{"id":128629,"date":"2016-09-08T12:00:35","date_gmt":"2016-09-08T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128629"},"modified":"2016-08-06T07:37:16","modified_gmt":"2016-08-06T05:37:16","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-17","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-17\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 17"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XVII: La Iglesia y la Universidad<\/h2>\n<p><i>La Libertad de Ense\u00f1anza.\u2014\u00bbEl Corresponsal\u00bb.\u2014Cat\u00f3lico ante todo.\u2014El Ti\u00adtulariado.\u2014Adioses al Colegio \u00abEstanislao\u00bb.\u2014El Mot\u00edn en la Sorbona.\u2014El curso del se\u00f1or Lenormant.<\/i><\/p>\n<p>1843-1845<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de 1843 y los siguientes evocan el recuerdo de la rebe\u00adli\u00f3n de los cat\u00f3licos de Francia en favor de la reivindicaci\u00f3n de la libertad de ense\u00f1anza, contra el monopolio universitario. Acabamos de ver a Ozanam espantarse \u00abdel recrudecimiento de las malas doc\u00adtrinas\u00bb, y de los favores y las distinciones otorgados a los que, en la universidad, destilaban su veneno en su ense\u00f1anza oral o escrita. En Par\u00eds, cerca de \u00e9l, en el Colegio de Francia, crec\u00eda la popularidad de las c\u00e1tedras de los se\u00f1ores Quinet y Michelet, armados contra la Iglesia con el formidable poder\u00edo de pasi\u00f3n y de imaginaci\u00f3n con que fascinaban a la juventud: fascinaci\u00f3n de la mirada de la ser\u00adpiente y la irisaci\u00f3n de sus colores, al refulgente sol de ese siglo.<\/p>\n<p>El joven profesor no se limitaba a gemir. Escribe al se\u00f1or Du\u00adfieux, el 5 de junio de 1843: \u00abHago todos mis esfuerzos, que son sin duda demasiado d\u00e9biles, para librar, junto con el se\u00f1or Le\u00adnormant, el se\u00f1or Coeur, profesor de elocuencia sagrada y algunos otros, una lucha vigorosa contra la ense\u00f1anza de los profesores del Colegio de Francia. Mientras el se\u00f1or Quinet y el se\u00f1or Miche\u00adlet atacaban al catolicismo bajo el nombre de jesuitismo, trat\u00e9 de defender, en tres lecciones consecutivas, al Papado, a los Religiosos a la Obediencia mon\u00e1stica<span id='easy-footnote-1-128629' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-17\/#easy-footnote-bottom-1-128629' title='V\u00e9ase &lt;i&gt;Civilizaci\u00f3n cristiana en el siglo V, &lt;\/i&gt;XIIa. Lecci\u00f3n.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Lo hice ante un auditorio muy nume\u00adroso, compuesto de ese mismo p\u00fablico que la v\u00edspera se entusiasmaba y aplaud\u00eda otras cosas. Sin embargo, no hubo tumulto; y, en mis subsecuentes lecciones, no perder\u00e9 la oportunidad, que encon\u00adtrar\u00e9 a menudo, de establecer la ense\u00f1anza, los beneficios, los pro\u00addigios de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Entregaba inmediatamente a la publicidad estas valientes lec\u00adciones. \u00abLeed <i>El, Corresponsal <\/i>\u2014escribe a sus dos hermanos\u2014. En\u00adcontrar\u00e9is el an\u00e1lisis de una d\u00e9 mis clases sobre los monjes: es una respuesta a los ataques de los se\u00f1ores profesores del Colegio de Francia\u00bb.<\/p>\n<p>Por aquel mismo tiempo, el joven maestro comunicaba al se\u00f1or Te\u00f3filo Foisset, principal inspirador del <i>Corresponsal, <\/i>su \u00abintenci\u00f3n de concursar para el <i>Discurso sobre Voltaire\u00bb, <\/i>que la Academia francesa hab\u00eda propuesto para el concurso. \u00abToda la religi\u00f3n de Francia procede todav\u00eda de Voltaire \u2014escribe\u2014; y no conozco mayor enemigo de Voltaire que la historia\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam hab\u00eda entrado en particular amistad con el se\u00f1or Fois-set, cuyo nombre apar\u00e9ce aqu\u00ed por primera vez, por el interme\u00addiario de <i>El Corresponsal. <\/i>Con el se\u00f1or de Montalembert y el se\u00ad\u00f1or Wilson como director, Foisset acababa de reanudar en esta revista la obra defensiva interrumpida desde 1831. Ozanam que acababa de visitarlo en su finca de Bligny, C\u00f4te-d&#8217;Or, lo describe \u00abrodeado de su piadosa y cari\u00f1osa familia, querido de todo el mundo, uniendo a sus laboriosas funciones de magistrado el cui\u00addado de m\u00faltiples buenas obras y el cultivo de las letras. Era en todas partes, en ese lugar; el modelo de la vida digna y de la pa\u00adtriarcal sencillez de los magistrados del siglo XVII\u00bb. All\u00ed, unidos por la fe y el coraz\u00f3n, esos dos cristianos hab\u00edan rezado juntos, el uno por el otro, en la intimidad de la misma capilla dom\u00e9stica, a donde los hab\u00eda llevado juntos un inolvidable paseo nocturno por el jard\u00edn iluminado con antorchas; pero lo que los atra\u00eda mutua\u00admente era una misma moderaci\u00f3n de car\u00e1cter que los manten\u00eda igualmente alejados, de los excesos de los partidos y que daba a los ojos de. Ozanam un gran precio a los consejos y al ejemplo res\u00adpecto de los cuales escrib\u00eda: \u00abEs usted un hombre de buen conse\u00adjo a la par que un hombre de acci\u00f3n. M\u00e1s que nunca quiz\u00e1, la in\u00adtervenci\u00f3n de usted va a ser necesaria, al iniciarse una .campa\u00f1a peligrosa para los intereses de los cat\u00f3licos\u00bb.