suelen estar en raz\u00f3n inversa de las cualidades. Con todo, \u00bfqui\u00e9n con-vivi\u00f3 con \u00e9l y not\u00f3 la m\u00e1s m\u00ednima pretensi\u00f3n? El hablaba \u00abex abundantia cordis\u00bb, jam\u00e1s para catequizar o imponer su criterio. Trabajaba buenamente, sin matarse, cierto, pero sin exigir ni esperar siquiera retribuci\u00f3n de ninguna clase, a no ser la del Justo Juez. Consideraba un \u00abaprobado\u00bb como nota justa y un \u00abBenemeritus\u00bb como el ideal por el que suspiraba. Por eso, cuando hac\u00edamos comentarios sobre las calificaciones, dec\u00eda de s\u00ed que se sent\u00eda orgulloso de pertenecer a la \u00abBenem\u00e9rita\u00bb (t\u00e9ngase en cuenta que nuestros estudiantes asist\u00edan por aquel entonces a las clases del Seminario Conciliar de Barcelona). No se quejaba de las humillaciones ni de su salud; todo lo soportaba con paciencia y dulzura. Cuanto m\u00e1s, su poca salud era la explicaci\u00f3n constante de sus flaquezas: \u00abNo tengo salud, \u00bfno veis que no tengo salud?\u00bb<br \/>\nNunca le not\u00e9 la m\u00e1s m\u00ednima ambici\u00f3n por los cargos honor\u00edficos, ni por el deseo de sobreponerse o al menos de sobresalir. Cuando le nombraron Superior de Rialp, el pobrecito no sab\u00eda salir de su asombro.<br \/>\nDurante el estudiantado fue \u00e9l el obrero m\u00e1s constante, entusiasta y abnegado de la redacci\u00f3n y edici\u00f3n de \u00abGermanor\u00bb, y jam\u00e1s se le not\u00f3 deseo de ser Presidente de la Junta, o se quej\u00f3 por no haber sido elegido, aunque las elecciones, siendo anuales, encumbraran a cualquiera de sus hermanos. Si alguna vez criticaba, era con el laudable y exclusivo deseo de corregir o mejorar lo que, a su parecer, no iba del todo conforme, y aun entonces lo hac\u00eda sin acrimonia, sin insistir, sin enfado. Otra muletilla graciosa y habitual en \u00e9l, que demuestra su humildad, era responder invariablemente a los que le preguntaban si sab\u00eda esto o aquello: \u00abUn poco\u00bb. Dir\u00edase que siempre desconfiaba de s\u00ed mismo.<br \/>\nCuando aceptaba un trabajito en las veladas, redacci\u00f3n de \u00abGermanor\u00bb, etc., etc., pon\u00eda todo su ser y saber; pero no pod\u00eda evitar el ser algo tardo en la ejecuci\u00f3n. Entonces bri-llaba toda su humildad y esparc\u00eda todo su&#8217; perfume, pues ten\u00eda que aguantar muchas quejas, apremios y aun frases fuertes. Entonces callaba, dulcemente resignado, daba humildemente alguna explicaci\u00f3n, promet\u00eda m\u00e1s diligencia&#8230; y procuraba luchar con su salud y energ\u00edas, siempre deficientes: \u00abBueno, ya lo har\u00e9; o \u00bfno ve usted que no tengo salud?\u00bb Por fin ejecutaba su trabajito, esmerado, atildado, como todo lo suyo, quedando en paz sin enhorabuenas y sin quejarse de las indirectas o directas recibidas. Entre estos trabajitos descuellan las portadas y vi\u00f1etas de \u00abGermanor\u00bb, que son una prueba de lo que voy afirmando, pues son las mejores de nuestra antigua revista de familia.<br \/>\nSi se hab\u00eda de copiar m\u00fasica \u2014 y entonces se copiaba mucha \u2014, el hermano Enrich era el primero y m\u00e1s esmerado copista. Si se hab\u00eda de dibujar un programa de velada, si se hab\u00eda de componer un reloj, si se hab\u00eda de instalar un \u00abBel\u00e9n\u00bb, con movimiento y todo, si se hab\u00eda de hacer alguna reparaci\u00f3n en la l\u00ednea de la electricidad, timbres, conmutadores, etc\u00e9tera, siempre se acud\u00eda a la pericia y buena voluntad del hermano Enrich. Si alguien se sent\u00eda indispuesto, el hermano Enrich sab\u00eda y daba un remedio casero, pero eficaz. Seg\u00fan I, s\u00f3lo \u00absab\u00eda un poco\u00bb; pero en realidad era el que daba cumplidamente soluci\u00f3n a todo. Fue siempre el barbero abnegado de todos, y por cierto que arreglaba el cabello como pudiera hacerlo un profesional.<br \/>\nSu aposento estaba atiborrado de peque\u00f1as minucias bellamente desordenadas. Alguna vez ten\u00eda que o\u00edr a este respecto alguna frase ingeniosa, pero picante. Nuestro hermano Enrich celebraba la gracia con una dulce sonrisa y se contentaba con replicar: \u00abS\u00ed, pero cuando ustedes necesitan algo, todos vienen aqu\u00ed\u00bb. As\u00ed era en efecto. Si alguien necesitaba clavos, cartones, cuerdas, alambres, tornillos, agujas, etc., etc., no ten\u00eda sino que acudir al hermano Enrich, quien, con su habitual calma y cari\u00f1o, se sent\u00eda feliz, en proveer a todos de cuanto deseaban. Por esto nunca tuvo enemigos ni contrincantes. Por todo esto le quer\u00edamos todos y le profes\u00e1bamos una confianza y cari\u00f1o verdaderamente fraternales.