{"id":130379,"date":"2014-05-06T08:42:50","date_gmt":"2014-05-06T06:42:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130379"},"modified":"2016-07-27T12:07:58","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:58","slug":"manuel-casado-santamaria-1847-1902","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/manuel-casado-santamaria-1847-1902\/","title":{"rendered":"Manuel Casado Santamar\u00eda (1847-1902)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Inmensa \u00e9 irreparable es la p\u00e9rdida que acaba de experimentar la Provincia de Espa\u00f1a con la muerte del se\u00f1or D. Manuel Casado, verdadero hijo de San Vicente, fiel imitador de sus virtudes, celoso Misionero, cuya vida edificante y llena de hermosos ejemplos de virtud bien merece tener cabida en los ANALES y escribirse, siquiera sea brevemente, para que pueda ser poderoso y eficaz est\u00edmulo a la virtud a los Misioneros y testimonio de reverencia y gratitud al que mereci\u00f3 por sus virtudes universal aprecio y estima.<br \/>\nNaci\u00f3 el Sr. Casado, el I.\u00b0 de Abril de 1847, en Las Quintanillas , pueblo de la provincia de Burgos.<br \/>\nFueron sus padres Jos\u00e9 Casado y Vicenta Santa Mar\u00eda, sencillos y fervorosos cristianos, distinguidos, m\u00e1s que por las riquezas y bienes de fortuna, por la sencillez de sus costumbres, por su fe viva y ardiente, por su piedad s\u00f3lida y verdadera y por las dem\u00e1s virtudes que aun hoy d\u00eda resplandecen en el seno de los pueblos espa\u00f1oles en que no han penetrado las doctrinas de la Revoluci\u00f3n.<br \/>\nAdornados con tales virtudes los padres del Sr. Casado, trataron de dar a su hijo educaci\u00f3n esmeradamente cristiana y eminentemente religiosa, y desde los primeros a\u00f1os de la infancia del ni\u00f1o inculcaron en el \u00e1nimo de \u00e9ste los rudimentos y m\u00e1ximas de nuestra santa Religi\u00f3n, que tan grabados quedaron siempre en su alma, y, sobre todo, le ense\u00f1aron con los saludables ejemplos de su vida a enamorarse de la virtud y a practicarla desde sus m\u00e1s tiernos a\u00f1os. Prueba incontestable de lo que decimos es que de cinco hijos que les concedi\u00f3 el Cielo cuatro han pertenecido a la Congregaci\u00f3n: dos han muerto en ella, Eustaquio y Manuel, y dos viven hoy d\u00eda, Francisco y Mar\u00eda, hija de la Caridad.<br \/>\nPasados los a\u00f1os de la infancia en la inocencia y sencillez de costumbres que queda dicho, cuando ya mayorcito conocieron sus padres las excelentes disposiciones de esp\u00edritu con que el Cielo le hab\u00eda enriquecido para el estudio, resolvieron \u00e9stos llevarle al Seminario de Burgos, en el que curs\u00f3 los primeros rudimentos de la carrera eclesi\u00e1stica y en el que llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los profesores por su fervor, aplicaci\u00f3n, docilidad y buen ejemplo que daba a los Seminaristas.<br \/>\nDios, sin embargo, no le hab\u00eda elegido para el mundo; con secretas inspiraciones, con el suave movimiento de la gracia le llamaba a la Congregaci\u00f3n, y fiel y correspondiente a los designios del Se\u00f1or, p\u00fasolo en conocimiento de sus padres, quienes, no s\u00f3lo no opusieron resistencia, sino que le dieron su bendici\u00f3n, y con el benepl\u00e1cito de \u00e9stos y, sobre todo, con la certeza de que Dios le llamaba, pidi\u00f3 ser admitido en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, gracia que le fue otorgada el 2 de Septiembre de 1864, cuando no contaba m\u00e1s que diez y siete a\u00f1os de edad.