{"id":129158,"date":"2014-03-05T08:41:38","date_gmt":"2014-03-05T07:41:38","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=129158"},"modified":"2016-07-26T19:18:56","modified_gmt":"2016-07-26T17:18:56","slug":"entre-dos-revoluciones-1650-1652","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/entre-dos-revoluciones-1650-1652\/","title":{"rendered":"Entre dos revoluciones: 1650-1652"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><i><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/el-gran-hospital-de-angers\/cartel-51\/\" rel=\"attachment wp-att-128960\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-128960\" alt=\"cartel\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/01\/cartel.jpg?resize=247%2C234\" width=\"247\" height=\"234\" \/><\/a>El ambiente parisino.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00a0Los a\u00f1os 1650 y 1651, en cierto modo, fueron tranquilos para la se\u00f1orita Le Gras, pe\u00adro no para la Corte ni los pol\u00edticos. La sociedad viv\u00eda una calma nerviosa y a la expecta\u00adtiva. La Fronda de Par\u00eds se hab\u00eda recogido en s\u00ed misma como lo hace un erizo a la espe\u00adra, pero no hab\u00eda muerto, tan s\u00f3lo se hab\u00eda encerrado dentro de sus p\u00faas. Los burgueses y el pueblo llano tem\u00edan algo y los cortesanos esperaban una ocasi\u00f3n. Par\u00eds era una bolsa de gas a presi\u00f3n y, al menor resquicio, explotar\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los panfletos contra Mazarino \u2014mazarinadas\u2014 buscaban romper las alianzas que fa\u00advorec\u00edan al Cardenal: enfrentar a Cond\u00e9 con la Corte y a los parisinos contra el Parlamen\u00adto conciliador. Por otro lado, Cond\u00e9, el salvador de la monarqu\u00eda durante la revoluci\u00f3n, am\u00adbicionaba la regencia. Altanero, en varias ocasiones, humill\u00f3 a la reina y Ana de Austria no aguant\u00f3 m\u00e1s; en el Consejo real del 18 de enero de 1650, encarcel\u00f3 a los tres pr\u00edncipes de sangre: a Cond\u00e9, a su hermano Cont\u00ed y a su cu\u00f1ado Longueville. El pueblo de Par\u00eds no se inmut\u00f3, al contrario, se regocij\u00f3. Pero en las provincias, muchas ciudades se levantaron en favor de Cond\u00e9. En febrero, la reina llev\u00f3 a Luis XIV, de once a\u00f1os, por las provincias de Normand\u00eda y lo present\u00f3 a las gentes enfervorizadas ante su peque\u00f1o rey. Una a una las fuerzas reales se apoderaron de las ciudades fieles a Cond\u00e9. El 21 de febrero, la Corte ha\u00adb\u00eda vuelto a Par\u00eds. En marzo, someti\u00f3 Guyena y Borgo\u00f1a. Los partidarios de Cond\u00e9: Boui\u00adllon, Turena, La Rochefoucault, La Tremoille perdieron fuerza. A Cond\u00e9, s\u00f3lo le quedaba Burdeos. La Corte decidi\u00f3 someterlo. Sali\u00f3 de Par\u00eds el 4 de julio y el 5 de octubre, Luis XIV entraba solemnemente en la ciudad, despu\u00e9s de una capitulaci\u00f3n honrosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todos estos acontecimientos no impresionaron a Par\u00eds que viv\u00eda una calma aparente \u2014una tregua\u2014. Tampoco parece que preocuparan a Luisa de Marillac. Hab\u00eda otro asun\u00adto que la torturaba: el futuro de la Compa\u00f1\u00eda. Las Hijas de la Caridad eran hijas suyas y las amaba como si las hubiera dado a luz. Y a la Compa\u00f1\u00eda, la hab\u00eda recibido de Dios co\u00admo en dep\u00f3sito para hacer un para\u00edso de la tierra de los pobres. Los pobres se hab\u00edan con\u00ad. ertido en la piel de su persona y la Compa\u00f1\u00eda, era el vestido que necesitaba para salir a la calle. Y este vestido estaba sin coser. Hac\u00eda m\u00e1s de cuatro a\u00f1os que la Compa\u00f1\u00eda ha\u00adb\u00eda sido aprobada por el arzobispo de Par\u00eds y autorizada por el rey, pero el Parlamento a\u00fan no hab\u00eda registrado las cartas patentes; sin este requisito, nada ten\u00eda valor civil. A sus a\u00f1os, la muerte estaba cerca, y los disturbios de la Fronda la espantaron: todo podr\u00eda desvanecerse si mor\u00edan ella o Vicente de Pa\u00fal o el Arzobispo. Pod\u00eda sobrevenir un cam\u00adbio en la monarqu\u00eda y encontrar a la Compa\u00f1\u00eda sin reconocimiento jur\u00eddico ni constitui\u00adda s\u00f3lidamente<i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Sin registrar en el Parlamento las Cartas Patentes del rey<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un d\u00eda de abril de 1650, sali\u00f3 de casa, recorri\u00f3 calles estrechas y se present\u00f3 en las oficinas del Procurador General, Blas Meliand. Pretend\u00eda conocer las causas por las que las cartas patentes del rey, aprobando la Compa\u00f1\u00eda, no hab\u00edan sido registradas en el Par\u00adlamento, y quer\u00eda urgir los tr\u00e1mites. El Procurador General era un hombre del rey, pero su cargo era venal: lo hab\u00eda comprado. Esto le daba cierta libertad para actuar indepen\u00addiente de presiones. Su principal funci\u00f3n era velar por el inter\u00e9s p\u00fablico, garantizar la jus\u00adticia y el orden en la sociedad y procurar que no los perturbasen los asuntos reales que ne\u00adcesitaban registrarse. \u00c9l daba el pase a los documentos. Cuando los asuntos reales llega\u00adban al Parlamento, los examinaba y anotaba su parecer:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>Requiero, <\/i>es decir, estoy