{"id":130265,"date":"2015-03-03T08:49:50","date_gmt":"2015-03-03T07:49:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130265"},"modified":"2016-07-26T17:27:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:21","slug":"un-perfil-heroico-santa-luisa-de-marillac-09","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/un-perfil-heroico-santa-luisa-de-marillac-09\/","title":{"rendered":"Un perfil heroico: santa Luisa de Marillac (09)"},"content":{"rendered":"<p>EL Se\u00f1or echar\u00e1 la bendici\u00f3n<br \/>\nsobre todas las obras de tus manos.<br \/>\n(Deuteronomio, XXVIII.)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/louise-marillac.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140652\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/louise-marillac-300x248.jpg?resize=300%2C248\" alt=\"OLYMPUS DIGITAL CAMERA\" width=\"300\" height=\"248\" \/><\/a>LOS territorios que primero visit\u00f3 Santa Luisa en sus funcio\u00adnes de caridad fueron los establecidos en los dominios de la casa de Gondi, en Montmirail. En su porte distinguido podr\u00eda adivinarse algo de la belleza delicada de su alma. Vestida con<\/p>\n<p>el luto de la viudez, sencillamente ataviada al uso de las damas de su \u00e9poca, desconocida de sus compa\u00f1eros de viaje, se lanza por los caminos del Se\u00f1or, pleno el coraz\u00f3n de confianza en la misi\u00f3n que se le ha enco\u00admendado. Su equipaje es reducido, pero pr\u00e1ctico: algunos medicamentos, ropas, y ciertos socorros materiales que no pudieran encontrarse f\u00e1cil\u00admente en una aldea; el reglamento de las Cofrad\u00edas, y una memoria es\u00adcrita por San Vicente sobre el modo de establecerlas y visitarlas.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n de los que pasaron a su lado pudieron adivinar en la p\u00e1lida figura de la se\u00f1orita el alma santa que llevaba en germen una de las obras m\u00e1s grandes que todos los tiempos han contemplado? Envuelta en su sencillo manto sube modestamente a la diligencia que va a llevarla a su primera misi\u00f3n de caridad. Rueda el veh\u00edculo por las tortuosas carrete\u00adras que lo alejan de Par\u00eds; se entablan las conversaciones en torno. Las paradas hacen a la gente m\u00e1s afectuosa, gente que apenas se ha conocido y traba conocimiento en ese trance de simpat\u00eda que es todo viaje. Se le\u00advanta el velo de la discreci\u00f3n en torno a los mil asuntillos de la vida privada; rondan los intereses y las desazones.<\/p>\n<p>A las paradas de la diligencia sucede la animaci\u00f3n de los reci\u00e9n lle\u00adgados. Igual que en nuestros modernos medios de locomoci\u00f3n, vemos que los viajeros a veces se apasionan por futilidades que toman en ciertas ocasiones un tinte agrio y en otras se mantienen en una sencilla alegr\u00eda. As\u00ed era el ambiente de las diligencias en las que viajaba la se\u00f1orita Le\u00adgras. Ve\u00e1mosla en su primera salida y consultemos los sentimientos de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfPodr\u00edamos captar toda la riqueza interior que se desborda de la sua\u00adve mirada que dirige a su alrededor? En su alma reina soberanamente eI amor de Dios pero aquel sentimiento debe traducirse ahora en obras exteriores. De San Vicente es la siguiente frase: \u00abSi el amor es un fuego, el celo es la llama\u00bb. Luisa de Marillac, la que sinti\u00f3 en el alma los vagos escr\u00fapulos que la atormentaron horriblemente, la de las suaves direccio\u00adnes de conciencia, ya hoy, por primera vez, en busca del pobre. Su misi\u00f3n es altamente delicada. De ella depende el que la Cofrad\u00eda de la Caridad que va a visitar quede s\u00f3lidamente establecida.<\/p>\n<p>Ahora ya no puede contentarse con mirar exclusivamente al Se\u00f1or en s\u00ed mismo; ahora debe mirarlo en todas las personas que la rodean. Y el c\u00e1ntico de la caridad empieza a sonar armonioso dentro de aquel cora\u00adz\u00f3n tan debatido antes por la incertidumbre, por los escr\u00fapulos y por el miedo.