{"id":128631,"date":"2016-09-12T12:00:35","date_gmt":"2016-09-12T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128631"},"modified":"2016-08-06T07:39:18","modified_gmt":"2016-08-06T05:39:18","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-21","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-21\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 21"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXI: La insurrecci\u00f3n de junio<\/h2>\n<p><i>\u00abLa Nueva Era\u00bb.\u2014Los d\u00edas sangrientos.\u2014Monse\u00f1or Affre.\u2014Miseria y caridad.<\/i><\/p>\n<p>1848<\/p>\n<p>EL PADRE LACORDAIRE ha contado en sus <i>Memorias <\/i>que despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n de febrero, su esp\u00edritu fue presa de perplejidad. Estaba dividido entre la monarqu\u00eda moderada que hab\u00eda sido siempre objeto de sus preferencias, seg\u00fan asegura, pero que aca\u00adbaba de ser irremisiblemente derorcada, &#8216;y la Rep\u00fablica que no cre\u00eda posible y durable en Francia, pero que exist\u00eda de hecho. Y se preguntaba si cuando menos no ser\u00eda juicioso apuntalarla franca\u00admente como un refugio, en el inter\u00e9s de las instituciones cuya au\u00adsencia hab\u00eda provocado la ruina de dos tronos y de dos dinast\u00edas.<\/p>\n<p>\u00abAhora bien\u2014escribe\u2014 mientras, deliberaba en tal forma, con\u00admigo mismo, el Padre Maret y Federico Ozanam llamaron a mi puerta. Ven\u00edan a decirme que la turbaci\u00f3n y la incertidumbre reinaban entre los cat\u00f3licos y que esa confusi\u00f3n e indecisi\u00f3n de los esp\u00edritus pod\u00edan hacernos hostil al nuevo r\u00e9gimen y privarnos de las oportunidades de obtener de \u00e9l las libertades que el go\u00adbierno anterior nos hab\u00eda obstinadamente negado: `La rep\u00fablica \u2014a\u00f1ad\u00edan\u2014 est\u00e1 bien dispuesta hacia nosotros. No tenemos que reprocharle ninguno de los actos de irreligi\u00f3n y barbarie con que se se\u00f1al\u00f3 la revoluci\u00f3n de 1830. Cree y espera en nosotros. \u00bfHabr\u00e1 que desalentarla? \u00bfAdem\u00e1s, qu\u00e9 puede hacerse? \u00bfA qu\u00e9 otro partido podr\u00edamos adherirnos? \u00bfO\u00fa\u00e9 vemos ante nosotros, sino ruinas? \u00bfY qu\u00e9 es la Rep\u00fablica, sino el gobierno natural de una sociedad, cuando ha perdido todas sus anclas y todas sus tra\u00addiciones&#8230;?&#8217;<\/p>\n<p>\u00abMis dos interlocutores iban m\u00e1s lejos que yo. En tantd que yo no ve\u00eda en la rep\u00fablica m\u00e1s que una necesidad transitoria que era preciso aceptar con sinceridad hasta que las cosas y las ideas tomaran naturalmente otro curso, ellos ten\u00edan una visi\u00f3n m\u00e1s alta y general del porvenir democr\u00e1tico de la sociedad europea, lo cual creaba entre nosotros una grave divergencia y no permit\u00eda un tra\u00adbajo com\u00fan bajo una misma bandera. Sin embargo, el peligro era apremiante. . . Urgido por esas voces amigas para que expresara mi opini\u00f3n, ced\u00ed por fin al imperio de los acontecimientos y, aun\u00adque sent\u00eda aversi\u00f3n a ingresar en la carrera de periodista, enarbol\u00e9 con las personas que se hab\u00edan ofrecido a m\u00ed una bandera en que la religi\u00f3n, la rep\u00fablica y la libertad se enlazaban en los mismos pliegues\u00bb.<\/p>\n<p>El folleto de <i>La Nueva Era <\/i>se public\u00f3 el lo. de marzo. Se de\u00adclaraba en \u00e9l que el peri\u00f3dico no pertenec\u00eda a ning\u00fan partido, sino que se mantendr\u00eda encima de ellos para poderles decir la &#8216;verdad a todos, con imparcialidad, pero siempre con moderaci\u00f3n y ca\u00adridad.<\/p>\n<p>Un d\u00eda despu\u00e9s que se public\u00f3 esta hoja, el 16 de abril, el jefe de redacci\u00f3n recibi\u00f3 una carta del Arzobispo de Par\u00eds. En ella, Monse\u00f1or Affre hac\u00eda algo m\u00e1s que alentar a <i>La Nueva Era; <\/i>la hac\u00eda casi suya, garantizando su esp\u00edritu de sabidur\u00eda y felicit\u00e1n\u00addola por realizar un gran deber c\u00edvico y religioso. Dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abEl conocimiento personal que tengo de los principios de los fundadores de vuestro peri\u00f3dico me impulsa a daros inmediatamen\u00adte una adhesi\u00f3n de la que me abstuve respecto a los peri\u00f3dicos publicados bajo el anterior gobierno. No s\u00f3lo estoy completamente seguro contra el peligro de una presunta resurrecci\u00f3n de <i>El Por\u00advenir, <\/i>sino que s\u00e9 que vosotros combat\u00eds eficazmente lo que las teor\u00edas de ese peri\u00f3dico tuvieron de reprensible. Todos los cat\u00f3li\u00adcos no tardar\u00e1n, espero, en convencerse de ello; pero lo que m\u00e1s les gustar\u00e1 en vuestra publicaci\u00f3n, es la rectitud, la franqueza y la generosidad que, haciendo caso omiso de todos los partidos, s\u00f3lo conoce y quiere una cosa: la salvaci\u00f3n de la religi\u00f3n y de la patria.