{"id":128644,"date":"2016-09-15T12:00:35","date_gmt":"2016-09-15T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128644"},"modified":"2016-08-06T07:40:39","modified_gmt":"2016-08-06T05:40:39","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-24","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-24\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 24"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXIV: Los Poetas Franciscanos de Italia. La Civilizaci\u00f3n cristiana en el siglo V<\/h2>\n<p><i>As\u00eds, San Francisco.\u2014Jacopone de Todi.\u2014El Edificio Hist\u00f3rico.\u2014Los Fran\u00adcos.\u2014La conquista moral.\u2014La lecci\u00f3n cristiana, viril, actual.<\/i><\/p>\n<p>La sombr\u00eda Francia de\u00a0 1848-1850 no era capaz de hacer olvidar a Ozanam la Italia de la primavera, de 1847. Sobre todo, la visi\u00f3n de As\u00eds, menos refulgente y avasalladora que la de Roma, descan\u00adsaba deliciosamente su coraz\u00f3n y sus ojos. Recordaban a menudo, \u00e9l y su mujer, el d\u00eda, verdadero d\u00eda del cielo, en que hab\u00edan vivido con San Francisco, aspirando su alma al seguir sus huellas. \u00abPas\u00e9 un d\u00eda, para m\u00ed demasiado breve, en la vieja ciudad de As\u00eds \u2014es- crib\u00eda entonces\u2014. All\u00ed encontr\u00e9 la memoria del santo tan presente como si acabara de morir ayer y de dejar a su patria la bendici\u00f3n que a\u00fan se lee en la puerta de su ciudad\u00bb.<\/p>\n<p>Todo, en ese d\u00eda, hab\u00eda sido religi\u00f3n y poes\u00eda; pero no se deb\u00eda \u00fanicamente a las impresiones que de all\u00ed hab\u00eda tra\u00eddo, sino a la idea y al prop\u00f3sito de un libro que ser\u00eda su reflejo: \u00abEn ese lugar y en ese momento acab\u00f3 de precisarse el pensamiento de la obra \u2014dice\u2014. Ya se extend\u00eda ante mis ojos todo el plan, al salir de As\u00eds, a medida que ve\u00eda hu\u00edr las santas monta\u00f1as del <i>Sacro Convento, <\/i>la ciudad que duerme bajo su guardia, y el otero que domina, do\u00adrado por los \u00faltimos rayos del ocaso\u00bb.<\/p>\n<p>Ese peque\u00f1o libro so\u00f1ado iba a ser el de los <i>Poetas franciscanos de Italia en el siglo XIII. <\/i>Francisco hab\u00eda dejado tras \u00e9l toda una escuela de poetas de quienes \u00e9l mismo hab\u00eda sido el- inspirador y el modelo; Ozanam ten\u00eda gran empe\u00f1o en dar a conocer sus cantos, que eran c\u00e1nticos, \u00abuniendo a este tema \u2014dice\u2014 mis recuerdos y mis impresiones con esa complacencia que se perdona a los viajeros por los lugares que les han encantado\u00bb.<\/p>\n<p>En enero de 1848, se publicaron los dos primeros cap\u00edtulos de lo que hab\u00eda de ser m\u00e1s tarde los <i>Poetas franciscanos, <\/i>en <i>El Corresponsal <\/i>en el mismo lugar y en<sup>,<\/sup> el mismo tiempo en que el autor libraba por la causa de los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb el rudo combate al que esa obra de poes\u00eda m\u00edstica se parece tan poco.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Francisco de As\u00eds estudiado como poeta, ocupar\u00e1 su lugar en ese estudio San Buenaventura que tiene un l\u00edrico aliento bajo el h\u00e1bito de la Escuela; Fray Pac\u00edfico, al que llamaban rey de los versos, y Jacomino de Verona, figuras todas que se opa-&#8216; car\u00e1n ante un poeta a\u00fan mayor: Jacopone de Todi. Luego, <i>los Poetas franciscanos <\/i>dormir\u00e1n breve tiempo en <i>El Corresponsal, <\/i>hasta que poco despu\u00e9s las <i>Fioretti <\/i>vengan a completarlos, coro\u00adnarlos y terminar una obra que ser\u00e1 la m\u00e1s popular de todas las de Ozanam.<\/p>\n<p>No es de sorprender: es la obra en que puso m\u00e1s de s\u00ed mismo, de su alma, a la vez po\u00e9tica y m\u00edstica. Y en la actual historia de su vida \u00bfqu\u00e9 buscamos en sus libros, en todos sus libros, si no es \u00fanicamente lo que ha puesto de \u00e9l, de su alma y de su vida ; mos\u00adtrando as\u00ed cu\u00e1nto se parece a sus libros y cu\u00e1nto sus libros se pa\u00adrecen a \u00e9l?