{"id":128648,"date":"2016-09-20T12:00:35","date_gmt":"2016-09-20T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128648"},"modified":"2016-08-06T07:42:36","modified_gmt":"2016-08-06T05:42:36","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-29","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-29\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 29"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXIX: Livornio: El \u00faltimo verano<\/h2>\n<p><i>San Yacopo.\u2014 Siena.\u2014El antignano; Marsella.\u2014Santa Muerte.<\/i><\/p>\n<p>Livornio est\u00e1 a cinco leguas al sur de Pisa. A un cuarto de hora de Livornio se encuentra, a orillas del Mediterr\u00e1neo, dispersa en\u00adtre las rocas, una encantadora aldea llamada San Yacopo: \u00abAll\u00ed \u2014escribe Ozanam\u2014 desde la primera alborada de mayo pudimos creer que hab\u00eda vuelto la primavera y nos instalamos como una parvada de gaviotas. Digo que est\u00e1 a un cuarto de hora de Livor\u00adnio, si se atiene uno al reloj; pero en realidad est\u00e1 a cien leguas, si se mira el paisaje, la tranquilidad del paraje, la pureza del aire. San Yacopo tiene la feliz ocurrencia de dar la espalda a la ciudad mercantil, prosaica, y de abrir sus alegres ventanas sobre el mar, del lado del sur. Ante nosotros, el Mediterr\u00e1neo, con todo el prestigio de sus aguas que cambian a toda hora, alternativa\u00admente resplandecientes bajo el fuego del sol, tornasoladas y cam\u00adbiantes bajo un cielo nublado. Es la inmensidad, pero no es la so\u00adledad. Barcos de vapor, grandes nav\u00edos mercantes, barquitas de pescadores lo animan; y, en lontananza, se descubre la Gorgona, Capraya, la isla de Elba, C\u00f3rcega. Ese hermoso cuadro est\u00e1 en\u00admarcado entre las monta\u00f1as de la Spezia que vemos coronadas de nieve a nuestra derecha y, a la izquierda, el Montenero con su Ma\u00addona donde, todo el mes de mayo, cada pueblo vecino viene en ro\u00admer\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta descripci\u00f3n, Ozanam escribe \u00abMi esposa adora este pa\u00eds; pero ama sobre todo a los pescadores y sus bonitas barcas de velas latinas. Ha hecho el voto de que, si me curo venderemos nuestros libros para comprar un barco e irnos cantando como los italianos a pescar coral en las costas de Sicilia y de Cerde\u00f1a. Por fortuna, no he hecho la misma promesa; prefiero la patria; y creo que la primera vela que me lleve habr\u00e1 de dirigirme hacia Francia, donde tengo prisa de volver a ver tantas personas cuyo recuerdo ha consolado nuestro destierro\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso parecen estas descripciones escritas por la mano de un moribundo?<\/p>\n<p>Apenas se hab\u00eda acercado Ozanam a Livornio cuando, inme\u00addiatamente, desde el primero de mayo, la conferencia de San Vi\u00adcente de Paul vino a suplicarle que presidiera el segundo aniver\u00adsario de su fundaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, se le pidi\u00f3 que hablara. Acept\u00f3 de buena gana pronunciar unas cuantas palabras. Se las ha con\u00adservado y traducido. Es preciso escucharlas, pues fueron las \u00falti-, mas que pronunci\u00f3 en p\u00fablico y son el testamento de su caridad.<\/p>\n<p>\u00abAunque debido a mi quebrantada salud, me est\u00e9n prohibidos los m\u00e1s breves discursos \u2014les dijo\u2014, no puedo, sin embargo, resistir al deseo de dirigiros unas cuantas palabras para expresaros la emoci\u00f3n que experimento al encontrarme en medio de vosotros, amados cofrades en San Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<\/p>\n<p>Luego, pensando en s\u00ed mismo, en un recuerdo a la vez triste y suave, se abandona a la emoci\u00f3n de evocar el pasado, con el pre\u00adsentimiento de su pr\u00f3ximo fin: \u00abCuando le llegan al cristiano los d\u00edas aciagos de su vida \u2014dice\u2014, cuando se encuentra en lucha con graves enfermedades, ha llegado para \u00e9l el momento de volver con el pensamiento hacia los d\u00edas pasados, de evocar el recuerdo del bien y del mal que ha hecho: del mal para arrepentirse y castigar\u00adse; del bien para sacar motivos de consuelo y de alivio, en la aflic\u00adci\u00f3n presente. Hoy hago la experiencia de ello, y mi palabra no logra evocar los consuelos que los recuerdos de los primeros a\u00f1os de mi juventud derraman en mi alma, sobre todo ahora que no s\u00e9 si Dios me conceder\u00e1 mucho tiempo todav\u00eda la alegr\u00eda de ver el bien, que hace nuestra querida Sociedad de San Vicente de Paul\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam felicita a la Conferencia de Livornio por los progresos que ha hecho en dos a\u00f1os de existencia. Como la propia Sociedad en otros tiempos, naci\u00f3 en el mes de las flores, mes consagrado a Mar\u00eda, nuestra especial protectora. No const\u00f3 sino de ocho miem\u00adbros; es un rasgo de familia que posee en com\u00fan con la incipiente Sociedad. Ozanam sabe que el obst\u00e1culo a su acrecentamiento es la divisi\u00f3n entre los partidos pol\u00edticos: \u00abNo deber\u00eda existir tal cosa en estas ciudades de Italia que, anta\u00f1o desgarradas por las faccio\u00adnes, vieron a un Padre Juan Vicencio, a un San Bernardino de Sie\u00adna arrojarse, con el crucifijo en la mano, entre los combatientes, para reconciliarlos\u00bb. Luego alude al odio de clases: \u00abA vosotros, pues, queridos cofrades, os incumbe interponeros entre los ricos y los pobres en nombre de jesucristo, Dios de los pobres y de los ricos, el m\u00e1s grande de los ricos puesto que lo es por naturaleza, el m\u00e1s santo de los pobres, puesto que lo es por su libre elecci\u00f3n de amor\u00bb.<\/p>\n<p>Todo es, pues, vigor y gracia en la palabra de Ozanam, como en la descripci\u00f3n que antes citamos. Es el fen\u00f3meno de la vida ascen\u00addente y el \u00faltimo flujo de la savia de oto\u00f1o en la extremidad de las ramas de aquellas que miran al cielo.