<\/p>\n<p>\u00abLo que les habr\u00e1 de gustar y lo que multiplicar\u00e1 vuestros lec\u00adtores es esa sencilla abnegaci\u00f3n que, en vez de calcular las pro\u00adbabilidades de un futuro desconocido, realiza con firmeza e inte\u00adligencia el deber actual: abnegaci\u00f3n que las amenazas no desalien\u00adtan, que aumenta con el peligro, que sabe sacrificar su descanso, su fortuna, y, si es preciso, su gloria al bien de la patria. Todos os lo tomaremos en cuenta, porque la fe sostiene e ilumina vuestro sacrificio; porque \u00e9ste ve en las grandes revoluciones que cambian la faz del mundo la todopoderosa intervenci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>\u00abNunca, como vosotros lo observ\u00e1is, fue m\u00e1s patente que en el nuevo estado pol\u00edtico de Francia. Tengamos, pues, confianza en Dios m\u00e1s que en nosotros mismos. Este &#8216;sentimiento ser\u00e1 para nos-\u00bbotros la fuente del valor verdadero, como mi coraz\u00f3n lo es del sincero y devoto afecto que os ofrezco.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00abDenis, Arzobispo de Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, consciente de la rectitud de su camino, apoyado en lo sucesivo en el brazo de su Arzobispo, Ozanam se entreg\u00f3 a esa nueva tarea con el ardiente entusiasmo que pon\u00eda en cualquier obra en que ve\u00eda el signo de la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>S\u00f3lo tres semanas despu\u00e9s, el 7 de mayo, pod\u00eda escribir a su hermano que estaba en correspondencia, gracias a su peri\u00f3dico, con seiscientos sacerdotes, cuando menos. Eran los primeros suscrip\u00adtores de la <i>Nueva Era. <\/i>A\u00f1ade: \u00abEsta ocupaci\u00f3n y la de mi curso que he reanudado, bastan a mis fuerzas que no son lo que yo qui\u00adsiera, a juzgar por la fatiga que me dejan mis haza\u00f1as militares en la guardia nacior al\u00bb. Por haber montado la guardia a la puerta de la asamblea, poco falt\u00f3 para que muriera de \u00e7ansancio y de calor. \u00abSin embargo es preciso que tenga el honor de protegerla, ya que no tengo el de iluminarla con mis luces\u00bb.<\/p>\n<p>Uno de los primeros grandes trabajos que entreg\u00f3 a la <i>Nueva Era <\/i>fue una serie de art\u00edculos sobre el <i>Divorcio, <\/i>en respuesta a la proposici\u00f3n que un ministro de Justicia, el jud\u00edo Cr\u00e9mieux, hizo ante la asamblea en favor de ese atentado legal contra la familia y la sociedad.<\/p>\n<p>Nuestra prensa cotidiana de hoy eh d\u00eda no nos da la idea de la amplitud de demostraci\u00f3n que reviste esa tesis, alimentada con ciencia y con hechos, vivificada por la elocuencia y vibrante de la emoci\u00f3n de un gran peligro inminente. El se\u00f1or Cr\u00e9mieux pre\u00adsentaba su ley en nombre del liberalismo y de la democracia.Oza\u00adnam repudia \u00abese viejo liberalismo que siempre tuvo m\u00e1s odio contra la religi\u00f3n que amor por la libertad; que se empe\u00f1a en destruir las instituciones vitales del pa\u00eds como la filosof\u00eda del siglo XVIII se dedic\u00f3 a provocar la ruina de las creencias&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Lo repudia en nombre de la joven rep\u00fablica: \u00abLa reciente re\u00advoluci\u00f3n se llev\u00f3 a cabo contra la corrupci\u00f3n de una sociedad re\u00adlajada que ya ni siquiera ten\u00eda valor para odiar el mal; y s\u00f3lo puede terminar con el advenimiento de una sociedad mejor, fundada en el trabajo, en las privaciones, en todo lo que suele dar firmeza a las conciencias y a los caracteres. Esta sociedad es pobre, labo\u00adriosa, s\u00f3lo le falta ser casta para poseer todo lo que hace a las na\u00adciones fuertes. Es preciso que acepte leyes severas, que se eduque en r&#8217;ostumbres viriles y que cumpla as\u00ed las promesas de la Provi\u00addencia. Pues la Providencia no ha prodigado semejantes aconteci\u00admientos para preparar una obra mediocre\u00bb.<\/p>\n<p>En aquellos d\u00edas se anunciaban acontecimientos a\u00fan m\u00e1s terri\u00adbles. Vinieron los d\u00edas sangrientos del 23, 24 y 25 de junio de 1848. Encontramos a Ozanam prosiguiendo su laborioso servicio de guar\u00adda nacional, que abrumaba su d\u00e9bil constituci\u00f3n; pero en que Dios iba a visitar a su soldado para otro servicio que era todo \u00e9l de pacificaci\u00f3n y de sublime abnegaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ozanam no tuvo que combatir ni disparar balas. A ra\u00edz de aquellos d\u00edas terribles, escribe a su hermano: \u00abMi pelot\u00f3n tuvo. que permanecer casi todo el tiempo en la esquina de la calle Ga\u00adranci\u00e8re y de la calle Palatine, luego en la esquina de la calle Ma\u00addame y de la calle de Fleurus. Tuvimos muchas alarmas, hubo disparos de Jusil cerca de all\u00ed, y patrullas sospechosas en los bule\u00advares; pero, gracias a Dios, no tuvimos que disparar una sola vez\u00bb.<\/p>\n<p>Estaba dispuesto a todo: \u00abMi conciencia estaba en regla y no hubiera retrocedido ante el peligro. Sin embargo, debo reconocer que el momento en que abraza uno a su esposa y su ni\u00f1a, pensando que lo hace quiz\u00e1s por \u00faltima vez, es terrible\u00bb.