{"id":130255,"date":"2015-02-26T05:41:57","date_gmt":"2015-02-26T04:41:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=130255"},"modified":"2016-07-26T17:27:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:21","slug":"un-perfil-heroico-santa-luisa-de-marillac-04","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/un-perfil-heroico-santa-luisa-de-marillac-04\/","title":{"rendered":"Un perfil heroico: santa Luisa de Marillac (04)"},"content":{"rendered":"<p>QU\u00c9 es el hombre, Se\u00f1or, para que T\u00fa<br \/>\nhagas de \u00e9l tanto caso, y para que se<br \/>\nocupe de \u00e9l tu coraz\u00f3n?<br \/>\nLo visitas al rayar el alba, y de repente lo atribulas.<br \/>\n(Job, VIII.)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/louise-marillac.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140652\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/04\/louise-marillac-300x248.jpg?resize=300%2C248\" alt=\"OLYMPUS DIGITAL CAMERA\" width=\"300\" height=\"248\" \/><\/a>LLAMADA divina que hace crecer en el amor a las almas que son fieles en lo peque\u00f1o. Luisa ha llenado sus deberes de es\u00adposa y de madre, y ahora va a librarse en ella la lucha defini\u00adtiva que dar\u00e1 a su alma un peso eterno de gloria.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 medio se sirvi\u00f3 la Divina Providencia para guiarla de mane\u00adra provechosa? De la enfermedad de su esposo, que fue para Luisa nuevo motivo de sufrimiento. Se nos dice que, \u00abcaritativa y fiel, dio a su es\u00adposo en el estado de enfermedad las muestras de un afecto m\u00e1s tierno, de una bondad m\u00e1s comprensiva y de un amor m\u00e1s condescendiente, para tratar de endulzar las penas del enfermo y sus dolores\u00bb. Fij\u00e9monos en la honda significaci\u00f3n del p\u00e1rrafo que antecede, comentado por uno de sus bi\u00f3grafos, que la conoci\u00f3 personalmente.<\/p>\n<p>Es sublime la pedagog\u00eda de Dios, que pone a prueba nuestra virtud y nuestra sumisi\u00f3n para instruirnos poco a poco y hacernos avanzar, en la luz del d\u00eda y en la obscuridad de la noche, hacia el objeto lejano que nos tiene se\u00f1alado su amor.<\/p>\n<p>Pulsemos de nuevo el perfil espiritual de Luisa en esta crisis de su alma, compleja, interesante, de donde va a surgir la luz avasalladora que la una al Amor con lazo exclusivo. Interrogaciones que Dios hace a sus siervos, prepar\u00e1ndolos para m\u00e1s duras pruebas.<\/p>\n<p>Antonio Legras enferma gravemente, y en Luisa surge una duda te\u00adrrible: \u00bfSer\u00eda ella la causa? Y el abismo de una infidelidad a Dios, a quien, en a\u00f1os anteriores, hab\u00eda hecho promesa de consagrar su vida, se abr\u00eda ahora en su conciencia. \u00bfNo ser\u00eda esta promesa un testigo abruma\u00addor en la presencia del Se\u00f1or, que la her\u00eda en lo m\u00e1s \u00edntimo de sus afec\u00adtos, en la persona de su esposo, del padre de su hijo?<\/p>\n<p>Dolorosa situaci\u00f3n, incomprensible para un alma en la que reine la serenidad; terrible para un esp\u00edritu turbado como el suyo por un ar\u00addiente est\u00edmulo del amor a su Dios. Este verdadero fantasma de remordimiento, que le hizo ver su vida como un horrible pecado, la obligaba moralmente a hablar a su esposo de los tormentos de su esp\u00edritu, a pesar de su consentimiento para apartarse definitivamente de su lado, como \u00fanico remedio para aquella inminente desgracia, de la que \u00e9l era la v\u00edctima, y ella, la esposa infiel a Dios, la \u00fanica causante. Terrible obse\u00adsi\u00f3n para su alma.