<\/p>\n<p>La misma caridad de San Vicente de Paul lo impuls\u00f3 a escri\u00adbir en aquellos mismos d\u00edas, el 5 de mayo, una carta delicada y bondadosa a uno de sus m\u00e1s interesantes asistidos,de Par\u00eds, el se\u00ad\u00f1or Jerusal\u00e9my, jud\u00edo convertido a costa de valientes sacrifi\u00adcios, recomendando a la sociedad por las Conferencias de Roma y de Constantinopla. Ozanam felicita sobre todo a este hombre, con gran complacencia, por ser de raza jud\u00eda, la raza santa de otros tiempos: \u00ab\u00a1Ah! amigo m\u00edo, cuando se tiene la felicidad de ha\u00adberse convertido al cristianismo, es un gran honor haber nacido israelita y sentirse hijo de esos patriarcas y. de esos profetas cu\u00adyas palabras son tan bellas, que la Iglesia nada ha encontrado m\u00e1s bello para poner en boca de sus hijos. Sepa usted que, du\u00adrante largas semanas de languidez, los salmos de David casi no han salido de mis manos. \u00bfEl propio Salvador no gust\u00f3 de que Le llamaran Hijo de David? Yo mismo, como ellos, Le grito a menudo en mi enfermedad: \u00a1Hijo de David, ten misericordia de m\u00ed! Adem\u00e1s, no s\u00e9 si se lo he dicho a usted, pero mi hermano Car\u00adlos le contar\u00e1 que nosotros tambi\u00e9n creemos ser de origen israe\u00adlita; es un lazo m\u00e1s entre usted y nosotros; y debe comprender mejor por qu\u00e9 nosotros, hermanos, nos asociaremos con cari\u00f1oso inter\u00e9s a todo lo que le concierne a usted. Pienso que Carlos lo ha\u00adbr\u00e1 presentado en una Conferencia de San Vicente de Paul. Me agradar\u00eda saber que estamos unidos de este modo. No se canse de quererme, mi querido Jerusal\u00e9my, y de rezar por su devoto ami\u00adgo\u00bb. Es imposible ser m\u00e1s perfectamente bueno.<\/p>\n<p>La feliz influencia del mar en la salud de Ozanam no tard\u00f3 en hacerse sentir, como lo hab\u00eda experimentado anteriormente en Dieppe y Biarritz. Al recobrar algunas fuerzas, trat\u00f3 de reanudar su trabajo literario. En San Yacopo, emprendi\u00f3, acaso por d\u00e9cima vez, la redacci\u00f3n final de su viaje a Burgos, su odisea de tres d\u00edas. \u00ab\u00a1Ah! \u2014exclamaba a veces\u2014 \u00bfpor qu\u00e9 este San Jacopo de Livornio no es Santiago de Compostela?\u00bb Escrib\u00eda lentamente, sua\u00advemente, sin dilaci\u00f3n, sobre la misma mesa en que tomaba sus lecciones su hija Mar\u00eda. Cuando hab\u00eda terminado una p\u00e1gina, se la le\u00eda a su mujer y ambos experimentaban una dulce alegr\u00eda al ver la expresi\u00f3n atenta de la ni\u00f1a que, tambi\u00e9n ella, recordaba.<\/p>\n<p>En aquel mismo tiempo, mayo-junio de 1853, los <i>Poetas fran\u00adciscanos <\/i>abrieron a Ozanam las puertas de la Academia florentina de <i>la Crusca <\/i>(la Criba), en la que fue recibido en la misma sesi\u00f3n que Cesare Balbo, el ilustre autor de las <i>Esperanzas de Ita\u00adlia. <\/i>Era ya miembro correspondiente de la Academia Tiberina de Roma, desde 1841; miembro de la Academia de los Arcos, des\u00adde 1844. En otros pa\u00edses, era miembro de la Real Academia de Baviera, desde 1847; y en su patria, miembro de la Academia de Lyon desde el primero de enero de 1848. Mas nada parece ha\u00adberle sido m\u00e1s sensible que la afiliaci\u00f3n a la Orden de San Fran\u00adcisco, cuyo diploma le fue entregado en San Yacopo, con el se\u00adllo del Generak de la Orden. \u00abMe coloca entre los bienhechores de la familia franciscana \u2014escribe el 22 de junio\u2014 y me asocia a los m\u00e9ritos de los Hermanos Menores que trabajan y rezan en el mundo entero; es el m\u00e1s conmovedor de todos mis t\u00edtulos\u00bb.<\/p>\n<p>En cambio, en aquel mismo tiempo y en la misma carta, de\u00adclaraba renunciar definitivamente \u00e0 la Academia de Inscripcio\u00adnes y Bellas Letras, a la que los amigos lo declaraban preparado y designado. Respondi\u00f3 al se\u00f1or Amp\u00e8re: \u00abEn este momento tan solemne en que las cuestiones de mi porvenir dependen de la gran cuesti\u00f3n de mi salud, cuando pido a Dios que me deje vivir para mi mujer y mi hija \u00bfno habr\u00eda cierta temeridad en pedir lo su\u00adperfluo, para satisfacer el amor propio literario?\u00bb<\/p>\n<p>Dos meses \u00abde trato con el mar\u00bb hab\u00edan pasado as\u00ed, y Ozanam pudo escribir, agradecido: \u00abTuve el gusto de recobrar poco a po\u00adco la facilidad de vivir. Emprendo sin cansancio largos paseos; pa\u00adso las ma\u00f1anas entre los escollos contemplando las olas de las que conozco ahora todos los juegos. Las fuerzas vuelven despacio, co\u00admo era de esperarse despu\u00e9s de tan larga crisis. De seguro si julio y agosto, que tienen fama de ser grandes m\u00e9dicos, se sirven tratar\u00adme bien, estar\u00e9 curado este oto\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente de esta carta, el 23 de junio, era el doceavoaa:ni versario de su matrimonio. Sentado frente al mar en que a trechos aparec\u00edan velas, Ozanam escribi\u00f3 para su mujer los siguientes versos de una gracia tan pura y tan tierna, inspirados por la fe, la es\u00adperanza y el amor, esas tres musas cristianas:<\/p>\n<p>Sobre el escollo de San Yacopo, el 23 de junio de 1853.<\/p>\n<p><i>Sur un \u00e9cueil lointain, notre nef \u00e9chou\u00e9e<br \/>\nAttend le flot sauveur qui la ram\u00e8ne au port;<br \/>\nEt la Madone, \u00e0 qui la barque fut vou\u00e9e,<br \/>\nSemble sourde \u00e0 nos voeux; et l&#8217;Enfant J\u00e9sus dort!<\/i><\/p>\n<p><i>Pourtant voici douze ans, sous ce doux patronage<br \/>\nNous partions, pleins d&#8217;espoir; des fleurs ornaient ton front;<br \/>\nEt bient\u00f4t, pour charmer, pour b\u00e9nir le voyage,<br \/>\nA la poupe s&#8217;assit un petit ange blond.<\/i><\/p>\n<p><i>Depuis ce temps, le ciel s&#8217;est noirci sur nos t\u00eates,<br \/>\nLes vents ont ballott\u00e9 notre esquif nuit et jour.<br \/>\nMais foui n&#8217;avons pas vu si cruelles temp\u00eates<br \/>\nNi si rudes climats o\u00f9 s&#8217;eteignit l&#8217;amour.<\/i><\/p>\n<p><i>Non, non, je ne veux plus craindre sous votre garde,<br \/>\nCompagne de l&#8217;exil que Dieu me pr\u00e9para!<br \/>\nD\u00e9j\u00e0 d&#8217;un oeil cl\u00e9ment la Vierge nous regarde&#8230;<br \/>\nTout \u00e0 l&#8217;heure l&#8217;Enfant J\u00e9sus s&#8217;\u00e9veillera.<\/i><\/p>\n<p><i>Et sa main nous poussant vers une mer calm\u00e9e,<br \/>\nSans peur et sans effort nous toucherons enfin<br \/>\nAu bord o\u00f9 nos amis, foule ardente et charm\u00e9e,<br \/>\nSignalent notre voile et nous tendent la main.<\/i><span id='easy-footnote-1-128648' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-29\/#easy-footnote-bottom-1-128648' title='&lt;i&gt;Sobre un lejano escollo, nuestra nave varada&lt;br \/&gt;\nespera una ola buena que ala lleve hasta el puerto,&lt;br \/&gt;\ny la Madona a quien la barca es consagrada&lt;br \/&gt;\nno escucha nuestros ruegos y duerme el Ni\u00f1o Dios.