<br \/>\nEs el Seminario el tiempo m\u00e1s precioso de la vida de un Misionero; tiempo en el que hay que trabajar seriamente en desarraigar los malos h\u00e1bitos, aquellos resabios del mundo que, aunque en s\u00ed no sean malos ni pecaminosos, pueden, no obstante, conducir m\u00e1s tarde a tristes y lamentables ca\u00eddas; tiempo de destruir las pasiones y de echar los cimientos del edificio de la perfecci\u00f3n y santidad a que Dios llama al Misionero, y tiempo de formaci\u00f3n y de prueba; conoci\u00f3lo y persuadi\u00f3se con entera convicci\u00f3n de ello el Sr. Casado, y propuso en su coraz\u00f3n aprovecharse de los innumerables medios de que dispone el Seminarista para santificarse; de aqu\u00ed su fidelidad y exactitud en llenar cumplidamente los deberes que su nuevo estado le impon\u00eda; su puntual observancia de las reglas y pr\u00e1cticas del Seminario; su fervor en la oraci\u00f3n y visitas al Sant\u00edsimo; el deseo de aprovecharse de las conferencias y exhortaciones de su Director; el candor y sinceridad con que hac\u00eda la comunicaci\u00f3n interior; en una palabra, el buen uso y empleo que hizo de los dos a\u00f1os de Seminario, prescritos en nuestras Reglas, y cuya prueba m\u00e1s convincente son los ejemplos posteriores de virtud que dio durante su vida.<br \/>\nCompa\u00f1eros suyos de Seminario viven todav\u00eda que se complacen en recordar con edificaci\u00f3n la modestia, el recogimiento interior y exterior, el silencio, el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n y penitencia que tan frecuentes eran en \u00e9l, las conversaciones espirituales de la recreaci\u00f3n que ten\u00eda y que de ordinario versaban sobre las grandezas y perfecciones de la Sant\u00edsima Virgen, y la veneraci\u00f3n, el aprecio y estima en que desde entonces le han tenido.<br \/>\nTerminado con tanto aprovechamiento el tiempo del Seminario, tuvo el indecible consuelo de emitir los santos votos al pie de los altares el 3 de Septiembre de 1866; y si<br \/>\nhasta entonces hab\u00eda trabajado con tanto ah\u00ednco en adquirir las virtudes de un buen Seminarista, desde aquel d\u00eda resolvi\u00f3 redoblar su fervor en reconocimiento del beneficio que el Cielo le concediera, estrechar m\u00e1s y m\u00e1s los lazos que le un\u00edan a Dios, y prepararse a no desmerecer en la virtud y a no volver atr\u00e1s en el camino de la perfecci\u00f3n con motivo de los estudios consecuentes al Seminario, los cuales, de ordinario, si no se toman todas las precauciones posibles, secan el coraz\u00f3n y ahogan la piedad en el alma.<br \/>\nComenz\u00f3, pues, los estudios con tan excelentes disposiciones y en la persuasi\u00f3n de la necesidad que ten\u00eda de entregarse a ellos, por ser la doctrina, junto con la piedad, los dos ojos del verdadero hijo de San Vicente, que, para trabajar con celo y provecho en bien de las almas, ha de ilustrarlas con el conocimiento de la verdad y llevarlas a \u00e9sta con el ejemplo de su vida, lo cual no se consigue sino con la perfecci\u00f3n del entendimiento mediante los estudios.<br \/>\nDel aprovechamiento que en \u00e9stos hizo dan hoy testimonio algunos de sus profesores, que con dicha ocasi\u00f3n admiraron m\u00e1s de una vez, no tanto la aplicaci\u00f3n y constancia con que se dedicaba al estudio de las ciencias, cuanto la solicitud y esmero con que al propio tiempo trabajaba en adelantar en la ciencia de los Santos y en avanzar en el camino de la virtud y santidad. Dos a\u00f1os estudi\u00f3 en Madrid, hasta que las cr\u00edticas y anormales circunstancias por las que atravesaba Espa\u00f1a, fruto de la Revoluci\u00f3n de Septiembre, obligaron a los Superiores a mirar por la seguridad de los individuos encomendados a su direcci\u00f3n y gobierno, y a trasladarse a nuestra Casa de Dax en Francia.