<br \/>\nDios nos haga la gracia de estar animados del esp\u00edritu del buen hermano Enrich, sintiendo siempre modestamente de nosotros mismos y haciendo que toda nuestra satisfacci\u00f3n est\u00e9<br \/>\nen hacer felices a los dem\u00e1s.<br \/>\nEl amor a su vocaci\u00f3n y a la piedad fu\u00e9 tambi\u00e9n muy notable en el hermano Enrich. Recuerdo que cuando entramos en la Escuela Apost\u00f3lica de Bellpuig \u00e9ramos los m\u00e1s peque-\u00f1os. El no gozaba de salud. Su constituci\u00f3n raqu\u00edtica y su vista le imped\u00edan estudiar. Fu\u00e9 enviado a su casa. No s\u00e9 c\u00f3mo se las arregl\u00f3; pero al cabo de un a\u00f1o ya ten\u00edamos otra vez entre nosotros al peque\u00f1o y avispado Enrich. Yo le vi d\u00edas y d\u00edas oculto en la enfermer\u00eda, por no poder sufrir la luz del sol. Yo le vi durante a\u00f1os enteros con sus gafas negras, sufriendo horriblemente de la vista. Yo le vi toda la vida pas\u00e1ndose casi. sin comer. Yo le vi caerse de sue\u00f1o y cansancio encima del libro.<br \/>\nCualquiera otro hubiera renunciado a su vocaci\u00f3n. El, no. Yo no s\u00e9 cu\u00e1ndo estudiaba, pero el caso es que nunca tuvo un \u00absuspenso\u00bb. Toda su carrera fue un verdadero martirio; pero con la gracia de Dios lleg\u00f3 a la meta airosamente. Cuando se enteraba de alguna defecci\u00f3n, quedaba asombrado y nunca se pudo explicar c\u00f3mo pod\u00eda abandonarse una vocaci\u00f3n tan bella por nada de este mundo. Con los tentados y disgustados ten\u00eda el don de alegrarlos, consolarlos y animarlos. Muchos que lean estas l\u00edneas sabr\u00e1n que digo verdad. El amaba, pues, la vocaci\u00f3n m\u00e1s que todas las cosas de este mundo, m\u00e1s que su propio bienestar, m\u00e1s que su propia vida, y amaba tambi\u00e9n y sent\u00eda vivo inter\u00e9s por todo aquello que va unido a la vocaci\u00f3n: los ministerios, los misioneros, las casas y sobre todo nuestra probada Provincia de Barcelona. Desde el se\u00f1or Visitador hasta el \u00faltimo apost\u00f3lico, todos pod\u00edan contar con su afecto y con sus servicios, por molestos y frecuentes que ellos fuesen.<br \/>\nEste acendrado amor a la vocaci\u00f3n, junto con su piedad, daban a su persona un porte suavemente grave, que atra\u00eda la confianza y veneraci\u00f3n de todos. En los contratiempos siempre ten\u00eda una frase que elevara el alma a Dios. En toda ocasi\u00f3n, alegre o triste, el hermano Enrich se mostraba alegre o triste; pero con moderaci\u00f3n, sin extremos, sin ruido. Dir\u00edase que el \u00abmedium virtutis\u00bb o la \u00absofrosine\u00bb de los griegos, era en \u00e9l connatural. \u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es tener el coraz\u00f3n fijo donde est\u00e1n las verdaderas alegr\u00edas cuando nos vemos zarandeados por el vaiv\u00e9n de los sucesos terrenales! \u00abUt inter mundanas varieta-tes, ibi fixa sint corda, ubi vera sunt gaudia! \u00ab. Esto es privilegio de las almas santas y profundamente piadosas, y lo fue de nuestro hermano Enrich.<br \/>\nEs de notar que, a pesar de las deficiencias de salud, nunca goz\u00f3 de privilegio alguno durante su Escuela Apost\u00f3lica, Noviciado y Estudiantado. Sigui\u00f3 siempre y en todo a la Co-munidad, y en las medicinas fue muy parco. Extraordinarios en la comida y bebida, nunca los tuvo ni dese\u00f3.<br \/>\nTen\u00eda madre que viv\u00eda en L\u00e9rida y varios hermanos, algunos de ellos religiosos. Nunca hablaba de ellos, ni s\u00e9 que fuera jam\u00e1s a verlos expresamente.<br \/>\nEn fin, ser\u00eda nunca acabar si fuera observando los detalles de la hermosura del alma del hermano Enrich. Desde el d\u00eda que cant\u00f3 su primera misa hasta el d\u00eda que muri\u00f3, muchas co-sas podr\u00eda se\u00f1alar para edificaci\u00f3n de todos; pero se me han pedido impresiones sobre su juventud, y lo he hecho, no como \u00e9l se merece, sino como he podido, llevado solamente del cari\u00f1o a uno de los mejores amigos de mi infancia y juventud.\u00bb<br \/>\nSacerdote.<br \/>\nEl 13 de junio de 1920 recibi\u00f3 en su ciudad natal, el Orden del Subdiaconado. Qued\u00f3se un mes en la Casa de Bellpuig, descansando, hasta que un telegrama urgente del P. Valeri, a la saz\u00f3n Vicevisitador, por estar el P. Corachas de visita en Am\u00e9rica, lo llam\u00f3 a Barcelona. Volvi\u00f3 de nuevo a L\u00e9rida para recibir el Diaconado el d\u00eda 18 de septiembre. Y en la misma ciudad vio colmadas sus m\u00e1s caras ilusiones, con la recepci\u00f3n del Presbiterado, el 17 de octubre. Unos d\u00edas despu\u00e9s (24-X-1920) cant\u00f3 su primera Misa. Agradecido a su virtuosa bienhechora, Sor Hip\u00f3lita, quiso que disfrutara ella de las primicias de su sacerdocio. El P. Queralt, glorioso m\u00e1rtir de nuestra guerra, predic\u00f3 uno de sus m\u00e1s floridos y ardientes sermones, en tal solemnidad.