<\/p>\n<p>Esa campa\u00f1a, en efecto, acababa de empezar con estruendo, en octubre de 1843, en el manifiesto del se\u00f1or de Montalembert sobre <i>El deber de los cat\u00f3licos en la cuesti\u00f3n de la libertad de ense\u00ad\u00f1anza.<\/i><\/p>\n<p>Ahora bien, ese documento de arrebatadora vehemencia pro\u00adnunciaba el nombre del profesor Ozanam como una excepci\u00f3n en la universidad. \u00abS\u00ed, en verdad, hay en el seno de la universidad, desde el Colegio de Francia y la Sorbona hasta los directores de las escuelas gratuitas, un peque\u00f1o h\u00famero de corazones rectos y honrados, de hombres que tienen algo m\u00e1s que el talento, la fe y que, como el se\u00f1or Lenormant y el se\u00f1or Ozanam, protestan, por la franqueza de su cristianismo y la solidez de su ciencia contra los esc\u00e1ndalos de la ense\u00f1anza de sus colegas. Mas \u00bfesos hombres forman acaso la mayor\u00eda en los establecimientos universitarios? \u00bfEs\u00adt\u00e1n de acuerdo con sus colegas? &#8230;\u00bb etc., etc.<\/p>\n<p>Esa cita de su nombre, opuesto al de la generalidad de los pro\u00adfesores, pod\u00eda crear un peligro para el se\u00f1or Ozanam; y el juicio\u00adso Foisset se crey\u00f3 obligado a comunic\u00e1rsela, antes de que se pu\u00adblicara en <i>El Corresponsal. <\/i>La respuesta de Ozanam, el 21 de oc\u00adtubre, tan firme y caballerosa como circunspecta y modesta, es la siguiente: \u00abSe\u00f1or y querido amigo, quiero desde ahora darle las gracias por la amable comunicaci\u00f3n que me transmite. Sin em\u00adbargo, no puedo disimularle que me deja perplejo. Me hubiera gustado no saber de antemano que mi nombre figura en ese fo\u00adlleto del se\u00f1or de Montalembert. Existe, sin duda, un honor pe\u00adligroso en ser citado como una excepci\u00f3n a una regla injuriosa; pero es un honor, y ser\u00eda cobarde mandar borrar la cita. Oficial\u00admente, no puedo aceptar ni rehusar el elogio; y debo permane\u00adcer ajeno a \u00e9l\u00bb. No intervino, pues; y se mantuvo el nombre. Otra carta dio las gracias: \u00abLe agradezco que haya conservado mi nombre en el folleto\u00bb. Se necesitaba valor para escribirlo.<\/p>\n<p>Mas, al entregarse \u00e9l mismo, Ozanam protesta contra la acu\u00adsaci\u00f3n de irreligi\u00f3n presentada en el folleto contr\u00e1 la generalidad del profesorado universitario: \u00abSi tiene usted plenos poderes pa\u00adra breves correcciones, pido una al respecto, no por mi propio in\u00adter\u00e9s, sino en aras de la verdad. La verdad es la siguiente: No es cierto que los cat\u00f3licos se encuentren en la universidad reduci- dos a un peque\u00f1o n\u00famero de excepciones; constituyen \u2014y el arzo\u00adbispo de,Lyon acaba de declarar que son muchos\u2014 constituyen, como casi siempre en las funciones p\u00fablicas, una <i>considerable mi-noria&#8230; <\/i>No es cierto tampoco que el se\u00f1or Lenormant y el se\u00f1or Ozanam protesten contra la ense\u00f1anza de sus colegas de la Sorbona, que no hay que confundir con los del Colegio de Francia\u00bb. Oza\u00adnam limita a dos, en las Facultades, el n\u00famero de los heterodoxos agresivos. Cita contra ellos al se\u00f1or Saint-Marc Girardin, \u00abque combate por ideas verdaderas, morales, cristianas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abY adem\u00e1s \u2014dice\u2014 no protestamos luego porque no ten\u00edamos motivo para hacerlo. Profesamos altamente nuestra fe, refutamos los sistemas contrarios, esforz\u00e1ndonos por cumplir cristianamente con nuestro oficio de profesores, y por servir a Dios sirviendo a los buenos estudios; pero no tratamos de introducir en la Facultad de Par\u00eds una divisi\u00f3n que no exist\u00eda, de establecer dos bandos, de li\u00adbrar batallas. Y creo que importa mucho al bien de la juventud que no se haga tal cosa. Importa que nuestros cqlegas no conside\u00adren nuestras lecciones como provocaciones que piden una respues\u00adta; y que, si varios son ajenos a la fe, no se les convierta en enemi\u00adgos\u00bb.