{"id":128646,"date":"2016-09-19T12:00:35","date_gmt":"2016-09-19T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128646"},"modified":"2016-08-06T07:42:16","modified_gmt":"2016-08-06T05:42:16","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-28","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-28\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 28"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XVIII: En Italia. El invierno en Pisa.<\/h2>\n<p><i>Florencia.\u2014Su Conferencia.\u2014La autorizaci\u00f3n.\u2014Nuestra Se\u00f1ora de Pisa.\u2014 Trabajos de historia.\u2014La vida ascendente.\u2014El sacrificio.<\/i><\/p>\n<p>1852<\/p>\n<p>De Pisa, despu\u00e9s de haber saludado a nuestra Se\u00f1ora en su mo\u00adrada, Ozanam dirige inmediatamente la mirada hacia Francia au\u00adsente: \u00abD\u00e9 usted gracias a Dios con nosotros \u2014escribe a Cornu\u00addet\u2014 por habernos guardado y conducido; ru\u00e9guele que prosiga su obra y que nos lleve a buen puerto, pues esta tierra encantadora no nos hace olvidar la patria\u00bb. Otra carta dec\u00eda: \u00abEspero que ha\u00adbr\u00e9 de renacer en primavera. Mas, sea cual fuere la voluntad de Dios, debo esperarla con amor, puesto que mezcla tanta dulzura a las amarguras de su c\u00e1liz\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed escrib\u00eda Ozanam el 13 de enero. Aprovech\u00f3 esa mejor\u00eda para ir a Florencia, que s\u00f3lo dista veinte leguas de Pisa, y a donde lo atra\u00edan los intereses de la sociedad de San Vicente de Paul. Desde 1847, como \u00e9l mismo lo cuenta, al atravesar la Toscana, habfa arrojado la semilla de una Conferencia que hab\u00eda tardado mucho en germinar. Hoy, nuevas ideas y nuevas necesidades sociales ha\u00adb\u00edan acreditado esa obra popular y hab\u00edan brotado Conferencias en varios lugares del pa\u00eds. \u00abLa autoridad eclesi\u00e1stica les prestaba&#8217; su protecci\u00f3n, los religiosos la recomendaban, los seglares fervientes se alistaban en ella\u00bb.<\/p>\n<p>Mas en Florencia, como en Pisa, como en Livornio, la Sociedad no hab\u00eda obtenido la autorizaci\u00f3n del gran duque de Toscana, que la consideraba sospechosa de liberalismo; y la frialdad que mostra\u00adba el peque\u00f1o grupo naciente helaba el germen de la obra. La llegada de Ozanam a Pisa despert\u00f3 la esperanza. Su libro <i>Dante y su filosof\u00eda, <\/i>traducido varias veces al italiano, hab\u00eda naturalizado al autor y popularizado su nombre, acaso m\u00e1s que el de escritor franc\u00e9s, en esta madre patria de su h\u00e9roe. La Gran Duquesa no po\u00add\u00eda ignorarlo. Una de sus damas de honor era la madre del joven can\u00f3nigo Guido Palagi, el santo sacerdote que hab\u00eda puesto por en\u00adtero el ardor de su proselitismo al servicio y al reclutamiento de la caritativa asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hac\u00eda pocos d\u00edas que hab\u00eda llegado Ozanam, cuando le comu\u00adnicaron que la gran Duquesa madre, de paso por Pisa deseaba, verlo y charlar con \u00e9l por la noche. \u00abTen\u00eda fiebre ese d\u00eda \u2014refiere el se\u00f1or Cornudet\u2014, una opresi\u00f3n violenta, una hinchaz\u00f3n de todo el cuerpo. En vano sus familiares se opusieron a esa visita: `Me siento muy mal \u2014les respond\u00ed\u2014; pero es sin duda el \u00faltimo ser\u00advicio que puedo prestar a la Sociedad de San Vicente de Paul. Le debo demasiados favores para que no intente lo \u00faltimo que puedo hacer por ella, si Dios me da fuerzas\u00bb. La gran Duquesa, mujer de fe y de coraz\u00f3n, lo recibi\u00f3 con una bondad y una distinci\u00f3n marcadas; pero no le ocult\u00f3 las fuertes prevenciones del duque con\u00adtra la sociedad en general, y la conferencia de Florencia en par\u00adticular, pues la consideraba como una especie de camarilla pol\u00edtica, que s\u00f3lo se podr\u00eda autorizar si ciertos miembros, que le design\u00f3 con sus nombres, dejaran de formar parte de ella. Ozanam, res\u00adpetuosamente, expuso el origen y el esp\u00edritu de la sociedad; seg\u00fan su reglamento, la pol\u00edtica estaba excluida, su obligaci\u00f3n era aco\u00adger indistintamente a cualquiera que se presentara, con tal que fuera honorable y cristiano. Su palabra era ardiente, y la fiebre m\u00e1s bien le daba \u00e1nimo, lejos de abatirlo. La Gran Duquesa lo escuch\u00f3, atenta y conmovida. Le dio las gracias, sin contestarle nada. Mas, unos d\u00edas despu\u00e9s, la Conferencia de Florencia, y con ella las de Pisa y Livornio, recibieron la autorizaci\u00f3n oficial del go\u00adbierno.