<\/p>\n<p>Mas \u00bfcu\u00e1l hab\u00eda sido esa idea del soldado de Dios que acabo de llamar sublime? Transcribo al historiador de la <i>Segunda Rep\u00fa\u00adblica: <\/i>\u00abEl domingo 25 de junio, estando Ozanam de servicio con los se\u00f1ores Cornudet y Bailly, en un puesto de la calle Madame, charlaban entre ellos de los rumores cada vez m\u00e1s siniestros pro\u00advocados por la prolongaci\u00f3n de la lucha. De repente, la idea de que interviniera el arzobispo surgi\u00f3 de sus angustias, y les pareci\u00f3 que ser\u00eda un gran triunfo para la Iglesia que Monse\u00f1or actuara de mediador en aquella espantosa guerra civil. Fueron inmediata\u00admente a comunic\u00e1rsela al Padre Buquet, vicario general, que les di\u00f3 su aprobaci\u00f3n y les entreg\u00f3 una carta en un gran sobre que deb\u00eda servirles de salvo-conducto para llegar; a trav\u00e9s de las ba\u00adrricadas, hasta el Arzobispado.<\/p>\n<p>\u00abMonse\u00f1or Affre los recibi\u00f3 con su bondad acostumbrada y, despu\u00e9s de escuchar el proyecto que iban a exponerle, les respondi\u00f3 con admirable sencillez: `Desde ayer me obsede esa misma idea; pero \u00bfc\u00f3mo realizarla? \u00bfC\u00f3mo llegar hasta los insurgentes? \u00bfEl general Cavaignac permitir\u00e1 semejante paso? Adem\u00e1s \u00bfd\u00f3n\u00adde puedo encontrarlo?&#8217;<\/p>\n<p>\u00abLos delegados respondieron a todas las objeciones asegurando que en todas partes se les recibir\u00eda con veneraci\u00f3n: \u00abTen\u00e9is raz\u00f3n \u2014dijo sumiso\u2014. Pues bien, voy a ir; me pondr\u00e9 mi sotanilla para no llamar la atenci\u00f3n; y vosotros me mostrar\u00e9is el camino&#8217;.<\/p>\n<p>\u00abEn el momento en que iba a vestirse, entr\u00f3 un sacerdote que refiri\u00f3 con el mayor espanto terribles pormenores de la insurrec- ci\u00f3n que hab\u00eda presenciado un momento antes. Monse\u00f1or lo escu\u00adch\u00f3 con emoci\u00f3n; pero no se dej\u00f3 disuadir de su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>\u00abEn unos minutos, estuvo listo. Los j\u00f3venes insistieron respetuo\u00adsamente en que se cubriera con su sotana morada, y colo\u00e7ara sobre su pecho su cruz pastoral: `Har\u00e9 lo que quer\u00e1is&#8217;, respondi\u00f3 con la misma sencillez. Antes de trasladarse al escenario de la lu\u00adcha quiso visitar al jefe del poder ejecutivo cuya aprobaci\u00f3n y permiso quer\u00eda conseguir.<\/p>\n<p>\u00abYa no circulaban los coches, fue preciso caminar a pie. Nada puede expresar la veneraci\u00f3n y el entusiasmo que despert\u00f3 Mon\u00adse\u00f1or. Fue una marcha triunfal desde la Isla San Luis hasta la Asamblea nacional; las tropas, la guardia nacional, la guardia m\u00f3vil presentaban armas y tocaban el tambor. Los hombres des\u00adcubr\u00edan sus cabezas, las mujeres, los ni\u00f1os se inclinaban: era el m\u00e1s bello espect\u00e1culo del mundo.<\/p>\n<p>\u00abEl general Cavaignac recibi\u00f3 al Arzobispo con respeto y admi\u00adraci\u00f3n. El general ten\u00eda el sentido, si no de las cosas cristianas, cuando menos de las heroicas. Le represent\u00f3 primero a lo vivo el peligro a que iba a exponerse. Le inform\u00f3 que el general Br\u00e9a, enviado como parlamentario, acababa de ser capturado por los in\u00adsurgentes. Le suplic\u00f3 que no se expusiera a -semejante peligro. Mas la resoluci\u00f3n de Monse\u00f1or era inquebrantable, y los testigos re\u00adcuerdan todav\u00eda la sencillez con que contest\u00f3: &#8216;\u00a1Ir\u00e9!&#8217;<\/p>\n<p>\u00abEntonces, el general alab\u00f3 su valor. Pocas horas antes hab\u00eda, redactado, junto con el se\u00f1or S\u00e9nard, una conmovedora proclama en que exhortaba &#8216;a los obreros para que depusieran <sub>;<\/sub>las armas y rechazaba toda idea de represalia. Entreg\u00f3 un ejemplar al prelado, para que fuera m\u00e1s f\u00e1cil su tarea.<\/p>\n<p>\u00abEl Arzobispo volvi\u00f3 a su casa, tom\u00f3 un refrigerio, se confes\u00f3, seg\u00fan dicen, como antes de morir; en fin, emprendi\u00f3 el camino ha\u00adcia los barrios insurrectos. Los se\u00f1ores Ozanam, Cornudet y Bailly solicitaron con insistencia el honor de acompa\u00f1arlo: Mas, deseoso de que nadie se expusiera por \u00e9l, rehus\u00f3, diciendo que su uniforme de guardas nacionales estorbar\u00eda su misi\u00f3n al darle una aparien\u00adcia de escolta y que deb\u00eda ir s\u00f3lo con sus dos sacerdotes y su criado. Cedieron s\u00f3lo por obediencia, pero con el mayor dolor\u00bb.<\/p>\n<p>Lo dem\u00e1s, harto conocido, no forma parte de nuestro relato. Abreviaremos.<\/p>\n<p>\u00abNadie adem\u00e1s podr\u00eda describir la emoci\u00f3n de todos los corazo\u00adnes, al ver pasar al arzobispo a pie, dirigi\u00e9ndose hacia la Plaza de la Bastilla. Los guardas m\u00f3viles le presentaban sus armas para que los bendijera; algunos oficiales le suplicaban que no se expusiera a la muerte; unas mujeres, creyendo que iba a las ambulancias, le llevaron lienzos y vendas para los heridos. A quienes le llamaban la atenci\u00f3n sobre el peligro: `\u00a1Mi vida es poca cosa!&#8217; respond\u00eda. Y mientras caminaba comentaba para sus vicarios generales, los pa\u00addres Jacquemet y Ravinet, la palabra del Evangelio: ` \u00a1El Buen Pastor da la vida por sus ovejas!&#8217; Su rostro parec\u00eda iluminado.