<\/p>\n<p>Es suave la mirada que Luisa de Marillac dirige en torno a aquellos sus primeros acompa\u00f1antes de viaje: hombres y mujeres que ya no deb\u00edan serle indiferentes; hombres vulgares, mujeres m\u00e1s vulgares todav\u00eda, rien\u00addo bajo sus cofias de lino, ajenas por completo a los sentimientos de aquella dama que empezaba a vivir su hermosa aventura de santidad. Dios mir\u00f3 con infinita complacencia a su sierva, que, entre aquellas gen\u00adtes, ignorantes completamente de su misi\u00f3n, iba a buscar lo que en ellas hab\u00eda de m\u00e1s valioso, es decir, su alma.<\/p>\n<p>Luisa dejaba vagar su mirada por entre los campos que se abr\u00edan son\u00adrientes entre la bruma de la ciudad para dejar ver los campanarios de las iglesias; a su vista, adivinando cercana la morada del Dios del Amor, fue cuando por primera vez brot\u00f3 del coraz\u00f3n de Santa Luisa aquella her\u00admosa oraci\u00f3n que sus Hijas recogieron como legado precioso del amor de su Santa Fundadora al misterio de la Eucarist\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abAngel m\u00edo muy amado, id, os lo suplico, al Tabern\u00e1culo don\u00adde Jes\u00fas reposa y decidle que le adoro y le amo con toda mi alma. Suplicadle a ese Divino Prisionero del Sagrario que venga a mi coraz\u00f3n y fije en \u00e9l su morada. Mi coraz\u00f3n es demasiado peque\u00ad\u00f1o para contener tan gran Rey, pero lo agrandar\u00e1n mi amor y mi fe.\u00bb<\/p>\n<p>Llegada a la Cofrad\u00eda de la Caridad, Luisa se reun\u00eda con las se\u00f1oras o damas de dicha Cofrad\u00eda, que comenzaban sus caritativos ministerios si\u00adguiendo las iniciativas y consejos que de ella recib\u00edan. La primera visita a los dominios de la familia, Gondi no pod\u00eda por menos de ser ventajosa a las intenciones de la se\u00f1orita, puesto que las almas de los vasallos de dicha familia estaban trilladas por la incansable labor de Vicente, cape\u00adll\u00e1n de la casa en otro tiempo; su estancia en ellos no fue para Luisa sino un gran consuelo, una verdadera compenetraci\u00f3n de corazones. Lejos de (presentar a la visitante oficial, mandada por Vicente de Pa\u00fal, que ven\u00eda de Par\u00eds a revisar la marcha de un organismo incipiente todav\u00eda, Luisa me hizo pobre entre los pobres, y, en lugar de escoger como residencia la se\u00f1orial morada, que se abr\u00eda de buen grado para darle confortable acogida, am\u00f3 m\u00e1s el trato sencillo de las gentes a quienes ven\u00eda a visitar, para que nada ajeno a la caridad se mezclase en la hermosa obra que iba a hacer en nombre de Dios. De este personal comportamiento entre las pobres gentes del campo hab\u00eda de tomar los principales fundamentos que m\u00e1s tarde dar\u00eda a sus Hijas para el servicio de los menesterosos a que se consagraban;<\/p>\n<p>\u00abUna verdadera Hija de la Caridad es de Dios por el servicio de los pobres. Por tanto, debe estar m\u00e1s con los pobres que con los ricos.\u00bb<\/p>\n<p>Su misi\u00f3n caritativa no era, pues, ordenancista ni burocr\u00e1tica. Nada m\u00e1s ajeno a su af\u00e1n incontenible de darse a los pobres enteramente, pues\u00adto que a ellos quer\u00eda consagrar lo mejor de s\u00ed misma. Visitaba las chozas m\u00e1s miserables, donde se albergaban familias enteras junto a un hogar pobre, en el que ard\u00edan, crepitantes, algunos troncos de le\u00f1a, cuyas lla\u00admas hac\u00edan nacer en las pupilas de los pobres vagas iluminaciones. Se inclinaban sobre los lechos malolientes, donde estaba postrado alg\u00fan en\u00adfermo, torturado el semblante por la enfermedad o el abandono. Se sen\u00adtaba en los peque\u00f1os troncos que, mal tallados en la madera de los bos\u00adques cercanos, serv\u00edan de silla a aquellas pobres gentes. Daba las medi\u00adcinas y los remedios a los enfermos; serv\u00eda la pobre comida, a\u00fan humean\u00adte, a los que se hallaban imposibilitados de alimentarse por s\u00ed solos.