<\/p>\n<p>En una de sus cartas al se\u00f1or Janmot, en 1836, al hablar de la cuna de Francisco, hab\u00eda dicho con Dante: \u00abNo la llam\u00e9is As\u00eds, pues ser\u00eda decir poco; llamadla Oriente, es propiamente su nom\u00adbre\u00bb. Ozanam llevaba, pues, en su alma en plena simpat\u00eda con la del santo, los rayos de ese Oriente. Su alma po\u00e9tica, en primer lu\u00adgar, simpatizaba con el poeta sagrado que ve y canta a su Dios transparente para \u00e9l en el espejo de sus criaturas, desde la estrella y el sol hasta las m\u00e1s peque\u00f1as y despreciadas a las que llama sus hermanos y sus hermanas. Toda su alma de caridad simpatiza con el santo que adora a Jesucristo en la persona del pobre, que se hace a su imagen el m\u00e1s pobre de los pobres, padre y fundador de una familia de pobres, y que hace de la pobreza su esposa,. su dama. El alma de Ozanam se identifica con el<sup>.<\/sup> alma del hombre de paz que se dio la misi\u00f3n de reconciliar a los hombres, recorriendo una tras otra las ciudades g\u00fcelfas y gibelinas, dese\u00e1ndoles la paz que deben celebrar entre ellas al pie del crucifijo.. \u00abAs\u00ed pues \u2014dice Ozanam\u2014 Francisco de As\u00eds aparece como el Orfeo de la Edad Media que doma la ferocidad de las bestias y la dureza de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam hab\u00eda o\u00eddo a Lacordaire, a quien cita, llamar a Fran\u00adcisco de As\u00eds \u00abel loco de amor\u00bb. Sus poes\u00edas no son m\u00e1s que c\u00e1n\u00adticos a ese divino amor. Tambi\u00e9n \u00e9l, historiador de una \u00e9poca que realiz\u00f3 obras sublimes, refiere esas obras al amor de Jesucristo y le rinde homenaje como a la \u00fanica palanca que puede levantar la tierra hasta los cielos: \u00abNo \u2014escribe en otra parte_ jam\u00e1s la antig\u00fcedad conoci\u00f3 nada semejante. Por no haber conocido y amado a Dios, no pudo amar al hombre. \u00a1Mas contemplad los tiempos cristianos y ver\u00e9is que ese amor se convierte en due\u00f1o del mundo! El venci\u00f3 al paganismo en los anfiteatros y en las hogueras. Civi\u00adliz\u00f3 a los pueblos nuevos, los llev\u00f3 a las cruzadas y form\u00f3 h\u00e9roes m\u00e1s grandes que todas las epopeyas. Encendi\u00f3 la antorcha de las escuelas en que las letras perduraron durante los siglos b\u00e1rbaros; y despu\u00e9s de los salmos de David, dict\u00f3 los himnos de la Iglesia, es decir los cantos m\u00e1s sublimes que hayan consolado del tedio de la tierra.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Francisco de As\u00eds y por encima de otros tres poetas, Ozanam llega a Jacopone de Todi. Nos dice que no sin vacilar em\u00adprende la historia de ese hombre extraordinario que pas\u00f3 del claus\u00adtro a la c\u00e1rcel y de la c\u00e1rcel a los altares. \u00abSe ver\u00e1n en mi estudio tiempos dif\u00edciles \u2014dice\u2014: la Iglesia incendiada, y un granreligio\u00adso en lucha con un Papa. Se ver\u00e1 a un gran poeta derramando los amargos raudales de elocuencia de su s\u00e1tira y la llama de sus iras sobre el ungido del Se\u00f1or, para encender contra \u00e9l las pasio\u00adnes populares y llenar de esc\u00e1ndalo a toda la Iglesia de Jesucristo. Mas la gloria de Dios nunca tuvo inter\u00e9s en ocultar las faltas de sus justos. El historiador cristiano los concibe y los representa tal como los hizo la naturaleza, apasionados, falibles, pero capaces de borrar con un d\u00eda de arrepentimiento varios arios de errores\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam implora misericordia para el error; llama el perd\u00f3n sobre el arrepentimiento. Ese monje rebelde fue un hombre de bue\u00adna fe que crey\u00f3 denunciar en sus versos, no al jefe leg\u00edtimo de la Iglesia, sino a un usurpador de la sede apost\u00f3lica. Lo arma, extra\u00advi\u00e1ndolo, izna fe ciega pero santa, y su coraz\u00f3n es el primero que desgarran de dolor los mismos golpes que asesta a su madre la Iglesia.<\/p>\n<p>Luego la indulgencia comunicativa de Ozanam quiere que el cruel error de ese &#8216;fraile equivocado sea para todos una lecci\u00f3n de respeto y de recato que debe guardarse entre cristianos, en la pol\u00e9mica religiosa. \u00abOtros se escandalizar\u00e1n de ese espect\u00e1culo \u2014es\u00adcribe\u2014; nosotros podremos aprovecharlo. Aprenderemos, para los tiempos de discordia, a creer que la virtud es posible en un bando que no es el nuestro, y a medir nuestros golpes en la refriega, ya que pueden caer, sin saberlo nosotros, en cabezas dignas de todo nuestro respeto\u00bb.