&lt;\/i&gt;&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;No obstante hace doce a\u00f1os, bajo su patrocinio,&lt;br \/&gt;\npartimos, animosos, con flores en la frente;&lt;br \/&gt;\nluego, para encantar y bendecir el viaje&lt;br \/&gt;\nse reclin\u00f3 en la popa un angelito rubio.&lt;\/i&gt;&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;Desde entonces, el cielo se ha cubierto de nubes,&lt;br \/&gt;\nlos vientos procelosos persiguen nuestra barca;&lt;br \/&gt;\npero nunca hemos visto vendavales tan crueles&lt;br \/&gt;\nni tormentas que basten a apagar el amor.&lt;\/i&gt;&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;Ya no quiero temer mientras me des tu guardia,&lt;br \/&gt;\ncompa\u00f1era de exilio, \u00a1que Dios me depar\u00f3!&lt;br \/&gt;\nYa con ojos clementes la Virgen nos contempla,&lt;br \/&gt;\nya pronto el Ni\u00f1o Dios habr\u00e1 de despertar.&lt;\/i&gt;&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;&lt;i&gt;Nos llevar\u00e1 su mano hacia una mar calmada,&lt;br \/&gt;\nsin miedo y sin esfuerzo tocaremos por fin&lt;br \/&gt;\nlas costas en que ansiosa una turba de amigos,&lt;br \/&gt;\nsaluda nuestra vela y nos tiende la mano.&lt;\/i&gt;'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La casa de San Yacopo no pod\u00eda dar abrigo a sus hu\u00e9spedes sino hasta fines de junio. Se convino, pues, con los m\u00e9dicos que Oza\u00adnam, como la gente elegante de Florencia, Pisa, Siena y Livornio, ir\u00eda a pasar los meses de julio y agosto en el Antignano, bonita al\u00addea situada al pie de Montenero: \u00abVolvemos a ser italianos por espacio de dos meses. All\u00ed, mi peque\u00f1a Mar\u00eda tomar\u00e1 ba\u00f1os y yo respirar\u00e9 buen aire. Tendr\u00e9 la amable compa\u00f1\u00eda del profesor Fe\u00adrrucci, y por su conducto los libros de la biblioteca de Pisa, mi pro\u00adveedora de este invierno. Mi esposa y mi hija tampoco estar\u00e1n so\u00adlas. Y si Dios permite que siga progresando mi curaci\u00f3n, podre\u00admos pasar all\u00ed felices momentos. No nos faltar\u00e1 el recuerdo de los ausentes, pero esta vez lo alegrar\u00e1 la esperanza de volver a ver\u00adlos\u00bb.<\/p>\n<p>Como el Antignano no pod\u00eda recibir a Ozanam sino hasta me\u00addiados de julio, dedic\u00f3 los quince primeros d\u00edas de ese mes a lo que llama \u00absu visita pastoral\u00bb a las Conferencias de la regi\u00f3n, Flo\u00adrencia, Pontedera, Prato, etc., de la que envi\u00f3 una rese\u00f1a a Par\u00eds. No resistimos al placer de copiar el retrato del modesto artesano que presid\u00eda la Conferencia de Pontedera. \u00abPontedera es una gran villa de cinco a seis mil almas&#8230; No hay que buscar all\u00ed muchos nobles y sabios, <i>non multi nobiles, non multi sapientes; <\/i>pero tene\u00admos en ella al cofrade B&#8230; y en \u00e9l a uno de los presidentes m\u00e1s capaces y curiosos que conozco. El cofrade B&#8230; es afilador, pero no afilador ambulante; posee una tienda bien provista y, los d\u00edas de mercado, afila guada\u00f1as, hoces y podaderas de los campesinos. Mas en las horas libres \u2014y los italianos siempre las tienen\u2014 el co\u00adfrade B&#8230; ha le\u00eddo mucho; estudia su religi\u00f3n en la vida y en las obras de los santos. En sus pl\u00e1ticas con los m\u00e1s bellos genios del cristianismo, ha adquirido en primer lugar una s\u00f3lida instrucci\u00f3n, luego una singular elevaci\u00f3n de sentimiento, un lenguaje,encanta\u00addor, acompa\u00f1ado de modales naturalmente amables y delicados. Vino a visitarme vestido de obrero; pero a los cinco minutos de conversar con \u00e9l, reconoc\u00ed a un hombre superior, infinitamente m\u00e1s interesante que la gente distinguida que llena los salones. En unas cuantas palabras, me permiti\u00f3, no digo conocer, sino ver con los ojos la peque\u00f1a Conferencia de Pontedera, sus obras, sus dificul\u00adtades, sus esperanzas, todo ello con una sencillez, un tacto, una exactitud de expresi\u00f3n que me encantaron el esp\u00edritu, en tanto que su exquisita pronunciaci\u00f3n toscana me encantaba el o\u00eddo\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam no se consolaba de que Siena no tuviera conferencia, tanto m\u00e1s cuanto que en aquella \u00e9poca la mitad de la Universidad de Pisa se hab\u00eda trasladado all\u00ed, atrayendo a un gran n\u00famero de j\u00f3venes estudiantes. Ozanam quiso visitar la ciudad. Y como se le objetaba que el viaje resultar\u00eda cansado: \u00abPuesto que Dios me de\u00advuelve mis fuerzas \u2014respondi\u00f3&#8211;, debo emplearlas para su servi\u00adcio\u00bb.<\/p>\n<p>All\u00ed lo esperaba, a \u00e9l y a su familia, la hospitalaria acogida del Reverendo Padre Pendola, el hombre m\u00e1s estimado de la ciudad. Maestro general del instituto de sordomudos de Toscana, direc\u00adtor del colegio de los Tolomei, una de las m\u00e1s grandes escuelas ita\u00adlianas, profesor en la Universidad, pareci\u00f3, sin embargo, \u00e9l que te\u00adn\u00eda que ocuparse de tanta gente, no vivir, durante cuatro d\u00edas, sino para esos cinco forasteros, la esposa, el enfermo, la ni\u00f1a, la cria\u00adda, el conductor, que se hab\u00edan instalado en esa casa donde todo estaba preparado para recibirlos y donde todo se les dio con pro\u00addigalidad. \u00abAs\u00ed pues \u2014le escrib\u00eda m\u00e1s tarde Ozanam\u2014 s\u00f3lo tuvi\u00admos que dejarnos vivir en esa bienaventurada Siena, donde cuen\u00adtan que tantos santos fueron servidos por \u00e1ngeles. No somos san\u00adtos; pero de seguro un buen \u00e1ngel nos sirvi\u00f3. En fin, nos vamos cargados de regalos y recuerdos: yo, con su volumen de <i>La Liga lombarda <\/i>y sobre todo con el retrato de usted. Amelia con Santa Catalina; y mi peque\u00f1a Mar\u00eda con tantas cosas, que m\u00e1s hubiera valido llevarse la torre del palacio de la comuna\u00bb.