<\/p>\n<p>Una solemne reuni\u00f3n de la Conferencia, fijada para el 30 de enero, deb\u00eda promulgar e inaugurar ese nuevo estado de cosas. Una carta de Ozanam a Lallier da fiel, pero modestamente cuen- ta de ello, sin mencionar en forma alguna su visita a su alteza y el resultado obtenido: \u00abEn esta capital del Josefismo \u2014escri\u00adbe\u2014 un joven y piadoso can\u00f3nigo, cuya madre es dama de honor de la gran duquesa, pone todo su empe\u00f1o en propagar nuestra asociaci\u00f3n. Tuve el consuelo de asistir a una de sus sesiones, como hab\u00eda visitado en otro tiempo a nuestros cofrades de Londres y de Burgos. Suben a mis ojos l\u00e1grimas de alegr\u00eda cuando encuentro a estas distancias nuestra peque\u00f1a familia, siempre \u00ednfima por la obscuridad de sus obras, pero grande por la bendici\u00f3n de Dios. Pese a la diferencia de idiomas, siempre se estrechan del mismo modo la mano y hay entre ellas la misma cordialidad fraternal; y podemos reconocernos con la misma se\u00f1al que los primeros cris\u00adtianos: &#8216;\u00a1Ved c\u00f3mo se aman!&#8217; \u00bb<\/p>\n<p>Les habl\u00f3 en italiano: su discurso figura en ese idioma y en franc\u00e9s en sus obras impresas. Lo que se ve en \u00e9l, despu\u00e9s de la alegr\u00eda de encontrarse en familia, all\u00e1, en Toscana, como en In\u00adglaterra y en Castilla, es la necesidad de manifestar que, si es vicepresidente del consejo general, no es a consecuencia de su m\u00e9rito personal. No tiene m\u00e1s merecimiento que su antig\u00fcedad en esa sociedad cuyos modestos principios refiere y cuya maravillosa extensi\u00f3n admira. \u00abEn vez de ocho miembros, cuenta dos mil s\u00f3lo en Par\u00eds y visita m\u00e1s o menos a veinte mil asistidos. Posee s\u00f3lo en Francia quinientas Conferencias, adem\u00e1s de las que tiene en In\u00adglaterra, en Espa\u00f1a, en Am\u00e9rica y hasta en Jerusal\u00e9n\u00bb. Dec\u00eda el prop\u00f3sito de la obra: obra de caridad espiritual m\u00e1s que corporal, particularmente apropiado a las necesidades de la hora actual y al presente estado pol\u00edtico de Italia. En fin, el esp\u00edritu de la obra: esp\u00edritu de humildad, de caridad y de paz. Tal es tambi\u00e9n el es\u00adp\u00edritu de ese peque\u00f1o discurso de sencillez evang\u00e9lica. Termina as\u00ed: \u00abPronto regresar\u00e9 por alg\u00fan tiempo a Pisa, donde tengo, como aqu\u00ed, otros hermanos en San Vicente de Paul; pero, dentro de unos meses, antes de volver a mi patria, espero volver a veros y edifi\u00adcarme con esa fraternidad cristiana que me ha preparado entre vosotros tan calurosa y dulce acogida. Llevar\u00e9 en mi coraz\u00f3n su imperecedero recuerdo y dar\u00e9 testimonio ante nuestros cofrades de Par\u00eds de que, bajo el hermoso cielo de Italia, el \u00e1rbol de San Vicente de Paul ha lanzado ramas dignas de figurar entre las m\u00e1s florecientes\u00bb.<\/p>\n<p>La historia de esta sesi\u00f3n y de este discurso tuvo su ep\u00edlogo. Grande fue la sorpresa del orador, cuando, al d\u00eda siguiente, se ley\u00f3 extensamente reproducido en los peri\u00f3dicos cat\u00f3licos del lugar. Se mostr\u00f3 sumamente disgustado: \u00abEsto es contrario a las costum\u00adbres tanto como el esp\u00edritu de la Sociedad, que s\u00f3lo hace el bien sin hacer ruido\u00bb. Ozanam declar\u00f3 que si hubiera previsto esa pu- blicidad no hubiera hablado. Poco despu\u00e9s, habi\u00e9ndole rogado que tomara de nuevo la palabra, s\u00f3lo acept\u00f3 despu\u00e9s de la promesa expresa de que no se repetir\u00eda esa indiscreci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente, sin embargo, algunos miembros influyentes fueron a suplicarle que los relevara de su compromiso: resisti\u00f3 tres das y s\u00f3lo cedi\u00f3 a la s\u00fa\u00adplica de su confesor, quien le afirm\u00f3 que su discurso provocar\u00eda probablemente una fundaci\u00f3n en Loreto. Permiti\u00f3 que se imprimie\u00adran cien ejemplares. Se hizo una tirada de doscientos: segunda traici\u00f3n, que el orador no perdon\u00f3 completamente sino cuando vio el feliz resultado en la fundaci\u00f3n de Conferencias en Mace-rata, en Porto Ferrayo y hasta en Cerde\u00f1a, donde el discurso del c\u00e9lebre profesor franc\u00e9s produjo gran efecto\u00bb.<\/p>\n<p>Mas no se necesitaba tanto para abatir las fuerzas ya muy que\u00adbrantadas del conferencista. Unos d\u00edas despu\u00e9s, escribe en una car\u00adta al se\u00f1or Foisset: \u00abMi salud anda mal; por eso rec\u00e9 y puse a todos mis amigos en oraci\u00f3n, para que el cielo se digne liberarme. Tantos votos no pod\u00edan permanecer sin respuesta ; pero tambi\u00e9n parece que mis pecados no pod\u00edan permanecer impunes. Desde mi salida de Francia, el cansancio de un largo viaje ha quebran\u00adtado mis fuerzas; y aqu\u00ed me tiene doliente, vacilante, pero sin caer, m\u00e1s o menos como la torre inclinada ante la cual paso to\u00addos los d\u00edas. He aqu\u00ed un ejemplo que \u2022 deber\u00eda consolarme e ins\u00adtruirme. Pues, a pesar de su inclinaci\u00f3n, dura desde hace cerca de setecientos a\u00f1os; y no deja de servir a Dios a su modo, cele\u00adbr\u00e1ndolo con la voz de sus campanas\u00bb.<\/p>\n<p>Escrib\u00eda esto el 4 de febrero. El 28, echa la culpa del retraso de su restablecimiento a las eternas lluvias que caen de ese hermoso cie\u00adlo de Toscana. Un mes despu\u00e9s, el 4 de marzo, reitera la misma acusaci\u00f3n: la intemperie, su vida reclusa ; en cambio, tiene el con\u00adsuelo de las visitas de arte y de las visitas de fe y de oraci\u00f3n a la catedral donde encuentra su refugio y su dicha. Tal es el tema de esta p\u00e1gina y de las siguientes al Padre Maret, para quien revive el espect\u00e1culo de las cosas, de las personas y de los lugares.