<\/p>\n<p>Fuera de eso, lo que hizo poeta y gran poeta a Jacopone de Todi es el amor y las l\u00e1grimas, y es tambi\u00e9n lo que atrae a Ozanam hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>El amor de Jesucristo enciende sus c\u00e1nticos: los de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz no tienen languideces m\u00e1s apasionadas. Asimismo, el amor de la Virgen Mar\u00eda que palpita en ese coraz\u00f3n se derrama erg llanto a los pies de la Madre de los Dolores, en esa inconsolable secuencia del <i>Stabat, <\/i>en que el poeta nos la muestra desgarrada, pero erguida al lado de su Hijo. \u00abLa liturgia cat\u00f3lica \u2014dice Ozanam\u2014 no tiene nada m\u00e1s conmovedor que ese lamento tan triste cuyas estrofas mon\u00f3tonas van cayendo como l\u00e1grimas tan suaves que se reconoce en \u00e9l un dolor divino, consolado por los \u00e1ngeles; tan sencillo; en fin, en su lat\u00edn popular, que las mujeres y los ni\u00f1os comprenden la mitad por las palabras y la otra mitad por el canto y por el coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, Jacopone es, tambi\u00e9n \u00e9l, el poeta de los pobres y el aman\u00adte de la pobreza. Ozanam la ama tambi\u00e9n y escribe: \u00abHonro en ese vate al poeta de los pobres cuando celebra la pobreza&#8230; El pueblo nunca tuvo servidores m\u00e1s grandes que los hombres que le ense\u00f1aron a bendecir su destino, que hicieron la azada ligera en el hombro del labrador e irradiaron esperanza en la caba\u00f1a del hi\u00adlandero. M\u00e1s de una vez, sin duda, al ocaso, cuando la gente de Todi regresaba del trabajo de los campos por las veredas de la co\u00adlina, los hombres picaban a sus bueyes con el aguij\u00f3n, las mujeres llevaban a cuestas sus ni\u00f1os de piel curtida, y detr\u00e1s de ellos al\u00adgunos religiosos franciscanos, con los,pies polvorientos, cantaban la canci\u00f3n de Jacopone que se mezclaba al toque del Angelus: &#8216;\u00a1Dulce amor de la pobreza, cu\u00e1nto debemos amarte!&#8217; Pobreza, pobrecilla m\u00eda, una escudilla te basta para beber y comer. Un poco de pan, agua y unas yerbas. Pobreza no quiere m\u00e1s; si llega un hu\u00e9sped, a\u00f1ade un grano de sal\u00bb, etc., etc.<\/p>\n<p>\u00abA fines de 1306, Jacopone cargado de a\u00f1os, quebrantado por los abrazos del amor divino, enferm\u00f3 y reconoci\u00f3 que se acercaba la muerte. Fray Juan de la Alverni\u00e0 que lo amaba entra\u00f1ablemente lleg\u00f3 a tiempo a su lecho de muerte para darle, el beso de paz y luego el sant\u00edsimo cuerpo de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Entonces Jacopone, en un transporte de alegr\u00eda, cant\u00f3 el c\u00e1ntico <i>Jesu, Nos\u00adtra fidenza, <\/i>despu\u00e9s de lo cual exhort\u00f3 a los hermanos a vivir bien, alz\u00f3 las manos al cielo y exhal\u00f3 el \u00faltimo suspiro. Era la noche de Navidad, en el momento en que el sacerdote, al empezar la misa en la vecina iglesia, entonaba el Gloria in Excelsis\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Amp\u00e8re llama a los <i>Poetas franciscanos <\/i>\u00abuna obra maestra llena de saber y de gracia. Insisto en la palabra gracia \u2014dice\u2014 porque era una de las caracter\u00edsticas de esa imaginaci\u00f3n cuya flor no hab\u00edan logrado deshojar ni la austera vida ni las labores de la erudici\u00f3n. Se sorprende uno al ver que haya podido escribir esa obra con tan delicioso encanto y entregarse a investigaciones eru\u00additas rese\u00f1adas en su informe al ministro sobre su omisi\u00f3n literaria; pues ambos son frutos de su estancia en Italia\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, en los mismos meses de diciembre y de enero de 1848 en que publicaba los <i>Poetas franciscanos <\/i>en el <i>Corresponsal, <\/i>la misma carta a Foisset, el 28 de enero, los presentaba como s\u00f3lo una p\u00e1gina epis\u00f3dica de una obra inmensa, una piedra esculpida destinada a formar&#8217; parte de un amplio edificio del que trazaba a grandes rasgos la estructura y desplegaba el plano de conjunto ante sus ojos. Esa carta es un faro erguido en la inmensidad. Hay que citarla .completa:<\/p>\n<p>\u00abMis dos ensayos sobre Dante y sobre los germanos son para m\u00ed como las dos mojoneras extremas de un trabajo del que ya he rea\u00adlizado una parte en mis lecciones p\u00fablicas, y que quisiera reanudar hasta dejarlo terminado. Ser\u00eda la historia literaria de los tiempos b\u00e1rbaros; la historia de las letras y por consiguiente