<\/p>\n<p>Mas la \u00fanica cosa ante la cual desaparec\u00edan las dem\u00e1s, el objeto \u00fanico de ese viaje, la anhelada fundaci\u00f3n de una Conferencia de Sari Vicente de Paul, no la hab\u00eda logrado. Despu\u00e9s de cuatro d\u00edas de tr\u00e1mites para sentar sus bases, a pesar de una \u00faltima entrevista en que insisti\u00f3 en su prop\u00f3sito con el Padre y algunos personajes influyentes, la respuesta fue que jam\u00e1s convencer\u00eda a los j\u00f3venes de la nobleza toscana para que visitaran a los pobres. Ozanam se fue, pues, con el coraz\u00f3n traspasado. S\u00f3lo la esperanza de hacer ese bien lo hab\u00eda alentado y le hab\u00eda permitido resistir semejante cansancio: se hab\u00eda frustrado su viaje. Al regresar a su casa des\u00adalentado, se le o\u00eda decir con los ojos anegados en l\u00e1grimas: \u00abDios ya no bendice mis esfuerzos. Acaso ya no quiere que lo sirva\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, el Padre Pendola, a quien llamaba tambi\u00e9n \u00absu tierno amigo\u00bb, no hab\u00eda pronunciado su \u00faltima palabra. Quince d\u00edas despu\u00e9s de su regreso al Aritignano, como no recibiera con\u00adtestaci\u00f3n, Ozanam se resolvi\u00f3 a acudir por vez postrera a ese ge\u00adneroso coraz\u00f3n. Escribi\u00f3. Las \u00faltimas l\u00edneas de su carta, ardiendo en la caridad de Jesucristo, no tienen su igual, seg\u00fan creemos, en todas las que brotaron de ese coraz\u00f3n de . fuego, que, estaba ya tan cerca de helarse. \u00abMi Reverendo Padre y tierno amigo. Estaba de\u00admasiado alegre al ver la buena semilla de San Vicente de Paul ger\u00adminar y fructificar en vuestra tierra de Toscana; pero sobre todo la he visto hacer tanto bien, sostener en la virtud a un n\u00famero tan grande de j\u00f3venes, encender en un n\u00famero m\u00e1s peque\u00f1o un celo tan maravilloso. Tenemos Conferencias en Quebec y en M\u00e9xico. Las tenemos en Jerusal\u00e9n. Estoy plenamente seguro de que tenemos una Conferencia en el Para\u00edso, pues m\u00e1s de mil de los nuestros, des\u00adde hace veinte a\u00f1os que existimos, han tomado el camino de una vi\u00adda mejor. \u00bfC\u00f3mo no tendr\u00edamos una conferencia en Siena a quien llamaban <i>la Antesala del Para\u00edso? \u00bfC\u00f3mo, <\/i>en la ciudad de la San\u00adt\u00edsima Virgen, no ver\u00edamos prosperar una obra que tiene a la. San\u00adt\u00edsima Virgen de primera patrona? Y sobre todo \u00bfc\u00f3mo no ha\u00adbr\u00edamos de tener \u00e9xito en el colegio de los Tolomei en donde nues\u00adtro joven v\u00e1stago, creciendo bajo vuestra mano en la sombra, no correr\u00e1 el peligro de una prematura publicidad?<\/p>\n<p>\u00abTen\u00e9is ni\u00f1os ricos. \u00a1Oh padre m\u00edo, cu\u00e1n \u00fatil lecci\u00f3n para for\u00adtalecer a los corazones blandos es el saludable espect\u00e1culo de mos\u00adtrarles a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, no s\u00f3lo en las im\u00e1genes pinta\u00addas por los grandes maestros y en altares resplandecientes de oro y de luz, sino en la persona y el sufrimiento de los pobres! A me\u00adnudo hemos hablado de la debilidad, de la nulidad de los hom\u00adbres, aun cristianos, en la nobleza de Francia y de Italia. Estoy se\u00adguro de que son as\u00ed porque algo falt\u00f3 a su educaci\u00f3n. Hay una cosa que no les ense\u00f1aron, una cosa que s\u00f3lo de nombre conocen y que es preciso haber visto sufrir a los dem\u00e1s para aprender a su\u00adfrirla uno mismo, cuando venga, tarde o temprano. Esa cosa es el dolor, es la privaci\u00f3n, es la necesidad&#8230; Es preciso que esos j\u00f3ve\u00adnes patricios sepan lo que es el hambre, la sed, la miseria de un desv\u00e1n. Es preciso que vean a seres miserables, ni\u00f1os enfermos, ni\u00ad\u00f1os llorando. Es preciso que los vean y los amen. Pues ese espec\u00adt\u00e1culo despertar\u00e1 alg\u00fan latido en su coraz\u00f3n, a falta de lo cual es\u00adta generaci\u00f3n est\u00e1 perdida. Pero nunca debe creerse en la muer\u00adte de una joven alma cristiana. No est\u00e1 muerta: \u00a1est\u00e1 dormida!\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto, Ozanam se ocupa de los medios y arbitrios de la obra. Env\u00eda \u00aba su querido y respetable amigo\u00bb el Bolet\u00edn de la Sociedad, una instrucci\u00f3n para la formaci\u00f3n de las Conferencias de los colegios, la adaptaci\u00f3n del reglamento a su condici\u00f3n especial, la visita de los pobres por peque\u00f1os grupos, acompa\u00f1ados de un maestro, etc. \u00abDe todas sus buenas acciones, una parte vendr\u00e1 a a\u00f1adirse a la corona que Dios prepara al Padre Pendola; pero que le dar\u00e1, espero, lo m\u00e1s tarde posible\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, Ozanam se disculpa de predicar al cura: \u00abNo, Padre m\u00edo, no vengo a predicarle; es su ejemplo, su conversaci\u00f3n, su caridad lo que me predica, lo que me dice que tenga confianza en usted y ponga esta obra en sus manos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta carta lleva la fecha del 19 de julio, fiesta de San Vicente de Paul. No se hizo esperar la respuesta. Al d\u00eda siguiente, Ozanam recib\u00eda estas tres l\u00edneas, breves como un telegrama ; era un bolet\u00edn de victoria: \u00abQuerido amigo m\u00edo, he fundado dos Conferencias, una eh, mi colegio, otra en la ciudad, el d\u00eda mismo de las fiestas de San Vicente de Paul\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda, en Par\u00eds, y en la misma fiesta de San Vicente de Paul, en la asamblea general anual de la Sociedad, el vicepre\u00adsidente, Se\u00f1or Cornudet, encargado de tomar la palabra, pidi\u00f3 que lo dejaran sustituir su discurso con la lectura de una carta que aca\u00adbaba de recibir de Ozanam, su colega. \u00abEsta carta \u2014dijo&#8211; con\u00adtiene los detalles m\u00e1s interesantes y edificantes sobre cierto n\u00fa- mero de Conferencias de Italia que nuestro querido vicepresiden\u00adte tuvo la dicha de visitar hace poco\u00bb. Todos escucharon conmo\u00advidos.<\/p>\n<p>La carta termina as\u00ed: \u00abLejos de encontrar en estos -acrecenta- mientos un motivo de orgullo, mis queridos Cofrades, nos parece que nos brindan una oportunidad de ser humildes. El c\u00e9sped de los campos se propaga r\u00e1pidamente; nunca deja, sin embargo, de ser peque\u00f1o; y porque cubre mucha tierra, no dice: `Soy un ro\u00adble&#8217;. Nosotros tambi\u00e9n, al volvernos numerosos, seguiremos siendo peque\u00f1os y d\u00e9biles; y no pensaremos en compararnos a las institu\u00adciones que Dios ha hecho crecer en la Iglesia como grandes \u00e1rbo\u00adles, para dar sombra y frutos. Seamos humildes. Advierto constan\u00adtemente, en Italia como en Francia, que nuestras Conferencias aca\u00adban por vencer las prevenciones y las dificultades. Todo el mundo se arma contra una obra nueva que anuncia grandes prop\u00f3sitos; pero \u00bfqu\u00e9 mal puede desearse a hombres oscuros que no tienen otra pretensi\u00f3n que la de llevar un poco de pan y de consuelo a unos cuantos tugurios? Dios nos conserve siempre en esta sencillez de nuestros principios; por este rasgo San Vicente de Paul nos re\u00adconocer\u00e1 como sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>\u00abAdi\u00f3s, Se\u00f1ores y queridos Cofrades; me encomiendo a vues\u00adtras oraciones que mucho necesito\u00bb.