totalmente de acuerdo con que se registren; las reticencias que mostraba por no estar totalmente de acuerdo, las expresaba con la palabra <i>consiento <\/i>que se registren, y si estaba enteramente en desacuerdo y en oposici\u00f3n, escrib\u00eda <i>me opon\u00ad<\/i><i>go <\/i>a que se registren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al examinar las cartas patentes que daban valor civil a la Compa\u00f1\u00eda, le manifest\u00f3 a Luisa sus reticencias: no ve\u00eda a salvo los intereses del Estado: si eran religiosas, es decir, enclaustradas, no ten\u00edan rentas para sobrevivir y ser\u00edan un peso para la sociedad; y si eran seculares, \u00e9l no conoc\u00eda ning\u00fan antecedente (c.320). Luisa le manifiesta un antecedente, las Hijas de la Cruz de la se\u00f1ora Villeneuve: eran seculares como las Hijas de la Caridad, hac\u00edan votos privados como ellas y, sin embargo, hab\u00edan sido aprobadas por el arzobispo de Par\u00eds (27 de abril de 1640), hab\u00edan recibido la autorizaci\u00f3n real (julio 1642), nuevas cartas patentes, aprob\u00e1ndola jur\u00eddica y definitivamente el 16 de julio de 1644 y registra\u00addas en el Parlamento el 3 de setiembre de 1646.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El se\u00f1or M\u00e9liand pod\u00eda haberse disculpado con los disturbios de la Fronda, pero no lo hizo. A \u00e9l, le intrigaba esta asociaci\u00f3n, cofrad\u00eda o compa\u00f1\u00eda. Las Hijas de la Cruz eran dos grupitos de j\u00f3venes maestras sin ninguna trascendencia, mientras que las hijas del se\u00f1or Vicente eran otra cosa. Entrelazadas con las se\u00f1oras de la aristocracia, se extend\u00edan por Par\u00eds y por las provincias como n\u00f3madas silenciosas, y se hab\u00edan introducido en hospita\u00adles significativos de ciudades importantes: Gran Hospital de Par\u00eds, Angers, Saint-Denis, Nantes, etc. Y \u00e9l, el Procurador General, ten\u00eda que controlar los resultados. Adem\u00e1s, ve\u00eda en las reglas de estas campesinas ideas que le sonaban a subversivas en estos meses de la Fronda: los pobres eran el centro de la sociedad, los mismos que levantaron barricadas y atropellaron a los partidarios de la Corte, hac\u00eda menos de dos a\u00f1os; los miembros de la cofrad\u00eda gozaban de una igualdad total sin miramiento a los privilegios de la clase noble. Estas incultas campesinas dirig\u00edan, al igual que las hijas de la nobleza o de la burgues\u00eda, muchos establecimientos de beneficencia. Blas M\u00e9liand deb\u00eda velar por el buen funcio\u00adnamiento de la sociedad y el respeto a los privilegios de las clases sociales. Tampoco Blas M\u00e9liand, partidario de Mazarino, pod\u00eda olvidar que eran las hijas del se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal, enemistado con el Cardenal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Buen pol\u00edtico y h\u00e1bil diplom\u00e1tico content\u00f3 a Luisa, acompa\u00f1\u00e1ndola hasta la carroza y prometi\u00e9ndole que se ocupar\u00eda del caso. Pero las cartas no se registraron. A los pocos me\u00adses, muri\u00f3 el se\u00f1or M\u00e9liand. Nicol\u00e1s Fouquet compr\u00f3 el cargo de Procurador General. Cuando acudieron a \u00e9l, no pudieron encontrar las cartas patentes, hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque Luisa sali\u00f3 encantada de la entrevista, seg\u00fan pasaban los d\u00edas, al ver que no se registraban las Cartas Patentes, un temor suspicaz se apoder\u00f3 de ella. Se sent\u00eda presio\u00adnada por la Providencia a aclarar el futuro de la Compa\u00f1\u00eda y present\u00e1rselo a Vicente de Pa\u00fal, el superior. Consider\u00f3 este asunto tan serio, que primero hizo un borrador: desde ha\u00adc\u00eda unos a\u00f1os, hab\u00eda fallos generales y particulares en la Compa\u00f1\u00eda. Con humildad since\u00adra, sent\u00eda ser la causa y ped\u00eda al superior que pusiera en su lugar a otra m\u00e1s virtuosa. Des\u00adcubri\u00f3 tambi\u00e9n las soluciones: \u00abque se ponga por escrito la manera de vida\u00bb que llevan las Hermanas y que se lea \u00abtodos los meses\u00bb; pero sobre todo, establecer s\u00f3lidamente la Compa\u00f1\u00eda para superar la ligereza y debilidad de las Hermanas, y establecerla, sometida y dependiente totalmente del superior General de los padres pa\u00fales, con el consentimien\u00adto de \u00e9stos para quedar agregada a su congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto suced\u00eda en julio de 1651. El 22 de noviembre, volvi\u00f3 a escribirle. La humildad se hab\u00eda cambiado en culpabilidad. Insist\u00eda en que la quitara de superiora: tem\u00eda que por su culpa Dios destruyera la Compa\u00f1\u00eda. Ella lo present\u00eda en la muerte de muchas Hermanas valiosas, en el miedo a que las pobres sirvientas se creyeran elevadas a una categor\u00eda su\u00adperior al ser aprobada la Compa\u00f1\u00eda; lo presagiaba en las tres o cuatro que se hab\u00edan sali\u00addo para casarse y en la falta de mortificaci\u00f3n que ve\u00eda en las Hijas de la Caridad, lentas hacia la santidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No obstante, con una ilusi\u00f3n elegante expuso tambi\u00e9n sus convicciones sobre una su\u00adpervivencia divina: la bondad de la obra y las bendiciones que hab\u00edan recibido de Dios, y la libertad de los superiores