de la civili\u00adzaci\u00f3n, desde la decadencia latina y los principios del genio cris\u00adtiano hasta fines del siglo XIII. Constituir\u00eda el objeto de mi en\u00adse\u00f1anza durante diez a\u00f1os, si fuere preciso y si Dios me presta vida. Mis lecciones ser\u00edan taquigrafiadas y proporcionar\u00edan la pri\u00admera redacci\u00f3n del volumen que yo publicar\u00eda, corrigi\u00e9ndola al final de cada a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00abEse modo de &#8216;trabajar dar\u00eda a mis escritos un poco del calor que encuentro a veces en la c\u00e1tedra y que me abandona con de\u00admasiada frecuencia en el cuarto de estudio. Tendr\u00eda tambi\u00e9n la ventaja de ahorrar mis fuerzas al permitir que no se dividan y al llevar a la misma meta lo poco que s\u00e9 y lo poco que puedo.<\/p>\n<p>\u00abEl tema ser\u00eda admirable, pues se trata de dar a conocer esa larga y laboriosa educaci\u00f3n que imparti\u00f3 la Iglesia a los pueblos modernos. Empezar\u00eda por un volumen de introducci\u00f3n en que tra\u00adtar\u00eda de mostrar el estado intelectual del mundo al advenimiento<\/p>\n<p>del cristianismo: lo que la Iglesia pudo recoger de la herencia de la antig\u00fcedad y c\u00f3mo lo recogi\u00f3; por consiguiente, los or\u00edgenes del arte cristiano y de la ciencia cristiana, desde el tiempo de las ca\u00adtacumbas y de los primeros Padres. Todos los vi\u00e0jes que hice a Italia el a\u00f1o pasado se dirigieron a esa meta.<\/p>\n<p>\u00abLuego vendr\u00eda el cuadro del mundo b\u00e1rbaro, m\u00e1s o menos corno en mi obra sobre los germanos; su entrada en la sociedad cat\u00f3lica; <i>y <\/i>los prodigiosos trabajos de hombres como Boecio, como Isidoro de Sevilla, como Beda, como San Bonifacio, que no permitieron que la noche reinara, que llevaron la luz de un extremo a otro del Imperio invadido, que la hicieron penetrar en pueblos que hab\u00edan permanecido inaccesibles y que transmitieron de mano en mano la antorcha hasta Carlomagno. Tendr\u00eda que estudiar la. obra re\u00adparadora de ese gran hombre y mostrar que las letras que no ha-<sub>&#8216;<\/sub> b\u00edan perecido antes que \u00e9l, no se extinguieron despu\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00abMostrar\u00eda todo cuanto de grande se hizo en Inglaterra en tiem\u00adpos de Alfredo y en Alemania bajo los Otones; y llegar\u00eda por fin a Gregorio VII y a las Cruzadas. Tendr\u00eda entonces los tres siglos m\u00e1s gloriosos de la Edad Media: los te\u00f3logos como San Avselmo, San Bernardo, Pedro Lombardo, Alberto Magno, Santo Tom\u00e1s, San Buenaventura; los legisladores de la Iglesia y del Estado, Gregorio VII, Alejandro III, Inocencio III e Inocencio IV; Federico II, San Luis, Alfonso X; toda la querella del Sacerdocio y del Imperio; las comunas, las rep\u00fablicas italianas; los cronistas, los historiadores; las universidades y el conocimiento del derecho. Tendr\u00eda toda esa poes\u00eda caballeresca, patrimonio com\u00fan de la Europa latina; y debajo, todas las tradiciones \u00e9picas peculiares de cada pue\u00adblo, que son los albores de las literaturas nacionales. Asistir\u00eda a la formaci\u00f3n de las lenguas modernas, y mi trabajo terminar\u00eda con la <i>Divina Comedia, <\/i>el monumento m\u00e1s grandioso de ese per\u00edodo, que es como su compendio y su gloria\u00bb.<\/p>\n<p>Entusiasmado por la amplitud de la obra, solicitado por su be\u00adlleza, Ozanam siente a la _ vez miedo al pensar en la flaqueza del operario y a\u00f1ade melanc\u00f3licamente: \u00abHe aqu\u00ed, mi querido ami\u00adgo, lo que se propone un hombre que por poco muere hace dieciocho meses, que no est\u00e1 bien restablecido todav\u00eda, _obligado a tomar toda clase de precauciones, y que usted cono\u00e7e, por lo dem\u00e1s, como lleno de,indecisi\u00f3n y debilidad.<\/p>\n<p>\u00abMas cuento ante todo con la bondad. de Dios, si se sirve devolverme la salud. Cuento despu\u00e9s con mi curso que me llevar\u00e1 siem\u00adpre a mi plan, y tambi\u00e9n a la justa medida a que deben reducirse para un p\u00fablico letrado cuestiones tan complejas y de las cuales una sola bastar\u00eda para el empleo de varias vidas. En fin, cuento algo con esos ocho a\u00f1os de preparaci\u00f3n ininterrumpida de ense\u00ad\u00f1anza y de trabajo en que trat\u00e9 de fijar y de reunir algunas de mis investigaciones y de someterlas a los consejos de mis buenos amigos\u00bb.