<\/p>\n<p>Entre la vida de contemplaci\u00f3n que ella so\u00f1ara y su vida de hogar hab\u00eda una distancia ponderable; la misma que existe entre el alma que ama <i>a <\/i>Dios exclusivamente y la que ha dividido su amor entre Dios y las criaturas a quienes pueda leg\u00edtimamente amar. Para Luisa, esp\u00edritu se\u00adlecto, esta diferencia tomaba en su caso las dimensiones de un perjurio. Una promesa hecha a Dios, violada poco despu\u00e9s en aras de un amor humano, aunque santo, y Dios volviendo por su honor, hiriendo a una v\u00edctima inocente con el terrible golpe de la enfermedad.<\/p>\n<p>Pero Luisa olvidaba, en la turbulencia de su esp\u00edritu, que su decisi\u00f3n hab\u00eda tenido causas suficientes para ser tomada: la negativa del director de las capuchinas, con el tajante acuerdo de que su precaria constituci\u00f3n f\u00edsica no le permit\u00eda sobrellevar las austeras penitencias del convento. Los consejos de sus familiares, a los que se pleg\u00f3 d\u00f3cilmente, siguiendo la costumbre de la \u00e9poca, como si ellos fuesen el or\u00e1culo de Dios. Y, la fuerza m\u00e1s poderosa, su estado actual. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda agradar a Dios la separaci\u00f3n de los esposos en el momento supremo de la enfermedad, del consuelo en el dolor, en que los lazos de la vida son m\u00e1s sagrados? Te\u00adrrible prueba que hostig\u00f3 la sensibilidad de la esposa. Ella misma nos dice que el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n de aquel a\u00f1o entr\u00f3 en un abatimiento de esp\u00edritu que le dur\u00f3 hasta Pentecost\u00e9s, por la duda que ten\u00eda de si deb\u00eda abandonar a su marido, como deseaba hacerlo para reparar su pri\u00admer voto y tener m\u00e1s libertad para servir a Dios.<\/p>\n<p>Luisa quer\u00eda saber, comprender, ver. Quer\u00eda tomar ella misma su di\u00adrecci\u00f3n en el servicio de Dios. Pero lo que Dios pide, ordinariamente, es el abandono a su divina voluntad. Un abandono total, ciego, incondi\u00adcionado, a su amorosa sabidur\u00eda. Esa es su manera de proceder. Para nuestra santa la b\u00fasqueda del abandono fue ruda.<\/p>\n<p>Si toda la vida tuvo que luchar con esa gravidez interior, con esa fuerza espiritual que la dominaba, con ese buscar a Dios m\u00e1s y m\u00e1s, supo inclinarse siempre, hasta su muerte, del lado de la obediencia. He aqu\u00ed el nudo del drama en que lo divino y lo humano se enfrentan. Porque, en el alma de sus santos, Dios quiere que, definitivamente, viva sola\u00admente lo divino.<\/p>\n<p>Por el momento Luisa no encontr\u00f3 seguridad ni en el cielo ni en la tierra; ni en las criaturas, que eran para ella poca cosa, ni en Dios, que se ocultaba a sus miradas. Pidi\u00f3 al cielo la intercesi\u00f3n \u00abde su bienaven\u00adturado Padre\u00bb, Francisco de Sales, muerto a\u00f1os antes, aunque el recuerdo de su hermosa serenidad, de su alma tersa era un nuevo y doloroso toque para sus angustias. Sin duda, Luisa ignoraba que el dulce Francisco de Sales hab\u00eda conocido tambi\u00e9n los temores de esp\u00edritu en el tiempo en que era estudiante en Par\u00eds, y que, durante m\u00e1s de un mes, estuvo sujeto a lo que \u00e9l llam\u00f3 m\u00e1s tarde un estado de purificaci\u00f3n que le hizo dudar de la salvaci\u00f3n de su alma y de la bondad de Dios.