<br \/>\nEn esta nueva residencia prosigui\u00f3 el Sr. Casado sus estudios; en ella continu\u00f3 acrecentando el caudal de sus conocimientos y a\u00f1adiendo m\u00e1s y m\u00e1s m\u00e9ritos a su virtud, y en ella recibi\u00f3 por disposici\u00f3n de los Superiores los sagrados \u00d3rdenes menores, el Subdiaconado y el Diaconado. Sea por falta de tiempo, o lo que es m\u00e1s veros\u00edmil y cre\u00edble, por no contar la edad prescrita en los sagrados c\u00e1nones para la recepci\u00f3n del Sacerdocio, es lo cierto que siendo Di\u00e1cono fue destinado con varios compa\u00f1eros a Filipinas, cuyos Obispos hab\u00edan confiado pocos a\u00f1os antes sus Seminarios a los Misioneros de San Vicente. Sali\u00f3, pues, de Dax, embarc\u00f3se, y despu\u00e9s de larga y penosa navegaci\u00f3n, como sol\u00edan serlo las que se emprend\u00edan a la saz\u00f3n para lejanas tierras, desembarc\u00f3 en el puerto de Manila, en cuya ciudad permaneci\u00f3 hasta que por disposici\u00f3n del Superior se le fij\u00f3 el destino.<br \/>\nFue este el Seminario de Nueva-C\u00e1ceres, donde se orden\u00f3 de Sacerdote y en el cual permaneci\u00f3 la mayor parte del tiempo que dur\u00f3 su estancia en Filipinas. En \u00e9l fue donde despleg\u00f3 su celo, ya en las clases ense\u00f1ando las ciencias necesarias a los que aspiran a la dignidad del Sacerdocio, ya formando la virtud de los j\u00f3venes Seminaristas con fervorosas pl\u00e1ticas, en las que les exhortaba a revestirse de las virtudes que componen el esp\u00edritu del Sacerdocio; ora en el tribunal de la Penitencia, curando y sanando a los heridos por el pecado; ora predicando, m\u00e1s con el ejemplo que con palabras, la necesidad de hacer buenas obras y acumular m\u00e9ritos para el Cielo: en una palabra, tal fue la observancia de su conducta, tal su comportamiento, tanta la dulzura de su car\u00e1cter y tan edificantes los ejemplos de su vida, que lleg\u00f3 a captarse el cari\u00f1o y benevolencia de cuantos le conoc\u00edan, y m\u00e1s todav\u00eda de sus compa\u00f1eros de Congregaci\u00f3n y de sus Superiores, que sab\u00edan estimar y apreciar su valer y virtudes en lo que merec\u00edan uno y otras estimarse y apreciarse.<br \/>\nDe Nueva-C\u00e1ceres fue trasladado al Seminario de Jaro, y en el corto tiempo que en \u00e9l permaneci\u00f3 supo desempe\u00f1ar el cargo de profesor y ejercitar las funciones propias del celo a satisfacci\u00f3n de sus Superiores, dejando en el Seminario de esta ciudad edificantes ejemplos de regularidad, observancia, amor al aposento y desprendimiento total de las criaturas, como lo hab\u00eda hecho en el de Nueva-C\u00e1ceres.<br \/>\nAs\u00ed las cosas, lleg\u00f3 el a\u00f1o 1890, en el cual deb\u00eda verificarse la Asamblea general, con cuyo motivo fue elegido diputado, no obstante haber en Filipinas muchos Misioneros dignos de representar tan importante cargo. Sali\u00f3, pues, de Manila con el Visitador de la Provincia Sr. Orriols y el Sr. P\u00e9rez Miguel, actualmente Superior del Seminario de Oviedo; asisti\u00f3 a la Asamblea, y terminada \u00e9sta, por disposici\u00f3n de los Superiores no volvi\u00f3 m\u00e1s a Filipinas, sino que se qued\u00f3 en Espa\u00f1a.<br \/>\nPoco despu\u00e9s fue nombrado Superior de la Casa de Arcos (provincia de Burgos), en donde foment\u00f3 con incre\u00edble celo las vocaciones de j\u00f3venes para la Congregaci\u00f3n. Dos a\u00f1os estuvo en esta Casa, hasta que el deterioro y lo ruinoso de ella obligaron a los Superiores a mudarla por la de Tardajos; mudanza debida casi en su totalidad a la prudencia con que trat\u00f3 el asunto con el Arzobispo de Burgos.