<\/p>\n<p>La gran obra hubiera llevado el t\u00edtulo de: <i>Historia de la civi\u00adlizaci\u00f3n en los tiempos b\u00e1rbaros, <\/i>que ya se hab\u00eda iniciado en los estudios germ\u00e1nicos. En febrero de 1847, se hab\u00eda publicado el primer volumen, primera parte: <i>Los Germanos antes del Cristia\u00adnismo. <\/i>En julio de 1849, el segundo: <i>El Cristianismo entre los Francos. <\/i>Ese mismo a\u00f1o, la \u2022 Academia francesa hab\u00eda discernido el premio Gobert a los dos vol\u00famenes gemelos. Ya Ozanam, en su curso sobre las letras en Italia durante el per\u00edodo b\u00e1rbaro, hab\u00eda inaugurado lo que \u00e9l intitular\u00e1 <i>Historia de la civilizaci\u00f3n cristiana en el siglo V. <\/i>Sin embargo, esas tres obras no eran a\u00fan en su pensamiento m\u00e1s que la introducci\u00f3n al gran per\u00edodo hist\u00f3rico que, extendi\u00e9ndose desde el siglo de Carlomagno al de San Luis e Inocencio III, hab\u00eda de abarcar toda la Edad Media, para ir a unir\u00adse con el extra\u00f1o y grandioso poema que lo transport\u00f3 por entero en sus cantos.<\/p>\n<p>Se representa uno este grandioso edificio hist\u00f3rico como una ca\u00adtedral cuyo p\u00f3rtico es el siglo V, flanqueado por dos torres rom\u00e1\u00adnicas, los romanos y los francos, y abri\u00e9ndose en una larga nave de seis siglos que culminaban en el santuario en que Cristo, ven\u00adcedor de la barbarie, reina y triunfa en su gloria en medio de sus pont\u00edfices, de sus h\u00e9roes, de sus doctores, de sus santos, de sus poe\u00adtas que lo adoran sobr\u00e9 el altar, su trono, como se ve en la <i>Disputa del santo Sacramento.<\/i><\/p>\n<p>Al reanudar su curso en 1849, Ozanam mostr\u00f3 primero a sus disc\u00edpulos el espacio vertiginoso y fascinante que les pedir\u00eda que recorrieran con \u00e9l: \u00abAs\u00ed pues, se\u00f1ores, los que me sigan hasta el final en estas investigaciones, tendr\u00e1n que recorrer un per\u00edodo de cerca de mil a\u00f1os, la sexta parte, y acaso la m\u00e1s laboriosa, en la vida del g\u00e9nero humano. Recorreremos este camino con lentitud, pero con el tenaz apego con que se contempla un gran espect\u00e1culo. Y en efecto \u00bfhabr\u00e1 estudio m\u00e1s atractivo que el de esas relaciones que unen entre s\u00ed a las \u00e9pocas, que dan disc\u00edpulos a los muertos ilustres, cien a\u00f1os, quinientos a\u00f1os despu\u00e9s de ellos; que muestran en todas partes el pensamiento, victorioso de la destrucci\u00f3n?\u00bb<\/p>\n<p>Mas para realizar esta magna obra, necesita estar sostenido, ele\u00advado por el est\u00edmulo de hombres m\u00e1s j\u00f3yenes que \u00e9l. Ozanam sen\u00adt\u00eda decaer sus fuerzas, pues envejec\u00eda prematuramente: recibi\u00f3 de la enfermedad siniestras advertencias: \u00abSe\u00f1ores \u2014a\u00f1ade\u2014, no afrontar\u00eda yo el peligro de semejante empresa si no estuviera sos\u00adtenido e impulsado por vosotros. Tomo de testigo estos muros de que si alguna vez, en raros intervalos, he encontrado la inspi\u00adraci\u00f3n, ha sido en este recinto, ya sea que me enviaran el eco de algunas de las grandes voces con que resonaron, ya sea que me sintiera elevado por vuestras ardientes simpat\u00edas. Quiz\u00e1 mi prop\u00f3\u00adsito es temerario; pero vosotros compartir\u00e9is su responsabilidad y habr\u00e9is de suplir la deficiencia de mis fuerzas. En esta tarea en\u00advejecer\u00e9, si lo permite Dios. Mas el fr\u00edo de los a\u00f1os no habr\u00e1 de invadirme mientras pueda volver, como hoy, a renovar la juven\u00adtud de mi coraz\u00f3n al fuego de vuestra juventud\u00bb.<\/p>\n<p>Fue sostenido, comprendido; aumentaba sin cesar la asistencia a sus lecciones. Como hab\u00eda mostrado anteriormente al cristianismo en lucha con los b\u00e1rbaros del Norte, lo mostraba ahora en lu\u00adcha con los de Occidente, en ese Imperio romano que para educar a esas masas indisciplinadas, no ten\u00eda nada que mostrarles fuera del esc\u00e1ndalo de una decadencia mora`, religiosa, pdl\u00edtica, mili\u00adtar, peor que su barbarie. \u00bfC\u00f3mo se realizar\u00e1, pues, la resurrec\u00adci\u00f3n de ese viejo mundo que sucumbe menos bajo los embates de los b\u00e1rbaros que bajo el peso de sus vicios? \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacerse con ese Imperio moribundo, pero . que quer\u00eda morir entre risas?