<\/p>\n<p>Recu\u00e9rdese que, al servicio de su obra de verdad, en su \u00faltima lecci\u00f3n de la Sorbona, Ozanam hab\u00eda venido a inmolar, jadeante, sus \u00faltimas fuerzas: \u00ab\u00a1En cuanto a m\u00ed, Se\u00f1ores, si muero, ser\u00e1 a vuestro servicio!&#8230;\u00bb Asimismo, ahora, al servicio de su obra de caridad en Livornio, en Siena, viene a exhalar, moribundo, esos postreros sonidos de sus labios. \u00ab\u00a1Sacrificarse hasta el martirio!\u00bb hab\u00eda escrito el joven ap\u00f3stol, a los veinte a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>Antignano dio todav\u00eda al enfermo algunos buenos d\u00edas. Hasta fines de julio, todav\u00eda pudo Ozanam ir a pasear todas las tardes a orillas del mar, sentarse en las rocas, contemplar el paisaje, des\u00adcansar, respirar. Todas las ma\u00f1anas iba a pasos lentos a o\u00edr misa en una vecina iglesia. Era una pobre iglesia, construida en la mu\u00adralla fortificada que anta\u00f1o la hab\u00eda protegido contra las incur\u00adsiones de los sarracenos, terribles devastadores de esa hermosa ri\u00adbera.<\/p>\n<p>A\u00fan pudo escribir, cuando menos algunas cartas. La imagen de Lyon, su querida ciudad de Lyon, de sus amigos de Lyon, sus amigos m\u00e1s antiguos, lo obsesionaba como un pesar y tambi\u00e9n co\u00admo un reproche: el de su largo silencio. Les dirigi\u00f3 a todos, en la persona de uno de ellos, el se\u00f1or Pr\u00f3spero Dugas<span id='easy-footnote-2-128648' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-29\/#easy-footnote-bottom-2-128648' title='Ve\u00e1se PR\u00d3SPERO DUGAS, &lt;i&gt;Vie et Souvenirs, &lt;\/i&gt;cap\u00edtulo 11, pp. 32-33, edici\u00f3n Oudin Fr\u00e8res, 1878.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>, este recuerdo que todav\u00eda no quer\u00eda ser un adi\u00f3s:<\/p>\n<p>\u00abQuerido amigo, hace mucho que no he dado se\u00f1al de vida a mis amigos de Lyon; y sin embargo, no me ha faltado tiempo para pensar en ellos. Dios, a quien es preciso bendecir siempre, me ha concedido ocios forzados al condenarme desde hace un a\u00f1o a abandonar mi casa, mis ocupaciones, mis costumbres. Tuve que aprender a romper l\u00e0 mitad de los lazos que atan al hombre a la tierra y he vivido errante, buscando la salud, pidi\u00e9ndola a las aguas bienhechoras de las monta\u00f1as, al aire del mar, al cielo de Italia.<\/p>\n<p>\u00abMuchos de los que me quieren en Lyon, o mejor dicho, todos me han acompa\u00f1ado con su solicitud en este destierro; os hab\u00e9is preo\u00adcupado por mi salud; me hab\u00e9is socorrido con vuestras oraciones. Lo digo con fe: mucho he debido a las oraciones de la amistad, a los santos sacrificios ofrecidos por santos sacerdotes. Les atribuyo en primer lugar los consuelos infinitos que Dios se ha servido mezclar a mis amarguras. Al mismo tiempo que me enviaba en Pisa una te\u00adrrible reca\u00edda, me prodigaba en esa misma ciudad los m\u00e1s tier\u00adnos cuidados; llamaba en torno m\u00edo los afectos inesperados de varias personas para quienes era yo la v\u00edspera un extra\u00f1o y que, en el momento de la aflicci\u00f3n, ya no ve\u00edan en m\u00ed sino a un hermano.<\/p>\n<p>\u00abEn fin, puedo esperar que tantos deseos hayan violentado al cie\u00adlo; y empiezo a encontrarme en v\u00edas de una&#8217; curaci\u00f3n mucho tiem\u00adpo improbable. La bella estaci\u00f3n y el aire del mar me han hecho mucho bien.<\/p>\n<p>\u00abSin embargo, la decisi\u00f3n de los m\u00e9dicos me encadena toda\u00adv\u00eda a los lugares en que experiment\u00e9 los primeros s\u00edntomas de res\u00adtablecimiento. Estoy seguro de que se negar\u00eda usted a compadecer\u00adme al ver estas encantadoras colinas en que respiro las brisas del Mediterr\u00e1neo, rodeado de mi peque\u00f1a pero amada familia, a los pies de la Virgen de Montenero que vela, como en Fourvi\u00e8re, so\u00adbre una gran ciudad cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>\u00abY sin embargo, queridos amigos, dar\u00eda todos los esplendores de este horizonte italiano, todos los perfumes de esta vegetaci\u00f3n del Sur, todo el encanto de esta hermosa lengua que oigo hablar con tanto placer, los dar\u00eda todos por regresar a mi humilde casa, por volver a ver el arroyo de mi calle, la escalera de mi tercer piso, los libros de mi biblioteca y con mayor raz\u00f3n a\u00fan por abrazar a mis amigos de Lyon\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00faltima carta a Francia va dirigida al se\u00f1or Eugenio Rendu que le hab\u00eda anunciado anteriormente su matrimonio. Menos de dos meses antes de su muerte le responde, en julio de 1853, y se sorprende uno al leer palabras tan risue\u00f1as y al ver una imagina\u00adci\u00f3n tan lozana: \u00abSu amable carta nos lleg\u00f3 cerca de Florencia, la ciudad de las flores: era el lugar adecuado para recibir un mensa\u00adje tan bonito. Mas ( por qu\u00e9 no lleg\u00f3 bajo el ala de una blanca paloma? Est\u00e1bamos entonces, la se\u00f1ora Ozanam y yo, en la terra\u00adza de la peque\u00f1a casa de campo de mi primo, abajo de San Mi\u00adniato, teniendo a nuestros pies toda esa ciudad de m\u00e1rmol en una canasta de follaje\u00bb. Ozanam responde ahora \u00absobre, una mesa per\u00adfumada con ramos de mirto, blancos con una nieve de flores que siento no poder enviar a la desposada que las llevar\u00eda con tan\u00adta gracia&#8230; Pero este s\u00edmbolo ser\u00eda demasiado profano para cris\u00adtianos\u00bb. Ozanam felicita por su cristiano matrimonio al amigo cu\u00adya virtuosa juventud mereci\u00f3 la elecci\u00f3n que Dios hizo para \u00e9l de una esposa cuya compa\u00f1\u00eda har\u00e1 el honor y la dicha de su destino. \u00abSemejantes encuentros no son comunes, y s\u00f3lo quienes conocen su dulzura tienen derecho de hablar de ellos. Por eso os felicito, que\u00adrido amigo; y me alegro ya como de un feliz presagio de ese nombre de Amelia que dar\u00e1 usted a su compa\u00f1era. \u00bfFue tambi\u00e9n nuestro ejemplo el que le hizo elegir el d\u00eda 23 para su boda&#8217;? El 23 es afor\u00adtunado&#8230; Los deseos de sus amigos, los m\u00e9ritos de vuestros pa\u00addres os tejen una corona que nunca se marchitar\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p><i>La Peregrinaci\u00f3n al Pa\u00eds del Cid <\/i>lleg\u00f3 