<br \/>\nFigueras.<br \/>\nTerminada felizmente la carrera, fue destinado a la Casa de Figueras, donde se ocup\u00f3 con celo en la instrucci\u00f3n de los j\u00f3venes que asist\u00edan a la Escuela Nocturna. Cuid\u00f3 de los ni\u00f1os de la Escuela Dominical, entonces existente en aquella Casa, y del servicio de la iglesia de Nuestra Se\u00f1ora de los Desamparados.<br \/>\nBellpuig.<br \/>\nEn el verano de 1923 pas\u00f3 a la Escuela Apost\u00f3lica de Bellpuig. Recuerdo perfectamente el d\u00eda de su llegada, puesto que va enlazada con un acontecimiento, de bien poca monta, por cierto, de mi vida de chaval. Perm\u00edtaseme este recuerdo personal. Como est\u00e1bamos en vacaciones, nos ocup\u00e1bamos en blanquear algunas de las habitaciones que m\u00e1s lo necesitaban. Quiso la mala suerte que pusiera en falso un pie y cayera del andamio. Fractur\u00e9me, de resultas, una mu\u00f1eca. Tendido en una cama, precisamente en el mismo aposento que m\u00e1s tarde ocupar\u00eda el P. Enrich, vino a visitarme el reci\u00e9n llegado. Y no contento con dirigirme palabras de consuelo, comenz\u00f3 a actuar ya como enfermero.<br \/>\nEsto fue siempre el buen P. Enrich: un diligente enfermero de almas y cuerpos. Pose\u00eda para ello un verdadero don. No pod\u00eda sufrir los rostros tristes y como intuyendo la causa de los pesares, llamaba a su aposento a los afligidos, dici\u00e9ndoles palabras llenas de suavidad y tan apropiados y confortantes razZonamientos, que apaciguaba al m\u00e1s desesperado. Salir del aposento del P. Enrich era salir con la sonrisa en los labios y el coraz\u00f3n sosegado.<br \/>\nNo es raro que se ganara la confianza de todos. Los apost\u00f3licos no ten\u00edan para \u00e9l secretos. Decir que era un padre es poco; es m\u00e1s exacto afirmar que hac\u00eda los oficios de madre.<br \/>\nDe aqu\u00ed que fuese el pa\u00f1o de l\u00e1grimas de los reci\u00e9n entrados, que sent\u00edan a\u00f1oranza de sus familiares.<br \/>\nSus clases eran tan atractivas, que se juzgaban dichosos quienes lo ten\u00edan por profesor. \u00bfQui\u00e9n no recuerda aquellas horas dedicadas a la Historia Universal, que pasaban volando? Su benignidad le hac\u00eda un h\u00e1bil pedagogo. No era amante de castigos. Ni los necesitaba. Prevenir m\u00e1s que curar, exhortar m\u00e1s que reprender, era su t\u00e1ctica y su \u00e9xito. Un buen disc\u00edpulo de San Juan Bosco. Prueba de esta fascinaci\u00f3n que ejerc\u00eda sobre los ni\u00f1os es que, al bajar al patio en tiempo de recreo, se ve\u00eda al instante rodeado de grandes y peque\u00f1os. Y \u00e9l, con su suavidad proverbial, entre toma y toma de rap\u00e9, aprovechaba toda ocasi\u00f3n para infiltrar las virtudes de un buen apost\u00f3lico. Recuerdo que en una ocasi\u00f3n, uno de ellos sinti\u00f3se tan sencillo que con infantil inocencia le dijo: \u00abP. Enrich, cuando sea yo como usted, ya estar\u00e9 seguro de haberme salvado\u00bb. Solt\u00f3 \u00e9l una solemne carcajada mientras daba un buen estir\u00f3n a los mofletes del atrevido.<br \/>\nPredic\u00f3 un a\u00f1o los ejercicios espirituales a los apost\u00f3licos. Gust\u00e1bale poner el sal\u00f3n en una total oscuridad, con la sola luz mortecina de unas velas ante el crucifijo. Y con tal viveza, al par que suma sencillez, habl\u00f3 de las verdades eternas, que las l\u00e1grimas no cesaban de caer de nuestros ojos. Han sido para m\u00ed, y creo que para otros muchos, los ejercicios m\u00e1s me-morables de mi vida.<br \/>\nHe aludido antes a sus dotes de enfermero. Todas las alabanzas en este sentido ser\u00e1n pocas. \u00bfCu\u00e1ntas horas se pas\u00f3 en la enfermer\u00eda junto a los pacientes, entreteni\u00e9ndolos, anim\u00e1n-dolos siempre? Son ciertamente incontables. Much\u00edsimas veces \u00e9l era quien preparaba, en la cocina, la tisana o la leche, y se le ve\u00eda pasar con la taza en la mano, por el claustro, subir la escalera de caracol, y entregarla al enfermito con uno de sus gloriosos requiebros. S\u00f3lo Dios sabe la amargura que experiment\u00f3 aquel d\u00eda t\u00e9trico de mayo de 1925 en que Tom\u00e1s Is\u00e1iz, el simp\u00e1tico aragonesito, abalanz\u00e1ndose por la baranda