<\/p>\n<p>\u00abNo se civiliza verdaderamente a los hombres sino influyendo en sus conciencias \u2014responde Ozanam\u2014; y la primera victoria para reconquistarlos, hay que obtenerla ante todo sobre sus pasio\u00adnes. Mas \u00bflos fil\u00f3sofos de Roma se inquietaron acaso alguna vez por las almas de tantos millones de b\u00e1rbaros sepultados en la igno\u00adrancia y el pecado? Esperad, para ello, esperad la llegada de esos misioneros que su celo arrastra m\u00e1s all\u00e1 de los r\u00edos en que se-hab\u00edan detenido las legiones. S\u00f3lo piensan en salvar a las almas; pero al hacerlo, salvar\u00e1n todo lo dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam muestra a esos misioneros lejanos, obispos, monjes, doc\u00adtores, predicadores, v\u00edrgenes y con frecuencia m\u00e1rtires. Es a\u00fan Roma, pero una Roma nueva y compl\u00e9tamente espiritual que vuel\u00adve a emprender la conquista del mundo por la conquista de los esp\u00edritus y de los corazones. Tarea ingrata en que se ve abandonada por quienes se entregaron primero a ella. Entonces, mientras los godos, los v\u00e1ndalos, los lombardos se convierten al arrianismo, la Iglesia se interesa de preferencia por una tribu germ\u00e1nica en cuya grandeza trabaja todo Occidente. Es urgente: pues Ozanam, al final de una de sus clases, con el libro de Salviano en la mano, no encuentra ya en el, antiguo territorio del Imperio m\u00e1s que paganos y arrianos: una doble barbarie. Es el caos, la anarqu\u00eda; \u00bfqu\u00e9 mano p\u00f3ndr\u00e1 all\u00ed orden y unidad, con la verdadera luz? En ese desmem\u00adbramiento del Imperio d\u00f3nde est\u00e1 la cabeza que le restituir\u00e1 un cuerpo? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la fuerza, el pensamiento, la esperanza, la vida? <sup>&#8211;<\/sup>Ozanam se lo pregunta.<\/p>\n<p>\u00abPues bien, un d\u00eda \u2014responde con un adem\u00e1n que recuerda otro muy parecido de Lacordaire\u2014 el d\u00eda de Navidad de 496, el obispo Remigio esperaba en la puerta de su catedral de Reims. Mantos de color suspendidos en las casas vecinas daban sombra al atrio. Los p\u00f3rticos estaban \u00e1dornados con blancas colgaduras; es\u00adtaban listas las pilas bautismales y se hab\u00edan derramado b\u00e1lsamos sobre el m\u00e1rmol. Cirios arom\u00e1ticos refulg\u00edan por doquier; y fue tal el sentimiento de piedad que se difundi\u00f3 en el santo recinto, que los b\u00e1rbaros se creyeron en medio de los perfumes del para\u00edso. El jefe de una tribu guerrera baj\u00f3 a la fuente bautismal; tres mil com- pa\u00f1eros losiguieron. Cu\u00e1ndo salieron cristianos, se hubiera podido ver salir con ellos catorce siglos de imperio, toda la caballer\u00eda, las cruzadas, la escol\u00e1stica, es decir el hero\u00edsmo, la libertad, las luces modernas. Una gran naci\u00f3n empezaba a vivir en el mundo: eran los francos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Los francos! Con ellos se inauguraba una nueva era para la obra de la civilizaci\u00f3n, en ese siglo V en que el cristianismo prodig\u00f3 todos sus tesoros de saber, de caridad, de virtud y de gracia. Cada una de las lecciones de Ozanam nos, ofrece un nuevo beneficio de la Iglesia. Se ve sucesivamente aparecer el <i>Derecho cristiano, <\/i>ilu\u00adminando primero con sus reflejos, bajo los emperadores id\u00f3latras, luego con sus rayos directos bajo los emperadores cristianos a ese mundo que_: hubiera podido destruir, que prefiri\u00f3 transformar; las letras penetrando poco a poco en la Iglesia, y la Iglesia acogi\u00e9n\u00addolas como una preparaci\u00f3n humana del Evangelio; la teolog\u00eda oponiendo la solidez indestructible de sus dogmas a las f\u00e1bulas del . paganismo y a las sutilezas de la herej\u00eda; la filosof\u00eda cristiana rea\u00adnudando en &#8216;San Agust\u00edn las m\u00e1s sublimes especulaciones y. aspi\u00adraciones de Plat\u00f3n, iluminadas con las luces de la Revelaci\u00f3n; el papado oponiendo al torrente de las invasiones la autoridad de su palabra y de su intervenci\u00f3n; el monaquismo preparando a las razas nuevas a la vez institutores, bienhechores, ap\u00f3st\u00f4les y mo\u00addelos; las costumbres cristianas respetuosas del esclavo, del indi\u00adgente, del obrero, de la mujer rehabilitada en un matrimonio con\u00adsagrado; la elocuencia, la historia, la poes\u00eda, el arte en fin, bau- tizados y esforz\u00e1ndose, a veces no sin brillo, por celebrar lo que hab\u00edan desconocido, por condenar lo que hab\u00edan glorificado. Otras tantas lecciones que se convertir\u00e1n en los cap\u00edtulos de un libro m\u00e1s elocuente a\u00fan que el discurso.