<br \/>\nEn Tardajos dio nuevo impulso a las obras de la Congregaci\u00f3n, fomentando y favoreciendo las Misiones en los pueblos de la provincia; dando nuevo esplendor al culto cat\u00f3lico con novenas y fiestas que hac\u00eda celebrar en la iglesia de la Casa, y atray\u00e9ndose las voluntades de todos los habitantes del pueblo de Tardajos, y aun de los pueblos inmediatos a \u00e9ste, con la bondad, dulzura y franqueza de car\u00e1cter con que los recib\u00eda. Mas en la obra en que con mayor ahinco trabaj\u00f3 y a la cual consagr\u00f3 sus solicitudes y afanes, fue en hacer prosperar y dar mayor auge a la escuela apost\u00f3lica.<br \/>\nConocedora la Asamblea provincial, que se celebr\u00f3 el a\u00f1o 1890 en Espa\u00f1a, de las inmensas ventajas y utilidades que podr\u00edan resultar a la Congregaci\u00f3n dedicando casas en, que se instruyeran j\u00f3venes que manifestasen vocaci\u00f3n a ella, determin\u00f3 no perdonar gastos ni expensas con el fin de alcanzar dicho objeto. Determin\u00e1ronse, pues, varias Casas, y como una de ellas fuese la de Tardajos, y por otra parte tuviese el Sr. Casado tanto inter\u00e9s por la prosperidad y propagaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n, de aqu\u00ed el celo que despleg\u00f3 por tan importante y beneficiosa obra. \u00c9l mismo explicaba a los j\u00f3venes los rudimentos de la Gram\u00e1tica latina, de Geograf\u00eda y otras ciencias por el estilo: amenizaba la clase con cuentos y dichos, que contribu\u00edan poderosamente, no s\u00f3lo a hacer m\u00e1s llevadero y agradable el estudio, sino tambi\u00e9n a estrechar m\u00e1s y m\u00e1s las relaciones entre el profesor y los disc\u00edpulos, entre el superior y los s\u00fabditos. Mucho podr\u00edamos extendernos sobre este punto; pero baste decir que la Casa de Tardajos ha dado hasta el presente a la Provincia de Espa\u00f1a muchos hijos que la esclarecen con sus conocimientos y la ilustran con la regularidad de su conducta.<br \/>\nEn esto lleg\u00f3 el a\u00f1o 1895, a mediados del cual tuvo que dejar el Sr. Casado la Casa de Tardajos para trasladarse a Madrid, no sin gran sentimiento del pueblo, que tanto le amaba, y sin profunda pena de los compa\u00f1eros de la Casa, que tan bien conoc\u00edan la bondad y dulzura de su car\u00e1cter y la rectitud de su coraz\u00f3n. Aun hoy d\u00eda recuerdan su memoria, tanto el pueblo como los s\u00fabditos que gobern\u00f3 en Tardajos, con veneraci\u00f3n suma y muestras de singular aprecio y estima.<br \/>\nVino, pues, a Madrid a desempe\u00f1ar los dif\u00edciles \u00e9 importantes cargos de Asistente de la Casa, Consejero del Visitador y Director de los Estudiantes; oficios que llen\u00f3 cumplidamente y a satisfacci\u00f3n de los Superiores mayores.<br \/>\nSi hasta esta fecha hab\u00eda trabajado seriamente en el negocio de su santificaci\u00f3n, que es el m\u00e1s importante que tiene el hombre, desde entonces trat\u00f3 de hacerlo con mayor inter\u00e9s, revisti\u00e9ndose de las virtudes que componen el esp\u00edritu de la Congregaci\u00f3n, y portarse de tal suerte en su conducta, que pudiese servir de modelo a los individuos de la Casa. Y aqu\u00ed es de notar que la vida del Sr. Casado tiene un car\u00e1cter singular, una nota distintiva, una se\u00f1al caracter\u00edstica que por s\u00ed misma se da a conocer: este car\u00e1cter, esta nota, esta se\u00f1al, es la sencillez, primera y principal virtud de un Misionero; exteriormente considerada, en nada se distingu\u00eda su vida de la de cualquier Sacerdote, Estudiante, Seminarista \u00f3 Hermano de la Casa: entre los primeros aparec\u00eda de tal suerte, que a primera vista nadie le hubiera cre\u00eddo superior por su cargo a todos ellos; y tan franco era para con los otros, que ganaba f\u00e1cilmente los corazones con su afabilidad y dulzura. M\u00e1xima invariable suya era no se-pararse jam\u00e1s ni a la derecha ni