para expulsar a los sujetos que pudieran da\u00f1ar la Compa\u00f1\u00eda. Un peligro podr\u00eda venir por la codicia de los bienes materiales, pero, como en caso de de\u00adsaparecer las Hijas de la Caridad, los bienes pasar\u00edan a los padres pa\u00fales, confiaba en que nadie la destruir\u00eda; menos a\u00fan, los sucesores de Vicente de Pa\u00fal, cuando \u00e9ste, su funda\u00addor, no lo hab\u00eda hecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Convencida del futuro risue\u00f1o de la Compa\u00f1\u00eda escribi\u00f3 varias cartas sobre la espiri\u00adtualidad de los votos y sobre los requisitos para hacerlos. Insist\u00eda en que la Hermana lle\u00advara varios a\u00f1os en la Compa\u00f1\u00eda viviendo como verdadera Hija de la Caridad y dando muestra de perseverancia, que fuera Luisa quien la presentara al superior Vicente y que \u00e9ste los autorizara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque algunas Hijas de la Caridad hicieron los votos para toda la vida, tanto Santa Luisa como San Vicente prefer\u00edan los votos anuales, por supuesto, privados. Ten\u00edan sus razones: los votos anuales se diferenciaban mejor de los votos religiosos, p\u00fablicos, se re\u00adconoc\u00eda mejor a la Compa\u00f1\u00eda como una cofrad\u00eda, y se adecuaban m\u00e1s f\u00e1cilmente a la si\u00adtuaci\u00f3n inestable de las primeras Hermanas. Los votos anuales encerraban, adem\u00e1s, una espiritualidad acorde con la esencia de la vocaci\u00f3n divina y con la libertad humana: la Hi\u00adja de la Caridad recobra cada a\u00f1o su libertad para sacrificarla de nuevo; cada a\u00f1o confir\u00adma el contento de haberse entregado a Dios, recibe nuevas gracias y nuevas fuerzas para vivir y perseverar en la vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>La vida ordinaria en medio de las revueltas<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En febrero de 1651, el Parlamento de Par\u00eds decret\u00f3 la libertad de los tres pr\u00edncipes y la reina se vio obligada a ordenar su libertad. Mazarino huy\u00f3 de Par\u00eds en la noche del 6 al 7 de marzo. La Corte se sinti\u00f3 prisionera en su palacio de Par\u00eds hasta el 30 de marzo. Cond\u00e9 volvi\u00f3 con humos de regencia. Estos sucesos, no obstante, en nada influyeron en el pueblo. Las rencillas, alianzas y traiciones de los nobles, se desarrollaban en los pala\u00adcios, en el Parlamento y en las carrozas. Ciertamente, los parisinos, divididos en favor de la Corte, de Cond\u00e9, del Parlamento o del cardenal de Retz [Juan Francisco Pablo de Gondi hab\u00eda sido promovido cardenal el 1 de marzo de 1651], intu\u00edan o ve\u00edan los enre\u00addos en las camarillas de la nobleza y estaban prestos a levantarse, pero la superficie es\u00adtaba en calma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tampoco parece que esta situaci\u00f3n trastocara la vida de Luisa. Los primeros d\u00edas de septiembre, los pas\u00f3 en gira por los pueblos. As\u00ed, se lleg\u00f3 a finales de a\u00f1o. Dispuesto a levantarse contra la Corte, Cond\u00e9 huy\u00f3 a Burdeos el 22 de diciembre. El 30, la Corte sali\u00f3 de Par\u00eds tras \u00e9l con un ej\u00e9rcito dispuesto a someterlo. Hab\u00eda comenzado la segunda Fronda, la de los Pr\u00edncipes, pero lejos de Par\u00eds, en el suroeste de Francia. Sin em\u00adbargo, anunciaba los desastres de 1652.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A pesar de todo, estos dos a\u00f1os, 1650 y 1651, aparecen como dos a\u00f1os tranquilos en las cartas de Luisa. Cierto, es dif\u00edcil, casi imposible, dar una vida cronol\u00f3gicamente se\u00adguida. Todas las actividades de estos dos a\u00f1os se entrecruzan y se mezclan como en una hormigonera. En la vida rutinaria, la vemos como la directora ejecutiva de una compa\u00f1\u00eda: asuntos ordinarios, papeleo, visitas a las comunidades de Par\u00eds y cartas, infinidad de car\u00adtas. Se quejaba de que escrib\u00eda mucho pero que sus cartas no llegaban a Nantes. Su habi\u00adtaci\u00f3n se asemejaba a una oficina y su casa a una central de negocios, estrafalarios para la sociedad de hoy, pero conmovedores para la gente asombrada de aquel siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La correspondencia nos lleva a Chantilly, Valpuiseaux, Serqueux, Saint-Denis, Saint\u00adEtienne, Angers, Richelieu, Nantes y Chars. Como \u00fanico asunto: servir a los pobres. Les pone cuatro principios, comenzando por la regla de oro de la Compa\u00f1\u00eda: \u00abServir a los po\u00adbres en la persona de Jesucristo, as\u00ed como servir a Jesucristo en la persona de los pobres\u00bb. Segundo, no sobrecargarse de trabajo, porque destroza la salud e impide servir con ilusi\u00f3n y cari\u00f1o. La tercera norma es pr\u00e1cticamente la m\u00e1s f\u00e1cil: servir a toda clase de pobres. Mas dif\u00edcil se les hac\u00eda la \u00faltima regla: la tolerancia. Es sintom\u00e1tico la insis\u00adtencia de Luisa para que las Hijas de la Caridad se llenen de mansedumbre, cordialidad y de tolerancia, \u00abnuestra querida virtud\u00bb. Conoc\u00eda su importancia por experiencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De vez en cuando, leemos esos ramalazos que caracterizan su intuici\u00f3n pr\u00e1ctica: las Hijas de la Caridad no son religiosas, pero tampoco seglares, son seculares consagradas; son