<\/p>\n<p>El Padre Lacordaire, en la rese\u00f1a que le dedic\u00f3, juzg\u00f3 exacta\u00admente la dolorosa posici\u00f3n de Ozanam en la Sorbona, y la noble- za y la sabidur\u00eda de su conducta en esa circunstancia. \u00abEn este conflicto entre la Iglesia y la universidad \u2014escribe\u2014 Ozanam, por la posici\u00f3n que le ven\u00eda de Dios, era de todos nosotros el que se hallaba en la situaci\u00f3n m\u00e1s dolorosa. Ardiente cat\u00f3lico, devoto amigo de las libertades sociales, en particular de las libertades de conciencia, no pod\u00eda, sin embargo, ignorar que pertenec\u00eda al cuer\u00adpo que detentaba el monopolio de la ense\u00f1anza. \u00bfSer\u00eda preciso romper con<sup>&#8211;<\/sup> ese cuerpo que lo hab\u00eda recibido tan joven y- lo ha\u00adb\u00eda colmado de honores? \u00bfSer\u00eda preciso, permaneciendo en \u00e9l, tomar una parte activa y necesariamente importante en la guerra que se le hac\u00eda? En el primer caso, Ozanam abdicaba su c\u00e1tedra: \u00bfpod\u00eda aconsej\u00e1rsele tal cesa? En el segundo, provocaba su desti\u00adtuci\u00f3n: \u00bfEra posible aconsej\u00e1rselo tambi\u00e9n? Y sin embargo, el profesor cristiano, Ozanam, pod\u00eda separarse de nosotros?<\/p>\n<p>\u00abOzanam conserv\u00f3 su c\u00e1tedra: era el puesto que le correspon\u00add\u00eda cuando la verdad estaba amenazada. No atac\u00f3 expresamente el cuerpo al cual pertenec\u00eda: era su deber de colega y de hombre agradecido; pero sigui\u00f3 completamente solidarizado con los que defend\u00edan de todo coraz\u00f3n la causa de la libertad de ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>\u00abNinguno de los lazos que lo un\u00edan con los jefes y los soldados sufri\u00f3 menoscabo. Participaba y sigui\u00f3 participando en todas las asambleas, en todas las obras, en todas las inspiraciones de ese tiempo. As\u00ed pues, ning\u00fan movimiento de desconfianza o frialdad vino a disminuir el lugar elevado que ocupaba entre nosotros. Con\u00adserv\u00f3 a la par el afecto de los cat\u00f3licos y la estimaci\u00f3n del cuerpo de que era miembro; y, fuera de los dos bandos, la simpat\u00eda de esa muchedumbre m\u00f3vil y vaga que es el p\u00fablico y que, tarde o temprano, da el fallo decisivo\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando en la C\u00e1mara de los Pares, Montalembert acaba de de\u00adfender brillantemente la causa de la ense\u00f1anza cat\u00f3lica, Ozanam no es el \u00faltimo en aplaudirlo: \u00abQuiero decirle mi alegr\u00eda y mi frater\u00adnal orgullo de cristiano. Reconoc\u00ed el acento de San Gregorio VII, de San Anselmo, de San Bernardo, en esa voz que defend\u00eda las li\u00adbertades de la Iglesia, las libertades m\u00e1s antiguas y sin embargo las m\u00e1s j\u00f3venes e imperecederas\u00bb.<\/p>\n<p>Mas, por encima de esa gran voz laica, Ozanam pide que se es\u00adcuche ante todo la voz de la Iglesia en la persona de sus jefes: \u00abEs para m\u00ed una dicha ver que la controversia sale de la miserable po\u00adl\u00e9mica de los insultos y de las personalidades y que la elevan a su verdadera altura el se\u00f1or de Montalembert ante todo, y, despu\u00e9s de \u00e9l, los se\u00f1ores de Carn\u00e9, de Vatimesnil, el Padre de Ravignan, nuestros se\u00f1ores obispos y en particular las memorias de los arzo\u00adbispos de Lyon y de Par\u00eds. He ah\u00ed los representantes leg\u00edtimos de nuestros derechos, los que nunca corremos el riesgo de tener que desconocer\u00bb.<\/p>\n<p>Con ellos, pues, <i>El Corresponsal <\/i>deber\u00e1 mantenerse, sin debili\u00addad, en la verdad plena y en el derecho \u00edntegro. Es el deber de la ortodoxia no ablandarse: \u00abNo considero como un peligr\u00f3-menor que la dureza la blandura que ceder\u00eda algo de la seguridad del dogma en la discusi\u00f3n, o de los derechos de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Un asunto de orden privado se negociaba entonces, sumamente importante para su felicidad, pues colmaba de dicha a su esposa. Lo refiere as\u00ed al se\u00f1or Foisset el domingo de Quasimodo de 1844: \u00abEn medio de mis trabajos habituales del colegio Estanislao y de la Fa\u00adcultad de Letras, he tenido que seguir las tramitaciones de un asun\u00adto cuyo resultado ser\u00eda llevar a mi suegro al puesto de jefe de divi\u00adsi\u00f3n en el ministerio de instrucci\u00f3n p\u00fablica y de unirnos con la fa\u00admilia de mi mujer. Hace tres meses que di los primeros pasos; y aunque la cosa ya est\u00e9 resuelta, todav\u00eda no tenemos la firma\u00bb. r. Qui\u00e9n la manten\u00eda en suspenso? Era la \u00e9poca en que el partido cat\u00f3lico combat\u00eda con ardor el proyecto de ley antiliberal del mi\u00adnistro Villemain sobre la instrucci\u00f3n p\u00fablica. \u00abJuzgad -a\u00f1ade Oza\u00adnam\u2014 si en medio de las circunstancias actuales es c\u00f3modo ir a hacer la corte y exponerse a conversaciones sobre puntos dif\u00edciles en que la conciencia no permite ceder un \u00e1pice\u00bb. No