<\/p>\n<p>Hermoso estado de las almas santas, que las hace m\u00e1s agradables al Se\u00f1or. Porque la tentaci\u00f3n, permitida por Dios, es un acicate para la fidelidad cristiana. Los santos, en las tentaciones que todos podemos llegar a padecer, supieron aplicar el o\u00eddo a la llamada de Dios y hacer de ellas un pelda\u00f1o de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n va siendo desconocida en nuestros tiempos. Parece cosa de los santorales antiguos, de la leyenda dorada cuyas apergaminadas p\u00e1ginas se abren en el escritorio de los monjes. \u00bfEs que Dios habr\u00e1 cam\u00adbiado el plan de la salvaci\u00f3n de los hombres? Dif\u00edcil parece que el Se\u00ad\u00f1or haya reformado su palabra evang\u00e9lica. Y, sin embargo, la palabra \u00abtentaci\u00f3n\u00bb no ronda en los libros de espiritualidad moderna. La causa de esta omisi\u00f3n no se halla en el plan divino, sino en el plan humano, vertido a lo exterior, con poco af\u00e1n de buscar en los rincones del alma \u00ablos diversos movimientos de la naturaleza y de la gracia\u00bb, tan magis\u00adtralmente trazados en la <i>Imitaci\u00f3n de Cristo.<\/i><\/p>\n<p>Esa ruptura con el yo, con la responsabilidad personal, es un remedio eficaz para la angustia que puede sentirse cuando se vive lejos de Dios. No es dif\u00edcil que muchos, caminando por senderos escabrosos, no sientan en su compa\u00f1\u00eda la inquietante presencia del tentador, que no duerme y sonr\u00ede vigilante ante la inconsciencia de las pobres vidas que, si no se arrojan al pecado, por lo menos se mecen en la indiferencia.<\/p>\n<p>Lecci\u00f3n provechosa la de las tentaciones de los santos. Lecci\u00f3n que tuvo su primer modelo en Jesucristo. De ah\u00ed que una mirada demasiado r\u00e1pida a la vida de Santa Luisa nos deje la impresi\u00f3n, en este per\u00edodo cru\u00adcial de su existencia, de un alma inerme, escrupulosa, perdida en las sinuosidades de su esp\u00edritu. Todos los santos han pasado por una crisis parecida, de manera m\u00e1s o menos angustiosa. Recordemos, no a las gran\u00addes penitentes, que de por s\u00ed hubieron de sujetar el esp\u00edritu a la carne en medio de un combate singular tras su conversi\u00f3n, sino a la dulce carmelita Teresa de Lisieux, vertiendo su lluvia de rosas tras de haber pasado una vida de auster\u00edsima sencillez religiosa. Sencillez que no la priv\u00f3 de terribles angustias, las cuales venci\u00f3 con indomable coraz\u00f3n en sus solitarias idas <i>y <\/i>venidas por los claustros del Carmelo. Tentaciones que, si no fueron violentas en su forma, fueron profundas en su esencia, porque romp\u00edan el equilibrio de aquella hermosa serenidad que ella hab\u00eda prometido al Esposo Divino en el cumplimiento de sus deberes cotidia\u00adnos de cordialidad y sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Providenciales tentaciones las de los santos, que los hicieron m\u00e1s puros en la presencia del Se\u00f1or. As\u00ed hemos de considerar ese per\u00edodo ne\u00adbuloso de la vida de Santa Luisa, del que muchos de sus bi\u00f3grafos, y aun de los que han le\u00eddo imparcialmente su vida, han captado una sem\u00adblanza equ\u00edvoca, la de un esp\u00edritu torcido que se debati\u00f3 en una querella tan poco razonable como era la de abandonar a su marido cuando \u00e9ste m\u00e1s la necesitaba.