empleadas y no las due\u00f1as de la instituci\u00f3n; que se modernicen en la t\u00e9cnica de la far\u00admacia; urge aceptar y colaborar con los empleados seglares y recibir con ilusi\u00f3n los pues\u00adtos que se les entreguen a esos empleados. Son los principios que durante 27 a\u00f1os continuos ense\u00f1\u00f3 a las mujeres de su Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una piadosa simpat\u00eda recorre nuestro cuerpo, cuando leemos la delicadeza con que tra\u00adta a Sor Br\u00edgida \u2014escrupulosa\u2014 y a Sor Genoveva \u2014no sab\u00eda escribir\u2014 felicit\u00e1ndolas por la uni\u00f3n que llevaban en Chantilly. A las Hermanas de Valpuiseaux, las anima a se\u00adguir unidas a pesar de destinar a Sor B\u00e1rbara; y les toca el coraz\u00f3n para que sigan dando buen ejemplo de caridad, porque si no dan buen ejemplo \u00bfqu\u00e9 dir\u00eda la gente y qu\u00e9 dis\u00adgusto para el se\u00f1or Vicente que pasaba tiempos en su finca de Fr\u00e9neville, cerca de Val\u00adpuiseaux?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">M\u00e1s que ternura le causaron compasi\u00f3n Sor Guillermina, Sor Juana, Sor Mar\u00eda Jos\u00e9 y otra compa\u00f1era. Luisa las hab\u00eda enviado lejos, a las Ardennes, concretamente, a Saint\u00adEtienne-\u00e1-Arnes y a los pueblos de los alrededores. M\u00e1s que lejos, peligroso y desolado por la guerra. Calladas y sacrificadas, estaban separadas unas de otras en pueblos distin\u00adtos. Un sentimiento de aislamiento y soledad las envolvi\u00f3, tanto m\u00e1s cruel, cuanto que eran aldeanas que apenas hab\u00edan salido de sus pueblos. Encerradas en el lugar, viv\u00edan del pue\u00adblo y se casaban con hombres del pueblo o alrededores. S\u00f3lo, hab\u00edan tenido la apertura de las ferias campesinas y, como sue\u00f1o, la ilusi\u00f3n de ir a servir a Par\u00eds. Y cuando se hab\u00edan acostumbrado a vivir en comunidad, las separaban en pueblos extra\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El trabajo era duro y la soledad mayor. Los se\u00f1ores encargados de las obras de bene\u00adficencia, compadecidos, pusieron una empleada seglar a cada Hermana; pero no era lo mis\u00admo que una compa\u00f1era de comunidad. Sor Guillermina, la responsable de las cuatro, pe\u00add\u00eda de coraz\u00f3n que les enviaran a otra Hermana. San Vicente y Santa Luisa lo trataron en Consejo. Luisa explic\u00f3 que era justo enviarles ayuda, que la necesitaban, que la exig\u00eda la Compa\u00f1\u00eda y todas las Hermanas para que vieran que no se las abandonaba; pero no les enviaron la ayuda porque \u2014hoy no lo comprendemos\u2014 era una fundaci\u00f3n transitoria y escaseaban las Hermanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Vicente y Santa Luisa intentaron compensar la negativa con cartas y pidiendo a las Hermanas de Sedan que les echaran una mano. Los \u00fanicos argumentos v\u00e1lidos que en\u00adcontraron los fundadores para consolarlas de la negativa fueron los sobrenaturales. Luisa, m\u00e1s detallista, las compensaba con noticias de sus compa\u00f1eras de Par\u00eds y anim\u00e1ndolas a abrirle el coraz\u00f3n o recomend\u00e1ndoles que procurasen encontrarse para consolarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mientras atend\u00eda a las Hermanas de estas fundaciones transitorias, desde Par\u00eds recor\u00add\u00f3 a la comunidad de Angers. Exceptuando aquel verano de 1644, nunca hab\u00eda sufrido por culpa suya, al contrario, la alegraba. Ahora mismo, en verano de 1650, los adminis\u00adtradores ped\u00edan que las Hermanas se hicieran cargo tambi\u00e9n de un segundo hospital en la ciudad y de otro en un pueblo cercano, Ch\u00f1teau-Gontier. Aunque la llenaba de orgullo, no los acept\u00f3 porque no ped\u00edan aumentar el n\u00famero de Hijas de la Caridad. Era una sobrecarga de trabajo que agotaba a las Hermanas, imped\u00eda servir con dignidad a los enfermos y \u00abmurmurar\u00edan las personas que no conocieran el peque\u00f1o n\u00famero de Hermanas\u00bb. Ni su santidad ni su orgullo humano le permit\u00edan aceptarlo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sor Cecilia Angiboust, la Hermana Sirviente, se hab\u00eda ganado al obispo, al que trata\u00adba con espont\u00e1nea confianza, es decir, era h\u00e1bil en el gobierno. Pero en abril, hubo obis\u00adpo nuevo, Enrique Arnauld. Era hijo del abogado Antonio Arnauld y hermano de famo\u00adsos jansenistas: Antonio Arnauld \u2014el Gran Arnauld\u2014 y las abadesas de Port-Royal, An\u00adg\u00e9lica e In\u00e9s. Antes de ser sacerdote, estudi\u00f3 abogac\u00eda para continuar el bufete de su pa\u00addre, trabajando para las familias ricas de Par\u00eds. Cuando fue nombrado obispo de Angers. el 30 de enero de 1649, hab\u00eda cumplido 51 a\u00f1os. Fue consagrado el 29 de junio de 1650: muri\u00f3 el 8 de junio de 1692. Era de car\u00e1cter fr\u00edo y de mucha prudencia, buen diplom\u00e1ti\u00adco. Trabaj\u00f3 por reformar al clero de su di\u00f3cesis, oblig\u00e1ndolo a respetar las normas can\u00f3\u00adnicas, en especial, la residencia. P\u00fablicamente, nunca se adhiri\u00f3 al jansenismo, aunque fue uno de los cuatro obispos que no quiso firmar el <i>Formulario. <\/i>Algunos dec\u00edan que por ca\u00adbezonada. Colbert dec\u00eda de \u00e9l: \u00abDe vida ejemplar, ser\u00eda intachable