<\/p>\n<p>La fina intuici\u00f3n de la se\u00f1orita Legras sab\u00eda captar el mundo doliente de aquellos desgraciados, sujetos para siempre a la miseria por los reveses de una hacienda mal administrada, por la enfermedad que hab\u00eda hecho vender los pocos bienes heredados del patrimonio familiar, cuyos frutos pasaban intactos a las manos del se\u00f1or. Esa letan\u00eda dolorosa que atena\u00adzaba el coraz\u00f3n de cada uno de los pobres ven\u00eda a los labios en presencia de aquella amable dama que les hab\u00eda tendido una mano caritativa.<\/p>\n<p>Luisa escuchaba pacientemente aquella cadena de dolores ajenos, si\u00adguiendo el consejo del Ap\u00f3stol, enfermando con el enfermo, sufriendo con el que sufr\u00eda, llorando con el que lloraba. Aqu\u00ed hicieron crisis aque\u00adllos escr\u00fapulos incoherentes que la martirizaron durante tantos a\u00f1os. El ser testigo de estas miserias no pod\u00eda por menos de elevar su coraz\u00f3n a Dios, despreocup\u00e1ndose de s\u00ed misma, y pedirle misericordia para los desgraciados. Ella misma deb\u00eda ser, con sus oraciones, el canal por don\u00adde les llegara el socorro divino. Animaba al propio tiempo las almas de los pobres, haci\u00e9ndoles pensar en los consuelos eternos;<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 fr\u00e1gil y corta es esta vida, y qu\u00e9 larga, amable y de\u00adseable la eternidad dichosa! Pero no podemos llegar a \u00e9sta si no seguimos a Jes\u00fas, que pas\u00f3 toda su vida en trabajos y pade\u00adcimientos.\u00bb<\/p>\n<p>Luisa de Marillac debi\u00f3 de sentir las m\u00e1s puras alegr\u00edas al aliviar los dolores de aquellas almas que ve\u00edan a Dios en ella, que recib\u00edan con mano agradecida los favores de su caridad. Era el intercambio admirable por el que Dios se acercaba a ella. Luisa daba a Cristo a los pobres; Cristo se daba a ella, mir\u00e1ndola agradecido a trav\u00e9s de los ojos de los desgra\u00adciados, sonriendo en el rostro de los ni\u00f1os harapientos y temblando en la mano descarnada de los ancianos.<\/p>\n<p>La Iglesia ha puesto en la Comuni\u00f3n de la misa propia de Santa Lui\u00adsa un texto del Profeta Isa\u00edas que anuncia la hermosa amplitud de la caridad: \u00abEnsancha tus tiendas, busca lugar m\u00e1s espacioso para tus pa\u00adbellones, porque tu prole se ense\u00f1orear\u00e1 de las naciones\u00bb. Esta prole, este ej\u00e9rcito pac\u00edfico que forman hoy las Hijas de la Caridad extendi\u00addas por el mundo entero, \u00bfestuvieron presentes al coraz\u00f3n de Santa Luisa en aquellos momentos en que se dedic\u00f3 a sus primeros trabajos de caridad? Es algo aventurado suponerlo, porque nada se deja traslu\u00adcir en los escritos de la Santa, y San Vicente siempre atribuy\u00f3 la fun\u00addaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad a Dios mismo, mani\u00adfestando repetidas veces que ni \u00e9l ni la se\u00f1orita hab\u00edan querido fun\u00addarla.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso Dios, por medio de una iluminaci\u00f3n poderosa en el alma de Santa Luisa, quiso darle a conocer que esos humildes principios habr\u00edan de coronarse con una expansi\u00f3n formidable de caridad?<\/p>\n<p>Jam\u00e1s hab\u00eda manifestado ella nada sobre este particular, lo cual nos hace pensar que se entreg\u00f3 a la caridad sin otra mira que la caridad misma. Obediente siempre a las directrices de Vicente de Pa\u00fal, hizo sencillamente lo que la prudencia de este santo sacerdote le indicaba y se dej\u00f3 guiar por su alma de fuego, que era capaz de transformar al mundo con el incendio de la caridad. Luisa qued\u00f3 igualmente prendida en la llama divina que, consumiendo los pobres restos de su nada, la hizo aspirar \u00fanicamente a Aquel que, desde los primeros a\u00f1os, la persi\u00adgui\u00f3 en amoroso trance hasta hacerla suya de la manera m\u00e1s insospe\u00adchada, pero m\u00e1s perfecta.