de la escalera principal, fue a parar al \u00faltimo rellano, rompi\u00e9ndose el cr\u00e1neo. Durante las veinte horas que precedieron a su muerte, ni un momento movi\u00f3se de su lado, y \u00a1qu\u00e9 no hizo, y qu\u00e9 no prob\u00f3 para retenerle la vida! Nadie podr\u00e1 tampoco contar sus abnegaciones en aquellos d\u00edas aciagos de febrero de 1934, en que el buen hermano Mar\u00ed acab\u00f3 en una locura, pr\u00f3diga en sustos y peripecias trist\u00edsimas. Fue siempre nuestro P. Enrich el buen samaritano, activo y compasivo, que pasaba gusto en derramar sobre los enfermos el aceite bals\u00e1mico de su amor y el vino generoso de sus gracias. El, de natural endeble y enfermizo, hubiera querido regalar salud y vigor a todos.<br \/>\nRialp.<br \/>\nEn 1928 cambi\u00f3 el llano de Urgel por las alturas de Rialp. Fue all\u00e1 con el cargo de Superior, permutando el destino con el tambi\u00e9n llorado P. Puig. Si se consultan las cr\u00f3nicas aparecidas en \u00abGermanor\u00bb, de nuestra casa de Rialp, se ver\u00e1 que le toc\u00f3 vivir la \u00e9poca de oro y de m\u00e1s actividad de nuestra residencia del Pallars. M\u00e1s de trescientos seglares practicaron all\u00ed los Ejercicios Espirituales. Era cuando Catalu\u00f1a entera vibraba de entusiasmo por la gran Obra. Dej\u00f3 all\u00ed un recuerdo imperecedero el P. Francisco Pons que pronto se elev\u00f3 a la categor\u00eda de consumado director de Ejercicios. \u00a1Qu\u00e9 tristeza se siente al hacer menci\u00f3n de misioneros tan eminentes y que pertenecen al grupo de los que fueron! Di\u00e9ronse tambi\u00e9n con regularidad tandas para los reverendos se\u00f1ores sacerdotes. Enamorado el P. Enrich de una obra tan nuestra, no perdon\u00f3 esfuerzo alguno para procurar todo el confort posible y servido esmerado. Muchos de los curas de aquellas regiones pirenaicas no han podido menos de reconocer los favores y acogida ben\u00e9vola y trato exquisito recibidos de aquella comunidad que encabezaba nuestro biografiado.<br \/>\nDedic\u00f3se tambi\u00e9n, seg\u00fan sus posibilidades, a la predicaci\u00f3n y a la ayuda de los se\u00f1ores sacerdotes en sus trabajos parroquiales. Con raz\u00f3n han lamentado el cierre de nuestra Casa monta\u00f1esa.<br \/>\nEl a\u00f1o 30, centenario de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa, quiso celebrar tan magno acontecimiento con unas fiestas extraordinarias que dif\u00edcilmente tendr\u00e1n repetici\u00f3n en el humilde pueblo. No es de extra\u00f1ar, dado el acendrado amor que siempre manifest\u00f3 el P. Enrich a la Virgen, y de una manera especial bajo la advocaci\u00f3n de la Medalla Milagrosa.<br \/>\nHe aqu\u00ed c\u00f3mo recuerda su paso por Rialp el P. Pablo Cort\u00e9s, que fu\u00e9 uno de sus s\u00fabditos:<br \/>\n\u00abSi tuviera que resumir el superiorato del P. Enrich en Rialp en pocas palabras, dir\u00eda que fue un verdadero padre para los de dentro y los de fuera.<br \/>\nPruebas al canto: cuando servidor llegaba a Casa, despu\u00e9s de mis predicaciones lejanas, verbigracia, del llano de Urgel, \u00e9l se adelantaba en anunciarme el descanso para el d\u00eda siguiente, sin aguardar a que se lo pidiera. Era, adem\u00e1s, humilde: \u00abtanquam unus ex illis\u00bb, haciendo as\u00ed llevadero el yugo de la obediencia a sus s\u00fabditos.<br \/>\nPara los de fuera era tambi\u00e9n el padre de todos. Todo el pueblo de Rialp sab\u00eda que el P. Enrich les acoger\u00eda benignamente, tratando de aliviar sus cuitas y dificultades. Y, en efecto, siempre estaba dispuesto a ayudar al pr\u00f3jimo: unas veces con un buen consejo, otras prest\u00e1ndoles un servicio caritativo. Recuerdo que en cierta ocasi\u00f3n se prest\u00f3 a dibujar un croquis para la instalaci\u00f3n de un motor en una f\u00e1brica, haci\u00e9ndolo con tanto esmero y buena voluntad que, seg\u00fan testimonio de un entendido, aquel dise\u00f1o hubiera merecido la aprobaci\u00f3n de un ingeniero, caso de someterlo a su examen\u00bb.<br \/>\nBellpuig (2.\u00bb vez).<br \/>\nA principios del a\u00f1o 34 volv\u00eda a Bellpuig, dedic\u00e1ndose con todo cari\u00f1o y abnegaci\u00f3n a lo que creo fue su misi\u00f3n favorita: la instrucci\u00f3n y formaci\u00f3n de los apost\u00f3licos.