si debilitara un poco la exclusiva buena opini\u00f3n que tiene de sus sentimientos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Es probable que al nuevo obispo le llamaran la atenci\u00f3n las hijas del se\u00f1or Vicente. influyente en la Corte hasta hac\u00eda poco, por ser miembro del Consejo de Conciencia. Sa\u00adb\u00eda que Vicente de Pa\u00fal era el cerebro para socorrer los desastres de la guerra y, lo m\u00e1s interesante para el obispo, era uno de los organizadores de la defensa episcopal contra el jansenismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Monse\u00f1or Arnauld quiso conocer a las Hijas de la Caridad en el Gran Hospital e inte\u00adrrogarlas sobre algunos puntos. A Luisa, le estremeci\u00f3 lo que podr\u00edan responder sus j\u00f3\u00advenes de pueblo, viviendo en comunidad sin ser religiosas. R\u00e1pidamente, escribi\u00f3 a su amigo el Abad de Vaux, Vicario General del obispo, para que les preparara las respues\u00adtas de antemano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el lado opuesto, estaba Nantes. \u00a1Siempre Nantes! Segu\u00eda atorment\u00e1ndola. Era una enfermedad cr\u00f3nica o una llaga imposible de cicatrizar. Por dos veces \u2014cuenta Luisa\u2014 estuvieron decididos a quitar la comunidad, pero las dos veces detuvieron la decisi\u00f3n<sup>92<\/sup>. Nantes lleg\u00f3 a convertirse en el trivial sonsonete de un reloj: persecuciones y calma, mur\u00admuraciones contra las Hermanas y petici\u00f3n de aumentar su n\u00famero, quejas y olvido, des\u00adtino de Hermanas y env\u00edo de nuevas. Era tan mon\u00f3tono el vaiv\u00e9n, que Luisa lleg\u00f3 a acos\u00adtumbrarse y a dejar marchar la vida. No pod\u00eda escribir m\u00e1s cartas ni cambiar a m\u00e1s Her\u00admanas, sencillamente, porque hab\u00eda cambiado a todas. Los consejos que escrib\u00eda eran tan acertados que podr\u00edan pasar a un manual de convivencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A pesar de ser una situaci\u00f3n requetesabida por continua, en las cartas de estos a\u00f1os a la superiora, Sor Juana Lepeintre, la que 5 a\u00f1os antes hab\u00eda sido su asistenta, respiramos un aire de intranquilidad, como si saltaran al papel ciertas dudas y sospechas que Luisa reten\u00eda en su interior. Luisa not\u00f3 cierta desconfianza en Sor Juana; y cuando le escrib\u00eda, parece que ten\u00eda miedo de molestarla o alterarla; le escribe frases de \u00e1nimo, casi halagos. Su sicolog\u00eda femenina adivinaba algo desconcertante y acert\u00f3. En septiembre de 1651, Sor Juana se march\u00f3 a Angers y all\u00ed estuvo mes y medio. Luisa se inquiet\u00f3 pero no se asom\u00adbr\u00f3. Esperaba con miedo que un d\u00eda u otro Sor Juana la sorprendiera de alguna manera. Su reacci\u00f3n no fue dura. Con una paz dulce, escribi\u00f3 al Abad de Vaux, y mes y medio m\u00e1s tarde a Sor Juana. Ni le ri\u00f1e ni la provoca ni se siente asombrada. Por el contrario, quiere manifestarle que sigue siendo su amiga. \u00danicamente, le pregunta si ha descansado en Angers \u00a1Qu\u00e9 diferente la carta que, cuatro a\u00f1os antes, escribi\u00f3 a Sor Isabel Mart\u00edn, cuando, de la misma manera, se fue de Nantes a Angers! Caprichos de la his\u00adtoria, Sor Isabel se march\u00f3 porque tuvo miedo de la Visita Regular que estaba haciendo Sor Juana. Luisa descubr\u00eda ya desviaciones s\u00edquicas preocupantes. La pobre Sor Juana mu\u00adri\u00f3, a\u00f1os despu\u00e9s de Santa Luisa, en el asilo Nombre de Jes\u00fas con la cabeza perdida: hi\u00adpocondr\u00edaca, dicen las cr\u00f3nicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1650, a pesar de sus arios \u2014se acercaba a los sesenta\u2014 tuvo ilusi\u00f3n y energ\u00eda pa\u00adra enviar Hijas de la Caridad hasta el lejano Hennebont, en Breta\u00f1a, a 13 kms. de Lorient, pedidas por Eudo de Kerlivio, Vicario General de Vannes y amigo de Vicente de Pa\u00fal. El 22 de octubre de 1650, el superior Vicente dio la despedida a Sor Ana Hardemont, a Sor Genoveva Doinel, a Sor Juana Bautista y a Sor Nicolasa Haran, estas dos \u00faltimas desti\u00adnadas a la nueva fundaci\u00f3n de Montmirail (IX, 496).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En dos a\u00f1os \u00a1cu\u00e1ntas cosas hab\u00edan sucedido! En el oto\u00f1o de 1650, le naci\u00f3 su \u00fanica nie\u00adta. Emocionada, supo que le pon\u00edan su mismo nombre: Luisa Renata. \u00a1Qu\u00e9 curioso! Rena\u00adto es el nombre que el P.Anselme da al padre de Luisa de Marillac. Pero se sobresalt\u00f3 cuan\u00addo su hijo cay\u00f3 enfermo. De nuevo, su cari\u00f1o maternal la traicionaba, y le puso a una Hi\u00adja de la Caridad para que lo cuidara. San Vicente \u2014todo comprensi\u00f3n con ella\u2014 estuvo de acuerdo, pero no lo estuvo para que se quedara a dormir en casa de su hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><i>El amor divino robustece el amor humano<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Simult\u00e1neamente, a los asuntos comunitarios de Angers y Nantes, Luisa atendi\u00f3 los problemas personales, o m\u00e1s acertado a\u00fan, problemas familiares de las Hermanas de Ri\u00adchelieu. Aqu\u00ed, viv\u00edan Sor Carlota Royer y Francisca Carcireux sin complicaciones comu\u00adnitarias. Sor Carlota, de Liancourt, pertenec\u00eda a una familia econ\u00f3micamente