a su t\u00e9rmino en esa ciu\u00addad; pero \u00a1cu\u00e1n laborioso! Ozanam apenas pod\u00eda escribir tres l\u00ed\u00adneas sin tener que descansar en un canap\u00e9. Ya no recib\u00eda sino a raros amigos, como los Ferrucci que dio a conocer en Francia la conmovedora rese\u00f1a del padre Perreyve sobre la joven Rosa Ferru\u00adcci, su hija. Notabilidades del pa\u00eds o de otras partes solicitaban sin embargo el honor de entrar en relaciones con el ilustre franc\u00e9s. Agradecido por sus bondades, Ozanam rechazaba sus homenajes. Un d\u00eda que se hab\u00eda disculpado, vali\u00e9ndose de su debilidad, de recibir a un gran personaje principesco que hab\u00eda llegado con gran boato, se present\u00f3 en la noche un pobre joven de Cerde\u00f1a, que ven\u00eda a pie de Livornio, cubierto de polvo, con el fin de pedir\u00adle unos informes \u00fatiles para la fundaci\u00f3n de una Conferencia en su isla. El enfermo lo recibi\u00f3 con alegr\u00eda, y haciendo acopio de fuerzas, lo retuvo dos horas.<\/p>\n<p>Dos j\u00f3venes miembros de la Conferencia de Livornio, los her\u00admanos Bevilacqua, presa de un verdadero cari\u00f1o, ellos y su fami\u00adlia, por ese grande y santo amigo, le dedicaron todos sus instantes libres, sin escatimarlos. Era en el polvoriento camino que va de Livornio a Antignano un perpetuo servicio de finas atenciones, de exquisitos cuidados, de amables sorpresas. Un d\u00eda, recibi\u00f3 el en\u00adfermo un cargamento de sus flores preferidas; otro d\u00eda, d\u00eda de gran fiebre, una provisi\u00f3n de hielo; luego, otra al amanecer del d\u00eda si\u00adguiente. Cuando el mal se volvi\u00f3 m\u00e1s alarmante, sin que lo supie\u00adra el enfermo, los dos hermanos pasaron la noche en una casa veci\u00adna y cuando una luz en la ventana de enfrente les anunci\u00f3 una cri\u00adsis, vinieron a ponerse a las \u00f3rdenes de la esposa y al servicio del esposo.<\/p>\n<p>Los pescadores y los campesinos, a su vez, se hab\u00edan sentido con\u00adquistados por el \u00abpiadoso extranjero\u00bb, como lo llamaban, y le lle\u00advaban sus peque\u00f1as d\u00e1divas de tierra \u00f3 de mar, con esas dulces pa\u00adlabras de amistad y conmiseraci\u00f3n de las que posee el secreto la lengua italiana. Ozanam se las devolv\u00eda con gran cortes\u00eda.<\/p>\n<p>Toda esta solicitud afectuosa, lo mismo que la de su m\u00e9dico, de su confesor, superior de los Lazaristas de. Livornio, lo confund\u00edan de gratitud. Volvi\u00f3 a abrir su testamento para depositar en \u00e9l sus nombres y su agradecimiento: \u00abAntignano, 8 de agosto: A\u00f1ado aqu\u00ed las m\u00e1s tiernas gracias a los hermanos Bevilacqua, al se\u00f1or doctor Prato y al Reverendo se\u00f1or Massucco, que me han colmado con su amistad. S\u00f3lo Dios puede recompensarlos dignamente\u00bb.<\/p>\n<p>Por aquel entonces, sus fuerzas declinaban sensiblemente; se hin\u00adchaban las piernas y s\u00f3lo a duras penas lograba llegar hasta el ex\u00adtremo del j ardincillo de la casa. Se avis\u00f3 a sus dos hermanos. Car\u00adlos, el m\u00e9dico, lleg\u00f3 a principios de agosto. Nadie se hac\u00eda ilusio\u00adnes, ni en Par\u00eds ni en Livornio, sobre el desenlace del combate; se lee en una carta del padre Perreyve, en aquellos mismos d\u00edas: \u00abLas \u00faltimas noticias de Ozanam son para desgarrar el coraz\u00f3n. Carlos, su hermano, ha recibido un telegrama de la se\u00f1ora Ozanam, hace cuatro d\u00edas, diciendo que nuestro querido enfermo se encuentra en un estado de suma debilidad. No puedo deciros el profundo dolor que ha provocado ese telegrama en todos los que han conocido y amado al se\u00f1or Ozanam. \u00a1Qu\u00e9 p\u00e9rdida para todo lo que es el bien, la religi\u00f3n, la verdad! Pero sobre todo \u00a1qu\u00e9 p\u00e9rdida para m\u00ed!\u00bb<\/p>\n<p>La gran fiesta de la Asunci\u00f3n se acercaba. La v\u00edspera, declar\u00f3 con insistencia que ir\u00eda a la iglesia para comulgar y o\u00edr misa. Lle\u00adgada la hora, se neg\u00f3 a subir en el coche que su mujer hab\u00eda man\u00addado traer de Livornio: \u00abEs quiz\u00e1 mi \u00faltimo paseo en este mundo y quiero que sea para visitar a mi Dios y a su santa Madre\u00bb; y apo\u00adyado en el brazo de la mujer a quien llamaba su \u00e1ngel de la guar\u00adda, emprendi\u00f3 el camino. Los campesinos, enterados de su llegada, se hab\u00edan agrupado cerca de la iglesia; y cuando apareci\u00f3, p\u00e1lido, y atraves\u00f3 sus filas, no hubo uno que no se descubriera y se incli\u00adnara reverentemente, mientras las mujeres y los ni\u00f1os le enviaban ese gracioso signo de la mano que es el saludo del pa\u00eds. Se sinti\u00f3 conmovido hasta llorar.<\/p>\n<p>Entre tanto, el viejo cura de Antignano se iba muriendo lenta\u00admente, tambi\u00e9n, \u00e9l, a la sombra de su Iglesia. Al saber que el se\u00f1or Ozanam estaba all\u00ed y ped\u00eda a un sacerdote que le diera la comu\u00adni\u00f3n antes de la Misa, exclam\u00f3: \u00abIr\u00e9 yo. Ayudadme a levantarme\u00bb. Lo vistieron, lo ayudaron a bajar la escalera. Apareci\u00f3 en el altar de su iglesia adornada de flores y llena ya de feligreses con sus tra\u00adjes de fiesta. Ozanam avanz\u00f3 hacia la santa Mesa, sostenido por su esposa. El viejo sacerdote, sostenido a su vez por un ac\u00f3lito, baj\u00f3 del santuario y les present\u00f3 a ambos el Pan de vida. Fue la \u00faltima vez que desempe\u00f1\u00f3 esa funci\u00f3n sagrada. Fue tambi\u00e9n la \u00fal\u00adtima misa que oy\u00f3 Ozanam en la tierra.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, su hermano sacerdote le dio la sorpresa de llegar de improviso para ya no separarse de \u00e9l. De d\u00eda lo acompa\u00f1aba en coche hasta la orilla del mar. \u00abAll\u00ed \u2014relata\u2014 Ozanam se ap aba y caminaba con dificultad hasta un peque\u00f1o promontorio en\/ que le hab\u00edan preparado un asiento y desde el cual su mirada abarcaba el amplio horizonte del Mediterr\u00e1neo, como para horadar su in\u00admensidad\u00bb. De noche, los dos hermanos velaban alternativamente a su cabecera. Una vez, uno de ellos vio que lloraba en la obscu\u00adridad: \u00ab\u00a1Por qu\u00e9 te atormentas? \u2014le pregunt\u00f3, abraz\u00e1ndolo\u2014. Consu\u00e9late. Pronto veremos de nuevo a Francia\u00bb. Mas \u00e9l: \u00ab\u00a1Ah! querido hermano, no se trata de eso; pero cuando pienso en mis pecados por los que tanto ha sufrido jesucristo \u00a1c\u00f3mo podr\u00eda con\u00adtener mis l\u00e1grimas?