<\/p>\n<p>Mas la ense\u00f1anza de Ozanam no &#8216;era s\u00f3lo una brillante palabra, sino tambi\u00e9n una acci\u00f3n moral. Como lo dice de esa Iglesia civi- lizadora, se dirig\u00eda, tambi\u00e9n \u00e9l, a las conciencias de los oyentes, y quer\u00eda actuar sobre ellas, a fin de conquistarlas. As\u00ed pues, hac\u00eda pasar su alma por sus labios. As\u00ed marcaba sus lecciones con su sello personal que es bondad y virtud, no menos que ciencia y ver\u00addad. Fue con la juventud una verdadera potencia, discreta, pero bienhechora, pues era una potencia aceptada, aclamada y amada.<\/p>\n<p>Montalembert se lo afirmaba a su viuda, a ra\u00edz de su muerte: \u00abM\u00e1s de una vez \u2014escribe\u2014, rejuveneci\u00e9ndome para gozar, como esos j\u00f3venes, de esa palabra, tan generosa, tan sincera, tan atrac\u00adtiva, fui a sentarme al pie de su c\u00e1tedra; y no me consuelo de que ahora est\u00e9 vac\u00eda y. para siempre muda para ellos y para nosotros. A mi parecer, nadie como \u00e9l pod\u00eda enarbolar tan noblemente el estandarte de la inteligencia cat\u00f3lica, proteger a esa pobre juven\u00adtud y salvarla del escepticismo, de la licencia, de la idolatr\u00eda de la raz\u00f3n. Era, con justo motivo, su gu\u00eda, su or\u00e1culo\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00eda, por ejemplo, una hermosa lecci\u00f3n sobre las <i>Mujeres cris\u00adtianas <\/i>del siglo V. En ella, al hablar del matrimonio a esos j\u00f3venes, Ozanam les presentaba el lado grandioso del sacrificio, mostr\u00e1n\u00addoles el deber que les incumb\u00eda de dedicarle la plenitud de vir\u00adtudes que ellos mismos exig\u00edan a la mujer de su elecci\u00f3n: \u00abSon dos copas: en una se encuentra la pureza, el pudor, la inocencia; en la otra, un amor intacto, la abnegaci\u00f3n, la inmortal consagraci\u00f3n del hombre a la que es m\u00e1s d\u00e9bil que \u00e9l; a quien ayer no conoc\u00eda <i>y <\/i>con la cual se encuentra hoy dichoso de pasar todos sus d\u00edas. Es preciso que las copas se encuentren igualmente llenas,para que la uni\u00f3n, sea equitativa y para que el cielo la bendiga\u00bb. \u00bfNo se ins\u00adpira acaso aqu\u00ed Ozanam el su propio recuerdo y en el m\u00e1s que\u00adrido de todos?<\/p>\n<p>Hab\u00eda una lecci\u00f3n sobre la <i>Caridad cristiana. \u00e8, C\u00f3mo <\/i>hubiera podido olvidarla Ozanam? Al comparar las dos religa nes, la pagana y la cristiana, en la obra que emprendieron para dar \u00e1nimos al trabajo, para liberar al esclavo, para auxiliar al pobre, Ozanam contempla los monumentos que, de una y otra parte, dan testimo\u00adnio de esa obra: \u00abS\u00ed \u2014concluye\u2014, la antig\u00fcedad nos ha superado al elevar monumentos al placer. S\u00ed, ellos entend\u00edan mejor que noso\u00adtros el arte de gozar, y nada escatimaban para elevar sus coliseos, sus teatros, sus circos a donde iban a sentarse espectadores en n\u00fa\u00admero de ochenta mil. Conoc\u00edan mejor el arte de gozar; pero nos\u00adotros los aplastamos con los monumentos sin n\u00famero elevados al, dolor y a la debilidad, y que nuestros padres bautizaron con el nom\u00adbre sagrado de hospitales de Dios. Los antiguos sab\u00edan gozar; pero nosotros tenemos otra ciencia mejor. Sab\u00edan a veces morir, es pre\u00adciso confesarlo; pero morir es muy breve. . . Nosotros sabemos lo que constituye la dignidad humana, lo que dura tanto como la vida: sabemos sufrir y trabajar\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, escribe juiciosamente, es preciso para ello que en el es\u00adtudio de esa \u00e9poca el esp\u00edritu abandone la ciega pretensi\u00f3n, de moda all\u00e1 por el a\u00f1o de 1840, que situaba en la Edad Media el ideal de la perfecci\u00f3n social. \u00abSeamos precavidos: en tal forma, s\u00f3lo se conseguir\u00eda sublevar a muchos buenos esp\u00edritus contra una \u00e9poca cuyos defectos se quiere justificar. El cristianismo parecer\u00e1 responsable de todos los des\u00f3rdenes cometidos en una \u00e9poca en que se le representa como due\u00f1o de todos los corazones &#8230; Es preciso ver el mal, verlo como fue, es\u00a0decir formidable, precisa\u00admente para conocer mejor los servicios de la Iglesia cuya gloria, en esos siglos mal estudiados_, no fue haber reinado, sino haber combatido\u00bb.