<\/p>\n<p>\u00abEn la plaza del Arsenal, se detuvo unos instantes para consolar y bendecir a unos pobres heridos. Eran las ocho de la noche y la lucha prosegu\u00eda encarnizada. Al llegar a la Plaza de la Bastilla, el prelado, dirigi\u00e9ndose al coronel encargado del mando le rog\u00f3 que hiciere, cesar el fuego: `Caminar\u00e9 solo \u2014dijo\u2014 hacia esa pobre gente enga\u00f1ada&#8217;. Se interrumpi\u00f3 el tiro de este lado de la tropa; los insurgentes disminuyeron y finalmente cesaron el suyo. El Arzobispo camin\u00f3 por la plaza. Un joven de las conferen\u00adcias de San Vicente de Paul, llamado Br\u00e9chemin, lo preced\u00eda: levantando su pa\u00f1uelo blanco atado a una rama, avanz\u00f3 as\u00ed hasta la primera barricada. Sin esperar el regreso de ese parlamentario, el heroico prelado, penetr\u00f3 por una tienda de dos puertas situada en la esquina del Faubourg Saint Antoine y camin\u00f3 hasta la gran barricada que cerraba esa calle. Un n\u00famero bastante grande de insurgentes baj\u00f3 a la plaza; varios soldados avanzaron tambi\u00e9n, deseosos de fraternizar. El Arzobispo, que llevaba en la mano la promesa de indulto, empezaba a inclinar los corazones a la reconciliaci\u00f3n cuando se oy\u00f3 el estruendo de un disparo; fue contestado con una terrible andanada. El Arzobispo, herido de muerte, cay\u00f3 en brazos de un obrero diciendo: `Amigo, estoy herido!&#8217;<\/p>\n<p>Los insurgentes, alterados ellos mismos, al ver caer esa gran v\u00edc\u00adtima, la transportaron a casa del cura de los Quinze-Vingts. Mon\u00adse\u00f1or Affre muri\u00f3 al d\u00eda siguiente. Su \u00faltima palabra fue: `Que mi sangre sea la \u00faltima que se derrame&#8217;.<\/p>\n<p>El acontecimiento, que hab\u00eda ocurrido a principios de la noche, no se conoci\u00f3, debido al desorden general, sino al d\u00eda siguiente. Se recibi\u00f3 la noticia con un grito universal de horror y de dolor. En Ozanam y en sus dos amigos, los se\u00f1ores Cornudet y Bailly, provoc\u00f3 un sentimiento de indecible aflicci\u00f3n, mezclada al princi\u00adpio con amargos remordimientos. Mas cuando recordaron que an\u00adtes de su visita ya hab\u00eda tenido el Arzobispo la inspiraci\u00f3n del sacrificio y que probablemente lo hubiera llevado a cabo sin ellos; que, adem\u00e1s, el fruto de ese sacrificio hab\u00eda sido el fin casi instan\u00adt\u00e1neo de la insurrecci\u00f3n y que esa-sangre hab\u00eda sido, en efecto, la \u00faltima que se derram\u00f3; cuando en fin fueron testigos del honor que reca\u00eda no s\u00f3lo sobre el Arzobispo, sino sobre todo el clero y la iglesia entera y, sobre todo, los perdones y las gracias que esa in\u00admolaci\u00f3n voluntaria del pastor hab\u00eda de difundir sobre todo el reba\u00f1o, esos generosos consejeros pudieron creer que s\u00f3lo hab\u00edan sido los instrumentos inconscientes de una Providencia por fin mi\u00adsericordiosa.<\/p>\n<p>Tal es el sentimiento que se manifiesta en Ozanam en estas l\u00ed\u00adneas r\u00e1pidas del 3 de julio: \u00abLo que tuvimos no fue un mot\u00edn, sino la guerra civil, es decir la guerra m\u00e1s encarnizada, la que puede renacer a la menor oportunidad. Casi no tengo esperanza m\u00e1s que en Dios y en los m\u00e9ritos de nuestro santo Arzobispo. Por un con\u00adjunto de circunstancias que ser\u00eda demasiado largo explicar, tuve el honor de acompa\u00f1arlo cuando fue desde su casa a la del general Cavaignac, en medio de las aclamaciones de la muchedumbre\u00bb<span id='easy-footnote-1-128631' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-21\/#easy-footnote-bottom-1-128631' title='Doy aqu\u00ed el relato tal como lo refiere el hermano de Ozanam, cap. XVIII, p. 393; \u2014 el Padre Lacordaire, en su &lt;i&gt;Rese\u00f1a, &lt;\/i&gt;t. 8 VIII p. 353, \u2014 y notas a las Cartas de Ozanam, p. 237; el se\u00f1or Pedro de la Gorce en la &lt;i&gt;Historia de la segunda rep\u00fa\u00adblica. &lt;\/i&gt;Todos atribuyen a Ozanam y a sus compa\u00f1eros la idea y la iniciativa de la solicitud al arzobispo. Por otra parte, una carta del se\u00f1or Cornudet a su hermana la atribuye en primer lugar al Padre Buquet, seg\u00fan se lee en el &lt;i&gt;Bolet\u00edn de la So\u00adciedad de San Vicente de Paul, &lt;\/i&gt;mayo de. 1894.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. De su propia persona Ozanam no dice nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Escribe en otra carta: \u00bb \u00a1O\u00fa\u00e9 feliz se siente uno en semejantes momentos al saber que no est\u00e1n en Par\u00eds los seres queridos!\u00bb En efecto, desde las primeras agitaciones populares, Ozanam se hab\u00eda apresurado a alejar a su mujer y a su ni\u00f1a: las hab\u00eda instalado para todo el verano en Bellevue, cerca de Meudon. Al mismo tiempo, hab\u00eda transportado urgentemente all\u00e1 a su suegro, muy enfermo y que, desde la muerte de su hijo, viv\u00eda sepultado en un dolor al que hab\u00eda a\u00f1adido el terror de esos d\u00edas sangrientos. Transportado al campo, muri\u00f3 all\u00ed de una crisis fulgurante, el 24 de julio de 1848.