har\u00e1, pues, su corte; no se expondr\u00e1 a esas conversaciones. Su conciencia no ce\u00adder\u00e1 nada. No hay que olvidar que el joven cristiano que habla\u00adba y actuaba con esa soberbia independencia frente al poder y a la opini\u00f3n, no era entonces m\u00e1s que un simple profesor suplente, es decir a la merced de la administraci\u00f3n universitaria y revocable <i>ad nutum. <\/i>En fin, se obtuvo por otro conducto la firma. En abril del siguiente a\u00f1o, 1845, el se\u00f1or Soulacroix fue a tomar posesi\u00f3n de su alto puesto y a vivir en Par\u00eds. Su divisi\u00f3n era la de la conta\u00adbilidad. Le daba poca participaci\u00f3n o ninguna en la direcci\u00f3n de ~la ense\u00f1anza o en la selecci\u00f3n del personal docente.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, se produjo un acontecimiento que vino a cambiar del todo el porvenir de Ozanam. El mes de octubre de ese a\u00f1o de 1844, muri\u00f3 de improviso, a la edad de 72 a\u00f1os, el se\u00f1or Fauriel, titular de esa c\u00e1tedra de literatura en que Ozanam lo supl\u00eda bri\u00adllantemente. Ozanam lament\u00f3 su muerte: \u00abTen\u00eda en \u00e9l \u2014escribe al se\u00f1or Foisset\u2014 un patr\u00f3n ben\u00e9volo que me prestaba su ilustra\u00adci\u00f3n, cuya bondad me aseguraba una suplencia perpetua en la c\u00e1tedra donde sus achaques no le permit\u00edan presentarse. El afecto que sent\u00eda por m\u00ed constitu\u00eda mi seguridad. Esa muerte fue para m\u00ed como un rayo. Muri\u00f3 acaso demasiado pronto para su pobre alma que no tuvo tiempo de reconocerse ; demasiado pronto para la ciencia a la que no hubiera tardado en dar trabajos considera\u00adbles que ahora se encontrar\u00e1n perdidos<span id='easy-footnote-2-128629' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-17\/#easy-footnote-bottom-2-128629' title='Estos trabajos considerables, muy especialmente esperados por Ozanam, se pu\u00adblicaron despu\u00e9s de la muerte del autor: &lt;i&gt;Historia de la Epopeya caballeresca en la Edad Media. Historia de la poes\u00eda provenzal, &lt;\/i&gt;en tres vol\u00famenes, 1846. &lt;i&gt;Dante y los or\u00edgenes de la poes\u00eda y de la literatura italianas, &lt;\/i&gt;dos vol. in-8, 1846.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>;demasiado pronto para m\u00ed que ten\u00eda necesidad de sus consejos y de su protecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Considero como una obra maestra la rese\u00f1a que Ozanam dedi\u00adc\u00f3 al se\u00f1or Fauriel, obra maestra y homenaje de ciencia elocuen\u00adte, de respetuosa admiraci\u00f3n y delicada gratitud. Mas, al mismo tiempo, <sup>&#8211;<\/sup>el cristiano no quiere terminar esas bellas p\u00e1ginas sin fe\u00adlicitar al sabio por haber sabido inclinar su rica inteligencia ante el misterio de las causas, de la primera Causa. Termina con estas l\u00edneas: \u00abEste gran esp\u00edritu, que sab\u00eda tantas cosas, sab\u00eda tambi\u00e9n resolverse a ignorar. Ten\u00eda por m\u00e1xima que no conocemos el prin\u00adcipio de nada. Sab\u00eda humillarse ante los misteriosos linderos que encontraba a la entrada, y a la salida de todas sus investigaciones. De ah\u00ed proven\u00eda la reserva y la modestia que mostraba en sus char\u00adlas en que encontraba uno a veces tanta luz y siempre tanta bon\u00addad. Un d\u00eda, el que escribe estas l\u00edneas lo consultaba sobre un pun\u00adto de historia que trataba de explicar por las leyes usuales de los asuntos humanos: `Voy quiz\u00e1s a sorprenderlo\u2014le repuso el se\u00ad\u00f1or Fauriel\u2014; pero me parece que no le concede usted suficiente lugar a la Providencia&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abY ahora \u00e9 qu\u00e9 va a ser de m\u00ee?\u00bb se preguntaba en sus cartas el joven suplente de la v\u00edspera. Ozanam cre\u00eda \u00abque, despu\u00e9s de cua\u00adtro a\u00f1os de una ense\u00f1anza cuyo \u00e9xito super\u00f3 todas sus esperanzas, y a la que lo hab\u00eda sacrificado todo, hasta un poco de su salud, no habiendo tenido m\u00e1s que relaciones ben\u00e9volas con todo el mundo, no lo iban a eliminar para dar sin m\u00e1s su c\u00e1tedra a otra persona\u00bb. Sab\u00eda, adem\u00e1s, que \u00abla Facultad ten\u00eda la misma opini\u00f3n y que la mayor\u00eda de sus miembros estaba dispuesta a presentarlo al minis\u00adtro en primera l\u00ednea, aplazando \u00fanicamente su nombramiento de titular hasta la \u00e9poca de la reapertura de clases\u00bb.<\/p>\n<p>Otra opini\u00f3n fundada en la juventud de ese candidato de trein\u00adta a\u00f1os de edad, en su falta de t\u00edtulo cient\u00edfico, en su reciente en\u00adtrada en la Universidad, propon\u00eda, para darle tiempo de hacer m\u00e9ritos, que se prolongara la vacancia durante el a\u00f1o siguiente conserv\u00e1ndole esa misma ense\u00f1anza, pero \u00fanicamente con el t\u00ed\u00adtulo transitorio de <i>encargado de los cursos.