<\/p>\n<p>\u00abEstar\u00e1 enterado, se\u00f1or y muy querido amigo, de mi odisea, de mis viajes y navegaciones y c\u00f3mo he venido a tornar mis cuarteles de invierno en Pisa, hace seis semanas. Se imaginar\u00e1 usted sin duda que su viajero lleva una vida de delicias bajo un cielo sin nubes, bogando blandamente sobre las aguas del Amo, transportado hacia las hermosas monta\u00f1as de San Giulano, cuando menos, so\u00f1ando al claro de luna en la maravillosa plaza de Pisa, errando en el Campo Santo, evocando los manes de los antiguos pisanos en estos p\u00f3rticos abiertos pintados por Giotto y Benozzo Gozzoli. \u00a1Cu\u00e1n lejos est\u00e1 de la verdad! De todas las historias santas que represent\u00f3 Benozzo, s\u00f3lo una veo aqu\u00ed y siempre la misma: la del diluvio. Pronto har\u00e1 quince d\u00edas que vivimos envueltos en un cielo de lluvia que a veces se convierte en densa nieve y que levantan furiosos vientos. Por fortuna, a falta de los p\u00f3rticos abiertos del Campo Santo, puedo refu\u00adgiarme en la Catedral, e ir a rezar bajo esas b\u00f3vedas heroicas elevadas en 1063 por unos cruzados que se anticipan a Godofredo de Bouillon y que con el bot\u00edn tomado a los infieles irguieron esta in\u00adcomparable iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Y en otro pasaje: \u00abEn los buenos d\u00edas, nos ocurre tomar un coche bien cerrado y mandar que nos lleven a la Catedral. All\u00ed, se esfu\u00adman todos los recuerdos del diluvio y nos sentimos verdaderamente, por espacio de una hora, en el Para\u00edso. \u00a1Ah! esos viejos maestros hab\u00edan comprendido muy bien que la Iglesia debe ser una Jeru\u00adsal\u00e9n celeste. Y construyeron \u00e9sta con tanta ligereza, que no se sa\u00adbr\u00eda decir si se elev\u00f3 de la tierra o si baj\u00f3 del cielo. Las ochenta y cuatro columnas que cargan sus cinco naves son esbeltas como las palmeras de los jardines eternos. Unos \u00e1ngeles, que parecen pinta\u00addos p\u00f3r Guirlandaio, pero que de seguro est\u00e1n vivos, suben y bajan en grupos encantadores a lo largo del gran arco que abre el san\u00adtuario. Y en el fondo del \u00e1bside, Cristo est\u00e1 sentado y aplasta bajo los pies de su trono al le\u00f3n y al drag\u00f3n. \u00a1Ah, en presencia de esta nueva transfiguraci\u00f3n exclama uno de todo coraz\u00f3n: `Se\u00f1or, se est\u00e1 bien aqu\u00ed; levantemos aqu\u00ed tres tiendas.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abSi, al salir de la bas\u00edlica, la lluvia un momento suspendida per\u00admite dar la vuelta a la plaza, considerar la fachada con su c\u00fapula bizantina, y detr\u00e1s, las murallas que han visto tantos asaltos, enton- ces vuelve uno con el alma lo bastante alimentada de poes\u00eda para sufrir sin murmurar largos d\u00edas de cautiverio, como los santos, des\u00adpu\u00e9s de sus \u00e9xtasis y sus visiones, soportan con m\u00e1s paciencia los sinsabores de la vida\u00bb.<\/p>\n<p>Eran, en efecto, un cautiverio esos d\u00edas de invierno, de los que Ozanam daba as\u00ed el horario y el empleo: se levantaba a las nueve, como un enfermo, para obedecer al \u00e1ngel de la guardia amabil\u00ed\u00adsimo, pero extremadamente severo que vigilaba la ejecuci\u00f3n del tratamiento; desayunaba al amor del fuego. A las once, si el ven\u00addaval soplaba con menos furia, iba a misa en la vecina iglesia. Luego se trasladaba a la biblioteca que estaba a dos pasos y donde hubiera olvidado el tiempo a no ser por el temor saludable de la misma guardiana. Volv\u00eda a casa para escribir una carta, para dar una lecci\u00f3n a Mar\u00eda. \u00abLuego el almuerzo, cada vez m\u00e1s cerca de la chimenea, pues el fr\u00edo aumenta al caer la tarde. Alguna lectura termina el d\u00eda, durante la cual tiene uno tiempo de a\u00f1orar a los amigos que animaban las reuniones de la calle de Fleurus. H\u00e1\u00adgame usted favor de decirme si lo que acabo de describir no es un invierno de Berl\u00edn o de Munich?\u00bb<\/p>\n<p>Los que han tenido el espect\u00e1culo de Ozanam en oraci\u00f3n, ve\u00adr\u00e1n su imagen en estas cartas. Ha. franqueado las puertas de bronce . del domo. Ha llegado al final de esa selva de columnas que dividen las cinco naves: est\u00e1 all\u00ed cara a cara bajo los ojos del Cristo colosal del mosaico del \u00e1bside. Lo contempla sentado entre la Vir\u00adgen Sant\u00edsima y San Juan. All\u00ed evoca todos los recuerdos hist\u00f3ricos de ese lugar, los deposita a los pies del rey de los siglos; y los m\u00e1s bellos salmos acuden a sus labios para expresar su entusiasmo. \u00abAll\u00ed, envuelto y, por decirlo as\u00ed, agobiado ante la majestad divina, me sent\u00eda feliz de que Nuestro Se\u00f1or hubiera inspirado a un pueblo la idea de construirle una morada casi digna de El. El temor de Dios, el sentimiento de la nada del hombre, el orgullo leg\u00edtimo del cristiano, todas esas emociones despiertan a la vez y se compr\u00e7nde la palabra del salmo: ` \u00a1Cu\u00e1n amados son vuestros tabern\u00e1culos, oh Se\u00f1or de las virtudes!