<\/p>\n<p>Ozanam lo llor\u00f3, pero no sin una religiosa suavidad. \u00abMi exce\u00adlente y amado suegro \u2014escribe\u2014 expir\u00f3 en nuestros brazos. Nos deja, al irse, todos los consuelos que deja un cristiano muerto en la paz de Dios y con las obras de una vida llena de m\u00e9ritos. . . El se\u00f1or Soulacroix viv\u00eda cristianamente; pero sufri\u00f3 m\u00e1s cristianamente a\u00fan, y nos ha dejado sentimientos de fe, de esperanza y de caridad, y un deseo del cielo que pone en nuestros corazones una firme confianza de reunirnos con \u00e9l, si merecemos seguirlo. Es cruel, sin embargo, en tiempos tan dif\u00edciles, sentirse privado de un padre tan tierno, de un hombre de tan buen consejo y de tan gran coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Si se sent\u00eda afligido por ese luto de familia, se sent\u00eda abrumado, pero no desalentado por el luto de Francia. As\u00ed lo escribe al conde de Champagny, el 31 de julio: \u00abSe\u00f1or, me pide usted mi opini\u00f3n sobre la situaci\u00f3n actual. Estamos bajo el juicio de Dios. En la nube de dolores en que vivimos, no acierto a ver a d\u00f3nde nos lleva la Providencia, s\u00f3lo s\u00e9 que nos lleva a donde quiere. Sin duda, cuan\u00addo se ve mo,rir a todos esos generales heridos, a toda esa flor del ej\u00e9rcito de Africa, a nuestro heroico Arzobispo y a ese Chateau\u00adbriand que era como el representante de la antigua Francia, tiene uno la impresi\u00f3n de que la patria se va. Dij\u00e9rase que se va con todo lo que amamos; con la libertad misma. que s\u00f3lo parece posible bajo la convicci\u00f3n del estado de sitio; con la popularidad renaciente del catolicismo comprometida por las actuales dificultades de P\u00edo IX. Jam\u00e1s me ocult\u00e9 el peligro de la situaci\u00f3n. Siempre cre\u00ed en la in\u00advasi\u00f3n de los b\u00e1rbaros; m\u00e1s que nunca creo en ella. Creo que ser\u00e1 larga, sangrienta, pero que est\u00e1 destinada a inclinarse tarde o tem\u00adprano bajo la ley cristiana y por consiguiente a regenerar el mun- do. S\u00f3lo que, si bien estoy seguro de que asistiremos a todo el horror de la lucha, no s\u00e9 si nuestros hijos vivir\u00e1n lo bastante para ver su fin\u00bb. Luego la palabra sublime de la fe que transporta las monta\u00f1as: \u00abRecemos pues, y no creamos que ha llegado el fin de Francia, pues en la actualidad el fin de Francia ser\u00eda el fin del mundo. \u00bfPodemos creer que los destinos temporales del cristia\u00adnismo hayan llegado a su fin y que Dios no tenga ya nada que hacer en este mundo, fuera de juzgarlo? Es lo que espero no tener que decir jam\u00e1s, aunque viera perecer toda la sociedad moderna, se\u00adguro como estoy de que menos l\u00e8 costar\u00eda a Dios suscitar una sociedad nueva que limitar la obra de la sangre de Su Hijo a lo poco que han visto estos dieciocho siglos\u00bb.<\/p>\n<p>Era la hora para Ozanam de trabajar m\u00e1s que nunca en esa obra, acerc\u00e1ndose al pobre pueblo para aliviar sus males y para iluminarlo en sus extrav\u00edos. Por una parte, la Sociedad de San Vi\u00adcente de Paul, por la otra <i>La Nueva Era <\/i>iban a proveer juntas a ese doble apostolado de la caridad corp\u00f3rea y espiritual, con las clases indigentes y tambi\u00e9n con las dirigentes de Par\u00eds y de Francia.<\/p>\n<p>La insurrecci\u00f3n de junio, con sus consecuencias, arrojaba a Francia y particularmente a Par\u00eds -en un deplorable abismo de su\u00adfrimiento y de miseria. La necesaria, pero brusca clausura de los talleres nacionales dejaba en la capital,a 267,000 obreros sin tra\u00adbajo. El temor paralizaba la industria y el comercio. Los grandes trabajos estaban suspendidos y los pedidos cancelados. Los capita\u00adles se ocultaban, los propietarios hab\u00edan hu\u00eddo de Par\u00eds y ten\u00edan poca prisa de regresar; los fondos p\u00fablicos hab\u00edan bajado a cotiza\u00adciones irrisorias; los recursos de la caridad se hab\u00edan agotado de\u00adbido a la ruina o a la ausencia de las personas que los suministra\u00adban. Las obras y las casas de asistencia se ve\u00edan obligadas a despedir su clientela de pobres, de ni\u00f1os y de enfermos. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de esas muchedumbres sin trabajo, sin cr\u00e9dito, sin pan y sin esperanza?<\/p>\n<p>Ante semejante espect\u00e1culo, Ozanam dice que se le parte el co\u00adraz\u00f3n: \u00abCansado de las controversias que agitan a Par\u00eds, me siento desgarrado ante el espect\u00e1culo de la miseria que lo devora \u2014es\u00adcribe al se\u00f1or. Foisset\u2014. La Sociedad de San Vicente de Paul tiene grandes obligaciones, y quiz\u00e1 Dios no le ha permitido progresos tan r\u00e1pidos sino para ponerla a la altura de la tarea que le pre\u00adparaba. Adem\u00e1s, es bueno para todos ver de cerca, en su casa, desarmados, rodeados de sus mujeres y de sus hijos, a esos pobres obreros que demasiado vimos en los clubes y en las barricadas. Se reconocer\u00e1 entonces con sorpresa todo el cristianismo y por consi\u00adguiente todos los recursos -que subsisten en este pueblo. \u00a1Ah, si tu\u00advi\u00e9ramos santos! Pero \u00a1no podemos esperar que Dios reserva al\u00adgunos al siglo en que vivieron P\u00edo IX y el Arzobispo de Par\u00eds?