<\/p>\n<p>Las revoluciones y los desastres de esas \u00e9pocas de transici\u00f3n proporcionaban a Ozanam el tema de otra lecci\u00f3n para la gene\u00adraci\u00f3n de aquellos agitados a\u00f1os de 1848. Era la lecci\u00f3n de resis\u00adtencia y de esperanza en Dios. Dec\u00eda a esos j\u00f3venes: \u00abSe\u00f1ores, por m\u00e1s que nos adentremos en la selva de Germania y en las oscu\u00adridades de la Edad Media, nuestros estudios no ser\u00e1n tan ajenos como parecen a las preocupaciones del presente, a sus peligros y a sus esperanzas. Nos ense\u00f1ar\u00e1n a no desesperar de nuestro siglo al atravesar \u00e9pocas m\u00e1s amenazadoras, en que la violencia parec\u00eda due\u00f1a de todo, despreciaba la luz y detestaba la ley. Seguros de que la civilizaci\u00f3n no puede perecer, sabremos tambi\u00e9n c\u00f3mo puede vencer,por la palabra m\u00e1s que por la espada y por la caridad tanto como por la justicia\u00bb. \u2014 Y un poco m\u00e1s abajo: \u00abEn mediode -nuestra decaden\u00e7ia demasiado visible no debe negarse el progreso que no vemos. Nacidos en d\u00edas aciagos, recor\u00addemos que el cristianismo que es nuestro sost\u00e9n ha visto otros peores; y, como Eneas a sus compa\u00f1eros desalentados, digamos que hemos pasado por demasiadas pruebas para no esperar de Dios el fin- de \u00e9sta: O <i>passi graviora, dabit Deus his quoque f inem!\u00bb<\/i><\/p>\n<p>Hay veinte alusiones semejantes a las cosas del tiempo actual en el, curso de esas lecciones. Ozanam ya no las escrib\u00eda. La ta\u00adqu\u00edgrafa las apresaba al vuelo cuando sal\u00edan de sus labios inspi\u00adrados, para el d\u00eda en que el escritor se las pidiera y formara con ellas una obra del arte m\u00e1s perf \u00e8cto y m\u00e1s puro; pero \u00bfllegar\u00eda alguna vez ese d\u00eda?<\/p>\n<p>El mismo comenzaba a dudar. Al fin de la,XXI lecci\u00f3n, la \u00fal\u00adtima del a\u00f1o acad\u00e9mico, leemos estas palabras que son casi un adi\u00f3s: \u00abMe complazco en creer, se\u00f1ores, que acudir\u00e9 con ma\u00adyor puntualidad a la cita que os doy aqu\u00ed para el a\u00f1o pr\u00f3ximo. No s\u00e9, se\u00f1ores, si terminar\u00e9 con vosotros esta carrera, o si, como a otros muchos, me ser\u00e1 negado entrar en la tierra de promisi\u00f3n de mi pensamiento; pero, cuando menos, la habr\u00e9 saludado desde lejos. Y sea cual fuere la duraci\u00f3n de mi ense\u00f1anza, de mis fuer\u00adzas, de mi vida, no habr\u00e9 perdido mi tiempo si os he convencido del progreso realizado por medio del cristianismo; si, en tiempos dif\u00edciles, he reanimado en .vuestras j\u00f3venes almas la esperanza que no s\u00f3lo es la inspiradora de lo bello, sino el principio del bien; que no s\u00f3lo nos incita a realizar bellas obras sino a cumplir grandes deberes. Necesaria al artista para guiar su pluma o su pincel, la esperanza no es menos necesaria al joven padre que funda una familia o al labrador que arroja su trigo en el surco sobre la ce\u00adleste palabra de Aquel que ha dicho: \u00a1Sembrad!<\/p>\n<p>En cuanto a Ozanam, hab\u00eda sembrado. La semilla hab\u00eda germi\u00adnado; las espigas estaban maduras: \u00bfno iba a atar las gavillas? Sus lecciones de 1849-50, recogidas por la esten\u00f3grafa, ten\u00edan que convertirse en libros: despu\u00e9s de <i>Los Poetas Franciscanos, La Ci\u00advilizaci\u00f3n en el Siglo V, <\/i>revisada, terminada, proporcionar\u00eda dds vol\u00famenes, en tanto que la ense\u00f1anza proseguir\u00eda su curso. Mas las fuerzas ya no sosten\u00edan a ese gran y valiente esp\u00edritu de em\u00adpresa. \u00bfOu\u00e9 ser\u00eda de la obra?<\/p>\n<p>Los m\u00e9dicos recomendaron varios meses de completo reposo en los viajes, en el campo. En el intervalo de esas lejanas vacaciones y de esas ausencias forzadas, Federico Ozanam habr\u00e1 de arrastrar\u00adse en una perpetua y amenazadora alternativa de salud y de en\u00adfermedad o languidez, en aquellos penosos a\u00f1os de 1850 a 1852.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXIV: Los Poetas Franciscanos de Italia. 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