desahogada, sin m\u00e1s. Las noticias que Luisa le da de sus padres son ordinarias, casi alegres, y a sus fa\u00admiliares, los nombra con naturalidad. Sor Francisca, de Beauvais, en cambio, proced\u00eda de una familia burguesa venida a menos. Cuando Luisa nombra a su padre, lo llama <i>su se\u00ad<\/i><i>\u00f1or padre. <\/i>Era un hombre culto que redactaba las cartas con una escritura elegante y sin faltas de ortograf\u00eda ni de sintaxis. A sus 40 \u00f3 45 a\u00f1os, se hab\u00eda casado en segun\u00addas nupcias con una hermosa joven de 18 a\u00f1os. Con los hijos de su primera esposa, se ma\u00adnifestaba inquieto, dominante y acaparador. Acaso por haber venido a menos, se presen\u00adta como un padre ego\u00edsta que intentaba aprovecharse de sus hijos. A su hijo Pablo, sacer\u00addote pa\u00fal, lo oblig\u00f3, por medio de quejas y lamentos, a salirse de la congregaci\u00f3n, a ins\u00adtalarse de p\u00e1rroco y a pasarle una pensi\u00f3n. Algo parecido, pretend\u00eda de su hija Sor Fran\u00adcisca con visitas y cartas lastimeras. Trajo a Par\u00eds a otra hija viuda e insinu\u00f3 chantajear a Luisa a costa de la permanencia de Sor Francisca para que le buscara un empleo digno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el alma de Luisa, se revolvieron tres sentimientos: por un lado, la pobreza real en que hab\u00edan ca\u00eddo un hermano y una hermana, con tres hijos. Tambi\u00e9n, Luisa lleg\u00f3 a tocar la penuria y estaba familiarizada con la angustia que genera. No pod\u00eda abandonar a esa pobre mujer y prometi\u00f3 a Sor Francisca ayudarla y hacer lo posible por meter a su her\u00admano en los Incurables. Por otro lado, prob\u00f3 como suyos los dolores de Sor Francisca y la consol\u00f3 con expresiones tiernas y espirituales. A todo, se a\u00f1ad\u00edan las exigencias del pa\u00addre pensando \u00fanicamente en \u00e9l. Luisa descubri\u00f3 a la hija el car\u00e1cter inquieto y exagerado del padre para que no le creyera todo. Mientras, intent\u00f3 convencer al se\u00f1or Carcireux que no visitara a su hija, sino que se volviera a Beauvais, donde ten\u00eda parientes pudientes que pod\u00edan colocarlo dignamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En mitad de la calma, a finales de 1650, Luisa llor\u00f3 la muerte de su amiga y secreta\u00adria Sor Isabel Hellot. Tan s\u00f3lo, hab\u00eda vivido en la Compa\u00f1\u00eda cinco arios. Bretona y rica hija de un alto burgu\u00e9s, era instruida y educada. Al poco de ingresar, Luisa la nombr\u00f3 su secretaria y lo fue hasta su muerte. Afectiva y fiel, redact\u00f3 las actas de los Consejos y los apuntes de las conferencias del superior Vicente. Escribi\u00f3 muchas cartas que Luisa tan s\u00f3\u00adlo firmaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Unas pocas, las escribi\u00f3 y firm\u00f3 Sor Isabel en nombre de Luisa. Luisa la llor\u00f3 como una madre. No pod\u00eda olvidar aquellos dos momentos crueles de su vida: cuando su hijo cay\u00f3 enfermo y ella estaba lejos, a cientos de kil\u00f3metros; Sor Isabel fue la encargada de cuidarlo y quien la tranquilizaba con noticias agradables. El otro mo\u00admento hac\u00eda poco tiempo que hab\u00eda sucedido, cuando la Fronda la sorprendi\u00f3 lejos de Par\u00eds. Tambi\u00e9n, esta vez, Sor Isabel fue el enlace entre Luisa y las comunidades de Pa\u00adr\u00eds y su hijo. Luisa sufri\u00f3 la p\u00e9rdida de una amiga y qued\u00f3 desconcertada al quedarse sin la secretaria. Durante m\u00e1s de un a\u00f1o, tuvo que ser secretaria de s\u00ed misma adem\u00e1s de di\u00adrectora de la Compa\u00f1\u00eda. Solamente, aparecen unas pocas cartas escritas por una mano desconocida hasta hoy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Justo un a\u00f1o despu\u00e9s, el 30 de diciembre de 1651, muri\u00f3 a la edad de 75 a\u00f1os la se\u00ad\u00f1ora de Lamoignon, presidenta de las Damas de la Caridad del Gran Hospital de Par\u00eds; es decir, la presidenta de casi todas las obras que llevaban las Hijas de la Caridad en Par\u00eds. Era esposa de uno de los nueve presidentes <i>de bonete redondo <\/i>del Parlamento y madre del primer presidente. Como medio de santidad, hab\u00eda escogido la penitencia, el sacrificio y ayudar a los pobres. El pueblo le dio el nombre de <i>madre de los pobres. <\/i>Da\u00adma de la Caridad desde 1637 y presidenta desde 1643, fue una amiga de Luisa y, sobre todo, un apoyo oportuno en apuros de organizaci\u00f3n y direcci\u00f3n de las obras. Como pre\u00adsidenta, le sucedi\u00f3 la duquesa de Aiguillon, pero Luisa se entend\u00eda mejor con la hija de la anterior presidenta, la se\u00f1orita de Lamoignon.