a la izquierda del camino com\u00fan y trillado por el que van los verdaderos hijos de San Vicente: obrar el bien con sencillez y cumplir con simplicidad de coraz\u00f3n las Reglas y piadosas pr\u00e1cticas de la Congregaci\u00f3n. De aqu\u00ed el que en las repeticiones de oraci\u00f3n y conferencias, en el confesonario, en la direcci\u00f3n de las conciencias, en los consejos que se le ped\u00edan, en los avisos que se ve\u00eda obligado a dar, en &#8216;las penitencias que le era preciso imponer, en una palabra, en todas sus obras, no se apartaba lo m\u00e1s m\u00ednimo de la Regla y de la manera de obrar que se ha seguido en la Congregaci\u00f3n; as\u00ed, por ejemplo, en las conferencias que dirig\u00eda a la Comunidad y en las especiales que por su cargo ten\u00eda que dar a los Estudiantes, no llamaba la atenci\u00f3n por la sublimidad de los conceptos, por la expresi\u00f3n correcta en el decir, por la galanura de estilo o por otra cualidad cualquiera; antes bien era sencillo, dec\u00eda las cosas sin ambajes ni rodeos, tal cual las hab\u00eda pensado y como se las inspiraba el coraz\u00f3n: no era profundamente teol\u00f3gico, pero en cambio era eminentemente pr\u00e1ctico, yendo siempre al fin y ordenando cuanto dec\u00eda a la consecuci\u00f3n del objeto que se hab\u00eda propuesto: era, ni m\u00e1s ni menos, un buen m\u00edstico de nuestro siglo de oro, como Fr. Luis de Granada, Santa Teresa o el Padre Rodr\u00edguez, cuyas obras jam\u00e1s dejaba de las manos y encomendaba casi siempre para lectura.<br \/>\nOtra virtud que m\u00e1s resplandec\u00eda en el Sr. Casado era la dulzura, la mansedumbre, aquella virtud encantadora que tanto cost\u00f3 a San Vicente, tan propia para conquistar las voluntades y ganar los corazones. Daba singulares pruebas de esta virtud de modo particular, cuando escuchaba las confesiones o recib\u00eda las comunicaciones de los de casa. Resuelto siempre a animar y alentar a los flacos en la perfecci\u00f3n, o\u00eda sus faltas en el tribunal de la Penitencia, y con suaves amonestaciones, tiernas reconvenciones y saludables consejos llenos de caridad y dulzura, consegu\u00eda que se corrigiesen de ellas y se abstuviesen de cometerlas en lo sucesivo.<br \/>\nRespecto de su humildad sentimos no conocer detalladamente algunos ejemplos, que esta misma virtud le hac\u00eda ocultar a los ojos de todos: mas \u00bfqu\u00e9 debemos pensar de un hombre que en las repeticiones y conferencias, en el confesonario, en las comunicaciones y en los consejos que se le ped\u00edan, no trataba sino de inculcar la necesidad, utilidad \u00e9 importancia de trabajar en el conocimiento propio; que aconsejaba meditar detenidamente en las miserias, en la nada que es uno, cuando no sabe qu\u00e9 hacerse en la oraci\u00f3n, \u00f3 cuando uno no acertaba a desechar las distracciones que le ocurr\u00edan en la misma; que, finalmente, no dejaba pasar ocasi\u00f3n de recomendar esta virtud, y de hacerla amable y practicable con sus palabras y ejemplos? Mas cu\u00e1l fuese la humildad interior de tan fervoroso Misionero, puede deducirse de la modestia, compostura y recogimiento con que estaba en la oraci\u00f3n, en la acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de la Misa, y en las visitas que con tanta frecuencia hac\u00eda a Jes\u00fas sacramentado: en todos estos actos no parec\u00eda sino un pobre pecador que est\u00e1 pidiendo perd\u00f3n a Dios de sus pecados, \u00f3 un criminal que implora misericordia ante un juez irritado y dispuesto a pronunciar sentencia de condenaci\u00f3n contra \u00e9l: \u00a1tanta era la reverencia y tan profundo el respeto y compostura exterior que en estos actos manifestaba!