<br \/>\nAll\u00ed encontr\u00f3le la revoluci\u00f3n del a\u00f1o 36, teniendo que huir, despu\u00e9s de ayudar a poner en salvo a los ni\u00f1os, al pueblo cercano de Vilanova de Bellpuig. No crey\u00e9ndose lo suficientemente seguro, consigui\u00f3 llegar a L\u00e9rida, escondi\u00e9ndose en su casa natal. S\u00f3lo por un verdadero favor del cielo vi\u00f3se libre de una muerte segura. Una de las bombas de aviaci\u00f3n cay\u00f3 en el barrio que habitaba. La misma casa que le albergaba se desplom\u00f3 en parte; de entre los escombros y polvoreda sali\u00f3 \u00e9l ileso y salvo. Seg\u00fan afirm\u00f3 luego en una repetici\u00f3n de oraci\u00f3n de los Ejercicios, atribu\u00eda esta gracia a las benditas almas del Pur-gatorio, de quienes siempre fue devoto y a las que se encomendaba en toda clase de peligros. Obligado a salir de L\u00e9rida, refugiose en una casa de campo, donde abundaron las priva, iones y sobre todo el fr\u00edo. Pudo, en compensaci\u00f3n, salir a tomar el sol despu\u00e9s de quince meses de obligado encierro. El d\u00eda de Pascua del a\u00f1o 38, agradecido a la Sant\u00edsima Virgen, celebr\u00f3 en el Pilar de Zaragoza su primera misa, despu\u00e9s de tantos d\u00edas aciagos de catacumba. En \u00abSuplemento de Germanor\u00bb (n\u00fam. 3, p\u00e1g. 12, a\u00f1o 1938), hay una carta firmada por el P. Enrich y fechada en Zaragoza, donde da cuenta de sus angustias, durante nuestra Guerra de Liberaci\u00f3n. Su humildad le hac\u00eda decir: \u00abVeinti\u00fan meses entre los rojos ya son bastantes para que usted pueda comprender (va dirigida la carta al se\u00f1or Visitador) los sufrimientos y privaciones a que me he visto obligado; pero todo lo doy por bien empleado, si Dios los acepta en remisi\u00f3n de mis pecados y para provecho de las almas de tantos pobres extraviados\u00bb. Mientras esper\u00f3 la hora de la liberaci\u00f3n total de la naci\u00f3n, alberg\u00f3se en una \u00abmas\u00eda\u00bb de Altorric\u00f3n, donde hac\u00eda las veces de instructor de los peque\u00f1os de la casa.<br \/>\nFigueras (segunda vez).<br \/>\nDesde nuestro bendito refugio de Palma de Mallorca, poco supimos de las andanzas del P. Enrich, y grande fue el gozo cuando se tuvo noticias de que entre los que hab\u00edan salido salvos de a\u00f1os tan dif\u00edciles se encontraba \u00e9l. Y aument\u00f3 la alegr\u00eda cuando pudimos abrazarle de nuevo y ver que estaba m\u00e1s robusto y sano que nunca, al menos en apariencia. Una vez que se reorganiz\u00f3 nuestra vida de comunidad en la Pen\u00ednsula, se le destin\u00f3 a la Casa de Figueras, hasta que en el verano (lel a\u00f1o 43 fu\u00e9 a aumentar la comunidad de La Bordeta (L\u00e9rida).<br \/>\nL\u00e9rida (La Bordeta).<br \/>\nEs esta fundaci\u00f3n reciente y dedicada por completo a la vida parroquial. Comenz\u00f3 por las parroquias de La Bordeta<br \/>\nAlbat\u00e1rrech, servidas por el P. Coll Mateo. Siguieron despu\u00e9s las de Montoliu y Sudanell, a las que destinaron al P. Mart\u00edn Matas, y dada la penuria de sacerdotes en la Di\u00f3cesis de L\u00e9rida, y el fiel desempe\u00f1o de los mencionados misioneros, suplic\u00f3 el Excmo. Sr. Obispo otro Padre para Alcoletge y Vilanova de la Barca. Atendiendo a tal ruego, el se\u00f1or Visitador envi\u00f3 al P. Enrich.<br \/>\nY he aqu\u00ed que el buen Padre, de natural sosegado y que nunca tuvo fama de mucha actividad, en sus \u00faltimos a\u00f1os demostr\u00f3 un dinamismo extraordinario. El campo en que le toc\u00f3 trabajar era ciertamente ingrato. No es exageraci\u00f3n afirmar que el hueso m\u00e1s duro de roer para los curas leridanos son estos pueblos de la ribera del Segre, entre Balaguer y la capital de provincia. Y de lo m\u00e1s glacial en religi\u00f3n, Alcoletge y Vilanova de la Barca, cercanos a la ciudad, con muchos de sus vicios y apenas ninguna de sus ventajas espirituales. Y si de muchos a\u00f1os a esta parte adolecieron de m\u00e1xima despreocupaci\u00f3n religiosa, aument\u00f3 \u00e9sta despu\u00e9s de la guerra. Vilanova qued\u00f3 sin templo, y el de Alcoletge da una sensaci\u00f3n de tal abandono, que hace perder el \u00e1nimo m\u00e1s optimista. El Padre Enrich con tal entusiasmo tom\u00f3se su cargo parroquial, que bien puede decirse que ech\u00f3 toda la carne al asador. El a\u00f1o pasado invit\u00f3me a predicar en la fiesta de las primeras comuniones. Y qued\u00e9 admirado al ver su esp\u00edritu de sacrificio y abnegada entrega al cuidado de sus feligreses. Me parec\u00eda un imposible que fuera capaz de tantas caminatas como ten\u00eda que hacer, \u00e9l que fue siempre un entusiasta de la vida sedentaria.