&#8217; \u00bb<\/p>\n<p>Ozanam dice tambi\u00e9n su dicha al encontrar en esta iglesia y en otras de la ciudad pobres gentes que lo edifican: \u00abLa masa del pueblo, cuando menos aqu\u00ed y en Florencia, llena las iglesias. A di\u00adferencia de nuestra Francia, se ve, a\u00fan en los d\u00edas h\u00e1biles, los al\u00adtares, circundados, no de gente <i>decente, <\/i>sino de artesanos, cocheros, campesinos y mujeres del mercado, con las cuales hay que codearse si quiere uno sentarse en las bancas que sustituyen a nuestras sillas. Casi todos los d\u00edas oigo la misa de once: Saint-Sim\u00f3n la llamar\u00eda `la misa de la canalla&#8217;. Las comuniones son m\u00e1s frecuentes de lo que yo hubiera cre\u00eddo. . \u00bb<\/p>\n<p>Dice en otro pasaje: \u00abEl pueblo de aqu\u00ed es muy degenerado; pero cuando menos ha conservado la fe y no deja solitarias las catedrales de sus mayores. Digo el pueblo, es decir sobre todo la gente que, en Francia, no va a la iglesia y que frecuenta las cantinas y los bailes populares. En la misa de once, que es a menudo la m\u00eda, no se imagina usted cu\u00e1n a gusto me encuentro en compa\u00f1\u00eda de pe\u00adque\u00f1os artesanos, cocheros, verduleras, pillos, querido amigo, de todo lo que repugna a nuestra delicadeza, pero, al fin y al cabo, de esos pobres a los que amaba el Salvador\u00bb.<\/p>\n<p>En la biblioteca, situada a dos pasos de su casa y poseedora de 60,000 vol\u00famenes, Ozanam encontraba la acogedora hospitalidad del encargado, el se\u00f1or Ferrucci, \u00abel m\u00e1s complaciente de los bibliotecarios\u00bb, que lo instalaba all\u00ed en su casa, aparte, en el escritorio p\u00b0rofesoral, cerca de la peque\u00f1a chimenea privilegiada, ante la misma mesa en que el a\u00f1o anterior hab\u00eda trabajado el se\u00f1or Ra\u00advaisson, del Instituto. Iguales eran los miramientos que le prodiga\u00adban los profesores de la Universidad de Pisa. En fin \u2014escribe\u2014tenemos aqu\u00ed una peque\u00f1a <i>Atenas, <\/i>si puedo dar ese nombre a unos cien estudiantes griegos. Mas debo confesar que esos hijos de Ar\u00eds\u00adtides y de Filopoemen son menos asiduos en la escuela que en el teatro; y tienen fama de pagar mal sus deudas\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam emprendi\u00f3 la b\u00fasqueda de los Or\u00edgenes de las Rep\u00fa\u00adblicas italianas, para cumplir la misi\u00f3n que le hab\u00eda encomendado el ministro. <i>La Emancipaci\u00f3n de la Comuna de Mil\u00e1n en el siglo XI <\/i>le proporcion\u00f3 el tema y los documentos de un trabajo en que se encontraba frente a Gregorio VII y Pedro Dami\u00e1n: \u00abAl re\u00adgresar por Mil\u00e1n, tendr\u00e9 esta \u00faltima impresi\u00f3n de los lugares que reviste de color y de vida la historia; y sacar\u00e9 una narraci\u00f3n pa\u00adrecida a la del se\u00f1or Agust\u00edn Tierry. Es un trabajo que puede realizar un enfermo de Pisa, sobre todo si el sol italiano se decide a brillar en su ventana de Lungarno y calentar sus pensamientos\u00bb.<\/p>\n<p>El sol tardaba en brillar. El tiempo de cuaresma fue espantoso. \u00abTorrenciales aguaceros hinchan el curso del Amo, amenazan los puentes de m\u00e1rmol; y a tres pasos de nosotros las heladas nieves blanquean las monta\u00f1as de Lucca\u00bb.<\/p>\n<p>Otro trabajo mitigaba su tedio, pero sin aliviar su mal: la re\u00addacci\u00f3n de su \u00abodisea\u00bb, como llamaba su <i>Peregrinaci\u00f3n al Pa\u00eds del Cid. <\/i>Trabajaba bajo los ojos de su mujer que \u00abmuerta de miedo de que se agravara su enfermedad, se atrev\u00eda a afirmarle que las \u00e1ridas monta\u00f1as de Castilla la Vieja no ten\u00edan la belleza de la cam\u00adpi\u00f1a romana; que exageraba Las Huelgas y Miraflores, y que en cuanto a ella, no dar\u00eda tres maraved\u00edes por la tumba de Juan II, etc. \u2014 Pero resisto \u2014escribe el marido a Amp\u00e8re\u2014 tengo todos mis apuntes; y al volver de Par\u00eds, si Dios me presta vida y me da fuerzas para sustentar unas clases sobre el poema del <i>Cid, <\/i>me pro\u00adpongo aprovechar este viaje de Espa\u00f1a y escribir unas veinte p\u00e1\u00adginas de las que no se avergonzar\u00e1 usted\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, lo obsesionaba el recuerdo de la Sorbona que a\u00f1ora\u00adba: \u00ab1 Ah, pobre Sorbona \u2014escribe\u2014, cu\u00e1ntas veces vuelvo en esp\u00edritu hacia esas salas ahumadas que vi llenas de tan generosa juventud! Querido amigo, despu\u00e9s de los consuelos infinitos que un cat\u00f3lico encuentra al pie de los altares, despu\u00e9s de las alegr\u00edas de la familia, no conozco dicha m\u00e1s grande que la de hablar a j\u00f3venes que tienen inteligencia y coraz\u00f3n!\u00bb<\/p>\n<p>Escribe esta carta al se\u00f1or Beno\u00eet, su suplente interino, cristiano como \u00e9l, para felicitarlo y agradecerle sus hermosas lecciones de literatura alemana.