\u00bb Otra vez que hablaba y lloraba as\u00ed, una dulce voz le dijo: \u00abPero es usted tan gran pecador?\u00bb A lo cual replic\u00f3 con gravedad y vivacidad: \u00abNi\u00f1a, no sabe usted lo que es la san\u00adtidad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El d\u00eda 23 era el aniversario, festejado cada mes, de su feliz ma\u00adtrimonio. Ozanam no lo olvid\u00f3. La ma\u00f1ana de ese d\u00eda, ofreci\u00f3 a su mujer una rama de mirto en flor que hab\u00eda cogido en la playa donde la hab\u00eda divisado la v\u00edspera pensando en regal\u00e1rsela.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda o uno de esos d\u00edas escribi\u00f3 para ella y deposit\u00f3 en su tes\u00adtamento unos bellos versos de adi\u00f3s, para ser colocados, despu\u00e9s de su muerte, al pie de un cuadro copiado de Fray Ang\u00e9lico que le dejaba como recuerdo. El grabado representa a los \u00e1ngeles levan\u00adtando, abrazando e introduciendo en el Para\u00edso a los elegidos cuyos guardianes fueron en este mundo:<\/p>\n<p><i>Ces anges attendaient, au sortir de la terre,<br \/>\nLes \u00e9lus confi\u00e9s \u00e0 leur doux minist\u00e8re.<br \/>\nToi, mon Ange gardien, tu restes ici-bas:<br \/>\nTa pri\u00e8re ouvrira le ciel devant mes pas.<br \/>\nTu restes quelques jours pour mettre sur la voie<br \/>\nL&#8217;enfant, la tendre enfant qui causait notre joie.<br \/>\nFais qu&#8217;elle pense \u00e0 moi, donne-lui tes vertus.<br \/>\nNous nous retrouverons au s\u00e9jour o\u00f9 l&#8217;on aime,<br \/>\nEt nous \u00e9changerons, sous les yeux de Dieu m\u00eame,<br \/>\nLe long embrassement qui ne finira plus.<\/i><span id='easy-footnote-3-128648' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-29\/#easy-footnote-bottom-3-128648' title='&lt;em&gt;Al salir de la tierra, esperaban los \u00e1ngeles&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;a las almas confiadas a sus dulces cuidados.&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;T\u00fa, \u00e1ngel de mi guardia, te quedaste en el mundo&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;para abrir con tus rezos el cielo ante mis pasos.&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;Tuya es la misi\u00f3n de ense\u00f1ar el camino&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;a la tierna ni\u00f1ita que fue nuestra alegr\u00eda.&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;Haz que nunca me olvide y dale tus virtudes.&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;Alg\u00fan dia nos veremos all\u00e1 donde se ama,&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;y nos daremos, bajo los ojos de Dios mismo,&lt;\/em&gt;&lt;br \/&gt;\n&lt;em&gt;un largu\u00edsimo abrazo que nunca tendr\u00e1 fin.&lt;\/em&gt;'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Esos d\u00edas y los siguientes transcurrieron para Ozanam al aire libre, sobre la terraza en que, recostado en un sof\u00e1, descansaba largamente en pensamientos de los que nada ven\u00eda a distraerlo a no ser la voz de su hija que de cuando en cuando abandonaba sus juegos para venir a pedirle que la acariciara o la bendijera. La Biblia estaba all\u00ed, abierta a su lado. La palabra santa se hab\u00eda adue\u00f1ado tan completamente de su esp\u00edritu que se hab\u00eda olvidado de cuanto lo rodeaba. Hab\u00eda textos como \u00e9ste, al que se apegaba como a la f\u00f3rmula consagrada de su propio sacrificio ofrecido al Eterno: \u00abSe\u00f1or, me &#8216;has prestado este cuerpo. Los otros holocaus\u00adtos no pueden agradarte. Heme, pues, vengo, como est\u00e1 escrito al principio de tu libro. Har\u00e9 tu voluntad, Dios m\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abUna tarde que, recostado en la terraza, contemplaba el sol que se pon\u00eda sobre las olas, su mujer, sentada en una silla, un poco atr\u00e1s de \u00e9l para que no viera sus l\u00e1grimas, admiraba la serena paz que reinaba en las facciones y en la actitud de su marido. Le sirvi\u00f3 de tema para preguntarle: `\u00e8 Cu\u00e1l es el don de Dios que m\u00e1s es\u00adtimas?&#8217; No vacil\u00f3: `La paz del coraz\u00f3n&#8217;, respondi\u00f3.<sup>&#8211;<\/sup> Luego, ex\u00adplicando, dijo que sin esa paz, ning\u00fan bien puede hacemos feliz y que con ella todos los males son llevaderos, aun la cercan\u00eda de la muerte.<\/p>\n<p>\u00abUnos d\u00edas despu\u00e9s, en esa misma terraza, mientras estaban sen\u00adtados juntos escuchando el murmullo de las olas y el canto de los p\u00e1jaros en los bosques vecinos, dijo: si algo me consuela de dejar este mundo sin haber terminado lo que hab\u00eda deseado y empren\u00addido, es que nunca trabaj\u00e9 para que me alabaran los hombres, sino \u00fanicamente al servicio de la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>Su mal empeoraba de d\u00eda en d\u00eda. El enfermo, agotado, hablaba poco; todos los s\u00edntomas anunciaban una pr\u00f3xima cat\u00e1strofe. Mo\u00adrir\u00eda Ozanam en tierra extranjera? Hab\u00eda expresado vivamente el deseo de volver a ver a Francia. Decidieron embarcarlo sin tar\u00addanza rumbo a Marsella.<\/p>\n<p>La v\u00edspera del mes de septiembre fue el d\u00eda de la partida. Acompa\u00f1ado de su mujer, de su hija y de sus dos hermanos, Oza\u00adnam sali\u00f3 de su casa de Antignano, la casa de su dolor. Mientras <b>el <\/b>coche esperaba, rog\u00f3 que lo llevaran, casi lo transportaran, apoyado en el brazo de su mujer y en el de su hermano, a la terraza del jard\u00edn que dominaba el mar. Permaneci\u00f3 unos instantes contempl\u00e1ndolo. Luego, quit\u00e1ndose el sombrero, alz\u00f3 las man\u00edos y dijo en voz alta bajo el cielo: \u00abDios m\u00edo, os agradezco las aflicciones y los sufrimientos que me hab\u00e9is enviado en esta casa: aceptadlos en expiaci\u00f3n de mis pecados\u00bb. Luego, volvi\u00e9ndose hacia su esposa: \u00abQuiero que t\u00fa tambi\u00e9n, junto conmigo, bendigas a Dios por nues\u00adtros dolores\u00bb. De pronto, estrech\u00e1ndola en sus brazos: \u00abLo bendigo tambi\u00e9n por los consuelos que me has dado\u00bb.<\/p>\n<p>Lo llevaron a bordo, donde permaneci\u00f3 alg\u00fan tiempo sobre cu\u00adbierta, sentado en un sill\u00f3n, rodeado de los sacerdotes, religiosos, amigos, cofrades de San Vicente de Paul que hab\u00edan venido a es\u00adtrecharle la mano o a bes\u00e1rsela. Fue preciso abreviar esos adioses demasiado conmovedores, y bajarlo a su camarote, donde lo acos\u00adtaron. Su hermano el sacerdote pas\u00f3 la noche a su cabecera.