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa de Marillac ten\u00eda a todas las comunidades en sus entra\u00f1as o en su pluma y cada d\u00eda se ocupaba de todas. Por la ma\u00f1ana, escrib\u00eda a una y por la tarde a otra; hoy, se inte\u00adresaba por unas Hermanas y ma\u00f1ana, por otras, porque ayer se hab\u00eda cambiado la situa\u00adci\u00f3n de cualquiera de ellas, como en Chars, a un d\u00eda de Par\u00eds. En el Consejo del 15 de abril de 1651, Luisa explic\u00f3 que \u00abhac\u00eda un a\u00f1o que hab\u00eda fallecido un p\u00e1rroco muy bueno y que se hab\u00eda preocupa\u00addo siempre mucho de nuestras hermanas, que lo veneraban mucho y que ten\u00edan con \u00e9l mucha confianza. Pero el que ocup\u00f3 su lugar, aunque hombre de bien, era, sin embargo, muy r\u00edgido y estaba lleno de las m\u00e1ximas jansenistas y quer\u00eda obligarlas a dar cuenta detallada de su interior y de todas sus acciones, mand\u00e1ndolas que hi\u00adcieran confesiones generales y otras muchas cosas. Y a eso, no pod\u00edan acomodar\u00adse nuestras hermanas, a pesar de que, sin estropear las cosas, con un poco de esp\u00ed\u00adritu de discreci\u00f3n y tolerancia, hubieran podido dejarlo contento. Por el contrario, se han ido agriando tanto las cosas que verdaderamente no podemos menos de qui\u00adtarles la raz\u00f3n a nuestras hermanas, teniendo en cuenta la condici\u00f3n de pastor y to\u00addas las dem\u00e1s cosas\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una de las consejeras era Sor Juliana Loret, parisina, de 28 a\u00f1os. Como en una ence\u00adrrona cari\u00f1osa, por unanimidad, la eligieron, s\u00f3lo por un tiempo, Hermana Sirviente de Chars. Confiaban que solucionara las dificultades. Y Sor Juliana sali\u00f3 inme\u00addiatamente para Chars. Luisa estaba acostumbrada a desprenderse de sus amigas, pero le cost\u00f3 dejar salir a aquella joya. Hab\u00eda entrado en la Compa\u00f1\u00eda hac\u00eda cuatro a\u00f1os. Al a\u00f1o de estar en la Casa, Luisa descubri\u00f3 sus dotes, se descarg\u00f3 de la formaci\u00f3n de las reci\u00e9n venidas y se las entreg\u00f3 a Sor Juliana, de 26 arios de edad y uno de Hija de la Caridad. Ella fue la primera Directora del Seminario. Junto con sor Isabel Hellot, reemplazaba a santa Luisa en sus ausencias. El 24 de abril, ya estaba en Chars, y desde este d\u00eda, comen\u00adz\u00f3 una correspondencia simp\u00e1tica sobre asuntos caseros, como de dos madres de familia o como madre e hija, mejor que como superiora y s\u00fabdita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por la correspondencia, intuimos una Hermana inteligente que, siguiendo los consejos de Luisa, sabe desviar las murmuraciones contra las Hermanas anteriores. Sin ceder en lo necesario, tiene paciencia y se acomoda a las exigencias poco importantes de los nuevos sacerdotes, pero se muestra al mismo tiempo un poco independiente. A pesar del cari\u00f1o que le ten\u00eda Luisa, a Vicente de Pa\u00fal, le inquietaba esa forma de actuar. Varias veces, Lui\u00adsa tuvo que re\u00f1irle y detenerla en su af\u00e1n innovador. No obstante esta independencia, pa\u00adra Luisa era un contento y un descanso escribirle, y le escribi\u00f3 bastante. Las dos mujeres contin\u00faan por carta la confianza que hab\u00edan tenido cuando viv\u00edan en la misma casa. Sor Juliana le encargaba compras caseras de comestibles, ropas, cacharros, etc. y, al mismo tiempo, enviaba peque\u00f1os regalos para las Hermanas que hab\u00edan sido sus compa\u00f1eras. Lui\u00adsa, por su parte, 31 a\u00f1os mayor, se sent\u00eda como una madre: le da consejos para su vida de Dios, para que sea buena administradora y constante animadora de su \u00fanica compa\u00f1era. Le da noticias de la Casa donde ha vivido cinco a\u00f1os; le pide oraciones por ella y por el padre Vicente, y le aconseja que el ganado que tiene la comunidad no le robe el tiempo <b>ni <\/b>lo cr\u00ede con los bienes de los pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luisa confiaba plenamente en las cualidades de Sor Juliana. A los pocos d\u00edas de lle\u00adgar le quit\u00f3 a Sor Margarita Ch\u00e9tif, futura superiora general, y le envi\u00f3 una joven, Mica\u00adela, reci\u00e9n salida del Seminario, a la que hab\u00eda formado Sor Juliana y que sab\u00eda que era enfermiza \u2014muri\u00f3 unos meses m\u00e1s tarde\u2014. Como Superiora general, le ruega a Sor Ju\u00adliana \u00abque la haga darle cuenta de sus oraciones y de la pr\u00e1ctica de sus resoluciones, tam\u00adbi\u00e9n de las faltas que corneta en contra, mostr\u00e1ndole mucha cordialidad cuando se las declare. Tenga cuidado, asimismo, le ruego, de que no se acostumbre, fuera de casa, a faltar a la modestia y al recato que debe tener. Sobre todo, advi\u00e9rtale que, si usted le da alg\u00fan peque\u00f1o disgusto, que se lo diga en confianza, y de la trascen\u00addencia que tiene el hablar a otras personas de todo lo que pasa entre ustedes. Pue\u00adde usted leerle la presente si ve que es necesario\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A la muerte de Sor Micaela, le envi\u00f3 a Sor Felipa Bailly, maravillosa pero inexperta. En varios momentos de la correspondencia, Sor Juliana tuvo que sentir el afecto de la <i>ma\u00addre<\/i><i>: <\/i>un d\u00eda, Sor Juliana, vanidosa o desprendida, regal\u00f3 a las Hermanas de la Casa todas los estampas que hab\u00eda recibido como aguinaldo durante los cinco a\u00f1os. Hay que aclarar loe entonces las estampas eran apreciadas por su valor y por su escasez. Luisa no con\u00adsinti\u00f3 que se privara de aquel caudal. Otro d\u00eda, le cont\u00f3 Luisa que entre las estampas de aquel a\u00f1o encontr\u00f3 una Santa Juliana y la separ\u00f3 del mont\u00f3n para que a nadie le tocara mando las sortearan; que se la guard\u00f3 para ella. Cuando Luisa se enter\u00f3 que Sor Juliana ataba enferma, escribi\u00f3 una frase breve pero conmovedora: \u00abSi estuviera usted en dis\u00adposici\u00f3n de venir por cualquier medio, ya habr\u00edamos pensado en enviar a