<\/p>\n<p>Otras veces, dirige la mirada hacia alg\u00fan hogar de lejana amis\u00adtad. Escribe al se\u00f1or Lenormant: \u00abEl lugar que se digna conser\u00advarme en sus pensamientos me hace pensar en el que encontraba en vuestro hogar, cuando la se\u00f1ora Lenormant nos acog\u00eda, a mi mujer y a m\u00ed, con tanta gracia e indulgencia. No s\u00e9 todav\u00eda lo que Dios har\u00e1 de m\u00ed; pero de seguro ha hecho lo bastante para el ho\u00adnor y la dulzura de nuestra vida, al elegimos a nuestros amigos. Por mucho mal que piense yo de m\u00ed, no puedo creer que me haya creado para no hacer nada, cuando me hace conocer uno tras otro a todos los mejores cristianos de mi tiempo y a las almas m\u00e1s elegidas\u00bb.<\/p>\n<p>Casi todas las cartas dirigidas, durante esta cuaresma, a sus amigos de Francia son de agradecimiento. Nadie fue m\u00e1s fiel que Ozanam al deber de la acci\u00f3n de gracias a los hombres como a Dios. Habiendo recibido el art\u00edculo bibliogr\u00e1fico que Amp\u00e8re ha\u00adb\u00eda dedicado a los <i>Poetas franciscanos en la Revue des Deux-Mondes, <\/i>el 15 de mayo: \u00abQuerido amigo \u2014le escribe\u2014, nos ha colmado a nosotros y a nuestros pobres franciscanos. Quiero agra\u00addecerle tambi\u00e9n lo que ha hecho para esos piadosos mendigos que trata usted con tanta bondad y que hace revivir en esa com\u00adpendiada descripci\u00f3n. Sus tres p\u00e1ginas tienen todo el color y el perfume de ese jard\u00edn conventual que usted bosqueja, con sus en\u00adredaderas de jazm\u00edn a lo largo de los claustros. Amelia y yo, como jueces imparciales, hemos decidido que ese art\u00edculo es uno de los trozos m\u00e1s exquisitos que haya escrito usted. Quiero a\u00f1adir que nuestra a\u00f1oranza del profesor ausente ha conmovido algo m\u00e1s que mi amor propio y su acento ha llegado a lo m\u00e1s hondo de mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Tal parece que todas las facultades de Ozanam, naturales y sobrenaturales, las del esp\u00edritu, las del coraz\u00f3n, se hayan superado a s\u00ed mismas, en estos dos \u00faltimos a\u00f1os, a pesar de su sufrimiento, o tal vez debido a \u00e9l. Es la vida ascendente en su c\u00faspide. Sobre todo la bondad, la sensibilidad tienen delicadezas y ternuras su\u00adpremas. Hasta \u00e9l lo advierte: \u00abEn esta apacible ciudad, en esta vida tan descansada, me parece a veces que saboreo m\u00e1s profun\u00addamente mis afectos de familia, que acaricio m\u00e1s a gusto mis recuerdos de amistad. Tengo tiempo libre para entrar en mi coraz\u00f3n don\u00adde encuentro muchas cosas que corregir; pero en fin, creo encon\u00adtrar en \u00e9l la fe y la paz, y esto basta para darme muchos momentos de felicidad\u00bb. En otro lugar, al hablar de las personas que lo ro\u00addean: \u00abVe usted, mi querido amigo, que si Nuestro Se\u00f1or me da parte de su cruz, es, como se hace en Roma, una part\u00edcula bien ligera, en el marco de un hermoso relicario; con esto me refiero a consuelos y dulzuras sin fin. Tengo a mi buena y tierna Amelia, que sabe mezclar a sus cuidados tanta gracia y amenidad. Tengo a mi peque\u00f1a Mar\u00eda siempre alegre y que empieza a alegrarnos con su charla infantil. Encontr\u00e9 para mi conciencia a un sacerdote lleno de caridad y de luces. Dios me ha dado nuevos amigos, y s\u00e9 que los antiguos no me olvidan\u00bb.<\/p>\n<p>Por esa abnegaci\u00f3n de su esposa, no sabe c\u00f3mo bendecir. a Dios: \u00abEl ama de la casa os manda saludar. La pobrecita ha te\u00adnido malos d\u00edas. Mas ha florecido bajo las primeras sonrisas de abril. Y en verdad, si salgo de apuros, tendr\u00e1 gran parte del m\u00e9rito\u00bb. Y .en otro pasaje: \u00abUsted conoce a la que Dios me di\u00f3 como \u00e1n\u00adgel de la guardia visible; usted la vio a la obra. Mas, desde que mi mal se ha agravado no se imagina todos los recursos que ha en\u00adcontrado en su coraz\u00f3n, no s\u00f3lo para aliviarme, sino para con- solarme. \u00a1Qu\u00e9 ternura ingeniosa, paciente, infatigable me rodea a todas horas y se anticipa a todos mis deseos!\u00bb Y al final de otra carta, exclama: \u00ab\u00bfQu\u00e9 he hecho para que Dios me haya con\u00adcedido semejante familia y amigos como usted?\u00bb<\/p>\n<p>Los amaba en Dios, el Dios del altar en que reza y comulga, el Dios del cielo al que aspira: \u00abEn esas grandes fiestas que no he podido pasar con vosotros, os he encontrado en el altar santo. S\u00ed, creo firmemente, cuando comulgo, que estoy en comunicaci\u00f3n es\u00adtrecha con mis amigos cristianos unidos al mismo Salvador. \u00bfPor qu\u00e9 no tardo en caer, cuando me aparto de esa santa compa\u00f1\u00eda, en mis desalientos? \u00bfCu\u00e1ndo veremos el lugar donde ya no habr\u00e1 divisiones entre los cristianos, ni injusticias p\u00fablicas, ni envileci\u00admiento para las grandes naciones?\u00bb<\/p>\n<p>De antemano confiaba a la amistad, la de un sacerdote del m\u00e1s alto m\u00e9rito, o que m\u00e1s quer\u00eda en el mundo: \u00abAdi\u00f3s, querido ami\u00adgo \u2014escribe al padre Maret\u2014; con frecuencia me consuela el pen\u00adsamiento de que, si muero, usted ser\u00eda el amigo de mi peque\u00f1a familia, como ha sido el m\u00edo. Por eso, toda esta familia lo ama cari\u00f1osamente, pero nadie m\u00e1s que su devoto amigo\u00bb.