<\/p>\n<p>El d\u00eda 4 de junio de 1623, fiesta de Pentecost\u00e9s, volviendo Luisa de la Iglesia de San Nicol\u00e1s de los Campos, con el alma oprimida por la enorme duda, en medio de las m\u00e1s densas tinieblas, sinti\u00f3 en un instante que su esp\u00edritu se esclarec\u00eda por completo. Ella misma nos dice que la obscuridad se troc\u00f3 en luz, la tempestad en una apacible serenidad:<\/p>\n<p>\u00abConoc\u00ed perfectamente que deb\u00eda seguir viviendo con mi ma\u00adrido, y que vendr\u00eda un tiempo en que me encontrar\u00eda en estado de hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia, y que esta\u00adr\u00eda rodeada de algunas personas que har\u00edan lo mismo.\u00bb<\/p>\n<p>Adem\u00e1s tuvo la seguridad de que encontrar\u00eda un director de concien\u00adcia que, aun repugn\u00e1ndole al principio, era el que la Divina Providencia le hab\u00eda preparado.<\/p>\n<p>Este testimonio de Dios asegur\u00f3 a Luisa que, lejos de haberla ale\u00adjado de su amor, le mostraba que en el futuro tendr\u00eda un medio para llegar a \u00c9l por una consagraci\u00f3n perfecta.<\/p>\n<p>Y para mayor seguridad del sello divino sobre este mensaje, en una visi\u00f3n intelectual\u2014no f\u00edsica a la manera de las apariciones\u2014le hizo pre\u00adsentir la forma, absolutamente inconcebible para ella, de su futura vo\u00adcaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abMe encontraba en un lugar para socorrer al pr\u00f3jimo, pero no pod\u00eda comprender c\u00f3mo pod\u00eda hacerse esto, a causa de que deb\u00eda haber para ello personas que, consagradas a este servicio, hab\u00edan de ir y venir al exterior.\u00bb<\/p>\n<p>Problem\u00e1tica visi\u00f3n, por lo que m\u00e1s arriba queda dicho en cuanto al r\u00e9gimen de vida religiosa que entonces estaba en vigor. Hubiera sido in\u00adconcebible, gui\u00e1ndose de miras humanas, pensar en una Comunidad de vida activa. Hac\u00eda menos de diez a\u00f1os que San Francisco de Sales hab\u00eda fundado las Hermanas de la Visitaci\u00f3n con el fin exclusivo de socorrer al pr\u00f3jimo, y, con el pesar de su fundador, hubieron de dedicarse a la vida contemplativa, en vista de las censuras que la Iglesia pon\u00eda al nue\u00advo g\u00e9nero de vida religiosa que ven\u00edan a implantar.<\/p>\n<p>Esta extra\u00f1a forma de consagraci\u00f3n que Dios le mostraba era para Luisa un panorama totalmente desconocido en las v\u00edas del amor divino. Sin embargo, Dios le hizo conocer que su deseo ser\u00eda cumplido, y eso le bastaba para calmar todas sus tribulaciones. En la simplicidad de su esp\u00edritu sinti\u00f3, imperiosa, la voz de Dios. Esto le bast\u00f3 para exclamar:<\/p>\n<p>\u00abPuesto que hay un Dios, no debo dudar de lo dem\u00e1s.\u00bb Esta misma sencillez lleva en s\u00ed la marca aut\u00e9ntica de lo celestial.<\/p>\n<p>Tal gracia, obtenida en la luminosa ma\u00f1ana de un Pentecost\u00e9s, fue para Luisa una verdadera conversi\u00f3n a Dios. Las conversiones de los santos son tan eficaces como las de los pecadores. Bellos secretos entre Dios y las almas, cuya obra misteriosa s\u00f3lo percibe aquel que la siente. Aldabonazos perennes, que llenan el alma de \u00edntimas resonancias y hacen del hombre un eco de Dios.