<\/i><\/p>\n<p>Mas lo transitorio, lo amovible era la espada de Damocles; y si no amenazaba a la simp\u00e1tica persona de Ozanam, no ocurr\u00eda lo mismo con su filosof\u00eda cuyo \u00e9xito en la Sorbona ofuscaba e irri\u00adtaba sordamente a los volterianos del <i>Siglo y <\/i>del <i>Constitucional, <\/i>lo mismo que a los energ\u00famenos del Colegio de Francia y de la Uni\u00adversidad. Demasiado apoyo encontraba en el se\u00f1or Villemain, a quien la oposici\u00f3n de los cat\u00f3licos a su proyecto de ley escolar exas\u00adperaba hasta volverlo loco, cosa que ocurri\u00f3 poco despu\u00e9s. En esa ansiedad \u00bfqu\u00e9 pensaba Ozanam?<\/p>\n<p>Una carta suya nos lo indica: \u00abNada sacrificar\u00e9 ni de mis deberes de estado por imprudencia, ni de mis deberes de cristia- no por pusilanimidad\u00bb. Y a\u00f1ade el cristiano: \u00abLo que pido a Dios es que El mismo tome la direcci\u00f3n de este delicado asunto. Des\u00adpu\u00e9s de todo, quiz\u00e1s sea \u00fatil a mi salvaci\u00f3n que yo no tenga \u00e9xito; y en tal caso, pido \u00fanicamente firmeza, resignaci\u00f3n y paz de cora\u00adz\u00f3n. La resignaci\u00f3n a todo, aun a lo precario, y a la incertidum\u00adbre, puesto que Dios la ha puesto en todas las cosas, en la vida, en la muerte, en la salud, en la fortuna; y que ha querido hacernos vivir en la m\u00e1s terrible de todas las dudas: verbigracia, en la de saber si somos dignos de amor a sus ojos\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Cousin, dividido entre su afecto a ese joven maestro y su partido pol\u00edtico, imagin\u00f3 el siguiente subterfugio, al parecer con buena intenci\u00f3n: se ofrec\u00eda al se\u00f1or Amp\u00e8re, con car\u00e1cter de titular, la c\u00e1tedra de literatura extranjera; y el se\u00f1or Ozanam, su \u00edntimo amigo, seguir\u00eda siendo, como en el pasado, profesor suplente, lo cual facilitar\u00eda los viajes del primero. Afortunada y halaga\u00addora para el titular, la combinaci\u00f3n distaba mucho de serlo para el suplente: segu\u00eda viviendo en lo precario y lo revocable. Juan jacobo Amp\u00e8re no vacil\u00f3; se neg\u00f3 rotundamente. Hizo algo m\u00e1s. Aprovech\u00f3 la oportunidad para apoyar la titularizaci\u00f3n de su ami\u00adgo con todo el peso de su sufragio cient\u00edfico y todo el ardor de su afecto.<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n del candidato por el Consejo acad\u00e9mico fue un\u00e1nime como lo hab\u00eda sido la de la Facultad. El Consejo dio su conformidad; pero el se\u00f1or Villemain parec\u00eda dudar en pronunciar la palabra final. Por orden suya, el anuncio del curso se pu\u00adblic\u00f3 <i>en blanco <\/i>para darle tiempo de reflexionar. Fue preciso que el se\u00f1or Le Clerc pusiera en este asunto un celo y una firmeza poco ordinarios para arrancar literalmente la firma del ministro. \u00abEn fin, es cosa hecha \u2014escribe Ozanam el 23 de noviembre de 1844\u2014. Termin\u00f3 ayer, cuando prest\u00e9 juramento entre las manos del deca\u00adno. Es hoy asunto oficial que anuncian a mis amigos todos los \u00f3r\u00adganos de la publicidad\u00bb.<\/p>\n<p>Esta noticia era al mismo tiempo un agradecimiento. Lo diri\u00adg\u00eda a Amp\u00e8re; \u00a1y en qu\u00e9 t\u00e9rminos exquisitos! \u00abBien sab\u00eda por ex\u00adperiencia \u2014escribe\u2014 que necesita uno a sus amigos en la adver\u00adsidad; pero no sab\u00eda que tambi\u00e9n los necesitamos en la dicha.. . Es justo que goce usted un poco de lo que ha hecho, usted que, des\u00adpu\u00e9s de Dios, es el autor de toda esta prosperidad. Usted que me ha acogido como un hermano en la casa de su santo y glorioso pa\u00addre; que me ha. puesto en el camino y me ha llevado por una serie de pruebas, gradualmente, hasta esta c\u00e1tedra, que s\u00f3lo ocupo porque el hombre que era verdaderamente digno de ella no quiso acep\u00adtarla\u00bb.<\/p>\n<p>Amp\u00e8re sal\u00eda de viaje a Egipto. Y Ozanam quer\u00eda que \u00aben esa larga navegaci\u00f3n del Nilo, el recuerdo de su buena acci\u00f3n estuviera en \u00e9l como una de esas bendiciones infinitamente dulces que Dios difunde sobre las almas bellas\u00bb.