<br \/>\nDe su mortificaci\u00f3n y celo por la salvaci\u00f3n de las almas pudi\u00e9ramos citar bastantes ejemplos; mas baste decir que ayunaba muchos viernes y casi todos los s\u00e1bados; adem\u00e1s de que la exacta observancia de las Reglas supone un grado de mortificaci\u00f3n no com\u00fan y mucho esp\u00edritu de &#8216;abnegaci\u00f3n y sacrificio; y en cuanto al celo, avisaba, amonestaba, reprend\u00eda, correg\u00eda y, si era necesario, castigaba las transgresiones de la Regla y las faltas cometidas contra las disposiciones de los Superiores. Llevado de este celo trabaj\u00f3 primero toda su vida en santificarse a s\u00ed mismo, en adquirir las virtudes propias del estado al que Dios le hab\u00eda llamado, y en conducir y llevar a cabo la santificaci\u00f3n de las personas encomendadas a su cuidado, consagrando todas sus fatigas, todos sus desvelos, todos sus afanes a formar excelentes Misioneros, y dedicando su vida al desempe\u00f1o de los oficios que le confiara la obediencia.<br \/>\nOtro rasgo notable y caracter\u00edstico de la vida del se\u00f1or Casado fue la ardiente devoci\u00f3n que profes\u00f3 a Jes\u00fas sacramentado, devoci\u00f3n a la que debi\u00f3 en gran parte su adelanto en la perfecci\u00f3n cristiana. Estando de Superior en la Casa de Tardajos, pasaba horas enteras en la presencia de Jes\u00fas: a Jes\u00fas ped\u00eda luz y acierto en los negocios, valor en las dificultades, consuelo en las tribulaciones, consejo en las dudas: a Jes\u00fas comunicaba los secretos m\u00e1s \u00edntimos de su alma: en el sagrado tabern\u00e1culo, donde mora Jes\u00fas v\u00edctima de nuestro amor, ten\u00eda su coraz\u00f3n con todos los afectos y deseos de su voluntad: no omit\u00eda nunca la visita detenida; y durante su permanencia en Madrid, toda la Comunidad fue testigo de la reverencia con que estaba e las visitas, que de ordinario eran frecuentes y detenidas; del fervor con que dec\u00eda la santa Misa y de la solemnidad con que cantaba los principales d\u00edas de fiesta; de la exactitud y gravedad con que se cumpl\u00eda las ceremonias; del recogimiento que guardaba en la acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de la Misa y del fervor con que o\u00eda diariamente otra: cualidades hermosas que suponen un coraz\u00f3n tiernamente enamorado de Jes\u00fas en el Sacramento del altar, y que explican perfectamente la regularidad y edificaci\u00f3n de su conducta.<br \/>\nConocedor el Sr. Casado de la verdad de aquella sentencia de oro que se lee en el libro de la Imitaci\u00f3n de Cristo: Cella continuata duleessil, el male euslodita 1cedium general; y de aquella otra del mismo libro: In silencio el gu\u00edete proficil anima devota, se dio con tanto fervor y diligencia a la guarda del aposento y a la observancia del silencio, que con respecto a lo primero se puede afirmar, sin ninguna duda ni exageraci\u00f3n, que no sal\u00eda jam\u00e1s del aposento sin verdadera necesidad; y por lo que se refiere a lo segundo, que, fuera del tiempo prescrito en las Reglas, no hablaba ni pasaba el tiempo en conversaciones, muchas veces perjudiciales a la caridad y casi siempre culpables, por el mal uso que con ellas se hace del tiempo. En cambio aprovechaba todos los instantes de \u00e9ste entreg\u00e1ndose a los deberes de sus diversos oficios, a lecturas piadosas y a estudios propios que le serv\u00edan de materia en las Repeticiones y Conferencias.