\u00bb<\/p>\n<p>La Sociedad de San Vicente de Paul acababa de recibir un gran testimonio de confianza del gobierno. La Asamblea nacional, habiendo votado sucesivamente partidas de auxilio a los meneste\u00adrosos del departamento del Sena, encarg\u00f3 la distribuci\u00f3n a domi\u00adcilio, cuando menos en parte, a las conferencias que &#8216;estaban en perpetuo contacto. con aquellos desgraciados. As\u00ed hab\u00edan hecho varios alcaldes de Par\u00eds, en particular el doctor, Tr\u00e9lat, m\u00e9dico del hospital de la Salp\u00e9tri\u00e8re y alcalde del XIIo. distrito. El c\u00e9lebre doctor distaba mucho de ser religioso; pero &#8216;sab\u00eda y dec\u00eda que ese delicado encargo no pod\u00eda confiarse a manos m\u00e1s honorables y ex\u00adperimentadas que aqu\u00e9llas.<\/p>\n<p>En tales circunstancias, se reuni\u00f3 el 2 de agosto la Asamblea ge\u00adneral de la Sociedad en una sala de la iglesia de San Sulpicio. La hora era solemne. El se\u00f1or Adolfo Baudon, que desde el 14 de fe\u00adbrero de ese a\u00f1o hab\u00eda sustituido al venerable se\u00f1or Gossin en la presidencia general, acababa de romperse la pierna frente a la ba\u00adrricada del Petit-Pont de la Cit\u00e9. Ozanam lo sustitu\u00eda en su calidad de vicepresidente. A su lado, presid\u00eda la sesi\u00f3n el padre Fournier, futuro obispo de Nantes, miembro de la asamblea. Del otro lado estaba el se\u00f1or Agust\u00edn Cochin, secretario general. Ozanam tom\u00f3 la palabra y asegur\u00f3 ante todos los cofrades que -su bien amado y valiente presidente seguir\u00eda en su puesto: \u00abNo nos abandonar\u00e1 como todos esos gloriosos muertos, esos ilustres heridos, que se van uno tras otro y que parecen llevarse la patria con ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Nombr\u00f3 a algunos de los cofrades muertos en aquellos aciagos d\u00edas: al se\u00f1or Lecoq, miembro de la Conferencia San Pablo-San Luis, brillante ingeniero de minas, uno de los alumnos m\u00e1s notables de la escuela polit\u00e9cnica, al se\u00f1or Charre, presidente de la con\u00adferencia de Montmatre. \u00abTen\u00eda apenas 22 a\u00f1os; joven estudiante de derecho colmado de \u00e9xito, naturalista, arque\u00f3logo, hijo \u00fanico, rico, inteligente, cuyo porvenir parec\u00eda lleno de promesas de feli\u00adcidad y honores. Cay\u00f3 combatiendo al lado de su padre; y despu\u00e9s de 10 horas de agon\u00eda, entreg\u00f3 su alma a Dios, que le habr\u00e1 toma\u00addo en cuenta su juventud inmolada, el pesar de sus cofrades y las l\u00e1grimas de sus pobres\u00bb.<\/p>\n<p>En ese discurso, se bendijo a Monse\u00f1or Affre y se llor\u00f3 su muer\u00adte: \u00abEra un padre para la naciente sociedad. Acababa de entre-.garle una cantidad considerable de dinero para el auxilio y la instrucci\u00f3n de los j\u00f3venes obreros de paso en Par\u00eds. As\u00ed pues, el bien del pueblo ocupaba todos sus pensamiento antes del d\u00eda en que hab\u00eda de morir para la salvaci\u00f3n del&#8217; pueblo. Dios permiti\u00f3 que en ese momento supremo, la humilde Sociedad de San Vi\u00adcente de Paul est\u00faviera representada ante el arzobispo de Par\u00eds por uno de sus miembros que llev\u00f3 la bandera de parlamentario. Queremos unir al relato de esa muerte que habr\u00e1 de celebrar la historia un testimonio dom\u00e9stico y una tradici\u00f3n de familia. Mis queridos cofrades, muchos de vosotros recuerdan el d\u00eda en que \u00fan predicador a quien todos amamos, tomando la palabra en Nues\u00adtra Se\u00f1ora en presencia de Monse\u00f1or Affre, que era por aquel entonces vicario general de la di\u00f3cesis, exclam\u00f3 con piadosa liber\u00adtad: `\u00a1Dadnos santos, Dios m\u00edo; hace tanto tiempo que no vemos ninguno!&#8217; Dios es generoso, se\u00f1ores: vosotros le ped\u00edais santos y El os da m\u00e1rtires!\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de los lutos, los deberes. A quienes repart\u00edan auxilios del Estado a los insurgentes, Ozanam les recomienda que sean mensajeros de paz. Mediadores entre los vencedores y los vencidos de la v\u00edspera, su tarea no consistir\u00e1 s\u00f3lo en hacer la caridad, sino en rehabilitarla ante esos pobres obreros enga\u00f1ados, agriados, mos\u00adtr\u00e1ndoles que puede ser r\u00e1pida, compasiva, clemente, olvidadiza del pasado, en una palabra, cristiana. \u00abHijos de San Vicente de Paul, aprendamos de El el olvido de nosotros mismos, la devoci\u00f3n al servicio de Dios y al bien de los hombres; y esa santa parcialidad que da m\u00e1s amor a quienes sufren m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Luego Ozanam agradec\u00eda la caridad privada, la caridad extran\u00adjera. El a\u00f1o anterior, Ozanam hab\u00eda emprendido una<sub>.