<\/p>\n<p>No quiere decir esto que Luisa, a partir de aquella ma\u00f1ana, que fue para ella un aut\u00e9ntico Pentecost\u00e9s de gracia, encontrase libre el camino de su perfecci\u00f3n hasta el punto de que las dificultades no se presentaran de nuevo a su esp\u00edritu. Dios iba a seguir exigiendo de ella el esfuerzo virtuoso, cotidiano, frecuentemente doloroso, paciente y amorosamente renovado. Dios tiene sus v\u00edas en las almas. Pudo, sin duda, borrar en la de Luisa esa ansiedad de su futuro estado, pero no lo hizo por completo; porque a veces transforma los obst\u00e1culos en medios para llegar a un fin completamente divino.<\/p>\n<p>Tras la consoladora revelaci\u00f3n de Pentecost\u00e9s Luisa hubo de enfren\u00adtarse de nuevo con la situaci\u00f3n de su hogar. La gracia de su futura vo\u00adcaci\u00f3n no le rest\u00f3 alientos en el cuidado de su marido, en la educaci\u00f3n de su hijo, que no era tarea f\u00e1cil, dado el temperamento peculiar del pe\u00adque\u00f1o Miguel Antonio. Este hijo fu\u00e9 despu\u00e9s un hombre falto de ener\u00adg\u00eda, poco dotado para el trabajo y para el esfuerzo, de inteligencia me\u00addiana y voluntad indecisa. Siempre defraud\u00f3 las esperanzas que Luisa hab\u00eda puesto en \u00e9l, pese al gran cari\u00f1o con que siempre le anim\u00f3 y a esa constancia con que quiso hacerle superarse en sus cualidades.<\/p>\n<p>Su esp\u00edritu, fluctuando antes en la duda terrible, se mueve ahora en la esperanza. Su director de conciencia, monse\u00f1or Le Camus, sigue la trayectoria de aquella alma singular, previni\u00e9ndola siempre con sus conse\u00adjos, refrenando sus inquietudes, matizando con suavidad su tempera\u00admento.<\/p>\n<p>De tiempo en tiempo, el esp\u00edritu de Luisa sigue agitado. Hay en ella un complejo de temperamento, de vocaci\u00f3n frustrada, de deberes de ho\u00adgar, de inclinaci\u00f3n excesiva a la piedad, que dif\u00edcilmente podr\u00eda ven\u00adcerse con el freno de una resignaci\u00f3n piadosa a la voluntad divina, al santo abandono en Dios, como incesantemente le recomendaba en sus direcciones monse\u00f1or Le Camus. El alma de Luisa era demasiado grande, demasiado sacrificada por su Dios para quedar anclada en una reserva de disponibilidades.<\/p>\n<p>La muerte del se\u00f1or Legras acaeci\u00f3 el 21 de diciembre de 1625. Luisa gan\u00f3 a su marido para el cielo por su esp\u00edritu de caridad hacia \u00e9l, que desfallec\u00eda en aquella ruda experiencia que fue su enfermedad. Pese a sus grandes sufrimientos, Antonio Legras tuvo la capacidad de afrontar la muerte con toda su hondura cristiana. As\u00ed lo atestigua Luisa en una carta al padre Rebours, cartujo, primo hermano de su marido.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;puesto que quer\u00e9is saber las gracias que Dios ha hecho al alma de mi esposo, despu\u00e9s de deciros que me ser\u00eda imposible hac\u00e9roslas conocer todas, os puedo manifestar que, por la miseri\u00adcordia de Dios, hac\u00eda tiempo que no ten\u00eda ning\u00fan afecto al pe\u00adcado mortal, ni a lo que puede llevar a \u00e9l, y ten\u00eda un gran deseo de vivir devotamente. Seis semanas antes de su muerte tuvo una gran calentura que puso su esp\u00edritu en gran peligro; pero Dios, haciendo aparecer su poder sobre la naturaleza, lo puso en calma. En reconocimiento de esta gracia se resolvi\u00f3 enteramente a servir a Dios toda la vida. No dorm\u00eda casi nada durante la noche; pero ten\u00eda tal paciencia que las personas que estaban cerca de \u00e9l apenas recib\u00edan la m\u00e1s peque\u00f1a incomodidad. Creo que en esta \u00faltima enfermedad Dios le ha querido hacer participar de la imitaci\u00f3n de las penas de su muerte, pues ha sufrido en todo su cuerpo, ha perdido completamente su sangre, y su esp\u00edritu ha estado constantemente ocupado en la meditaci\u00f3n de la Pasi\u00f3n. Tuvo siete v\u00f3mitos de sangre, y el \u00faltimo le priv\u00f3 de la vida instant\u00e1neamente. Yo estaba sola para asistirlo en este doloroso trance, y dio tal testimonio de devoci\u00f3n que hizo conocer, hasta el \u00faltimo suspire, que su esp\u00edritu estaba unido a Dios. No pudo decirme nada, sino: \u00abRuega por m\u00ed al Se\u00f1or; yo no puedo m\u00e1s\u00bb Palabras que estar\u00e1n siempre grabadas en mi coraz\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Esta prueba familiar no era la \u00fanica que Dios hab\u00eda reservado a su fiel sierva. Otras, dolorosas y punzantes, iban a venir a herirla en sus afectos m\u00e1s leg\u00edtimos, para desprender su alma de todo aquello que no fuera Dios mismo.<\/p>\n<p>Francia parec\u00eda un mar embravecido. La corte francesa, refinada y gloriosa por sus conquistas, por su cultura literaria, sufr\u00eda las luchas intestinas de la familia real. Era el momento en que la reina madre, Mar\u00eda de M\u00e9dicis, quer\u00eda alejar de su hijo al cardenal Richelieu. Mas triunf\u00f3 el imperioso ministro, y la reina, desterrada, arrastr\u00f3 en su ca\u00edda a todos los que le eran fieles. El guardasellos, Miguel de Marillac, es destituido y desterrado, y muere en Chateaudun en agosto de 1631. Su hermano Luis, mariscal de Francia, es arrestado en el Piamonte al frente de su ej\u00e9rcito, juzgado por los comisarios de Richelieu, y, por una mayor\u00eda de votos, es condenado a muerte y fusilado en la plaza de Grave en mayo de 1632.<\/p>\n<p>En este tiempo, mientras sus parientes estaban alejados de Par\u00eds, Lui\u00adsa de Marillac, humildemente oculta, continuaba su obra de bien, olvida\u00adda de los enemigos de su familia. En menos de dos a\u00f1os se hab\u00eda visto privada de los seres a quienes la ataba el m\u00e1s leg\u00edtimo derecho a amar, y, libre ya de estas ataduras humanas, se encontraba en espera de lo que Dios manifestara sobre ella.<\/p>\n<p>Hasta el momento Luisa hab\u00eda sufrido con docilidad la interrogaci\u00f3n que Dios hab\u00eda hecho a su alma, poniendo a prueba su paciencia en las adversidades y encomend\u00e1ndole cosas a las cuales pudo sentir repugnan\u00adcia. Con sumisi\u00f3n se hab\u00eda plegado a la voluntad de sus parientes, sacri\u00adficando sus inclinaciones m\u00e1s queridas con la heroica fe de Abraham; fue al altar junto a un hombre de bien, sinceramente piadoso; viuda a los treinta y cuatro a\u00f1os, y completamente libre, se consagr\u00f3 con voto al Se\u00f1or, a este Esposo Celestial al que ella, virgen o esposa, hab\u00eda amado con toda su alma. Apartada de sus parientes, del lujo, de la vida mundana de Par\u00eds, el interrogante de Dios, satisfecho ya por el amor, iba a dejar paso a sendas m\u00e1s gloriosas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>QU\u00c9 es el hombre, Se\u00f1or, para que T\u00fa hagas de \u00e9l tanto caso, y para que se ocupe de \u00e9l tu coraz\u00f3n? Lo visitas al rayar el alba, y de repente lo atribulas. 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