<\/p>\n<p>Cuando amaneci\u00f3, el barco atracaba en Bastia, donde pas\u00f3 unas horas que aprovecharon para poner una cama sobre cubierta. El mar estaba tranquilo, el aire puro, el cielo sin nubes, y el enfermo no pod\u00eda apartar los ojos de las po\u00e9ticas costas de Italia que ve\u00eda huir detr\u00e1s de \u00e9l. Mas cuando de pronto se elevaron las costas de Provenza, mostr\u00f3 una gran alegr\u00eda al volver a ver su patria, y ben\u00addijo a Dios con las manos unidas. Se durmi\u00f3, apaciguado. Cuando despert\u00f3, estaba en el puerto de Marsella. Sus ojos, casi al abrirse, vieron a su madre pol\u00edtica, con otros miembros de la familia de su mujer que hab\u00edan venido a recibirlo. Cuando estuvo cerca de ellos, pareci\u00f3 olvidar sus males y dijo casi alegre con un postrer esfuer\u00adzo: \u00abEste viaje ha terminado; voy a hacer otro; pero lo har\u00e9 tran\u00adquilo. Ahora que les he entregado a nuestra Amelia, Dios har\u00e1 de m\u00ed lo que quiera\u00bb.<\/p>\n<p>Hubiera deseado ver Par\u00eds; pero este deseo no se cumpli\u00f3. Tan luego como lleg\u00f3 a la casa que sus parientes de Marsella le hab\u00edan preparado, se acost\u00f3 y no volvi\u00f3 a levantarse. Los cofrades de San Vicente de Paul lo visitaron, con el coraz\u00f3n lleno de respeto y tristeza: no pudo recibirlos; pero se lo agradeci\u00f3. \u00abAhora que hab\u00eda tocado la tierra de sus antepasados y de sus trabajos \u2014escri\u00adbe Lacordaire\u2014 ya no parec\u00eda sufrir. Toda huella de aprensi\u00f3n hab\u00eda desaparecido; una tranquilidad que no era ni de la vida ni de la muerte se hab\u00eda difundido en su persona y nada igualaba la serenidad de su alma, como la de sus facciones. Rara vez hablaba; pero se un\u00eda todav\u00eda a los que amaba apret\u00e1ndoles la mano, ha\u00adci\u00e9ndoles una se\u00f1al o una sonrisa por las que se daba a entender. Sintiendo que llegaba el fin, \u00e9l mismo pidi\u00f3 los \u00faltimos sacramen\u00adtos. Como el Padre que lo asist\u00eda lo animaba para que confiara sin temor en la bondad de Dios: ` \u00a1Ah! \u2014respondi\u00f3\u2014 \u00bfc\u00f3mo lo te\u00admer\u00eda? \u00a1Lo amo tanto!&#8217;<\/p>\n<p>Recibi\u00f3 con un fervor extraordinario la santa comuni\u00f3n. Des\u00adpu\u00e9s de ese gran acto, la se\u00f1ora Ozanam se acerc\u00f3 a \u00e9l; y, uniendo sus manos, hicieron ante Dios el sacrificio, ella de su marido, \u00e9l de su vida.<\/p>\n<p>El 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Sant\u00edsima Vir\u00adgen, se hab\u00eda iniciado. En la ma\u00f1ana de ese santo d\u00eda, ning\u00fan in\u00addicio del final hab\u00eda alarmado a sus familiares. Mas . en la tarde, a eso de las siete y media, la respiraci\u00f3n se hizo trabajosa y menos regular. Hubo un momento en que se le vio abrir los ojos, alzar los brazos, y se le oy\u00f3 exclamar con voz fuerte: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Dios m\u00edo, ten piedad de m\u00ed!\u00bb<\/p>\n<p>Fueron sus \u00faltimas palabras. Empez\u00f3 la agon\u00eda. Su mujer se arrodill\u00f3 antes que todos; siguieron todas las personas de la casa. La pieza contigua estaba llena de cofrades de San Vicente de Paul, arrodillados en silencio. Su hermano sacerdote dijo las ora\u00adciones para encomendar el alma. Cuando terminaron, se hizo un gran silencio, entrecortado de l\u00e1grimas. Eran las ocho menos diez de la noche; un largo suspiro se exhal\u00f3 de los labios del moribun\u00addo: era el \u00faltimo. Federico Ozanam hab\u00eda entrado, seg\u00fan espe\u00adramos, en el goce de su Maestro.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de modesto oficio en Marsella, el cuerpo del difunto fue transportado a Par\u00eds, donde se celebraron sus funerales en San. S\u00falpicio en medio de un inmenso y religioso cortejo de sacerdotes, amigos, profesores, miembros de la Sociedad de San Vicente de Paul. Luego, le depositaron temporalmente en la cripta de la igle\u00adsia, mientras, gracias a la amistad del se\u00f1or Fortoul, ministro de cultos, pudo ser trasladado a la cripta de la hist\u00f3rica iglesia de los Carmelitas.<\/p>\n<p>All\u00ed descansa ahora el cuerpo de Federico Ozanam, bajo esta radiante palabra del Evangelio inscrita en su tumba:<sup>2<\/sup><i> \u00bfPor qu\u00e9 busc\u00e1is entre los muertos a quien est\u00e1 vivo?<\/i><\/p>\n<p>Esta iglesia es la que re\u00fane para la oraci\u00f3n y el santo sacrificio a los estudiantes del Instituto Cat\u00f3lico, cumpliendo as\u00ed con el pro\u00adf\u00e9tico deseo que Ozanam, siendo \u00e9l mismo estudiante, formul\u00f3 el 15 de enero de 1831: \u00bb \u00a1Me sentir\u00e9 dichoso si algunos amigos vie\u00adnen a agruparse en torno m\u00edo! Entonces unir\u00edamos nuestros esfuer\u00adzos, crear\u00edamos una obra, otros se unir\u00edan a nosotros; y tal vez un<\/p>\n<p>La capilla subterr\u00e1nea est\u00e1 dedicada a Jesucristo vencedor de la muerte y a la d\u00eda la sociedad se unir\u00eda bajo esa sombra protectora. El catolicis\u00admo, lleno de juventud y de fuerza, se levantar\u00eda de repente sobre el mundo; y, poni\u00e9ndose a la cabeza del siglo renaciente, lo con\u00adducir\u00eda a la verdadera civilizaci\u00f3n y a la felicidad\u00bb.<\/p>\n<p>Virgen Mar\u00eda su Madre. Cerca del altar, sobre un m\u00e1rmol adornado de piadosos s\u00edm\u00adbolos que recuerdan los de las catacumbas, se lee este epitafio latino:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\">OZANAM PIENTISSIMUS ADSERTOR VERI TOTIUS CARITATIS<br \/>\nVIXIT A. XL. M. IX. D. XVI. DECESSIT DIE VIII SEPT. MDCCCLIII<br \/>\nAMALIA CONJUGI CUM QUO VIXIT ANN. XII<br \/>\nET MARIA PATRI POSUERUNT.<br \/>\nVIVAS IN DEO!<\/p>\n<p>En la iglesia superior (capilla de San Jos\u00e9), una segunda inscripci\u00f3n recuerda los t\u00edtulos y m\u00e9ritos del gran cristiano:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\">A F. OZANAM VERE CHRISTIANUS, DOCTRINA ET CARITATE<br \/>\nORATOR IDEM ET SCRIPTOR EGREGIUS ADSERTOR VERI STRENUUS<br \/>\nSODALITATI. B. VINCENTII CONDENDAE AUCTOR INTER PAUCOS PRIMUS<br \/>\nDICTORUM SCRIPTORU&#8217;M ET VITAE ELOQUENTIA ANIMOS JUVENTUTIS<br \/>\nAD FIDEM REVOCAVIT<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXIX: Livornio: El \u00faltimo verano San Yacopo.\u2014 Siena.\u2014El antignano; Marsella.\u2014Santa Muerte. Livornio est\u00e1 a cinco leguas al sur de Pisa. 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