<br \/>\nSemejante tenor de vida llev\u00f3 este fervoroso Misionero hasta el a\u00f1o 1902, en que a mediados de Abril comenz\u00f3 a experimentar vivos dolores, efecto de los ataques que sufr\u00eda en el pecho. As\u00ed continu\u00f3 la \u00faltima decena de dicho mes, sin que durante este tiempo, y a pesar de las molestias y dolores que le aquejaban, se determinase a guardar cama ni a dispensarse de seguir en todo los ejercicios de la Comunidad: los primeros d\u00edas de Mayo se sucedieron con m\u00e1s frecuencia y viveza los ataques, de suerte que se vi\u00f3 obligado a guardar cama \u00f3 a permanecer sentado en una silla en el aposento, en el que recib\u00eda las visitas de los Sacerdotes y dem\u00e1s individuos de la Casa, manifestando en su rostro la serenidad de su conciencia y en sus palabras lo agradecido que quedaba al m\u00e1s insignificante servicio que se le hiciera. Durante su enfermedad sufri\u00f3 con admirable resignaci\u00f3n cristiana los dolores de la misma, y aunque no se cre\u00eda en inminente peligro de muerte, trat\u00f3, no obstante, de prepararse a ella, acept\u00e1ndola voluntariamente en las condiciones que el Se\u00f1or se la enviara, haciendo frecuentes actos de contrici\u00f3n y disponi\u00e9ndose a morir con la resignaci\u00f3n, conformidad, paciencia y abnegaci\u00f3n que son necesarias en tan duro y terrible trance; adem\u00e1s de que la vida ejemplar que llev\u00f3, y la virtuosa conducta que observ\u00f3 siempre, fueron excelentes disposiciones para morir en la paz y gracia del Se\u00f1or. Como se le aumentasen los dolores, fue preciso que por la noche le velaran algunos Hermanos, y en la del 8 de Mayo, sin que ninguno sospechase tan cercana su muerte, entreg\u00f3 su hermosa alma en manos del Se\u00f1or, y vol\u00f3, seg\u00fan es de esperar, a la mansi\u00f3n de los justos a gozar de las eternas delicias de la Gloria.<br \/>\nEra el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or a los Cielos, y despu\u00e9s de tocar la campana la se\u00f1al de levantarse, se oyeron los toquetes acostumbrados cuando muere alguno. \u00ab\u00bfQui\u00e9n ha muerto?\u00bb\u2014se preguntaban muchos que, a medio vestir, sal\u00edan a las puertas de sus aposentos. \u2014 \u00abEl Sr. Casado.\u00bb Y a los pocos instantes lloraba la Comunidad la p\u00e9rdida de uno<br \/>\nde sus m\u00e1s queridos individuos. Sin quererlo tal vez se pintaba la tristeza en los rostros, y el dolor y el sentimiento embargaban los corazones de todos. \u00a1Cu\u00e1ntos derramaron tiernas l\u00e1grimas al o\u00edr de boca del Visitador el elogio de las virtudes del difunto, que fueron objeto de la Conferencia de este d\u00eda! En suma: \u00a1la Provincia de Espa\u00f1a sufr\u00eda con la muerte del Sr. Casado una p\u00e9rdida irreparable y desaparec\u00eda uno de sus m\u00e1s edificantes y fervorosos Misioneros!<br \/>\nPero no; que vida tan santa y tan llena de virtudes, tan pura, tan sencilla, tan mortificada y tan humilde, gastada toda ella en servicio de Dios, en procurar y dilatar su gloria, en glorificar y enaltecer su nombre, en procurar la propagaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en fomentar el esp\u00edritu de la misma, en hacer observar con exactitud las santas Reglas, y trabajada con tantas tribulaciones, amarguras y sinsabores, fue coronada con una muerte santa y preciosa a los ojos del Se\u00f1or, que quer\u00eda premiar en el Cielo cuanto su fiel siervo hab\u00eda hecho por \u00c9l en la tierra; y si muri\u00f3, muri\u00f3 para este valle de l\u00e1grimas, mas vive y vivir\u00e1 en la casa de Dios por todas las eternidades, glorificando, amando y bendiciendo a su Divina Majestad \u00e9 intercediendo por nosotros ante el acatamiento divino.<br \/>\n\u00a1Plegue al Cielo bendecir estas mal trazadas l\u00edneas, porque puedan ser est\u00edmulo para imitar sus virtudes y seguir sus ejemplos, y as\u00ed tengamos la dicha de vivir santamente, a fin de morir muerte preciosa a los ojos del Se\u00f1or!<br \/>\nM. 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