<br \/>\nEn Vilanova de la Barca hab\u00eda un batall\u00f3n de trabajadores, ocupados en la reconstrucci\u00f3n del pueblo, completamente arruinado durante la guerra. Una de sus m\u00e1s acariciadas ilusiones era ver terminada la iglesia. \u00a1Cu\u00e1ntos sudores le cost\u00f3 una obra que vio comenzada nada m\u00e1s! A prop\u00f3sito de ello sucedi\u00f3le un hecho que muestra su rectitud de car\u00e1cter, al par que su esp\u00edritu condescendiente. En visita de inspecci\u00f3n fue al pueblo el se\u00f1or Moreno Torres, Director general de Regiones Devastadas. Aprovech\u00f3 para urgir la construcci\u00f3n del templo. Contest\u00f3le el se\u00f1or Moreno Torres que lo tendr\u00eda conclu\u00eddo para Navidad del 1944. Replic\u00f3 el P. Enrich con una sonrisa esc\u00e9ptica, que comprendi\u00f3 muy bien el se\u00f1or Director, quien arguy\u00f3: \u00abYo se lo aseguro, Padre, con la condici\u00f3n de que, Mart\u00edn Matas, y dada la penuria de sacerdotes en la Di\u00f3cesis de L\u00e9rida, y el fiel desempe\u00f1o de los mencionados misioneros, suplic\u00f3 el Excmo. Sr. Obispo otro Padre para Alcoletge y Vilanova de la Barca. Atendiendo a tal ruego, el se\u00f1or Visitador envi\u00f3 al P. Enrich.<br \/>\nY he aqu\u00ed que el buen Padre, de natural sosegado y que nunca tuvo fama de mucha actividad, en sus \u00faltimos a\u00f1os demostr\u00f3 un dinamismo extraordinario. El campo en que le toc\u00f3 trabajar era ciertamente ingrato. No es exageraci\u00f3n afirmar que el hueso m\u00e1s duro de roer para los curas leridanos son estos pueblos de la ribera del Segre, entre Balaguer y la capital de provincia. Y de lo m\u00e1s glacial en religi\u00f3n, Alcoletge y Vilanova de la Barca, cercanos a la ciudad, con muchos de sus vicios y apenas ninguna de sus ventajas espirituales. Y si de muchos a\u00f1os a esta parte adolecieron de m\u00e1xima despreocupaci\u00f3n religiosa, aument\u00f3 \u00e9sta despu\u00e9s de la guerra. Vilanova qued\u00f3 sin templo, y el de Alcoletge da una sensaci\u00f3n de tal abandono, que hace perder el \u00e1nimo m\u00e1s optimista. El Padre Enrich con tal entusiasmo tom\u00f3se su cargo parroquial, que bien puede decirse que ech\u00f3 toda la carne al asador. El a\u00f1o pasado invit\u00f3me a predicar en la fiesta de las primeras comuniones. Y qued\u00e9 admirado al ver su esp\u00edritu de sacrificio y abnegada entrega al cuidado de sus feligreses. Me parec\u00eda un imposible que fuera capaz de tantas caminatas como ten\u00eda que hacer, \u00e9l que fue siempre un entusiasta de la vida sedentaria.<br \/>\nEn Vilanova de la Barca hab\u00eda un batall\u00f3n de trabajadores, ocupados en la reconstrucci\u00f3n del pueblo, completamente arruinado durante la guerra. Una de sus m\u00e1s acariciadas ilusiones era ver terminada la iglesia. \u00a1Cu\u00e1ntos sudores le cost\u00f3 una obra que vio comenzada nada m\u00e1s! A prop\u00f3sito de ello sucedi\u00f3le un hecho que muestra su rectitud de car\u00e1cter, al par que su esp\u00edritu condescendiente. En visita de inspecci\u00f3n fue al pueblo el se\u00f1or Moreno Torres, Director general de Regiones Devastadas. Aprovech\u00f3 para urgir la construcci\u00f3n del templo. Contest\u00f3le el se\u00f1or Moreno Torres que lo tendr\u00eda concluido para Navidad del 1944. Replic\u00f3 el P. Enrich con una sonrisa esc\u00e9ptica, que comprendi\u00f3 muy bien el se\u00f1or Director, quien arguy\u00f3: \u00abYo se lo aseguro, Padre, con la condici\u00f3n de que, tres meses antes de finalizar el a\u00f1o, me d\u00e9 cuenta del estado de las obras\u00bb. Al llegar este tiempo continuaban echados los fundamentos, sin haber adelantado apenas nada las obras. Pod\u00eda haber mandado un informe; no lo hizo por no comprometer a ingenieros y capataces y temeroso tambi\u00e9n de las represalias que pudiesen \u00e9stos tomar.<br \/>\n\u00abEl buen pastor sacrifica su vida por sus ovejas.\u00bb Puede el texto aplicarse muy bien al P. Enrich. Lejos de desalentarse por un trabajo que tantos sudores le proporcionaba, para re-coger m\u00e1s malezas que grano, pr\u00f3ximo a morir, ped\u00eda al P. Visitador, que fue adrede a L\u00e9rida a visitarle, que no abandonara el cuidado de uno de los pueblos m\u00e1s reacios, caso de verse \u00e9l obligado a dejarlos.<br \/>\n\u00daltimos meses y muerte.<br \/>\nQuebrant\u00f3se su ya endeble salud. Pocos meses antes de su muerte le vi en La Bordeta fatigado. Aument\u00f3 aquel pesimismo en \u00e9l ya habitual, quebrado tan s\u00f3lo por alguna de sus gracias, dichas de aquella manera tan salerosa que ten\u00eda.<br \/>\nNo puedo callar, antes de terminar, que ten\u00eda un alma eminentemente franciscana, por su amor a los animalitos. Fue siempre dado a la cr\u00eda de canarios. Y con ellos dialogaba y cantaba. Cuidaba mejor que una ama casera de las aves de corral. Jugaba con el gato, hac\u00eda caricias al perro, pasaba horas del atardecer sentado en el huerto y echando algo de comer a los patitos. A todos parec\u00eda saludarles con el nombre de hermanos.