<\/sub> campa\u00f1a entusiasta en favor de Irlanda, diezmada por el hambre y el tifo. Se hab\u00edan reunido ciento cincuenta mil francos que hab\u00edan enviado al consejo central de las conferencias de Dubl\u00edn. Ahora bien, Du\u00adbl\u00edn se acordaba ahora de Par\u00eds y de sus males y le suplicaba que aceptara, sobre esa cantidad, un remanente de cincuenta mil fran\u00adcos en favor de sus heridos y de sus obreros desocupados. Ozanam, lleno de admiraci\u00f3n, insisti\u00f3 para que se aceptara ese&#8217; generoso sa\u00adcrificio. \u00abEra un raro ejemplo de esa fraternidad auxiliadora que no conoce diferencia de naci\u00f3n ante Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda, escucharon al se\u00f1or Agust\u00edn Cochin, despu\u00e9s de Ozanam. Era tambi\u00e9n un brillante orador en quien ard\u00eda la misma llama. Su informe sobre el estado general de la sociedad hizo cons\u00adtar que se hab\u00edan fundado 69 conferencias en el curso del a\u00f1o de 1847, con lo cual ascend\u00eda su n\u00famero total a 363 (334 conferen\u00adcias, 29 consejos) el primero de enero de 1848; y a 393 en la fecha de la asamblea de agosto. En ese n\u00famero, Inglaterra proporcionaba 17, Holanda 1, el Canad\u00e1 11. Y el se\u00f1or Cochin exclam\u00f3 entu\u00adsiasmado: \u00abPronto no habr\u00e1 d\u00eda del a\u00f1o ni hora del d\u00eda en que, en un punto del mundo cristiano, no se re\u00fanan algunos hombres, bajo el patrocinio de San Vicente de Paul, para entregarse con la misma fe, las mismas oraciones y los mismos usos, a obras que soco\u00adrren al hombre y glorifican a Dios. No hay fronteras que los divi\u00addan, el horizonte se extiende cada d\u00eda y cada d\u00eda ve surgir nuevas constelaciones de la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>La herida del se\u00f1or Baudon, al prolongar su ausencia, prolong\u00f3 asimismo la vicepresidencia de Ozanam, en realidad, a fines de ese a\u00f1o terrible el presidente efectivo y activo, de la Sociedad. La felicit\u00f3 por estar a\u00fan de pie, intacta. La anim\u00f3 para que trabajara dos veces m\u00e1s aquel a\u00f1o: \u00abQueridos cofrades \u00bfno debemos nada m\u00e1s a la Providencia que nos salv\u00f3, cuando perec\u00edan tantas insti\u00adtuciones? \u00bfBasta seguir haciendo eF poco bien que sol\u00edamos hacer, y cuando la desgracia de los tiempos no ceja en inventar nuevos sufrimientos, tendremos que contentarnos con viejos remedios?\u00bb<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 era, pues, lo que quer\u00eda? Un reclutamiento m\u00e1s activo de las conferencias; luego una pesquisa, valga la expresi\u00f3n, m\u00e1s ar\u00addiente de los desgraciados que se ocultan: pobres vergonzantes, obreros honorables, acostumbrados a vivir de su trabajo y que la larga duraci\u00f3n de la desocupaci\u00f3n sume en la mayor miseria.<\/p>\n<p>Se pregunta en septiembre: \u00ab\u00e9 Ou\u00e9 ser\u00e1 para Francia el a\u00f1o que va a iniciarse? No lo s\u00e9. Pero s\u00e9 muy bien que, para nuestra sociedad, ser\u00e1 todav\u00eda u\u00f1o de esos a\u00f1os de campa\u00f1a que exigen mayores fatigas, pero que cuentan por dos. Visitad a esos desgraciados, llevadles vuestra d\u00e1diva, por m\u00f3dica que sea. Pero aunque no tu\u00advi\u00e9ramos que ofrecerles m\u00e1s que un \u00f3bolo, les habremos dado cuando menos el consuelo&#8217; de estrechar manos amigas, de o\u00edr una palabra cristiana, de aprender a honrar su pobreza como la corona de espinas del Salvador\u00bb<span id='easy-footnote-2-128631' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-21\/#easy-footnote-bottom-2-128631' title='&lt;em&gt;Bolet\u00edn&lt;\/em&gt;&lt;i&gt; de la Sociedad de San Vicente de Paul, &lt;\/i&gt;n\u00famero 2, lo. de septiembre de 1848. Ver tambi\u00e9in\u00famero 5, enero &amp;#8216;de 1849, Discurso del se\u00f1or Ozanam en la Asam\u00adblea general del 14 de diciembre de 1848.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Ese a\u00f1o de campa\u00f1a se inici\u00f3, a fines de 1848, con una epidemia de c\u00f3lera. Alarmado por su mujer y su hija, Ozanam las envi\u00f3 a Versalles. El mismo provoca y organiza simult\u00e1neamente, el 22 de abril de 1849, junto con sus colegas del consejo general, una aso\u00adciaci\u00f3n de cuarenta valientes que llevar\u00e1n socorros temporales y espirituales a los enfermos de c\u00f3lera que no era posible, por motivos particulares, transportar a los hospitales. En la siguiente asamblea general, el 19 de junio, esos primeros enfermeros, de cuarenta, se hab\u00edan convertido en ciento doce. \u00abA buen seguro, era poco \u2014di\u00adce\u2014 para socorrer a un pueblo diezmado, a una administraci\u00f3n desconcertada, a una ciencia impotente. Sin embargo, esos valien\u00adtes ciento doce fueron lo bastante juiciosos para no comparar su debilidad con el inmenso peligro y aquella gran necesidad. Dividi- dos en nueve secciones, que se repartieron entre los barrios m\u00e1s afectados, se pusieron a la disposici\u00f3n de las Hermanas de la Cari\u00addad y de las ambulancias m\u00e9dicas. A la vuelta de dos meses, m\u00e1s de dos mil enfermos hab\u00edan sido atendidos. Entre ellos, se salvaron las tres cuartas partes; los dem\u00e1s murieron en la paz de Dios, au\u00adxiliados con los sacramentos de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam siente no poder referir pormenorizadamente los horro\u00adres y los consuelos de aquellos momentos de luto: \u00abCalles enteras despobladas en unas cuantas noches; pero al mismo tiempo, la gra\u00adcia hac\u00eda su agosto, por decirlo as\u00ed; todas esas pobres gentes que\u00adr\u00edan, morir en los brazos de un sacerdote; y esos homenajes inau\u00additos, esos gritos, esas flores bajo los pies del nuevo arzobispo, Monse\u00f1or Sibour, en la peregrinaci\u00f3n a la tumba de santa Geno\u00adveva. Adem\u00e1s, la gratitud de las familias, la efusi\u00f3n conmovida de la muchedumbre, sorprendida de que unos j\u00f3venes, \u00fanicamente por la gloria del Salvador, se hayan separado de sus padres para ir al arrabal contaminado, socorrer a sus enfermos y sepultar a sus muertos.