<\/p>\n<p>Pensaba, pues, en su muerte, hacia la, cual se encaminaba cargando su cruz. Al doctor Franchisteguy, que le hab\u00eda anunciado la muerte s\u00fabita de un colega de Bayona, despu\u00e9s de larga enf er\u00admedad y muchas buenas obras, responde, el 3 de abril: \u00abFue lla\u00admado de improviso; pero no digamos que no estaba preparado. En cuanto a m\u00ed, cuando veo cristianos sometidos a la prueba de esos males lentos y crueles, me imagino que son almas que sufren su purgatorio en este mundo y que tienen derecho a la respetuosa compasi\u00f3n que debemos a los justos de la Iglesia doliente. \u00a1Ah, si Dios quiere aceptar para la expiaci\u00f3n de sus pecados las penas sufridas en este mundo, cu\u00e1n felices son de haberse purificado a ese precio, con dolores infinitamente inferiores a los de la otra vida, en medio de los consuelos de la religi\u00f3n, de la amistad, de la fa\u00admilia, cerca de una mujer que se desvive de ternura y de cuida\u00addos, de alegres ni\u00f1os que devolver\u00edan la sonrisa a los labios m\u00e1s desolados! Sufrir as\u00ed dos a\u00f1os y hasta diez, para luego entrar de plano en la paz del cielo \u00bfno ser\u00eda el destino m\u00e1s feliz?\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed se preparaba Ozanam a morir.<\/p>\n<p>El sacrificio hab\u00eda empezado ya por el desprendimiento. Escri\u00adbe a Lallier: \u00ab\u00bfSabe usted, querido amigo, que durante las tres \u00faltimas semanas de cuaresma pens\u00e9 muy seriamente en estar listo para los \u00faltimos sacrificios? Mucho le costaba a la naturaleza; sin embargo, me parec\u00eda que, con la ayuda de Dios, empezaba a des\u00adprenderme de todo, fuera de los que me aman y que puedo amar fuera de esta tierra. Tuve primero que renunciar a acompa\u00f1ar a mi madre pol\u00edtica a Roma, renunciar a las ceremonias de Semana santa, a las catacumbas, a la Misa de Pascua que es para m\u00ed la m\u00e1s bella de las cosas visibles, al consuelo de besar otra vez los pies de P\u00edo IX y de visitar una vez m\u00e1s la tumba de los Santos Ap\u00f3s\u00adtoles\u00bb. Como O&#8217;Connell, Ozanam hab\u00eda de expirar en el camino a Roma.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hab\u00edan vuelto las Pascuas. Despu\u00e9s de casi sesenta d\u00edas consecutivos de lluvias, se hizo un claro en el cielo y en su \u00abcora\u00adz\u00f3n. \u00abHoy, con el rayo del sol que despierta a las flores, despiertan a su vez mis esperanzas \u2014escribe el 15 de abril a Amp\u00e8re\u2014. Des\u00adde Pascuas, empiezo a revivir; y si se mantiene la mejor\u00eda \u00a1qu\u00e9 felicidad ser\u00e1 para m\u00ed volverlo a ver en Par\u00eds a fines de mayo! Pero \u00bflo permitir\u00e1 Dios? D\u00e9mosle gracias por lo que ya ha hecho por m\u00ed. Esperemos que termine la obra. Sin embargo, quiero estar sometido a su voluntad. \u00bfY d\u00f3nde puedo aprender mejor esa sumisi\u00f3n que en este pa\u00eds de Toscana que, f\u00e9rtil en artistas, lo es m\u00e1s a\u00fan en santos?\u00bb<\/p>\n<p>Seg\u00fan \u00e9l, fue un alivio para su cuerpo y su alma ver el pro\u00adgreso, en esa misma costa de Toscana y de Liguria, de la acci\u00f3n cat\u00f3lica por las conferencias de San Vicente de Paul. La carta del lunes de Pascuas a Lallier le enumera cinco nuevas familias flores\u00adcientes \u00aben ese suelo en que la vida cat\u00f3lica languidec\u00eda como sofo\u00adcada bajo las doradas cadenas del Josefismo\u00bb. Asimismo en G\u00e9nova y sus aleda\u00f1os, en que el esp\u00edritu cat\u00f3lico, en lucha con el mazzinis\u00admo, el socialismo y el protestantismo, hab\u00eda agrupado sus fuerzas en torno de la misma bandera: \u00abEl volteranismo hace a\u00fan es\u00adtragos entre la burgues\u00eda ; pero sobrevive la fe en la masa del pueblo. Aqu\u00ed, como casi en todas partes, muchos intelectuales son incr\u00e9dulos; pero los esp\u00edritus m\u00e1s grandes se honran con ser cre\u00adyentes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLas sonrisas de abril son p\u00e9rfidas\u00bb, escribe poco despu\u00e9s el en\u00adfermo. Era el anuncio de una reca\u00edda. \u00abS\u00e9 que mi mal es grave, aunque no desesperado. S\u00e9 que necesitar\u00e9 mucho tiempo para cu\u00adrarme, y que es posible que jam\u00e1s me cure; pero trato de abando\u00adnarme con amor a la voluntad de Dios y vivo por desgracia m\u00e1s con la boca que con el coraz\u00f3n: <i>Volo quod vis, volo quando vis, volo quomodo vis, volo quia vis\u00bb. <\/i>Lo repet\u00eda sin cesar.