<br \/>\nPuede reconocerse, por todo lo apuntado, que ten\u00eda una tendencia marcada hacia lo d\u00e9bil, lo indefenso, lo enfermo y delicado.<br \/>\nNadie m\u00e1s indicado que el que fue su \u00faltimo Superior para ampliar estas notas de cuando la preciosa vida del P. Enrich iba a paso seguro hacia su ocaso. Escribe el P. Coll Mateo:<br \/>\n\u00abAunque con su habitual calma, debida sin duda a la enfermedad del coraz\u00f3n que, sin darse cuenta, le aquejaba desde mucho tiempo, trabajaba con af\u00e1n por sus parroquias. Gran parte del tiempo que permanec\u00eda en la residencia de L\u00e9rida lo dedicaba a ordenar los libros parroquiales que la pasada revoluci\u00f3n marxista y el abandono ten\u00edan en des-orden.<br \/>\nEra devot\u00edsimo del Santo Rosario, que rezaba aunque fuera a altas horas de la noche.<br \/>\nSuave de car\u00e1cter, sin embargo, cuando se trataba de defender los derechos de Dios y de la Iglesia lo hac\u00eda con tes\u00f3n y energ\u00eda, y sin perder por eso su dignidad ni su habitual calma; como cuando el alcalde de una de sus parroquias, que poco se preocupaba de atender a las necesidades del pueblo, malgastando los fondos del Ayunta-miento en cosas \u00abnon sanctas\u00bb, sac\u00f3 a relucir en una conversaci\u00f3n su autoridad, simbolizada en la vara de alcalde, el P. Enrich le dijo, recalc\u00e1ndolo bien : \u00abNo sabe usted, se\u00f1or alcalde, que esta vara de que habla har\u00eda mejor servicio si se la aplicaran a sus costillas\u00bb.<br \/>\nA pesar de su car\u00e1cter quejumbroso, era paciente d\u00e9 verdad cuando las circunstancias lo requer\u00edan. Una de sus aficiones favoritas era la cr\u00eda y cuidado de canarios; sin embargo, cuando comprendi\u00f3 que eran un peque\u00f1o estorbo para atender debidamente a sus parroquias, se deshizo de ellos y los olvid\u00f3 en absoluto.<br \/>\nA pesar de comprender su gravedad en los \u00faltimos d\u00edas de su vida, no perdi\u00f3 la serenidad, y hablaba de su muerte pr\u00f3xima casi en son de broma. \u00a1Cu\u00e1ntas veces no repiti\u00f3 a los que lo visit\u00e1bamos: \u00abDe aqu\u00ed&#8230; al cementerio\u00bb, sin inmutarse!\u00bb.<br \/>\nA fines del a\u00f1o pasado lleg\u00f3 su salud a un estado que inspiraba serios temores. El mencionado P. Coll, en carta de 4 de diciembre, dec\u00eda al P. Comellas:<br \/>\n\u00abLe escribo con algo de urgencia. Es el caso que el P. Enrich se nos ha puesto tan enfermo del coraz\u00f3n oye nos hemos visto precisados a llevarlo al hospital de la Cruz Roja, donde, seg\u00fan prescripci\u00f3n m\u00e9dica, deber\u00e1 permanecer en absoluto reposo por lo menos una semana, para as\u00ed poder comprobar el curso y gravedad de la enfermedad. Qu\u00e9 ser\u00e1 de \u00e9l? Yo no soy pesimista, pero le considero fuera de combate para largo tiempo, especialmente mientras duren los fr\u00edos invernales. Seg\u00fan examen m\u00e9dico con rayos X, se le nota un coraz\u00f3n dilatad\u00edsimo y que dif\u00edcilmente puede volver a su estado normal. Tiene la cara hinchada y de un color blancoamarillo; las piernas hinchadas tambi\u00e9n, incapaz de caminar cincuenta pasos sin tener que pararse dos o tres veces. En una palabra, imposibilitado para ejercer el ministerio parroquial.\u00bb<br \/>\nBien atendido por nuestras sol\u00edcitas hermanas, mejor\u00f3 algo y renacieron las esperanzas de curaci\u00f3n. El optimismo fue, desgraciadamente, moment\u00e1neo. Bast\u00f3 un nuevo acceso de su dolencia, para llev\u00e1rselo al sepulcro.<br \/>\nEl d\u00eda de Reyes del a\u00f1o actual pidi\u00f3 su traslado al Hospital Provincial, magn\u00edfico y moderno, donde el sol y los jardines har\u00edan menos sensible el trabajoso paso de las horas. Las Hijas de la Caridad recibieron, gozosas, el tesoro de que con pena se desprend\u00edan las de la cl\u00ednica, pero al d\u00eda siguiente vi\u00e9ronse privadas de \u00e9l por la muerte rapaz.<br \/>\nEn carta al se\u00f1or Visitador, daba Sor Mar\u00eda Izaguirre, Superiora de dicho Hospital Provincial de L\u00e9rida, estos detalles:<br \/>\n\u00abAunque supongo a usted enterado de las circunstancias de la muerte del P. Enrich, con todo me complazco en exponerle lo siguiente: Desde su ingreso en el Hospital hasta su fallecimiento transcurrieron dieciocho horas, que pas\u00f3 muy mal, con la constante fatiga del coraz\u00f3n. A pesar de aplic\u00e1rsele algunos t\u00f3nicos card\u00edacos, no respondi\u00f3 al tratamiento ni en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Todo y que se extrem\u00f3 la discreci\u00f3n entre los que le rodeaban, el enfermo se dio cuenta de su gravedad, dici\u00e9ndonos: \u00abEsto se termina por momentos. Que venga el capell\u00e1n pronto y que me administre los Santos Sacramentos.