<\/p>\n<p>Este \u00abdejar a Dios por Dios\u00bb, en frase de San Vicente, exigi\u00f3 desde el primer momento una aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica en los mil detalles necesa\u00adrios a toda caridad organizada. Ese vivir ininterrumpidamente en la pre\u00adsencia de Dios\u2014Dios en el alma, Dios en la Eucarist\u00eda, Dios en el po\u00adbre\u2014no es un arrebato m\u00edstico al que se llega por la ascensi\u00f3n apresu\u00adrada del \u00e9xtasis, sino una subida cotidiana por los pelda\u00f1os del sacrifi\u00adcio personal.<\/p>\n<p>Imaginemos por un momento la administraci\u00f3n de los remedios a los enfermos, remedios caseros en su mayor parte, que exig\u00edan un cui\u00addado exquisito en su aplicaci\u00f3n, precisamente por lo rudimentarios. Equiparemos nuestras modernas t\u00e9cnicas en el servicio del enfermo y, compar\u00e1ndolas con las del siglo XVII, veamos que la aplicaci\u00f3n era aven\u00adturada muchas veces, y, por tanto, exig\u00eda grandes cuidados, si de cui\u00addar con caridad se trataba.<\/p>\n<p>A estos quehaceres en la persona del pobre y del enfermo se un\u00edan los de la organizaci\u00f3n de la Cofrad\u00eda. Las aptitudes de Luisa de Ma\u00adrillac como organizadora est\u00e1n patentes en sus avisos, en sus cartas, en el testimonio de las hermanas y damas que la conocieron. Supo inspirar a las damas de las Cofrad\u00edas la confianza necesaria para dejarse reorganizar por ella, tras las primitivas directrices de San Vicente, de quien les comentaba las advertencias y avisos. Entraba en los delicados detalles de la administraci\u00f3n, rectificando todo lo que no estaba bien organizado. Todas estas gestiones no hubiera podido llevarlas a cabo sin un verdadero don de gentes, sin esa delicadeza de esp\u00edritu que corrige sin herir.<\/p>\n<p>Esta actividad que desbordaba del alma de Luisa no se convirti\u00f3 nunca en est\u00e9riles afanes. Nada m\u00e1s ajeno a la contextura espiritual de nuestra santa. Dios estaba presente a sus idas y venidas, bendec\u00eda de manera especial sus correr\u00edas apost\u00f3licas y hac\u00eda de ella un instrumento d\u00f3cil, cada vez m\u00e1s entregado a \u00c9l. As\u00ed lo consigna ella en el cuaderno en que anotaba sus pensamientos:<\/p>\n<p>\u00abPart\u00ed el d\u00eda de Santa \u00c1gueda, el 5 de febrero de 1630\u2014nos dice en cierta ocasi\u00f3n\u2014, para ir a San Claudio. En la Sagrada Comuni\u00f3n me pareci\u00f3 que Nuestro Se\u00f1or me inspiraba el pen\u00adsamiento de recibirle \u2022como al esposo de mi alma, y asimismo que esto era una manera de esponsales, y me sent\u00ed profunda\u00admente unida a Dios en esta consideraci\u00f3n que fue extraordina\u00adria para m\u00ed; tuve el pensamiento de abandonarlo todo para se\u00adguir a mi Esposo Celestial, mirarlo de ahora en adelante como tal, y considerar de ahora en adelante las dificultades que en\u00adcontrara en mi camino como recibidas de la participaci\u00f3n de sus bienes.\u00bb<\/p>\n<p>Dios, que hab\u00eda querido que Luisa participara de la vida de matri\u00admonio, le hab\u00eda hecho conocer hasta d\u00f3nde la esposa debe consagrar completamente la vida al esposo, ser una con \u00e9l en aspiraciones, de\u00adjarse tratar como tal en las vicisitudes de la vida conyugal. No era otra cosa lo que el Esposo Celestial le ped\u00eda en esos momentos; le ped\u00eda el v\u00ednculo sobrenatural m\u00e1s fuerte con que unirse a ella para poder recla\u00admar de su coraz\u00f3n todos los peque\u00f1os cuidados, todas las grandes aten\u00adciones que el esposo reclama de la esposa.<\/p>\n<p>\u00abEsta vida es corta\u2014dir\u00eda m\u00e1s tarde\u2014y la recompensa de nuestros trabajos es eterna; pero no se da sino a los que hubie\u00adren peleado con valor. Deseo que triunfe el amor de Jesucristo, por quien se vencen todas las dificultades, confiando m\u00e1s en \u00c9l que en las criaturas.