<\/p>\n<p>La lectura de la Sagrada Escritura, que hab\u00eda sido el alimento de toda su vida, se convirti\u00f3 en el tema diario de ese triste invierno de Pisa. Los Salmos compart\u00edan con el Evangelio su predilecci\u00f3n: \u00abDurante largas semanas de languidez, los Salmos casi no han salido de mis manos. No me cansaba de releer esos sublimes la\u00admentos, esos arrebatos de esperanza, esas s\u00faplicas llenas de amor que responden a todas las necesidades, a todas las miserias de la naturaleza humana\u00bb. No s\u00f3lo, como de costumbre, marcaba los pasajes m\u00e1s hermosos, sino que rog\u00f3 a su mujer que se los copiara, para poder verlos en tal forma unidos bajo sus ojos todo el d\u00eda; y para que despu\u00e9s otros encontrasen en ellos un refrigerio a sus do\u00adlores. Traducidas y reunidas en un peque\u00f1o volumen bajo el t\u00edtulo de <i>Libro de los Enfermos <\/i>y precedidas de un prefacio del Padre Lacordaire, que es su digno estuche, esas p\u00e1ginas m\u00e1s divinas que humanas est\u00e1n dedicadas a todos los que sufren.<\/p>\n<p>El 23 de abril de 1853 era el cuadrag\u00e9simo aniversario de su nacimiento. La fecha era solemne: \u00bfver\u00eda acaso otro a\u00f1o en este mundo? Ozanam abri\u00f3 su Biblia en el Cantar del Rey Ezequ\u00edas; ley\u00f3 lo siguiente: era la respuesta del Alt\u00edsimo. Lo transcribi\u00f3; luego, sobre la misma p\u00e1gina, coloc\u00e1ndose en presencia de Dios, derram\u00f3 toda su alma doliente y deposit\u00f3 la ofrenda entera de su sacrificio en estos t\u00e9rminos de una heroica y sublime grandeza. Es el <i>Ecce Venio. <\/i>No se puede quitar nada.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>Pisa, 23 de abril de 1853<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>Dije en medio de mis d\u00edas: ir\u00e9 a las puertas de la muerte. Busqu\u00e9 el resto de mis a\u00f1os. Dije: No ver\u00e9 al Se\u00f1or mi Dios en la tierra de los vivos.<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>Mi vida se aleja de m\u00ed, como se pliega la tienda de los pastores.<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>El hilo que a\u00fan urd\u00eda se ha cortado como con las tijeras del hi\u00adlandero: entre la ma\u00f1ana y la tarde, me has llevado a mi fin.<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>Mis ojos se han cansado a fuerza de levantarse al cielo.<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>Se\u00f1or, sufro violencia; \u00a1resp\u00f3ndeme! Mas \u00bfqu\u00e9 dir\u00e9 y qu\u00e9 me responder\u00e1 el que hizo mis dolores?<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>Pasar\u00e9 ante Ti todos mis a\u00f1os en la amargura de mi coraz\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p>\u00abEs el principio del cantar de Ezequ\u00edas. No s\u00e9 si Dios permitir\u00e1 que pueda aplicarme el final. S\u00e9 que cumplo hoy mi cuadrag\u00e9si\u00admo a\u00f1o, m\u00e1s que la mitad del camino de la vida. S\u00e9 que tengo una esposa joven y querida, una hija encantadora, excelentes her\u00admanos, una segunda madre, muchos amigos, una honrosa carrera, trabajos llevados precisamente al punto en que puedan servir de fundamento para una obra en que he so\u00f1ado largo tiempo. Sin em\u00adbargo, heme aqu\u00ed en las garras de un mal grave y tenaz y tanto m\u00e1s peligroso que oculta probablemente un completo agotamiento.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfSer\u00e1 preciso dejar todos esos bienes que T\u00fa mismo me has dado? \u00bfNo quieres, Se\u00f1or, conformarte con una parte del sacri\u00adficio? Entre mis desmedidos afectos \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 preciso inmolarte? \u00bfNo aceptas el holocausto de mi amor propio literario, de mis am\u00adbiciones acad\u00e9micas, hasta de mis proyectos de estudio, en que se mezclaba quiz\u00e1 m\u00e1s orgullo que celo por la verdad? Si vendiera la mitad de mis libros para dar su precio a los pobres; y si, limi\u00adt\u00e1ndome a cumplir con las obligaciones de mi empleo, dedicara el resto de mi vida a visitar a los indigentes, a instruir a los apren\u00addices y a los soldados \u00bfSe\u00f1or, estar\u00edas satisfecho y me concede\u00adr\u00edas la dulzura de envejecer al lado de mi esposa y de terminar la educaci\u00f3n de mi hija?<\/p>\n<p>\u00abAcaso, Dios m\u00edo, no lo quieres. No aceptas estas ofrendas in\u00adteresadas, rechazas mi holocausto y mi sacrificio. Lo que pides es a m\u00ed mismo. Est\u00e1 escrito al principio del Libro que debo hacer tu voluntad y he dicho: \u00a1aqu\u00ed vengo, Se\u00f1or!<\/p>\n<p>\u00abVengo. Si me llamas, no tengo derecho a quejarme. Me has dado cuarenta a\u00f1os de vida. Que los m\u00edos no se escandalicen si te niegas ahora a hacer .un milagro para curarme. Hace cinco a\u00f1os \u00bfno me trajiste de muy lejos y no me concediste ese plazo para hacer penitencia de mis pecados y mejorar? \u00a1Oh! todas las ora\u00adciones que te dirigieron entonces fueron escuchadas: \u00bfpor qu\u00e9 las que te dirigen ahora y en mayor n\u00famero habr\u00edan de perderse?<\/p>\n<p>\u00abPero quiz\u00e1s, Se\u00f1or, las escuchar\u00e1s de otro modo. Me dar\u00e1s valor, resignaci\u00f3n, paz de alma y esos inefables consuelos que acom\u00adpa\u00f1an a tu presencia real. Me permitir\u00e1s encontrar en la enfer\u00admedad una fuente de m\u00e9ritos y de bendiciones: y esas bendiciones har\u00e1s que recaigan sobre mi mujer, sobre mi hija, sobre todos los m\u00edos a quienes mis trabajos hubieran quiz\u00e1 servido menos que mis sufrimientos.