<\/p>\n<p>A partir de ese momento y de estos acontecimientos que forma\u00adban un nuevo v\u00ednculo entre Ozanam y Amp\u00e8re, su amistad m\u00e1s estrecha se convirti\u00f3 en una verdadera fraternidad. Se dedicaban ambos a los mismos estudios. En tanto que Ozanam preparaba la <i>Historia de la Civilizaci\u00f3n cristiana en los tiempos b\u00e1rbaros, <\/i>Am\u00adp\u00e8re acababa de publicar, en 1840, la <i>Historia Literaria de Fran\u00adcia hasta el siglo XII: \u00bfno <\/i>iban a chocar, o cuando menos a estor\u00adbarse, estando tan cerca? Pero no caminaban por los mismos sen\u00adderos. Por lo cual dec\u00eda Amp\u00e8re sonriendo: \u00abLe tom\u00e9 a usted a los letrados y a los hombres de Estado; pero no se alarme: le de\u00adj\u00e9 a los misioneros y a los santos\u00bb. No por eso dejaba de ser cierto que, en el estudio de las mismas \u00e9pocas, ten\u00edan h\u00e1bitos literarios parecidos; por lo cual dec\u00eda uno de sus contempor\u00e1neos: \u00abCuan\u00addo los leo, no estoy seguro de que la frase empezada por uno no haya sido terminada por el otro\u00bb.<\/p>\n<p>Se hab\u00edan dado las gracias al amigo; se hab\u00eda bendecido al cie\u00adlo: \u00abDios \u2014escrib\u00eda Ozanam a Lallier\u2014, en su misericordiosa ca\u00adridad, quiso hacerme m\u00e1s f\u00e1cil el cumplimiento de. mis deberes, porque sabe que soy d\u00e9bil; y sin duda tambi\u00e9n para prepararme, con un momento de dicha, a las pruebas del futuro\u00bb.<\/p>\n<p>A esta humildad corresponde sin embargo el justo orgullo cris\u00adtiano, que se percata de que ese triple sufragio de la Facultad, del Consejo acad\u00e9mico, del Consejo real no le cost\u00f3 ni sacrificio de ideas, ni compromiso de conciencia. \u00abSabr\u00e9is con gusto que no se exigi\u00f3 de mi parte ning\u00fan avance, ninguna concesi\u00f3n, ninguna re\u00adserva. Me aceptaron como soy, sin insinuarme, como hubieran po\u00addido, que fuera m\u00e1s prudente en mi ense\u00f1anza; sin siquiera exigir que escribiera, conforme al uso, una carta de candidatura, por te\u00admor de que pareciera que me pon\u00edan condiciones\u00bb. Es que lo co\u00adnoc\u00edan bien. Y es que en tal forma se honraban a s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Cuando, en esos mismos d\u00edas, el colegio Estanislao se enter\u00f3 de esa promoci\u00f3n, la primera impresi\u00f3n fue la siguiente, expresada por el se\u00f1or Caro. \u00abPareci\u00f3 a cada uno de nosotros que este nom\u00adbramiento era nuestro tanto como suyo, <i>y <\/i>que sub\u00edamos todos jun\u00adto con \u00e9l a esa vieja c\u00e1tedra tan valientemente conquistada: sus triunfos eran nuestros. Mas cuando se supo que, seg\u00fan los regla\u00admentas universitarios, Ozanam, ahora profesor titular, ten\u00eda que renunciar a su ense\u00f1anza en el colegio, la aflicci\u00f3n fue grande. Los alumnos redactaron un oficio al se\u00f1or Villemain, suplic\u00e1ndole que, por excepci\u00f3n, les dejara a su maestro preferido. Al mismo tiempo, el 10 de diciembre, se encarg\u00f3 a uno de ellos que informara al se\u00ad\u00f1or Ozanam de esa extra\u00f1a solicitud, expres\u00e1ndole su profundo pesar. Esa carta dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or, no podr\u00edamos expresarle con qu\u00e9 dolorosa sorpresa &#8216;reci\u00adbimos ayer la primera noticia de la desgracia que nos amenaza. Los que no est\u00e1n con usted sino desde hace algunos meses; los que des\u00adpu\u00e9s de un a\u00f1o de sus clases hab\u00edan esperado escucharlas mucho tiempo; los que, en fin, tienen que emprender otros estudios al sa\u00adlii de la ret\u00f3rica, todos se han sentido igualmente afligidos y he re\u00adcibido la triste misi\u00f3n de manifestarle este dolor universal.<\/p>\n<p>\u00abSin embargo, quiz\u00e1s no se ha perdido toda esperanza, y nos atre\u00advemos a suplicarle que tome por su cuenta nuestra causa, para con\u00adservarnos, si es posible, al maestro a quien tanto hemos amado. Si las ocupaciones de la ense\u00f1anza secundaria son m\u00e1s laboriosas que otras, crea bien, Se\u00f1or, que en ninguna parte sus cuidados queda\u00adr\u00e1n pagados con una gratitud m\u00e1s viva y duradera.<\/p>\n<p>\u00abEn todo caso, cualquiera que sea la decisi\u00f3n del se\u00f1or Ministro, jam\u00e1s olvidaremos los favores que desde hace dos a\u00f1os venimos re\u00adcibiendo de usted, nosotros y nuestros condisc\u00edpulos. S\u00edrvase reci\u00adbir aqu\u00ed nuestra gratitud m\u00e1s sincera; y disculpar la indiscreci\u00f3n de esta solicitud en consideraci\u00f3n del afecto que le profesan <i>todos <\/i>los disc\u00edpulos de Estanislao\u00bb.<\/p>\n<p>No consiguieron a su maestro. El se\u00f1or Villemain ten\u00eda otras preocupaciones. Unos d\u00edas despu\u00e9s, Francia supo que su ministro de la Instrucci\u00f3n P\u00fablica se hab\u00eda vuelto loco. Los jesu\u00edtas lo obse\u00adden y lo persiguen para perderlo. Los ve en todas partes, hasta en los adoquines de la calle: \u00ab1 Los jesu\u00edtas! \u00a1Los jesuitas!\u00bb<\/p>\n<p>La guerra a los jesu\u00edtas estaba, pues, a la orden del d\u00eda en el Consejo del gobierno, en el Parlamento y en el Colegio de Fran\u00adcia: Villemain, Cousin, Thiers, Dupin, Isambert, lo mismo que Quinet y Michelet.