\u00bb A pesar del inter\u00e9s que se tom\u00f3 dicho se\u00f1or en su asistencia, dada su edad y estar delicad\u00edsimo, pasaron algunos minutos antes no lleg\u00f3 con el santo Vi\u00e1tico, que ya no pudo recibir el moribundo. S\u00f3lo se le administr\u00f3 la Santa Unci\u00f3n y se le aplic\u00f3 la Indulgencia Plenaria. Acto seguido, las hermanas le rezamos la recomendaci\u00f3n del alma. Cuando not\u00f3 que se aproximaba la muerte, se despidi\u00f3 de la Comunidad y de su familia con la misma naturalidad que si fuese a coger el tren, diciendo: \u00abHermanas, hasta el Cielo. Yo ya termin\u00e9 mi misi\u00f3n en este mundo. Que trabajen ahora los j\u00f3venes.\u00bb<br \/>\nEl P. Coll, a su vez, en una sentida rese\u00f1a repite m\u00e1s o menos estos mismos detalles de la muerte del P. Enrich, ca\u00eddo en el campo de operaciones con las armas en la mano, y la termina con lo que a continuaci\u00f3n copio:<br \/>\n\u00abPor ser domingo, ninguno de los Padres est\u00e1bamos en La Bordeta. Quien recibi\u00f3 la noticia telef\u00f3nica de su muerte fue el hermano Batlle, quien me la comunic\u00f3 en seguida que llegu\u00e9 de Albat\u00e1rrech. Lo recomend\u00e9 inmediatamente a las oraciones de los fieles, que en aquel momento estaban aguardando para o\u00edr la Santa Misa, la que apliqu\u00e9 en sufragio de su alma. Despu\u00e9s de la \u00faltima Misa que celebr\u00e9 en el Cementerio con la misma intenci\u00f3n, empec\u00e9 a dar los primeros pasos para organizar los funerales y el entierro. El cad\u00e1ver fue depositado en el recibidor de las Hermanas del Hospital, vestido con los ornamentos sagrados, siendo velado todo el tiempo por peque\u00f1os grupos de Hermanas, enfermeras y personas amigas.<br \/>\nEl funeral se efectu\u00f3 en la capilla del mismo Hospital, precedido por seis misas rezadas que celebraron los Padres llegados de Bellpuig, de Espluga y los de Casa. Al funeral asisti\u00f3, adem\u00e1s de un buen n\u00famero de Hermanas de todas las Casas de L\u00e9rida, varios representantes de las Comunidades Religiosas de varones de la ciudad. El n\u00famero de sacer-dotes en el acto del sepelio era de quince. Asistieron, adem\u00e1s, los Ayuntamientos de los pueblos de Alcoletge y Vilanova y buen n\u00famero de vecinos de ambos pueblos. Por no hallar ning\u00fan nicho vendible, tuvimos que alquilar uno, que es el n\u00famero 124 del Departamento de San Crist\u00f3bal. Visit\u00e9 al se\u00f1or Obispo para comunicarle la triste noticia, que le apen\u00f3 mucho.\u00bb<br \/>\nAcaeci\u00f3 la muerte del P. Enrich el 7 de enero. Vol\u00f3 a Dios para ofrecerle el oro de su bondad, el incienso de su piedad y la mirra de los sacrificios con que durante treinta y tres a\u00f1os adorn\u00f3 la corona de su vocaci\u00f3n misionera.<br \/>\nEn la misma ciudad que le viv\u00ed nacer para la vida y para el sacerdocio reposan sus restos. Fue su vida como esas aguas mansas, apacibles y feraces del r\u00edo Segre. A Dios, el gran Oc\u00e9a-no de la paz, dirigi\u00f3 los anhelos e ilusiones de su vida entera.<br \/>\n\u00bfQue tuvo defectos bien visibles? No hay por qu\u00e9 negarlo: parec\u00eda no tener noci\u00f3n de la puntualidad, fue algo terco en sostener su opini\u00f3n, aunque nunca hiriente; era de natural quisquilloso&#8230; \u00bfPara qu\u00e9 hurgar en estas deficiencias? La caridad, en la que fue eminente y ejemplar, cubre todas las imperfecciones. M\u00e1s vale echar un velo de indulgencia sobre las naturales manchas de quien tan indulgente fue para con todos.<br \/>\nHizo el bien y lo ense\u00f1\u00f3 a hacer. Y \u00e9stos son los grandes en el Reino de los Cielos. Quienes nos formamos de su esp\u00edritu, no podremos mencionarlo sin abrir los labios para rezar una reconocida oraci\u00f3n por su eterno descanso. Y no sabremos repetir su nombre sin adornarlo con el calificativo de \u00ab\u00a1Bondadoso Padre Enrich! \u00ab, que es, al fin y al cabo, el resumen glo-rioso de su paso por el mundo.<br \/>\nMIGUEL. PIQUER y GENE, C. M. Barcelona, 20 de junio de 1945.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quiere ser esta sucinta semblanza del P. Enrich, un homenaje p\u00f3stumo a su bondad. 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