<\/p>\n<p>\u00abEl arzobispo se comprometi\u00f3 en el p\u00falpito a adoptar a los hu\u00e9r\u00adfanos abandonados. La sociedad y las conferencias de San Vicente de Paul reclamaron su parte. En muchos otros lugares, en pro\u00advincia, se vi\u00f3 el mismo espect\u00e1culo. As\u00ed pues, la fe recorr\u00eda el mismo camino que la caridad; y la religi\u00f3n, llamando a puertas mucho tiempo cerradas, introduc\u00eda con ella la paz, la reconciliaci\u00f3n y las promesas de la eternidad\u00bb.<\/p>\n<p>En la misma Asamblea, la comparaci\u00f3n de la acci\u00f3n de la po\u00adl\u00edtica y de la acci\u00f3n de la caridad puso en los labios de Ozanam los nombres de Richelieu y de San Vicente de Paul, que vivieron cerca uno de otro, entre los peligros de la guerra de Treinta A\u00f1os y los desgarramientos de las facciones pol\u00edticas. Exclama con her\u00admoso entusifismo: \u00abSin duda, el gran ministro desempe\u00f1\u00f3 un glo\u00adrioso papel; pero \u00bfqui\u00e9n quisiera, qui\u00e9n pudiera emprenderlo de nuevo, hoy en d\u00eda? Richelieu s\u00f3lo fue el hombre de un pa\u00eds, de un siglo, de unos a\u00f1os. Al contrario, San Vicente de Paul es de todos los pa\u00edses y de todos los siglos. Su nombre se celebra en todas aque\u00adllas partes en que el sol ilumina la cruz de un campanario. Su es\u00adp\u00edritu visita&#8217; los hospitales y las escuelas de nuestros arrabales, don\u00adde tiene a sus hijas, como las misiones del L\u00edbano, de China y de Texas, pobladas con sus hijos. Su obra no envejecer\u00e1: \u00bfQui\u00e9n no quisiera volver a iniciarla? <i>\u00bfY <\/i>si tenemos \u00e1nimo y fe, qui\u00e9n podr\u00e1 imped\u00edrnoslo, se\u00f1ores?\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXI: La insurrecci\u00f3n de junio \u00abLa Nueva Era\u00bb.\u2014Los d\u00edas sangrientos.\u2014Monse\u00f1or Affre.\u2014Miseria y caridad. 1848 EL PADRE LACORDAIRE ha contado en sus Memorias que despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n de febrero, su esp\u00edritu fue presa de &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-21\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149294,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[11],"tags":[164,305,172,140],"class_list":["post-128631","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam","tag-bailly","tag-chaurand","tag-pobreza","tag-san-sulpicio"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Federico Ozanam (por Mons. 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[Lyon,] 27 de agosto de 1831. 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Lyon, 24 de junio de 1819. Querido pap\u00e1: Como Federico ha comenzado a hacer garabatos, quiere usar las primicias de su pluma para felicitar a su pap\u00e1 en el d\u00eda de San Juan; el viento se llev\u00f3 la felicitaci\u00f3n que te dije de\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Federico Ozanam\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Federico Ozanam","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-federico-ozanam\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":104291,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/novena-biblica-en-honor-al-beato-federico-ozanam-dia-noveno\/","url_meta":{"origin":128631,"position":3},"title":"Novena b\u00edblica en honor al beato Federico Ozanam: D\u00eda noveno","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"09\/09\/2012","format":false,"excerpt":"Oraci\u00f3n Oh Dios de Caridad infinita, que no dejas de compadecerte de nosotros y contin\u00faas la obra misericordiosa de tu Divino Hijo Jesucristo en la historia de cada hombre. 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Querido pap\u00e1: Espero que el d\u00eda de San Antonio sea un d\u00eda agradable, porque es el d\u00eda de tu santo; no s\u00e9 c\u00f3mo celebrarlo bien, no puedo m\u00e1s que darte muchos besos y repetirte una y mil\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Federico Ozanam\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Federico Ozanam","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-federico-ozanam\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-federico-ozanam.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":139101,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-carta-0004-a-su-padre\/","url_meta":{"origin":128631,"position":5},"title":"Federico Ozanam, Carta 0004: A su Padre","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"17\/08\/2016","format":false,"excerpt":"Felicitaci\u00f3n por la fiesta. Promesa de portarse bien y de trabajar. Lyon, 23 de julio de 1821. Querido pap\u00e1: Por la presente quiero felicitarle por su fiesta y presentarle mi peque\u00f1o ramillete. 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