<sup>,<\/sup><\/p>\n<p>Ahora bien, Ozanam escogi\u00f3 esos mismos d\u00edas para que los es\u00adtudiantes escucharan por iniciativa suya al Padre de Ravignan en una asamblea general de San Vicente de Paul: \u00abAsist\u00ed a esa memo\u00adrable reuni\u00f3n \u2014escribe L\u00e9once Curnier\u2014. Tengo a\u00fan ante los ojos la actitud llena de dignidad del R. Padre de Ravignan; y la expresi\u00f3n inspirada, el ser\u00e1fico resplandor de su rostro cuando, al fin de una arenga destinada a exhortarnos incansablemente al servi\u00adcio de los pobres, exclamaba mostr\u00e1ndonos el cielo: `i Descansa\u00adremos all\u00e1!&#8217; No era la voz de un hombre la que o\u00edamos: era la de un \u00e1ngel. Jam\u00e1s experiment\u00e9 en el mismo grado el poder del ta\u00adlento realzado por la santidad\u00bb.<\/p>\n<p>Y Ozanam escribe, despu\u00e9s del retiro pascual predicado por el santo religioso: \u00abA pesar de todo lo que se hace para extraviar a la juventud, la manera como acoge la palabra cat\u00f3lica es una ma\u00adravilla\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00eda motines contra esa misma palabra en la inmediata proxi\u00admidad de Ozanam. En aquel mismo tiempo, la Sorbona fue teatro de des\u00f3rdenes que tenemos que recordar, para mostrar la intr\u00e9pi\u00adda y serena figura de Ozanam erguirse en defensa de la verdad, para proteger la libertad.<\/p>\n<p>Su popularidad era la mejor defensa de su c\u00e1tedra. No es que no hubiese vislumbrado que rondaban en torno suyo veleidades de contradicci\u00f3n t\u00edmida y vergonzante. Un d\u00eda, por ejemplo, pudo observarse que, en la cartelera exterior de la Facultad, despu\u00e9s del nombre de Ozanam, las palabras: \u00abCurso de Literatura ex\u00adtranjera\u00bb se hab\u00edan sustituido a mano por \u00e9stas: <i>Curso de Teolo\u00adg\u00eda. <\/i>Le avisaron a Ozanam, cuando entraba en la sala. S\u00f3lo son\u00adri\u00f3. Dio su clase hasta el final, sin decir palabra sobre esa imper\u00adtinencia an\u00f3nima. En el momento de bajar de su c\u00e1tedra, s\u00f3lo di\u00adjo, desde\u00f1osamente, pero con dignidad: \u00abSe\u00f1ores, no tengo el <i>ho\u00adnor <\/i>de ser te\u00f3logo; pero tengo la dicha de ser cristiano: la de creer, con la ambici\u00f3n de poner toda mi alma, todo mi coraz\u00f3n y todas mis fuerzas al servicio de la verdad\u00bb. Aplausos venidos de todos los bancos acogieron esa clara y sencilla profesi\u00f3n de fe.<\/p>\n<p>Refieren tambi\u00e9n que, en otra ocasi\u00f3n, se observaron y reconocie\u00adron, dispersas en la sala, figuras ins\u00f3litas que cambiaban entre s\u00ed ir\u00f3nicas se\u00f1ales, que parec\u00edan concertarse y esperar &#8216;el momento propicio para un esc\u00e1ndalo. Ese momento no lleg\u00f3. \u00abEst\u00e1bamos all\u00ed \u2014refiere Dufieux\u2014. La sala estaba atestada, y la muchedum\u00adbre se agolpaba hasta en los pasillos: se esperaba que ocurriera algo. Ozanam, con el ojo ardiente, pero sereno, entr\u00f3 en lo \u00abvivo del tema: la Iglesia, sus instituciones, sus obras, sus Papas, sus monjes, sus santos. Yo asist\u00ed a esa clase y o\u00eda decir en torno m\u00edo que era imposible ser m\u00e1s elocuente. Jam\u00e1s el maestro nos hab\u00eda arre\u00adbatado como ese d\u00eda. La sala se desplomaba bajo los aplausos; y debo decirlo: los conjurados aplaud\u00edan m\u00e1s fuerte que los dem\u00e1s. Los hab\u00eda desarmado!\u00bb<\/p>\n<p>Acabamos de o\u00edr a Montalembert, en su manifiesto a los cat\u00f3\u00adlicos, se\u00f1alar al lado de Ozanam, entre los raros profesores cris\u00adtianos de la Sorbona, al se\u00f1or Carlos Lenormant, suplente del se\u00ad\u00f1or Guizot en la c\u00e1tedra de historia. Hac\u00eda tres a\u00f1os que impar\u00adt\u00eda con distinci\u00f3n y \u00e9xito una ense\u00f1anza que, tras el respeto por las cosas santas, dejaba traslucir cierto escepticismo respecto a ellas. Mas lleg\u00f3 un d\u00eda en que la verdad del Evangelio se revel\u00f3 a su esp\u00edritu, elevado por naturaleza; y la profesi\u00f3n p\u00fablica de su fe se impuso inmediatamente a su conciencia de hombre honra\u00addo. Los oyentes de la Sorbona pudieron leer entonces esta valiente carta suya: \u00abHab\u00eda llegado, en mi curso de historia, a los or\u00ed\u00adgenes de la religi\u00f3n cristiana. Hasta entonces, s\u00f3lo hab\u00eda mirado los hechos del cristianismo con los ojos perezosos y distra\u00eddos del hombre de mundo. En lo sucesivo, tuve que remontarme a las fuentes y discutir las pruebas con la atenci\u00f3n, la gravedad que me impon\u00eda un deber p\u00fablico. El efecto de este trabajo fue lento, pero seguro. A medida que avanzaba, en mi tarea, sent\u00eda debilitarse, borrarse las prevenciones irreligiosas que deb\u00eda a mi educaci\u00f3n y a mi \u00e9poca. De la frialdad, no tard\u00e9 en pasar al respeto. El respe\u00adto me llev\u00f3 a la fe: era cristiano, y quise contribur a formar cris\u00adtianos\u00bb.