\u00bb<\/p>\n<p>Alguien ha hecho un paralelo entre Santa Teresa de Jes\u00fas, la monja andariega del siglo XVI, y Santa Luisa de Marillac, la caritativa anda\u00adriega del siglo XVII. Es indudable que estas dos almas, celosas del amor divino, quisieron llevarlo a las almas de los dem\u00e1s, aunque por caminos distintos.<\/p>\n<p>En Teresa arde la llama de la contemplaci\u00f3n, y ahonda el interior de su alma hasta descubr\u00edrnosla toda palpitante en sus escritos. Teresa no es un alma hura\u00f1a, a fuer de contemplativa; tiene ese inconfundible atractivo que ejercen a su alrededor las almas grandes. Teresa no se contenta con median\u00edas a flor de labio; los recintos de la Encarnaci\u00f3n son peque\u00f1os a su vasto coraz\u00f3n, no por angostos, sino por la peque\u00f1ez de las almas que all\u00ed se encierran, envueltas a\u00fan en mil cuidados de este mundo. Por eso emprende la gigantesca obra de la reforma carmelitana, que iba a ser una de sus mayores glorias de santa y de mujer. Y para comunicar su llama a otras almas no vacila en tomar los caminos de Es\u00adpa\u00f1a y recorrerlos todos a despecho de los enemigos de sus andanzas de fundadora.<\/p>\n<p>Que sus contrariedades fueron considerables nos lo hace patente su vida, escrita por ella misma. De vez en vez sol\u00eda decir: \u00ab\u00a1V\u00e1lame el Se\u00f1or, y c\u00f3mo trata Dios a sus amigos !\u00bb<\/p>\n<p>Teresa trabaj\u00f3 m\u00e1s por la gloria de Dios en los caminos de Espa\u00f1a, abriendo monasterios, vistiendo pobres h\u00e1bitos, cantando alegremente junto al pesebre de Navidad, que muchos misioneros enarbolando la cruz en los pa\u00edses de infieles.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac tiene la santa osad\u00eda de lanzarse al servicio de los pobres con el apresuramiento del que es llevado en alas del amor al pr\u00f3jimo. Recorre los caminos de Francia, alivia las necesidades, ex\u00adtiende la doctrina de Jesucristo, prepara a los enfermos a una muerte santa, se rodea de pobres que escuchan sus palabras de aliento y lleva como lema de todas sus acciones la caridad.<\/p>\n<p>Teresa de Jes\u00fas anhela fundar en todo el reino sus palomarcicos, donde unas almas puras, alegres, sacrificadas, vivan solamente para Dios y con el fin exclusivo de darle gloria, ofreci\u00e9ndose a \u00c9l como v\u00edctimas voluntarias por este mundo de pecado. Luisa de Marillac tiene un an\u00adhelo parejo en sublimidad al de Teresa de \u00c1vila: quiere extender el amor de Dios en las almas que lo desconocen. Y m\u00e1s tarde lanzar\u00e1 a sus Hijas humildemente, sencillamente, a una tarea heroica, insospe\u00adchada en sacrificios, total, abandonada en la Providencia.<\/p>\n<p>Las dos santas renovaron en su siglo la vida religiosa. Teresa de Jes\u00fas hizo la vida contemplativa m\u00e1s austera, vaci\u00e1ndola de los moldes viejos en que se hallaba como anquilosada y d\u00e1ndole nuevas alas para volar a Dios. Luisa de Marillac har\u00e1 una revoluci\u00f3n m\u00e1s radical toda\u00adv\u00eda: Si sus hijas se hallaran sujetas a la vida monacal no podr\u00edan ejer\u00adcer el ministerio de la caridad hacia el pr\u00f3jimo, o tendr\u00edan que conten\u00adtarse con ayudarlo con limosnas aisladas. Por esto ellas habr\u00edan de darse, no en la limosna, sino en s\u00ed mismas, sirviendo al Se\u00f1or\u2014en frase de San Vicente\u2014\u00bbcon el sudor de su rostro y el esfuerzo de su brazo\u00bb. Estas dos santas, encarnaci\u00f3n viviente de la mujer fuerte de la Sagrada Escritura, tienen una sublime semejanza en la potencia de su amor a Dios y en el celo infatigable que mostraron por su gloria en el seno de la Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL Se\u00f1or echar\u00e1 la bendici\u00f3n sobre todas las obras de tus manos. (Deuteronomio, XXVIII.) 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