<\/p>\n<p>\u00abSi repaso ante Ti mis a\u00f1os con amargura, es por los pecados con que los mancill\u00e9. Mas, cuando considero las gracias con que los has enriquecido, evoco mis a\u00f1os ante Ti, Se\u00f1or, con gratitud.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed me viera encadenado por Ti en un lecho de dolor durante los a\u00f1os que a\u00fan me quedan de vida, no bastar\u00edan para agrade\u00adcerte los d\u00edas que he vivido. \u00a1Ah! si estas p\u00e1ginas son las \u00faltimas que escribo, que sean un himno a tu bondad\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam agradece a esa bondad divina que le haya dado un padre como el suyo, una admirable madre: recuerda el beneficio de la educaci\u00f3n que le dieron. Luego, termina as\u00ed: \u00abVosotros que despu\u00e9s de m\u00ed rezar\u00e9is por m\u00ed, seguid rezando tambi\u00e9n por mi padre y mi madre. La bendici\u00f3n del Se\u00f1or se concede a las familias en que se recuerda a los antepasados\u00bb..<\/p>\n<p>Estas admirables p\u00e1ginas tuvieron su complemento. Ese mismo d\u00eda solemne, Ozanam, aprovechando una ausencia moment\u00e1nea de su mujer, a quien no quer\u00eda entristecer, escribi\u00f3 sumariamente el esbozo de su testamento, bajo esta forma breve, que se propon\u00eda revisar y completar:<\/p>\n<p>\u00abEn nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>\u00abHoy, veintitr\u00e9s de abril de mil ochocientos cincuenta y tres, en el momento en que cumplo mi cuadrag\u00e9simo a\u00f1o de edad, en las inquietudes de una grave enfermedad, pero sano de esp\u00edritu, escrib\u00ed en pocas palabras mis \u00faltimas voluntades y me propongo expresarlas m\u00e1s completamente cuando tenga m\u00e1s fuerza.<\/p>\n<p>\u00abEntrego mi alma a Jesucristo, mi Salvador, espantado de mis pecados, pero confiado en su infinita misericordia.<\/p>\n<p>\u00abMuero en el seno de la Iglesia cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana. Conoc\u00ed las dudas del siglo actual; pero toda mi vida me ha convencido de que s\u00f3lo hay descanso para el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n en la Iglesia y bajo su autoridad.<\/p>\n<p>\u00abSi concedo alg\u00fan valor a mis largos estudios, es porque me dan derecho a suplicar a todos los que quiero que sigan fieles a una religi\u00f3n en la cual he encontrado la luz y la paz. Mi oraci\u00f3n supre\u00adma a mi familia, a mi mujer, a mis hijos, a todos los que nazcan de ellos, es que perseveren en la fe, a pesar de las humillaciones, los esc\u00e1ndalos, las deserciones que puedan presenciar.<\/p>\n<p>\u00abA mi querida Amelia, que fue la alegr\u00eda y el encanto de mi vi\u00adda, y cuyos cuidados tan dulces han consolado desde hace un a\u00f1o todos mis males, dirijo adioses breves como todas las cosas de la tierra. Le doy las gracias, la bendigo y la espero en el cielo. S\u00f3lo all\u00ed podr\u00e9 devolverle todo el amor que merece.<\/p>\n<p>\u00abDoy a mi hija la bendici\u00f3n de los patriarcas, en nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Es triste para m\u00ed no poder trabajar ya mucho tiempo en la obra tan grata de su educaci\u00f3n; pero la conf\u00edo sin pesar a su virtuosa y bien amada madre\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam nombra luego a sus dos hermanos, a su madre politica, a sus parientes y amigos, los de Par\u00eds y los de Lyon, abarc\u00e1ndolos a todos en su pensamiento y d\u00e1ndoles cita al lado de los seres que llor\u00f3 con ellos. El se\u00f1or Noirot, el se\u00f1or Amp\u00e8re, Enrique Pesson\u00adneaux, Lallier, Dufieux, tienen un lugar aparte. A todos les pide perd\u00f3n por sus arrebatos y sus malos ejemplos.<\/p>\n<p>Luego solicita las oraciones de cada uno y en particular las de la Sociedad de San Vicente de Paul, diciendo: \u00abNo os dej\u00e9is dis\u00adtraer por quienes os digan: Est\u00e1 en el cielo. Rezad mucho por quien os quiere mucho, pero que mucho ha pecado. Con esta seguridad dejar\u00e9 la tierra sin tanto temor. Espero firmemente que no nos se\u00adparemos: y que permanezca con vosotros hasta que vosotros ven\u00adg\u00e1is a m\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abRecibid la bendici\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando los d\u00edas calurosos lo permitieron y lo exigieron, los m\u00e9\u00addicos prescribieron al enfermo una estancia a orillas del mar. Nos falta verlo alli en Livornio, en San Yacopo, en el Antignano, esce\u00adnarios sucesivos de una lucha en que el alma sigue siendo hasta el final due\u00f1a del cuerpo que anima; lucha que empieza en la espe\u00adranza, prosigue en la paciencia, se consume en el amor de la vo\u00adluntad de Dios y termina en Marsella, donde el cuerpo y el alma se separan para llegar cada uno a su lugar de procedencia, uno a la tierra que vuelve a adue\u00f1arse de \u00e9l, la otra al cielo que la recibe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XVIII: En Italia. El invierno en Pisa. 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