<\/p>\n<p>Precisamente contra ese proselitismo estall\u00f3 la tormenta. Los mismos hombres cuyo celo se hab\u00eda estrellado contra la populari\u00addad de Ozanam, se desquitaron atacando a ese cristiano reciente a quien apodaron <i>el Convertido de la Sorbona. <\/i>Los tribunos del colegio de Francia, los se\u00f1ores Michelet y Quinet, lanzaron sola\u00adpadamente sus bandas de forajidos contra esa c\u00e1tedra ahora de\u00addicada al servicio de la verdad; y los cursos del se\u00f1or Lenormant, anta\u00f1o muy escuchados, se convirtieron en escenario de tumulto imp\u00edo y de salvajes violencias.<\/p>\n<p>Estamos a fines de 1845. Ozanam anuncia a Lallier que ha reanudado sus cursos; pero al mismo tiempo le participa las in\u00adquietudes que le inspira la estruendosa oposici\u00f3n hecha a su cole\u00adga. \u00abVi de cerca esos motines y puedo asegurarle que no se trata de una sublevaci\u00f3n de las escuelas. Es un asunto organizado sin pasi\u00f3n, pero con un indigno c\u00e1lculo, en las oficinas de algunos dia\u00adrios revolucionarios. Como esa gente pone en ello toda la obstina\u00adci\u00f3n de un plan concertado; y el gobierno toda la debilidad que suele mostrar cuando se trata de proteger las creencias, hay mo\u00adtivos para temer que se reanuden las violencias. Y, aunque no hu\u00adbiera m\u00e1s que unos sesenta escandalosos, si vuelven diez veces, lo\u00adgrar\u00e1n que se cierren los cursos. Cuando menos no ser\u00e1 sin en\u00e9r\u00adgicas protestas; pues la juventud cristiana se ha mostrado m\u00e1s firme que de costumbre en este asunto que tendr\u00e1 cuando menos la utilidad de apretar las filas y foguear los corazones\u00bb.<\/p>\n<p>Al ver \u00abuna ense\u00f1anza tan honorable y tan ben\u00e9fica amenaza\u00adda por semejantes intrigas y traicionada por la blandura de los de\u00adfensores del orden\u00bb, Ozanam desahoga su pena: \u00ab\u00a1Ah! Amigo m\u00edo \u00a1cu\u00e1nto mal se comete en el mundo debido a la inconsecuen\u00adcia y la timidez de la gente de bien! En cuanto a m\u00ed, har\u00e9 todos mis esfuerzos para que no se separe mi causa de la del se\u00f1or Le\u00adnormant. Mientras haya disturbios en sus clases, no dejar\u00e9 de asis\u00adtir a ellas; emplear\u00e9 toda mi influencia con cierto n\u00famero de j\u00f3\u00advenes para reclutar oyentes. Los cursos se reanudar\u00e1n el jueves 8 de enero\u00bb.<\/p>\n<p>El jueves 8 de enero, estaba all\u00ed Ozanam. En el preciso momen\u00adto en que apareci\u00f3 el se\u00f1or Lenormant, salud\u00f3 su regreso una an\u00addanada de gritos insensatos. Hizo el intento de hablar: le respon\u00addieron silbidos. Ozanam, no pudiendo contenerse, se levanta, se sube sobre su banco y, de pie, permanece alg\u00fan tiempo callado, contemplando ese desenfrenado estr\u00e9pito con una mirada de des\u00adprecio y compasi\u00f3n. Ante esa gallarda actitud, se alza de varios bancos una salva de aplausos. Reprimiendo con un adem\u00e1n las aclamaciones que se dirig\u00edan a \u00e9l, Ozanam recuerda a los agita\u00addores \u00abesa libertad de la que tanto caso hacen para ellos mismos, suplic\u00e1ndoles que la respeten en la conciencia de los dem\u00e1s\u00bb. Se hizo el silencio. El efecto de esas palabras fue permitir al profesor proseguir o mejor dicho empezar su lecci\u00f3n, que pudo terminar casi sin interrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este armisticio pod\u00eda ser el principio de la paz. Mas la autori\u00addad universitaria cedi\u00f3 ante la violencia. Y al d\u00eda siguiente se su\u00adpo que el curso quedaba cerrado por orden del gobierno.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Lenormant present\u00f3 su renuncia, para hacerse cargo de la direcci\u00f3n del <i>Corresponsal, <\/i>donde volveremos a encontrarlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XVII: La Iglesia y la Universidad La Libertad de Ense\u00f1anza.\u2014\u00bbEl Corresponsal\u00bb.\u2014Cat\u00f3lico ante todo.\u2014El Ti\u00adtulariado.\u2014Adioses al Colegio \u00abEstanislao\u00bb.\u2014El Mot\u00edn en la Sorbona.\u2014El curso del se\u00f1or Lenormant. 1843-1845 Los a\u00f1os de 1843 y los siguientes evocan &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-17\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149294,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[11],"tags":[164,305,296],"class_list":["post-128629","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam","tag-bailly","tag-chaurand","tag-curnier"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Federico Ozanam (por Mons. 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