buscarla\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dicen que la santidad, como el amor, se construye con detalles. Si es as\u00ed, Luisa fue un amor de santa. En las cartas, se dirige tambi\u00e9n a Sor Felipa para que no se sienta poster\u00adgada. A Sor Juliana, le indica que conf\u00ede en su compa\u00f1era y le d\u00e9 labores que la ensalcen. mientras que a Sor Felipa le ruega que le escriba para saber de su vida por ella misma. Sin rodeos, les recuerda a las dos que es costumbre de las Hijas de la Caridad aten\u00adder a los enfermos de las casas y \u00abbuscar la ocasi\u00f3n de servir a los pobres enfermos de los pueblos vecinos\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En 1650, entra en escena Sor Maturina Gu\u00e9rin que dej\u00f3 en la Compa\u00f1\u00eda una impronta imperecedera. Se la puede considerar como la continuadora de Santa Luisa de Marillac, y ocupa, despu\u00e9s de la fundadora, el primer lugar en la historia de las Hijas de la Caridad. Fue providencial la presencia y la direcci\u00f3n de esta Hermana para el afianzamiento de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda y su expansi\u00f3n. Fue superiora general durante 21 a\u00f1os discontinuos, de 1667 a 1697.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Era bretona y hab\u00eda nacido en mayo de 1631. Todav\u00eda muy joven, 17 a\u00f1os, entr\u00f3 en las Hijas de la Caridad. Para asegurar su salud, la destinaron a Liancourt en 1650. Aqu\u00ed, la joven Maturina de 20 a\u00f1os y solamente dos en la Compa\u00f1\u00eda aguant\u00f3 un suplicio de m\u00e1s de cuatro meses. Tambi\u00e9n, Luisa se encontr\u00f3 en medio de la tortura sin quererlo y sin cul\u00adpa de las Hermanas. Fue algo sin conexi\u00f3n con los otros sufrimientos ni con el desarrollo de la Compa\u00f1\u00eda. Surgi\u00f3 de repente entre los padecimientos como un pe\u00f1asco en medio de un arenal. A Luisa, este pe\u00f1asco le dio miedo: acusaban a las tres hermanas de mujeres pervertidas. Ella se enter\u00f3 en verano de 1651, pero las Hermanas de Liancourt ven\u00edan su\u00adfriendo desde hac\u00eda m\u00e1s de cuatro meses. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda pasado? Las cr\u00f3nicas de la Compa\u00ad\u00f1\u00eda acusan a la superiora, que identifican con Sor Juana Pangoy, \u00abllena del esp\u00edritu del mundo \u2014la califican\u2014 y que no ten\u00eda el de su estado y que finalmente se sali\u00f3&#8230; Por sus maneras demasiado libres con los externos&#8230; dio ocasi\u00f3n de calumniarla injustamente en su honor\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La calumnia era terrible: dos j\u00f3venes declararon delante de todos los sacerdotes que frecuentemente hab\u00edan visto entrar por la noche a dos hombres en casa de las Hermanas, aun en d\u00edas de fiesta y domingo y hasta durante la santa misa. Citaron \u00abtal cantidad de particularidades que era casi imposible no creerlos\u00bb. Toda la ciudad las ten\u00eda por \u00abmuje\u00adres de mala vida y se las se\u00f1alaba con el dedo\u00bb. El confesor les neg\u00f3 la absoluci\u00f3n el d\u00eda de San Jos\u00e9 y no les dio la comuni\u00f3n ni el d\u00eda de Pascua. As\u00ed, hasta julio. Cuando la se\u00ad\u00f1orita Le Gras se enter\u00f3, pidi\u00f3 a la se\u00f1ora del lugar, la duquesa de Liancourt, que inves\u00adtigara la verdad. La duquesa hizo una especie de juicio y mand\u00f3 al p\u00e1rroco que se escon\u00addiera para que pudiera escuchar todo sin ser visto. Llam\u00f3 a los dos j\u00f3venes y, ante las pre\u00adguntas de la se\u00f1ora, se \u00abcontradijeron de tal manera\u00bb que terminaron por confesar que to\u00addo fue mentira y calumnia. Se les perdon\u00f3. Con la verdad, un ramalazo de calor entr\u00f3 en el coraz\u00f3n herido de Luisa. Sor Maturina Gu\u00e9rin fue destinada a la Casa como secretaria de Luisa. El 11 de marzo de 1652, ya redact\u00f3 la primera carta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por el mismo tiempo, las Hijas de la Caridad abandonaron el hospital-hospicio de Mon\u00adtreuil-sur-Mer. Es extra\u00f1o que en la correspondencia no aparezca nada sobre la desapari\u00adci\u00f3n de esta comunidad que la hab\u00eda llenado de ilusi\u00f3n, por la confianza que deposit\u00f3 el conde de Lannoy en las Hijas de la Caridad y por la f\u00f3rmula innovadora de colaborar con seglares y con una instituci\u00f3n religiosa, no deja huella de su desaparici\u00f3n. Acaso, el fra\u00adcaso se debi\u00f3 a la muerte de Carlos de Lannoy (1649), que hab\u00eda llamado a las Hijas de la Caridad. Parece que a su muerte, la comunidad que trabajaba a las \u00f3rdenes de las Her\u00admanas y que antes dirigi\u00f3 el hospital, unida a los seglares, se esforzaron por hacer intole\u00adrable a las Hermanas su presencia. El 9 de mayo de 1650, Vicente de Pa\u00fal escribe a la Hermana Sirviente, Sor Ana Hardemont, que deben volver inmediatamente a Par\u00eds, debi\u00addo a la \u00abpoca armon\u00eda que han tenido\u00bb con la \u00abantigua comunidad\u00bb, lo que supone que tampoco hay paz dentro de la casa\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ambiente parisino. \u00a0Los a\u00f1os 1650 y 1651, en cierto modo, fueron tranquilos para la se\u00f1orita Le Gras, pe\u00adro no para la Corte ni los pol\u00edticos. 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